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Reto Cuento Infantil Alternativo I: Historias de lobos
#1
Historias de lobos


La historia que os voy a contar, jóvenes cachorros, sucedió hace tiempo en un lugar lejano. Sin embargo, y aunque pueda parecer un cuento sin más, el mensaje que nos transmite no debemos olvidarlo nunca. Con esta historia crecieron vuestros padres. Con ella siempre presente, la manada ha prosperado y se ha mantenido alejada de peligros. Queridos lobeznos, esta es la historia de Tymus.



Érase una vez una pequeña manada de lobos. Vivían en una región montañosa en la que no muchos se atrevían a adentrarse. Tymus era un joven lobo, poco mayor que un lobezno. De pelaje oscuro y ojos amarillos y brillantes, era bastante grande para su edad. Todos creían que algún día llegaría a ser el líder de la manada.

Una noche de invierno, cuando la comida escaseaba y la manada pasaba hambre, se habían alejado bastante de su zona habitual de caza en busca de alimento, adentrándose en una región desconocida para ellos. Allí descubrieron, en un claro entre los árboles, un gran rebaño de ovejas. Había más de las que jamás habían visto juntas. Suficientes para alimentar a toda la manada durante los duros meses de frio. Los ovinos estaban encerrados tras unas ramas extrañamente colocadas que formaban un muro a su alrededor.

Sin poder creer lo que veían, los lobos entraron en el cercado escurriéndose entre las ramas y empezaron a perseguir a las ovejas. Éstas, asustadas pero sin poder escapar, corrían en todas direcciones. Pronto la manada abatió a un par. Apenas empezaron a degustar el almuerzo,  unas extrañas criaturas salieron de lo que parecía una formación de roca. Se alzaban sobre las patas traseras y agitaban palos de formas poco naturales mientras producían una serie de ruidos ininteligibles y corrían hacia la manada.

Los lobos se agruparon, enseñando los dientes y gruñendo a los extraños intrusos. Estos, al acercarse a ellos, aminoraron el paso y los observaron, manteniendo una distancia prudencial. Sus ojos no reflejan temor, lo que sorprendió a Tymus y puso nerviosa a la manada. Uno de aquellos seres levanto uno palo de forma curva. Cogió otro más fino y, juntándolo al primero, lo coloco con cuidado en una curiosa posición. Inquietos, los lobos mostraban los afilados colmillos, listos para atacar y defender su preciada comida.

De pronto, aquella criatura hizo un movimiento extraño con los palos y el jefe de la manada cayó al suelo soltando un quedo aullido de dolor. El palo fino y corto que hacía un momento manejara el ser bípedo atravesaba ahora el cuello del poderoso cánido. Tymus vio, en el extremo que sobresalía, unas plumas de ave engarzadas.

Asustados pero también llenos de rabia, los lobos se lanzaron contra el grupo atacante,  ladrando y gruñendo. Aquellos seres blandieron sus palos y agredieron a los lobos. Algunos, como el líder, caían atravesados por finos palos, sin haberse acercado a los extraños. Otros  eran abatidos al recibir los golpes de objetos brillantes y afilados.

En apenas unos latidos la manada había quedado diezmada. La mayoría de los lobos yacían moribundos en el suelo, empapados en sangre. Solo Tymus podía mantenerse en pie, aunque sangraba por una herida en el lomo. Asustado y temblando, el joven lobo se alejó del lugar tan rápido como pudo, adentrándose entre los árboles. Percibió que aquellas criaturas le seguían durante un rato, pero pronto parecieron cansarse y regresar.

Tymus continuó corriendo por el bosque hasta que sus fuerzas se agotaron. Dolorido y agotado se tumbó junto a un grueso tronco y no tardó en caer dormido.



El sol estaba en lo alto cuando despertó. Le dolía el lomo pero descubrió aliviado que apenas sangraba. Dedicó un rato a lamerse la herida, limpiándola y aliviando el dolor. Solo cuando hubo terminado fue consciente de su situación. Recordó a su manada caída, los lobos con los que había crecido y junto a los que había cazado asesinados por aquellas criaturas bípedas. Recordó haber oído historias sobre ellos, los llamaban humanos y se murmuraba que eran terriblemente peligrosos, pero ni él ni nadie de su manada los había visto jamás. Hasta aquella fatídica noche.

Triste, herido y sediento, el joven Tymus deambuló por el bosque. En su huida se había alejado todavía más del área de su manada y no sabía dónde se encontraba. Tenía que buscar un nuevo hogar si quería sobrevivir. Se preguntó si, de encontrarse con alguna manada de la zona, esta le aceptaría. Si se recuperaba de la herida sería un lobo con habilidades para la caza, pero también un rival para el líder. Y si no se recuperaba no sería más que un estorbo.

No supo cuánto tiempo estuvo caminando en soledad. No se encontró con ninguna manada ni vio rastro alguno de una. Tampoco fue capaz de cazar, pues la herida le dolía, a veces volvía a sangrar, y se sentía cada vez más débil. Pronto se vio acosado por el hambre y la sed.

Cuando ya se daba por muerto descubrió una extraña formación de madera. En cierta manera le recordó a aquella de la que habían salido los hombres que exterminaron a su manada. Pero no tenía fuerzas para alejarse de allí. Se dejó caer junto a la estructura. Agotado como estaba, en cuanto apoyó el hocico en el suelo cayó dormido.



Despertó de un sobresalto cuando sintió un roce en la herida. Algo suave y húmedo le quitaba la sangre. Se giró para ver qué era y descubrió horrorizado que se trataba de uno de aquellos seres, un humano. Se agitó e intento alejarse, pero estaba demasiado débil. Mostró los colmillos y gruñó. La criatura emitió extraños sonidos mientras con una mano le acariciaba el pelaje. Por alguna razón, aquel sonido le pareció tranquilizador y poco a poco se relajó, volviendo a tumbarse.

Las manos del humano le limpiaron la herida y le aplicaron una sustancia fresca y aromática que calmó el dolor. Después se alejó y desapareció dentro de la estructura de madera. Al poco rato, volvió a aparecer con un pedazo de carne y un recipiente lleno de agua. El lobo devoró el alimento de dos bocados y bebió hasta verse saciado. Después volvió a dormirse.

