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Reto Feb21: Viajeros
#1
—Thanks, but for the next one, better in pesetas —dijo Manuel al grupo de ingleses que se bajaban del Peugeot 205 mientras señalaba las libras que acababan de entregarle por sus servicios como chofer. Había alquilado el coche hacía una semana, pero si seguía con aquel ritmo de ganancias no tardaría mucho en poder comprarse su propio vehículo.
Cerró la puerta trasera e indicó al grupo cómo llegar desde donde se encontraban, puerta sur o puerta triana, hasta el Pabellón del Futuro y el Auditorio a través del camino de los descubrimientos. Bordeando el río podrían visitar también el Jardín del Guadalquivir y pasear por una serie de espacios temáticos: jardínes de los orígenes del suelo, del agua, de las rosas y del descanso. Si seguían por el área de plantas aromáticas, hasta la plaza de la música, incluso tendrían la oportunidad de visitar un laberinto.
Estas indicaciones, que transmitía Manuel en un perfecto y fluido Inglés, eran lo que le hacían ganar dinero de verdad. Las propinas que les entregaban los entusiasmados extranjeros superaban con creces el precio del trayecto desde el aeropuerto.
Cerró con llave el coche y, contando el dinero recaudado, callejeó hasta dar con un colmado diminuto. El negocio parecía encajado entre dos edificios y el tendero contaba con el espacio justo para moverse entre el género y los productos que colgaban a su alrededor. Tras esperar la cola pidió:
—Un bocadillo de carne mechada con queso y una lata de Kas de naranja.
Esperó el pedido apoyado en un portal cercano, se fumó un cigarro y se sacudió la ceniza de las manos en sus vaqueros azul claro. Vestía una camiseta blanca de mangas cortas con la imagen de Curro, la mascota de la expo 92, y unas botas militares gastadas. Recuerdo de la instrucción militar obligatoria.
Había estado destinado en la base militar de Rota hasta hace dos meses, donde sus conocimientos en lingüística le llevaron a ser ascendido como enlace de traducción con los altos mandos Ingleses. Pero nada de aquello lo salvó de las eternas horas pelando sacos de patatas, las tediosas marchas a primera hora de la mañana ni de limpiar las letrinas más veces de lo que le gustaría recordar.
Bocado tras bocado, devoró sus recuerdos sentado en una escalinata mientras observaba el trajín de la gente. Locales y turistas se mezclaban como una fauna colorida y propia del momento histórico que se vivía en la ciudad. Sevilla, su ciudad natal, le había recibido con los brazos abiertos al volver de la mili. Con la llegada de la exposición universal, una gran cantidad de oportunidades se abrían para aquel que supiera aprovecharlas. Pensó en cómo podía explotar sus conocimientos y atributos: Estaba en buena forma física, sabía conducir, conocía la ciudad y siempre le habían gustado los idiomas. Se le daban bien e incluso era un tema que le apasionaba. Así que decidió alquilar un coche con el poco dinero que le quedaba y hacer de chofer y guía turístico para los extranjeros que llegaban a visitar la gran atracción.
Un golpe amistoso en el hombro le sacó de su ensimismamiento.
Samu, un muchacho bien parecido que portaba con orgullo una descuidada barba, se había sentado a su lado. Su novia Elena colgaba de su cuello como la cría de un orangután, con su pelo cardado tapándole la mitad de la cara al joven. Por otro lado Raquel, que permanecía de pie, lo saludo plantandole dos besos inesperados en las mejillas mientras le preguntaba:
