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Reto Nav19: Lágrimas de Marfil
#1
¿Cuántas veladoras ocuparé para cuando lleguen las “festividades”? Pareciera que se vuelve más y más insoportable, desde que ella se fue. No pareciera que fue solo diez años. Para mí, solo pasó diez días atrás. Aún siento ese viento frío, de cuando me llegó esa noticia.
El día era un quince de diciembre. Lulú y yo solo llevábamos un mes de casados. Yo me encontraba como cualquier otro día, en la oficina del jefe. Con el bono del fin de año, iba a llevarme a Lulú a una cabaña en las montañas, para celebrar la navidad. Me costó mucho convencer a mi jefe, pero logré que me diera un adelanto. Todo con tal de complacer a mi mujer.
Al salir del trabajo, me subí a mi auto y me dirigí de vuelta a mi casa. Era de noche. Durante el transcurso, pude apreciar las decoraciones navideñas, en las calles; pinos navideños que eran más altos que algunas residencias, letreros colgantes con las imágenes de Santa Claus y sus renos, pancartas con anuncios de descuentos de temporada, para aquellos que se sientan generosos. Niños cantaban villancicos en las aceras, mientras cargaban galletas de canela en bandejas o en bolsas. Ya casi podía oler el dulce aroma del jengibre. El rugido de las barredoras que limpiaban las calles de la nieve resonaba fuertemente. “Con las fuertes nevadas que se acercan, capaz que le compre un nuevo saco a Lulú, como regalo de navidad”, fue lo que pensé, mientras avanzaba por la avenida principal. Jamás pensé que la ciudad fuera tan distinta, a comparación del pueblo. Lulú y yo nos habíamos mudado a la capital, con la esperanza de buscar un trabajo más lucrativo y darles una vida decente a nuestros niños… Poco sospechaba lo que iba a llegarme ese día.
Mientras conducía, mi celular comenzó a sonar. Ante esto, me estacioné cerca de una tienda de abarrotes y respondí la llamada. “¡Es Lulú!” Fue lo que pensé, cuando vi el número que me marcaba.
— ¿Bueno?
— ¿Es usted Walter Rivers?
Mi espalda sintió un escalofrío, cuando escuché esa voz masculina. ¿Qué le pasó a Lulú? ¿Quién es ese sujeto?
—Sí—respondí cautelosamente. — ¿Qué se le ofrece? ¿Dónde está mi esposa?
—Le hablo de la comisaría. Su esposa fue víctima de una violación.
Algo dentro de mi pecho se quebró, al escuchar estas palabras. Pero mi cabeza aún no podía creer lo que escuchaba.
—No habla en serio…
—Su esposa fue encontrada a las afueras del restaurante Dubois Leux, con indicios de abuso sexual. Una de sus compañeras la encontró en el callejón cerrado y nos notificó hace apenas unos minutos. Acabamos de llevárnosla a que reciba atención, de parte de nuestros especialistas.
Al oír esto, golpeé mi cabeza sobre el volante y mi mirada se quedó divagando en la nada. Me faltaba el aire; pensé que me iba a desmayar del calor, en ese momento. “Pero si solo ha pasado un mes desde nuestra boda”, fue lo único que pude pensar, en ese momento.
— ¿Señor Rivers?
Me tomó un rato para recuperar el aliento y contestar el teléfono. Aún no podía creerme lo que estaba pasando. Debía ir a averiguarlo por mí cuenta.
—Voy inmediatamente.
Sin perder más tiempo, terminé la llamada y condije hacia donde la comisaría. Mi estómago se revolvió de las náuseas, cuando comencé a pensar en lo que Lulú había experimentado. “Esto debe ser una puta broma”, pensaba una y otra vez. El cielo se oscurecía y un viento aciago mecía los adornos navideños en los postes y las paredes de los edificios. Cuando llegué a la comisaría, me bajé del auto lo más rápido posible y entré a las instalaciones, para buscar a Lulú
—Me llamaron por lo que le pasó a la señora Lulú.
Me coloqué en frente de la recepcionista y coloqué mis manos sobre la repisa. No me había dado cuenta aún de lo pálido que mi rostro se veía, sino hasta que vi el reflejo sobre el cristal donde me recargaba.
¬—Se encuentra en la sala de interrogación. ¿Es usted su esposo?
Simplemente asenté con la cabeza varias veces. No quise si quiera hablar del tema, hasta que mis ojos lo confirmaran.
—La señorita Lulú se encuentra en la enfermería, en el ala norte.
Ni siquiera recordé de agradecerle a la señorita por la información, de lo rápido que fui hacia donde Lulú estaba. Cada vez sentía que me ahogaba más y más. Por poco y colapsaba en el suelo, cuando de pronto me recargué frente al muro de la enfermería. No quería entrar. Mi mundo entero estaba colapsando, en frente de mis ojos.
