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Reto Cuento de Terror I: Pesadillas nocturnas
#1
Pesadillas nocturnas



El viento sopla en el exterior con fuerza, haciendo que los árboles agiten sus ramas como si de espectros fantasmagóricos se trataran. Por las juntas de las ventanas el aire se filtra produciendo un silbido discordante que hace recordar los gemidos de las almas muertas.

Me encuentro en un largo pasillo con puertas numeradas a ambos lados. Una alfombra de un rojo deslucido cubre el suelo bajo mis pies. No sé cómo he llegado aquí, pero parece que estoy en un hotel. Me resulta ligeramente familiar, aunque no sabría decir porqué.

Percibo un sonido intermitente que viene de arriba, algo que golpea el suelo de manera rítmica. Y se mueve. Sigo con la mirada la trayectoria del ruido, sin ver nada más que el techo desgastado sobre mi cabeza. De pronto el sonido se detiene al llegar a lo alto de unas lujosas escaleras. No tarda en volver a iniciarse, pero ahora es distinto, más parecido al ruido que producen las uñas de un perro al correr sobre un suelo de madera. Lo acompaña una voz gutural, un croar estertóreo que me revuelve el estómago.

Veo una figura en lo alto. Una sombra que se arrastra por el suelo. Lentamente empieza a bajar y puedo percibir mejor sus rasgos. Parece una persona, una mujer desnuda y pálida como la misma muerte, unos largos y finos cabellos negros ocultan su rostro. Avanza por los peldaños impulsándose con los brazos, que forman un ángulo imposible con su cuerpo.

Estoy paralizado por el terror, pero cuando veo, entre la maraña que es el pelo, unos ojos rojos que me miran, un escalofrío recorre todo mi cuerpo y empiezo a correr alejándome de las escaleras, pasillo adelante, sin atreverme a mirar atrás. No hace falta, sigo escuchando el sonido que esa cosa produce.

Cuando veo que no tengo por donde salir, pues el pasillo termina en una pared, me acerco a la puerta más cercana y la abro. Por un segundo miro los números dorados que, a la altura de mi cara, indican que se trata de la habitación 217. Entro rápidamente y cierro la puerta.

Dentro, la habitación es pequeña. Sin embargo no parece encajar con el estilo del exterior. La cama y los muebles son modernos y sobre una pequeña mesa descansa un televisor, que en el mismo instante en que echo el seguro de la puerta se enciende mostrado la nieve que indica que no recibe señal alguna. Sin hacer caso del aparato busco una salida. Solo hay una puerta que da a un cuarto de baño.

Antes de poder dirigirme a ella una imagen en la pantalla me hace detenerme. La nieve ha desaparecido y en su lugar se ve, en una imagen tétrica y de tonos grisáceos, un prado con un pozo en el centro. De su interior surge lentamente una figura. Por un momento creo que es la que me perseguía en el exterior. El mismo cabello negro y lacio sobre un rostro pálido. Pero a medida que sale del pozo veo que no se trata de la misma, pues esta es más pequeña y viste un largo camisón tan blanco como su piel. Termina de salir del pozo y se acerca caminando hasta la cámara que la graba. Extiende un brazo como si la fuera a tocar, pero en lugar de eso… ¡los dedos asoman por la pantalla del televisor!

No puedo creer lo que veo, la mujer de la imagen está saliendo a la realidad. Incapaz de evitar el grito que se escapa por mi garganta, corro hacia el baño y de nuevo cierro la puerta con fuerza, cerrando el pestillo.

El lugar está a oscuras y no veo nada. A tientas busco un interruptor. Cuando doy con él y se enciende la luz apenas puedo contener un nuevo grito. Frente a mí una nueva figura me observa. Pero enseguida descubro que el adolescente con el cabello rubio alborotado y el rostro demacrado que me observa no es más que mi propio reflejo en un espejo. Más relajado, me siento en el borde de la bañera, tratando de recuperar el aliento y tranquilizar a mi acelerado corazón.

