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[Fantasía] Kronlla: Los Ojos de Íos, Parte 2.
#1
PARTE 2: Los Ojos de “Íos”.



















Prólogo:  Conociendo a Belmor. 















Un pergamino antiguo le fue entregado al rey, mientras se despedían Sirios y Norteños.







Ya en su habitación de la aeronave, éste se dedicó a leerla. Por la textura del papel, parecía ser un escrito casi ancestral, cuya autoría se remontaría a los primeros Hombres llegados a este mundo.















***















“Belmor fue siempre alguien extraño. Se contaba que no era por completo humano… y que su casta procedía de una antiquísima orden secreta.
 
En el tiempo antiguo, cuando apareció la tribu de los hombres, hubo un pequeño grupo que se apartó de su raza. Eran unos cien humanos distintos, dotados de un poder misterioso, impregnado en su sangre. Estos seres se sabían con un solo propósito, impregnado también en su sangre: destruir la tribu humana a la que habían pertenecido en el pasado. 
Para esto debían organizarse y seguir a su líder Harím Angeel, portador de un poder mágico garrafal. Se alejaron y vivieron dentro de sus propias leyes, espiando en todo momento a los demás humanos.
 
Hubo un tiempo en el que decidieron destruir a la humanidad. La batalla se libró en las llanuras Adroyer o “Acogida”, donde había asentado el gran campamento de los hombres.
 
Harím utilizó su magia, pero aún así fue derrotado y se vio obligado a huír. Comprendía que había desperdiciado su mejor oportunidad, aquel momento en que los hombres apenas sabían donde se encontraban. Íos no merecía tal falta de respeto. Los humanos debían desaparecer… así lo ordenaba Íos, magnánimo. Y así fueron bautizados como “Iósiros”, seguidores de Íos.
 
Los Iósiros siempre fueron una tribu poco numerosa, pues se sabían humanos o “demonios” , pero la diferencia residía en que confiaban en su propósito: la extinción de la humanidad demoníaca que había huido del mundo y que vivían fuera del régimen de Íos. Por esto sabían que la lucha por tal propósito y la fe en éste, les otorgaría la vida eterna y un viaje al mundo de Íos. Los Iósiros saben técnicas mágicas que eliminan cualquier sensación de dolor, por lo cual son feroces en batalla y anhelan morir sirviendo a su propósito”.












***



















Capitulo 7: Las naves del cielo.















Afuera de las murallas, en las orillas del abismo se encontraba el gran puerto principal de la ciudad flotante, improvisado en el último mes. Allí llegaban diferentes naves voladoras, con intrincadas velas y alerones, muchos colores, una tecnología antiquísima casi olvidada en aquellos territorios, enseñada muy recientemente por los Sirios con los acontecimientos recién sucedidos y que se extendió con rapidez en las cercanas ciudades. El amarradero se había convertido en un lugar con gran aglomeración de gente. 







Después de unos días, las personas de la ciudad habían empezado a familiarizarse con la nueva forma de funcionar de la urbe, aunque eran los Sirios quien ejercían el gobierno. La gran cantidad de energía mágica que habían estado recordando y aprendiendo después de todo lo descubierto, había impresionado a la población, por lo cual reemplazar la pasada autoridad había resultado sencillo. En especial gracias a los venerables Sirios, su tecnología y enseñanza, ya que habían permanecido tanto tiempo sobreviviendo en los cuarteles interiores y profundos laberintos de la gigantesca plataforma flotante y entendían el funcionamiento de todas las ciudades.







Rondaba en la mente del joven sirio, esa vieja rencilla entre Hombres y Iósiros. La casta de los Hombres, en cualquier perspectiva, había quedado en desventaja social y política con todo este movimiento de contraofensiva que llevaron los Sirios en sus principales ciudades. Muchos Norteños decidieron volver a la seguridad de la tierra siguiendo al rey y a los nobles. Pero después de todo lo que les informaron los Sirios acerca del plan de antaño que los Iósiros urdían para no dejar a nadie con vida, y agregando que esa casta antiquísima se estaba entrometiendo sigilosamente en la corte noble de sus ciudades; los Norteños decidieron en gran parte aliarse a los Sirios, al ver su tecnología y poder que existía en la mayoría de los territorios que les pertenecían desde el pasado, y que, en definitiva, debían a toda costa, hacer retroceder a los fanáticos hechiceros de Belmor.







