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Resultados Reto Navidad 2019
#1
Buenas tardes compañeros,

Quien quiera saltarse la presentación puede ir directamente al spoiler del final del texto. Esto que os presento es lo que ha salido sin tener claro qué escribir, teniendo solo la idea de cómo empezar. Espero que os guste.

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La navidad ya había llegado a Boston y las calles estaban decoradas y nevadas. Familias felices paseaban por las calles blanqueadas, cargados con las compras, disfrutando de los adornos y respirando los buenos deseos que se deseaban los vecinos al saludarse.

Pero había un lugar, al final de la calle Whitfull, donde la navidad parecía haber pasado de largo. El orfanato de St. Andrews era un edificio viejo, de recias piedras cuarteadas como el rostro de un anciano pescador, que más parecía una casa encantada que un hogar para los huérfanos. Lo que ocurría dentro de aquellos muros era un  misterio para los vecinos, aunque corrían rumores e historias oscuras sobre asesinatos, violaciones y maltratos.

Tal vez por eso, sus habitantes, habían dejado de salir de allí.

***

El joven Helkion se calzó sus pantuflas, una que presentaba una cara de oso al que le faltaba una oreja y otra de un marrón apagado, varias tallas más grande. Caminó a buen paso por el pasillo, envuelto en un batín con tantos agujeros como el edificio, evitando mirar al exterior y ver las luces de colores que se veían por toda la ciudad. Al final del desolado pasillo giró a la derecha y bajó por los escalones de mármol desgastado, tal y como habían hecho durante décadas todos los habitantes de aquella derruida institución.

Apretó el paso hasta llegar al comedor antes de que el frío acabase por llegarle a los huesos. Desde que había llegado allí, abandonado por sus padres adoptivos un primero de año, no había tenido una sola navidad tal y como debía ser.

Cuando entró en la sala, la diferencia de temperatura hizo más patente el frío del resto de la casa. Sonrió al ver a los demás habitantes de St. Andrews: Juanma, JP, Haskoz, Duncan y Jaden. Todos estaban leyendo junto al fuego, pues el padre Celembor había impuesto la norma de leer antes de cenar, así como antes de dormir.
Aquel comedor debió conocer tiempos mejores, pues estaba dimensionado para dar de comer a una centena de personas. Pero ahora, entre el abandono y los pocos residentes, le recordaba más a uno de los escenarios de Poe o King.

Mientras se acercaba hasta sus amigos miró de refilón el matorral seco decorado con piñas pintadas, papeles de periódico y coronado con una deformada estrella de alambres. Había sido una ocurrencia del padre Celembor, pues no era partidario de talar ningún árbol para que muriese lentamente con un traje precioso.
Y es que la navidad pasaba de largo todos los años, sobre todo porque los fondos y donaciones que recibía la institución habían ido menguando con los años, y ahora apenas llegaban para poder comer todos los días. Por eso, hacía una semana, el guardián se había ido llevándose consigo a su cabra Magna, y un mes antes abandonaron la institución el cocinero Emmanuel y el profesor Bice.

—Llegas tarde, Helkion —dijo JP sin levantar la mirada de su libro de poemas. A JP le gustaba decir que no entendía mucho de poesía, pero había devorado todos los poemas de la biblioteca como si fuesen costillas.

—¿Estabas cascándoltela? —preguntó divertido Duncan. Nadie se reía ya con sus comentarios, pero a él no le importaba. Se sentía feliz haciéndolos.

Helkion abrió el libro de Fundación e Imperio y siguió leyendo allí donde había dejado el marcador.

—Oye, Haskoz, ¿qué tal el libro? —preguntó Jaden.

Haskoz, por se el mayor de todos, podía leer algunos de los libros del tercer estante. Otra de las normas del padre Celembor.

