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Concurso Mensual II: La venganza de Rose
#1
—No es él —afirmó el contramaestre.
—Prendedle fuego al barco después de que los hombres lo saqueen —ordenó la capitana, con un deje de voz que denotaba alivio.
—Como siempre —siseó el enorme ayudante.
—Como siempre —repitió la hermosa mujer.

  No había sido un buen día. Tras horas de perseguir al navío equivocado, el teniente había muerto por culpa de una bala perdida durante el abordaje. Era un buen hombre, racional y paciente. Rose admiraba su talante y su contención cuando ella se enfurecía, cosa muy habitual, y su total control de la situación cuando las cosas no iban bien. Había sido como un padre para ella y, pese a la diferencia de edad, un gran amante; uno de aquellos hombres que no deberían morir jamás. Pero la había abandonado sin tan siquiera haber visto la venganza que había preparado durante tanto tiempo y que no sabía si algún día lograría realizar.

—¿Cuales son las órdenes? —preguntó el contramaestre.
—Volveremos al puerto de Piedraverde y ajustaremos cuentas con esos embusteros. —La mirada perdida y la mente en aquella taberna donde hacía escasamente un mes les habían soplado que el barco del Capitán Crow había zarpado el día anterior con bandera británica.
—Los hombres quieren oro. No matarán a unos borrachos por nada…
—Los hombres harán lo que yo diga —gritó Rose, los rojos cabellos volando al ritmo del zarandeo de sus brazos, los ojos verdes tornándose grisáceos por momentos—. No aceptaré ninguna indisciplina. Aquel que no esté de acuerdo que pase por mi camarote.
—No hará falta, Capitán, yo mismo los haré entrar en razón —aseveró el hombretón. Giró sobre sus pasos y salió de la habitación.

  Habían pasado veintinueve días hasta llegar a puerto. Los piratas habían refunfuñado ante las órdenes de la capitana de no atacar un par de barcos que se cruzaron en su camino, aunque no hubo ningún motín: el contramaestre había partido en dos al primer hombre que intentó alentar al resto.

  La taberna parecía el epicentro de la isla, había más tránsito que en el mercado o en los muelles. Rose intentaba avistar a los borrachos que la habían engañado, pero no hubo suerte. En la otra punta reconoció al camarero que los había servido aquel día y se dispuso a acercarse para hablar con él. Durante el trayecto, uno de los clientes la agarró por la muñeca  y tiró de ella mientras con la otra mano le tocaba el culo. En un abrir y cerrar de ojos la mano mutilada saltó por los aires a la vez que las risas y la jarana daban paso al silencio, solo roto por los desgarradores gritos del manco.

—¡Puta! ¡Puta! —La sangre no dejaba de brotar por la muñeca, haciendo inútil la compresión con la otra mano. Rose dejó de mirarlo y continuó hacia su objetivo. El contramaestre apuñaló el rostro del herido sin que nadie hiciera nada por evitarlo.

  El camarero trastabilló cuando se percató que el grupo de salvajes se dirigía a él. Miró a uno y otro lado buscando ayuda, con el pensamiento de que él sería el siguiente en morir.

—¿Te acuerdas de mí? —preguntó la capitana mientras se frotaba los pantalones con la intención de disolver la sangre salpicada.
—Nooo… señorita —consiguió decir entre balbuceos.
—Mike —dijo Rose dirigiéndose a su segundo—, ¿tú te acordarías de mí se me hubieses visto hace un mes?
  El contramaestre se la miró de arriba abajo un par de veces, deteniéndose en las protuberancias de su pecho y en la cara.
—Y si no me acordara, tendría que ser un eunuco, un ciego o un tonto —afirmó.
—¿Eres alguna de esas tres cosas, cariño? —inquirió a la vez que besaba al sorprendido camarero y aposentaba la mano en su entrepierna— Ah, veo que eunuco y ciego no eres. Entonces eres tonto —afirmó, separándose de él—. Y, a mí los tontos no me gustan. Siempre acaban dándote problemas. Lo mejor es enseñarles para que sirven las navajas. —Rose sacó una de un gran tamaño y empezó a abrir la hoja.
—Me acuerdo, me acuerdo de usted —gimió el muchacho.
  La capitana empezó a acariciar la mejilla del chico por el canto romo de la hoja.
—Entonces te acordarás de los dos hombres que charlaban conmigo aquel día.

 El camarero miró alrededor suyo y observó que toda la taberna estaba expectante. Nadie se movía. Parecía mentira que un centenar de hombres no tuviesen el suficiente valor de enfrentarse a una mujer y un gigante por mucho músculo que tuviera. El silencio hizo impacientar a Rose que giró la navaja y rajó la mejilla del infortunado chico que, rápidamente, se llevó las manos a la cara dejando caer con estrépito las jarras que sujetaba.

—Lo próximo que salga volando hoy en la taberna será tu oreja —escupió con rabia la pelirroja.
—¡Para, por favor! —lloró el muchacho, hecho un ovillo. Su cuerpo temblaba sin control y espumarajos de la boca saltaban a la vez que hablaba— Aquellos hombres son…
—¡Cállate, Marc! —se oyó una voz entre los parroquianos— ¡Vamos, ellos son solo dos! Acabaremos con esta mugre en un momento —expuso un hombre alto de bigote ridículo. Sus palabras tuvieron efecto; cinco matones más se alzaron sable en mano.

