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Reto Ciudades I: Bólstadr
#1
Bólstadr

     Bólstadr es un lugar curioso. La ciudad se alza entre un promontorio helado junto a la boca de un sistema de cavernas y un lago. El paso subterráneo es la única entrada o salida del valle en que la urbe se encuentra, a menos que un viajero sea lo suficiente afortunado como para procurar métodos de transportación aérea. Dicen que ese es el caso con las valquirias que vuelan sobre Bólstadr en camino a Valhala, aunque es raro que alguna se atreva a bajar a la superficie. Los Aesir y sus sirvientes no son bienvenidos en esta metrópolis en particular, aun cuando se tolere que usen los cielos del valle para desplazar las almas de los guerreros caídos. Puede que las brillantes luces multicolores que las valquirias dejan a su paso (en tierras mortales a menudo se les refiere como la aurora boreal) sean consideradas precio más que suficiente para facilitar el libre tránsito.

Volviendo al paisaje que da refugio a la ciudad por un momento es importante destacar que el valle es predominantemente boscoso. Los espacios abiertos no son abundantes y la mayoría de los que existen fueron creados como parte del desarrollo urbano de Bólstadr. La única excepción es el lago, el cual es la principal fuente de alimento para los hombres y mujeres de la ciudad cuando no está congelado. No tanto así para la población de svartalfar, quienes en los túneles inferiores poseen extensas granjas subterráneas con una variedad extraordinaria de hongos comestibles.

La presencia de elfos oscuros en la región a menudo resulta inesperada para un visitante. No hay muchos lugares en los nueve mundos donde hombres y svarts convivan con relaciones amistosas. El valle está mejor equipado que la mayoría de los lugares en la superficie cuando se trata de mantener a una población estable de svarts. Los días son grises y las noches largas; los veranos son helados y los inviernos más aún. Un lector atento habrá notado que estas mismas características hacen que el valle parezca un sitio infernal para cualquiera que no sea un svartalf o un Jotnar. Siendo honestos, vuestro estimado narrador siempre ha sospechado que las gentes de Bóstadr son más de lo que parecen.  Su resistencia al clima sugiere orígenes un tanto especiales. Lo mismo puede decirse de la familiaridad natural que muestran con el uso de ciertos trucos rúnicos. No me sorprendería en lo más mínimo descubrir que hay algo de los Jotun o los Vanis en ellos, teniendo en cuenta su historia, pero interrogar a alguien acerca de la existencia de gigantes en su árbol genealógico es considerado grosero en Bólstadr tanto como en Midgard.

Los Jotun fueron los primeros habitantes del valle y los que le dieron su nombre actual. A día de hoy solo queda uno. Tuve ocasión de mantener conversación con el último residente gigante de la zona, cuyo nombre me siento incapaz de pronunciar. El Jotnar ya contaba algo más de un milenio y había montado residencia en la plaza central del Distrito Inferior, en la entrada de las cavernas. En un ejemplo típico de arquitectura svart, los edificios habían sido carvados en las paredes de roca en una serie de rectángulos perfectos. La obsesión de los svarts con los ángulos rectos puede llegar a extremos ridículos, la verdad sea dicha. Sea como sea, nuestro gigante se encontraba viviendo como un méndigo, dado que no había ninguna casa lo suficiente espaciosa para contenerlo con comodidad o alguien lo suficiente generoso como para ofrecerle una en primer lugar. La edad lo había hecho encogerse un tanto, pero todavía casi doblaba el tamaño de un hombre adulto.

El anciano resultó ser un ávido conversador y proporcionó información interesante. Había vivido en el valle cuando los Jotun lo gobernaban, hará unos novecientos años. El área proporcionaba un refugio para aquellos tratando de mantenerse alejado del conflicto con los Aesir. Los gigantes levantaron una ciudad donde ahora se encuentra la moderna Bólstadr aunque, como era típico de ellos, la arquitectura era a la vez enorme y minimalista. Me sorprendió descubrir que las cavernas en las que me encontraba habían sido formadas por docenas de Jotun en un intento de construir sus hogares. Las columnas de basalto que dotaban muchas áreas del valle también eran obra de gigantes. Por lo que pude entender de las palabras del viejo, muchas modificaciones habían tenido lugar para hacer del valle el pequeño paraíso que es ahora. Aunque tenía y todavía tengo mis propias opiniones acerca de un uso tan liberal de la palabra “paraíso”, en su momento decidí que discutir con alguien más alto que algunas casas no era una buena idea.

Los gigantes se retiraron bajo tierra cuando los Aesir descubrieron su escondite. Allí continuaron con sus trabajos de construcción, incluso cuando los asaltos de sus enemigos los obligaban a retirarse a profundidades más y más misteriosas. Esta situación continuó hasta que un día casi todos los Jotun desaparecieron. Mi informador se mostró muy reacio a compartir que había sucedido en este período, lo que me lleva a pensar que la explicación no es que los gigantes decidieron marcharse o que fueron exterminados por los Aesir. No hay razón para ocultar ninguno de dichos desastres, si ocurrieron. Un Jotnar siempre está dispuesto a enumerar los crímenes de sus primos de Asgard. Después de muchas bebidas e insistencia todo lo que logré sacar del viejo gigante fue una serie de referencias imprecisas a “algo” que mejor valía evitar. Ese algo parece encontrarse en los túneles más profundos excavados por los Jotun, pero me fue del todo imposible obtener más detalles.

