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Reto Hal20: Poción de Amor-Parte 1
#1
Primer Cuadro

Acotador: En una vivienda, algo modesta, del norte de la ciudad sagrada de Mazahua, dos gemelos desayunaban en el comedor. Ambos eran de cabello castaño claro, tez clara y ojos negros.
Lucas: ¿Algo nuevo en la agenda, Irma?
Irma: Nada fuera de lo normal, Lucas. Solo papeleo, como de costumbre.
Acotador: Lucas notó que su hermana se veía algo distraída. Apenas si tocó su platillo.
Lucas: ¿Sucede algo, hermana?
Irma: Ahmmm… ¿de qué hablas, querido hermano?
Lucas: Apenas si has comido.
Irma: Ohhh… Eso. No es nada. Solo… contemplaba todo lo acontecido, desde que me volví la Madre. No estoy segura si puedo estar a la altura de mi predecesor.
Lucas: ¿Lo crees así? Lo has hecho bastante genial.
Irma: ¿Lo crees así?
Lucas: Sabes bien que no te mentiría, hermanita.
Acotador: Silencio.
Irma: Te mentiría si te dijera que todo esto no se me ha hecho muy estresante.
Lucas: Nadie dijo que sería fácil.
Irma: ¡Ohhh! Eso me recuerda… tengo una nueva asignación para ti. Me reportaron que hay una bruja rebelde, en la ciudad de Yaotl. Necesito que la captures y la traigas a Mazahua. Yo misma me encargaré de ella. ¿Entendido?
Acotador: Silencio.
Lucas: Está bien, Irma. La traeré aquí, lo antes posible.




Segundo cuadro

Acotador: Era un día como cualquier otro, en la plaza de Yaotl. Era la hora perfecta para que Rafaela hiciera de sus travesuras con las parejitas que estaban sentadas en el kiosko, protegiéndose de los rayos de Dakara.
Rafaela: Uff… que calor hace. Creo que es hora de aligerar nuestras ropas. ¿No lo crees?
Acotador: La joven bruja de tez morena, ojos grises y cabello negro sacó una botella de entre sus bolsillos y dejó caer el líquido que tenía adentro. Una gota de baba verde fosforescente cayó en el suelo.
Rafaela: Tenemos un blanco en la mira.
Acotador: La chica señaló hacia donde la parejita. La baba entonces se desplazó hacia los amantes, lo más rápido que pudiera. No pasó mucho tiempo antes de que ese limo verde subiera por las piernas de los muchachos y entraron por los oídos, sin que se dieran cuenta. La hechicera se relamió los labios.
Rafaela: Que empiece la función…
Acotador: Fue ahí cuando la maga tomó control del cuerpo del muchacho y lo forzó a besar frenéticamente a su novia, quien se desató en lujuria, también. Al ver esto, Rafaela pegó su báculo en medio de sus piernas y frotó su entrepierna, de tal manera en que nadie notara lo que estaba haciendo. Pero, antes de que pudiera forzar al muchacho de desvestir a su amante, algo húmedo golpeó su rostro y la empapó de agua. Un niño que jugaba con globos de agua golpeó a la señorita, quien salió de su trance. Los muchachos que fueron poseídos con su limo regresaron en sí. Al darse cuenta de que casi fornicaba en público, los muchachos se fueron de ahí. Rafaela refunfuñó de la rabia.
Rafaela: ¡Condenado mocoso!
Acotador: Rafaela se levantó del suelo y fue a por el niño para darle una tunda por lo ocasionado. La chica fue interrumpida de golpe, cuando más disfrutaba del espectáculo. Pero eso ya no le importaba. Tenía otras prioridades, como castigar al niño que le bajó la calentura.






Tercer Cuadro.

