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Reto Steampunk I: El precio de una sonrisa
#1
El precio de una sonrisa

—Parece que va a llover —señalé mirando el cielo, a través de los cristales de la ventana.
—Estamos en noviembre, señor —respondió mi ayudante, el sargento Flynn, sin prestarme demasiada atención—. Siempre llueve sobre Londres en noviembre.
—Lo sé —afuera, tras los muros plomizos del edificio, las sombras grises de los zepelines se confundían con las nubes plomizas que comenzaban a arremolinarse—. Pero no por eso me resulta más sencillo de aceptar.
Él se encogió de hombros.
—Usted aún es nuevo —dijo—. Con el tiempo terminará por acostumbrarse…
Lo miré a los ojos y negué con la cabeza, sintiéndome más frustrado que nunca.
—Llevo diez malditos años en esta isla, Flynn, y otros cinco años en tu jodida ciudad. —Saqué una botella de whisky del interior del escritorio y me serví un vaso—. He caminado por sus calles, me he empapado con las lloviznas, y he tenido que hacerme cargo de los cadáveres que cada noche vomita el Támesis. Créeme, no soy nuevo en absoluto.
—Tal vez no —admitió él—. Visto de ese modo tiene usted razón.
—Por supuesto que la tengo. Soy americano, ¿no? —le dije con cierto cinismo—. Los americanos siempre tenemos la razón.
Él esbozó una media sonrisa.
—Lo he notado, señor. Pero esa cualidad no parece ser extensiva al ajedrez. Jaque.
Casi me atraganto con la bebida.
—Es imposible. Llevo meses sin perder ni una sola partida.
—Ya no —dijo el muchacho—. Mate en tres movimientos.
—Joder —mascullé de mal humor—. ¿Ves por qué odio a los ingleses?
—Y sin embargo está usted aquí, señor.
—Y sin embargo estoy aquí —asentí—. ¿Quieres saber por qué? Porque una vez fui joven, estúpido, y estuve enamorado.
—¿Y ahora?
«Ya no soy joven, ni estúpido, pero sigo estando enamorado…». Las palabras, sin embargo, no nacieron, no viajaron. Se aferraron en mi mente, agonizantes. Como el último tren de una estación en ruinas
—Ahora soy sólo un neoyorkino atrapado en esta maldita isla. —Dejé mi vaso sobre el escritorio y traté de concentrar la vista en el tablero. Sobre él, observé, se libraba una batalla encarnizada en la cual las fichas blancas parecían estar llevándose la peor parte.
—Tampoco es tan malo.
—No, no lo es —cogí mi caballo y lo hice avanzar sobre la superficie jaspeada—, pero me gusta quejarme. Por cierto, despídete de tu reina.
—No tan rápido, señor—respondió mi ayudante, flemático como todo inglés, y con un movimiento rápido de su torre dejó todo mi flanco izquierdo descubierto—. Jaque de nuevo.
Tuve que contener las ganas de tirarle el tablero en la cara.
——Maldita sea, Flynn —gruñí desengañado—. Apuesto a que toda la conversación de recién fue solo una treta para distraerme.
—No me atrevería a llevarle la contraria, señor —observó él, sin esforzarse ya por disimular la sonrisa—. Después de todo, ustedes, los americanos, siempre tienen la razón.
Iba arrojarle el vaso de whisky encima cuando de repente nos interrumpió la voz del superintendente Greene.
—Lamento molestarlos, señores —dijo observando con reprobación la botella que descansaba sobre el escritorio—, pero hay trabajo que hacer.
—¿Dónde? —pregunté yo, calzándome el abrigo.
—En Ayrton Road al 66 —respondió nuestro jefe sin mudar su expresión avinagrada—. En frente del Hyde Park. La víctima es, al parecer, uno de los industriales más ricos y prestigiosos de la zona. Tengan cuidado. Si vuelven a meter la pata haré que se arrepientan.
—¿Alguna vez hemos dejado de tenerlo? —pregunté yo, con cara de pretendida inocencia—. Además —agregué— Eso no sería extraño, señor. Últimamente tiendo a arrepentirme de todo.

