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Reto Nov19: Tormenta
#1
TORMENTA


Truenos, nubarrones, cielo oscuro. Aún no llueve. El viento anda inquieto, diríase temeroso por la inminente tormenta.
Desde la colina Humo observa la cochambrosa vieja gasolinera, víctima del óxido y de los saqueos. Se deja ver. Es una sombra en la altura. Lo han visto, saben quién es y deben tener miedo.
Desciende lentamente, con su característico andar, cargado de espaldas, cuasi circular.
Por una de las ventanas del otrora edificio principal asoma un rifle, y detrás de él un rostro agrío y enjuto, curtido como el cuero.

—Está cargada— anticipa el forajido.

—No, no lo está. Ya la habrías usado si así fuese —sentencia Humo mientras desenfunda a su vez una recortada —. Ésta en cambio sí —Dispara.

La cabeza del forajido retrocede al impactar la bala, desmenuzándose en el suelo.

—Salid — ordena Humo.

Salen. Son tres, llevan revólveres enfundados —si por un bolsillo remendado puede entenderse una funda— y descargados, como casi todos por aquél entonces. La chica sirve de escudo a uno de ellos, el cabecilla. Bajo, delgado, con una sonrisa taimada y perentoria.

—Suelta el arma o la rajo —tiene un cuchillo apoyado sobre el cuello de la mujer, cuyo rostro, oculto entre una mata de pelo azabache, aparece por momentos descompuesto.

Otro disparo, más sesos adornando el suelo.
La muchacha cae rendida, los otros dos desgraciados se miran entre ellos, lanzando rápidamente las armas al suelo.

—Nosotros no queríamos, fue él, nos obligó a raptar a la muchacha, son tiempos jodidos Humo —balbucea nervioso uno de ellos, señalando a su difunto cabecilla.

Se levanta el viento. Levanta la capa de Humo y los andrajosos trapos que apenas cubren a los dos secuestradores. Levanta los cabellos de la muchacha, descubriendo unos ojos que se fijan en él. Llenos de odio.

—Tú decides —propone Humo.

Ella recoge un puñado de tierra con la mano y lo aprieta con fuerza en su puño. Tirita de rabia.

—¡Mátalos!

Uno de ellos saca un cuchillo de su espalda al tiempo que el otro se abalanza sobre Humo.
Dos disparos certeros, apenas silenciados por la tormenta inminente.
La mano de una de los malhechores tiembla, mientras agoniza en el suelo. Las primeras gotas de lluvia salpican su cara macilenta.
Ella se levanta. Se limpia el rostro con el brazo e intenta arreglarse el vestido lo mejor que puede. Agradece a Humo con la mirada y se coloca a su lado.

—Vamos, nos queda mucho camino.

Humo mete una mano en el bolsillo de su chaleco y saca una bala. La deja caer entre los cuerpos. La mujer le mira desconcertada.

—Por si alguien quiere vengarlos —sentencia, mientras se desviste del capote y lo alarga a la muchacha.


Truenos. Nubarrones, cielo oscuro, está lloviendo. Son tiempos jodidos.

—Te llamas Humo — la muchacha no había vuelto a abrir la boca desde el tiroteo. Ahora, a medio camino de su casa —refugiados sobre lo que queda de un almacén de conservas y hoguera de por medio— vuelve a hacerlo. No pregunta. Ella también ha oído hablar de él, pero no parece temerle. Le mira invadiendo sus ojos.

—Así me llaman.

—¿Cuál es tu verdadero nombre?

—Humo está bien.

—Dicen que eres un asesino a sueldo. Que no matas por justicia, sino por mercancía.

—Dicen bien.

—¿Que te prometieron por mí?

—Haces demasiadas preguntas.

—Llévame contigo.

No hay respuesta. Solo el crepitar de la hoguera y la lluvia intermitente.
Comen, o cenan, mejor dicho. “Es curioso”, piensa la muchacha, “antaño las comidas llevaban diferentes nombres”. Ahora solo comen. Carne seca, a tiras, quién sabe de qué pobre animal. “Aunque los pobres somos nosotros. A ellos les ha ido bastante bien desde que nos fuimos al garete, quizás es justo que sea así”.

