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Reto Hal20: La Granja en Nueva Zelanda
#1
1

“La UBVF está buscando participantes para un ensayo de una nueva prohormona que actúa como inmunomodulador contra el Covid-19. Cada participante recibirá 300 euros por un día de experimentación. Llamar al número provisto abajo para recibir detalles sobre posibles riesgos y prerrequisitos. Inscripciones terminan el 31 de Octubre”.
Cuando vi el anuncio, inmediatamente pensé en Rebeca. Llevábamos siendo amigos desde la secundaria, cuando nos conocimos, y no existe en el mundo mejor persona que ella. Especialmente para mí, que soy huérfano y no me sobra la gente cercana. Maldita sea, ¿por qué tuve que arruinar nuestra amistad declarándome de esa forma tan patética? Todavía se me encoge el estómago de la vergüenza al recordarlo. ¿Por qué le tuve que decir esa tontería de que mi sueño en la vida es que vivamos juntos en una granja en Nueva Zelanda? Con hijos mellizos y un san bernardo como el de Beethoven. E incluso tuve que tartamudear esa gilipollez de llamar a uno de nuestros hijos como su abuela, Isabel, que murió el mes pasado. Pensé que mi confesión la haría tan siquiera sonreír. En mi cabeza sonaba adorable. Pero lo único que hice fue que se pusiera roja de la vergüenza ajena y mirase de un lado a otro, buscando un hueco en la tierra que se la tragara. Y ya cuando mencioné lo de su abuela pensé que me iba a dar una bofetada. Es que mira que soy retrasado.
Con esos 300 euros podría al menos comprarle algún detalle bonito. Ya sé que lo nuestro nunca volverá a ser lo mismo; la he cagado bien. Pero al menos quizás consiga ponerla de buen humor y conservar algo de dignidad al mismo tiempo. Algo así como unos billetes para el próximo concierto de Deafheaven, con una tarjeta que diga “de parte de un gilipollas que no sabe dónde tiene metida la cabeza”.
Me atendió un señor de voz sosegada cuando llamé al número que venía en el panfleto. Me leyó en voz alta un montón de palabrería médica y me pidió mi email. Al día siguiente recibí un link a la página web de un tal Dr. Petróvich. Me extrañó que no fuera de alguna página de la UBVF, pero en fin, que tampoco me voy a poner tiquismiquis si de verdad me van a pagar 300 al día. Tras anotarme, puse la dirección en la app de Uber y llamé a un conductor.

2

Nunca había probado un té de un sabor tan raro, como a metal, pero no quise decir nada que pudiera ofender al doctor Petróvich. Era un señor mayor, calvo, de sonrisa cándida y ojos amables de un color tan gris como su barba. Acentuó más su sonrisa al verme beber el té, como deseando que me gustara. Asentí alzando la taza, tratando de confirmar sus expectativas. Luego le di sorbitos mientras levantaba mi mascarilla.
—Pensé que el experimento tendría lugar en una clínica o en la universidad, o donde sea que suelen tener lugar esas cosas. No me esperaba que fuera a ser en su casa —dije, por decir algo.
—Por favor, bébase todo el té. Le calmará.
El señor Petróvich me instó a hacerlo con un gesto de la mano, su amplia sonrisa cándida ensanchándose más. Fruncí un poco el ceño. Hay que ver cómo es la gente mayor, pero le hice caso. Sabía horrible.
—¿Usted no bebe? —le pregunté al notar que el señor Petróvich no tocaba su taza.
—Una pregunta a la vez, por favor —me respondió amablemente—. El experimento no va a tener lugar hasta dentro de varios meses. Hoy solamente vamos a centrarnos en completar los… trámites pertinentes. De ahí que nuestra reunión tenga lugar en mi casa, que es también mi despacho, por toda la situación actual. Habitualmente hubiéramos realizado este proceso en la UBVF, pero con la pandemia, no es deseable terminar juntando a mucha gente.
—¿Por trámites se refiere a todos esos formularios que he rellenado?
El anciano dio una leve risa y asintió cándidamente.
—Claro. Por supuesto.
—¿Y recibiré pago hoy igualmente? No pretendo sonar como un “listillo”, pero tenía la esperanza de recibir el dinero cuanto antes.
—Descuide, que no está siendo listillo.
Viendo que el señor Petróvich no añadía nada, dije, tratando de sonar lo más calmado posible:
—Y bueno, ¿cuándo recibiré el pago?
—¿Qué pasa, que mi té no le parece suficiente? —dijo el anciano, e inmediatamente después se carcajeó de su propia broma—. Está bien, está bien, dejaré de tomarle el pelo. Venga conmigo y le extenderé un cheque.
Me cubrí con la marcarilla, me levanté y lo seguí por un largo pasillo que conducía a una gran puerta de aspecto macizo. Me sentía mareado. Cuando el señor Petróvich abrió la puerta, vi unas escaleras que descendían hasta la penumbra.
—¿Tiene su despacho en el sótano? —le pregunté, limpiándome el sudor que empezaba a bajar por mi frente.
—Por supuesto. Es donde también tengo mi laboratorio.

