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[Fantasía] Al otro lado de la realidad
#1
¡Buenas!

Soy David, y soy nuevo en el foro. 

Poco antes de la pandemia acabe de escribir, tras más de 12 años de arduo trabajo, una trilogía de ciencia ficción postapocalíptica titulada Al otro lado de la vida. La tengo publicada en Amazon, y tuvo buena acogida.

Tras tanto tiempo escribiendo sobre el mismo tema y con los mismos personajes, tenía ganas de cambiar de aires, y llevaba ya varios años recopilando ideas para una nueva novela, en este caso, de corte fantástico. Hace cosa de un año empecé a escribirla. Su título es Al otro lado de la realidad.

Se trata de una novela de corte fantástico, ambientada en un planeta inventado ex profeso, con una sociedad, razas y sistema de magias inéditos. Me he pasado muchísimo tiempo trabajándola, y ya tengo el guión de los que serán los tres libros de los que se compondrá la saga, aunque aún estoy trabajando en el primero.

No soy muy amigo de las sinopsis, porque tampoco soy amigo de los spoilers, pero puedo compartir una con vosotr@s, que esbocé hace ya un tiempo:

El ignoto planeta de Ictæria vive en un equilibrio precario tras una guerra que ocurrió hace tanto que nadie recuerda sus orígenes, aunque sí sus consecuencias. En su superficie viven los vencedores. Quienes perdieron tuvieron que exiliarse al cielo, al anillo de islas flotantes que rodea el planeta hirviendo de vida y actividad. Unos ansían recuperar lo que perdieron. Los otros, acabar lo que empezaron.

Adéntrate en una historia épica que da vida con especial cariño a un mundo totalmente inédito, a una vez inhóspito y acogedor, tan bello como peligroso, lleno de animales fantásticos y donde hasta la magia tiene cabida.

Acompaña a Eco y Unamåe en su viaje sin retorno hacia una aventura que cambiará sus vidas para siempre, en una historia entrañable cuyo principal propósito es dejarte con la boca abierta.


Si algun@ de vosotr@s tiene interés por echarle un vistazo, será más que bienvenid@. Todo lo que cuelgo es en abierto y escrupulosamente gratuito. Mantengo el blog de la novela vivo, añadiendo dos capítulos nuevos por semana. Lo podréis encontrar en el siguiente enlace:

aoldlr.wordpress.com

Gracias por vuestra atención, y salud a tod@s. Smile

David.
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#2
Qué tal, David. Te digo lo que les digo a todos en estos casos: si quieres un feedback lo mejor es interactuar, tal vez publicar algo de tu blog aquí. De ese modo se hace más visible para los que andamos por aquí. Y también sería bueno meterte un poco en el foro, que tiene muy buenas cosas (de todo un poco, como en botica XD).

Recién leí el inicio de tu novela, y debo decir que sabes escribir. Como comienzo, engancha. Como "pero", creo que quieres contar mucho de este mundo y trancas un poco el relato. En lo personal creo que lo mejor es meterse de lleno en lo que quieras explicar. Si quieres contar algo del prota puedes usar un flashback. Eso es sencillo. Ahora bien, para introducir características del mundo en cuestión debes tener un equilibrio. Es decir, algo que sea parte de la escena, como por ejemplo esas islas flotantes, en lugar de explicar lo que son, puedes esperar al final de la escena cuando Eco se lanza al vacío. De este modo la explicación se hace necesaria y no queda como si fuera una enciclopedia XD.

Bienvenido, David.
Jamás dejes de crear, es muy aburrido.
Responder
#3
¡Mil gracias por tu feedback! Siempre es una gozada contar con otros puntos de vista que te permitan alejarte de lo que has escrito y verlo con otros ojos. 