—¿Tú crees que es justa toda esta mierda? — pregunta cuasi retóricamente, sin esperar respuesta de su huraño compañero, salvador y asesino.

Él termina de masticar, deglute y respira profundamente pensativo sin apartar la vista del fuego.

—Sí — sentencia. Comparten el silencio, luego se miran, acariciándose con las pupilas.

Duermen. En mitad de la noche la muchacha se levanta, se acerca a Humo y se recoge en su regazo.  Él la rodea con su brazo.


Cuando llegan al poblado la noche se sugiere entre las comisuras del horizonte.
A las puertas del poblado hay un cementerio, improvisado, Humo cuenta más fosas de las que había cuando lo dejó apenas hace cuatro días. El pueblo en sí no son más que un manojo de alambres y piedras apiladas a modo de muralla que protegen a un centenar de recelosos y bélicos mormones, éstos sí, armados hasta los dientes.
El padre de la muchacha sale a recibirles. Larga barba, sombrero achatado, ojos duros pero complacidos por el retorno de su hija.
No hay abrazos. Hay distancia, rencor, algo de cariño bajo la corteza. Tedio.

—Vuelve a casa — ordena el padre.

Ella se vuelve hacia Humo. Se miran largo y tendido.

—¿Que te prometieron por mí? — repite de nuevo, unas horas más tarde.

—Veinte cargadores y un par de botas, bastante nuevas.

—Llévame contigo — implora, u ordena, o concuerda.

Truenos. Nubarrones, cielo oscuro, está diluviando.

—Vámonos — contesta Humo. El padre hace un amago de protesta. Luego se da la vuelta y regresa al poblado. No hay despedida. Quizás echa cuentas, un problema menos, cada uno debe salvarse a sí mismo. Quizás conoce a Humo y no quiere problemas.

Son tiempos jodidos.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Relato corto, bien escrito, en lo que parece un mundo postapocalíptico. La historia es sencilla, incluso algo trillada, donde el tipo duro presa de las circunstancias salva a la chica. Desde mi opinión, se salva por dos aspectos: la buena redacción y los diálogos, cortos y ásperos.
Suerte!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#3
TORMENTA


Truenos, nubarrones, cielo oscuro. Aún no llueve. El viento anda inquieto, diríase temeroso por la inminente tormenta.
Desde la colina Humo observa la cochambrosa vieja gasolinera, víctima del óxido y de los saqueos. Se deja ver. Es una sombra en la altura. Lo han visto, saben quién es y deben tener miedo.
Desciende lentamente, con su característico andar, cargado de espaldas, cuasi circular. 
Por una de las ventanas del otrora edificio principal asoma un rifle, y detrás de él un rostro agrío y enjuto, curtido como el cuero.

—Está cargada— anticipa el forajido.

—No, no lo está. Ya la habrías usado si así fuese —sentencia Humo mientras desenfunda a su vez una recortada —. Ésta en cambio sí —Dispara.

La cabeza del forajido retrocede al impactar la bala, desmenuzándose en el suelo.

—Salid — ordena Humo.

Salen. Son tres, llevan revólveres enfundados —si por un bolsillo remendado puede entenderse una funda— y descargados, como casi todos por aquél entonces. La chica sirve de escudo a uno de ellos, el cabecilla. Bajo, delgado, con una sonrisa taimada y perentoria. 

—Suelta el arma o la rajo —tiene un cuchillo apoyado sobre el cuello de la mujer, cuyo rostro, oculto entre una mata de pelo azabache, aparece por momentos descompuesto.

Otro disparo, más sesos adornando el suelo.
La muchacha cae rendida, los otros dos desgraciados se miran entre ellos, lanzando rápidamente las armas al suelo. 

—Nosotros no queríamos, fue él, nos obligó a raptar a la muchacha, son tiempos jodidos Humo —balbucea nervioso uno de ellos, señalando a su difunto cabecilla.

Se levanta el viento. Levanta la capa de Humo y los andrajosos trapos que apenas cubren a los dos secuestradores. Levanta los cabellos de la muchacha, descubriendo unos ojos que se fijan en él. Llenos de odio.

—Tú decides —propone Humo.

