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Reto La Muerte I: Lo que les hace humanos
#1
LO QUE LOS HACE HUMANOS


El interior de la cabaña era oscuro y frío. No había ventanas y una pesada cortina cubría la entrada. Las paredes se perdían en las tinieblas, dando al lugar un aspecto atemporal y fantasmagórico. La única fuente de luz, pálida y mortecina, provenía de una solitaria vela que luchaba, con escaso resultado, por dar algo de claridad entre las sombras.
El visitante, alto y de porte estirado, paseó su atenta mirada por el lugar. Cubría su cabeza con una capucha que apenas dejaría entrever su rostro ni a la luz del día. Sus ojos, penetrantes y grises como la niebla de una mañana de otoño, se detuvieron sobre la pequeña figura que buscaban.
Se trataba de una mujer encorvada sobre la mesa, junto a la vela que lograba iluminar su cara lo suficiente como para apreciar las arrugas y manchas que la surcaban. Los cabellos blancos, largos y finos, estaban desordenados y enredados, y caían como una maraña sobre sus hombros. Despedía un aura de poder y misterio a su alrededor que ponía los pelos de punta a quienes osaban adentrarse en su morada. Sin embargo, Valgir Kraison permaneció impertérrito ante su presencia.
—Vaya, vaya —dijo la mujer, con una voz susurrante—. Un visitante lo suficiente valiente, o ingenuo, como para mantener la compostura incluso en mi humilde hogar.
Valgir no respondió al comentario de la bruja.
—No se ven muchos como tú por aquí, querido —continuó ella, al ver que no iba a obtener respuesta—. Pero tanto unos como otros quieren lo mismo. Dime, ¿en tu caso de qué se trata? ¿Ansías la inmortalidad? ¿No? ¿Tal vez deseas salvar la vida de alguien? ¿Una amante, quizás? ¿Tampoco? ¿Será entonces que lo que has venido a buscar es que resucite a algún ser querido?
—Ninguna de esas opciones, mujer —respondió al final Valgir Kraison. Su voz sonó serena y decidida, sin una pizca de temor. Una voz acostumbrada a dar órdenes y ser obedecida sin rechistar—. No he venido aquí buscando la vida, si no la muerte —Mientras hablaba, se descubrió el rostro, de manera que la anciana pudo ver, a la escasa luz, las orejas puntiagudas que sobresalían entre la larga y bien peinada melena castaña—. La mía.
—¡Esto sí que es nuevo! ¡Un elfo pidiendo morir! —la mujer rio. El sonido de sus carcajadas retumbaba como un trueno—. No obstante, tengo lo que buscas, querido. Un veneno capaz de matar a la más fuerte de las criaturas, incluidos los inmortales elfos, extraído de la mismísima Alaeskia, la serpiente del infierno. Una sola gota, y morirás en apenas unos minutos. Es un poco doloroso, pero eficaz.
—No me has entendido —intervino el elfo—. No quiero morir de inmediato. Sólo ser mortal.
Por un momento la bruja pareció quedarse estupefacta. Un silencio denso y pesado inundó la estancia; hasta que las carcajadas de la mujer, todavía más estruendosas que antes, lo rompieron de nuevo.
La bruja continuó riendo durante un par de minutos antes de cortar la risa de manera brusca. Ladeó la cabeza y clavó sus ojos en Valgir. Solo entonces el elfo se percató de que eran cada uno de un color. El derecho de un blanco lechoso, mientras que el izquierdo era negro como el azabache. En ese momento se le escapó, por fin, un escalofrió que lo recorrió entero.
—¿Por qué? —inquirió la voz de la mujer desde lo más profundo de su ser, sonando como el graznido ahogado de un cuervo.
—Solo quiero ser más humano.


***


473 años antes. Al final de la Cuarta Guerra Humana.



El general Valgir Kraison, al mando del segundo batallón del VII ejército élfico, está acampado junto al reciente campo de batalla en el que se ha convertido la ciudad de Grilboun, capital del reino humano de Shudmit. Cientos de cadáveres humanos cubren las calles de la urbe, mientras que los elfos heridos son trasladados a las tiendas de recuperación, donde los médicos y magos tratan de curarlos. Aunque los elfos no mueren, independientemente de la magnitud de sus heridas, el equipo médico está encargado de hacer que dichas heridas sanen correctamente, de manera que los que las han sufrido no tengan cicatrices ni malformaciones que entorpezcan su vida durante toda la eternidad.