— ¿Es usted Walter Rivers, señor?
Un oficial se colocó en frente de mí y me ayudó a reincorporarme. Era enorme; su complexión eclipsaba mi cuerpo escuálido, a comparación del de él. Por el color de su piel y sus ojos avellana, podía decirse que venía del sur, pero su acento apenas si se le nota. Quizás sea paisano de Lulú.
—Si… sí lo soy, oficial.
—Entremos con precaución. Su esposa se encuentra delicada.
El policía entonces abrió la puerta de la enfermería y me dejó pasar. Mis piernas se rehusaban a moverse. Por un momento, pensé que me quedaría paralítico. Entré lentamente a la recamara… Ahí es donde vi a Lulú, postrada en una cama, envuelta en sábanas blancas. El brillo en sus ojos verdes se había apagado y parte de su cabello castaño fue arrancado. No quise acercarme más, pero mi esposa me necesitaba, más que cualquier otra persona en este mundo.
— ¿Lulú?
Cuando me aproximé a ella, me di cuenta que temblaba muchísimo. Tenía moretones y arañazos en sus brazos y en su rostro. Aquel rostro de arcilla que tanto admiraba ahora estaba marchito por lágrimas. Al tenerla en frente de mí, intenté acariciarle la cabeza, para apaciguarla, pero Lulú se retractó, como queriéndose apartarse.
—No me toques…
Esa frialdad en su voz se sintió como agujas lacerantes que atravesaban mi pecho. Jamás la había escuchado hablar así; ni siquiera cuando ella se peleaba con sus compañeras del colegio, cuando salíamos.
—Su esposa acaba de salir de interrogación, señor Rivers. Se encontraba muchísimo peor, cuando llegó al edificio— comentó el policía. —Le sugerimos que atienda con uno de nuestros terapeutas. Ellos se encargarán de enmendarla.
—No… No quiero ayuda… ¡No quiero ayuda de nadie!
Lulú se levantó de la cama e intentó empujar al oficial, pero un grupo de paramédicos y yo la detuvimos.
— ¡Escucha al oficial, cariño! ¡Necesitas ayuda!
Pese que los jalones de Lulú me lastimaban, traté de no alterarme más de lo que ya estaba por la noticia. “Si yo me derrumbo, Lulú solo empeorará”, fue lo único que pude pensar, en ese momento. No pasó mucho tiempo antes de que Lulú se cansara y se desmoronara en llanto, cayendo de rodillas. Las agujas que sentía dentro de mi pecho se hendían más y más, al verme tan impotente ante la situación que se me presentaba, que también colapsé junto con ella.
El oficial Mendoza me lo dijo todo, cuando nos apaciguamos. Lulú le había dicho que ella fue atacada en el callejón, cuando salió a tirar la basura a los contenedores. Fueron dos asaltantes; uno obeso y otro fornido. El gordo la golpeó con un bastón en la cabeza, mientras que el otro tapó la entrada al callejón con su camioneta. “Todo pasó tan rápido. Sin que me diera cuenta, esos tipos habían desgarrado la ropa y sentí que algo entró a mi cuerpo”, fue lo que Lulú le dijo al policía. Cuando se percató de lo que le habían, intentó quitárselos de encima, pero el gordo le jaló del cabello y estrelló su cabeza contra el suelo. Los asaltantes continuaron amancillando su cuerpo, cuando de pronto más miembros del staff del restaurante salieron afuera a revisar el alboroto. Los violadores huyeron lo antes posible, al verse superados en número. Una de las compañeras de Lulú marcó a la policía y el resto es historia. La procuraduría ya abriría un caso, para dar con esos tipos. Si tuviera a esos bastardos en frente de mí, yo mismo los mataría. En ese momento, pensaba que la situación no empeoraría… pobre iluso que fui por pensar eso…
Durante el transcurso del mes, Lulú y yo acudimos con los terapeutas de la comisaría, para nuestro tratamiento. El neurólogo ordenó unos tranquilizantes, para que se regularizara su cuerpo de vuelta. Mi terapeuta me ayudó a tranquilizarme, después de todo el horror y la rabia que sentí al enterarme de la situación. Pero aún temía por lo peor. “Lo mejor es permanecer en guardia, hasta ver que Lulú mejore”, fue mi razonamiento, en ese momento.