3

Cuando llegamos abajo, el anciano encendió las luces y pude ver que no mentía al decir que ahí tenía su laboratorio. Era una estancia muy amplia, sin ventanas, con mucha iluminación y camillas por todas partes. Pude ver lo que parecía un fMRI al fondo, estanterías y estanterías llenas de envases, frascos y botellas, varias máquinas de aspecto extraño que no fui capaz de identificar, y una mesa al fondo con algo oculto bajo un mantel blanco. Dicha mesa estaba también repleta de herramientas de cirugía.
—Pues sí que se lo tiene bien montado —dije, impresionado. Quizás fuera por la intensidad de las luces, pero estaba empezando a sentir una punzada en la cabeza.
—Mi trabajo lo requiere.
—¿El experimento sobre Covid-19?
—Eso también, aunque lo que hago aquí es otra cosa mucho más importante.
Lo miré, alzando una ceja.
—¿Más importante que curar el Covid-19? ¿En serio?
—Definitivamente. Venga, acompáñeme.
El señor Petróvich caminó hacia la mesa con el bulto oculto bajo el mantel y las herramientas de cirugía. Mientras lo seguía, no pude ocultar mi curiosidad.
—Pero dígame, ¿qué es ese trabajo tan importante?
—¿Ha oído hablar sobre los estudios de cerebros aislados?
Negué con la cabeza mientras nos deteníamos delante de la mesa con el bulto cubierto con un mantel. Noté que, lo que sea que hubiera debajo, debía de tener el tamaño de una cabeza.
—Consisten en mantener un cerebro vivo sin un cuerpo.
Y como queriendo ilustrar su punto, el señor Petróvich levantó parte del mantel, revelando un cilindro de cristal lleno de líquido amarillento y con un cerebro dentro. Me dio un poco de repelús.
—Vaya, ¿de qué es el cerebro?
—De chimpancé. Para mantener el tejido cerebral vivo hace falta replicar los sistemas del cuerpo que mantienen el cerebro sano —continuó el anciano—. Una solución artificial de fluido cerebrospinal es lo primero, por supuesto. Debe contener electrolitos en la concentración correcta, disoluciones amortiguadoras para controlar el ph, y nutrientes para las células. También suelo echarle antioxidantes para ayudar a que las neuronas sanen. La temperatura debe ser la misma que la del cuerpo humano. Lo más difícil es el proceso de extracción el cerebro completo, ya que hay que hacer cirugía en su vasculatura interna cateterizando el Círculo de Willis.  Con el proyecto que pretendo emprender, donde voy a mantener también vivos los sistemas auditivos, los nervios faciales y alguna musculatura, es todavía más complicado, pero se puede hacer.
—Muy interesante… —dije, observando el órgano y asintiendo, sin saber qué decir. Muy simpático el señor con sus cosas de ciencia, pero a ver cuándo me da el dinero de una vez.
—Definitivamente. Es un tópico fascinante, ¿no le parece? —dijo, observándome con sus ojos grises —. Uno no puede evitar preguntarse cómo debe de ser una existencia semejante, sin cuerpo, sin sentidos, solo la mente —añadió, sin dejarme responder—. Por desgracia, lo único que podemos hacer es conjeturar sobre las muchas posibilidades. No existe investigación científica capaz de atestiguar fehacientemente cómo es semejante experiencia. Existen estudios en roedores usando electrodos, EEGs, fMRI, e incluso estudios donde los sistemas olfativos se mantienen para investigar el reconocimiento del olfato. Pero nada que pueda investigar el fenómeno desde un punto de vista cognitivo-conductista, en vez de meramente neurológico. Los roedores no son muy comunicativos, que digamos, y menos cuando solo son un diminuto cerebro flotando en un envase.
La punzada en mi cabeza se estaba volviendo más intensa. No estaba seguro de si por las luces, por el cerebro, o por el rollo que me estaba soltando el anciano, pero quería irme de allí cuando antes. Pero en fin, esos 300 euros bien valen la espera.
—Muy interesante, sí… —dije, limpiándome el sudor —. Bueno, bien pensado, en realidad sería algo horrible. Sería como ser tetrapléjico, pero peor, ya que no puedes ni oír, ni ver, ni oler.
El señor Petróvich se encogió de hombros.