Acotador: Más tarde, esa misma noche, Rafaela avanzaba por una calle congestionada de gente y de vehículos, con rumbo a la zona roja. Ahí fue cuando Rafaela se encuentra con un burdel. Se olía el tequila desde el otro lado de la puerta y se veía a gente que lo hacía desde el otro lado de los cristales rojos. La chica se relamió los labios.
Rafaela: A ver qué tal me va aquí.
Acotador: La dama entró. Rafaela observó algunas parejitas que hacían el amor contra las paredes, sobre las mesas y los sillones del local. La chica se excitó un poco, pero prosiguió con rumbo a la barra de bebidas. Ahí fue cuando se encontró con un muchacho de tez muchísimo más clara que la de ella, fornido y de cabello castaño claro. Rafaela se relamió los labios y fue a sentarse junto a él.
Rafaela: Hola, guapo. ¿Qué te trae por aquí?
Lucas: Solo vine aquí a tomar unos tragos. Es mi día libre de trabajo.
Rafaela: ¿Hablas en serio? Qué casualidad. ¿Y en qué trabajas?
Acotador: Lucas Da un sorbo a su cerveza.
Lucas: Me encargo de capturar magos criminales.
Acotador: Rafaela se espantó al escuchar esta noticia.
Lucas: ¿Sucede algo?
Rafaela: Nada, en absoluto.
Lucas: ¿Y tú a qué viniste aquí?
Acotador: Rafaela dio un trago a su bebida.
Rafaela: Me gusta venir a mirar. Así de simple.
Lucas: ¿En serio? ¿Alguna razón por la que no te guste participar?
Acotador: Silencio
Rafaela: Siendo honesta, es difícil encontrar alguien con quien pasar la noche.
Lucas: No creo que te sea tan difícil, ¿o sí? Conozco muchos hombres y unas cuantas mujeres que les gusta el tipo de mujer que eres.
Rafaela: Ayyy… Desearía que fuese tan fácil que me prestasen atención. A veces, pareciera que la gente me evade instintivamente.
Lucas: ¿Y qué tan de seguido vienes por aquí?
Rafaela: Cada caída de un palintroche.
Lucas: ¿Y solo vienes a espiar a los demás? ¿En serio no te da por participar?
Rafaela: Con suerte, a veces logro acompañar a los que suben a las habitaciones. Soy más una chica de tríos que de parejas… Aunque, si soy honesta, me encanta ser la que mira.
Lucas: No eres de las que bebe mucho. ¿Verdad?
Rafaela: Jajajajaja. ¡Por supuesto que me encanta tomar!
Lucas: ¿Alguna razón por la que no quieras hacer el amor con solo un acompañante? A veces, menos es más y más es menos.
Rafaela: Soy más el tipo de persona que cree que en burro viene el alebrije.
Lucas: Heh… algún día encontrarás a algún iluso que se derrita por tu cuerpo.
Rafaela: Desearía creer eso.
Acotador: Entonces, Lucas frotó su pie con la pierna de la hechicera. A Rafaela se le escapó un gemido.
Rafaela: Me imagino que usted desea pasar la noche conmigo, ¿verdad?
Lucas: No lo sé. Quizás. Tal vez. Es probable.
Acotador: Rafaela se sentía tan intimidada.
Rafaela: Yo… de todas las chicas en este lugar… ¿Yo? ¿Por qué?
Acotador: Lucas le demuestra una sonrisa picarona y se acerca a su oído.
Lucas: Me gustan los pechos grandes.
Acotador: Rafaela se sonrojó.
Rafaela: Jajajaja. ¡No seas ridículo! ¡Puedes encontrarte de esas por doquier, en este local!
Acotador: Lucas le levantó el mentón. Rafaela se puso más nerviosa.
Lucas: No lo entiendes, ¿verdad? Con la que quiero pasar la noche… eres tú… Entonces… ¿vienes conmigo arriba o qué?
Acotador: Rafaela siguió perdida en sus pensamientos. De pronto, Lucas aproximó su rostro al de ella.
Lucas: Tomaré ese silencio como un “sí”.
Acotador: Ahí fue cuando el inquisidor pegó sus labios con los de la hechicera. Rafaela ya ni sabía si el alcohol se le subió a la cabeza o la lujuria se la carcomía. Su mente se apagó y se dejó llevar por el beso.
Rafaela: Llévame arriba que ando muy cachonda.
Acotador: Los dos muchachos corrieron hacia el piso de arriba para continuar con el arrumaco. Pasaron entre parejitas que entraban en las otras habitaciones o hacían el amor en medio pasillo. No pasó mucho tiempo antes de que llegasen a una recámara desocupada. Ahí dentro, Lucas lanzó a Rafaela sobre la cama, sacó unos grilletes y esposó a la chica por la espalda.
Rafaela: Uhhhh… Te gusta jugar duro, ¿eh? Jejeje…
Acotador: Lucas entonces se lanzó encima de la chica y pegó su cara a la de ella.
Lucas: He escuchado rumores sobre ti, en la calle. ¿Lo sabes?
Rafaela: ¿eh?
Lucas: Rumores corren sobre una bruja que vive por estos lares de Yaotl.
Acotador: Rafaela entró en pánico.
Lucas: Me imagino que ya sabes de esos rumores… ¿O me equivoco?
Acotador: Rafaela no contestó, más se podía ver el nerviosismo en su cara.
Lucas: ¡Contéstame, si es que eres inocente! Que tu silencio dirá más que mil palabras.
Acotador: Rafaela siguió sin responder.
Lucas: Me lo imaginaba… Con que eres tú. Muy bien… si no quieres hablar conmigo, hablarás con la Madre.
Acotador: Ahí fue cuando el inquisidor se llevó a Rafaela fuera del burdel y la subió a un coche, con rumbo a la base de la inquisición. Un rato después, Rafaela y Lucas llegaron a un barracón, a las afueras de Yaotl. El edificio no era más grande de treinta metros de diámetro y no más de dos pisos. Lucas entonces se llevó a la chica a una de las celdas y la arrojó al suelo. Rafaela no se opuso. Solo sollozó ante todo esto que ocurría.









