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[Fantasía Épica] 'Mercenario'
#11
Buenas Haradrim!

Muchísimas gracias por tu comentario Smile

Un "erd" es simplemente un noble, como un "lord" o algo así. Es verdad que no lo explico en ningún sitio, añadiré alguna referencia por el principio! Gracias por fijarte!

La cosa se va poniendo interesante así que si te ha gustado el principio espero que también te guste lo que viene!

Un saludo, nos leemos!
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#12
Muy buenas Kaoseto!

Tiempo hacía que no te veía por estos lares! Muchísimas gracias por un comentario tan extenso y detallado! Veamos...

Quote:Me pareció que iba a trompicones con los saltos, no digo que fuera una mala idea ir cortando y alternar personajes, más que nada creo que se pueden aprovechar más las escenas. Las apariciones de los dos ladrones me parecieron mejor conseguidas que las intervenciones del Khezel, pero aun así me faltó algo, tal vez un poco más de pensamientos de los personajes
Creo que entiendo a qué te refieres... lo rehice varias veces porque no me acababa de gustar.  Dodgy Al principio sólo estaba la parte del Kezhel, luego añadí la parte de los ladrones para darle más "acción". Me gusta la idea de los saltos pero no sé si me ha quedado razonablemente bien...

Sobre los pensamientos de los personajes, cuando comencé la historia decidí que el narrador no se metería en la cabeza de los personajes. Pretendo contarlo todo a través de diálogos, descripciones y como extremo, alguna voz "en off" para explicar algunas cosas.¿Es un poco radical? ¿Se echa de menos mucho saber lo que piensan los personajes?

Quote:¿no es un poco extraño que el propio Gran Kezhel o al menos alguno de sus subordinados no estuviese al corriente de esa puerta secreta por la que huye la hija?
Ufff... No lo había pensado. ¿De verdad resulta tan extraño? Intento fijarme mucho en esos detalles que le quitan todo el realismo de golpe.

Quote:lo único que me ha chocado han sido algunas palabrotas que no me parecieron muy bien colocadas.
También has dado en el clavo. Soy consciente de q no acabo de conseguir esa naturalidad que me pides, aunque como Galed sigue blasfemando, espero que te vaya pareciendo más normal  Big Grin  Big Grin

Quote:claro que su estado de ánimo a lo mejor no se lo permitía
Esa era la idea  Shy Quiero transmitir que Galed es bastante impulsivo y que a veces se la va la pelota un poco  Big Grin

Para no alargarme demasiado, gracias por ver las erratas (las he corregido) y espero que te guste lo que viene, porque (intento que) la cosa se pone interesante!

Un saludo, nos leemos!
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#13
Hola hola!

He estado algo ausente, entre otras cosas, porque estaba re-escribiendo los capítulos que vienen a continuación... y ahora ya están listos!
Hoy os dejo el final del capítulo II, y en breve colgaré el tercero. Espero que os guste y gracias por vuestras opiniones!


CAPITULO II parte 2ª (REVISADO)

El sol estaba alto en el cielo cuando se despertó al día siguiente. Se incorporó y notó con cierto asombro que se encontraba bastante mejor. Vio una escudilla del mismo puré a su lado; estaba fría y el traqueteo del carro había esparcido la mitad de su contenido por el suelo, pero tenía hambre y comió sin remilgos. Shäl y el otro hombre estaban echados de espaldas a él y parecían dormidos; el chiquillo rubio seguía agazapado en su esquina, mirando fijamente hacia el suelo. El guerrero le preguntó su nombre, pero el niño no reaccionó, ni siquiera le miró. En todo aquel tiempo aún no le había oído pronunciar palabra. Con un suspiro, le dejó en paz.

Se dedicó a contemplar el paisaje. Pese a que el otoño ya estaba bien entrado, la temperatura era agradable y la mayoría de los árboles todavía conservaban sus hojas, mostrando un abanico de colores que iban del verde al rojo pasando por todas las tonalidades intermedias. La carretera por la que daban tumbos serpenteaba entre colinas bajas salpicadas de bosquecillos de pinos entremezclados con robles y hayas; de vez en cuando se distinguía alguna granja, rodeada de campos de cultivo, con solitarios campesinos afanándose en las últimas jornadas de la cosecha. Shäl le había dicho en la breve conversación del día anterior que su destino era Puerto de Fares. Nunca había estado allí, pero sabía que se encontraba al Este, y hacia allí se dirigían a juzgar por la posición del sol. Examinó los grilletes que le aprisionaban los tobillos; estaban bien sujetos, lo mismo que la cadena. Buscó algo que le permitiera aflojar el anclaje, pero no encontró nada que le fuera de utilidad. Repasó los barrotes de la jaula, el suelo, el techo… Suspiró. No tenía intención de convertirse en esclavo de nadie, pero de momento no se le ocurría forma de evitarlo.

