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Reto Nav19: Señora Moncha
#1
La verja del cementerio se abrió con un chirrido que hizo que la tierra bajo la que descansaban los muertos se removiese.

—¿Está segura de esto, señora Moncha? —La voz de Eugenio, sacristán del pueblo, sonaba desesperada—. Sé por experiencia que es mejor dejar descansar a los muertos, hágame caso. Ya han sufrido bastante en vida; por el amor de Dios; que es Navidad…

Oih que carallo, Eugenio. —Moncha, hipocorístico por el que se conocía a la señora Ramona en Pontecesures, empezaba a perder la paciencia. Enseguida dejó de hablarle en gallego para dirigirse a él en castellano. Debía de creer que, debido a las raíces manchegas de Eugenio, este no terminaba de entender el idioma. Ni a ella—. ¿Tú viste como me dejaron al nieto? —dijo con el marcado acento gallego de quien no tiene por hábito usar otro idioma—. ¿A ti te parece normal?

Eugenio le dedicó una mirada rápida al niño que se escondía detrás de la anciana. Apenas acababa de cumplir los nueve años, pero ya casi era tan alto como su abuela, aunque tampoco es que esta fuese muy alta. El pelo le nacía revoltoso y ondulado, tan negro que, si uno entrecerraba los ojos para mirarlo, parecía una extensión de las sombras que bailoteaban sobre las paredes del camposanto.

Eugenio apartó la mirada de inmediato. Era incapaz de aguantar por más de dos segundos la imagen que ofrecía el chiquillo, la visión de su cuerpo menudo cubierto de una sangre oscura que también manchaba su cara. Aunque lo peor era su brazo izquierdo, arrancado a la mitad del antebrazo como si alguna bestia se lo hubiese roído, masticado, triturado.

Suspiró y lanzó una última mirada suplicante a la señora Moncha.

—¿Y si fue un lobo? Quizá…

E dalle… —refunfuñó la anciana—. Ya no hay lobos en estos montes. Y tampoco fue un licántropo. Hace más de una década que no se ve a ninguno por aquí. Además, mira. —Cogió por el brazo cortado a Xian, que era como se llamaba su nieto, y se lo mostró una vez más—. ¿Tú crees que esto fue provocado por un lobo? Mira la forma de los mordiscos. Fueron dientes humanos. Además, mi Xian no miente, que en eso ha salido a la abuela. ¿Verdad, Xian? —La señora Moncha le mostró a su nieto una sonrisa en la que había menos de cinco dientes. Eugenio pensó que aquella sonrisa parecía una partida del ¿Quién es quién? que alguien había dejado a medias, pero no se lo dijo, claro. Vio que Xian le devolvía la sonrisa a su abuela y luego lo miraba a él. Eugenio lanzó una mirada rápida al brazo del muchacho y la volvió a apartar. El hueso asomaba partido a través de la carne sanguinolenta del brazo del chiquillo. Daba grima.

—Bu-bueno, pero que sea rápido, p-por favor, que va a ser medianoche y aún no he dado las campanadas.

La señora Moncha le sonrió y lo apartó de su camino con un pequeño empujón; luego se adentró en el cementerio.
Eugenio consultó la hora en el reloj y negó con la cabeza, maldiciendo en voz baja su mala suerte. Acto seguido pidió perdón, se persignó dos veces y siguió a la señora Moncha y a su nieto. No quería quedarse solo en medio de la oscuridad.



A Eugenio, que era un friolero, ver a la señora Moncha tan solo con un mandilón de cuadros, y una pañoleta en la cabeza, lo estaba poniendo enfermo. Le parecía increíble que la anciana no notase el frío. A aquellas horas de la noche, todas las flores del camposanto estaban cubiertas con una fina capa de escarcha; de xiada, como decían por allí. El cementerio se había envuelto de un niebla baja que sobrevolaba la tierra sagrada con dejadez, formando una suerte de cortinilla que hacía que las lápidas parecieran borrones desdibujados en un lienzo iluminado por las llamas de los cirios.