Al despertar de nuevo sentía que había recuperado fuerzas. Podía levantarse y caminar, aunque despacio. Rodeó la construcción hasta encontrar una abertura. Del interior llegaban sonidos y salía una brillante luz. Tymus, vencido por la curiosidad, entró lentamente para descubrir al humano sentado junto a un fuego. Asustado por las llamas se mantuvo a cierta distancia. Pero el humano se percató de su presencia, se levantó y, emitiendo aquellos sonidos, se acercó a él para acariciarle la cabeza.



Tymus pasó varios días junto al humano, viviendo en el interior de aquella construcción y recuperándose de la herida. Pronto se acostumbró al extraño lugar y al fuego que ardía siempre en el mismo sitio, sin llegar a descontrolarse. Su calor resultaba agradable.

Observando a su salvador, Tymus aprendió bastante sobre él. En realidad era ella. Lo dedujo por el tono agudo de su voz y su olor. Parecía mayor, pues se movía con mayor lentitud que los humanos que lo habían atacado y el pelaje sobre su cabeza era de un blanco ceniciento. La humana le cuidaba, le alimentaba y le daba de beber. Además, por las noches, le hablaba a la vez que le acariciaba el pelaje, desenredando los mechones de pelo y quitándole algunos parásitos que le producían picor.

Cuando estuvo recuperado de la herida, Tymus decidió que había llegado el momento de irse. Una mañana se alejó de la cabaña adentrándose entre los árboles. Poco había avanzado cuando oyó a la mujer llamarle. Supo que se refería a él porque siempre lo llamaba igual, con una especie de ladrido que sonaba algo así como “perrito”. En realidad, Tymus había empezado a entender algunas de las cosas que la humana decía, pues repetía siempre los mismos sonidos y gestos cuando quería transmitirle algo.

Tymus dudó unos instantes, recordando a su manada. Lo feliz que había sido junto a otros lobos. También recordó a aquellos humanos masacrando a sus compañeros y la soledad que sintió después hasta que llego a la cabaña de “Labuelita”, pues así se refería la mujer a sí misma. Finalmente dio media vuelta y regresó junto a la anciana.



Pasaron los días y el tiempo empezó a hacerse más cálido. Tymus seguía viviendo en la cabaña, junto a Labuelita, pero muchas veces se alejaba en busca de caza y pasaba varios días alejado. Sin embargo, siempre volvía, deseoso de la compañía de la mujer y sus caricias.

A veces ella le instaba a alejarse y cuando regresaba podía oler que alguien más había estado en la cabaña, aunque nunca llegó a ver de quien se trataba. Tymus lo prefería así, pues aunque Labuelita le había curado y le cuidaba, no podía olvidar el daño que los humanos le habían hecho y prefería no cruzarse con ningún otro.

Pasados los meses, al regresar de unos días explorando los alrededores, Tymus percibió algo extraño. El sol brillaba en lo alto. Era el momento en el que la mujer solía estar más afanosa, entrando y saliendo de la cabaña. Sin embargo, aquel día todo parecía estar demasiado tranquilo. Intrigado, el lobo entró en el lugar, buscando a Labuelita.

La casa estaba en silencio. Le sorprendió ver que el fuego, que normalmente siempre permanecía encendido, se había extinguido. Percibió el olor de Labuelita y lo siguió hasta el lugar donde la mujer solía dormir, lo que ella llamaba “cama”. Allí descubrió a la mujer, arropada bajo telas, con las manos a los costados y los ojos cerrados. El lobo no tardó en percatarse de que la anciana estaba muerta, pues no escuchaba el sonido de su respiración.

De pronto lo invadió la angustia. Volvía a sentirse tremendamente solo y desolado. Lleno de dolor, se subió a la cama y se acurrucó junto al cadáver de la mujer, mientras emitía agudos quejidos de pena.

Al caer la noche, el lobo se levantó y salió al exterior. Se sentó en el lugar donde la mujer le había curado al encontrarlo herido y alzó el hocico hacia el cielo estrellado, aullando su dolor. Así pasó la mayor parte de la noche, y a la mañana volvió a tumbarse junto a Labuelita, donde permaneció casi sin moverse durante varios días.



No tardó en empezar a sentir hambre de nuevo. Recorrió la cabaña en busca de comida, pero esta no duró mucho. Finalmente, una noche, no le quedó más remedio que abandonar la cabaña en busca de alimento.

No se alejó demasiado, pero logró capturar un conejo que calmó su hambre. Decidido a volver a la cabaña, emprendió el camino de vuelta. Aún estaba a cierta distancia cuando escuchó un extraño trino. Nunca había oído un pájaro que silbará así. Intrigado, se dejó guiar por el sonido.

Llegó a las inmediaciones de una senda en el bosque y allí se agazapó entre unos arbustos. Pronto descubrió el origen de aquel sonido. Asombrado, vio que no se trataba de ningún ave, sino de un cachorro de humano. Una joven hembra que avanzaba por el camino emitiendo aquel sonido con los labios y andando descuidadamente. Se cubría el cuerpo y la cabeza con una tela de un intenso color rojo. Tymus intentó esconderse más entre las plantas, pero la criatura debió percibirlo, pues se detuvo en seco y escrutó el lugar donde se ocultaba.

—¿Hola? ¿Quién está ahí? —La voz de la niña le recordó levemente a la de Labuelita. No lograba entender del todo lo que decía, pero captaba el significado de algunas cosas, pues se parecían a lo que había aprendido con la anciana— ¡Sal!

Ante la falta de respuesta, la niña se acercó. Vio el hocico de Tymus asomando entre los matorrales y se agachó junto a él.

—¡Ooh! Un perrito —Al escuchar su nombre, Tymus salió del escondite, inquieto y precavido, mirando con atención a la humana—. Me has asustado. Dicen que hay terribles monstruos en el bosque, pero mi mamá me aseguró que si seguía el camino hasta casa de la abuelita no me pasaría nada.

Aunque no entendió la mitad de lo que le decía, Tymus reconoció el nombre de la anciana. Animado, empezó a mover el rabo de un lado a otro. La niña se acercó más y alargó la mano para tocarle la cabeza.