Llegó la nochebuena. Pese a lo ocurrido, aún estaba decidido pasar el día en una cabaña, en las montañas. Solo Lulú y yo, apreciando el paisaje nevado. Conducía por la vereda, subiendo lentamente entre el verdoso bosque, cubierto por el manto helado. Todo se encontraba extrañamente quieto. “Lo más probable es que los animales de la región estén invernando”, pensé en ese momento. Si no nos dábamos prisa, la ventisca pronosticada nos alcanzaría. Antes de que llegara la noche, jamás pensé que una festividad pudiera darse en un día tan tétrico…
Un rato después, Lulú y yo llegamos a la posada. Una hacienda de, al menos, veinte habitaciones. Lulú y yo pudimos olfatear el rústico aroma de las casas de roble, así como el de los pinos decorados en nochebuenas y el chocolate con galletas de jengibre. Atrás de la comarca se veían unos esquiadores bajar por las montañas. “Jamás he sido bueno para esquiar, pero cuando Lulú y yo salgamos de la rehabilitación, pediré lecciones”, fue lo que pensé en ese instante, al ver ese escenario. Lulú y yo solicitamos una recámara, al ala oeste del local. Una habitación donde solo ella y yo pasaríamos las festividades.
Ya en la noche, después de acomodarnos, me encontraba en el vestíbulo, donde prendía la chimenea. Roseé algo de aromatizante de fresas, para combinar la esencia del roble de las paredes. Traje conmigo una botella de champaña, para celebrar la ocasión. “Debo de tener cuidado de que Lulú no se tome su medicación con el alcohol”, fue lo que pensé, mientras abría la tapa de la botella. El escalofrío volvió por un segundo. De haber sabido lo que eso significaba, hubiera traído un refresco de cola, en lugar del champaña. Pero… ¿cómo iba a saber lo que iba a pasar? ¿Podría haberlo prevenido? ¿O ya estaba predeterminado a pasar, igualmente? Terminé de acomodar los adornos navideños, en frente de la chimenea, cuando de pronto escuchó a Lulú llegar al vestíbulo.
— ¿Qué te parece la cabaña, cariño?
Volteé a ver a Lulú y me levanté del suelo, para dirigirme a donde ella. Pero Lulú parecía estar distraída con otra cosa.
—No está tan mal, supongo.
Nos fuimos a sentar al comedor, donde tendríamos una vista al riachuelo que se encontraba junto a la posada. Me tomó más de dos horas en preparar el pollo relleno. “Espero que le gusté a Lulú”, fue lo único que pensé mientras tomábamos asientos.
—Walter… ¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos, en el colegio?
—Claro que sí, cariño— Respondí, mientras nos servíamos el champaña, en unas copas. —Me costó muchísimo trabajo que mis padres aceptaran nuestra relación, pero lo logramos.
Lulú contempló el paisaje helado por un momento.
—Siempre tuve problemas con mis compañeras, en la universidad—. Comentó Lulú y de ahí suspiró profundamente. —Siempre fui la que tuvo las calificaciones más bajas en matemáticas, pero las más altas en deportes. Cuando me dijeron que tenía la oportunidad de entrar en la ligas menores de soccer, pensé que jamás me iría mejor en la vida, hasta que te conocí. Tus padres siempre me vieron por debajo del hombro, como si no te mereciera. Como si fueras demasiado bueno, para mí… quizás ellos tenían razón. Quizás debí haberme conformado con menos.
Al escuchar este comentario de Lulú, me levanté de la mesa y la abracé de la cabeza.
— ¡No digas eso! ¡Eres lo mejor que ha pasado en toda mi vida! ¡Lo eres todo, para mí! Si algo te pasara… si algo te pasara… no estoy seguro si podría continuar con mi vida. No sé qué haría sin ti.
La apreté un poco más hacia mi cuerpo y derramé unas cuantas lágrimas. Sus palabras me cayeron como cuchillas calientes sobre mis manos. Esperé un rato, antes de que Lulú me dijera algo. Ese silenció solo desgarraba mi piel a cada momento.
—Walter… yo… no estoy segura si pude haberlo evitado. ¿Fue por lo que vestí, ese día? Yo… yo…
Mi amada quebró en llanto, en ese momento. Viéndome tan impotente ante esta escena, yo también me quebré y ambos caímos de rodillas sobre el tapete rojo. Se nos apagó el apetito. Nos fuimos a la cama muy temprano. Pobre iluso de mí, por haber hecho esto…
Unas horas después, me entró las ganas de ir al baño. Al despertarme, noté como es que Lulú no se encontraba acostada a mi lado.
— ¿Lulú?
La terapeuta me lo había dicho: “No descuides a Lulú, por un segundo. En su estado, ella va a andar con fuerte depresión y tendencias suicidas”. Solo podía esperar a que no fuera demasiado tarde. Me levanté de la cama y me puse mi bata, listo para buscar a Lulú. Al salir al vestíbulo, mi mirada se topó con esa escena… esa escena que cambiaría mi vida, para siempre… Lulú se encontraba posada sobre el sillón grande, con la botella de champaña y los tranquilizantes tirados en el suelo.