—¿Que pasa currante? ¿Ya has conocido a tu princesa de ojos azules? —Sonriendo pícaramente dio un trago de un botellín de cerveza y se lo tendió a Manuel para que bebiera.
—Parece que hoy tampoco caerá esa breva —contestó él apartando el botellín con la mano—. Pero ya me conoces, voy a seguir intentándolo toda la tarde.
—¿Que pasa? —preguntó Elena sin dejar de acariciar la irregular barba de Samu—. ¿No hay ni una alemana buenorra entre todos esos grupos de viejales que llevas de un lado a otro?
—Los viejos dan mejores propinas y por ahora no he dado con el grupo perfecto de guiris guapas con ganas de marcha —comentó Manuel mientras finiquitaba el bocadillo.
—¿Y cuando las encuentres que vas a hacer casanova? —preguntó Samu con sorna. 
Manuel masticó ruidosamente intentando responder “Tengo mis encantos”, pero sonó más bien como “TenghO mIIsfh EncfhtantHOos”. Lo que provocó que todos rompieran a reír en carcajadas. Como una presa que estalla, los últimos trozos de bocadillo salieron disparados. Raquel, que se encontraba en la trayectoria de los pedazos de pan, carne mechada, grasa y queso, al intentar esquivarlos derramó lo que le quedaba de cerveza por encima del pantalón de tiro alto que llevaba puesto.
—Desprendes puro sexo mamona —bromeó Elena entre risas.
Manuel se levantó avergonzado para disculparse:
—Ostia... Tía, perdona, que te has puesto perdida por mi culpa. Ostia, lo siento un huevo.
Raquel, indignada, se había quedado paralizada. La camisa de estampados tenía manchas de grasa en la zona superior y la cerveza le chorreaba por la pierna colándose en sus zapatillas blancas de deporte.
—Joder macho —resopló molesta—. Me has llenado de mierda y he quedado en un rato.
—Parece que te has meao’ encima, so guarra —dejó caer Elena entre carcajadas mientras la risa de Samu se tornaba, rítmicamente, en ligeros gruñidos que recordaban a un cerdo.
Raquel lanzó una mirada de odio a Elena y se giró roja como un tomate para alejarse rápidamente.
—Mira que sois —dijo Manuel con desdén, a Samu y Elena, antes de dar un par de largas zancadas para intentar alcanzar a Raquel —. Tia, espera, no les hagas caso. No estas tan mal. y bueno, ni que tuvieras una cita o algo.
Raquel se dio la vuelta enfadada, un trozo de queso se desprendió de uno de los rizos de su larga melena castaña para ir a parar a la punta del pie izquierdo.
—Tengo una cita, idiota —dijo enfurruñada.
Samuel abrió los ojos sorprendido.
—Con un alemán —aclaró Raquel al ver la expresión de Manuel.
—¿Te has ligado a un Frankfurt? No jodas. —bromeó Manuel incrédulo.
Raquel le golpeó en el brazo, divertida:
—No me lo voy a ligar si aparezco con estas pintas.
—Te llevo a casa —se ofreció Manuel—. Es lo menos que puedo hacer.
Raquel sopesó la situación, echó un vistazo rápido a su reloj Casio de pulsera y se mordió el labio.
—No sé si nos dará tiempo —confesó al fin—. He quedado con él en el pabellón del futuro en 45 minutos.
—Si salimos ya, llegamos de sobra —dijo Manuel sacando las llaves—. Venga va, no perdamos el tiempo, seré tu calabaza.
—¿Qué?
—Ya sabes, como en la cenicienta, el hada madrina convierte una calabaza en un carruaje y a unos ratones en caballos. —Como Raquel lo miraba extrañada, añadió—. Es que alquilé la cinta el otro día para mi hermana pequeña, se la puse y al final me la tragué entera.
Raquel rió sorprendida y dijo:
—Te hacía yo más de la jungla de cristal. —Volvió a mirar el reloj—. Venga va, ¿Dónde tienes el coche?

