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Reto Cuento Infantil Alternativo I: La piedra de valor
#1
—Buenas noches, Marcos.
—Buenas noches, papá.
—Y por favor, —añadió— intenta no llamarme, ¿vale? Necesito descansar.
Marcos lo miró con un rostro de rebosaba culpabilidad y asintió, inseguro.
—¿Puedes bajar del todo la persiana?
Su padre miró hacia la ventana.
—Ya está bajada. —Su tono de voz ya había cambiado, de conciliador a impaciente.
—No, le falta un poco. Por ahí entra la luz y hace sombras que se mueven.
—¡Oooh, por Dios! —exclamó su padre—. El piloto de luz también hace sombras —dijo mientras se dirigía hacia la ventana—. No hay nada, los monstruos no existen, ni las sombras se mueven ni nada de nada. ¿Cómo he de decírtelo?
Marcos se encogió en su cama y se tapó un poco más con la manta. Su padre bajó la persiana hasta que todas las baldas encajaron perfectamente y miró a su hijo:
—¿Así está bien?
Tras un breve asentimiento del niño su padre se dirigió a la puerta y murmuró un «buenas noches» antes de salir y cerrar.
Marcos tragó saliva y se acurrucó un poco más, mirando con ojos abiertos cada una de las sombras que el piloto de luz proyectaba, esperando que en cualquier momento cobraran vida.
—Los monstruos no existen —murmuró, aunque sabía que sí existían.
Estuvo así durante un tiempo, con todos los sentidos alerta, hasta que cayó dormido.


Un crujido lo despertó. Con el corazón acelerado, miró a su alrededor. ¿Lo había soñado? Escrutó la oscuridad, sin siquiera hacer ruido al respirar. Y entonces lo vio: la sombra que el piloto de luz proyectaba sobre el pequeño escritorio donde hacía los deberes se movió.
«Ha, Ha, Ha», rió la voz.
La sombra se alargó y se formó un rostro cornudo y unos brazos terminados en garras.
—Vete, por favor —susurró Marcos, con las lágrimas a punto de brotar de sus ojos. Estaba paralizado por el terror.
La sombra se desplazó hasta la silla y volvió a reír, esta vez más cerca.
—Papá, ven —llamó Marcos, sin la fuerza suficiente como para que le oyeran.
«Tu padre no puede ayudarte», dijo la sombra en un susurro amenazador. «Te voy a llevar conmigo».
—¡Papá, papá, papá! —chilló mientras las lágrimas explotaban en sus ojos—. ¡Papá, ven, papá!
La sombra se acercaba, con las garras extendidas, dispuesto a tocarle. Marcos lanzó un grito de terror y se arrastró hasta la esquina que la cabecera de la cama hacía con la pared, encogió las piernas todo lo que pudo y se abrazó a ellas.
Su padre abrió la puerta de súbito y miró a su hijo. Estaba hecho un ovillo, llorando y murmurando. Cuando se acercó y le puso la mano en el brazo, Marcos saltó como un resorte y gritó con toda su alma, intentando apartar aquella mano con golpes y arañazos, con la cara desencajada y los ojos rojos por las lágrimas.
—Soy yo, Marcos, soy papá —le dijo mientras lo abrazaba para inmovilizarlo. Empezó a llorar él también; aquello había llegado demasiado lejos—. Soy papá, soy papá…
Marcos dejó de luchar y lloró. Aquella sombra monstruosa había estado a punto de cogerle. Se abrazó a su padre y fue consciente, entonces, de que se había orinado encima.
Tras aquella noche el padre de Marcos permitió que su hijo durmiera con él. No era normal que un niño de nueve años durmiese con su padre, pero la situación que atravesaban tampoco lo era. Todos los psicólogos que había visitado coincidían en que esas pesadillas estaban relacionadas con la muerte de su madre, ocurrida hacía casi un año, pero ninguno logró solucionar el problema. Y es que, desde aquel fatídico día, el niño había cambiado mucho: de ser un chico alegre y con muchos amigos había pasado a ser un niño solitario, sin ánimo. Se estaba convirtiendo en una sombra de sí mismo.
Pasaron varias semanas, durante las cuales Marcos no volvió a tener pesadillas. Pero los dos sabían que no podrían dormir siempre juntos.


