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Reto Mar20: Obsesión
#1
La puerta se abrió de golpe. Una figurada encapuchada se arrastró cojeando hacia el interior de la estancia dejando un reguero de sangre a su espalda. Cada paso que daba parecía costarle horrores, hasta que finalmente cayó de bruces sobre el frío suelo. Resoplando, intento levantarse de nuevo, pero el esfuerzo resultó inútil. La sangre empezó a encharcarse.

«Esto no puede estar pasando…», se dijo el hombre con el rostro congestionado. De pronto le sobrevino una arcada, y una mezcla de bilis y sangre brotó de su boca. Un escalofrío recorrió su espalda y abrió muchos los ojos, asustado.

Empezó a arrastrarse por el suelo en dirección a las escaleras. Intentó usar sus poderes para curar alguna de las múltiples heridas que surcaban su cuerpo por dentro y por fuera, pero su magia estaba completamente mermada. Comenzó a sentir frío, aunque poco tenía que ver con las ventanas abiertas por las que se colaba la luz de la luna llena.

«Tengo que llegar hasta el libro… tiene que haber alguna forma…», intentó convencerse. Empezó a escalar por los empinados peldaños, embadurnándolos con sangre. De nuevo le sobrevino una arcada, y un sudor frío empezó a recorrerle la frente.

Casi agotado por el esfuerzo consiguió llegar al piso superior. Intentó forzar una sonrisa, pero un vistazo abajo le provocó un nuevo escalofrió. Desde el vano de la puerta hasta lo alto de la escalera todo estaba impregnado de una sustancia rojiza. Nunca había visto tanta sangre… al menos no suya.

«No puedo creerme que de verdad existan…», se lamentó desesperado empezando a arrastrarse por el pasillo. Necesitaba llegar a su habitación, necesitaba abrir el baúl que había a los pies de su cama, necesitaba encontrar alguna respuesta en el maldito libro…

Cada vez la puerta estaba más cerca, pero sus posibilidades se antojaban cada vez más remotas. De repente un chasquido sonó a lo lejos proveniente del sótano. Su cara se tornó al instante blanca como la nieve.

«¡Hoy no…! ¡Ahora no…!», pensó empezando a temblar. El sonido de unas garras resonó por la silenciosa casa. Un olfateo, un gruñido y unos pasos subiendo los peldaños. Dos ojos ambarinos aparecieron de pronto por el hueco de la escalera. Con suma cautela la bestia empezó a acercarse.

En ese instante le pasó toda su vida por delante de sus ojos…

Su infancia en la pequeña Valtena, maltratado y humillado por un padre autoritario. Su huida hacia la gran ciudad de Rizevel con apenas trece años, donde sus dotes mágicas le permitieron subsistir haciendo números callejeros para los transeúntes. Las noches durmiendo en callejones y portales… hasta que Lerín le encontró.

El viejo idiota nunca le cayó demasiado bien, pero siempre le estaría agradecido por sacarle de la calle. Gracias a él pudo asistir a la Academia Imperial de Hechicería, dónde poco a poco fue labrándose un nombre. Su pericia en la magia era tal, que constantemente le requerían para los más diversos trabajos en todas las partes del imperio. Y con el tiempo, hasta el mismísimo emperador terminó por llamarle.

Apenas contaba treinta y cuatro años cuando se convirtió en Hechicero Imperial. Como tal, su libertad para hacer investigaciones relacionadas con la magia era total. No tardó en orientar sus investigaciones hacia su mayor inquietud… la muerte.

Desde las palizas de su padre, que le habían dejado inconsciente en más de una ocasión, hasta las frías noches de invierno durmiendo en las callejas, sabía muy bien lo que era estar al borde de la muerte. Nada había que pudiera temer más que ver finalizados sus días. Aquellas noches a la intemperie, mirando las distantes estrellas, rodeado de oscuridad… así imaginaba lo que venía después de la muerte, una oscuridad fría, infinita y eterna… no quería llegar a eso por nada del mundo.

Sus investigaciones se centraron desde un comienzo en revisar cientos de libros antiguos de la Academia, buscando cualquier cosa que hablara sobre la muerte o la inmortalidad. Sin embargo pronto descubrió que todo eran conjeturas y teorías. Los antiguos magos, de la época en que también dirigían el culto del país, defendían que la magia emanaba del alma, que esta estaba formada de la magia más pura e inestable. En otros libros negaban tal cosa, y afirmaban que la magia emanaba de la naturaleza. Al final, lo que quedaba claro era que todo era palabrería, pues nadie parecía haber experimentado nunca con estos temas. O al menos, no en la Academia… tenía que buscar más allá de aquellos muros.

En aquel momento empezaron sus viajes a los rincones más recónditos del Imperio, buscando respuestas a sus preguntas entre las ruinas del pasado y los círculos de magos más esotéricos. Tras años de búsqueda, dio con un libro. Escrito a mano hacia más de cuatrocientos años, parecía tener las respuestas que anhelaba.

El libro abordaba muchos de los tabúes de la hechicería, los cuales no tardaron en llamar su atención. Pasó noches enteras sin dormir devorando sus páginas. Las teorías del autor en relación con la inmortalidad seguían la senda de las quimeras. Dominar el arte de crear estas criaturas, el arte de crear nueva vida, era primordial para seguir el camino a la inmortalidad. Había que aprender a manipular la vida para después manipular a la muerte.