Raquel ya se había quitado el cinturón mientras Manuel frenaba junto a la acera. Acto seguido echó a correr hacia el portal, dejando la puerta abierta de par en par. Manuel tuvo que salir para cerrarla. “Tiene que gustarle mucho el Alemán ese” pensó suspirando.
Aunque el viaje en coche con Raquel no había durado más de un cuarto de hora, por alguna razón que se le escapaba, cambió la imagen que se había formado de ella. Siempre se habían divertido juntos, pero la mayoría de las veces había sido en grupo.
“¿Porqué me planteo esto ahora? Nunca había pensado en ella de esa manera. ¿Qué ha cambiado en este rato?” Manuel repasó mentalmente el viaje. Había sacado la radio de debajo del asiento y Raquel seleccionó una cinta de cassette del puñado que guardaba en la guantera.
“¿Había sido la selección musical?” El álbum Dr. Feelgood de Motley Crüe, cara B. Ella hacía como que tocaba una guitarra en el aire mientras el tamborileaba con las manos sobre el volante. Se había sentido seguro hablando con ella, se había divertido, le había parecido inteligente y divertida. “Mierda” se dijo. “Tú lo que eres es un egoista. No te ha empezado a interesar hasta que te has enterado que hay otro detrás de ella. Seguro que si me presta atención me acojono. Como siempre.” Encendió un cigarro y apoyó la espalda sobre el techo del coche. La chapa estaba caliente. Se le relajaron los hombros mientras daba una larga calada. ”Mira que eres capullo” se dijo mientras estiraba los brazos disfrutando del sol y la brisa.
Raquel volvió a toda pastilla. Con la misma ropa manchada y cara de preocupación.
—Que no hay nadie —dijo tajante—. He estado llamando pero nada, y no llevo llaves encima.
—Pero como sales sin llaves —se sorprendió Manuel.
—Yo que sé, se suponía que iban a estar mi madre y mi hermano. No me apetecía llevar bolso ni nada, quería estar cómoda. Solo llevo unas perras en los bolsillos para cerveza.
—Que cuajo.
—Vete a la mierda —dijo Raquel mostrando su dedo corazón—. Además todo esto es culpa tuya. Voy a llegar a mi cita hecha un adefesio.
Manuel echó un vistazo a la calle pensativo.
—¿Por aquí cerca no hay unas galerías comerciales?
—¿El pasaje? Si, bajando la calle. ¿Porqué?
Manuel hizo un ademán tonto con las manos, imitando una varita.
—He pensado en ascender de calabaza a Hada madrina.