Cuarto Cuadro

Acotador: Al día siguiente, Rafaela fue trasladada a la ciudad sagrada de Mazahua, a trecientos kilómetros de Yaotl, donde la chica sería juzgada por la Madre. Seguía esposada. La hechicera se retorcía a cómo podía con tal de zafarse de sus ataduras.
Rafaela: ¡Al menos denme de comer, carajo!
Acotador: Lucas le dio una pieza de pan a la señorita, quien se la comió sin dudarlo dos veces.
Lucas: ¿Contenta?
Acotador: Rafaela solo infló las mejillas.
Rafaela: ¿A dónde me llevan?
Lucas: A Mazahua. Nuestra Madre de dará un juicio justo. Es parte del protocolo de la Iglesia de los Reyes de Metal.
Rafaela: ¿Ahhh, sí? ¡Pues que ella venga a Yaotl, de ser así! ¿Qué le cuesta a ella salir de esa pirámide a tratar con una “gamberra” como yo?
Lucas: Ya te lo dije. Es parte del protocolo. Además, la madre tiene muchísimos otros negocios que atender aparte de tratar con magos delincuentes, como tú. ¿Pero qué sabes tú sobre gobernar una teocracia entera?
Acotador: Rafaela se calló. La chica no le devolvió la palabra al inquisidor, durante el resto del viaje.











