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[Fantasía épica] Baile de Sombras
#51
Edición.

Hubo un cambio de titulo, pues en reglas generales, el que había no calzaba mucho con lo que sucedía en el capitulo. Un saludo.


NOCHE DE MIEDO (2 Parte)


No habían dejado de intentar despistar a sus rastreadores en  todo momento, corriendo por los callejones relegadas por completo sus reservas, aunque sin tener mucho éxito en la empresa. Estos habían demostrado ser tenaces como sabueso detrás de un hueso, mantenían el ritmo siguiéndolos a tan solo unas calles por detrás de ellos, por lo que los sentía alarmantemente próximos. No era la primera vez durante aquella noche que se preguntaba qué diantres había hecho él para ser merecedor de aquella cacería sin sentido.

Le ardían las pantorrillas de tanto correr, y sentía que sus pulmones estaban a punto de estallar, el dolor punzante que sentía en la parte posterior de su cabeza no tenía apariencias de mejorar; exhausto sería termino apropiado para definir como se encontraba. «¿Cuánto debe faltar para llegar al maldito paso subterráneo?» Se preguntó sin dejar de correr ni un por un solo instante, mientras le daba vueltas al asunto seguía a Kumar de cerca tirando a Varsuf de la perchera. Este encabezaba la marcha varios pasos por delante de ellos, con ambas espadas desenfundadas en sus manos, y de tanto en cuanto con mucho tiento, se paraba a observar al final de cada calle antes de azuzarles para que siguieran.

Aquello se había convertido en un complejo juego de clandestinidad. Comenzaba a pensarse si realmente valía la pena todo aquel esfuerzo por llegar a Palacio, en tal caso de que lo consiguiesen antes de ser capturados por esos que se hacían llamar los Incondicionales, seguirían estando en un buen brete de tres pares de narices; y eso en el caso de que alcanzasen dicha meta, pues en ese momento no tenía grandes expectativas al respecto. «Y todo por hacerle caso al asno este» Pensó lanzándole una mirada Insidiosa a su compañero Varsuf, que aunque había recuperado un mínimo del soponcio inicial, seguía estando lejos de poder serles de ayuda.

Llegaron a otra intersección en la cual Kumar volvió a pedirles que se detuvieran, al final de la calle había otro grupo de aquellos enajenados esperando a que aparecieran por ahí, también empuñando palos, espadas y antorchas en sus manos. Kumar maldijo antes de ponerse a cubierto y sugerirles que siguieran su ejemplo, urgiéndoles a que permaneciesen quietos. No fue un mandato muy difícil de asumir dada las circunstancias en las que se encontraban. Por lo que podía ver desde donde estaban escondidos, no era un grupo muy numeroso aquel; no al menos comparado con el que les venía a la zaga.

―Este camino queda descartado por completo. ―contempló finalmente Kumar. Enfundó de nuevo sus espadas antes de terminar diciendo con tono monocorde. ―Dudo que podamos seguir por allí.

El grupo que venía tras de ellos cada vez se les podía oír más cerca, su proximidad hacia que se le helase su propia virilidad. ¿Sí no podían seguir por ese camino para alcanzar el paso que los llevaría a Palacio, qué iban a hacer entonces?

―¿Insinúas que no podemos llegar al paso subterráneo del que hablabas? ―preguntó con un tono más agudo del que habría deseado, sentía que tenía el corazón prácticamente atorado en la nuez.

―Supongo que eso mismo es lo que quiero decir, señor.

Lo observó como si estuviera ante la función de un violinista que tocase su instrumento con los pies, perplejo hasta la medula.

―¿Estás hablando en serio?

Un sencillo encogimiento de hombros fue su magra respuesta.

―Ahora sí que estamos acorralados Armen, no tenemos a donde huir; van a asesinarnos a todos. ―fue la fatídica conclusión de Varsuf.
 
Este había estado teniendo ideas muy variadas de lo que les iba a sucederles si los alcanzaban aquella tropa de extasiados, y algunas eran excesivamente creativas incluso para su gusto. Se pregunto porque sería que tan solo abría el pico para sacarlo de sus casillas, «Otro misterio que quedará sin descifrar» No sabía si reír o darse de cabezazos contra la pared más próxima hasta lograr perder el conocimiento por completo. Por otro lado, el desespero era un factor creciente dada la imperturbabilidad con la que se tomaba su subsistencia el bueno de Kumar, lo encrespaba verlo actuar como si nada. «¿Qué diablos vamos a hacer a partir de ahora?» El cuadro que se les pintaba no resultaba atractivo en absoluto, y en realidad temía hacer demasiadas cábalas después de todo lo que habían acontecido durante aquella espantosa noche. A fin de cuentas, si lo analizabas con detenimiento y pausa, de poco le iban a servir sus esfuerzos, pues el futuro funesto que pudiese pronosticar probablemente sería un chiste ante la cruda realidad a la que se enfrentarían.

Tenían que encontrar una solución y tenían que encontrarla pronto.
 
Aquel pequeño grupo de tipos que tenían enfrente cerrándoles el paso no era muy numeroso después de todo, concluyó, y estaba claro que aún no se habían percatado de su proximidad; al menos todavía. El grupo que les pisaba los talones era aún mucho mayor que ese, y por contra, sí que tenían su rastro y estaban decididos a darles caza al precio que fuera. «¡¿Dónde diantre está la maldita guardia de la ciudad cuando se la necesita?!» Como si de una jodida broma se tratara, las campanas de la ciudad comenzaron a tañer con fuerza, estas tan solo repiqueteaban por razones muy concretas. Normalmente solían utilizarse cuando la ciudad sufría algún ataque, aunque también en ocasiones servían para anunciar la proximidad  de una festividad. Por lo enérgico del tintineo sentenció, que se debía de descartar lo segundo. Solo podía pensar que un buen patriota había visto a aquella panda de lunáticos rondando con palos, espadas y antorchas por los suburbios de la ciudad y había decidido dar la voz de alarma. «Al menos todavía hay alguien con un poco de sentido común en esta maldita locura» Se dijo con cierto alivio.

Vio que el grupo de Incondicionales comenzaban a acalorarse entre ellos mientras aspaventaban su brazos, unos en frente de otros, claramente nerviosos ¿No se esperaban que nadie se percatara de semejante intrusión? «¡Os pensabais que ibais a saliros con la vuestra desgraciados, pues tomaos esa!» estuvo tentado de gritarles en sus narices, si se abstuvo, es porque aún no las tenía todas consigo de que en realidad las campanas implicasen que estuviesen a salvo.

Se le ocurrió de pronto una idea.

―Oye Kumar ―Le dijo a este que de tanto en cuanto se asomaba desde su escondite escudriñando a sus enemigos. ―Antes nos dijiste que había más de un paso subterráneo en la ciudad, ¿Me equivoco?

―No se equivoca señor.

―¿Y existe algún otro alternativo que nos pueda llevar a Palacio sin tener que pasar por aquí?

Volvió a ponerse a resguardo y se pensó detenidamente la respuesta.

―Existe uno más, pero resultará un sitio mucho más peligroso y desagradable que el anterior. ―Terminó por responder.

Miro hacia los Incondicionales, estos después de haber estado deliberando un rato habían decidido al parecer, ponerse de una vez en movimiento, y para su buena ventura como no podía ser de otra forma, habían decidido hacerlo en su dirección. De nuevo poso ojos en los de Kumar antes de alegar.

―Pues a mí me sigue pareciendo más atractiva esa posibilidad que ser despedazados por una muchedumbre enfurecida y sedienta de sangre. ¿No te parece?

Kumar al comprender que no quedaba otra, asintió.

―Bien ¿Donde se encuentra ese otro punto de acceso?

―La entrada se encuentra en Institución.

Aquel nombre cayó encima de él como un barreño de agua helada, por la expresión que puso Varsuf, sospechaba que no había digerido mucho mejor aquella información. Retrocedieron un trecho del camino con circunspección para no ser vistos, con los semblantes pálidos como fantasmas a excepción de Kumar, que no parecía que fuese capaz de afectarle nada en de cuanto hubiese viso o hecho durante aquella espantosa noche. Debía de dejar de verlo como el siervo inútil y descerebrado, pues lo había estado engañando durante todo aquellos meses y no se había dado cuenta. Costaba de hacerse a la idea.

Desconocía que misteriosa razón lo había llevado a unirse como su guardia personal enmascarado sus habilidades detrás de aquel disfraz, pero era consciente de que no tendría ninguna posibilidad de descubrir a que se debía si acababa desmembrado en un sucio callejón de los Distritos.

―Pues será mejor que dejemos de perder más tiempo. ―repuso al cabo.