— ¡Lulú!
Me acerqué a ella lo más pronto posible, para revisar si seguía con vida… pero cuando la revisé, ella no tenía pulso, no respiraba y su piel se sentía tan fría como la misma nieve.
— ¡Lulú! ¡Por favor, despierta! ¡No me dejes! ¡Por favor, no me dejes!
No importaba cuan fuerte gritara, cuanto le diera respiración de boca a boca o cuanto intentara reanimar su corazón. Nada funcionaba.
—Por favor, Lulú… no me dejes…
Al verme incapaz hacer algo, salí de la cabaña y fui a pedir auxilio. Varias horas después, cuando los paramédicos llegaron, la fatídica noticia que menos necesitaba en ese momento había llegado. “Lulú Rivers. Hora y fecha de muerte: 25 de diciembre, 3:41 A.M.”
Aún me encontraba incrédulo, después de escuchar esa noticia. Mi esposa… aquella que le había jurado mi vida, aquella a quien amaba más que cualquier persona en este mundo… se había ido… Mi vida colapsó en ese mismo momento… todo lo que había creído y amado de la navidad ahora no era más que la peor temporada de mi vida. Ni siquiera quise asomar mi cabeza con la terapeuta, cuando el cuartel se enteró del suicidio de mi amada. Aun cuando me dijeron que lo necesitaba, más que cualquier cosa en este mundo. “¿¡Qué caso tiene continuar, cuando la única mujer que me amaba se ha ido de mi lado!?” fue mi respuesta, ante la advertencia de la psicóloga. Sin más que decir o hacer, me alejé de la terapia y me dediqué a ahogar mis penas en bares de mala pena.
Pasaron los años. Perdí mi trabajo, después de haber ido varias veces ebrio. Dejé de comunicarme con mi familia cercana. Me alejé de mis amigos más cercanos y me dediqué a pasar la mayor parte del día tomando licor, esperando a que el alcohol destruyera el amargo recuerdo de su partida. No pasó mucho tiempo antes de que perdiera la casa y volviera a vivir con mis padres. No recuerdo muy bien cómo pasó, pero mis padres dijeron que traté de tirarme de un puente, en una de esas ocasiones donde estaba borracho. Al enterarse de esto, mis padres me mandaron a terapia, para que trate de afrontar este problema. De nueva cuenta me topé con mi anterior terapeuta: la psicóloga y criminóloga Elena Watson.
Cuando comencé a ir con ella, me rehusé a reconocer mis problemas.
— ¿Sabes bien por qué estás aquí, verdad?
No quise responder. Aún estaba de terco con que no quería ayuda.
— ¿Recuerdas la última vez que conversamos, antes de que “eso” pasara? Porque yo sí. “Si algo le pasara a Lulú… no tengo idea de qué pasaría conmigo. No sé si podré continuar.” ¿O me equivoco?
Apreté mi puño de la rabia, pero podía meterme en problemas con la policía, si la atacaba.
—Lo único que quiero es olvidarla… Lo único que quiero es ahogar ese recuerdo, hasta que desaparezca el dolor…
Elena se acomodó los lentes, cuando escuchó esto.
¬ — ¿Y cómo te ha ido con ello?
No supe cómo responder, cuando ella me preguntó esto. Por tanto tiempo, había intentado tomar hasta que se me borrara el recuerdo de Lulú de mi cabeza, Pero no importaba cuanto tratara. Nada de lo que hacía funcionaba. Aún lo sentía como si hubiera sido hace unas pocas horas. Aún sentía el frio cuerpo de mi amada, entre mis brazos.
—No respondas. Tu silencio me lo dice todo.
Elena se acomodó el mechón rubio, al comentar esto.
—Lo único que quiero es que el dolor se vaya… No quiero recordar más.
Agaché la cabeza y me cubrí el rostro, para luego sollozar un poco. Elena entonces colocó la mano sobre mi cabeza y me devolvió una mirada preocupada.
—Ese dolor jamás se va a olvidar. Puedo ayudarte a que sane la herida, pero debes poner de tu parte.
Levanté la mirada y la observé al rostro, por un momento. Esos ojos azules que hace un rato demostraban precaución ahora se veían misericordiosos. Al ver esto, simplemente la abracé y lloré más fuerte. Desde ese día, empecé con mi rehabilitación.