  El contramaestre sonrió, la capitana sonrió, el grupo de hombres que se había levantado no sonrieron. En ese leve momento perdieron la iniciativa a la vez que la vida, entre los asistentes se encontraban miembros de la tripulación de Rose. Fue rápido, uno a uno los sublevados fueron cayendo y no hubo ningún valiente más que diera su vida por dos nombres.

—Está bien, Marc, última oportunidad de conservar esa orejilla —sonrió la mujer. Acarició el cabello  del chico deteniéndose en su próximo objetivo.
—Son los hermanos Bird. Miembros de la tripulación del Capitán Crow —logró decir, tartamudeando.
—Y dónde los puedo encontrar, Marc.
 
  El camarero le explicó que Crow había partido hacía una semana con dirección a la isla de Tay. Por lo visto, el capitán había hallado un antiguo mapa donde se describía la posición exacta de un gran tesoro. «Qué típico —pensó Rose». Al preguntarle por la hostilidad en la taberna, Marc explicó que los hermanos Bird eran nativos de Piedraverde al igual que la mayoría de la tripulación de Crow.

  El barco zarpó dirección Tay sin mayores complicaciones. Durante la travesía, y para evitar males mayores, Rose permitió el abordaje de un pequeño barco de mercancías. La defensa fue escasa y el botín dejó a la tripulación contenta por unos días. La captura de varias mujeres fue lo que creó mayores disputas entre los piratas: todo se resolvió con un par de muertes y unos acuerdos de posesión por turnos. No era algo que a la capitana le agradara, pero tomaba ese castigo como la debilidad de esas chicas ante el mundo. Ella, en su lugar hubiese luchado y, en todo caso, se hubiera suicidado.

  A los cuatro días divisaron la isla de Tay, no había tiempo que perder pues Crow les llevaba una semana de ventaja, aunque su barco seguía anclado en la costa. Rose ordenó lanzar el ancla a escasas millas de la orilla.

—Esta aventura la voy a vivir sola —informó a la tripulación tras congregarlos en cubierta—. Es más, no creo que vuelva. Hoy dejo de ser vuestra capitana y sois libres de ir donde queráis.

  Los hombres se miraron unos a otros sin comprender el porqué de esa decisión. La capitana los había alistado poco después de que Crow aniquilara a la antigua tripulación. Desde entonces habían surcado los mares juntos para que Rose pudiera vengarse de él.

—Serías una necia, Capitán, si creyeras que te iba a dejar ir sola —habló Mike, dando un paso hacia adelante—. No he vivido estos años a tu lado para que ahora te largues sin más. Mis ojos quieren ver cómo acabas con ese mequetrefe.
—Gracias, contramaestre, entonces será mejor que me ayudes con ese bote. No quiero perder más tiempo en afrontar mi destino —sonrió Rose.
—¿Quién será ahora el capitán? —preguntó uno de los oficiales.
—Echarlo a suertes o retaos unos a otros —ladró la capitana—. Aunque si no habéis tenido huevos para imitar a Mike, no creo que los tengáis para gobernar este barco.

    Varios hombres ayudaron a bajar el bote hasta el agua y, solo cuando Mike se disponía a coger los remos, se percataron de que había una tercera persona con ellos.

—Pero, ¡qué diablos! —exclamó el gigante— ¿Qué haces tú aquí?
—Desde luego no es por ti —respondió el joven mientras guiñaba un ojo a Rose—. ¿Creías que te iba a abandonar?

  La capitana reconoció al chico que le calentaba la cama por las noches desde que el Teniente perdiera la vida. No supo si reír o echarlo por la borda. «El muy gilipollas se ha enamorado —pensó». Finalmente decidió que no le vendría mal un par de manos  y de ojos más. Con la ayuda del muchacho no tardaron en llegar a la orilla, siempre tratando de remar hacia la pequeña cala que quedaba escondida a la posible vista de los vigías del barco de Crow.

—Si me lo permites, Capitán, no entiendo por qué tantas precauciones. Si hay alguien en el barco, hace tiempo que habrán divisado el nuestro —señaló Mike.
—Pero no podemos ponerles las cosas tan fáciles, ¿no crees? —sonrió, todo encanto.

  Una gran explosión se escuchó y al girarse en dirección al mar vieron su barco en llamas y partido por la mitad. Quien hubiese sobrevivido a la deflagración no tardaría en morir ahogado.

—¡Por todos los dioses! —gritó el muchacho— ¿Qué coño ha pasado?
—Es imposible que un cañonazo haya hecho eso —aseguró Mike, impresionado por lo que acababa de suceder.
—La fortuna nos ha sonreído a los tres —afirmó la pelirroja—. Por un momento pensé que la mecha se abría apagado y no habría llegado a la santabárbara, por fortuna estaba equivocada. Por fortuna para ti, Mike, decidiste seguir con tu capitana. Eres un buen hombre. Y, por fortuna para Lev, se enamoró de la persona que prendió fuego a esa mecha. Sin toda esa fortuna, o bien no estaríais vivos o bien los cabronazos de mi tripulación se hubiesen ido de rositas. Nadie abandona a su capitán —sentenció Rose.

  Mike y Lev estaban petrificados por la revelación. Tras minutos sin decir nada y de seguir contemplando cómo se hundía el barco el contramaestre reaccionó.

