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Cómo lo hacen-Entrevistas con Elia Barceló, César Mallorquí, Andrzej Sapkowski y mas.
#1
Entrevistas extraídas del libro: "Como escribir Ciencia Ficción y Fantasía" de Orson Scott Card.

Cómo lo hace
Elia Barceló

Elia Barceló dio los primeros pasos en su carrera literaria en los fanzines de los años ochenta, con relatos luego presentes en su antología Sagrada (Ediciones B). Por ello, y por el impacto de su novela El mundo de Yarek (Lengua de Trapo), que ganó el premio UPC y es citada como la mejor novela española de cf de la historia, se recurre a ella con frecuencia como voz experta en el género. Sin embargo, la mayor parte de su producción apuesta por un fantástico más heterodoxo, que le ha dado prestigio en mercados internacionales como el alemán. Aunque mantiene su actividad como profesora en la Universidad de Innsbruck (Austria), en los últimos años dedica casi toda su atención a la creación literaria.
¿Por qué escogiste escribir cf al principio de tu carrera?
Siempre he supuesto que me decidí por la cf porque era mi género favorito como lectora, el que más y mejores alternativas me ofrecía a mi realidad cotidiana. Cuando una lee mucho de un género empieza a encontrar modelos, ideas recurrentes, combinaciones originales —y más en la cf que es, ya de por sí, un género atrevido en cuando a ideas— de modo que casi sin darse cuenta empieza a plantearse: ¿cómo lo haría yo? ¿Cómo terminaría esta historia si el final lo hubiera escrito yo? ¿Qué pasaría si en lugar de las combinaciones y peripecias de esta novela, yo cambiara algo en el primer tercio? Así, poco a poco empiezan a aparecer conflictos, personajes, situaciones, emociones que quieres narrar. Yo nunca me planteé escribir relatos o novelas que se centraran en un desarrollo tecnológico o en un descubrimiento científico. A mí lo que me ha interesado desde siempre por encima de todo son los personajes enfrentados a situaciones difíciles y extrañas; y la cf me ofrecía un inmenso campo para explorar esa temática. Además, tuve la suerte de que fue precisamente en mi adolescencia cuando llegaron a España las novelas de la soft SF, muchas de ellas escritas por mujeres: Ursula K. Le Guin, James Tiptree, Jr, Joanna Russ... A través de ellas descubrí que eso era lo que yo quería escribir.
¿Has ido alguna vez a talleres literarios, leiste algún libro para aprender a escribir o tuviste alguna formación de ese estilo?
Tuve la formación que han tenido todos los escritores que me precedieron: me enseñaron los mejores maestros, muchos ya muertos, a través de sus obras, y también bastantes escritores mediocres que me mostraron que narrar no es sólo tener una idea original o sorprendente y contarla de cualquier manera. Yo he pasado mucho tiempo releyendo y analizando fragmentos de textos que me han impresionado para saber cómo lo ha hecho el autor, cómo ha conseguido que yo llore, o me falte el aliento, o me asuste o me ría a carcajadas. Así es como he aprendido; así y a base de escribir, y escribir, y escribir. Igual que sólo se puede aprender a nadar mojándose.
Mucho después, cuando ya había publicado varios libros, empezaron a aparecer manuales de «cómo escribir» y leí unos cuantos porque siempre se puede aprender algo más. El de Stephen King, Mientras escribo, por ejemplo, aunque no me descubrió nada, me pareció muy sensato y muy útil.
También enseño escritura en la universidad y he llevado varios talleres literarios, con lo que me he dado cuenta de que cuando tienes que enseñar algo que sabes hacer, no tienes más remedio que reflexionar sobre ello y estructurarlo para poder pasárselo a los demás. Con eso se aprende muchísimo.
Tras los años que has pasado trabajando en este género, ¿en qué te parece que marca la trayectoria de un escritor? Estrictamente en el terreno profesional, ¿tiene más ventajas o desventajas que otros?
Trabajar o haber trabajado dentro del campo de la ciencia-ficción ayuda a dominar algunas técnicas que de otro modo resultarían más difíciles. Por ejemplo, el escritor de cf está acostumbrado a crear el espacio, el mundo en el que se desarrolla la acción y por tanto sabe cuándo es bastante, cuándo ha conseguido crear una «realidad suficiente» para el lector sin que interfiera con la historia que está contando sino, al contrario, que sirva para arroparla y hacerla más creíble. Tiene la gran ventaja de que es un género muy amplio en el que cabe casi cualquier cosa, aparte de que se trata del único género, en mi opinión, que añade temas realmente nuevos a los de toda la vida. También tiene la ventaja de que hay mucho contacto con los lectores y con los demás escritores que trabajan en el género.
Por el contrario, tiene la desventaja del encasillamiento —tanto en las editoriales como en la prensa— y de que uno tiene que pasarse la vida defendiendo el género en el que trabaja para ver si consigue hacer que la gente lo respete (tanto al género como a uno mismo en tanto que escritor). Yo, por ejemplo, he publicado veinte novelas de las cuales sólo tres y un libro de relatos son de cienciaficción; a pesar de ello, parece casi imposible que cuando alguien me hace una presentación en público no diga lo de «es escritora de cf», incluso cuando la novela de la que se trata no tenga absolutamente nada que ver con el género.
Otra desventaja es que se sigue tratando a la cf como género poco serio, trivial. Un encuentro de cf es —para la prensa, la crítica, los libreros y los editores— una quedada de frikis (en general; siempre hay excepciones, claro); un encuentro de novela negra, sin embargo, se considera que ya tiene otro nivel, igual que un encuentro de cómic. Me pregunto con frecuencia por qué la cf no ha conseguido mejorar su imagen pública y acabo dándome la desagradable respuesta de que podría ser porque no da dinero, salvo excepciones muy puntuales. Todo el mundo trata muy bien a cualquier escritor o género o movimiento que genere mucho dinero, independientemente de su temática o de su calidad artística.
¿En qué crees que difiere el trabajo diario de un escritor de ciencia-ficción y fantasía del de cualquier otro género? En tu caso, al tocar distintos palos, ¿en qué cambia tu labor dentro del género fantástico y en otros? Me refiero a cosas como la documentación y la planificación.
En mi caso no hay ninguna diferencia. Si escribo una novela que tiene lugar en Buenos Aires en 1919 me preocupo de buscar planos y a ser posible fotos de la época, de citar sólo canciones que ya hubieran sido escritas entonces y de averiguar cómo iban vestidas las personas. Cuando hago algo que se desarrolla en el futuro o en un mundo alternativo, tengo que inventarlo, claro, pero, una vez inventado, es la documentación a la que siempre vuelvo mientras escribo para que no haya fallos. Por lo demás, no hay diferencia entre los personajes de una novela de cf y los de una realista: cada uno de ellos es un mundo en sí mismo, como en la realidad.
En cuanto a la planificación, en mi forma de trabajar, nada de eso existe fuera de mi cerebro: no hago esquemas de capítulos, no hago listas de escenas y de diálogos, no hago «creación de personaje» con fichas, como otros colegas que conozco. Yo tengo que saber dónde empieza una historia, quién la narra y adonde quiero llegar. Confío enormemente en mi narrador y en mis personajes. Ellos saben quiénes son, cuál es su problema, y me lo van mostrando. Yo soy una especie de coordinador que va dándoles la palabra a unos y a otros, y en ocasiones sabe cosas que ellos ignoran. Todo lo demás se va arreglando en el proceso de la escritura; es como un viaje por mar de los antiguos, una gran aventura: brújula, sextante, por la noche estrellas, siempre monstruos, o al menos la posibilidad de que aparezcan.
¿Crees que un escritor de cf o fantasía debe tener algunas cualidades específicas?
Sí. Creo que debe tener una forma especial de ver el mundo, de categorizar la realidad, de combinar los elementos que recoge. Es algo con lo que se nace, aunque por supuesto ese talento, o cualidad o como se le quiera llamar, se va desarrollando con los años. Un escritor orientado a lo fantástico siempre verá posibilidades fantásticas en cualquier situación en la que se encuentre, en cualquier historia que se le ocurra. Yo diría que somos gente con un concepto mucho más amplio y generoso de lo que es real. Para la mayor parte de las personas la realidad está compuesta de lo que se vive durante la vigilia, lo cotidiano y habitual, lo que se pesa y se mide, lo que es comprobable y repetible, lo que la ciencia va aceptando como real (aunque ellos mismos no comprendan el funcionamiento de lo que tan alegremente usan), lo que podemos percibir con nuestros cinco sentidos. Eso es todo.
Un escritor fantástico va siempre más allá. Incluye también lo que se sueña, lo que se imagina, lo que se puede pensar, lo que se puede narrar, lo que sería quizá posible en otro mundo, en otro tiempo, bajo otras circunstancias, lo que hubiera podido pasar cambiando este o el otro detalle, sin preocuparse de si se trata de cosas que pueden suceder en la realidad de todos los días. Un escritor tiene que creerse (hasta cierto punto y al menos mientras está escribiendo) lo que escribe. Por eso no todo el mundo puede dedicarse al género fantástico, porque hay mucha gente que no es capaz de aceptar ciertas cosas ni siquiera como ficción. Y cuando alguien lo hace como ejercicio, o por encargo, o porque piensa que puede dar dinero, se le nota muchísimo y suele ser un fracaso.
¿Hay alguna forma en la que te surjan de manera más frecuente los arranques de historias? Cosas que te pasan, personajes, un paisaje, una idea...