Miró hacia atrás. Una jaula como la suya les seguía a cierta distancia con varias mujeres en su interior. Le sorprendió ver a una elfa entre ellas; pero al fin y al cabo Puerto de Fares era una colonia élfica, y los elfos no eran infrecuentes por aquella zona. Varios hombres a caballo escoltaban a los carros, yendo constantemente adelante y atrás, y vigilando tanto el camino como a las propias jaulas, especialmente a él, aunque quizá esto último fueran sólo imaginaciones suyas. Se apoyó en los barrotes y observó con detenimiento al que tenía más cerca; analizó su ropa, sus armas, su caballo. Maldijo entre dientes. Esa gente parecía tan profesional como él.

—Son muchos, y están bien armados —dijo una voz a su espalda.

Galed se giró. Shäl se había incorporado y le miraba con una mano en la frente a modo de visera, protegiéndose del sol. La carreta bamboleaba por el camino y las moscas seguían tan pegajosas como el día anterior. El guerrero volvió a fijar la vista en el exterior sin decir nada.

—No se fían de ti, amigo —continuó el otro—. Querían saber si habías matado tú a toda aquella gente.

Galed esbozó una sonrisa amarga, sin dejar de observar al esclavista que cabalgaba un poco por detrás de ellos. En un momento dado, la mirada de aquél se dirigió a la jaula donde se encontraban, le inspeccionó de arriba abajo, y después volvió a centrar su atención en el camino.

—¿Y qué les has dicho?

—Que cuando te lo pregunté, me respondiste que te dieran una espada y lo comprobarían —dijo con una amplia sonrisa.

A mediodía la caravana se detuvo. El tipo de la cicatriz en la cara se acercó con dos cuencos llenos. Sin decir una palabra, dejó uno de ellos en el interior de la jaula y se alejó en dirección al carro de las mujeres. Galed se acercó a la escudilla, que ya estaba infestada de moscas. Otra vez puré.

—Al final te acabas acostumbrando —comentó Shäl.

El guerrero gruñó.

—Supongo que sí.

—Mira—dijo, señalando hacia delante.

El mismo paisaje monótono que les había acompañado durante toda la jornada se extendía hacia el horizonte, pero allí, envuelta en unas brumas bajas, se perfilaba una silueta de majestuosas cúpulas y esbeltas torres, asomando por detrás de unas murallas almenadas. Al fondo, un azul intenso revelaba la presencia del mar.

Galed miró a Shäl, interrogante. Éste confirmó con una leve inclinación de cabeza.

—Puerto de Fares.

Durante el resto del día avanzaron más despacio. La carretera se ensanchó y las aldeas y caseríos se hicieron más frecuentes a medida que se acercaban a la colonia élfica, y también aumentó notablemente la cantidad de viajeros que recorrían el camino en uno u otro sentido. Campesinos de rostros bronceados avanzaban con paso cansino o tiraban de mulas y asnos cargados con los más variados productos; en un momento dado, varios jinetes de aspecto noble les adelantaron a toda velocidad, levantando una nube de polvo a su paso. Pero sobre todo había comerciantes, viajando solos o en grupo, charlando animadamente o discutiendo a voz en grito. Casi todos eran humanos, pero también había muchos elfos, e incluso Galed vio un grupo bastante numeroso de enanos que se dirigían, como ellos, en dirección a la ciudad.

Sus carceleros avanzaban ahora pegados a las jaulas, flanqueándolas por ambos lados como si se tratara de una escolta, y estaban mucho más atentos. De vez en cuando alguien les dedicaba una mirada curiosa, pero en general todo el mundo guardaba una distancia prudencial. Nadie en su sano juicio llamaba la atención de unos esclavistas.

Poco antes del anochecer se desviaron del camino para acampar. Atravesaron una cerca y entraron en un pequeño prado que parecía un terreno privado, apenas a un par de millas de la ciudad. Los esclavistas colocaron cada jaula en un extremo del campo y encendieron una pequeña hoguera junto a un cobertizo medio derruido. Ya era noche cerrada cuando su carcelero se acercó para dejarles la cena y una jarra de agua.

—Ahí viene Caracortada —bromeó Shäl al verlo. Galed no hizo ningún comentario; su ánimo se había ido ensombreciendo a medida que se acercaban a su destino y sus esperanzas de escapar de alguna manera se desvanecían. El esclavista empujó los recipientes dentro de la jaula al tiempo que les dirigía una mirada cargada con desprecio suficiente para todos ellos. En cuanto se hubo alejado Shäl recogió el plato y los demás se acercaron a comer. Galed no tenía mucho apetito y se dedicó a observar a sus compañeros de encierro. El anciano tenía sus tristes ojos grises perdidos en el infinito y no cesaba de murmurar entre dientes mientras se llevaba la comida a la boca de forma mecánica. El chiquillo comía lo que Shäl le apartaba para él; de otro modo seguramente no habría probado bocado.

—¿Conoces Puerto de Fares? —le preguntó Shäl cuando el cuenco quedó completamente vacío.

El guerrero se puso en pie, nervioso. En la distancia, las luces de la ciudad se distinguían claramente, iluminando el cielo nocturno; la misma ciudad donde al día siguiente sería vendido como esclavo. Puerto de Fares era grande, una de las colonias élficas más grandes a este lado del Estrecho, y uno de los puertos comerciales más importantes del continente. Galed contempló sus murallas en silencio. Tenían fama de inexpugnables; según contaban los historiadores, sólo había sido conquistada una vez, y no fueron las espadas sino la traición la que abrió sus puertas.