Fue curioso descubrir que entre los Servidores de Íos, se hallaron también humanos adoctrinados con sus causas y que estaban dispuestos a servirlas, aunque eran los menos, provocaron descontento entre la población, a quienes se los vio arrojar piedras y objetos a los encarcelados cuando pasearon por las calles hacia el puerto para ser desterrados del continente.







Finalmente entre los venerables Skynails y el rey de los norteños con su corte, se decidió una cooperación mutua para enfrentar a los Iósiros.







Allí se encontraba el joven Sirio con su vestimenta encapuchada y un gran bolso esperando en el amarradero. Sería el único Skynails en una comitiva militar de Norteños. Tenían órdenes de explorar un sector en donde se decía que sucedían mágicos sucesos y que la gente de las pequeñas aldeas aledañas denunciaba desapariciones y malas energías… todo parecía indicar que se encontraban cerca de un aglomerado de los Servidores de Íos.







-¡Soltad los amarres y alzad las velas! –gritó el capitán de la nave. Y dejó lo demás al maestre de los motores que con gran pericia los activaba con la reciente magia que había aprendido con todo lo sucedido en las ciudades flotantes.







Y así, empezando una segunda aventura desde los cielos ancestrales, se arrimó en la orilla de la cubierta a observar el impresionante paisaje: las montañas nevadas a lo lejos y extensos bosques y ríos, mientras lentamente, entre los movimientos de los alerones, hélices y velas, se alejaban de la imponente ciudad.







De pronto, alcanzó a divagar por su mente aquella mujer, se preguntaba qué sería de ella después de todo esto. Cuando recibió una palmadita en la espalda. Se volvió y vio un soldado Norteño armado hasta los dientes. Se quitó el yelmo y descubrió el armonioso rostro de la mujer que rondaba en su mente en las últimas semanas. Ella, sonriente, dijo:







—Veo que has elegido la comitiva correcta. Es la misión más arriesgada que encomendó el rey —dio un suspiro y agregó—, Ven, reúnete con nosotros que tenemos un humilde festín de juegos de dados en los cuartos —y sin más se alejó caminando.





































Capítulo 8: Los Sirvientes.



[b] 
 

[/b]Koldar estaba entrando a las tinieblas, durmiéndose entre las lejanas montañas y las estrellas comenzaban a aparecer.



El grupo de exploración volvía después de días. Eran los jinetes más expertos y rápidos de la cuadrilla.  



El cabecilla del grupo, se acercó al capitán del campamento, quien había salido de su tienda a recibirlos.  



—Milord, Hemos encontrado el asentamiento de Iósiros.  



El capitán, sorprendido, dio órdenes para que descansaran.



Mañana sería el día.  





***





Arribaron, después de pocos días, a unos territorios verdes y campestres cercanos a un pequeño pueblo. El viaje aéreo había sido esclarecedor para toda la comitiva. El conocimiento sobre el enemigo en las discusiones estratégicas, se vio ampliamente fortalecido por los detalles y aspectos que el joven Sirio y la mujer compartieron debido a sus vivencias en los últimos acontecimientos entre Hombres y Sirios, las ciudades flotantes y la intriga encubierta de los Iósiros. Muchos sólo habían tomado a esos fanáticos hechiceros como una olvidada leyenda, pero pronto resultaba fácil creer en la poderosa magia de aquellos seres en estos días.  



Aún así, algunos de los integrantes del viaje aún veían con recelo al sirio y a los de su estirpe. El joven tuvo que comportarse con suma cautela durante el traslado por los cielos en el navío. Había recibido más de algún empujón gratuito o comentarios exagerados por parte de los más conservadores, aunque los ánimos parecieron relajarse al ir descubriendo el misterioso halo de poder que rodeaba al joven, y de la real amenaza que representaban los Iósiros  



La misión de la avanzada era averiguar qué estaba pasando en los alrededores de el antiguo pueblo agreste. Se había reportado desaparecimiento de personas en las cercanías y ciertas energías fuera de lo común entre los lugareños, en fin, asunto de brujos.  