En general las ideas me vienen de forma espontánea, cuando dos cosas que no tienen nada que ver se cruzan, se combinan y, de repente, salta una chispa. Casi siempre es primero o bien una imagen que me intriga —una especie de diapositiva, digamos— y que aparece en mi mente como por arte de magia, o bien un diálogo que de repente surge en mi interior, entre dos personajes que no conozco. Luego tengo que investigar para descubrir quiénes son y de qué hablan. Es algo que me pasa todos los días varias veces: se cruzan un par de elementos, pienso a ver adonde llevaría eso, se crea una historia en mi interior; si es una tontería, la olvido; si pienso que puede dar juego, sigo pensando en ella, «hilándola» (que es la metáfora que yo uso para eso de pasar de la idea a la historia) hasta que tengo una trama con sus personajes. Si me enamoro de ella, empiezo a escribirla de inmediato. El problema surge cuando estoy escribiendo otra cosa que tengo que terminar primero. Entonces sufro mucho. También suelen funcionar bien los impulsos exteriores, como por ejemplo, cuando alguien me escribe preguntando si me apetece participar en un libro colectivo con tal y tal tema. De momento me agobia un poco, pero enseguida empiezo a darle vueltas al tema propuesto y empiezan a ocurrírseme un montón de ideas. No todas buenas, claro, pero muchas aprovechables.
¿Trabajas a partir de esquemas detallados de la trama? ¿Cuánto improvisas al escribir?
No hago esquemas jamás. En general yo escribo muy deprisa porque me he enamorado profundamente de una historia y la tengo tan clara en la cabeza que lo único que quiero es estar con ella, contarla, ir viéndola crecer y ramificarse. La tengo toda dentro, casi de la misma forma que uno tiene dentro toda la historia de su vida y de su familia, aunque muchos episodios están latentes y hay que ir despertándolos con suavidad. A veces, escribiendo una historia no tengo la impresión de que la estoy inventando sino de que la estoy recordando o descubriendo. Sin embargo no usaría la palabra «improvisar». Es más encontrar lo que debe ser, lo que hace falta, lo que ya estaba ahí pero aún no lo habías visto. Yo, antes de ponerme a escribir, cuando me enamoro de la materia, sólo soy consciente de una especie de magma, de masa amorfa de la que de vez en cuando se destacan algunos detalles, principios de subtramas, diálogos, escenas... pero con eso no puedo trabajar. Tengo que esperar hasta que sé quién narra, cuánto sabe de la materia que va a narrar, por qué narra o para quién o para qué, y entonces decido dónde empieza la historia y adonde va a ir, a ser posible dónde va a terminar. Esto es lo que yo llamo para mí misma el «hilado». Cuando sé todo esto, ya veo con claridad ciertos momentos de la historia, ciertas escenas que estoy deseando escribir, aunque a veces pueda tardar meses en llegar a ellas (porque yo casi siempre escribo las escenas en el mismo orden en que las va a leer el lector). Esos momentos estelares —estelares para mí, puede ser que el lector no se dé cuenta de que son escenas especiales para su autora— son los que me van llevando hacia adelante, hacia ese final previsto que a veces cambia porque el desarrollo de la novela ya lo ha hecho imposible. Ése es el proceso de «tejer», de combinar los diferentes hilos para crear una trama, un tejido con sus dibujos y sus colores.
¿Utilizas alguna herramienta para ayudarte a insertar al lector en tu mundo imaginario? ¿Creas para ti mapas, glosarios de personajes, diccionarios de términos...?
No, para mí muy rara vez. Eso lo hago después si veo que el lector va a necesitarlo para no perderse. En los tres volúmenes de Anima Mundi, por ejemplo, sí he tenido que tomar algunas notas para mí misma, para no olvidar algunas cosas y después he pensado que al lector le vendría muy bien tener las listas de los personajes de los distintos clanes, los nombres que cada uno ha tenido a lo largo de sus varias vidas, los Arcanos que les corresponden en el Tarot, los lugares donde se desarrolla la acción... pero eso ha sido sobre todo para ayudar al lector a ver más claro y poder comprobar cosas, para no obligarlo a tenerlo todo en la cabeza como hago yo.
¿Qué parte de tu labor cotidiana como escritor te cuesta más y cuál te resulta más divertida?
La más divertida, sin lugar a dudas, es escribir, especialmente cuando llevo ya varias horas en ello y estoy totalmente dentro de la historia, cuando las palabras fluyen como si gotearan de las yemas de los dedos sobre el teclado, cuando ya no sé bien dónde estoy, ni qué hora es, y me olvido de comer y beber. Eso es lo mejor de todo. Lo segundo mejor son los viajes a ferias del libro, festivales, lecturas públicas, conferencias... cuando tienes la posibilidad de conocer a gente que hace lo mismo que tú o a lectores apasionados, cuando se puede hablar de libros, de historias, de problemas técnicos.
Lo que no me divierte, aunque sé que es fundamental, y parte central del trabajo de un escritor, es todo lo que tiene que ver con repasar, corregir, decidir si hay que hacer cambios importantes, etcétera. Por suerte eso lo hago mucho durante el proceso mismo de la creación; es decir, cada vez que me siento al trabajo, corrijo las tres o cuatro sesiones anteriores, por lo que cada escena lleva un mínimo de tres correcciones antes de que la novela esté terminada. Luego viene la corrección global.
Y las opiniones de los lectores de confianza. Y otra corrección. Y las pruebas de imprenta... Hasta que llega un momento en que ya no sabes si lo que has escrito tiene algún interés o algún sentido, en que piensas que deberías dedicarte a otra cosa. Lo peor, para mí, es lo que yo ya no siento como mi trabajo de escritora: escribir o remodelar textos de solapa, hacer resúmenes de la novela para la prensa o para editoriales extranjeras que se interesan por contratarla, hablar bien de la novela, colaborar en la promoción, estar en una mesa esperando a que alguien quiera una firma, contestar una y otra vez las mismas preguntas de periodistas que, por pura falta de tiempo, ni siquiera han leído un par de capítulos del libro. Las entrevistas, cuando son serias y profesionales, sí me gustan, me parece que es una suerte enorme que alguien se interese por mi trabajo y me dé ocasión de hablar de mis libros y mis historias. Esto estaría en el punto dos de mi respuesta, entre las cosas que me gustan, aunque no tanto como escribir ficción.
¿Qué importancia tiene para ti el fandom específico de la cf, o en general el contacto con los lectores?
Mucha. El trabajo de escritor es solitario, y más en mi caso, porque al vivir en Innsbruck no hay nadie alrededor que se dedique a lo mismo que yo. En esas circunstancias, el contacto con los lectores es un regalo. Cuando se da, ves por fin que sí hay gente para la que tus libros significan algo, te dan ánimos, te hacen críticas a veces muy útiles. Yo no soy de los escritores que escriben para sí mismos; yo escribo para compartir mis historias con otras personas y, por tanto, esas personas son importantísimas. Lo que no significa, evidentemente, que vaya a hacer las cosas de otra manera porque algún lector no comparta mis gustos o mis opiniones.
¿Eres ordenada en cuanto a horarios y forma de vida para trabajar un número concreto de horas o te vas adaptando a lo que se pueda según los días?
Soy muy trabajadora y bastante disciplinada porque la experiencia me ha enseñado que es la única forma de producir con regularidad y de no perder el contacto con lo que estoy escribiendo. Suelo sentarme al ordenador entre las ocho y las ocho y media de la mañana; a las doce y media pongo algo de comer y a las tres sigo hasta las siete o las ocho. Casi todos los días o de mañana o después del trabajo dedico de una a dos horas a hacer deporte; el resto del tiempo estoy trabajando o en cosas de la universidad —tengo que dar y preparar un par de clases a la semana— o en mis novelas (y todo el trabajo derivado de ellas, claro). Después de las ocho ya no suelo trabajar; entonces leo o vamos al cine o vemos una película o cenamos con amigos. Pero, eso sí, en el caso de que alguien de mi familia o un buen amigo me necesite de verdad, todo lo demás, incluida la escritura, es secundario. Entonces olvido mi rutina, me llevo el portátil a donde sea y escribo como puedo, a saltos, en cualquier lugar, aunque sea a párrafos sueltos. Toda novela está hecha de párrafos. Luego, claro, hay que retrabajar un poco para que no senoten esos saltos en el flujo de texto.
¿Guardas ideas en un cuaderno? ¿Cómo archivas tu material no usado?
Tengo un pequeño Moleskine que siempre va conmigo donde apunto toda clase de cosas relacionadas con lo que estoy haciendo, con la novela en curso, casi siempre cosillas, detalles que no quiero olvidar, dibujitos que me recuerdan algo importante. Con futuras novelas nunca apunto nada porque tengo la estúpida idea de que si una historia es buena, volverá y volverá hasta que la escriba. Así, claro, he perdido algunas ideas que quizá habrían podido convertirse en buenas novelas. Pero cuando una idea se empeña en volver y no tengo en ese momento el tiempo de escribirla (porque estoy metida de lleno en otra) entonces sí tengo un sistema que suele funcionar bien: escribo el primer capítulo o una escena del principio. Así tengo el narrador, el punto de vista, el tono, algún personaje central... casi todo lo que va a ser fundamental en la novela. Cuando por fin puedo volver a ella no tengo que partir de cero.
¿Qué otros escritores de cf y fantasía te han influido más, tanto en temáticas como en estilo?
Julio Cortázar es mi maestro indiscutible, el escritor a cuyos relatos vuelvo una y otra vez; ambos tenemos también la influencia de Edgar Alian Poe y el romanticismo más gótico. El 2001 de Arthur C. Clarke. Ray Bradbury, su lirismo, su capacidad de evocación. Ursula K. Le Guin, su amor y respeto por sus personajes, su habilidad para crear sociedades y culturas creíbles. El 1984 de George Orwell, que tiene el mejor final de la historia de la literatura. Stephen King, su manera de crear tensión, de hacerte querer seguir pasando páginas. Habría que añadir el amor por el juego literario, heredado del Don Quijote y de otro cervantino, Torrente Ballester. Y todas las novelas y relatos fantásticos y de cf que he leído en la vida: todos me han aportado algo, tanto los buenos como los malos.

