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Reto Un Punto en Común: Cenizas
#1
En la oscuridad reinante no podía ver nada, pero oía las pisadas acercándose por el pasillo. A pesar de todos sus esfuerzos por mantenerse oculto, lo había encontrado. Su pasado volvía y la angustia le hervía por dentro.

Lo observaban, lo sabía, no solamente ella, sino todas esas luces que en su pasado extinguió. Desesperado echó a correr entre la negrura, quería perderlos, así que avanzó dejándose guiar por su pies, sin comprender hacia dónde. Después de un tiempo deambulando a ciegas, logró vislumbrar a lejos una puerta, notó que el color era parecido a ese momento en el que diriges la vista al sol con los parpados cerrados, sabiendo que la luz quiere traspasar y no puede. Pudo notar como esta vez el silencio opacaba con creces a la oscuridad. Ya nadie lo seguía, aun así se acercó con cuidado. No tenía otra opción, empujó con su brazo hasta abrirla; al contacto notó su calidez. En un relámpago, la luz brotó, acompañada de cientos de mariposas, todas rojas, como la sangre. Orrel al llevarse aquella impresión cayó de nalgas sobre el suelo. «¡Mariposas!», pensó con horror. Se levantó tan rápido como fue derribado y comenzó a ahuyentarlas desesperadamente con el brazo.

— ¡Largo, largo! —en sus ojos se reflejaba el miedo; sabía lo que eso significaba— ¡Malditas! ¡Largo!

Como una corriente de aguas tempestuosas, los insectos salían a raudales de la habitación para perderse entre las tinieblas. Se repuso de aquel susto. Al final observó que solo quedaba una de ellas, la cual revoloteaba por todo el lugar. Miró dubitativo hacía dentro, no había otra cosa más que ese insecto de mal augurio. Sin más, se adentró en la sala con la esperanza de que todo acabara.

Sus ojos aún no se acostumbraban a la luz. Estuvo ahí, no supo por cuánto tiempo. Miraba el batir de esas alas; toda su vida había evitado aquella escena y ahora estaba perdido en su belleza o quizá, resignado ante tal señal, no atinaba a que pensar.  

— Asesino —apenas y pudo percibir aquel susurro, fue tan ligero como una briza pero contundente como un golpe en la quijada.
— ¿Quién dijo eso? —miraba ansioso en todas direcciones.

No obtuvo respuesta alguna. En su piel sentía como la temperatura comenzaba a descender.

— Asesino —esta vez lo escuchó mejor, no había duda.
— ¿Qué está pasando? —el frío le recorría los vasos sanguíneos, le dolía—. ¿Quién habló?
— ¡Asesino!

Esta vez fue un grito despiadado, sintió como lo desgarraba por dentro, haciendo que casi cayera de nuevo.
Las venas le ardían, estaba congelándose. Una punzada comenzó a concentrarse en su miembro derecho. Cuando se dio cuenta miró atónito y casi suelta un grito por aquella impresión, no daba crédito a lo que sucedía. ¡Su brazo diestro estaba ahí! Ya nada era real, hace años había perdido su extremidad, pero ahora estaba en su lugar. “¿Cómo era posible?” se preguntó.

Poco a poco se helaba más y el dolor iba aumentado, impidiéndole concentrarse. En un punto ya no aguantó y se desplomó de rodillas. Tenía el rostro congestionado y los músculos agarrotados.

— ¡Por favor! —fue lo único que pudo pronunciar y al instante el tormento se detuvo, como si hubiera dado con la palabras correctas.

Estuvo hincado un buen tiempo, mirando su mano derecha «Esto no puede ser».

— No hemos olvidado —se escuchó claramente la voz de una mujer—, esperamos que tú tampoco.

Una silueta oscura apareció frente a él. No podía poner la vista en aquella sombra, pero sabía que estaba ahí. Sentía su mirada, pero él no podía siquiera levantar la cabeza.

— Ese brazo no fue suficiente —sentía como una áspera mano le acariciaba el cuello, la piel se le puso de gallina—, queremos tu vida. —. Esto último le traspasó el alma.