Refugiados de Svartalfheim fueron los siguientes en hacer su hogar en el valle, lo que hace del Distrito Inferior el más antiguo de Bólstadr. Los edificios más viejos son solo casuchas de piedra gris hechas hace poco menos de seiscientos años, sin embargo. Después de examinar media docena de hogares idénticos ni siquiera yo podía pretender que lo que estaba viendo era remotamente fascinante. Llegó un punto en el que decidí que no valía la pena subir y bajar tantas escaleras para ver tan poco. En su lugar dirigí mi atención hacia una de las estructuras más recientes. Aquellos con los que hablé se refirieron a ella como una basílica. Por lo que pude entender, era alguna clase de templo que el rey había hecho construir para apaciguar a los seguidores de una nueva religión recién llegada de Midgard. No pude evitar notar que su majestad había tenido buen cuidado de colocarla en el Distrito Inferior, donde no había posibilidad de que su augusta presencia fuera perturbada.

Desde el exterior, solo la fachada de la basílica es visible, luchando por espacio con cientos de hogares amontonados. Aun así es impresionante, con una serie de columnas y altorrelieves protegiendo la entrada. Pero esta visión no prepara a un visitante para el interior, el cual es tan espacioso que llegué a sentir mareo al observarlo por primera vez. Una larga hilera de asientos flanqueados por más columnas enfrenta a un altar cuya suntuosidad contrasta con el gris que es omnipresente no solo en el resto del edificio pero en todo el distrito. En el momento en que entré un sacerdote svart parecía estar oficiando alguna clase de ceremonia. Me quedé a escuchar, tanto por cortesía como por curiosidad, pero después de escuchar acerca de instrumentos de tortura, canibalismo y los fuegos eternos que esperaban a los no creyentes por más de una hora decidí que tal vez no estaba tan interesado después de todo.

A Bólstadr se le conoce, allí donde su existencia es conocida en lo absoluto, como la Ciudad de los Techos Azules. Antes de tener ocasión de visitar el lugar por mí mismo pensé que el nombre era metafórico. Imaginé que tendría algo que ver con ilusiones creadas por la luz y la nieve. En realidad, los techos son de un color azul pálido, casi grisáceo, que parece reflejar la tonalidad del cielo diurno sobre la ciudad. No es sorprendente entonces que las paredes de piedra de la típica residencia local sean blancas como la nieve. Tuve ocasión de admirar a la ciudad durante las etapas tempranas de la primavera (las ventiscas hacen que sea imposible abandonar el valle durante el invierno) y puedo asegurar nunca se ve más acogedora que durante los meses más fríos del año. Tengo entendido que incluso durante el verano, cuando algo de verde logra hacerse paso entre las montañas, las nevadas son frecuentes, pero incluso así dudo que el efecto sea el mismo.

Casi todas las casas en Bólstadr tienen chimeneas que las hacen semejar pequeños castillos, así como ventanas rectangulares con marcos de pino. No tienden a estar amontonadas como en muchas urbes. Están situadas de forma tal que la entrada de cada una enfrenta a un amplio espacio abierto que sirve a la vez como calle y como un pequeño parque. Los hogares suelen estar más separados en los distritos más cercanos al palacio y más cerca los unos de los otros en el Distrito del Lago, donde la mayoría de los habitantes son pescadores o carpinteros. Esta parte de la ciudad se extiende dentro del mismo lago, usando una red de pasarelas de madera para sostener edificios hechos del mismo material pero con un diseño similar al del resto de las construcciones de la ciudad.

Las leyendas locales cuentan que el palacio es el edificio más antiguo fuera del Distrito Inferior. Fue construido por el primer rey de Bólstadr, Snaerr I. Snaerr tenía tanto de los Vanir y los Jotnar como de la raza de los hombres. La historia va que después de derrotar a un dragón de hielo que se había asentado en el valle después de la caída de los gigantes, Snaerr usó el tesoro obtenido para sobornar a los pocos Jotnar que quedaban y a la cada vez mayor población de svarts. Ambos grupos aceptaron ser gobernados por el semidiós y asistieron en la construcción de una fortaleza personal. Vistas desde el centro de la ciudad, las siete torres del palacio se alzan como agujas, tan altas que casi pareciera que su intención es asaltar el hogar de los Aesir en Asgard. Escaleras espirales se enroscan alrededor de cada una y extraños puentes de formas irregulares las unen. La estructura es la originaria del estilo distintivo de Bólstadr, con los techos de sus torres y murallas exhibiendo un azul pálido sobre paredes de piedra blanca. El edificio se encuentra reposando contra una montaña, dándole la apariencia del fósil de un enorme molusco.

El primer acto oficial de Snaerr I fue usar sus habilidades de diplomacia para poner fin al conflicto entre los svarts y los troles de las montañas. Las dos razas habían llegado al valle después de la caída de los gigantes, asentándose en las cavernas más o menos al mismo tiempo. En el mejor de los casos sus interacciones eran hostiles. Snaerr logró convencerlos de dejar de lado sus diferencias, aunque no sin un poco de compromiso. Los svarts no querían vivir en ningún lugar cercano a los troles, por lo que el rey les otorgó a estos últimos las grutas en el lado opuesto del valle. Esos fueron los orígenes del Distrito Minero. Sus habitantes, casi todos troles, proporcionan metales valiosos a las gentes de Bóstadr. Obtenerlos en el Distrito Inferior es casi imposible, dado que los gigantes extrajeron casi todo lo que valía la pena minar en esa área.