Raquel descorrió la cortina del probador: Llevaba una chaqueta abierta de deporte, con formas geométricas de colores y un vestido ligero y elástico que caía hasta sus rodillas. Dejando las piernas a la vista.
—¿Qué te parece? —preguntó Raquel algo avergonzada. El vestido se pegaba a su figura sin dejar mucho a la imaginación.
—¡Despampanante! —exclamó Manuel con sinceridad. Intentando que su mirada no se desviara demasiado hacia el escote del vestido se centró en los carnosos labios de Raquel, aunque no tuvo claro si eso era mejor idea.
—Ya será menos —comentó ella indecisa. Dándose la vuelta de nuevo hacia el espejo, pensativa, arrugó su naricita respingona—. Ay, no se…
Manuel se rascaba la barbilla mientras la observaba.
—Te falta un detalle —comentó mientras señalaba los pies de Raquel, que aún llevaba las zapatillas manchadas de grasa.
—No quería abusar, que te voy a dejar tieso —dijo ella mordiéndose el labio inferior con preocupación.
—El hada madrina no sabe de dineros —bromeó Manuel mientras le alcanzaba unas botas—. Ponte estas, así vas conjuntada conmigo.
Raquel sonrió y comenzó a descalzarse. Manuel no pudo evitar fijarse en la delicadeza de sus tobillos, en la belleza de sus piernas, y se imaginó besando y recorriendo cada centímetro de la piel que ella tan despreocupadamente le mostraba. Estaba tan embelesado que por un instante le llegó a preocupar que ella fuera capaz de leer todo esto en su cara.
Raquel terminó de calzarse las botas y dio un par de giros coquetos sobre ellas, dejando volar la falda.
—¿Qué tal? —preguntó ella señalando las botas.
Manuel, que la miraba embobado, aprovechó para bajar la mirada al suelo. Avergonzado por sus pensamientos.
“Si te presentaras así en una cita conmigo me tenias en el bote fijo” Es lo que le habría gustado decirle. En lugar de eso, realizando una exagerada reverencia, soltó:
—¡FLUSS! Ha funcionado mi conjuro, nos encontramos ante una bella dama bien engalanada.
—Qué cosas tienes. —Raquel sonrió devolviéndole la reverencia—. Y no te creas que no pienso devolverte hasta la última peseta.
Manuel aprovechó la ocasión para coger su mano y darle un delicado beso.
Ella volvió a girarse hacia su reflejo en el espejo y se decidió:
—Venga, me las llevo, me quedan muy guapas.
—Perfecto, ahora si la princesa quiere subir a su corcel. —Manuel se dio la vuelta, arqueando la espalda y listo para que ella se pudiera subir.
Raquel rió y se encaramó sobre él de un salto. Manuel sostuvo sus muslos con las manos, notando el calor de su cuerpo sobre la espalda. Le resultó aún más agradable que el calor que desprendía la chapa del coche.
—¡Arré! —gritó Raquel entre risas alzando un brazo hacia delante.
Manuel dio unos pasos e incluso relinchó un par de veces. Pero cuando abrieron la puerta que conectaba los probadores con la tienda quedaron tan desconcertados que Manuel perdió las fuerzas y ambos cayeron al suelo.
—¿Pero qué? —se sorprendió él.
—¡Cuidado! —gritó Raquel apartando a Manuel hacia un lado, evitando que fuera aplastado por un carruaje.
—¡Caballos! —exclamó Manuel—. ¡Pero si estábamos en una tienda! ¿No?
Miró a su alrededor. Raquel se estaba levantando y parecía igual de confundida que él. Se encontraban en el centro de una plaza y en lugar de asfalto pisaban piedra y albero. Había un incesante paso de coches de caballos y los transeúntes estaban bien arreglados. Vestían camisas, trajes, boinas y sombreros en el caso de los hombres y vestidos largos las mujeres.
—¿Dónde estamos? —preguntó él.
—Más que donde —respondió ella señalando la icónica torre que se erguía al otro lado de la plaza, la Giralda—. ¿Cuando?