Voy a seguir tu consejo, y voy a colgar un extracto de la novela, para quien guste de echarle un vistazo:


AL OTRO LADO DE LA REALIDAD


1
 
La bestia corría y corría entre los gruesos troncos azulados de los centenarios árboles, con el único propósito de despedazarle. Su oprobio no quedaría impune. En su avance encolerizado zigzagueando entre los árboles transformaba las ramas más bajas en meras astillas a medida que su enorme cuerpo impactaba contra ellas. No parecía importarle lo más mínimo. Tenía muy claro lo que estaba haciendo, y nada ni nadie la podría parar.
            Sus ocho gruesas patas, coordinadas a la perfección pese al inconmensurable peso que debían soportar, hacían retumbar el suelo de la isla flotante en la que vivía, en su avance imparable en pos de Eco. Tras de sí dejaba una nube de polvo, tierra y pequeñas rocas, que se elevaba por encima incluso de su colosal cuerpo. De sus fauces radiales, con grandes colmillos en forma de media luna, emanaba una saliva espumosa y negruzca de nauseabundo olor.
            Eco parecía ajeno al aciago destino que se cernía sobre él. Se encontraba absorto en sus escritos, revisando a conciencia las anotaciones de su ajado cuaderno de viaje. Le dio el enésimo mordisco a la hueva de dígramo, notando un nuevo estallido de placer en la boca. Su sabor era exquisito, pero era increíblemente salada. Una gota del sabroso jugo comenzó a caer por la comisura de su hocico, pero él se apresuró a rescatarla con la ayuda de la lengua. Se trataba de un bien demasiado raro y preciado para malgastarlo.
            Había escogido ese lugar, en el extremo más alejado de una gran roca en forma de punta de lanza que sobresalía varias zancadas más allá del resto del tupido terreno, porque era el único de la isla donde corría algo de brisa, y él aún estaba muy acalorado. El resto de la isla estaba cubierto por las altas copas de los árboles que habían reclamado hasta el último rincón que albergase algo de tierra. Meneaba las patas despreocupado, muy concentrado en sus estudios, tratando de dar orden y encontrar un patrón entre todas aquellas ideas en apariencia inconexas. Bajo él, el más absoluto vacío: una caída libre que bien podría durar del alba al ocaso del sol azul antes de acabar con sus huesos hechos puré en la superficie de Ictæria, el planeta del que esa isla, al igual que todas las demás del anillo celeste, era un mero satélite.
            La bestia se aproximaba cada vez más. A esa distancia, Eco era capaz incluso de percibir su rancio olor. Se metió el resto de la hueva en la boca y acabó de separar la carne del hueso con un ágil movimiento de mandíbula. La escupió a su mano, y se maravilló de nuevo al ver aquella esfera perfecta, con su en apariencia impenetrable corteza iridiscente. Metió el hueso en el saco de su cinto, junto con la otra media docena de huevas que había encontrado en el nido. Confiaba no haber pasado ninguna por alto. Podría venderlas sin problemas a cualquier mercachifle ambulante, pero no lo haría: aquellas huevas ya tenían dueño.
Consciente que ya no podría dilatar más su huida sin ponerse en peligro, Eco se irguió de un salto, sobre sus firmes patas, ayudándose de la cola para mantener el equilibrio. Notó el temblor en las pezuñas causado por el frenético avance de la bestia. Guardó el cuaderno de viaje en su macuto, y se lo volvió a colocar a la espalda, asegurándolo con los cinchos de cuero. Se dio media vuelta, a una escasa zancada del final de la roca, de cara a la isla flotante. Desde esa perspectiva, parecía tan grande como cualquiera de las islas habitadas del archipiélago de Hedonia. Ello era debido a la exhuberancia de su vegetación, pero en realidad esa isla era francamente pequeña.
La bestia emergió iracunda entre el espeso follaje. Eco tuvo que levantar la vista para poder contemplarla en toda su extensión. Harían falta al menos cinco HaFunos, uno sobre otro, para igualar su altura. Su pelaje parduzco, con manchas canas alrededor de sus múltiples articulaciones, podría fácilmente abrigar a toda su comunidad durante el frío invierno.
Eco tragó saliva y se ajustó las gafas, colocando la tira elástica por detrás de sus orejas. La bestia no parecía tener intención de frenar su avance. Con una sonrisa algo culpable, consciente del motivo de su frustración, Eco se llevó la mano a lo alto de la cabeza, y acarició la cicatriz de donde debía haber emergido su ahora ausente cornamenta. Sabía que no tenía ningún sentido, pero había adoptado esa costumbre hacía ya mucho tiempo, desde poco después de perderla. Afirmaba que le daba suerte, y hasta el momento no se le había dado del todo mal.
            La bestia estaba a punto de embestirle cuando Eco dio un ágil salto hacia atrás, hacia el vacío, al tiempo que enrollaba la cola en su cintura, pues en adelante lo único que haría sería estorbarle. De haber podido mostrar emoción en su rostro, Eco habría podido jurar que leía asombro en los minúsculos ojos negros del dígramo. Finalmente llegó, tarde, a la roca sobre la que Eco había estado descansando, y frenó en seco su avance, consciente del peligro al que se exponía. Levantó la parte delantera de su cuerpo en forma de cilindro, elevando sus cuatro patas delanteras al aire, al tiempo que bramaba frustrada, emitiendo un estridente ruido a un tiempo enfurecido y triste, que hizo incluso virar el rumbo a un expirocombo errante que navegaba por el aire no muy lejos de ahí. No en vano, aquél intrépido HaFuno se llevaba consigo a la que hubiera sido su descendencia.
            Eco caía más y más rápido, reclamado por la gravedad de Ictæria. Cerró los ojos, esperando adquirir la suficiente velocidad. Tan pronto el grito desesperado del dígramo se extinguió, se puso en posición de vuelo, con ambos brazos extendidos y las patas bien juntas. Enseguida recuperó la soberanía del rumbo de su caída y comenzó a volar, notándose vivo y libre al sentir el aire impactando en su rostro. Adoraba volar por encima de todas las cosas.
 