Un día, tras la salida del colegio, su padre le dijo:
—Marcos, esta tarde iremos a visitar a alguien a ver si te puede ayudar. Me lo ha recomendado mi amiga Bea.
—Pero papá, ya no tengo pesadillas —replicó, y sus ojos empezaron a humedecerse.
—Hijo, tienes que superar esto. No puedes pasarte toda la vida durmiendo conmigo. —Esperó unos instantes antes de añadir—: Además, en verano vas a tener que pasar muchas semanas con los abuelos porque yo estaré trabajando.
—Pero papáaaa… —Marcos dejó escapar unas lágrimas y empezó a estirarse los dedos, algo que siempre hacía cuando estaba muy nervioso—. Además, ese médico tampoco va a solucionar nada. Nadie puede.
—¿Por qué dices eso, Marcos?
—Porque es verdad. Hemos ido a muchos médicos y ninguno ha podido devolvernos a la mamá. Nadie puede.
Su padre se mordió el labio y miró la carretera, parpadeando para que las lágrimas no le entorpecieran la visión, hasta que llegaron al lugar donde estaban citados.
Los dos observaron el lugar con muchas dudas: era una especie de librería, tienda esotérica y supermercado ecológico, todo junto.
—Debí habérmelo imaginado, con lo rarita que es Bea —dijo su padre.
En cuanto abrieron la puerta, una mezcla de aromas agradables les cambió el ánimo. Olía a un incienso suave, mezclado con lavanda y otro olor que no pudieron identificar. Había estanterías con velas y rocas extrañas de todos los colores y tamaños, estanterías con avena, arroz, huevos…, y también libros, tanto con lomos modernos como antiguos y desgastados. En la parte derecha había dos entradas a otras estancias, en las que en una de ellas Marcos vio una sala de juegos.
—¿Puedo ir, papá?
—Luego. Primero vamos a preguntar —contestó su padre mientras se dirigían al mostrador al fondo de la tienda.
Un hombre mayor los observaba con una sonrisa afable mientras tejía unas suelas de esparto.
—Buenas tardes, estoy citado con Antonio.
—Sí, soy yo. Y él es Marcos, ¿verdad? —el niño asintió—. ¿Y qué te parecería, Marcos, si vas a jugar mientras tu padre y yo hablamos un rato?
Su padre se mostró algo contrariado.
—Pero, ¿él no tiene que venir? —preguntó. Al fin y al cabo era el niño quien tenía pesadillas.
Antonio le sonrió.
—Puede que no sea necesario, ya lo veremos.
A su padre no le hacía ninguna gracia dejar a Marcos solo. Antonio pareció leerle los pensamientos porque a ante sus dudas, añadió:
—No se preocupe, estará bien. Mi mujer saldrá enseguida y mi nieta suele revolotear por aquí cuando entra gente.
Marcos se despidió con la mano y se fue hacia el cuarto de juegos: peluches y muñecas, un par de balones deshinchados, coches y camiones, una mesita con pinturas.… Más juguetes de los que podría jugar en el rato que estuviesen allí. Una vez estuvo seguro de que no había nada extraño, entró y se sentó a jugar con los coches.
—¡Hola! —exclamó alguien a su espalda. Marcos se asustó y se giró bruscamente—. Uy, perdona, no quería asustarte. Mi nombre es Lea. ¿Tú cómo te llamas?
Marcos observó a aquella niña. En aquel rostro había un montón de cosas que le llamaron la atención. La primera, el pelo, rojo, que crecía en bucles en todas direcciones; la segunda, unos enormes ojos castaños y curiosos, que lo observaban con una fijeza intimidadora; y la tercera, las numerosas verrugas y pecas que tenía repartidas por la cara.
—Soy Marcos —dijo apenas moviendo los labios.
—¿Y cuántos años tienes, Marcos?
—Nueve.
—Ah, muy bien, yo tengo trece.
Marcos arqueó las cejas. Apenas aparentaba tener nueve como él.
—¿Puedo jugar contigo?
—Bueno.
Había algo en aquella niña a Marcos le hizo sentir bien. Sonreía todo el tiempo y jugaba a lo que él proponía. Tras divertirse un rato pasándose uno de los balones pinchados, se sentaron en la mesita a dibujar.
—¿Por qué has venido? —preguntó Lea de sopetón, observándolo con aquellos ojos enormes.
—Tengo pesadillas.
—¡Oh! ¿De qué tipo?
—Sueño con monstruos.
—Sí, ya, pero de qué tipo: Rugarones, Rartingalos, Bestias Pinchudas… hay muchos tipos de monstruos.
—Pues no sé.
—Aaaah, ¿por eso has venido entonces, para conocerlos?
¿De qué hablaba aquella niña?, se preguntó. Él no sabía nada de monstruos y no tenía ningunas ganas de conocer a ninguno.
—Iré por mi libro —dijo Lea, y salió disparada. Tras un par de minutos volvió con un enorme libro que parecía muy antiguo—. Ya estoy aquí. ¿Puedes describírmelo?
Marcos bajó la vista y se encogió de hombros. Pero Lea no parecía aceptar sus silencios, porque le preguntaba una cosa tras otra, hasta que le dijo:
—Si no conoces a tu monstruo, no podrás derrotarlo.
Aquello pareció remover algo en el interior del niño. Dejó la pintura sobre la mesa y empezó a estirarse los dedos.
—Es una sombra que se mueve —dijo en un hilo de voz.
—¡Oh! ¿Puedes ir pintándolo mientras busco el apartado de los sombríos?
No sabía muy bien por qué pero no quería decepcionar a aquella niña. Sabía jugar a todo, era divertida y, cuando le miraba, sonreía. Así que se puso a ello y en un rato lo tuvo listo.
—¡Oh! ¡Qué bien dibujas! Por lo que veo, eso podría ser un Adoptasombras, o un Reflejo Sombrío, o tal vez un Horror de la Penumbra. Y dime, ¿cuándo te aparece, antes de dormir o después? ¿Te despierta él?
Marcos se encogió de hombros.
—Piénsalo bien, porque es importante.
Inspiró profundamente y luego soltó el aire como si estuviese agotado.
—Me despierta él.
—Bien, bien —dijo la niña llevándose el dedo al labio inferior y dándose unos golpecitos—. Creo que se trata de un Reflejo Sombrío. —Tomó el libro y fue pasando hojas hasta que encontró lo que buscaba—. Mira, se parece a lo que has dibujado.
Marcos apartó la vista y volvió a coger su dibujo.
Lea le acarició el brazo y le dedicó una tierna sonrisa.
—Yo de pequeña también tenía pesadillas. Soñaba con un monstruo sin ojos ni nariz, que me decía que me podía ver y oler y que iba a comerme. Mi abuelo me contó que era un Aberrado, una criatura que se alimenta de los miedos de los que temen ser devorados, y me dijo cómo expulsarlo. Me costó mucho, porque tenía miedo de él, pero lo conseguí. Y tú también puedes conseguirlo —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Marcos la miraba ensimismado, incapaz de apartar la vista de ella. ¡También tuvo pesadillas!, pensó excitado. Tal vez pudiese ayudarle con su monstruo.
Escuchó lo que ella le iba leyendo, repitiendo las oraciones para memorizarlas. Hablaron sobre cómo se lo iba a decir y cuánto se reirían cuando lo expulsara. Su padre apareció por la puerta, con los ojos húmedos. Hacía tanto que no lo oía reír que apenas ya recordaba cómo sonaba. Lo abrazó muy fuerte cuando Marcos fue a contarle que tenía una nueva amiga y que habían estado jugando. Fue sin duda el mejor momento en aquel año.