—La ciencia no entiende de horrible o agradable, de bien o de mal. Solo sobre la verdad. Sobre hechos y evidencias. Sobre responder a los misterios del universo. Pero de momento, lo único que uno puede hacer es teorizar y entretenerse con ideas. Mi teoría es que una existencia así terminaría convirtiéndose en algo mucho más… ilimitado. Igual que un ciego tiene sus otros sentidos agudizados, alguien sin cuerpo tendría una mente mucho más poderosa, hasta extremos que solo podemos imaginar. El límite entre pensamientos y sueños se volvería difuso, y para compensar por la falta de estimulación externa, la mente crearía escenarios con los que interactuar que, aunque solo parte de la imaginación, serían tan reales como la vida misma.
Me estaba empezando a dar náuseas.
—¿Sería como soñar, entonces? —dije.
—Sí. Las alucinaciones son comunes en estudios de privación sensorial. Muy probablemente, después de un tiempo, la mente sería incapaz de diferenciar la realidad de la fantasía, pues para el sujeto se terminarían convirtiendo en lo mismo. Pero eso es solo una conjetura, y ni siquiera una muy buena. Por eso debemos ponernos a trabajar para saber la verdad, ¿eh, amigo mío?
Clavó los ojos en mí. Asentí, no muy convencido. El señor Petróvich me estaba empezando a dar mal rollo. Mirándolo en retrospectiva, debería haberme dado mal rollo desde hace tiempo.
—Ha sido un placer visitar su laboratorio, pero creo que ya va siendo hora de que me vaya. No pretendo ser antipático, pero agradecería si me extendiera ese cheque cuanto antes.
—¿No quieres saber qué más hay debajo del mantel? —me preguntó. La sonrisa cándida había desaparecido y ahora sus ojos grises desprendían un brillo siniestro, entre arrogante y amenazante.
—De acuerdo… —Miré el bulto debajo del mantel. ¿Otro cerebro? Añadí—: Pero por favor, dese prisa. Mi… mi madre sabe que estoy aquí y me está esperando para la cena…
—Eso no es verdad. No tienes madre. Eres huérfano, lo pusiste en los formularios que rellenaste antes, ¿recuerdas?
Pero antes de que pudiera responder, desplegó el mantel y reveló la otra cosa que había en la mesa.
Aparté la vista, asqueado. Tuve que contenerme las ganas de vomitar. El mareo no ayudaba. El corazón me empezó a palpitar como una bomba de relojería, y tuve que apoyarme sobre las rodillas para tranquilizarme un poco. Cuando lo hube hecho, fulminé al señor Petróvich con la mirada.
—¿Qué se supone que es esto? ¿Me está vacilando? —dije, señalando la cabeza amputada de chimpancé que había sobre la mesa dentro de otro recipiente de cristal con líquido. Carecía de pelo y tenía el cerebro al descubierto —. Ya he tenido suficiente de sus clases de ciencia, me voy. Me siento enfermo…
Me pareció ver que los ojos de la cabeza del chimpancé se movían. Casi podía oír las palpitaciones de mi corazón y todo se estaba volviendo borroso.
—Ya sé que se siente enfermo —dijo el anciano como si nada.
—Ah, ¿sí? Pues si sabe que esto me haría sentir así, ¿por qué entonces me lo muestra?
—¿Eh? Ah, no, perdone. No me estaba refiriendo a que empatizo con usted. Me refiero a que sé que se siente enfermo por la difenhidramina que puse antes en su té. Y en cuanto a por qué le muestro la cabeza de mi anterior sujeto de pruebas, la respuesta es obvia: usted va a ser el siguiente sujeto de pruebas, merece saber en qué va a consistir el trabajo.
El chimpancé abrió la boca y dio un grito silencioso. Antes de que ese loco terminara de hablar, me di la vuelta y salí corriendo. Mientras llegaba a la escalera, pude oír su voz detrás de mí hablándole a su mono:
—Ni siquiera ha ido a por los cuchillos de cirujano el muy imbécil.
Subí los peldaños sin hacerle caso, tan rápido como mis piernas me lo permitían. Todo se veía cada vez más borroso, y el cuerpo se sentía pesado. Pensé en Rebeca, la única persona significativa en mi vida, mientras trataba de abrir la puerta. Apenas era capaz de discrepar el contorno del pomo, pero cuando lo hube hecho, me di cuenta de que la puerta estaba cerrada con llave. Traté de empujarla y patearla, pero esa sólida como el hierro. Grité con todas mis fuerzas hasta abrasarme la garganta con cada aliento. Y entonces vino la penumbra.