Al principio no fue muy fácil dejar la bebida. Cada día me sentía como si me fuera a desmayar, por la falta del alcohol en mis venas. Pero extrañamente, me sentía liberado. Era como si unas cadenas se cayeran de mi pecho. Conforme pasó el tiempo, logré conseguir un nuevo trabajo, como secretario de una secundaria. Aprendí a esquiar y entré a un equipo deportivo. No fue fácil el reconocer que lo que le pasó a Lulú y a mí estaba fuera de nuestro control. Por mucho tiempo pensé que pude haberlo evitado. “Uno no puede evitar la tragedia. Pero depende de uno poder aprender y sanar el dolor”, fueron las palabras que me dijo Elena, cuando traté con respecto a los eventos ocurridos. Más aún había algo que debía hacer…
Diez años han pasado desde aquella tragedia. Mi terapia estaba a punto de terminar. La prueba de fuego estaba por comenzar. Me encontraba afuera de la misma cabaña donde Lulú se quitó la vida, en esa misma fecha… 24 de diciembre.
—Hoy es el día, Walter. Es ahora o nunca.
El día estaba opacado por la nevada. Desde lo alto de la terraza se escuchaban el bullicio de aquellos que nos veían. Muchos se han alejado de la cabaña donde mi esposa murió… pero era el momento donde tenía que mostrarme a mí mismo lo lejos que había llegado. Elena abrió la puerta; me quedé contemplando el interior del edificio por un momento y entonces mi mente se imaginó la misma escena de hace diez años.
Ahí estaba, en el sillón. El cadáver de mi amada Lulú. Cuando me acerqué más, Lulú levantó su cabeza y me observó, mofando de la rabia. Casi se podía ver la saliva salpicar de su boca. Al ver esta imagen mental, retrocedí un poco y mi rostro tornó pálido.
— ¡No te rindas, Walter! ¡Eres más fuerte que ese recuerdo tuyo!
Cuando Elena me dio estas palabras de aliento, sacudí mi cabeza y respiré profundamente, para seguir avanzando hacia donde Lulú falleció. Entre más caminaba, mi mente me jugaba más trucos sucios. El techo derramaba sangre en las paredes y la imagen de Lulú se volvía más terrorífica. Sus ojos fueron arrancados, su piel estaba cubierta por golpes y cortadas, y tambaleó hacia mí, con un chirrido penetrante.
— ¡Tú dejaste que me hicieran esto! ¡Esto es tú culpa!
De pronto, Lulú me tomó del cuello y hendió sus uñas sobre mí. Justo cuando pensé que iba a caer de rodillas por la falta de aire, tomé más aire y coloqué las manos sobre las de ella.
—Lulú… lamento mucho el no poder habido ayudarte, como debía. Te fallé como esposo… como amigo… como amante…
En eso, “abracé” a Lulú de la nuca y la acerqué más a mí, con unas cuantas lágrimas en mi rostro.
—Sé bien que jamás perdonarás mi negligencia. Pero quiero que sepas esto… Por más que me haya dolido tu ausencia, por más que me haya sentido traicionado por tu partida… yo siempre te amaré. Pero porque te amo, debo dejarte ir…
No supe bien por qué, pero en ese momento, Lulú devolvió el abrazo, sollozó sobre mi hombro y susurro: “yo también a ti.” Y así mismo, aquella imagen mental se disipó, junto con Lulú. Al volver a la realidad, observé el cuarto y luego volteé a mirar a Elena. Mi mirada se llenó de lágrimas; no solo de tristeza, sino también de paz y felicidad.
— ¡Lo logré, Elena!
Elena me abrazó de vuelta y devolvió una sonrisa.
—Estoy tan orgullosa de ti, Walter. Ya no hay más que sanar. Tu terapia ha terminado.
Al día siguiente, mi equipo y yo participamos en el campeonato de esquí. No logramos ganar el torneo, pero al menos quedamos en los mejores ocho. Me encontraba en la cafetería de la hacienda, tomando un poco de chocolate caliente. Una mujer un poco más joven que yo se acercó a mí y ambos comenzamos a hablar. Durante la conversación, ella mencionó que perdió a su esposo, durante un asalto a una tienda de abarrotes, unos cuantos años atrás. Desde entonces, ella buscó ayuda, para aliviar el dolor. Yo también le dije sobre lo que me pasó, así como el hecho que me dieron de alta, apenas ayer.
—No me fue fácil salir del abismo donde estaba, pero tampoco fue imposible.
La conversación continuó por un rato. Ambos hablamos sobre las clases de música que ella tomaba, y hasta terminó invitándome a su recital, cuando caiga año nuevo. ¡No pensé que conocería a otra dama que estaría interesado en mí! Sin pensarlo dos veces, acepté su invitación. “Pobre iluso de mí por pensar que jamás conocería a otra mujer”, fue lo que pensé, en ese momento. “Hay vida después de la muerte de un ser amado. Solo no hay que rendirse”.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Este es el reto de las navidades deprimentes.

