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[Fantasía Oscura] La balada de los muertos (borrador)
#11
Hola Haskoz, un saludo. Me he leído tu historia, me ha gustado bastante, la has llevado bien, aunque es corta y no deja ver mucho, me gusta la coherencia que le das y por supuesto también es fascinante el entorno que describes, da ese tono macabro, aunque como dices: con "humor ácido". Espero seguir leyendo de ti, un saludo y nos seguimos viendo por aquí.
En algún lugar, más allá de la estrellas...
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#12
Aquí os dejo la siguiente parte!!! En el siguiente post que escriba os agradeceré las lecturas, que ahora ismo ando un poco liado.

Parte 3

La imagen no podía ser más tierna. Clavado en una pared, el cura de Vilheim suplicaba a Friederich que lo liberara. Tras un año encerrado en aquella sala repleta de telas viejas, el anciano mostraba un aspecto pálido y demacrado, con los huesos asomando en la fina piel que le sujetaba las tripas. Sus miembros, retorcidos en unas partes y amputados en otras, estaban unidos al complejo mecanismo de palancas y engranajes que recorría la iglesia, y que conectaba con el órgano que el compositor tenía en la planta principal.

Obviamente, el anciano no era el único ser que se encontraba allí. En el resto de paredes que formaban la habitación, varios cuerpos más colgaban con los brazos y las piernas doblados en ángulos anormales. La mayoría de aquellas personas estaban muertas y contribuían a aromatizar la sala con el olor de la carne en descomposición. Los que todavía seguían vivos, sin embargo, rezaban por morir cuanto antes. Todos ellos habían sido alguna vez habitantes de Vilheim, campesinos y comerciantes que vivían su día a día sin mayor preocupación que la de enterarse de la vida de los demás. La única función que habían tenido había sido la de trabajar para poder morir de la forma más digna. No obstante, ahora su función era otra, algo que sí sería de utilidad. Todos, tanto los muertos como los que aún seguían vivos, formaban parte del enorme dispositivo que Friederich y Wyover habían construido a lo largo del año, por lo que todos eran parte del instrumento que emitiría la última balada.

—Sácame de aquí —suplicó el cura con un hilo de voz—. Libérame, y tal vez Dios se apiade de tu alma.

Friederich soltó una carcajada y aplaudió. Después acarició la cabeza del viejo casi con dulzura.

—Si le digo la verdad, padre Bogdan, creo que es usted quien tiene que rogar a Dios por la suya —dijo a medida que comenzaba a dar saltos rápidos y enérgicos en el sitio—. Yo me encuentro perfectamente.

Bogdan miró a Friederich con desprecio.

—Está loco —escupió—. Tanto usted como ese repugnante engendro que jamás tendría que haber nacido.

El músico dejó de saltar, se tumbó en el suelo frío de la habitación y soltó un largo suspiro.

—Puedo asegurarle que Wyover es el niño más cuerdo que conozco —contestó—. Y todo un portento de la adivinación. —Señaló un círculo de sangre que había dibujado en el suelo con varios huesos desordenados en el interior—. ¿Quién si no podría saber la situación exacta de alguien usando semejantes herramientas?

—Brujería —respondió el padre Bogdan—: la misma magia oscura que lavó su cerebro y el de todos los hombres de Vilheim.

—No confunda la obsesión y el poder de su cargo con la brujería. Sabía que ella nunca sería de Sir Laneher. ¡Ella era mía y mi amor le pertenecía a ella!

La expresión de Friederich cambió hasta adquirir un tono amenazante, pero el cura no se dejó amedrentar. Si conseguía enfurecerlo, tal vez el compositor lo apuñalara, consiguiendo así descansar por fin.

—Margaret era una bruja que lo volvió loco. Lavó su cabeza y la de Sir Laneher...

—¡Cállese! —exigió Friederich.

—... pero ahora está muerta y nunca podrá ser suya. Lo que sucedió en la hoguera demostró que decíamos la verdad. Dios es justo y nos protege de los demonios. ¡Su muerte fue lo mejor que pudo haberle pasado a este pueblo!

Friederich estalló en carcajadas. Saltó, gritó de alegría y rió mientras con una tenacilla amputaba los dedos de los otros prisioneros, que caían al suelo empapando de sangre las cortinas que cubrían las paredes. Después, con una sonrisa que se ensanchó al ver la expresión de horror del cura, dijo:

—El único que está muerto aquí es usted, padre, pero aún no lo sabe.