Pero apenas he podido inspirar dos veces cuando la luz empieza a parpadear, encendiéndose y apagándose a gran velocidad. Los fogonazos me ciegan y pierdo el equilibrio hacia atrás, cayendo en el interior de la bañera. El grifo se abre sin tocarlo y un líquido cálido y denso empieza a llenar la pila y a cubrir mi cuerpo encogido. Pronto empieza a desbordar. Mi cabeza sobresale y mis piernas cuelgan por el borde, pero el resto de mi cuerpo ha quedado sumergido. Antes de que la luz por fin cese su parpadeo para dejarme a oscuras, veo su color rojo oscuro.

Estoy intentando levantarme cuando la puerta del baño empieza a temblar, víctima de unos violentos golpes procedentes del otro lado. En las tinieblas apenas veo cómo saltan astillas con lo que parecen ser hachazos. Vuelvo a estar paralizado, tirado en la bañera llena de sangre.

Los golpes siguen hasta que la luz empieza a filtrarse por la abertura cada vez mayor de la puerta. Aterrado, no puedo dejar de mirar tratando de ver lo que hay al otro lado. Cuando el agujero es lo suficientemente grande como para pasar un brazo, los golpes se detienen y un rostro asoma por el hueco.

Para mi sorpresa, no es ninguna de las siniestras mujeres de antes, sino la cara redondeada de un niño. Me mira y yo le miro a él, sabiendo que le conozco de algo pero sin ser capaz de concretar. Entonces el niño abre la boca para hablar.

—En ocasiones —dice mirándome fijamente a los ojos— veo muertos.

Entonces mete la mano por el agujero y abre el pestillo. La puerta se abre con violencia y el niño se abalanza sobre mí. En su mano derecha lleva un largo y afilado cuchillo que enfila hacia mi pecho.





Me incorporo en la cama con un grito, cubierto de sudor y respirando agitadamente. La habitación está a oscuras, salvo por la luz roja del despertador, que marca las 3:13 de la noche.

Trato de tranquilizarme, repitiéndome una y otra vez que solo ha sido una pesadilla. Poco a poco mi respiración se suaviza y mi corazón recupera su ritmo habitual. Sentado en la cama, con los brazos rodeando mis rodillas, analizo fríamente lo que recuerdo del sueño, conteniendo un escalofrío.

Las imágenes se diluyen en mi mente, pero logro recuperar algunos detalles, percatándome a su vez de qué me sonaban tanto el lugar como las caras.

—Mierda, tengo que dejar de ver esas películas —me digo a mí mismo. Mi voz, a pesar de ser apenas un susurro, retumba por la habitación.

Maldigo la tarde del día anterior que pasé viendo una película de terror tras otra. Siempre me han gustado, aunque mamá se cabrea cuando descubre que las veo. Dice que soy muy pequeño para esas películas, pero con mis 14 años he descubierto que me apasionan, y papá siempre me echa algún cable para poder verlas.

Sin embargo, nunca me habían producido pesadillas. Normalmente las veo, paso un rato en tensión, pero cuando se terminan me olvido del miedo. ¿Por qué está vez no ha sido así? Quizás se deba a que, por primera vez, estoy pasando unos días solo en casa.

Papá y mamá se fueron de vacaciones hace dos días y, a pesar de que a ella le costó decidirse, él la convenció para dejarme solo sin nadie que me cuidara. Ya soy mayorcito como para estar solo unos días. Siempre que me dejen la nevera llena, claro.

Así que, con la libertad que me brinda la oportunidad, he aprovechado para levantarme tarde por las mañanas y pasar las tardes viendo películas. Cuando mamá llama, con más frecuencia de la que me gustaría, le digo que he quedado con unos amigos para salir por ahí. Pero en realidad paso de ellos, mis compañeros del colegio son unos caguetas y unos cobardes. No quiero juntarme con gente como ellos. Mejor quedarme en casa y disfrutar de estos días de soledad.

Aunque, visto ahora, quizás no haya sido tan buena idea.

