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[Fantasía Épica] Una historia de enanos
#1
Buenas a tod@s!

A continuación os dejo mi primer relato! Big Grin Espero que lo disfrutéis todo lo que se deje, y por favor, comentad y criticad todo lo que queráis, sobretodo las partes negativas! Que así es como se aprende.

Para los ex-Fantasía Épica, aviso que ya lo colgué allí en su día, y que apenas he cambiado unas pocas palabras y el título...

Y finalmente, también aviso que es un relato breve, aunque lo colgaré en 3 partes, y es autoconclusivo. Hay gente que me animó a extenderlo a una novela más o menos ambiciosa, porque argumento, hay, pero de momento lo tengo en la recámara porque he empezado otro par de cosas que en breve también compartiré.

Nada más, gracias de antemano por entrar, leer, comentar. Espero que os guste!

Un saludo! Wink
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#2
UNA HISTORIA DE ENANOS

PARTE I
Los ojos de los siete enanos estaban fijos en el mismo punto. Una delgada columna de humo blanquecino se elevaba perezosa desde la parte baja del valle, destacándose claramente contra el brillante cielo de la mañana.
—No me gusta —dijo uno de ellos, de pie con los brazos cruzados y semblante serio—. Ayer no había nada cuando pasamos por allí. Lo habríamos visto.
—No me digas —resopló otro, sentado sobre una roca un poco más atrás. Descansaba ambas manos sobre el mango de un hacha de batalla tan enorme como él mismo, que apoyaba contra el suelo, a modo de bastón. A su lado había un escudo redondo de los que tanto gustaban a los enanos.
—¿Algún problema? —replicó el primero, volviéndose a medias—. ¿Quieres que te diga otra cosa?
—Gollin, Draid, ya basta. No es momento para peleas —dijo un tercero. Ambos cruzaron una última mirada y luego agacharon la cabeza, dando por zanjada la disputa—. ¿Qué opinas tú, Fionnor? —La pregunta iba dirigida a un enano de pelo blanco y barba igualmente blanca que estaba de pie a su lado. Era con diferencia el más viejo de todos.
Fionnor tardó unos instantes en responder.
—No lo sé. Podría no tener ninguna relación con nosotros —comenzó, sin apartar la vista del horizonte. Todos guardaban silencio, atentos a sus palabras—. O quizá sí. Si me estás pidiendo consejo, yo no me arriesgaría. —Volvió su mirada hacia el enano que le había preguntado—. Pero la decisión es tuya, Brunden. Tú eres el jefe.
Brunden miró a sus compañeros. El gigantón, Gollin, seguía sentado, pero su hacha descansaba ahora sobre sus rodillas. El susceptible de Draid oteaba de nuevo el horizonte con cara de pocos amigos, lo mismo que Leid, el cronista del grupo, tan joven que aún no podía dejarse crecer la barba. Los hermanos, Hagrin y Sonn, los mejores cazadores de todo el país a decir de muchos, le miraban expectantes, al igual que Fionnor.
—¡Mirad! —gritó de pronto Leid. Todos se volvieron hacia la dirección que indicaba el brazo extendido del joven. Una segunda columna de humo acababa de aparecer en la parte alta del valle, justo en el extremo contrario al de la primera. Gollin escupió.
—Apuesto mi parte del botín a que sí tiene relación con nosotros —dijo.
Fionnor le miró de soslayo, pero no dijo nada. Ni siquiera Draid hizo comentario alguno. Un pesado silencio se adueñó del grupo. Ya no había duda posible, todos sabían el significado de esas columnas de humo. En algún lugar graznó un cuervo.
—Está bien, escuchadme. —Brunden avanzó unos pasos y se situó en el centro de todos ellos—. Parece que vamos a tener problemas, pero todos sabíamos los riesgos que conlleva un viaje como éste. ¿Es que vamos a salir corriendo como chiquillas elfas al primer contratiempo? Según el mapa, ya estamos muy cerca de la Puerta de Aedlin. Pensad en todo lo que podemos encontrar allí. ¿Queréis abandonar justo ahora? —giró sobre sí mismo, mirándolos uno a uno—. ¿Queréis regresar y arrepentiros el resto de vuestra vida? —se irguió en toda su estatura—. ¡Por el Gran Gusano, yo voy a continuar! ¿Quién de vosotros está conmigo?
Gollin golpeó su enorme hacha contra el escudo.
—Si va a haber una fiesta, no me la quiero perder —bramó—. ¡Yo estoy con Brunden!
—¡Y yo! —gritaron Draid y Leid a la vez.
—Nosotros también —dijo Hagrin, el mayor de los hermanos.
Brunden miró a Fionnor, que no había dicho nada aún. Éste le sostuvo la mirada por unos instantes. Finalmente, asintió levemente con la cabeza.
—Muy bien —dijo Brunden con una sonrisa—. Levantad el campamento. Seguimos.