—Buenas noches, Marcos.
—Buenas noches, papá.
Su padre entornó la puerta y Marcos se enfrentó de nuevo a su habitación. Había estado muy animado toda la tarde tras jugar con Lea, pero a medida que se acercaba la hora de dormir su coraje fue disminuyendo hasta que se disipó por completo.
No tuvo conciencia de cuándo se durmió, pero sí de cuando despertó. Escuchó una silla al ser arrastrada y se sobresaltó. Abrió los ojos, deseando con todas sus fuerzas que no fuera su Reflejo Sombrío, apretando con fuerzas las sábanas y con el miedo recorriendo todo su ser.
«Vengo a por ti».
Marcos vio cómo la sombra de la silla se alargaba tornándose monstruosa, con un par de cuernos y las garras extendidas hacia él.
—Vete —dijo Marcos, y recordó lo que tenía que decir—. Te conozco, eres un Reflejo Sombrío.
La sombra paró en su avance, como si dudase, pero la falta de convicción del niño hizo que reanudara su avance.
—No te tengo miedo —continuó, atemorizado—, porque te conozco. No me… no me… —No pudo continuar.
«No puedo hacerlo» se repetía una y otra vez mientras intentaba que las palabras de expulsión salieran de su boca.
—Papá… ¡papaaaa! —gritó cuando no pudo más.
Su padre apareció rápidamente y miró en la habitación, sin ver nada raro. Se volvió hacia su hijo, que estaba temblando y llorando, presa del pánico.
—No puedo, no puedo —susurraba Marcos.
—Tranquilo, hijo, estoy aquí contigo.
Su padre lo consoló esa noche y le permitió que durmiera de nuevo con él.