Cuando por fin se me ha pasado el sobresalto, vuelvo a tumbarme en la cama y me tapo con la sábana y la manta hasta las orejas, literalmente. Es curioso cómo este simple gesto puede hacerte sentir más protegido, a pesar de lo inútil que resulta. Cierro los ojos y trato de volver a dormirme.

Pero los minutos pasan lentamente y no logro volver a conciliar el sueño. Doy vueltas en la cama, sin importarme ya si la sabana me tapa hasta los ojos o no. Al cabo de un rato, aburrido, vuelvo a mirar el reloj.

Qué extraño, marca las 3:31, apenas ha pasado un cuarto de hora desde que desperté, pero a mí me ha parecido una eternidad. Vuelvo a arroparme y me abrazo a la almohada, en un nuevo intento de dejarme llevar por el sueño.

Parece que por fin he logrado volver a dormirme cuando algo me despierta. No sabría decir qué ha sido, pero tengo la extraña sensación de haber percibido algo. Sin moverme, trato de escuchar con atención. No se oye nada, el silencio invade la habitación, solo alterado por mi respiración, agitada otra vez. Abro los ojos apenas una rendija, lo suficiente para escudriñar la oscuridad a la luz del despertador, que en esta ocasión marca las 4:01.

De pronto suena un golpe. No es muy fuerte, sólo lo suficiente para oírlo. Proviene del piso de abajo. Escucho atentamente durante un rato. El sonido no se repite.

Ahora que lo he oído, no logro volver a dormirme. Pasados unos minutos en los que apenas ni respiro, me incorporo en la cama y me levanto con sigilo. No me atrevo a dar la luz, aunque me asusta lo que pueda haber en la oscuridad.

—No seas tonto —me digo en un susurro, en un intento por que el sonido de mi propia voz me tranquilice—, aquí no hay nada. El ruido ha sido abajo.

Empiezo a pensar que me lo he imaginado, que mi subconsciente me está jugando una mala pasada. Pero entonces vuelvo a oír algo. Esta vez parece algo que se arrastra por el suelo, como cuando mueves un mueble. La imagen de mi pesadilla de la mujer bajando las escaleras vuelve a mi mente, pero logro desecharla.

Los ruidos siguen, débiles pero incansables. Acabo convenciéndome de que hay algo en la planta inferior de la casa.

Estoy aterrorizado, pero no puedo dejar que el miedo me domine. Siempre me he reído de aquellos que temen a los fantasmas. Sin embargo, ahora no me parece tan ridículo. He visto suficientes películas cómo para poder imaginarme mil horrores distintos que produzcan esos sonidos.

Decidido a no dejarme dominar por el miedo, tanteo en mi mesa de estudio en busca de algo que me pueda proteger. No enciendo la luz, por temor a que eso atraiga a lo que sea que hay abajo. Desechando bolígrafos y papeles mis dedos dan con unas tijeras. No las cogen, bien sé que no me servirían de nada. Finalmente alcanzo un pequeño crucifijo de madera, del tamaño de mi mano, que siempre tengo, boca abajo, junto a distintas figuras de esqueletos y calaveras en la estantería.

—Esto servirá —me digo.

Así armado salgo de la habitación, abriendo la puerta con sigilo, y me dirijo a las escaleras. El pasillo está oscuro, pero lo conozco lo suficiente como para no chocarme con nada sin necesidad de encender una luz. Una vez en lo alto de las escaleras me asomo hacia abajo. No sé ve nada salvo oscuridad.

Desciendo los peldaños uno a uno, hasta llegar a la planta inferior. Los sonidos han cesado hace un rato, pero ahora percibo un murmullo.

Me dirijo hacia el origen, agarrando con firmeza el crucifijo. Atravieso el pasillo hasta llegar a la puerta de la cocina. Al mirar dentro me quedo petrificado. Hasta ahora había albergado la esperanza de que todo fueran imaginaciones mías, pero al ver las puertas de los armarios abiertas y las cosas revueltas por el suelo comprendo que lo que sea que está pasando es real.