—No, nunca había estado tan al Sur—negó, respondiendo a la pregunta.

—¡Pues es una lástima! Puerto de Fares es una ciudad extraordinaria, amigo —exclamó Shäl con jovialidad—. Viví por aquí durante una temporada en mi juventud —se miró los grilletes de los pies y suspiró—. En otras circunstancias, te llevaría por el Puerto Viejo. Vale la pena, créeme. Las mejores chicas están allí.

Galed bufó.

—Mejor dejar eso para otro momento —dijo mientras se sentaba de golpe. Una nube de moscas se elevó zumbando a su alrededor—. Llevo todo el día pensando como salir de aquí, y francamente, no veo muchas opciones. No parece que nuestros compañeros puedan aportar demasiado —señaló con la cabeza al anciano enajenado y al niño—, pero si tú quieres colaborar —extendió los brazos—, cualquier sugerencia es bienvenida.

El otro pensó unos instantes antes de responder.

—Yo de ti no me preocuparía mucho, amigo.

Galed le miró, sorprendido.

—¿Y eso por qué?

—No creo que nos vendan mañana. Tengo un presentimiento.

Galed puso los ojos en blanco.

—No me jodas. ¿Tienes un presentimiento? Entonces todo arreglado —dijo con ironía—. Vamos a decírselo a tu amigo Caracortada, por si todavía no lo sabe.

Shäl se puso serio.

—No estoy bromeando. Hace ya tiempo que descubrí que tengo… una cualidad especial —bajó la voz—. Tengo sueños, premoniciones. A veces son sobre mí, otras no. Normalmente son difíciles de comprender, pero con los años he aprendido a reconocer ciertos signos.

Galed soltó una carcajada. El otro prosiguió, imperturbable.

—Tú y yo tenemos una conexión. Lo supe desde el momento en que te vi. Por eso me he estado ocupando de tus heridas, entre otras razones. De alguna manera, nuestros destinos están unidos, estoy convencido de ello. Y también estoy seguro de que mañana sucederá algo que impedirá que nos vendan en el Mercado.

El guerrero le miró sin pestañear.

—No estoy loco —se defendió Shäl, mirándole a su vez—. Tú eres del Norte, ¿verdad? Allí se cuentan historias sobre gente especial, gente bendecida por tus dioses —se acercó un poco más—. ¿Has oído hablar de los Paladines del Akhra?

Galed se rascó la barba de varios días con aire pensativo.

—Eran unos fanáticos religiosos, una especie de secta. Se supone que podían comunicarse con los dioses, y éstos les concedían poderes sobrenaturales. Según dicen, eran capaces de controlar el fuego y el hielo a voluntad, y conocían los pensamientos de los hombres… Pero hace siglos que desaparecieron, cuando los emperadores del Sur conquistaron los Antiguos Reinos. Incluso hay quien opina que son sólo leyendas. Cuentos para el invierno.

—Vaya, te confieso que estoy impresionado —Shäl inclinó la cabeza, divertido—. No me esperaba que un mercenario supiera tanto sobre estos temas.

—Ya te he dicho que no soy un mercenario—exclamó Galed—. Además, ¿qué cojones quieres decir con eso? No sabes nada sobre mí —se levantó y golpeó los barrotes de la jaula con rabia—. ¡Dioses, ni siquiera sé por qué sigo hablando contigo, eres un puto loco que cree que tiene visiones! ¡Lo que tengo que hacer es encontrar una forma de salir de aquí!

El anciano, sobresaltado por la explosión de ira del guerrero, comenzó a lanzarles puñados de paja y excrementos mientras soltaba una retahíla incomprensible de aullidos y quejidos. El niño rubio, sentado en su rincón, se acurrucó todavía más y cerró los ojos con fuerza.

—Te alteras con facilidad, amigo —comentó Shäl, al tiempo que intentaba acercarse al viejo para calmarlo—. Escúchame, lo que te he contado es cierto: lo quieras o no, estamos unidos, y te aseguro que mañana seremos libres de nuevo.

Galed iba a volver a replicar cuando apareció Caracortada. Aulló una frase en naalí y restalló su látigo con furia contra los barrotes, consiguiendo que todos callaran al instante. Se acercó a la jaula y miró uno a uno a sus ocupantes hasta que sus ojos se posaron en el guerrero, el único que estaba de pie.

—Dormir —gruñó en un rudimentario pero comprensible daryo.

Galed apretó los dientes con rabia, pero se tumbó sin decir nada, se giró y se tapó con la tela raída que tenía como manta. El esclavista les observó un momento más y cuando se convenció de que se había terminado el jaleo, dio media vuelta y se alejó con paso cansino, buscando de nuevo a sus compañeros y el calor de la hoguera.


Fin del Capítulo II.
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#14
Buenas, Aljamar,

me acabo de leer la continuación, y me ha parecido tan buena como la primera parte del capítulo II.