Así decidió comprar una villa muy alejada de la ciudad. Necesitaba un lugar aislado y apartado de miradas curiosas para llevar a cabo sus experimentos. Las leyes imperiales condenaban todo lo que él iba a hacer desde ese momento en adelante. Empezó por cruzar distintas especies animales, los resultados fueron dispares al principio, pero con el tiempo llego a dominar la técnica. Entonces llegó el turno de la mayor abominación, empezó a trabajar en quimeras humanas. Pobres diablos sacados de las calles, olvidados por la sociedad en un callejón, pero recogidos por él con mentiras y falsas promesas para convertirlos en ratas de laboratorio.

Las quimeras humanas eran más complejas, el cerebro humano, más desarrollado que el de otros animales, era difícil de alterar y continuamente las quimeras fallecían por muerte cerebral.

Los éxitos llegaron con el tiempo, consiguió un buen resultado al mezclar a un muchacho con una hiena. La quimera resultante era muy astuta, conseguía a menudo escaparse de la jaula, pues él nunca prestó demasiada atención a la seguridad. Su poder era tan grande que no tenía nada que temer de esas criaturas. Otra característica de la hiena humana, es que parecía conservar algún recuerdo, o al menos, tenía algún tipo de conciencia sobre lo que le había ocurrido y quien se lo había hecho. Cuando escapaba siempre intentaba ir a por él, pero para su desgracia él siempre tenía una barrera mágica a su alrededor que le protegía y a la vez dañaba a quien se acercara.

Poco a poco, a costa de un esfuerzo sobrehumano y de privarse del placer de los sueños, fue dominando la técnica y realizando más quimeras humanas, mucho más dóciles y obedientes que la primera. Llegó por tanto la hora de dar un paso más siguiendo las teorías del libro. Si podía transferir la vida de un cuerpo a otro, mezclar dos vidas en una… era hora de aprender a absorber la vida y lograr la inmortalidad.

Reunió, una vez más, a unos cuantos desdichados y los ató a los postes que había instalado en el patio de la villa. Iluminado por la luna llena, empezó su experimento. Creó un círculo mágico y los envolvió a todos con él. Concentró su energía hasta que pudo sentir la presencia etérea de la vida de aquellos desgraciados. Atrajo hacia si toda esa vida entre los gritos desesperados de aquellos que la perdían. Entonces los aullidos agónicos de aquella pobre gente aumentaron de golpe, pues había algo más con lo que él, en su descuido, no había contado. Entonces todo sucedió, el cielo se oscureció de repente, el círculo mágico colapsó, y llegó el dolor y la sangre.

El alma. Nunca había creído en su existencia , pero era un error no haberse cuidado de esa posibilidad. Ahora, con la bestia a un par de metros, la certeza de su existencia caía sobre él con toda crudeza. Había intentado absorber las vidas de aquellos hombres, pero en el camino había liberado sus almas sin el menor control. Grave error. Aquello había desbordado su capacidad, los hombres desposeídos de la esencia de la vida habían muerto, y él iba a pagar el precio de una vida de pecados.

Los ojos del hechicero se anegaron en lágrimas. La criatura se detuvo a un par de metros, temerosa, esperando una reacción que no sucedió. Entonces la quimera rió macabramente, complacida. Antes de que el hechicero pudiera discernir si la risotada provenía de su mitad humana o de su mitad hiena, la bestia se abalanzó sobre él.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Ese fue un buen relato. Aunque tuve problemas con algunas de las faltas ortográficas que logré apreciar. Fue interesante leer la caída de un hechicero de renombre que fue criado en cuna de espinas. Aunque ya está algo demasiado usado.
Fuera de eso, todo está bien. Nada particularmente asombroso, pero tampoco es malo.
«No hay nada que ganar, cuando no hay nada que perder» https://discord.gg/4r9TF
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#3
Muy buen relato, aunque el final no es de mi agrado, el malo recibiendo su castigo de la mano de su propia creación.
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#4
Escrito con más solemnidad, con una prosa un poco más barroca quizá, este relato sería espléndido. Tiene por sí mismo la capacidad de meter a lector en un mundo completamente oscuro, pero que se siente inquietantemente cercano, lo cual me generó mucha tensión. Es como una parte en tu cabeza que intentas evitar, pero te recuerda que cosas macabras suceden muy cerca de ti.
Bardo
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#5
Con respecto a la temática del reto: entiendo el no hacer al protagonista una mujer porque eso afectaría a su historia (probablemente el padre no le daría simple palizas sino que la violaría), aunque en realidad tampoco es que hubiera que reescribir completamente el relato y aportaría más profundidad (no solo sería un Hechicero Imperial joven, sino que sería una hechicera), pero lo peor es que hagas quimeras humanas y no aproveches para hacer una referencia clásica:

[Imagen: Nina2-900x507.jpg]

Narrativamente no he visto erratas ni construcciones raras (¡y usas las comillas correctas!), así que nada que comentar de esto.

Sobre la historia, poco hay que decir: aunque suena interesante, se reduce a una escena así que en realidad no es gran cosa, y el final me ha resultado confuso; no veo la relación entre el absorver las vidas (o almas) y que el escudo mágico deje de funcionar.

Del personaje, más de lo mismo, es una escena corta como para que podamos saber de él, y de lo poco que sabemos todo es contado, no llegamos a ver al hechicero como alguien que se cree poseedor de la verdad y cayendo en su error. Entiendo que esto es porque si se empieza con el ritual uno acaba perdiendo la sorpresa inicial, pero se podría contar el relato al estilo Memento e ir desde el final hacia atrás.
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#6
Un relato rapidito que se lee bien, aunque con algunos errores que ya te han señalado. Le habria venido bien aprovechar todas las palabras sobrantes para ambientar mas la historia.
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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