Los sonidos provienen del salón, así que atravieso la cocina en dirección a la otra puerta, que está entornada. La abro con cuidado, pero la bisagra chirria levemente. Los murmullos al otro lado cesan de pronto.

Me imagino un par de ojos rojos y brillantes clavados en la madera, esperando verme aparecer. Un escalofrío me recorre, pero continúo abriendo la puerta con calma.

Al otro lado no veo unos ojos luminosos. En realidad, apenas puedo ver nada debido a la oscuridad. Pero percibo las puertas del armario también abiertas de par en par. En el suelo hay varios bultos, como cajas o paquetes. Avanzo con cuidado, manteniendo el crucifijo por delante y escudriñando la oscuridad.

El sofá está cambiado de posición y la mesita ha desaparecido. Hay libros tirados por todas partes, como si el ser que he hecho eso buscara algo. Tropiezo con algo y veo que es la televisión, envuelta en una manta en el suelo.

—¡Ay! —no puedo evitar exclamar.

En respuesta escucho una risa débil. Me giro rápidamente hacia el origen, y no puedo creer lo que veo. Junto a la ventana, tras las cortinas, se mueve una figura completamente oscura. Alzo el crucifijo hacia ella y grito con todas mis fuerzas:

—Fuera, criatura infernal. Vete de esta casa o te arrepentirás toda la eternidad.

Mis palabras parecen tener efecto, pues la figura se encoge sobre sí misma y empieza a convulsionar mientras emite un sonido ahogado.

—Vuelve al infierno del que vienes —continúo, envalentonado al ver que surte efecto, e improvisando un exorcismo basado en todas las películas que he visto. El ser empieza a convulsionar, todavía semitapado por las cortinas—.  ¡Vete! Vuelve a tu oscuro y putrefacto hogar. Vuelve a…

Me detengo de pronto cuando los gruñidos que emite se transforman en algo que identifico pero no puedo asimilar. Son… son carcajadas. El ser se está tronchando de la risa a mi costa. Enfurecido me lanzo hacia él enarbolando el crucifijo como si de un cuchillo se tratara.

Apenas he dado media docena de pasos en su dirección cuando oigo una fuerte explosión y, casi de inmediato, un agudo dolor me atraviesa el abdomen.

Caigo al suelo con un gruñido de dolor, incapaz de entender lo que está pasando. Presiono con las manos la herida que ha aparecido junto a mi estómago y noto que la sangre mana a borbotones. La cabeza me da vuelas y la vista se me nubla.

Entonces frente a mi aparece un rostro que no logro enfocar.

—Idiota, me dijiste que no había nadie en la casa —bramó una voz—. Y solo se te ocurre echarte a reír delante del muchacho. ¡Inútil, eres un inútil!

—Lo… lo siento, jefe —respondió otra voz, más aguda y atemorizada—. Habría jurado que se habían marchado todos. He vigilado la casa durante dos días y nadie ha salido. ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Está muerto?

Tardo un rato en comprender que se refiere a mí. ¿Estoy muerto? No lo sé. El dolor ha desaparecido —o quizás es tan fuerte que ya no lo percibo— pero no me puedo mover y me siento muy cansado. Mi cabeza tarda en procesar la conversación y sus implicaciones.

—No, no lo está —responde la primera voz. Ya no veo el rostro del que proviene. Ya no veo nada— Pero no tardará en estarlo. Vámonos, alguien habrá oído el disparo y la policía no tardará en estar aquí. Déjalo todo, tenemos que marcharnos ya. Este robo no podía haber salido peor.

Noto sus pasos precipitados junto a mí y después alejándose por el pasillo. Abren la puerta de la casa y se marchan, dejándola abierta. El aire gélido del exterior se cuela hasta mí. O quizás el frío que siento no tenga nada que ver.

Ni siquiera trato de moverme, las fuerzas me abandonan con rapidez. La oscuridad total me rodea, unas tinieblas heladas y eternas, donde reina el silencio más absoluto. Mis pensamientos son cada vez más lentos hasta que el último de ellos se rompe en pedazos.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
¡Primer cuento!