 
2
 
La atracción que ofrecían las islas flotantes era tan débil, que uno podía echarse a volar tan solo corriendo y dando un salto en el momento preciso. Al menos en las más pequeñas. Volar era algo a un tiempo maravilloso y extremadamente peligroso, que jamás debía tomarse como un juego. Si uno se despistaba y se dejaba caer demasiado, el abrazo gravitacional de Ictæria podía volverse tan fuerte que no hubiera manera de volver a subir, lo cual garantizaría una muerte rápida aunque angustiosamente anticipada.
Lo sensato era mantenerse siempre al nivel del anillo de islas flotantes que rodeaba el planeta como un aro. Si Ictæria no era capaz de reclamar aquellos enormes pedazos de sí misma, con total seguridad un pequeño HaFuno no tendría problema alguno en ir de un lado a otro sin atraer su atención.
            Eco venía de fuera de los límites colonizados del anillo celeste, de una zona salvaje, y por ende prohibida, dado el peligro que entrañaba. Poco le preocupaba eso, pues nadie en su sano juicio se aventuraría tan lejos, y quienes lo hicieran, tendrían el mismo interés en pasar desapercibidos que él. El anillo era demasiado extenso, y no había suficientes HaFunos para habitarlo en su totalidad, de modo que la mayoría vivía, crecía y moría sin visitar más que una docena de islas.
            La imagen desde esa posición privilegiada surcando el cielo jamás dejaría de maravillar a Eco. Ictæria se mostraba esplendorosa, tan cercana y a la vez tan lejana que a duras penas se distinguía la curvatura de su superficie en el lejano horizonte. Desde ahí podía ver con claridad el anillo azul, la única zona que en apariencia podía albergar vida en la superficie del planeta. Se trataba de una especie de cinturón vegetal, un paralelo cero que dividía el planeta en dos mitades que no podían ser más dispares la una de la otra.
            A uno de los lados del anillo se encontraba el hemisferio de la luz. Medio planeta permanentemente iluminado, en el que reinaban desiertos tan extensos como alcanzaba la vista, carente por completo de agua y con una temperatura tan alta que hacía prácticamente imposible cualquier tipo de vida. En el extremo opuesto, al otro lado del anillo azul, se encontraba la cara oculta de Ictæria. Se trataba de una zona en sombra permanente, donde siempre era de noche, y donde sí había agua, pero estaba toda helada, al igual que el resto de su gélida superficie. Ahí tampoco había lugar para la vida, lo que parecía indicar que toda debía concentrarse en la estrecha intersección en perpetuo crepúsculo entre esos dos mundos antagónicos.
            Eco llevaba al menos un par de jornadas de retraso en su particular misión de mensajero, pero estaba tranquilo, porque sabía que no llegaría tarde. En su camino de vuelta al que fuera su hogar en Hedonia, encontró un nimbo aislado. Estaba bien cargado, pero aún en estado de reposo, por lo que no suponía ningún peligro. La hueva del dígramo que se había comido le había despertado una sed atroz, y su cantimplora estaba vacía, de modo que decidió acercarse a echar un trago.
En un ágil movimiento que había repetido hasta la saciedad, dio un quiebro, extendiendo sus cuatro extremidades y sujetando las solapas de su sayo, frenando así su avance. Consiguió quedar perpendicular al nimbo, sobre el que comenzó a correr, esforzándose por perder velocidad a cada zancada. Hacerlo sobre aquella superficie esponjosa y resbaladiza resultaba mucho más complicado que hacerlo en tierra firme, pero él era un experto volador.