La sombra tomó la diestra de Orrel y la extendió. Él no podía hacer nada, se limitó a mirar, impotente. La mariposa que había estado revoloteando por el lugar fue a posarse sobre su palma y al contacto la piel comenzó a arderle, veía como su carne se consumía, se pudría, el dolor y el olor eran insoportables. La luz en la habitación comenzó a teñirse roja. Luchó por salir del efecto de letargo, hasta dar de espaldas en el piso. Retrocedió tratando de alejarse desesperadamente de su propio brazo. Miraba horrorizado, emitía gemidos agudos que no parecían ser los de un humano. En su sufrimiento levantó la mirada y esta vez la pudo ver; era aquella hechicera de su pasado, pero no estaba sola, su hermana estaba a su lado. Eran tan idénticas, aunque una poseída por el odio y otra por la tristeza.

— ¡Detente!— gritó exasperado.
— Muerte sembraste, muerte cosecharas—un coro de voces retumbaba en su cráneo—, muerte sembraste, muerte cosecharas.
— ¡Deténganse!— la voz se le quebró, todo se volvía aún más rojo, como el carmesí.

Antes de que todo se oscureciera alcanzó a percibir tres siluetas.

— ¡No mi esposa! ¡no mis hijos! —gritó con lágrimas en los ojos—. ¡No, por favor!

Se fue hundiendo en la oscuridad, a tal punto que ya no había nada; las voces se habían desvanecido junto con el dolor.

— Es hora.

Orrel despertó de aquella pesadilla, tomaba grandes bocanadas, el aire le faltaba. Un sudor frío le recorría la piel, su mandíbula había estado tan tensa que le dolía.

— ¿Estás bien? —preguntó su esposa somnolienta.
— Si, si… —respondió ocultando la agitación, aún estaba alterado—. Solo necesito agua —se incorporó y salió de ahí.

Escuchar la voz de su mujer le había producido un gran alivio. Anteriormente había tenido sueños referentes a su pasado, pero eran solo eso, sueños. En cambio, sabía que esto difería de todo al ver las mariposas. En el fondo no quería creer en esa señal hasta ver uno de esos insectos fuera de la pesadilla. De alguna u otra manera, Orrel no era el mismo desde que las visiones comenzaron ser frecuentes. Se miró el muñón, estaba más tranquilo al ver que todo estaba en su lugar, aunque tenía la sensación de tenerlo ligeramente resentido, como si en verdad se le hubiera consumido. Al salir de su habitación se hizo de un candil que colgaba sobre el pasillo. En silencio entró al lugar donde dormían sus hijos, necesitaba sacar sus miedos, así que se detuvo ahí durante un tiempo, observando bajo la débil luz cómo sus pechos subían y bajaban con su respiración, asegurándose de que nada les aquejara. Una vez que estuvo sosegado en cuanto a eso, pensó en salir al exterior, para espabilarse un poco.

Dejó la lámpara de aceite en la entrada. La noche era tranquila, el viento era helado y la luna brillaba. Seguía abstraído en aquella pesadilla, sus más profundos temores habían tomado fuerza, se adueñaban de su tranquilidad y le carcomían por dentro.

El bosque parecía tranquilo; era una noche cómo cualquier otra, al menos eso quería pensar. Estuvo un momento ahí, dejando que el aire le hinchara los pulmones mientras oteaba los árboles, en busca de algo que saliera de lo normal, pero encontró todo apacible.

— Todo está bien— pronunció para sí, en un intento por serenarse.

Sacó un poco de agua de un enorme barril y se mojó la cara con cuidado. Una vez ya más despierto, dio un último vistazo y se volvió, tomando de nuevo el candil, entró. Avanzó en silencio, dirigiéndose a una pequeña habitación en donde tomó un paño para secarse el rostro. Dentro, vio aquel enorme espejo que posaba encima de un viejo mueble, era antiguo; otrora había sido un regalo para su esposa. Colocó la luz a un lado, quería mirarse un momento, ver los surcos que el tiempo había dibujado en su rostro y cómo los años lo habían desgastado.