Cómo lo hace
César Mallorquí

César Mallorquí pasó como un torbellino por el panorama de la literatura de ciencia-ficción en español a comienzos de los noventa, con un ramillete de extraordinarios cuentos recogidos en su mayoría en la antología El círculo de Jericó (Ediciones B). Luego centró su producción en el mercado de la literatura juvenil, en el que se ha convertido en uno de los referentes nacionales, con más de una veintena de obras. En ese marco sigue publicando literatura fantástica, caso de la reciente La isla de Bowen (Edebé), un original homenaje a Julio Verne. A su exitosa condición de escritor a tiempo completo suma la experiencia de su padre, José Mallorquí, uno de los grandes profesionales de la literatura popular española entre los años cuarenta y los setenta con éxitos como la serie El Coyote.
¿Por qué escogiste escribir cf al principio de tu carrera?
Escribo desde niño. Al principio, cuentos cortos, apuntes, pequeños artículos, cosas así. A los 19 años empecé a colaborar en la revista de humor La Codorniz, lo cual suponía seguir redactando textos breves, de no más de dos páginas. Por esa época también intentaba escribir relatos más largos, pero se me resistían. No conseguía acabar nada, porque nada de lo que hacía me dejaba satisfecho Finalmente, a los 27 años, tiré la toalla; dejé de escribir y me fui a hacer la mili (no porque quisiera, sino porque me obligaban). Cuando acabé el servicio militar, abandoné el periodismo y me dediqué a la publicidad. Y durante diez largos años no escribí ni una línea de ficción.
A comienzos de los noventa, harto de la publicidad, me planteé la posibilidad de escribir guiones. Pero seguía teniendo problemas con la técnica narrativa, así que un buen día cogí unas cuantas novelas que me parecían especialmente bien narradas, y durante varios meses me dediqué a analizarlas, a destriparlas, para intentar desentrañar los secretos y los trucos de los buenos narradores. Finalmente, llegué a unas cuantas conclusiones y me dispuse a ponerlas en práctica. Yo era, desde niño, un gran aficionado a la cf y a la fantasía; ésos eran los géneros que mejor conocía, así que supongo que los elegí porque me resultaban más cómodos a la hora de ejercitar mis recién adquiridas habilidades narrativas. Además, la cf permite una gran libertad temática y creativa, lo cual es muy estimulante. Por último, en aquel entonces el fandom estaba en plena actividad, con multitud de iniciativas y publicaciones de aficionados o semiprofesionales. Era el entorno perfecto para dar los primeros pasos en la escritura. De hecho, con el primer relato que escribí, El mensaje perdido, gané el I Concurso de Cuentos Aznar, de la recién creada AEFCF. Quizá ése fue el premio más importante de mi carrera, porque supuso un acicate para seguir escribiendo.
¿Has ido alguna vez a talleres literarios, leiste algún libro para aprender a escribir o tuviste alguna formación de ese estilo?
Creo que esto ya lo he contestado en parte con mi anterior respuesta. Aprendí a escribir, en primer lugar leyendo mucho; después estudiando y analizando las obras de otros escritores, y reflexionando a fondo sobre las técnicas narrativas, y por último practicando. En cierta ocasión, alguien me dijo una gran verdad: a escribir se aprende, pero no se enseña. La esencia de la narrativa ha de ser un descubrimiento personal; de pronto, algo hace clic en tu cabeza y todo encaja. En realidad, supone un cambio de forma de pensar; dejar de hacerlo linealmente y adoptar una lógica distinta, el pensamiento lateral. Eso sólo funciona bien si surge de dentro, porque si alguien te lo enseña, si alguien te dice cómo hay que hacerlo, acabas escribiendo a base de fórmulas. Por eso desconfío de los talleres literarios, porque suelen funcionar mediante fórmulas, consiguiendo que todos los alumnos escriban igual. Textos de plástico. Entendedme, por supuesto que un taller literario puede ayudar a que la gente escriba mejor; pero ni el más reputado de los talleres te va a convertir en un escritor original y creativo. Eso tiene que salir de dentro. Huelga decir, por tanto, que nunca he asistido a ningún taller literario. Pero sí he impartido algunos cursos breves, y me he dado cuenta de que no sirven para casi nada. Inevitablemente, para explicar cualquier aspecto de la técnica narrativa tienes que poner ejemplos; pero en cuanto pones un ejemplo, los alumnos lo adoptan como fórmula y ya estamos donde no queríamos estar. La técnica narrativa, insisto, ha de ser un descubrimiento, no una enseñanza. Y, por supuesto, el que tenga auténtica madera de escritor, lo será, con o sin talleres. En cuanto a los libros de «preceptiva literaria», por así denominarlos, tampoco leí ninguno en su momento, mientras me preparaba. Pero luego, cuando ya me dedicaba de lleno a la literatura, sí que los compraba y leía; de hecho, los colecciono. Pero los leo, sobre todo, para contrastar mis ideas con las de otros autores. Y, bueno, siempre se aprende algo.
Tras los años que has pasado trabajando en este género, ¿en qué te parece que marca la trayectoria de un escritor? Estrictamente en el terreno profesional, ¿tiene más ventajas o desventajas que otros?
Permitidme que os cuente una pequeña historia sacada de la vida real: hace ocho o nueve años, la revista Audi-Magazine -editada por el fabricante de automóviles Audi— iba a publicar un número monográfico dedicado a «los visionarios», y uno de los redactores me llamó a mí para hacerme una pequeña entrevista como representante de los escritores de cf. Dije que sí, pero poco después el redactor volvió a ponerse en contacto conmigo y me comunicó, apenado, que los ejecutivos de Audi le habían dicho que nada de incluir escritores de cf, porque éramos unos frikis y rebajaríamos el nivel de la revista. Le contesté sugiriéndole que le dijera a sus jefes que mi coche era un Audi (lo cual era cierto). Lo hizo y ya no hubo ningún problema. Al parecer, el propietario de un Audi no puede ser un friki.
Durante mucho tiempo, en la escala de la percepción pública del mérito literario los escritores de cf estaban situados justo por encima de los escritores pornográficos, y por debajo de los redactores de folletos y catálogos. Ahora que lo friki se ha puesto de moda las cosas están cambiando un poco. Pero, sinceramente, haber escrito cf no supone la menor ventaja en ningún sentido. Más bien al contrario. Yo ahora soy más conocido como escritor de literatura juvenil, que es otro encasillamiento. Pero también he escrito novela policiaca y de aventuras... Así que, ¿encasillarse en varias cosas distintas no es lo mismo que no encasillarse en nada?
¿En qué crees que difiere el trabajo diario de un escritor de ciencia-ficción y fantasía del de cualquier otro género? En tu caso, al tocar distintos palos, ¿en qué cambia tu labor dentro del género fantástico y en otros? Me refiero a cosas como la documentación y la planificación.
No difiere en nada. La literatura de género (de cualquier género) es, ante todo, literatura a secas; así que los procesos de escritura son idénticos, sea cual sea la temática del relato. La estructuración narrativa es igual, el diseño de los personajes es igual y la prosa es igual, como igual es la documentación, si es necesaria, o la planificación de la trama. Todo es lo mismo: literatura. Hay quienes todavía sostienen que la cf y la fantasía poseen una especie de singularidad que los diferencia sustancialmente de otros géneros. No es cierto; la diferencia es temática (como ocurre con cualquier género), pero no técnica.
En realidad, sólo hay un aspecto en ciertas formas de cf y fantasía que requiere unas técnicas narrativas específicas, diferentes a las de otros géneros. Me refiero a la introducción de los elementos «irreales» (es decir, que no existen en la realidad estándar) en un contexto realista, y a los mecanismos necesarios para favorecer que el lector «suspenda la incredulidad». Como es lógico, esto sólo es necesario cuando se pretende mostrar con verosimilitud fenómenos, seres o cosas irreales, algo que sólo ocurre con el fantástico y otros subgéneros afines.
¿Crees que un escritor de cf o fantasía debe tener algunas cualidades específicas?
Básicamente, no. En fin, está claro que un escritor que quiera dedicarse a esos géneros (o a cualquier otro género) debería conocerlos mínimamente; haber leído al menos las obras fundamentales de los autores más canónicos. Y esto no tanto por saber lo que hay que hacer, como por saber lo que no hay que hacer, porque ya se ha hecho. Por otro lado, resulta conveniente, aunque no imprescindible, que quien quiera escribir cf tenga algunas nociones de ciencia, o por lo menos de filosofía de la ciencia. Aunque, a decir verdad, gran parte de los relatos de cf tienen muy poco que ver con la auténtica ciencia; pero deben simular que sí. En realidad, sólo se me ocurre una cualidad específica para un escritor de cf o fantasía: debe tener más imaginación. El escritor realista sitúa sus historias en un contexto que toma prestado de la realidad. Pero un escritor dedicado al fantástico tiene que idear, muchas veces, su propio contexto, lo cual requiere más imaginación. Mejor dicho, rectifico: no más imaginación, sino una imaginación más loca, menos lastrada por el aquí y el ahora.
¿Hay alguna forma en la que te surjan de manera más frecuente los arranques de historias? Cosas que pasan, personajes, un paisaje, una idea...
Ya es un tópico decirlo, pero las ideas, las historias, están en todas partes. En las noticias, en lo que te cuenta la gente, en incidentes que te ocurren o de los que eres testigo, en personas que conoces, en la literatura y el cine, en paisajes y escenas, en fotografías... y en un extraño y misterioso lugar que uno tiene en su interior y del que surgen historias e ideas sin que sepas ni remotamente de dónde vienen.
Para mí el problema nunca ha sido encontrar historias, sino encontrar historias que en un momento determinado me atraigan lo suficiente como para dedicarles muchos meses de trabajo. Soy incapaz de escribir una historia que no me interese. Lo que sí sé con certeza es que las mejores historias se me ocurren en momentos de relax. Cuando estoy de vacaciones, los fines de semana, en los viajes, por la noche mientras estoy tumbado en un sofá, cuando conduzco o cocino... Es decir, cuando estoy pensando en cualquier otra cosa. Creo que las historias no se buscan: se encuentran.
