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Reto Mar21: El bastón del rey
#1
El bastón del rey

—¿Cuál es el plan entonces? —preguntó Odo mientras arrojaba una carta sobre la mesa.
—¿Ya te lo has olvidado? ¡Lo hemos repasado tres veces! —Milo, quien estaba sentado a su lado, le proporcionó un leve golpe detrás de la oreja—. ¿Cómo puedes ser tan distraído? Es un milagro que aún recuerdes tu nombre. —Luego, arrojó su propia carta al centro. Los demás se rieron por el comentario.
—Lo siento —respondió Odo con la cabeza gacha y un atisbo de vergüenza en sus ojos.
Odo era el más pequeño de todos ellos, aunque contaba con la edad suficiente para considerarlo un hombre adulto. Con su gorro de color verde, su aljaba siempre repletas de flechas y sus manos enguantadas, avanzaba por la vida a los trompicones, como un niño que aún no ha aprendido a caminar. Milo, por su parte, era un hombre orgulloso, tal vez más de lo que le correspondía, de cabellera rubia, de porte altiva, revestido con su armadura reforzada. Su espada, fabricada a base del acero más resistente, lo acompañaba en cada aventura.
Judith, quién solía sentarle mal las reiteradas burlas hacia el muchacho, decidió responder a su duda.
—Mira, te explicaré el plan nuevamente, pero debes prestar atención. —Odo la miró con timidez y asintió levemente—. Eso es —continuó ella— el plan es sencillo. Sabemos que Haland ha ido al norte a recuperar el bastón que le robaron al rey. Desde que partió, nadie más ha oído sobre él. Allí es donde debemos ir a buscarlo. Pero no iremos en línea recta, eso sería demasiado peligroso, tomaremos un atajo por las montañas nevadas. Una vez que atravesemos la cordillera, decidiremos cómo continuar. ¿Ves? No es tan complicado.
Judith era la única mujer del grupo. Como esposa de Haland, había sido la que más había sufrido su desaparición. Sin embargo, intentaba mantener oculta su tristeza. No siempre lo lograba. Sus compañeros percibían su mirada triste y su andar melancólico. Desde la partida de su enamorado, las melodías de su guitarra, antes alegres, se habían convertido en notas apagadas. La música siempre había sido el fiel reflejo del estado de ánimo de su alma. Entonces, ¿cómo podría componer melodías joviales si su alma se encontraba tan vacía?
Odo, quien se había detenido a escuchar cada palabra de ella con detenimiento, como si le costara entender lo que ella decía, volvió a hablar.
—Lo extraño —dijo con voz apagada—. Era el único que me trataba bien.
Esas palabras provocaron un silencio sepulcral en la mesa del grupo. La verdad era que todos lo extrañaban. Haland era el espíritu del grupo, era su guía, era el primero que sacaba su espada cuando se asomaba un peligro, el que siempre parecía saber qué dirección había que tomar.
Milos apartó su mirada del juego un momento y recorrió la taberna. Allí nada había cambiado, el mundo seguía girando sin prisa aunque también sin pausa. La bandera roja y negra con la pareja de leones dorados en su centro, el barman sirviendo cerveza a los recién llegados, las bellas mujeres bailando al ritmo de una música alegre, la lámpara que alumbraba el sitio con su luz candente y aquel jarrón, apoyado en una de las barandillas del techo. Ese recipiente, el cual contenía los últimos restos de su padre, le provocaba un orgullo y una valentía inusitada cada vez que lo contemplaba. Era una reliquia antigua que parecía ejercer un poder desconocido sobre él.
—Lo haré por ti, padre —dijo en un susurro.
—¿Qué has dicho Milo? —preguntó ella.
Él, sin dejar de mirar aquel objeto, continuó hablando, ahora en un tono más alto.
—Debo hacerlo por mi padre, por nuestro padre. Sé que él nos mira desde el cielo. Haland ha estado para mí en los peores momentos, siempre ha cumplido su rol como hermano mayor. Me ha defendido contra todos los males, me ha servido de hombro en las noches más oscuras. No puedo abandonarlo ahora, no puedo decepcionar a nuestra familia.
Randall, quien aún no había pronunciado una sola palabra en toda la mañana, se levantó de su silla y apoyó sus manos en los hombros del chico. No dijo nada, solo se limitó a mirarlo fijamente. Milo entorno su mirada hacia el frente, observando a aquel anciano, a sus ojos repletos de experiencia, a su barba larga y canosa y a su gorro puntiagudo. Luego de unos segundos, él lo soltó y se volvió a sentar.
—Maestro, hoy estás más callado de lo normal. ¿Te encuentras bien? —inquirió Judith.
—Ustedes ya lo han dicho todo, no solo con sus palabras, sino también sus gestos. Decir algo cuando no hay nada para decir es pecar de ingenuo. Arruinaría el momento. Un hombre no es sabio por saber mucho, muchacha, sino por saber lo imprescindible. Mis años de experiencia me han enseñado que existen momentos en donde las palabras sobran y este es uno de ellos.
—¿Pero no lo extrañas? —respondió Milo.
—Claro que sí, joven guerrero, lo extraño tanto como ustedes. Solo nos queda ir en su búsqueda y rezar que todo salga bien.
Milo arrojó sus cartas a la mesa con cierto ademán de desprecio. Los demás saltaron del susto, excepto por el viejo que se mantuvo apacible.
—¿No juegas más, hijo? —le consultó.
—Estamos perdiendo el tiempo jugando a este estúpido juego mientras mi hermano está sufriendo allí afuera. Conrad, trae el mapa, ¡es hora de que partamos!
Un hombre encapuchado se acercó a la mesa y le tendió un papel enrollado. Milo no tuvo que darse vuelta para saber qué se trataba de su fiel guardián. Siempre se hallaba cerca. Más que un hombre, aquel sujeto parecía una sombra al acecho, continuamente dispuesto a cumplir sus órdenes. Silencioso como una gacela, serio como un verdugo, pero fiel como un perro receloso.
Él tomó el mapa y lo extendió sobre la mesa. Allí se extendía toda la ciudad, con sus comunas, sus lagos, sus desiertos y sus montañas. Miró inquisitivamente a todos los demás en busca de algún atisbo de duda o de temor
—¿¡Están listos!?
—¡Sí, estamos listos! —dijeron todos al unísono.