Se quedó ausente, miraba y rememoraba; solo estaba él y su reflejo. Los recuerdos comenzaban a tomar vida en su mente, poco a poco se iluminaban los acontecimientos de su pasado. Cerró los ojos un momento.

— Olvídalo —se susurró a sí mismo, tratando de persuadir al hombre al otro lado.

Así estuvo un momento, ya aún más convencido de que todo había sido solo un mal sueño, uno muy aterrador.

— No hemos olvidado, esperamos que tú tampoco.
— ¡Nnnon! —la palabra se le ahogó en la garganta.

Quedó paralizado por completo, lo único que pudo hacer fue abrir los ojos. Era como si alguien lo abrazara con fuerza, se sentía impotente. Deseaba con todo su corazón que la pesadilla no saliera hacia su realidad, aunque para su temor, lo estaba haciendo. Luchaba por ser libre, pero era en vano. Al poner la vista sobre el espejo, notó como las sombras lo engullían, tenía pavor «Sigo soñando, es eso, solo una maldita pesadilla».

— No es un sueño—aclaró ella.

Orrel sentía su vaho en la oreja. Los vellos en su brazo se erizaban, imploraba por seguir dormido, así todo se disiparía al despertar.

— ¿Escuchas eso? Es el eco de tus acciones —siguió—, viene a retumbar en tu vieja y hueca cascara.

Las sombras daban lugar a imágenes, eran las obras de sus manos, la sangre que se vertió con injusticia, el dolor que sembró en tantas y tantas vidas. Una tristeza sobrenatural se vertió sobre él, acompañada de un dolor, no físico, sino, de esos que estrujan el alma. Era como si cargara con el pesar de toda esa gente, ahora los comprendía mejor que nunca. Gradualmente comenzó a escucharlos, los lamentos lo asediaban. Las voces de todos esos inocentes se le clavaban como puñales; lo acusaban, gemían, aullaban. Quebró en un silencioso llanto. «Perdón, perdón» solo podía articular esa palabra en su mente.

— Es hora —volvió a escuchar.

Al momento sintió como se liberaba de esa presión, el encantamiento se esfumó. En un desesperado intento por alejar todo eso, soltó un puñetazo al viejo espejo, fragmentándolo en docenas de esquirlas. Salió de la estancia embargado en la angustia. Tenía que frenarlo.

— ¿Orrel, eres tú? —escuchó la voz de su mujer—. ¿Orrel?

No se dio cuenta de lo que había hecho, estaba en un estado paranoico. Su esposa salió de sus aposentos, lo miraba desconcertada, percatándose de la sangre en su puño.

— ¿Qué te sucedió? —tenía la mirada perdida y no prestó atención— ¿Te encuentras bien?

Se apartó de su abstracción y posó la mirada sobre ella.

— Fue solo un accidente. —se miró los nudillos, aturdido—. Ve a dormir, estaré bien, solo necesito lavar esto.
— ¿Estás seguro? —insistió.
— Está todo bien —le dedicó una fugaz sonrisa.

La miró, ella no pensaba irse a la cama de nuevo. No importando, tenía que detener lo que se avecinaba, así que actuó sin miramientos. Le dio la espalda y caminó apresurado.

— ¡Orrel! ¿Orrel? —insistió preocupada.

Avanzó a zancadas por el pasillo, giró a la derecha en la segunda puerta para entrar en una pequeña habitación iluminada por la luna, avanzó hasta el fondo hasta toparse con una trampilla, jaló de ella y subió haciendo caso omiso de las preguntas. Su esposa que aún lo seguía, se quedó abajo, aguardando en silencio a una respuesta que la tranquilizara. El hombre buscó rápidamente entre los objetos, hasta que por fin dio con lo que necesitaba. Había un antiguo baúl, estaba completamente empolvado, lo abrió y tomó lo que había dentro. Era su vieja espada. Al tacto percibió que aún conservaba un poco de su filo. La asió con fuerza, cerró los ojos y suspiró; sabía que tenía que enfrentar aquello.