Quinto cuadro

Acotador: Horas después, el vehículo se detuvo.
Lucas: Ya llegamos.
Acotador: Lucas sacó a Rafela fuera del auto. Ahí fue cuando se encontraron con una pirámide enorme, en medio de una urbe bastante grande, donde las chalupas navegaban entre los canales y los jardines acuáticos. El rugido de los motores de los coches opacaba el paso de los peatones y el bullicio de los niños que jugaban en los parques. Las casas de piedra relucían como las plumas de un pavorreal, especialmente con esa nueva arquitectura traída por la república de Orzance. Esa era la pirámide donde residía el gobernante de la teocracia de Jarza: la Madre Irma.
Lucas: Andando.
Acotador: El muchacho jaló y subió a Rafaela por las escaleras. Decenas de guardias de la Iglesia resguardaban los pasillos del edificio. La chica solo pensó que, si hacía algo que no les parezca agradable, la iban a matar. Ahí fue cuando llegaron a la sala del trono. De entre las cortinas purpuras, una silueta femenina salió acompañada de unos soldados inquisidores. Era la Madre Irma. Una joven dama de cabellera castaño claro y ojos negros. Vestía con ropajes blancos que delineaban su cuerpo curvilíneo.
Irma: ¿Me buscan?
Lucas: Madre Irma… traje a una hechicera rebelde, para que usted le de penitencia justa.
Irma: ¿Con que para eso me quieres, hijo mío?
Acotador: Irma entonces bajó por la escalinata y se colocó delante de ella.
Irma: ¿Eres consciente de vuestros pecados?
Acotador: Rafaela mantuvo silencio.
Irma: Os volveré a preguntar. Si se abstiene a responderme, tomaré la alegación como algo verídico y, ni los Reyes ni nadie más la podrán ayudar. ¿Está consciente de vuestros pecados?
Rafaela: Ya qué. No es como si me estuviera dando una opción real… Sí… sí lo hice.
Irma: ¿Y por qué lo hiciste? Sabes bien a lo que conlleva esto, ¿verdad?
Rafaela: …Me sentía tan sola por dentro… tan vacía. Solo quería tener a alguien con quien compartir mi vida… mi “alma gemela”, por decirlo así. Pero… tenía tanto miedo al rechazo. Juro que solo lo hice con parejas. Inclusive ayudé a parejitas que deseaban mejorar su relación. Yo… Lo lamento.
Acotador: Rafaela se tiró al suelo, con los ojos llenos de lágrimas.
Irma: ¿Con que de eso se trata? Tus palabras suenan sinceras y tus intenciones, honestas. Más no debo dejarte impune por tus acciones. Os daré una penitencia, dura pero justa. Eso mismo desearían los Reyes. Si logras consumar vuestra penitencia, os dejaré ir a resumir su vida, pero debe prometer que jamás usará su magia para forzar el arrumaco público. Si se retracta, le espera la cárcel hasta que, de su boca, no pronuncie otro sortilegio más.
Acotador: Silencio
Irma: Nuestro grupo de inteligencia encontró un artefacto mágico, en las ruinas de Xochipotli. Necesitamos a alguien quien sea adepto en las Artes Arcanas para que nos ayude a llevarnos el objeto a Mazahua. ¿Queda entendido?
Acotador: Rafaela se quedó muda al escuchar estas palabras. Ha sido demasiado tiempo desde que la hechicera se fue de ahí.
Irma: Su libertad depende de su respuesta, pequeña. ¿Va a ir a realizar nuestra asignación o no?
Acotador: Lucas le jala del brazo a Rafaela para que preste atención a la Madre.
Rafaela: De acuerdo, Madre. Tengo que salvar mi libertad.
Irma: Muy bien… de ser así, saldrás mañana temprano. Que los Reyes te protejan.
Acotador: Después de la reunión, Rafaela y Lucas salieron de la habitación. El inquisidor se llevó a la chica a una celda, en lo más profundo de la pirámide, donde encerraban a los criminales.
Rafaela: ¿¡A qué me traes aquí!?
Lucas: Es parte del protocolo. Te mantendremos en custodia, hasta que cumplas con tu penitencia. Que sigues siendo una criminal ante los ojos de la Madre y de los Reyes.
Acotador: El muchacho entonces metió a la bruja dentro de su celda.
Rafaela: ¿Qué acaso todo tiene que ser tan protocolario? La Madre dijo que los Reyes eran justos. Al menos denme algo de comer.
Lucas: Traeremos tu cena en unos minutos más. Buenas noches.
Acotador: El muchacho se retiró de ahí y dejó a Rafaela junto con los demás prisioneros. Uno de ellos le miró lascivamente.
Prisionero: ¿Qué onda, Mamacita? ¿Qué te trae por aquí?
Rafaela: No ando de humor.
Prisionero: Nahhh… Si se te nota que te gusta que te den por detrás. Nomás cuando salgamos… ¡Ita madre! ¡La que me daré contigo! Si quieres, te pago doscientos Quiles.
Rafaela: Tienes suerte que no tenga mis hechizos a mi disposición como para hacer que te estrelles la cabeza contra el muro.
Sexto cuadro