Confieso que al principio caí en la trampa como una niñita inexperta: realmente pensé que este cuento sería una especie de fan fiction sobre libros y/o películas de terror conocidos (The shinning, La llamada, etc). Así que me he sorprendido (muy gratamente) cuando eso no sucedió.

En cuanto a la primera parte del cuento, me pareció satisfactorio ir poniendo en sintonía al personaje principal. Ya se despierta asustado, afectado psicológicamente por sus pesadillas. Eso ayuda a que el resto del relato se sienta más verosímil, y a por qué el chico cree que lo que entró en su casa es un demonio, fantasma, o lo que sea.

Como punto de mejora, se me hizo un poco largo el comienzo de la segunda parte. Tal vez si se acortara un poco, el relato ganaría en velocidad y en ritmo. También me hizo un poco de ruido que dejaran al chico solo en su casa, siendo tan joven. No me parece verosímil, pero será que desconozco la procedencia del autor, y tal vez en su país las personas sean más confiadas, y esto tenga sentido. A mi me hizo ruido.

El final me gustó, especialmente que no se recurriera a mencionar que el chico realmente murió. Es algo innecesario, pero que abunda en muchos relatos: esa necesidad de sobreexplicar lo implícito. Así que un punto a favor para el autor del cuento.

Definitivamente, un cuento de terror.
"Nadie está exactamente seguro de qué es lo que de verdad quiere decir, hasta que no ha escrito sus pensamientos."
Danza macabra - Stephen King
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#3
¡Buenas autor!

Hacía tiempo ya que no participaba en retos. Veamos que tenemos aquí. Hay algunas cosas que me han sacado de la historia.

(20/05/2015 04:11 PM)Joker escribió: Veo una figura en lo alto. Una sombra que se arrastra por el suelo


Esta frase no esta bien pensada. Una figura en lo alto no se puede convertir en una sombra que se arrastra por el suelo. Es incongruente.

(20/05/2015 04:11 PM)Joker escribió: que en el mismo instante en que echo el seguro de la puerta se enciende mostrado la nieve que indica que no recibe señal alguna


El tema del televisor... "mostrando la nieve", bueno a mi me sonó muy extraño. De hecho, ¿Las televisiones siguen mostrando esa "nieve"? Aun así, yo lo hubiese puesto entre comillas.

(20/05/2015 04:11 PM)Joker escribió: Estoy paralizado por el terror, pero cuando veo, entre la maraña que es el pelo, (más cosas)
Cuando veo que no tengo por donde salir,

Repeticiones de este tipo hay algunas.

Por último, me ha cortado un poco al leer que veo mucho punto y seguido. No hay apenas comas, todo son puntos. Creo que en este caso te has pasado, o esa es mi opinión.

En cuanto a la historia:

Bueno hay algunas incoherencias. Como bien comenta Titania, dejar a un niño de esa edad solo en casa durante varios días sin que nadie se pase a echarle un ojo. Despúes que unos ladrones entren en la casa ok, pero que disparen al niño...bueno muy inverosimil. Primero que lleven pistola cuando piensan que la casa esta vacia (para qué?) y luego que disparen a un niño pequeño? Que encima les ha confundido con fantasmas y no les ha intentado atacar ni nada? Eso no tiene sentido.

Por el resto no veo una relación real entre la pesadilla y lo que pasa después. Entiendo que querías indicar que el chico estaba nervioso por la pesadilla, pero es la mitad de la historia en eso y después son unos ladrones... no sé no me ha terminado de cuajar, ha sido como leer dos relatos.

Suerte!
May the force be with you!
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#4
Empezamos con el primer relato!

