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Reto Feb20: Nuevo Cinema Paradiso
#1
NUEVO CINEMA PARADISO

Yo era siciliano. Vivía en el pueblo costero donde fue maravillosamente rodada “Nuovo Cinema Paradiso”: Giancaldo. Es más: vivía en el mismo largometraje.
Mi tierra eran playas de arena blanca y agua cristalina, barcas de pescadores, era una plaza con una fuente y un loco que a cada cual que pasaba le gritaba:

—¡La plaza es mía, la plaza es mía!

Un cine donde la gente fumaba y los besos venían los cortaba la censura. Bicicletas, iglesias abarrotadas, autobuses que marchaban llenos y volvían sin un alma, fuegos artificiales y padres que nunca volvieron de la guerra.
Era Elena… Elena en este caso no era piel clara, no era mano en el cuello y besos en los párpados. Elena no tenía los ojos azules. Ni siquiera una ondulada melena cobriza. No era la Elena de Tornatore, no era amor, ni ternura.
Elena era raza. Eran pechos. Eran cejas gruesas, oscuras y unos ojos negros azabache que sonreían pícaramente cada vez que lograban sonrojarme. Eran curvas dilatadas que zarandeaban mi quijada cuando su culo me miraba estarme sentado o de pie, inerme y rugiendo por dentro.
Elena era a cuatro patas, era palabra soez, era mi mano entre sus piernas y mi cabeza en su regazo. Era lengua, piel fría, caliente, eran empujones y susurros. Elena era sexo. Y el Mediterráneo.
Y yo… yo era siciliano.
Por aquél entonces debía de ser verano. Era verano. Los muchachos del poblado pasábamos mañana y tarde tirados en la playa, recogiendo y comiendo erizos, haciendo recados a nuestras madres. Si acaso alguno por las mañanas bajaba a los naranjos a regar o simplemente a echar un vistazo. Pero era verano y hacía demasiado calor para no hacer nada que no fuese mirar a las muchachas. Aun con esos faldones tan largos —con el calor sofocante que hacía— eran muchas las mujeres que dejaban entrever su escote. Y no había escote más generoso que el de Elena.
Así que —de buena mañana y rigurosamente puntuales— nos encontrábamos acuclillados detrás de la pila de troncos que había en el cerro frente al lavadero, antes que empezara el espectáculo: ver fregar a Elena. Verla batallar jabón en mano con sus pechos prietos, que escapaban del entreabierto camisón blanco, mientras charloteaba animadamente con las demás mujeres; era la perdición de todos los jovenzuelos del pueblo. Y ella lo sabía. ¡Oh! ya lo creo que lo sabía. De vez en cuando, furtivamente y aunque no pudiese vernos, echaba un vistazo hacia los troncos y sonreía con una mueca ladeada, irresistible, picarona, holgando su camisón, dejando que parte de esas opulentas ubres se enjabonase ligeramente para luego, con falso recato, volver a taparse por el que dirán o por el que habrán dicho.
Nosotros, que apenas éramos mozalbetes, ante semejante perspectiva —e ignotos al pudor del que todo adulto hubiese hecho bandera— bajábamos nuestros pantalones y sacudíamos en comuna nuestros miembros con lascivia, a sabiendas del pecado que ello comportaba y sin poder poner freno a semejante bacanal espinillera; para terminar escapando, entre carcajadas, directos al mar —los más traviesos— y al confesionario —los más devotos— en pos de un capón y unas rodillas magulladas de tanto rezar para expiar los pecados que de  buen gusto a la mañana siguiente volveríamos a cometer.
Elena —en honor a la verdad— no solo era mi sueño erótico, sino que se daba el caso de que también era mi tía. Por parte de su difunto marido, hermano de mi madre.
Joven viuda por culpa de la guerra. Muchos eran los rumores sobre su presunta o más que descartada virginidad, pues apenas casada su marido —mi tío— se fue al frente y ya nadie supo de él. Así que mi madre, piadosa y también viuda, a menudo me enviaba con una cesta de comida a casa de Elena. Todo un tormento para mi entrepierna.

La historia solía ser recurrente: tímido, llamaba a su puerta, solía abrirme con una mirada traviesa como bienvenida.

—Pasa Totò, cada día estás más guapo.

Yo me ruborizaba. Entraba en un soleado salón de muros blancos y tonos azules, rústico. Me acercaba a la mesa y posaba la cesta en su centro para luego apartarme, cohibido, con los brazos pegados al cuerpo y la cabeza gacha.

—Veamos que me ha traído el hermoso Totò —decía ella, siempre sonriendo.

Sabia como sacarme los colores, disfrutaba con ello.

