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Reto Feb21: Una Verdadera Historia de Amor
#1
Una Verdadera Historia de Amor





Vosotros no podéis entenderlo, pero esto fue una verdadera historia de amor.
No podríais entenderlo hayáis o no amado. No podríais siquiera, aunque vuestras vivencias fuesen como las mías. Porque jamas ha existido algo como lo nuestro… o eso, o nunca nadie ha idealizado una relación hasta el punto en que yo lo hice. Pero no por haber ensalzado mi relación hasta un lugar fuera de toda lógica es menos verídico mi testimonio. Yo lo sentía así, por tanto era mi realidad y la sigue siendo aunque ya todo haya cambiado.

Rubias, siempre me han gustado rubias. Supongo que por la exuberante belleza, el místico exotismo que desprendían los reflejos dorados de su cabello me embobaron desde el primer momento. ¡Ah y los ojos! No necesitaban estar en el punto de una ambigua indecisión entre el azul y el verde para ser bellos. ¡Pero ay si lo estaban! Lo estaban y eran los dos charcos de primavera más radiantes que nunca he visto. Me encandilaron por supuesto, pero su personalidad independiente, su sentido del humor cínico y su sonrisa traviesa… fueron un ariete tirado por vikingos en una carrera montaña abajo y lo que se encontraron fue una débil puerta de chapa custodiando mi corazón. Sé que esto no me deja quedar en buen lugar, pero me sometí a su barbara conquista con gusto.
Pero no fue malo porque resultó que ella veía algo en mi también, algo que nadie más había visto antes, por lo que descubrí el amor pleno. El amor solo es pleno cuando es correspondido con la misma intensidad. Tres años de romance, de viajes como tortolitos, de sexo entusiasmado, de planes ingenuos y abrazos reconfortantes. ¿He mencionado ya el sexo? Era una montaña rusa de adrenalina, yo con mi modesta autoestima era un surfista en el filo de la ola más desafiante jamas tomada… y en su cresta, en su cenit… nos fundíamos enamorados. Fueron tres años en los que mi amor no bajo un ápice de intensidad, pero que el suyo en cambio se desvirtuó y se debilitó ahogado por la rutina. Los planes futuros se quedaron en proyectos inalcanzables por fantasiosos, y la madurez vino a visitarnos para recordarnos que ya no éramos jóvenes, que la responsabilidad había venido para quedarse. Habíamos comenzado la búsqueda del dorado como un día lo habían hecho nuestros padres. Esa búsqueda en la que el dinero es el objetivo y no un medio para un fin. Dejamos de vernos a todas horas, para apenas hacerlo en el calor del lecho con las ultimas luces del crepúsculo. Y así, día tras día.
Por eso no pude culparla, no pude odiarla, cuando conoció a otro que le dio el cambio que necesitaba. Tampoco pude culpara cuando me ahogué en la perdida. No pude hacerlo cuando un día me desperté solo y comprendí que a partir de entonces volvería a despertarme sin ella cada día. ¿Quién querría vivir en un mundo así? Un mundo sin sus ojos inciertos, sin el olor de su cabello, sin su pícara sonrisa… un mundo… en fin… sin ella, no era un mundo que mereciese la pena.
Fue lo peor, obligarme a levantarme, a escalar por el pozo de autocompasión en el que me ahogaba. Obligarme a mirar fuera de ese pozo y buscar alguna clase de luz que me guiara. ¿Pero que motivaciones puede tener alguien que ha construido erróneamente su vida en torno a otra persona? Porque ese fue mi mayor error, el error de amarla a ella más que a mi mismo. Ahora entiendo que el amor debe de nacer en uno antes de proyectarse a los demás… ¿pero quien puede explicarle esto a alguien que estaba en mi situación? ¿Con que clase de autoridad moral te atreverías a decirle a alguien que esta roto que el dolor es el mejor maestro, cuando nadie quiere ser su aprendiz voluntariamente? Qué clase de hipócrita se atrevería a darme ningún tipo de lecciones en ese momento, cuando ellos jamas podrían saber lo que yo había vivido… y de saberlo, no podrían sino envidiarlo. Sí… sí, envidiar que yo al menos la tuve por breves momentos, en este lapso sin sentido que llamamos vida.