Finalmente consiguió detenerse. Enseguida las pezuñas comenzaron a hundírsele lentamente en la mullida superficie del nimbo. Si no se movía, acabaría atravesándolo de un extremo al otro, y caería por su parte inferior. Un rápido eclipse provocado por una pequeña isla errante le hizo levantar la vista. Notando cómo el furo de sus patas empezaba a empaparse, arrancó un trozo de nimbo y lo estrujó entre sus manos, por encima de su cabeza, haciendo caer el agua en su hocico abierto, saciando así su sed.
Repitió la operación un par de veces más, mientras no paraba de deambular de un lado a otro del irregular nimbo para evitar hundirse. Acto seguido aprovechó para llenar su cantimplora, pues aún tardaría bastante en llegar a su destino. Empapado y ahíto, corrió de nuevo hacia el borde del nimbo y se dejó caer al vacío. Adoptó la forma de una flecha, extendiendo frente a sí y juntando sus brazos y uniendo sus manos, tal como lo haría si pretendiese zambullirse en el agua. Tan pronto comenzó a ganar velocidad, tomó posesión del rumbo de su vuelo y siguió adelante.
            Al menos media jornada más tarde llegó a un archipiélago de islas interconectadas entre sí por cadenas vegetales y caídas de agua. Para un volador inexperto resultaría muy sencillo despistarse, resultar atraído por una de las islas más grandes y acabar dándose un buen golpe. Por fortuna, Eco no era un volador inexperto. Donde otro hubiera visto un peligro al que evitar, él vio una oportunidad.
Comenzó a acercarse a una de las islas vírgenes más grandes del archipiélago, haciendo aumentar más y más su otrora ya vertiginosa velocidad. Esperó y esperó, notando cómo la isla le reclamaba cada vez con más fuerza, y cuando la caída parecía inminente, viró el rumbo y se dirigió a otra de las islas, emitiendo un grito de júbilo. Un pequeño rebaño de cromatíes salvajes se le quedó mirando, pero pronto perdió el interés y siguió adelante. Eco repitió la operación varias veces, ganando más velocidad a cada nuevo envite.
            Conocía muy bien ese archipiélago, de exuberantes árboles de intenso follaje carmesí y extensos prados verdeazulados, poblados por un sinfín de criaturas que vivían en un equilibrio perfecto dentro de sus particulares ecosistemas. Pero ahora lo que quería era dejarlos atrás cuanto antes.
Tras superar el archipiélago, pudo distinguir a lo lejos otra pequeña aglomeración de islas, cuya disposición le resultó gratamente familiar. No pudo evitar sonreír. Por fin había llegado a Hedonia. Agradeció haberlo hecho de una pieza, pese a la naturaleza de su viaje.
Responder
#4
Gracias a ti por tus generosas palabras. Smile

Si gustas en seguir adelante con la novela, no dudes en pasarte por el blog donde voy colgando nuevos capítulos dos veces por semana: aoldlr.wordpress.com

¡Salud y hasta la próxima! Big Grin
Responder
#5
Ok, ya empezamos mal.
El primer párrafo no se entiende. ¿Despedazar a quién?

Hola Elvilla. Me alegro que decidieras compartir tu trabajo con el foro. Yo también me uní hace poquito y me entusiasma mucho compartir con los compas las opiniones y crecer juntos.
Enhorabuena por lo de la trilogía de ciencia ficción. Que gran logro.

Dicho esto, paso a mis observaciones.

Veo una gran oportunidad de mejoría, porque como escritor veo que eres fornido. Me refiero a que trabajas duro. Eso se nota en que hayas completado una trilogía y también se nota en la página. Pero lo que te falta son algunos fundamentos básicos.