El elegante cartel tenía fondo negro y en la tipografía superior donde ponia SEVILLA, la letra “i” coincidia con el centro del escudo de la ciudad. Bajo este título había un dibujo que mostraba una guirnalda de banderas de varios países, el skyline de la plaza de españa con la Giralda en el fondo y a un grupo de mujeres vestidas con diferentes trajes regionales con una rociera en el centro. Bajo ellas se podía leer: Exposición iberoamericana 1929-1930.

Manuel tocó el cartel con sus manos, desconfiado. Palpando el papel y sintiendo con sus dedos la presión de los ladrillos sobre los que estaba pegado. Raquel, incrédula, pestañeaba con fuerza una y otra vez. 
—Tio, te has pasado con eso de la magia del hada madrina —comentó ella.
—¿Cómo puedes hacer bromas? ¡Que hemos viajado a 1929! —gritó Manuel llevándose las manos a la cabeza.
—¿Y yo que sé? Haz el favor de bajar la voz. Además qué quieres que te diga, ¿No te parece esto cosa de magia?
Raquel se cruzó de brazos, molesta, y se apoyó en la pared. Manuel se paró a mirarla y por un instante no le importó lo más mínimo estar en 1929, en 1992 o en 3209. El reflejo del sol de la tarde brillaba sobre la piel ligeramente bronceada de Raquel, creando un fulgor único que embelesaba a Manuel. Pero tras los breves segundos que duró ese momento, la mente de Manuel volvió a abrumarse y se llenó de ideas extrañas: Como que todo aquello fuera obra de la propia Raquel, que hubieran tenido un accidente o que todo eso fuera un castigo divino por no ir a misa los domingos.
—¿No habrás sido tú? —dijo dubitativo y comenzó a hablar con rapidez, las palabras prácticamente se arrollaban unas a otras—. Tienes poderes, o eres una bruja o algo y me has hechizado. Y nos has transportado al pasado, porque llegabas tarde a la cita con el alemán ese. O esto es una venganza porque has visto que te he tirado los trastos ¡No! Digo... el bocata encima por tus rizos perfectos ¡Digo! Que estaban perfectos antes de que yo te manchara y has querido darme una lección que me va a… 
Raquel no pudo evitar reírse y a Manuel le pareció el sonido más bello que había oído nunca. Consiguió contener la cascada de palabras que parecían escaparse por su boca y notó cómo se encendían sus mejillas como dos faros de freno, al ser consciente de todo lo que había dicho.
—Mira que puedes ser idiota —dijo Raquel con una sonrisa benevolente—. ¿Es que no te enseñaron en la mili a mantener la calma en situaciones extrañas?
—¿Pero cómo puedes estar tan tranquila? —replicó Manuel exasperado.
—¿Y de qué nos va a servir perder los papeles en una situación como esta? Ya es raro de cojones ¿No? Pues vamos a pensar un poquito a ver que sacamos en claro, antes de ponernos a girar como peonzas histéricas ¡OSTIA! —Raquel dio un brinco asustada.
A su lado se había colocado un hombre trajeado y con sombrero de copa y una mujer que portaba un bonito mantón negro con flores bordadas.
—Disculpen ¿Forman parte de la atracción? —preguntó el hombre mientras hacía una leve reverencia.
—Sus vestimentas son fascinantes —comentó la mujer.
Raquel, aturdida por la repentina interrupción, balbuceó una respuesta inteligible, por lo que Manuel intervino:
—Yes sir, we are english —ante la cara de sorpresa de la pareja ,y de la propia Raquel, continuó en español forzando el acento —. Mi compañera decir, nosotros sí ingleses pero sentir mucho español. Exposición universal ¡Olé!
La pareja aplaudió divertida. El hombre se levantó el sombrero para despedirse y continuar paseando.
—Ahí has estado fino —reconoció Raquel.
—Siento haber perdido los nervios antes, ya estoy más tranquilo —dijo él rascándose un brazo distraídamente—. Pero es que la situación es un poquito para mear y no echar gota. ¿Y ahora qué hacemos?
Raquel se llevó un dedo bajo la barbilla, mirando a su alrededor.
—Necesitamos ropa menos llamativa —concluyó ella.
—¿Y cómo la vamos a conseguir? El dinero que tenemos no creo que valga en esta época.
Raquel se señaló la muñeca.
—Dinero no, pero ¿Cuanto crees que puede valer un extraño artefacto de oriente que es capaz de dar la hora sin necesidad de darle cuerda?

Manuel tenía dificultad para abrocharse la corbata.
—Creo que hemos violado alguna ley de los viajes en el tiempo al vender tu reloj, ¡O todas! Seguro que hemos cambiado el futuro o algo por el estilo. —El lado fino de la corbata le había quedado mucho más largo de lo que debía, volvió a empezar mientras hablaba—. O puede que no funcione así. Quizás a quién le hemos vendido el reloj es el abuelo del tío que saca Casio o yo que se. Este nudo de mierda se me está resistiendo.
Raquel se acercó para ayudarlo, Manuel se apartó
—No. Quiero hacerlo yo. No es la primera vez que me pongo una, pero es que siempre me cuesta.
—Anda, no seas cabezón —Dijo ella agarrandole por las solapas de la camisa.
Manuel vestía un elegante traje. Pero había mantenido las botas militares, pues no desentonaba del todo con el estilo de la época.
Raquel clavó su mirada en la suya. Ella vestía un elegante vestido de dos piezas con falda de tubo, y una chaqueta cerrada que se ajustaba delicadamente con un cinturón que realzaba su figura.
Manuel tragó saliva. La mirada de ella seguía clavada en sus ojos mientras le anudaba la corbata. Raquel fue consciente del rubor que crecía en las mejillas de Manuel.
—Que hemos hablado de ponernos nerviosos —dijo ella acercándose suavemente.
—Raquel… —fue a decir él.
—Calla —dijo ella besándole.

