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[Fantasía Épica]Los Diarios del Falso Dios
#21
10. EL ASTUTO ZASTEO
Perlin, Gallendia, 30 de payares del 525 p.F.

Selendia no había llegado a ser jefa del Gremio de Ladrones confiando en la gente. El trato con Terg olía mal a kilómetros. Los miembros conocían bien al demonio y a su cachorro. En una ocasión un par de novatos parecieron olvidarlo, o tal vez lo desconocían desde un inicio y trataron de birlarle la bolsa al muchacho. Lo abordaron en plena calle y trataron de intimidarlo por la fuerza. Para cuando Terg llegó los rateros yacían en el suelo entre quejidos, mientras Árzak se sacudía el polvo, lanzando miradas compasivas a sus atacantes; sabía bien que aquella paliza no sería suficiente castigo a ojos del demonio.
Meses después, Zas le contó lo que consideraba la hilarante historia de cómo dos novatos atravesaron las ventanas del comedor principal del gremio, aterrizando de pleno sobre Harri “el si me tocas te mato”. Árzak nunca sabría si Terg había planeado ese final para aquellos tipos o si simplemente la mala fortuna se había cebado con ellos. Fuese cual fuese el caso, el mensaje fue recibido.
¿Y de pronto quiere que el gremio elimine al mocoso? Selendia conocía lo suficiente de Terg para saber que era un manipulador nato. Como jefa del Gremio ella tenía acceso a los archivos secretos: una organización tan veterana como aquella disponía de siglos de información clasificada. Años atrás, ojeando los viejos tomos de contabilidad había encontrado varios tratos con un individuo llamado Tergnómidon; hacía más de trescientos años. Y pronto descubrió que no era la única transacción detallada con aquel individuo. A lo largo de unos cuatrocientos años, el Gremio había trabajado para aquel tipo hasta en un total de catorce ocasiones. Catorce tratos de cifras suculentas pero todos ellos marcados con la cruz roja que indicaba que el trabajo no fue bien y se habían producido bajas. Con todo lo que sabía, era muy difícil confiar.
Y precisamente porque no confiaba, la que oteaba por la mirilla del rifle de francotirador, oculta en el primer piso de una casa derruida de Perlin, era ella. No perdía de vista la plaza ni la estatua que resplandecía con las últimas luces del día, a escasos cien metros de su posición. No llevaba ni veinte minutos esperando cuando se puso en tensión al detectar movimiento. Una persona corría por la explanada, de un lado a otro, parándose unos segundos y cambiando de dirección después. Parecía buscar algo en los edificios de los alrededores, por cómo estiraba el cuello y oteaba la distancia.
Selendia puso un dedo en el gatillo y pegó el ojo al visor, pero se contuvo hasta estar segura de que tenía un tiro claro. Desde que quinientos años antes las fábricas de armas dejasen de funcionar, la producción de munición se había convertido en un proceso caro y artesanal. Al gremio no le sobraba el dinero, o no tanto como para malgastar los más de quinientos drekegs que podía costar una sola bala; con esa cantidad una persona podría vivir holgadamente durante varios meses o como alguien pudiente durante una semana. Era tal su valor que en ciertas ocasiones se empleaba como moneda de curso.
Y aquella mujer no se había privado de nada en su vida, precisamente porque la mayoría de sus balas se cobraban una vida.
Esperó sin ponerse nerviosa, hasta que el blanco se puso justo donde ella quería: el tiro era seguro. Aguantó la respiración… y con un suspiro de decepción bajó el arma. El que caminaba por la plaza era Zasteo.
Bajó de su atalaya por una pared derruida que daba a un callejón y se dirigió a la plaza caminando agachada y sin despegarse de las paredes ruinosas, siempre de una cobertura a otra. Aunque el lugar estaba lleno de escombro y basura, alcanzó la explanada sin producir el más nimio crujido; “despacio pero seguro” era su lema. Desde la esquina del último edificio asomó el rifle y empezó a moverlo en zigzag tratando de reflejar el sol en el cristal de la mira. Zas vio los destellos, y reconociendo la señal se dirigió hacia ella.