Ella recoge un puñado de tierra con la mano y lo aprieta con fuerza en su puño. Tirita de rabia.

—¡Mátalos!

Uno de ellos saca un cuchillo de su espalda al tiempo que el otro se abalanza sobre Humo.
Dos disparos certeros, apenas silenciados por la tormenta inminente. 
La mano de una uno de los malhechores tiembla, mientras agoniza en el suelo. Las primeras gotas de lluvia salpican su cara macilenta.
Ella se levanta. Se limpia el rostro con el brazo e intenta arreglarse el vestido lo mejor que puede. Agradece a Humo con la mirada y se coloca a su lado.

—Vamos, nos queda mucho camino.

Humo mete una mano en el bolsillo de su chaleco y saca una bala. La deja caer entre los cuerpos. La mujer le mira desconcertada.

—Por si alguien quiere vengarlos —sentencia, mientras se desviste del capote y lo alarga a la muchacha.


Truenos. Nubarrones, cielo oscuro, está lloviendo. Son tiempos jodidos.

—Te llamas Humo — la muchacha no había vuelto a abrir la boca desde el tiroteo. Ahora, a medio camino de su casa —refugiados sobre lo que queda de un almacén de conservas y hoguera de por medio— vuelve a hacerlo. No pregunta. Ella también ha oído hablar de él, pero no parece temerle. Le mira invadiendo sus ojos.

—Así me llaman.

—¿Cuál es tu verdadero nombre?

—Humo está bien.

—Dicen que eres un asesino a sueldo. Que no matas por justicia, sino por mercancía. 

—Dicen bien.

—¿Que te prometieron por mí?

—Haces demasiadas preguntas.

—Llévame contigo.

No hay respuesta. Solo el crepitar de la hoguera y la lluvia intermitente.
Comen, o cenan, mejor dicho. “Es curioso”, piensa la muchacha, “antaño las comidas llevaban diferentes nombres”. Ahora solo comen. Carne seca, a tiras, quién sabe de qué pobre animal. “Aunque los pobres somos nosotros. A ellos les ha ido bastante bien desde que nos fuimos al garete, quizás es justo que sea así”.

—¿Tú crees que es justa toda esta mierda? — pregunta cuasi retóricamente, sin esperar respuesta de su huraño compañero, salvador y asesino.

Él termina de masticar, deglute y respira profundamente pensativo sin apartar la vista del fuego.

—Sí — sentencia. Comparten el silencio, luego se miran, acariciándose con las pupilas. 

Duermen. En mitad de la noche la muchacha se levanta, se acerca a Humo y se recoge en su regazo.  Él la rodea con su brazo.


Cuando llegan al poblado la noche se sugiere entre las comisuras del horizonte. 
A las puertas del poblado hay un cementerio, improvisado, Humo cuenta más fosas de las que había cuando lo dejó apenas hace cuatro días. El pueblo en sí no son más que un manojo de alambres y piedras apiladas a modo de muralla que protegen a un centenar de recelosos y bélicos mormones, éstos sí, armados hasta los dientes.
El padre de la muchacha sale a recibirles. Larga barba, sombrero achatado, ojos duros pero complacidos por el retorno de su hija.
No hay abrazos. Hay distancia, rencor, algo de cariño bajo la corteza. Tedio.

—Vuelve a casa — ordena el padre. 

Ella se vuelve hacia Humo. Se miran largo y tendido.

—¿Que te prometieron por mí? — repite de nuevo, unas horas más tarde.

—Veinte cargadores y un par de botas, bastante nuevas.

—Llévame contigo — implora, u ordena, o concuerda.

Truenos. Nubarrones, cielo oscuro, está diluviando.

—Vámonos — contesta Humo. El padre hace un amago de protesta. Luego se da la vuelta y regresa al poblado. No hay despedida. Quizás echa cuentas, un problema menos, cada uno debe salvarse a sí mismo. Quizás conoce a Humo y no quiere problemas. 

Son tiempos jodidos.


Un relato corto pero muy intenso.

Pudimos conocer algo del carácter de Humo y de la chica. Como introducción a una escena de acción más emocionante está muy bien.