Estoy seguro que no te costará mucho asimilarlos. Y entonces tu escritura se elevará a nuevas alturas.

Tu ego te dirá que no tengo razón, pero te invito a que hagas la prueba y veas cómo reaccionan los lectores. Te aseguro que lograrás llegar a muchos más.

Si fuera a poner una analogía, diría que eres un boxeador muy fuerte pero poco sutil. Yo, que soy muy débil y no he escrito ni la mitad de lo que tú has logrado, me he preocupado en aprender cómo ser lo más efectivo posible. De ahí que sienta mi obligación aportarte estos conceptos que opino es lo que te falta para noquear a los lectores con tu narrativa. Yo sé que has noqueado a muchos, pero otros tantos han huído, asustados por tu imponente fuerza. Lo que yo te propongo es acercarte a ellos con más suavidad y atraerlos para luego descargar esos poderosos golpes narrativos.

Pero basta de boxeo y pasemos a la escritura.


El estilo en este texto es demasiado pomposo, en detrimento de la claridad. Que los árboles sean azules en ese lugar, no es relevante e interfiere con la comprensión de la acción. El lector se confunde porque es demasiada información para asimilar.

Este es el primer principio fundamental que quiero compartir contigo:

"A los lectores no les interesa nuestro mundo. Los lectores solo conectan con personajes".

Esto quiere decir que todas las expresivas descripciones que incluyes acerca de todos esos detalles que hacen a tu mundo único y especial, son solo ruido que interfiere a la narración.

Yo le llamo a esto:

"La triste verdad"

¿Verdad que es triste? Pero eso se debe a cómo experimentamos las cosas como seres humanos. Esto me lleva al segundo principio fundamental que quiero compartir contigo y es la forma en la que el lector procesa la información en la página:

"La atención del lector está donde la atención del personaje"

Osea, el lector asume que lo que se le muestra es lo que está viendo el personaje. ¿Por qué es así? Simplemente porque todos habitamos un cuerpo físico y todo lo experimentamos a través de nuestros ojos, oídos, piel, etc. De modo que el lector necesita saber en todo momento qué cuerpo está habitando en la historia.

Si comienzas diciendo "La bestia corría y corría" yo asumo que estoy mirando a la bestia correr. Por eso es desconcertante cuando en el tercer párrafo, resulta que Eco no está corriendo con la bestia sino que ni sabe de ella.

Mi reacción es la siguiente: Esto es confuso, no me estoy divirtiendo. No voy a seguir leyendo.

¿De qué forma se puede evitar esto?

Ya que estás usando un narrador omniciente, yo lo pondría de esta manera:

"Absorto en sus escritos, Eco estaba completamente ajeno a la terrible bestia que corría hacia él en ese momento. Revisaba las anotaciones de su ajado cuaderno de viaje, mientras las ocho gruesas patas de la enorme criatura avanzaban a través del bosque, reduciendo a astillas las pobres ramas contra las que chocaba".

Otra forma sería tal vez:

"La bestia corría a través del bosque, encolerizada y con sed de sangre, destrozando con su enorme cuerpo las ramas que se cruzaban en su camino, bla bla bla (y no mucho más). Eco, en tal otro lado, permanecía ajeno al peligro que se cernía sobre él".

Eco debe aparecer en el primer párrafo sí o sí. Porque como lectores necesitamos el punto de vista de Eco todo el tiempo, para orientarnos en la narración.

Entonces, puedes hablar de las fauces de la bestia, pero dando el punto de vista de Eco en contraposición. Cuando Eco le da el mordisco a la hueva, ahí puedes hablar de la otra boca de dientes así y asá que estaba cada vez más cerca, y del olor nauseabundo en oposición al rico sabor que sintió Eco. Porque de esta forma son dos realidades que están a punto de chocar.


Solemos darle demasiada importancia a la sorpresa, pensando que el lector estará impactado. Pero lo cierto es que no brindar la información básica de lo que está ocurriendo, solo confunde al lector y no le permite conectar con la experiencia.

Eco está comiendo los huevos que acaba de robar y la mamá bestia está rastreándolo para hacerlo pelota. Ok. Eso está bien. Nos dice que Eco es despreocupado y no le teme al peligro. Pero no sabemos nada más. Detallas mucho las manchas de la bestia, pero no dices nada acerca del contenido del libro. ¿Sabes lo que eso dice? Poco conocimiento de la historia.