Al sentir el contacto, Tymus se estremeció, recordando a los demás humanos que había conocido. Brincó para salir del camino y se adentró entre los árboles. Pudo oír a la niña que, tras recuperarse de la sorpresa, trataba de seguirlo, mientras iba gritando.

—No, espera. ¡No te vayas! Vuelve, perrito —Pero Tymus la ignoró, corriendo hacia la cabaña y huyendo de la pequeña humana.



Llegó a la cabaña atravesando el bosque. Estaba nervioso y asustado. De un salto se subió a la cama y se acurrucó entre las telas. El cadáver de Labuelita seguía ahí dentro, junto a él.

Al poco rato escuchó unos pasos que se acercaban, y reconoció la extraña melodía que silbara la niña en el camino. Se encogió todo lo que pudo donde estaba, preocupado por que volviera a encontrarle.

—Abuelita, ya estoy aquí. Perdona que llegue tarde. Me encontré con un lindo perrito en el camino, era muy grande pero no me dio miedo —La niña hablaba sin parar desde el exterior. Tymus solo entendía cosas sueltas—. Intenté acariciarle pero huyó entre los árboles. Mamá dijo que el bosque era peligroso, no quería que le pasara nada. Le seguí, saliendo del camino. Enseguida lo perdí de vista, pero yo ya no sabía dónde estaba. Estuve dando vueltas un buen rato hasta que llegué de nuevo al camino.

Las pisadas llegaron hasta la puerta de la cabaña y entraron. Tymus, oculto en la cama, vio la sombra que era la niña perfilada contra la luz del exterior.

—¿Abuelita? ¿Dónde estás? No te habrás enfadado conmigo, ¿verdad? —El lobo percibió el temor y la incertidumbre en el tono de la niña.

Con paso indeciso, la humana entró en la estancia, recorriendo con la mirada cada rincón, en busca de Labuelita. Cuando reparó en el bulto que había en la cama, se acercó. Las sombras ocultaban a Tymus y al cadáver.

Aún no muy segura, la niña se detuvo a un par de pasos de la cama. Arrugaba el entrecejo tratando de ver en la oscuridad.

—Abuelita, ¿estás ahí? —preguntó en apenas un murmullo—. ¿Estás enferma? Pero, abuelita, ¿qué es ese horrible olor?

Tymus permanecía quieto, esperando a ver qué hacia la niña. Esta, escuchaba esperando oír la respuesta que no llegaba.

—Y abuela, ¿por qué tu respiración es tan fuerte y extraña?

El lobo observaba. Sus grandes ojos estaban clavados en la humana. De pronto, esta pareció ver algo en la oscuridad a la que miraba, pues se sobresaltó.

—Abuela… ¡pero qué ojos más grandes tienes! Y qué brillo tan extraño tienen. ¿Abuela, estás bien?

La niña se acercó a la cama y alargó una mano, tratando de localizar a la anciana. Tymus, viendo que aquella desconocida intentaba tocar a Labuelita, se alzó en la cama mostrando los dientes y gruñendo. No permitiría que nadie se acercara a la mujer muerta.

La niña dio un brinco hacía atrás, perdió el equilibrio y cayó de espaldas. Quedó sentada en el suelo, mirando al enorme lobo con temor.

—¿Pero que le has hecho a la abuelita? ¡Monstruo! —Tymus no entendía las palabras. Siguió emitiendo un gruñido ronco mientras dejaba ver sus afilados colmillos. Sus ojos brillaban peligrosos.

La niña, asustada, empezó a gritar. En respuesta, el lobo comenzó a ladrar. La situación permaneció así durante varios latidos del agitado corazón de Tymus.

Entonces se perfiló en la puerta el contorno de otra figura. Tymus vio que se trataba de otro humano, mucho más alto y fuerte que la niña. Aun cuando estaba a contraluz percibió la semejanza con aquellos primeros humanos que había conocido. Esto le trajo dolorosos y terribles recuerdos.

—No te muevas, niña. Yo me encargo de esta bestia asesina —habló con una voz grave. Después alzo algo que tenía en las manos. Se trataba de uno de aquellos palos curvados con los que habían matado al jefe de la manada de Tymus.

El lobo de pronto estaba asustado. Los recuerdos le instaban a tratar de huir, pues sabía que aquella criatura podía ser mortal. Pero no quería abandonar a Labuelita, que tanto le había cuidado y ayudado. Además, no tenía por donde escapar. El humano le bloqueaba el paso hacia la única salida que había.

Se giró hacia el hombre, dándole el costado a la niña, que ahora lloraba encogida sobre sí misma. El lobo empezó a gruñir más fuerte, de manera amenazadora. Los pelos del lomo se le erizaron cuando lanzó dentelladas al aire, en dirección al hombre.

Al ver que no lograba atemorizarlo, cogió impulso y saltó sobre él. Estaba en el aire cuando sintió un agudo dolor en el lomo. Cayó al suelo, de costado. Giró la cabeza para mirar y descubrir que una fina rama, con plumas de ave engarzadas en un extremo, se le había clavado entre las costillas. De la herida manaba sangre. Trató de levantarse, pero el dolor se lo impedía. Volvió a gruñir, pero el aire que salía por su garganta no tenía fuerza y tan solo emitió un suave quejido de dolor.

El humano se alzaba junto a él, amenazador, y lo miraba desde lo alto. Colocó otra de aquellas finas y rectas ramas en la posición correcta del palo largo y curvado. Antes de que el nuevo proyectil se le clavara entre los ojos, acallándolo para siempre, Tymus pudo oír al humano decir:

—Tranquila, niña. Ya ha pasado todo. El lobo feroz está muerto.



No debéis olvidar nunca la historia de Tymus, jóvenes lobeznos, y recordad que jamás debéis acercaros a los humanos. Son criaturas terribles y peligrosas, que solo traen dolor y muerte.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Me ha gustado esa nueva visión del cuento de caperucita roja, destinada a ser un cuento moral para los lobos. He notado a veces que había tal vez demasiada descripción de las acciones del lobo para un simple cuento, en el que normalmente tan sólo se habla de lo que realmente hace avanzar la trama, pero también has añadido pensamientos y una profundidad al lobo, cosa que personalmente no encuentro en los relatos de Grimm o Andersen por ejemplo, y me parece que un cuento con personajes con los que puede uno simpatizar siempre gana mucho, y en este caso Tymus es un lobo entrañable y casi como que me dio pena al final.