El Distrito Minero no es tan similar al Distrito Inferior como cabría esperar. La luz del sol es incluso más letal para los troles que para los svartalfar; suficiente tiempo bajo ella puede causar que un trol sea petrificado. Es raro ver a alguno de los gigantes rocosos fuera de su parte de la ciudad durante el día. Por lo tanto, el Distrito Minero se encuentra a mayor profundidad dentro de las montañas que el Inferior. Las casas de los troles no guardan ningún parecido con las sofisticación de los hogares svarts. Por el contrario, son poco más que cavidades en la roca, con unos cuantos agujeros hechos de forma cruda que sirven como entradas y ventanas. Fuentes de iluminación son casi inexistentes. Los troles no las necesitan como resultado de su excelente visión nocturna, lo que los hace incluso mejores como mineros.

Las criaturas tienen una mala reputación en los nueve mundos. Las historias que había oído me hicieron pensar que eran poco más que animales salvajes que secuestraban jóvenes y se alimentaban con su carne. Tal vez adentrarme en el Distrito Minero no fue una de mis ideas más lúcidas, pero no podía marcharme de Bólstadr sin descubrir cómo esos monstruos podían convivir con las razas civilizadas. Me sorprendió descubrir que, aunque no eran los seres más brillantes o mejor parecidos, los troles eran una de las criaturas más inofensivas de los nueve mundos. Nunca atacan sin ser provocados y provocarlos es increíblemente difícil. Uno de los pocos svarts que frecuentaban el Distrito Minero, un capataz, me comentó con desdén que eran demasiado estúpidos como para saber cuándo se les estaba ofendiendo. No pude evitar preguntarme si eso decía más acerca del svart en cuestión que de sus trabajadores.

Un carpintero de barcos del Distrito del Lago me contó acerca de un trol que un siglo atrás había encontrado a un infante abandonado en el muelle durante una noche invernal. El frío parecía estar haciendo estragos en el niño, aunque era incapaz de penetrar la piel rocosa del trol. Este último llevó al joven al Distrito Minero, casi con toda seguridad salvando su vida en el proceso. Los padres exigieron que su hijo fuera regresado y el asunto llegó hasta el rey. Sven II interrogó a todos los involucrados y decidió que el infante debía quedarse con los troles. Con el tiempo el joven creció para ser uno de los capataces del Distrito Minero. Lo que es más, la población de hombres y mujeres en Bólstadr debe su existencia a los troles de las montañas. Refugiados escapando las guerras entre los Aesir, los Vanir y los Jotun a menudo se ocultaban en las cavernas que dan entrada al valle. Los caminos subterráneos son tan intrincados que es probable que muchos se hubieran perdido y muerto de hambre y sed de no ser por la asistencia de los troles, quienes escoltaron a muchos de estos refugiados hasta el valle.

Esto último sucedió durante el reinado de Snaerr II, nieto de Snaerr I y abuelo de Sven II. Los súbditos de Snaerr I nunca fueron individuos de su propia raza, por mucho que su majestad deseara lo contrario. Aun así, el primer rey de Bólstadr es responsable por la construcción del primer edificio del Distrito Invernal, frente al cual un día estaría la plaza central de la ciudad. Su majestad deseaba una reina para acompañarlo en su solitaria fortaleza , pero las mujeres de los svartalfar estaban un tanto faltas en estatura para su gusto. El problema opuesto era el caso con las pocas Jotun que quedaban. Las leyendas dicen que el rey deambulaba melancólico por los pasillos y puentes de su palacio, tocando canciones de tragedias pasadas en su lira. Tomó la costumbre de organizar cacerías para distraerse, y fue en una de ellas que el destino pareció sonreírle. Después de una larga ausencia que preocupó a todos sus súbditos, su majestad regresó con una hermosa dama de los ljosalfar, ordenando que la boda fuera preparada inmediatamente. El origen de la mujer es un tanto misterioso, aunque hay muchas leyendas al respecto.

Su nueva reina amaba los espacios abiertos tanto como a su real esposo, sin embargo. No podía evitar detestar la enormidad de piedra fría que era el palacio. Así que en su honor y como agradecimiento a los dioses, Snaerr levantó un templo a Freya. Aunque no posee las dimensiones de su castillo, el templo todavía es el segundo edificio de mayor tamaño en toda Bólstadr. Tiene un amplio patio interior donde crecen los mismos pinos que crecen en las zonas salvajes del valle. Grandes pórticos se mantienen abiertos al exterior para dejar entrar el aire invernal con su olor a madera y savia, solo cerrando durante la noche. Una torre permite a los que la suban admirar toda la belleza del valle, además de contener toda una biblioteca de conocimiento natural y místico. Además de un templo a Freya, el lugar también sirve como una escuela de seidr, magia rúnica.