Acto seguido, el músico accionó una de las palancas y los engranajes empezaron a girar, estirando y retorciendo los miembros del párroco, que chilló de dolor al notar como los huesos se le desencajaban. Obviamente, no era el dolor que Friederich buscaba. El dolor del padre Bogdan era físico y no llegaba a transmitir la musicalidad que el compositor necesitaba. Por suerte, el dolor que anhelaba llegaría esa misma noche acompañado de Wyover, y entonces la balada podría comenzar.

—Pronto —dijo mientras observaba la baba sanguinolenta que caía de la boca de Bogdan—. Muy pronto.
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#13
Buenas Haskoz, ya estamos de nuevo aquí para ver que se traen entre manos el enajenado de Fiedirich y Wyover. La verdad es que el capitulo no decepciona, me ratifico, están peor que una maldita regadera. Me gustó el ambiente que creaste en la capilla, lleno de abalorios (humanos) colgados del techo. Como dije, muy perturbador XD Bodgan, al pobre diablo la que le espera. En este trozo conocemos un (poquitín) de cierto pasado de Fiederich, su enchochamiento y la locura que lo acompañó. Estuvo entretenido, aquí me tienes, a la espera de ver como deviene todo el asunto. Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#14
Bueenas compañero!

Pues sí, está demostrado que estos dos están como una chota... pero al menos parece que no porque sí, sino por un motivo...

Sigues ahondando en lo macabro, pero llevando de la mano un toque de humor bien hilado con la situación:
Cita:La mayoría de aquellas personas estaban muertas y contribuían a aromatizar la sala con el olor de la carne en descomposición
Esta me ha encantado XD

Por un momento durante el capítulo anterior tuve la duda de si realmente había prisioneros o sólo era un producto de la imaginación del compositor, pero tras el diálogo con el sacerdote parece que se confirma que la situación es real; al igual que parece que todo esto tiene un motivo.

Veremos a ver qué nos depara todo esto Smile
Iep!!
Responder
#15
(18/02/2015 08:10 PM)Nepo escribió: Hola Haskoz, un saludo. Me he leído tu historia, me ha gustado bastante, la has llevado bien, aunque es corta y no deja ver mucho, me gusta la coherencia que le das y por supuesto también es fascinante el entorno que describes, da ese tono macabro, aunque como dices: con "humor ácido". Espero seguir leyendo de ti, un saludo y nos seguimos viendo por aquí.
La historia aún no está terminada XDD. Es que estos días ando bastante liado y apenas tengo tiempo para leer o escribir, por lo que, a pesar de estar escribiendo la última escena, no la doy terminado y escribo a cachos. Tengo la esperanza de que esta semana pueda terminar el relato y empezar con las revisiones. Muchas gracias por tu lectura y tu opinión Wink


(20/02/2015 06:19 PM)fardis2 escribió: Buenas Haskoz, ya estamos de nuevo aquí  para ver que se traen entre manos el enajenado de Fiedirich y Wyover. La verdad es que el capitulo no decepciona, me ratifico, están peor que una maldita regadera. Me gustó el ambiente que creaste en la capilla, lleno de abalorios (humanos) colgados del techo. Como dije, muy perturbador XD Bodgan, al pobre diablo la que le espera. En este trozo conocemos un (poquitín) de cierto pasado de Fiederich, su enchochamiento y la locura que lo acompañó. Estuvo entretenido, aquí me tienes, a la espera de ver como deviene todo el asunto. Un saludo y nos leemos.
Muy buenas Fardis!! La verdad es que a Bogdan le espera una balada de lo más encantadora. A pesar de que es una historia macabra a mí también me parece una historia muy triste, pero ya sabréis por qué XDD


(20/02/2015 09:43 PM)landanohr escribió: Bueenas compañero!

Pues sí, está demostrado que estos dos están como una chota... pero al menos parece que no porque sí, sino por un motivo...

Sigues ahondando en lo macabro, pero llevando de la mano un toque de humor bien hilado con la situación:

Cita:La mayoría de aquellas personas estaban muertas y contribuían a aromatizar la sala con el olor de la carne en descomposición
Esta me ha encantado XD

Por un momento durante el capítulo anterior tuve la duda de si realmente había prisioneros o sólo era un producto de la imaginación del compositor, pero tras el diálogo con el sacerdote parece que se confirma que la situación es real; al igual que parece que todo esto tiene un motivo.