Sin importarles el pasado, el presente o el futuro. Pasearon por los jardines que ofrecía la exposición universal. Se hicieron bromas y rieron. Volvieron a besarse, sentados en la dársena del río, observando el atardecer a través de los hierros forjados del puente de Triana. Fueron juguetones, disfrutando el uno del otro con cada insinuación y caricia. Con cada mordisco divertido por parte de Raquel en los labios, Manuel sentía punzadas electrizantes en el estómago. Él apretó su cuerpo en un abrazo, queriendo notar aún más cerca su piel.
Cayó la noche y el cielo se llenó de fuegos artificiales. La exposición universal daba comienzo. Junto al resto de viajeros y visitantes disfrutaron del espectáculo de color que se reflejaba en el rio.
—Necesitaremos un lugar donde pasar la noche —comentó Raquel, sentada de rodillas en la hierba y con la cabeza apoyada en su hombro.
A Manuel se le iluminó el rostro, había recordado algo que les podía ser de utilidad.
—¿Qué te parece el hotel Alfonso 13? —dijo con una sonrisa.
—¿Qué me dices? ¿Pero eso ya existe?
—Se construyó precisamente para la exposición universal. Y tenemos dinero más que suficiente para permitirnos una habitación de lujo.
—¿Y tú cómo sabes eso?
—Por las guías que les hago a los guiris, muchos se hospedaban allí, así que me empollé bien un montón de cosas sobre el hotel. ¿Sabías que se pueden reconocer en el edificio una síntesis ecléctica de los elementos más llamativos del regionalismo sevillano, que revaloriza el trabajo de la fabricación en ladrillo y sus múltiples detalles artesanales? Además de contar con referentes estilísticos neomudéjares, neorenacentistas y neobarrocos que abundan en los elementos de sus fachadas.
Raquel exclamó sorprendida:
—¡La ostia! ni puta idea de qué significa todo eso.
—Yo tampoco —respondió Manuel riendo—. Pero lo suelto en inglés como un loro y me llueven las propinas.
Caminaron hasta el hotel disfrutando del paseo. Totalmente ajenos al tiempo al que habían sido transportados. Ambos habían decidido adaptarse a la situación y dejarse llevar.

Hubo juegos, hubo un tira y afloja, un llegar a la habitación sin importarles los lujos ni los detalles neorenacentistas que abundaban en los rincones. La ropa quedó desparramada por el suelo, las botas manchadas de barro sobre la alfombra, las sábanas deshechas. Gemidos poblaron la noche, las caricias alcanzaron metas y escalofríos. Disfrutaron, jadearon, azotaron y se estremecieron de placer. Se decían todo con la mirada. Desaparecieron los complejos, desapareció el espacio y desapareció el tiempo. Juntos se encargaron de sincronizar a la perfección el ritmo de arremetidas y embestidas, equilibrando la pasión y la ternura.

El sol los despertó, avanzando cotilla a través del lugar. Reflejo desordenado de una noche de pasión era el siguiente detalle: La cama estaba prácticamente en el medio de la habitación y el cabecero reposaba en el suelo. Entraba por la ventana el sonido del tráfico: Frenazos y pitidos de conductores impacientes. Sobre la excelente mesita de noche de caoba con acabados de mármol reposaba un reloj despertador digital, de última generación, con grandes números rojos en el que podía leerse la hora y la fecha.
08:07 13/04/1992
Manuel se dio la vuelta y abrazó a Raquel. Ella le agarró el brazo y arqueo su espalda para adaptarse a su forma.
—Hemos vuelto —susurró Manuel.
—Y qué más dá —contestó ella—. Ya llego tarde a la cita.
—Soy una calabaza de mierda.
Ella se dio la vuelta y le besó el cuello.
—Pero un hada madrina excelente.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Este relato me ha gustado bastante. Los personajes me han parecido muy naturales, reales y cercanos, al contrario de la mayoría de las novelas románticas que incluyen a tíos buenorros y millonarios y tías top model. Aquí, Manuel y Raquel se muestran como personas normales, con inquietudes y profesiones cotidianas.
Su historia de amor también me ha parecido natural. Me ha gustado mucho la escena de cuando ella se prueba las botas nuevas y él observa los tobillos de ella. Ha quedado muy bien ese detalle.
En cuanto a redacción, hay algunas cosas que se pueden mejorar, como tildes y mayúsculas que faltan. Te incluyo aquí algunas mejoras por si te sirven.