El templo comparte la plaza central con herrerías, herboristerías y mercados. La plaza en sí sirve como la sede del Althing. El Althing tiene lugar una vez al año durante el invierno, lo que es atípico. El verano sería una época mucho más razonable, pero a las gentes de Bólstadr no les gusta atraer a extraños.  El evento es una especie de feria donde se venden productos de gran valor, se realizan competiciones, se celebran festividades, se organizan matrimonios, se adora a los Vanir… Tal vez lo más importante es que durante el Althing la gente del pueblo decide cuestiones administrativas para el nuevo año. Podría decirse que, aunque Snaerr IV es el gobernante oficial de la ciudad, la mayor parte de las decisiones importantes son tomadas por líderes anualmente elegidos durante el Althing.

Después de haber visto todo esto, puedo decir con toda seguridad que lo más impresionante acerca de Bólstadr es el absoluto desprecio que todos sus habitantes sienten hacia todo lo de carácter bélico. No están para nada interesados en participar en guerras o siquiera oír acerca de ellas. Es incluso difícil encontrar a alguno que muestre algo más que indiferencia hacia los deportes de carácter más violento. Los Aesir, dioses de la batalla, dejaron su marca en la región, pero no creo que sea una marca que Odín, Thor y Tyr apreciarían.

Fragmento del diario de viaje del escaldo errante Snorri Storrisson,
Capítulo VI: Crónicas de Alfheim
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
Veamos le siguiente en subir reto de de ciudades: Debo decir que cuando lelvaba un poco mas de un cuarto, me envolvió esa sensación de estar leyendo una historia de esas de warhammer, que aun servidor tanto le gustan; nueve mundos, elfos oscuros en una cueva, trolls, gigantes, humanos, esos nombre del final tipo alto elfo... solo te falto mis preferidos de warhammer, los undead o los vampiros no muertos xD. Sobre la ciudad, esta de sobras e incluso muchas descripciones me gustaron mucho, graficas y sin ser muy agobiantes, junto con sucesos que hacen mas llevadero todo le conjunto. En general me ha gustado bastante, pero hay una parte que no creo que tre has explicado bien, dices de un tesoro que se le da al dragón? Aunque se puede intuir no se sabe de donde viene ni que tipos de tesoros son, si oro, algo rúnico, etc.. por lo demás un saludo y suerte en el reto!!!
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#3
Interesante relato, basado en la mitología nórdica si no me engaño. Es un punto a favor de la originalidad; también cumples con el principal objetivo del reto, describir una ciudad.
Curioso el tema de las distintas razas coexistiendo en todo ese berenjenal de piedra y hielo. A veces parecía más un relato mitológico que una mera descripción de la ciudad, pero eso le añade jugo al relato.
Nada es sencillo, excepto la creencia en la sencillez
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#4
Al principio empezaste bien, tu forma de describir es amena y se deja leer fácil. El problema es que al quinto parrafo, por muy facil de leer que sea, uno ya empieza a cansarse de tanta descripción y quiere algo de acción...

No he visto ningun error reseñable, solamente esta frase "La historia va que después de...", que suena bastante mal. Por lo demás todo perfecto, me encantan los lugares fresquitos Tongue

Por cierto, después de un milenio, ¡¿como narizes no tenia una puñetera casa el gigante?! Vale que a un humano le lleve toda una vida pagar una hipoteca, pero el ha tenido mil años... xD
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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#5
El relato se centra principalmente en la descripción de la ciudad por parte de un narrador desconocido.
La ciudad me ha parecido bien descrita, aunque en algunos puntos he acabado bastante perdida.
La ambientación basada en la mitología nórdica me ha gustado bastante, si bien con tanto nombre extraño me he liado un tanto.
No he visto muchos errores, solo despistes de palabras faltantes y alguna que otra repetición.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#6
Muy buena ciudad, bien descrita aunque con un poco de exceso en lo personal y tantos nombres nórdicos hacen que me pierda un poco bastante. Pese a eso la pluma es de las mejores del reto y me gusto mucho el escenario que planteas. De no ser por la temática del reto me hubiera gustado saber más del niño criado por trolls, eso hubiera sido interesante. De hecho creo que fue la parte que más disfrute de la historia. Mucha imaginación, buena pluma, ojala viéramos más de esta ciudad en un reto que te permita mostrar más historia.
Saludos!
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#7
Lo siento, autor. Pero se me ha hecho muy difícil terminar de leer el relato. Siento que tienes mucha creatividad, que has sabido escoger un gran tema como el de la mitología nórdica, pero que la prosa es muy lenta y las palabras sobran. Comparto lo que dice Krivus. Tienes buena pluma, lo cual no tiene nada que ver con la lentitud de la prosa, a mi parecer. Y tal vez es el reto -que se muestra demasiado descriptivo, digamos-, el que ha jugado en contra. Espero que participes en los siguientes, porque sin duda me gustaría leer otras historias tuyas.

Bueno, muchas suerte.