Veremos a ver qué nos depara todo esto Smile
Iep!!
Muy buenas landanohr!! Si que hay prisioneros, sí; son vitales para que la balada tenga éxito. Como bien dices todo tiene un motivo y pronto sabréis cuál es. Como diría Friederich: "Pronto, sí, muy pronto" XDD

Nos leeeemoooos!!!
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#16
Pues bueno: por fin he terminado el relato. Ahora mismo estoy con las primeras revisiones y ya he actualizado las tres primeras partes que tenía colgadas, ya que tuve que añadir unos pequeños detalles que al ser leído no parecen ser nada, pero que son vitales para la trama XDD
Ahora mismo os dejo dos partes en una, ya que la primera es demasiado corta. La quinta parte que suba será la última. Espero que o disfrutéis Wink

Parte 4

Friederich llevaba toda la tarde marcando un recorrido que llevara hasta la habitación en la que se encontraba el padre Bogdan. Después de varias horas de trabajo, por fin había conseguido crear un camino compuesto por trapos, alfombras y demás telas viejas, que iba desde el lugar en el que se apilaban los bancos hasta la habitación del cura, dividiéndose en dos para poder llegar también hasta la sala que pertenecería al invitado que quedaba.

Apenas había terminado cuando Wyover apareció en la sala.

El enano arrastraba con una mano el cuerpo de un hombre, mientras que con la otra sujetaba a un niño de unos diez años.

—¡Wyover! —saludó el compositor—. No esperaba verle tan pronto. —Se acercó al jorobado y lo besó con ternura en uno de los bultos purulentos de la cabeza. Después miró al hombre inconsciente que arrastraba el enano—. Me alegro que haya querido ayudarnos con la balada, Sir Laneher. —Agarró una de las manos del hombre que yacía en el suelo y se la estrechó. Luego dirigió su mirada hacia el niño—. Y supongo que tú eres el hijo de tu papá, ¿eh?

Fue Wyover quien contestó:

—Todos somos hijos de nuestro papá. —Y emitió un gorjeo semejante a una risa.

Friederich se unió a las carcajadas, pero, al ver la cara de miedo del pequeño, se agachó para estar a su altura y procuró dotar a su voz de un tono conciliador.

—No te preocupes, granujilla, aquí nadie hace daño a los niños. Solo las personas sin alma se atreverían a hacer semejante cosa. —Y sonrió. Luego dirigió la mirada hacia el jorobado—. Wyover, lleve al señor Laneher a sus aposentos y acomódele para la función de esta noche. Después prepare el mejor vestido que tenga Lady Margaret y ayúdele a vestirse. Ya sabe que no anda muy bien de movilidad. Mientras tanto yo le enseñaré nuestro hogar al invitado más pequeño.

El jorobado asintió, perdiéndose en la oscuridad de las escaleras que ascendían al piso superior y arrastrando tras de si el cuerpo inmóvil de Sir Laneher.

Al ver que el enano se llevaba a su padre, el niño intentó soltarse del agarre de Friederich, quien trató de calmarlo lo mejor que pudo.

—Tranquilo muchacho, solo va a clavarlo a una pared y a conectarlo al mecanismo. Solo así el instrumento estará completo. Ahora acompáñame afuera. Quiero que conozcas la historia de cómo murió este pueblo.

***

El primer grito resonó en la iglesia amortiguado por la tormenta que afuera se ensañaba con el pueblo.

—¡Excelente! ¡Un grito excelente! —celebró Friederich—. No me esperaba menos viniendo de usted.

Sir Laneher alzó la cabeza. Tenía los ojos desorbitados debido al dolor que le había provocado el intentar moverse con las puntas clavadas a lo largo del cuerpo.

—Está loco —consiguió decir.

—Me lo dicen a menudo —contestó el compositor—. Al final voy a tener que creérmelo.

Laneher recorrió la habitación con la mirada. Al igual que en el resto de la iglesia, las paredes estaban sembradas de palancas y engranajes, de cuerdas y poleas que se conectaban las unas con las otras en un intrincado dispositivo. La única diferencia era que, al igual que la habitación en la que descansaba el padre Bogdan, todo se encontraba cubierto por cientos de telas.