Y, sin embargo, allí estaba la señora Moncha, abriéndose paso entre el frío y la niebla con su cuerpo rechoncho y disimulando su cojera gracias a aquello que parecía un bastón, pero que no era un bastón, sino una escopeta Winchester sx3.

Eugenio apuró el paso. La tierra sobre la que caminaban había empezado a agitarse. Podía oír a los muertos debajo, gruñendo y cagándose en el cuerpo del santísimo. Parecían intranquilos.

Eugenio se volvió a persignar y rogó al Señor Todopoderoso que perdonara a aquellas almas pecadoras.

—A ver, Xian —dijo entonces la señora Moncha—. ¿Cómo era el… malnacido ese que te arrancó el brazo?

Xian miró a su abuela y se puso serio.

—Era muuuuy alto —dijo mientras levantaba los brazos, uno más corto que el otro, y abría mucho los ojos—, como papá cuando se transforma. Y tenía la cara… mmm… —Se miró el brazo roído—. Tenía la cara comida, como… como…

—Bueno, bueno —tranquilizó la Ramona a su nieto—. Con decir que era tan alto como tu padre llegaba. Veamos, no hay muchas lápidas que midan más de tres metro… Me cagho… Eu xa o sabía. Eu xa o sabía

—¿Qué pasa ahora? —se apresuró a preguntar Eugenio, inquieto. No le había hecho ninguna gracia la expresión de la anciana.

—Que ya sé quién anda detrás de todo esto.

La señora Moncha puso rumbo hacia un panteón de mármol negro y granito que se intuía a través de la niebla, a lo lejos. Eugenio la siguió echando miradas nerviosas hacia todos lados. Apartó con el pie un par de cartones de vino que alguien había dejado tirados y rodeó el panteón. Cuando llegó al otro lado, la señora Moncha ya tenía encañonado al muerto que estaba buscando.

Se trataba de Don Hipólito Seijas García (1929-1996). Al menos, eso rezaba su epitafio.

Acá yace Don Hipólito Seijas García
Que con un fósforo un día,
Fue a ver si gas había…
Y había.

Si no fuera porque estaba muerto de miedo, Eugenio hubiera soltado una risotada tras leer el epitafio que algún vándalo, haciendo uso de spray rojo, había pintarrajeado sobre la lápida de Don Hipólito. Pero enseguida pidió perdón por pecar en pensamiento y se agachó tras una cruz de mármol blanco.

Don Hipólito era enorme, iba completamente desnudo y su cuerpo, si a aquella cosa todavía se le podía llamar cuerpo, presentaba un estado de descomposición muy avanzado. La cara, tal y como la había descrito el pequeño Xian, estaba descarnada de mandíbula para abajo.

—Te dije que te llenaría el cuerpo de plomo si volvías a hacer de las tuyas, Hipólito —decía en aquel momento la señora Moncha.

El no-muerto se acercó a ella un paso, pero se detuvo en cuanto la vieja deslizó la corredera de la escopeta hacia atrás.

Raona, eso díselo a tu nieto, que se coió la ierna de i ujer y le arrancó un aghzo... un hrazo… Un…

—¿Un?

—Un brazo —aclaró el pequeño Xian a su abuela. Lo cierto era que entender a Don Hipólito, que carecía de labio inferior que lo ayudase a vocalizar, era toda una hazaña.

Don Hipólito asintió y le dedicó una mirada asesina al muchacho.

—¿Es eso cierto? —le preguntó Ramona a su nieto. Xian negó con la cabeza y amagó con echarse a llorar. Entonces la señora Moncha también negó y le acarició el pelo al pequeño. Después se dirigió a Don Hipólito—. Han desaparecido dos niños más del colegio de mi nieto, y no es la primera vez que te pillo arrancándole el cuello a alguna anciana indefensa. ¿Sabe eso tu mujer? ¿Quieres que le cuente lo que andas haciendo a pesar de que tenemos un pacto de no agresión?