***

—Este lugar es casi demasiado perfecto —dijo Hagrin—. Hay un pequeño arroyo detrás de esa línea de pinos, y estos peñascos nos protegerán del viento.
—De todas formas, no tenemos mucho tiempo antes de que se ponga el sol —murmuró Brunden tras echar una ojeada al pequeño claro que había descubierto Hagrin—. Pasaremos aquí la noche, chicos —gritó volviéndose hacia los demás.
Ese día habían recorrido más distancia de lo habitual y apenas habían parado a descansar a mediodía, así que todos dejaron caer las mochilas con alivio. Fionnor dijo algo en voz baja, y Gollin, que estaba a su lado, soltó una carcajada.
—Hagrin, ve a ver si se puede pescar algo en ese arroyo —el enano corrió a cumplir la orden—. Los demás, hay que buscar leña y encender un fuego.
Draid se acercó hasta donde estaba su jefe.
—¿Qué te parece si preparo unos regalitos por si tenemos visita esta noche? Creo que todos dormiríamos más tranquilos.
—Buena idea —asintió Brunden—. ¿Por qué no dejas que te acompañe Leid?
—Preferiría ir solo —contestó, frunciendo el ceño.
—¡Leid! –llamó Brunden. El enano levantó la cabeza con rapidez—. ¿No querías aprender algo más sobre runas? —Draid resopló, pero no dijo nada. Brunden lo miraba, divertido—. Acompaña a Draid, nosotros prepararemos el fuego.
El cronista dejó inmediatamente lo que estaba haciendo y corrió a unirse a Draid, que ya se alejaba hacia los árboles a grandes zancadas, rezongando por lo bajo.
—Venga chico, no te quedes atrás —le dijo cuando llegó a su altura—. Cuidado no tropieces con algo, ¿eh? No querría tener que hacer de enfermera también.
Abandonaron juntos el claro y se adentraron unos metros en el bosque.
—¿Qué tipo de runas vamos a hacer, ann Draid? —Draid pareció ignorar la pregunta. Leid estaba dudando si repetirla o dejarlo correr cuando el enano más mayor se detuvo junto al tronco de un enorme pino. Leid hizo otro tanto.
—Runas de proximidad—le contestó mientras rebuscaba en una pequeña bolsa—. Si alguien se acerca a menos de diez pasos, recibirá una descarga de energía que dejaría tieso a un jabalí. Por desgracia, sólo funcionan una vez.
Por fin encontró lo que estaba buscando. Era un pequeño cuchillo, con mango de hueso.
—¿Ves algo especial? —preguntó, mostrándoselo a Leid. Éste lo miró con atención. Se veía viejo pero afilado. Había unas iniciales grabadas en el mango, pero aparte de eso no tenía nada de raro.
—Pues… no, no sé. Creo que no —titubeó, un poco nervioso.
—¡Ja! —soltó el otro—. Eso es porque es un cuchillo normal y corriente —dijo con una media sonrisa que no pudo ocultar—. Por eso las runas que vamos a hacer no durarán ni un día. Si tuviera un cuchillo en condiciones, con la hoja grabada y todo eso, podríamos hacer runas mucho mejores, pero esto es lo que hay —se encogió de hombros—. De todas formas, tampoco necesitamos que duren más allá de esta noche —añadió, mientras le tendía el cuchillo a Leid y se arrodillaba al pie del árbol. El cronista se arrodilló junto a él.
