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[Ciencia ficción] Un instante en el tiempo: Prólogo y Capítulo 1
#1
[Imagen: raleen.jpg]

Prólogo 

La noche era espesa, propia de una ciudad que nunca dormía, propia de un lugar iluminado tenuemente por una luz originada en un punto del espacio, que no lograbas definir de forma clara. No eran muchos los que recorrían sus calles a esas horas, pero, aun así, siempre encontrabas a alguien, a algún despistado, ignorante del tiempo y desobediente del hábito, de la práctica, de las costumbres. Si recorrías sus vías aún más de cerca hallabas a unos pocos fabricar un bullicio triunfante sobre un silencio delicado, a otros que bebían para olvidar que se habían encontrado, y si mirabas aún más de cerca, lo encontrabas a él. Un joven de cabellos oscuros y de corta edad, no superaba los diecisiete y sus movimientos parecían los de alguien que había vivido demasiado, si observabas sus gestos, si escuchabas sus palabras y si examinabas sus pensamientos aún más de cerca, podías saber sin atisbo de dudas que era diferente, diferente a todos los demás, dueño de una particularidad insólita que escondía de forma consciente, de la que huía como si fuera un cuchillo afilado encima de una mesa. Aquello no le importaba, reía y conversaba como los demás para sentirse semejante, pero su curiosidad atrapada y aprisionada en lo más profundo de su ser, pronto se alzará, como un gesto inevitable que cada una de aquellas personas llevaba dentro, como una fuerza inexorable que trata de librarse, imposible de detener como los primeros rayos de un amanecer o como la oscuridad creciente al final de un día. A pesar de todo seguía ahí, bebiendo, conversando, compartiendo un momento que pronto se volverá irreconocible.

Capítulo 1
Un comienzo 

«¿Qué hora es?», me dije observando el juego de líneas iluminadas tenuemente en la pared de mi habitación. Al instante supe que iba a llegar tarde, no porque quisiera, no porque lo buscara, pero otro día tarde de nuevo.

No esperaba nada especial, ni estaba deseando que ocurriera algo fuera de lo común, sólo simple y predecible normalidad a la que estaba más que acostumbrado, pero era como si la irresponsabilidad me persiguiera y se abalanzara sobre mí en cada esquina. Así que sin perder un segundo comencé a vestirme, cogí los primeros pantalones que encontré en mi armario, una camiseta medio decente y el par de zapatillas menos desgastado que poseía. Saldría otro día precipitadamente de mi hospicio, con aspecto desaliñado y por supuesto sin desayunar. Menudo modelo de aprendiz aventajado había ganado el Atlas-Rosen conmigo. 

Cinco años han pasado desde el primer día que pisé las instalaciones del Atlas, accedí con doce años y lo hice temblando de miedo, ya que aquel lugar representaba la cúspide de la educación en esta ciudad, y entrar a un lugar tan relevante, significaba que, si las cosas me iban bien, accedería a los puestos más prestigiosos y a las investigaciones más importantes, pero, si por el contrario fracasaba, lo haría a lo grande, destruyendo cualquier otra posibilidad de alcanzar un futuro medio decente y además, desprestigiando de forma colateral a los que en mí confiaron. Aunque con el tiempo, dejé de sufrir por ese detalle, porque me gané un hueco en el Atlas gracias a mi gran don o talento, todo este tiempo y sigo sin saber cómo llamarlo, hay pocas cosas que se me den mal y una de ellas es la dificultad que tengo para dar nombre a las cosas. Los nombres y yo, un gran conflicto que espero resolver algún día.

«Tu gran talento es tu futuro.» Es lo que suelen comentar muchos de los maestros que forman parte del Atlas, quiero pensar que no se trata de simple palabrería. «Juegas con ventaja.» Es lo que murmuran muchos de los aprendices a mis espaldas. Pero la realidad es que no se trata ni de un talento ni de una ventaja, más bien todo lo contrario. Es un peso que me aplasta poco a poco, un torrente de información que me deja extenuado cada vez que me asalta, cuando esa sensación recorre mi cuerpo, siento la necesidad de detenerla, pero nunca lo consigo. ¿De qué se trata? Soy capaz de percibir como están hechas las cosas, los mecanismos que las hacen funcionar, a nivel superficial y fundamental, como mi abuelo Sami solía decirme: «Comprendes las cosas sólo contemplando cuál es el resultado.» Y sí, da igual que el resultado sea fruta pelada y cortada en cubos perfectos, como si se trataba de un dispositivo de curvatura de ondas, me es tan familiar la física que hay detrás de un objeto, que la siento y la percibo como si formara parte de mi propio cuerpo, todo a cambio de unas nauseas devastadoras.