Saludos!
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#8
Autor/a:

La elección que hiciste de tomar mitología nórdica para construir tu relato me pareció acertada. No hay un hilo conductor sólido para lo que escribes, salvo la necesidad de describir, y debido a eso, no me gustó tanto el hecho que el relato se base enteramente en descripciones cuasi aleatorias. Si no hubiese tenido el trasfondo nórdico me hubiese sido mucho más difícil de seguir la lectura. Lo mejor me pareció la parte de los trolls y de su lado "bueno" que nadie conoce. Dentro de todo, me parece que tiene altibajos, pero correcto a las bases.
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#9
Me dirán que ya deje de relacionar los relatos con mis películas, pero al leer del niño y los trolls solo pude pensar en "Los Boxtrolls". Lo siento. Je je.
Vamos a ver.
Creo que hizo falta una historia para suavizar el relato, porque tanta descripción me cansó. Al principio pensé: "Bueno, al rato viene". Pero no salía ningún diálogo ni ninguna otra cosa. Ya hasta que al final vi que era el fragmento de un diario fue que dije: "¡Ah! Ya se me hacía que se parecía a algún capítulo de mis enciclopedias de Selecciones".
La ciudad en sí me gustó, porque no tienes idea de lo mucho que me gusta la mitología nórdica. Las descripciones son bastante claras y muy bien hechas. Muy variada e interesante Bólstadr, pero eso sí, fue una lectura algo pesada.
Mucha suerte!

Saludos Big Grin
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#10
Bólstadr es un lugar curioso. La ciudad se alza entre un promontorio helado (pondría una coma) junto a la boca de un sistema de cavernas y un lago. El paso subterráneo es la única entrada o salida del valle en que la urbe se encuentra, a menos que un viajero sea lo suficiente afortunado como para procurar métodos de transportación aérea. Dicen que ese es el caso con (de, no con)las valquirias que vuelan sobre Bólstadr en camino a Valhala, aunque es raro que alguna se atreva a bajar a la superficie. Los Aesir y sus sirvientes no son bienvenidos en esta metrópolis en particular, aun cuando se tolere que usen los cielos del valle para desplazar las almas de los guerreros caídos. Puede que las brillantes luces multicolores que las valquirias dejan a su paso (en tierras mortales a menudo se les refiere como la aurora boreal) sean consideradas precio más que suficiente para facilitar el libre tránsito.

Volviendo al paisaje que da refugio a la ciudad por un momento es importante destacar que el valle es predominantemente boscoso (aquí hace falta una coma, no sé si luego de ciudad o luego de momento, eso dependerá de la interpretación que quieras darle a la oración, pero justamente por ausencia de esa coma es que no puedo comprender del todo el sentido de lo que quisiste escribir)
. Los espacios abiertos no son abundantes y la mayoría de los que existen fueron creados como parte del desarrollo urbano de Bólstadr. La única excepción es el lago, el cual es la principal fuente de alimento para los hombres y mujeres de la ciudad cuando no está congelado. No tanto así para la población de svartalfar, quienes en los túneles inferiores poseen extensas granjas subterráneas con una variedad extraordinaria de hongos comestibles.

La presencia de elfos oscuros en la región a menudo resulta inesperada para un visitante. No hay muchos lugares en los nueve mundos donde hombres y svarts convivan con relaciones amistosas. El valle está mejor equipado que la mayoría de los lugares en la superficie cuando se trata de mantener a una población estable de svarts. Los días son grises y las noches largas; los veranos son helados y los inviernos más aún. Un lector atento habrá notado que estas mismas características hacen que el valle parezca un sitio infernal para cualquiera que no sea un svartalf o un Jotnar. Siendo honestos, vuestro estimado narrador siempre ha sospechado que las gentes de Bóstadr son más de lo que parecen. Su resistencia al clima sugiere orígenes un tanto especiales. Lo mismo puede decirse de la familiaridad natural que muestran con el uso de ciertos trucos rúnicos. No me sorprendería en lo más mínimo descubrir que hay algo de los Jotun o los Vanis en ellos, teniendo en cuenta su historia, pero interrogar a alguien acerca de la existencia de gigantes en su árbol genealógico es considerado grosero en Bólstadr tanto como en Midgard.

Los Jotun fueron los primeros habitantes del valle y los que le dieron su nombre actual. A día de hoy solo queda uno. Tuve ocasión de mantener conversación con el último residente gigante de la zona, cuyo nombre me siento incapaz de pronunciar. El Jotnar ya contaba algo más de un milenio y había montado residencia en la plaza central del Distrito Inferior, en la entrada de las cavernas. En un ejemplo típico de arquitectura svart, los edificios habían sido carvados en las paredes de roca en una serie de rectángulos perfectos. La obsesión de los svarts con los ángulos rectos puede llegar a extremos ridículos, la verdad sea dicha. Sea como sea, nuestro gigante se encontraba viviendo como un méndigo (no va la tilde) , dado que no había ninguna casa lo suficiente espaciosa para contenerlo con comodidad o alguien lo suficiente generoso como para ofrecerle una en primer lugar. La edad lo había hecho encogerse un tanto, pero todavía casi doblaba el tamaño de un hombre adulto.

El anciano resultó ser un ávido conversador y (es subjetivo, pero agregaría un "me" aquí) proporcionó información interesante. Había vivido en el valle cuando los Jotun lo gobernaban, hará unos novecientos años. El área proporcionaba un refugio para aquellos tratando de mantenerse alejado del conflicto con los Aesir. Los gigantes levantaron una ciudad donde ahora se encuentra la moderna Bólstadr aunque, como era típico de ellos, la arquitectura era a la vez enorme y minimalista. Me sorprendió descubrir que las cavernas en las que me encontraba habían sido formadas por docenas de Jotun en un intento de construir sus hogares. Las columnas de basalto que dotaban muchas áreas del valle también eran obra de gigantes. Por lo que pude entender de las palabras del viejo, muchas modificaciones habían tenido lugar para hacer del valle el pequeño paraíso que es ahora. Aunque tenía y todavía tengo mis propias opiniones acerca de un uso tan liberal de la palabra “paraíso”, en su momento decidí que discutir con alguien más alto que algunas casas no era una buena idea.