****************************************************************************************

El camino de tierra era algo empinado, repleto de pedruscos pequeños, arbustos secos y malezas aplastadas. El sol golpeaba sus cabezas haciendo que el andar resultara aún más dificultoso. Durante el primer trecho del viaje no se habían topado con ninguna amenaza, pero era irrisorio esperar que aquella paz durará demasiado tiempo.
De repente, Conrad, quién se había adelantado unos metros para inspeccionar la zona, apareció ante ellos con una herida en el brazo.
—¿¡Qué te ha pasado!? —preguntó Judith asustada.
—Preparen sus armas, se acerca el peligro.
—¿Qué tan grande son? —preguntó Randall.
—Grandes —respondió el guardián con su voz fría y su mirada penetrante.
Los cuatro miembros de la banda prepararon sus armas para enfrentarse a lo que se avecinaba. Odo tensó su arco y lo cargó con varias flechas. Milo envainó su espada con su mano menos diestra y dejó la otra libre para utilizarla en caso de que fuese necesario. Conrad, que no llevaba armas consigo, cerró los ojos y respiró profundamente. Al cabo de unos segundos, su cuerpo empezó a agrandarse hasta alcanzar la altura de unos tres metros. Sus brazos, sus piernas, su torso, todo se volvió un amasijo de músculos firmes y venas hinchadas. Randall, por su parte, dio un leve golpe al piso con su bastón y este se encendió emitiendo un destello de luminiscencia verdoso. Luego de esto, el anciano miró a Judith y observó que se encontraba algo nerviosa.
—Vamos Judith, no dudes. Haz lo tuyo, sé que puedes.
La muchacha dudó unos instantes, pero terminó por hacer caso a esas palabras. Buscó la roca más cercana para sentarse. Una vez se hubo acomodado, tomó su guitarra y empezó a tocar aquella melodía que había entonado tantas veces en batalla. Por un momento, creyó haberse olvidado los acordes. Sin embargo, sus dedos viajaron por las cuerdas como impulsadas por un instinto propio una vez los apoyó sobre ellas. Primero la cuarta, después la segunda, la tercera, luego la primera, la quinta, la cuarta nuevamente y así sucesivamente. La melodía, envuelta en un aura un poco más melancólica que otras veces, emergió del instrumento como una brisa reconfortante. Para acompañar la música, Judith empezó a entonar la canción de la invocación. Su voz era dulce y pausada, como si cada palabra esperara con paciencia a la siguiente antes de salir.

Alta en el cielo, alza su vuelo, como ella no habrá ninguna
Con su majestuoso andar, cubre el suelo con su largo velo de plumas
Fría como el hielo, va de norte a sur buscando consuelo en el reflejo de la luna
Su anhelo es de libertad y de justicia,
dichoso sea aquel que encuentre en ella el verdadero significado de la fortuna.

A lo lejos, un chillido alto y agudo, proveniente de las montañas nevadas, llegó para elevar su autoestima y para reforzar la esperanza de todos.
Desde algún punto perdido en el horizonte, como si se tratase de un eclipse diurno, un águila de pico dorado y de alas tan enormes capaces de tapar la luz del sol, apareció y aterrizó ante ella. Al guardar sus extremidades, su figura ya no se vio tan imponente. Refregó su cabeza en el hombro de la chica y ella le acarició el pelaje para devolverle el saludo.
—¿Cómo te encuentras chiquilla? Hace tiempo que no nos vemos, ¿eh? Lamento tener que traerte a estos sitios, pero necesitamos tu ayuda.
—¡Ahí vienen! —los interrumpió Conrad con un sonido que pareció más un rugido que un grito. Hasta su voz cambiaba cuando se encontraba en medio de su transformación.
Allí adelante, cinco bestias aparecieron para taparles el camino. Eran similares a leones, aunque más grandes y más fornidas. Lo peor no eran sus piernas robustas, ni sus garras afiladas o su mordida mortal, sino su cola. Ese largo látigo dotado de una punta reforzada, repleta de salientes puntiagudos, era capaz de perforar hasta la armadura más reforzada.
—¡Uno con cada una! —gritó Milos, quien fue el primero en arremeter contra una de ellas.
Con su espada paró el primer latigazo del animal y con su mano libre impulso a la bestia hacia atrás con el poder de sus ondas de movimiento. Aprovechando el aturdimiento que había provocado, se montó al lomo del animal y rebanó su cuello en un movimiento que fue de izquierda a derecha. A medida que su espada atravesaba el duro cuello, la melena de la bestia se iba cubriendo de una sustancia negruzca y espesa. Cuando finalizó, ella cayó abatida al suelo.
Conrad no fue tan sutil como su compañero. Se encaramó contra la bestia de frente sin medir las consecuencias. La criatura abrió la boca para clavar sus dientes en él, sin embargo, el guardia detuvo la mordida con sus dos manos y, utilizando su fuerza, empezó a abrir su mandíbula hasta partirla en dos. El crujido de los huesos y el rugido de dolor retumbó como un eco potente. El enemigo se derrumbó en el suelo para no levantarse más.
Mientras toda la acción sucedía, Odo, desde una distancia prudente, ajustaba su mira y se preparaba para atacar. Tensó su arco y de él salieron disparadas varias flechas en direcciones dispares. A mitad de camino, sus puntas se encendieron con un chasquido de su dedo y las obligó a torcer su rumbo hacia el enemigo que había fijado. Cada flecha tenía un destino preciso para intentar causar el mayor daño posible. Una se clavó en el ojo, otra en la columna, varias en el estómago y otras tantas le atravesaron su cuello. La bestia no resistió tanto daño y cayó pesadamente.
Judith, sin querer quedarse atrás, se montó sobre el águila y se sumó a sus amigos. En el camino, le ordenó a su compañera que atacara a una de las dos criaturas que aún quedaban vivas. El águila la envolvió con sus garras, alzó su vuelo en dirección al cielo y, antes de dejarla caer, la estrujó hasta hacerla chillar. Cuando el cuerpo tocó el suelo, el golpe sonó seco y la muerte fue instantánea.
Quedaba una sola viva y todos sabían a quién le correspondía matarla, sin embargo, Randall permaneció inmóvil. El animal corrió directo hacia él dejando un rastro de polvo por el camino. El anciano esperó la arremetida sin inmutarse, con su bastón luminoso apoyado en el suelo. Cuando quedaban solo unos centímetros de distancia y el embiste parecía inminente, Randall movió suavemente su arma de madera y con eso le bastó para que el enemigo no cumpliera su objetivo. Su cuerpo implosionó hasta volverse un revoltijo de sangre negra, huesos y músculos, para luego estallar en millones de partículas debido a la presión ejercida.
Todos los presentes saltaron y vitorearon por la victoria conseguida. Todos menos Randall.
—¡Lo logramos! —dijo Milo.
—¡Como en los viejos tiempos! —agregó Judith con la misma emoción.
—Oye, esperen, miren eso. —Odo los interrumpió y señaló hacia donde estaba su maestro—. ¿Qué es lo que sucede?
Randall estaba agachado sobre el cadáver de una de las bestias. Con un dedo había recogido la sustancia negruzca y la olía con el olfato de un sabueso.
—Mmm, sangre negra, esto no es nada bueno.
—Te refieres a que él… ¿Volvió? —Odo lo miró con cara de asustado.
—Me temo que sí, muchacho. Es más, sospecho que él tiene algo que ver con la desaparición de Haland.
Las sonrisas se borraron, los gritos se apagaron y los rostros se ensombrecieron a pesar de la luminiscencia del sol.