—Es diferente a todo lo que había leído hasta ahora —dijo lentamente mientras lo cerraba para leer de nuevo la portada—. Siete luces oscuras es un título bastante representativo de lo que estoy encontrando dentro. Ya lo podréis leer cuando os crezca pelo en los huevos —añadió burlón.

—¡Chicos, a poner la mesa! —gritó desde la cocina el padre Celembor, con su voz profunda y reverberante como un salto de agua en una cueva.

Todos cerraron sus libros y se apresuraron a colocar los cubiertos y vasos. Lo primero que atravesó el umbral fue un enorme caldero humeante que desprendía un olor delicioso, asido por los fuertes brazos del padre, y seguido por su enorme barriga. La barba que dejó crecer durante años le llegaba hasta el ombligo, era marrón como la tierra húmeda y siempre desprendía un olor silvestre.

—Esta cena va a ser magnífica. He conseguido unos buenos trozos de ternera y costilla y he preparado… ¡Natillas para el postre!

Aquella simple cena, pobre para cualquier hogar de la ciudad, subió el ánimo de los chicos, que respondieron con alegría y carcajadas ante semejante festín. No todos los días podían comer carne.

Una vez los cuencos estuvieron llenos y el padre Celembor bendijo la mesa, los chavales hincaron la cuchara y se quemaron las lenguas, impacientes por aplacar el hambre. Había pan caliente y un tarrito con mantequilla que voló antes de que ninguno de ellos pudiese repetir.

—¿A qué se debe esta cena? —preguntó Duncan.

Con una amplia sonrisa que casi le lleva los bigotes hasta las orejas, Celembor respondió:

—Hoy es Nochebuena.

Todos asintieron, como si de pronto todo encajara.

—Padre Celembor, ¿por qué Santa Claus no nos visita nunca? —preguntó de repente Helkion—. Sé que en todas las casas deja regalos menos aquí, que somos los que menos tenemos. ¿No debería ser al revés?

Todos los compañeros bajaron sus miradas a los casi vacíos cuencos y un suave silencio se aposentó en la sala.

—Esa es una buena pregunta, y he de decir que no tengo una buena respuesta que la acompañe. —Celembor cogió un trozo de pan y lo mordisqueó, pensativo—. Todos queremos regalos, tanto adultos como pequeños, pues no deja de ser un símbolo de que alguien nos quiere o se acuerda de nosotros. Pero creo que la verdadera esencia de la navidad, ahí afuera, solo la practican unos días al año. En cambio, nosotros, la practicamos todos los días.

Sabedor del poco entusiasmo que causaban sus palabras en los chicos, añadió:

—Es poco consuelo, lo sé, pero de momento esta es la vida que os ha tocado vivir.

JP se lo quedó mirando con los ojos entrecerrados y agitando la cuchara en la dirección del padre. Esa noche se encontraba preparado para hacer una pregunta que le rondaba desde hacía tiempo.

—Todos hemos leído muchos libros y creo que usted no es un sacerdote. No habla como ellos y casi nunca nos menciona a Dios.

Celembor asintió con ojos tristes.

—Sí soy sacerdote, pero no sigo el camino marcado a fuego por la Iglesia. Yo soy más partidario de predicar los valores universales, y no tanto si es palabra de uno o de otro.

De nuevo el silencio se hizo el amo del comedor, solo interrumpido por el crepitar del fuego.

—¿Y por qué hemos decorado ese matorral seco? —preguntó JP.

El padre se reclinó sobre la silla y aposentó las manos sobre la panza.

—He pensado que tal vez Santa Claus esta vez sí se podría haber fijado en lo que ocurrió cuando lo decoramos.

Más de uno levantó la mirada, extrañado. Ninguno recordó que hubiese pasado nada extraordinario.

—¿Y qué fue?

—Estuvisteis preparando los adornos, divirtiéndoos, haciendo bromas, e intentando hacelo lo mejor posible, trabajando y colaborando juntos. Eso, mis queridos chicos, es algo que fuera de este lugar rara vez se ve. Tal vez Santa nos recompense por eso —dijo guiñando un ojo.