4

Nunca en mi vida me había despertado sintiéndome tan mal, ni siquiera con la peor de las resacas. La boca me sabía a medicina, bilis y sangre, no sentía los brazos ni las piernas, tenía una sed terrible y la cabeza me castigaba con punzadas dolorosas. Olía como a hospital. Todo estaba a oscuras, lo único que se veía eran mis constantes vitales en el monitor cardíaco. Traté de levantarme, pero era incapaz de moverme. Los brazos no me respondían y tenía algún tipo de atadura que me mantenía el pecho y el abdomen sujetos a la camilla. Recordé todo lo ocurrido y empecé a llorar. Antes de que pudiera entrar en pánico, escuché una puerta abrirse y pisadas bajar por una escalera.
—Mis más sinceras disculpas, esto no formaba parte del plan… —dijo la voz del señor Petróvich desde la oscuridad.
—¡Suéltame! ¡Déjame ir! ¡Déjame ir! —grité, revolviéndome en la camilla.
—¿Con todo el trabajo que tenemos por delante? No, imposible. Aunque admito que esto es una inconveniencia con la que no conté. Una vez más, mis disculpas por ello.
—¿Secuestrarme es una inconveniencia? ¡Eres un psicópata! ¡Suéltame, suéltame, ahora mismo!
Las lágrimas y la saliva me cubrían el rostro.
—¿Psicópata? Como científico, me cuesta mucho sentir respeto por los diagnósticos del DSM. Hace años consideraban hasta la homosexualidad un trastorno. Pero de todas formas, no es a su secuestro a lo que me refería por inconveniencia, sino a esto.
Acto seguido, encendió las luces. Y entonces lo vi. Vi en lo que me había convertido. Cuando giré la cabeza, mi primer pensamiento fue que aquello no era real. No podía serlo.
—No… no, no, no…
El monitor cardíaco empezó a dar pitidos a un ritmo acelerado. El señor Petróvich no dijo nada, como queriendo que la negación diera paso a la angustia, y lo hizo. Lo hizo con intensidad. Lloré sin emitir sonido, sin fuerzas siquiera para hacer oír los sollozos y gritos. Los pitidos aumentaban incesantemente. Incliné la cabeza para mirar el resto de mi cuerpo desnudo. Hasta me había amputado los genitales.
La razón por la que no sentía los brazos y las piernas era porque no tenía.
—Si solo quisiera realizar un experimento de cerebro aislado, hubiera extraído tu cerebro desde el principio en vez de esto—dijo el psicópata—. Pero para que nuestra investigación cognitivo-conductista tenga éxito, voy a necesitar algún medio para que podamos comunicarnos. Debo preservar los suficientes músculos faciales como para que podamos entablar un sistema de señales. Mantener un cerebro vivo en un recipiente es una cosa. Mantener una cabeza viva sin cuerpo, un poco más complicado. Las extremidades solo son un estorbo en medio de una operación tan complicada. Mi plan es que estuvieras inconsciente durante todo el proceso, pero por desgracia, mis anestesias han sido necesarias para otras labores. También estoy trabajando en otros sujetos en esos tanques de allí, pero ellos conservan sus cuerpos. Son experimentos de privación sensorial y motora, con objetivos parecidos a los que busco contigo, pero no exactamente alineándose con el fundamento de mi teoría. En cualquier caso, he calculado mal cuánta anestesia administrarte a ti. Una vez más, mis disculpas.
—¡Púdrete en el infierno! —le grité.
—El infierno no existe. En fin, trataré de tenerte anestesiado lo antes posible. Una vez eso ocurra, podremos retomar la operación. La próxima vez que te despiertes, serás una cabeza sin cuerpo, ni cráneo, ni ojos, ni nariz, ni la mayor parte de la cara, solo con el sistema auditivo y los músculos, huesos y nervios necesarios para que puedas retraer el risorio. ¿No es emocionante?
Continué gimiendo, deseando que aquello fuera una pesadilla. Ojalá nunca hubiera leído ese anuncio y hecho aquella llamada. Ojalá nunca hubiera sido tan idiota como para meterme en la casa de un desconocido y seguirle el juego. Ahora estaría con Rebeca, riéndonos de mi declaración de amor desastrosa.
—La policía te encontrará y pagarás por esto —dije entre balbuceos.
—Trabajo para gente muy poderosa, es una garantía que tal cosa no ocurrirá, de ahí que esté haciendo lo que estoy haciendo.
—Mátame… —susurré.
—Me ofendes, jovencito. No digas esas cosas tan horribles.
—Por favor —supliqué—. Mátame. Sé humano. Por favor, por favor, solo mátame.
El señor Petróvich suspiró y se acercó a mi camilla. Agarró una silla con una fuerza y agilidad impropia de su edad y la colocó a lado mía. Se sentó en ella y cruzó las piernas, observándome intensamente con esos ojos grises de demonio.
—He aprendido mucho sobre tu vida en los últimos días, mientras cubría mis huellas —comenzó—. Y la verdad sea dicha, no veo qué tienes que lamentar de esa vida pasada. Yo no te he emasculado y convertido en un inválido. Ya estabas emasculado y ya eras inválido de antes, solo que no lo sabías. Siempre lloriqueando detrás de aquella chiquilla, ¿cómo se llama? ¿Rebeca? Siempre disculpándote, siempre lamentando todas y cada una de tus decisiones, siempre de rodillas, siempre suplicando. No eras nada. No eras nadie. Y ahora… —Observó mi cuerpo mutilado—. Ahora tampoco eres mucho, pero al menos tienes algo que no tenías antes: un objetivo. Un propósito más grande que tú, incluso más grande que yo. Serás el primero en un experimento que cambiará radicalmente nuestro entendimiento de la humanidad, de la ciencia, y del mundo. Cuando los médicos de Isfahan se dedicaban a abrir cuerpos, se los tachó de nigromantes, un pecado vil condenado por cristianos, judíos, islamitas y zoroastrianos por igual. Un sacrilegio del alma, una violación del espíritu. Y, sin embargo, si no hubiera sido por sus labores, y por el sacrificio de sus sujetos, ¿dónde estaría la medicina hoy en día? Algo tan simple de curar como la inflamación del apéndice sería considerado una maldición de brujas. Hoy en día los valores éticos han cambiado, pero la situación es la misma. Créeme, serás recordado mucho tiempo después de haber muerto. Los huesos de esa tal Rebeca no serán ni polvo en la tierra, pero tu nombre seguirá siendo citado en artículos científicos y libros de texto. Te estoy dando el mejor regalo que nadie jamás te hubiera dado en tu vida de antes: un destino.