Bueno, siendo rigurosos, hay algunos detalles, como las conversaciones, que no deberían poder recordar tan precisamente los lobos, pero no digo que sea un error haberlas puesto, más bien lo contrario: los cuentos no tienen por qué ser rigurosos XD

En cuanto al mensaje, creo que la moraleja no sólo va dirigida a los lobos, sino a los propios humanos para que se hagan un examen de consciencia y se den cuenta de que no todo lo que se dice malo es malo ni todo lo que se dice bueno es bueno.

Lo dicho, un buen relato.

En cuanto al aspecto técnico, lo único que me pareció un poco raro fue la combinación de «quedo» y «aullido» en

Cita:De pronto, aquella criatura hizo un movimiento extraño con los palos y el jefe de la manada cayó al suelo soltando un quedo aullido de dolor.

Y bueno, te faltaron unas cuantas tildes en verbos en pretérito, que con una pequeña revisión se habría podido corregir:
Cita:- frio
- levanto uno palo
- lo coloco con cuidado
- hasta que llego a la cabaña
- llegó a ver de quien
- un pájaro que silbará así
- la criatura debió percibirlo -> debió de
- Después alzo algo que tenía

Suerte!
Responder
#3
Primer valiente!!! Felicitaciones por abrir el reto y animarte a publicar!!Vamos a ver qué nos traes...




(12/04/2015 06:55 AM)Joker escribió:
Historias de lobos


La historia que os voy a contar, jóvenes cachorros, sucedió hace tiempo en un lugar lejano. Sin embargo, y aunque pueda parecer un cuento sin más, el mensaje que nos transmite no debemos olvidarlo nunca. Con esta historia crecieron vuestros padres. Con ella siempre presente, la manada ha prosperado y se ha mantenido alejada de peligros. Queridos lobeznos, esta es la historia de Tymus.



Érase una vez una pequeña manada de lobos. Vivían en una región montañosa en la que no muchos se atrevían a adentrarse. Tymus era un joven lobo, poco mayor que un lobezno. De pelaje oscuro y ojos amarillos y brillantes, era bastante grande para su edad. Todos creían que algún día llegaría a ser el líder de la manada.

Una noche de invierno, cuando la comida escaseaba y la manada pasaba hambre, se habían alejado bastante de su zona habitual de caza en busca de alimento, adentrándose en una región desconocida para ellos. Allí descubrieron, en un claro entre los árboles, un gran rebaño de ovejas. Había más de las que jamás habían visto juntas. Suficientes para alimentar a toda la manada durante los duros meses de frio (frío). Los ovinos estaban encerrados tras unas ramas extrañamente colocadas que formaban un muro a su alrededor.

Sin poder creer lo que veían, los lobos entraron en el cercado escurriéndose entre las ramas y empezaron a perseguir a las ovejas. Éstas, asustadas pero sin poder escapar, corrían en todas direcciones. Pronto la manada abatió a un par. Apenas empezaron a degustar el almuerzo,  unas extrañas criaturas salieron de lo que parecía una formación de roca. Se alzaban sobre las patas traseras y agitaban palos de formas poco naturales mientras producían una serie de ruidos ininteligibles y corrían hacia la manada.

Los lobos se agruparon, enseñando los dientes y gruñendo a los extraños intrusos. Estos, al acercarse a ellos, aminoraron el paso y los observaron, manteniendo una distancia prudencial. Sus ojos no reflejan temor, lo que sorprendió a Tymus y puso nerviosa a la manada. Uno de aquellos seres levanto uno palo ("un palo" o "uno de los palos") de forma curva. Cogió otro más fino y, juntándolo al primero, lo coloco con cuidado en una curiosa posición. Inquietos, los lobos mostraban los afilados colmillos, listos para atacar y defender su preciada comida.

De pronto, aquella criatura hizo un movimiento extraño con los palos y el jefe de la manada cayó al suelo soltando un quedo aullido de dolor. El palo fino y corto que hacía un momento manejara el ser bípedo atravesaba ahora el cuello del poderoso cánido. Tymus vio, en el extremo que sobresalía, (esta coma no va, la oración queda "rota") unas plumas de ave engarzadas.

Asustados pero también llenos de rabia, los lobos se lanzaron contra el grupo atacante, ladrando y gruñendo. Aquellos seres blandieron sus palos y agredieron a los lobos. Algunos, como el líder, caían atravesados por finos palos, sin haberse acercado a los extraños. Otros  eran abatidos al recibir los golpes de objetos brillantes y afilados. (repetición de "palos", si bien no está mal podría pulirse)

En apenas unos latidos la manada había quedado diezmada. La mayoría de los lobos yacían moribundos en el suelo, empapados en sangre. Solo Tymus podía mantenerse en pie, aunque sangraba por una herida en el lomo. Asustado y temblando, el joven lobo se alejó del lugar tan rápido como pudo, adentrándose entre los árboles. Percibió que aquellas criaturas le seguían durante un rato, pero pronto parecieron cansarse y regresar.

Tymus continuó corriendo por el bosque hasta que sus fuerzas se agotaron. Dolorido y agotado se tumbó junto a un grueso tronco y no tardó en caer dormido. (repetición)



El sol estaba en lo alto cuando despertó. Le dolía el lomo pero descubrió aliviado que apenas sangraba. Dedicó un rato a lamerse la herida, limpiándola y aliviando el dolor. Solo cuando hubo terminado fue consciente de su situación. Recordó a su manada caída, los lobos con los que había crecido y junto a los que había cazado(,) asesinados por aquellas criaturas bípedas. Recordó haber oído historias sobre ellos, los llamaban humanos y se murmuraba que eran terriblemente peligrosos, pero ni él ni nadie de su manada los había visto jamás. Hasta aquella fatídica noche.