Quote:¿Es un poco radical? ¿Se echa de menos mucho saber lo que piensan los personajes?
Verás, con respecto a lo de los pensamientos de los personajes, en este capítulo II sí que me da la impresión de que sigues los de Galad. No los escribes expresamente del todo (muchas veces no hace ni falta), pero sí que te metes en la cabeza del protagonista, simplemente con expresiones tipo «Galed no tenía mucho apetito y se dedicó a observar a sus compañeros». Sigues la cronología de lo que hace (observa) y luego describes lo que ve. También añades adjetivos subjetivos que hacen comprender el estado de ánimo y la opinión de Galed (como «el mismo paisaje monótono» por poner un ejemplo). Eso, para mí, es meterse en la cabeza del protagonista.

Vamos, que el estilo con el que cuentas no me deja en absoluto distanciada del personaje. Cierto, se nota que hay muchas cosas que no se saben de Galed, y se va simplemente adivinando que ha recibido cierta educación allá al norte y que probablemente sepa leer y escribir, pero, en mi opinión, el no conocer con exactitud su pasado aguijonea la curiosidad y no distancia realmente al lector.

Por otro lado, será tal vez una manía mía pero siempre me gusta cuando aparecen las reacciones de los personajes en medio de un diálogo («puso los ojos en blanco», «se puso serio», etc.). Yo las utilizo todo el tiempo y creo que le dan mucha vida a las escenas (y carácter a los personajes, pues se ve cómo reaccionan).

Como únicas erratas vi estas:
- y hacía allí se dirigían -> hacia (y hay una repetición de «allí»)
- El esclavista les observó -> los (creo que es un leísmo, pero, como siempre, sigo sin tenerlo del todo claro)

Quote:¿De verdad resulta tan extraño? Intento fijarme mucho en esos detalles que le quitan todo el realismo de golpe.
Bueno, todo depende de si el Gran Kezhel se acaba de instalar en ese palacio o no, pero no parece ser el caso. Yo creo que una de las cosas que se hace cuando se es una persona influyente es asegurarse de que el lugar donde vive tiene todas las entradas y salidas bien protegidas, incluidas las secretas, como simple medida contra posibles asesinatos o robos (sobre todo si se está desarrollando una fiesta). Por supuesto, todo depende de lo precavido que es el Gran Kezhel y del buen consejo de sus súbditos.

Para lo de los insultos, te entiendo perfectamente. Yo misma no suelo poner nunca, sólo cuando me parece que crea un real efecto. Por lo demás, me contento con los «diablos» y «demonios» e imprecaciones inventadas. Aun así, por ejemplo en la Saga del Brujo la mayoría de los insultos vienen con naturalidad, claro que a veces se pasa yo creo: parece que todos los personajes son unos malhablados xD En cualquier caso, si Galed tiene por costumbre soltar imprecaciones, yo creo que estaría bien que varíe un poco y tenga un inventario de insultos más amplio; también valdrían expresiones groseras inventadas o incluso algún insulto típico en el idioma del protagonista (muchas veces sólo hace falta poner el insulto inventado acompañado con un «juró» o «blasfemó» para que se entienda).

Quote:Quiero transmitir que Galed es bastante impulsivo y que a veces se la va la pelota un poco
Jeje, sí, en esta última parte se ve que se exalta, aunque no es nada extraño, cualquiera no se queda tan tranquilo como Shäl si lo meten en una jaula Wink

Únicamente comentaría que lo de los sueños premonitorios que tiene Shäl podría tener sus desventajas dependiendo de hasta qué punto realmente esos sueños se basan en la realidad. Puede que Shäl tenga instintos, sueños extraños, o puede que sea un iluminado… en cualquier caso, lo de leer el futuro siempre me pareció una herramienta que hay que manejar con mucha precaución. Así y todo, como está contado, parece que los sueños de Shäl no son muy precisos —otra cosa es que Shäl confíe en que su interpretación sea la buena, lo cual ciertamente puede dar lugar a situaciones graciosas si resulta que Shäl no siempre acierta Wink

En fin, tanto si Shäl acierta como si no, veamos cómo Galed se las apaña por Puerto de Fares!

Ah, sí, otro apunte sin mucha relevancia: ¿es esta la primera vez en que Galed ve el mar? Porque en tal caso ¿no debería quedarse un poco suspenso al menos?

Bueno, que yo sí que me alargo, jeje. Por el momento la historia va bien, a ver cómo continúa.

Un saludo!
Reply
#15
Hola Kaoseto!

Gracias otra vez por los comentarios y las opiniones. De verdad que se agradece!

Sobre los pensamientos de los personajes, me expliqué muy mal antes; en realidad lo que pretendo se acerca bastante a lo que tú explicas: pretendo evitar las frases tipo "Fulanito pensó que era una pésima idea, pero sin embargo no dijo nada" y poner algo del tipo: "Fulanito permaneció en silencio, aunque por la expresión de su cara era evidente que la idea no le gustaba en absoluto". Como bien dices, intento no citarlos expresamente sino indirectamente, a través de su cara, sus gestos, etc. Aunque a veces se me está haciendo complicadillo, creo que al final me conformaré con no usar "pensó" y "se preguntó". Tongue

A mí también me gustan esos incisos en los diálogos! Tanto que me temo que abuso en muchos momentos... Y también me gusta, cuando está claro quién habla, hacer todo lo contrario y eliminarlos completamente.

