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[Fantasía épica] Baile de Sombras
#21
Yaoo fardis, vine a ver qué acontecía por estos lares.

Por el momento solo pude leer el inicio, al ver que se extendía bastante más me pareció más apropiado comentarte primero para hacerte saber que tienes un lector más! [aplausos]
Lo poco que leí me gustó, no será problema leer lo que quede :B, intentaré ponerme al corriente para poder participar en el reparto de sartenazos pero, por el momento, estoy a salvo (creo :O)
Volveré a comentar cuando llegue al último capitulo que agregaste y pondré una opinión más detallada de lo que me pareció, no creo que sea capaz de explayarme mucho al leer solo el primer capitulo Sad

Un saludo.
“Te llevaste mi mejor mitad, Sin Sangre, y lo que dejaste es a un peligroso enemigo” –Wyrell.

“Dentro de mi locura, tengo mi propia cordura” -Avelon.

Concordia - [1/3]
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#22
Buenas!!

Primero los sartenazos Tongue
(seguro que alguno me lo llevo yo, jeje)

No podía respirar, tenía los ojos abiertos como platos y la mandíbula suelta y medio desencajada, mas Varsuf por su parte tartamudeaba inconexamente mientras contemplaba la escena con el rostro empapado en sangre.

Contuvo la respiración durante largos segundos, mientras su atención pasaba de los cadáveres a Kumar sucesivamente con incredulidad, hasta que volvió a retomar (¿tomar?) aire de nuevo.

―¿Se encuentra bien señor? ―Le preguntó este tanteándolo con aquellos insondables ojos suyos; igual de oscuros como (¿que? igual...que / tan...como) dos pozos. ―¿Puedo hacer algo más por usted?

Aunque quisiera describir con palabras qué era lo que acababa de suceder, no tenía ni la más remota idea de cómo comenzar a hilarlo ¿Cómo se afronta un hecho como este? Resultaba demasiado bizarro para digerirlo así sin más.

¿Qué reacción cabía esperar de un tipo que charlaba así de distendido al lado de los cuerpos que acababa de desmembrar (¿decapitar? creo que desmembrar no es del todo correcto)?

‹‹Viejo›› ¿De quién podrá tratarse? Se preguntó. Más importante aún si cabe ¿Por qué querría alguien acabar precisamente con nosotros? (no soy muy ducho en esos temas, pero creo que los pensamientos se ponen entre ‹‹ y ››)

No tenía ni la más mínima idea de qué habían podido hacer para molestar a cualquiera de aquellos dos, o al hombre que los había contratado, pero si de una cosa estaba totalmente seguro, es que querían que no volviesen a respirar al siguiente día.

Si se abstuvo de reír como un majadero, era simplemente porque no le quedaba estomago para hacerlo. Curiosamente no pudo evitar pensar en cómo había logrado Kumar localizarlos a estas (¿esas?) alturas de la noche. ... Era demasiado perturbador para sacar una conclusión precipitada, demasiado confuso; y extraordinariamente inverosímil.

Pero por mucho que intento encontrar una razón lógica que los haya impulsado a obrar así, aún no he dado con ella.

Ahora fue su turno de mirarlo con las cejas arqueadas, aunque Kumar no añadió nada más a aquella espontánea declaración; muy a pesar de lo confiada que había sonado su respuesta. La verdad es que nunca sabía si Kumar hablaba en serio o, por el contrario le estaba tomando el pelo. Observó cómo este se dedicaba a limpiar el filo de sus espadas en la ropa de sus asaltantes, con una frugalidad que lo inquietó. No parecía afectarle en demasía la truculenta escena que acababa de protagonizar; era como si estuviese acostumbrado a decapitar y destripar por oficio.

No sabía ni por qué se molestaba en preguntarle si pretendía obtener respuestas claras.

tan solo empañado por el intermitente castañeteo de los dientes de Varsuf que rompía la quietud general. ... Quizás hasta se quede a observar el espectáculo con una sonrisa de oreja a oreja.

¿Podrías decirnos quién diablos eran estos dos tipos y qué es lo querían de nosotros? Quizás si logramos identificarlos, podamos atar cabos y así conseguir averiguar quién los ha enviado a por nosotros. ¿Ves por dónde quiero ir Kumar?

—Sí Varsuf —dijo mirándolo directamente a los ojos. —, los (puntuación) dos.

Volvió a enfocar su atención en Kumar, pues era quien debía de tener las respuestas a todo aquel sinsentido, y pensaba sacárselas a golpes si eso era necesario.

—¿Piensas contarme lo que sabes o no?

No sé quiénes (no estoy seguro, pero creo que se me ha pasado marcarte alguno similar antes Tongue) eran estos tipos ―dijo señalándolos con indiferencia ―, ni conozco las razones por la que pretendían haceros daño.

Lo miró reprimiendo las enormes ganas que tenía de abofetearlo, si tuviese las fuerzas necesarias como para realizar dicha acción, seguramente se lanzaría a su pescuezo sin pensárselo dos veces. Estaba completamente seguro de que Kumar  omitía una información vital, solo los dioses sabían qué razones le impulsaban a ocultarla. También estaba el pequeño detalle del extraño y oscuro humo que había brotado de las gargantas de aquel par de infelices. Juraría haber visto cómo este se arremolinaba alrededor de las espadas de Kumar durante unos segundos, y luego seguido ser absorbido por las hojas de las mismas.

Entonces ¿Por qué tengo la extraña sensación que sabías que esto iba a ocurrir y por eso te has presentado en este callejón en el momento justo?

―No sé qué le ha llevado a esa conclusión, señor. Es cierto que llevo toda la noche detrás de usted, pero es lo que suelo hacer habitualmente. ―le confesó a bocajarro.

Definitivamente seguían estando en el mismo punto que al principio, sin saber qué había llevado a aquel par de enajenados a atentar contra ellos.

―¿Qué hacemos ahora entonces? ―Preguntó Varsuf, sacándolo del profundo ensimismamiento donde estaba hundido. A pesar de que parecía haber recuperado en cierto modo el color de piel, seguía teniendo las pintas de alguien salido recién (¿recién salido?) del matadero.

―¿Quizás deberíamos avisar a la guardia de lo que ha sucedido aquí? ―preguntó más que afirmó. ―Seguramente ellos sabrán qué hacer.

Tenía muy claro que si se presentaban a la guardia relatando lo ocurrido, tal y como lo veía tras contemplar la escena por enésima vez, los encerraban de por vida en el agujero más oscuro que pudiesen encontrar.

La realidad era que les había rebanado sus cabezas como a melones. ¿Por qué diablos habría actuado así? Si los hubiese herido, desarmado o incapacitado de alguna forma no letal, tendrían una justificación razonable para poder usar en su defensa, pero ahora, como estaban las cosas….

―¿Qué os parece si nos vamos a casa y ya está? ―saltó Kumar de pronto. ―Pienso que  sería lo más sensato dadas las circunstancias.

―¿Sensato kumar? Dime ¡¿Qué parte de la maldita matanza que has organizado, es la que ves más sensata?! ―Estalló sorprendiendo tanto a Varsuf como a Kumar por el inesperado arrebato. ―Has matado a dos personas en mitad de la calle, decapitados in situ, y por lo que afirmas, con una premeditación sorprendente ¿Te has parado siquiera a pensar en las consecuencia de tus actos? ―le preguntó mientras una cantidad nada desdeñable de efluvios salían (¿salía? no lo tengo claro, pero "una cantidad" es singular) despedidos de su boca. ―Ahora debemos pensar cómo explicarles a las autoridades qué razones han llevado a provocar que tengan dos cadáveres en sus calles. ¿A casa y ya está? ¡¿Pero en qué puñetero mundo vives tú?!

―Comprendo sus reticencias, señor, pero piense que lo más seguro para vuestra integridad sería abandonar las calles lo más pronto como (¿que?tan...como / más...que) le fuera posible.

―¡Vaya, pero si piensas en mi seguridad después de todo! ¿Ahora me dirás que esperas que estos dos se levanten de nuevo? ―Retrucó molesto.

Mientras se devanaba los sesos intentando encontrarle una salida a aquella lunática situación, notó cómo Kumar los contemplaba impasible como una estatua. ...Ahora, en aquellos momentos de tribulación, era innegable que empezara a verlo con otros ojos y que por ende, lo asaltara (¿asaltaba?) un sinfín de preguntas con respecto a él.

De pronto escuchó cómo alguien venía por el callejón colindante al que se encontraban; aproximándose irremediablemente a ellos. Una voz acartonada iba cantando embriagado de alegría, destripando la tonada con más bien con escaso talento e indescifrable pronunciación. ... Él los miró con detenimiento, intentando discernir de quiénes podría tratarse; ellos por su parte miraron hacia los cuerpos mutilados desangrándose a sus pies; con la boca abierta y los ojos desorbitados de par en par.

Sus gritos desgarrados pudieron oírse a tres manzanas de allí, quebrando el silencio nocturno que previamente había reinado en la zona, haciendo que temiera la posibilidad de que un numeroso grupo de gente se reuniera en el lugar

Costaba creer que alguien tuviese tan mala suerte. ... Tragó saliva en vano. Si aún no habían tenido la oportunidad de encontrar un explicación razonablemente cuerda para relatar a las autoridades lo acontecido

Contempló a Varsuf, pues hacía un buen rato que no se pronunciaba; este negaba con la cabeza con la visión perdida en algún punto inconcreto de la fachada que tenía enfrente, mientras murmuraba.

Sopesó todas las posibilidades que tenía, pero ninguna de ellas lo convenció lo más mínimo.

Lo primero sería  relatare qué inconsciencia lo había llevado a decidir que era una buena idea transitar por los Distritos de madrugada. Si llegado a ese punto no lo mataba de inmediato, puede que de alguna forma lograse explicar por qué sus asaltantes, (inevitablemente), habían sido reducidos a dos mitades.
 
―Es una decisión muy juiciosa por su parte, señor. Síganme y les llevaré sanos y salvos a casa.

Puso los ojos en blanco antes de desistir de intentar razonar con ninguno de aquellos dos. Varsuf tan siquiera parecía ni haberse percatado que estaban hablando en aquellos instantes de él, seguía a la suya, contemplando la fachada con la vista perdida más allá de ella, perdido en el mundo del trastorno mental.

Pues creo que después de esto el pedo que llevaban se les habrá pasado del tirón XD

Menudo prenda está hecho Kumar... la mayoría de lo que sabe se lo guarda, y la mayoría de lo que dice es para darle un mamporro... y Armen mientras tanto desesperando sin saber qué hacer y cómo salvar la papeleta... porque desde luego con el amigo mejor que no intente contar...

Como siempre hay que destacar la narración decorada y pulida, con muchos detalles y vericuetos, pero sin hacerse para nada pesada. Te felicito Smile

Creo que sobran las especulaciones... hay tantas incógnitas pendientes, más aún conociendo el futuro del consejo... que no sabría por dónde empezar... Así que tocará esperar hasta que las musas te dediquen su tiempo.

Ánimo y a seguir!!!
Iep!
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#23
¡Buenas Camarada Wyrell!
Gracias por pasarte por el hilo, y es un placer contar contigo como lector. La verdad es, que sí que son capítulos bastante largos, pero espero que se te hagan cortos después de todo. En cualquier caso, ten la sartén a mano por si las moscas, uno nunca sabe cuando la va a necesitar. Y no te preocupes, a tu ritmo, que la verdad es que hay unas cuantas páginas ya publicadas. Esperaré gustoso los buenos sartenazos que me quieras dar. Un saludo y nos leemos.

¡Camarada Landanohr!
Que bueno tenerte de nuevo por estos lares, ya ves que había tardado un poco de tiempo en escribir estas cuatro lineas para sentirme realizado XD
El pedo ha flotado en el aire y se les ha evaporado en situ XD Quería lograr una escena algo hilarante, pues no es muy común que decapiten a la gente delante tuyo, y sí además tienes por compañía a Varsuf y a Kumar, ya la tienes liada.
Verás que giros están por llegar XD (Cuanto menos esa es la intención) A ver si os consigo sorprender.
Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#24
DELIRIO (2 Parte)



Un terrible alarido rasgó el silencio que se respiraba en el pabellón nº 3; aquel grito descarnado, producto del miedo más absoluto, no produjo en él más que un letárgico sentimiento de indiferencia. Había perdido la cuenta de a cuantos hombres había escuchado gimotear como niños entre los muros de aquel lugar. Muchos, sería un eufemismo que no expresaría con exactitud cuántos fueron en realidad, y la verdad; es que uno acababa por acostumbrarse a todo.