¿Trabajas a partir de esquemas detallados de la trama? ¿Cuánto improvisas al escribir?
Decía Javier Marías que hay dos clases de escritores: los que escriben con brújula y los que escriben con mapas. Los primeros, cuando empiezan una novela, sólo tienen una idea muy general del argumento y van orientándose conforme escriben. Los segundos, por el contrario, lo tienen todo planificado antes de ponerse a escribir. Yo, básicamente, soy un escritor de mapas. Antes de pulsar la primera tecla tengo que tener diseñada la historia y los personajes principales, y muy estructurada la trama.
Ahora bien, lo que necesito tener bien atado es el núcleo básico de la historia, la columna vertebral de la novela; es decir, el conjunto de escenas que conforman el eje de la trama, y eso viene a ser un 40 o un 50% del texto. El resto es una consecuencia lógica del desarrollo de la trama, y también, por supuesto, nuevas ideas que se me ocurren mientras escribo. La planificación previa no ha de ser demasiado rígida, porque hay ideas que funcionan en teoría, pero que al escribirlas no lo hacen. Con frecuencia cambio, quito o añado muchas cosas respecto a lo que tenía previsto.
¿Utilizas alguna herramienta para ayudarte a insertar al lector en tu mundo imaginario? ¿Creas para ti mapas, glosarios de personajes, diccionarios de términos...?
Al principio, cuando preparaba una novela, tomaba muchísimas notas, trazaba esquemas, incluso escribía pequeñas biografías de los personajes. Pero luego me di cuenta de que nunca consultaba esas notas, porque lo tenía todo en la cabeza. De hecho, creo que si no lo tengo todo en la cabeza no puedo escribir. Así que dejé de tomar notas. No obstante, hay algunas herramientas que sí utilizo. Si es necesario, dibujo mapas de zonas y planos de viviendas. Eso me ayuda a visualizar las escenas. También escribo un glosario de personajes; pero no para saber quién es quién, sino para asegurarme de recordar cómo se llama cada uno. Uno de los muchos defectos de mi cerebro es que me cuesta recordar los nombres, así que en al menos un par de ocasiones le he cambiado el nombre a un personaje en mitad del texto. Otra herramienta fundamental es una cronología de los acontecimientos. Aparte de eso, tengo varias carpetas con la documentación que voy a necesitar. Y por supuesto utilizo diccionarios. Por ejemplo, una de mis últimas novelas ocurría en parte en un barco, así que siempre tenía a mano un diccionario de términos náuticos. Cada novela exige herramientas específicas.
¿Qué parte de tu labor cotidiana como escritor te cuesta más y cuál te resulta más divertida?
Idear la historia, estructurar la trama, diseñar los personajes, imaginar situaciones, todo eso me encanta. Es un juego, algo así como resolver un rompecabezas mental. Me divierto mucho haciéndolo. Incluso la labor de documentación me entretiene. Ahora bien, lo que menos me gusta, lo que más me repatea, es escribir. Paradójico, ¿verdad?: lo que menos me gusta de escribir es escribir. Pero es que para mí la escritura supone una pelea constante, una frustración detrás de otra, un esfuerzo continuo. Eso no es un juego; es puñetero trabajo. Pero hay que añadir a esto un matiz. El gran escritor norteamericano Fredric Brown decía: «Detesto escribir, pero me encanta haber escrito». Suscribo esa frase al cien por cien. Quizá por eso soy de los pocos escritores que disfruta corrigiendo sus manuscritos; porque el fuerte del trabajo ya está hecho y lo que queda, pulir el texto, es una labor mucho más plácida y liviana.
¿Qué importancia tiene para ti el fandom específico de la cf, o en general el contacto con los lectores?
No sé cómo es ahora el fandom, porque hace mucho que no lo frecuento. En el pasado, un par de décadas atrás, era un entorno muy vital, muy activo. Fue un excelente campo de aprendizaje para muchos escritores que estaban empezando. De hecho, yo mismo comencé mi carrera en él. La verdad es que han surgido ya varios autores que, partiendo del fandom, han dado el salto a otros géneros con éxito. Eso en los años setenta, cuando tuve mi primer contacto con ese mundo, era impensable. El problema del fandom es la endogamia, el aislamiento, el gueto. Como escuela resulta magnífico, pero no se puede estar siempre en la escuela. El contacto con los lectores es muy importante, porque ellos son el 50% del hecho literario. Un libro es la conjunción escritor-lector; si cualquiera de esos dos factores falla, no hay literatura; así que la opinión de los lectores es fundamental. Lo que pasa es que antes ese contacto se realizaba personalmente, en convenciones, charlas o firmas de libros; pero ahora el medio es Internet. Por ejemplo, la mayor parte del trato que mantengo con mis lectores lo realizo a través de mi blog.
¿Eres ordenado en cuanto a horarios y forma de vida para trabajar un número concreto de horas o te vas adaptando a lo que se pueda según los días?
Como me dedico profesionalmente a la literatura, he adoptado horarios de oficina. Trabajo de 9:30 a 13:00 por las mañanas, y de 17:00 a 21:30 por las tardes, cinco días a la semana. La escritura es un trabajo muy lento que requiere mucha paciencia y mucha constancia. Pero, aparte del tiempo, me impongo un límite mínimo de páginas escritas: cuatro al día. Eso lo leí hace mucho tiempo en una entrevista al escritor Frederick Pohl. Pohl decía que cuatro páginas parecen poco, pero son veinte a la semana y más de ochenta al mes, lo que no está nada mal. De todas formas, normalmente mi media son seis o siete páginas diarias. Y el récord: diecinueve en un día. Mi único problema al respecto es que soy un animal nocturno artificialmente adaptado a la vida diurna. Cuando más rindo es a última hora de la tarde, y mucho más rendiría si escribiese por la noche. Pero claro, ese horario de trabajo arruinaría mi vida familiar, así que me he acostumbrado a ser un pájaro madrugador.
¿Guardas ideas en un cuaderno? ¿Cómo archivas tu material no usado?
Creo que todos los escritores tenemos un «cuaderno de ideas». El mío está lleno de anotaciones, recortes de periódico, folletos, cualquier cosa que me llame la atención y que me parezca el posible germen de un argumento. En cuanto al material desechado, la verdad es que no lo archivo de ninguna manera especial. Lo tengo en carpetas y en formato electrónico, pero podría tirarlo a la basura, porque nunca le he dado el menor uso. A veces es más sencillo hacer algo nuevo que intentar arreglar lo que no funciona.
¿Qué otros escritores de cf y fantasía te han influido más, tanto en temáticas como en estilo?
Son varios; muchos en realidad, pero me limitaré a los principales. De entrada, Fredric Brown, por su sentido del humor, por su sarcástica visión del género humano y por su ingenio. Creo que fue el primer escritor de cf del que me convertí en un fan entregado. Lo sigo siendo. Podría decir algo muy parecido de Robert Sheckley, con toda seguridad el mejor humorista que ha dado el género. Después, sin duda, Ray Bradbury y Clifford D. Simak. Ellos me mostraron que el humanismo y la poesía, combinados con la cf o la fantasía, son una mezcla poderosísima. Algo semejante me sucede con Roger Zelazny, que además era un excelente narrador y un magnífico creador de personajes (cualidad muy infrecuente en el campo de la cf).
Un caso aparte es el de Alfred Bester (el Bester de los años cincuenta), un escritor brillante, pirotécnico, adelantado a su tiempo, inimitable. Ignoro cómo me ha influido, pero no me cabe duda de que lo ha hecho. Jorge Luis Borges fue para mí un descubrimiento, una epifanía que cambió mi forma de entender la literatura. No creo que me haya influido realmente (él era muy grande y yo demasiado pequeño), pero desde luego sí que me ha inspirado. Otro de mis referentes es Thomas Burnett Swann. Sólo he leído una novela suya, La mansión de las rosas, pero su lirismo me conmovió profundamente. De J.G. Ballard hay un aspecto que me interesa muchísimo: su capacidad de generar imágenes que inciden directamente en el inconsciente. Es una técnica que he usado (o, al menos, lo he intentado) en más de una ocasión. Y me olvidaba de Julio Verne, de quien siempre tengo presente su visión maravillada del mundo.
En fin, seguro que hay más autores, pero citaré sólo un nombre más, quizá mi influencia más extraña: Robert Heinlein. Cuando yo era jovencito me gustaba muchísimo, pero luego me fui alejando de él. De entrada porque su ideología y la mía eran y son absolutamente opuestas, pero también por ciertos «tics literarios» que me irritaban profundamente. Además, la última etapa de su obra carece por completo de interés para mí. No obstante, reconozco que es un extraordinario narrador, de los mejores que ha dado el género. Sus relatos cortos son muy brillantes y su novela Puerta al verano sigue pareciéndome deliciosa. Heinlein escribió varias novelas juveniles de cf, y lo hacía con una técnica muy especial: escribía para jóvenes exactamente igual que para adultos; la única diferencia es que el protagonista era joven, nada más. Prueba de ello es que, en España, las novelas juveniles de Heinlein se publicaron sin especificar que eran eso, juveniles, y nadie se dio cuenta. Otra prueba es que su novela quizá más famosa, Tropas del espacio, estaba destinada en principio al público juvenil; pero cuando los editores se negaron (con no poca lógica) a publicar esa barbaridad en colecciones juveniles, Heinlein la publicó en una colección para adultos y tampoco se dio cuenta nadie. El caso es que, después de mucho tiempo de dedicarme al «género» juvenil, un día me paré a pensar y comprendí que yo escribía literatura juvenil exactamente de la misma manera que Heinlein: sin hacer más diferencias con la escritura para adultos que la edad de los protagonistas. Y eso no puede ser casualidad, así que el viejo y controvertido Heinlein es, no cabe duda, una de mis principales influencias procedentes del campo de la cf. Espero haber tomado de él sólo lo bueno.

