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Reto Hal20: La criatura
#1
Noche cerrada. La Gran Madre la cuidaba desde el cielo y la criatura se movía agazapada para no ser vista. Cuando llegó al muro del cementerio, lo escaló ágilmente y una vez dentro observó para asegurarse de que no hubiera nadie.
    Su visión durante la noche era tan buena como la de los hombres durante el día. Nadie.
    La criatura trotó, olisqueando aquí y allí hasta oler un cadáver fresco. No pasó mucho hasta encontrarlo.

Cavacavacavacavacavacava. Olfatea olfatea. Cavacavacava.

    La criatura había llegado a ese recinto de madera donde los hombres guardaban los restos de sus semejantes. Nunca comprendió porque hacían esto, era una molestia para los seres carroñeros como ella que solo buscaban alimentarse.
Sabía que a los hombres no le gustaban los de su clase, pero no entendían cómo funcionaba el equilibro: Conocía historias de pueblos donde uno de los suyos había sido muerto por creerse que era peligroso, y entonces una epidemia se había extendido por el lugar, haciendo que muchos del pueblo murieran y atrajeran a toda una manada de seres como la criatura que ahora rompía la madera.

Romperomperompe. Olfatea. Romperom. Olfateaolfateaolfatea.

    ¡Un hombre! La criatura salió del agujero y se levantó sobre sus patas traseras para observar. Lo vio a lo lejos, venía en esta dirección y traía una especie de antorcha. La iba a ver, así que la criatura tuvo que esconderse.
    Observó desde su escondite al hombre, quien llegó al agujero y al ver la obra de la criatura empezó a vociferar algo que la criatura no era capaz de entender. Entonces sacó una de esas garras metálicas que se fabricaban los hombres y empezó a dar vueltas por el lugar.
    La criatura decidió correr, así que se lanzó fuera del hueco que había encontrado para esconderse y se lanzó a la carrera con sus cuatro patas, mientras tras suyo el hombre le gritaba y la perseguía, pero pronto la criatura alcanzó otra vez el muro, que escaló y saltó al otro lado, perdiéndose en la oscuridad.
    Probablemente tendría que pasar otra noche hambrienta. Ese era el motivo de que muchos seres como ella atacaban y mataban hombres, porque les ponían difícil alimentarse de cuerpos; algunas probaban con animales, pero los que no se defendían o eran difíciles de atrapar, estaban protegidos por hombres, o alimentaban poco.
    La criatura en cambio había decidido no atacar a nada viviente. Muchas veces le costaba, sus instintos eran fuertes, y más cuando el hambre le gritaba desde su estómago, pero ella resistía, porque allí arriba, La Madre de Todos, la observaba y cuidaba de su porvenir.
    Trotando se adentro en un bosquecillo y empezó a caminar; si no encontraba un refugio antes del amanecer moriría. El Que Brilla no cuidaba a los seres de la noche como lo hacía su hermana con los seres del día, y su fuego era abrasador.
    Andando y andando, la criatura salió del bosquecillo a un camino. Deambuló por ahí esperando encontrar algo, y tuvo suerte de encontrar una carcasa de algún animal del bosque medio devorado. Su carne empezaba a pudrirse, pero a la criatura eso no le importaba, seguía pudiendo alimentarse de esa carne sin problemas; el problema era la poca carne que quedaba en esos retos, la criatura se vio obligada a romper huesos para consumir el tuétano del esqueleto. Seguía hambrienta.
    Siguió moviéndose, Madre observaba y la guiaba, tenía fe en que iba a hallar algo que la salvara.

Escuchaescucha. Levanta. Olfateaolfateaolfatea.

    ¡Hombres! La criatura salió del camino y caminó por entre la arboleda para acercarse a ver qué ocurría. Habían dos; macho y hembra. Parecían estar en medio de una lucha. Se gritaban en ese extraño lenguaje de los hombres. Entonces…

Salta.

    La criatura se espantó ante lo que vio: El macho había atacado a la hembra con una de esas garras metálicas que fabricaban. La criatura se acercó a la linde del bosque y…

Teme.