Suspiró con resignación.

Al cambiar de postura en el mugriento suelo de su celda, sintió como un calambre le subía desde sus tobillos hasta la cadera, recorriendo vértebra a vértebra toda su espina dorsal, y terminando el trayecto detrás de su cabeza con un dolor pulsante; sentía agarrotados todos los miembros por la inactividad.

Como tantas otras veces se preguntó «¿Cómo he podido acabar aquí?» Como siempre ocurría poco después, la voz de dentro de su cabeza le daba la respuesta. Estaba harto de que siempre se entremetiera en asuntos que no le inmiscuían, pero  formaba parte de él. ¡Era exasperante hasta límites insospechados! Más tarde y a pesar de sus reticencias, acababa por evocar antiguos y poco gratos recuerdos hasta que otra jornada volvía a recibirlo de nuevo.

Desde bien pequeñito que se percibió en él una vena una pizca malévola. Decían que no sonreía como los demás niños de la ciudad, que no jugaba con nadie de su misma edad, no hablaba con las demás personas, más tan solo lo hacía consigo mismo; evadía el contacto con la gente en general. No pasó mucho tiempo antes de que lo evitaran mientras cruzaban de calle y cuchicheaban señalándolo como si fuese el portador de algún tipo de plaga infecciosa. Durante muchos años creyó que quizás no estuviesen errados del todo, puede que se merecía lo que le sucedió a continuación.

Nadie cuestionó a sus progenitores cuando decidieron abandonarlo a su suerte, en uno de los lugares más decadentes de la ciudad, con la misma facilidad con la que uno se deshace de los desperdicios de la cocina. Recordaba el momento como si hubiese sido ayer: recordaba cómo no derramaron ni una sola lágrima por él, ni le dedicaron palabras de despedida, siquiera miraron una sola vez atrás mientras se alejaban irremediablemente. Los avergonzaba a ojos del populacho. Dejó de ser la sangre de su sangre desde aquel mismo instante. Según ellos, su hijo debía de estar poseído por algún ente ignominioso. Era violento, excéntrico y distante; el producto de la misma esencia de la maldad.

La realidad era que un día lo sorprendieron en las despensas de la casa; era noche cerrada y tan solo la luz de unas pocas velas titilaban en el hogar, en sus manos ensangrentadas aferraba fuertemente un cuchillo de trinchar, mientras a su vez, contemplaba con una expresión desprovista de cualquier tipo de emoción, el gato que yacía destripado en el centro de la moqueta azul. (Sus padres lo llamaban por el nombre de MaaU) Por alguna taxativa razón que escapaba a su consciente, la entidad de su cabeza consiguió obrar compulsivamente y no se pudo resistir a ella, apremiándolo a diseccionar al animal en situ. En aquel momento no alcanzaba a descifrar porque le obligó  a actuar de una forma tan execrable, no comprendía porque no lograba ejercer ningún control sobre sus blandas extremidades, como tampoco entendía porque tenía que debía protagonizar un hecho que marcaría su futuro de por vida.

La dantesca escena fue más de lo que sus modestos padres lograron soportar; sus patéticos intentos por abandonar la las despensas de la casa como almas perseguidas por el diablo, quedaron grabadas en sus retinas para siempre. Abandonarlo para que muriera por el bien común, no les parecía después de todo, un acto tan atroz.

Al principio sintió como le embargaba una enorme desazón, seguida de una incontrolable rabia, para más tarde acabar dejándolo hueco como la cáscara de una nuez. Sus estados de ánimo eran volubles y muy cambiantes por aquel entonces; se había quedado solo. Durante meses maldijo aquella voz que se había instalado en su cabeza, estaba ahí desde que tenía conciencia, y no sabía él porqué, era una intrusa que interfería en su vida personal, sediciosa cuando tenía la oportunidad, aunque normalmente solía ser atenta y zalamera, por eso odiaba el acariciante y aterciopelado tono de su voz.

«¿Por qué te refocilas siempre con la parte mala de la historia?» Preguntó de pronto dicha voz. «A fin de cuentas, aprendimos mucho durante aquellos años juntos ¿No?»

Se recostó en la pared con lentitud, soltando un amargo quejido: le dolían casi todas las articulaciones del cuerpo.

―He aprendido es a odiarte cada día un poquito más, Ashur. ―le confesó.

«Que deprimente resultas cundo te pones así de melancólico.»

―Siento defraudarte y que no esté todo lo dichoso que te gustaría. ―dijo sacudiendo sus grilletes en el aire. ―tendrás que discúlpame si no me levanto y salto a la pata coja de la alegría.

«Tampoco hace falta que te pongas quisquilloso ahora», contestó antes de retirarse hacia un pequeño recoveco de su mente. «Está claro que hoy tienes uno de aquellos días.»

Suspiró, aunque sin replicar, sabía que no le iba a servir de nada que se desgañitara hasta quebrar su voz. Ashur era como una china dentro del zapato; diminuta, molesta y puñeteramente insidiosa; siempre atenta a la hora de lucir su irritante verborrea.

Era por su culpa que estaba encerrado allí, por sus maquinaciones, y por el dolor que le infligió a tanta gente por ceder a los impulsos que le provocaba. Muchos fueron los que perecieron por sus propias manos, tantos, que incluso había olvidado sus nombres, el recuero de sus rostros y el de sus llantos.

Otro desgarrado grito sonó varias estancias más abajo, un grito descarnado y lleno de terror, la sinfonía de una vida truncada en mil pedazos. Observó como una forma se escabullía hacia la zona más oscura de los dos metros cuadrados que tenia por celda. «¿Cucarachas o alguna rata tempranera?» Acertó a conjeturar. Muchas otras alimañas acompañaban los desvaríos de las personas que estaban allí encerradas.

Durante meses deambuló por las calles perdido y sin un rumbo aparente, las probabilidades de llevarse algo al estomago eran nulas; el hambre hizo de este un nudo duro y retorcido. Registró en casas abandonadas y en montones de porquería, buscó caridad en la gente, aunque no encontró más que desprecio, se las vio negras para conseguir un miserable pedazo de pan duro y, en él, no halló sustento para calmar su hambre. Pensó que era harto improbable que sus progenitores lo aceptasen aunque les implorase piedad; no tenía más familia a la que recurrir, ni amigos a los que poder pedir ayuda, era un paria poco ducho en mendigar después de todo. Contempló seriamente la posibilidad de encogerse en cualquier sucio callejón y esperar a que la muerte lo llevase a un sitio mejor. Puede que Amerantú fuese más misericordioso y menos despiadado que aquel mundo insensible y cruel, quizás este lo alejara de su miseria; del hambre y del frío que atería sus huesos por las noches.

Fueron días difíciles para un crío de tan solo nueve años.

Se llevó muchas sorpresas y recibió más palizas de las necesarias en el transcurso de aquellas penosas jornadas. Con el tiempo y con la ayuda de Ashur, aprendió a valerse por sí mismo y a moverse mejor por los sinuosos callejones de Vatício, por sus húmedos canales, cerca de las bulliciosas tabernas y por las aglomeradas avenidas, por su parques y mercados, incluso por el puerto; conocía las mejores zonas para el pillaje y los lugares donde le convenía no parar mucho tiempo sin perder los dientes en el proceso. Al poco tiempo escapaba de los matones cuando la situación lo requería, cultivando un sexto sentido que le prevenía cuando las cosas se iban a poner feas.

«Ha llovido mucho desde entonces.» Declaró de pronto Ashur, volviendo a ocupar parte de su mente e interrumpiendo sus divagaciones de nuevo. «Demasiado para empezar a preocuparse ahora.»

―Cierto ―Respondió tácito tras haber meditado largo rato las palabras de su abstracto compañero. ―Ha llovido mucho desde entonces. ―terminó por concluir, evadiendo su insidiosa retorica, y retornando de nuevo hasta aquella aciaga etapa de su vida.

Recordaba el decimotercer día del mes del Ocre como si fuera ayer. Era una mañana como las demás, el cielo lucia gris y unas nubes de tormenta amenazaban apareciendo por el horizonte, sus oportunidades de encontrar cobijo eran nulas. La fortuna o la simple providencia, quiso que cayera en gracia a un pobre anciano que pasaba por allí. El hombre no podía deja a un niño bajo las inclemencias de aquella tempestad, así que le propuso que lo acompañara; a un lugar donde la noche no lo alcanzaría famélico y aterido.

En aquel momento cargaba con trece inviernos sobre sus esqueléticos hombros, y en todo aquel periodo de tiempo, nadie se había dignado en echarle más que una mirada de soslayo. Hasta aquel instante. ¿Por qué ese hombre si lo hacía, que había visto en él? Era una situación del todo desconocida, no sabía cómo enfrentarse a ella, aún menos como interpretarla con claridad; recelaba de las personas por su instinto traicionero. Recordaba como un sinfín de emociones encontradas lo embargaron hasta anegarlo todo. ¿Coger la mano que le tendían o pasar otra noche al raso? Quien imaginaria que allí, en aquel mismo instante, acababa de decidir el rumbo que tomaría su vida desde aquel entonces.

Divagó con aquellos pensamientos en la oscuridad de su celda, e involuntariamente apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos; su expresión se hizo más sombría.

Al llegar a la casa fue recibido por un aluvión de abrazos, un montón de besos y un sinfín de carantoñas. A pesar de su suspicacia, aquella pareja de afables ancianos lo acogieron en su casa sin hacerle preguntas, sin ponerle ninguna condición a cambio, sin reticencias; le abrieron las puertas de su hogar de par en par. La mujer del hombre pasaba ya de los sesenta, era grande cómo una osa y radiaba una felicidad  contagiosa; parecía que en cualquier momento iba a saltar y cogerlo para achucharlo hasta dejarlo seco. Por un momento se sintió integrado en una lar. Aquella noche comió toda la comida que un pequeño como él pudiese desear (que fue mucha) disfrutó algún tiempo de lo que tradicionalmente se conoce como una familia feliz, y pensó que aquello iba a durar para siempre. Quizás es que en el fondo aún seguía siendo un mocoso ingenuo.

Resultó que la pareja de sexagenarios no eran lo que aparentaban en absoluto, sus intenciones para nada pretendían ser misericordiosas. Un día echaron algo en la comida con la intención de dejarlo inconsciente (probablemente raíz de mandrágora o una destilación de belladona) drogarlo para que no pudiese resistirse a ellos. Al parecer la pareja de ancianos tenían un trato con un mercader de esclavos que esperaba fuera de la ciudad (pues estaba prohibido por ley traficar con personas sin el beneplácito de las autoridades), este aguardaba impaciente a que le trajeran nuevo género con el que tratar.

Que estúpido fue el confiar en poder tener una vida distinta lejos de las calles, un imbécil al creer que eso podía ser posible, que existía algo similar al afecto en las personas. La voz ya le previno, pero no quiso hacer caso de sus advertencias, estaba tan harto que le mintieran o que jugasen con sus emociones, y bien sabía lo manipulador que podía llegar a ser Ashur en ese aspecto, que decidió hacer oídos sordos a sus consejos. Así fue como cayó en la treta de aquellos dos; atraído igual que un osezno por un panal de miel. Para desventura de la pareja, él no era el chico normal que ellos pensaban que se trataba, y aquel fue el último error que cometieron.

Muy a pesar de que estuviera atado en una silla, atado tanto de pies como de manos, y con aquel mejunje psicodélico revolviéndole las tripas, en ningún momento se había sentido cohibido. La sangre, su sangre, bullía dentro de sus venas quemándolo todo y clamando venganza por la traición; haciendo la mezcla inútil, estéril para con él.

Se dejó poseer por Ashur, así se lo habían planeado, como otra muchas tantas veces antes, prometiendo que en cambio tomaría las represalias necesarias que se merecían aquellos dos; pagarían por las malévolas maquinaciones que habían estado orquestado durante años. No es que fuera algo grato de ver lo que sucedió a continuación, pero algo en su interior se deleitó con la carnicería que tuvo lugar en aquella casa. En aquel estado no estaba en posesión de sus miembros, ya que eran manipulados por Ashur, su cuerpo le había dejado de pertenecer. A pesar de todo, seguía teniendo constancia de todo lo que sucedía en frente suyo, así que simplemente contempló cómo un asistente más, como un espectador de una obra llena de sangre y de vísceras, en la que no destacaba precisamente la piedad.