—¿Qué es todo esto? —dijo con un hilo de voz.

—Es hermoso, ¿verdad? —Friederich comenzó a andar por la habitación señalando su creación—. Esto que ve aquí, Sir Laneher, forma parte del mayor instrumento musical que ha creado el hombre. El único instrumento capaz de transmitir el verdadero dolor humano. Todos los engranajes, cuerdas y demás piezas están conectados entre sí de manera que, si tiro de una palanca, todo el mecanismo se verá afectado. Pero eso no es lo mejor. —Señaló a Sir Laneher y a los demás presos que colgaban de las paredes—. Cada uno de vosotros también está conectado al instrumento de manera única e irrepetible.

Laneher miró al compositor, incapaz de comprender a qué se refería.

—¿Me está diciendo que nos ha traído aquí para formar parte de esta...cosa?

—Por supuesto —contestó Friederich—. Pensé que me estaba explicando con claridad. Aunque esa no es la única razón. —Un relámpago iluminó la habitación a través de las cristaleras, haciendo brillar los ojos verdes del músico—. Le prometí que lo encontraría —susurró.

A Sir Laneher se le heló la sangre.

—Vamos, Friederich —suplicó—, sabes que no fue mi culpa. Esa mujer me embrujó.

—¡Mientes! —replicó el compositor, y un trueno sonó en la lejanía.

—Tú también viste lo que sucedió en la hoguera. No puedes negar que...

—Lo único que vi ese día fue tu odio y tu risa. La risa de todo Vilheim mientras maldecía, escupía y tiraba piedras a mi esposa.

—No era tu espos...

—¡Pero iba a serlo! —Friederich avanzó hacia el prisionero. Sus ojos estaban desorbitados e inyectados en sangre—. El problema fue que no te pertenecía —continuó a medida que aumentaba el tono de su voz—. Lady Margaret, la mujer más bella de Vilheim, ignorando al apuesto Sir Laneher. Una simple campesina despreciando los favores de la sangre azul de Sir Laneher. ¡Sir Laneher loco de amor por una ramera que prefería casarse con un pobre compositor! —Avanzó hacia el prisionero—. Le prometí que el día de nuestra boda sonaría una balada que reflejase todo mi amor por ella, y yo siempre cumplo mis promesas. El único problema es que ese amor se ha transformado en un dolor amargo que me estruja las entrañas. —Señaló los engranajes que sobresalían de la pared—. Solo este instrumento puede transmitir lo que siento.

Echando la cabeza hacia delante, Friederich hincó los dientes en la nariz de Laneher y apretó como un perro rabioso, notando cómo la piel del prisionero se desgarraba y el tabique crujía mientras la sangre le empapaba la cara.

Sir Laneher chillaba y se retorcía de dolor en un intento desesperado por librarse del músico, pero solo cuando este escupió la nariz sobre el suelo lo consiguió.

—¿Qué se siente cuando a uno lo cortan en trocitos? —Friederich estalló en carcajadas—. Decenas de trozos. ¡Cientos! ¿Sabe qué fue lo que tuve que hacer para volver a ver a mi querida Margaret? Recoger los pedazitos que Bogdan y sus inquisidores le arrancaban en la plaza central para poder reconstruirla. —Se le quebró la voz y varias lágrimas se deslizaron por sus mejillas—. El hacha caía una y otra vez sobre su cuerpo, al ritmo de sus gritos y vuestras risas mientras tú y Bogdan me obligabais a mirar. —Un trueno sonó más cerca del lugar—. ¡No pude hacer nada para salvarla! ¡Nada más que maldeciros a todos y jurar venganza! Y por fin voy a cumplir todo lo que prometí.

Sir Laneher lloraba como un niño pequeño, sabedor de que iba a morir: Solo era cuestión de tiempo.

—¿Dónde está mi hijo? —preguntó entre sollozos.

Friederich sonrió.

—Esperando ansioso que comience la balada. Aunque me pregunto si conseguirá seguir con vida antes de que eso suceda.

Laneher, con la cara empapada de sangre, chilló y lloró de manera descontrolada.

Friederich ensanchó más su sonrisa. Lo que tanto anhelaba por fin aparecía. Aquel era el dolor que buscaba: el dolor de alguien que es consciente de que perderá a la persona que más ama.

Entonces la puerta de la habitación se abrió y Wyover asomó su cara deforme:

—Lady Margaret espera para la balada —dijo entre gorjeos.