Sobre si Galed ya ha visto el mar... Huhno lo había  pensado, aunque supongo que sí, allí en el Norte también hay mar (tengo un mapa, jeje). Se lo preguntaré. Big Grin

Y sobre Shäl, quiero dar la impresión de que es un tipo algo rarito, que vive el día a día sin pensar mucho en nada. Si sus sueños son premonitorios o no... de la forma en que él piensa... eso es algo que se descubrirá algo más adelante! De momento estoy revisando el capítulo III que nos cambia de escenario otra vez...

Muchas gracias otra vez! Saludos y nos leemos!
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#16
Buenas gente Cheers! Después de incumplir mis propios plazos, como siempre  Confused , os dejo la primera parte del capítulo III. Hay personajes nuevos y un cambio de escenario...
Espero que os guste!!  Wink  

CAPÍTULO III parte 1ª (REVISADO)
—Erd Stymon de Röil —anunció el soldado, y se hizo a un lado para dejar paso al hombre que entraba tras él. Erd Stymon atravesó el umbral y se quedó de pie junto a la puerta, intentando acostumbrarse a la oscuridad de la sala, débilmente iluminada por el fuego de una chimenea. Era grande y ancho de espaldas, y se adivinaba vigoroso, aunque la juventud hacía tiempo que le había abandonado. El día había sido húmedo y desapacible, el típico día de finales de otoño, y traía el pelo, gris y largo, sucio y revuelto del viaje. Una sombra de barba le cubría el rostro, curtido y surcado de arrugas. Los ojos grises se movían inquietos bajo unas gruesas cejas. Los dos hombres y la mujer que ocupaban la habitación, sentados en torno a una maciza mesa de roble, se volvieron hacia él.

—Llegáis el último, Stymon —le reprochó en tono cortante uno de ellos, el que estaba en medio de los tres, dejando la copa que tenía en la mano sobre la mesa. Desprendía una innegable sensación de autoridad; voz templada, barba cuidada, gesto firme y mirada penetrante.

—Un contratiempo en el camino me ha retenido más de lo esperado —respondió el noble con cierta incomodidad—. Ruego me disculpéis.

— ¿No llevaría faldas vuestro contratiempo? —preguntó la mujer con un tono suave pero incisivo.

El recién llegado enrojeció de arriba a abajo.

—Mi-mi señora, por favor, ¿qué estáis insinuando? —tartamudeó con torpeza, visiblemente azorado.

El hombre que le había hablado en primer lugar bufó.

—Por Naal todopoderoso, Stymon, dejad las excusas y sentaos —le espetó, impaciente. Hizo un gesto con la mano, y el guardia salió de la habitación y cerró la puerta, dejándolos solos—. Mientras esperábamos vuestra llegada hemos estado comentando ciertos rumores preocupantes que llegan desde los Reinos de la Alianza.

—Siempre hay rumores preocupantes, ¿qué ocurre esta vez? —preguntó Stymon, al tiempo que se acercaba a la mesa y se dejaba caer en la única silla vacía. No eran necesarias presentaciones, todos se conocían; en torno a aquella mesa estaban representadas cuatro de las familias más antiguas de Teringya. Todos ellos podían trazar su genealogía hasta la época de la conquista del Norte por los antiguos Emperadores, casi setecientos años atrás. A su izquierda se sentaba erd Häfna Prem, una mujer menuda, mayor incluso que Stymon, con unos ojillos y una nariz afilada que recordaban a un halcón; semejanza en absoluto desacertada, a decir de muchos. A su derecha se encontraba erd Hogen de Braag, el más joven de todos los presentes, retorciéndose nervioso en su silla. Y en medio de ambos, el caballero que le había invitado a sentarse, erd Sörosh, señor de Tir y anfitrión de todos ellos esa noche.

—El Consejo de los Reinos de la Alianza quiere reinstaurar la Orden de los Paladines del Akhra —explicó Häfna mientras le pasaba a Stymon la botella de vino que éste le señalaba con el dedo. El noble cogió un vaso y se sirvió él mismo. Agitó la copa, olió con delicadeza y a continuación apuró el contenido de un trago. Con aire complacido, se limpió con el dorso de la mano y volvió a dejar el vaso vacío sobre la mesa.

—Querréis decir que Ardarya quiere reinstaurar la Orden.

La anciana dama inclinó la cabeza con aquiescencia, admitiendo que invariablemente la voluntad del Consejo coincidía con los deseos del monarca ardaryano. Stymon cogió de nuevo la botella y se rellenó la copa.

—Me parece una estupidez —dijo tras una pausa. Con un rápido gesto, su vaso quedó vacío por segunda vez, y se volvió a limpiar con el dorso de la mano—. ¿Y que más? ¿También van a organizar una expedición para buscar dragones en el Norte Blanco?

—No es asunto para tomarse a broma, mi señor —terció Hogen con gesto ceñudo. Stymon se volvió hacia él.