Valgir es uno de los mejores generales de los que dispone la Alianza Élfica de Reinos y Ciudades Independientes. Durante su larga historia de luchas con otras razas ha destacado como un firme dirigente y un inteligente estratega. Gracias a él se venció a los testarudos enanos en las guerras de la primera era, obligándolos a replegarse al interior de las Montañas Malditas, de donde nunca más han salido. También comandó las operaciones militares que lograron expulsar a los escurridizos centauros de los bosques del norte. Entre otras muchas grandes victorias militares.

Ahora es uno de los encargados de poner fin a la molesta plaga humana que se extiende como una infección por el sur del Mar Frío. La última gran ciudad ha caído, pero la resistencia se mantiene en pequeños grupos repartidos por una gran extensión.

En la reciente batalla los soldados han logrado capturar a la líder humana, llamada Riaky Slen. Está prisionera en una tienda, encadenada y vigilada por media docena de guardias elfos.

Valgir Kraison se dirige a la tienda, con la intención de interrogar a la humana y obtener información sobre los grupos de resistencia que quedan en el reino. También tiene un segundo objetivo, más personal, pero igual de importante para ganar de manera definitiva la guerra contra los humanos.

Aunque procura mantenerlo en secreto, sus grandes logros han sido debidos, en su mayoría, a su capacidad para comprender al enemigo y saber cómo piensa. Siempre le ha resultado de una facilidad asombrosa entender las culturas de las distintas razas a las que se ha enfrentado y diseñar una estrategia contra ellas. Sin embargo, a los humanos no consigue comprenderlos. Parecen simples y predecibles, pero terminan actuando de maneras incomprensibles para él.

Al entrar en la tienda hace un gesto a los guardias para que se marchen, dejándolo solo con la prisionera. Esta se trata de una mujer madura, en la que los años de lucha y constantes enfrenamientos han dejado factura. El rostro presenta una cicatriz reciente que afea su rostro. Su mirada desafiante se clava en Valgir.

— Estarás contento, elfo —dice en tono sarcástico—. Has logrado tomar la ciudad, seguro que ahora los tuyos te dan otra medallita —añade, señalando las distintas insignias que el elfo, orgulloso, lleva en el pecho de la armadura.

Sin hacer caso del comentario de la mujer, Valgir la observa con sus penetrantes ojos grises. Trata de averiguar qué se esconde en la cabeza de Riaky.

—Dime, humana —la interrumpe por fin—, ¿por qué peleáis?

—¿Qué porqué luchamos? —responde ella, sorprendida— Por nuestras vidas y las de nuestros hijos. Por tener un lugar en el que vivir y llamar hogar. Por nuestra libertad, sin rendir cuentas ante vosotros, que pretendéis doblegar a los nuestros.

—¿Acaso no lo entiendes? —replica él—. Sois una raza débil y mortal, voluble y, si me lo permites, con graves problemas internos. No creas que no me han llegado rumores sobre vuestras luchas entre distintas facciones. Os iría mucho mejor como siervos de los elfos. Nosotros os mantendremos a salvo de otras amenazas y nos encargaremos de que estéis en paz. Solo tenéis que rendiros y arrodillaros ante nosotros.

—No vamos a ser esclavos de nadie —responde Riaky, con mirada decidida y voz agresiva—. Lucharemos por nuestra libertad hasta donde haga falta.

—Si todos los tuyos piensan como tú, humana, es que sois unos ingenuos. No podéis tratar de vencernos, nunca lo lograréis, aunque obtengáis alguna victoria aislada. Vuestra propia naturaleza está en vuestra contra. Vivís apenas un suspiro y morís antes de aprender nada sobre el verdadero funcionar del mundo. Sin embargo nosotros no podemos morir, estaremos siempre aquí, enfrentándoos y reduciendo vuestro número, recordando cada una de vuestras inútiles estrategias de guerra.

—El que no entiende nada eres tú. No nos comprendéis y eso es lo que os hará perder la guerra. Nos llamas débiles por ser mortales, pero es precisamente nuestra mortalidad, y la consciencia de ella, la que nos hace luchar hasta el final. Preferimos morir luchando por nuestra libertad que vivir como esclavos de una raza fría y sin emociones como vosotros, dejando a nuestros hijos el mismo futuro cruel. Creéis que por ser inmortales vosotros sois mejores, pero no entendéis que el saber que vamos a morir en algún momento es lo que nos hace humanos, vivir con intensidad, disfrutar de cada momento, amar y odiar con el corazón.

—Es posible que logréis seguir luchando unos años —la interrumpe Valgir, cansado de oír sus ilógicos argumentos—, pero llegará un día  en que vuestros descendientes terminarán por rendirse, cuando apenas queden de los tuyos y tu nombre y el de todos tus compatriotas se hayan perdido en el olvido. Te aseguro que ese día llegará y yo, que estaré allí para verlo, sonreiré y te recordaré aquí prisionera, hablando sobre libertad y amor.