—¡Perfecto! —contestó el compositor—. Llegó el momento de que todos conozcan nuestro dolor.
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#17
Buenas compañero!

Tengo que decir que esta parte te ha quedado redonda. Unos cuantos puntos de humor muy buenos (vale, igual un poco macabros también), y nos has desvelado por fin el verdadero porqué de todo lo que está pasando. Quizá el pobre compositor esté un poco loco, pero no tanto como cabía esperar... ahora se entienden sus motivos y, si lo que ha contado es fiel a la realidad, es posible que algunos merezcan ese final...

Ahora a esperar a la última parte, a ver cómo termina todo.
Iep!
Responder
#18
Muy buenas, compañero.

Me está gustando mucho este relato. Coincido con @landanohr en que esta última parte te ha quedado redonda. La historia empieza bien, pero es que cada vez va a más y ha llegado a un punto en el que entran muchas ganas de saber qué pasará.

Destaco el ambiente macabro con esas pinceladas de humor. Has ido construyendo todo de un modo que a medida que avanza el relato la inmersión es mayor.

Sobre nuestro perturbado protagonista, en el fondo me ha dado hasta pena. Lo cierto es que lo está haciendo, y lo que se presume que hará al niño, es odioso, pero si la muerte de Margaret es como parece ser, es entendible la lógica enfermiza que le mueve en su locura realizar la balada. Ojo, entendible, no justificable. xD

En fin, me quedo esperando la última parte, que la historia se ha quedado en un punto muy intrigante.

¡Nos leemos, un saludo!
Enlace a la novela: El mundo en silencio
Responder
#19
(26/02/2015 05:21 PM)landanohr escribió: Buenas compañero!

Tengo que decir que esta parte te ha quedado redonda. Unos cuantos puntos de humor muy buenos  (vale, igual un poco macabros también), y nos has desvelado por fin el verdadero porqué de todo lo que está pasando. Quizá el pobre compositor esté un poco loco, pero no tanto como cabía esperar... ahora se entienden sus motivos y, si lo que ha contado es fiel a la realidad, es posible que algunos merezcan ese final...

Ahora a esperar a la última parte, a ver cómo termina todo.
Iep!
Muy buenas landanohr!!
Ya ves, en la mayoría de mis relatos las cosas no son lo que parecen. Friederich tiene sus motivos y ya se sabe algo de lo que pasó que acabara tarado del todo XDD
Seguramente cuelgue mañana la última parte del relato, que me costó horrores escribir por su dificultad, ya que tuve que describir muchas cosas a a vez para crear las sensaciones que quería.
Ya me diréis qué os parece cuando lo cuelgue Wink


(28/02/2015 06:03 PM)Monje escribió: Muy buenas, compañero.

Me está gustando mucho este relato. Coincido con @landanohr en que esta última parte te ha quedado redonda. La historia empieza bien, pero es que cada vez va a más y ha llegado a un punto en el que entran muchas ganas de saber qué pasará.

Destaco el ambiente macabro con esas pinceladas de humor. Has ido construyendo todo de un modo que a medida que avanza el relato la inmersión es mayor.

Sobre nuestro perturbado protagonista, en el fondo me ha dado hasta pena. Lo cierto es que lo está haciendo, y lo que se presume que hará al niño, es odioso, pero si la muerte de Margaret es como parece ser, es entendible la lógica enfermiza que le mueve en su locura realizar la balada. Ojo, entendible, no justificable. xD

En fin, me quedo esperando la última parte, que la historia se ha quedado en un punto muy intrigante.

¡Nos leemos, un saludo!
Muy buenas @Monje !!
A mi, sinceramente, Friederich si me da pena, y mucha. Además, al ser el escritor del relato yo sé cómo los sentimientos lo destrozan por dentro y a veces temo no conseguir plasmar todo con la intensidad que lo siento yo. La idea es que quería hacer una historia un poco diferente y aquí la música y lo macabro son los protagonistas. De ahí los personajes que protagonizan el relato.

Mañana subiré la última parte, a ver qué os parece, ya que fue bastante complicada de escribir.