El capitán había ordenado doblar las guardias para aquella noche. Los exploradores habían vuelto algo paranoicos de la expedición, al tener rondando en sus mentes las historias que escucharon de la mujer. 







***





Adentrados en la espesura del bosque, poco después del alba, uno de los exploradores guías se detuvo apeándose y se dirigió en voz baja al capitán para susurrarle que desmontaran.  



Los otros treinta hicieron lo mismo. Armados con ballestas debido a los consejos discutidos en la estrategia, tomaron lo necesario de sus caballos y emprendieron lentamente el rumbo entre la vegetación y los árboles.  

Pronto subieron una leve loma. Se asentaron con sumo cuidado en la cima con vista a un linde más adelante.  



Allí estaba. Una gran puerta cerrada, con misteriosos glifos y relieves… escrituras antiguas. Adornada solo por dos fogatas mágicamente encendidas en la entrada, que parecían tener incienso.  No habían guardias en la puerta a la caverna.  



El capitán, decidido lanzó una orden.  







***  





—Es indudable. Éstos no son Íosiros, son solo mortales aprendíces —dijo el sirio.  



Aprisionados estaban los seguidores de Íos. El combate inicial había dejado varios heridos en el bando de los Sirvientes (como los llamó la mujer). La caverna resultó ser una enorme torre subterránea en espiral con varias compuertas y pasadizos, plagados de libros y objetos mágicos que indicaban rituales desconocidos.  



Cuando se adentraron al último salón, la vanguardia compuesta por el sirio y unos cuantos ballesteros, salió elevada por los aires, golpeados por un fuerte ataque mágico. Allí se encerró el líder, en conjunto con sus más fieles y fanáticos vasallos.  



Luego que el capitán gritó que se rindieran, pensando en ingresar a la estancia y tomarlos prisioneros para conseguir información, se escuchó un gran estruendo que causaba grietas en las paredes. Parecía provenir desde lo alto de la estructura mezclada con la magia de todo aquel monte.  ¿Habían escapado?  



Entraron de inmediato, descubriendo la estancia vacía. En la pared se observaba una escalerilla que iba rodeando los muros del lugar en forma de espiral. La mujer, enfurecida, se abalanzó subiendo los peldaños, seguida por algunos soldados. Sólo encontraron en la oscuridad del techo empedrado una gran puerta trampa imposible de abrir.



En el centro de la habitación se encontraba una inmensa mesa con el mapa del continente e intrincadas líneas y papiros. Lo más impresionante era el colosal candelabro que iluminaba la mesa y la estancia: una enorme esfera de oro con extrañas formas mecánicas. En una curvatura se distinguía un misterioso glifo con forma de ojo.  

El capitán lanzó una maldición, sintiéndose observado por un extraño poder.



—¡No! —gritó el sirio, recién entrando al salón, herido.  



La esfera dorada, entonces giró como un enorme ojo, dejando al glifo apuntando ahora al joven sirio. Alarmados y sorprendidos, varios hombres dispararon sus saetas, chocando con el metal. El observado sólo atinó, aterrorizado, a cerrar los ojos y cubrirse. Luego de un instante donde pareció estudiarlo todo, el glifo en forma de ojo fue cerrándose en forma de espiral.





***  





Estaban en un promontorio, al aire libre, en la cima del monte y de la torre. La trampilla en el piso estaba destruida y de ésta aun emanaba humo. Descubrieron que el lugar era un improvisado amarradero oculto para la superficie, más abajo, en el espeso bosque.  



—Allá van —dijo la joven, mirando el cielo. 













[b][b]Capítulo 9: La Torre Oscura de los Sirvientes.
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Habían pasado algunos días de exploración e investigación a la denominada Torre Oscura de los Sirvientes, y mucho se había descubierto.