—Para que una runa funcione —el enano comenzó a limpiar la corteza de una parte del tronco— debes estar concentrado en todo momento. La runa debe estar bien escrita, claro —cogió el cuchillo que sostenía Leid—, pero no sólo eso: tienes que tener claro qué quieres que haga esa runa, y transmitirlo mientras estás escribiendo. Si te distraes, la runa no funcionará, o peor aún, hará algo totalmente imprevisible.
Calló y comenzó a tallar sobre la madera del pino. Manejaba el cuchillo con seguridad y precisión. Al poco, la tensión hizo que el sudor comenzara a resbalarle por la frente. Leid permanecía en silencio a su lado, fascinado. Todo a su alrededor se desvaneció: ruidos, olores… sólo existía aquel cuchillo tallando firme la madera, sin descanso, transmitiendo la energía de su dueño a los misteriosos trazos de las runas. Al cabo de un tiempo que a Leid le pareció una eternidad, Draid se relajó y se incorporó despacio.
—Bueno, ya está —murmuró—. ¿Tienes el colgante?
—¿Cómo?
—Que si llevas puesto el colgante, chico —repitió Draid con irritación—. La runa está a punto de activarse, si no tienes el amuleto la energía que desprendes la disparará y acabarás frito. Probablemente no te mataría, pero aun así no creo que quieras probarlo.
Leid vio como la runa comenzaba a brillar tenuemente con una luz verdeazulada. Se palpó rápidamente el cuello por encima de la camisa, y notó el pequeño colgante de hueso que les había dado Brunden a todos al principio del viaje. Asintió con fuerza.
—Bien, ahora escucha. No todas las runas sirven para lo mismo —le explicó Draid, mientras daba golpecitos con el cuchillo en el tronco—. Tienes que saber elegir cuál es la mejor para el uso que quieras darle, y luego tienes que saber combinarlas. Una runa aislada no tiene mucho poder, pero si las encadenas de forma apropiada puedes conseguir efectos increíbles. ¿Lo has entendido, chico? —Leid asintió de nuevo—. Bueno, vamos a por la segunda.
Leid miró hacia atrás mientras se alejaban y vio como el brillo de la runa se apagaba con rapidez. Ahora cualquiera que no tuviera protección se llevaría un mal recuerdo de esa noche.
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#3
Buenas Aljamar. Veamos que nos traes, una historia de enanos, no es algo novedoso pero no por eso deja de ser uno de mis personajes queridos de fantasia, junto con los ogros. Es difícil opinarcon tan poco, pero destacaría dos cosas; una el principo creó que lo saltas muy rápido, saltas al siguiente esquetx, y uno quiere leer, conocer y entrar, percibir, sentir esos personajes que expones, dales algomás de diálogos y alguna descripcion mas detallada( sin pasarse). Lo segundo( lo bueno) esque la parte de la runa esta muy lograda, me gustó la originalidad y sencillez de la ejecución muy acorde a los enanos, simples y sin adornaciones teatrales. Veamos como sigue para podr opinar mejor.Un saludo y nos leemos, y si te animas tengo algo escrito aquí también, Los Reinos Perdidos.
Los Reinos Perdidos, mi libro, en fase de terminación; un sueño de un soñador Wink
https://joom.ag/Rx3W
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#4
Hola Rohman,