Cuando ya hube recopilado rápidamente todo lo que necesitaba para pasar el día completo fuera de mi hospicio, salí con paso firme dispuesto a recorrer lo más rápido que pudiera la distancia que me separaba de las instalaciones Atlas-Rosen. Saludé al guarda de la puerta del edificio, que siempre tenía buenas palabras y gestos para mí, creo que, si no fuera por él, más de una vez habría dormido a la intemperie, no es que sea despistado, lo llamaría más bien pensativo.
—Que tu tiempo sea fructífero, Laklar. ¿Tomándotelo con calma como de costumbre? —era Ramel, siempre me saludaba con simpatía.
—Ya sabes que sí, Ramel, me gusta disfrutar de cada segundo, sólo que mi tiempo no termina de ajustarse al del resto de las personas de esta ciudad —le dije sin dejar de sonreír.
—Lak, no te preocupes, ya cogerás el ritmo, quizá dentro de cincuenta años seas tan regular como el resto, hasta entonces disfruta. ¡Por cierto! ¿Por alguna casualidad has visto las noticias?
—¿Las noticias?, hace días que no veo la televisión —le respondí rápidamente, llevaba mucha prisa y no quisiera entretenerme más de lo necesario.
—Lo han dicho hace pocos minutos, a finales de semana tendrá lugar la presentación del proyecto del equipo de Ranshee, dicen que se trata de algo fuera de lo común, lo nunca visto, Melshan ha revolucionado a todas las ciudades con el anuncio, maldito loco, conseguirá que nos maten a todos —Ramel simuló con sus manos una explosión en miniatura, era un tipo con un gran sentido del humor, además de ser muy joven para ser guarda.
—Ramel, no sé todavía hasta qué punto puede ser importante una investigación hoy en día, está casi todo inventado, los físicos en la actualidad sólo saben hacer refritos, y retorcer las mismas ideas alternado alguna variable, en resumen, simple palabrería, publicidad, siento ser así de tajante, Ramel, a mi vuelta conversaremos sobre el asunto —no me entretuve más y salí disparado, perdería el próximo «Ariamet» al centro, estaba seguro de ello.
—¡Cuídate, Lak! —dijo Ramel cuando ya hube desaparecido por la puerta.

Mientras me dirigía a las instalaciones Atlas, no pude evitar darle vueltas al tema de la presentación que me había comentado Ramel, en un principio, me pareció extraño que tratándose de un equipo de investigación que se encuentra en Ranshee, a unos mil setecientos kilómetros de distancia, fuera noticia aquí, en Hízoren, eso quería decir que el evento sería mediático, y que se trata de un anuncio a nivel global, pero, ¿qué puede hoy en día ser tan importante, y atraer el interés de gran parte de la civilización de Raleen? A esa pregunta sólo cabía una respuesta, lo que más importa a los habitantes de Raleen es el tiempo, el conocimiento que teníamos sobre el tiempo, era como el simple gesto de respirar, nos era muy familiar y conocíamos todos sus límites desde bien pequeños. ¿Sobre qué trata la investigación para que esté en el foco mediático actual? Si mi suposición no iba desencaminada, lo que iba a presentar ese tal Melshan, no sería nada nuevo, quizá otra forma más simple de hacer algo que ya hacemos, una nueva teoría sin resultados concluyentes, en resumen, otra decepción más de la investigación de vanguardia. Hablando de decepciones, parece que llego justo a tiempo para que me suelten un buen sermón por haber descuidado mis obligaciones un día más, crucé la entrada del centro Atlas y me di de bruces con la persona menos indicada. No pude evitar sobresaltarme.
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#2
El mapa es algo confuso, porque mezclas un mapa político, con lo que parecen ser órbitas de satélites superpuestas.