Triste, herido y sediento, el joven Tymus deambuló por el bosque. En su huida se había alejado todavía más del área de su manada y no sabía dónde se encontraba. Tenía que buscar un nuevo hogar si quería sobrevivir. Se preguntó si, de encontrarse con alguna manada de la zona, esta le (creo que debería ser "lo") aceptaría. Si se recuperaba de la herida sería un lobo con habilidades para la caza, pero también un rival para el líder. Y si no se recuperaba no sería más que un estorbo.

No supo cuánto tiempo estuvo caminando en soledad. No se encontró con ninguna manada ni vio rastro alguno de una. Tampoco fue capaz de cazar, pues la herida le dolía, a veces volvía a sangrar, y se sentía cada vez más débil. Pronto se vio acosado por el hambre y la sed.

Cuando ya se daba por muerto descubrió una extraña formación de madera. En cierta manera le recordó a aquella de la que habían salido los hombres que exterminaron a su manada. Pero no tenía fuerzas para alejarse de allí. Se dejó caer junto a la estructura. Agotado como estaba, en cuanto apoyó el hocico en el suelo cayó dormido.



Despertó de un sobresalto cuando sintió un roce en la herida. Algo suave y húmedo le quitaba la sangre. Se giró para ver qué era y descubrió horrorizado que se trataba de uno de aquellos seres, un humano. Se agitó e intento alejarse, pero estaba demasiado débil. Mostró los colmillos y gruñó. La criatura emitió extraños sonidos mientras con una mano le acariciaba el pelaje. Por alguna razón, aquel sonido le pareció tranquilizador y poco a poco se relajó, volviendo a tumbarse.

Las manos del humano le limpiaron la herida y le aplicaron una sustancia fresca y aromática que calmó el dolor. Después se alejó y desapareció dentro de la estructura de madera. Al poco rato, volvió a aparecer con un pedazo de carne y un recipiente lleno de agua. El lobo devoró el alimento de dos bocados y bebió hasta verse saciado. Después volvió a dormirse.

Al despertar de nuevo sentía que había recuperado fuerzas. Podía levantarse y caminar, aunque despacio. Rodeó la construcción hasta encontrar una abertura. Del interior llegaban sonidos y salía una brillante luz. Tymus, vencido por la curiosidad, entró lentamente para descubrir al humano sentado junto a un fuego. Asustado por las llamas se mantuvo a cierta distancia. Pero el humano se percató de su presencia, se levantó y, emitiendo aquellos sonidos, se acercó a él para acariciarle la cabeza.



Tymus pasó varios días junto al humano, viviendo en el interior de aquella construcción y recuperándose de la herida. Pronto se acostumbró al extraño lugar y al fuego que ardía siempre en el mismo sitio, sin llegar a descontrolarse. Su calor resultaba agradable.

Observando a su salvador, Tymus aprendió bastante sobre él. En realidad era ella. Lo dedujo por el tono agudo de su voz y su olor. Parecía mayor, pues se movía con mayor lentitud que los humanos que lo habían atacado y el pelaje sobre su cabeza era de un blanco ceniciento. La humana le cuidaba, le alimentaba y le daba de beber (creo que es "lo"). Además, por las noches, le hablaba a la vez que le acariciaba el pelaje, desenredando los mechones de pelo y quitándole algunos parásitos que le producían picor.

Cuando estuvo recuperado de la herida, Tymus decidió que había llegado el momento de irse. Una mañana se alejó de la cabaña adentrándose entre los árboles. Poco había avanzado cuando oyó a la mujer llamarle. Supo que se refería a él porque siempre lo llamaba igual, con una especie de ladrido que sonaba algo así como “perrito”. En realidad, Tymus había empezado a entender algunas de las cosas que la humana decía, pues repetía siempre los mismos sonidos y gestos cuando quería transmitirle algo.

Tymus dudó unos instantes, recordando a su manada. Lo feliz que había sido junto a otros lobos. También recordó a aquellos humanos masacrando a sus compañeros y la soledad que sintió después hasta que llego a la cabaña de “Labuelita”, pues así se refería la mujer a sí misma. Finalmente dio media vuelta y regresó junto a la anciana.



Pasaron los días y el tiempo empezó a hacerse más cálido. Tymus seguía viviendo en la cabaña, junto a Labuelita, pero muchas veces se alejaba en busca de caza y pasaba varios días alejado. Sin embargo, siempre volvía, deseoso de la compañía de la mujer y sus caricias.

A veces ella le instaba a alejarse y cuando regresaba podía oler que alguien más había estado en la cabaña, aunque nunca llegó a ver de quien se trataba. Tymus lo prefería así, pues aunque Labuelita le había curado y le cuidaba, no podía olvidar el daño que los humanos le habían hecho y prefería no cruzarse con ningún otro.

Pasados los meses, al regresar de unos días explorando los alrededores, Tymus percibió algo extraño. El sol brillaba en lo alto. Era el momento en el que la mujer solía estar más afanosa, entrando y saliendo de la cabaña. Sin embargo, aquel día todo parecía estar demasiado tranquilo. Intrigado, el lobo entró en el lugar, buscando a Labuelita.

La casa estaba en silencio. Le sorprendió ver que el fuego, que normalmente siempre permanecía encendido, se había extinguido. Percibió el olor de Labuelita y lo siguió hasta el lugar donde la mujer solía dormir, lo que ella llamaba “cama”. Allí descubrió a la mujer, arropada bajo telas, con las manos a los costados y los ojos cerrados. El lobo no tardó en percatarse de que la anciana estaba muerta, pues no escuchaba el sonido de su respiración.

De pronto lo invadió la angustia. Volvía a sentirse tremendamente solo y desolado. Lleno de dolor, se subió a la cama y se acurrucó junto al cadáver de la mujer, mientras emitía agudos quejidos de pena.

Al caer la noche, el lobo se levantó y salió al exterior. Se sentó en el lugar donde la mujer le había curado al encontrarlo herido y alzó el hocico hacia el cielo estrellado, aullando su dolor. Así pasó la mayor parte de la noche, y a la mañana volvió a tumbarse junto a Labuelita, donde permaneció casi sin moverse durante varios días.



No tardó en empezar a sentir hambre de nuevo. Recorrió la cabaña en busca de comida, pero esta no duró mucho. Finalmente, una noche, no le quedó más remedio que abandonar la cabaña en busca de alimento.