Primero gracias por entrar y más aún por comentar!

La verdad es que sí, todo está muy rápido. Supongo que es porque cuando empecé esto me planteé una cosa breve y sencillita. Ha sido mi primer relato y no quería meterme en mucho lío. Por eso es posible que se quede algo cojo, en el trasfondo...

Me gusta que te gusten las runas! La verdad es que en un principio surgió la historia como excusa para sacar lo de las runas... porque luego aparecen otra vez (spoiler! jeje) Quería escribir algo con runas y me salió esto.

En un par de días subo la segunda parte!

Me pasaré por tu historia, el nombre no puede ser más épico!
Saludos!
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#5
Aquí estaré para ver cómo evoluciona este hombres pequeños y tozudos.
Los Reinos Perdidos, mi libro, en fase de terminación; un sueño de un soñador Wink
https://joom.ag/Rx3W
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#6
Vaya no está nada mal. La narración es buena. me gusta. Espero ver como sigue.

Saludos.
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#7
Gracias Keisy!

Creo que "me gusta" es lo mejor que pueden decir de un relato tuyo! Smile Smile
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#8
Hola de nuevo! Aquí os dejo la segunda parte. Quería haberla subido antes, pero bueno.
Como siempre, gracias por pasaros y por comentar!

PARTE II

El sol ya se había ocultado tras las montañas cuando terminaron. En total habían preparado seis runas en diferentes puntos del perímetro del campamento, y Draid había dejado que Leid intentara una séptima, que por supuesto no había funcionado. Volvían hacia el campamento cuando vieron que Sonn también había llegado después de haber estado vigilando posibles movimientos sospechosos.
—… como había poca luz no estoy completamente seguro, pero debía ser un rastreador —estaba diciendo cuando llegaron junto a él. Brunden, Fionnor y su hermano Hagrin le escuchaban, atentos. Parecían preocupados.
—¿Malas noticias? —preguntó Draid, acercándose al grupo.
—Sonn cree haber visto uno de esos cabrones un poco más abajo, en aquel barranco que hemos cruzado antes —le contestó Brunden.
—He esperado un buen rato por si aparecía de nuevo, por eso me he retrasado tanto, pero ya no he visto nada más —añadió el cazador.
—Deberíamos doblar la guardia —sugirió Fionnor con semblante grave.
—Estoy de acuerdo —coincidió Brunden —. Draid, ¿habéis preparado las runas?
—Sí, todo está listo —afirmó el enano—. No nos pillarán desprevenidos.
—Bien, no podemos hacer mucho más —Brunden palmeó la espalda de Hagrin, dando por terminada la conversación—. Vamos a cenar. Parece que ha habido suerte, ¿no?
—¡Ya lo creo! —Hagrin sonrió—. Ese riachuelo es mejor que una mina de oro, ¡tenemos un pescado para cada uno!

Comieron sentados alrededor del fuego, que Gollin había apantallado para evitar que el resplandor se viese desde lejos. Los pescados de Hagrin chisporroteaban alegremente en los espetones. También había algo de queso y pan duro. A pesar de las circunstancias, reinaba un ambiente bastante relajado. Brunden y Fionnor estudiaban el mapa por enésima vez, mientras Gollin les detallaba a los dos hermanos las virtudes de todas y cada una de las chicas de una posada llamada El pato mareado. Leid se levantó y se dirigió hasta donde se encontraba Draid montando guardia. A ellos les había tocado el primer turno.
—¿Nervioso? —le preguntó Draid cuando se detuvo junto a él.
—Un poco. Aparte de alguna pelea en tabernas y cosas así, nunca he estado en una situación como esta.
—Lo peor es la espera —escupió—. Si tienen que venir, que vengan ya. La espera me mata. Pero no te preocupes —añadió—, ya verás como todo sale bien.
Se hizo un silencio algo incómodo. Draid no tenía una gran conversación, y a Leid no se le ocurría nada que decir. Al rato, Brunden apagó el fuego y todos se prepararon para dormir. El claro quedó sumido en el silencio, excepto por los ronquidos de Gollin.
Era una noche preciosa. La luna estaba creciente, pero apenas daba luz, y las estrellas brillaban a miles. El sonido de los grillos inundaba el bosque, y a lo lejos el suave murmullo del arroyo que tan amablemente les había proporcionado la cena invitaba al sueño.
—Ann Draid, ¿cuánto se tarda en llegar a ser un maestro de runas? —preguntó Leid en voz baja.
—Vaya, vaya. ¿Te gustaría ser un maestro de runas, chico? —Draid esbozó una media sonrisa—. ¿Cuántos años tienes?
—Me faltan dos para cumplir treinta —contestó, y se sonrojó ligeramente.
—Menudo pipiolo —sonrió—. Cuando yo me convertí en novicio del templo, tú aún no habías nacido —cerró los ojos, recordando—. Aquellos sí que eran buenos tiempos, no como ahora. Tardé más de veinticinco años en conseguir el título de maestro, ¿sabes? —Suspiró—. Si quieres un consejo, tómatelo con calma, chico.