Las campanas siguieron tañendo con una fuerza sobrecogedora que le erizó la piel,  el clamor se intensificó hasta tal punto que se hizo ensordecedor, de pronto en distintos focos se destacó más de una algarabía, lo que creyó que significaba que la guarnición de la ciudad había decidido salir a ver qué era lo que estaba sucediendo en los Distritos. Dudaba que se pudieran ser otro  de ese grupo de Incondicionales que fuera en pos de ellos, sería demasiada mala suerte incluso para tratarse de él. Reprimió el primer impulso que tuvo de correr en aquella dirección en la que pensaba que podría estar a salvo, pues se preguntaba ¿Lo estaría? Quizás a fin de cuentas fuese un craso error. Era consciente de que aún seguía sin tener una explicación para estar deambulando por los Distritos a aquellas nocturnas horas, ni porque razón andaban vistiendo aquellos tristes ropajes teñidos de sangre.

Lo primero era llegar a Palacio y adecentarse, luego tendrían tiempo de resolver todo aquel maldito rompecabezas que los traía por el camino de la amargura, se dijo para intentar infundirse ánimos.

Poco rato pasó antes de que en muchas de las destartaladas casas de la calle donde se encontraban ellos,  se empezaran a encender luces en su interior, sin duda el Distrito había sido despertado por él trajín. Advirtió que alguien se asomaba por una de las ventanas que quedaban por encima de ellos, y tras un asustado respingo, cerró con fuerza los batientes y se metió de nuevo resguardadito en casa. Con toda seguridad había visto aquellos matones aproximándose a su hogar; y de sopetón se le pasaron las ganas de ser curioso. Otros fueron más imprudentes y salieron de sus casas a investigar qué era lo que estaba sucediendo, lo que sin lugar a dudas fue una mala decisión como luego pudo comprobar. Vio como un tipo largo y abigarrado, con el pelaje desgreñado y aún vestido con las ropas de cama; una camisa medio deshilachada y unos calzones que habían conocido mejores tiempos, salió de su casa para encontrarse con aquel primer grupo de frente. Uno de los Incondicionales lo vio y paró justo delante de él, era más bien gordo como un cochino y con unos brazos tan anchos como los jamones de un buen ejemplar de granja, sin mediar palabra alguna le dedicó una sonrisa desdentada antes de atravesarlo de punta a punta con su espada.

Se quedó helado ante la brutalidad de aquel tipo, la sencillez con la que había sesgado la vida de aquel pobre infeliz y luego vuelto al grupo con toda la normalidad del mundo, lo alarmó tanto que casi se puso a llorar en el lugar. Tal indiferencia hacia la vida, de daba mucho con que especular en cuanto, a que le harían si conseguían atraparlo a él.

Dieron un rodeo cruzando el Distrito de extrarradio, el cual era él había recibido gran parte del fuego que consumió entre sus llamas una buena porción del barrio. Bastantes estructuras aún quedaban en pie, pero en general recordaban a la boca de alguien padecía del escorbuto. Alguna estructura que se mantenía  en vertical aquí, otras dos medio daleadas unos metros más abajo, había lugares donde ya no quedaba nada, y casi la mayoría estaban desconchadas y recubiertas por el hollín.

No veía a nadie cerca de las inmediaciones de la impresionante y lúgubre mole que se asentaba ahí. Tenía la sensación de que le había llevado horas alcanzar aquel lugar, entre la adrenalina, el miedo y la paranoia  de ser apresados, arribó sin darse cuenta a ella. Había dejado de oír a los acechadores que iban detrás de él, lo cual sin duda sería un alivio si supiera de seguro donde paraban ahora. Mucha agitación precedió después de los toque de alarma que pusieron a la ciudad en guardia. En el trayecto hacia allí tuvieron que esconderse tanto de los Incondicionales como de algunas de los acorazados pelotones que comenzaron a patrullar las calles.

Concluyó que ya habían pasado por lo más complicado, llegar allí sin ser interceptados por nadie. Kumar logró cumplir muy bien con ese cometido, pues en más de una ocasión gracias a lo que para él, eran unos sentidos excepcionalmente desarrollados, fueron capaces de esquivar lo peor.

Se encontraban justo enfrente de Institución.


CONTINUARÁ......
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#52
Buenas, fardis!

Pues aquí estamos con la segunda parte del capítulo. Como siempre, ameno y fluido y con frases metafóricas curiosas y graciosas. Kumar, Varsuf y Armen están metidos en un buen lío, jeje. Me hace gracia imaginármelos pateándose discretamente la ciudad mientras los Incondicionales van paseándose por ahí con sus espadas ensangrentadas. ¿Se encontrarán cara a cara con Medar? Jojo, si es así, ya me voy imaginando la escena y la conversación. Aunque de verdad Armen necesitaría encontrarse con él para que les explique qué está ocurriendo. Claro que como Medar va tan lanzado, a lo mejor los atraviesa con la espada sin detenerse, jeje, sería un triste final para nuestros dos jóvenes aristocráticos! Pues a ver qué pasa ahora en la Institución.

Saludos!


- exhausto sería termino apropiado para definir como se encontraba. -> término ; cómo
- ¿Sí no podían seguir por ese camino -> Si
- si se abstuvo, es porque aún -> fue?
- De nuevo poso ojos en los de Kumar -> posó los
- ni porque razón andaban vistiendo -> por qué
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#53
¡Buenas compañera Kaoseto!
La verdad es que nuestros descolocados amigos si que están en un brete de tres pares de narices, y el único que parece saber por donde caerán los tiros es Kumar, pero con un carácter como el suyo no hay que hacer muchas cábalas, pues seguro que uno se lleva un chasco XD. En un principio sí que se van a cruzar Medar, Armen y compañía en este capitulo, pero seguro que de una manera que será difícil de adelantar para el lector (esa es la intención al menos) Este va a ser un capitulo bastante largo, pienso, donde se van a entrecruzar todas las tramas abiertas que hay hasta el momento, y donde se empezarán a decidir cosas. Espero que no quiera ser muy ambicioso con la escena y se me valla de las manos, pero en un principio la idea es esa.
Gracias por pasarte compañera, como siempre son un placer tuscomentarios.
Un saludo y nos leemos.
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(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#54
Edición.

Hubo un cambio de titulo, pues en reglas generales, el que había no calzaba mucho con lo que sucedía en el capitulo. Un saludo.


NOCHE DE MIEDO (3 Parte)


Durante un buen rato estuvo dando tumbos por las galerías, más pedido que otra cosa, recorriendo sus estrechos pasillos y accediendo a las siguientes plantas sin prestar excesiva atención a su entorno, a pesar de que durante ese trayecto volvió a encontrarse cadáveres de  celadores y prácticos esparcidos por doquier. Hacía mucho tiempo que no salía al exterior y su memoria nunca había sido de las más prodigas, tampoco es que recibiese demasiada ayuda del insidioso Ashur desde hacía ya un buen lapso de tiempo. Que permaneciese callado ya era jodidamente extraño, pero que además aquello le preocupase lo más mínimo a él, sin lugar a dudas era para hacérselo mirar.

―Te veo muy calladito ―Le dijo de pronto, a la par que comenzaba a subir por una escalera de metal que se enroscaba hasta llegar al siguiente nivel. ―Me cuesta creer que de pronto se te hayan pasado las ganas de hacerte el charlatán. ¿Tienes alguna preocupación que quieras compartir?

«No todos tenemos esa facilidad por la indolencia de la que tan orgulloso te sientes» Retrucó con aspereza «A algunos nos sigue preocupando el seguir existiendo en este miserable mundo ¿Sabes?»

Chasqueó la lengua y escupió hacia un lado.

―¡Bah! Eres demasiado exagerado y pesimista hasta para tratarte de un demonio. ―Replicó. A pesar de que no era del todo su intención que aquella última frase sonase con desdén, así lo hizo.

«Y tu eres demasiado idiota para comprender que te están buscando, y por consiguiente a mí, con lo cual nos afecta a ambos. ¡Y no exagero en absoluto! Bien que sabes lo que sucederá cuando la historia se vuelva a repetir. Sí logran dar con el chaval…»

―Eso sí es que se vuelve a repetir de nuevo. ―Repuso interrumpiéndolo a mitad de la frase.

«Yo que tú no pondría la mano en el fuego»

Era cierto que sabía lo que sucedería en un futuro próximo si estaban en lo cierto. Volvería a estar condenado a incurrir en los mismos errores del pasado, sumido en la misma encrucijada, en la misma prueba que antaño le oscureció él alma. Comprendió que sería un ciclo que no se dejaría de repetir por mucho que a él le disgustas, como el pez que se muerde la cola o a un lagarto al que se la cortas, siempre tenderá a reproducirse. Los viejos fantasmas que lo habían atormentado durante tanto tiempo, tenían intención de volver hacerse sustancialmente reales y corpóreos, lo que sin lugar a dudadas acarrearía motivos de preocupación para ambos. Ahora que de allí, que fuese a ponerse histérico como un pobre infeliz enganchado a los polvos psicodélicos del Chamuy, los separaba un largo pero que muy largo trecho.