Las natillas apenas duraron unos segundos en las escudillas, pero produjeron un efecto balsámico en todo los chavales, dejándoles una sonrisa hasta la hora de dormir.

Como todas las noches después de cenar, el padre Celembor les leyó veinte hojas de El Señor de los Anillos, un mamotreto que superaba las mil páginas, pero que a todos les encantaba. Cuando llegó la hora, recogieron sus libros para leer un poco antes de dormir y subieron al dormitorio común.
Ninguno de los muchachos, cuando se apagaron las luces, quiso hacerse ilusiones respecto a que Santa Claus pasara por allí esa noche, pero la semilla de las palabras del padre había germinado y la esperanza de que esta vez sería diferente empezó a crecer.

***

—Vamos, chicos, a despertar. Ha ocurrido algo extraordinario junto al matorral de navidad.

La voz del padre, excitada, los despertó a todos de sopetón, y no tardaron en bajar a trompicones hasta el comedor. Allí, a los pies de su particular árbol de navidad, había seis paquetes delicadamente envueltos.

Se abalanzaron sobre ellos, impacientes por saber lo que había dentro.

El primero en abrir su regalo fue Duncan, presa de una especie de locura por navidad. En su interior habían diez monedas de oro y una tarjeta con un nombre escrito: Eloísa.

JP, Jaden y Juanma abrieron sus regalos a la vez. JP destapó el suyo poco a poco, saboreando el momento. Dentro había 19 monedas de oro y una tarjeta que ponía “Familia en la Casa del Rey del Invierno”. Jaden casi destroza la caja intentando abrirla, tan nervioso estaba. En su interior encontró una lágrima de marfil y 19 monedas de oro también. Y Juanma hizo lo propio con su regalo y encontró una tarjeta que decía “Feliz navidad, espero les haya gustado mi regalo”, y la misma cantidad de monedas que sus compañeros.

Helkion rasgó el papel y sacó lo que había en su interior: una tarjeta con el nombre de “Familia de Nuberu” y 28 monedas de oro.

Y finalmente, Haskoz, con manos temblorosas, abrió el suyo. En su interior había una tarjeta que ponía “Familia de Ramona, la Moncha” y 29 monedas de oro.

Todos estaban contentos y felices, pues la navidad había hecho de nuevo su magia, dejando sonrisas e ilusiones a partes iguales.



Señora Moncha     29 Haskoz
La regla de oro     28 Helkion
Lágrimas de marfil     19 Jaden
Navidad, época de regalar  19 Juanma17
Poderoso rey invierno     19 JPQueiroz
Locura en navidad     12 Duncan

Escena
conversación en la taberna         1 La regla de oro
Moncha justificando a Eugenio 1 Señora Moncha

Personaje principal

Xandru               1    La regla de oro
Señora Moncha   1 Señora Moncha

Personaje secundario
Xuan 1 La regla de oro
Eugenio 1 Señora Moncha

Descripción
Epitafio don Hipólito 1 Señora Moncha
El cementerio                 1 Señora Moncha

Lugar
Cementerio 1 Señora Moncha

[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#2
Primero de todo, felicitar al ganador y al resto de participantes por hacer las Navidades más tétricas del foro.

Por supuesto, también felicitar a la Mano por traer un relato entrañable (que por otro lado desentona completamente con la temática que ha tomado este reto) en tan poco tiempo, no como cierta Mano cabruna que hemos tenido alguna vez. Que hablando de la cabra y su dueño ciego, si hubieran cumplido con lo de al menos comentar y votar, puede que no hubiera tenido lugar un empate triple... ¡eso sí que es un milagro de Janucá!

¡A ver qué desgracias y tétricos momentos nos deperan la próxima Navidad!
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#3
Felicitaciones a Haskoz por ganar, enhorabuena. Admito que mi favorito fue la regla de oro y aunque no conocía el mito me pareció un relato muy entretenido de leer.