—¿Por qué tardó tanto la mecha en llegar a su objetivo, capitán? —preguntó, todavía en shock.
—Un retardante. Es uno de los trucos que me enseñó mi querido enemigo Crow.
—Si no sabían que estábamos aquí, ahora sí lo sabrán —aseguró Lev.
—Lo más probable es que piensen que estamos todos muertos. Los accidentes en los barcos ocurren —dijo Rose con una leve sonrisa de satisfacción—. Por cierto, Lev, ¿no te ha excitado el espectáculo? Porque a mí sí. Mike, vigila los alrededores, el chico y yo tenemos que intercambiar… cosas.

 Después de cerciorarse de que en el barco de Crow no había nadie, salvo un asustado chico que no dio ningún problema, partieron dirección al interior de la isla. En seguida llegaron a la vegetación que se fue haciendo cada vez más espesa. Por suerte, la tripulación de Crow había dejado un rastro de tal magnitud que una manada de elefantes sería incapaz de igualar. Pararon varias veces a descansar y a explorar los alrededores por si había trampas o alguna cosa interesante que llevarse a la boca. La temperatura era alta, pero al cubierto de aquella selva se llevaba bien, aunque lo más molesto eran los mosquitos sedientos de sangre que no paraban de picar. Todo parecía muy monótono hasta que dieron con el cadáver de uno de los piratas del capitán. Al parecer había tenido una disputa, Por las cinco cuchilladas que se apreciaban, y la había perdido. Ni siquiera le habían dejado las botas. Rose le propinó una patada en la cabeza y continuó caminando como si nada.

  Había oscurecido y debían de parar. Lograron subir a un árbol y se aposentaron lo mejor que pudieron entre sus ramas esperando que ninguna serpiente le diera por escoger precisamente ese lugar para cazar. A primera hora de la mañana continuaron el camino aun sin mucha luz. De repente, los arbustos a cien pasos de ellos se empezaron a mover. Los tres, machete en mano, se detuvieron. El contramaestre hizo ademán de sacar la pistola, pero Rose le detuvo; no quería armar mucho jaleo ahora que estaban cerca de su objetivo. El animal salió de entre la espesura y se detuvo a unos pocos pasos. Se trataba de una inmensa pantera que no se iba a asustar fácilmente. El animal parecía que llevaba varios días sin comer y no iba a permitir que se le escapara tan preciado botín. La capitana levantó el machete a la altura de la cabeza y lo descargó con fuerza en perpendicular y hacia abajo. Un grito fue el preámbulo de la caída al suelo de Lev, la rodilla destrozada y la sangre saliendo a borbotones. Rose empujó al paralizado contramaestre hacia la espesura. Los gritos del chico pronto se apagaron.

—Una lástima, follaba como los ángeles —comentó la mujer—, pero podría haber sido un poquito más silencioso y morir como un hombre. ¿Estás bien, Mike?
—Claro, capitana —respondió el hombretón, asustado por la reacción de la capitana—. Supongo que la fortuna nos ha vuelto a sonreír.
—Era el mar menor, Mike. Nunca me podré vengar si llego muerta a mi objetivo.

 Descansaron en un pequeño llano, un oasis entre tanto árbol. El contramaestre se acercó a Rose para decirle algo, ella parecía distraída. La observó y se preguntó cómo una mujer tan bella, que podría tener todo lo que quisiera en la vida, había acabado siendo capitana de un barco pirata con la única ambición de vengarse de alguien. Cómo era posible que esa mujer fuera tan adorable y despiadada a la vez.

—Capitán, hace tiempo que las dudas me corroen acerca de ti —consiguió por fin arrancarse. Parecía mentira que un hombre tan grande sintiera pánico de ella. Aunque los últimos acontecimientos parecían razón suficiente para temerla—. Juré seguirte hasta donde me llevaras, aunque fuera el lugar más doloroso del mundo, sin hacer preguntas. Pero, llegado este momento en que parece que la muerte va a llegarnos en breve… necesito saber. —Sus ojos se clavaron en Rose, que volvió a utilizar ese semblante que la hacía parecer tan desprotegida y adorable.
—¿Quieres saber qué pasó, no? —preguntó ella y, sin esperar respuesta continuó—: Todo empezó hace diez años.
»Marvin era un chico especial. Me enamoré nada más verlo y, al empezar a intimar con él, no hizo más que acrecentar mis sentimientos. Poco a poco nuestro amor fue creciendo y unimos nuestros barcos para abordar juntos a posibles presas. Con el paso del tiempo nuestras víctimas eran cada vez más poderosas y nuestros botines más importantes, hasta que abordamos el «Quebrantador».
—Me acuerdo de ese barco —interrumpió Mike—. Por entonces era la joya de la corona. Se habló mucho del pirata Púrpura y la capitana Sangre. Todos los jóvenes querían ser como ellos.
—Sí —rió en voz alta—, qué gracia nos hacían esos motes, nos lo pasamos muy bien. Pero entonces la codicia le pudo. Se fugó con el botín tras asesinar a toda mi tripulación. Se las arregló para que sus hombres no bebieran esa noche y aprovechó la embriaguez de los míos para matarlos uno a uno sin apenas resistencia. A mí me dejó con vida porque… supongo que aún me amaba.
—¡Qué hijo de puta! Entiendo perfectamente tus ansias por verlo muerto. Pero, una vez lo logres, si lo logras, ¿qué harás? —Inquirió Mike.
—Vivir. Supongo que dejaré el negocio y me buscaré un buen marido. Nos compraremos una casa en el campo, lejos del mar y de todo lo que me recuerde a él. Intentaré ser mejor persona. ¿Y tú? ¿Qué piensas hacer? —preguntó con curiosidad Rose.
—Casarme contigo. —Una gran carcajada se escapó de su boca—. No, en serio, si conseguimos hacernos con un buen botín del capitán Crow iré a Puerto Cangrejo. Allí tengo mujer y dos hijos. Sé que quizás no se acuerden de mí, pero estoy dispuesto a ser el marido y el padre que no he sido durante estos años si ellos me aceptan.
—Bonito propósito, Mike. —Se acercó al contramaestre y le besó la mejilla—. Ojalá se cumpla tu deseo.