Cómo lo hace
Andrzej Sapkowski

Andrzej Sapkowski publicó su primer relato sobre el brujo Geralt de Rivia en 1986, con casi cuarenta años. La saga que dio comienzo entonces un tanto inadvertidamente concluyó en 1999 después de siete volúmenes, todos ellos publicados por Bibliópolis yAlamut en castellano. Su libro más traducido por el momento, El último deseo, cuenta con versiones a más de una quincena de lenguas. Además, la serie ha dado pie a una exitosa serie de videojuegos, The Witcher, y ha sido adaptada para la televisión en su Polonia natal, donde Sapkowski es una conocida figura pública. En los últimos tiempos ha ampliado la esfera de su obra merced a la trilogía histórica de las guerras husitas —de la que Alamut ya publicó sus primeros volúmenes, Narrenturm y Los guerreros de Diosj— y con la novela Víbora, que se desarrolla durante la intervención rusa en Afganistán en los años ochenta.
¿Por qué escogiste escribir literatura fantástica al principio de tu carrera?
La verdad es que nunca planeé hacer carrera como escritor. Sólo escribí un cuento, para un concurso que convocaba anualmente una revista de cf, con la idea de ganar, llevarme el premio y olvidarme. De hecho, unos pocos años antes escribí un cuento para un concurso de una revista de pesca y gané. Pero soy un pescador impenitente y un lector de cf impenitente. Así que es una cuestión de pasión: en distintas ocasiones elijo escribir sobre lo que me gusta hacer o leer.
¿Has ido alguna vez a talleres literarios, leiste algún libro para aprender a escribir o tuviste alguna formación de ese estilo?
Ninguna en absoluto. En mi opinión no se puede aprender a escribir. No puede enseñarse a ser escritor. Además de poseer alguna erudición general, es una cuestión de talento, de algo en tu interior, de chispa divina, digamos. Los talleres literarios sólo tienen un valor: pueden ayudar a que se encienda esa chispa soplando sobre las ascuas. O pueden ayudar a alguien que sueña con ser escritor a darse cuenta de que no hay nada sobre lo que soplar.
Tras los años que has pasado trabajando en este género, ¿en qué te parece que marca la trayectoria de un escritor? Estrictamente en el terreno profesional, ¿tiene más ventajas o desventajas que otros?
Después de todos estos años, la gran diferencia es que soy más viejo. Mucho, mucho más viejo. Es una desventaja. Algunas veces. Otras no.
¿En qué crees que difiere el trabajo diario de un escritor de ciencia-ficción y fantasía del de cualquier otro género?
Diría que no hay ninguna diferencia en absoluto. ¿Por qué debería? ¿Debido a qué? ¿Se supone que los escritores de cf o fantasía, además de escribir, deberían pasar algún tiempo buscando ovnis? ¿Adorando a dioses paganos o a Cthulhu? Eso es ridículo.
¿Crees que un escritor de cf o fantasía debe tener algunas cualidades específicas?
Ninguna que pueda definir. Créeme, conozco a un montón de escritores de cf y fantasía. Todos son tan distintos —o diferenciables— como quepa imaginar, sería casi imposible encontrar dos idénticos o siquiera con características similares. Y preferiría abstenerme de hacer ningún intento de encontrar la característica que todos tienen en común. Serían —déjame citar a Shakespeare— trabajos perdidos.
¿Hay alguna forma en la que te surjan de manera más frecuente los arranques de historias? Cosas que te pasan, personajes, un paisaje, una idea...
Una idea, casi siempre. Pero en el caso de mis historias del brujo Geralt de Rivia, el personaje llegó primero. Diría que se trata de una excepción.
¿Trabajas a partir de esquemas detallados de la trama? ¿Cuánto improvisas al escribir?
Intento trabajar a partir de un plan tan cerrado y detallado como sea posible. Intento convencerme a mí mismo de que tengo un plan, de que conozco toda la trama, sé dónde empieza todo, lo que ocurrirá y cómo terminará. Y luego improviso un montón de todas formas.
¿Utilizas alguna herramienta para ayudarte a insertar al lector en tu mundo imaginario? ¿Creas para ti mapas, glosarios de personajes, diccionarios de términos...?
No me gusta esa clase de herramientas. Hacen que una novela parezca algún tipo de manual, como las instrucciones para usar la batidora. Cuando encuentro algo de ese tipo en un libro que estoy leyendo, simplemente me lo salto. Cuando leo nunca vuelvo atrás al mapa para comprobar dónde está el héroe en ese momento. O ver de quién es hijo Gimli. Sé dónde está el héroe y que Gimli es el hijo Gloin. Pero, qué demonios, muchos lectores saben también dónde está el héroe y quién es Gimli, y de todas formas les gusta mirar el mapa o el glosario. Bueno, hay que darles lo que les gusta.
¿Qué parte de tu labor cotidiana como escritor te cuesta más y cuál te resulta más divertida?
La parte difícil es escribir. Lo más divertido es terminar. Ja, ja.
¿Qué importancia tiene para ti el fandom específico de la cf, o en general el contacto con los lectores?
Soy consciente de la existencia de esa comunidad. Incluso me he encontrado con alguna gente agradable entre sus integrantes. La mejor descripción al respecto la da el proverbio latino: senatores boni uiri, senatus autem mala bestia. Los senadores son unos tipos estupendos, pero el senado es un mal bicho. En otras palabras: reconozco y agradezco los méritos del fandom cuando existen. Y tengo presentes sus debilidades, inconvenientes y partes oscuras, que en el caso del fandom son abundantes. Creo que el fandom piensa algo parecido sobre mí.
¿Eres ordenado en cuanto a horarios y forma de vida para trabajar un número concreto de horas o te vas adaptando a lo que se pueda según los días?
Hago grandes esfuerzos para mantener mi agenda de trabajo tan ordenada como sea posible. Realizo grandes avances para conseguirlo. A veces tengo éxito. Otras fracaso. Completa y miserablemente.
¿Guardas ideas en un cuaderno? ¿Cómo archivas tu material no usado?
Puedes apostar a que sí. Después de cada libro que termino me queda un buen montón de material sin usar, que puede ser reciclado para otro libro. También tengo una larga lista de ideas archivadas en mi PC. No te preocupes, hago copias de seguridad regularmente.
¿Qué otros escritores de cf y fantasía te han influido más, tanto en temáticas como en estilo?
Citaría a J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis, T.H. White, H.P. Lovecraft, Stanislaw Lem, los hermanos Strugatski, Fritz Leiber, Ursula Le Güín, Roger Zelazny, Harían Ellison, Jack Vanee, Peter S. Beagle, Stephen R. Donaldson. Y muchos más. La lista es larga y en continuo crecimiento. Y está sujeta a cambios.

