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Reto feb 20: Luna de brillo prestado
#1
LUNA DE BRILLO PRESTADO



El silencio llenaba la habitación, sólo lo rompía el susurro de las sábanas al ser rozada por dos cuerpos, los besos apasionados, los susurros y jadeos de la pareja que hacía el amor en la cama.

Al acabar, él se deslizó a un lado, sudoroso y satisfecho, y ella se acurrucó en el hueco de su brazo. Ninguno de los dos habló durante un rato, dejando que la felicidad alcanzada se fuese desvaneciendo por sí sola. Luego ella se levantó mientras él miraba su desnudez con admiración, devorándola con los ojos como si no acabara de hacerle el amor.

Ella entró en el baño sin cerrar la puerta. Él escuchó el leve chirrido del grifo de la ducha y el agua golpeando el plato de ducha y se levantó perezosamente.
Entró en el lavabo y se dirigió al retrete, subió la tapa y orinó con un suspiro. Ella se había recogido el pelo para no mojarlo y se frotaba delicadamente con la esponja. Él la miraba embelesado.
—¿Tienes que irte ya? —le dijo.

Su voz sonaba a reproche. Ella le dio la espalda, esa espalda suave y hermosa que a él le gustaba acariciar. Quizá el tono la había molestado.
—Tengo que irme, lo sabes. Sabes que…
—Lo sé —la cortó el escuetamente.

A estas alturas, la pregunta era ridícula. Pero siempre se la hacía, siempre. Secretamente, anhelaba que un día se quedara. Que se quedara para siempre. Pero ella se marchaba tras cada encuentro.
Ella miraba la pared mientras sus manos recorrían su cuerpo con la esponja. Intentó sacudirse la irritación que esa pregunta, a la que ya debía estar acostumbrada, le produjo. ¿Por qué me molesta?, se preguntó, ¿por qué me siento culpable cuando me la hace?
Él entró en la ducha con ella, pero ella ya se había aclarado y salió. Se secó vigorosamente el cuerpo, luego liberó su larga cabellera y sacudió la cabeza para desapelmazarlo. Se miró al espejo mientras cogía el desodorante en rollon y se lo aplicaba. Odiaba ese momento, el de la despedida, el momento del retorno a la realidad. El momento de dejarle otra vez.

Temía que un día se cansara de ese juego. Que un día conociera a alguien y se enamorara, alguien que pudiera ofrecerle todo lo que ella era incapaz.
Se vistió, como siempre, con la mente llena de ese temor. Sólo se desvanecería, temporalmente, la próxima vez que cruzara esa puerta.

Oyó cerrarse el grifo, la mampara abrirse y el susurro de sus pies en el suelo. Mientras ella comprobaba el móvil por si tenía algún aviso, él salió del lavabo. Le miró. La belleza varonil de su cuerpo le cortó el aliento una vez más. Observó cómo las gotas de agua de su cabello mojado caían sobre sus clavículas, sobre su pecho, y sintió su corazón palpitar veloz. Giró la cabeza para que él no viera las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos.
—¿Cuándo volverás? —le preguntó él, de pie frente a ella con los ojos irritados aún, Seguramente le había entrado jabón.
—Te llamaré. Pronto, supongo.

Sintió desgarrarse un dique dentro de sí. Nunca antes, jamás, le había reprochado o exigido nada. Había respetado el pacto entre los dos. Pero, por alguna razón, ese día ya no pudo.
—Amanda, esto no puede continuar así.

Ella se quedó helada. No se lo esperaba, en absoluto, aunque era otro de sus temores: el momento de las reivindicaciones, el momento de pedir más. No pudo decir nada, el aliento estaba contenido en sus pulmones de puro miedo.
Él esperó alguna reacción que no llegó. Suspiró, enervado, un poco arrepentido, pero ya no había vuelta atrás.
—Yo necesito, necesito…

Sus palabras murieron en su boca al ver las lágrimas resbalando por sus mejillas. Se acercó y las recogió con su pulgar, y luego la abrazó fuerte. Se sintió desarmado, también desesperado. Estaba en un callejón sin salida que no llevaba a ninguna parte y lo sabía. Pero comenzaba a necesitar moverse, sentir que no estaba estancado en un bucle que se repetía una y otra vez y que ya no era suficiente.
—No puedo. No puedo darte lo que quieres… —susurro ella, compungida.
—¿Qué soy para ti, Amanda? Exactamente, ¿qué soy para ti? —ahora que había empezado, su frustración habló por su boca, imparable.
—Todo, Carlos —le respondió ella con seguridad, sin lugar a dudas.
—Entonces, quédate conmigo. No más despedidas, cariño. Yo… ya no puedo más.