**********
La residencia de Ayrton Road era una inmensa mansión de estilo palaciego, que se alzaba a muy pocas cuadras del Imperial College, enfrente de los verdes jardines del Queen’s Lawn. Cuando llegamos había comenzado a llover, y una densa cortina de niebla reptaba desde el Támesis.
Era una mañana triste y plomiza, observé echando una breve mirada en derredor. Una mañana melancólica, como aquellas que nacen de la pluma derrotada del propio Dickens. Una mañana, en fin, de esas que tanto abundan durante en el otoño londinense, y en la acera, bajo los imponentes muros neogóticos de la construcción, la brisa y el aguacero arremolinaban las hojas mustias y marchitas que caían de los árboles.
El joven Flynn me miró, cogió la aldaba y dio dos golpes a la puerta. Unos pasos firmes se oyeron en el interior de la casa, y por poco no nos caemos de la sorpresa al ser recibidos por un humanoide de acero.
—Caballeros —dijo aquel extraño ser con voz metálica—. ¿En qué puedo ayudarlos?
Los dos nos quedamos atónitos, sin saber qué decir ni qué hacer, y nos miramos el uno al otro como temiendo que todo aquello fuera un sueño.
—Lo siento, señores —dijo de repente un cuarto individuo, apareciendo en el umbral de la entrada y salvando la situación—. Al bueno de Charles últimamente se le ha dado por tener ocurrencias propias… —el que hablaba era un hombre bajito, de lentes y bigotes rizados, que llevaba puesto un traje de mayordomo—. Claro que el amo Haldwell jamás le hubiera permitido atender la puerta, pero ¡Ay! el amo Haldwell ya no está entre nosotros. Un excelente hombre, el mejor de todos, aunque con demasiadas ideas en su cabeza, si es que entienden lo que quiero decir. Pero pasen, pasen, por favor, no se queden allí afuera que está lloviendo. Con el frío que hace pueden coger un resfriado, y no hay nada peor que un resfriado en esta época del año. Yo mismo he contraído un feo catarro, como habrán visto los señores, pero no es nada que no se solucione con un buen té de miel y limón. Ya lo decía mi madre, el limón y la miel lo curan todo. Excepto las balas, claro, aunque es de muy mal gusto comentar esto en vista de lo que ha pasado…
—¿Lo qué ha pasado? —conseguí preguntar yo por fin, completamente aturdido por aquel alud de palabras.
—¿No lo saben? —se extrañó él—. Ustedes perdonen, señores, al verlos con esos uniformes y esos sombreros he pensado que eran de la policía y…
—Somos de la policía —lo interrumpió mi ayudante.
—Así es —confirmé—. Soctland Yard. Sin embargo aquí hay algo que no cierra. Todo parece demasiado…
—Tranquilo —completó Flynn.
—¡Oh no, señores! Ha ocurrido una tragedia, una auténtica tragedia ¿Pueden creerlo? —extrajo un pañuelo del bolsillo y se lo llevó a los ojos, enjugando una lágrima fugaz—. El pobre amo Haldwell, siempre empeñado en encontrar nuevas formas de ayudar a la humanidad… ¿Quién iba a creer que acabaría asesinado por un vulgar ratero? ¡En su propio despacho, señores! Es horroroso, realmente horroroso. Confío en qué podrán atrapar al culpable, caballeros. Pero no es conmigo con quién deben hablar, sino con la señora Haldwell. Charles, por favor —agregó dirigiéndose a la extraña criatura de metal que, mientras tanto, había permanecido en silencio y exhalando delicadas espirales de vapor por sus extremidades—, ve a buscar a la señora Haldwell y dile que ya han llegado los detectives.
El extrañó humanoide asintió con la cabeza y se alejó de allí haciendo un ruido que recordaba en demasía a las locomotoras de la Waterloo Station.
—¿Qué es esa cosa? —consiguió tartamudear por fin mi compañero, sin salir aún de su sorpresa.
—¿El bueno de Charles? —preguntó el mayordomo, como si ver a un ser de acero que hablaba y caminaba fuera cosa de todos los días—. Un autómata. El mejor de todos, si me permiten decirlo. El amo Caldwell siempre decía que la técnica de producción debía perfeccionarse aún, que las bombonas de vapor no bastaban para suplir los surcos neurales y que el proyecto estaba todavía en fase embrionaria. Sí, esa eran sus palabras exactas: fase embrionaria. Sin embargo, si me preguntan mi opinión debo admitir que soy de la idea de que con Charles el amo Caldwell se superó a sí mismo. Tomen asiento por favor. ¿Una taza de té? —antes de que pudiéramos responderle ya nos había servido—. Como les decía Charles es perfecto, absolutamente perfecto, sin embargo el amo Caldwell no estaba del todo conforme, nunca estaba conforme; ahí radicaba su genialidad. Me había hecho prometer que lo ayudaría a desarrollar un nuevo prototipo, más sofisticado y avanzado que el propio Charles, antes de que la Gran Exposición diera por finalizada sus exhibiciones. «Será el autómata más perfecto del mundo», me dijo.