    Otro ataque, cuando la hembra había caído de rodillas y uno más al cuello que hizo que un chorro de sangre salpicara por todas partes.

Olfateaolfateaolfateaolfateaolfatea.

    La criatura no pudo evitar soltar uno de los gruñidos que usaba para comunicarse, debido al hambre, pero el hombre lo escuchó y se giró a mirar. La criatura se había agachado y observaba, ahora en silencio, al hombre, quien seguramente debía pensar que se trataba de alguna bestia del bosque, así que se marchó de allí sin volverse a mirar el cadáver.
    La criatura esperó a que se hubiera alejado por el camino para acercarse al cuerpo. Había un charco de sangre que la criatura empezó a lamer.

Escuchaescuchaescucha.

    Alzó la cabeza y vio que habían ciertos depredadores que se acercaban a esta presa, así que les gruñó mientras se levantaba hasta que estos se alejaron. Entonces siguió lamiendo la sangre del suelo.

Escuchaescucha.

    Paró de comer y dio la vuelta al cuerpo. Había una cría llorando. Al parecer la madre no la aplastó al caer, pero ahora que no tenía quien la cuidara acabaría muriendo. ¿Era mejor dejarla morir de hambre o devorada por cualquier criatura, o acabar con su vida ahora? Estas cuestiones no eran conceptos fáciles para los suyos; sus semejantes simplemente devorarían a la cría, y más si llevaban días sin comer como ella.

Olfateaolfatea.

    La criatura dejó a un lado a la cría, mientras desnudaba el cuerpo. A veces los suyos vestían con las telas de los hombres para confundirse con estos; la criatura tenía una colección en su nido, pero la tuvo que abandonar cuando se vio obligada a huir de allí por culpa de los hombres. Decidió que iba a empezar otra vez, y quitando esas telas al cuerpo, las dejó también apartadas. Entonces observó a la cría que lloraba e improvisó un nido con esas telas, donde la depositó; al principio siguió llorando, y un par de veces más la criatura se vio obligada a espantar a depredadores, pero al final pareció tranquilizarse.

Muerde. Arranca. Masticamasticamastica. Traga. Muerde. Rompe. Arranca. Masticamasticamastica. Traga.

    Comer era un ritual, porque era un regalo de la Gran Madre, por ello las bestias como ella no dejaban nada de un cuerpo, porque su madre les bendecía desde el cielo.
    Tras horas comiendo, la criatura, ya saciada, sacó a la cría de su nido improvisado para llevarse esas telas. Cuando estaba por alejarse, la cría empezó a llorar otra vez. La criatura miró a su madre en el cielo y le gruño pidiendo consejo. No obtuvo respuesta, pero porque ya la conocía. La criatura agarró a esa cría de hombre que no dejaba de llorar y tras taparla con las telas, la sujetó con una de sus patas delanteras mientras salía al trote.
    Pronto amanecería. Si no encontraba refugio, de ella no quedaría nada más que polvo, y esta inocente cría no sobreviviría mucho tiempo sola. Se movió todo lo rápido que era capaz con tres patas y se acercó a un montículo, había ya una pequeña parte que estaba protegido del exterior, así que solo necesitaría cavar para abrir un agujero mayor y esconderse allí durante el día. Estaban alejados del camino, así que no debería haber problema si la cría lloraba.

Cavacavacavacavacavacavacavacavacavacavacavacava.

    La criatura durmió profundamente, pero despertó antes de lo esperado por los lloros de la pequeña cría. Debía estar hambrienta, pero la criatura desconocía de qué se alimentaban. Ya intentó darle un poco del cadáver de su madre pero no parecía capaz de masticar, y el gusto de la sangre también pareció desagradarle. Al final, casi sin querer, introdujo una de sus garras en la boca de la cría y esta empezó a chuparla, dejando de llorar casi al momento, y durmiéndose al fin.
    Cuando volvió a despertar, por suerte la Madre de Todos ya volvía a hallarse en los cielos. La criatura empezó a moverse, debía encontrar algo con lo que alimentar a la cría y también un refugio. Tras un rato de caminar intentó despertar a la criatura, había encontrado unas plantas que sabía que ciertos animales comían, tal vez los hombres fueran capaces también y le parecía más fácil de tragar que los trozos de carne. La cría no despertó, y la criatura probó a despertarla otra vez. Y otra. Y otra. La cría no despertó.