Riaky no responde a su provocación, convencida de sus palabras y cansada de los comentarios grandilocuentes del elfo. Este, frustrado, sale de la tienda con paso firme. No comprende a estas criaturas ni su manera de ver el mundo. Eso lo asusta, pues no le permite adivinar cómo actuaran y anteponerse a sus movimientos. Las palabras de la mujer resuenan en su cabeza mientras se aleja de la tienda donde está prisionera. “Saber que vamos a morir en algún momento es lo que nos hace humanos”. “Lo que nos hace humanos”.



***


—Solo quiero ser más humano —repitió el elfo en apenas un susurro.
Habían pasado años desde aquella conversación, pero la guerra continuaba. Los humanos no se rendían jamás y, a pesar de que en cada batalla morían cientos de ellos, su ritmo de reproducción y crecimiento les permitía seguir oponiendo fuerzas a los elfos. Hasta los territorios humanos se habían extendido, robando tierras tanto a los elfos como a otras razas más pacíficas.
Durante mucho tiempo trató de vencerlos, pero viendo que no lograba ningún progreso empezó a obsesionarse con el ser capaz de comprender la mente humana, hasta que acabó retirándose del mando del ejército. Y las palabras de aquella mujer resonaron en sus pensamientos una y otra vez.
Finalmente llegó a la conclusión de que volverse como ellos era la única forma de comprender, y vencer, a los humanos.
—Así que eso es lo que quieres —dijo la bruja, pensativa, meditando las palabras del elfo. Lo observó con atención, sin dejar entrever emoción o pensamiento alguno. Tras un largo silencio, volvió a hablar—. De acuerdo. Si lo que quieres es ser mortal como un humano, que así sea.
Dicho esto, agitó las manos en dirección a Valgir Kraison. Un humo denso y más negro que la oscuridad de la cabaña brotó de sus dedos y envolvió al elfo en un abrazo asfixiante. En apenas unos suspiros, lo cubrió por completo, sumiéndolo en la negrura. La sensación cuando le entró por la nariz y la boca le provocó arcadas, pero pronto perdió la consciencia.
Cuando despertó, se encontraba en mitad del bosque. Estaba aturdido y tardó un rato en recordar lo sucedido. Se sentía mareado.
Recorrió los alrededores, pero no había ni rastro de la cabaña de la bruja.


***


68 años después.



El anciano se encuentra solo, recostado en un mugriento colchón en una posada de mala muerte. Su cabello está lacio y blanquecino, mientras que sus ojos cenicientos han perdido todo rastro de brillo. El rostro está lleno de arrugas y marcas de la edad, y la piel le cuelga de los huesos.

Valgir Kraison, el antaño orgulloso y respetado general élfico, rememora ahora su larga vida y, en especial, las seis últimas décadas, que para él han sido apenas un suspiro, comparadas con los siglos anteriores. Maldice mentalmente, con sus escasas fuerzas, a la bruja y también a aquella humana, la Riaky Slen.

“Lo que nos hace humanos” dijo, refiriéndose a la consciencia de la propia muerte. Sin embargo él, que ha sacrificado su vida inmortal por ser como ellos, sigue siendo incapaz de comprenderlos lo más mínimo.

Los años transcurridos, aunque para él han sido muy cortos, en realidad han dado bastante de sí. El ejército humano ha seguido creciendo y ganando cada vez más batallas. De alguna forma, son esos seres mortales los que han entendido la mentalidad de los elfos y empiezan a comprender, y a superar, sus estrategias militares, perfeccionadas durante siglos de guerras.

En cuanto al propio Valgir, se sintió envejecer al poco de visitar a la bruja. Decidido a entender a los humanos, trató de vivir tomando consciencia de lo que significaba ser mortal. Pero pronto, cuando los signos del paso del tiempo empezaron a ser visibles en él, los demás elfos, a los que no les gusta ninguna señal de decadencia, lo repudiaron y expulsaron.

En poco tiempo, Valgir se vio recorriendo caminos y vagando de pueblo en pueblo. Mientras, su cuerpo se iba deteriorando a la vez que su mente, obsesionada con el enemigo y angustiada por la soledad y el desprecio, enloquecía.

Ahora, cuando sus última fuerzas están a punto de abandonarlo para siempre, el elfo se siente invadido por la frustración. En su interior, entre el remolino de pensamientos inconexos que vagan por su cabeza, destaca, clara y firme en medio del caos, la idea del fracaso.