***

Leid abrió los ojos y se incorporó a medias. Su guardia había terminado sin novedad y se había quedado dormido al instante, pero ahora se había despertado por alguna razón que no conseguía identificar. Miró a su alrededor con aire desconcertado. Algo no iba bien. Hacía frío y aún estaba bastante oscuro, pero el cielo ya comenzaba a clarear por el este. Una bruma baja se había ido extendiendo desde el arroyo, deslizándose entre los árboles, y confundía las sombras con la realidad. Sonn estaba de pie a unos pasos de distancia, con los ojos fijos en la niebla y con el arco preparado.
Entonces cayó en la cuenta. Todo estaba muy tranquilo, demasiado tranquilo; parecía que el bosque entero estuviera conteniendo la respiración. Miró a Sonn y éste le devolvió la mirada. Por la expresión de su rostro, él también lo había notado.
De pronto una explosión rompió la quietud de la noche, seguida de un aullido agónico. Un olor a carne quemada llegó hasta Leid procedente del bosque.
—¡Son las runas! —gritó—. ¡Despertaos! ¡Nos atacan! ¡Despertaos!
Apenas había dado la voz de alarma cuando comenzaron a surgir bestias de la niebla a toda velocidad, chillando como demonios salidos de una pesadilla. Leid dejó de contar al llegar a la docena. En alguna parte otra runa se activó y una nueva descarga retumbó en el claro.
Una de las bestias apareció justo delante del cronista; empuñaba un hacha en la mano derecha y un cuchillo largo en la izquierda. La criatura le miró y cargó directamente contra él con un grito salvaje. Leid notó como se le secaba la boca. La bestia era rápida y la distancia entre ambos se reducía con rapidez. El enano sabía que tenía que defenderse, pero estaba paralizado de terror, incapaz de moverse. Vio como la criatura armaba el brazo e instintivamente cerró los ojos.
Se oyó un silbido seguido de un ruido extraño, como un gorgoteo. Leid abrió los ojos de nuevo y vio al engendro desplomándose lentamente hacia atrás, con una expresión de sorpresa en el rostro; una flecha le atravesaba el cuello de parte a parte. Siguió la trayectoria del proyectil a la inversa y se encontró con Sonn, que le sonreía mientras colocaba otra flecha en el arco.
De pronto el cazador se tambaleó y su rostro se contrajo en una mueca de dolor. Cayó de rodillas mientras le salía sangre por la boca. Lanzó una última mirada a Leid y se inclinó hacia delante hasta quedar tumbado sobre la hierba húmeda. Una saeta negra le sobresalía de la espalda.
En ese momento Hagrin apareció de entre la niebla, con su hacha roja de sangre, y vio a su hermano tendido en el suelo. Miró alrededor y localizó a la bestia que le había disparado; se encontraba a unos pasos de distancia, tensando con dificultad una ballesta. Con un aullido de rabia se lanzó contra ella. La criatura levantó la cabeza y vio como el enano se acercaba a toda velocidad, blandiendo su hacha. Comenzó a manipular el mecanismo más rápidamente, desesperada.
Ambos se dieron cuenta de que no lo conseguiría a tiempo.
El enano golpeó con furia la cabeza de la bestia, que cayó al suelo con la mandíbula destrozada. Saltó sobre ella y comenzó a descargar su hacha una y otra vez sobre la cara del engendro, enloquecido. Estaba tan fuera de sí que no advirtió que otra criatura había aparecido por detrás y se le acercaba por la espalda. Sin mediar palabra, la bestia le clavó una pica con tanta fuerza que le atravesó las protecciones de cuero y le salió por el pecho. Lentamente, el hacha resbaló de la mano de Hagrin. Con un tirón seco, la criatura liberó su arma.