No se alejó demasiado, pero logró capturar un conejo que calmó su hambre. Decidido a volver a la cabaña, emprendió el camino de vuelta. Aún estaba a cierta distancia cuando escuchó un extraño trino. Nunca había oído un pájaro que silbará así. Intrigado, se dejó guiar por el sonido.

Llegó a las inmediaciones de una senda en el bosque y allí se agazapó entre unos arbustos. Pronto descubrió el origen de aquel sonido. Asombrado, vio que no se trataba de ningún ave, sino de un cachorro de humano. Una joven hembra que avanzaba por el camino emitiendo aquel sonido con los labios y andando descuidadamente. Se cubría el cuerpo y la cabeza con una tela de un intenso color rojo. Tymus intentó esconderse más entre las plantas, pero la criatura debió percibirlo, pues se detuvo en seco y escrutó el lugar donde se ocultaba.

—¿Hola? ¿Quién está ahí? —La voz de la niña le recordó levemente a la de Labuelita. No lograba entender del todo lo que decía, pero captaba el significado de algunas cosas, pues se parecían a lo que había aprendido con la anciana— ¡Sal!

Ante la falta de respuesta, la niña se acercó. Vio el hocico de Tymus asomando entre los matorrales y se agachó junto a él.

—¡Ooh! Un perrito —Al escuchar su nombre, Tymus salió del escondite, inquieto y precavido, mirando con atención a la humana—. Me has asustado. Dicen que hay terribles monstruos en el bosque, pero mi mamá me aseguró que si seguía el camino hasta casa de la abuelita no me pasaría nada.

Aunque no entendió la mitad de lo que le decía, Tymus reconoció el nombre de la anciana. Animado, empezó a mover el rabo de un lado a otro. La niña se acercó más y alargó la mano para tocarle la cabeza.

Al sentir el contacto, Tymus se estremeció, recordando a los demás humanos que había conocido. Brincó para salir del camino y se adentró entre los árboles. Pudo oír a la niña que, tras recuperarse de la sorpresa, trataba de seguirlo, mientras iba gritando.

—No, espera. ¡No te vayas! Vuelve, perrito —Pero Tymus la ignoró, corriendo hacia la cabaña y huyendo de la pequeña humana.



Llegó a la cabaña atravesando el bosque. Estaba nervioso y asustado. De un salto se subió a la cama y se acurrucó entre las telas. El cadáver de Labuelita seguía ahí dentro, junto a él.

Al poco rato escuchó unos pasos que se acercaban, y reconoció la extraña melodía que silbara la niña en el camino. Se encogió todo lo que pudo donde estaba, preocupado por que volviera a encontrarle.

—Abuelita, ya estoy aquí. Perdona que llegue tarde. Me encontré con un lindo perrito en el camino, era muy grande pero no me dio miedo —La niña hablaba sin parar desde el exterior. Tymus solo entendía cosas sueltas—. Intenté acariciarle pero huyó entre los árboles. Mamá dijo que el bosque era peligroso, no quería que le pasara nada. Le seguí, saliendo del camino. Enseguida lo perdí de vista, pero yo ya no sabía dónde estaba. Estuve dando vueltas un buen rato hasta que llegué de nuevo al camino.

Las pisadas llegaron hasta la puerta de la cabaña y entraron. Tymus, oculto en la cama, vio la sombra que era la niña perfilada contra la luz del exterior.

—¿Abuelita? ¿Dónde estás? No te habrás enfadado conmigo, ¿verdad? —El lobo percibió el temor y la incertidumbre en el tono de la niña.

Con paso indeciso, la humana entró en la estancia, recorriendo con la mirada cada rincón, en busca de Labuelita. Cuando reparó en el bulto que había en la cama, se acercó. Las sombras ocultaban a Tymus y al cadáver.

Aún no muy segura, la niña se detuvo a un par de pasos de la cama. Arrugaba el entrecejo tratando de ver en la oscuridad.

—Abuelita, ¿estás ahí? —preguntó en apenas un murmullo—. ¿Estás enferma? Pero, abuelita, ¿qué es ese horrible olor?

Tymus permanecía quieto, esperando a ver qué hacia la niña. Esta, escuchaba esperando oír la respuesta que no llegaba.

—Y abuela, ¿por qué tu respiración es tan fuerte y extraña?

El lobo observaba. Sus grandes ojos estaban clavados en la humana. De pronto, esta pareció ver algo en la oscuridad a la que miraba, pues se sobresaltó.

—Abuela… ¡pero qué ojos más grandes tienes! Y qué brillo tan extraño tienen. ¿Abuela, estás bien?

La niña se acercó a la cama y alargó una mano, tratando de localizar a la anciana. Tymus, viendo que aquella desconocida intentaba tocar a Labuelita, se alzó en la cama mostrando los dientes y gruñendo. No permitiría que nadie se acercara a la mujer muerta.

La niña dio un brinco hacía atrás, perdió el equilibrio y cayó de espaldas. Quedó sentada en el suelo, mirando al enorme lobo con temor.

—¿Pero que le has hecho a la abuelita? ¡Monstruo! —Tymus no entendía las palabras. Siguió emitiendo un gruñido ronco mientras dejaba ver sus afilados colmillos. Sus ojos brillaban peligrosos.

La niña, asustada, empezó a gritar. En respuesta, el lobo comenzó a ladrar. La situación permaneció así durante varios latidos del agitado corazón de Tymus.

Entonces se perfiló en la puerta el contorno de otra figura. Tymus vio que se trataba de otro humano, mucho más alto y fuerte que la niña. Aun cuando estaba a contraluz percibió la semejanza con aquellos primeros humanos que había conocido. Esto le trajo dolorosos y terribles recuerdos.

—No te muevas, niña. Yo me encargo de esta bestia asesina —habló con una voz grave. Después alzo algo que tenía en las manos. Se trataba de uno de aquellos palos curvados con los que habían matado al jefe de la manada de Tymus.

El lobo de pronto estaba asustado. Los recuerdos le instaban a tratar de huir, pues sabía que aquella criatura podía ser mortal. Pero no quería abandonar a Labuelita, que tanto le había cuidado y ayudado. Además, no tenía por donde escapar. El humano le bloqueaba el paso hacia la única salida que había.