Los gigantes se retiraron bajo tierra cuando los Aesir descubrieron su escondite. Allí continuaron con sus trabajos de construcción, incluso cuando los asaltos de sus enemigos los obligaban a retirarse a profundidades más y más misteriosas. Esta situación continuó hasta que un día casi todos los Jotun desaparecieron. Mi informador se mostró muy reacio a compartir que había sucedido en este período, lo que me lleva a pensar que la explicación no es que los gigantes decidieron marcharse o que fueron exterminados por los Aesir. No hay razón para ocultar ninguno de dichos desastres, si ocurrieron. Un Jotnar siempre está dispuesto a enumerar los crímenes de sus primos de Asgard. Después de muchas bebidas e insistencia todo lo que logré sacar del viejo gigante fue una serie de referencias imprecisas a “algo” que mejor valía evitar. Ese algo parece encontrarse en los túneles más profundos excavados por los Jotun, pero me fue del todo imposible obtener más detalles.

Refugiados de Svartalfheim fueron los siguientes en hacer su hogar en el valle, lo que hace del Distrito Inferior el más antiguo de Bólstadr. Los edificios más viejos son solo casuchas de piedra gris hechas hace poco menos de seiscientos años, sin embargo. Después de examinar media docena de hogares idénticos ni siquiera yo podía pretender que lo que estaba viendo era remotamente fascinante. Llegó un punto en el que decidí que no valía la pena subir y bajar tantas escaleras para ver tan poco. En su lugar dirigí mi atención hacia una de las estructuras más recientes. Aquellos con los que hablé se refirieron a ella como una basílica. Por lo que pude entender, era alguna clase de templo que el rey había hecho construir para apaciguar a los seguidores de una nueva religión recién llegada de Midgard. No pude evitar notar que su majestad había tenido buen cuidado de colocarla en el Distrito Inferior, donde no había posibilidad de que su augusta presencia fuera perturbada.

Desde el exterior, solo la fachada de la basílica es visible, luchando por espacio con cientos de hogares amontonados. Aun así es impresionante, con una serie de columnas y altorrelieves protegiendo la entrada. Pero esta visión no prepara a un visitante para el interior, el cual es tan espacioso que llegué a sentir mareo al observarlo por primera vez. Una larga hilera de asientos flanqueados por más columnas enfrenta a un altar cuya suntuosidad contrasta con el gris que es omnipresente no solo en el resto del edificio pero en todo el distrito. En el momento en que entré un sacerdote svart parecía estar oficiando alguna clase de ceremonia. Me quedé a escuchar, tanto por cortesía como por curiosidad, pero después de escuchar (repetición)acerca de instrumentos de tortura, canibalismo y los fuegos eternos que esperaban a los no creyentes por más de una hora decidí que tal vez no estaba tan interesado después de todo.

A Bólstadr se le conoce, allí donde su existencia es conocida (repetición)en lo absoluto (toda la frase es algo extraña, deberías revisarla), como la Ciudad de los Techos Azules. Antes de tener ocasión de visitar el lugar por mí mismo pensé que el nombre era metafórico. Imaginé que tendría algo que ver con ilusiones creadas por la luz y la nieve. En realidad, los techos son de un color azul pálido, casi grisáceo, que parece reflejar la tonalidad del cielo diurno sobre la ciudad. No es sorprendente entonces que las paredes de piedra de la típica residencia local sean blancas como la nieve. Tuve ocasión (repetición) de admirar a la ciudad durante las etapas tempranas de la primavera (las ventiscas hacen que sea imposible abandonar el valle durante el invierno) y puedo asegurar nunca se ve más acogedora que durante los meses más fríos del año. Tengo entendido que incluso durante el verano, cuando algo de verde logra hacerse paso entre las montañas, las nevadas son frecuentes, pero incluso así dudo que el efecto sea el mismo.

Casi todas las casas en Bólstadr tienen chimeneas que las hacen semejar pequeños castillos, así como ventanas rectangulares con marcos de pino. No tienden a estar amontonadas como en muchas urbes. Están situadas de forma tal que la entrada de cada una enfrenta a un amplio espacio abierto que sirve a la vez como calle y como un pequeño parque. Los hogares suelen estar (repetición)más separados en los distritos más cercanos al palacio y más cerca los unos de los otros en el Distrito del Lago, donde la mayoría de los habitantes son pescadores o carpinteros. Esta parte de la ciudad se extiende dentro del mismo lago, usando una red de pasarelas de madera para sostener edificios hechos del mismo material pero con un diseño similar al del resto de las construcciones de la ciudad.