—¡Jefa! ¿Qué haces aquí? —preguntó al alcanzarla—. ¿Ha pasado algo en el gremio?
—¡Calla y escóndete! —susurró Selendia, arrastrándolo a través de una pared derruida. En el interior, en la oscuridad de aquella habitación vacia, se sintió más segura como para levantar un poco la voz—. ¿Dónde está ese mocoso que suele estar contigo?
—No lo sé —dijo Zas, mostrándose de pronto turbado. La mujer no podía verle la cara, pero afuera le había parecido notar una angustia extraña en su subordinado, de natural jovial—. Llevo un buen rato buscándolo.
—Zas, no me jodas. No tengo tiempo para tus idioteces. ¿Qué estas tramando? ¿Qué haces aquí?
—¡Nada! —gritó Zas, olvidándose del sigilo por la indignación—. Yo vengo a ver a un amigo. Lo raro es que estés tú aquí.
—Está bien... —dijo Selendia con voz calmada, tras unos segundos de reflexión—. No te importa por qué estoy aquí. Ahora dime, ¿dónde está tu amigo?
—Ya te he dicho que no lo sé. La estatua está vacía. Se han llevado todo...
—Hay algo que no me estás contando —afirmó Selendia, con tono amenazante al detectar una vibración extraña en su voz.
—No es nada, Sel. Es una bobada en realidad. No creo ni que tenga importancia. Porque al fin y al cabo, cuando pasó aquello yo estaba muy borracho, y como no volvió a comentar nada al respecto, pues yo me olvide y no pensé más en ello. Al fin y al cabo era algo absurdo, y todos sabemos que ese tal Terg ha sufrido algún tipo de infarto cerebral que...
—¡Zas! —cortó Selendia la diatriba de Zasteo, con un deje nervioso— Dilo de una puta vez, y ya juzgaré yo si tiene importancia o no.
—Jefa, me estas asustando. Nunca te había visto... —Su intención era continuar, pero un bufido le interrumpió—.Ya te dije que no es nada…, es solo… algo extraño que dijo Árzak hace unas semanas, durante el Festival del Pastor.
—¡¿Que dijo?! —gritó Selendia, a una sola palabra de perder la paciencia por primera vez en su vida.
—Dijo que Terg se había metido en un lío gordo con unos arzonitas —contó Zas, en voz muy baja—. Conociendo a ese tío tampoco me sorprendí. Aunque claro, en su momento no me paré detenidamente a pensar en lo que suponía eso. Incluso bromeamos con que los Caballeros Tenues se enfrentasen a Terg. Recuerdo que hicimos una porra... —Un nuevo bufido recondujo la conversación al momento—. Árzak dijo que en ese caso lo más probable es que se fuesen lejos y que intentarían borrar su rastro.
—¿Y cómo pensaban hacer eso? —preguntó Selendia, empezando a dar forma a un mal presentimiento.
—Pues no recuerdo que me lo dijese.
—¿Qué coño está pasando aquí? —murmuró la mujer, empezando a atar cabos.
—Yo, personalmente, si estuviese en su lugar, intentaría crear algún tipo de distracción —apuntó Zas, con tono inocente, por si a su jefa no se le daban bien los nudos.

La ladrona lo oyó solo a medias, perdida en sus cavilaciones. Se recostó contra una pared, cerca de la salida y de la única fuente de luz, permitiendo a Zas ver como la mujer sacudía la cabeza repetidamente bajo la capucha negra.
De pronto, atravesó el boquete y puso rumbo a la estatua dejando de lado toda discreción. Dio una patada a la puerta y entró como una exhalación para comprobar que Zas no mentía. Un círculo de hollín en las baldosas del suelo era el único resto que quedaba.
Ya no le cabía ninguna duda, Terg la había utilizado para cubrir su retirada; ella era la distracción. Su plan era que hubiese enviado a varios hombres para acechar el lugar a la espera del mocoso, pero lo único que llegaría sería una hueste de Narvinios cabreados y echando pestes contra los demonios y sus aliados. «Maldito cabrón, sabía que me la estaba jugando de alguna manera. Pero él no contaba con que yo me ocupase del asunto».

—Yo en tú lugar me iría de aquí antes de que se ponga feo.
Fue lo único que le dijo a Zas antes de salir a toda prisa en dirección a Vesteria.
—Estoy de acuerdo —asintió Zas en voz alta, con una sonrisa resplandeciente y poniendo rumbo en dirección contraria. Saltó el murete del otro lado de la plaza, y pasó junto a una cama y un cofre tirados tras una esquina—. Esto se va a poner pero que muy feo cuando te des cuenta de lo que ha pasado aquí.