5

—Trece retracciones, eso es una M. Retracta el risorio una vez si es cierto. Muy bien, siguiente letra. A ver… uno… una retracción. Eso es una A. Retracta el risorio otra vez si es cierto. Muy bien, siguiente letra. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte, veintiuno… veintiún retracciones, eso es una T. Retracta el risorio una vez si es cier…
No le hizo falta seguir para saber qué palabra iba a resultar. El señor Petróvich se quitó las gafas y se frotó los ojos, exasperado.
—¿Ya empezamos otra vez? Pensé que habíamos superado esta fase. No voy a matarte. Vas a tener una vida muy muy larga —Se volvió a poner las gafas y pulsó unas cuantas teclas—. En fin, va a ser mejor que cambiemos de tema. Háblame sobre miembros fantasma. ¿Cómo es la experiencia desde tu punto de vista? Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece… trece retracciones, eso es una… una puta M otra vez.
El anciano empujó su teclado y se recostó en su asiento. Observó la pantalla del ordenador, donde podía ver las cámaras que mostraban un primer plano del risorio. Se levantó y caminó hacia su paciente.
—Ya sabes lo que va a pasar si no colaboras. No me obligues a usar los electrodos para estimular tu lóbulo parietal. Si dolor es lo que quieres, dolor es lo que tendrás. Nadie dijo que esto fuera a ser fácil. La grandeza nunca lo es. Y ahora, continuemos, por favor. Háblame sobre miembros fantasma. Ya te expliqué lo que son. Es la percepción de que un miembro amputado todavía está conectado al cuerpo o, en tu caso, a la cabeza, y dicha percepción suele causar dolor. ¿Es esto lo que tu sientes? Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte… veinte, eso es una S. Retracta el risorio una vez si es cierto. Muy bien, siguiente letra. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve… nueve, eso es una I. Retracta el risorio una vez si es cierto. Muy bien, siguiente letra…. Parece ser que no hay respuesta. Retracta el risorio una vez si no hay siguiente letra. Hmmm. Paciente
#13
ha respondido “Sí” a la pregunta “¿Es esto lo que sientes?” al referirme al dolor causado por un miembro fantasma. Muy bien, así me gusta. Siguiente pregunta.

6

Era tan hermosa como Hobbiton en las películas de El Señor de los Anillos. Nuestra granja de Nueva Zelanda. Por fin podíamos permitírnosla. Años y años de esfuerzo y trabajo bien hecho por fin dieron sus frutos. Cuando vi a nuestros mellizos corretear dentro de la casa, casi se me inundaron los ojos en lágrimas.
—Tened cuidado con las paredes, que están recién pintadas —les grité.
La pequeña Isabel vino corriendo a darme un abrazo y me prometió al oído que, no solo no volvería a pintar en las paredes, sino que además se aseguraría que su hermano tampoco lo hiciese de nuevo.
—Confío en que te asegurarás de que no lo haga. Tú eres la mayor, por unos minutos, sí, pero la mayor al fin y al cabo.
Asintió vehementemente y me estampó un beso húmedo en la mejilla. Salió despegada como un torpedo casi al instante, de vuelta a jugar con su hermano.
—Parece que ya se sienten como en casa —me dijo Rebeca.
—Es que esta es su casa. ¿Verdad, Ronzón?
El san bernardo levantó la cabeza al escuchar su nombre y se acercó a mí, olfateándome en caso de que tuviera comida que darle. Acaricié su peluda cabeza con energía.
—Y tanto. Me encanta como ha quedado todo. Es mejor incluso de lo que me esperaba —dijo mi esposa.
—Por supuesto. Te dije que algún día tendríamos una granja en Nueva Zelanda.
—Sí, lo recuerdo. Cómo olvidarlo.
Rebeca se ruborizó y ocultó su sonrisa tras las palmas de sus manos.
—¿Te refieres a ese día en que te confesé mi amor de esa forma tan romántica?
—Sí, y luego tuviste que comprarme entradas para los Deafheaven para compensarme por tu “romanticismo”.
—Qué se le va a hacer, así soy yo, todo pasión y cariño, nada de cerebro.
Nos besamos mientras el sol se ponía, arrojándole a nuestra casa el brillo anaranjado del anochecer.
—¿Cómo conseguiste el dinero para las entradas, por cierto? —me preguntó entonces Rebeca —. Nunca me lo dijiste.
—Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece… ¡M! ¡Es la M! —gritó Isabel.
Otra vez estaban jugando al juego de convertir números en letras del alfabeto. Por un momento me pareció ver que Isabel me miraba intensamente con ojos grises. Pero debió de ser mi imaginación, porque cuando volví a bajar la cabeza, eran sus ojitos marrones e inocentes de siempre.
—No me acuerdo —le respondí a Rebeca —. Le vendí mi alma al diablo, supongo.
Ella simplemente sonrió y volvió a besarme. Cerré la puerta de la casa y nos fuimos a la cocina a preparar la cena. Mañana iba a ser otro soleado día de ensueño en nuestra granja de Nueva Zelanda.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
En tema en cuanto a escritura está bastante bien, no he visto grandes problemas, además de poner llamar en lugar de llama o llamad...

El protagonista está lo suficientemente bien dibujado para que suene creíble e incluso para que podamos empatizar, pero a la vez tiene ciertos problemas: La manera patética de declararse, y también ciertos pensamientos que tiene hacen pensar que es un chaval (es de suponer que mayor de 18) o principalmente que crea que 300 euros por un ensayo cuyos efectos secundarios desconoce es muchísimo dinero (por mucho que este año, sí, pueda parecerlo), pero luego otras cosas dan a pensar que es alguien algo mayor, no necesariamente un treintañero pero sí alguien que ha dejado de ser un chavalín, como que sepa lo que es un fMRI (aunque en este caso puedo pensar que es simplemente culturilla general mal aplicada, porque de hecho la máquina es de resonancia magnética, mientras que la abreaviatura hace referencia a la técnica).

El personaje del doctor por otro lado funciona peor... Pasando por alto lo cliché que es el doctor loco haciendo experimentos, ¿es un homenaje o es realmente el doctor Démijov? Realmente no queda claro porque con el tema de gente poderosa protegiéndole uno podría pensar que no murió a finales del siglo pasado sino que ha seguido vivo. También aunque usa mucha palabrería cientifica, luego dice cuchillo de cirujano en lugar de escalpelo o confunde teoría e hipótesis...