 De improviso, una inmensa red les cayó encima dejándolos inmovilizados. Con el fragor de la conversación no habían escuchado ningún ruido. Se maldijeron por su descuido y por las buenas intenciones que ya no se iban a cumplir. En un abrir y cerrar de ojos recibieron multitud de patadas y puñetazos, hasta que una voz se alzó por encima del resto ordenando que cesaran.

—Vaya, vaya, ¿a quién tenemos aquí? —preguntó, sarcásticamente— Pero si es la capitana Sangre y un enorme guardaespaldas. Querida, lo deberías despedir, no ha hecho bien su trabajo.
—¡Cabronazo! —escupió la pelirroja.
—Antaño me solías decir cosas más bonitas, querida. En fin, ¿qué os trae por aquí? —inquirió, desganado. Sin disimulo empezó a extraerse la suciedad de las uñas.
—Ya sabes a qué he venido, ¡traidor! ¿Acaso creías que no te iba a encontrar? —soltó Rose mientras luchaba por zafarse de la trampa.
—Han pasado casi diez años, querida. La verdad es que esperaba que dieras conmigo mucho antes. ¿Ves? No eres tan buena como te creías. Eso sí, debo admitirlo: has ganado en belleza. Y pensar que podríamos haber sido felices todo este tiempo… En fin, caballeros, no es forma de tratar a una señorita y a su tripulación. —Todos rieron enérgicamente—. Atadlos y llevarlos al campamento, esta noche celebraremos una gran fiesta.

  Rose y Mike permanecían atados, cada uno a un árbol y mirándose entre sí, mientras los hombres de Crow bebían y comían sin cesar. El contramaestre no paraba de susurrarle que la sacaría de esta, pero ni él mismo se lo creía. Sabía que había llegado su fin y que Puerto Cangrejo jamás volvería a verlo pasear por sus calles. El capitán se acercó acompañado de su segundo y empezó a acariciar el cabello de Rose.

—Sangre, qué bella eres. Cómo has podido caer en mi trampa. Siempre fuiste muy impulsiva, pero pensé que todavía te quedaba algo de conciencia dentro de esta cabecilla.
—¿Tu trampa? Hemos bajado la guardia un segundo. Has conseguido la victoria por un descuido —espetó Rose.
—¿Eso crees? No seas ingenua, querida, llevo planeando esto desde hace mucho tiempo. —Marvin se irguió orgulloso.
—¿Cómo? —dijo la chica, sin entender nada.
—Siempre has ido por donde yo he querido que fueras. Te he traído hasta aquí para demostrarte mi amor…
—¿Demostrarle tu amor? —se cachondeó Mike— Primero te cargas su tripulación y ahora quieres conquistarla. Menudo necio estás hecho.
—Así que el gigante tiene lengua —sonrió Crow— Pero veo que Sangre no te ha explicado la verdadera historia.
 
  En ese momento, un hombre cayó al suelo entre espasmos y espumarajos, al segundo siguiente otro hacia lo propio.

—Amigo, fue Sangre quien aniquiló a su tripulación —aseguró el capitán.
—Bastardo mentiroso… —empezó a decir Mike, pero al mirar a su capitana supo que Crow no mentía.
—Era su manera de demostrarme su amor. Estaba loca. —Los hombres iban cayendo al suelo uno a uno produciendo gran estrépito al derribar ollas y otros enseres a la vez que el Teniente de Crow miraba hacia todas partes en busca de una explicación—. Ella quería que yo hiciera lo propio con mis hombres, pero no lo hice. Huí tan rápido como pude de ella, pues creí que yo iba a ser el siguiente. Ya ves, es insaciable, siempre quiere más: primero un beso, después un revolcón, luego un trío, una orgía, un asesinato, una masacre… Y nunca la contradigas.
—Señor —cortó el Teniente—, los hombres…
—Cállate, Charles —gritó, fuera de sí, el capitán—. La razón de que te haya arrastrado hasta aquí, Sangre, es la de demostrarte mi amor. Yo estaba equivocado, entonces. Tú valías más que la basura de mi tripulación. Debí asesinarlos en aquel momento y no haber perdido diez años de mi vida alejado de ti. —A Rose se le inundaron los ojos de lágrimas ante la incredulidad de los subalternos—. Ya ves, un poco de veneno en el ron y todo se acabó. Este es mi regalo, amor mío.