En primera instancia descubrieron a unos infiltrados en el pueblo cercano. Dos nombres estaban escritos en un misterioso papiro hallado en un cofre cerca de las dependencias del último piso. De inmediato, el capitán ordenó el arresto de ambos Sirvientes incógnitos escondidos entre el pueblo. Resultaron ser los contactos que tenía el líder y sus vasallos Íosiros; que trabajaban, entre otras cosas, para capturar hombres y hacerlos desaparecer, encerrándolos en las mazmorras de la extraña caverna. Desgraciadamente, los cinco desaparecidos fueron hallados muertos en las celdas de la Torre Oscura, y a pesar de estudiar gran cantidad de libros y escritos del lugar, no encontraron una explicación específica. Lo que se dedujo al final era que todo se reducía a un poderoso ritual mágico.



Parecía que sólo habían descubierto la parte más débil de los Íosiros, o también, a un descuidado y cobarde líder, aunque todo indicaba que la huida por parte del cabecilla debía tener alguna explicación aún imposible de adivinar. En parte se comprendía que la admisión de “mortales” entre sus filas era reciente, más que suficiente razón para entender la fácil victoria de la comitiva. En efecto, la contraofensiva rápida que habían propuesto los Sirios al rey sobre enviar fuerzas marciales a los focos en donde se presentaban desapariciones, eventos mágicos o energías misteriosas, resultó en gran parte acertado. Y es que luego de algunos días llegaron mensajeros informando sobre la suerte de la decena de comitivas exploradoras de avanzada.



Los que se enfrentaron a los Sirvientes, encontraron una extraña alusión a unas raras construcciones llamadas “Los Ojos de Íos”. Fue entonces cuando empezaron a creer que los Sirios tenían razón acerca de su conocimiento respecto a los Íosiros. Después de todo, se había extendido el rumor entre los soldados Norteños que los Sirios habían resguardado la seguridad de los Hombres durante el siglo del Asentamiento. Se podía decir que en verdad los Íosiros deseaban la destrucción de la casta de los Hombres. Más ahora que estaban definiendo su fanático proyecto con esas intrincadas planificaciones.



El artefacto esférico que relucía en el centro de los aposentos del líder, resultó ser todo un enigma que los llevó a imaginar las gigantescas construcciones descritas. Luego de haberse cerrado su magia y de desaparecer el brillante glifo con forma de iris, solo quedó una esfera de oro con complicados mecanismos móviles. La magia que se había presenciado en el objeto superaba la conocida por los hombres, y podría asemejarse a la utilizada por los elfos. De hecho, al recopilar lo leído en la extraña residencia, descubrieron que algunas reseñas relataban una complicada alianza con los antiguos elfos en la guerra de hace décadas que tuvieron éstos con los humanos. Era incuestionable que los Íosiros habían absorbido parte del conocimiento mágico de los elfos en esos tiempos, en una movida audaz de éstos para mantener a raya a los hombres después de terminada la guerra.





***





—Cuanto fanatismo —habló el sirio, ya en el campamento en las colinas verdes y campestres, con un libro en las manos —aquí se dice que ustedes llegaron a nuestro mundo hace siglos junto con los Íosiros. Eran un solo pueblo, pero por una extraña razón o creencia éstos decidieron apartarse y destruirlos, considerándose diferentes.



—El alto mando nos entregó una copia de un antiguo escrito muy estudiado por los eruditos e historiadores —respondió el capitán—. No es mucho lo que hemos entendido desde entonces —se apartó buscando algo entre sus pertenencias, hasta que volvió con una hoja escrita—. Lee y me dices si entiendes algo más que nosotros.



















Capitulo 10: La Primera Hoja del Otoño.







Han pasado muchas cosas desde la última vez que escribí.



He tomado conciencia de la situación, y creo que estoy viviendo en la época más mísera de la humanidad. Nuestra esperanza de vida como cultura y como civilización ha bajado tanto, que estamos al borde de la extinción. Hemos retrocedido hasta el punto de ser algo más de cien mil humanos vivos… de haber perdido nuestra Tierra… de haber perdido siglos de historia, de información, de vidas… todo.



Hace tres días, 154.665 personas estábamos en el espacio, en la órbita del planeta que habíamos estado buscando durante años. Sucedió de improviso: extremistas abordo intentaron destruir la Nave de Salvamento, nave que lleva en su interior a la humanidad restante, junto con toda la información tecnológica, cultural e histórica. Gracias a nuestro Señor Todopoderoso y al actuar de las autoridades pudimos escapar a tiempo de la nave insignia… pero algunos no lo lograron… murieron cerca de quince mil personas.