************************************************************************
La fogata encendida los calentaba y los protegía de las bajas temperaturas que reinaban en las montañas. Habían hecho un rondo alrededor de las llamas y estaban a punto de cenar.
—Oye maestro, ¿es cierto lo que dicen sobre él? ¿Sobre su poder? ¿Alguna vez te has enfrentado a él? —preguntó Milo mientras se llevaba una cucharada de sopa a la boca.
—Más de lo que te imaginas, joven guerrero. Pero tenemos una ventaja y es que lo conozco. Solíamos ser compañeros de batalla, en una época de la cual ya no recuerdo demasiado. Y si… Peleamos una vez, pero nos teníamos demasiado respeto para hacernos daños el uno contra el otro. Fue justo antes de que cada uno tomara su propio camino. Apuesto a que ahora es una persona totalmente distinta.
—¿Y como se supone que vamos a vencerlo? —Judith hablaba con voz temblorosa.
—Tengo un plan, pero primero debemos llegar hasta él y asegurarnos que Haland está vivo. Una vez lo hayamos rescatado, yo me encargaré de él.
—No tendrás pensado hacer alguna locura, ¿cierto? —Milo dejó de comer un instante, expectante por la respuesta del anciano.
—Las locuras son las que nos mantienen vivos. —Luego de decir esto, dejó su plato vacío a un costado—. Bueno, es hora de descansar, todavía nos queda un pequeño tramo por recorrer.
Todos se apuraron en terminar sus platos para poder retirarse a descansar, excepto Milo, quien se quedó allí sentado contemplando fijamente los troncos carbonizados. Al ver que habían quedado solo ellos dos, el anciano decidió increpar al joven.
—¿A qué le tienes miedo? No temes a la lucha que se avecina, es otra cosa distinta lo que te preocupa, lo veo en tus ojos.
El muchacho miró al anciano con rostro extrañado. Luego, se rindió ante su mirada.
—¿Cómo sabes esas cosas? ¿Tan transparente soy?
—Un viejo como yo, conoce todos los trucos. —Randall esbozó una leve sonrisa—. Vamos, puedes confiar en mí. No quieres que vuelva al grupo, es eso, ¿cierto?
—No es exactamente eso. —Milo enderezó su espalda y miró hacia un costado asegurándose que solo se encontraban ellos dos—. Es mi hermano, por supuesto que quiero que vuelva. Pero ya sabes… Déjalo, es difícil de explicar.
—Crees que si él vuelve, también volverán tus inseguridades.
Milo asintió avergonzado. —Siempre he estado a la sombra de él. Desde que no está aquí me siento más seguro, más tranquilo. Sin embargo, lo amo. Daría mi vida por él. ¿Acaso tiene sentido lo que digo?
—Todo el sentido del mundo. Eso no quita el hecho de que estés equivocado. —Randall se paró para sentarse a su lado—. El problema es que ves reflejadas en la figura de tu hermano las inseguridades que tiene tu propia alma. Que él desaparezca no va a hacer que tus fantasmas desaparezcan también. Tarde o temprano vendrá otro que te hará sentir inferior. Eres tú el que debe cambiar, no el resto.
Milo reflexionó, en silencio. Cuando estaba a punto de responder, fueron interrumpidos por unos gritos cercanos. Eran los de Odo, de Judith y de Conrad. Al acercarse, notaron que habían desaparecido.
—¡Se los han llevado! —El joven no podía creer lo que veía—. ¿Cómo han hecho? ¿Cómo puede ser que no los hemos escuchado? —Sentía que estaba a punto de entrar en un ataque de pánico.
Randall se acercó para calmarlo. —Tendremos que adelantar nuestra incursión. Iremos a por ellos. Tranquilo, no dejaré que nada les pase.