Salió de la casa ya habiendo recuperado la posesión de su cuerpo, las nauseas amenazaban con hacerlo vomitar, su mente, siguió mucho tiempo después trastornada por las atrocidades que había cometido.

Nuevos alaridos brotaron de las entrañas del pabellón. Los pobres desgraciados que sufrían aquella agonía, para él seguirían siendo unos anónimos sin importancia. Cualquiera de ellos podía recibir la visita de los muchos Prácticos de Institución; encargados de la vigilancia y el cuidado del pabellón Nº 3. En cualquier momento podía tocarle a él.

«Yo que tú no me haría muchas ilusiones»

Acarició la idea, aunque rápidamente la desechó. «¡Maldita sea!»

―Supongo que tienes razón.

Ya era conocido su mal talante, sus extraños y repentinos cambios de humor eran muy frecuentes, sus estallidos de rabia ocasionales, pocos se molestaban  en visitarlo más que para dejarle la comida rancia y retirarla poco después junto un bacín medio lleno. Estaba encadenado de pies y manos junto a una húmeda pared, recostado en un suelo mugriento y lleno de enmohecida paja; atestada de parásitos hasta la saciedad. Hastiado de su encarcelamiento, ya tuteaba incluso a las mismas cucarachas que lo visitaban siempre para apoderarse de un poquito de las migajas que le sobraban de la nauseabunda comida que le servían allí.

«¿No sé porque siempre le buscas las tres patas al gato? A fin de cuentas, ya sabes que hemos estado encerrados en lugares mucho peores que este con anterioridad. Y la verdad, no me atrevo a vaticinar que sea el último.»

Por una vez estaban de acuerdo. Cierto era que en más de una ocasión se había visto envuelto en situaciones realmente rocambolescas, no era la primera vez que estaba encadenado en una sucia mazmorra a muchos metros por debajo del nivel del suelo, y quizás esa no fuese la definitiva. La única diferencia radicaba en las razones que lo habían llevado a estar allí, las cuales resultaban ser muy diferentes a las de ocasiones anteriores. «¿Penitencia?» Pensó que no era una definición muy precisa al fin y al cabo.

De pronto el silencio se hizo en el pabellón, los alaridos de terror se apagaron bruscamente, conjeturó que los Prácticos habían solucionado las desavenencias que podían estar afectando a los reclusos de aquel ala; lo que bastante a menudo solía suceder. Estos en el mejor de los casos quedarían apaciguados o inconscientes durante un buen rato, en el peor de ellos muertos. Nunca se había compadecido de los débiles y no iba a empezar ahora, desde luego. Le asqueaban, y solo podía pensar en que estarían mejor debajo tierra que dando la tabarra al resto de los vivos.

«Pues será mejor que no te relajes» Dijo de pronto Ashur. «Creo que al final sí que vas a tener visita.»

No se inmutó, pero bien sabía que Ashur tenía los sentidos muy desarrollados, mucho más que cualquier humano, y podía oír cosas que a él se le escapaban por completo. A pesar de lo intrigante y vil que era, en ese instante parecía estar diciendo la verdad. Se recostó mejor en la pared y esperó, paciente, agudizando su oído mientras respiraba con serenidad.

Al rato, el chirrido de los goznes de una puerta oxidada confirmó la presencia de alguien más en el pasillo. Pronto, el golpeteo de unas suelas contra la piedra le revelaron, que eran un grupito de varias personas que se le aproximaban, dos o tres hombres a lo sumo. A juzgar por el estruendo que hacían, estaban acostumbrados a caminar por lugares tan truculentos como aquel, pues su conversación era de lo más trivial. Apreció claramente la titilante luz de las antorchas, el contorno de sus alargadas sombras danzaba rítmicamente con el vaivén de la llama mientras acortaban la distancia. Cuadró su espalda y cruzo sus piernas debajo de sí, su expresión no trasluciría más que indiferencia. Que supiese, no esperaba visita alguna, pero tratase de quien se tratase no lo encontraría encogido como un gusano.

Al llegar a su altura alguien rompió el silencio.

―Ya lo os lo dije yo muchachos ¿Que esperabais que íbamos a encontrarnos en un antro como este? ―Preguntó alguien de timbre melifluo. ―Aún no entiendo porque les preocupa tanto el sujeto que se encuentra aquí encerrado, pero si míralo,  parece que esta medio muerto.

―Mmmmm…….

Notó como tres pares de ojos lo examinaron con detenimiento, el reflejo de la antorcha bailaba detrás de sus parpados con un juego de sombras rojizas, alguien se removió inquieto. Ni se inmutó.

―¿Seguro que es este, Shawn? ―preguntó con escepticismo nuevamente.

―Y cómo quieres que lo sepa ―replicó un segundo ―, por lo que sé estamos en el pabellón Nº 3 ¿no? Y a los que hemos interrogado hace un rato juraría que estaban diciendo la verdad.

―Sí, eso no lo dudo, y también que es la celda que nos han marcado en el maldito plano ¿Ves? ―confirmó. ―Pero sigo sin ver nada de especial en este tipo ―dijo tras un rato de contemplación. ―Incluso diría que dista mucho del sujeto violento e irreverente del que nos advirtieron.
   
―Quizás tengas razón, Marwn ―concedió el segundo ―, pero si hemos de hacer caso a los reportes, y dado el lugar en el que está encerrado, yo que tu no me acercaría demasiado. Ya sabes, por si las moscas.

Hubo otro largo silencio antes de que este contestara.

―Pues sigue sin parecerme amenazador.
 
―Estoy casi seguro que el patrono de este acogedor lugar no piensa lo mismo que tú. En todo caso, creo innecesario recordarte lo que este hombre hace casi dos décadas hizo en las Ciudades-Estado de Mayram.

Se apreció como el primer sujeto tragaba saliva.

Aquellos hombres parecían saber bastante de él, comprobó, quizás mucho más de lo necesario. «¿Quién los habrá mandado?» Había un sinfín de posibilidades, pero ninguna le parecía buena; no destacaba precisamente por su sociabilidad. Su instinto le decía que no representaban peligro alguno para él, así que se relajó por el momento y estudió la situación.

Sí de una cosa estaba completamente seguro, es que las voces le eran desconocidas por completo, no llegaba a asociarlas a nadie asiduo al lugar; con lo cual estaba más perdido que un sacerdote en una orgia de brujas. Hubo un dato que sí que le fue difícil digerir. «¿Casi dos décadas ya…» Asimiló la información y fue como tragarse una taza repleta de vinagre. Descartó aquella reflexión, lo más importante ahora era prestar atención a sus visitantes. Así que siguió sentado en el suelo, impertérrito, como si nadie hubiese irrumpido de pronto en su celda, empero en realidad, tenía toda su atención puesta en ellos.

―¡Basta ya de tanta cháchara! No estamos aquí para cuestionarnos los aspectos técnicos del asunto ―Dijo alguien de voz grave irrumpiendo en la conversación. ―Si os fijáis  ―prosiguió el hombretón ―el tipo esta encadenado de pies y manos ¿lo veis? No puede hacer ningún daño a nadie. Dicho esto, no voy a ser yo quien os de el sermón de como se irrita el Viejo cuando le hacen esperar más de lo que considera necesario, pero dudo mucho que le interesen una mierda vuestras observaciones si se da la situación.

Aquello acabo con el debate de raíz. Se oyó como una llave giraba en la cerradura, escuchó cómo el pestillo se desplazaba lentamente, poco después el chasquido de apertura junto al chirrido de los goznes de la puerta al abrirse; al poco sus interlocutores estaban dentro de la celda.

―¡Oye tú, despierta! ―Le Ordenó el de la voz cantante.

«Creo que eso va por ti» dijo divertido Ashur.
       
No abrió los ojos, ni tampoco contestó a las pullas de Ashur, tan solo se preguntaba quiénes eran aquel trío. Tenían un acento bastante peculiar, concluyó; por como arrastraban la (S) al hablar. Aquello le reveló que quizás fuesen de Bruda o tal vez de la región del Neltal…

―¡Oye tú, estoy hablando contigo Tiznado! ―Inquirió de nuevo el tipo. ―¿Eres sordo o qué?

No se molestó en contestar. Tiznado era un término que solo se usaba de un modo despectivo para dirigirse a la gente de piel oscura, por lo tanto, siguió con la cabeza gacha y las greñas tapándole el rostro; la sensación era que se estaba pegando una cabezadita. Necesitaba pensar en lo que había oído hasta el momento. ¿Quién sería El Viejo? Por lo que él sabía podía tratarse de cualquiera. A pesar de que su mente estaba inundada de multitud de nuevas preguntas e inquietudes, decidió ser paciente y esperar.

―Puede que no te quiera oír ―adujo divertido el primero.

El hombre de voz ruda no contestó inmediatamente, a pesar del evidente  sarcasmo de su compañero. Guardó silencio durante unos breves segundos, pudo notar como apretaba con fuerza la mandíbula a la par que sus puños, finalmente retrucó.

―¿Estas intentando tomarme el pelo, Marwn? ―Su tono era amenazante.

―Nada más lejos de mi intención Jorgán, tan solo era una mera observación.

―¡Pues ya empiezan a irritárseme los testículos con tus meras observaciones! Soy yo el que lidera esta expedición y no a la inversa. Recuérdalo bien. Sí vuelvo a verte haciendo el mono le sugeriré al Viejo que te venda a un maldito circo circense ¿Lo has comprendido?

―¡Alto y claro! Te aseguro que no volverá a suceder ―Adujo Marwn, mintiendo como un bellaco.

Hubo un tenso silencio antes de que el otro prosiguiera.

―Bien. Será mejor que nos pongamos a ello de inmediato, cuanto antes acabemos lo que hemos venido a hacer, antes podremos volver a casa. ―Terminó dictaminando. ―¡Tú! ―En esta ocasión lo dijo dirigiéndose a él otra vez. ―Será mejor que empieces a levantarte por las buenas y sin armar escándalo, no pienso volvértelo a repetir.

No pudo evitar sonreír. Hacía mucho tiempo que nadie se había atrevido a hablarle de aquella manera, incluso entre los muros de aquel lugar. Los pocos inconscientes que lo hicieron en su momento, ahora yacían enterrados a varios metros por debajo del suelo. Probablemente la gente ya se había olvidado de los que eran como él. El ser humanos siempre tendía a relegar sus miedos más acerbos en lo más profundo del subconsciente.

―Por lo menos ya sabemos que no es sordo. ―Aseveró el tal Shawn.
 
―Ya me he dado cuenta ―replicó Jórgan. ―¿Así que encuentras gracioso lo que acabo de decir? ―Le preguntó, su tono sonaba realmente peligroso.

No contestó inmediatamente, aunque la cosa era evidente que no pintaba bien. Notaba la turbación general, como la situación comenzaba a caldearse y, él, seguía sin enterarse completamente de nada; no había avanzando mucho en cuanto a obtener información. Aquello hizo que empezara a mosquearse un poco, a pesar de que no sé reflejara en absoluto en su expresión.

―No simpatizo demasiado con la gente ruidosa, nunca me han gustado ya que siempre me dan un dolor de cabeza tremendo. ―Dijo finalmente sin más. ―Siempre me han recordado a un perro que ladra a la luna ¿Sabéis? Arman mucho escándalo, aunque en el fondo no dicen nada.

Se hizo un silencio sepulcral en la estancia. No le hacía falta abrir los ojos para tener una idea de la cara que se les había quedado a aquellos tres. Percibía su conmoción como el irregular palpitar de sus corazones.

―¿Te estás quedando con nosotros ―preguntó de pronto el remilgado Marwn. ―, qué diablos pretendes decir con eso?

―Acabo de decir, que no entiendo que hacen tres idiotas a estas horas en mi celda sin evitación previa. ―subrayó.

Aquello fue demasiado ofensivo para el tal Jórgan.

―¿Idiotas dices? ¡¿Idiotas?! ―Bramó vehemente. Estaba claro que en breve se a abalanzaría sobre él. ―¿Te crees muy gracioso verdad? Puede que si te rompa un par de huesos te vuelvas más cooperador.

Volvió a asomar una sonrisa en su expresión.

El tipo se dispuso a avanzar.

―¡Espera Jórgan! ―Se interpuso Shawn en su camino. ―Sabes que nos han ordenado que lo llevemos vivo.