Como el escape fue crítico, en este momento no poseemos todos los elementos necesarios para establecernos como civilización de forma segura. Hemos perdido épocas de información de todo tipo… Al fin y al cabo, la Nave de Salvamento está destruida. Ahora nos encontramos en un campamento ubicado en una extensa llanura, en el famoso planeta 309-D. El clima se estima como templado cálido, y por lo visto estamos en primavera. Un amigo teoriza que se eligió este hemisferio a propósito, ya que estando en esta estación se tiene más tiempo de preparación para enfrentar el invierno. 



Cuando nos dejaron en tierra, se cubrió un inmenso espacio debido a la cantidad de naves que nos evacuaron de la órbita. Eran quinientas. En consecuencia decidieron formar en la amplia planicie un gigantesco círculo constituido por las naves de transporte alineadas. El círculo tiene cerca de 15km de diámetro y cubre un río, un lago, pequeños bosques y algunas colinas, y al centro de todo se situó el asentamiento de gente. Aun así, la multitud está asustada: la acción de escape fue demasiado precipitada y todo lo sucedido desde aquel lapso se ha improvisado.



Hay muchos rumores. En la nave de salvamento, antes de las bombas, se hizo pública una supuesta información secreta. Todos decían que se había encontrado vida inteligente avanzada en 309-D. Esto provocó el pánico de mucha gente, quienes luego de una década de navegación escapando de la Tierra, esperaban la paz en el aparente “paraíso” o planeta encontrado. Sin embrago, las Fuerzas de la Unidad como institución, junto con el Presidente de Las Naciones como ejecutivo, desmintieron el rumor pronto, atribuyendo la mentira a fanáticos religiosos que deseaban desprestigiar a todo mundo que no fuera la Tierra. Se explicó que el grupo profesaba que como ésta había sido destruida, la humanidad debía correr la misma suerte. Pero bueno, hasta ahora el rumor de las existencias inteligentes va perdiendo fuerzas; con el atentado y las bombas, los fanáticos perdieron credibilidad. Además, en estos tres días no hemos visto nada más inteligente que unos animales parecidos a los bisontes, que pastan en donde las lomas son verdes.



Los soldados de las Fuerzas de la Unidad están distribuidos en la, popularmente llamada, “muralla”. Hacen guardia desde dentro de las naves de transporte asentadas en forma circular. Ayer hicieron limpieza de los engranajes y desplegaron los paneles de energía solar para mantener en forma el único método de transporte que poseemos. Mientras caminaba por las afueras del campamento, me impresionó el paisaje que pintaban las lejanas maquinas, cubriendo y protegiendo, a kilómetros, todo el horizonte.



De autoridades, el Presidente de Las Naciones y el teniente coronel elegido como institución  rigen la humanidad. El almirante falleció en su nave y será recordado en nuestra historia por sus heroicas acciones. Luego de las detonaciones, dio curso a varias maniobras: eligió improvisadamente el lugar de aterrizaje para las naves de transporte; logró formar un grupo cuya misión fuera reunir a los sobrevivientes dispersados por la nave. El grupo salvó a todos (exceptuando al un valeroso suboficial, que se sacrificó junto a un gran pelotón, evitando que los fanáticos llegaran al control de las tres mil Warflight o “cazas de combate”); dirigió la táctica que cedió tiempo a la población para escapar de las explosiones. Y por último… algo que pocos hubieran alcanzado a prever… ingresó con la garrafal nave, mientras se destruía, a la atmósfera y la hizo estrellarse a unos doscientos kilómetros de nuestro punto. Mi amigo asegura que nos legó una gran mina de metal, entre otras cosas. Yo… no sé que pensar. 



Ahora apagaré la luz de mi carpa, y me preparare para dormir una vez más en este mundo. Aun guardo esperanza… no creo en nuestra triste extinción. Después de todo no hemos llegado tan lejos para nada.

















Capitulo 11: Esperanza y Pasión.