De la historia, aunque en general funciona bien, y entra dentro del horror, pierde mucho de suspense y el propio terror si cuentas tanto en lugar de mostrar y eso ocurre mucho con la manera en la que el protagonista empieza a sentirse mal. Por lo demás, es un final que funciona porque era de esperar: No puede ser realmente un final feliz, porque no hay manera natural de que hubiera escapado, a no ser que hubieras planteado la historia de otra manera, con varios sujetos de pruebas reunidos como en ciertas películas de género thriller; aunque a la vez da sentido a la dichosa granja. Sin embargo, el salto que hay hace que el final no funcione tan bien; sabemos que no ha escapado porque lo último que supimos de él era que de él no quedaba más que el cerebro y algunos músculos (por cierto, ténicamente para tener los músculos que se mencionan, aunque no esté entero, sí mantendría partes del craneo). Hubiera funcionado mejor de otra manera: Si creemos que logra escapar, pues sería un final que podría pasar por real y que sorprendería con ese detalle final; aunque para eso harían falta otros sujetos, para que pudieramos conocer de antemano el tema ese de los números y las letras.
Responder
#3
Bueno, para empezar me gustaría destacarte algo positivo: en el primer párrafo he conectado con el personaje gracias a ese sentimiento de haberla cagado con la chica que te gusta, me ha gustado la forma de expresarse y su nerviosismo. Incluso sonreí pensando en esos momentos de pánico adolescente en los que se le da demasiada importancia a cualquier detalle.

Pero, y ahora vamos a la chica como hace JP, también en el primer párrafo me habría gustado un anuncio mejor redactado, con más cuerpo de anuncio. Esta redactado casi como una noticia de periódico más que como un anuncio. Me resultaría mas placentero si al empezar el relato me encontrase algo mas del tipo "¿Necesita un dinerillo rápido?, ¿La pandemia le ha dejado sin trabajo? En la UBVF buscamos sujetos de pruebas para un ensayo patatin patatan... ¿Me explico? Un anuncio pienso que debe ser más directo. Siempre puedes dejarlo tal cual y simplente cambiar que el diga: "cuando leí esa noticia" en lugar de ese anuncio.

Cuando nos encontramos con el "cándido" doctor, me gustaría decirte que necesitas usar algunos sinónimos mas para este tipo. Puede ser tranquilo y sosegado en sus movimientos, tener una sonrisa angelical y una mirada llena de sinceridad. Todo eso nos dará la imagen de una persona interpretando ese papel de candidez. Pero que te limites a repetirme una y otra vez que es cándido esto cándido lo otro, me saca del relato.
Otra cosa que me saca un poco es la actitud del personaje a veces. ¿Es un chaval? ¿Es un heroe de acción de los 80 soltando chistecitos como Leonidas frente a Jerjes? No se, a veces empatizo con él y sus movidas y en otros momentos del relato solo quiero que el doctor le saque el cerebro de una vez y termine con su tonteria.

Luego, la historia funciona bien y lleva los caminos que uno espera. También por eso hace que sea demasiado previsible en todo momento, desde la taza de té. Al no tener el protagonista ningún tipo de posibilidad de hacer nada en ningún momento me acaba pareciendo todo una atracción de feria sobre railes.

No se que más añadir. Estoy de acuerdo con JP en que se le podría haber dado un final mejor cerrado y menos abrupto y con muchas otras cosas que dice, como lo del doctor que esta bien construido semánticamente en ciertos momentos y en otros parece que ha soltado la enciclopedia que llevaba bajo el brazo.

Y nada más, desearte mucha suerte.
Responder
#4
Hay varias cosas que quedan muy forzadas en este relato, y esa realmente es la crítica más dura que puedo darle. Por ejemplo, toda la "excusa" que tiene el doctor para justificar por qué le cortó los brazos y las piernas al protagonista. Su única explicación es que las extremidades son un incoveniente en la operación de quitarle el cerebro, lo cual queda raro. Tantas explicaciones científicas que da sobre otras cosas, pero sobre el tema de por qué lo dejó desmembrado se pone muy escueto. También está el tema de la amnestesia, que se supone que se quedó sin ella debido a que la está usando en otros pacientes que están siendo privados de sus sentidos y de movimiento. Pero si ese es el caso, ¿por qué necesita tenerlos anestesiados? Si el objetivo es la privación sensorial y motora, no viene a cuento que los tenga dormidos. Y tampoco los mantiene dormidos para evitar que escapen, ya que, otra vez, están privados de movimiento, no se van a ningún lado. Vamos, que se nota que lo que pasa es que el autor simplemente quería poner una escena perturbadora donde el protagonista se despierta todo amputado, pero la ejecución no terminó de cuajar. Para eso que el doctor se ahorrase tanta explicación y simplemente dijese "es que estoy muy loco y quiero joder contigo"

Vi alguna coma mal puesta, y revisa uno de los diálogos, ya que usas las puntuaciones mal. Aparte de eso, es un texto muy sólido.


La narración es un poco acelerada, sin muchos momentos para respirar, lo cual hace que ciertas escenas pierdan su impacto, como por ejemplo todo el monólogo que suelta de pronto el doctor sobre el destino.