Al bajar se encontró con la mirada de su mujer. Contenía las lágrimas, aquella mirada suya le partía el corazón. Se miraron sin decir nada, hasta que él habló:

— Es algo que tengo que hacer —sabía que ella no lo entendía.

Nunca comentó nada sobre su antigua vida. Guardó todo aquello en sus memorias, creía que así su pasado sería olvidado, al igual que sus pecados. Su vida había sido un borrón y cuenta nueva. Pero supo que hay algunas cosas que no puedes enterrar, por más profundo que caves.

— Hay algo que debo arreglar —le aclaró, ella se limitó a fijar su mirada sobre él—. Te amo y lo sabes —todo era silencio, el mundo se había retraído, solo estaban él y ella—. Por favor, cuida a los niños, todo lo que hago es por ustedes.
— Orrel… solo dime que pasa —con sus dedos acarició los suyos; un pequeño gesto que para él significó tanto— No sé qué te está pasando… solo vuelve a ser tú.

El silencio fue su respuesta, se apresuró a salir, alejándose de ella. De alguna manera, Orrel esperaba que ella comprendiera el porqué de todo.

Al salir al pasillo recibió un golpe al corazón. Se encontró con la mirada de sus dos hijos. Estaban en el marco de la puerta, aún somnolientos. No pudo evitar sonreírles, «¿Qué estoy haciendo?  —Se preguntó, todo eso lo tenía como un demente—. Los amo, lo hago por ustedes». Se acercó y les revolvió el cabello.

— Regresen a la cama —sin reclamo alguno, obedecieron.

Al ver entrar a sus hijos, un vacío se creó dentro de él, esperaba que las cosas salieran bien. No sabía lo que hacía, pero de alguna manera, creía que era lo mejor para su familia.

Cuando estuvo fuera notó cómo su mujer lo miraba, implorándole que no fuera, se giró y al ver su silueta iluminada por la luna, inclinó el rostro, prometiéndole que todo estaría bien. Hubiera querido contarle todo, pero no se perdonaría nunca si algo les sucedía, tenía que alejar esa situación de ellos. Prosiguió decidido, sus pasos iban encaminados a la oscuridad del bosque, dejándose engullir. Mientras andaba se dio cuenta que había olvidado calzarse sus botas, con todo, decidió seguir.

El lugar estaba tranquilo, dormía. No supo por cuanto tiempo estuvo deambulando por aquel bosque. Los arboles apenas y dejaban filtrar los rayos plateados por sus ramas.

Los pies comenzaban a dolerle, sintió que ya no podía y sin percatarse, llegó a un claro en medio del bosque. Se paró al centro quería hacer una rabieta, pero solo gruñó:

— ¿Por qué no sales y acabamos con esto? —desafió airado—. ¡Tú y tu maldita maldición no son nada!

Solo recibió como respuesta el canto del bosque. Miró en los alrededores y se sintió como un idiota, estaba delirando y ahora dejó a su esposa preocupada en casa. Pasado un tiempo y sin ver ninguna clase de respuesta, sólo se sentó, contemplando el cielo nocturno. Estaba agotado, la cabeza le daba vueltas «¿Qué me pasa?».

Estuvo ahí un buen tiempo, lo suficiente para reflexionar sobre sus acciones.

— Estás viejo —le dijo apática.

Orrel se sobresaltó, ni siquiera notó el momento en el que ella se paró frente a él. Lo miraba extrañada. Estaba ataviada en un enorme abrigo, el cual arrastraba hasta el suelo, su color era de un negro abismal en contraste con su pálido rostro. Se veía joven, a pesar de tantos años. Ella extendió su brazo y una mariposa carmesí fue a posarse en su palma. Orrel comprendió que era hora. Esta vez estaba calmado.

— ¿Por qué ahora, ahora que soy viejo? —preguntó con incertidumbre en la mirada—. ¿Por qué no cuando aún era más joven?

Ella se limitó a entrecerrar los ojos, estudiándolo. Espantó al insecto con un gesto de la mano.

— Creíste que me habías engañado —su rostro era inexpresivo—. Y en cuanto al “¿Por qué ahora?”, sabrás que todo tiene su tiempo.