―Por el momento salgamos de aquí, luego ya veremos cuan de preocupantes son las noticias esas en realidad. ―Respondió finalmente con un mohín.

Suponía que aquella era la galería Nº1, la cual estaba dedicada a los delincuentes de poca monta que ya no cabían en los calabozos del Magisterio; corta bolsas y carteristas, proxenetas, yonquis, putas, camorristas, prestamistas, algún borracho y alienados indigentes que copaban las celdas con la mirada perdida y prácticamente hacinados unos encima de otros. Cruzó el pasillo sin dedicarles más atención que a una piara de cochinos, unos pocos sacaron sus brazos entre los barrotes gimiendo e intentando llamar su atención en balde. Bastó con una simple mirada suya para que reculasen asustados como animales ante un fuego fatuo, pisándose unos a los otros por el afán de separarse cuanto antes del enrejado. Les sonrió con afectación antes de proseguir con su camino. No era ningún héroe o bienhechor de aquellos que relataban los libros de caballería, por lo que no tenía ninguna intención de preservar más lo poco que quedaba de retazos de su alma, y eso sí es que aún quedaba algo por salvar.

Aquella era una galería ligeramente distinta a las anteriores, al contrario que la de las secciones inferiores, no existía ningún tipo aislamiento ahí. Esta se trataba de una cámara inmensa de varios pisos de altura y con infinidad de celdas repartidas a su alrededor, cada cual de ellas compartida por muchas personas (o lo que quedaba de humano en ellas) en un amasijo de miembros, mugre y enfermedad. El murmullo de aquellas patéticas  gentes, el goteo de alguna cañería rota, el ruido de sus pisadas sobre el empedrado, más ningún signo de amenaza que le llamase la atención. Habían limpiado las instalaciones al completo de funcionarios, y aunque era algo a tener bien en cuenta dada la cantidad de personal que trabajaba allí, a él personalmente le traía sin cuidado. Tan solo se preguntaba cuando toparía con otro de aquellos grupos de desequilibrados para desentumecer sus miembros pateándoles el trasero. Contempló la zona donde terminaba  galería, sí no creía recordar mal, detrás de esa puerta que se encontraba al fondo, hallaría la sala donde se guardaban los archivos; Infestada de estanterías donde se apilaban los libros de ingreso y el papeleo de alguna que otra confesión. Más adelante daría con la sala donde los funcionaros  que se encargaban de administrar la entrada decidían que nichos iban a ocupar de los nuevos huéspedes de la instalación, aunque dados los antecedentes hasta llegar allí, tenía un cierto palpito de que no quedaría nadie con vida ejerciendo ese trabajo. Después traspasar esa última sección estaría de nuevo en la calle, libre.

«¿Así que la idea es ir contarle al gobernador Eriast que en realidad pronto va a ser invadido por fuerzas del inframundo, verdad?» Inquirió Ashur con cierto rin tintín sacándolo de aquellas reflexiones.

―Sí. Básicamente esa es la idea ―contestó mientras empujaba el pasador y abría la puerta que daba a los archivos.

«Y como sabes que no te van a asaetar tan solo cuando aparezcas con tus sucias greñas por la puerta?»

―Nuca dije que lo supiera.

«Reconfortante es el saberlo»

El inconfundible olor a muerte, una mezcla de heces, orín, sangre y otras excreciones, le abofeteó al entrar en la sala. La estancia de los archivos estaba como se la esperaba encontrar, hecha unos zorros. Las estanterías estaban vencidas, los pergaminos y libros esparcidos por el suelo, mesas rotas y sillas volcadas, el cuerpo de los escribanos desangrándose completamente cosidos a puñaladas. El caos era general.

Ya prácticamente no le quedaba ninguna duda de que eso no lo podían haber logrado una panda de adoradores del oscurantismo como los Incondicionales por sí solos, por lo que en realidad era muy probable que el pellejudo Shapur hubiera logrado reunir los pedazos de uno de sus hermanos y como resultado, conseguir resucitar una pequeña parte de la esencia de del Apóstol Asral.

Maldijo para sus adentros, había tenido cierta esperanza de que aquello fuera la farsa de unos pocos desequilibrados, pero tras mirar nuevamente en derredor concluyó, que eso de la esperanza era una mierda. Cobraba más sentido la libertad con las que estaban cometiendo sus fechorías. En cualquier caso y dejando eso a un lado, algo muy malo debía de estar sucediendo en algún otro lugar de la ciudad sí nadie acudía para ver qué era lo que estaba sucediendo en Institución.

Como si se tratase de algún tipo de premonición de mal gusto, las campanas comenzaron a sonar con repiques rápidos y fuertes.

«Está claro que el Merakai lleva mucha más ventaja que nosotros en el asunto, esa debe ser la señal de la que hablaban antes»

Cruzó la sala de administración sin inmutarse al encontrarse un panorama similar que en las anteriores, muchos cadáveres, mucha sangre, la anarquía. Sabía que ya solo quedaba un paso y estaría de nuevo en la calle pero no obstante, se detuvo ante el umbral de la última puerta que lo separaba de la realidad que se servía allí a fuera. ¿Realmente quería volver al mundo? Lo hacía forzado por las circunstancias, claro, pero seguía preguntándose si la persona que decidió recluirse durante dos décadas en Institución lograría redimirse algún día.

Apretó la quijada y salió al exterior.

Lo primero que notó es que en aquel patio había alguien más, pero eso era ya algo previsible y  se lo esperaba, dudaba que tan solo con esos pocos infelices se había topado pudiesen armar un alboroto como aquel. Los ruidos de alarma se hacían cada más acuciante, el ambiente estaba enrarecido, y el solo podía centrarse en la tenue brisa y el aire fresco que de pronto llenaba sus pulmones. «Dos décadas», se dijo. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que respiró aire limpio.

Inmediatamente se pegó al muro, envolviéndose en la alagada sombra que producía la estructura recortada bajo la luz de una luna plena, y examinó la zona hasta dar con lo que buscaba. Había varios grupos de Incondicionales dispersados en distintas calles alrededor de la rampa que llevaba a la entrada de Institución, armados y a la espera, de... «¿De qué?» Se preguntó. No sabía si lo estaban esperando a él o a alguien distinto, en realidad no podría saberlo con certeza ni aunque así lo quisiera, pero de lo que estaba seguro es que esperaban emboscar a quien fuera tan inconsciente de aparecerse por allí.
Institución se encontraba en una de las zonas más marginales de los Distritos, en una franja de tierra yerma donde solo destacaba la estructura. A unos escasos cien metros de allí, se podían apreciar las primeras casuchas y callejones de aquel barrio marginal, en ellos esperaban impacientes los Incondicionales a su presa, quien fuese esta. ¿Sería él? Volvió a preguntarse mientras los contemplaba.

«No parece que estén muy por la labor de vigilar la entrada a este antro» razonó Ashur.

Tras pasar un rato observándolos confirmó que estaba en lo cierto, no precian prestar ninguna atención hacía la dirección donde se encontraba el reclusorio, ajenos a su aparición parecían esperar a alguien que fuese a presentarse por la trayectoria opuesta a la suya. Las campanas seguían sonando alarmantemente y la algarabía comenzó a hacerse audible en distintos puntos de las barriadas a la vez.

―Esto no tiene ningún sentido. ―acabó por concluir.

«¿El qué?» Inquirió Ashur. «¿Que no nos hayan visto aún esos imbéciles de allí o que por primera vez no seas el centro de atención de todo el jodido mundo

No apreció ni asomo de ironía en su voz.

―Me refiero a que no entiendo porque diablos han mandado a un batallón tan grande, pero a la vez ridículo, para atacar una ciudad tan bien protegida como la de Mansour. Sí la intención era capturarme y acabar con el muchacho, podían haberlo hecho de una manera mucho menos llamativa ¿No crees?

«Puede que se crean con posibilidades de hacerse con la ciudad, o simplemente por el gusto de hacer daño. ¿Quién sabe?»

―Eso sería un simple suicidio hasta para estar hablando de esta secta de trillados. ―dijo mientras rascaba sus greñas con un gesto reflexivo. ―No, tiene que haber una buena razón para ello. Dudo que se hayan pasado tanto tiempo escondidos en los más inhóspitos lugares solo para acabar masacrados en las calles de Mansour por nada. «Hay algo que se nos escapa y que no cuadra en todo esto ¿Pero el qué?»

Finalmente resolvió que no tenía tiempo que perder en elucubraciones fundamentadas en la especulación, había tenido dos décadas dedicadas a eso y ya era hora de cambiar. No sabía que es lo estarían planeado aquellas gentes, ni cuáles eran sus motivaciones al presentarse allí, incluso concluyó que probablemente siquiera ellos sabían con certeza que es lo que debían de estar haciendo plantados en aquel lugar esperando a ser masacrados por la guarnición de la ciudad. Sabía que sí uno de sus hermanos estaba gestionando aquella calamidad, el plan sería exageradamente retorcido para descubrirlo con facilidad, y eso sin contar que también había un Merakai metido en el cuerpo de uno de los altos cargos religiosos de la ciudad para complicar las cosas.