Una cosa es cuando escribes el primer capítulo por primera vez, que no sabes a dónde va la cosa, pero una vez que avanzas un poco, debes volver y poner migajas para el lector.

Necesitamos sentir que Eco está en una misión de la que a nosotros nos gustaría ser parte. Las insinuasiones generales no son suficientes. Hay que ser concreto. Porque el lector precisa empezar a meterse en la piel de Eco. En sus preocupaciones, en sus miedos, en sus deseos.

Todo eso que dice el narrador acerca del mundo, puedes ponerlo en los pensamientos de Eco. Si Eco revisa su diario de viaje, puede hablar del mundo desde su punto de vista y eso al lector le parecerá fascinante. Pero solo si es desde la piel de Eco. Desde su objetivo. No es lo mismo decir: El mundo era redondo, pero nadia lo sabía. A que Colón revise su diario de viaje y diga: Hemos viajado ya por tres meses y aún no hemos llegado a las Idias. Los hombres están muy impacientes. Comienzan a decir que cualquier noche nos caeremos del mundo. Pobres diablos. No los culpo. Mis cálculos estaban errados. Sé que el mundo no es plano como todos creen, pero evidentemente se trata de una esfera mucho más grande de lo que anticipaba. Los hombres hablan de regresar pero lo que no saben es pasamos el punto de no retorno hace ya dos semana. Si no llegamos a las Indias a tiempo, todos moriremos.
Todo debe pasar por la carne del protagonista. Todo. Aunque no esté en primera persona.

Espero que te sirvan mis comentarios. Sé que es mucho para asimilar, pero confío en ti.

Saludos
Responder
#6
¡Buenas tardes, Selmeras!

Una crítica constructiva siempre es bienvenida, y más cuando se hace con educación y con el fin de ayudar, como es tu caso. No la rechazo ni la menosprecio; todo lo contrario. Te agradezco y mucho el tiempo destinado en mostrarme tu perspectiva sobre mi escrito, y los muchos y muy interesantes consejos que me ofreces.

Para bien o para mal, esta novela poco deja a la improvisación. Llevo trabajando en ella unos 12 años, y empecé a escribirla justo ahora hace uno. Tengo un carromato de brainstorming a las espaldas, y sabía qué pasaba en cada uno de los tres tomos y conocía las docenas de personajes que aparecen antes siquiera de escribir la primera línea. Esto lo hago siempre, y me ayuda mucho a jugar con el factor sorpresa, al conocer muchas más cosas que el lector e ir presentándolas cuándo y cómo mejor me conviene para jugar con sus mentes.

Eco no sólo sabe de la bestia, sino que ha jugado con ella al ratón y al gato muchas veces, por eso está tan tranquilo. E incluso ha sido él quien la ha criado y se come su descendencia para evitar que muera, porque la isla es muy pequeña y no podrían convivir más bestias de ese tamaño con tan poco alimento. Eso lo explico más adelante. Sus escritos son algo largamente reflexionado y relevante para la trama, pero no explico qué dicen por ahora porque quiero enfatizar ese "lado oscuro" del personaje durante dos tomos, dando pistas vagas paulatinamente, para exponerlo con un giro loquísimo de guion en el tercero. Una de las cosas que más me han agradecido mis lectores fieles en pretéritas obras, es ese factor sorpresa de "se veía venir pero no lo vi venir, te odio muy fuerte". Tomo nota no obstante de tu reflexión sobre el modo cómo el lector puede recibir ese estímulo, que en mi cabeza tiene sentido porque conozco la historia que hay detrás, pero que a él puede resultarle denso o incluso confundirlo con "paja", y con razón.

El world-building que hay detrás de cada palabra es un brindis a todo ese tiempo destinado a imaginar el mundo, y son muchos, muchos los aspectos que quiero exponer al lector, pero sin avasallarle ni saturarle para que acabe huyendo asustado antes de darle una oportunidad. En este caso debo reconocer que reescribí el capítulo más de una vez, y sustraje más de la mitad de descripciones del mundo, por resultar excesivo (que luego las voy presentando de a poquitos en los siguientes capítulos). Está claro que aún así me excedí. Lo releeré con esa idea en mente para encontrar un mejor equilibrio.