La trama está bastante bien, me gusta ese final tan bonito pero que en realidad nosotros los lectores sabemos que el tío es solo un cerebro en un contenedor. La parte de los números al principio no la entendí, pero cuando me di cuenta de que era el sistema que el doctor estaba usando para hablar con el protagonista, el cual ahora no es más que un cerebro con algunos músculos, me quedé frío. El hecho de que sea el risorio lo que retrae le da un matiz más macabro, ya que es como si estuviera sonriendo.
Responder
#5
Sí había que darle una repasada al texto, por ejemplo pusiste marcarilla en vez de mascarilla.

Puntos buenos: Es muy incómodo. La historia del sujeto de pruebas de un científico loco siempre causa incomodidad y ansiedad, apropiado para la temática del reto. En especial cuando se dedica tiempo a describir órganos, monos mutilados y cilindros con líquidos raros y demás.
El relato sorprendentemente fluido y rápido.

Puntos negativos: Es un cliché en toda regla, un cliché de manual xD Y per se no hay problema en eso, pero es que desde el minuto uno ya sabemos por donde van los tiros, y para el apartado segundo ya sabemos cómo terminará el relato. Es decir, incluso el villano tiene nombre ruso y tiene un laboratorio montado en su sótano xD
Por otro lado, las personas que terminan en experimentos o cirugías clandestinos o cosas parecidas, terminan ahí a sabiendas, porque necesitan el dinero sí o sí. Aquí el personaje simplemente es idiota, un cliché más.
Y finalmente, la cuestión de Rebeca. Comprendo que ella está ahí para dotar de historia y personalidad al protagonista. Pero es que simplemente está ahí para eso, para encajar una vida que por lo demás sobra. Se intenta generar empatía, pero eso no iba a suceder, porque el personaje, como dijo el doctor no es nadie.
Bardo
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#6
Por alguna razón, el título del relato me recordó a Tom en la Granja. lol
Fuera de eso, la prosa se lee bastante bien. La historia es algo común, casi al punto de ser un cliché andante, pero funciona por lo que es. El hablar sobre el covid-19 también es algo un poquitín menos ingenioso, tomando en cuenta que ya hay medio mundo que está hablando de ello, pero se entiende.
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#7
Para ir la cosa sobre doctores, lo primero que deberias saber, querido autor, es que las abreviaturas estan contraindicadas si no se han explicado con anterioridad. Para el comun de los lectores, hablar de "un fMRI" y en la misma frase decir "varias máquinas de aspecto extraño que no fui capaz de identificar", es una repeticion.

Me resulto imposible empatizar con el protagonista, estaba deseando que le cortaran la cabeza. De haberse callado un poquito, habria empatizado mucho mas con el doctor. Desgraciadamente, tuvo que abrir la boca al final y soltar las tipicas tonterias de doctor chiflado de turno.

La trama y la atmosfera del relato, dentro de lo cliche y lo previsible, bien llevada. Y en la escritura, ningun error apreciable Smile
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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#8
Un relato bastante bien llevado, muy chulo y de mis favoritos de este reto. Y mira que no tengo mucha predilección por la historia del doctor chiflado.

Por una parte, quizás el intentar dotar al doctor de un lenguaje científico muy concreto y darle al relato una naturaleza sci-fi pseudo-verosímil hace que salgan ciertos términos incorrectamente empleados que hacen rechinar un poco los dientes. Por otra parte, me ganan las referencias a elementos reales, el COVID, la peli de Beethoven, Deafheaven, Tolkien... es un recurso que nunca falla en adentrarme en la historia un poco más.

Y bueno, pues qué decir... no tengo ningún problema con el muchacho protagonista ni con el doctor, creo que ambos funcionan bien en sus respectivos roles. Me hace gracia ver al doctor frustrándose con el pobre protagonista y sus Ms y su meticulosidad al registrar las respuestas del experimento produce el efecto deseado.

Creo que a veces las cosas están sobre explicadas. Es aberrante que Isabel esté contando los números hasta llegar a la M, y que a pesar de estar viviendo el sueño que quería, no pueda escapar de la realidad de su situación presente ni tener un momento de respiro en su cabeza... pero la frase del narrador 'Otra vez estaban jugando al juego de convertir números en letras del alfabeto.' rompe un poco este efecto tan bien conseguido.

En definitiva, me ha gustado bastante el relato, especialmente el sueño final, para mí la parte más terrorífica Smile
Ob-la-di Ob-la-da
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#9
Sobre eso de los conceptos científicos mal empleados, os equivocáis. El doctor no confunde teoría e hipótesis. Es más, si usara hipótesis, lo que dice no tendría pies ni cabeza. Una hipótesis es una asunción que se hace antes de que cualquier investigación se haya llevado a cabo, de unas pocas oraciones, y el objetivo del experimento es probar o no si la hipótesis se cumple. Si en la oración "Son experimentos de privación sensorial y motora, con objetivos parecidos a los que busco contigo, pero no exactamente alineándose con el fundamento de mi teoría" cambio teoría por hipótesis, quedaría raro. Si el experimento no se alinea con la hipótesis, entonces, ¿por qué lo sigue llevando a cabo? Si no se alinea con la hipótesis, no va a poder ponerla a prueba, que es el objetivo de todo experimento. Y si se refiere que no se alinea con la hipótesis que está tratando de poner a prueba con el experimento que está llevando con el protagonista, pues obviamente que no se alinea, si son dos experimentos distintos, van a ser dos hipótesis completamente diferentes. No tendría ningún sentido lo que dice.
Con teoría, en cambio, funciona mejor, ya que una teoría no es solo unas pocas frases prediciendo un fenómeno, sino todo un cuerpo de principios y resultados de estudios previos que puede llegar a abarcar libros enteros. La mayoría de científicos hacen experimentos todo el rato que no siempre tienen mucho que ver con la teoría que llevan años desarrollando. Así que quedaría más coherente.