—El otro día me pareció verte salir corriendo del cerro, allá entre los troncos —dejaba caer socarronamente con una sonrisa maliciosa.

Yo solapaba el mentón al cuello con fuerza, fijando la mirada en el suelo, avergonzado, intentando ocultar una inevitable erección traicionera. Luego se acercaba sensualmente y me daba el beso de despedida, mojando sus labios en mi mejilla, dejando pasar el tiempo suficiente como para dejar la huella de sus pechos entre los míos y rozar apenas perceptiblemente mis pantalones con la mano.

—Buen chico, vuelve con tu madre, que te estará esperando.

Así, con ese roce exiguo de mi entrepierna y esa despedida cruel, trascurrí el verano en perene excitación. Ella era plenamente consciente del efecto que me causaba, yo intuía que disfrutaba extrapolando la situación, pero mi inoperancia era más que justificada, pues yo no era más que un adolescente con una pelusa como bigote y ella era deseada por todo el pueblo, velada o desveladamente.

Hasta que un día le pudo el ímpetu a la vergüenza.

Llegaba yo con una cesta con pan, fruta y conservas a las puertas del deseo. Llamé, me hizo entrar y posé la cesta —como solía— en su centro, para luego apartarme, escondiéndome en mi silencio.
Ella oteó la cesta canturreando, doblegando el torso y esta vez —creo inconscientemente— parte de su falda quedó enganchada en el dobladillo de su devantal, dejando al descubierto un hermoso trasero blanco tan en contraste con su tez oscura. Era un culo ancho, grueso, redondeado, un culo que se balanceaba animosamente. Era sangre hirviendo en mi miembro. Mientras ella manoseaba unas manzanas algo dentro de mí hizo que me adelantase y posara mi mano en sus nalgas, que estaban frías y apenas temblaron con el contacto cálido de mis yemas.
Ella cesó el canturreo, con el torso apoyado en la mesa, dejó caer su peso sobre ella, abatida. Por un corto pero intenso periodo de tiempo permanecimos en silencio, quietos, éramos una mano recorriendo unas nalgas, acariciando lujuriosamente el objeto del deseo, cerrábamos las puertas con nuestro silencio a todos los tabúes preconcebidos, inermes, saboreando el erotismo de su posición supina.
Mi mano buscó su sexo, abarcó la anchura de sus nalgas con las yemas temblorosas a la par que sensibles. Como un escalofrío, una fuerte sacudida, empezamos a tiritar enfurecidos mientras mis manos y las suyas bajaban apresuradamente mis pantalones, presas de un arrebato vigoroso. Fue algo violento, animal. Sobre la mesa, donde tantas veces apoyé la cesta amilanado, poseí a Elena salvajemente, manoseando sus abundantes pechos, empujando con fuerza tanto deseo reprimido en cada sacudida, saboreando el calor que de la entrepierna se extendía por todo mi cuerpo. Ella gemía, arañaba el mantel de la mesa y decía “Mi Totò hermoso, cada día más guapo”, “Vamos Totò, demuéstrale a la tía cuanto la quieres”. Contoneaba las caderas y apretaba mi cuerpo contra sus nalgas enloquecida. Fue algo breve, intenso, sublime, desconcertante.

Mi primera vez.

Yo era siciliano, aunque no lo soy y nunca conocí a Elena.
Pero aquella noche, soñando, me acosté con el Mediterráneo. Y las olas rugieron enfurecidas.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Buen relato, con un estilo narrativo muy particular, que a primera instancia genera rechazo, pero al haber sido tan bien llevada, lo acepto y lo aplaudo. 9 de 10. Una prosa refrescante, regional, muy hispana, (a diferencia de la mayoría de las prosas del foro, incluyendo aveces la mía). Y esto a pesar de encontrarnos en Italia. Quizá el único pero que le tengo es que en ciertos momentos se cayó en un erotismo vulgar, en lugar de mantener el todo. O mejor dicho, la descripción del erotismo cayó un poco hacia la vulgaridad, pero sólo un poco.

Sobre Italia, y en general sobre el Mediterráneo, qué ambientación la tuya, que capacidad para introducirnos en un viejo pueblo playero, donde se vive la juventud y la vitalidad a flor de piel, bajo el sol, el aire y el agua.