Caminó y se puso de rodillas frente a él, Orrel presionó con fuerza la empuñadura. Estaba algo tenso.

— No he olvidado lo que hiciste —en su rostro la tristeza era visible— me arrancaste la mitad de mi vida y no solo a mí.
La hechicera echó un vistazo al arma.
— Ni siquiera lo pienses, es inútil.

La mujer metió su mano dentro del enorme abrigo y sacó un enorme libro. Lo puso en medio de los dos. Era viejo y olía a rancio. Con delicadeza lo abrió y comenzó a hojearlo. Tenía escrito tanto dentro de sí. Ella pasó las páginas hasta que se encontraron en blanco.

— ¿Sabes qué es esto? —le preguntó señalando el libro, Orrel negó lentamente con la cabeza— Vamos, antes eras más avispado —dijo retándolo.

No quería ser parte de ese juego, se preguntaba por qué no acababa con todo de una vez.

— Perdiste el brazo, no la lengua —claramente era una burla, pero su manera de expresarse estaba lejos de eso.
— Un… un libro ¡maldita sea!

Ella esbozó una pequeña sonrisa.

En un parpadeo Orrel lanzó un tajo desesperado. Aquel golpe hizo que la mujer se disipara como la neblina.

— Eres tonto, te dije que es inútil —su tono seguía careciendo de emociones—. Aunque te comprendo, un animal cuando es amenazado lucha con fiereza.

Quedó impactado, creyó por un momento que sería tan fácil «Idiota».

— Como bien dijiste: es un libro, aunque este libro te podría interesar.

Ella estaba de nuevo frente a él, recogió el tomo y le mostró.

— No he olvidado lo que me hiciste y te juro que nunca lo haré. Deseo tu muerte cómo desde el primer día pero, espero que lo hayas notado… —abrió el libro en donde no había nada escrito—. Este libro es tu vida, aunque no creo que lo puedas entender. —efectivamente, Orrel no entendía que pasaba—. Debo de decirte que necesito algo de ti, así que iré al grano… Tengo dos propuestas: La primera es que tú mueras irremisiblemente... la segunda opción es que me sirvas. No quiero preguntas ni cuestiones, solo necesito tus servicios, eras bueno en lo que hacías y espero que lo sigas siendo. Pero debo decirte que si escoges la segunda opción, no corregirás nada, lo que hiciste te perseguirá hasta tu último aliento, eso te lo puedo asegurar. Así que decide. —señaló con un gesto de la cabeza su arma—. Quítate la vida en este momento o entrégamela.

A su mente vino su familia, aquel oasis suyo. En cualquier decisión perdería su vida, de una manera u otra.

— Solo algo te pido —su voz era firme, ella lo miró penetrante, esperando su cláusula— promete que ellos estarán bien.
— Si eso te tranquiliza… así sea.

Se aferró con fuerza a su espada. «Adiós, solo espero que en algún tiempo nos volvamos a encontrar. Los amo».
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Aún no he podido leer el relato entero, pero cumple con las bases del reto.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#3
Hola, autor,

la historia está bien, me ha gustado la manera con la que le das misterio a ese pasado oscuro y el final es curioso, con ese harakiri que no se cuenta pero que se imagina tanto que la escena es escalofriante.

Hay algunos detalles buenos, como el que el prota se olvida de ponerse los zapatos para salir XD También me ha parecido bien retranscrita la relación entre el protagonista y su familia así como el asombro de la mujer, a la que imagino fácilmente mirándolo con los ojos agrandados por la incomprensión.

En cuanto al aspecto técnico, hay unas cuantas faltas que me han frenado algo la lectura, sobre todo hay confusión entre el cómo/como pero también con qué/que, cuánto/cuanto, y algunas erratas (como «por su pies», «vislumbrar a lejos una puerta», «briza»), y una falta que debe de venir de la pronunciación y que he encontrado dos veces «apenas y» que sería un «apenas si» lógicamente.