***************************************************
Cuando atravesaron las montañas nevadas, se toparon con una inmensa catedral construida en medio de un desierto de hielo. Su estructura era colosal, construida con muros tan oscuros que parecían carbonizados por fuera. Estaba repleta de torres altas y empinadas, puentes colgantes que derivaban a decenas de entradas distintas. A pesar del aspecto casi laberíntico, lograron detectar con rapidez cuál era la entrada principal.
—Toma mi mano Milo, debemos entrar sin ser vistos.
El muchacho le hizo caso y en el instante que ambas palmas se tocaron, los dos se volvieron invisibles.
—Ahora ya me puedes soltar, el efecto durará un par de horas. Iremos directo hacia la entrada principal. Procura de no hacer ningún ruido o ambos seremos hombres muertos.
Avanzaron a través de uno de los puentes y atravesaron el arco que señalaba la entrada al palacio. Al llegar al centro de la catedral, se toparon con un auténtico ejército a cada uno de sus costados. Cientos de autómatas parados como estatuas, a la espera de las órdenes de su amo. Algunos aguiluchos de aspecto terrorífico, manejados por estos mismos seres, entraban y salían del lugar trayendo consigo prisioneros provenientes de distintas partes de la ciudad. Los depositaban en enormes jaulas, mientras las víctimas se desgarraban en gritos de desesperación.
Sin detenerse un segundo, se adelantaron hasta ingresar a lo que parecía ser la sala principal. El lugar era angosto aunque elevado. Su techo estaba cubierto por una estructura abovedada fabricada a base de cristal, a través de la cual era posible divisar el cielo oscuro. En el centro, un hombre de porte robusto los miraba sentado desde un trono de hierro. Su cara estaba pálida, su mandíbula tensa y sus ojos, rojos de furia, parecían escupir lava.
—¡Es Haland! ¡Hermano querido, estás vivo!
Pero cuando Milo quiso ir en su búsqueda, Randall le puso la mano en el pecho para detenerlo.
—Detente, es una trampa.
En ese instante, una risa profunda provino desde el fondo de la sala, haciendo que retumbara el suelo.
—Vaya vaya, ¿pero qué tenemos aquí? Randall, ¡pero si eres tú! ¿Hace cuanto tiempo que no veo a mi viejo amigo?
—¿Nos puede ver? —preguntó Milo en un susurro.
—Si, además sabía que veníamos, es por eso que nadie nos detuvo.
La figura que había hablado apareció detrás de Haland. Era alto, como de casi de dos metros de estatura y estaba cubierto por una larga túnica negra que le cubría tanto cuerpo como rostro. A la altura de los ojos, dos pupilas rojas parecían flotar en el aire como dos pequeños soles.
—Constantino… Sabía que tú estabas detrás de todo esto. Entréganos a Haland y nos iremos sin generar disturbios. Puedes quedarte con el bastón si quieres.
El sujeto se volvió a reír.
—Siempre creíste que te tenía miedo y veo que aún sigues pensando lo mismo. ¿Algún día dejarás de ser tan engreído? Lo quiero todo y más. Me llevaré el alma de ustedes dos si es necesario.
Al decir esto, aquel ser ordenó a Haland que atacara a Milo y este obedeció sin miramientos.
—¡Saca a tu hermano de aquí, Milo! ¡Rescata a los demás! Yo me ocuparé de él.
El muchacho quiso reprochar la decisión de su maestro, sin embargo, supo enseguida que este hablaba en serio. Asintió decidido, tal vez imaginando lo que iba a suceder, y salió corriendo de la sala con Haland persiguiéndolo.
Una vez que se quedaron solos, Randall miró a su rival de manera desafiante.
—Terminemos con aquello que dejamos pendiente.
—Sabes que no saldrás vivo de esto, ¿cierto?
—Esa nunca fue mi idea.
El anciano arremetió contra el encapuchado. Cuando ambos bastones hicieron contacto, destellos de luces de color verde y de color rojo salieron disparados en todas direcciones, seguidos de temblores y estruendos.
Mientras tanto, Milo seguía corriendo en busca de sus amigos perdidos. A medio camino se dio cuenta de que Haland no lo estaba siguiendo. Retrocedió unos metros y lo encontró desmayado en el suelo. Al levantarle el rostro, notó que sus ojos ya no eran de color rojo.
Supo que no podía dejarlo allí tirado. Se lo cargó a un hombro y siguió avanzando a pesar de lo mucho que le pesaba.
Tenía que apurarse, la catedral se estaba despedazando detrás de él. Los temblores hacía que se tropezara seguido, pero se propuso llegar hasta su objetivo.
Lamentablemente, su lentitud hizo que un gran grupo de autómatas lo alcanzara. Al ver que pronto se vería rodeado, decidió depositar el cuerpo inconsciente en el suelo y desenvainar su espada. Siempre con la mano menos diestra, para dejar la otra libre. A los primeros autómatas los pudo repeler con facilidad con sus ondas de movimiento. Pero luego se sumaron más. Y más aún. Eran auténticas máquinas de destrucción, criaturas hechas de acero capaces de triturar a un ser humano con sus propias manos.
No se rendiría, debía pelear, incluso si aquello significaba la muerte. Estaba harto de correr y esconderse.
Pudo detener los siguientes golpes, aunque otros tantos le provocaron algunos tajos en la piel. Y los tajos no tardaron en convertirse en profundas heridas. Pronto se vio sin fuerza, arrodillado, rodeado por kilos y kilos de frío metal.
Uno de ellos lo tomó por el cuello y empezó a apretarlo. Miró a su hermano en busca de algo de ayuda, pero no obtuvo respuesta alguna. Quiso escaparse pero esa fuerza que lo apretaba era superior a la suya. El aire se le fue escapando, la mente se le fue nublando y los ojos se le fueron cerrando.
Cuando ya estaba dispuesto a despedirse del mundo, con la tranquilidad de haberlo intentado todo, el autómata que lo estaba asfixiando salió volando por los aires, al igual que otros que estaban a su alrededor. Otros tantos fueron abatidos por varias flechas que fueron a caer justo en el único punto débil que tenían. Su grupo estaba allí para salvarlo.
—¡Qué alegría verlos! ¿Cómo demonios lograron escapar? —Tuvo que toser para aclarar su garganta.
—La pared simplemente se derrumbó. Y por lo que veo, parece que todo el palacio se está derrumbando.
Odo y Conrad lo ayudaron a levantarse.
—¿¡Has rescatado a Haland!? —gritó de repente Judith al ver el cuerpo que estaba allí tirado—. ¿Se encuentra bien? —Se agachó para intentar despertarlo.
—No creo que despierte por un largo rato, pero tú tranquila, va a estar bien. Sin embargo, no debes agradecerme a mí, sino a Randall. Él se ha sacrificado por todos nosotros.
—¿¡Randall ha muerto!? —preguntó el guardián, sorprendido. Era la primera vez que veía una expresión así en la cara de aquel hombre.
—Aún no, pero creo que no planea volver.
—¡Miren, allí está! —gritó nuevamente Judith.
Constantino y Randall aparecieron desde la esquina de un pasillo. Aún seguían ensartados en combate. Los bastones chocaban, se separaban y volvían a chocar, emitiendo destellos y sonidos aturdidores.
—¡Tenemos que salvarlo! —dijo Milo.
Corrieron para acercarse a él, sin embargo, fueron detenidos por una pared invisible que flotaba en el medio del camino. Randall, al verlos, les gritó del otro lado.
—¡Huyan! ¡Salven a Haland! ¡Hagan lo que les digo, de lo contrario, nadie saldrá vivo!
Los cuatro compañeros se miraron. Era una decisión que nadie estaba dispuesto a tomar individualmente, sin embargo, desde pequeño habían aprendido a hacer caso a las palabras de su maestro, sin importar que dijese. Con lágrimas en los ojos, se retiraron para escapar de aquel infierno en ruina.
Mientras corrían, una vez fuera de la zona de peligro, lograron ver cómo la estructura colapsaba completamente, hundiéndose en el hielo hasta desaparecer. Nadie más, excepto ellos, había salido con vida.
Haland, en medio del escándalo, se despertó emitiendo una bocanada de ahogado.
—¿¡Pero qué demonios ha sucedido!? ¿¡Y porque estoy en medio de un desierto!? —Se detuvo un segundo mientras sujetaba su cabeza. Hizo gestos de estar intentando recordar algo que le parecía importante—. ¡Han robado el bastón del rey! Preparen sus cosas, debemos ir a recuperarlo. ¡Esto no puede quedar impune!
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Interesante historia, creo que hay un buen equilibrio entre diálogos y acción. Con respecto a los personajes, entiendo que hayas querido hacerlos similares a como aparecían en la imagen, sin embargo, no puedo evitar sentir que caen en ciertos clichés. El mago poderoso, el príncipe apuesto, la mujer guerrera aunque sensible, etc. Pero más allá de esto, están bien, cada uno cuenta con cierta peculiaridad que los distingue.
Tal vez lo más flojo sea el final, siento que el tramo que sucede desde que secuestran a los miembros del grupo hasta que llega el desenlace, pasa todo muy rápido. Con un poco más de desarrollo se hubiese logrado un mayor impacto
En cuánto a los errores, solo he visto algunos, nada grave. Solo comentar que has escrito "Milos" en dos oportunidades, en vez de "Milo"