Hay otra vez en que usa la palabra teoría, pero no está siendo lo suficientemente específico como para que se pueda poner a prueba lo que dice, queda muy ambigüo, así que una hipótesis desde luego no es. Si su teoría va sobre el tema, queda bien que diga teoría.
Escalpelo, bisturí, cuchillo de cirujano... son lo mismo. ¿Queda más formal decir escalpelo? Tal vez, pero en esa misma frase también llama imbécil al protagonista mientras habla con su mono xD.

Sobre el tema de la historia siendo cliché, sí, bueno, es cierto, aunque me sorprende que no hayáis hecho la misma observación en los relatos Humedades y Obsesión, ya que los tres siguen unas estructuras bastante parecidas. En mi caso los clichés están puesto más bien con descaro para darle un toque cómico al principio, ya que realmente lo original del relato es el tema del experimento de cerebro aislado y del sueño y tal. Quería llegar a eso sin tener que andarme con muchos rodeos o lerias, así que fui a por el arranque más sencillo y rápido posible.

@Vicent No estoy seguro de a qué te refieres con el protagonista haciendo chistecitos de los 80 o siendo cono Leónidas hablando con Jerjes. ¿A cuando se queja del rollo que le está soltando el doctor?

El resto de vuestras críticas las tendré en cuenta para futuros relatos y gracias por participar en este reto.

Cita:¿es un homenaje o es realmente el doctor Démijov?
Esta sí que es una de esas cosas que es mejor dejar abiertas xD. Para los que no sepáis de lo que habla, es en lo que el relato está inspirado: https://en.m.wikipedia.org/wiki/Vladimir_Demikhov
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#10
(03/12/2020 04:42 PM)Alhazred escribió: Sobre eso de los conceptos científicos mal empleados, os equivocáis. El doctor no confunde teoría e hipótesis. Es más, si usara hipótesis, lo que dice no tendría pies ni cabeza. Una hipótesis es una asunción que se hace antes de que cualquier investigación se haya llevado a cabo, de unas pocas oraciones, y el objetivo del experimento es probar o no si la hipótesis se cumple. Si en la oración "Son experimentos de privación sensorial y motora, con objetivos parecidos a los que busco contigo, pero no exactamente alineándose con el fundamento de mi teoría" cambio teoría por hipótesis, quedaría raro. Si el experimento no se alinea con la hipótesis, entonces, ¿por qué lo sigue llevando a cabo? Si no se alinea con la hipótesis, no va a poder ponerla a prueba, que es el objetivo de todo experimento. Y si se refiere que no se alinea con la hipótesis que está tratando de poner a prueba con el experimento que está llevando con el protagonista, pues obviamente que no se alinea, si son dos experimentos distintos, van a ser dos hipótesis completamente diferentes. No tendría ningún sentido lo que dice.
Con teoría, en cambio, funciona mejor, ya que una teoría no es solo unas pocas frases prediciendo un fenómeno, sino todo un cuerpo de principios y resultados de estudios previos que puede llegar a abarcar libros enteros. La mayoría de científicos hacen experimentos todo el rato que no siempre tienen mucho que ver con la teoría que llevan años desarrollando. Así que quedaría más coherente.

Hay otra vez en que usa la palabra teoría, pero no está siendo lo suficientemente específico como para que se pueda poner a prueba lo que dice, queda muy ambigüo, así que una hipótesis desde luego no es. Si su teoría va sobre el tema, queda bien que diga teoría.
Escalpelo, bisturí, cuchillo de cirujano... son lo mismo. ¿Queda más formal decir escalpelo? Tal vez, pero en esa misma frase también llama imbécil al protagonista mientras habla con su mono xD.

Sobre el tema de la historia siendo cliché, sí, bueno, es cierto, aunque me sorprende que no hayáis hecho la misma observación en los relatos Humedades y Obsesión, ya que los tres siguen unas estructuras bastante parecidas. En mi caso los clichés están puesto más bien con descaro para darle un toque cómico al principio, ya que realmente lo original del relato es el tema del experimento de cerebro aislado y del sueño y tal. Quería llegar a eso sin tener que andarme con muchos rodeos o lerias, así que fui a por el arranque más sencillo y rápido posible.

Lo que he puesto en negrita demuestra que no quedaría raro poner hipótesis, porque de hecho es justamente lo que dices aquí. La cosa es que se trata de un conocimiento que no se ha demostrado todavía (sí, tiene unos experimentos hechos, pero más allá del área, no comparte mucho con lo que pretende probar). Con el tema del escalpelo, sí, lo llama imbécil, pero es que la mayor parte del tiempo está con la palabrería científica y queda raro que esa palabra no la use.

Sobre lo de considerar clichés las historias, dije lo mismo de Humedades (en el caso de la cabra, estaba flipando demasiado para pensar si era o no un cliché xD). Pero puestos a usar un cliché, haberlo hecho como dije: varios pacientes en la obra, lo que te permite hacer ver el tema de letra-número y que no veamos eso con el personaje; así podremos sorprendernos con el final por creer que realmente llega a escapar.
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