—Vamos, chico, no me digas que te crees todos esos cuentos sobre los Paladines del Akhra. ¿Que leían el pensamiento? ¿Que podían controlar el fuego y el hielo? —Stymon chasqueó la lengua y se sirvió una tercera copa de vino—. No son más que leyendas de viejas —el señor de Röil se reclinó en la silla, sosteniendo su copa—. Los Paladines y toda esa secta de fanáticos del akhra hace siglos que desaparecieron.

—Al joven de Braag no le falta razón, Stymon —intervino Sörosh. Se incorporó para coger la botella de vino y ponerla fuera del alcance de su interlocutor, que la siguió con la mirada, pero no dijo nada—. No sé si los antiguos Paladines tenían los poderes que se les atribuyen, y francamente, no me importa. Pero el populacho es supersticioso y crédulo. Esta nueva Orden causará temor y respeto sólo por su nombre; es algo simbólico, algo que hace recordar épocas pasadas, y eso no nos conviene en absoluto en los tiempos que corren.

Stymon se removió en su silla y cogió la copa que estaba sobre la mesa.

—En cualquier caso, ¿por qué debería preocuparnos a nosotros? —bebió un largo trago—. No veo dónde está el problema.

—El Consejo quiere abrir sedes en todas las ciudades importantes de los Reinos Aliados —dijo Häfna—, y según parece también quieren tener una en Teringya, en Sandaar.

—Teringya no pertenece a la Alianza —Stymon golpeó la mesa con el puño cerrado—. El Consejo no puede abrir ninguna sede en Sandaar, ni en ninguna otra ciudad de Teringya, si nos negamos.

Sörosh suspiró.

—Ése es el problema, Stymon. La Reina conseguirá que la Asamblea de Nobles acepte la petición de la Alianza —se quitó uno de los anillos que llevaba en su mano derecha y comenzó a darle vueltas sobre la mesa—. Desde que el Rey está ausente de las Asambleas a causa de esa extraña enfermedad, la Reina ya no se molesta en disimular. Sus partidarios crecen día a día, y cada vez son menos los que se atreven a oponerse a ella abiertamente—torció el gesto—, así que me temo que tendremos a esos Paladines de la Alianza metiendo las narices en los asuntos de Teringya más pronto que tarde.

—El oro compra más voluntades que la Fe —gruñó Stymon en voz baja.

—¿Cómo se encuentra el Rey, por cierto? —intervino Hogen—. ¿Pudisteis finalmente hablar con él, Sörosh?

El aludido dejó de juguetear con el anillo y cogió su copa; dio un pequeño sorbo y la volvió a dejar sobre la mesa con suavidad.

—Ni siquiera me permitieron verlo —explicó—. La Reina ha prohibido cualquier visita, según me dijeron para evitar que su salud empeore. Y además, estando allí me enteré de que ha mandado traer desde Ardarya a sus propios clérigos para que recen por la recuperación del Rey, visto el escaso éxito que están teniendo los faladahs de Naal Zahar.

—¡Esa bruja pagana! —Häfna bufó y se revolvió en su asiento, hecha una furia—. ¡Aprovecha cualquier oportunidad para meter a sus dioses de por medio!

—Hablando de dioses paganos —continuó Sörosh tras la explosión verbal de la anciana erd—, también se ha decidido la ubicación del nuevo templo dedicado a los antiguos Dioses para los comerciantes y visitantes extranjeros. Finalmente se levantará en el mismo sitio que ocupaba el antiguo Gran Templo, en los Días Antiguos.

Stymon frunció el entrecejo.

—Justo en el centro de Sandaar. La Reina se sale con la suya otra vez.

—El enviado del Consejo de la Alianza ha prometido que ellos correrán con todos los costes de las obras —el anfitrión se encogió de hombros—. Incluso si no hubieran contado con el respaldo de la Reina, la Asamblea tenía pocos argumentos para negarse. Ese templo ya era una reivindicación en tiempos de mi padre. Al fin y al cabo, no sólo los extranjeros acudirán a ese templo; muchos sandaarienses todavía veneran a los antiguos Dioses.

—Y cada vez son más —abundó Hogen, interviniendo de nuevo—. El número de infieles va en aumento. Se saben fuertes, apoyados por la Alianza, y han perdido el miedo. La Fe retrocede; si no hacemos algo pronto, pasará en Teringya como en los demás reinos del Norte y la Palabra del Profeta se extinguirá.

—La culpa es de nuestros antepasados —señaló Sörosh—. Si los primeros emperadores, cuando conquistaron el Norte, no hubieran permitido la libertad de culto, ahora no tendríamos estos problemas. Deberían haber quemado los templos y asesinado a todos los clérigos. Ahora, en cambio, casi setecientos años después, la mayoría del pueblo sigue viéndonos como extranjeros.

