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Reto Ver20: La última frontera
#1
—Estamos cerca —susurró el capitán Nicholas—, lo presiento. La Última Frontera está a nuestro alcance.
El mascarón de proa lo observó fijamente. Los ojos del humano brillaban, mientras su lengua probaba la sal de sus labios por enésima vez.
—Hay que tener cuidado, Nicholas —le advirtió—, muchos navíos lo han intentado... y han pagado por ello.
Nicholas dejó de observar el lejano horizonte, en donde los bloques de hielo comenzaban a hacerse visible cada vez más, para posar su mirada en el mascarón. Consideraba  a  Reviz una persona, por más que estuviera hecha de madera y su cuerpo, sujeto a la proa del Neutrón, la hiciese parte de aquella embarcación para siempre.
Muchas veces fantaseó con una Reviz de cuerpo entero, sin ese perturbador color negro que cubría cada centímetro de su piel. Una Reviz libre del navío para siempre.
Sumido en estos pensamientos, Nicholas miró de reojo a su segundo de a bordo.
—Ese Hamilton otra vez por aquí. —Maldijo entre dientes al ver su mirada llena de odio posada en Reviz.
El mascarón, sin embargo, había decidido cerrar sus ojos y dejar que el viento la guiara hacia la Última Frontera. Por un instante quedó embelesado por el movimiento de sus cabellos. Luego posó su mirada en Hamilton, y por fin decidió enfrentarlo.
—Señor Hamilton.
El segundo de a bordo pretendió no escucharlo, continuando con una inspección innecesaria del castillo de proa.
—¡Segundo! —rugió el capitán.
Los hombres que se hallaban cerca levantaron la cabeza ante su grito.
Entonces Hamilton alzó la vista y se acercó con desgana, insolente y altanero se plantó frente a su capitán. Sin embargo su mirada se posó otra vez en Reviz, y sus ojos destilaron un odio tan profundo que Nicholas temió por la seguridad del mascarón.
Maldito brujo.
—Deje de cazcalear cerca de Reviz, segundo —le advirtió—. Sé lo que intenta hacer, y no funcionará.
—Perdone capitán, no sé de qué habla. —Pero cuando Nicholas frunció el ceño, espetó—: Es un demonio, señor; mírela bien.
—Es un mascarón de proa, como tantos otros, segundo.
—No como los otros, capitán —replicó—. Ninguno de ellos está pintado de negro; eso trae mala suerte.
—Supersticiones —aseguró Nicholas.
En ese momento el grito del vigía los interrumpió:
—¡Niebla!
En solo unos minutos una bruma espesa invadió la cubierta; apenas podían verse el uno al otro.
—¿Capitán?
—Arríen las velas, segundo —ordenó con voz firme—. Esperaremos hasta que todo esté despejado para continuar.
Pero aquella niebla no parecía querer abandonarlos. Preocupado, Nicholas volvió al lado de Reviz. Apenas podía divisar su rostro en medio de la espesura blanca. Se sorprendió al ver la mirada que el mascarón de proa le devolvió; ella sentía miedo.
—¿Qué pasa, Reviz? —susurró.
—¿Por qué hablas conmigo así? —Le preguntó el mascarón—. ¿Acaso te avergüenzas de mí?
Sin poder evitarlo, Nicholas bajó la mirada.
—Los humanos son seres peculiares —aseguró Reviz—. Se jactan de ser los dueños del mundo entero, pero no sienten la menor empatía por quienes son diferentes; incluso desprecian a aquellos de los suyos que poseen dones especiales.
Nicholas no tuvo dudas que estaba hablando de Hamilton, y calló, de pronto celoso de su segundo de a bordo.