Acotador: Irma se encontraba en su oficina, acompañada de otros dos caballeros, bastantes años más mayores que ella. Uno era corpulento, de tez tostada, calvo y de bigote tupido. El otro, más lánguido, cabello plateado un poco desordenado y lampiño.
García: ¿Lista para irte a tu casa, Irma?
Irma: Ha sido un año bastante pesado, con todo esto que ha pasado desde la inauguración de Tochcoztli. Solo espero que esta nueva ciudad mecánica sea de ayuda para Jarza, señor García.
Vegas: ¡Por supuesto que lo es, Irma! Si la gente que tiene que viajar de los desiertos del norte está más que encantada. Un impecable trabajo, si es que nosotros mismos se lo decimos.
Irma: ¿Lo cree así, señor Vegas? Si soy honesta, desde que mi antecesor murió, me ha sido tan exhaustivo llenar sus zapatos.
García: El Papa Norberto no estaría más orgullosa de usted, si es que siguiera vivo. Créame.
Acotador: Irma se sonrojó.
Irma: Solo quería dar lo mejor de mí. Tengo un país que me necesita.
Acotador: García se aproximó a la Madre y le levantó el mentón.
García: Los ejecutivos de la Iglesia de los Reyes de Metal no podrían estar más que complacidos por su desempeño, joven Irma. Usted es todo aquello que Jarza desea. Una Madre de apariencia pura y sacra.
Irma: No… soy exactamente ese tipo de persona que ellos creen que soy, señor García.
García: ¡Vamos! ¡No quiere decepcionar a su pueblo y a la Iglesia, ¿verdad!?
Irma: Para nada, señor. Pero…
Vegas: Pero nada, joven Irma. Nos tiene para lo que necesite.
Irma: Gracias…
García: Sabía que hicimos lo correcto al escogerla a usted.