¡Saludos!
Que locura que la locura deje de ser locura cuando se convierte en realidad
Responder
#3
Aspectos técnicos: Un atajo que se desvía de la línea recta no puede ser un atajo; un atajo es un camino más corto que el principal para ir de un sitio a otro, y la recta es la distancia más corta entre dos puntos.

En cuanto a puntuaciones tenemos; Eso es —continuó ella— el plan es sencillo (antes de el debe ir una coma). Quitando eso, al menos en lo que a a la manera de puntuar los diálogos se refiere todo está correcto (cerrando las oraciones antes de la intervención del narrador si no se trata de un verbo dicendi...).

Gracias por sacarme de una patada de la lectura escribiendo barman en lugar de tabernero o siquiera camarero...

Con respecto a esta intervención de Randall: Ustedes ya lo han dicho todo, no solo con sus palabras, sino también sus gestos. Decir algo cuando no hay nada para decir es pecar de ingenuo. Arruinaría el momento. Un hombre no es sabio por saber mucho, muchacha, sino por saber lo imprescindible. Mis años de experiencia me han enseñado que existen momentos en donde las palabras sobran y este es uno de ellos, no sé decir si es intencionado por tu parte, pero es completamente contradictoria con el mensaje que pretende pasar; las palabras sobran si no hay nada para decir así que voy a transmitir ese mensaje de la manera más larga posible.

Allí se extendía toda la ciudad, con sus comunas, sus lagos, sus desiertos y sus montañas, los accidentes geográficos y los otros elementos naturales no deberían estar en plural; tal vez las montañas sí porque pudieramos hallar alguna a cada lado de la ciudad (o una sierra que agrupe varias), sin embargo ¿cómo de grande debe ser una ciudad para tener varios desiertos y lagos?

Milo envainó su espada es desenvainó, aunque no me deja de hacer gracia la imagen de que lleve la espada siempre desenvainada y la guarde cuando aparece el peligro.

Ese largo látigo dotado de una punta reforzada, repleta de salientes puntiagudos, era capaz de perforar hasta la armadura más reforzada, repites reforzada en esa frase sin que ello aporte nada a lo que pretendes hacer llegar al lector. primer latigazo del animal y con su mano libre impulso a la bestia hacia atrás con el poder de sus ondas de movimiento. Aprovechando el aturdimiento que había provocado, se montó al lomo del animal, aquí, aunque son frases distintas, ha dado la casualidad de que por el formato del foro ambos animal hayan quedado prácticamente a la par; uno encima del otro. vitorearon por la victoria conseguida, además de ser redundante por contexto (es evidente que vitorean por haber ganado), se forma una cierta paronomasia molesta que es casi una repetición.

ella cayó abatida al suelo, hablas de la bestia (se sobreentiende) pero el último sujeto ha sido la melena.

—¡Lo logramos! —dijo Milo, por muchos signos de exclamación que pongas, no puedo evitar imaginarlo diciendo eso con total desgana... Hay tantísimos verbos dicendi para usar, empezando por el más evidente como es exclamó...

Y si… Peleamos, es .

Todos se apuraron en terminar sus platos para poder retirarse a descansar, excepto Milo, quien se quedó allí sentado contemplando fijamente los troncos carbonizados. Al ver que habían quedado solo ellos dos, el anciano decidió increpar al joven, o todos se han retirado a descansar tras terminar sus platos excepto Milo (con lo que el mago no pinta nada ahí) o la acción que querías describir es como simplemente acaban la comida (con lo que deberías haber descrito a los otros yendo a descansar).