Prólogo 

La noche era espesa [no sería precisamente el adjetivo que pondría para algo como la noche], propia de una ciudad que nunca dormía, propia de un lugar iluminado tenuemente por una luz originada en un punto del espacio, que no lograbas definir de forma clara [esto le da menos sentido, porque lo que entiendo con lo de espesa es que pretendes decir que es una noche bastante oscura (y la parte de que está iluminada tenuemente da a entender exactamente eso), pero si hablas de una ciudad que nunca duerme es porque es una ciudad grande y por tanto probablemente va a estar bien iluminada (probablemente incluso causando contaminación lumínica)]. No eran muchos los que recorrían sus calles a esas horas, pero, aun así, siempre encontrabas a alguien, a algún despistado, ignorante del tiempo y desobediente del hábito, de la práctica, de las costumbres. [así no funciona una ciudad que nunca duerme, lo que describes es justamente lo contrario, una ciudad cuya vida nocturna es prácticamente nula] Si recorrías sus vías aún más de cerca hallabas a unos pocos fabricar un bullicio triunfante sobre un silencio delicado, a otros que bebían para olvidar que se habían encontrado, y si mirabas aún más de cerca, lo encontrabas a él. Un joven de cabellos oscuros y de corta edad, no superaba los diecisiete y sus movimientos parecían los de alguien que había vivido demasiado, si observabas sus gestos, si escuchabas sus palabras y si examinabas sus pensamientos aún más de cerca, podías saber sin atisbo de dudas que era diferente, diferente a todos los demás, dueño de una particularidad insólita [redundante. Si algo es particular se entiende que no es lo común y por tanto es insólito] que escondía de forma consciente, de la que huía como si fuera un cuchillo afilado encima de una mesa. Aquello no le importaba, reía y conversaba como los demás para sentirse semejante, pero su curiosidad atrapada y aprisionada en lo más profundo de su ser, pronto se alzará [¿por qué acabas de saltar al futuro?], como un gesto inevitable que cada una de aquellas personas llevaba dentro, como una fuerza inexorable que trata de librarse, imposible de detener como los primeros rayos de un amanecer o como la oscuridad creciente al final de un día. A pesar de todo seguía ahí, bebiendo, conversando, compartiendo un momento que pronto se volverá irreconocible.

Capítulo 1
Un comienzo 

«¿Qué hora es?», me dije observando el juego de líneas iluminadas tenuemente en la pared de mi habitación. Al instante supe que iba a llegar tarde, no porque quisiera, no porque lo buscara, pero otro día tarde de nuevo. [si uno va a llegar tarde la última emoción que espero es la indiferencia. Si es un trabajo o algo muy importante espero preocupación, si es algo sin importancia no veo el rollo de decir que vuelve a llegar tarde o no quería o no lo buscaba pero pasó; de hecho, si no es importante, en lugar de soltar eso, sería útil decirnos un poco a dónde llegaba tarde]

No esperaba nada especial, ni estaba deseando que ocurriera algo fuera de lo común, sólo simple y predecible normalidad a la que estaba más que acostumbrado, pero era como si la irresponsabilidad me persiguiera y se abalanzara sobre mí en cada esquina. Así que sin perder un segundo comencé a vestirme, cogí los primeros pantalones que encontré en mi armario, una camiseta medio decente y el par de zapatillas menos desgastado que poseía. Saldría otro día precipitadamente de mi hospicio, con aspecto desaliñado y por supuesto sin desayunar. [muestra, no cuentes] Menudo modelo de aprendiz aventajado había ganado el Atlas-Rosen conmigo. 

Cinco años han pasado desde el primer día que pisé las instalaciones del Atlas, accedí con doce años y lo hice temblando de miedo, ya que aquel lugar representaba la cúspide de la educación en esta ciudad, y entrar a un lugar tan relevante, significaba que, si las cosas me iban bien, accedería a los puestos más prestigiosos y a las investigaciones más importantes, pero, si por el contrario fracasaba, lo haría a lo grande, destruyendo cualquier otra posibilidad de alcanzar un futuro medio decente y además, desprestigiando de forma colateral a los que en mí confiaron. Aunque con el tiempo, dejé de sufrir por ese detalle, porque me gané un hueco en el Atlas gracias a mi gran don o talento [aunque tienen algunos significados que no son iguales, el significado principal de ambas palabras lo es (o en el peor de los casos, es equivalente); decirme esto es repetir cosas sin que esto aporte nada a la narración o al personaje. Otra cosa es que sepamos cosas sobre él y resulte que es creyente, así que usa talento como algo con lo que ha nacido pero don como un regalo que la deidad en la que crea le ha entregado], todo este tiempo y sigo sin saber cómo llamarlo, hay pocas cosas que se me den mal y una de ellas es la dificultad que tengo para dar nombre a las cosas. Los nombres y yo, un gran conflicto que espero resolver algún día. [contar en lugar de mostrar es otro problema del personaje. Contarme tantas cosas no me hará empatizar con él]