Las leyendas locales cuentan que el palacio es el edificio más antiguo fuera del Distrito Inferior. Fue construido por el primer rey de Bólstadr, Snaerr I. Snaerr tenía tanto de los Vanir y los Jotnar como de la raza de los hombres. La historia va que después de derrotar a un dragón de hielo (revisa esta oración, suena bastante mal) que se había asentado en el valle después de la caída de los gigantes, Snaerr usó el tesoro obtenido para sobornar a los pocos Jotnar que quedaban y a la cada vez mayor población de svarts. Ambos grupos aceptaron ser gobernados por el semidiós y asistieron en la construcción de una fortaleza personal. Vistas desde el centro de la ciudad, las siete torres del palacio se alzan como agujas, tan altas que casi pareciera que su intención es asaltar el hogar de los Aesir en Asgard. Escaleras espirales se enroscan alrededor de cada una y extraños puentes de formas irregulares las unen. La estructura es la originaria del estilo distintivo de Bólstadr, con los techos de sus torres y murallas exhibiendo un azul pálido sobre paredes de piedra blanca. El edificio se encuentra reposando contra una montaña, dándole la apariencia del fósil de un enorme molusco. (de ser el fósil de un enorme molusco)

El primer acto oficial de Snaerr I fue usar sus habilidades de diplomacia para poner fin al conflicto entre los svarts y los troles de las montañas. Las dos razas habían llegado al valle después de la caída de los gigantes, asentándose en las cavernas más o menos al mismo tiempo. En el mejor de los casos sus interacciones eran hostiles. Snaerr logró convencerlos de dejar de lado sus diferencias, aunque no sin un poco de compromiso. Los svarts no querían vivir en ningún lugar cercano a los troles, por lo que el rey les otorgó a estos últimos las grutas en el lado opuesto del valle. Esos fueron los orígenes del Distrito Minero. Sus habitantes, casi todos troles, proporcionan metales valiosos a las gentes de Bóstadr. Obtenerlos en el Distrito Inferior es casi imposible, dado que los gigantes extrajeron casi (triple repetición)todo lo que valía la pena minar en esa área.

El Distrito Minero no es tan similar al Distrito Inferior como cabría esperar. La luz del sol es incluso más letal para los troles que para los svartalfar; suficiente tiempo bajo ella puede causar que un trol sea petrificado. Es raro ver a alguno de los gigantes rocosos fuera de su parte de la ciudad durante el día. Por lo tanto, el Distrito Minero se encuentra a mayor profundidad dentro de las montañas que el Inferior. Las casas de los troles no guardan ningún parecido con las sofisticación de los hogares svarts. Por el contrario, son poco más que cavidades en la roca, con unos cuantos agujeros hechos de forma cruda que sirven como entradas y ventanas. Fuentes de iluminación son casi inexistentes. Los troles no las necesitan como resultado de su excelente visión nocturna, lo que los hace incluso mejores como mineros.

Las criaturas tienen una mala reputación en los nueve mundos. Las historias que había oído me hicieron pensar que eran poco más que animales salvajes que secuestraban jóvenes y se alimentaban con su carne. Tal vez adentrarme en el Distrito Minero no fue una de mis ideas más lúcidas, pero no podía marcharme de Bólstadr sin descubrir cómo esos monstruos podían convivir con las razas civilizadas. Me sorprendió descubrir que, aunque no eran los seres más brillantes o mejor parecidos, los troles eran (repetición)una de las criaturas más inofensivas de los nueve mundos. Nunca atacan sin ser provocados y provocarlos es increíblemente difícil. Uno de los pocos svarts que frecuentaban el Distrito Minero, un capataz, me comentó con desdén que eran demasiado estúpidos como para saber cuándo se les estaba ofendiendo. No pude evitar preguntarme si eso decía más acerca del svart en cuestión que de sus trabajadores. (muy bueno)

Un carpintero de barcos del Distrito del Lago me contó acerca de un trol que un siglo atrás había encontrado a un infante abandonado en el muelle durante una noche invernal. El frío parecía estar haciendo estragos en el niño, aunque era incapaz de penetrar la piel rocosa del trol. Este último llevó al joven al Distrito Minero, casi con toda seguridad salvando su vida en el proceso. Los padres exigieron que su hijo fuera regresado y el asunto llegó hasta el rey. Sven II interrogó a todos los involucrados y decidió que el infante debía quedarse con los troles. Con el tiempo el joven creció para ser uno de los capataces del Distrito Minero. Lo que es más, la población de hombres y mujeres en Bólstadr debe su existencia a los troles de las montañas. Refugiados escapando las guerras entre los Aesir, los Vanir y los Jotun a menudo se ocultaban en las cavernas que dan entrada al valle (el comienzo de esta oración no tiene mucho sentido). Los caminos subterráneos son tan intrincados que es probable que muchos se hubieran perdido y muerto de hambre y sed de no ser por la asistencia de los troles, quienes escoltaron a muchos de estos refugiados hasta el valle.

Esto último sucedió durante el reinado de Snaerr II, nieto de Snaerr I y abuelo de Sven II. Los súbditos de Snaerr I nunca fueron individuos de su propia raza, por mucho que su majestad deseara lo contrario. Aun así, el primer rey de Bólstadr es responsable por la construcción del primer edificio del Distrito Invernal, frente al cual un día estaría la plaza central de la ciudad. Su majestad deseaba una reina para acompañarlo en su solitaria fortaleza , pero las mujeres de los svartalfar estaban un tanto faltas en (de, no en)estatura para su gusto. El problema opuesto era el caso con las pocas Jotun que quedaban. Las leyendas dicen que el rey deambulaba melancólico por los pasillos y puentes de su palacio, tocando canciones de tragedias pasadas en su lira. Tomó la costumbre de organizar cacerías para distraerse, y fue en una de ellas que el destino pareció sonreírle. Después de una larga ausencia que preocupó a todos sus súbditos, su majestad regresó con una hermosa dama de los ljosalfar, ordenando que la boda fuera preparada inmediatamente. El origen de la mujer es un tanto misterioso, aunque hay muchas leyendas al respecto.