A nivel narrativo no está mal, tal vez usa demasiados localismos que se podría cambiar por palabras más neutras, también usa las comillas inglesas en lugar de las latinas y hay alguna que otra errata por el texto u oraciones incompletas como: Cuando se percató de lo que le habían, intentó quitárselos de encima...

Sí habría algunos problemas como detalles que se desvelan cuando conviene a la trama (como que la esposa ha adquirido una tendencia suicida, justo cuando lo hace), cuando lo suyo es dejarlo caer antes.

A nivel de historia hay muchos problemas, para empezar, si la policía te llama no lo hace desde el móvil de la víctima (aunque pueda usar este para conseguir un número de contacto), tampoco entiendo lo de Pero si solo ha pasado un mes desde nuestra boda, ¿qué pasa, de haber pasado un año sería menos grave? Leo eso y pienso que el protagonista es un completo gilipollas y además jodidamente egoísta, porque da la impresión de que no le preocupa el bienestar de su esposa por ser un ser humano sino algo de su propiedad.

¬—Se encuentra en la sala de interrogación. ¿Es usted su esposo?
Simplemente asenté con la cabeza varias veces. No quise si quiera hablar del tema, hasta que mis ojos lo confirmaran.
—La señorita Lulú se encuentra en la enfermería, en el ala norte.