***


El único rastro que quedaba del día era una franja azul en el horizonte. No había lunas en el cielo, pero ya brillaban tímidamente unas cuantas estrellas. Sentado en una piedra junto a una discreta senda de cabreros, una figura oteaba el cielo con la esperanza de que se mantuviese despejado durante el trayecto que estaba a punto de emprender. Se rascó la incipiente barba pensando en que llevaba un buen rato allí, esperando las dos únicas cosas que le faltaban para iniciar la travesía: su compañero y un destino al que ir. Abrochó el abrigo de lana verde para protegerse del gélido viento y se arrebujó con un ligero temblor. Al bajar la vista vio la oscura figura que avanzaba por el camino.
Árzak no tuvo ningún problema en reconocer la forma de caminar de Zasteo. Y por lo erguido que avanzaba podía deducir que estaba muy orgulloso.

—Has tardado una eternidad —le soltó, en cuanto estuvieron juntos— ¿No se suponía que sería sencillo?
—Tranquilo, todo controlado —rió Zas,con las manos en alto pidiéndo calma. De momento su plan había funcionado, y quería disfrutar de su momento.

Tras separarse de Terg, viajó lo más rápido que pudo, casi sin descanso, hasta Perlin. Cuando encontró a Árzak le costó un buen rato convencerlo. Le contó que había llegado a sus oídos que Terg se había endeudado con el Gremio y que planeaban algo contra ellos. Además, como sabía que su amigo se negaría a abandonar al demonio, decoró la historia con un falso encuentro con un Terg acosado que le pedía que se llevase a Árzak hacia el este. Antes de despedirse, le habría prometido reunirse con ellos donde quiera que fuesen. No era muy realista dado el carácter del susodicho, pero el tono de fingida ansiedad y los nervios dieron realismo a la historia.
Con su amigo convencido, se ofreció a quedarse atrás para borrar el rastro de su huida. Tampoco lo tuvo fácil pues, de nuevo, Árzak solo accedió cuando Zas le hizo ver que a él no le perseguía nadie y que si los ladrones aparecían por allí dejarían en paz a un compañero.
Una vez con su compañero a salvo y fuera de escena, vació la habitación de la estatua y esperó escondido a los asesinos que enviase el Gremio. No se sorprendió excesivamente al ver en el hueco de una ventana el inconfundible reflejo de la mira del rifle de Selendia. Solía meter mano en cualquier encargo suculento. Sería más difícil de manipular que cualquier otro, pero estaba seguro de que su interpretación no fallaría. Había tenido un par de horas para repasar la trama mentalmente. Y así fue, ella mordió el anzuelo de una forma que nunca hubiese soñado y se largó corriendo. El problema sería cuando descubriese que la había engañado. Y lo haría, siempre lo hacía.
Pero había que ser positivo: estaban vivos, lo que no era poco, teniendo en cuenta lo baratas que se vendían sus vidas en ese momento.