Se giró hacia el hombre, dándole el costado a la niña, que ahora lloraba encogida sobre sí misma. El lobo empezó a gruñir más fuerte, de manera amenazadora. Los pelos del lomo se le erizaron cuando lanzó dentelladas al aire, en dirección al hombre.

Al ver que no lograba atemorizarlo, cogió impulso y saltó sobre él. Estaba en el aire cuando sintió un agudo dolor en el lomo. Cayó al suelo, de costado. Giró la cabeza para mirar y descubrir que una fina rama, con plumas de ave engarzadas en un extremo, se le había clavado entre las costillas. De la herida manaba sangre. Trató de levantarse, pero el dolor se lo impedía. Volvió a gruñir, pero el aire que salía por su garganta no tenía fuerza y tan solo emitió un suave quejido de dolor.

El humano se alzaba junto a él, amenazador, y lo miraba desde lo alto. Colocó otra de aquellas finas y rectas ramas en la posición correcta del palo largo y curvado. Antes de que el nuevo proyectil se le clavara entre los ojos, acallándolo para siempre, Tymus pudo oír al humano decir:

—Tranquila, niña. Ya ha pasado todo. El lobo feroz está muerto.



No debéis olvidar nunca la historia de Tymus, jóvenes lobeznos, y recordad que jamás debéis acercaros a los humanos. Son criaturas terribles y peligrosas, que solo traen dolor y muerte.



Aspectos Técnicos: como ya he dicho varias veces, no soy muy ducho en este sector, pero te marque algunas cuestiones que creo que deberían corregirse. Por lo demás, ha sido una lectura muy fluida, sin sobresaltos que me quieten de la lectura. Entiendo que la forma es importante, pero dentro de esto, el sentido de un texto es lo que más rescato y este es perfectamente claro al respecto. Bien.

Aspectos Estructurales: una narrativa hecha cuento, alguien se las narra a otros, abre y cierra de esa manera. Muy bien planteado, con su inicio, nudo y desenlace. Me ha parecido una estructura solida y equilibrada.

Aspectos Argumentales: bien trabajado el modo de presentar el "antes" de Tymus, el Lobo Feroz, hasta que se cruza con Caperucita y el Leñador. Has hecho un buen enganche desde la perspectiva del "villano" que no es tal, haciendo una confluencia de eventos que resultan desafortunados para el pobre Tymus. Si tengo que marcarte algo, tendría cuidado en el momento que Tymus escapa de Caperucita; me explico: es una niña que lo acaricia, no representaría en sí un peligro y el recuerdo que despierta en él es el de los cazadores, en cierto punto lo veo medio ilógico ya que quizas el recuerdo por asociacion deberia ser mas bien el de Labuelita. Es un detalle, el único que me hizo algo de ruido, pero podrias solventarlo quizás planteando que la niña tenía otro aroma que le recordaba a los cazadores y entonces ahi sí, justificar que Tymus huya. Es una sugerencia para que le des consistencia a ese punto que me pareció una vulnerabilidad en la coherencia.
Has conseguido además muy buenas escenas, momentos muy naturales (cuando sale de cacería junto a su manada), conmovedores (cuando muere Labuelita y se queda solo), tétricos y siniestros y también algo tierno, (cuando se acuesta al lado de la anciana muerta), y tenso cuando llega Caperucita y establecen el conocido "dialogo".

Personajes: muy bien trabajado el perosnaje de Tymus y, por reflejo, Labuelita, Caperucita y el Leñador (los dos últimos resultan algo difusos, pero cumplen muy bien su papel de esta manera, ya que disponemos del conocer la historia de Caperucita Roja). Sin dudas uno puede sentir mucha empatía por la vida de Tymus y por su triste destino que, deb reconcoerte, desee que hicieras una version lo suficientemente alternativa como para dejarlo con vida... pero bueno, si lo hacías no hubiera tenido el impacto y la tragedia con la que pudiste trabajar. Muy bien.

Lo mejor: el personaje de Tymus y los distintas escenas del cuento
Lo que podría mejorar: cuidaría los aspectos técnicos y puliría un poco lo que te señalé sobre el motivo por el que Tymus huye de Caperucita.

Requisitos del Reto: como Organizador pongo mi garrita de aprobación y validación. Haces una versión alternativa de Caperucita Roja y el Lobo, muy interesante, profunda y amena. Respetas el cuento original, aunque nos colocas en una perspectiva diferente y utilizas el relato para transmitir un mensaje de advertencia; esta vez para los lobos. Muy bueno.

En conclusión: un muy buen relato que contará con mi apoyo, estas aprobado y la mejor de las suertes para el reto!


EDITO: recuerda enviarle tu autoria a Guardián Ciego
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

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#4
Qué bien, un relato tempranero. Un cuento para jóvenes lobeznos. Me ha resultado ameno y entretenido, con un pero: los antecedentes hasta llegar al cuento tradicional me han resultado muy largos. Esto no quiere decir que esté mal, significa que no me ha parecido proporcionada la división en tres actos, dando mucho espacio la primera parte y muy poco al restante.

La voz del narrador me ha parecido correcta, aunque a veces se has dado muchas vueltas para definir algo a los oídos de los lobos. Esto juega un poco a favor y en contra, porque se mezcla con palabras algo complejas y me ha hecho perder un poco la referencia de a quién está dirigido el cuento.

Como suele ocurrir en los cuentos, los personajes planos, sin matices ni transformaciones, lo que al tratarse de un cuento infantil me parece correcto.

Eso sí, un par de repasos para corregir acentos y alguna que otra equivocación de géneros, pero nada importante.

Suerte.
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#5
Primer relato!

Una versión distinta del conocido cuento de caperucita roja, desde la perspectiva del lobo. Un cuento contado para lobos, aunque sin final feliz.
Me ha gustado el nuevo punto de vista y me ha dado mucha pena el final de Tymus.
Sin embargo, no termina de convencerme del todo. Lo noto un poco ¿frío? Quiero decir, me da la sensación de que al describir las cosas desde la perspectiva del lobo, a veces la historia pierde un poco.
En cuanto a cuestiones técnicas, he visto algún errorcillo que una última revisión podría haber solucionado. También algún acento que falta.