La quietud se hizo ominosa, y aunque izaran las velas ya no había ni un solo soplo de viento que pudieran utilizar para partir.
Ya en su camarote, Hamilton desenvolvió la espada de su padre; jamás la había usado, ni siquiera empuñado. Era ese color antinatural que le repelía en lo más profundo de su corazón. Pero ya no se atrevía a ignorar las señales. Si nadie hacía nada ese mascarón los mataría a todos.
Subió a la cubierta. La niebla continuaba impidiendo ver más allá de unos pocos pasos. Con cuidado llegó al castillo de proa y subió los escalones en silencio. Allí estaba el mascarón, con sus cabellos ondeando, como si un viento inexistente jugara con ellos.
—Hechicero —dijo Reviz sin voltearse—, acércate.
Hamiltons caminó hacia ella, procurando ocultar la mortífera espada que llevaba a sus espaldas.
—¿Qué quieres... demonio?
Ella río por lo bajo, luego volteó, y sus ojos, completamente negros, se posaron en el humano.
—En eso tienes razón —admitió—. Soy lo que ustedes llamarían un demonio.
El marinero se tensó, asiendo con firmeza la espada, intentando reprimir el temblor de sus manos.
De pronto sintió unos pasos muy cerca, y vio a su capitán emerger de la niebla como un fantasma. En su mano llevaba un sable de hoja curva.
—Te dije que te alejaras de ella.
Como si aquellas palabras tuvieran un poder especial, un sonido aterrador invadió el lugar; una vibración que ganaba en intensidad a cada segundo.
—¡Marea negra! —gritó alguien.
—Marea negra —confirmó otra voz también oculta en la niebla.
El terror en aquellas voces contagió a toda la tripulación. Los hombres comenzaron a desesperar, sin saber qué hacer ante un enemigo que no podían ver y al cual no podían derrotar.
—Icen las velas —ordenó Nicholas, sin quitar los ojos de Hamilton, quien  ahora sujetaba su espada negra frente a él.
Supuso que su tripulación había acatado la orden, pues logró escuchar cómo las velas eran desplegadas con celeridad. A pesar que de poco serviría sin un viento que las empujara.
—Capitán, aléjese de ese engendro —suplicó el marinero.
Por toda respuesta Nicholas embistió a su segundo con una furia sorpresiva. Sin embargo Hamilton logró detener el impetuoso ataque, contraatacando a su vez. Se observaron por un segundo y luego entrechocaron sus aceros una y otra vez.
Reviz, ajena al drama de los humanos, percibió cómo la marea negra comenzaba a invadir al Neutrón, ascendiendo lenta e inexorablemente.  Una sonrisa se dibujó en su rostro, pero al mirar cómo la hoja negra del hechicero penetraba en su querido Nicholas, gritó de dolor.
El último vestigio que la unía a los humanos había desaparecido, mientras la marea negra subía por la quilla, reptando por el tajamar como un hábil predador.
Una fetidez nauseabunda invadió la cubierta del Neutrón, y las toses y arcadas de los marineros no tardaron en unirse a los gemidos de agonía de Nicholas, quien yacía en el castillo de proa, viendo impotente cómo su segundo se acercaba a su amada Reviz.
De pronto el mascarón lo miró fijamente, y una sonrisa torcida y despiadada le quitó el poco aliento que poseía.
El capitán del Neutrón escuchó fue una macabra voz en su interior:
«Bienvenido a la Última Frontera, Nicholas» 
Hamilton avanzó paso a paso. El vómito que salió de su boca iba acompañado de sangre, sin embargo logró acercarse al demonio negro, quien ahora lo miraba con el temor reflejado en su rostro. Por fin había advertido que aquella espada no era como las demás, ya que distaba mucho de ser un artefacto creado por los hombres.
—Espera, hechicero...
Pero Hamilton hundió el acero negro en su vientre. Reviz sintió como si un fuego abrazara todo su ser, lacerando su cuerpo hasta llegar a sus ojos. Un instante después estos explotaron y el mascarón del Neutrón dejó de existir para siempre.
Azabache, la entidad del mar a quien los hombres llamaban marea negra, se replegó otra vez hacia el vasto océano, contrariado por el destino de una de sus hijas perdidas. Había muerto segundos antes de que pudiera liberarla, y aquello lo enfurecía. Sin embargo, dejó vivir al hechicero que aún se hallaba a bordo del navío, ya que no era del todo humano, y eso contaba para algo.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Esos finales que no son un verdadero fin.

Y esto: "El capitán del Neutrón escuchó fue una macabra voz en su interior"

Por lo demás un relato muy ameno
El dinero no da la felicidad pero la pobreza tampoco
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#3
El comienzo es raro, porque un mascarón de proa, como su nombre indica, está en la proa, si además es de madera, se entiende que aunque sea algo vivo, no parece que pueda moverse, luego vemos que sí puede girarse, pero en la escena inicial no y queda muy raro.