Todos callaron. Stymon paseó la vista por la habitación, pensativo. Su mirada se posó en los enormes tapices que colgaban de las paredes. En uno de ellos se veía a Yfreïn el Conquistador presenciando desde un brioso corcel blanco la toma de Sandaar, rendida por él mismo, el fundador de la dinastía que reinaría en el Norte durante los siguientes cinco siglos. Enfrente, en otro de los tapices, se representaba el momento en que Naal Zahar, el Único, insuflaba su Palabra Divina al profeta Iashed mientras éste dormía. No era la única referencia religiosa que se podía ver en el castillo; los señores de Tir siempre habían destacado por ser fervientes devotos y defensores de la Fe. Stymon dio un nuevo sorbo a su copa y abrió la boca para hablar, pero de Braag se le adelantó.

—El asunto es ciertamente preocupante —Hogen apoyó ambas manos sobre la mesa— pero creo que deberíamos centrarnos en el motivo que nos ha traído aquí hoy.

—Estoy de acuerdo —apoyó Häfna—. Cada cosa a su tiempo, y no es momento ahora para discutir sobre esos Paladines del Akhra y los errores pasados de nuestras familias. Contadnos, Sörosh, por qué nos habéis reunido.

fin de la primera parte del capítulo...
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#17
Ok, me ha gustado bastante este capitulo, no hay mucho que pase pero vas explicando el trasfondo de este mundo, con antiguos conquistadores y diferentes religiones y diferentes reinos, creo que le vendria bien un mapa a esta histria, o explicar mas como es la geografia del mundo, porque uno aun esta un poco perdido. Veo que vas saltando entre los distintos personajes y linaes argumentales.

Saludos.
Reply
#18
Buenas Haradrim,

Gracias por tu comentario y perdona la tardanza en contestarte...

Quote:me ha gustado bastante este capitulo
Smile Smile Smile
Quote:creo que le vendria bien un mapa a esta histria, o explicar mas como es la geografia del mundo, porque uno aun esta un poco perdido
Me alegra que me hagas esta pregunta... Big Grin (en realidad no has hecho ninguna Tongue )
He ampliado un poco la segunda parte del capítulo para incluir un "mapa", espero que quede suficientemente claro y que te siga gustando la historia!

Un saludo, nos leemos!
Reply
#19
...continuación del capítulo III (REVISADO)
El señor de Tir se enderezó en su sillón. Los reflejos de las llamas en el rostro le conferían un aspecto dramático, casi épico, como un héroe salido de alguna leyenda de los Días Antiguos. Carraspeó para aclararse la garganta.

—Nuestro amigo común en la capital del Imperio nos envía novedades —nadie preguntó a quién se refería—. Al parecer, un espía ardaryano ha conseguido robar unos documentos, unas cartas, que nos ponen en grave peligro.

—¿En peligro? —preguntó Stymon—. ¿A qué os referís exactamente?

—Me refiero a que esas cartas prueban nuestra conspiración contra el Rey. Aparecen nombres, fechas, negociaciones con el Imperio… En resumen, si esa información llega a manos de la Reina, nuestras cabezas adornarán las murallas de Sandaar.

Un silencio pesado llenó la estancia. En la chimenea, un tronco se partió y una nube de chispas se esparció por la habitación.

—Estamos jodidos —murmuró Stymon.

—¿Cómo ha ocurrido? —inquirió Häfna.

—Aprovecharon la fiesta de cumpleaños del emperador Akhsan. Un funcionario imperial, un escriba, según tengo entendido, les entregó los documentos.

—¿Les? —dijo Hogen.

Sörosh se volvió hacia él.

—Sí, eran dos, padre e hija. La Guardia del Palacio consiguió apresar al padre, pero la hija, una chica de unos catorce años, escapó con los documentos. No saben donde está. Su nombre es Irne.

Stymon resopló.

—¿Una muchacha de catorce años? ¡Por Naal bendito! ¿Nuestro cuello depende de una mocosa de catorce años?

—Tal vez esa chica, Irne, esté muerta o perdida —apuntó el joven de Braag—. No es fácil cruzar las montañas, y más en solitario. Puede que nuestro problema se haya resuelto solo.

—Quizá—concedió Sörosh—, pero no podemos estar seguros. Hay demasiado en juego.

—Adelantemos nuestros planes entonces, antes de que se descubra nuestra traición —exclamó Hogen—. Ataquemos sin demora. Enviemos correo al Emperador para que movilice sus tropas y entremos con nuestras fuerzas en Sandaar. Los partidarios de la Reina no esperan nuestra maniobra y no tendrán tiempo de reaccionar.

—No —Sörosh negó con la cabeza—. El Emperador no está preparado, y nosotros tampoco. Necesitamos más tiempo, reunir más apoyos. Un ejército marchando hacia Teringya es en la práctica una declaración de guerra; Akhsan no se arriesgará si no está completamente seguro de la victoria.

—Pues tomemos Sandaar sin el Emperador —insistió Hogen. Miró a los demás, buscando algún signo de complicidad—. La sorpresa estará de nuestra parte. No necesitamos la ayuda del Imperio.

—Dime, de Braag —le espetó Stymon con tono cortante—, ¿qué crees que ocurrirá cuando asaltemos el alcázar de Sandaar y le digamos a la Reina que a partir de ese momento pasará a estar recluida en la torre más alta, digamos… por su propia seguridad?

—No creo que se lo tome muy bien.