Cómo lo hace
José Carlos Somoza

José Carlos Somoza es uno de los profesionales más consolidados del panorama literario español, aunando calidad con éxito comercial. Ha tocado multitud de géneros en una obra que arrancó en 1996 con Silencio de Blanca (Punto de Lectura) y alcanzó su primer éxito significativo un par de años después gracias a La caverna de las ideas (Alfaguara). Desde entonces, las obras de carácter fantástico han sido mayoría en su producción, si bien publicadas siempre en colecciones de literatura general, sin etiqueta. Es el único autor español que ha sido finalista en un premio internacional importante del género, el Campbell Memorial, en 2008 con la edición estadounidense de Zigzag (DeBolsillo). Jaume Balaguero prepara una adaptación cinematográfica de una de sus novelas de corte terrorífico, La dama número 13 (DeBolsillo).
¿Por qué decidiste escribir literatura fantástica en distintos momentos de tu carrera?
Porque es la que me concede más libertad para desarrollar los temas que me gustan. Nunca lo he hecho del «lado de allá» del género, es decir, mi pretensión nunca es escribir literatura fantástica, sino que, más bien, veo temas que me atraen, y éstos necesitan ser explorados de forma que la visión realista no permite.
¿Acudiste alguna vez a talleres literarios, leiste algún libro para aprender a escribir o tuviste alguna formación de ese estilo?
Nunca. Jamás lo consideré necesario, lo cual no quiere decir que no sean experiencias positivas que ayuden a un escritor en ciernes a desenvolverse mejor. Pero en mi opinión, leer mucho es la gran academia de cualquier escritor.
Tras las obras que has ido publicando en este género, ¿en qué te parece que marca la trayectoria de un escritor? Estrictamente en el terreno profesional, ¿tiene más ventajas o desventajas que otros?
A esta pregunta te hubiese contestado de forma más positiva hace unos meses. El género de fantasía se ha ido abriendo paso en nuestro país y actualmente la situación no es la de antes, cuando parecía que el escritor español estaba condenado al realismo. Sin embargo, otros problemas han surgido: la actual crisis económica en general y del sector del libro en particular ha empezado a condicionar mucho a las editoriales. La tendencia es eludir en lo posible (hablo de las editoriales de mainstream) los libros de fantasía y escoger el camino sencillo de publicar aquello que el público, por la razón que sea, parece demandar: novela realista o bien (en lo tocante a géneros) novela negra. Esto es peligroso, en mi opinión. Creo, en todo caso, que la solución para las editoriales, en esta especie de lucha darwiniana por la supervivencia, no es realizar una «selección natural» aniquilando los libros de fantasía. Creo que se equivocan, y que el tiempo lo demostrará.
¿En qué crees que difiere el trabajo diario de un escritor de este tipo de géneros de los de otros? En tu caso, al tocar distintos palos, ¿en qué cambia tu labor dentro del género fantástico y en otros? Me refiero a cosas como la documentación y la planificación.
En mi caso no creo que haya mucha diferencia. Si voy a hablar de física cuántica (Zigzag) me documento con estudios sobre cosas que son igual de reales (o más) que la Guerra Civil española. En El cebo estudié la obra de Shakespeare como prototipo de un autor que podía indagar en la psique humana, y en esto no me diferencié de muchos otros autores que escriben libros de no ficción sobre Shakespeare. A veces se olvida que la realidad es mucho más compleja, profunda y extraña de lo que parece, y para documentarnos sobre fantasía en ocasiones sólo hay que buscar al fondo del cajón de las realidades.
¿Crees que un escritor de géneros fantásticos debe tener algunas cualidades específicas?
No estoy seguro, pero creo que no. Todo depende del gusto de cada cual. Ahora bien, es posible que existan no pocos casos de escritores a quienes les gustaría escribir fantasía y no se atreven, por una especie de temor al qué dirán (o su versión comercial: cómo se venderá). En este sentido, como en cualquier otro gusto oculto, yo recomendaría salir del armario.
¿Hay alguna forma en la que te surjan de manera más frecuente los arranques de historias? Cosas que pasan, personajes, un paisaje, una idea...
En mi caso son sobre todo ideas. En Clara y la penumbra, por ejemplo, la idea era: ¿qué pasaría si el ser humano pudiese trabajar de obra de arte, y por tanto fuese comprado, vendido, subastado, y valiera mucho dinero? ¿Cómo cambiaría el mundo? A partir de ahí, desarrollo la idea hasta sus últimas consecuencias.
¿Trabajas a partir de esquemas detallados de la trama? ¿Cuánto improvisas al escribir?
Trabajo con un esquema, una especie de mapa o guía, pero ello me permite libertad para improvisar, de la misma forma en que planeamos un viaje con un mapa, incluso detalladamente, y luego, cuando lo efectuamos, pasan muchas cosas imprevistas: una rueda se pincha, un malestar nos retiene más en una ciudad, un pueblo pequeño nos gusta tanto que prolongamos nuestra estancia en él, etcétera.
¿Utilizas alguna herramienta para ayudarte a insertar al lector en tu mundo imaginario?
Siempre utilizo el esquema del thriller. El misterio y la tensión son grandes aliados a la hora de atraer al lector hacia el mundo de la novela. Respeto mucho a todos los grandes escritores de cf y fantasía pero, en fin, como lector me gusta más que la novela plantee un misterio ya en las primeras páginas antes que se entretenga en contarnos como viven los miembros de la Primera Hermandad Tecnológica de los Cibernautas, por poner un ejemplo. Por otra parte, el esquema cortazariano de plantear una realidad prosaica y deformarla gradualmente funciona si se hace bien (como Cortázar hacía), pero se corre el gran riesgo de demorar la tensión durante centenares de páginas con nuestros pacientes «ladrillos» de realidad. Un escritor que a veces cae en este error (aunque otras veces lo maneja magistralmente) es el celebérrimo Stephen King... Uno tiene ganas de gritar: «Muy bien, ya sabemos cómo viven todos y cada uno de los vecinos de Castle Rock... y ahora... ¿cuándo empieza el argumento?».
¿Creas para ti mapas, glosarios de personajes, diccionarios de términos...?
Sí, muchas cosas. Incluso falsas noticias periodísticas. En Clara y la penumbra escribí no menos de medio centenar de noticias de subastas de seres humanos en Sothebys o Christie’s. Me es necesario creerme primero lo que voy a contar antes de contarlo.
¿Qué parte de tu labor cotidiana como escritor te cuesta más y cuál te resulta más divertida?
La redacción final siempre termina haciéndose pesada cuando te acercas a los últimos momentos. Ya estás viendo la meta y necesitas un esfuerzo final... y ya todo lo hecho no se puede cambiar, y es preciso continuar hasta esa meta. La parte más divertida, sin duda, es la documentación y el inicio del viaje... ¡Cualquier cosa puede pasar ahí!
¿Qué importancia tiene para ti el contacto con los lectores?
Es fundamental y maravilloso. Un verdadero regalo de esta época de redes sociales. El feedback del lector siempre es crucial, y ahora podemos tenerlo con mucha facilidad. Los lectores me ayudan a verme mejor en ese espejo objetivo en que el creador debe reflejarse siempre.
¿Eres ordenado en cuanto a horarios y forma de vida para trabajar un número concreto de horas o te vas adaptando a lo que se pueda según los días?
Soy ordenado, pero como todo en esta vida tiende a la máxima entropía, voy desordenándome conforme la novela avanza, y llego a no tener momentos libres, ni pensamientos libres. Sólo la novela ocupa mi vida consciente y, a veces, los sueños nocturnos.
¿Guardas ideas en un cuaderno? ¿Cómo archivas tu material no usado?
Las guardo en notas, en tabletas electrónicas... en cualquier sitio. A veces las extravío, pero eso no está mal, porque es muy interesante cuando, por casualidad, vuelves a encontrarte con una idea anotada que habías perdido.
¿Qué otros escritores de estos géneros te han influido más, tanto en temáticas como en estilo?
Soy muy ecléctico. Desde Shakespeare, Borges o Kafka hasta H. P. Lovecraft, Stephen King o Philip K. Dick, que era un maestro en crear situaciones de tensión y extrañeza en pocas páginas.