—Había muchas huellas, por todas partes —continuo Zas.
—Es lógico —se rió Árzak, mientras empezaban a caminar juntos—. Llevamos años viviendo allí. ¿No habrás intentado borrar todas las huellas no?
—Eso es lo que hice —respondió Zas, ofendido—. Y además vacié el cuartucho para que pareciese que habíais huido con todo.
—Eso resulta incluso hábil por tu parte.
—No deberías dudar de la astucia del gran Zasteo —replicó Zas, picado pero sin perder la sonrisa—. Y hablando de todo un poco. ¿Ahora qué? ¿Seguimos caminando hasta llegar al mar? Te advierto de que estos pantalones encogen con facilidad. No tardarías en verme las tierras fértiles.
—En realidad… ¿Tierras fértiles? —dijo Árzak, levantando medio labio. Sacudió la cabeza para volver a centrarse en lo que ocupaba; a dónde ir cuando no se tiene ningún sitio al que ir—. Olvídalo. Creo que sé qué camino seguir.
—¿Se puede saber qué camino conoces tú? No presumas de gran aventurero conmigo. Sé que tu mayor gesta es tumbar en una pelea a una docena de borrachos, estando tu mucho más perjudicado por la bebida que ellos.
—En primer lugar, eran dos docenas. En una pelea que empezaste tú y que me vi obligado a terminar yo. Y no estaba borracho. Me habías echado algo en la cerveza —le recordó Árzak, a lo que Zasteo desvió una cándida mirada al cielo—. En segundo lugar, no presumo de aventurero. En realidad es el único camino que conozco. Aunque han pasado ya cinco años desde que lo recorrí en la dirección opuesta. Creo que es hora de volver a casa.
—Bueno al menos es un plan. No me hace especial ilusión volver al internado, pero todos sabían que algún día volvería y le robaría la regla al prior Ventil.
—Me refiero a mi casa, Zas. En Norden —Se detuvieron en el centro del camino, y Árzak se puso serio—. No tienes por qué venir. A ti no te persiguen.
—Colega, sin mí te vas a meter en muchos menos líos. —Tras decirlo, Zas se quedo un rato pensativo, no del todo seguro de lo que acababa de decir. La decisión de acompañar a Árzak ya la había tomado otro por él—. Vesteria empezaba a ser un sitio muy aburrido. No hay más que vacas y bichos del campo.
—¡¿Eh?!
—Yo te sigo, compañero —terminó Zas, invitándolo con un gesto a pasar delante.
—Me alegro de que vengas conmigo. —Pronunció Árzak con la garganta tomada por la emoción—. De acuerdo entonces. Sígueme, intentaré recordar el camino. No muy lejos de aquí tiene que estar la carretera a Perlin. En su día la seguimos, mientras pudimos al menos.
—Diría que va a llover —dijo Zas, cuando reemprendieron la marcha—. Y hace un frío que pela. Y seguro que nieva cuando estemos en el norte. ¿Pararemos en alguna posada?
—No tenemos dinero.
—Ni mantas. Ni pedernal. Maldita sea, y sin abrigo moriré congelado en cuanto caiga la noche.
—Ten mi capa —dijo Árzak, sacando la prenda de la mochila y cediéndosela al ladrón.
—Gracias, colega. —Zas se la puso al momento, y se cubrió con la capucha—. Tengo hambre…

Árzak sonrió para sus adentros. El viaje iba a ser muy largo, pero al menos con el incombustible Zasteo a su lado se sentía con ánimo.
Enlace a mí primera obra completa: Los Diarios del Falso Dios
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#22
Buenas Dumban, ya vi hace días tu hilo colgado, pero habrás comprobado que estos días el foro esta hecho un hervidero. Entre los retos (yo no participo pero allí están XD) el proyecto que tienen de la revista, y nuestro proyecto de wattpad, sin contar que no he escrito más que diez míseras páginas de mi novela en el último mes, no tuve tiempo de pasarme antes por aquí. Después de mis cutres excusas al lio.

CUIDADO POSIBLES SPOILERS

En el capítulo (ULTIMA MISION 1 parte), ya comienzan a entreverse más matices de tu mundo, y se van haciendo más claras las relaciones de sus personajes. Como bien ha comentado Landanohr en un post anterior, se nota una riqueza de criaturas varias en tu mundo, y al menos en este capítulo, se deja intuir que habrá, sino aparatos mecánicos, algún tipo de seres mágicos que vuelan, aunque me parece más probable lo primero contando que hay un buque sobrevolando el cielo XD. Me ha gustado el rollo honorable de Mientel y confundido que me matases a Prien tan pronto, el pobre Ledth estará enloquecido perdido. Árzak se ve que tiene que ser alguien muy importante en la historia como tan bien han remarcado. La historia se sigue muy bien, tu narrativa es fluida y muy ligera, con lo que se lee del tirón. Mis felicitaciones. La trama también pinta muy bien, veremos como continua la historia, si dios quiere, a la mayor brevedad. Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#23
Buenas Fardis2.

Estoy igual que tu. Hasta arriba de cosas que hacer estos dias, jeje.

Yo personalmente leeria el siguiente capitulo, hay un poco mas de accion. Necesitaba matar a Prien, pero no te puedo decir mas sin spoilearte. SIempre le quedaran los flashbacks...
Acertaste con lo del aparato volador, es justo como dices. Y Árzak es el protagonista, asi que imaginate si es importante.

Muchas gracias Fardis2. Me alegra que creas que la trama promete. No te preocupes, no tengas prisa por confirmarmelo, todos estamos muy liados Wink.

Un saludo desde Minas Morgul: a ver cuando me dejais entrar a Gorgoroth a jugar con vosotros... Smile
Enlace a mí primera obra completa: Los Diarios del Falso Dios
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#24
Buenas compañero!

Por fin un poco de tiempo... así que es momento de ir retomando las lecturas, que las tenía abandonadas desde hace unos días...