—¿Un autómata? —pregunté yo, sin entender nada todavía.
—Sí, sí —siguió diciendo él—. Un ingenio mecánico capaz de razonar como un ser humano. Asombroso, ¿verdad? Se los digo yo, este invento hubiera cambiado para siempre la historia de la humanidad.
—Un Frankenstein moderno —musité.
—¿Cómo dice? —se interesó el mayordomo.
—Nada. Sólo pensaba en un viejo libro que leí hace algún tiempo.
—Charles también lee —se entusiasmó entonces él. Por lo visto había olvidado por completo la tristeza que hacía apenas unos instantes parecía sentir—, eso es lo más maravilloso de todo. ¿Se lo imagina? Una criatura de metal capaz de leer, de pensar, de tomar sus propias decisiones y actuar en consecuencia…
—Suficiente, Thomas —dijo de repente una ronca voz femenina, interrumpiendo al verborrágico mayordomo. Me volví hacia el sitio de donde provenían aquellas palabras y por poco no me llevo una sorpresa aún mayor que con el autómata. Allí, al pie de las escaleras, se alzaba la mujer más perfecta que había visto jamás. Era hermosa, muy hermosa, tanto que entrecortaba la respiración, y aunque sea un cliché debo decir que cualquier hombre hubiera dado con gusto la vida por tan solo un suspiro de sus labios. Debía tener veintitrés o veinticuatro años, la piel de su rostro era tan pálida como la de un espíritu, sus ojos, dos faros ambarinos en medio de la niebla gris de Londres, escondían más secretos de los que revelaban, y al hablar su boca se curvaba en una sonrisa nacarada de primavera en flor.
«¿Es este el rostro que echó al mar mil naves e incendió las torres infinitas de Ilion?» recité yo por lo bajo, sintiendo como un antiguo dolor que ya creía olvidado resucitaba en el interior de mi pecho.
—Creo que ya has hablado demasiado por hoy, Thomas —continuó diciendo ella—. ¿Por qué no acompañas a Charles a la cocina mientras estos señores y yo conversamos?
El mayordomo asintió, le hizo una seña al autómata y ambos se perdieron en la sala contigua.
—Bueno, caballeros. Ahora sí. Sois policías, por lo que veo.
—De Scotland Yard —puntualizó Flynn.
—Pues lamento deciros que llegáis algo tarde. Los agentes de la London City Police han estado aquí hasta hace poco más de una hora. Revisaron la habitación de mi difunto esposo, se llevaron su cuerpo y realizaron todos los peritajes. Un ladrón ¿pueden creerlo? Qué forma tan poco poética de morir.
Me removí incómodo en el sillón y sentí de repente la imperiosa necesidad de estar a miles de kilómetros de allí. El destino, en ocasiones, tenía un sentido del humor de lo más macabro.
—Permítame la impertinencia señora Caldwell…
—Katherine —me interrumpió ella—. Llámeme Katherine.
—Pues bien, Katherine, espero que me disculpe usted pero no parece muy afectada por la muerte de su marido.
—Oh —se rió ella haciendo un mohín delicioso—. Eso es porque no lo estoy en absoluto. Al sonreírse, noté, se le formaba un hoyuelo delicioso en la barbilla. ¿Quién sería capaz de resistirse a una mujer así?
—¿Cómo dice? —se sorprendió mi ayudante.
—Que no me afecta en absoluto su muerte. De hecho, si pudiera me gustaría transmitirle mis más sinceros agradecimientos al maleante que se la causó.
Al oírlo el pobre Flynn por poco no se atraganta con su té. Era demasiado joven, estaba claro, y los jóvenes resultaban impresionables en exceso.
—¿Se da cuenta señora de que eso la convierte en la principal sospechosa?
—Por supuesto —dijo ella, sin inmutarse en lo más mínimo—. Sólo que yo toda pasé la noche en la casa de Lady Athelion. Puedo darles su dirección para que lo comprueben. Además, según el informe de los policías de la London City mi marido fue golpeado con un objeto contundente y pesado. ¿Realmente me creen capaz de empuñar un arma de ese tipo?
—Tal vez no —concedió mi ayudante sin apartarse de su idea original—, aunque cosas más extrañas hemos visto ya. ¿Cómo conoció a su marido, señora?
—Fue hace siete años —respondió ella, dejándose arrastrar por sus recuerdos—, en el verano de 1855. Mi familia se tenía por una de las más acaudaladas de la costa Este, pero yo era joven y soñaba con huir y conocer el mundo. Robert, que por aquel entonces ya era un ser despreciable, vino a mí y me engañó con su labia y sus palabras grandilocuentes. Lo que quería, en realidad, eran los dólares de mi familia, y una vez que se aseguró el dinero con el que financiar sus inventos reveló su verdadero rostro. Como comprenderán, señores, yo no he dejado de odiarlo ni un solo día desde entonces.
—Ya veo —dijo Flynn, aunque no veía en absoluto. De todas formas, pensé, el muchacho era despierto, por lo que resultaba solo una cuestión de tiempo que llegara a la misma conclusión que yo.