Bueno... una historia un anto extraña. Empiezas con una mezcla de escenas de películas de terror muy conocidas. Precisamente por ello no necesitas entrar en mucho detalle para hacer que el lector se sienta sobrecogido. Me he hecho gracia cuando aparece el niño de El Sexto Sentido, xD
Luego la historia cambia por completo. El chico se despierta y resulta que está en su casa. Y le están robando!
Me parece que has tratado de contraponer el terror que siente el chico por las películas de miedo a las que está acostumbrado y una situación más real que es la que finalmente acaba mal para el chico.
Como ha comentado Gaoth, hay algunas cosas que no terminar de cuajar, creo que deberías replantearte la historia y matizar algunos aspectos.
En cuanto al apartado técnico, no he visto errores. Bien por ello.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#5
    A nivel formal he visto unos cuantos errores, algunos sólo son despistes, pero otros no tanto. Acentos, reiteraciones de gerundios y de adverbios terminados en “-mente”, y un cambio de persona en un verbo (“el ser que he hecho” por “el ser que ha hecho”).
    El estilo narrativo es ágil, ameno, con descripciones apropiadas que permiten disfrutar de la lectura, aunque revisaría algunas expresiones.

    En cuanto al argumento, en general me ha gustado el modo en que has ligado una situación cotidiana de la vida real como es una pesadilla con las emociones que experimenta el protagonista cuando despierta y se encuentra con una situación que, influido por el sueño, no es capaz de racionalizar. Comprensible más aún si se trata de un adolescente retraído y aficionado a historias de terror.

    La descripción detallada de la pesadilla me ha parecido (gusto personal) un exceso, quien más quien menos conoce esas historias, y no era necesario alargarlo tanto (casi 1000 palabras de un cuento de 2700). Eso merma un tanto tu aportación personal, pues un tercio de la historia te lo han resuelto los argumentos de varias películas de terror famosas.
    Lo que sí me ha parecido una buena elección es que hayas optado por el miedo psicológico antes que caer en el manido recurso de la sangre, vísceras, etcétera, tan típicos de estas historias.

    Por último, destacar la descripción de los hechos que acontecen al final del relato, me ha parecido muy bien descrito todo lo que rodea la muerte del joven.

  Buena suerte.
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#6
Todas, he visto todas las pelis a las que haces referencia, jeje...
Hay algunas repeticiones, frases un poco raras en su construcción, y muchas frases cortas, como disparos. A tu favor diré que ha sido una primera persona muy bien escrita, con un lenguaje sencillo y claro, como a mi me gustan en estos casos.
Ahora, en cuanto a la historia, genial que el principio sea una pesadilla amalgama de todas, pero es cierto que resulta extraño que dejen al crío solo mientras se van de vacaciones. Si hubieran ido a una fiesta, por ejemplo, y solo fuera esa noche, pues vale. Por otro lado, que los ladrones disparen cuando con una buena bofetada habrían solucionado el problema del chaval, tampoco lo veo claro. Igual que el ladrón diga que no ha visto salir a nadie mientras vigilaba, pero ¿y las luces? ¿Persianas o ventanas abiertas y cerradas? Cuando una casa está habitada hay cambios, y más si quien vive allí pasa el día viendo la tele y comiendo de recalentados, jeje.
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#7
No tengo mucho que decir respecto a este relato.
Lo cierto es que le dediqué muy poco tiempo. Sobretodo a pensarlo; y, de echo, mi idea inicial era más larga, con más detalles, pero se me iba a pasar de espacio y andaba mal de tiempo. Así quedó esto, que no sé ni como calificar.
Hay dos partes diferenciadas, que escribí en dos ratos distintos. La primera es la que más me gustó escribir, aunque como comentó alguien no tenía mucho que inventar, pues todo estaba basado en historias ya conocidas. Eso, sin embargo, me permitió meter muchas cosas en poco espacio.
La segunda parte reconozco que tiene bastantes lagunas e incoherencias. Aunque... muchas historias de terror las tienen. Pero si, admito que se podría haber mejorado mucho.
La idea de la historia era mostrar que los temores de un adolescente estaban basados en películas y que no eran reales. Que lo que al final le mata es una persona, no una criatura sobrenatural. Quería tratar de mostrar la contraposición entre esas historias que le gustan y la realidad.