Ella se desprendió del abrazo poco a poco, como si le costara.
—No puedo.
—Mírame —le pidió Carlos—. Mírame a los ojos y dime que no me amas.
—El amor no es el problema aquí —dijo ella muy seria—. También lo sabes de sobra.
—Eso dices. Pero aquí me quedo, solo, esperando tu llamada. Eso no es amor, Amanda, no sé qué nombre tiene, pero desde luego no es amor.
—¿No es amor? ¿No es amor esperar con desesperación el verte de nuevo? —ahora estalló ella—. ¿No es amor el vivir temiendo que te canses de mí y me dejes? ¿El vivir amargada, sólo pensando en ti a cada momento? No puedo creer que dudes, Carlos. Te lo dije claro, desde el principio, no te engañé. Y nada ha cambiado.
—Ya no me vale, Amanda, ya no. Quiero más. Y si tú no puedes dármelo…

Ella reprimió las lágrimas, corrigió la mueca de desesperación que comenzaba a formarse en su rostro.
—Es tu decisión, la comprendo y la respeto. Y sabía que, tarde o temprano, este momento llegaría. Solo esperaba que…
—¿Qué esperabas? ¿Que esperara eternamente algo que no llegará? ¿Qué estuviera a tu disposición cada vez que te apetece? Pero, ¿piensas de veras en mí alguna vez, Amanda? ¿En la tortura que es esto para mí?
—Pues sí, lo he pensado. Muchas, muchas veces. Sé lo injusto que es para ti, no creas que no. Lo sé. Y me duele por ti. Pero estoy atada, no soy libre, y no lo seré hasta que…
—No digas nada más. No vas a cambiar de parecer. Y ya no hace falta añadir nada.

La mirada triste de Carlos le rompió el corazón, pero ella simplemente dio dos pasos hacia atrás antes de darse la vuelta y salir por la puerta. Para siempre.
Carlos arrojó la toalla con fuerza y ésta tiró al suelo la lamparita sobre la mesa, cuyo pie de cerámica se rompió contra el suelo con estruendo.
Amanda dejó de controlar su llanto al traspasar la puerta, y bajó las escaleras sollozando desconsolada.


Al llegar a casa, abrió la puerta con su llave y entró recomponiéndose. Entro directa al lavabo para borrar los restos de su desesperación antes de entrar en el comedor.

La enfermera estaba dando la cena a un hombre avejentado que abría cansinamente la boca ante cada cucharada de puré que ella le acercaba a la boca. Sus ojos, una de las cosas que aún podía mover, giraron para mirar a su esposa recién llegada. Amanda juraría que había un cierto reproche en esas miradas que le lanzaba cada vez que ella regresaba a casa tras un encuentro con Carlos, como si lo supiera; seguramente era cosa suya, él no podía siquiera sospechar nada. Se acercó a él y le besó en la mejilla, luego le preguntó a la mujer cómo había ido la tarde. Sin novedad, todo estaba igual que cuando se fue. Su marido seguía en su silla, tan tetrapléjico como los últimos diez años. Bueno, todo no. Ella había perdido al amor de su vida por humanidad, por ser incapaz de desentenderse de esa persona que era como un bebé, vulnerable y solo, sin capacidad siquiera para lo más básico.
Sintió el alma desgarrada al salir de allí para cambiarse de ropa en su habitación. Se sintió, una vez más, estafada por la vida. Desesperada, despojada, incomprendida y sin salida. No quería volver a llorar, pero las lágrimas le escocían las comisuras de los ojos y las dejó salir.

El teléfono sonó entonces en su bolso y lo tomó mientras aclaraba su garganta y secaba sus lágrimas con el dorso de su mano.
Había un mensaje en el wasap.