—Papá, quiero volver a aquella tienda —dijo Marcos una mañana mientras desayunaba.
—¿Por qué? Aquel hombre solo era un charlatán.
Marcos se encogió de hombros y siguió mordisqueando una galleta, como si no hubiese dicho nada. Pero su padre, recordando lo bien que lo había pasado su hijo aquel día, decidió que lo llevaría de nuevo.


—¡Hola, Marcos! —Se giró de un susto y vio la alegre cara de Lea—. Me alegra volver a verte. ¿Jugamos un poco?
Marcos asintió y fue a por una pelota.
—¿Cómo te fue con el Reflejo Sombrío?¿Ya lo expulsaste?
Marcos bajó la mirada y negó con la cabeza.
—¿Por qué? —preguntó ella acercándose a él.
—Porque no puedo.
—¡Oh! Claro que puedes. Solo hay que hacerlo.
—Sí, claro, eso lo dices tú que no tienes una sombra de esas en tu habitación—replicó Marcos, molesto.
—No, yo tenía un Aberrado —le recordó Lea.
Estuvieron unos minutos en silencio, hasta que ella volvió a tomar la palabra.
—Te voy a contar una cosa que solo saben mis abuelos —dijo, acercándose a él como si fuese a contarle un SECRETO—. Cuando era pequeña, después de que mis padres muriesen, empezó a visitarme este Aberrado. En cuanto se lo conté a mi abuelo supo de qué se trataba y me explicó cómo expulsarlo. Lo intenté muchas veces sin conseguirlo, porque tenía mucho miedo, así que terminaba llamando a mis abuelos para que viniesen. Cuando acudían, el Aberrado desaparecía, pero solo para volver a la noche siguiente, o la siguiente. En aquel entonces yo era muy desobediente; estaba enfadada con todos y tenía muy mal carácter. Mis padres se habían muerto y yo no lo aceptaba. Los quería, y quería que volviesen.
»Una tarde me enfadé con mis abuelos y me escapé de casa. Tenía nueve años, como tú tienes ahora. Encontré una finca abandonada y, mientras buscaba un buen lugar para esconderme, caí por un agujero y me torcí el tobillo. Estaba todo muy oscuro y no podía andar, así que me puse a gritar pidiendo ayuda. Nadie acudió.
»Y entonces, cuando estaba sola y desamparada, apareció. No sabía cómo, pero me había encontrado. No importaba donde fuese, siempre me encontraba. Yo entonces no sabía que lo llevaba siempre conmigo, con mi odio y mis miedos.
Lea hizo una pausa. Su siempre jovial sonrisa ya no estaba.
—¿Y qué pasó entonces?
La niña le miró a los ojos y dijo:
—Lo vencí.
—¿Cómo, si estabas herida?
Lea lo miró como si conociese un gran secreto.
—No había nadie a quien decirle que no podía hacerlo. Estábamos él y yo. Nadie más. Así que recité las oraciones con todo mi ser y lo expulsé para siempre.
Marcos estaba todavía con la boca abierta, asimilando aquella historia. Poco a poco se fue dando cuenta de las implicaciones que tenía aquello y se hundió en la silla, empezando a estirarse los dedos.
—¿Qué te pasa?
Marcos dudó unos instantes antes de contestar.
—Yo no quiero quedarme a solas con él.
Lea lo miró con ternura y le acarició la cabeza.
—Espera, te voy a dar una cosa —y salió disparada de la habitación.
A los pocos minutos volvió y le mostró un mineral de cristal semitransparente, de forma alargada y terminado en punta por los dos extremos, uno de color rosado y el otro azulado. Marcos se maravilló ante la belleza de aquella roca.
—Esto es una piedra de valor —dijo Lea—. El abuelo de mi abuelo lo encontró en un antiguo cofre de unas ruinas lejanas. Esta piedra de valor da el coraje necesario para realizar cualquier cosa que te propongas. Creo que te vendrá bien.
Marcos tomó el mineral que le ofrecía y lo observó detenidamente. Era una piedra mágica.
Levantó la mirada y fue a decirle lo mucho que se lo agradecía pero Lea ya estaba saliendo de la habitación de nuevo.
—Vamos, tu padre ya ha terminado.
Marcos corrió hasta su padre y le mostró la roca, emocionado, explicándole las propiedades mágicas que tenía. Luego abandonaron la tienda y se dirigieron a casa.