Leid contuvo una náusea. El corazón le latía desbocado en el pecho y la cabeza le daba vueltas. El aire estaba impregnado con el olor de la sangre y los gemidos de los moribundos. Inspiró hondo varias veces para intentar tranquilizarse y trató de evaluar la situación. A su derecha, Brunden, Draid y Gollin resistían por el momento; sin embargo, al otro lado Fionnor se había quedado aislado y se enfrentaba a tres engendros al mismo tiempo. El viejo enano repelía las acometidas de ambas criaturas con destreza, pero se veía obligado a recular constantemente; no podría continuar así mucho más tiempo. Leid desenvainó por fin su espada y corrió a ayudarle.
Irrumpió con un grito en medio de la refriega y rajó a una criatura en el vientre antes de que tuviera tiempo de reaccionar. Las dos restantes retrocedieron unos pasos, desconcertadas; la aparición del cronista les había cogido por sorpresa.
—¿No sabes que esto es una fiesta privada? —jadeó Fionnor, aprovechando el momento de respiro para intentar coger algo de aire. Le lanzó una breve mirada pero enseguida volvió a centrar su atención en las bestias. Leid sonrió, mirando también hacia sus enemigos.
—Estaba aburrido y pensé que no te importaría —repuso. Ahora fue el viejo enano el que sonrió.
—Bueno, tienes suerte de que no sea avaricioso.
Leid le observó. Respiraba con dificultad y tenía el brazo izquierdo empapado de sangre; parecía que no podía moverlo. En ese momento las bestias reanudaron el ataque y tuvo que desviar la atención de su compañero. Una de las criaturas le atacó con un garrote, Leid paró varias acometidas con su espada, y entonces contraatacó con fuerza. La bestia detuvo el golpe pero perdió el equilibrio. El enano no desperdició la oportunidad y le hundió la espada profundamente entre las costillas. El engendro había muerto incluso antes de tocar el suelo.
Se dio la vuelta rápidamente para ayudar a Fionnor y vio al enano en el suelo. La otra criatura yacía inmóvil a su lado. Leid no le prestó atención y se arrodilló junto a su compañero. Un torrente de sangre le brotaba del costado. El cronista apretó con sus manos la herida en un intento por detener la hemorragia, pero era inútil. Fionnor le miró y movió los labios para decir algo, pero no logró articular ningún sonido. Un instante después, había muerto.
Leid se levantó. Ya no estaba asustado; la sangre le hervía por dentro y notó un calor que le quemaba en el pecho. Corrió hacia donde había visto por última vez a Draid y los demás, dispuesto a acabar con todas las bestias que se le cruzaran en su camino.

Se paró en seco al llegar junto al arroyo. Todo estaba extrañamente en calma. Parecía que la mayor parte del ataque se había producido por este lado, porque a través de la bruma se veían cadáveres por todas partes. Distinguió una forma que sólo podía tratarse de Gollin en medio de un montón de cuerpos, destrozados por su gigantesca hacha. Unos cuantos pasos más allá localizó a Draid y Brunden, uno junto al otro.
Todos estaban muertos.
El pánico se volvió a apoderar de él. Se encontraba solo en mitad de ninguna parte y rodeado de enemigos. Se sentó de golpe; las rodillas le temblaban. En ese momento sonó un cuerno en la distancia. Otro le respondió casi de inmediato, muy cerca de donde se encontraba.
Leid se levantó de un salto. Las bestias no tardarían en volver, y seguramente sabían cuántos eran; en seguida descubrirían que uno de los enanos seguía con vida. No podía quedarse allí. Buscó su mochila y tras un último saludo a sus compañeros caídos, cruzó el riachuelo y se alejó con rapidez de aquel maldito claro.
Responder
#9
Buenas compañero Ajamar, entre los muchos periplos en los que ando metido entre el dragón lector, wattpad, y mi propio proyecto personal, no he tenido tiempo para leer nada de las historias del los compañeros durante estas dos ultimas semanas. Así que aquí estamos XD Creo recordar haber leído este extracto en el foro anterior, si no me equivoco. En todo caso me dio la sensación de que en este caso esta mucho más pulido que la vez anterior que lo leí. (O quizás solo son percepciones mías) No me hagas mucho caso en ese aspecto. Como te comentan tienes una narrativa muy amena, y he comprobado que usas el vocabulario con mucho atino. La historia como te comenté la vez anterior, me pareció muy original por el tipo de utilización de las runas. Creo que te lo comenté también ( Me recuerda a una novela de Peter.V. Brett que se llama El Hombre Marcado) Muy recomendable si no la has leído, ya de paso. Como digo una buena narrativa, fluida y amena que se hace muy fácil de leer. Las conversaciones también me parecieron acertadas. Buen comienzo, a ver como prosigue.

Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
Responder
#10
Buenas Aljamar, lo prometido es deuda. Veamos esta segunda parte: Te narro lo que más me gustoó, los dialogos que son creibles y tienen ese rasgo de enano( simpre ironicos , graciosos aunque esten a punto de morir). La batalla es muy visual, y no es liante. En la parte mala, para mi, me faltaria algo más de descipciones, de los personajes para uno poderlos imaginar algo mejor. De momento la historia pinta bien. Veamos que le pasa a ese enano, solo ante las tinieblas.
Los Reinos Perdidos, mi libro, en fase de terminación; un sueño de un soñador Wink
https://joom.ag/Rx3W
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