“Te amo,
Como una luna llena de brillo prestado
Ama al sol que baña su cuerpo acerado
Oh, sí, te amo,
Como una enana roja
Que se consume cuando no estás
Y se expande al verte llegar,
Y todo devora…

Espero tu llamada como nunca, Amanda. No podría vivir sin ti.
Tuyo, siempre:
Carlos”

Y las lágrimas de Amanda se mudaron por una sonrisa de esperanza y de amor.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Buen relato que describe una situación que puedo considerar cotidiana, un amor poco posible por las ataduras de uno u otro. Aunque se ve llegar al inicio del relato, está bien llevado, con una tensión “in crescendo” que finalmente explota en un intento de que la otra persona reaccione y cambie su postura, que de el paso adelante para que su amor sea consumado. Por que al final, uno de los dos acaba por olvidar las reglas de inicio, y acaba queriendo más.
La posición de la mujer es complicada. De hecho, he conocido un caso similar.
En cuanto a la parte técnica, necesita un par de repasos. Uno de los ejemplos a los que me refiero es: "El silencio llenaba la habitación, sólo lo rompía el susurro de las sábanas al ser rozada por dos cuerpos, los besos apasionados, los susurros y jadeos de la pareja que hacía el amor en la cama." Es decir, el silencio no llenaba la habitación, pues no era solo interrumpido por las gotas de un grifo mal cerrado, sino por besos apasionados, susurros, jadeos y el roce de cuerpos. Demasiados sonidos como para empezar con que el silencio llenaba la habitación.

Suerte!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#3
El relato me deja sentimientos encontrados. Desde el primer momento se hace evidente que es una historia sobre infidelidad, pero se hace extraño el hecho de que dicha infidelidad no se limite a lo carnal y sin embargo ambos amantes no den un paso más en su relación, hasta que llegamos al final, y ese final es lo que me escama. Todo el relato nos ponemos en la piel de Amanda (y en menor medida de Carlos) para empatizar con ella, pero de pronto, en el final nos revelas que lo que le impide tener una relación con su amante es tener a su marido paralítico y todo atisbo de empatía se pierde cuando descubrimos que es simplemente una egoísta caprichosa.

¡Ojo!, a nivel de escritura esto es fantástico porque has creado en un texto no muy largo, un personaje con capas; a lo que se refiere al personaje en sí, por otro lado... Puedo comprender que ame a otra persona, puedo también entender lo duro que es convivir con alguien en el estado del marido, sin embargo no voy a comprender que hable de él como si fuera un desconocido al que tiene que cuidar... A falta de saber más de su historia debo suponer que se casaron por amor (por mucho que por el motivo que nos compete, o por otros, este haya desaparecido), así que por mucho que ya no le ame, seguramente le tiene cariño (sobre todo considerando que se casaron hace más de diez años), cosa que no se refleja en el texto. No obstante, lo peor es que uno entiende que la tetraplejía no es debida a una paralisis cerebral (más común en el embarazo y la infancia), sino por un accidente que haya afectado a las vertebras (como ocurrió con Ramón Sampedro), así que... ¡¿por qué no lo habla?! Sí, decirle que ama a otro y quiere empezar una nueva relación no es agradable de hablar pero es maduro...

Sobre la escritura, quitando alguna repetición innecesaria (como en la palabra ducha) y alguna mal escrita (como rollon que debe ser roll-on), diría que es perfecta para lo que pretende contar.

P.D.: ¿Qué problemas tenéis todos con las comillas latinas?
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#4
Muy bonito. Aunque el nefasto uso de los puntos y a parte haya estado a punto de estropear todo. Menudo jaleo. El punto y a parte es para cambiar de tema, no para volver sobre lo mismo dando pausas donde no debe haberlas. Pero aún así el texto es tan bonito que uno se olvida de ello. Si acaso me parece un recurso fácil legitimar a Amanda con un marido parapléjico, hubiese apreciado más el valor de hacer de esa mujer (o hombre, en caso hubiese sido al contrario) un personaje con familia, al cual la idea de romper una familia le pesara más que afrontar su felicidad. Aun así, me parece que está muy bien escrito, llevadero y muy real, tangible.
Por ahora mi preferido.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#5
Par de tontos, Carlos y Amanda.

Y, autor, qué relato más bonito y realista, por ahora tú estás en mi primer lugar. En verdad es muy bonito y romántico, y hasta te hace reflexionar. Me encantaron tus personajes, y sus reacciones, y lo bien narradas que están. Dentro del realismo que se puede alcanzar en un relato tan corto, claro.