Sobre la historia es interesante y aunque se cierra bien da pie a más historias sobre Hamilton y sobre ese mundo, añadiendo conceptos tan interesantes como esa marea negra. Aunque Reviz me parece un poco cliché con eso de parecer buena pero luego no serlo (por eso de sonreír despiadadamente al capitán, aunque extrañamente poco antes se nos ha nombrado como su querido Nicholas); hubiera funcionado mejor como una simple víctima de las circunstancias que no quiere ser lo que es pero le ha tocado por nacimiento, que la marea negra quisiera recuperarla, pero ella quisiera quedarse con Nicholas y, sobre todo, que cuando este muere sienta pena de verdad y no que le sonría macabramente disfrutando del fallecimiento.

Del uso de las palabras, están un pelín metidas con calzador, aunque hacen su papel. En concreto: cazcalear, no parece que esté bien usada del todo aquí; Neutrón, es un nombre sin más (y entiendo que ha sido difícil buscarle lugar); Azabache, aunque queda muy bien como nombre para esta marea negra, tengo la impresión que está encajada a la fuerza, como si esta entidad fuera a tener otro nombre pero hayas querido que sea este para usar esa palabra; niebla es la que mejor funciona porque una vez aparece, siempre está ahí aunque no se nos nombre (aunque se nos nombra bastante en realidad); espada me deja sentimientos encontrados, porque si bien es una pieza clave, dicha espada uno esperaría que tuviera un nombre por ser tan especial y parece no tenerlo solo para cumplir el cupo de palabras (otra vez, como en Azabache, es mi impresión); proa sería la mejor usada si no se repitiera tanto (aunque mascarón por si solo representa las figuras agregadas en obras arquitectónicas, creo que por el contexto podrías usar eso en lugar de mascarón de proa una y otra vez).
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#4
Coincido con Duncan en que el final no es un final. No me gustó, me parece que deberías haber cerrado la historia de manera más contundente.
También veo varias repeticiones y una falla de edición.
Está claro que la palabra más floja es Neutrón, ya que el autor optó por lo fácil y le puso ese nombre al barco.
En cuanto al mascarón de proa, me hizo acordar a las naves de la magia, de Robin Hobb.
También coincido con JP que la niebla siempre estuvo ahí, como parte de la trama.
Un relato que me entretuvo.
Jamás dejes de crear, es muy aburrido.
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#5
La historia y la prosa no estuvieron para nada mal. Pero mi problema radica en que hubo demasiados diálogos seguidos que se sienten medio apretaditos. Hacen que el texto se sienta medio claustrofóbico.
Fuera de eso, no hay mucho que comentar. El final si me pareció algo abrupto, pero nada que dañe la integridad de la historia.
«No hay nada que ganar, cuando no hay nada que perder» https://discord.gg/4r9TF
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#6
Yo creo que este relato con unos 1.000 palabras màs hubiese quedado estupendo. Lo veo muy precipitado a la par que interesante.
Buena prosa y original, pero parte en quinta y no se para, dejando demasiado a la imaginaciòn del lector.
De todos modos a mì los relatos tan originales suelen encantarme y este no va a ser una excepciòn.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#7
Enhorabuena, ganador.

Tienes mucha imaginación, y ese tipo de historia de marineros y mitos es digna de la próxima película de Piratas del Caribe (también me recuerda la canción “Naturaleza muerta” de Mecano), pero mira esto:

—Los humanos son seres peculiares —aseguró Reviz—. Se jactan de ser los dueños del mundo entero, pero no sienten la menor empatía por quienes son diferentes; incluso desprecian a aquellos de los suyos que poseen dones especiales.

Nicholas no tuvo dudas que estaba hablando de Hamilton, y calló, de pronto celoso de su segundo de a bordo.


¿Por qué está celoso? No le veo sentido, ya que cree que Reviz está diciendo que Hamilton es despreciativo y le falta empatía. No veo sentido pues a esos celos.