Milo asintió avergonzado. —Siempre he estado a la sombra de él. Desde que no está aquí me siento más seguro, más tranquilo. Sin embargo, lo amo. Daría mi vida por él. ¿Acaso tiene sentido lo que digo?, falta un salto de línea aquí para separar la frase del narrador con el diálogo.

desde pequeño habían aprendido, es pequeños.

Y has puesto un par de veces Milos en lugar de Milo.

Historia y mundo: La historia no está mal; me preocupaba que el hermano fuera a ser otra vez el cliché del traidor (o, en este caso, el poseído), y aunque algo de eso hubo, duró poco. Tal vez hay un ritmo acelerado hacia la mitad en la que de repente secuestran a los compañeros para acelerar la acción y que los personajes lleguen rápido a la fortaleza catedral maligna, y es un problema, cuando ese secuestro se resuelve solo y mágicamente (nunca mejor dicho); lo suyo sería que los personajes estuvieran en diferentes lados del edificio y que al menos Milo rescatara a uno de ellos antes de que el resto escapara por ese derrumbe.

Aunque el primer combate no es gran cosa, podemos ver muchos trucos interesantes, el problema es que simplemente crean dudas acerca de su funcionamiento; en cambio el duelo entre magos está bastante bien, porque demuestra el poder de ambos simplemente por el choque de poderes y cómo llega a afectar al entorno (aunque ver algunos trucos más la haría algo más interesante).

Lo peor de la historia es que resulte que el atajo que no es un atajo sea casualmente el camino que debían tomar de todos modos.

Lo del desierto de hielo voy a comentarlo aquí, para empezar porque apartados técnicos ya es una sección del comentario enorme, pero sobre todo porque no sé si es un error al no mencionar que cuando hablabas de desiertos en la escena del mapa te referías a desiertos helados (porque la simple mención de desierto a la mayoría le hace pensar en algo como el Sáhara) o realmente hay desiertos áridos y desiertos árticos. Si es lo primero, la simple mención de viven en una zona fría ayudaría sin que haga falta describir el tipo de desierto de antemano; si es lo segundo, tu mundo es raro y necesita fuertes dosis de lo hizo un mago para no romper la suspensión de la incredulidad.

Tampoco sabemos al final qué es ese bastón del rey... Parece ser un simple McGuffin para poner en marcha la acción, pero resulta que no es simplemente eso, porque no es solo un símbolo real sino que tiene alguna clase de poder (por lo que se entiende de que Constantino lo quiera).

Las flechas de Odo son claramente mágicas, pero no sabemos lo básico de su funcionamiento: ¿el control del arquero es directo controlando cada flecha o indirecto controlando la diana? ¿Las controla por un poder suyo o de las flechas? Si es de las flechas ¿las crea él o el mago?

Y con respecto al poder de Conrad, aunque la idea es atrayente y visualmente mola; tener tres metros probablemente es una desventaja como el gigantismo, así que por mucho que se diga que se vuelve un amasijo de músculos firmes (lo que evitaría problemas musculares derivados del gigantismo) eso lo haría una mole lenta (lo que es una desventaja si se enfrenta a bestias que se entiende que son ágiles).

Personajes: Los personajes parecen estar a medias...

Milo por ejemplo, hace de líder en la ausencia de su hermano pero vemos que se siente a la sombra de él; sin embargo, se burla de Odo, lo que descuadra con lo de que sea alguien con baja autoestima.

Judith tiene ese poder de invocación que no llegamos a saber si es algo aprendido o heredado, y si la relación con el águila se limita a invocarla para luchar; si es como una mascota, si es como una amiga...

Odo es joven y ya (además de lo mencionado sobre sus flechas).

Conrad es el típico personaje miserioso que parece más interesante que el resto (principalmente por su poder de transformarse) pero que casi no vemos de él (no ya de su personalidad, sino de acciones).

El mago Randall es el que tiene el mayor problema: se supone que es sabio pero suelta la frase larga que mencioné en el apartado de aspectos técnicos y luego dice que el villano ya sabía que estaban en el lugar; o sabía eso de antemano y aun así siguió adelante (con lo que, por mucho que sea parte de su plan, debería haber avisado a Milo), o no lo sabía y simplemente deduce algo evidente cuando ya se sabe la respuesta.

Del villano deberíamos saber sus motivaciones, no se sabe si quiere secuestrar a gente para que trabajen para él, para convertirlos en bestias para su ejército... Tampoco sabemos para qué quiere el bastón del rey o cómo sabía que Harald haría un buen cebo...

Un último problema gordísimo sobre los personajes es que ninguno hiciera siquiera mención de salvar a otros. Que sí, que se está derrumbando todo pero es que ni siquiera comentarlo (o que alguno piense en ello)... Y tal vez el resto no supiera que hay más gente encerrada (lo cuál es raro) sin embargo Milo lo sabía de sobras...

La temática: Aunque la parte de la taberna es reducida, se usa bien para dar lugar al resto de la aventura.

Lo mejor: El duelo entre los magos.

Lo peor: El conflicto principal parece surgir de la nada.

Destacados: Los personajes tienen habilidades únicas que da lugar a combates interesantes.

Sugerencias: Dar un repaso a los personajes (sus personalidades, acciones y habilidades) para que tengan más profundidad y que en combate como lectores podamos saber qué van a usar (o si no lo sabemos no parezca una habilidad que sale de la nada) y podamos empatizar mejor.
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#4
La historia como tal se me hizo muy pesada y soy un lector que se cautiva muy fácil con una historia. Al principio todo estaba bien, dando una introducción a lo que sucedería después pero ya mas adelante no me gustó como planteaste algunas cosas.

En el momento que Conrad les avisó que se acercaba el peligro y Randall le contestó: “¿Qué tan grande son?”. ¿Ya sabían que en ese bosque habitaban esas criaturas?, o como este mago sabía que se acercaba. Y al final que se dieron cuenta que las criaturas las mandó el antagonista significa que no eran nativas del lugar en el que se encontraban entonces menos sabrían a que se iban a enfrentar.
Después cuando al fin llegaron después de que se prepararan al estilo Power rangers cada uno sacando sus habilidades para prepararse para la lucha. Creo que hubiera sido mejor que fueran mostrando sus habilidades durante el combate y no antes de empezarlo. Los hiciste dividirse para enfrentar cada uno a una criatura, hasta aquí todo bien. Ahora todas fueran derrotadas sin el más mínimo esfuerzo. Nadie sufrió ni un rasguñó. Ni siquiera el arquero que se suponía que era el novato. Podrías replantear mejor la pelea y que al menos se les hubiera dificultado un poco.