Bordeó el edificio sin perder de vista en ningún momento a los Incondicionales que se encontraban escondidos en los callejones de enfrente, con movimientos delicados y comedidos como los de un bailarín, agazapado en algunos momentos y literalmente pegado al muro en otros, logró llegar hasta la parte posterior para encontrarse  con la misma escena. En los callejones de más allá también acechaban varios grupos de Incondicionales, estos, incongruentemente tampoco estaban prestando excesiva atención a la lúgubre estructura que era Institución. «¿A quién esperan?»

―No entiendo nada.

«Es lo que suele suceder cuando uno decide pasarse casi dos décadas enterrado debajo de tierra».

Sonrió tras aquella pulla.

Estaba claro que Ashur no lo había perdonado por la decisión que tomó tanto tiempo atrás después de los acontecimientos de Meyrem, pero en aquel momento no necesitaba su faceta quejica y lastimosa que lo había acompañado durante su auto encierro, necesitaba servirse de sus otras habilidades para lograr saltarse aquel cerco sin ser visto y poder alcanzar palacio sin tener que matar a nadie más por el camino.
Volvió hasta la zona donde se encontraba la rampa de entrada, abrigado por las sombras mientras aún sonaba el tañer de las campanas y a la par que se palpaba la tensión que precedería a la violencia. Usó una de las técnicas más básicas que conocía, hizo varios intrincados sellos con sus dedos y su cuerpo, antes solido, comenzó a adquirir la consistencia de las sombras que lo rodeaban. Era un truco sencillo que se basaba en dejar que un poco de la esencia de Ashur brotara por sus poros como una especie de secreción vaporosa que servía para camuflaje para cualquiera que mirase en su dirección, este solo viera una voluta de humo negro que bien podría confundirse con un efecto óptico de la noche. Se podía conseguir un efecto similar con armas encantadas, pero no eran tan consistentes como el tener a uno de los trece dentro de ti.

Corrió a una velocidad sobrehumana, en zigzag, saltando de una sombra a otra, parando detrás de los pequeños matojos que nadie se había molestado en desbrozar en aquel yermo,  un borrón para el ojo humano. Recorrió los casi cien metros hasta el primer perímetro de casuchas en un tiempo espectacular. Probablemente sí alguien hubiese estado atento a la escena, habría visto pasar a un borrón negro que en tan solo el tiempo de dos parpadeos, se  encontraba apoyado en la fachadas de una de las casuchas sin tan siquiera respirar forzadamente. Se asomó por uno de los laterales con cuidado, los tipos no se habían percatado de nada. Volvió a parapetarse y volvió a su plano normal, pues era realmente inprudente mantenerse durante mucho tiempo en aquel estado. Respiró hondamente y de un salto se encaramó al tejado de la casucha, este (por suerte) estaba hecho de pizarra y no como la gran mayoría del resto de las casas de la barriada, con paja y trozos de cestería. Caminó suavidad por él, sin que sus pies descalzos hiciesen el más mínimo ruido que pudiese delatar su presencia a los propietarios de la casa, ni mucho menos a la trupe que esperaba acechando allí abajo.

Ahora tenía varias opciones que sopesar, podía saltar en medio de aquellos descerebrados y los evisceraba allí mismo, o por el contrario partía hacia palacio y descabezaba a la serpiente que seguramente llevaría a la desbandad en grupo de todos ellos. Estaba seguro de que el Merakai era la piedra angular de aquel sinsentido, si acababa con él, acababa con toda aquella estupidez. Para su sorpresa Ashur tomo la voz de la conciencia, o de la más oscura de las venganzas. Con él nunca se sabía.

«Primero vayamos a por el perrito faldero de Astral y saquémosle las respuestas a golpes, luego ya nos entretendremos con la escoria que quede en pie ¿No te parece?»

Desde donde estaba podía ver como en algunos puntos de las barriadas comenzaban a alzarse volutas de espeso humo que indicaban donde se estaban empezando a producirse los incendios, hasta él llegaban con más claridad gritos de desesperación, voces de alarma, el chocar del acero. De alguna manera los Incondicionales que estaban fuera debían de haber logrado entrar en la ciudad para ponerse manos a la obra. Había comenzado de verdad. Cuando ya estaba a punto de partir hacia palacio para encontrarse con el Roba-Cuerpos (otro de los  nombres con el que se conocía al Merakai) y ponerle fin a aquello, advirtió que un grupo de tres personas se aparecían al otro extremo de las calles. No podía apreciarlos bien desde aquella distancia, pero por su aspecto no parecían Incondicionales, sino más bien unos pobres y harapientos  desdichados que habían acabado en el peor lugar de la ciudad sin darse cuenta. Seguramente acabarían ensartados en la espada de alguno de los que estaban acechando en los callejones, pero él no podía hacer nada al respecto, pues no era un héroe ni nada meridianamente parecido. Finalmente se decidió.

―Entonces bien, vayamos de una vez a palacio a por ese maldito Merakai.


CONTINUARÁ......
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(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#55
Buenas, fardis!

El personaje de Medar me está gustando, porque a pesar de que diga no tener conciencia, parece tenerla aunque lo niegue (bueno, eso espero!). En cuanto a Ashur, es un filósofo, jeje. ¡Mira que justo cuando se iban a poder encontrar, zas, Medar decide no darse por enterado! Aunque, lógicamente, no se iba a meter con tantos Incondicionales para intentar salvar a unos desconocidos. Y vamos, lo que les espera a Armen, Kumar y Varsuf… Uf. Como Medar no se detenga a pensar en que precisamente los Incondicionales pueden estar aguardándolos a ellos, a lo mejor se arma una grande y se queda sin el joven Armen XD

Bueno, a ver si es verdad que Medar acaba con el Merakai, parece capaz de hacerlo, aunque eso no resolvería todos los problemas, por supuesto. Ah, tengo curiosidad por saber quién es realmente Ashur y por qué no es tan malvado como los otros doce demonios (bueno, al menos eso parece, jeje).

Saludos!
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#56
¡Buenas compañera Kaosteo!
Medar es un tipo bastante complejo, que ha vivido mil y una penalidades y ha infligido muchas otras tantas. La verdad es que este cruce estaba planeado para dar ea sensación de encuentro, solo que sí los hacia encontrar en ese punto bueno, no podría continuar con lo que tengo planeado para ellos XD
Armen y compañía por otro lado, no saben la que se les viene encima, bueno quizás kumar se huele algo pero los otros dos XD
Poco a poco espero ir desenredando algunos flecos para ir dándole más color a la trama, en cualquier caso hay que decir que todos tienen intención de pasarse por palacio. ¿Que pasará cuando lleguen? XD
Gracias compañera por comentar. Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#57
fardis2, te dejo por aquí el comentario que escribí en Wattpad.

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Que forma tan magistral que tiene Sarosh de teatralizar y conseguir que el avaricioso Gulag se trague el anzuelo. Me ha encantado cómo ha conseguido manipularlo. Muy bueno. Wink

Sasha me ha llegado a dar un poco de pena. No la he notado con mucha felicidad; seguro que Gulag es un tirano con ella.

Estoy deseando que los diferentes hilos de la novela se entrelacen. Voy a disfrutar cuando se encuentren algunos personajes.

Me ha gustado mucho el ritmo y la narración del capítulo. Se siente todo muy fluido y la absorción del información es muy natural. Casi diría que en este sentido este es el capítulo con la prosa más ágil de la novela. A lo mejor es una percepción equivocada porque no me he leído todos los capítulos seguidos, pero yo diría que en este has conseguido un gran equilibrio. Muy buen trabajo, compañero. Smile

Me quedo con ganas de saber qué tienes preparado, que seguro que me sorprenderá y lo disfrutaré.

¡Nos leemos, un gran saludo!
Enlace a la novela: El mundo en silencio
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#58
Buenas camaradas, pues ya estoy aquí de nuevo con el final de esta largo, pero que muy largo capitulo. Se me fue totalmente de las manos XD Por lo que de momento así queda el nombre del capitulo (de momento), pero probablemente cuando revise todos los capítulos, estos se conviertan en dos, a los cuales cambiaré el titulo, pues no acaba de pegar con lo que sucede. En fin, ahora a lo echo pecho XD.

PD;También me di cuenta que ya hay varios autores que tienen novelas con el mismo nombre que la mía. Una es Elena Calderón y el otro es un autor ingles que tiene una saga que precisamente se llama la trilogía de las sombras, también usa unos títulos similares, y aunque no iguales, sí parecidos. Tendré que romperme la sesera para encontrarle otro nombre que le pegue al escrito.
De momento se queda así, por eso.