Séptimo cuadro

Acotador: A la mañana siguiente, Rafaela y Lucas se encontraban en una carretera de terracería, a las faldas de la jungla de Xochipotli. Desde lo más alto de las copas esmeraldas de los árboles se escuchaba el canto de las cacatúas. Lucas empezó a sudar de la humedad que había en el ambiente. Rafaela recordó la sensación pegajosa del musgo que crecía en los troncos, así como el aire de tierra mojada de cuando llovía. Pese al lapso de tiempo en el cual la chica se había ausentado, poco había cambiado. Pero eso no era lo único que Rafaela recordaba. Los muchachos esperaban a uno de los soldados que se había bajado a orinar. Después de que terminase, el grupo entró al vehículo de la inquisición. Durante el transcurso, Rafaela perdió su mirada entre el follaje de resina. Ni siquiera el tambaleo provocado por los baches la inmutaba de su concentración. Mientras tanto, unos mosquitos molestaban a Lucas. Rafaela empezó a recordar aquellos días añejos, cuando aún vivía con sus padres, en la aldea de Mezli. Aquellos días donde se sentía tan ajena a su propio hogar. Una joven Rafaela aminaba por las calles de Mezli, escondiéndose entre las paredes de las casas de piedra caliza. La muchacha volteaba hacia todos lados, esperando a que no la vieran. Pero, antes que continuara con su caminar, un grupo de niños se posa atrás de ella y la apedrean.
Rafaela: ¡Basta! ¿¡Por qué son tan malos conmigo!?
Acotador: La señorita se frotó la cara en lo que una dama de cabello castaño se acercó a ella.
Acotador: La señorita abrazó a Rafaela y le cubrió la herida con un pañuelo. La niña se zafó de su madre y refunfuño de la rabia.
Rafaela: ¡Los odio a todos!
Acotador: Rafaela salió corriendo de ahí para perderse en la jungla. Su madre intentó seguirla, pero Rafaela fue más ágil. No pasó mucho tiempo antes de que la madre perdiera la vista de su hija y permaneció congelada en medio de la maleza. La señora comenzó a hiperventilar y casi se desmayaba del pánico. La madre regresó de vuelta a su casa para pedirle ayuda a su marido. Mientras tanto, Rafaela llegó a unas ruinas en medio de la selva. A la niña casi se le repugnaba la nariz del profundo hedor a lodo, pero no le importaba. Ya le era muy concurrido. Casi rutinario.
Rafaela: ¿Por qué me odian tanto? Yo no hice nada.
Acotador: Rafaela se sentó sobre el piso rocoso que le picaba los muslos y sollozó un poco más. De pronto, la niña sintió un tambaleo en el piso. Antes que Rafaela pudiera hacer algo, el suelo de las ruinas colapsa de golpe y la señorita es aplastada por los escombros. Al sentir el peso de las rocas impactar en su delicado cuerpo, la niña exclamó de la agonía y del horror. Su mente se nubló por completo y comenzó a retorcerse, para escapar de ahí.
Rafaela: ¡Mamá! ¡Papá! ¡Ayúdenme!
Acotador: Ya casi no sentía sus piernas y le faltaba el aire en su pecho.
Rafaela: Me voy a morir… me voy a morir… Pero es mejor que sea así.
Acotador: Justo cuando estaba a punto de aceptar su fatídico destino, algo quita los escombros de encima de Rafaela.
Rafaela: ¿¡Pero qué!?
Acotador: Ahí fue cuando su mirada se topó con una silueta enorme. No era humana. Era el de una serpiente enorme, con plumajes de pavorreal. Justo cuando Rafaela pensó que esa bestia se la iba a comer, la criatura se marchó al sentir que alguien se acercaba a las ruinas. Eran sus padres. La chica se lanzó sobre los brazos de su familia, llorando. Cuando Rafaela volvió a la aldea, lo primero que hizo fue relatar su incidente a los demás, y de cómo fue que fue rescatada por una serpiente enorme. Los ancianos del pueblo supieron bien de lo que la chica hablaba. Esa criatura era el Rey Serpiente; uno de los archi-dragones de Valzarios. Ni los ancianos ni el resto de los pueblerinos le creyeron. La dieron por loca.
Rafaela: ¡Tienen que creerme! ¡Fui rescatada por una serpiente gigante!
Acotador: La chica rogó a los demás porque le creyeran, pero ni sus padres lo hicieron. Desde ese día, la misma Rafaela pensó en que si ese encuentro fue algo real o solo fue un delirio de moribundo. No pasó mucho tiempo antes de que el coche llegase a la aldea de Mezli. Más de dos años desde que Rafaela se fue de ahí para irse a vivir a Yaotl y casi nada ha cambiado. Las mismas casas de barro, las mismas calles calizas, la misma gente de pueblo que ya ni la reconocía por lo distinta que se veía. Lucas notó la melancolía en el rostro de la hechicera.
Lucas: ¿Sucede algo?
Rafaela: ¿Y hasta ahora se te ocurre velar por mi bienestar, después de todo lo acontecido? Menudo caballero que me saliste. ¿Por qué no me preguntaste esto cuando me llevaste a Mazahua o cuando me enjaulaste?
Acotador: Lucas titubeó por un rato.
Rafaela: Desde que me llevaste a esa correccional de Yaotl, no has dicho nada más que “la Iglesia esto”, “la Iglesia esto otro”. ¿Qué no sabes otra cantaleta?
Acotador: Lucas no respondió.
Rafaela: Sí. Eso pensé. No eres el mejor hablador del mundo, a pesar de cómo me hablaste en ese burdel. ¿Verdad?
Acotador: La chica notó que el muchacho se entristeció.
Rafaela: Lo… lo lamento. Yo…
Lucas: No, no, no, no, no. Tienes razón. Solo pensaba en cumplir los deseos de mi herm… la Madre.
Rafaela: ¡Espera! ¿¡Qué fue lo que trataste de decir antes de que te retractaras!?
Acotador: Lucas no contestó.
Rafaela: Con que ahora no quieres hablar, ¿eh? Ibas a llamar a la Madre “tu hermana”, ¿verdad?
Acotador: El caballero siguió sin responder.
Rafaela: Ya sabía que en burro viene el alebrije. Solo te uniste a los inquisidores porque tu hermana era la jefa. Seré mensa, pero no despistada. “Todo por mi hermanita”, ¿verdad?
Lucas: ¡Cállate!
Acotador: Silencio. El muchacho suspiró de manera molesta.
Lucas: Tienes razón… la Madre Irma es mi hermana. Y sí… me uní a los inquisidores de la Iglesia por compromiso con ella. ¿Quién eres tú para juzgar mis decisiones? No eres más que una maga gamberra.
Rafaela: ¡Ahora quieres aplicarme la de “yo soy la autoridad de los Reyes” conmigo, ¿eh!? Eso pensé. Todos los de tu camada son iguales. Creyéndose los paragones de la moralidad y la ética, mientras hienden sus espadas sobre los demás.
Lucas: ¿¡Tú qué sabes de tener una familia a quien proteger!?
Acotador: La chica se ofendió muchísimo por ese comentario. Soltó una bofetada, pero Lucas se dejó bofetear. Rafaela entró en pánico al darse cuenta de lo que hizo.
Lucas: Te faltó la otra mejilla…
Acotador: Rafaela permaneció callada.
Lucas: Eso pensé.
Acotador: Después de esta situación embarazosa, los dos muchachos terminaron la conversación.