―Es cierto que debemos llevarlo vivo, Shawn―retrucó mientras lo hacía a un lado como a un muñeco. ―Pero nadie dijo que tenía que llegar de una sola pieza que yo recuerde.

El hombre haciendo caso omiso de su compañero, avanzó resuelto hacia él, destilando una violencia inusitada y con intenciones meridianamente claras, romperle hasta el último de sus huesos. Recorrió el corto trecho que los separaba, pisando fuerte al caminar, no tardó en notar como una sombra enorme se cernía sobre él…

«Pienso que ya va siendo hora de dejar de jugar.» Sugirió de pronto Ashur. «Te adelanto que es más grande de lo que parece»

Casi estuvo tentado de hacer caso omiso de él, ver como se desarrollaban las cosas por hacerle la puñeta. Si finalmente desistió en su empeño, era porque aún le gustaba menos que le pegaran hasta dejarlo medio inconsciente. Así que optó por abrir los ojos y fijarlos en los del inmenso hombre que se imponía sobre él. Aquel simple gesto hizo que detuviera en seco, como si de repente hubiese chocado con un muro de granito que instantes antes no estuviese allí. Sus ojos se abrieron a punto de salírsele de las orbitas, y las narinas fluctuaron con cada inhalación, su enorme puño tan grande como un jamón, quedó a escasos diez centímetros de su cara.

Los obsequió con una sórdida sonrisa que helaría el corazón del hombre más valiente.

―Es lo más sensato que has hecho desde que has pisado esta celda ―le dijo al hombretón  ―harías bien en quedarte donde estas. ―El hombre seguía ahí parado, con la cara compuesta. «Parece que lo entiende perfectamente» arguyó Ashur.
           
―Ahora decidme, ¿Qué diablos estáis haciendo aquí?

El mastodonte abrió la boca pero no articulo más que un ridículo gañido, los otros dos deslizaron sus manos alrededor de la empuñadura de sus espadas, aunque tampoco  llegaron a sacarlas.

Jorgán era un tipo enorme, probablemente uno de los bichos más grandes que se había cruzado en la vida; con unos brazos fibrosos y llenos de cicatrices, y con un pecho tan grande como él de un tonel. Su cabeza recordaba a una inmensa olla de grandes asas, y el pelo lo llevaba corto al estilo militar. A la derecha del grandullón, el que abría y cerraba la boca perplejo dedujo que se trataba del tal Shawn. Era un tipo de constitución más bien delgada, de estatura media y con el rostro enjuto como el de un roedor. Su nariz era un tanto picuda, más sus ojos oscuros y hundidos como dos pozas, eran igual de escurridizos como el limo. Detrás de los dos primeros y sosteniendo la hiriente antorcha en una temblorosa mano, paraba el resuelto Mawrn. En esta ocasión parecía de todo menos resuelto; se había quedado sin palabras. Era alto y gallardo, con un pelo largo y negro que llevaba trenzado a su espalda sujeto con unos finos aros de plata; su tez tenía un sutil toque femenino.

―¿Pensáis quedaros los tres allí mirándome con cara de borregos o vais a contestar a mi pregunta? ―Instigó nuevamente, aunque en realidad sabía que iba a predominar lo primero.

Los hombres siguieron allí parados como idiotas, igual que niños embelesados ante la visión del dragón que aparecían en los cuentos que les contaba la nana por las noches; como estatuas de carne y hueso con bobaliconas muecas de incomprensión.

«¿No sé porque te sorprendes a estas alturas? Que yo recuerde, siempre causas la misma impresión en los demás» Concluyó finalmente Ashur.

Nuevamente coincidía con esa aseveración. La gente siempre tendía a quedarse de piedra al contemplar el color de sus ojos, de un tono amarillo absenta. Era antinatural, lo sabía, pero no por eso dejaba de sorprenderle la reacción que producía en los demás.

―¿Qué… ¿tú? ¿Qué demonios eres? ―Consiguió barbotear Marwn con un soniquete bastante lastimero.

―Eso sí que es ser franco muchacho. ―Lo congració con una sonrisa desganada. ―No es precisamente lo que yo entiendo por comenzar con buen pie, aunque tampoco es que me sorprenda mucho. Me han llamado de muchas otras maneras a lo largo de los años. ―Con un ademán restó importancia al asunto. ―Ahora que hemos roto el hielo ―prosiguió ―, y dado que empezamos con incomodas preguntas ―, dijo mirando fijamente a los ojos de Marwn. ―¿No os parecen apropiadas unas presentaciones? Me resulta bastante incomodo charlar con desconocidos.

Los tipos se miraron, quizás barajando la posibilidad de salir de su mutismo, los nervios seguían traicionando sus piernas, pero aún cabía la posibilidad que le respondieran a alguna de sus preguntas.

―¿Y bien? ―Insistió.

Gracias un breve examen, apreció varios detalles que llamaron verdaderamente su atención; respondiendo a alguna de sus preguntas. Los tres vestían completamente con unos uniformes de cuero negro; guerreras negras, bombachos negros, y polainas del mismo color. Los tres portaban curiosos medallones plateados pendiendo de sus cuellos, y los tres iban armados hasta los dientes. Eso ya era suficiente raro para confundir hasta el más avispado, si le añadías que nunca recibía visitas, ya era un acertijo demasiado puñetero de resolver. ¿Qué diablos venían a hacer allí?

―No tenemos obligación de contestar a tus preguntas ―contestó finalmente Jorgán con más color en la cara. ―Aunque te diré algo. ―Arguyó envalentonado al corroborar que sus compinches estaban cerca. ―Nos han ordenado sacarte de aquí y llevarte en presencia de nuestro patrón, y eso es lo que tenemos intención de hacer.
Lo miró directamente a los ojos hasta que vio como se encogía involuntariamente y retrocedían varios pasos. Volvió a sonreírle.

―Creo que va a ser que no amigo. Si tantas ganas tiene tu patrón de verme, ya sabe dónde puede encontrarme. No acostumbro a aceptar invitaciones del primero que me lo propone.

El tipo volvió a buscar respaldo en sus compañeros, los cuales, no parecían ser capaces de proporcionársela en aquel momento. Murmuró algo entre dientes antes de insistir.

―¡Estas de broma! El Viejo nunca sale de sus dominios, la gente viene a él a rendirle pleitesía ¿Entiendes? ―Retrucó enfático.

―Entonces las cosas se van a complicar sustancialmente. ―dijo tras un encogimiento de hombros. ―Quizás deba aclarar varias cosas para que no haya confusiones. No se me ha pasado por alto que vestís de una forma muy particular, también he advertido que vuestro acento es muy distinto del que normalmente suena por aquí, más los medallones que penden de vuestros lindos cuellos ya los he visto con anterioridad; se a quien pertenecen, y si quieres saber la verdad, me importa un bledo.

Aquellas afirmaciones no cayeron en saco roto. Observó cómo sus invitados se lanzaban miradas de desconcierto, notó como sus corazones latían más rápido de lo estrictamente saludable, se removieron inquietos mientras acababan de asimilar con quien trataban.

―No parece que vaya a querer cooperar por las buenas. ―Contempló finalmente Shawn. ―¿Qué hacemos con él?

«¡Vaya! Si al final resultará que no son tan idiotas después de todo»

―¿Piensas que estas en condiciones de exigir? ―Inquirió Jórgan, pasando por alto las preocupaciones de Shawn. ―Me importa un bledo quien hayas podido ser en su momento, ahora tan solo eres un infeliz que se pudre en una celda con paredes de dos palmos de grosor. Estás encadenado de pies y manos a una pared, y por tu aspecto diría que no te encuentras en muy buenas condiciones. ¡Así que no creo que estés en posición de demandarnos nada!

―No es ninguna demanda ―replicó ―, sino que una simple declaración de intenciones. No voy unirme a vuestra secta de patéticos adoradores ¿lo entendéis ahora? La sola idea de poner un pie en vuestro infecto cubil me repugna. Así que espero no os lo toméis a mal, pero por mi parte podéis iros a tomar por culo si lo deseáis.

―¿Te crees muy valiente? ―Escupió escamado Jórgan. ―Ahora verás porque nadie se burla de los Incondicionales sin recibir su justo merecido, y de paso le demostraremos a nuestro renacido mesías el compromiso de nuestra sagrada orden con su causa. ―Dijo tras compartir una mirada cómplice con los otros dos. Los interpelados desenfundaron sus aceros abriéndose en abanico frente a él. ―Quizás con un poco de ayuda logremos que cambie de opinión muchachos. ―Lucía muy ufano tras aquella luctuosa escenificación.

«¡Esto por fin se pone interesante! Francamente, me estaba entrando la modorra con tanta charlatanería. Pensé incluso que pretendían noquearte de aburrimiento y todo»

―No quería que las cosas terminaran como de costumbre Ashur. ―Confesó en voz alta mientras se ponía lentamente en pie. ―Pensé que por una vez habría una mejor manera de resolver nuestros problemas sin tener que usar la violencia. ―Miró hacia aquellos tres sosteniendo sus armas en las manos y declaró ―Estaba claro que me equivocaba.

―¡¿A quién diablos se dirige este ahora?¡ ―Inquirió Marwn buscando repuestas en sus compinches, los cuales manifestaron su ignorancia encogiéndose de hombros; los nervios estaban a flor de piel. ―¡¿Por qué nos ignora, y quién narices es el maldito Ashur?!

Los tres le apuntaban con sus espadas, aunque la punta de estas temblaba frente a sus ojos mientras veía como el sudor corría por sus mejillas, más su corazón latía desbocado. No sabían a qué se enfrentaban en realidad. O eran más estúpidos de lo que creía o eran verdaderamente ajenos ante la efímera realidad. Les dedicó una mueca sibilina antes de que los grilletes de sus muñecas y de sus pies se hiciesen añicos en mil pedazos. Se despolvó sus raídos pantalones frente a la perpleja mirada de aquellos tres con una tranquilidad que resultaba realmente inquietante; ninguno de se movió un pelo.

―Quizás no haya sido lo suficiente claro con vosotros. ―Les dijo mientras se masajeaba las despellejadas muñecas. ―No pienso acompañaros a ningún sitio por mucho que insistáis. ―Giró su cuello hacia ambos lados haciendo crujir las articulaciones. ―Será mejor que volvías a casa y dejéis de contarme jácaras para niños. ¡Ahora!

«¡Míralos, pero si se han quedado de piedra!» Exclamó gozoso Ashur.

Los tres seguían frente a él con las armas prestas, pero su determinación acababa de recibir un rudo palazo en el mentón; parecían muñecos tallados en madera. Probablemente esperaban que fueran a tratar con un pobre infeliz desecho e indefenso, puede que nadie los preparara para lo que acababan de presenciar. Los Incondicionales eran una panda de lunáticos que adoraban a una deidad desterrada hacía mucho tiempo de la memoria de los humanos, los cuales tan solo evocaban como simples fábulas de salón. Tan solo unos pocos la adoraban en secreto, agrupándose mientras esperaban el advenimiento de los doce mesías, quienes los guiarían con puño férreo a restablecer sus antiguos credo de mentiras, traición y sufrimiento.

―No suelo repetirme mucho, volved al agujero de donde habéis salido antes de que termine de perder la paciencia. ―No alzó la voz, pero su tono tenía un claro cariz amenazador.

―No podemos ―arguyó Shawn mientras tanteaba a los demás. ―Si volvemos con las manos vacías, él nos matará.

«Creo que después de todo no mienten, Medar, están volviendo de nuevo. No los puedes dejar marchar sin más»

Maldijo para sus adentros, no eran muy buenas nuevas aquellas. Sí realmente era cierto que el advenimiento de los doce Apóstoles estaba próximo, el mundo como lo conocía, se iba a poner de pronto de patas del revés. Meditó sobre lo que implicaba aquello para él, analizó todo lo que había escuchado durante aquella conversación y concluyó, que las cosas se iban a poner seriamente jodidas para todos. Miró a los tres y pensó en el dicho que cita No hay que matar al mensajero. Resopló, cuanto se alejaba aquella frase de la realidad.

―Después de todo quizás tengáis razón, no debéis volver de vacío. ―dijo mientras avanzaba lentamente hacia ellos.

Los tres salieron de su estupor al verlo aproximarse con tanta resolución, aferraron fuertemente la empuñadura de sus espadas mientras reculaban a la par que muertos de miedo.

