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El lenguaje inclusivo es autoritarismo
#1
Lenguaje para el progreso y el lenguaje para la exclusión

¿Dentista, poeta, sindicalista, pediatra, pianista, golfista, turista, contratista, taxista, paisajista, periodista, taxidermista, telefonista, masajista, gasista, trompetista, maquinista, violinista, electricista, policía, oculista y hasta machista habrán sido un lenguaje de creación feminista para discriminar a los hombres?

El lenguaje es herramienta que usamos para pensar, para informamos, estudiar, desarrollarnos y comunicamos. Ante todo, el lenguaje es una herramienta para el progreso. Saber un lenguaje, comprenderlo permite leer, investigar, crecer. Es el medio con el cual nos comunicamos para amarnos, para trabajar o para comerciar.


La primera herramienta de “inclusión” es saber y usar bien el lenguaje, que sea común entre las personas. En la torre Babel la confusión y el desastre son causados por la imposibilidad de comunicarse de sus trabajadores que son llevados a usar todos distintos idiomas.

En el libro 1984, George Orwell crea estados totalitarios que para confundir, manipular y dominar a sus pueblos usan una “neo lengua”. En la “neohabla” las palabras cambian del sentido que todos conocían antes. Así se convierten en herramienta para poder someter a los pueblos.


“La manipulación de las lenguas por motivos ideológicos es un error absoluto. Fue cosa de los regímenes totalitarios: el régimen soviético manipuló la lengua, el régimen nazi también”, expresó Hélène Carrère d’Encausse, presidente de la Academia Francesa; la más antigua institución de Francia, creada en 1635. Nazis y comunistas utilizaron la manipulación del lenguaje para someter más fácil a sus pueblos. Los que hoy promueven el mal llamado lenguaje inclusivo o militan en favor de dictaduras neopopulistas, o son funcionales a ellas.

Algunas minorías pseudo ilustradas pretenden imponer lo que llaman “lenguaje inclusivo”. Lo que están buscando es algo autoritario, imponer su visión de un idioma. Resultan a la vez facilitadores de la imposición de dictaduras neopopulistas, porque deseducan.

El llamado lenguaje inclusivo excluye, embrutece. Impide aprender; acceder a toda la biblioteca literaria, de investigación, estudio acumulada durante siglos. Impide entender lo que podríamos ver en una película, en la televisión, en videos que están en la red. Podríamos seguir dando ejemplos. Ni hablar de las dificultades para alguien que use dicha aberración lingüística y quiera viajar, estudiar, comerciar con otros países. Le será casi imposible. También excluye a los adultos que aprendieron el castellano y lo usaron durante toda su vida.


Con esta “neohabla” son sobre todo los más humildes, los más desfavorecidos quienes resultan los más perjudicados. Sino conocen el lenguaje no pueden estudiar, trabajar, ni progresar. Quedan excluidos de las mejores oportunidades. Necesitan poder hablar bien el idioma para progresar, aprender. Los que no lo saben quedan condenados a ser manipulados informativa y electoralmente, a conseguir malos empleos o sencillamente ser planeros, esclavos del neopopulismo.

Imaginemos lo que les sucederá cuando intenten usar, trabajar con su celular, o computadora. Las herramientas de información, estudio, de comunicación están desarrolladas en lenguaje castellano, usarlo bien es “incluirlos”. Enseñarles una neolengua los excluye, les dificulta todo. Los posterga.

Imaginemos una persona que solo hable el mal llamado lenguaje inclusivo. ¿Puede entender la letra de una canción, una película, un noticiero, leer un libro, algún documento de historia? ¿Podría viajar por países de habla hispana sin problemas?


¿Cómo podría cumplir leyes, entender normas y sentencias que vienen redactadas en castellano una persona excluida que solo sepa “la neolengua inclusiva”?

Lo que están intentando imponer es una “autoritaria deformación del lenguaje” que excluye, que esclaviza. El sueño de un dictador sería que sus ciudadanos puedan ser manipulados y aislados. La educación y la información son las herramientas básicas de progreso y de libertad. Si el lenguaje no nos comunica nos embrutece. Nos impide progresar. Nos esclaviza y nos priva de la libertad.

Un tema no menor, es que esta deformación del lenguaje hará que se pierdan obras de literatura, de música, audiovisuales, todas escritas en una lengua hermosa (vale para otras lenguas como el italiano y el francés). Estamos ante el abismo de perder un enorme patrimonio cultural porque no enfrentamos a un grupo de pseudo ilustrados. Unos tilingos de clases más acomodadas. Muchos políticos son cobardes, para defender la primera herramienta de inclusión social y de progreso que es saber hablar. No hay educación, no se puede leer, aprender sino se sabe el lenguaje. Los que no puedan comprender lo que leen, escuchan no podrán hacerse entender. Quedarán excluidos. Confundir algunos términos masculinos o femeninos con un tema de sexualidad es de ignorantes y prejuiciosos. Revisten su ideología, su posición autoritaria de " pseudo progresismo”. Pero son solo una minoría vociferante que pretende imponer la “exclusión”. Como bien señalo la Academia Argentina de Letras y como aprendimos en la escuela: “el género no marcado abarca explícitamente a los individuos de uno y de otro sexo sin menoscabo de nadie”.


Es autoritario y antidemocrático que se pretenda decirnos que hablando correctamente nuestro idioma no entendemos la igualdad de derechos entre personas. Que no sabemos respetar la sexualidad de otro por hablar correctamente el castellano. Deberían estudiarlo mejor ellos.

Nos niegan la capacidad de aprender, saber, pensar. Pretenden imponernos su visión de un conflicto que no tenemos, no existe.

En nombre de los más postergados, de nuestra libertad y la democracia debemos defender el verdadero lenguaje inclusivo, el castellano. La inclusión, la libertad y la democracia dependen de la educación. No hay educación sin saber nuestra lengua.

Fuente: Infobae
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