Igualmente, felicitaciones a todos los participantes, todos los relatos fueron muy buenos y la verdad esperaba quedar en último lugar en mi primera vez participando en este reto.

Celembor por fin sentí la esencia de la navidad en un relato, me gustó bastante la manera en que mostraste los ganadores. Y ya que veo los resultados se me olvidó votar por las otras categorías, mala mía. Error de novato.

Espero verlos pronto y poder participar nuevamente en el reto del mes siguiente.
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#4
eeeeeeehhhhhhhh
¿no faltan más puntos extra?

En las reglas dice un punto extra por cada participante y aquí se considero un punto para cada participante.

Serían 6 puntos para los relatos que tengan suficientes elementos para poder considerarse navideños.
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#5
Jajajaj, muy buena esa presentación, @Celembor. muchas gracias por el esfuerzo extra y también por ese buen rollo en el relato. Smile

Y enhorabuena sobre todo a @Haskoz y su "Señora Moncha", fue mi relato favorito y un justo vencedor. Big Grin

Gracias a todos por sus comentarios, siempre son bienvenidos y ayudan mucho a mejorar. Wink
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#6
(21/01/2020 02:16 PM)Duncan Idaho escribió: eeeeeeehhhhhhhh
¿no faltan más puntos extra?

En las reglas dice un punto extra por cada participante y aquí se considero un punto para cada participante.

Serían 6 puntos para los relatos que tengan suficientes elementos para poder considerarse navideños.

Cuando todos tienen elementos para poder considerarse navideños, el resultado no cambia. Y no me voy a meter en camisa de once varas a definir la línea de "suficientes elementos navideños".
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#7
(21/01/2020 03:26 PM)Celembor escribió:
(21/01/2020 02:16 PM)Duncan Idaho escribió: eeeeeeehhhhhhhh
¿no faltan más puntos extra?

En las reglas dice un punto extra por cada participante y aquí se considero un punto para cada participante.

Serían 6 puntos para los relatos que tengan suficientes elementos para poder considerarse navideños.

Cuando todos tienen elementos para poder considerarse navideños, el resultado no cambia. Y no me voy a meter en camisa de once varas a definir la línea de "suficientes elementos navideños".

http://clasico.fantasitura.com/thread-24...l#pid36100

Considerandolo solo se intercambia el primero y el segundo, los demás quedan igual.
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#8
(21/01/2020 03:26 PM)Celembor escribió:
(21/01/2020 02:16 PM)Duncan Idaho escribió: eeeeeeehhhhhhhh
¿no faltan más puntos extra?

En las reglas dice un punto extra por cada participante y aquí se considero un punto para cada participante.

Serían 6 puntos para los relatos que tengan suficientes elementos para poder considerarse navideños.

Cuando todos tienen elementos para poder considerarse navideños, el resultado no cambia. Y no me voy a meter en camisa de once varas a definir la línea de "suficientes elementos navideños".

[Imagen: 4a3fc48928f65674c8d7bce358ac5968]

¡Decir que es Navidad no convierte un relato en navideño!
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#9
Yo ni siquiera hablé de "la Navidad", ambienté mi relato en las proximidades del solsticio de invierno y aludí a la compra de un regalo (costumbre en esa fecha incluso antes de la llegada de la Navidad cristiana), pero mi temática y objetivo con La regla de oro no era escribir una historia navideña, sino una que se encuadrara en la mitología asturiana. Así que no creo que haya que darle más vueltas a este asunto.  Wink
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#10
Gracias a todos, participantes, manos inocentes... por mantaner vivos los retos un mes mas Smile

Y mis mas sinceras disculpas por no haber terminado de leer y comentar. Aunque, gracias a JP, puedo echarle las culpas a mi dueño... Rolleyes



¡Id preparando vuestras amorosas plumas para el reto de febrero! Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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