De pronto se abalanzó sobre Jórgan con tal rapidez que no le dio tiempo ni a parpadear, mientras con la palma de la mano le lanzaba un golpe ascendente hacia el puente de su nariz; notó como crujirán los huesos de su tabique tras el impacto. Jórgan dio dos pasos hacia atrás desequilibrado, sus compinches no reaccionaron rápido por la sorpresa de aquella agresiva ofensiva, así que girando sobre su mismo eje, soltó una patada alta a la altura de la sien de Shawn, el cual cayó desmadejado en el suelo. Marwn tras recuperarse de la sorpresa inicial le lanzó una estocada con la que pretendía atravesarle el corazón. Fintó hacia su izquierda, un hueco apareció donde instantes antes estaba él, la punta de esta pasó a escasos centímetros de su carne, rasgando su vestidura a la altura del pecho, mientras trastabillaba por la inercia de la acción, lo agarró por el brazo y con un brusco gestó, lo retorció hacia uno de los lados hasta que lo oyó romperse como una rama. Giró rápidamente sobre sí mismo, pues Jórgan se habia recuperado del primer asalto y se abalanzaba totalmente enfurecido sobre él; con la cara recubierta por la sangre. Saltó en el aire en su dirección, alzando la rodilla a la altura de su cabeza, impactando justo debajo de su mentón. Cayó como un saco de harina.

Ahora en la galería Nº3, tan solo se oían los gritos y gemidos de dolor de los Incondicionales, retorciéndose en el suelo mientras por todos los medios intentaban  aferrarse a la conciencia. Todo había sucedido en segundos, demasiado rápido para el ojo humano.

«¿Y ahora que piensas hacer Medar?»

―Lo sabes perfectamente Ashur, visitar a alguno de mis viejos amigos.

Sin mediar palabra cogió una de las armas que se les había caído a alguno de aquellos tres, y se dirigió a terminar con la faena. Le desagradaba sobremanera aquel sangriento trabajo, pero a fin de cuentas, uno se acaba por acostumbrar a todo.


CONTINUARA.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
Responder
#25
Buenas, fardis!

Esta segunda parte del capítulo introduce un nuevo personaje intrigante que le añade suspense a la historia y me gustó la manera con que retrazaste la infancia de Medar, mezclando los comentarios de Ashur. Las historias donde un personaje tiene a un demonio o algo en la mente hablándole me suelen gustar, jeje, y entre Ashur y Medar hacen una buena pareja: como ya he dicho, yo creo que lo que le da más gracia a la historia son esos diálogos ligeros mezclados de ironía, te salen estupendamente. Y bueno, tanta maldad que dicen que tiene ese personaje, pero finalmente son los demás los que perpetran tantos crímenes… aunque Medar tampoco es que se diga que haya hecho votos para hacer el bien en su entorno XD

También se ven en este capítulo más detalles sobre el mundo, que vamos conociendo poco a poco. Me ha intrigado lo de los «veinte años», parece que Medar no sabe cuánto tiempo ha pasado. Me pregunto qué pudo hacer en esas Ciudades-Estado de Mayram… ¿alguna masacre tal vez? XD Tengo curiosidad por ver cómo se entrelazarán las historias de Armen y de Sarosh con la de Medar, la trama se está complicando!

Una pregunta, si lo entendido bien, Mayram es un conglomerado de ciudades-estado y Mansour es la ciudad en la que por el momento la acción transcurre, ¿verdad? Todavía no me ha quedado claro cómo está compuesto el mundo, aunque bueno, poco a poco supongo que se conocerán más detalles.

Como siempre, la historia sigue entretenida!

Saludos!

PD: te marco aquí algunas faltas que he visto:


-  En aquel momento no alcanzaba a descifrar por qué le obligó  a actuar de una forma tan execrable, no comprendía por qué no lograba ejercer ningún control sobre sus blandas extremidades, como tampoco entendía por qué tenía que (debía) protagonizar un hecho que marcaría su futuro de por vida.
- He aprendido (es) a odiarte
- discúlpame -> disculparme
- el recuero de sus rostros -> recuerdo
- por su parques y mercados -> sus
- no podía deja -> dejar
- Por qué ese hombre lo hacía
- en una lar -> un?
- otra muchas tantas veces -> otras
- orquestado -> orquestando
- Adujo Marwn -> justo antes también utilizas «adujo».
- si te rompa -> rompo
- ninguno de se movió un pelo -> de ellos?
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#26
¡Buenas Kaoseto, bienvenida! Sí, este segundo trozo sirve de introducción para Medar, un tipo que resulta intrigante, apático y sobre todo antisocial. Ashur es el contrapunto de su mentalidad un tanto cerrada, y será algo más.... XD Sí te gustan ese tipo de historias esta es tu casa jejeje, pues va a ser uno de los hilos principales después de todo.

Medar ha echo muchas cosas en su pasado, la mayoría de las cuales se arrepiente aun hoy en día, puede que lo que le sucediera en las Ciudades-Estado de Mayram lo marcara profundamente.

La verdad es que yo también aún estoy reuniendo las piezas del rompecabezas todavía, más o menos sé que va a seguir a continuación, una especie de boceto mental por llamarlo así, pero nada especifico en cualquier caso. Me las voy a ver y remeter para sacarlo para el frente. Pero confió en que me salga bien, pues no es sencillo de tratar con tanto personaje y hacer que la argumentación sea verosímil.

Si he de ser sincero, el mapa geográfico de mi mundo aún no lo tengo ni minimamente creado. En un principio va haber varias regiones, algunas dispuestas con Ciudades-Estado como en Mayrem, y en otras van a ser reinos. Como los voy a situar y de que forma, aún sigue siendo un misterio para mí. En todo caso la ciudad de Mansour está en una región distinta a las de Mayrem, a pesar de que esta también es una Ciudad-Estado. Casi lo mismo me sucede con los credos y esas cosas. Supongo que poco a poco se ira desengranando en mi mente a medida que lo voy escribiendo. Espero que no me salga mutante con tanta improvisación.

Ya sabes que siempre es un placer tenerte por aquí, tus criticas son muy constructivas, y tu ojo para los errores de tipeo y ortografía, casi biónico. XD Se agradecen un montón. A la que pueda, aplico esta y las otras correcciones que tengo pendientes en los demás post. Un trabajo tedioso pero necesario.
Mile gracie Kaosteo, un saludo y nos leemos.
 
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(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#27
Bueenas compañero!

Aquí estamos con la segunda parte, de delirio totalmente, sobre todo para los visitantes XD

Primero, revisión:

Había perdido la cuenta de a cuántos hombres había escuchado gimotear como niños entre los muros de aquel lugar. Muchos sería un eufemismo que no expresaría con exactitud cuántos fueron en realidad y, la verdad, es que uno acababa por acostumbrarse a todo. (retocaría un poco la puntuación, algo como esto)

Al cambiar de postura en el mugriento suelo de su celda, sintió cómo un calambre le subía desde sus tobillos hasta la cadera, recorriendo vértebra a vértebra toda su espina dorsal, y terminando el trayecto detrás de su cabeza con un dolor pulsante; sentía agarrotados todos los miembros por la inactividad.

Estaba harto de que siempre se entrometiera en asuntos que no le inmiscuían (¿incumbían?), pero  formaba parte de él.

Desde bien pequeñito que (el "que" podría sobrar) se percibió en él una vena una pizca malévola. Decían que no sonreía como los demás niños de la ciudad, que no jugaba con nadie de su misma edad, no hablaba con las demás personas, mas tan solo lo hacía consigo mismo; evadía el contacto con la gente en general. No pasó mucho tiempo antes de que lo evitaran mientras cruzaban de calle y cuchicheaban señalándolo como si fuese el portador de algún tipo de plaga infecciosa. Durante muchos años creyó que quizás no estuviesen errados del todo, puede que se mereciese lo que le sucedió a continuación.

La realidad era que un día lo sorprendieron en las despensas de la casa; era noche cerrada y tan solo la luz de unas pocas velas titilaban en el hogar, en sus manos ensangrentadas aferraba fuertemente un cuchillo de trinchar mientras, (cambiaría la coma de sitio) a su vez, contemplaba con una expresión desprovista de cualquier tipo de emoción, el gato que yacía destripado en el centro de la moqueta azul. (Sus padres lo llamaban por el nombre de MaaU) Por alguna taxativa razón que escapaba a su consciente, la entidad de su cabeza consiguió obrar compulsivamente y no se pudo resistir a ella, apremiándolo a diseccionar al animal in situ. En aquel momento no alcanzaba a descifrar por qué le obligó  a actuar de una forma tan execrable, no comprendía por qué no lograba ejercer ningún control sobre sus blandas extremidades, como tampoco entendía por qué tenía que debía protagonizar un hecho que marcaría su futuro de por vida.

La dantesca escena fue más de lo que sus modestos padres lograron soportar; sus patéticos intentos por abandonar la las despensas de la casa como almas perseguidas por el diablo, quedaron grabadas en sus retinas para siempre. Abandonarlo para que muriera por el bien común, no les parecía después de todo, un acto tan atroz.

Al principio sintió cómo le embargaba una enorme desazón, seguida de una incontrolable rabia, para más tarde acabar dejándolo hueco como la cáscara de una nuez. Sus estados de ánimo eran volubles y muy cambiantes por aquel entonces; se había quedado solo. Durante meses maldijo aquella voz que se había instalado en su cabeza, estaba ahí desde que tenía conciencia, y no sabía el porqué, era una intrusa que interfería en su vida personal, sediciosa cuando tenía la oportunidad, aunque normalmente solía ser atenta y zalamera, por eso odiaba el acariciante y aterciopelado tono de su voz.

He aprendido es a odiarte cada día un poquito más, Ashur. ―le confesó.

«Qué deprimente resultas cundo te pones así de melancólico.»

―Siento defraudarte y que no esté (¿y no estar?) todo lo dichoso que te gustaría. ―dijo sacudiendo sus grilletes en el aire. ―tendrás que discúlpame si no me levanto y salto a la pata coja de la alegría.

Muchos fueron los que perecieron por sus propias manos, tantos, que incluso había olvidado sus nombres, el recuerdo de sus rostros y el de sus llantos.

Observó cómo una forma se escabullía hacia la zona más oscura de los dos metros cuadrados que tenia por celda.

Durante meses deambuló por las calles perdido y sin un rumbo aparente, las probabilidades de llevarse algo al estomago eran nulas; el hambre hizo de este un nudo duro y retorcido ("un duro y retorcido nudo" parece más natural).

Con el tiempo y con la ayuda de Ashur, aprendió a valerse por sí mismo y a moverse mejor por los sinuosos callejones de Vatício, por sus húmedos canales, cerca de las bulliciosas tabernas y por las aglomeradas avenidas, por su parques y mercados, incluso por el puerto; conocía las mejores zonas para el pillaje y los lugares donde le convenía no parar mucho tiempo sin perder los dientes en el proceso (le daría una revisión a esta parte, algo así como: "y los lugares donde le convenía no parar mucho tiempo ni no quería arriesgarse a perder los dientes en el proceso", tal como está ahora queda un poco inconexa).

Recordaba el decimotercer día del mes del Ocre como si fuera ayer. Era una mañana como las demás, el cielo lucía gris y unas nubes de tormenta amenazaban apareciendo por el horizonte, sus oportunidades de encontrar cobijo eran nulas. La fortuna o la simple providencia, quiso que cayera en gracia a un pobre anciano que pasaba por allí. El hombre no podía dejar a un niño bajo las inclemencias de aquella tempestad, así que le propuso que lo acompañara; a un lugar donde la noche no lo alcanzaría famélico y aterido.

¿Por qué ese hombre lo hacía, qué había visto en él? Era una situación del todo desconocida, no sabía cómo enfrentarse a ella, aún menos cómo interpretarla con claridad; recelaba de las personas por su instinto traicionero. Recordaba cómo un sinfín de emociones encontradas lo embargaron hasta anegarlo todo. ¿Coger la mano que le tendían o pasar otra noche al raso? Quién imaginaría que allí, en aquel mismo instante, acababa de decidir el rumbo que tomaría su vida desde aquel (suprimiría "aquel" para evitar la repetición) entonces.

Al llegar a la casa fue recibido por un aluvión de abrazos, un montón de besos y un sinfín de carantoñas. A pesar de su suspicacia, aquella pareja de afables ancianos lo acogieron en su casa sin hacerle preguntas, sin ponerle ninguna condición a cambio, sin reticencias; le abrieron las puertas de su hogar de par en par. La mujer del hombre pasaba ya de los sesenta, era grande como una osa y radiaba una felicidad (aquí hay dos espacios, vengo con buen ojo XD) contagiosa; parecía que en cualquier momento iba a saltar y cogerlo para achucharlo hasta dejarlo seco.