El estilo me ha parecido sencillo y ameno, aunque a veces creo que añades trozos de texto que son innecesarios, como por ejemplo aquí:
Cita:Orrel al llevarse aquella impresión cayó de nalgas sobre el suelo.

Una vez que estuvo sosegado en cuanto a eso, pensó en salir al exterior, para espabilarse un poco.
Lo que está en negrita creo que el lector lo entiende perfectamente sin tener que precisar la causa, ya que acaba de explicarse en la frase anterior. Se podría reemplazar el «al llevarse aquella impresión» por un simple «impresionado», quedaría más ligero. Con una revisión más a fondo de la ortografía y de la construcción de algunas frases habría quedado mejor.

Otra cosa, el principio, con el sueño, me ha parecido tal vez un poco largo y creo que se hubiera podido acortar y dejar más claro quiénes son esas «tres figuras» (o al menos explicarlo más adelante). Por lo que he entendido, ese hombre mató a dos hermanas, más a otra persona al menos, pero no se explica nada sobre quién eran ni por qué las mató y eso lo he echado en falta.

En cuanto a los elementos en común, me han parecido bien introducidos en general. No se sabe exactamente por qué la mujer del bosque tiene mariposas, pero creo que ahí tampoco hace falta explicarlo. En cambio, lo del libro me hubiera gustado saber qué pretendía hacer la mujer fantasma con él, ya que llevaba la vida del hombre escrita en él y me parece raro que el hombre no le pida que destruya ese libro para que nadie lo lea. Por otra parte, ¿en qué le servía el hombre a esa mujer? Por un momento pensaba que el hombre había sido un asesino de profesión, pero resulta que mató a quien servía, de suerte que no sé muy bien qué pensar. Tal vez hubiera quedado más profundo el final si se hubiesen explicado estos misterios.

En conclusión, un relato con una historia que se lee bien y que transcribe bien la desazón del protagonista ante su pasado, un oscuro pasado que lo invade tanto en sueños como hasta su último aliento.
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#4
Un cuento extraño, sin duda. Y demasiado largo para lo poco que resuelve. Vamos al análisis.

En el aspecto formal, hay fallos. Faltan muchas comas, hay errores de acentuación, los diálogos están mal escritos (no debe haber espacio entre la raya de diálogo y el diálogo en sí, o los signos de admiración, interrogación, etc.), una expresión extraña (“apenas y pudo” en lugar de “apenas si pudo”), gerundios mal empleados, reiteraciones, falta criterio unificado a la hora de acentuar “sólo” (algunos están acentuados y otros no).

En cuanto a los elementos comunes, nada que objetar, están todos y creo que bastante bien inscritos en la trama.

En cuanto a los personajes, me han parecido creíbles y bien diseñados, al menos Orrel y su mujer. De las otras dos mujeres tengo más dudas. Vale que se mantengan en un segundo plano, sobre todo al principio, para darle ese tono de suspense y que el lector no sepa qué va a pasar con Orrel, pero a medida que avanza la historia no sólo no se nos desvela más información sobre las dos hermanas… es que, de repente, cuando Orrel despierta e intenta enfrentarse a su maldición particular, resulta que una de ellas ha desaparecido como por arte de magia y nada se vuelve a saber de ella, ni siquiera por boca de otros personajes. Eso es un fallo grave, un personaje importante no puede desaparecer así, sin más.

Y en cuanto al final, podía haber quedado bien cerrado en esa última acción entre la hechicera y Orrel, con una mayor o menor explicación de los crímenes del hombre y el posterior castigo/venganza por parte de la hechicera. En lugar de eso, la mujer le ofrece una disyuntiva que Orrel ha de afrontar, pero el resultado de esa elección el lector sólo puede intentar adivinarlo. En cualquier caso, esta disyuntiva introduce un elemento nuevo en la dramática relación entre la hechicera y Orrel, pues durante todo el cuento el único interés que parecía guiar a la mujer era la venganza, y ahora cambia para, sin renunciar a su venganza, agregar un componente práctico (ella quiere servirse de él para algo), y eso introduce un elemento de prolongación de la historia que, sinceramente, no viene a cuento.
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#5
Un cuento con un final muy abierto.
La escritura es buena, le falta algún pulido pero fluye.
La trama, es sencilla, pero tiene elementos que quedan muy sueltos, que no se cierran, y que en definitiva se vuelven innecesarios en un relato tan corto. Si fuera un prólogo tendría más enganche, como relato le juegan en contra.
Por el lado de los personajes, están bien retratados, son creíbles, eso me gusta. Sobre todo las reacciones de la esposa de Orrel.
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#6
Buenas!!