Muchas gracias por pasaros a leer y comentar Wink

Nos leemoooos!!!
Responder
#20
Pues bueno, lo prometido es deuda y, como además vi que @landanohr me envió una indirecta en el hilo del reto mensual, os dejo con la última parte.
Decir que esta parte me fue muy difícil de escribir, ya que quería que "oyerais" en vuestra cabeza la balada a medida que os sumergíais en los recuerdos de Friederich.
El resultado final me gusta, pero no descarto darle unas últimas revisiones así que tenga en mi poder ciertos comentarios XD

Ahí va. Espero que la disfrutéis tanto como yo al escribirla.

Parte 5 (Final)

Al fin todo estaba dispuesto: Wyover lucía su mejor traje y su cara parecía menos deforme; las paredes estaban perfectamente decoradas, con los cuerpos de los habitantes de Vilheim clavados en ellas y los engranajes, palancas y demás mecanismos de tortura unidos entre sí al órgano que iniciaría la balada; Sir Laneher y el padre Bogdan permanecían en las salas con más eco de la iglesia, esperando nerviosos el inicio del espectáculo. Y, en el centro de la sala, Friederich von Spee mirando con ojos de enamorado el bello rostro de Lady Margaret.

Podría decirse que no era la boda que en un principio había pensado, pero para el compositor, embelesado por el sonido de los truenos y las gotas de lluvia que repicaban en el edificio, aquel era el momento más romántico de su vida.

—Wyover —dijo sin separar los ojos de Lady Margaret—. Haz que todos conozcan nuestro dolor.

El jorobado se sentó en un pequeño taburete, carraspeó y, con una lágrima deslizándose por su mejilla deformada, comenzó a tocar.

Las primeras notas sonaron lentas y graves, como los susurros de un corazón apuñalado. Cada tecla que pulsaba el enano hacía que las cuerdas que recorrían las paredes se tensaran, moviendo los engranajes y emitiendo sonidos suaves que parecían formar parte de la composición musical.

En el centro de la sala, Friederich bailaba al ritmo de la melodía con pasos elegantes y precisos, mientras en su mente cobraban vida las imágenes que lo habían llevado a componer aquella pieza.

Sumergido en la música de la balada, el compositor recordó los golpes en la puerta de su casa, la sonrisa de Laneher y Bogdan acompañados por los inquisidores de la Iglesia y las lágrimas ardiendo en sus ojos mientras le arrebataban a Lady Margaret de los brazos.

En ese momento, Wyover comenzó a tocar las notas con mayor velocidad. Las cuerdas se estiraron, activando las palancas que sobresalían de las paredes, y los engranajes giraron más rápido, chirriando y generando más tensión a la balada.

Y entonces Friederich se estremeció al recordar la impotencia sufrida ante las suplicas del hijo que habían tenido oculto con el fin de protegerlo. Recordó las noches de insomnio en los calabozos de la iglesia, despierto por los gritos del niño. Cada día, durante meses, Bogdan y Sir Laneher bajaban al sótano y golpeaban al pequeño delante de su padre. Le retorcían los miembros, le partían huesos, le escupían. «¿Qué se siente al ver morir al descendiente de una bruja?», decían entre carcajadas.

Cuando le devolvieron a su hijo, poco quedaba ya del niño que había criado. En su lugar, un ser con el cuerpo deforme y contrahecho le sonreía sin atreverse a llamarlo papá. Sin embargo, para Friederich siempre sería su pequeño Wyover.

El jorobado hizo una pausa que apenas duró unos segundos. Después volvió a tocar el órgano combinando notas graves y agudas, tempos rápidos y lentos que generaban angustia y locura. Al lado de los prisioneros que colgaban de las paredes, los mecanismos de tortura, activados por los engranajes, comenzaron a taladrar cuerpos, extraer ojos y arrancar pieles. Cada uno de los habitantes de Vilheim emitía un grito de dolor diferente al de los demás, que correspondía a la tecla del órgano a la que estaban conectados. Mientras Friederich bailaba con pasos más rápidos y enérgicos, cautivado por el dolor que transmitían los alaridos de sus prisioneros, las palancas de las paredes acabaron de accionarse. Y entonces, a través de uno de los agujeros del techo, una enorme barra de hierro se alzó sobre el edificio, desafiando a la tormenta.

Varios truenos cayeron peligrosamente cerca de la iglesia, haciéndola retumbar. Ahora, con cada tecla que Wyover pulsaba, un relámpago parecía acompañar la nota en busca del pararrayos que coronaba el edificio.

Friederich sonrió con amargura: pronto llegaría el gran momento de la balada.