Por si se os escapó alguno, aquí la lista de las películas que menciono en la primera parte: El hotel donde se desarrolla, la habitación y la escena de la puerta son claramente referencias al Overlook, de El Resplandor (el número de habitación es el de la novela, no el de la pelicula). También hay referencias a La Maldición, The Ring y El Sexto Sentido. Mi intención inicial era hacer un batiburrillo aún mayor, pero me iba  acupar demasiado.


Paso a responder a cada uno. Antes de nada, agradeceros a todos los comentarios.

Titania: Sobre lo de dejar al niño solo en casa, dudé bastante a la hora de ponerle una edad. Es cierto que yo no me quedé sola en casa una noche hasta... ¿que me fui a estudiar fuera? Pero lo mio fue un caso raro. Sé de muchos compañeros que sí se quedaban solos en casa. ¿Con 14 años? Pues no lo sé, pero no muchos más.

Gaoth: Sobre la primera frase que mencionas ("Veo una figura en lo alto. Una sombra que se arrastra por el suelo"). Si la sacas de contexto no tiene sentido, pero hace referencia a lo alto de las escaleras, que se mencionan un poco antes. La sombra se arrastra por el suelo pero desde lo alto de las escaleras.
En cuanto a la "nieve" del televisor... pues creo que eso ya no pasa, pero no tiene por qué ser una televisión nueva. De todas formas, lo puse así porque en la pelicula en la que se basa esa escena pasa eso.
En lo referente a las incoherencias de la historia, si, hay varias. Pero el chico si intenta atacarlos, aunque sea con un crucifijo ("Enfurecido me lanzo hacia él enarbolando el crucifijo como si de un cuchillo se tratara").

Helkion: ¿He dicho hace poco que echaba de menos tus correcciones? ¡Pues lo retiro!
Es broma, reconozco que este relato lo cuide poco y no le presté mucha atención a cómo estaba escrito. Y cómo ya no participas en los retos he perdido la costumbre de buscar el numero de palabras acabadas en "mente" en mis relatos Sad
Tienes razón en que la primera parte es demasiado larga, comparado con el resto. Pero es que era tan divertido escribirlo, mezclando unas historias de terror con otras, que no podía parar.
La sangre y las visceras me las reservo para un futuro reto violento o de batallas. Estoy deseando sacarles las tripas a mis personajes, muahahaha!!!

Yaya: De nuevo te tengo que dar la razón en que hay cosas que no terminan de tener sentido. Aunque hai algunas explicaciones. Sobre la reacción de los ladrones, trato de dar a entender que estos, o al menos uno de ellos, no es que sean unos lumbreras. Se dejan llevar por sus impulsos sin pensar si tiene sentido. Son unos aficionados, no unos ladrones profesionales.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#8
@Lanay, si quieres un consuelo por mi parte, te diré que a mí no me parece nada raro ni inverosímil que un adolescente se quede solo varios días en casa. Hay hogares en los que eso ni se plantearía, lo de dejar a un joven de 14 años solo, quiero decir, pero en otros muchos hogares creo que eso es perfectamente factible. Y pienso que hacer notar eso como una incoherencia de tu historia, teniendo en cuenta que nos hemos tenido que "creer" extraños comportamientos policiales, naves espaciales que contactan con alienígenas, seres mágicos y brujas con silentes maestros y un mostruito que se alimenta de miedo... es querer sacarle punta a algo que no la tiene.

Jaja, lo siento, se me hace cuesta arriba eso de comentar sin corregir, siempre se me escapa alguna cosilla. Aun así, esta vez no copié los textos con todo lo que vi, la verdad es que me da pereza con eso de que luego tienes que editar cada corrección una a una porque no se copian los colores. Que si no... Big Grin

Un saludo.
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#9
Gracias Helkion, alguien que entiende que con 14 años te pueden dejar solo en casa. Que no se lo más sensato puede ser.

En cuanto a lo de corregir, lo cierto es que se agradece. Últimamente me he descuidado un poco y si me señalan los errores luego me resulta más facil evitarlos.

Yo por eso corrigo directamente al comentar. Así no tengo que pasar los colores desde el word de uno en uno.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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