Mi único pero es que en algunos momentos me perdía y no sabía si el narrado se estaba refiriendo a él o a ella.
De ahí en más, todo genial.
Bardo
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#6
Me ha parecido un muy buen relato, bien llevado desde el principio hasta el fin. Los dos personajes tienen dudas y miedos, y con una relación como la que tienen es muy lógico que uno de los dos quiera avanzar otro paso. Las descripciones que haces son las justas para situar al lector en la escena sin sobrecargarlo, y eso es un muy buen punto a favor. Los diálogos son sencillos, pero en esa sencillez se esconden los sentimientos de ambos, y eso me encantó.
Por otro lado, coincido con Guardian en el tema de que en momentos se me hizo dificil determinar si hablabas de Carlos o Amanda, y eso me llevó a volver a atras un momento o adelantarme para retomar el hilo.
Con quien no coincido es con Queiroz. Te parece egoista Amanda? Egoísta sería dejar al marido tetraplejico considerando que parecen tenerse solo uno al otro. Visto desde donde yo lo veo, Amanda pone al marido (ahorrandole disgustos) por encima de la felicidad que podria conseguir con Carlos. Bueno, son puntos de vista. Por ahora, es mi relato favorito.
Buena suerte en el reto!
Viviendo a la sombra del destino.
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#7
Estoy de acuerdo con Franco. Si yo fuera el marido tetrapléjico y Amanda decidiera sentarse a hablar del tema, le diría que se vaya con Carlos y sea feliz, siempre y cuando no me deje solo como un perro. Si ella se va con Carlos, eventualmente formarán una familia y ella estará tan ocupada que terminaré convirtiéndome en ese amigo que va a visitar una o dos veces al mes por pena. Si no se va con Carlos y se queda conmigo, las cosas nunca serán lo mismo. Ambos sabremos explícitamente que solo estamos juntos por pena y no por amor y con el tiempo dejará de tener sentido mantener la farsa y se irá con Carlos igualmente. Y si decido ir por las malas, enfadarme con ella por ponerme los cuernos y decirle que no vuelva a ver a Carlos, ahí seré el tirano que no la deja ser feliz y tendrá razones para dejar de sentir compasión, teniendo ahora justificación para irse con Carlos. En cualquiera de los casos, el marido queda solo como un perro y eso es lo que Amanda quiere evitar.

Me gustó el relatito, estuvo bien, enhorabuena a los autores.
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#8
Vaya dramón, si hasta parecia que estaba viendo un capítulo de la rosa de Guadalupe o de ( inserte aquí cualquier nombre de telenovela)

Estoy en parte con JP, uno dice: pobre está atrapada en un matrimonio sin amor, pero luego llega y lees cómo está el marido y ahi uno dice pu.. desgraciada.

Una caprichosa egoísta, como si el marido la pasara super siendo prisionero de su propio cuerpo viendo como se hunden ambos en la infelicidad.
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#9
En la primera línea, en la parte que dice: "jadeos de la pareja que hacía el amor en la cama" me parece a mí, que no era necesario decir que era en la cama ya que cuando dices "el susurro de las sábanas" ya entiendo que están en una cama.

En la primera parte repites mucho: El y Ella. Podrías usar adjetivos como la pelinegra y así darnos un poco la idea de cómo son estos amantes o también podrías decir el chico o el muchacho.

En cuanto a la historia me ha encantado, son esas historias que te hacen vibrar cada parte del cuerpo, que te hacen meterte en la habitación o quizás debajo de las sabanas *guiño* *guiño*. Capturaste perfectamente la esencia de dos seres que se aman pero que no pueden estar juntos pero que se aman intensamente. Si es por relatos románticos para mí ya eres el ganador, estás en mi top por el momento. Felicitaciones muy buena historia Smile
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#10
Es una historia llena de ternura, de verdad que cala. Mi favorita en este reto. No se extiende en exceso, los diálogos sencillos dicen mucho, las descripciones no son cargantes y por tanto se lee cómodamente. Y me cala el gran amor que demuestran los dos personajes,  sobre todo él por aceptar por ella la situación. También  me cala el sacrificio de Amanda, que se niega a desentenderse de la suerte de un marido totalmente dependiente de ella en pos de su propia felicidad. Debe ser extremadamente difícil convivir con una persona que necesita de tí para todo, pero supongo que, si alguna vez lo amó, se resigna por cariño y respeto el estar a su lado, denotando una gran altura moral.

En el aspecto técnico, abundan las repeticiones de palabras en demasía, deberías haber repasado el texto, autor. No aprecio faltas de ortografía, pero la puntuación  se podría mejorar.
El poema del final me sorprendió gratamente, y eso que no me gusta la poesía. Es cortito, se agradece, jeje.
Suerte en el reto.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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