  Prácticamente no quedaba nadie en pie. Marvin cortó la cuerda que ataba a Rose al árbol y la miró directamente a los ojos. Charles intentó sacar su pistola, pero el capitán ya lo había previsto y de un certero tajo seccionó la yugular del sorprendido camarada.

—Y, con esto, te entrego mi amor eterno. —Crow alargó el cuchillo hacia Rose, y esta lo aceptó de buen grado—. Demuéstrame que tú también me amas —dijo girándose hacia Mike.
—Capitana, detén esta locura —gritó el contramaestre—. Ha llegado la hora de tu venganza. De poder vivir feliz en el campo, alejada del mar.

  Rose se fue acercando poco a poco a Mike. Ya casi lo tenía al alcance de la hoja. «No, por favor —gritó, entre sollozos, el gigante». En ese instante se giró de improviso.

—Por ti, amor.

Y la sangre de Mike impregnó su cara.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Buenas autor. Veamos que nos presentas en este relato.

Aspecto técnico:

He visto varios errores. Uno de los más graves es un haber sin h.

Cita:Por un momento pensé que la mecha se abría apagado...

También hay que usar las comillas bien. Solo el pensamiento debe ir entrecomillado y el guion sobra.

Cita:«Qué típico —pensó Rose».
«Qué típico», pensó Rose.

Mayúsculas fuera de sitio y creo que deberías darle un pensamiento a la frase porque no queda bien.

Cita:Al parecer había tenido una disputa, Por las cinco cuchilladas que se apreciaban, y la había perdido.

Bueno hay algunos errores más, que realmente se pudieron evitar con una revisión más a fondo del relato.

Cita:—Era el mar menor
A no ser que fuese un juego de palabras, entonces ok.

Historia:

Siento decir que la historia no me ha entusiasmado. Hasta cierto punto me ha parecido "La isla de las cabezas cortadas", demasiado para mi gusto.  El final me ha gustado, ha sido sorprendente, y explica un poco las acciones de la protagonista, ya que hasta ese punto yo decia "¿Por qué prenderle fuego al barco?" De todas maneras tengo que apuntar que la locura no me suele gustar como explicación, me deja un sabor amargo. Aunque esté loca, siempre espero que saque algo de ello. Es decir, puedes tener a un asesino que segun tu punto de vista este loco, pero quizas su razon para matar es simplemente porque le excita hacerlo. Pero ya gana algo con ello. Aquí me ha faltado algún motivo para matar a la tripulación.
Después esta el tema de las conversaciones. Son todas demasiado artificiales o así me lo ha parecido a mí. Con demasiados puntos y seguido y frases cortas. Les falta fluidez. La conversación donde explica la traición de su antiguo amor me pareció especialmente carente de emoción cuando se supone que ahí la capitana debería estar diciendo esas palabras con rabia o tristeza o algo cuando en realidad es el otro el que parece más furioso por ello. Para ello simplemente podrías decir "las últimas palabras las dijo con un brillo demente en la mirada, casi escupiendolas" o algo por el estilo.
Por último, el tema de que al final la llamé Sangre, cuando has dicho claramente de que se reían de esos apodos. Debería llamarla por su nombre real, en mi opinión.

Creo que, al final, lo que ha faltado en el relato es repasarlo más y darle un giro a algunas de las frases, pero veo potencial en la pluma que ha escrito la historia. Sigue trabajando.

Suerte en el reto!
May the force be with you!
Responder
#3
Comparto mucho con Gaoth aunque los fallos para mí, como yo también ando muy justo en gramática no me chirrían tanto o por lo menos no me sacan tanto la lectura, supongo que es algo que no a todos les pasa. En general por eso me falto mucha fuerza de esta historia, del que no me disgustan las historias tipo locuras, pero si lo haces intenta ser original si no parece una película de Hollywood. Cierto que algún diálogo podría estar mejor acompañado, algún inciso, más énfasis en los sentimientos pero debo decirte que tampoco están tan mal, uno también tiene que tener imaginación y meterse en la historia. Sobre la nota que te pongo estarías entre el 5-6 pero por algún fallo de revisión, ronda más el 5. Un saludo y suerte en el reto.
Los Reinos Perdidos, mi libro, en fase de terminación; un sueño de un soñador Wink
https://joom.ag/Rx3W
Responder
#4
Thumbs Down 
Bueno, cuento a nivel técnico no le encuentro nada demasiado relevante, más que algún despiste.
En cuanto al argumento, sencillo, pero lamentablemente demasiado enrevesado en su forma de contarlo. Es muy confuso, demasiados datos sueltos, descripciones que por momentos son innecesarias. Desaprovecha la narración y a mí en particular no me logró enganchar. Cuando un relato me implica volver atrás a cada rato para entenderlo me predispone muy mal a la lectura.
Los personajes secundarios son planos, al punto de la incoherencia, y la protagonista es demasiado ambigua... de repente es la más cínica y fría, y luego habla de que se quiere casar y vivir en la pradera cual Heidi y le da un besito a Mike. Esos extremos en un personaje requieren de más trabajo sobre el mismo, y aquí, ya sea por extensión o por centrarse en otras cosas, no se refleja.
Demasiadas alusiones sexuales empalagan y aburren.
Otra cosa... el estereotipo de la mujer fuerte y sexual pelirroja ya está muy gastado.