Ahora, la última vuelta no era en absoluto necesaria, entiendo lo que intentaste hacer al decir que todo fue un sueño o fantasía, pero no se precisaba de ello, y de hecho no encaja. Tanto así que no me lo creo; el relato es tan realista, que decir que fue un sueño, me parece irreal. Así que voy a suponer que las últimas dos líneas no las leí.
Bardo
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#3
Muy buen relato. Breve, pero rico e intenso. A pesar de que da para pulirse más y quedar perfecto, está muy bien narrado, con carga de adjetivos pero sin excederse, sobre todo al principio, y que maneja estupendamente la coletilla de "Yo era siciliano".
La historia nos transporta a una adolescencia de pueblo, donde las cosas transcurren de otro modo. Además, casi podría sentirme identificado con el chaval, aunque mi adolescencia no se le pareciese en nada.
El erotismo está presente, y de qué manera. Juega bien con las insinuaciones y mostrar lo justo, hasta la escena final, muy bien llevada, sin caer en lo banal o simple.
Me ha parecido un relato estupendo.
Enhorabuena!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#4
Muy mal final, todo para que acabara siendo un sueño húmedo, eso sí muy buen y erótico relato.
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#5
Es un buen relato. Me llamó la atención las descripciones basadas más en sustantivos que en adjetivos, pero cumpliendo la misma función. Bien hecho, se vuelve bastante visual y tangible. En cuanto a la historia... no me dice nada, especialmente con ese final; en terminos generales, me ha parecido un mero trasfondo para la fantasía del autor escena erótica. En cuanto a errores, encontré alguno pequeñito, pero esta bien escrito y se lee con mucha rapidez y facilidad. Buen trabajo!
Buena suerte en el reto!
Viviendo a la sombra del destino.
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#6
Me ha sorprendido. El erotismo esta manejado con maestría, las descripciones del dia a día en un pueblecito costero son como un recuerdo de infancia atesorado en la memoria de un adulto, todo me ha parecido sublime, ese modo de contarnos la historia. Salvo el final. Es una vuelta de tuerca que, si pretendía sorprender, tan sólo consigue silenciar esa sinfonía con notas abruptas, creo que estropea el relato más wue enriquecerlo.
Bien construido, buena puntuacion y ortografía... en fin, que lo he disfrutado. Un relato erótico escrito con buen gusto, enhorabuena!
Suerte en el reto.

LEEROS LAS ENSEÑANZAS  DE UN BRUJO IV  http://clasico.fantasitura.com/thread-2007.html
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#7
La verdad es que, leyendo el relato, me pareció más estar dentro del rodaje de Malena que en el de Cinema Paradiso. Dicho lo cual, breve relato que se consume muy rápidamente, sin volverse pesado.
Encontré algún error que con algún repaso podría haberse evitado, como ese: “los besos venían los cortaba la censura”.
Coincido con los demás foreros que la historia no necesitaba ese giro final, totalmente inoportuno. Estaba bien cerrada con ese polvorón final.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#8
Realmente me hubiera gustado que en el final el protagonista no estuviera soñando. La parte donde va a la casa de su tía fue muy realista.

También cabe resaltar la manera en que fue narrada la historia, nunca había leído algo narrado así, pero fue de mi agrado. Mucha suerte en el reto !
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#9
No sé qué lastra más al relato, si pretender que fuera un sueño o la manera de usar la obra de Tornatore. Creo que los demás ya han abordado bastante lo primero, así que voy a comentar lo segundo: ¿era necesario llamar al protagonista Toto? El planteamiento de tomar Nuovo Cinema Paradiso (por cierto, no entiendo el título del relato; internacionalmente la película es conocida simplemente como Cinema Paradiso), y jugando con el nombre de Elena hacer a una mujer que fuera lo opuesto a su contraparte cinematográfica era magnifico, pero una vez haces que el protagonista se llame Toto (y afirme que vivía en el mismo largometraje), esto deja de ser un homenaje para ser una especie de fan-fic erótico... Por supuesto, el hecho de que todo fuera un sueño hace que tenga sentido esto que he comentado, al final los sueños son extraños y no siguen ninguna lógica; puede que el protagonista se apodara Toto también o que fuera el propio Salvatore, no importa porque es un sueño, hasta que pensamos en que el hecho de que sea un sueño se carga todo lo relatado porque al fin y al cabo, no ha ocurrido.

Y es una pena porque más allá de un error aquí y allá, narrativamente me ha encantado, incluso esa parte final que a mi parecer peca de pretenciosa cuando está narrando un encuentro puramente carnal e inmoral, haciendo que, paradójicamente, suene más vulgar.
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#10
Mi único problema es el hecho de que la historia fuera solo un sueño. Pero todo lo demás está muy bien elaborado. Me encanta la prosa que usas.

Esta tiene que ser una de las mejores historias eróticas que he leído, en bastante tiempo.
«No hay nada que ganar, cuando no hay nada que perder» https://discord.gg/4r9TF
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