Cómo lo hace
Bruce Sterling

Bruce Sterling está considerado como uno de los padres del movimiento ciberpunk, del que editó la antología seminal Mirrorshades (Siruela), y es una de las voces más conocidas de la literatura de ciencia-ficción para el público general estadounidense gracias a su presencia continua en los medios de comunicación, por ejemplo con sus colaboraciones en la revista Wired. Desde su debut en 1977 ha publicado una veintena de libros, entre los que se cuentan referentes del género tanto en novela (caso de Cismatrix, en Bibliópolis) como en relato (como los recogidos en Crystal Express, en Ultramar) o ensayo (La caza de hackers, en Ajee). Ha ganado dos veces el premio Hugo de relato y una vez el Campbell de novela (por Islas en la red, en Destino), entre otros.
¿Por qué escogiste escribir cf al principio de tu carrera?
Tenía todo el sentido porque era el tipo de ficción que más me gustaba leer. No deberías escribir sobre algo que te aburre, porque aburres al lector. Si estás sinceramente interesado, el lector al menos intentará estarlo también un rato.
¿Has ido alguna vez a talleres literarios, leiste algún libro para aprender a escribir o tuviste alguna formación de ese estilo?
Soy un firme defensor de los talleres literarios y he estado en muchos. También asistí al programa de enseñanza de ciencia-ficción de Clarion.
Tras los años que has pasado trabajando en este medio, ¿en qué te parece que marca la trayectoria de un escritor? Estrictamente en el terreno profesional, ¿tiene más ventajas o desventajas que otros?
Lamento decir que los medios impresos están en serios apuros, en particular en los Estados Unidos, pero también en otros países. Cuando era un principiante, en los ochenta, existía un sistema definido con editores, distribuidores, librerías y agentes, muy estable y sólido en comparación a la actualidad. Por supuesto que los medios electrónicos tienen algunas ventajas, pero la literatura no les saca partido bien.
¿En qué crees que difiere el trabajo diario de un escritor de ciencia-ficción y fantasía del de cualquier otro género?
No es tanto una diferencia teórica como demográfica. En otras palabras, hay gente que se autoidentifica como lectores de cf. Están sorprendentemente ansiosos de leer obras de terror, fantasía, misterio, incluso ficciones históricas en tanto se las etiquete como «ciencia-ficción» y se distribuya por los canales establecidos.
¿Crees que un escritor de cf o fantasía debe tener algunas cualidades especíñcas?
Es importante que haya leído bastante cf, de forma que no reinvente los convencionalismos del género. Me he dado cuenta de que un montón de escritores de cf han tenido infancias inusuales, en ocasiones pasando largos periodos en países distintos al suyo. Supongo que también ayuda tener mucha imaginación.
¿Hay alguna forma en la que te surjan de manera más frecuente los arranques de historias? Cosas que te pasan, personajes, un paisaje, una idea...
Mi trabajo gira básicamente en torno a ideas. También me gusta situar las tramas en escenarios muy específicos.
¿Trabajas a partir de esquemas detallados de la trama? ¿Cuánto improvisas al escribir?
Casi siempre tengo un escenario bien definido y descrito en notas antes de empezar a escribir la historia. A veces abandono mis planes previos a medida que escribo. Algunas de mis historias más breves las arranqué sin tomar notas antes, aunque no es algo que haga con frecuencia. Improviso mucho en los diálogos y escenas de transición, pero no en la estructura general de la historia.
¿Utilizas alguna herramienta para ayudarte a insertar al lector en tu mundo imaginario? ¿Creas para ti mapas, glosarios de personajes, diccionarios de términos...?
Para las novelas elaboro bastante los mundos que construyo, pero un esfuerzo excesivo puede ahogar los relatos y convertirlos en farragosos. Como me encanta el diseño industrial tiendo a especular mucho en torno a objetos como las herramientas, la ropa, el mobiliario, la arquitectura, y los productos culturales de todo tipo.
¿Qué parte de tu labor cotidiana como escritor te cuesta más y cuál te resulta más divertida?
Ser un trabajador autónomo tiene siempre sus complicaciones. La documentación es siempre divertida. Es bueno leer los trabajos de los colegas cuando se encuentran en su mejor forma.
¿Qué importancia tiene para ti el fandom específico de la cf, o en general el contacto con los lectores?
Soy sin duda un producto del fandom, así que diría que es crucialmente importante. La comunidad formada por los escritores lo es también, incluso con sus peleas y desacuerdos puede resultar útil y productiva. La crítica literaria y la teoría me interesan mucho. La historia del fandom es muy ilustrativa, al igual que los fandoms de otros países.
¿Eres ordenado en cuanto a horarios y forma de vida para trabajar un número concreto de horas o te vas adaptando a lo que se pueda según los días?
Espero a que me lleguen las musas. No escribo bien cuando tengo una sensación de obligación, o cuando lo siento como una imposición.
¿Guardas ideas en un cuaderno? ¿Cómo archivas tu material no usado?
Tengo muchos cuadernos. Siempre llevo conmigo uno, y todos están llenos de ideas y observaciones. Nunca he sido metódico al respecto, pero encuentro que el acto físico de escribir las cosas me ayuda a aclarar mis ideas y sensaciones. Así que una nota me resulta útil incluso cuando no vuelva a mirar otra vez ese cuaderno jamás.
¿Qué otros escritores de cf y fantasía te han influido más, tanto en temáticas como en estilo?
Es obvio que se me conoce como integrante de la escuela de escritores ciberpunk contemporáneos. Sin embargo, dado que me preguntas sobre todo por mi trabajo profesional, me alegra reconocer mideuda con el escritor de cf Gordon Dickson, que una vez describió con gran detalle para mí y otros oyentes su trabajo cotidiano. Sus consejos prácticos eran realistas y útiles, y con él me di cuenta de repente de que un escritor de ciencia-ficción profesional no era un ser mítico, sino un artesano trabajando por cuenta propia. Una vida de ese tipo requiere de un cierto grado de autocontrol y sacrificios. Sin embargo, tras escuchar a Dickson hablar de todo ello de una manera tan auténtica, pensé que probablemente encajaría en el tipo de vida que estaba describiendo, lo que a la postre resultó ser cierto.
[Imagen: Chivalry-Medieval-Warfare-.png]
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#2
Y por falta de Espacio...