—Aquí tiene, señora —dijo de repente el autómata, regresando de la cocina junto con el mayordomo. Su voz metálica tenía un tono que rayaba en la adoración—. ¿Puedo ofrecerle algo más?
—No por ahora, Charles, gracias —dijo ella—. Sírveles a nuestros invitados.
Quizás fuera mi impresión, pero me pareció percibir un auténtico gesto de devoción en el rostro metálico del autómata. Como si fuera capaz también él de dejarse hechizar por el mágico influjo de aquella mujer. Lo observé en silencio, sin atreverme a decir nada y luego, al inclinarme a coger una de las confituras, dejé que mi vista se posara sobre su brazo de acero, descubriendo un detalle que resultaba sumamente esclarecedor.
«Ciertas cosas no cambian nunca» reflexioné reprimiendo una mueca de amargura. Casi podía sentir los ojos de Katherine taladrándome los pensamientos.
—Pensándolo bien, Charles, quiero que me acompañes al invernadero —dijo ella sin dejar de mirarme.
—Nosotros vamos también —señalé yo, sabiendo ya de antemano como iba a terminar aquello, y dejé que aquel extraño trío se nos adelantara.
—Aquí hay algo que huele mal, señor —me susurró al oído Flynn.
—Lo sé —le respondí—. Estate preparado.
Él asintió y se llevó la mano a la pistola.
—Por cierto —añadí, susurrando también yo—, creo que encontré una solución.
—¿Al crimen del señor Haldwell?
—No —negué—. A nuestra partida de ajedrez. Alfil a C4, me llevo tu torre y Mate en cinco jugadas.
Él me miró con expresión aturdida.
—¿Cómo? —dijo.
—Jaque Mate, Flyn. Jaque Mate.
—Aquí es —dijo entonces Katherine, deteniéndose en la entrada del invernadero. Luego se volvió hacia mí y me miró a los ojos. Su sonrisa, observé, era un recordatorio constante de mi propia cobardía—. ¿Qué harás, Edward?
Traté de apartar mi mirada de la suya, pero me resultó imposible. Era demasiado tarde. Ciertos pecados juveniles nunca terminaban de saldarse.
—Lo que sea necesario —admití por fin.
—¿Qué cosa? —preguntó Flynn, volviéndose hacia mí con gesto confundido—. ¿Dé que habla?
—Hazlo, Ed —insistió ella.
Afuera llovía, siempre llovía sobre aquella maldita ciudad, y las gotas de agua que repiquetean sobre el techo del invernadero crispaban mis nervios.
—¿Cómo sabe tu nombre? —se extrañó mi ayudante. Era la primera vez que me tuteaba, observé. El miedo nos lleva a hacer cosas extrañas— ¿Qué demonios está sucediendo aquí?
—Esto —respondí, levantando lentamente la pistola que llevaba escondida en el bolsillo.
Su rostro se transformó en una máscara velada por la sorpresa, el horror y el desengaño.
—¿Por qué? —alcanzó a preguntar.
—Porque nunca he dejado de estar enamorado —contesté yo, con tristeza, y apreté el gatillo de mi automática—. Lo siento…
Un trueno repentino retumbó por toda la estancia, el fogonazo agitó las hojas de los helechos en estertores agónicos y el cuerpo del pobre Flynn fue a estrellarse con violencia contra los muros de cristal.
—Bien hecho, Ed —dijo entonces ella, la mujer de mis sueños y pesadillas, con su voz ronca y sensual—. Por un instante temí que me hubieras olvidado.
—Jamás podría olvidarte, Kate —repuse, sin bajar aún el arma. La nostalgia me devoraba por dentro—. Aunque debo reconocer que casi me creo la historia de la familia adinerada. ¿Por qué lo hiciste, en realidad?
Katherine frunció los labios en una mueca fascinante, y luego me miró con esos ojos ambarinos que podían ser la perdición de cualquiera.
—¿Por qué crees tú, Ed?
—Dinero… poder… deseo… —me encogí de hombros—. Contigo nunca se sabe, Kate. —Luego moví la pistola hacia la izquierda y apunté al autómata—. Lo que no consigo entender aún es cómo pudiste convencer a esta criatura para que sirviera a tus intereses.
—Eso es lo mejor de todo —se rió ella, visiblemente divertida. Su mano derecha, observé, acariciaba la superficie de acero pulido de aquel monstruo con un gesto cargado de sentido—. La idea nació de él. Veras, Ed, el bueno de Charles está lo que se dice enamorado de mi… ¿no te parece increíble?
Cerré los ojos y jalé el gatillo una, dos, tres, cuatro veces, hasta vaciar por completo la recámara de mi arma.
—¡No! —aulló el mayordomo, lanzándose sobre el cuerpo caído de Charles—. ¡¿Qué has hecho, idiota?! ¡Era una auténtica obra de arte!
—Justicia —repuse fríamente yo—. Ni más, ni menos.
—¿Por qué, Ed? —preguntó entonces Katherine mirándome con curiosidad—. ¿Por qué complicar así las cosas?
—Porque esta vez no pienso volver a huir —le dije sin poder abstraerme del hechizo de su sonrisa—. Y voy a ser el único, o el último. Tú decides, querida.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Hola, autor!