Pero no la odiéis, si yo no la odio ¿por qué tendríais entonces que tener derecho vosotros a hacerlo? A veces las personas cambian, el mundo mismo esta en constante cambio, no sé que es lo que nos hace creernos con derecho a desear que todo siga igual, a que no cambie ni un ápice, a que todo permanezca. Ella escogió otro camino y yo tuve que  decidir si construir el mío o envenenarme de nostalgia. Si me preguntáis ahora, todo lo que ocurrió valió la pena… porque entonces conocí a mi verdadero amor.

Me recuperé por supuesto, y me recuperé cuando conocí al que verdaderamente fue el amor de mi vida. Ese del que os hablaba en las primeras lineas de este texto, ese amor que idealicé y que nunca comprenderéis no fue sino un amor peludo, de orejas caídas y hocico húmedo. Un amigo fiel y cuyo olor a tierra húmeda y sudor veraniego aun me reconfortan. Fue él, el que iluminó el pozo donde me encontraba con la luz deslumbrante de un cuásar. Arrebató a la oscuridad de mi interior cada palmo de terreno hasta que ni siquiera tuve que escalar; el pozo se derrumbó a mi alrededor y salí al exterior andando, liberado, más sabio y agradecido. El día que conocí a Thor el me dijo con dos orbes castaños de felicidad: «Hola amigo, yo nunca te voy a abandonar, yo siempre estaré ahí, ¿eso que son friskies? ¡Guau! Mis preferidos»
Sé que algo así le entendí desde luego, y puedo perjurar que cumplió su palabra hasta el momento en que os escribo estas paginas. Porque como dije al principio todo ha cambiado. Thor ya no esta, él me devolvió a la vida pero se ve que era demasiado bueno para este mundo. El llenó durante casi diez años mis mañanas de babas, mis días de actividad, mis llegadas de amorosos recibimientos y mis idas de sollozos lastimeros. Él durmió a los pies de mi cama cada día y por supuesto, por esa cama pasaron algunas mujeres, pero yo y él siempre intercambiábamos miradas cómplices, sabíamos que ellas iban y venían y que nosotros en cambio perdurábamos… o eso creíamos, ojalá hubiese sido eterno.

Pero el camino de los que sobreviven esta lleno de aprendizajes. En esta vereda tortuosa aprendí una valiosa lección sobre la perdida y apuntale la puerta de mi corazón con chapas más gruesas, no necesito volver a hundirme en un pozo, honrare su memoria continuando hacía adelante y sin olvidarme de su gran amor.
Entiendo también que muchos pensareis que el amor de un perro no se puede comparar al de un ser humano, son animales simples argumentareis, sentimientos simples por tanto… entonces tal vez y solo tal vez, los humanos debiésemos ser más simples en los aspectos esenciales, simples en el amor y la amistad, simples en la fidelidad y la lealtad, porque si Thor me enseño algo… es que el amor de un perro es totalmente incondicional.
Tal vez vosotros no podáis entenderlo, pero esto fue una verdadera historia de amor.
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#2
El amor perruno es el mejor: incondicional, leal, entusiasta. Nada como un perro.
La construcción del relato me ha gustado, en primera persona y con el fluir de la conciencia del personaje como eje central. He echado en falta que narrara algunas vivencias con la exnovia, describir algunas pinceladas de cómo salieron juntos, algún hecho de su convivencia, su posterior ruptura. Es decir, concretar lo que el protagonista vivió con ella. Se nos dice que le encandiló su independencia, su humor cínico y su sonrisa; que su relación fue una montaña rusa de adrenalina. ¿Qué tal si incluyes alguna escena concreta que nos muestre eso: algún viaje juntos en coche conduciendo a mil por hora, que duermen en la intemperie en medio de la montaña... no sé, algo más arriesgado. Y que cuando se acabó esa adrenalina, ese riesgo, el amor se apagó.
Es que da la sensación de que el relato da vueltas sobre los sentimientos de él, pero sin concretar qué fue lo que le produjo esos sentimientos.
Bueno, espero haberte ayudado, compañero.
¡Suerte en el reto!
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