Aquí va mi impresión minuto a minuto mientras lo iba leyendo:

—No es él —afirmó el contramaestre.
—Prendedle fuego al barco después de que los hombres lo saqueen —ordenó la capitana, con un deje de voz que denotaba alivio.
—Como siempre —siseó el enorme ayudante.
—Como siempre —repitió la hermosa mujer.

Si prender fuego un barco y un saqueo le genera alivio a esta mina, ni me quiero imaginar lo que se viene.

 No había sido un buen día. Tras horas de perseguir al navío equivocado, el teniente había muerto por culpa de una bala perdida durante el abordaje. Era un buen hombre, racional y paciente. Rose admiraba su talante y su contención cuando ella se enfurecía, cosa muy habitual, y su total control de la situación cuando las cosas no iban bien. Había sido como un padre para ella y, pese a la diferencia de edad, un gran amante; uno de aquellos hombres que no deberían morir jamás. Pero la había abandonado sin tan siquiera haber visto la venganza que había preparado durante tanto tiempo y que no sabía si algún día lograría realizar.

En resumen, Rose es una jodida, digamos…

—¿Cuales son las órdenes? —preguntó el contramaestre.
—Volveremos al puerto de Piedraverde y ajustaremos cuentas con esos embusteros. —La mirada perdida y la mente en aquella taberna donde hacía escasamente un mes les habían soplado que el barco del Capitán Crow había zarpado el día anterior con bandera británica.

WTF?!


—Los hombres quieren oro. No matarán a unos borrachos por nada…
—Los hombres harán lo que yo diga —gritó Rose, los rojos cabellos volando al ritmo del zarandeo de sus brazos, los ojos verdes tornándose grisáceos por momentos—. No aceptaré ninguna indisciplina. Aquel que no esté de acuerdo que pase por mi camarote.

Epa… que forma particular de disciplinar gente!

—No hará falta, Capitán, yo mismo los haré entrar en razón —aseveró el hombretón. Giró sobre sus pasos y salió de la habitación.

Bueh, primero te emperna el tipo, si con eso no te alcanza te agarra Rose!

 Habían pasado veintinueve días hasta llegar a puerto. Los piratas habían refunfuñado ante las órdenes de la capitana de no atacar un par de barcos que se cruzaron en su camino, aunque no hubo ningún motín: el contramaestre había partido en dos al primer hombre que intentó alentar al resto.

y dale con la banda de violadores estos!!!


 La taberna parecía el epicentro de la isla, había más tránsito que en el mercado o en los muelles. Rose intentaba avistar a los borrachos que la habían engañado, pero no hubo suerte. En la otra punta reconoció al camarero que los había servido aquel día y se dispuso a acercarse para hablar con él. Durante el trayecto, uno de los clientes la agarró por la muñeca  y tiró de ella mientras con la otra mano le tocaba el culo. En un abrir y cerrar de ojos la mano mutilada saltó por los aires a la vez que las risas y la jarana daban paso al silencio, solo roto por los desgarradores gritos del manco.

Claro... la mina abusa a todos, pero guarda... que nadie le toque el culo!!! Andáaaa!


—¡Puta! ¡Puta! —La sangre no dejaba de brotar por la muñeca, haciendo inútil la compresión con la otra mano. Rose dejó de mirarlo y continuó hacia su objetivo. El contramaestre apuñaló el rostro del herido sin que nadie hiciera nada por evitarlo.

 El camarero trastabilló cuando se percató que el grupo de salvajes se dirigía a él. Miró a uno y otro lado buscando ayuda, con el pensamiento de que él sería el siguiente en morir.

—¿Te acuerdas de mí? —preguntó la capitana mientras se frotaba los pantalones con la intención de disolver la sangre salpicada.
—Nooo… señorita —consiguió decir entre balbuceos.
—Mike —dijo Rose dirigiéndose a su segundo—, ¿tú te acordarías de mí se me hubieses visto hace un mes?
 El contramaestre se la miró de arriba abajo un par de veces, deteniéndose en las protuberancias de su pecho y en la cara.
—Y si no me acordara, tendría que ser un eunuco, un ciego o un tonto —afirmó.
—¿Eres alguna de esas tres cosas, cariño? —inquirió a la vez que besaba al sorprendido camarero y aposentaba la mano en su entrepierna— Ah, veo que eunuco y ciego no eres. Entonces eres tonto —afirmó, separándose de él—. Y, a mí los tontos no me gustan. Siempre acaban dándote problemas. Lo mejor es enseñarles para que sirven las navajas. —Rose sacó una de un gran tamaño y empezó a abrir la hoja.
—Me acuerdo, me acuerdo de usted —gimió el muchacho.
 La capitana empezó a acariciar la mejilla del chico por el canto romo de la hoja.
—Entonces te acordarás de los dos hombres que charlaban conmigo aquel día.


Pensé que era mi mente calenturienta, pero las alusiones sexuales son de verdad en este cuento. Chanchito el autor... ya veremos de quién se trata...


El camarero miró alrededor suyo y observó que toda la taberna estaba expectante. Nadie se movía. Parecía mentira que un centenar de hombres no tuviesen el suficiente valor de enfrentarse a una mujer y un gigante por mucho músculo que tuviera. El silencio hizo impacientar a Rose que giró la navaja y rajó la mejilla del infortunado chico que, rápidamente, se llevó las manos a la cara dejando caer con estrépito las jarras que sujetaba.