En fin. No me enrollo más. Ahí os dejo el ultimo trozo, a ver que os parece.

Edición.

Al final hubo un cambio de titulo, pues en reglas generales, el que había no calzaba mucho con lo que sucedía en el capitulo. Un saludo.



NOCHE DE MIEDO (4 Parte)



¿Qué había sido aquella última sensación que lo acababa de azotar? Era como si alguien hubiera intentando asomarse dentro de su alma abriéndolo como a un pistacho. Con la misma vehemencia de la que haría gala un amante virginal y lujurioso que intentara tirarse a su primera concubina, con afán e impericia, sin tan siquiera saber por dónde empezar a hurgar. Excitado. Con excesiva y premeditada precipitación. Se sintió violado, mancillado de mil maneras que le eran muy difíciles de definir con meras palabras. Para empezar, no llegaba ni a intuir a qué diantres poder achacar aquel cumulo de emociones.

Contempló a Kumar con renovado interés. También parecía estar más alerta de lo que aparentaba en realidad, ojeando a su alrededor sin cesar. ‹‹¿Habrá percibido algo similar?›› No podía saberlo con certeza. Varsuf ya más recuperado, parecía ajeno a la repentina reacción de ninguno de ellos dos, por lo que concluyó, que no se había apercibido de las muecas luctuosas que habían compartido. El tañer ahora sonaba a rebato. Se podía escuchar claramente el ruido de acero al entrechocar, los chillidos y los ecos de alguna escaramuza que lograron erizarle el vello ‹‹O de alguna masacre ¡Por el amor de los Dioses!›› Oyó cerca el agudo sonido de las cornetas y el rumor de la desesperación, contempló como las luces incendiaban el cielo con tonos purpúreos no muy lejos de allí; el caos rondaba en cualquier dirección en la que pusiera su atención. Todo aquello contrastado con el estático silencio que envolvía a Institución, inmediatamente le olió a chamusquina. Y no se trataba precisamente de los edificios destartalados y medio calcinados de la zona, ni las casas que probablemente habían comenzado a arder.

―¿Por qué nos detenemos ahora, Armen? ―preguntó Varsuf mientras miraba con anhelo hacia los muros de la estructura. ―Ya la tenemos justo enfrente.

Su amigo se refería a Institución y él pasaje que los llevaría de vuelta a sus regias viviendas, a la relativa protección que les otorgarían sus gruesos muros. Regresar nuevamente a la única realidad que conocían. A nadie le gustaba sentir amenazada a cada instante su integridad por un excesivo número de lunáticos. Aquello lo entendía. También logró comprender, que por el tono atemorizado de su voz, en cualquier instante salía a la carrera hacia la mole olvidada cualquier pretensión de pasar desapercibidos, lo cual no se podía consentir. Aunque tampoco lo culpaba por aquello. Cualquiera en su sano juicio pensaría que lo más razonable dado las refriegas que se estaban produciendo a escasas cuadras de donde estaban ellos, y que para su horror, cada vez se apreciaban más cerca, sería entrar en el edificio sin más. Eso sin dejar de obviar, que un grupo de Incondicionales no había dejado de darles caza durante toda la noche para acabar con ellos. Sabía que no debían detenerse ahora, era peligroso. No obstante, un miedo inconsciente y cerval, le hizo detener a Varsuf en seco.

―¡Espérate un momento! ―Siseó mientras le sostenía del brazo para que no cometiera ninguna prematura estupidez. ―Algo anda fuera de lugar.

―¿Hablas en serio?

―¿Tu qué crees? ―Replicó fulminándolo con la mirada.

Varsuf se la devolvió incrédulo, aunque para su alivio no hizo ningún amago de avanzar. Su expresión a pesar de las eventualidades, le resultó cuanto menos caricaturesca. Su lividez contrastaba con la sangre seca que embadurnaba su cara, su ridículo mostacho pendía literalmente de un hilo, sus vestimentas estaban hechas una completa porquería. Intuyó que su aspecto debía ser similar, sino peor. De todos modos, no fue esa la razón por la que detuvo a su compañero.

―No veo a ninguno de los guardias que deberían de estar custodiando las puertas. ―Destacó Kumar examinando serio la grisácea estructura. Era la primera vez durante aquella espantosa noche que apreciaba algún tipo de reacción en él. Además de que era un argumento sólido para alentar a su propio reconcomio. Sobre todo al advertir, el gesto afilado que componía. ―Tampoco se aprecia la silueta de ninguno de los centinelas que supuestamente suelen estar haciendo guardia en las troneras. ―Contempló sin dejar de observar Institución con la quijada prieta y el ceño fruncido. Sacó sus espadas de las vainas con una floritura y una velocidad sobrehumana, para simplemente añadir sin más. ― Será mejor que vaya a comprobar qué es lo que sucede.

Sin darles tiempo de reaccionar, Kumar murmuró en la misma extraña lengua que hizo que el mismo oscuro humo que había jurado ver antes brotando de sus espadas, lo recubriera por completo para convertirlo en un simple manchurrón. Si no fuese porque lo había visto desaparecer ante sus propios ojos, juraría que nunca hubo estado allí. Ahora, que si ponías un poco de empeño concentrándote en el punto en el que intuías que debería estar, se podía percibir una oscilación en el aire que delataba su presencia. (La sombra) para su mudo asombro, dio un salto y se aupó en el tejado de en frente (que estaba a unos considerables seis metros del suelo) y les dijo con un tono seco.

―Ni se os ocurra moveros de dónde estáis.

Luego desapareció (por completo)

‹‹¡Fantástico! ¿Ahora resulta que también puede desaparecer?››
 
Enmudeció durante unos segundos mientras intentaba  convencerse de  que no acababa de perder el juicio por completo. En esta ocasión Varsuf no lo interrumpió, estaba igual de impactado que él. No fue una tarea sencilla en absoluto no pellizcarse para ver si aquello no era una jodida pesadilla. El repiqueteo sonaba de fondo junto a la cacofonía que transportaba el aire, que parecía arreciar a cada instante que pasaba. Notó como la sangre bombeada se agolpaba en sus sienes palpitando con intensidad.

―La hostia Armen. ―Farfulló al rato Varsuf sacándolo del pasmo. Por el tono sesgado de su voz, seguramente empezaba a creer que él también se había vuelto loco de remate. ―Ha sido como… como un…

Armen presumió que varsuf no encontraba las palabras exactas para definir aquella anomalía, tampoco es que fuera muy versado él.

―¿Un espectro?

―¡Sí! Eso mismo era lo que quería decir Armen. Como un espectro. ¿Lo has visto, verdad?

―Sí que lo he visto, Varsuf . ―respondió ausente. ‹‹A pesar de que aún no me lo acabo de creer›› El escalofrió le corrió desde la uña de sus pies hasta la punta de su flequillo, no auguraba nada bueno.

Concluyó que equiparar a un Hijo de Sombra con un ‹‹espectro››, bueno, era similar a comparar el canto de una sirena con el mugido de un manatí. Al fin y al cabo concluyó, los (espectros) se creía que eran simples manifestaciones de entidades pasadas que no habían logrado traspasar el Velo y, que por consiguiente, vagaban por la tierra aullando sus lamentos para todo aquel que quisiera oírlos. Por el contrario, Los Hijos de Sombra eran los mismísimos heraldos de la muerte. Una asociación secreta de hombres y mujeres adiestrados desde la tierna infancia con un solo fin, cortar de raíz cualquier manifestación del mal de la que adoleciese el continente. El prefecto asesino.

O al menos eso es lo que había oído pervulgar a un vejete un día en una de las tabernas de la ciudad, unos meses atrás.

Había que concretar que él hombre andaba empapado de alcohol hasta las pestañas, y no parecía estar muy cuerdo la verdad. Contó historias de hombres fuertes como toros y ágiles como gatos. Rumores de mujeres hábiles tanto en el manejo de las armas como en el del veneno. Personas ‹‹sobrenaturales›› en general. También Habló de un mal antiguo y ponzoñoso, destructivo para con la vida, el cual aseguró, habíamos desterrado de nuestras memorias por miedo a recordar. Este, al parecer,  esperaba en las sombras el momento idóneo para atacar. El hombre  pronosticó que ese momento se encontraba cerca. (Habían pasado solo dos meses desde entonces) rememoró con cierta fobia. Según expuso con sumo detalle para un simple borrachín cualquiera, aquellos hombres y mujeres iban a ser el único dique del que dispondrían entre ese mal embravecido, y la humanidad tal y como la conocían hasta entonces. Evocó aquel momento como si fuera ayer. El tipo fue objeto de burla e increpado por los parroquianos del local, como alguien que había perdido el juicio. Las sandeces que decía como por el pedo que llevaba, eran un aliciente más. Ahora tras lo vivido lo comprendió. ‹‹No eran fabulas de un pobre desgraciado. ¡Existen de verdad!››
Aquello pobló su mente de un sinfín de incógnitas más.