Además del símbolo que se te ha colado, o se encuentra en la sala de interrogatorios o en la enfermería pero, por si fuera poco, si estuviera en la enfermería no estaría en la comisaría, estaría en el hospital...

Estoy muy intrigado en si las comisarías del país del autor funcionan distinto, pero además de la enfermería en la comisaría, lo de terapeutas de la misma tampoco tiene ningún sentido... Sí, a veces hay un terapeuta en comisaría o la policía puede llamar a uno, pero son cosas puntuales para un momento de necesidad, no es algo habitual, si se acude a una terapia será a un hospital (o a un terapeuta particular).

¿Están en una cabaña o están en una habitación en una posada? No es lo mismo y si es lo segundo no tiene sentido que el protagonista cocine...

Sobre los personajes... De la esposa no diré mucho, no hay una actitud de víctima única, aunque me escama un poco que se ponga violenta de pronto, lo suyo es que esté alterada todo el tiempo (en cuyo caso probablemente le habrían dado tranquilizantes) o que rechace el contacto pero no de esa manera sino con miedo... Pero como digo, lo puedo pasar (no lo de que no le den tranquilizantes sino su actitud). El esposo en cambio es un gilipollas... Si tuviera que darle valor a la obra diría que todo esto es parte del efecto Rashomon y en realidad no vemos lo que ocurrió sino la historia que se ha inventado él, porque hay muchas lagunas en la historia, además de su propia actitud victimista cuando él no es la víctima. Te compro que haya sufrido tanto, pero la manera en la que lo expresa, como si él fuera la víctima no, también se le nota una falta de madurez emocional para apoyar a su esposa o simplemente de dos dedos de frente para no llevar alcohol sabiendo que la esposa está depresiva (aunque eso sí es su culpa, no lo es no vigilarla las 24h; si tan mal está como para necesitar vigilancia 24/7 tiene que estar internada, no yendo de vacaciones).

Lo que tienes que hacer, autor, es ponerte a leer sobre psicología y psiquiatría. No importa si esta obra la basas en tus propias experiencias, eso no vale para crear personajes realistas, así que lee manuales y libros de divulgación sobre esos temas.
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#3
Yo también estoy de acuerdo con JP. Entiendo que hayas querido hacer la historia más corta, por el límite de palabras y de tiempo. Pero tampoco quiere decir que vayas a tener poca consideración por analizar un poco más las implicaciones que se dan, cuando ocurre algo como este tema tan severo.

No estuvo tan mal, pero serviría de algo que desarrollaras esta historia a más detalle, y que arreglaras algunos de los huecos argumentales que te presentaron antes.

Estoy seguro que, con un poco mas de tiempo y con un número límite más alto, esta historia podría ser muchísimo mejor. Pero, por ahora, solo sirve como un primer borrador, muy en sus primeras fases.

Espero que puedas arreglarla, en un futuro no muy lejano.
«No hay nada que ganar, cuando no hay nada que perder» https://discord.gg/4r9TF
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#4
En general me gustó mucho la historia, no había notado los huecos argumentales que habían la verdad. Parece que no coloqué suficiente atención a la trama. Estaba muy entretenida la historia.

El personaje de la mujer estaba bien y me gustó como describiste su comportamiento y su actuar en general.

Pero el protagonista no sé, no me convenció del todo. Me faltó algo de mas empatía, de preocuparse mas por su espoa para cuando sucediera el desencadenante se sintiera mas real. Incluso al final sentí como si nada de lo que pasó hubiera sucedido por la manera tan rápida en que superó a su esposa y consiguió otra mujer, o quizás hubieras podido acabar la historia ahí y dejar al lector con la intriga de que había pasado con el hombre después.

La historia me gustó bastante solo resalto lo anteriormente comentado pero en el resto fue una historia muy buena y trágica para la época de felicidad en la que estamos xD.

Un saludo !
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#5
1º Técnica/Calidad narrativa
Hay que mejorar la técnica narrativa. Tal y como está escrito, este es un texto más bien arduo de leer. Hay que revisar muy bien el modo en que están construidas muchas de las frases y párrafos para hacer de él un cuento cuya lectura pueda realizarse de manera fluida, sin que cada poco tiempo aparezcan reiteraciones y expresiones que desvíen la atención del lector hacia aspectos que deberían pasar desapercibidos.
Algo grave falla cuando la «forma» saca de manera reiterada al lector del «contenido».

2º Ortotipografía
Hay bastantes errores y que se repiten a lo largo del cuento. Los más comunes que he detectado son: reiteraciones injustificadas, mal empleo de la coma, mal empleo de la raya de diálogo, acentos, formas verbales, separación entre párrafos y alguna que otra mayúscula. 

3º Argumento/Trama
Creo que este aspecto, el argumento del cuento, es el que más me ha convencido. Dentro de su sencillez (una relación de pareja que se echa a perder a raíz de una terrible desgracia que sufre la esposa), me parece lo bastante realista y sólido como para sostener por sí mismo el peso del relato.