«Tu gran talento es tu futuro.» Es lo que suelen comentar muchos de los maestros que forman parte del Atlas, quiero pensar que no se trata de simple palabrería. «Juegas con ventaja.» Es lo que murmuran muchos de los aprendices a mis espaldas. Pero la realidad es que no se trata ni de un talento ni de una ventaja, más bien todo lo contrario. Es un peso que me aplasta poco a poco, un torrente de información que me deja extenuado cada vez que me asalta, cuando esa sensación recorre mi cuerpo, siento la necesidad de detenerla, pero nunca lo consigo. ¿De qué se trata? Soy capaz de percibir como están hechas las cosas, los mecanismos que las hacen funcionar, a nivel superficial y fundamental, como mi abuelo Sami solía decirme: «Comprendes las cosas sólo contemplando cuál es el resultado.» Y sí, da igual que el resultado sea fruta pelada y cortada en cubos perfectos, como si se trataba de un dispositivo de curvatura de ondas, me es tan familiar la física que hay detrás de un objeto, que la siento y la percibo como si formara parte de mi propio cuerpo, todo a cambio de unas nauseas devastadoras.

Cuando ya hube recopilado rápidamente todo lo que necesitaba para pasar el día completo fuera de mi hospicio [el problema de dedicarte a contar cosas en lugar de mostrar (y también de ir tanto a acciones futuras) es que el lector se puede despistar. Supuse que con toda la palabrería, aunque dijo saldría, ya había salido mientras nos contaba todo sobre Atlas y su don], salí con paso firme dispuesto a recorrer lo más rápido que pudiera la distancia que me separaba de las instalaciones Atlas-Rosen. Saludé al guarda de la puerta del edificio [¿y este salto? ¿No llegaba tarde? ¿Por qué no corre? ¿Por qué no le vemos más preocupado por llegar tarde?], que siempre tenía buenas palabras y gestos para mí, creo que, si no fuera por él, más de una vez habría dormido a la intemperie, no es que sea despistado, lo llamaría más bien pensativo.
—Que tu tiempo sea fructífero, Laklar. ¿Tomándotelo con calma como de costumbre? —era Ramel, siempre me saludaba con simpatía. [además de que decir que siempre saluda con simpatía es repetitivo para con lo que has dicho hace nada, decir simplemente era Ramel, aunque se acaba entendiendo por contexto, no aclara que él sea el guarda, y las cosas no debería entenderse por contexto sino por si mismas, porque aquí no es tan complejo pero de ser una escena con más personajes el lector probablemente se confundiría]
—Ya sabes que sí, Ramel, me gusta disfrutar de cada segundo, sólo que mi tiempo no termina de ajustarse al del resto de las personas de esta ciudad —le dije sin dejar de sonreír.
—Lak, no te preocupes, ya cogerás el ritmo, quizá dentro de cincuenta años seas tan regular como el resto, hasta entonces disfruta. ¡Por cierto! ¿Por alguna casualidad has visto las noticias?
—¿Las noticias?, hace días que no veo la televisión —le respondí rápidamente, llevaba mucha prisa y no quisiera entretenerme más de lo necesario.
—Lo han dicho hace pocos minutos, a finales de semana tendrá lugar la presentación del proyecto del equipo de Ranshee, dicen que se trata de algo fuera de lo común, lo nunca visto, Melshan ha revolucionado a todas las ciudades con el anuncio, maldito loco, conseguirá que nos maten a todos —Ramel simuló con sus manos una explosión en miniatura, era un tipo con un gran sentido del humor, además de ser muy joven para ser guarda. [si vas a tirarnos a la cara información importante para la trama, mejor que lo hubiera visto en la tele o en un periódico a que lo suelte un personaje sin venir a cuento]
—Ramel, no sé todavía hasta qué punto puede ser importante una investigación hoy en día, está casi todo inventado, los físicos en la actualidad sólo saben hacer refritos, y retorcer las mismas ideas alternado alguna variable, en resumen, simple palabrería, publicidad, siento ser así de tajante, Ramel, a mi vuelta conversaremos sobre el asunto —no me entretuve más y salí disparado [¿ahora sí tiene prisa?], perdería el próximo «Ariamet» al centro, estaba seguro de ello.
—¡Cuídate, Lak! —dijo Ramel cuando ya hube desaparecido por la puerta.