Sabía que había muchas aclaraciones que Kumar debería dar en un momento u otro, demasiadas ‹‹cosas›› que no alcanzaba ni tan siquiera a comenzar a considerar como ciertas. En cualquier caso, no iba a obtener las respuestas que deseaba pronto, (quizás nunca) dicho sea de paso, y visto que sus vidas seguían dependiendo de su persona, decidió centrarse en lo que realmente podía comprender.

‹‹¡Concéntrate de una puñetera vez, joder! Tu vida está en juego››
 
No parecía haber nadie en las inmediaciones de Institución. ¡Nadie! Como una estructura olvidada a los ojos de sus dioses. Esta se erguía ausente de todo color, más que el gris de sus grandes rocas encajadas con una precisión quirúrgica. Los alrededores, barrios y barrios de casuchas contrahechas en las que vivían las personas más desfavorecidas de Mansour, amparaban aquella carencia de vida. La luna alargaba tenebrosas sombras en aquel trozo de erial. Tratándose de una de las cárceles más relevantes de la región aquello estaba fuera de lugar ‹‹¿Quién controla el acceso a la institución?›› Se preguntó atenazada de nuevo su garganta. Y lo que era más importante si aún cabía responder, ¡¿Quién demonios vigilaba que no saliese ningún energúmeno más de allí?! Un sudor frio comenzó a correrle por el espinazo hasta la base de su espalda estuvo completamente empapada. La inmensa estructura de piedra gris, manifestaba una estampa antigua, siniestra e implacable, sin duda cruel. Su larga y estrecha rampa se desplegaba como la larga lengua de un reptil que acababa en dos enormes portones de madera negra tachonada de placas de metal. Las esfinges y los tallados en la tosca piedra, representaban la redención.
 
No era la primera vez que veía la penitenciaria en todo su horroroso esplendor. Aunque la diferencia radicaba, en que siempre había sido desde una distancia prudencial en la que no le produjo aquella sensación de grima. Verla de tan cerca era harina de otro costal. Sentía la maldad manando de cada pedrusco de sus gruesos muros. El dolor y la punición enturbiaban el ambiente ejerciendo una presión casi insoportable en él. La locura que sufrirían los penitentes que debían estar acurrucados en aquellos inframundos agujeros en los que tendrían que pasar el resto de sus vidas, la sentía en sus propios huesos y en cada centímetro de su piel. ‹‹¡Espera un momento!›› Se detuvo ante aquellas vertiginosas sensaciones que lo acometieron, pinchando y manipulando sus emociones. Confundiéndolo aún más. ¿Por qué reparaba él en nada de todo aquello? Es más ¿Cómo era posible que notase unos sentimientos tan concretos brotar de un maldito trozo de pedrusco? La pregunta quedó flotando en el aire mientras boqueaba sin saber qué hacer.

Miró en busca de Kumar, este simplemente seguía (desaparecido), para variar. ¡Como lo irritaba! Y ahora que intuía cual podía ser su ‹‹identidad real››, estaba completamente seguro de que estaba al tanto de lo que sucedía en la ciudad. Y a él en particular. Lo había visto reflejado en sus oscuros ojos cada vez que se habían cruzado sus miradas. Al fin y al cabo, era capaz de desaparecer ¿No? Algo se le escapaba y no sabía muy bien el qué. De todas formas suponía que no iba a sacarle nada aquella noche que lo fuera satisfacer. ‹‹Ojala les parta un rayo a los dos.›› Maldijo en silencio.
 
Decidió que lo mejor sería centrarse en salvar sus tristes pellejos, que no parecía ser una tarea sencilla de llevar a cabo. Por lo que, hizo todo lo posible por no pensar en las emociones que comenzaron a arremeterlo sacudiéndolo como un trapo al viento, amenazándolo con hacerle vomitar de nuevo. Apretó las nalgas cuan fuerte pudo para no caer en la desesperación que empezaba a apoderarse de él. La única salida que les quedaba para salir de una pieza de aquella escabechina, era hacer lo que les había propuesto kumar, o sea, recurrir a los pasos subterráneos a los que había hecho referencia antes. Su única opción de salir indemnes de aquella ratonera por sus propios pies.

Agitado, intentó humedecerse los labios, pero para su mayor consternación advirtió, que su lengua lucia igual de rasposa que el pedernal.

Que no hubiese nadie custodiando la penitenciaria podía deberse a mil y una razones distintas, reflexionó. Puede que los guardias hubieran decidido ir a inspeccionar que era lo que estaba sucediendo en las calles de más abajo; algo bien plausible dado el ajetreo que se estaba formando en ellas. Quizás hasta los centinelas de las aspilleras, también habían resuelto que era su trabajo ir a husmear de dónde provenía todo el maldito alboroto. Incluso existía la posibilidad, de que los funcionarios que estaban dentro, por la razón que fuera, aún no se habían percatado del ambiente incendiario que se respiraba fuera. Tal vez… Se detuvo sin acabar de teorizar en vano. ‹‹A quién pretendo engañar››

Claudicó antes de deshincharse igual que una vejiga suelta.

Era jodidamente imposible que Institución estuviese desguarnecida por completo. Sería absurdo e inverosímil, y lo sabía con total certeza. Los guardias jamás habrían abandonado sus puestos en las puertas so pena de muerte, y los vigías de las barbacanas aun menos. Siempre tenían que estar alerta a cuanto sucediera a su alrededor, controlando tanto  en el interior como en el exterior de la penitenciaria. Y además, siendo justos ¿Quién sería tan manifiestamente idiota como para no darse cuenta de que los estaba asaltando una panda de dementes?

‹‹Piensa Armen, piensa. Maldita sea››

Una extraña quietud cuajó en el ambiente haciéndolo denso como la melaza. De repente ‹‹algo›› cayó justo en medio de ellos, levantando una pequeña cantidad de polvo a su alrededor. Retrocedieron varios pasos con los brazos en alto y el corazón en la nuez. El borrón negruzco para su sorpresa pronto se convirtió en Kumar, y su expresión no era un guiño para el optimismo precisamente.

―¡La madre que te parió! ―exclamó llevándose la mano al pecho. ―¿Es que pretendes matarnos del susto o que te pasa? ―Inquirió con tono seco mientras contemplaba de la altura de la que había saltado su lacayo; dedujo que debería que haberse partido las dos piernas en la caída.
 
Kumar los miró a ambos con un gesto furibundo antes de sisear.

―Corred lo más rápido que podáis.

‹‹¿Eh?››

Aquellas palabras sonaron como ‹‹¡Gong!›› en su cabeza.

―¿Se puede saber qué quieres decir ahora con….

De pronto algo silbó en el aire antes de impactar con un ruido seco en uno de los postes que tenía a escasos centímetros de su cara. La saeta de plumas negras vibró durante unos instantes antes de quedar completamente quieta. Una gota de sudor descendió de su pómulo hasta su barbilla para caer seguida al suelo.

―¡Corred, imbéciles! ―Restalló Kumar.

Decidió no hacer más preguntas innecesarias, pues aquello fue suficiente acicate para que sus piernas adquiriesen una cadencia veloz, que instantes antes no hubiese imaginado llegar a poseer. Por como corría Varsuf junto a él, presumió que también había entendido el mensaje a la primera. Correr para salvar el pescuezo era un idioma universal. Por lo tanto así lo hizo, corrió como jamás lo había hecho en toda su triste vida, rezando a todos los dioses conocidos y por conocer. Probablemente estos debían de estar la mar de ocupados en aquel momento para prestarle la debida atención, puesto que para acabarlo de desmoralizar del todo, de las oscuras callejas que rodeaban aquel mísero raso, comenzaron a brotar tipos y más tipos similares a los que los habían estado acechándolos tan solo hacía un rato. Se trataban de más Incondicionales, constató. Cada cual ellos iba pertrechado hasta los dientes con una gran variedad de armas, todos tenían la pinta de haber salido de las mismísimas puertas del infierno, y todos y cada uno de ellos tenían especial atención puesta en él. Sus piernas casi le doblan y lo hacen caer dejándolo a su merced, aunque tras recuperarse a duras penas, no tardó en correr mucho más rápido que antes. Veloz como un gamo.

Jamás en toda su vida había sentido tanta indefensión.

―¡Están saliendo de todos los rincones Armen! ―Chillo Varsuf horrorizado mientras corría a la par con largas zancadas a su costado, seguido muy de cerca por Kumar, el cual cerraba la comitiva. ―Nos van a acabar pillando.

―No si somos más rápidos que ellos para que no lo consigan. ―Retrucó mientras evaluaba la situación con el corazón en un puño. (Todo apuntaba a que su amigo no iba errado en absoluto.) ―No te detengas.