Y aquí estamos... Primero unas notas:

8
—En realidad no vine solo a ver cómo te iba. También quería proponerte que vengas (¿vinieses? quiero proponerte que vengas / quería proponerte que vinieses; me suena más natural de una de estas dos formas) conmigo.

9
—Buenos días, hijo, qué (no estoy seguro al 100%) grata sorpresa —dijo el Rey desde su cama, dedicando una funesta mirada al heraldo que se apresuró a anunciar al recién llegado, antes de desaparecer a la carrera.

10
Se recostó contra una pared, cerca de la salida y de la única fuente de luz, permitiendo a Zas ver cómo la mujer sacudía la cabeza repetidamente bajo la capucha negra.

Con su amigo convencido, se ofreció a quedarse atrás para borrar el rastro de su huida. Tampoco lo tuvo fácil pues, de nuevo, Árzak solo accedió cuando Zas le hizo ver que a él no le perseguía nadie y que si los ladrones aparecían por allí dejarían en paz a un compañero.
Una vez con su compañero a salvo y fuera de escena...

Sé que tu mayor gesta es tumbar en una pelea a una docena de borrachos, estando mucho más perjudicado por la bebida que ellos.

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Por si fuera poco, las lluvias, intermitentes pero copiosas, les mantenían continuamente calados y dificultaba su situación impidiéndoles prender fuegos con los que soportar las gélidas noches o cocinar las liebres que Árzak había cazado (¿cazaba? así mantienes el tiempo verbal) con su arco.

—Me pregunto si tú sabías a dónde me llevabas —dijo Árzak, en voz alta, con los ojos enrojecidos y húmedos pero con cuidado de que su compañero, sentado a su espalda, no viera su momento de debilidad—.

Cuando Árzak dio la vuelta para ver de qué se trataba, el corazón le dio un vuelco. A unos cuantos kilómetros, recortado contra el cielo rojizo, pudo ver el mismo barco volador que atacó (¿había atacado? reconozco que no acabo de aclararme con qué tiempo verbal usar en cada momento) Norden cinco años atrás. Estaba lejos, pero aquel monstruo negro y rojo era inconfundible.

Tal y como estaba la última vez que la vio.

Árzak, al borde de sus fuerzas, vio cómo el Caballero se desplazaba a una velocidad sobrehumana y se colocaba detrás de Zas.

—¿Libros? ¿Me puedes decir de qué me puede servir esto?

12
Y no había lugar más urbanizado en Devafonte que el valle del Nialen y más concretamente, la ciudad de Faer hogar de cuarenta millones..., digamos cuarenta millones de seres de lo más diverso, que desarrollaban sus vidas a la sombra de las grandes estructuras de hormigón. (no soy muy ducho en estas lides, pero la puntuación de esta parte no me acaba de encajar del todo; te lo marco por si lo quieres revisar)

—No me digas —dijo Huren, mientras veía cómo rebotaba sobre el capó del coche una hilera de disparos—. No nos pagan suficiente para esto, sargento.

No se trataba de demonios propiamente dicho, pero obviamente eran un peligro para los ciudadanos y la policía no se lo estaba tomando muy en serio. Cómo se explicaba sino que ejerciesen de diana sin devolver un solo disparo.

El cuerpo del último enemigo no había tocado el suelo, cuando el copiloto se asomó desde su asiento y le apuntó con un trabuco de aspecto impresionante y a juzgar por cómo resplandecía con un tono azulado quedaba claro que ese no iba a ser un tiro normal. Arzon solo tuvo unas décimas de segundo para formar la burbuja escudo que le libró de lo peor del impacto, aunque no evitó que saliese despedido por el portón aun abierto. La suerte quiso empotrarlo contra el parabrisas del coche patrulla que aún les perseguía.

Apenas veía por dónde iba, la única parte intacta era una pequeña porción a la izquierda, a la altura del volante, por lo que se veía obligado a conducir en una postura muy incomoda.

Ya que aún falta mucho para que puedas dejar jugar a tu hijo en la calle sin preocupaciones.

—Me está asustando.

El conductor del furgón estaba más pendiente del tipo que se reflejaba en el retrovisor que de ninguna otra cosa. Por eso el corazón casi se le salió por la boca cuando, tras oír un golpe a su derecha, se encontró a su compañero clavado en el salpicadero, por una daga que le atravesaba la cabeza.