Pues un relato marcado claramente por un pasado que desconocemos al inicio del mismo, y al final también... y creo que esa es la mayor pega que se le puede poner: va desarrollándose y en cada nuevo párrafo esperas una explicación, un detalle, algo que te cuente el porqué de lo que ocurre; pero llegas al final y no has descubierto nada.

Por otra parte, también he de decirlo, me ha parecido que refleja muy bien la desesperación del protagonista, la presión que siente es palpable en todo momento. Sea lo que sea lo que lo que hiciese lo ha marcado ostensiblemente y ahora, aunque no llego a tener claro si se arrepiente de ello, le produce una enorme preocupación, sobre todo por su familia.

Suerte en el reto!
Iep!
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#7
¡Buenas!

Veamos, empiezo por lo bueno: me ha gustado cómo usaste al elemento de la mariposa como algo central, lo noté que cuadró perfecto con la idea que tenías para tu historia. Así también me gustó como aludiste a que "el pasado" era el que lo perseguía.

Mi problema con el fragmento es que lo falto poco pulido, es un claro borrador que parece no haber tenido una revisión profunda (a muchos nos pasó que subimos en los últimos días, así que entiendo el apurón). Por ello no pude evitar que me sacara de la lectura los continuos errores en la puntuación y de gramática (o de coherencia incluso). Más que un reproche es un consejo, te diría que en primer lugar repases la puntuación (en diálogos e incisos, principalmente) y luego revises concienzudamente este punto y la coherencia de algunas frases. Hay casos que hablas de que ve en la oscuridad, cuando antes aclaras que no se podía ver nada; artículos faltantes que hacían perder el sentido de algunas oraciones.
Tampoco me gustó el final abierto. Ya me pasó con otro relato subido para el reto, e insisto con lo que dije en el mismo: hay dos clases de finales abiertos, los que te dejan para pensar y los que te dejan un gusto a poco, como que "algo faltó". Este caso es uno del segundo, por claramente hay más cosas que faltan contar. Por ejemplo, si para evitar que la familia sufriera él se matase, y así evitar que la bruja lo usara, ya no habría que contar y cerrarías el cuento.
En fin, espero que no tomes a mal mi comentario, por que va con la mejor intención. Podría decirte que estuvo bien y ya, pero me parece que las críticas constructivas siempre vienen bien, y acá tenés un buen producto en bruto para trabajar. Solo necesitás pulirlo.

¡Éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
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#8
Muy buenas.

A ver, en primer lugar no puedo obviar el tema de los errores: ortográficos, de concordancia, acentuación, repeticiones, puntuación, guionado... En general hay muchos, y de diversa índole. Y por otro lado, parece que algún párrafo te ha salido muy artificial precisamente por intentar revisarlas, por ejemplo "Las venas le ardían, estaba congelándose. Una punzada comenzó a concentrarse en su miembro derecho. Cuando se dio cuenta miró atónito y casi suelta un grito por aquella impresión, no daba crédito a lo que sucedía. ¡Su brazo diestro estaba ahí! Ya nada era real, hace años había perdido su extremidad, pero ahora estaba en su lugar. “¿Cómo era posible?” se preguntó. ". Creo que sería mejor empezar por usar "brazo" y después construir la frase a partir de ahí. Ejemplo: "Una punzada se concentró en su brazo derecho. Cuando se dió cuenta casi gritó de la impresión, sin dar crédito a lo que le estaba pasando. ¡La extremidad estaba ahí! Ya nada era real, hace años la había perdido, pero ahora estaba en su lugar", algo así.
En cuanto a la historia, la encuentro un poco descolocada; creo que has querido montar algo original, para lo cual no te faltan recursos, pero la veo desordenada. Hay cuestiones en las que tendrías que incidir más, mientras que en otras te explayas demasiado. Has querido dar mucha importancia al sueño, pero luego no explicas qué ha pasado ni por qué ha soñado eso.
Suerte!
Responder
#9
Relato número ocho... vamos.