Cómo lo hace
John C. Wright

Aunque aquí nos asegure que escribir literatura fantástica fue su aspiración toda la vida, John C. Wright ejerció durante algunos años como abogado y periodista antes de dedicarse a la literatura a tiempo completo. Lo consiguió casi de inmediato en 2002 gracias a la excelente recepción de su primera novela, La edad de oro (Bibliópolis), para seguir en los años siguientes a un preciso ritmo de una novela al año. Simultanea la producción de obras originales con la redacción de textos de carácter técnico.
¿Por qué escogiste escribir cf al principio de tu carrera?
No hubo elección alguna. Anhelé ser un escritor de ciencia-ficción y fantasía desde que tengo memoria. Leía dos libros de bolsillo al día, nunca de otro género, y jamás imaginé que pudiera dedicarme a otra cosa.
¿Has ido alguna vez a talleres literarios, leiste algún libro para aprender a escribir o tuviste alguna formación de ese estilo?
Nunca he ido a un taller literario ni nada parecido. La mejor forma de aprender a escribir es leer. La mejor forma de intentar ser un gran escritor es leer a los grandes.
Tras los años que has pasado trabajando en este género, ¿en qué te parece que marca la trayectoria de un escritor? Estrictamente en el terreno profesional, ¿tiene más ventajas o desventajas que otros?
No llevo el tiempo suficiente en activo como para haber percibido ninguna diferencia significativa aún.
¿En qué crees que difiere el trabajo diario de un escritor de ciencia-ficción y fantasía del de cualquier otro género?
La diferencia básica es ésta: los escritores de los demás géneros, cuando crean una historia, se inventan personajes ficticios, tramas, temas, situaciones y diálogos. Los escritores de ciencia-ficción y fantasía deben además de todo lo dicho inventarse reglas adicionales para su mundo, lo que puede o no ocurrir en él, y los lectores deben tener la suficiente imaginación para seguirles. En otras palabras, el escritor de ciencia-ficción y fantasía se inventa un nuevo mundo que funciona según su propia lógica, y el escritor debe explicar o insinuar las reglas de ese mundo al lector a la vez que hace malabarismos con los restantes elementos de personajes, tramas, temas, etcétera. No es sólo una cuestión de escenarios. Una historia de vampiros puede desarrollarse en el viejo Oeste o en la Italia medieval. Es una cuestión de normas y de expectativas del lector. Una de las reglas aceptadas de las historias de vampiros, por ejemplo, puede ser que el vampiro no pueda salir a la luz del sol, o enfrentarse a un crucifijo, o morir hasta que no se le clave una estaca en el corazón. Éstas son normas que nos vienen de leyendas bien conocidas que cualquier autor puede tomar prestadas y se espera que sean conocidas por cualquier lector. En una historia de ciencia-ficción, el escritor debe inventar sus propias reglas y el lector debe tener el ánimo y la capacidad de seguir el ritmo. Por ejemplo, en Star Trek, una de las «reglas» que utilizan es la del uso del rayo teletransportador que permite llegar al instante de la nave a un planeta. Si el capitán Kirk escapa de una jaula por este medio, es algo legítimo conforme a las reglas. En Star Wars, una de las normas es que si un jedi emplea su poder dominado por la ira, se pasa al lado oscuro. Un lector que no entienda esas reglas no comprenderá por qué el capitán Kirk desapareció de la jaula en que estaba confinado, ni por qué Luke Skywalker no puede fulminar al emperador cuando es presa de la furia.
Ese lector no entenderá la historia. Un escritor de ciencia-ficción y fantasía debe crear un nuevo mundo lo suficientemente realista e imaginado con el suficiente detalle para satisfacer a un lector dispuesto a esforzarse.
¿Crees que un escritor de cf o fantasía debe tener algunas cualidades específicas?
Paciencia y determinación, y buena voluntad para encajar rechazos. Un conocimiento básico de la ciencia es útil, supongo, así como una cierta familiaridad con las obras clásicas del género o los cuentos de hadas, pero no creo que sea absolutamente necesario para un escritor con otras cualidades.
¿Hay alguna forma en la que te surjan de manera más frecuente los arranques de historias? Cosas que te pasan, personajes, un paisaje, una idea...
Arranco de una serie de imágenes mentales e invento lo que resulte necesario lógicamente para relacionarlas. A veces la inspiración llega de un libro que he leído y resuelve de mala manera algo que creo que puedo hacer mejor por mí mismo.
¿Trabajas a partir de esquemas detallados de la trama? ¿Cuánto improvisas al escribir?
Planifico más cuidadosamente unos proyectos que otros. Pero, en general, escribir es como pasear entre nieblas por un valle hasta llegar a una cima. Sé dónde se encuentra ese pico, mi destino, lo tengo en mente antes de empezar, y a menudo puedo ver algunos accidentes del camino, pero la mayor parte de la ruta está oculta hasta el momento en que me encuentro ante el personaje o la escena en cuestión.
¿Utilizas alguna herramienta para ayudarte a insertar al lector en tu mundo imaginario? ¿Creas para ti mapas, glosarios de personajes, diccionarios de términos...?
Mi parte favorita de El señor de los anillos son los apéndices del final. He intentado incluir algún material adicional, cronologías, listas de personajes o algo parecido en todos mis trabajos.
¿Qué parte de tu labor cotidiana como escritor te cuesta más y cuál te resulta más divertida?
La parte divertida es escribir, la más difícil es conseguir que te paguen algunas veces.
¿Qué importancia tiene para ti el fandom específico de la cf, o en general el contacto con los lectores?
Son mis patronos y mis empleadores. Mi fortuna depende de su buena voluntad. Así que son de la mayor importancia.
¿Eres ordenado en cuanto a horarios y forma de vida para trabajar un número concreto de horas o te vas adaptando a lo que se pueda según los días?
Lo mejor que puede hacer un escritor es casarse. Mi esposa me obliga a ponerme a la tarea de escribir ciertos días durante ciertas horas. Me proporciona consejo editorial, inspiración y comentarios sobre lo que escribo. Ella es también escritora. Además, me ha proporcionado amor, comida y cuatro hijos. Si lo piensas, el matrimonio es más importante que la literatura.
¿Guardas ideas en un cuaderno? ¿Cómo archivas tu material no usado?
Sí. Todo escritor serio tiene esa clase de cuadernos, repleto de ideas, títulos para historias, artículos que pueden producir ideas, notas y esbozos. La verdad es que no organizo todo ese material, sino que dejo que se reproduzca en glorioso caos.
¿Qué otros escritores de cf y fantasía te han influido más, tanto en temáticas como en estilo?
¿Quieres decir a qué escritores he robado cosas? Déjame ver: La edad de oro fue una combinación de La última y la primera humanidad de Olaf Stapledon con El mundo de los No-A de A.E. Van Vogt. Los diálogos los robé de Jack Vanee. El escenario, de los mitos griegos. La idea de medir los periodos de la historia humana por la evolución mental de la raza procede de Nevemess, de David Zindell. El término sofotec lo robé alterando una letra de Cosecha de estrellas, de Poul Anderson. Atkins procede de un poema de Kipling. La máquina de guerra marciana es de La guerra de los mundos de H.G. Wells. La filosofía libertaria la tomé de Ayn Rand y Alexis de Tocqueville. El último guardián de Evemess combina y sublima ideas de “La búsqueda en sueños de la ignota Kadath” de H.P. Lovecraft, el Doctor Fausto de Marlowe, el Paraíso perdido de Milton y La sombra, de Maxwell Grant. Orphans of Chaos roba elementos de Nueve príncipes de Ambar de Rober Zelazny, varios mitos griegos y un considerable número de lecturas de cómics adolescentes. Null-A Continuum es una secuela de mi libro preferido de mi autor preferido, El mundo de los No-A de A.E. Van Vogt. Count to a Trillion bebe de La Riada de Homero y de La estrella apagada de E.E. Smith. Mis distintos relatos cortos toman de H.P. Lovecraft, Jack Vance, William Hope Hodgson y el gran —y tristemente minusvalorado— Keith Laumer.
[Imagen: Chivalry-Medieval-Warfare-.png]
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#3
Gracias por los posts, Ricardo, realmente interesantes! Este tipo de entrevistas deja bien claro que cada escritor tiene su manera de proceder y que no hay una vía única posible. Inquietante lo que dice Somoza sobre las editoriales, aunque para nada sorprendente, y no creo que la fantasía o la ciencia ficción sean las únicas en sufrir dicho «ninguneo», creo que el fenómeno es bastante general Wink

Jamás había oído la palabra «fandom», je, cosas nuevas que se aprenden.

Me ha llamado la atención lo que dice César Mallorquí. Decir que lo que menos le gusta es escribir es de lo más curioso, jeje.

Saludos!
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