—Lo próximo que salga volando hoy en la taberna será tu oreja —escupió con rabia la pelirroja.
—¡Para, por favor! —lloró el muchacho, hecho un ovillo. Su cuerpo temblaba sin control y espumarajos de la boca saltaban a la vez que hablaba— Aquellos hombres son…
—¡Cállate, Marc! —se oyó una voz entre los parroquianos— ¡Vamos, ellos son solo dos! Acabaremos con esta mugre en un momento —expuso un hombre alto de bigote ridículo. Sus palabras tuvieron efecto; cinco matones más se alzaron sable en mano.

 El contramaestre sonrió, la capitana sonrió, el grupo de hombres que se había levantado no sonrieron. En ese leve momento perdieron la iniciativa a la vez que la vida, entre los asistentes se encontraban miembros de la tripulación de Rose. Fue rápido, uno a uno los sublevados fueron cayendo y no hubo ningún valiente más que diera su vida por dos nombres.

—Está bien, Marc, última oportunidad de conservar esa orejilla —sonrió la mujer. Acarició el cabello  del chico deteniéndose en su próximo objetivo.
—Son los hermanos Bird. Miembros de la tripulación del Capitán Crow —logró decir, tartamudeando.
—Y dónde los puedo encontrar, Marc.

 El camarero le explicó que Crow había partido hacía una semana con dirección a la isla de Tay. Por lo visto, el capitán había hallado un antiguo mapa donde se describía la posición exacta de un gran tesoro. «Qué típico —pensó Rose». Al preguntarle por la hostilidad en la taberna, Marc explicó que los hermanos Bird eran nativos de Piedraverde al igual que la mayoría de la tripulación de Crow.

 El barco zarpó dirección Tay sin mayores complicaciones. Durante la travesía, y para evitar males mayores, Rose permitió el abordaje de un pequeño barco de mercancías. La defensa fue escasa y el botín dejó a la tripulación contenta por unos días. La captura de varias mujeres fue lo que creó mayores disputas entre los piratas: todo se resolvió con un par de muertes y unos acuerdos de posesión por turnos. No era algo que a la capitana le agradara, pero tomaba ese castigo como la debilidad de esas chicas ante el mundo. Ella, en su lugar hubiese luchado y, en todo caso, se hubiera suicidado.

Y dale con las violaciones!!!

 A los cuatro días divisaron la isla de Tay, no había tiempo que perder pues Crow les llevaba una semana de ventaja, aunque su barco seguía anclado en la costa. Rose ordenó lanzar el ancla a escasas millas de la orilla.

—Esta aventura la voy a vivir sola —informó a la tripulación tras congregarlos en cubierta—. Es más, no creo que vuelva. Hoy dejo de ser vuestra capitana y sois libres de ir donde queráis.

 Los hombres se miraron unos a otros sin comprender el porqué de esa decisión. La capitana los había alistado poco después de que Crow aniquilara a la antigua tripulación. Desde entonces habían surcado los mares juntos para que Rose pudiera vengarse de él.

—Serías una necia, Capitán, si creyeras que te iba a dejar ir sola —habló Mike, dando un paso hacia adelante—. No he vivido estos años a tu lado para que ahora te largues sin más. Mis ojos quieren ver cómo acabas con ese mequetrefe.
—Gracias, contramaestre, entonces será mejor que me ayudes con ese bote. No quiero perder más tiempo en afrontar mi destino —sonrió Rose.
—¿Quién será ahora el capitán? —preguntó uno de los oficiales.
—Echarlo a suertes o retaos unos a otros —ladró la capitana—. Aunque si no habéis tenido huevos para imitar a Mike, no creo que los tengáis para gobernar este barco.

   Varios hombres ayudaron a bajar el bote hasta el agua y, solo cuando Mike se disponía a coger los remos, se percataron de que había una tercera persona con ellos.

—Pero, ¡qué diablos! —exclamó el gigante— ¿Qué haces tú aquí?
—Desde luego no es por ti —respondió el joven mientras guiñaba un ojo a Rose—. ¿Creías que te iba a abandonar?

 La capitana reconoció al chico que le calentaba la cama por las noches desde que el Teniente perdiera la vida. No supo si reír o echarlo por la borda. «El muy gilipollas se ha enamorado —pensó». Finalmente decidió que no le vendría mal un par de manos  y de ojos más. Con la ayuda del muchacho no tardaron en llegar a la orilla, siempre tratando de remar hacia la pequeña cala que quedaba escondida a la posible vista de los vigías del barco de Crow.

Hay alguien a quien no se garchen en este cuento?!


—Si me lo permites, Capitán, no entiendo por qué tantas precauciones. Si hay alguien en el barco, hace tiempo que habrán divisado el nuestro —señaló Mike.
—Pero no podemos ponerles las cosas tan fáciles, ¿no crees? —sonrió, todo encanto.

 Una gran explosión se escuchó y al girarse en dirección al mar vieron su barco en llamas y partido por la mitad. Quien hubiese sobrevivido a la deflagración no tardaría en morir ahogado.