Fracaso. Eso es lo que siente que ha sido su vida. El más puro, absurdo y profundo fracaso.

El tiempo pasa. Ya no es capaz de distinguir si deprisa o despacio. De pronto aparece ante él una figura. A pesar del velo de niebla que cubre sus ojos desde hace unos años, es capaz de distinguirla con facilidad. Clara y bien definida.

Se trata de una joven, pequeña y delgada. Su apariencia frágil, desprende, sin embargo, un aura tan poderosa que hace estremecerse al anciano. De piel pálida y cabello largo y oscuro, viste un largo vestido tan negro como un abismo insondable.

—Valgir Kraison —pronuncia la mujer, y su voz resuena en los oídos del elfo—, ya es la hora.

—No —logra susurrar él, haciendo acopio de fuerzas—. No. Es demasiado pronto.

—Es la hora —repite ella, en el mismo tono.

—¡Apenas ha pasado un siglo! —Parece recuperar algo las fuerzas y, haciendo acopio de ellas, continúa hablando—. Esa mujer me engañó. ¡Maldita humana! Me dijo que siendo mortal comprendería a los humanos, que sería capaz de amar, odiar y pensar como ellos —su mente, confusa, mezcla los recuerdos de dos mujeres distintas—. Ella me envenenó y me engañó.

—Nadie ha sido engañado —responde la joven—. Tú hiciste el trato. Tú viniste a buscarme pidiéndome ser mortal como un humano. Yo solo te concedí lo que pedías —Mientras habla, su cuerpo se transforma lentamente. El rostro se le arruga y el pelo se le aclara, mientras que su espalda se encorva, haciéndola, si cabe, aún más pequeña. Solo entonces él aprecia el color de los ojos de la mujer. Uno claro, el otro oscuro—. Y ahora tu tiempo como humano ha expirado. Un trato es un trato, querido. Y nadie rompe un trato conmigo, pues soy la Muerte.

—Pero necesito más tiempo —reclama Valgir, angustiado—. No he vivido como ellos, no he entendido su mente. ¡Aún no sé cómo vencerlos!

—Eso no es cosa mía —responde la Muerte, con tono paciente, como quien habla con un niño—. Yo te di lo que querías, pero has sido tú el incapaz de ser humano. Tu mentalidad de elfo no es compatible con la de los humanos.

—Pero ellos son mortales. Eso es lo que los hace humanos, ser como son. Si solo me das más tiempo, conseguiré ser como ellos y entender su manera de actuar.

—Te equivocas, querido. Siempre te has equivocado. No soy yo la que hace a los humanos como son, ni la conciencia de su breve vida. Su manera de ser, de actuar, es algo inherente a ellos. Son una especie muy inteligente y curiosa, nunca ha existido criatura alguna como ellos. Pero no soy yo la culpable. Es su propia naturaleza la que los hace como son.

—Pero aquella mujer dijo…

—Aquella mujer se equivocaba —le interrumpe ella, con una brusquedad que no ha mostrado hasta ahora—. Los humanos, al fin y al cabo, no lo saben todo.

El silencio se impone entre ambos. La Muerte espera pacientemente, mientras que el elfo, en un destello de lucidez, empieza a asimilar todo lo que acaba de escuchar. Por fin, en su rostro siempre serio y ajeno a las emociones, empiezan a perfilarse los rastros de la tristeza y la desesperación.

—No te preocupes, elfo —dice ella. El apelativo de su raza hiere a Valgir en lo más profundo de su ser—. Pronto los tuyos te seguirán al otro mundo.

—¿Qué quieres decir? Son elfos. Los elfos no morimos… —tras pensar unos instantes, rectifica la frase—Los elfos no mueren, son inmortales.

—¡Ay, querido, qué equivocados estáis! —exclama ella—. Que todavía no le haya llegado la hora a ningún elfo no significa que no les vaya a llegar nunca. Existo desde el principio de los tiempos, hace miles de millones de años, antes de que la primera criatura viva apareciera. Y sé que todas ellas, tarde o temprano, mueren. Todo muere en este mundo, excepto la propia Muerte.

La oscuridad envuelve a Valgir Kraison mientras que sus pensamientos se desintegran en la nada, haciendo de su cuerpo un cascaron vacío.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
oye amigo estoy confundido , quisiera leer mas ordenado si tienes el orden ponlo pues yo quiero leerlo . ( ya e visto tus anteriores post , están interesantes y gozas de buena imaginación en conjunto con algunos chicles pero son aceptables y la verdad es que no soy crítico . Me estoy iniciando en este mundo)
Amnesia temporal , hasta recordar lo que soy pero siento que hago todo de nuevo y mi ser es como el fenix
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#3
@Enigmaticos, veo que eres nuevo en el foro, así que, antes de nada, sé bienvenido.  Espero que lo pases muy bien por aquí y disfrutes  de las muchas posibilidades que ofrece un foro como este.