—Ni ella ni sus partidarios, ¿no crees? —el joven noble asintió, algo desconcertado—. ¿Y qué piensas que harán?

—Pues… —el otro arrugó el entrecejo, sin entender a dónde quería llegar el señor de Röil.

—Los leales a la Reina pedirán auxilio al rey de Ardarya, Hogen —le interrumpió Sörosh—, padre de nuestra querida Reina, a quien le faltará tiempo para reunir el Consejo de la Alianza y ordenar el envío de un formidable ejército contra nosotros —se incorporó en su asiento—. Podemos tomar Sandaar por sorpresa, pero no podemos defenderla sin ayuda, sobretodo si la Alianza invade el resto de Teringya. Ahí —señaló sobre la mesa un punto imaginario— es donde necesitamos la ayuda del Imperio, de Braag.

El joven erd bajó la vista y hundió los hombros.

—Además, si actuamos sin contar con el Imperio nos abandonarán muchos señores menores —añadió Häfna—. Vuestro arrojo es admirable, pero la ayuda del Emperador es imprescindible.

De nuevo el silencio reinó en la habitación.

—Entonces, ¿qué hacemos? —preguntó Stymon al cabo de un rato, volviendo al inicio de la cuestión.

—No debemos ponernos nerviosos y caer en la precipitación —opinó Sörosh—. Tenemos tiempo, la Reina está en su sexta luna; el bebé tardará todavía varios meses en nacer. Mientras no haya heredero, no es necesario modificar nuestros planes.

—¿Estáis sugiriendo que no hagamos nada? —preguntó Stymon.

—Hay que tener Fe —señaló Häfna—. Somos el único reino del Norte que no pertenece a la Alianza, y el único donde la Palabra del Profeta no se ha perdido todavía. Además, controlamos las principales rutas a través de las montañas —la anciana extendió las manos y miró hacia arriba con los ojos brillantes—. Estamos llamados a ser la punta de lanza que permitirá al Imperio reconquistar todos sus antiguos territorios y que extenderá de nuevo la palabra de Naal Zahar por todo el Norte. Él nos mostrará el camino.

Stymon rezongó por lo bajo, mostrando claramente sus dudas respecto al concurso divino. Hogen no hizo ningún comentario, y Sörosh intentó disimular una sonrisa.

—No puedo estar más de acuerdo con mi señora Häfna —dijo este último al tiempo que se levantaba y cogía un pergamino de un estante junto a la chimenea—, pero creo que deberíamos hacer algo más, aparte de rezar, como dice Stymon. —Extendió el documento sobre la mesa. Todos se inclinaron sobre él. Era un mapa.

—Aquí está Teringya —Sörosh señaló su capital, Sandaar—, rodeada por Ardarya y los demás Reinos de la Alianza. Esta es la cordillera de los Gigantes de Piedra—recorrió con el dedo la representación de las formidables montañas, que cruzaban el mapa de izquierda a derecha y conformaban la frontera meridional de Teringya. En paralelo y por su vertiente sur, una gruesa línea marcaba el curso del poderoso río Fares hasta su desembocadura en el mar Oriental, donde la miniatura de una torre indicaba el emplazamiento de Puerto de Fares, la importante colonia élfica. Todo el vasto territorio al sur del río aparecía bajo una sola palabra: Imperio.

Stymon carraspeó, impaciente. Sörosh le lanzó una mirada de reojo y siguió con su explicación.

—Los soldados del Emperador vigilan todos los caminos que cruzan el Fares, hacia las montañas —indicó dos líneas dobles que representaban sendos puentes sobre el río—. Se supone que nuestra pequeña espía no podrá escapar, pero por si acaso, yo haría lo mismo con los caminos que bajan de las montañas. Propongo que enviemos hombres de confianza a vigilar el Camino Real, y también deberíamos controlar el Paso del Fraile, aquí; y el Collado de los Lobos, aquí —señaló ambos puntos.

—Tendremos que justificarlo de alguna forma —comentó Häfna, sin dejar de observar el mapa.

—Sí, habrá que pensar algo —confirmó Sörosh—. Ya se nos ocurrirá. Esa chica habrá de pasar forzosamente por alguno de estos enclaves; cualquier otra ruta, en invierno, es un suicidio —miró a sus compañeros—. ¿Estamos de acuerdo?

Los demás asintieron con la cabeza, apoyando sus palabras. Estaba decidido. Stymon observó de nuevo el tapiz del profeta durmiente, tocado por la Providencia divina.

—Y que Naal Zahar nos ayude —murmuró para sí mismo con aire sombrío—. Algo me dice que lo vamos a necesitar.


fin del capítulo III
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#20
Muy buen capitulo, corto, preciso, revelando gran parte de la trama y aclarandonos mucho mas la situacion en este mundo. Por cierto que me parece que podrian haber buscado otra solucion para el problema de la reina, si no cuentan por el momento con la ayuda del emperador, como hacer que sufriera un accidente, o una "enfermedad fulminante" y despues con la excusa de que el rey estaba demasiado deprimido como para gobernar, imponer entonces a su hermano como regente, o algo asi ¿no?
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