Resultó que la pareja de sexagenarios no eran lo que aparentaban en absoluto, sus intenciones para nada pretendían ser misericordiosas. Un día echaron algo en la comida con la intención de dejarlo inconsciente (probablemente raíz de mandrágora o una destilación de belladona), drogarlo para que no pudiese resistirse a ellos.

Qué estúpido fue el confiar en poder tener una vida distinta lejos de las calles, un imbécil al creer que eso podía ser posible, que existía algo similar al afecto en las personas. La voz ya le previno, pero no quiso hacer caso de sus advertencias, estaba tan harto de que le mintieran o (poner "de" o suprimir "que") que jugasen con sus emociones, y bien sabía lo manipulador que podía llegar a ser Ashur en ese aspecto, que decidió hacer oídos sordos a sus consejos.

Muy a pesar de que estuviera atado en una silla, atado (este lo podrías quitar sin problemas) tanto de pies como de manos, y con aquel mejunje psicodélico revolviéndole las tripas, en ningún momento se había sentido cohibido. La sangre, su sangre, bullía dentro de sus venas quemándolo todo y clamando venganza por la traición; haciendo la mezcla inútil, estéril para con él.

A pesar de todo, seguía teniendo constancia de todo lo que sucedía en frente suyo, así que simplemente contempló como un asistente más, como un espectador de una obra llena de sangre y de vísceras, en la que no destacaba precisamente la piedad.

«¿No sé por qué siempre le buscas las tres patas al gato? (quitaría los signos de interrogación) A fin de cuentas, ya sabes que hemos estado encerrados en lugares mucho peores que este con anterioridad. Y la verdad, no me atrevo a vaticinar que sea el último.»

Pronto, el golpeteo de unas suelas contra la piedra le reveló, (creo que la coma sobra) que eran un grupito de varias personas que se le aproximaban, dos o tres hombres a lo sumo.
Que supiese, no esperaba visita alguna, pero se tratase de quien se tratase no lo encontraría encogido como un gusano.

―Ya lo os lo dije yo muchachos ¿Qué esperabais que íbamos a encontrarnos en un antro como este? ―Preguntó alguien de timbre melifluo. ―Aún no entiendo por qué les preocupa tanto el sujeto que se encuentra aquí encerrado, pero si, miradlo,  parece que esta medio muerto.

Notó cómo tres pares de ojos lo examinaron con detenimiento, el reflejo de la antorcha bailaba detrás de sus párpados con un juego de sombras rojizas, alguien se removió inquieto. Ni se inmutó.
   
―Quizás tengas razón, Marwn ―concedió el segundo ―, pero si hemos de hacer caso a los reportes, y dado el lugar en el que está encerrado, yo que no me acercaría demasiado. Ya sabes, por si las moscas. (for if the flies, jijiji)

Se apreció cómo el primer sujeto tragaba saliva.

Si de una cosa estaba completamente seguro, era de que las voces le eran (por ejemplo "resultaban", para evitar la repetición) desconocidas por completo, no llegaba a asociarlas a nadie asiduo al lugar; con lo cual estaba más perdido que un sacerdote en una orgía de brujas. Hubo un dato que sí que le fue difícil digerir.

Si os fijáis  ―prosiguió el hombretón― el tipo está encadenado de pies y manos ¿lo veis? No puede hacer ningún daño a nadie. Dicho esto, no voy a ser yo quien os de el sermón de cómo se irrita el Viejo cuando le hacen esperar más de lo que considera necesario, pero dudo mucho que le interesen una mierda vuestras observaciones si se da la situación.

Aquello acabó con el debate de raíz. Se oyó cómo una llave giraba en la cerradura, escuchó cómo el pestillo se desplazaba lentamente, poco después el chasquido de apertura junto al chirrido de los goznes de la puerta al abrirse; al poco sus interlocutores estaban dentro de la celda.

―¡Oye tú, despierta! ―Le ordenó el de la voz cantante.

No abrió los ojos, ni tampoco contestó a las pullas de Ashur, tan solo se preguntaba quiénes eran aquel trío. Tenían un acento bastante peculiar, concluyó; por cómo arrastraban la (S) al hablar. Aquello le reveló que quizás fuesen de Bruda o tal vez de la región del Neltal…

El hombre de voz ruda no contestó inmediatamente, a pesar del evidente  sarcasmo de su compañero. Guardó silencio durante unos breves segundos, pudo notar cómo apretaba con fuerza la mandíbula a la par que sus puños, finalmente retrucó.

―¿Estás intentando tomarme el pelo, Marwn? ―Su tono era amenazante.

―¡Pues ya empiezan a irritárseme los testículos con tus meras observaciones! Soy yo el que lidera esta expedición y no a la inversa. Recuérdalo bien. Si vuelvo a verte haciendo el mono le sugeriré al Viejo que te venda a un maldito circo circense ¿Lo has comprendido?

El ser humano siempre tendía a relegar sus miedos más acerbos en lo más profundo del subconsciente.

Notaba la turbación general, cómo la situación comenzaba a caldearse y, él, seguía sin enterarse completamente de nada; no había avanzando mucho en cuanto a obtener información. Aquello hizo que empezara a mosquearse un poco, a pesar de que no se reflejara en absoluto en su expresión.

―Acabo de decir, que no entiendo qué hacen tres idiotas a estas horas en mi celda sin evitación previa ―subrayó.

―¿Idiotas dices? ¡¿Idiotas?! ―Bramó vehemente. Estaba claro que en breve se a abalanzaría sobre él. ―¿Te crees muy gracioso verdad? Puede que si te rompo un par de huesos te vuelvas más cooperador.

Recorrió el corto trecho que los separaba, pisando fuerte al caminar, no tardó en notar cómo una sombra enorme se cernía sobre él…

Casi estuvo tentado de hacer caso omiso de él, ver cómo se desarrollaban las cosas por hacerle la puñeta.
Aquel simple gesto hizo que se detuviera en seco, como si de repente hubiese chocado con un muro de granito que instantes antes no estuviese allí. Sus ojos se abrieron a punto de salírsele de las órbitas, y las narinas fluctuaron con cada inhalación, su enorme puño tan grande como un jamón, quedó a escasos diez centímetros de su cara.

―Es lo más sensato que has hecho desde que has pisado esta celda ―le dijo al hombretón  ―harías bien en quedarte donde estas. ―El hombre seguía ahí parado, con la cara compuesta (¿descompuesta?). «Parece que lo entiende perfectamente» arguyó Ashur.

El mastodonte abrió la boca pero no articuló más que un ridículo gañido, los otros dos deslizaron sus manos alrededor de la empuñadura de sus espadas, aunque tampoco  llegaron a sacarlas.

Jorgán era un tipo enorme, probablemente uno de los bichos más grandes que se había cruzado en la vida; con unos brazos fibrosos y llenos de cicatrices, y con un pecho tan grande como el de un tonel.
Su nariz era un tanto picuda, mas sus ojos oscuros y hundidos como dos pozas, eran igual de escurridizos como el limo.

Los hombres siguieron allí parados como idiotas, igual que niños embelesados ante la visión del dragón que aparecía en los cuentos que les contaba la nana por las noches; como estatuas de carne y hueso con bobaliconas muecas de incomprensión.

«¿No sé por qué te sorprendes a estas alturas? (quitaría los signos de interrogación) Que yo recuerde, siempre causas la misma impresión en los demás» Concluyó finalmente Ashur.

Ahora que hemos roto el hielo ―prosiguió ―, y dado que empezamos con incómodas preguntas ―, dijo mirando fijamente a los ojos de Marwn. ―¿No os parecen apropiadas unas presentaciones? Me resulta bastante incómodo charlar con desconocidos.

Gracias a un breve examen, apreció varios detalles que llamaron verdaderamente su atención; respondiendo a alguna de sus preguntas.
Eso ya era suficiente raro para confundir hasta al más avispado, si le añadías que nunca recibía visitas, ya era un acertijo demasiado puñetero de resolver. ¿Qué diablos venían a hacer allí?

―No tenemos obligación de contestar a tus preguntas ―contestó finalmente Jorgán con más color en la cara.
Lo miró directamente a los ojos hasta que vio cómo se encogía involuntariamente y retrocedía varios pasos. Volvió a sonreírle.

―¡Estas de broma! (¿no sería mejor una interrogación?) El Viejo nunca sale de sus dominios, la gente viene a él a rendirle pleitesía ¿Entiendes? ―Retrucó enfático.

―Entonces las cosas se van a complicar sustancialmente ―dijo tras un encogimiento de hombros. ―Quizás deba aclarar varias cosas para que no haya confusiones. No se me ha pasado por alto que vestís de una forma muy particular, también he advertido que vuestro acento es muy distinto del que normalmente suena por aquí, mas los medallones que penden de vuestros lindos cuellos ya los he visto con anterioridad; a quién pertenecen, y si quieres saber la verdad, me importa un bledo.

Aquellas afirmaciones no cayeron en saco roto. Observó cómo sus invitados se lanzaban miradas de desconcierto, notó cómo sus corazones latían más rápido de lo estrictamente saludable, se removieron inquietos mientras acababan de asimilar con quién trataban.

―¿Piensas que estás en condiciones de exigir? ―Inquirió Jórgan, pasando por alto las preocupaciones de Shawn. ―Me importa un bledo quién hayas podido ser en su momento, ahora tan solo eres un infeliz que se pudre en una celda con paredes de dos palmos de grosor.

―No es ninguna demanda ―replicó ―, sino que (quitaría el "que") una simple declaración de intenciones. No voy unirme a vuestra secta de patéticos adoradores, ¿lo entendéis ahora? La sola idea de poner un pie en vuestro infecto cubil me repugna. Así que espero no os lo toméis a mal, pero por mi parte podéis iros a tomar por culo si lo deseáis. (jajajaja)

―¿Te crees muy valiente? ―Escupió escamado Jórgan. ―Ahora verás por qué nadie se burla de los Incondicionales sin recibir su justo merecido, y de paso le demostraremos a nuestro renacido mesías el compromiso de nuestra sagrada orden con su causa.

Los tres le apuntaban con sus espadas, aunque las puntas de estas temblaban frente a sus ojos mientras veía cómo el sudor corría por sus mejillas, mas su corazón latía desbocado.

Maldijo para sus adentros, no eran muy buenas nuevas aquellas. Si realmente era cierto que el advenimiento de los doce Apóstoles estaba próximo, el mundo como lo conocía, se iba a poner de pronto de patas del revés. Meditó sobre lo que implicaba aquello para él, analizó todo lo que había escuchado durante aquella conversación y concluyó, (quitaría la coma) que las cosas se iban a poner seriamente jodidas para todos. Miró a los tres y pensó en el dicho que cita No hay que matar al mensajero. Resopló, cuánto se alejaba aquella frase de la realidad.

―Después de todo quizás tengáis razón, no debéis volver de vacío ―dijo mientras avanzaba lentamente hacia ellos.

Los tres salieron de su estupor al verlo aproximarse con tanta resolución, aferraron fuertemente la empuñadura de sus espadas mientras reculaban a la par que (quitaría "a la par que") muertos de miedo.

De pronto se abalanzó sobre Jórgan con tal rapidez que no le dio tiempo ni a parpadear, mientras con la palma de la mano le lanzaba un golpe ascendente hacia el puente de su nariz; notó cómo crujían los huesos de su tabique tras el impacto. Jórgan dio dos pasos hacia atrás desequilibrado, sus compinches no reaccionaron rápido por la sorpresa de aquella agresiva ofensiva, así que girando sobre su mismo eje, soltó una patada alta a la altura de la sien de Shawn, el cual cayó desmadejado en el suelo.

«¿Y ahora qué piensas hacer Medar?»

Sin mediar palabra cogió una de las armas que se le había caído a alguno de aquellos tres, y se dirigió a terminar con la faena. Le desagradaba sobremanera aquel sangriento trabajo, pero a fin de cuentas, uno se acaba por acostumbrar a todo.


CONTINUARÁ (Tongue).