puerta triana Triana es en mayúscula, hasta el Pabellón del Futuro y el Auditorio a través del camino de los descubrimientos. Bordeando el río podrían visitar también el Jardín del Guadalquivir y pasear por una serie de espacios temáticos: jardínes sin tilde de los orígenes del suelo, del agua, de las rosas y del descanso. Si seguían por el área de plantas aromáticas, hasta la plaza de la música, incluso tendrían la oportunidad de visitar un laberinto.
Estas indicaciones, que transmitía Manuel en un perfecto y fluido Inglés en minúscula, eran lo que le hacían ganar dinero de verdad.

Tras esperar la cola pidió:
—Un bocadillo de carne mechada con queso y una lata de Kas de naranja —pidió tras esperar la cola. Lo pondría aquí mejor y eliminaría la frase más arriba.

Por otro lado Raquel, que permanecía de pie, lo saludó plantándole (tildes) dos besos inesperados en las mejillas mientras le preguntaba:
—¿Qué (tilde) pasa currante? ¿Ya has conocido a tu princesa de ojos azules? Sonriendo pícaramente dio un trago de un botellín de cerveza y se lo tendió a Manuel para que bebiera. Mejor: Sonrió con picardía, dio un trago de un botellín de cerveza y se lo tendió a Manuel. Quitaría para que bebiera, ya se sobreentiende.
—Parece que hoy tampoco caerá esa breva —contestó él apartando el botellín con la mano (¿apartando o cogiéndolo? No me queda claro si rechaza la bebida o la acepta—. Pero ya me conoces, voy a seguir intentándolo toda la tarde.

Raquel rió sorprendida. y dijo:
—Te hacía yo más de la Jungla de Cristal. —Volvió a mirar el reloj—. Venga va, ¿dónde tienes el coche?

Estos son algunos ejemplos. Espero que te sirvan de ayuda.
¡Suerte, compañero!
Responder
#3
Un relato muy "guay" en el que los personajes son totalmente reales: su cadencia al hablar, su forma de actuar y pensar, y sobre todo su forma de relacionarse.

Me parece el mayor acierto de este relato, la naturalidad de sus personajes y lo realista de la manera en que interactúan. Me gustó también mucho esa tensión sexual no resuelta que se iba fraguando entre los protagonistas. Como la cita de Raquel va perdiendo prioridad para ella misma, y cómo se va convirtiendo en un motivo de "envidia" para Manuel que en principio era él simple chofer por pagar una deuda. En ese sentido es una historia de amor muy bien ejecutada.

Me ha gustado mucho y me ha parecido un total acierto esa especie de paralelismo que hace Manuel respecto a la cenicienta... para acabar convertido en el príncipe.

Ahora los peros, me estaba gustando mucho la historia y si te soy sincero me ha gustado hasta el final... pero el viaje en el tiempo... sinceramente no lo vi necesario como detonante de esa chispa que estábamos esperando que saltara entre Manuel y Raquel. No es que este mal ejecutado o que no me gusté, por supuesto es tu historia y tu la presentas como mejor gustes. Pero a mi me ha quedado como una especie de momento sin sentido y sin explicación en medio de una historia que ya de por sí era interesante entre los dos protagonistas.

Pese alguna errata, el texto se lee fluido y las conversaciones son de lo mejor de este reto, con un tono divertido y muy personal que hace que en todo momento sepas a quién esta hablando aunque no lo indiquen la acotaciones. Debo meditar qué puesto va a ocupar esta historia en mis votaciones, porque con esta segunda lectura creo que he cambiado mi opinión inicial e igual la subo algún puesto.