Aspecto técnico: soy muy poco ducho en estas lides, asi que se lo dejaré a quienes sepan mas; pero en principio no ha habido cosas que me llamen mucho la atención.


Aspecto estructural: una narrativa lineal que pareciera ser parte de algo más grande. El planteamiento del principio, el nudo y el desenlace estan presentes, siendo el desenlace el mas... vulnerable, no me parece que esté mal, solo que parece resolverse de manera diferente a lo que venia planteandose.

Aspectos argumentales: es una historia que parece venir o estar inserta en algo mucho mas grande y, aunque podría funcionar bastante bien como relato independiente deberían quizás pulirse ciertas cuestiones para no dejar tantos cabos sueltos; el inicio es muy bueno y el desarrollo del nudo y el conflicto, muy bien trabajado... como dije, el final me parece mas vulnerable, no malo, en el sentido en que el conflicto incial o el motivo era la venganza... y en ultimo momento la venganza lisa pareciera ser dejada de lado para obtener un beneficio del protagonista... en todo caso, podria ser una venganza mas refinada, y podrias hacerlo ya que tienes material y creo que capcaidad para ello. Así como esta es como que el final se desluce o confunde un poco porque deja abierto a una aventura que no sabremos. Quizás si ella le hubiera dado mas datos de a que "lo contrataba" el lector pueda decir "ah, claro... padecerá de esta y esta forma..." así es como que esperamos a algo que no podremos saber.

Personajes: en lineas generales los tres persnajes de la historia estan bien retratados, Orrel, la esposa y la bruja... creo que d elos tres la bruaja se desluce un poco hacia el final, por esto que te señalé de cambiar su motivacion (que parecía seruna al principio y vira un poco hacia el final). Por lo demás me parecen muy creibles en la situacion que desarrollaste. Buen trabajo.

Condiciones del reto: todos presentes aunque no sabría decir cual es el que mas destaca, quizás el libro y la mariposa, aunque tampoco me parece que hayas hecho especial hincapie en ellos; el espejo y el bosque son mencionados. Bien.


Lo mejor: la interpretacion de los personajes.
Lo que puede mejorar: cuidaría el final, puliendo detalles técnicos y de forma para obtener el mejor partido de esta historia.

En conclusión: un relato muy abierto que no obstante se deja apreciar y valorar sus puntos fuertes, ánimo y buena suerte en el reto.
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

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#10
Este relato requiere una revisión concienzuda: está repleto de toda clase de frases extrañas y signos de puntuación mal usados. Esto empaña la lectura considerablemente y hace más difícil seguir lo que está sucediendo.

No creo que mucho contexto fuera necesario para entender este relato. El protagonista mató a varias personas en su pasado y ahora eso está volviendo para atormentarle. Vale. Sin embargo, algo al menos podría sugerirse con respecto a su relación con la "hechicera". La relación entre ellos es... confusa, en el mejor de los casos.

No me gusta soltar el cliché de que mostrar es más efectivo que decir, pero me parece que este relato lo merita. Es demasiado mecánico. Es difícil empatizar con cualquiera de los personajes en esta historia porque sabemos tan poco acerca de ellos. Lo único que sé del protagonista es que hizo cosas reprochables en su pasado y ahora se siente culpable por ello, y lo único que sé de la hechicera es que siente rencor. Ambos están definidos por estas emociones de forma exclusiva: el protagonista no tiene ningún rasgo que lo distinga aparte de la culpa y la hechicera ninguno que no sea este rencor. Es incluso peor con la esposa e hijos, que apenas sirven de trasfondo. Esto hace que la resolución se sienta forzada, salida de la nada y falta de carga emocional.
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