Sin duda este tal Medar no es precisamente el hijo que todo padre querría tener... pero abandonarlo a su suerte a las primeras de cambio seguro seguro que no ayuda a que la situación mejore... pero bueno, las malas consecuencias de esa decisión ya las han pagado otros... y me da que nos hemos quedado con la parte "divertida". jeje

Desde luego después de esta escenificación me va a costar muy mucho tomarme en serio a estos... Incondicionales... (¿qué te puedes esperar de unos tipos que adoptan semejante nombre?). Es bien cierto que buena parte de la culpa la tienen el dúo Medar-Ashur y las extrañas dotes de las que han hecho gala; pero sea como sea el orgullo de estos tipejos ha quedado por los suelos.

Y sí, esta nueva pareja parece bastante prometedora, y parece (o eso me quiere parecer) que a pesar de su pasado truculento podrían decantarse más por el bando de los "buenos" que de los "malos" (y falta que va a hacer después de lo visto con el consejo). Aportan además una nueva vía de intrigas y una dualidad bastante interesante de la que sin duda se podrá sacar mucho jugo.

Habrá que estar atentos para ver qué derroteros toman todos los acontecimientos que hay en liza.
Iep!!
Responder
#28
¡Buenas Camarada Landanohr!
Primero gracias por las correcciónes, soy un poco patata en ese sentido y si no me las marca el Word, pues se me pasan. XD

Es cierto que Medar es un pieza de cuidado, bueno, más bien un psicópata encerrado en un cuerpo de niño se ajustaría más a la definición. Sus padres quizás demasiado puritanos o tal vez insensibles, al notar algo malévolo en los ojos de su hijo prefirieron abandonarlo a su suerte para no ver lo que habían creado. (Esa es su percepción claro) Medar es un personaje con una historia muy truculenta tras de si. Desde luego solo he esbozado lo más (divertido) como bien dices XD

Los Incondicionales veras que son los seguidores de una determinada (religión.) Sin duda estos no han quedado muy bien en su carta de presentación, pero hay muchos interrogantes de porque ese trío desconocía a que se enfrentaba. (El viejo) puede ser una ficha clave en ese conciso. De todas maneras los tipos se puede decir que son unos mandaos sin importancia. Hay mucho peores acechando en las sombras.

Sin duda Medar es uno de los ejes centrales de la novela, tiene muchos conflictos internos que penden sombre él e iremos conociendo al paso de las paginas, pero yo no lo definiría (como muy bueno) Aunque no es de los malos tampoco. Ahora compañero me queda entrelazar todo eso con lo que viene a continuación, como bien dices, lo que va a resultar un quebradero de cabeza. Yo aquí abriendo tramas como el Martín, y a ver quien demonios luego teje todo el maldito tapiz. En fin, tendremos que devanarnos los sesos ya que la hemos liado parda.

Un saludo y gracias por leer compañero.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#29
Buenas compañeros pues aquí estamos de nuevo para dejaros con la tercera y penúltima parte de este capitulo. ¡Y sí, me salió largo de coj.... pero bueno¡ XD Espero que os guste.



DELIRIO (3 Parte)


Mientras recorrían el camino de vuelta a casa, sumidos en un silencio que hablaba por sí solo, y trastabillando cada pocos pasos aún afectados por la conmoción, intentó no hacerse más preguntas de las necesarias. Por delante los guiaba Kumar, silbando una alegre melodía mientras se adentraban más por los sinuosos callejones con total despreocupación. Nadie llegaría a vaticinar que acababa de liquidar a dos tipos tan solo hacía unos pocos instantes. Varsuf por otro lado, aún no se había recuperado del sobresalto inicial, en realidad, dudaba que fuese a conseguirlo ni en las horas venideras. Por lo tanto y pese a las reticencias, tan solo quedaba él medianamente cuerdo para cuestionarse cómo habían acabado de aquella manera.

Había comenzado el día con muy mal pie, asediado por horrendas pesadillas y por tediosas miradas de disconformidad, le resultaba paradójico pensar que estas eran balsámicas si las yuxtaponías ante una realidad tan visceral como la que acababan de experimentar. Sinceramente, comenzaba a pensar que no era casualidad que sintiese aquel molesto hormigueo en la boca del estomago desde bien entrada la mañana, la sensación de malestar que anticipó su cuerpo con anterioridad, le hizo sospesar de que no solo se trataban de simples paranoias suyas. Tiró de Varsuf para que siguiese caminando a su costado, ya que cada poco rato se paraba observando hacia todos lados, embobado como una res en una feria de ganado. ¿Era posible que su cuerpo tuviera la capacidad de avisarle con antelación cuando las cosas se iban a poner comprometidas? Tras darle un sinfín de vuelas, no encontró ninguna elucidación que lo convenciera lo más mínimo de tamaña estupidez.

Por otro lado el proceder de Kumar, no dejaba de ser perturbador en todos los sentidos, era como si no hubiese pasado nada en absoluto para él. Obviaba la carnicería que acababa de dejar atrás como si fuera de camino a un maldito festival. La verdad, no sabía que lo desconcertaba más, si esa fría y sádica faceta que había aflorado en él, o la inverosímil razón por la que fueron asaltados instantes antes en aquel callejón. Era un misterio que tenía intención de resolver, aunque desde luego no en aquel momento.

De pronto Kumar paró en seco al llegar al final de una de la calles, junto a uno de los muchos almacenes que habían surgido después de las revueltas iniciadas varias semanas atrás en los Distritos. En el cartel se podía apreciar que ponía «Transportes La Prosperidad. Envíos y recogidas de todo tipo. Nuestro servicio es su mayor garantía» No hubo tiempo de asimilar lo sarcástica que resultó aquella oración en aquellos instantes, pues Kumar les hizo un gesto para que se apegaran a una de las paredes del edificio, urgiéndoles a que guardaran silencio a su vez. Aguantó la respiración hasta que sintió como se ponía morado igual que una uva de buena viña, su cuerpo adquirió la rigidez de un cadáver, estaba aterrorizando de que pudiera tratarse de una de las patrullas nocturnas y los descubrirán deambulando por los Distritos bañados en sangre ajena. «Estamos acabados» logró pensar mientras el nudo de sus tripas se hacia una bola de inquietud. Para su sorpresa, después de unos pocos segundos de inanición, en los que tan solo pudo oír sus agitados corazones retumbando en la oscuridad, este finalmente concluyó que podían reanudaran la marcha de nuevo. «¿Qué demonios te ocurre?» Estuvo a punto de chillar.

Contempló su espalda mientras seguían sus pasos renqueantes, a la par que se preguntaba quién sería en realidad el hombre con el que había convivido con él durante aquellos meses. Su manera de moverse por los Distritos con la cautela de un gato al que acaban de apalear, sus movimientos estudiados y comedidos, más su indolencia frente a una situación tan aberrante como la que acababa de protagonizar, denotaba que no era un simple guardia malhablado e ignorante sacado de algún sucio tugurio de la campiña. ¡Ni nada remotamente parecido. Más bien evidenciaba que había recibido algún tipo de adiestramiento militar. «¿Quién diablos eres?»

Claudicó, pues sabía que no era momento de preguntas que iban a resultar baldías, no al menos por el momento. Su prioridad era descubrir cómo lograr llegar a Ciudad Alta sin que nadie los viera de aquella guisa, cruzar el puesto de guardia sin que a estos les llamase la atención que sus vestiduras fueran de corte indigente y estuviesen teñidas de rojo borgoña. Dado que consiguieran encontrar una razonable explicación para aquellas nimiedades y no fuesen llevados directamente a la celda más profunda de Institución (Una prisión dedicada especialmente para retener a los elementos más psicóticos y sanguinarios que pululaban en aquellos aciagos tiempos) tendrían que atravesar gran parte de Ciudad Alta y lograr llegar a Palacio sin ser vistos. «Toda una aventura al cadalso» adivinó mientras aferraba fuertemente a Varsuf del brazo y tiraba nuevamente de él para que siguiera andando.

―Oye Kumar ―dijo en un momento dado transcurrido un rato. ―¿Tienes idea de cómo vamos a lograr alcanzar Palacio sin tener que contestar a incomodas preguntas?

Este paró de nuevo cerca de una esquina y oteó hacia ambos lados, con su atención puesta en los oscuros callejones de sus alrededores, ignorando sus palabras hasta exasperarlo, finalmente respondió con un simple.

―No tema.

Se quedó mirando su espalda con intenciones asesinas «¿Que no tema dices?» Hacía ya un buen rato que habían franqueado aquel punto, dejándolo muy pero que muy atrás. ¡Habían sucedido demasiadas horrendas emociones para un escueto (No tema)!
 
―¡¿Se puede saber qué tipo de respuesta es esa?! ―Preguntó exacerbado. ―Estamos metido en un aprieto de dos pares de cojones por tu culpa ¿Y lo único que se te ocurre decir para tranquilizarme es eso?

―No tiene de que preocuparse, le puedo asegurar que lo tengo todo bajo control, señor.

Contempló el variopinto trió que formaban, las apariencias que reflejaban y el oscuro callejón en el que se encontraban, luego observó a Varsuf en su abstracción. El hombre tenía un extraño concepto del control.

―No sabes cuan tranquilo me dejas. ―retrucó segregando veneno con cada una de sus palabras. ―Aunque a costa de que pienses que soy algo desconfiado contigo, he de confesarte que estaría bien que nos contaras tu plan, solo por esta vez; si es que existe alguno, claro. En todo caso si no me equivoco, creo que vamos en la dirección opuesta por si no te percataste aún, Palacio se encuentra al sur de nuestra posición.

Esperó pacientemente hasta que este le contestara, mientras, el canto de los grillos rompió la quietud general, un ocioso gato pasó raudo por delante mientras era perseguido de cerca por un famélico chucho que ya andaba en las últimas, un grajo graznó en la oscuridad por encima de uno de los tejados de la calle. Siguió esperando una respuesta.

―Hace ya un tiempo que conozco de la existencia de varios pasos subterráneos que atraviesan esta ciudad de par en par. ―Le confesó finalmente. ―Ahora mismo nos estamos dirigiendo a uno de ellos que nos llevara directamente a Palacio. ―Tras girarse y contemplarlos unos instantes satisfecho, concluyó. ―Ya lo verá, estoy seguro que con el tiempo recordará lo ocurrido durante esta noche como otra simple anécdota más.

«Dudo que vaya a olvidarlo en lo que me resta de vida»

Tan siquiera se preguntó porque que él desconocía la existencia de los pasadizos subterráneos de los que hablaba, ni porque en cambio Kumar en el poco tiempo que llevaba en la ciudad, estaba al tanto de cada uno de sus secretos. Cada vez le resultaba más inquietante su compañía. Procuró recrear en su mente la escena con aquel par de infelices mientras intentaba rememorar sus últimas palabras cuando aún tenían la cabeza sobre sus hombros. Quizás fuese ahí donde hallase las repuestas a los dilemas que tanto lo perturbaban, incluso puede que lograrse asimilar porque se había convertido en un objetivo al que pretendía asesinar o arruinar su vida en el intento. Por lo que podía discernir, los tipos tenían que haberlo confundido con otra persona distinta, muy a pesar de que por sus aseveraciones estaba claro de que sabían de quién se trataba en realidad ¡Tenían que haberse confundido! No había otra respuesta más que justificara aquel tenso encuentro. Era todo demasiado surrealista para que pudiese encontrarle la más mínima lógica. La realidad es que habían intentado asesinarlo y desconocía cuál había sido la razón.

Siguieron a Kumar por las calles y los sinuosos callejones de los Distritos, atravesado alguno de ellos sin cruzarse con ningún otro viandante que pululara a aquellas intempestivas horas por allí. Transitaron por el Distrito Penitente con extremada cautela, intentando no sobresaltar a ninguno de los indigentes apiñados en bultos que se acurrucaban al amparo de estructuras que habían quedado echas cenizas después de las revueltas, sin pisar alguno por equivocación. Por suerte, ninguno de ellos les prestó la más mínima atención cuando pasaron por su lado; ya tenían suficientes problemas con los suyos propios, comprendió. Se adentraron en Distrito Artesano, atravesando el mercado con el mismo tiento y precaución, dirigiéndose hacia el norte de la ciudad y acercándose cada vez más a las murallas. Durante ese largo rato permaneció en un parco silencio, abstraído y sumido en la inopia de su propio desconcierto, sin tener una idea exacta de hacia dónde se dirigían en realidad. En aquella dirección se encontraba Institución, así que quizás, y después de todo, las cosas,sí que se podían poner peor. Maldijo por haberse dejado convencer de venir a los Distritos. Esa era su única certeza. Se había hundido hasta las axilas en la porquería y le iba a ser muy difícil salir de ella por su propia cuenta. Y eso siempre y cuando lo consiguiera, claro.