Bajó del coche y, con una maestría soberbia, escaló la fachada más cercana; con tan solo media docena de puntos de apoyo, salvó una distancia de doce pisos, hasta llegar a la azotea.

Me refiero a que a tampoco me gustan los periodistas. ¿No vas a contestar al móvil?

—¿Y qué dicen que he hecho hoy? —preguntó Arzon, que se temía la respuesta.

—Pero es que aún tengo la esperanza de que entres en razón. —Terg siguió hablando mientras se dirigía al otro lado de la azotea—. Olvídate de tus prejuicios hacia mi. Khintop es una molestia para los dos. Es tu némesis, lo contrario a todo lo que pretendes conseguir. Mientras siga vivo, esta gente jamás será libre.

—No tendría por qué (o porqué, aún no los controlo muy bien) ser así, si alguien ocupa su lugar

—Nunca te he caído bien. No se cómo me convenció tu padre para que traicionase a Veshi por proteger esto. —Terg reflexionó en voz alta, y no pudo evitar arrugar el gesto al terminar la frase—Supongo que la opción de vivir a la sombra del viejo por toda la eternidad no me agradaba.

Le dio la espalda y agitó la mano en señal de despedida—. No tienes por qué (o porqué, sigo sin controlarlo bien XD) responder ahora. Fijo que volvemos a vernos, pronto. Solo piensa en ello.

Si dejo que se salga con la suya, cambiaríamos a un gobernante cruel y déspota por otro.

13
Tras leer el diario habían pasado la noche en la habitación secreta y al amanecer acudieron a la mansión de los Redion, para decidir qué hacer. Zas y Árzak disfrutaron más que nadie de aquella velada frente a la chimenea, gracias al cuenco de caldo humeante que sujetaban entre las manos—. Tanta muerte, tal cantidad de sangre derramada… Pero me alegro de ver, que al menos a ti, te ha ido bien. No sabes cómo siento todo aquello...

«No hay más que fijarse en esta sala», pensó fijándose en el mobiliario iluminado por una llamativa lámpara de araña, y sus seis bombillas parpadeantes. Tan solo habían pasado cinco años, pero una sala que entonces estaba vacía, después de que se viesen obligados a empeñar la mayoría de sus muebles para pasar el invierno del 519, hoy estaba sobrecargada por una decoración desmesurada. El centro de la sala lo ocupaba la mesa, de recio roble y con más de una docena de metros...

—Y si hablásemos de nosotros —murmuraba aún Zasteo—, estaríamos hablando de futuros muertos. El viejo me está contagiando...

—Eso me recuerda que esta semana aún no me has dado mi sueldo —añadió Zas con la mano extendida; «para dar credibilidad a la historia» añadió en su mente.

Tras un rato bastante incómodo, una sonrisa se perfiló lentamente en los labios del viejo y asintiendo como si hubiese llegado a una conclusión, volvió a hablar.

Aubert mantenía clavada en Zas una mirada abrasadora, molesto por la sonrisa inocente que mantenía: cuando se el ladrón se dio cuenta, le dedicó un guiño y le lanzó un beso. Aubert lanzó un bufido e, ignorándolo, se dirigió a su amigo.

Sinceramente, sé que estáis locos y que ese además es tonto, pero dudo mucho que quieras atravesar la nación faester.

En ese caso cruzar la frontera será sencillo. Aunque atravesar Al-Saha ya es otra historia. Aunque en estos tiempos no existe el camino bueno y todos los otros son claramente peores u os negáis a seguirlos.

No sé gran cosa de cómo funciona su política, pero he hablado con alguno de sus mercaderes en mi último viaje. Según parece tienen problemas de abastecimiento.

En el momento en el que los salvé y maté a ese caballero, quedé ligado a esta..., aventura, viaje o lo que sea.

—Aubert. —Árzak pensó un buen rato qué decir antes de seguir. El sin duda estaba encantado de aceptarlo en el grupo, pero no quería soliviantar más al anciano—. Tu padre tiene razón. Será peligroso y por otra parte es algo que a ti no te atañe. Nada te obliga a iniciar un viaje que no sabemos cuándo acabará.

¿No has pensado en tu madre y tus hermanas? Si me pasase algo deberías hacerte cargo…

—¡No termines esa frase! —estalló Aubert, apuntando a Zas con un dedo amenazador. El ladrón dudó si responder a la amenaza, pero Árzak lo calmó con un gesto conciliador—. ¿Estás seguro que quieres que este tipo nos acompañe?