Me gustó tu relato, lo que más me gustó es lo clásico, y que es... mmm ... cómo lo digo... muy literario. Me gustó la historia y el argumento, la inteligencia de la trama. Sin embargo, hay dos cosas que me sacaron de la lectura:
La primera fue la descripción de Katherine, a primeras me pareció fuera de lugar. Muy poética, eso sí, pero no me calzó con la tónica general del relato.
Y luego, lo que si me desinfló, es que a causa del narrador en primera persona, la trampa del engaño del protagonista no me convenció.
La primera persona es autoconsciente, el personaje se abre con el lector y va contando lo que siente, lo que ve, lo que sucede. Entonces, cuando ve a esta mujer tan hermosa, la describe como si no la hubiese visto nunca, y no solo le miente a Flynn, cosa que es interesante en la historia, sino le miente al lector, cosa imperdonable!!!, jeje. Quizá más que una mentira, sea una omisión (omite que la conoce), pero la víctima es el lector!!!  Y yo como lectora me sentí defraudada, por eso de que el narrador intente sobrepasar la agudeza del lector. Si hubiese estado en narrador de tercera persona omnisciente, la trampa me habría funcionado perfecto y la historia me hubiese enamorado.
Todo lo demás, autómata en primera fila, me parece perfecto!!!
Felicitaciones!! Big Grin
"Y rasgaré el velo que separa a mi reino del mundo en que habitan los hombres"[Imagen: fantasybook2.png]
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#3
Segundo comentario!