Se me hace bueno como entremés a una historia mucho más completa. Dan ganas de saber más.
Autor, vas muy bien.
La Pluma Mata más que la Espada...   Mf_swordfight
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#4
Se insinúa un mundo interesante, parecido al de Mad Max o al lejano oeste. Está bastante bien escrito y se lee con fluidez, con mucha acción. Y me gusta lo de "Son tiempos jodidos..."
Pulsa el botón "WWW" que aparece debajo y podrás leer todas las reseñas y los relatos cortos de fantasía épica que he subido a mi blog, Fantasía Breve.
[Imagen: joseph_mallord_william_turner_064-.jpg?ssl=1]
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#5
1º Técnica/Calidad narrativa
La buena narración de esta historia no concuerda con el elevado número de errores que he visto en una historia tan breve, y eso sumado al hecho de que se haya publicado cerca del límite me hace pensar que faltó tiempo para hacer una revisión. Lástima, pues, como dije, creo que aquí hay tablas de escritor.

2º Ortotipografía
Como mencioné en el apartado anterior, demasiados errores para un texto breve.  Ojo a las comas, rayas de diálogos, acentos y leísmos.

3º Argumento/Trama
No se dan muchos detalles, pero los que sí aparecen apuntan a un mundo postapocalíptico, donde la supervivencia se ha vuelto lo más necesario en el día a día para los que aún siguen vivos.
La historia, corta, deja claro ese contexto desde el principio hasta el final, así que por ese lado, bastante bien.
Quizá el punto débil resida en el exceso de clichés, las escenas que se dan están muy vistas, no hay sorpresas ni dificultad alguna, pues el héroe (antihéroe en este caso) se carga a los “malos” sin pestañear…  No entiendo mucho de armas, pero me sorprendió que hiciera cuatro disparos seguidos con una “recortada” sin recargar una sola vez. Por otro lado, ¿una recortada no es una escopeta que dispara perdigones? Si esto es así, ¿cómo pudo matar a los secuestradores sin que la mujer saliera al menos herida, estando tan cerca?
Otro cliché obedece al binomio rescatador/rescatada, por no hablar de la mujer que se “enamora” de su salvador y “malote” de turno.
Lo que sí me sorprendió fue ese final donde el padre mormón, que es capaz de contratar a un asesino para que rescate a su hija, renuncia a sus “principios” y deja que ella se vaya con él. Un ejemplo más, tal vez, de cómo el ambiente en el que se desenvuelven las personas influye en su conducta. Quizá ese mensaje sea lo mejor del relato.

4º Personajes/Ambientación
Como dije en el apartado anterior, salvo el padre, que hace algo que se sale de lo “previsto”, pero en consonancia con el ambiente (otro punto fuerte, dejando pinceladas más que innecesariamente largas descripciones) mostrado en la historia, el resto de los personajes no captaron mi atención, demasiado encerrados en roles predeterminados y comportándose de un modo ya visto en demasiadas ocasiones.
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#6
Soy de los que priman el estilo sobre la historia. Me gustó el estilo, mucho, rudo y directo.
Las florituras ("Truenos, nubarrones, cielo oscuro") le dan mucha personalidad. Se agradece.
¿La trama? Apropiada. ¿Los clichés? Adecuados.
Hay que repasar el texto dos o tres veces.
Bardo
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#7
Un relato excesivamente escueto y lleno de faltas de puntuación, manido y lleno de lugares comunes, pero que no deja de ser un relato de esos que a todos nos gusta leer: el chico duro rescata a la chica y al final se queda con ella.
Me recuerda un poco a "La Carretera" de McCartney. Discutible la elección del presente como tiempo verbal, aunque no del todo desafortunado.
Me hubiese gustado saber más de los mormones, quizás la única parte del texto realmente original.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#8
Las comillas para los pensamientos son estas («»).

Hay que repasar cuando donde se dejan espacios alrededor de un guion de dialogo. Aqui parece que se han dejado al tun tun.

Y la importancia de las comas la vemos aqui:

Cita:Desde la colina Humo observa la cochambrosa vieja gasolinera

Tal como esta escrito, Humo es el nombre de la colina y no el del personaje. Falta una importantisima coma delante del nombre.

Salvando esas tres cosas, es un relato bastante bueno Smile
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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