Creo que el final, dando a entender que Hamilton ha sido perdonado por Azabache por no ser humano 100%, sobra. Es un final abierto que no aporta nada. Los finales abiertos, en mi opinión aportan cuando dan a entender, de modo total o parcial, un evento concreto. Así hacen conocer algo al lector, sin expresarlo de modo explícito.

Sin embargo, aquí no ocurre eso. Solo nos indica que ha sobrevivido, y que sus aventuras continúan... todo muy vago. Claro que por otra parte, puedes aprovecharlo para continuar la historia. Respecto al formato, sin justificar, y todo muy apelmazado, creo que queda peor. También expresas en más de un párrafo lo que se puede unir en uno. Yo lo hubiera puesto de este modo:

Cita:
—Estamos cerca —susurró el capitán Nicholas—, lo presiento. La Última Frontera está a nuestro alcance.
El mascarón de proa lo observó fijamente. Los ojos del humano brillaban, mientras su lengua probaba la sal de sus labios por enésima vez.
—Hay que tener cuidado, Nicholas —le advirtió—, muchos navíos lo han intentado... y han pagado por ello.

Nicholas dejó de observar el lejano horizonte, en donde los bloques de hielo comenzaban a hacerse visible cada vez más, para posar su mirada en el mascarón. Consideraba  a  Reviz una persona, por más que estuviera hecha de madera y su cuerpo, sujeto a la proa del Neutrón, la hiciese parte de aquella embarcación para siempre. Muchas veces fantaseó con una Reviz de cuerpo entero, sin ese perturbador color negro que cubría cada centímetro de su piel. Una Reviz libre del navío para siempre.Sumido en estos pensamientos, Nicholas miró de reojo a su segundo de a bordo.

—Ese Hamilton otra vez por aquí. —Maldijo entre dientes al ver su mirada llena de odio posada en Reviz.
El mascarón, sin embargo, había decidido cerrar sus ojos y dejar que el viento la guiara hacia la Última Frontera. Por un instante quedó embelesado por el movimiento de sus cabellos. Luego posó su mirada en Hamilton, y por fin decidió enfrentarlo.
—Señor Hamilton.

El segundo de a bordo pretendió no escucharlo, continuando con una inspección innecesaria del castillo de proa.

—¡Segundo! —rugió el capitán.

Los hombres que se hallaban cerca levantaron la cabeza ante su grito. Entonces Hamilton alzó la vista y se acercó con desgana, insolente y altanero se plantó frente a su capitán. Sin embargo su mirada se posó otra vez en Reviz, y sus ojos destilaron un odio tan profundo que Nicholas temió por la seguridad del mascarón. Maldito brujo. (esto lo quitaría, o lo entrecomillaría, para decir a continuación que es un pensamiento de Nicholas

—Deje de cazcalear cerca de Reviz, segundo —le advirtió—. Sé lo que intenta hacer, y no funcionará.
—Perdone capitán, no sé de qué habla. —Pero cuando Nicholas frunció el ceño, espetó—: Es un demonio, señor; mírela bien.
—Es un mascarón de proa, como tantos otros, segundo.
—No como los otros, capitán —replicó—. Ninguno de ellos está pintado de negro; eso trae mala suerte.
—Supersticiones —aseguró Nicholas.

En ese momento el grito del vigía los interrumpió:

—¡Niebla!

En solo unos minutos una bruma espesa invadió la cubierta; apenas podían verse el uno al otro.

—¿Capitán?
—Arríen las velas, segundo —ordenó con voz firme—. Esperaremos hasta que todo esté despejado para continuar.
Pero aquella niebla no parecía querer abandonarlos. Preocupado, Nicholas volvió al lado de Reviz. Apenas podía divisar su rostro en medio de la espesura blanca. Se sorprendió al ver la mirada que el mascarón de proa le devolvió; ella sentía miedo.
—¿Qué pasa, Reviz? —susurró.
—¿Por qué hablas conmigo así? —Le preguntó el mascarón—. ¿Acaso te avergüenzas de mí?
Sin poder evitarlo, Nicholas bajó la mirada.
—Los humanos son seres peculiares —aseguró Reviz—. Se jactan de ser los dueños del mundo entero, pero no sienten la menor empatía por quienes son diferentes; incluso desprecian a aquellos de los suyos que poseen dones especiales.
Nicholas no tuvo dudas que estaba hablando de Hamilton, y calló, de pronto celoso de su segundo de a bordo.