Felicidades por tu trabajo, escritor.
Atrás solo quedan los errores, adelante en cambio hay... errores nuevos, pero imprevisibles y diversos. Disfrutaré y lamentaré cada uno de ellos a su debido tiempo.
Responder
#4
Bueno, empiezo mis impresiones con tu relato porque fue el primero que se subió y voy a intentar seguir ese orden.
Debo decir que he encontrado el relato muy divertido. Me podría quedar con varias escenas o frases, pero hay una que me encantó y es cuando se preguntan por el motivo de ese trasvase a 1929: "Que hubiera tenido un accidente o que todo fuera un castigo divino por no ir a misa los domingos" Sublime!!! De hecho lanzas tres o cuatro que demuestran una capacidad para el humor envidiable.

La historia ha sido muy amena, divertida y con amor tal como demanda el reto. Quizás me costó mucho creerme que de golpe él se sintiera atraído por Raquel, pero lo compro porque es bien cierto que a veces no vemos lo que tenemos hasta que nos desaparece. Tampoco me parece que salieras airos@ con el cambio de época: no me transmitió que estuvieran excesivamente preocupados por un evento tan increíble, lo aceptan sin más al poco. Cierto es que para un relato tan corto es complicado extenderse en según qué asuntos, pero me pareció que ya que lo metiste hubiera algo más de asombro ya que eso no pasa cada día.

También me ha gustado que situaras la acción en 1992 y, aunque a mí me pilló más cerca los JJOO que La Expo, me ha traído gratos recuerdos de aquella época. He de decir que, al igual que Manuel, Yo acabé la mili en dicho año (sí, ya soy algo viejuno). Creo que el relato está lleno de detalles que te hacen sonreír porque te llevan a recuerdos como la base de Rota, la camiseta de Curro, el Peugeot 205... "Pretty Woman" también me pareció metida por ahí en medio

En cuanto al aspecto técnico he visto que flaqueaba bastante. Te has dejado multitud de tildes, unas no se entendían porque el "que" interrogativo a veces lo acentuabas y otras no. Algunos "porque" que deberían haber sido "por qué" alguna mayúscula en lugar de minúscula y viceversa. La puntuación también ha fallado. Me llama la atención los vocativos:

"—¿Y cuando las encuentres que vas a hacer, casanova? —preguntó Samu con sorna. "
"—Desprendes puro sexo, mamona —bromeó Elena entre risas."
Siempre has de poner la coma antes de un vocativo.

Creo que te faltó un buen repaso.

Mis felicitaciones por crear algo tan ameno y divertido, siempre es de agradecer. Suerte!
Responder
#5
Me gustó bastante el relato, me resultó ameno y entretenido de leer en todo momento. Se nota que has intentado armar una historia sencilla. Tal vez una mayor descripción de personajes/lugares (por ejemplo, en el momento que viajan en el tiempo) o unos diálogos algo más elaborados hubieran sumando unos puntitos a mi parecer, aunque tampoco es algo que se haya sentido demasiado, ya que la historia no exigía de por sí algo por el estilo.
El giro del viaje en el tiempo me ha parecido acertado. De no haber existido, esta historia hubiese sido una historia más sobre dos personas que se encuentran circunstancialmente y que terminan juntos, lo que la hubiera hecho bastante "olvidable". Más allá de esto, debo decir que la reacción de Raquel ante esta situación me ha resultado poco natural. Incluso la persona más tranquila del mundo se escandaliza en un contexto así.
El final es correcto, aunque demasiado común a mi gusto. No está mal, va acordé con todo lo que se contó anteriormente, pero por ahí algo más inesperado, incluso aunque el punto final hubiese sido el mismo, habría hecho que la historia termine con un mejor sabor de boca del que ya tiene.
En resumen, es un buen trabajo, considero podría haber sido incluso mejor si le dabas alguna que otra vuelta de tuerca.
Un saludo.
Responder


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