—He dejado a tu ailia tranquila —se disculpó el muerto—. Raona… El acto dice que…

—… que nos respetemos. Si no, ojo por ojo y diente por diente. Eso dice. Así que ya sabes lo que te toca.

En ese momento, la señora Moncha disparó su Winchester sx3 y le arrancó el brazo izquierdo a Don Hipólito. El no-muerto aulló y corrió a enterrarse de nuevo bajo la tierra revuelta, a salvo con los suyos. Lo hizo a una velocidad tan rápida que, para un creyente como Eugenio, era difícil de asimilar.

Para cuando la señora Moncha recogió el brazo del difunto y se lo dio a su nieto, Eugenio ya había rezado veinte «Ave María».

—P-Por el amor de Dios, señora Moncha, ¿qué le voy a decir mañana al cura cuando vea el estropicio en el que ha convertido el cementerio? ¿No podía haber traído otra… cosa que no fuera una escopeta?

La señora Moncha le lanzó una sonrisa de las que le lanzaba a su nieto.

—Seguro que se le ocurre algo que decirle al tontainas ese. Y ahora marcho, que ya son horas y mañana tengo que ir a recoger grelos para hacer el caldo y plantar media huerta de patatas. Ya le daré un saco en compensación. Y, por cierto —añadió antes de darse la vuelta—, feliz Navidad.

Eugenio iba a responder, indignado. Pero entonces el viento silvó y, en un pestañeo, tanto la señora Moncha como su nieto se fundieron con la niebla y desaparecieron.

***

La señora Moncha corrió el visillo y le dio un beso de buenas noche a Xian.

—Y ahora a dormir y a portarte bien si quieres que los Reyes Magos te traigan los regalos. Ya verás como en una semana tienes el brazo regenerado. —Le dio otro beso y apagó la luz—. Y así me gusta, que no mientas ni te metas en líos. Los pactos de no agresión deben respetarse. Son una tradición que nos mantiene en paz con los seres del otro lado de la vida. —Sonrió al ver la mirada de súplica en la cara del pequeño—. Y sí, puedes comerte eso rápido si te apetece, pero quiero que estés dormido antes de que tus padres vengan de caza, ¿de acuerdo?

Xian asintió, entusiasmado. La señora Moncha cerró la puerta de la habitación y él se quedó solo. Sonrió de felicidad y comenzó a comerse el brazo de Don Hipólito. Cuando terminó, se levantó sin hacer ruido; no quería que su abuela lo pillase. Luego, con más cautela todavía, sacó otro brazo de debajo de la cama y comenzó a comerlo.

No había duda de que el brazo de la mujer de Don Hipólito era mucho más sabroso que el de su marido.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
¿Qué le pasa a todo el mundo estas navidades?

Narrativamente el relato está muy bien, tal vez algunas veces usa una puntuación rara, no usando exclamaciones y en su lugar usando punto y comas, pero en general me gusta como está narrado.

La historia es otro cantar, está bien que una historia sea confusa (sería hipócrita si digo lo contrario) pero hay muchas referencias que quedan en nada haciéndose extrañas, algunas incluso parecen que sobran: la desaparición de los otros niños que es mencionada pero que queda en nada.

Sobre los personajes, el único en el que se profundiza (y con quien podemos empatizar) es Eugenio pero su utilidad en la obra es nimia, hubiera estado bien ver más las cosas desde su punto de vista y en lugar de ese final con el niño comiendo brazos, viéramos a Eugenio acabar la noche. De los otros podríamos haber visto algo más, Xian resulta ser un Macguffin cuya personalidad es nula, y Moncha que es quien da título al relato, prácticamente no tiene profundidad, y no por no saber quién es realmente, sino por que no apreciamos su personalidad (por ejemplo a través de Eugenio) en el transcurso de la narración.