“Por eso les digo, mortales Sirvientes, no deben apartarse del manto de Íos, magnánimo, o dejarán de sentir la Esperanza por volver al Mundo Verdadero y dejarán de sentir la poderosa Pasión de destruir a los moradores de Kronlla. Como mortales Sirvientes, se les ha dado la oportunidad de sentir el verdadero Íos y ser perdonados por haber nacido en este impío mundo y haberlo amado. Pocos serán los escogidos entre ustedes para alcanzar la unión con Íos y compartir nuestra vida eterna. Por eso, esforzaros para no apartarse de la totipotencial energía de Íos quien mantendrá viva vuestra Esperanza y Pasión”.





Habían sido días de mucho estudio y lectura. Estaban todos los grupos de avanzada en la fortaleza principal en una gran ciudad terrestre más al norte, en donde el rey y su corte habían decidido asentarse. Las otras comitivas, habían traído consigo, victoriosas, muchos cofres y bolsos con libros y papiros que pertenecían a esos antiguos hechiceros. El último pergamino leído por el sirio, encontrado en unas mazmorras,  lo había desconcertado… esa diferente forma de ver el cosmos que tenían los Iósiros, y el apabullante fanatismo, ahora era bien reconocido tanto por Hombres como Sirios.



Se hablaba entre los estrategas, de un castillo – templo escondido entre bosques y montañas, que actuaba como un portal al pueblo de los Íosiros. Era poco lo que se decía, pero ya estaban decididos a enfrentarlos. Había ganado confianza y moral con el reciente triunfo, se debía aprovechar el momento.





***





Unas cuantas nubes flotaban algo más abajo de la imponente ciudad. La brisa de la mañana acariciaba los muros del abismo, mientras se escuchaba en el puerto los gritos de los marineros y navegantes en sus asuntos entre las aeronaves encalladas y otras recién embarcadas hacia el horizonte.



Pasaban días tranquilos en aquel lugar, una de las ciudades elevada en los colindantes territorios sirios. La conquista pacífica los enorgullecía, aunque el clamor inicial estaba dando paso al estudio de la población de su propio pasado. Magia de la ancestral Kronlla, mecanismos y tecnología antiquísima, enseñada por los eruditos mucho tiempo enclaustrados, que ahora en comunidad disfrutaban del tiempo libre.



Nadie imaginaba siquiera qué significarían esos tres gigantescos satélites esféricos, grises en el horizonte, surcando los cielos y las nubes.

















Capítulo 12: La Sonrisa de Belmor.







El magnánimo templo subterráneo del galante castillo estaba por fin ante sus ojos, después de siglos.



Belmor caminaba sobre los azulejos en el imponente salón, mientras el eco de sus pasos encendía una a una la brillante luz de las antorchas unidas a los gigantescos pilares y mostrando poco a poco la inmensidad del lugar. Troncos inmensos de árboles ordenados en innumerables filas. No se alcanzaba a ver dónde terminaba la estancia, lo que le daba un aspecto abrumador. Arriba, en la oscuridad, se podían vislumbrar miles de ramas y hojas.



“Recuerdo cuando planté estos árboles, hace cientos de años. Y puse sus semillas mágicas en estos suelos. La Magia les permitió crecer sin agua ni sol. Amo la frescura que dan los árboles al lugar donde  se encuentran. Paulatinamente, me di cuenta que criaturas del bosque hicieron su hogar aquí”.



Luego de la larga caminata, llego al otro extremo del salón. En la pared, un portal en forma de arco daba paso a un pasillo enorme. Ambos muros del pasillo tenían grabados pinturas en relieve que contaban historias antiguas, decoradas por jeroglíficos que parecían emanar una leve luz azulada.



Después de un tramo caminado, encontró la primera puerta un costado junto a los relieves que lo hizo sonreír.



“Se acercaron a nosotros buscando respuestas”.



Se detuvo frente a la gran puerta en la pared y después de un instante, elevando su misterioso báculo, se abrió lentamente con un estruendoso chirrido.



Y ahí, en la profundidad, el primer rey de los Hombres despertó de un largo sueño.





***





Los recuerdos aparecieron de inmediato...



—¡Harím! ¡Harím! —gritaba Miguel enfurecido, con su espada en las manos.