En primer lugar el personaje principal es desagradable ya sea porque es americano o un frio asesino. Me da la impresion que vertiste lo peor de ti mismo en el personaje. Pero en la segunda parte esa forma hostil de actuar desaparece, que paso?

Ahora lo bueno. El mayordomo se lleva los elogios. Su forma de hablar corrida y extensa fue muy agradable para los ojos, fue en mi opinión un sabroso bocadillo. Revelas consciente o inconscientemente la fuente de inspiración en cuanto a los diálogos  (Dickens, me equivoco?) Así como el mayordomo, Flynn es una de esos personajes agradables, merecedores de pertenecer a una historia de peso. En mi opinión reutilisalos si puedes.

Para finalizar huelo en el aire un saborcillo a Sherlock Holmes y a Yo, robot. =D ( Sclotland Yard, ya sabes y el robot que mata a su creador)

Gracias por subir tu historia! Escritor, que tu pluma nunca se quede sin tinta!
]

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#4
Pues voy a empezar este comentario por lo malo, y voy a ser duro:

No me ha gustado para nada el desenlace. Abrupto y demasiado enrevesado para tan pocas palabras. Da como tres giros sobre sì mismo antes de finalizar. Para mì pierde mucho al final (ya me he quedado agusto).

Ahora vayamos a lo bueno:

Menudos diàlogos, hacìa mucho tiempo que no leìa algo tan bueno (y este comentario es extensible no solamente para los diàlogos... me he quedado anonadado).

La primera escena es bestial, aunque no me cuadra la violencia contenida del protagonista. Es muy de cine negro (o noir, que le llaman). Genial. Esos diàlogos tan inteligentes, tan bien medidos... de muy alto nivel.

La caracterizaciòn de los personajes, algo tan difìcil de conseguir con tan pocas palabras... los soliloquios de Charles... hay tantìsimas cosas destacables en este relato... tantos pequeños detalles...

Repito que para mì al final la historia pierde un poco, quizàs por afàn de ser demasiado soprendente, quizàs el autor creìa que con su prosa no era suficiente y debìa añadir el factor spresa. NO. Con tu prosa y tu manera de escribir era màs que suficiente.

Y pese a todo lo dicho: eres mi relato favorito con diferencia. Brillante. Me levanto y aplaudo!
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#5
Buenas autor!

Respecto a la gramática poco que aportar. La prosa esta bastante conseguida también. No he visto ningún error que me sacase demasiado de la lectura excepto este, donde falta un guión para separar la conversación de la narración.

Cita:—Oh —se rió ella haciendo un mohín delicioso—. Eso es porque no lo estoy en absoluto. Al sonreírse, noté, se le formaba un hoyuelo delicioso en la barbilla. ¿Quién sería capaz de resistirse a una mujer así?

Ahora la historia:

Pues bastante bien hilada, pero quizás hubiese sido mejor en 3era persona. Como opina Azaharys, al escribir en primera persona no puedes relatar la visión de la dama de esa manera ya que, aunque es la clave para que el final sorprenda, no sé puede engañar al lector así, porque sería como engañarse a sí mismo.
También, al ver como se ha desarrollado la historia, encuentro que la aclaración de la introducción "de que seguía enamorado" es prematura, ya que en teoría él no parecía saber que su antiguo amor estaba en la ciudad (o al menos se relata como si se la encontrase inesperadamente).
Por último, la parte de steampunk esta muy metido con calzador. Me refiero, ¿el autómata era necesario? Incluso muere por los disparos...en fin, que no hay diferencia si hubieses puesto a un hombre normal. Incluso lo podía haber matado ella misma y el final hubiese sido el mismo. Y el asesinato del compañero... es sorprendente sí, pero bastante innecesario. No le veo el motivo, la verdad. Si fue el autómata quien lo mató, no pueden acusarle porque es simplemente una maquina y la mujer hubiese salido libre, ya que no había pruebas.