Continuará...
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Autor anónimo, lo primero que debo decir es que menudo valor has tenido en subir una historia que acaba en un continuará y que lleva Parte 1 en el título... Yo hice algo parecido pero menos exagerado en el reto de fanfics y me costó el último puesto, así que te deseo mucha suerte porque la vas a nacesitar. xD

Sobre el texto, creo que no entiendes muy bien el funcionamiento de un guion teatral, y no quiero ser precisamente yo el que critique el romper reglas, así que voy a decirte que lo de usar cuadros en lugar de actos y escenas está curioso. El problema está en que hay unos cambios de escenarios brutales que uno ve normal en una novela o en una película, pero no en una obra de teatro, cuyos escenarios están limitados por razones evidentes.

A la vez, el acotador, aunque parece una versión incorrecta de las acotaciones teatrales, creo que funciona bien para suplir lo anterior, ya que él nos describe la situación y soy capaz de imaginar la obra en un escenario minimalista y que todo el entorno seamos nosotros como lectores/espectadores quienes tengamos que imaginarlo; también, en Auto da Compadecida, Suassuna usa un personaje llamado Payaso (Palhaço en la versión original) que tiene un funcionamiento similar a este Acotador, aunque evidentemente esa obra sí usa acotaciones.

Aunque por el lado malo, el no usar acotaciones y que las descripciones vengan de un personaje, me hace pensar en que los actores en la obra no estarían actuando casi nada porque ya hay alguien describiendo lo que hacen (y la explicación sería redundante para con esa actuación).

De la escritura, aunque no he visto erratas, sí he visto construcciones raras o cosas que no tienen sentido, por ejemplo: dos gemelos desayunaban en el comedor. Ambos eran de cabello castaño claro, tez clara y ojos negros. Ese ambos sobra, porque si son gemelos mellizos (no pueden ser gemelos si son de sexo diferente) se entiende que van a ser parecidos, y hay más oraciones o palabras redundantes a lo largo del relato. O escenas que sobran, como la del soldado que ha ido a orinar y que no aportan nada al relato (si al ir a orinar fuera atacado pues sí, pero no es el caso).

También, ya que te inventas todo el tema este de los cuadros, al menos hazlo bien: El flashback debería ser un cuadro aparte (de hecho, incluso diría que dos; uno en el pueblo y el otro en las ruinas) y no estar metido como parte de otro cuadro que nada que ver.

De la historia, no hay mucho que contar, porque realmente no pasa nada. Al leer lo de parte 1 supuse que serían dos partes y esto al menos llegaría a la mitad del nudo de la historia pero no, tal y como lo veo esto en el mejor de los casos ha salido del primer acto (y aun así tengo mis dudas de si considerar ese diálogo final como el primer giro). De paso, este relato NO ES DE HALLOWEEN, no hay nada terrorifico u horrible en él para que pensemos así, hay brujas e inquisiciones, pero esto lo podríamos encontrar en cualquier relato fantástico, es más, si no sé de qué reto es esto y me preguntan, hubiera dicho que es del reto de San Valentín o de uno erótico.

Del mundo... Ufff... ¿Por qué haces que en un entorno que es evidentemente México, lo que encontremos sea el Vaticano? Sí, México tiene como principal religión todavía la católica (y aunque ha decrecido, ha sido en parte porque otras denominaciones cristianas han crecido), pero lo que has hecho es coger México y plantarme el Vaticano y la Santa Inquisición ahí y venga... Uno esperaría que al menos Rafaela por ser bruja y venir de un pueblo tendría creencias más heréticas (que a lo mejor las tiene, pero no lo vemos; mientras sí vemos que le encanta el sexo).

De hecho, intentas contar varias historias a la vez (la de Irma, la de su hermano, la de Rafaela...) cuando deberías centrarte en una porque vas abriendo cosas y dejando muchas dudas por el camino, como la del funcionamiento de esta iglesia, quiénes son los hombres que están con Irma...