Mas adelante Judith dice: “¡Como en los viejos tiempos!” así que supongo que tenían un largo tiempo sin pelear, o sin pelear juntos no sé. Eso da mas fuerza a mi argumento anterior pues mataron las criaturas demasiado fáciles.

El mago me pareció demasiado poderoso (no es que tenga rechazo por personajes fuertes) pero cuando le diste una invisibilidad de horas me sacó de la historia. Creo que el sistema de magia debería ser planteado desde un principio o ponerle unos límites a este. Aunque muchos escritores no hacen mucho énfasis a la magia.

Mas adelante en el escape de sus compañeros o eran traidores o no sabías como hacerlos escapar. De haber salido tan fácil de las garras enemigas no hubieras puesto su secuestro desde un principio. No aportó nada a la historia si no que salvar a su amigo. Y a parte de que solo sirvieron para derrotar unas bestias en el bosque pues desde un principio se sabía que el mago se sacrificaría para salvarlos, fue un poco predecible.

Por último, en este dialogo:

—¿¡Pero qué demonios ha sucedido!? ¿¡Y porque estoy en medio de un desierto!? —Se detuvo un segundo mientras sujetaba su cabeza. Hizo gestos de estar intentando recordar algo que le parecía importante—. ¡Han robado el bastón del rey! Preparen sus cosas, debemos ir a recuperarlo. ¡Esto no puede quedar impune!

Como puede ser que su último recuerdo sea que iba a reunir a su grupo para ir por el bastón si al principio dijiste que ya llevaba un tiempo que se había ido a recuperar el bastón del rey (que no sé porque se llamó así la historia si el bastón solo fue mencionado dos veces), ¿acaso el malo le borró la mente?. Me pareció mas como una misión de un videojuego de ir a recuperar un bastón que tiene un monstruo encerrado en su mazmorra.
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#5
Ahí va mi humilde análisis:

Gramatica:  "Él tomó el mapa y lo extendió sobre la mesa. Allí se extendía toda la ciudad" he visto varias repeticiones como estas a lo largo del texto, mi consejo es que cuando no se te ocurra un sinónimo con el que evitar la repetición cambies el tipo de frase o sino busques una ayudita en la lista de sinónimos de WordReference.
Los diálogos por lo general estaban correctos, faltaba alguna coma pero no he visto ningún fallo. Eso si, hay gente que usa infinidad de verbos dicendi lo que vuelve pesada la lectura... pero lo contrario tampoco es bueno, he visto demasiados "dijo" en momentos donde se podía utilizar "gritó", "bufó", "gruñó", "bramó"... y muchas más opciones según el según el contexto.

Alguna cosa más había visto, pero no la apunte y ahora no la encuentro  Big Grin. Si me viene editaré.*

Narración y diálogos: Tienes un estilo de narración que con un poco de más trabajo detrás puede llegar ser muy cautivador, pero he visto un uso excesivo de adjetivos y de repeticiones que en este caso entorpecen la lectura. Respecto a los diálogos, aquí te he visto un poco mejor que en el apartado anterior. Las conversaciones están bien diferenciadas según el personaje que hable. También creo que se ha hecho un buen uso del narrador en este texto.

Historia: He de decir que comenzó interesante... y me interesó aun más cuando llegó a la parte en la que cada uno tenía un poder diferenciado... y me comenzó a a fascinar cuando llegó al castillo/catedral sobre el hielo... y ahí se acabo un poco la magia, la parte final se sintió confusa y precipitada. El duelo de magos final se salva... pero ahí la perspectiva de la acción debía haber recaído más en el combate (o al menos darle un mayor énfasis) que en los personajes circundantes. 
Aun así esta parte la valoraré positivamente puesto que lo he sentido una historia con una buena imaginación detrás, pero quiero dejar claro que en mi opinión es muy mejorable. 

Temática: Bueno, pues la temática pasa de refilón y no es central en el reto, por lo que no puedo valorarlo bien en este aspecto.

Personajes: Milo me pareció inacabado, falta algo que lo dimensione. Randall por su parte me ha parecido el personaje más completo e interesante. Con respecto a Constantino... un poco peor que Milo, si hay una cosa que odio, son los villanos planos, faltó Lore detrás para sostenerlo, saber la razón de sus actos y sus objetivos.

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Colofón: Van varios relatos de este reto que creo que necesitan un repaso, este es uno de ellos. La idea detrás me parece prometedora y la ejecución reconozco que no es del todo mala. Pero indudablemente faltan lineas que den coherencia a la trama, completen los personajes y sobre todo una reestructuración de la parte final que se hace un poco confusa y que pienso que debería estar más centrada en el combate. Para finalizar, una parte importante es la temática del reto, y ahí es donde menos cumple, no gira en torno a la imagen propuesta, aunque sí tenga sus pinceladas.