En cuanto a tu comentario, tan sólo aclararte que "Joker" no es una única persona, sino que se trata de una cuenta que empleamos los usuarios del foro para participar  en un concurso literario que se denomina  "Reto Mensual". Al emplear todos los concursantes el mismo usuario, los relatos se publican de manera anónima, para que esto no influya a la hora de repartir los votos, ya que todos los participantes votan y comentan los relatos presentados. En cuanto a la verdadera autoría de los relatos, se desvelan al final del concurso, una vez que se dan a conocer los resultados de las votaciones.

Espero haberme explicado, pero si tienes alguna duda no dejes de exponerla.

Un saludo.
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#4
@Helkion, creo que sabe eso, pero su comentario fue más por el relato que está contado en tres líneas temporales que se van alternando.
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#5
@Krivus, si es como dices, ¿cómo se explica que diga esto?

"...ya e visto tus anteriores post , están interesantes y gozas de buena imaginación en conjunto..."
«La palabra es tiempo y el silencio eternidad». Maurice Maeterlinck
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#6
Mi culpa, me refería a que su comentario del orden era sobre el relato en si. Pero sí, parece que interpretó lo que vos dijiste.
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#7
Segundo relato del reto y, si el primero era de ciencia ficción, este es de fantasía. Y, al igual que el anterior, esta estructurado en saltos temporales.

Bueno, a lo importante. El relato me ha resultado ameno y me ha parecido interesante.
La ambientación fantástica me ha gustado, aunque aprovechas las ideas típicas de elfos, enanos y demás criaturas para dar por conocido el contexto, y así ahorrarte mayores explicaciones en el texto.

La idea me ha gustado. Es un giro distinto a la búsqueda de la inmortalidad. Aunque los motivos no me terminan de convencer y el final me ha parecido un poco precipitado.

A nivel técnico no he visto muchos errores, solo algún despiste de tildes y alguna repetición.

En conclusión, un relato ameno, que se lee con facilidad, pero no termina de engancharme.
"Toda historia tiene su final, pero el final de una historia es siempre el comienzo de otra nueva."
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#8
El relato yace sobre un concepto filosófico interesante, que es que la Muerte es "lo que nos hace humanos". A raíz de esto, desarrolla una historia en la que los elfos no entienden las motivaciones y la irracionalidad de algunas acciones humanas porque ellos se creen inmortales. El giro argumental es un golpe para el protagonista ya caído, al enterarse que los elfos no son inmortales, sino que viven demasiado. Demasiaaaaaaaado, si pensamos que hasta ahora todavía no murió ningún elfo jamás, y presuponemos que hay un pasado en la historia.
El gran problema, es que toda esta historia, interesantísima, está contada de forma totalmente pasiva. Con pocas escenas sin acción en las que se cuenta rápidamente lo que sucedió antes. Digamos que cuenta mucho y muestra muy poco. No dejando que el relato despegue en ningún momento.
Mostrar a Valgir (gran nombre!), luchando en la guerra y perdiendo por no entender a los humanos. Yendo y encontrándose con la muerte. Y luego siendo despreciado y muriendo en soledad. Todo esto mostrado con escenas bien elegidas y representativas, haría que el relato fuese mucho más "enganchante" y quedaría algo muy muy bueno.
Saludos!
"En mis sueños de colegial siempre seríamos dos fugitivos cabalgando a lomos de un libro, dispuestos a escaparse a través de mundos de ficción y sueños de segunda mano."
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#9
Hola escritor.

Me gustó ese. De hecho es uno de los que más me gusta, Uqe se puede hacer, siempre que hay elfos yo siento un regusto hermoso en todo mi ser. El concepto es muy bueno pues de cierto modo deja en claro el conflicto que tienen los elfos por comprender las acciones humanas.

Como te comentan arriba, hubiera sido bueno que le añadas más escenas de acción, más drama y algo más de sangre. Eso lo hbiera hecho mucho más redondo al menos para mi jeje.

Saludos y mucha suerte.
Tonto aquel que presta sus libros... y mas tonto aún aquel que los devuelve


[Imagen: jpg]
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#10
@Helkion si , tuve la molestia de leer las reglas es que me emocione :v jajaja y todo normal ya me e leido las demas historias y tienen buena pinta
Amnesia temporal , hasta recordar lo que soy pero siento que hago todo de nuevo y mi ser es como el fenix
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