Ya por finalizar: ¿Qué penitencia es esa? O sea, la penitencia dura que le ha impuesto implica un trabajo que también deben hacer soldados que por lo que sabemos no han sido castigados, así que su penitencia no tiene nada de especial. Entiendo el punto de que al ser maga quieran aprovechar sus poderes, pero uno esperaría que además de eso la castiguen de alguna manera...
Responder
#3
Aquí hay un problema muy serio, la cuestión de las descripciones. Has confundido el formato de un relato y el de una obra, siendo que son cosas completamente distintas.
En el teatro, el guión NO describe nada, o casi nada. Sólo acciones muy específicas que 1) los actores no pueda deducir ellos solos; y 2) que sea relevantes para la trama de la obra.
Tú lo que has hecho es narrar y describir elementos subjetivos, como en una prosa normal. Como si fuera un cuento, pero en vez de guiones, pusieras los nombres de quien habla. Y pudiera entenderse como un experimento, como explorar las posibilidades, pero esta mezcla que haces está tan marcada y tan presente que opaca todo lo demás. Uno no puede imaginar lo que sucede ni como relato ni como puesta en escena.

Por lo demás. Coincido con JP, la historia no es de miedo, y está inconclusa, lo que le resta impacto.
Bardo
Responder
#4
Ok... hablemos del elefante en el cuarto... la verdad es que el relato no es de Halloween. Entiendo que quieras postear una historia sobre una bruja que se ve utilizada por un gobierno menos que justo, pero no da miedo.
Dos. Pues los personajes necesitan un poquitín más de trabajo. No se sienten muy interesantes, fuera de algunas acciones que pueden dar para más.
Las acotaciones necesitan trabajo, además.
«No hay nada que ganar, cuando no hay nada que perder» https://discord.gg/4r9TF
Responder
#5
Mi primera impresión al empezar a leer y encontrarme con "primer cuadro" era que estaba ante un guion de comic y me he dicho, vamos allá.
Al principio pensé que el acotador era tu forma de introducir un cartelón en una viñeta, entonces al volvérmelo a encontrar entendí que era un personaje y tuve que replantearme la lectura.

¿Porqué te cuento todo mi proceso mental?
Pues para que veas lo difícil que me ha sido enfrentarme al texto desde un principio. me ha parecido caótico y confuso en muchos aspectos, he llegado a pensar que quizás es eso lo que buscabas pero luego dabas descripciones que no se ajustarían a tus propias reglas y ya todo se me ha vuelto a derrumbar.
No he conseguido sacarme la sensación en todo momento de que esto es una idea para un comic erótico, el planteamiento de un guion en el que las descripciones se han cambiado por esta figura del acotador.

Para acabar, al no tener un final y quedarse en un continuará nada de lo que ocurre tiene sentido, es todo una presentación de situaciones, tramas y diálogos que aunque te presentan un mundo no contienen ni pizca de lo que podríamos llamar Misterio/Terror.

Obviamente estoy de acuerdo con mucho de lo que expone JPQueirozPerez.
Y solo me queda igualmente desearte suerte.
Responder
#6
Sí, fue una decisión peculiar por parte del autor querer contar la historia de esta forma. Cuando Lucas se lleva a Rafaela a la habitación del burdel y, más tarde, cuando se la lleva prisionera, pasan por cincuenta mil escenarios. Luego está el flashback al final, así que claramente no es una obra de teatro. Es basicamente un relato cambiando al narrador por el acotador, lo cual se termina haciendo cansado de leer. Los guiones de diálogo y los incisos se inventaron por una razón, y es que resultan más fáciles de leer y te permiten darle cierto ritmo dramático a los intercambios.

Por supuesto, está también la posibilidad de que realmente hayas escrito esto como un guión teatral y pretendas que algún día se convierta en una obra en donde hay un personaje acotador que está todo el rato explicando lo que hacen los actores, en vez de dejar que sus actuaciones hablen por sí mismas. En ese caso, una vez más, te digo que no puedes cambiar de escenarios de forma tan rápida.

En fin, tendrás que explicarnos cuales son tus intenciones con este formato, autor misterioso.

Sobre la historia, lo mismo que ya te han dicho por ahí arriba: se supone que estos relatos tienen que ser auto-conclusivos. Como punto positivo, me gusta que pareciera que íbamos a presenciar una escena erótica y luego se convierte en una trampa para capturarla. No lo vi venir, genuinamente me estaba esperando al pesado del acotador ponerse en plan "y entonces empezaron a hacer el mete-saca".

Sobre los personajes, me causa gracia Rafaela, la cual es una inocentona pero una salidorra al mismo tiempo. No que ambas cosas sean mutuamente exclusivas, pero es definitivamente un personaje interesante.
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