—¿Estás seguro que quieres que nos guié un tío con serios problemas familiares?

—¿Estás intentando decir que porque soy negro tengo que haber nacido en el desierto?

—Zas —intervino Árzak, con voz de reproche—, ya hemos hablado muchas veces de esto. Te puedes sentir castrense de corazón y para eres un auténtico Baren'ar, pero eres un behit: te guste o no. Y los behits viven en el desierto.

—Está bien —dijo Zas, mientras devolvía lo sustraído a la mesa—. Claro, ahora como eres rico... Dime una cosa. —De pronto se puso serio y se sentó junto a su compañero y bajó la voz—. ¿De verdad confías en esta gente?

—Sí. ¿De dónde has sacado ese candelabro? Deja, prefiero no saberlo. ¿Por qué lo preguntas?

—No , amigo. —Sacudió la cabeza, haciendo una mueca como si hubiese olido algo en mal estado—.

—Ya… No para qué pregunto. El caso es que una vez que terminé de entrenar, no sabía qué hacer con mi vida. Y nadie me decía qué se esperaba de mí, y yo tampoco me aclaraba. Parece una estupidez, pero sino qué. ¿Qué hago? Con la vida que he llevado no me imagino trabajando en una cantina o en un aserradero. Me han entrenado y adiestrado para cazar demonios y eso no sirve para decorar un currículum. —Asintió pensativo durante unos segundos, antes de mirar fijamente a Zas—.

—La verdad, es que yo tampoco sé mucho de ellos —Árzak le sonrió, cogió el diario y lo guardó en el zurrón—.

Así como el que no quiere la cosa me he puesto a leer y me he plantado de una tacada en el capítulo 13... y porque dentro de un rato tengo que empezar a prepararme que me toca salir... que si no igual llego más lejos Tongue

La historia va avanzando a medida de descubrimos hechos pasados y se aclaran algunos acontecimientos recientes. Hay momentos tristes, como el reencuentro con el cazador; momentos alegres, como el reencuentro con el amigo de la infancia; y momentos de hilaridad... gracias al granuja de Zas...
Todo ello aderezado por supuesto con una constante intriga que va evolucionando para ir abriendo nuevos frentes.

Continúa muy bien y sigue prometiendo muy buenos momentos... así que habrá que seguir con la lectura.
Iep!
Responder
#25
Buenas compañero Dumban, tiempo sin pasarme por el hilo, pero supongo que sobran las excusas ¿No? En fin, al lío.

OJO SPOILERS

He de admitir que me costó reengancharme en la segunda parte de Última Misión, al hacer tantos días no lo tenía muy fresco en la cabeza, pero tan solo un par de párrafos después, volví a adentrarme en la historia de nuevo y acordándome de los sucesos acaecidos con anterioridad. Después del la fuga de Árzak, Mientiel y Leth, has conseguido plasmar muy bien el viaje que inician recorriendo paramos, cañadas, y cruzando colinas para cruzar la frontera e ir en busca del demonio que ayudará a Árzak a dominar sus poderes vestigiales. A pesar de la mucha descripción que usas por momentos, me gustó el toque de viaje que consigues imprimirle a la narración, con lo que las descripciones se hacen amenas y visuales para el lector. La emboscada que les tienden los Faesters y las sensaciones que experimenta Árzak al descubrir que se encontraba solo, también las has logrado plasmar muy bien. La batalla con los animalejos me pareció también muy bien escenificada, me gustó mucho la originalidad y versatilidad que pueden tener los poderes vestigiales, sinceramente, pensaba que tendrían que ver más con transformaciones y algo así, vamos que me sorprendiste. En general y uniendo las dos partes, un gran capítulo, bien narrado y con sus buenas dosis de acción. Así que chapó, mis felicitaciones.
Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
Responder
#26
Muchas gracias por los comentarios, compañeros.

Podeis leer el libro completo y gratis aqui: http://www.wattpad.com/story/24869901-de...falso-dios

Un saludo!
Enlace a mí primera obra completa: Los Diarios del Falso Dios
Responder
#27
Llegas tarde, ya me lo he leído Tongue jiji...

Bah, en serio, una lectura muy recomendable; la historia es buena y se deja leer sin ningún problema. La verdad es que cada vez tengo más claro que no hay que irse a "escritores de renombre" para encontrar un buen libro.

Ahora... a por la segunda parte Wink
Iep!
Responder


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