Un crujido lo despertó. Marcos asomó la cabeza de debajo de la sábana y se dio cuenta de que estaba nervioso y el miedo empezaba a atenazarle. La sombra del escritorio empezó a alargarse y adoptar la forma del Reflejo Sombrío.
«Vengo a por ti…».
Marcos se sentó en la cama y aferró con fuerza la piedra de valor. Miró con firmeza a aquella sombra que se acercaba con las garras extendidas.
—Te conozco, eres un Reflejo Sombrío —empezó recitando las oraciones que le había dicho Lea. La sombra paró en su avance, dudando—. Ya no puedes hacerme nada porque no te temo y no te temo porque te conozco. Vuelve a la oscuridad de la que vienes, porque en mí ya no encontrarás sombras. Vete y no vuelvas.
El Reflejo Sombrío se retorció y se arrugó, hasta volver a la oscuridad de detrás del escritorio. Fue entonces cuando Marcos se dio cuenta de lo que había hecho y se derrumbó en la cama, con la respiración entrecortada y las manos temblando. Lo había conseguido.
Aquella noche, y todas las posteriores, Marcos durmió bien, como duermen los niños de nueve años, y poco a poco dejó de ser una sombra de sí mismo.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Tercer relato!

Una historia interesante, de cómo un niño vence sus temores nocturnos. No es que sea un cuento como tal, pero si transmite un mensaje dirigido al público infantil, cómo vencer a los monstruos.
Me ha gustado.
En el apartado técnico, al principio (en la primera parte) he visto varios fallos, y creo que los diálogos tienen algún error de estructura, pero yo soy la primera que se lia con eso así que no sé. Pero ha sido solo en esa parte, luego ya no hay errores (salvo algun despiste por ahí perdido).

Suerte!
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#3
Bueno autor, me ha gustado el cuento. En algunas partes hay mensajes para adultos, pero me ha parecido como las películas de pixar, que son para público infantil aunque tienen mensajes para los padres que ven la película con sus hijos. En algunos momentos has conseguido que me emocione... supongo que ser padre me vuelve sensible a ciertos temas.
En cuanto a la historia, creo que está bien trazada, con una exposición del problema, las dificultades para conseguirlo y finalmente su resolución. Me ha llamado la atención que el padre no tuviese nombre y, en cambio, el tendero sí.
No sé si era tu intención, pero sí he visto una simbología entre el saber, conocer tus temores, y la ignorancia con lo de conocer al monstruo y lo que representa la sombra.
En cuanto a los personajes, me ha gustado más la niña, supongo que por afinidad, y creo que está mejor construido que el protagonista. En general eso no debe ser así. Podrías revisarlo para darle más cuerpo a Marcos.
En la parte técnica no he visto nada que me llamara la atención, así que muy bien.

Suerte!
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#4
Tercer relato en escena... vamos a ver que traes!


Aspectos Técnicos: no he encontrado errores graves, de hecho muy bien trabajado y entendible todo lo relatado, sin sobresaltos. Muy bien

Aspectos Estructurales: una narracion que avanza por escenas y situaciones, solidas y claras, sirven para que el argumento se entienda y se desarrolle correctamente.

Aspectos Argumentales: no recurres a ningun cuento clásico, mas bien trabajas desde una vertiente casi psicologica los temores nocturnos, planteando la situación, el conflicto y la resolución. Me ha parecido muy bien e interesante el planteo.

Personajes: coincido con Celembor en que el personaje mejor trabajado ha sido el de la niña, mientras que nuestro protagonista estaba mas desdibujado, quizás le faltaba mayor emocion, que pudiera transmitir su angustia.