Suerte en el reto!
May the force be with you!
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#6
Buenas compañer@
Pues que más puedo decir que no te hayan dicho ya. El relato es muy bueno, con unos diálogos y una sátira muy conseguidos. La caracterización de varios personajes ha estado magistral, en mi opinión, el protagonista y el mayordomo, los dos con ese toque ácido que a mí me gusta. La trama ha estado muy bien hilvanada hasta el final, que creo que podías haber añadido algún efecto que indujera al lector que el protagonista recuperaba la memoria por la razón que fuera (Ya por que la tía lo ha drogado, hipnotizado o manipulado de la manera que fuera) así hubieses logrado mejor el efecto deseado. En cualquier caso repito, me ha parecido un relato estupendo, muy conseguidos tanto con los diálogos, como la lectura. Felicitarte me queda nada más.
Un saludo y suerte.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#7
Pues yo casi que firmaría el comentario de Gaoth. La verdad es que me estaba resultando muy grato el relato, pero ese final ha acabado con el idilio que estaba teniendo con él. Me resultó extraño que le dedicaras más tiempo a los personajes que a la historia en sí. Gastaste tus palabras en diálogos para que tomáramos empatía hacia los personajes y doy buena fe que lo conseguiste (para mí fue sublime sobre todo el mayordomo) pero creo que para un relato corto quien debería llevarse todo el foco de atención debería ser la historia. Aun así, aplaudo tu trabajo pues me parece que has realizado un excelente ejercicio. Un saludo!
Responder
#8
Antes de nada, mencionar que de pronto has cambiado el nombre de Haldwell a Caldwell y después has vuelto a Haldwell.

Después, a ver… el relato me ha dejado sentimientos contradictorios.
Empecemos con lo bueno: Una historia muy bien narrada, que nos presenta un mundo interesante y en el que el autómata representa principalmente el steampunk. Me han gustado los diálogos, en especial al principio, durante la partida de ajedrez.
Ahora lo no tan bueno: El final me ha resultado demasiado rápido. Toda la historia avanzaba lentamente, describiendo todo con detalle. Y de pronto el final se precipita y te quedas perdido sin saber por dónde ha venido. ¿Por qué mata al pobre Flinn, que me caía bien? ¿Y luego se vuelve contra la mujer? Ah, pero que la conocía de antes… ¿por qué? ¿Qué pasó entre ellos? Da la sensación de que te quedaste sin tiempo y quisiste terminar rápido. Y eso ha jugado mucho en tu contra. Además, coincido con Aza en que al estar narrado en primera persona, pero no mencionar que conoce a la chica cuando la ve, resulta extraño. Aunque cuando dices que se sorprendió al verla sí pensé en que la conocía de antes, pero luego pasas a describirla y parece que la sorpresa viene de ahí.
Cosas extrañas: al empezar a leer la historia he tenido la sensación de haberla leído ya antes. Y, aunque no sabría decir que iba a pasar, esa sensación se ha mantenido hasta el final. ¿Es posible?
En cuanto a cuestiones técnicas, aparte de lo mencionado respecto al apellido, he notado varios errores. Un doble guion en un diálogo, varios acentos y alguna que otra palabras mal escrita.
Conclusión: un relato bien escrito en cuanto a narración y que empezó muy bien, pero que pierde con ese final tan apresurado.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
Responder
#9
Un excelente relato, del principio al fin, que solo por un pequeño detalle no es perfecto. Veamos cada uno de los aspectos que hacen al cuento.
Una ambientación steampunk sólida, construida a través de pequeños matices que nos muestran no solo la tecnología sino también el modelo finisecular tan afín con estos relatos. Una historia sencilla pero a la vez llamativa, que por un momento me llevaron a Robots e Imperio de Azimov. Un personaje interesante, cínico y traidor, que no es capaz de salir de su mundo propio de reclamos y reproches. Diálogos profundos, con un toque de humor. Es decir, lo tenía todo para ser un diez, pero… me da la impresión que lo recortaste o apuraste, ya que el final es confuso y uno se termina preguntando una y mil veces ¿por qué? Si es como yo creo, que te saliste del límite de palabras y tuviste que truncar, en fìn, que se le va a hacer. Pero si simplemente te apuraste para terminarlo, te sugiero que, al terminar el concurso, tomes el final y lo repases. Por lo demás, un excelente trabajo.
Responder


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