En el suelo habían varios cadáveres tanto del bando de los hombres como el de los hechiceros, mientras más atrás, cerca de las colinas de la llanura, la numerosa tribu nómada se replegaba a algún lugar seguro.



La emboscada en la entrada del valle había sucedido de imprevisto, en la vanguardia, donde se encontraba gran parte de la milicia junto al rey. Aún estaban desconcertados por el ataque frontal.



Ese era el segundo enfrentamiento que acontecía. La primera batalla contra esos seres la habían ganado por poco, hace algunos años. Pero ahora era diferente. No querían masacrarlos a todos. Querían capturar a Miguel, bajo las órdenes de Belmor y su caudillo principal.



El rey enfocó la mirada en lo que sucedía adelante. Varios jinetes y sus caballos salían expulsados por los aires frente al poderoso líder Harím. Un grupo diferente, arrojaba sus lanzas a medida que cabalgaban a toda velocidad... unos cuantos magos cayeron ensartados al suelo, mientras Harím volvía su poder en un contra ataque, lleno de ira.



Los enemigos eran pocos, pero sabían utilizar una magia oscura. Pronto, la caballería se vio derrotada y los apartados arqueros improvisados, fueron cayendo y huyendo, mientras que los hombres armados casi nada podían hacer, más que esperar rodeando y protegiendo a su rey.



Unos cuantos de los brujos encapuchados hicieron raros movimientos con sus brazos y manos para esfumarse en una niebla, apareciendo, de pronto, entre los soldados.



—Realmente me sorprendes —susurró alguien, mientras entre gritos y choques de espadas y magia, iba el rey sumiéndose en un perturbador sueño”.















Capítulo 13: Fanatismo en Batalla.






Por órdenes del comandante de la ciudad, se improvisaron unos pocos navíos para una inminente batalla, mientras todas las demás naves no aptas para el combate, albergaban a la población para alejarse de la urbe. Los tres colosales Ojos de Íos dominaban el horizonte acompañados de varias embarcaciones fuertemente armadas.

La estrategia del comandante sería esperarlos a una prudente distancia de la ciudad. No se sabía que clase de poder contenían esas gigantes esferas, pero se esperaba lo peor.

Estando a pocas millas de los Iósiros, el comandante sirio, a bordo de uno de los navíos, ordenó que se detuvieran. Ubicó a todas las naves de costado, con los capitanes alentando a los inexpertos tripulantes quienes preparaban los cañones que antes fueron casi de adorno.

Las embarcaciones enemigas se detuvieron fuera del alcance de los sirios. Esperaban a los Ojos de Íos en la vanguardia.

—¡Maldición! —exclamó el comandante. Tomo la pistola de bengalas y mandó la señal.

Las naves comenzaron a elevarse por sobre el nivel de la ciudad y la flota enemiga.



***


Los antiguos sirios, desde los laberintos de los salones subterráneos de la ciudad, escribieron en trance en las murallas sagradas los glifos de poder. Unas luces azules inundaron la estancia.

Unas líneas azuladas se fueron formando en la cima de cada una de las torres de los muros de la ciudad. Eran glifos magníficos de gran poder. Pronto, la principal torre, cerca del puerto, que tenía en frente el combate, reunió el poder mágico e hizo aparecer un haz de luz que cruzó en un instante las millas para impactar de lleno en uno de los Ojos de Íos.

Los vítores de los tripulantes sirios se escucharon por toda la ciudad. En llamas y en explosiones caía el satélite gigantesco.

Pero pronto, la flota siria quedó en silencio, mientras se encendían ambos Ojos de Íos desde su centro, en un rojo espeluznante, las embarcaciones de los Iósiros avanzaban hacia la ciudad, enfurecidos, ignorando a los navíos defensores ubicados unas millas más arriba.

Dos rayos de luz impactaron la ciudad en dos estallidos abrumadores. La torre principal del embarcadero quedó destruida en unos segundos, haciendo pedazos el muelle. Y el centro subterráneo, sobre el que se suspendía todo el pueblo, explotó en pedazos.

—¡Al abordaje! —gritó el valeroso comandante. Todos comprendían que la contienda sería muy desigual.








(Continuará:  KRONLLA - Infierno, MUndo y Cielo).
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