Era cierto que los tipos comenzaban a ganarles terreno con gran rapidez, mientras iban cerrando el perímetro en torno a ellos. Contó al menos una treintena de hombres con expresiones adustas y pendencieras, con ojos fríos como el metal. Entre ellos divisó la presencia de varios ballesteros encajando otra recarga con la que pretendían dispararles de nuevo. No pudo evitar preguntarse por enésima vez durante aquella maldita noche, que diablos había hecho él para merecerse tanta atención por parte de todos aquellos malnacidos sin corazón.

Los bramidos, las execraciones y el repique se intensificaron.

Unos cuantos Incondicionales corrieron a cerrarles la retirada, mientras ellos corrían desesperados hacia el edificio. El resto del grupo seguía ganándoles terreno, lenta, pero inexorablemente. Los ballesteros observó con una creciente angustia, habían logrado recargar los trastos y ahora, apuntaban hacia sus espaldas desnudas sin nada que se interpusiera en su camino. En realidad asumió que la situación pintaba bastante mal. Tenía la esperanza de que no tuvieran la suficiente pericia para acertar a darles desde ahí, no obstante sabía, que la esperanza era el último recurso del que echaban mano los desgraciados.

Una lágrima descendió por su mejilla mientras reunía toda la fuerza que aún conservaba en sus maltratadas pantorrillas, luego cruzó los dedos.

Quedaban muy pocos metros para llegar a la edificación, al cobijo que proporcionaban sus gruesos muros. Quizás lograsen obtener una oportunidad de salir con bien de esa después de todo. Noventa, ochenta, setenta metros calculó que tan solo les separaban del lugar… Sus gruesas y altas puertas permanecían con los batientes abiertos, como una oscura boca que los recibía con un bostezo. Comenzaron a subir por la estrecha rampa hacia aquel horror, o en su caso, a la anhelada (aunque tampoco muy segura) salvación. Sesenta, cincuenta, cuarenta metros aún faltaban para llegar… Esperó en cualquier instante notar la mordida del frío hierro en sus carnes. Reparar en la saeta que le perforaría la espalda para asomar en el centro de su pecho antes de caer al suelo seco. Aunque esta no llegó. Treinta, veinte metros y lo lograrían… Estaban a tan pocos pasos del portón, a tan pocas zancadas, que empezó a creer que quizás no morían de la forma tan espantosa que se había imaginado. Diez, cinco metros y nada más… Entonces escuchó claramente el chasquido de las ballestas al soltar los proyectiles y comprendió, que su suerte ya estaba echada. El tiempo se detuvo. Exhaló una sola vez y alargó sus brazos, como alguien que intenta agarrase a un pedazo de madero en plenamar. El tiempo volvió a transcurrir con normalidad. Oyó como muy cerca de él, algo pasó con un silbido, que finalmente acabó perdiéndose en la negra noche. A su costado, un ruido seco tras un corto gañido le indicó que acababan de alcanzar a Varsuf de lleno. Este calló hecho un enredo al suelo, dando varias vueltas de campana hasta quedar completamente quieto. Un astil sobresalía de su columna mientras intentaba respirar boqueando como un pez. Se detuvo en seco horrorizado, con la cara mudada por la conmoción, contemplando los últimos espasmos de Varsuf. Un enorme charco de sangre oscura comenzaba a descender por la rampa cubriendo de color las ranuras del enlosado. Los ojos de su amigo miraban perdidos a ninguna parte. Los Incondicionales inflamados por su primera baja, chillaron como dementes mientras se aproximaban con muecas contorsionadas por el rencor.

―¡Ya no puede hacer nada para salvarlo! ―Bramó Kumar muy cerca de su cara para lograr sacarlo de su letargo. Advirtió que no podía mover ni uno solo de sus miembros, ni una fibra de su ser. Estaba completamente atenazado por el espanto. ―¡Tiene que seguir avanzando, señor!

La connotación de aquella afirmación le dejó con la sensación de que la saeta había impactado en él. Acababan de matar a Varsuf ante sus ojos, con indiferente alevosía, forzándolo a cruzar el Velo con terrible promiscuidad. Y él, no podía hacer nada para ayudarlo.

Observó a Kumar con ojos empapados por las lágrimas, contenidas en una mezcla del  odio y la propia impotencia que lo bloqueaba. Él se la devolvió inalterable, sin que su expresión varíese ni un ápice, igual que una estatua de bronce regio. Lo retaba a que rebatiera aquella inalterable realidad. La muerte era así de simple, así de insensible y cruel. No tenía bandos ni colores con los que identificarse, ni balsones ni símbolos con los que negociar, tan solo reclamaba lo que era suyo por potestad. No había marcha atrás, ni segundas oportunidades tras su llamada. No había buenos ni malos, ni ricos ni pobres, ni guapos ni feos, todos pasaban por el mismo agujero sin perjuicio alguno. Por mucha posición, rezo o interpretación de las Escrituras que hiciera uno, la muerte acechaba a la vuelta de la esquina. Cuando uno muerto estaba, muerto se quedaba, y no existía vuelta de hoja para aquello.

Juró en silencio que de alguna forma, aquellos tipos iban a pagar por lo que habían hecho a Varsuf. Aunque asumió que no iba a ser ni en aquella hora ni en aquel lugar concreto.

Dejó con delicadeza su cuerpo en el suelo. Sus facciones comenzaban a estar tensionadas por la rigidez, y la palidez de su piel empezaba a cobrar un color cetrino. Advirtió, que ahora también sus vestiduras estaban manchadas con la sangre de su amigo. Había llegado a quererlo casi como a un hermano, era una de las pocas personas en las que había podido confiar. A lo largo de todos esos años, en los que la mayoría de semejantes en la corte lo veían como un tipo antisocial, apático e insolente con el que mantener las distancias. Varsuf había encontrado en él a un igual, a un amigo. La única persona digna de llamarse como tal entre todo aquel vergel infestado de hienas. Pensar que solo podía dejar su cadáver allí abandonado como si fuera un cualquiera… Sabía que la situación no dejaba más margen para la consternación, pero aun y así...

Llegaron al arco de entrada cuando sus perseguidores empezaban a ascender por la rampa, pocos metros por detrás de ellos. Subían en grupos de dos, pues la rampa era tan estrecha que no dejaba sitio para que pudieran manejarse más personas. Tampoco parecía que fuese un inconveniente, y no creyó que les importase en demasía. Su proporción era abrumadora en comparación.

Sin llegar a traspasar el umbral Kumar se detuvo.

―Aquí tendrán que separase nuestros caminos. ―Le soltó sin más. Cuando sus miradas se cruzaron, le dedicó un guiño y una sonrisa socarrona. ―Mi señor, usted debe continuar y llegar a palacio sano y salvo. Yo los retrasaré lo suficiente para que le dé tiempo a escapar.

Solo alcanzó a comprender el significado real de sus palabras, hasta pasadas varias bombeadas de su acelerado corazón, luego como era de recibo, también se detuvo hasta trastabillar para luego observarlo incrédulo. Su terror aumentó hasta cotas que resultaron ridículas. ¿Pretendería abandonarlo ahora?

‹‹¿De verdad?››

≥≥Escúcheme atentamente señor, y ponga especial atención en lo que le voy a explicarle a continuación. ―Antes siquiera de que tuviera opción de abrir la boca, lo fulmino con la mirada y retrucó. ― ¡Y ni se le ocurra interrumpirme ahora! ―Parpadeo varias veces, aunque no se atrevió a rebatirlo. ―Bien. Entiendo que lo que acaba de contemplar lo sobrepasa de largo, y supongo que tendrá muchas preguntas en mente que le gustaría formular, pero coincidirá conmigo que no queda tiempo para el coloquio. Así que simplemente escúche. Debe correr lo más rápido que pueda, me oye, hágalo sin mirar ni una sola vez atrás y métase en el edificio. Estoy seguro de que conseguirá llegar a la planta baja sin encontrar más ‹‹dificultades›› en el camino. Algo me dice que estos ruidosos señores ya se habrán asegurado de que nadie les interrumpiese durante sus andanzas nocturnas, así que no debe preocuparse. Al menos por eso. ―Lanzó un somero vistazo por encima de su hombro al grupo que ya casi tenían encima. Él por su parte tragó saliva. Desde aquella distancia que los separaba, podía distinguir con total nitidez las muecas de odio que componían sus perseguidores, veía con prístina claridad cada una de las cicatrices que marcaban sus rostros picados por la viruela. Sintió la rabia que destilaba en cada uno de ellos. La voz de Kumar lo recuperó del trance con una urgencia inapelable. ―Localizará una palanca en la sala de guardia que se encuentra en la planta baja del edificio. Verá que está muy cerca de las escaleras que le habrán llevado hasta allí. Tiene que accionarla. ¿Lo ha entendido? ―Se atrevió a conjeturar, que su gesto no debía ser el reflejo de la comprensión precisamente, así que añadió ―Supongo que estará pensando que la compuerta no puede ser visible a simple vista. Tome, cójalas. ―Le tiró una especie de anteojos de un extraño y oscuro material que no logró identificar. Por poco no se le caen al suelo. ―Gracias a estas lentes, logrará dar fácilmente con la compuerta que lo llevará a casa. ―tras la larga verborrea, añadió. ― Y ahora debe márchese.