Mientras me dirigía a las instalaciones Atlas, no pude evitar darle vueltas al tema de la presentación que me había comentado Ramel, en un principio, me pareció extraño que tratándose de un equipo de investigación que se encuentra en Ranshee, a unos mil setecientos kilómetros de distancia, fuera noticia aquí, en Hízoren, eso quería decir que el evento sería mediático, y que se trata de un anuncio a nivel global, pero, ¿qué puede hoy en día ser tan importante, y atraer el interés de gran parte de la civilización de Raleen? A esa pregunta sólo cabía una respuesta, lo que más importa a los habitantes de Raleen es el tiempo, el conocimiento que teníamos sobre el tiempo, era como el simple gesto de respirar, nos era muy familiar y conocíamos todos sus límites desde bien pequeños. ¿Sobre qué trata la investigación para que esté en el foco mediático actual? Si mi suposición no iba desencaminada, lo que iba a presentar ese tal Melshan, no sería nada nuevo, quizá otra forma más simple de hacer algo que ya hacemos, una nueva teoría sin resultados concluyentes [si es una teoría es porque tiene unos resultados concluyentes], en resumen, otra decepción más de la investigación de vanguardia. Hablando de decepciones, parece que llego justo a tiempo [¿por qué en presente?] para que me suelten un buen sermón por haber descuidado mis obligaciones un día más, crucé la entrada del centro Atlas y me di de bruces con la persona menos indicada. No pude evitar sobresaltarme.




Lo primero que debo decir es que cuanto erratas no he visto ninguna así que por ese lado ninguna queja, en cuanto a la narrativa tengo sentimientos encontrados, por una parte no narras mal pero por el otro es que te dedicas a adjetivar cosas que no lo necesitan y contar en lugar de mostrar (además haces un uso extraño de los tiempos verbales, usando el pasado pero saltando al futuro, pero luego usando el presente...). De historia no ha pasado gran cosa para que pueda opinar, pero si esa investigación de Melshan es importante para la trama, que no lo escuchemos por primera vez de un personaje que acabamos de conocer; como dije, verlo por la tele o leyendo el periódico (o el equivalente que manejen en este mundo) es más natural, o al menos que sea la segunda vez que veamos ese guarda y una vez sabiendo quien es y un poco de su relación con el protagonista que suelte eso como quien no quiere la cosa. Sobre el mundo poco hay que decir porque no sabemos nada del lugar realmente, y algo como el Ariamet que es un elemento interesante para mostrar (aunque sea un simple tren sobre raíles electromagneticos, un coche volador o una nave voladora) y conocer más del mundo, lo saltas completamente.

Del personaje, si te dedicas a contar tanto en lugar de mostrar no da para empatizar con él, tampoco ayuda que parezca más un robot que una persona (y si la idea era esa, debería ser un pelín más evidente, considerando que estamos viendo la obra en primera persona). Hay cosas que puedes hacer para mejorar eso (además de mostrar en lugar de contar), como que al llegar tarde decida correr y que entonces llegue cansado al lugar...

Te recomiendo que te apuntes al Dragón Lector, es un grupo privado en el que se leen y comentan los textos de los demás. Tiene dos grandes ventajas con respecto a Tus historias: 1º que cuando te lean vas a recibir sí o sí un comentario y 2º que como para subir primero tienes que comentar a otros, sirve para que puedas darte cuenta de errores que podrías cometer y no te das cuenta en los textos de otros.
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#3
Hola, querido JPQueirozPerez,
En primer lugar, muchas gracias por tu respuesta, en la que realizas un análisis minucioso del prólogo y el capítulo 1. Acabo de caer en la cuenta de que la has escrito hace unos días y yo no lo había visto hasta hoy. Tus palabras resultan muy constructivas y están descritas de forma muy clara, todos los escritores del mundo, o aficionados a la escritura, deberían tener a un consejero como tú.

Tienes razón cuando dices que el tiempo verbal no está claro, desde el principio soy consciente de este problema, que con el tiempo espero remediar gracias a consejos como los que tú has expuesto aquí. En cuanto a la narrativa, se trata de las primeras palabras que escribí, el inicio de una historia de unas 90.000 palabras que evoluciona, ya que a cada capítulo que avanzaba, aprendía a desenvolverme mejor y empleaba las herramientas de las que dispongo con más acierto. Detalles como el del personaje llamado Ramel, o elementos como el Ariamet son detallados en profundidad más adelante, pero es cierto, quizá uno de mis “problemas” sea el hecho de que tiendo a presentar cada detalle de forma muy superficial hasta el momento adecuado, puede ser un problema, o simplemente una forma.

Con tus consejos, me voy a decidir a corregirlo y a repasar el resto del primer libro, gracias a ellos estoy seguro de que mejorará sustancialmente, además, como bien has dicho, me animaré a apuntarme al Dragón Lector y participar activamente en él.

Una vez más, gracias por estos consejos, que, aunque parezcan muy ordinarios, para mí son una joya.
En el futuro intentaré mostrar más en lugar de contar.

¡Gracias enormes!
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