Barruntó en aquel sinfín de dudas hasta perder la noción del tiempo, zigzagueando entre las calles abrumado por una creciente ansiedad. De pronto Kumar nuevamente hizo que se detuvieran en seco, ordenándoles que se agacharan y mantuvieran el silencio detrás de unos barriles vacios de cerveza. Su cuerpo sudaba a mares mientras impelía a Varsuf a hacer lo mismo que él, visiblemente amedrentado por lo que pudiese acontecer ahora, así que intentó poner toda su atención preguntándose qué había podido alterar a Kumar de aquella manera. Aunque no tenía demasiadas expectativas de poder escuchar nada que fuera relevante para él, su sorpresa fue máxima cuando descubrió que no iba a ser así en aquella ocasión. A los pocos segundos se hizo audible una algazara por delante suyo, algo bastante poco ortodoxo y jodidamente poco alentador dadas las horas que eran. Juraría que se trataba de un grupo bastante grande de personas, las cuales venían a la carrera directamente hacia su posición; imprecando órdenes y escupiendo maldiciones de igual manera. Nuevamente su corazón a punto estuvo de subírsele laringe arriba y sintió como su sangre se le helaba en las venas, sus miembros comenzaron a temblar sin ningún control. «Seguro que han descubierto a esos dos y ahora vienen a por nosotros.» Fue lo único que alcanzó a pensar mientras se aferraba del brazo de Vasuf con tanta fuerza, que hasta temió oírlo crujir como una rama seca. Un grupo considerable de personas pasó a la carrera por enfrente del callejón en donde se parapetaban, no pudo discernir cuantas eran en realidad, pues solo vio al que iba en la avanzadilla, aunque dedujo que eran muchos. Al único que vio vestía completamente de negro y portaba una antorcha en una mano y una espada ensangrentada en la otra, así que estuvo mucho más preocupado en agachar la cabeza a la altura del suelo del terror que le produjo dicha imagen, que la necesidad de averiguar de quienes podían tratarse. La prioridad era garantizar su propia seguridad personal.

Pasados unos minutos en los que no se atrevió ni a pestañear, Kumar les dijo que ya podían incorporarse, su expresión había cambiado por completo pasando de ser ingenua a amarga como la hiel. A él tampoco parecía haberle gustado lo que acababa de contemplar, concluyo tras observarlo durante un rato. Apretaba fuertemente los puños mientras miraba en la dirección que se había perdido aquella muchedumbre enloquecida.

―¿Se puede saber que ha sido eso? ―Preguntó finalmente mientras ayudaba a incorporarse a Varsuf. Por su reacción estaba claro que conocía la respuesta. ―Esos no me parecieron guardias en absoluto. ―destacó ―¿Aún siguen habiendo disturbios en los Distritos?
 
―Por lo visto algún residuo queda. ―Respondió este sucinto sin tan siquiera mirarlo a los ojos. Su atención seguía puesta en las entrañas del callejón por el que habían desaparecido aquel gentío. Tras un rato de tensa espera añadió sin más. ―Será mejor que sigamos antes de que a esa gente se les ocurra volver por donde han venido.

«¡¿Ese es todo lo que tienes que decir tras un suceso como el que acabamos de contemplar?!» Se preguntó con perplejidad. Después de matar a dos tipos y obligarlo a correr por los Distritos como un proscrito, tras cruzarse con una barahúnda enfurecida de gente enarbolando ensangrentadas espadas y llameantes antorchas por las calles de su ciudad, ¿A él tan solo se le ocurría pedirle que siguieran su camino como si nada? Realmente estaba mucho más loco de lo que pensaba.

―No pienso dar ni un solo paso más hasta que me cuentes que está pasando aquí. ―Le dijo encarándose con él. ―Has estado todo el trayecto respondiéndonos con evasivas que poco o nada, han esclarecido lo que ha sucedido antes en aquel callejón. A pesar de todo, no he querido presionarte hasta encontrar el momento adecuado para sacar nuevamente el tema a coalición, y créeme si te digo que no me ha estado quemando la lengua desde entonces. Pero ahora me doy cuenta de que no tienes ninguna intención de despejar nuestras dudad, ¿Verdad?. Así que tuya es la decisión, o nos explicas de qué va toda esta pesadilla, o ya te puedes ir buscando otro señor al que le guste que lo irriten.

La dura réplica hizo que este se lo quedase mirando con aquella expresión cortante que se le había puesto desde hacía un rato, por su parte no se intimidó y siguió firme en sus convicciones, harto de tanto pretexto por parte suya. Ni de coña pensaba acompañarlo a ningún otro lugar sin saber a que debían de atenerse al menos. El asunto ya era peliagudo de por sí hasta donde él sabía, imaginarse las cotas de demencia que podía alcanzar si llegaba a conocer la verdad, lo asustaban enormemente; pero no podía seguir en la inopia ni por puñetero segundo más. Así que esperó una contestación.

―Realmente no es el momento oportuno de hablar de ello señor, piense que en cualquier instante pueden volver a aparecer eso tipos, y dudo mucho que pueda hacerme cargo de un grupo tan considerable como el que hemos visto. ―Contestó nuevamente con evasivas. ―Estoy seguro de que encontraremos un momento y lugar más apropiado donde poder tratar el tema con más tranquilidad. ¿No le parece?

―¡No, no me parece. Yo decidiré qué momento es el oportuno! ―Retrucó levantando más la voz de lo que había pretendido. Tras echar varias miradas aprensivas en distintas direcciones a la vez, y constar que no habían llamado la atención de ningún indeseable más, inquirió con más tesón. ―No me volveré a repetir Kumar ¿Quiénes eran los que han pasado?

No apreció ninguna reacción destacable en él tras su estallido. Sabía que su determinación flaquearía de un momento a otro, pues nunca había sido un persona de carácter fuerte se podría decir, y sabía que no iba a empezar ahora. Aunque la inquietud que lo estaba devorando por dentro no dejaba mucho margen para la elección, se dijo. Así que hizo de tripas corazón y apretó sus nalgas mientras esperaba a que este se decidiera contestarle. Después de unos pocos segundos donde ambos se mantuvieron las miradas y Varsuf seguía observando detenidamente la fachada de enfrente, finalmente este desistió.

―Ese grupo de indeseables que acaba de ver pasar, se hacen llamar los Incondicionales. ―dijo masticando cada una de las silabas. ―Simplemente ignoremos lo que hemos visto y sigamos con nuestro camino.

«Un segundo…»

Quedó absorto reflexionando sobre aquella información. No lograba averiguar dónde, pero en algún lugar había leído algo sobre un grupo con un nombre similar. Se devanó los sesos, pero la información si es que estaba en su memoria, se agazapaba en un lugar inalcanzable para él «Los Incondicionales» Sin lugar a dudas que le sonaban, tan solo tenía que recapitular hasta el momento adecuado para recordarlo. Mientras tanto le preguntó.

―Antes aclárame esto ¿Qué pretenden esos Incondicionales cargando como dementes por las calles de los Distritos y armados completamente hasta los dientes? Por tu gesto, cualquiera diría que están a punto de iniciar una guerra en las calles de nuestra ciudad.

Aquella última aseveración hizo que Kumar, por primera vez durante aquella noche, reflejara un atisbo de inseguridad en su expresión, lo que desde luego le cogió por sorpresa. No esperaba que después de lo que había visto hacer a aquel hombre durante aquel cortísimo periodo, acabara tornándose dubitativo ante un razonamiento que carecía por completo de lógica. ¿Quién sería tan lunático de iniciar una guerra contra una de las ciudades más prosperas y más bien protegidas de la región? Era un suicidio en toda regla.

―Perdone señor, pero no se qué quiere decir con eso. ―le respondió al rato. Aunque no le pasó desapercibido como este tragaba saliva por segunda vez.

Decidió insistir.

―Digo que es más que evidente que hay algo que nos omites sobre todo este truculento suceso. ―Tras observar a Varsuf tuvo que corregirse. ―Bueno, al menos que no me estas contando a mí, ya que este aun no ha vuelto con nosotros. ―dijo tras sacudirlo un poco haber si de alguna forma lograba que reaccionase. No obtuvo resultado alguno. Suspiró. ―En fin, quiero que me respondas. ¿Qué es lo que buscan esos tipos?

Después de otro momento de vacilación, finalmente reconoció.

―Lo están buscando a usted señor.

Lo miró como si le acabara de decir que era el fruto de la unión entre un unicornio y una bailarina Sarmansadí. «¡Pero qué demonios…»

―¿Piensas… ¿Dices… ¿Estas insinuando que ese tropel de personas va en pos mío? ―Le preguntó escandalizado y horrorizado a la par. Su expresión dura como el pan seco no mostraba ningún signo de sarcasmo, pudo comprobar. Se le hizo un nudo en la garganta. ―No puedes estar hablando en serio. ¡¿Qué narices pueden querer esos barbaros de mí?!

Antes de que Kumar pudiese contestar, escuchó nuevamente el rumor de gente que se les aproximaba. Ahora sin duda no era momento de seguir plantados allí como geranios, decidió. Tenían que encontrar otro lugar donde debatir con más tranquilidad todas las sandeces que se habían dicho durante el transcurso de esa noche, se dijo, solo en caso de que Kumar no estuviese errado. Maldijo su mala fortuna antes de agarrar nuevamente del brazo al catatónico Varsuf y decir con sequedad.

―Mejor déjalo y guíanos hacia el maldito paso subterráneo, ya tendremos tiempo más tarde para hablar de lo que me acabas de contar.

―Pues lo que yo le decía ¿No?

«¡Se puede saber que he hecho yo para merecerme esto!»

Kumar nuevamente reanudó la marcha mientras él lo seguía con un mohín en la expresión. Aquella iba ser una larga noche.


CONTINUARÁ.....    
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
Responder
#30
Buenas, fardis, aquí estamos otra vez! Pues, como siempre, me ha gustado. Veo que los Incondicionales ya se están mezclando a la trama. ¿Acaso el jefe de los Incondicionales quería que Medar encontrase a Armen? Mmm, es una pregunta que me he estado haciendo…

Varsuf parece irrecuperable, el pobre, jeje. En cuanto a Kumar, sigue siendo tan misterioso como siempre y a la vez parece tener las ideas bien derechas. Y Armen sigue siendo simpático en su papel de joven aristócrata superado por los acontecimientos, aunque a la vez es bastante prudente y espabilado, el chaval.

Como decía en uno de los comentarios anteriores, en todo un fragmento consigues hacer que, aunque no pase mucha acción, se den vueltas a los hechos de manera graciosa y amena.

Veo venir ya la escena truculenta en el Palacio Big Grin

Nos leemos!

PD: como siempre, aquí van algunas faltas que he visto (parezco una frenética de la corrección, tendría que hacérmelo mirar! xD):


- La verdad, no sabía que lo desconcertaba más -> qué
- De pronto Kumar paró en seco al llegar al final de una de la calles -> las
- hasta que sintió como se ponía morado -> cómo
- estaba aterrorizando de que pudiera tratarse de una de las patrullas nocturnas -> aterrorizado
- los descubrirán deambulando -> descubrieran
- se hacia una bola de inquietud -> se hacía
- que podían reanudaran la marcha de nuevo -> reanudar
- ¡Ni nada remotamente parecido. -> sobra o falta un signo de exclamación
- incomodas preguntas -> incómodas
- Estamos metido en un aprieto -> metidos
- No tiene de que preocuparse -> «de qué», creo
- el variopinto trió -> trío
- No sabes cuan tranquilo me dejas -> cuán
- Tan siquiera se preguntó porque que él desconocía -> por qué
- las repuestas -> respuestas
- incluso puede que lograrse asimilar porque se había convertido -> lograse - por qué
- habían quedado echas cenizas -> hechas
- barriles vacios de cerveza -> vacíos
- sintió como su sangre se le helaba en las venas -> cómo
- brazo de Vasuf -> Varsuf
- discernir cuantas eran -> cuántas
- de quienes podían tratarse -> quiénes
- concluyo tras observarlo -> concluyó
- Se puede saber que ha sido eso -> qué
- siguen habiendo disturbios -> sigue
- habían desaparecido -> había
- hasta que me cuentes que está pasando aquí -> qué
- despejar nuestras dudad -> dudas
- , ¿Verdad?. -> ¿verdad?
- tras sacudirlo un poco haber si de alguna -> a ver
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