Contempló cada vez más próxima a la muerte a sus ojos. Los Incondicionales se encontraban a unos cincuenta metros de allí, y acotando las distancias. ¿No podían tener esa conversación en un lugar que resultara más seguro?

―No hablas en serio ¿Verdad?

No hubo respuesta.

Sin más, Kumar se dio la vuelta, obviando la cara compuesta por la incredulidad que se le había quedado a él. Adquiriendo una posición de combate que nunca había visto con anterioridad (Tampoco es que hubiese visto muchas, en cualquier caso.) Izo varios molinetes con sus espadas para calentar sus articulaciones para la faena que se le avecinaba encima. El ambiente se crispo alrededor suyo, y el revestimiento brumoso que antes había cubierto su piel, ahora recubría tan solo las espadas que titilaban con un brillo fantasmal. Estoico esperó paciente para presentar batalla.

Rígido como una estaca, paladeó el miedo que le producía pensar en adentrarse solo en aquel lugar. No sabía que podía encontrarse allí dentro, pero sabía que nada bueno. En cualquier caso ¿Kumar pretendía enfrentarse a todo aquel tropel por si solo? Por su posición, esa parecía que era la intención. Eso significaría morir igual de pronto que Varsuf, concluyó sin ningún margen de dudas. Por muy Hijo de Sombra que se tratara, eran demasiados hombres para  hacerles frente tan solo él. Lo iban a desjarretar como a un cochino. ¿Se había vuelto completamente loco o qué? Al instante supo que se trataba de algo completamente distinto. Kumar sabía al igual que él, que los muros no iban a detener a sus perseguidores, no a aquellas alturas. No después de haber llegado tan lejos. Habían sido muy persistentes durante toda la noche dándoles caza para desistir ahora con tanta facilidad. Los dioses bien sabían que venían a por él, y que no pretendían parar hasta verlo muerto, pues lo habían intentado con bastante denuedo durante las últimas horas. Kumar procuraba ganarle tiempo y darle una posibilidad para salvarse. Eso era todo.

Observó el amplio pasillo que se adentraba en la inmensa mole, tan oscura como boca de lobo, se estremeció. No podía dejar morir a otra persona de su entorno por su culpa, y aún más sin saber a qué motivos se debían. Dirigió su atención a la muchedumbre que con gran vehemencia estaba por acometerlos. No parecía muy difícil la elección. No obstante, se negaba a dejar que aquello terminase así. Podían intentar cerrar las puertas antes de que los alcanzaran, o perderlos entre las muchas galerías y distintos niveles que debía tener una estructura como aquella. Tenía que existir alguna otra opción. ‹‹Piensa maldita sea Armen, piensa en alguna solución››

Pero casi ya los tenían encima.

―Señor, váyase ya. ―Lo instó Kumar mientras lo miraba por encima del hombro. El iris de sus ojos ahora tenía el color de la miel. Estos lo taladraron como dos punzones que lo hicieron sentir desnudo. Su expresión ociosa se había mudado en una máscara malvada que no reconoció. Le sonrió, pero de su boca sobresalían unos colmillos mucho más largos de lo normal.

Cuando quiso darse cuenta, ya corría de nuevo como alma perseguida por el diablo hacia las entrañas de Institución. Había perdido la cuenta de cuantas veces había tenido que salir despavorido durante el transcurso de esa espantosa noche, pero supo que no fueron pocas. Así que se Internó en el pasillo sin mirar ni una sola vez atrás, con un amalgama de sentimientos contrapuestos mientras su corazón le palpitaba acelerado en el pecho. Los ojos de Kumar le habían dejado la sangre helada. Su presencia de repente emanó una violencia que lo sacudió y estremeció hasta el tuétano, una maldad inusitada que lo dejó tiritando como un cervatillo recién nacido. Mientras iba dejando detrás de él la entrada, a la par que la gran mayoría de sus miedos, comenzó a escuchar los primeros alaridos de la pendencia. Imprecaciones, gruñidos, y el cruce del metal, seguido de cerca por los gañidos, y por los llantos de dolor. La ‹‹refriega›› propiamente dicha, había dado comienzo. Ya no había vuelta atrás.

Tenía que lograr llegar a palacio e informar a su padre de toda aquella chusma que había invadido su ciudad. Tenía que contarle sobre toda aquella carnicería y la muerte de Varsuf (Y probablemente a aquellas alturas, también la de Kumar.) Localizar el pasadizo sería un buen comienzo para empezar. Pero para ello, primero debía cruzar una siniestra penitenciaria.

Siguió corriendo sin mirar atrás, sin saber muy bien a donde se dirigía, e  intentando no pensar en las pesadillas que se agazapaban en cada sombra de aquel lugar. Acabó llorando a moco tendido ahora que se lo podía permitir.


FIN....


Bueno, a ver que os parece, ya me diréis si se ve demasiado desfasado, o queda bien como está.

Un saludo y os leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#59
Hola, fardis!

Pues bueno, yo no he visto ningún desfase. Tal vez haya algunos párrafos de pensamientos que parecen que duran mucho en comparación con la carrera de los Incondicionales, que parece que están a punto de llegar y no llegan, pero no deja de estar todo bien contado y está entretenido. La verdad es que hay muchas frases buenas, como la de «El escalofrió le corrió desde la uña de sus pies hasta la punta de su flequillo» (no sé por qué, me ha hecho gracia en el momento, jeje). Y bueno, está bien conseguido el capítulo. Ahora se ve todavía mejor quién es en realidad Kumar, aunque no sé si va a durar mucho pese a sus colmillos y sus espadas, a menos que se haga invisible otra vez… ¡Pobre Varsuf! Por fin parecía salir de su aturdimiento y zas, un virote, qué mala suerte. Y Armen se queda solo y cuando llegue a Palacio se va a quedar más solo todavía… La que se está liando!

Encontré un «Izo» sin «h» Tongue

Es cierto que es un capítulo largo, aunque bueno, tampoco es un problema yo creo. Lo único que he pensado es que al principio de cada parte no se sabe inmediatamente qué punto de vista se adopta (si el de Armen, Sarosh o Medar) y tal vez señalándolo ayudaría a la lectura. Aunque bueno, tampoco es muy grave.  Yo creo que así y todo tiene gracia esa manera de no citar casi el nombre de Armen, por ejemplo, curiosamente uno se mete más en la historia, como si fuese una primera persona.

Pues a ver qué pasa en el siguiente capítulo!

Un saludo,
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#60
¡Buenas compañera Kaosteo!

Es un alivio que no de esa sensación de desfase, me depilaría las cejas si llega a ser así. XD Si que es cierto que la escena en la que los Incondicionales suben por la rampa, que no se como hacer para dar esa sensación de que el tiempo transcurra lento, así que supuse que no se iba a notar demasiado en cualquier caso. Las frases ya ves, muchas veces son lo primero que se me pasa por la cabeza, otras son propias de mi argot diario, y algunas son de algún escritor conocido, pero retorciéndolas de tal manera para hacerlas mías. (Hay muchas ideas que son muy dignas de ser robadas XD) Me supo mal capar a Varsuf de buenas a primeras, pero para las escenas que vienen con Armen, necesitaba que se encontrase solo. A Kumar ya ves que lo he dejado en medio de un fregado de tres pares de narices, y eso que Armen ni siquiera se imagina lo que espera más adelante.
La verdad es que en muchas ocasiones quiero iniciar con la frase; Armen vio, o Armen no supo como... en fin, nombrar al personaje, como se suele hacer en la mayoría de este tipo de narrativa, pero pensé que probar algo nuevo, tampoco me iba a hacer daño. Así que seguí hasta ahora. Aunque no sé, quizás en un momento dado cuando la repase bien (Pues piensa que esto es un bosquejo de la novela, pues no tengo realizado el mundo propiamente dicho, ni las deidades, religiones culturas, historia... ya sabes) Faltan muchos huecos por llenar, pero así va avanzando la cosa, y después (probablemente cuando acabe la primera parte) me ponga a ello. En fin compañera, sabes que siempre es un placer tenerte por aquí.
Un saludo y nos leemos.

PD;Siento haber dejado las lecturas un poco paradas, pero entre el reto Steam, el cual no es que me fuera muy bien XD (estoy acostumbrado) y el largo trozo que me faltaba por escribir, no e pude ponerme al día. A ver sí ahora que tengo un poco de tiempo lo hago. Un saludo.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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