*Edito que recordé: no se como pudo olvidárseme. Que c*ñ* es eso de barman en un relato de este corte  Big Grin ...  vaya patada fuera de la lectura. Enserio te aconsejo tener ojo con estas tonterías, porque son fáciles de evitar y hacen mucho daño cuando te leen, saltan fácil a la vista haciendo que la gente pueda pasar por algo otras cosas realmente buenas.
Atrás solo quedan los errores, adelante en cambio hay... errores nuevos, pero imprevisibles y diversos. Disfrutaré y lamentaré cada uno de ellos a su debido tiempo.
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#6
"—¿Qué tan grande son? —preguntó Randall.
—Grandes —respondió el guardián con su voz fría y su mirada penetrante." No me convence ese diálogo, la pregunta en realidad no es respondida y yo cambiaría ese "qué tan" por "cómo de". 
"Ese largo látigo dotado de una punta reforzada, repleta de salientes puntiagudos, era capaz de perforar hasta la armadura más reforzada." Has repetido "reforzada". 
"Su cuerpo implosionó hasta volverse un revoltijo de sangre negra, huesos y músculos, para luego estallar en millones de partículas debido a la presión ejercida." Creo que lo de "partículas" no pega mucho ahí, porque suena a electrones y cosas semejantes. 
Hay algunos errores más, pero nada que sea muy destacable. Con la historia, el problema principal es que su comienzo tiene poco o nada que ver con el final. Al comienzo se nos presenta una idea que sigue abierta una vez el texto es acabado, algo que resulta insatisfactorio. 
No sé si es cosa mía, pero Constantino no me suena bien como nombre de villano. 
La historia podría haber mejorado mucho con más cohesión entre las diferentes partes; con todo, es de las que más interesantes se me han hecho de todos los textos del reto.
Adelante, pues. El destino nos aguarda
 @elcentineladelaesperanza
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#7
Un relato entretenido de leer pero que en líneas generales me ha dejado tan frio como su desierto helado.
Es una pena porque hay cosas interesantes, pero las que lo hacen cojear brillan más.
No entraré en lo gramatical porque creo que no he encontrado nada más aparte de lo que ya te han comentado. Pero no puedo dejar de hacer mención a lo de envainar la espada, que como además está contado con eso de que lo hace con su mano menos diestra (Lo cual no comprendo porqué lo hace tampoco) pues me quedé un rato pensando ¿Realmente quería envainar o desenvainar la espada?

Para mi lo más destacable de la historia fue el momento en el que cada uno de los personajes usa sus habilidades, pero es que incluso eso creo que se puede gestionar mejor si vas enseñando las habilidades y sus activaciones en batalla. Tal y como está montado es como si todos "activasen" sus habilidades en un juego que va por turnos y mientras el enemigo que se espere. No se si me explico.

En fin, para no repetirme ni extenderme demasiado, te diría que al relato le falta un buen repaso. Que hay buenas ideas en él pero que necesitan un buen pulido con respecto a personajes, conversaciones y sobre todo motivaciones. porque aunque la motivación de los héroes queda clara desde el inicio "rescatar al que se fue a buscar el bastón que además es un familiar así que eso da un plus de preocuparse por él", la motivación del villano brilla por su ausencia.

Por último. ensartar: verbo transitivo
1.
Atravesar una cosa con un objeto acabado en punta.
"una vez troceada la carne, se debe ensartar en los pinchitos"
2.
Pasar por un hilo, cordel, alambre, etc., una serie de cosas.
"ensartar cuentas"

Decir ensartados en combate es entonces incorrecto, supongo que querrías decir enzarzados.

Uy otra cosa, esta frase: "Al llegar al centro de la catedral, se toparon con un auténtico ejército a cada uno de sus costados. Cientos de autómatas parados como estatuas, a la espera de las órdenes de su amo. Algunos aguiluchos de aspecto terrorífico, manejados por estos mismos seres," Aquí me pregunto ¿Qué seres? ¿los amos? No se, me resultó extraño. me gustó mucho lo siguiente de las jaulas y la atmosfera que se crea con los automatas... pero dale un repaso a esta frase que está rara.

nada más ¡Buen trabajo! y buena suerte en el reto
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#8
Lo malo: hay que cuidar los detalles, te dejo algunos ejemplos:

Pero no iremos en línea recta, eso sería demasiado peligroso, tomaremos un atajo por las montañas nevadas. La unica forma de que haya un atajo a la linea recta, es que la linea recta implique atravesar una geografia de dificil acceso y la rodees por algun lugar mas accesible. Pero si el atajo consiste en ir por unas montañas nevadas, sinceramente, no se me ocurre lugar de mas dificil acceso...

—Ustedes ya lo han dicho todo, no solo con sus palabras, sino también sus gestos. Decir algo cuando no hay nada para decir es pecar de ingenuo. Arruinaría el momento. Un hombre no es sabio por saber mucho, muchacha, sino por saber lo imprescindible. Mis años de experiencia me han enseñado que existen momentos en donde las palabras sobran y este es uno de ellos. Para sobras las palabras, menuda perorata que se suelta. Si tu intencion es que Randall resulte un tipo pedante, bien; pero sino, deberias aligerar sus discursitos, que son una constante en el relato.

Una se clavó en el ojo, otra en la columna, varias en el estómago y otras tantas le atravesaron su cuello. Cuando se usa "otras tantas", se suele hacer referencia a un numero concreto dicho con anterioridad. Pero con anterioridad dijiste "varias", por lo que deberias usar algo menos concreto como "algunas más".

Tambien hay que cuidarse de utilizar las palabras o expresiones correctas:

Milo entorno su mirada hacia el frente, observando a aquel anciano[...] Entornar la mirada es un gesto de desconfianza. Sin embargo, no parece en ningun momento que Milo desconfie de su maestro, por lo que no tiene sentido esta imagen.

Al ver que habían quedado solo ellos dos, el anciano decidió increpar al joven.
—¿A qué le tienes miedo? No temes a la lucha que se avecina, es otra cosa distinta lo que te preocupa, lo veo en tus ojos.
Increpar no tiene nada que ver con lo que sucede aqui. Funcionaria mejor "interrogar" o algun similar.

Aún seguían ensartados en combate. Si me dices que alguien esta ensartado en combate, lo que hago es imaginarmelo atravesado por una lanza o una espada. Creo que la palabra que buscabas es "enzarazados".

Lo regular: el combate contra los leones. Has creado un grupo de gente que parecen luchar o compartir aventuras. Uno esperaria que en un combate se compenetraran y lucharan codo con codo. Sin embargo, aqui los emparejas a cada cual con una bestia, se saca cada uno la chorra individualmente y au. Y eso que en la previa del combate insinuabas que iba a ser algo dificil... que costaba herir a un par de ellos, si ya luego el mago los cura a todos y listo.

Lo bueno: la historia. Aunque bastante cliché y predecible, en general esta bien escrita y narrada. A poco que pulas los detalles...

El reto: aunque se ve la imagen, es el relato (de los que llevo) en el que menos se ha usado. Ademas, has cambiado colores de pelo, el laud por una guitarra, y dejado de lado algun arma, como la ballesta.
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Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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