Realizando pasos cada vez más complicados, el compositor se sumergió una vez más en la melodía, en los gritos de Lady Margaret al ser violada por las mismas personas que la habían torturado, en las pedradas recibidas por los habitantes de Vilheim durante el camino a la plaza central y en las manos de los verdugos atando a su amada en el centro de la hoguera que le habían preparado. Recordó los insultos, la antorcha que encendió la pira, las llamas devorando la carne de su prometida y el momento en el que su hijo saltó al fuego en un intento desesperado por salvar a su madre.

Y en ese instante, atraído por la barra de hierro, un rayo cayó en la iglesia arrancando un trozo de techo y prendiendo fuego a los bancos que había en la sala.

Como si de una plaga se tratase, las llamas se extendieron por la madera y las telas que había tiradas por el suelo, recorriendo el camino que el compositor había creado con ellas.

Friederich sonrió al comprobar que todo estaba saliendo a la perfección. Sus invitados de honor pronto sentirían lo que él había sentido: la ansiedad, la impotencia, el dolor. Respirarían el olor a carne quemada de sus propios cuerpos y no podrían hacer nada para evitarlo.

Mientras las llamas se acercaban a él, el compositor reía y lloraba al mismo tiempo, danzando por la sala con Lady Margaret. La temperatura era tan alta que la cera que cubría el cuerpo de su esposa comenzó a derretirse, pero ya no importaba. En cuestión de segundos, los gritos de Sir Laneher llegaron hasta él, furiosos, y enseguida se le unieron los del padre Bogdan: unos alaridos hermosos que desprendían dolor intenso, físico y emocional. Al menos, Friederich se había encargado de que así fuera, y no había nada mejor que quemar a una persona viva para transmitir esas sensaciones.

Con la partitura llegando a su fin, Wyover interpretó con maestría los últimos compases: miles de notas agudas ejecutadas con rapidez y que acabaron con un sonsonete de crujidos, gritos y truenos.

Friederich llevó a cabo el último movimiento de su baile y abrazó llorando a Lady Margaret. A su alrededor, las llamas crecían devorando todo a su paso. Solo el crepitar de la madera y el sonido de la lluvia se oían ahora en la iglesia, mezclados con los alaridos de los prisioneros que aún quedaban vivos. Obviamente, aquellos sonidos también formaban parte de la balada, y pronto transportaron al músico de nuevo al pasado.

Abrazado a su amada, Friederich recordó la lluvia que había apagado las llamas de la hoguera en la que Lady Margaret tendría que haber ardido. Al principio, sorprendido por el milagro, se alegró de que el mal tiempo hubiera jugado a su favor. Sin embargo, tanto Laneher como el padre Bogdan utilizaron lo ocurrido para reafirmar la idea de que Lady Margaret era una bruja.

Y entonces sonó el último compás de la balada: el crepitar de la iglesia ardiendo, los muros derrumbándose, los truenos y la lluvia. Wyover, emitiendo un gorjeo parecido a un llanto, y con las lágrimas acariciándole la cara deformada, atravesó la pared de fuego y se abrazó a sus padres. Friederich lo rodeó con un brazo y lo besó con ternura, incapaz de contener las lágrimas.

—No tengas miedo, mi pequeño Wyover —susurró—. Ya somos libres. Nadie te hará daño nunca más mi pequeño. —Lo besó con ternura en la frente—. Hoy se acaba nuestro dolor.

Y dicho eso, el incendio los alcanzó y comenzó a devorarles la piel, los músculos y los huesos.

Los gritos más amargos de la balada salieron de Friederich y su hijo que, mientras ardían, recordaron cómo Bogdan y sus inquisidores habían descuartizado a Lady Margaret delante de ellos.

Fuera del edificio, un niño, atado al palo de la hoguera en el que una vez había estado sujeta Lady Margaret, contemplaba cómo la iglesia ardía en mitad de la noche. De la basílica salían gritos desgarrados, notas que volaban en el viento y se colaban en el interior del muchacho removiendo sus sentimientos más profundos. La lluvia se mezclaba con sus lágrimas y él permanecía quieto, escuchando sobrecogido la melodía más hermosa que jamás había oído. La melodía más triste y sincera que alguien había compuesto. Una melodía que transmitía el verdadero dolor humano y que jamás podría olvidar: la balada de los muertos.
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