De todo lo contado, lo único que me pareció un poco raro y que desentonaba es que, después de diez años de terapia, se fuerce la visita del protagonista al lugar donde ocurrieron los hechos que ocasionaron el tener que recurrir a terapia, el paciente tenga una dramática alucinación y, pasada esta, la terapeuta concluya que la terapia ha concluido. Tuve la sensación de que ahí hubo una mezcla inesperada y un tanto extraña de la metodología de una terapia psicológica del mundo real con la resolución de uno de los numerosos casos de demonios o almas en pena típicos de las historias de Geralt de Rivia. Me pareció forzado, porque si se hubiera tratado de lo segundo, debería haberse visto más de eso en el cuento, pero si se trataba de lo primero, entonces las consecuencias deberían haber sido muy distintas. Una experiencia así en el mundo «real» no creo que hubiera supuesto el fin de la terapia. Es, por tanto, una escena que me parece de difícil encaje dentro del cuento.

Por último, una duda. No entendí la referencia al marfil y su relación con las lágrimas. Si aparece o se deduce de la lectura del relato, se me escapó. Agradecería al autor una explicación al respecto.

4º Personajes/Ambientación
Sentimientos encontrados en este apartado. Creo que, en general, hay un apreciable trabajo de definición y caracterización de los personajes, resultan bastante creíbles, cada uno muestra sus rasgos de personalidad definidos.
Pero también hay algún importante defecto a corregir. Por ejemplo, el trato que se le da  al protagonista respecto al resto de personajes. La atención está demasiado centrada en él, todo, absolutamente todo, gira alrededor de su persona. A ver si me explico…
En principio me parece bien que el autor haya elegido al esposo como protagonista y narrador de la historia, y tampoco puedo criticar que el mensaje final sea positivo y de esperanza.
El mayor problema lo tengo con el modo en que el autor presenta al esposo como el gran perjudicado de todo lo ocurrido. Si esto se ha hecho a propósito para resaltar el «carácter narcisista» del protagonista, me parece excelente (en principio, aunque el final de la historia lo hubiera imaginado de otro modo), pero, si no es así, entonces tenemos un problema... 
Hay una cantidad ingente de pronombres personales centrados en uno mismo, una multitud de referencias a sus sentimientos, antes, durante y después del trauma sufrido por la esposa. La mujer, que se supone que es la principal víctima, recibe un trato meramente circunstancial a pesar de todo lo que pierde por el camino. Solo parece estar ahí para darle al marido una excelente «coartada» para expresar todo lo que él siente: su amor, su culpa, su dolor, su desesperación, su frustración, su esperanza…
Esta diferencia de trato entre un personaje y otro se nota hasta en lo más básico: los nombres. De él sabemos su nombre completo, en cambio ella sólo aparece nombrada como «Lulú».
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#6
Una vez más, al relato le habría venido de perlas una buena revisión, ya que hay algunos errores gramaticales, ortotipográficos e incluso faltas de concordancia.
La idea de la historia y el mensaje que quieres transmitir en la última línea están muy bien, aunque creo que deberías de haber simplificado. La historia, tal y como la cuentas, a veces parece un resumen de algo más grande, por eso te animo a que escribas esta historia en formato largo (una novela corta o novela), dándole profundidad a la relación de los personajes y el cambio en la terapia del prota. Quizá hubiese quedado mejor centrarse en una de las partes de la historia: la violación o la muerte del ser querido, así podrías, con el mismo número de palabras, darle mayor profundidad al texto.

¡Un saludo, mucha suerte y nos leemos!
Hazte con un ejemplar de mi primer libro: SIETE LUCES OSCURAS
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#7
Un poco de investigación sobre los procedimientos en situaciones de violaciones viene bien para hacer sentir realista un relato, en la situación que se menciona creo se llevan a la víctima a un hospital y ahí se trata de forma específica.

¿terapeutas de la comisaría?, ¿neurólogo?, será psicologo o psiquiatra

Primero dice que quiere pasar Nochebuena en una cabaña pero llegan a una hacienda y rentan una habitación, para luego preguntarle a Lulú si le gusta la cabaña.

Y ya se me está acabando el tiempo para comentar.
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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