La quietud se hizo ominosa, y aunque izaran las velas ya no había ni un solo soplo de viento que pudieran utilizar para partir. Ya en su camarote, Hamilton desenvolvió la espada de su padre; jamás la había usado, ni siquiera empuñado. Era ese color antinatural que le repelía en lo más profundo de su corazón. Pero ya no se atrevía a ignorar las señales. Si nadie hacía nada ese mascarón los mataría a todos. Subió a la cubierta. La niebla continuaba impidiendo ver más allá de unos pocos pasos. Con cuidado llegó al castillo de proa y subió los escalones en silencio. Allí estaba el mascarón, con sus cabellos ondeando, como si un viento inexistente jugara con ellos.

—Hechicero —dijo Reviz sin voltearse—, acércate.

Hamiltons (Sobra esa s) caminó hacia ella, procurando ocultar la mortífera espada que llevaba a sus espaldas.

—¿Qué quieres... demonio?

Ella río por lo bajo, luego volteó, y sus ojos, completamente negros, se posaron en el humano.

—En eso tienes razón —admitió—. Soy lo que ustedes llamarían un demonio.

El marinero se tensó, asiendo con firmeza la espada, intentando reprimir el temblor de sus manos. De pronto sintió unos pasos muy cerca, y vio a su capitán emerger de la niebla como un fantasma. En su mano llevaba un sable de hoja curva.
—Te dije que te alejaras de ella.

Como si aquellas palabras tuvieran un poder especial, un sonido aterrador invadió el lugar; una vibración que ganaba en intensidad a cada segundo.

—¡Marea negra! —gritó alguien.
—Marea negra —confirmó otra voz también oculta en la niebla.

El terror en aquellas voces contagió a toda la tripulación. Los hombres comenzaron a desesperar, sin saber qué hacer ante un enemigo que no podían ver y al cual no podían derrotar.

—Icen las velas —ordenó Nicholas, sin quitar los ojos de Hamilton, quien  ahora sujetaba su espada negra frente a él.
Supuso que su tripulación había acatado la orden, pues logró escuchar cómo las velas eran desplegadas con celeridad. A pesar que de poco serviría sin un viento que las empujara.
—Capitán, aléjese de ese engendro —suplicó el marinero.

Por toda respuesta Nicholas embistió a su segundo con una furia sorpresiva. Sin embargo Hamilton logró detener el impetuoso ataque, contraatacando a su vez. Se observaron por un segundo y luego entrechocaron sus aceros una y otra vez.

Reviz, ajena al drama de los humanos, percibió cómo la marea negra comenzaba a invadir al Neutrón, ascendiendo lenta e inexorablemente.  Una sonrisa se dibujó en su rostro, pero al mirar cómo la hoja negra del hechicero penetraba en su querido Nicholas, gritó de dolor. El último vestigio que la unía a los humanos había desaparecido, mientras la marea negra subía por la quilla, reptando por el tajamar como un hábil predador.

Una fetidez nauseabunda invadió la cubierta del Neutrón, y las toses y arcadas de los marineros no tardaron en unirse a los gemidos de agonía de Nicholas, quien yacía en el castillo de proa, viendo impotente cómo su segundo se acercaba a su amada Reviz. De pronto el mascarón lo miró fijamente, y una sonrisa torcida y despiadada le quitó el poco aliento que poseía. El capitán del Neutrón escuchó fue una macabra voz en su interior: «Bienvenido a la Última Frontera, Nicholas».

Hamilton avanzó paso a paso. El vómito que salió de su boca iba acompañado de sangre, sin embargo logró acercarse al demonio negro, quien ahora lo miraba con el temor reflejado en su rostro. Por fin había advertido que aquella espada no era como las demás, ya que distaba mucho de ser un artefacto creado por los hombres.

—Espera, hechicero...

Pero Hamilton hundió el acero negro en su vientre. Reviz sintió como si un fuego abrazara todo su ser, lacerando su cuerpo hasta llegar a sus ojos. Un instante después estos explotaron y el mascarón del Neutrón dejó de existir para siempre.