Su nueva reina amaba los espacios abiertos tanto como a su real esposo, sin embargo. No podía evitar detestar la enormidad de piedra fría que era el palacio. Así que en su honor y como agradecimiento a los dioses, Snaerr levantó un templo a Freya. Aunque no posee las dimensiones de su castillo, el templo todavía es el segundo edificio de mayor tamaño en toda Bólstadr. Tiene un amplio patio interior donde crecen los mismos pinos que crecen en las zonas salvajes del valle. Grandes pórticos se mantienen abiertos al exterior para dejar entrar el aire invernal con su olor a madera y savia, solo cerrando durante la noche. Una torre permite a los que la suban admirar toda la belleza del valle, además de contener toda (repetición)una biblioteca de conocimiento natural y místico. Además de un templo a Freya, el lugar también sirve como una escuela de seidr, magia rúnica.

El templo comparte la plaza central con herrerías, herboristerías y mercados. La plaza en sí sirve como la sede del Althing. El Althing tiene lugar una vez al año durante el invierno, lo que es atípico. El verano sería una época mucho más razonable, pero a las gentes de Bólstadr no les gusta atraer a extraños. El evento es una especie de feria donde se venden productos de gran valor, se realizan competiciones, se celebran festividades, se organizan matrimonios, se adora a los Vanir… Tal vez lo más importante es que durante el Althing la gente del pueblo decide cuestiones administrativas para el nuevo año. Podría decirse que, aunque Snaerr IV es el gobernante oficial de la ciudad, la mayor parte de las decisiones importantes son tomadas por líderes anualmente elegidos durante el Althing.

Después de haber visto todo esto, puedo decir con toda seguridad que lo más impresionante acerca de Bólstadr es el absoluto desprecio que todos sus habitantes sienten hacia todo lo de carácter bélico. No están para nada interesados en participar en guerras o siquiera oír acerca de ellas. Es incluso difícil encontrar a alguno que muestre algo más que indiferencia hacia los deportes de carácter más violento. Los Aesir, dioses de la batalla, dejaron su marca en la región, pero no creo que sea una marca que Odín, Thor y Tyr apreciarían.

Un relato bastante durillo de leer. No por la prosa, que es buena, ni por el estilo narrativo de la pluma, que es excelente, sino por la ausencia completa de una historia de fondo, lo que convierte al cuento en una mera sucesión de descripciones, muy bien logradas, eso sí, que sin embargo debido a su continua repetición terminan produciendo un efecto de cansancio en el lector. No creas, autor/a que eres al único que le pasa; he leído otros relatos en el reto donde sucede algo parecido y las descripciones priman sobre la historia, pero tratan de disimularlo de algún modo: mediante el genero epistolar, incorporando una repentina trama a mitad del cuento, introduciendo algún personaje sorpresa, apelando al humor, etc.

Quizás la culpa sea mía, en realidad, por pretender que haya una historia en un reto donde el propio organizador estipuló que la ciudad debía primar sobre la trama en si misma, así que no consideraré eso a la hora de puntuarte, pero sí tengo que decirte que tu relato hubiera sido más atractivo si incorporabas una historia de fondo. Por un instante creí que lo harías con el personaje del viejo gigante, luego se me ocurrió que quizás ibas a utilizar la figura del bebé criado por los troles, y finalmente tuve la esperanza de que lo hicieras con el antiguo rey que no podía encontrar esposa, pero en todos los casos la historia duró un párrafo tan sólo, y luego acabó diluyéndose en la extensa descripción de la ciudad.

Eso no cambia el hecho de que, como ya te dije, la pluma es buena y las descripciones muy logradas. El párrafo final, además, me pareció excelente, y me encantó que incorporaras de una manera tan profunda la mitología nórdica (por momentos la historia me retrotrajo al momento de mi infancia en que leí "La espada rota"). La ciudad, por otra parte, tiene mucha fuerza propia, y has hecho algo que la mayoría obvió que es hacer referencia a la propia historia pasada de la urbe, lo que también te hace ganar unos cuantos enteros. De todas formas, y a modo de opinión personal, hubiera preferido que no ahondaras tanto en esta y que, en su lugar, nos contaras algo más sobre el narrador, o que hubieras ideado algún tipo de diálogo con otros personajes que nos permitiera, así, empatizar más con éste y con la historia que nos estaba contando. Por otra parte te recomiendo que des una última revisión al texto, porque además de los típicos errores menores de costumbre (tildes, repeticiones y demás) me he topado con dos o tres frases malsonante, extrañas, construidas de un modo algo extravagante, que facilmente podrían ser corregidas reemplazando el orden de alguna palabra o sustituyendo el orden de estas.

De cualquier manera, y ateniéndome estrictamente a las bases del reto, debo decir que tu cuento, por la pluma, la compleja y bien cuidada descripción de la ciudad, la profundización de la historia de ésta y el lugar central que le has dado a la misma, estará bien posicionado en mis puntuaciones finales. Felicitaciones autor/a.

[Imagen: norwegian_wood.jpg]

Todo cambiaba en aquella maldita ciudad. Todo. Como el mar en el cuento de Hemingway.
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