Lo mejor: el trabajo de la idea general, has conseguido elaborar los temores infantiles a través d eun buen relato. Es algo factible de ser contado a los niños.
Lo que debe mejorar: tan solo trabajaría algo más de Marcos.

Requisitos del Reto: como Organizador pongo mi garrita de aprobación y validación. Muy bien.

Curiosidades:

1) como te señaló Celembor... el padre no tiene nombre. Eso me llamó también la atención. En los cuentos de hadas clásicos, los principes y princesas suelen no tener nombre, eso favorece la identificación y es el porqué de que muchos cuentos han llegado hasta nuestros dias. Me pregunoto si fue adrede o un "despiste". Como fuere, me llamo la atención.

2) Para el Reto Anual I del año que pasó, trabajé un tema y una escena parecida a la que plasma este cuento, me ha sorprendido y me ha gustado!

En conclusión: un buen relato te deseo la mejor de las suertes para el reto, ánimo!
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

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#5
Buenas!

Me ha gustado mucho el relato. Tiene la fuerza de los cuentos infantiles demostrando que con esfuerzo todo se puede lograr. Me gustó el hecho de que no se resuelva "a la primera", sino que en el primer intento fallara lo que le da una verosimilitud adecuada. Los personajes me encantaron, sobre todo la niña Lea cuyo nombre es incluso un consejo implícito para el lector.
No bastando con eso, deja una hermosa moraleja.

En fin, muy buen trabajo.

Éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
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#6
El relato stá muy bien escrito. El auto sabe darle matices a sus personajes . Me chocó lo de las verrugasv, era necesario? Le da al petsonaje un matiz que nolp favorece.
Por otro ladp, el argumentpe gusto mucho, está bien trabajado y desarrollado. Se lee muy bien, fluye sin problemas y genera interés.
Como cuwnto infantil no me convence. No se relaciona con ninguno de los clásicos, y como cuwnto original no tiene un formato de relato para niños. Es más bien cuwnto con niños y no un cuwnto infantil.
Por lo demas es muy bueno.
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#7
Buen relato de un clasico "como vencer los miedos" jeje, pero me gusto, me parece que al principio hay confusion de la platica pero fuera de eso bien, sobre todo fluido.
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#8
Gracias por vuestros comentarios. Lo cierto es que tuve que recortarle 1200 palabras y pensé que se me quedaría muy cojo, pero no, lo cierto es que se quedó comprimido pero bien.
Estoy contento con el relato. La idea hacía tiempo que rondaba por mi cabeza y lo cierto es que los retos me ayudan a sentarme y escribirla. Es un gran incentivo compartirlo con vosotros y aceptar vuestras críticas y sugerencias.

Contestaré a aquellos que han planteado alguna duda.
Lanay: no sé a qué parte de los diálogos te refieres. Igual es que como releí el relato unas diez veces para ir recortándolo me lo sé de memoria y soy incapaz de verlo.
Theraxian: jejeje, claro que fue adrede, pero me gusta jugar al despiste con mis comentarios Tongue. En cuanto al recurso empleado y que tu utilizaste, creo que coincidimos en muchas cosas tú y yo Wink
Gothic:  ¿Eran necesarias las verrugas? Sí, quería que fuese una niña que a primera vista resultara desagradable a la vista. Eso por un lado. Por otro, ¿te has preguntado cómo eran esas brujas de los cuentos repletas de verrugas cuando eran niñas? En cuanto a cuento infantil, el público al que está dirigido es entre siente y diez años, que siguen siendo niños, y que mi hija de nueve años ha comprendido bien, e incluso le ha dado miedo el monstruo de sombras.

Eso es todo. Nos leemos Big Grin
[Imagen: stormbringer4.jpg]
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#9
Buenas, Cel. Me gustó bastante tu relato.
Sobre los diálogos, pues la verdad que yo tampoco lo sé muy bien, jaja. En su momento me pareció ver cosas raras, ahora solo encuentro una, aunque no estoy segura del todo (como ya puse en el primer comentario).


Cita:—Y por favor, —añadió— intenta no llamarme, ¿vale? Necesito descansar.


¿Ahí la coma no iría después del "añadió" ?


Lo dicho, un buen relato que yo esperaba que fuera el ganador.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#10
La verdad solo vine a revivir retos antiguos

No soy lo que un padre quiere para su hijita bebé
Responder


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