Azabache, la entidad del mar a quien los hombres llamaban marea negra, se replegó otra vez hacia el vasto océano, contrariado por el destino de una de sus hijas perdidas. Había muerto segundos antes de que pudiera liberarla, y aquello lo enfurecía. Sin embargo, dejó vivir al hechicero que aún se hallaba a bordo del navío, ya que no era del todo humano, y eso contaba para algo.

Yo no soy un gran escritor y me puedo equivocar en algo de lo que digo, pero en mi opinión, creo que es así como mejor está. Te animo a continuar la historia, pues es atractiva al tratarse de fantasía ambientada en el mar, pero diferente a tópicos más explotados (el kraken, buques fantasmas, etc). Un saludo
Responder
#8
Buenas Iramesoj, muchas gracias.
En cuanto a esto:

Cita:¿Por qué está celoso? No le veo sentido, ya que cree que Reviz está diciendo que Hamilton es despreciativo y le falta empatía. No veo sentido pues a esos celos.

Lo que Reviz está diciendo es que los hombres tratan mal a los que son diferentes, incluso a los que tienen dones especiales.

Pero claro, es difícil de entender porque en mi mente hubo muchas cosas que no desarrollé como es debido, ya sabes, por las prisas.

Cita:Creo que el final, dando a entender que Hamilton ha sido perdonado por Azabache por no ser humano 100%, sobra. Es un final abierto que no aporta nada. Los finales abiertos, en mi opinión aportan cuando dan a entender, de modo total o parcial, un evento concreto. Así hacen conocer algo al lector, sin expresarlo de modo explícito.

Totalmente de acuerdo. Y te digo lo mismo que antes: sin tiempo. No sé, tal vez hubiese debido dejarlo macerar al menos una noche, pero creo que ese día a medianoche se acababa el plazo, aunque luego se extendió. Pero bueno, tenía que irme a trabajar de nuevo y no tenía un final.
De hecho Azabache era nombrado antes como la misma marea negra. 
En realidad fue un cierre improvisado que no quedó muy bien, pero me empeciné en terminarlo y publicarlo y así quedó  Sad

Cita:También expresas en más de un párrafo lo que se puede unir en uno. Yo lo hubiera puesto de este modo:
Tomo nota. Es cierto, queda mejor así.
Cita:Los hombres que se hallaban cerca levantaron la cabeza ante su grito. Entonces Hamilton alzó la vista y se acercó con desgana, insolente y altanero se plantó frente a su capitán. Sin embargo su mirada se posó otra vez en Reviz, y sus ojos destilaron un odio tan profundo que Nicholas temió por la seguridad del mascarón. Maldito brujo. (esto lo quitaría, o lo entrecomillaría, para decir a continuación que es un pensamiento de Nicholas

Estaba escrito en cursiva, sí, pero al subirlo no me di cuenta que volvió al formato standard.

Cita:Hamiltons (Sobra esa s) caminó hacia ella,
Es que eran muchos  Big Grin

Cita:Yo no soy un gran escritor y me puedo equivocar en algo de lo que digo, pero en mi opinión, creo que es así como mejor está. Te animo a continuar la historia, pues es atractiva al tratarse de fantasía ambientada en el mar, pero diferente a tópicos más explotados (el kraken, buques fantasmas, etc). Un saludo

Oye, todos estamos en el mismo barco, intentando aprender, las sugerencias son bienvenidas y siempre ayudan.
Antes de continuarla creo que debería extenderla, ya que quedaron muchas cosas afuera. Y aparte de eso tengo un relato que se asemeja un poco a esto.

Por cierto, lo comenté por ahí, pero lo del mascarón viviente es idea de una amiga mía: Robin Hobb  Tongue

Ya lo comenté por Discord, pero vale la pena aclararlo: el cambio de Reviz tenía su razón de ser, solo que no lo escribí Dodgy pero lo cierto es que tenía toda una escena en mi cabeza de cómo Azabache comenzaba a invadir al mascarón y bueno, ya saben, todo eso.

Por cierto, Nicholas y Hamilton fueron compañeros en Mercedes Team F1. Sip, son Nico Rosberg y Louis Hamilton. Fueron los nombres que primero se me vinieron a la mente, ya que fueron rivales muchos años  Big Grin
Jamás dejes de crear, es muy aburrido.
Responder


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