Me ha gustado mucho tu consejo de anexar la perspectiva de la bestia y la de Eco intercalándola de ese modo tan sutil y elegante. Con tu permiso, te la voy a tomar prestada.

Prometo releer y editar este episodio piloto conservando bien frescos en la mente tus consejos y tus críticas, porque creo que le pueden aportar un plus realmente interesante. Me gusta tu estilo. No sé si lo has hecho con idea o no, pero empezar tu comentario con un zasca, ha conseguido atraer por completo mi atención para seguir leyendo el comentario con avidez, y por fortuna, ha valido mucho la pena. A ese respecto, me quito el sombrero.

Gracias de nuevo por todo. Espero que tus escritos crezcan y muchos puedan disfrutar de tu narrativa.

¡Salud, compañero!  Shy
Responder
#7
Gracias David, por responder.

Me alegro haber logrado captar tu interés y que mis comentarios te hayan intrigado un poco.

Quisiera repetir una cosa, para ayudarte a entenderla mejor.

No se trata solo de dar menos información. Se trata de que la información sea relevante a la acción que se está desarrollando.

Vuelvo sobre el ejemplo de los árboles azules. La bestia no está disfrutando del paisaje, solo quiere matar al ladrón. Todo lo que no sea “voy a matar a ese hijo de puta y comerme hasta sus huesos”, no tiene cabida.

En cambio, Eco sí está disfrutando del paisaje mientras come. Cuando estás con Eco, ahí es el momento de que aparezca ese dato, ya sea porque Eco lo piense o diga en voz alta: “Que azules que están los árboles hoy”. O que sea parte de la descripción. "Eco miraba los árboles azules mientras disfrutaba del manjar" o "Eco movía las piernas juguetonamente. Los árboles a su alrededor se veían más azules que nunca". Esa información es coherente con la acción, de modo que es bienvenida.

Esta es la forma en que nos metemos en los personajes. Siendo coherentes con lo que están haciendo en el momento.

Referente al plot twist. Date cuenta que yo nunca dije nada acerca de que tuvieras que cambiar al personaje. Nunca te dije: “Bo, loco, Eco es un hijo de puta, no me gusta”. Yo dije que para la bestia Eco era un hijo de puta. (tal vez no tenga que seguir repitiendo eso, puede que haya una norma del foro en contra de profanidades).

Lo que sí digo, es que para llegar al plot twits, primero debemos conectar con el personaje, aquí y ahora, incluso cuando recién lo conocemos y tenemos mucho para descubrir. Para eso no basta simplemente retener información. No podemos conectar con una imagen borrosa, indefina. Tienes que dar información concreta y vívida, relevante a la acción del momento.

En vez de decir “los huevos ya tenían dueño”, que sea más natural. “Se los llevaría a Ramón más tarde”. Como todavía no sabemos quién es Ramón, sigue siendo un misterio, pero es concreto, específico. No tiene sentido que Eco se haga el misterioso en este momento.

Si Eco estuviera hablando con alguien que le pide que le venda los huevos y Eco pone una excusa, porque no quiere que esta persona se entere de a quién se los va a vender (supongo que no los va a vender sino que será alguno de sus otros motivos nobles que escondes bajo la manga). Ahí tiene sentido decir que los huevos ya tenían dueño. Porque es coherente con la acción. Eco no quiere decir qué es lo que va a hacer con los huevos. Eso es lo que piensa, eso es lo que vemos. (De modo que tal vez tenga más sentido dejar eso de que son muy valioso para más adelante).

Ahora bien, respecto a la bestia, Eco no precisa pensar: “Pobrecita bestia, lamento lo que te hago, pero es la única forma que tengo de mantenerte con vida”.

Eco piensa: “Ups, se me acabó el tiempo”.
Así lo escribiste y así está bien. Porque es lo que piensa en el momento.
Lo que quiero es que quites lo demás. Todo lo que no tiene que ver con lo que están haciendo estos dos personajes.

Y confieso que no leí la segunda parte. Si lo hiciera, probablemente podría sugerir qué detalles de la segunda parte incluir en la primera para darle esa chispa… pero no me da la cabeza, por ahora.

Espero sigamos en contacto y podamos ayudarnos mucho mutuamente. Admiro tu pasión y tenacidad.

Te mando un gran saludo.
Responder


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