Suerte!
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#6
Ahoy compañero lector!

Me paso a dar un vistazo a los relatos del reto comenzando por el tuyo por ser el primero :B
Como decía Jack, vamos por partes.

Lo primero a mirar en todo texto, en mi opinión, es la forma en la que está escrito, es muy importante que la lectura sea fluida y fácil de seguir para que los lectores no se cansen a la mitad. Este texto cumplió con el objetivo, es sencilla de seguir y muy fluida, tuve algunos "tirones" en ocasiones pero eso ya te lo corrigieron más arriba.

Ahora la historia, la versión que cuentas del clásico de la Caperucita Roja me gustó mucho aunque llegué a pensar que quizás no es una historia que le leerías a un niño muy pequeños, pero esto no significa que esté mal, fue interesante verlo de otra forma.

El personaje de Tymus es sin duda lo mejor de la historia, muy bien tratado y con un final triste pero que si se cambiara el cuento perdería parte de su esencia.

Nada más que agregar por mi parte, felicidades por escribir tal relato y perdón por no haber comentado antes.

Un saludo.
“Te llevaste mi mejor mitad, Sin Sangre, y lo que dejaste es a un peligroso enemigo” –Wyrell.

“Dentro de mi locura, tengo mi propia cordura” -Avelon.

Concordia - [1/3]
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#7
Buenas!

Ya había intuido que uno de los relatos participantes al menos se iba a tratar de una versión alternativa de caperucita, es un cuento que no falla. Esta nueva visión me gustó, más allá del ruido que me hizo que se mezclara entre perro y lobo: el ladrido es el sonido que emite el perro, no el lobo. A pesar de sus semejanzas, no son lo mismo (si me pareció bien la confusión por parte de caperucita, claro, pero no sobre sí mismo).

Me gustó el entramado narrativo y la voz del narrador, salvo por algunos despistes en la corrección (lo subiste tan temprano que tuviste tiempo de darle una revisión mejor). El tono infantil está presente y bien desarrollado, así que eso es un punto a favor.

Éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
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#8
Empiezo por algo que me resultó un poco descolocado: que la niña de tantas explicaciones sobre su motivo de llegar tarde y el tema del lobo antes de entrar a la casa.
Por otro lado, el cuento parece mantener un tono de cuento infantil, pero por momentos se usa un lenguaje más elevado que desentona.
En cuanto a cuestiones técnicas, no vi nada destacable. Muy bien esa parte!
Argumento... muy bueno. Un cuento con moraleja que nos muestra la otra cara del cuento de caperucita, la parte que le toca a los lobos. Buenos y malos, estereotipos de cuento infantil, pero que aquí se intercambian al ubicarse en otro punto de vista. Me encantan ese tipo de relatos, que cuestionan lo conocido.
De más está decir que me conmovió mucho la muerte del protagonista, imposible no encariñarse con él. Y la escena donde se acuesta al lado de ella que yace en la cama, es terrible, me partió el corazón.
Te odio autor por la tristeza que me dejaste, pero gracias por tan genial relato! Wink
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#9
Que buen cuento y que buena perspectiva, no se mucho de tecnicas ni ortografia, asi que solo dire que para aspectos del concurso paso con creces las espectativas, bien.
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#10
Vamos con las devoluciones.

En primer lugar agradecer a todos por los comentarios y los puntos recibidos.

Cuando me apunte al reto tenía claro que optaría por versionar un cuento ya existente. Entonces recordé una versión de caperucita roja que escribí una vez (que básicamente era el cuento tal cual pero al final resultaba que era la propia caperucita de mayor la que se lo contaba a su nieta). Así que decidí volver a escribirlo pero de otra forma.
Al principio el lobo iba a seguir siendo el malo, comiendose a la abuelita y todo eso, con el cuento contado desde su punto de vista. Pero cuanto más lo pensaba menos me convencía y al final decidí dejar al lobo como bueno.

@kaoseto Lo de las conversaciones le estuve dando vueltas. No solo el que las recordaran tan bien si no el que las entendieran (al principio del relato Tymus no entiende a los humanos nada). Pensé en poner palabras sueltas, solo las que entendía el lobo, pero iba a quedar demasiado confuso, así que opté por ponerlo entero. Como has dicho, los cuentos no suelen ser muy rigurosos con algunos detalles. Y gracias por las correcciones Wink

@Theraxian Tymus huye de caperucita porque teme a todos los humanos. Al principio siente curiosidad, pero cuando se ella se acerca y lo toca le puede el miedo. La única a la que no teme es a Labuelita, y porque no pudo huir cuando esta le curó. Me alegra que, por lo demás, te gustara mi versión del cuento.

@Celembor El desequilibro que comentas se debe a lo que suele pasarme siempre. Pensando que me van a sobrar palabras me explayo al principio y después, al ver que se van consumiendo más rápido de lo esperado, empiezo a precipitarme un poco. De todas formas, me pareció que así quedaba bien, pues al fin y al cabo es la historia de Tymus, y la parte final es bastante conocida.
En cuanto a lo de las descripciones a oidos de los lobos, fue otro de los puntos en los que dudé mucho. Podía describir las cosas por su nombre, pero los lobos no las conocían. O podía describirlas según las vieran ellos. Opté por la segunda opción, y la verdad es que fue muy dificil.

@Wyrell Gracias por pasarte a leer. Me alegro que te gustara.

@Nikto Si, tenía que haber una versión de este clásico cuento. De hecho hasta temí que hubiera más relatos parecidos. En cuanto a lo del ladrido, lo cierto que al ponerlo dudé bastante. Sé que  lo de ladrar es cosa de perros, no de lobos, pero no sabía como describir algo que no llegaba a ser un ahuyido sin repetir mil veces lo de los gruñidos.

@Gothic Bear Cuando caperucita habla sin entrar en en la cabaña es porque está buscando a su abuela. Es una niña muy dicharachera y descuidada (iba por el bosque silbando como si nada y luego se sale del camino tan alegremente cuando le han dicho que es peligroso). Intenté matizar ese aspecto con su charla mientras busca a su abuela fuera de la cabaña. Cuando no la ve ni la escucha, piensa que puede estar enfadada y empieza a escusarse.

@dux Me alegra que te gustara.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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