Ya por acabar, no creo que decir que es Navidad convierta esto en un relato navideño... Podrías haber hecho referencia a la Misa del Gallo y que esto tuviera lugar mientras tuviera lugar dicho oficio o, en referencia a lo comentado antes, ver a Eugenio cenar en Nochebuena con su familia o lo que sea mientras piensa en lo que ha ocurrido antes, o algo mínimante navideño, porque aunque narrativamente es el relato que más me ha gustado, a nivel navideño es el peor, y parece que la mención de Navidad sea por conseguir los puntos extra (y que, por ejemplo, de ser Halloween aquí se diría que estamos en Todos Santos).
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#3
Este fue un buen cuento, pero no se sintió mucho como un relato de navidad, sino como un relato de Halloween o Dia de Muertos, si soy honesto.
La historia estuvo bastante bien y el estilo es digerible.
Mi único problema es con los acentos. No es necesario escribir los acentos, dentro de una obra literaria. A menos que se trate del guión de una obra de teatro, es mejor no usar modismos o pronunciaciones locales. A veces se entiende mejor, cuando lo dejas lo más neutral posible.
Pero esta solo es mi opinión. Si quieres dejarlo así, por mí está bien.
«No hay nada que ganar, cuando no hay nada que perder» https://discord.gg/4r9TF
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#4
El relato me gustó bastante, aunque me hubiera gustado saber mas del contexto del pueblo en general. Todos eran muertos vivientes o algo así, o porque el niño al final estaba comiendo brazos de no muertos. El personaje de Moncha me pareció muy bueno, una señora estricta y muy ruda sin miedo a enfrentarse a el que sea por defender a su nieto.

Hay cosas que mencionas como cuando desaparecieron los niños, pensé que mas adelante ibas a contar algo sobre eso pero quedó en el aire. No entiendo para que lo mencionaste me recordó a una parte del libro de como no escribir una novela donde decían que el lector siempre espera que pase algo con cualquier cosa que se mencione en la historia, como si mencionas una desaparición se espera que mas adelante hagas mención sobre ello.
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#5
1º Técnica/Calidad narrativa
Una historia muy bien narrada, amena, con un acertado equilibrio entre descripciones y diálogos que permite recrear en la mente tanto el entorno en el que transcurre la acción como los personajes que la llevan a cabo. Muy bien.

2º Ortotipografía
En este apartado no tan bien como en el anterior. En general la historia está muy bien escrita, aunque me temo que hizo falta una última revisión que hubiera permitido corregir tanto errores como despistes que aparecen en el texto.


3º Argumento/Trama
La historia está muy bien hilada, la información que se ofrece al principio permite captar la atención del lector, y la curiosidad por saber lo que ha pasado se une a la excelente calidad narrativa desplegada. Enhorabuena.

4º Personajes/Ambientación
Pocos personajes y bien definidos, no hay mucho más que añadir. Tampoco se le puede poner ningún pero a la ambientación, creo que está muy bien conseguida.
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#6
Tiene muy poco para considerarlo navideño, me parece más una historia de Halloween.

¿Qué es el nieto de Moncha?, le vuelven a crecer las extremidades y come carne humana, ¿que es Moncha?, el sacristán ya debiera de estar acostumbrado y no ser un miedoso si lo sobrenatural es lo de todos los dias.
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#7
Pues nos encontramos con un relato bastante diferente a los que leí hasta ahora. Eso sí, es raro de cojones XDD. Por un lado, me encanta la idea de una anciana con escopeta metida en un mundo sobrenatural. Es fácil ver los elementos del relato: el conflicto, el detonante de la historia y el pequeño giro del final, en el que descubrimos que en realidad fue el nieto de la prota quien rompió el pacto. Quizá hay cosas que quedan un poco a la interpretación, como la alusión de la señora Moncha a los niños del colegio, o el mismo pacto que se menciona. ¿Pacto de no agresión entre vivos y no-vivos? ¿Qué son la señora Moncha y su nieto? Es decir, son incógnitas que quiero saber, pero a la vez también me gusta el misterio que rodea a los personajes.
En fin, buen relato y bastante fresco. Muy diferente a todo lo que he leído.

¡Un saludo, muchas suerte y nos leemoos!
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