Olfatea olfatea olfatea.

    Muerte. La criatura empezó a cavar un agujero en el suelo. ¿Por qué los hombres enterraban los cuerpos de sus semejantes? La criatura seguía saber el motivo, pero empezaba a entenderlos.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
(15/11/2020 05:08 PM)Joker escribió: Cavacavacavacavacavacava. Olfatea olfatea. Cavacavacava.
xD
casi una onomatopeya xd

Respecto al relato, por un momento creí que el monstruo le había hecho un nido al bebé con la piel de la madre, tomando "telas" como metáfora. Luego entendí que no. Pero es bien raro que, habiendo devorado a la madre, se tomará la delicadeza de quitarle la ropa y cobijar a su hijo con ella.

"Ya intentó darle un poco del cadáver de su madre pero no parecía capaz de masticar, y el gusto de la sangre también pareció desagradarle". Pero, autor, estás enfermo. Viva Halloween xD

Respecto a la trama, termino sin haber satisfecho por completo dos preguntas. Primero, el porqué devoró a la madre y no al bebé. Se concluye dando a entender que la bestia había tenido una revelación al respecto pero yo no. Y la otra pregunta es qué monstruo era ese, porque no hay nada que lo defina o describa más allá de sus hábitos, y creo que el lector desde el primer párrafo quiere saber qué cosa es esa.

Por lo demás, es una prosa amena, ligera y fluida. Apropiada para llevarnos sin rodeos a las escenas que quieres que contemplemos, autor.
Bardo
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#3
A diferencia de Guardián, no creo que eso cuenten como onomatopeyas, es una manera interesante de narrar las acciones de la criatura esa.

De la escritura, no he visto mucho, tal vez algún párrafo que podría ser algo más corto. De la narración: Hay cosas que a veces dan la impresión de ser relleno como cuando la criatura piensa en el pueblo donde mataron uno de sus congéneres y hubo una epidemia, pero claro, a la vez estamos siguiendo el raciocinio de esa bestia...

Sobre el mundo y la historia, pues tampoco hay mucho que contar, el primero es sencillo y no tiene nada destacable, tal vez lo único el tema de la Luna y el Sol, pero que no queda claro si literalmente son deidades o si simplemente es una forma de hablar refiriendo a que de noche la criatura no muere pero bajo el Sol sí; del segundo es una historia sencilla, con un final trágico e incluso cierta evolución de personaje, aunque me escama un poco... La criatura se encariña con un bebé que recién se ha encontrado y no acabamos de saber el motivo...

Con lo que comenta el ciego sobre no saber qué monstruo es, tiene razón, se puede sobreentender que es una especie de necrófago porque come cadáveres pero ya, porque tampoco se asemeja a las descripciones de los necrófagos de diferentes mitologías.

Sobre lo del tema de Halloween, creo que entra dentro del mismo por ser la historia de un monstruo que come cadáveres, por la parte de la trama no tanto porque es simplemente una tragedia de un padre perdiendo a su hijo adoptivo...
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#4
Bueno... ese relato me pareció muy deprimente, pero no precisamente terrorífico.
La prosa se sintió agradable, pero no entiendo bien si esos diálogos son onomatopeyas o diálogos de la bestia.
Hubiera estado algo bien tener una descripción un poquitín más detallada sobre el monstro. A menos que sea algo que tire para el rollo lovecraftiano, es mejor dejar suficientes detalles como para que el lector se imagine algo genuinamente aterrador.
«No hay nada que ganar, cuando no hay nada que perder» https://discord.gg/4r9TF
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