—¡Por todos los dioses! —gritó el muchacho— ¿Qué coño ha pasado?
—Es imposible que un cañonazo haya hecho eso —aseguró Mike, impresionado por lo que acababa de suceder.
—La fortuna nos ha sonreído a los tres —afirmó la pelirroja—. Por un momento pensé que la mecha se abría apagado y no habría llegado a la santabárbara, por fortuna estaba equivocada. Por fortuna para ti, Mike, decidiste seguir con tu capitana. Eres un buen hombre. Y, por fortuna para Lev, se enamoró de la persona que prendió fuego a esa mecha. Sin toda esa fortuna, o bien no estaríais vivos o bien los cabronazos de mi tripulación se hubiesen ido de rositas. Nadie abandona a su capitán —sentenció Rose.

Egocéntrica a más no poder la colorada...

 Mike y Lev estaban petrificados por la revelación. Tras minutos sin decir nada y de seguir contemplando cómo se hundía el barco el contramaestre reaccionó.

—¿Por qué tardó tanto la mecha en llegar a su objetivo, capitán? —preguntó, todavía en shock.
—Un retardante. Es uno de los trucos que me enseñó mi querido enemigo Crow.
—Si no sabían que estábamos aquí, ahora sí lo sabrán —aseguró Lev.
—Lo más probable es que piensen que estamos todos muertos. Los accidentes en los barcos ocurren —dijo Rose con una leve sonrisa de satisfacción—. Por cierto, Lev, ¿no te ha excitado el espectáculo? Porque a mí sí. Mike, vigila los alrededores, el chico y yo tenemos que intercambiar… cosas.

Ya está, definitivamente esto es xvideos en versión foro de fantasía...

Después de cerciorarse de que en el barco de Crow no había nadie, salvo un asustado chico que no dio ningún problema, partieron dirección al interior de la isla. En seguida llegaron a la vegetación que se fue haciendo cada vez más espesa. Por suerte, la tripulación de Crow había dejado un rastro de tal magnitud que una manada de elefantes sería incapaz de igualar. Pararon varias veces a descansar y a explorar los alrededores por si había trampas o alguna cosa interesante que llevarse a la boca.

A esta altura ya no puedo leer nada con inocencia!

La temperatura era alta, pero al cubierto de aquella selva se llevaba bien, aunque lo más molesto eran los mosquitos sedientos de sangre que no paraban de picar. Todo parecía muy monótono hasta que dieron con el cadáver de uno de los piratas del capitán. Al parecer había tenido una disputa, Por las cinco cuchilladas que se apreciaban, y la había perdido. Ni siquiera le habían dejado las botas. Rose le propinó una patada en la cabeza y continuó caminando como si nada.

 Había oscurecido y debían de parar. Lograron subir a un árbol y se aposentaron lo mejor que pudieron entre sus ramas esperando que ninguna serpiente le diera por escoger precisamente ese lugar para cazar. A primera hora de la mañana continuaron el camino aun sin mucha luz. De repente, los arbustos a cien pasos de ellos se empezaron a mover. Los tres, machete en mano, se detuvieron. El contramaestre hizo ademán de sacar la pistola, pero Rose le detuvo; no quería armar mucho jaleo ahora que estaban cerca de su objetivo. El animal salió de entre la espesura y se detuvo a unos pocos pasos. Se trataba de una inmensa pantera que no se iba a asustar fácilmente. El animal parecía que llevaba varios días sin comer y no iba a permitir que se le escapara tan preciado botín. La capitana levantó el machete a la altura de la cabeza y lo descargó con fuerza en perpendicular y hacia abajo. Un grito fue el preámbulo de la caída al suelo de Lev, la rodilla destrozada y la sangre saliendo a borbotones. Rose empujó al paralizado contramaestre hacia la espesura. Los gritos del chico pronto se apagaron.

—Una lástima, follaba como los ángeles —comentó la mujer—, pero podría haber sido un poquito más silencioso y morir como un hombre. ¿Estás bien, Mike?
—Claro, capitana —respondió el hombretón, asustado por la reacción de la capitana—. Supongo que la fortuna nos ha vuelto a sonreír.
—Era el mar menor, Mike. Nunca me podré vengar si llego muerta a mi objetivo.

A Mike en cualquier momento le boletean también, debería reventarle la cabeza a la colorada ahora mismo, pero me parece que es demasiado tarado para darse cuenta que tiene los minutos contados.

Descansaron en un pequeño llano, un oasis entre tanto árbol. El contramaestre se acercó a Rose para decirle algo, ella parecía distraída. La observó y se preguntó cómo una mujer tan bella, que podría tener todo lo que quisiera en la vida, había acabado siendo capitana de un barco pirata con la única ambición de vengarse de alguien. Cómo era posible que esa mujer fuera tan adorable y despiadada a la vez.

—Capitán, hace tiempo que las dudas me corroen acerca de ti —consiguió por fin arrancarse. Parecía mentira que un hombre tan grande sintiera pánico de ella. Aunque los últimos acontecimientos parecían razón suficiente para temerla—. Juré seguirte hasta donde me llevaras, aunque fuera el lugar más doloroso del mundo, sin hacer preguntas. Pero, llegado este momento en que parece que la muerte va a llegarnos en breve… necesito saber. —Sus ojos se clavaron en Rose, que volvió a utilizar ese semblante que la hacía parecer tan desprotegida y adorable.
—¿Quieres saber qué pasó, no? —preguntó ella y, sin esperar respuesta continuó—: Todo empezó hace diez años.
»Marvin era un chico especial. Me enamoré nada más verlo y, al empezar a intimar con él, no hizo más que acrecentar mis sentimientos. Poco a poco nuestro amor fue creciendo y unimos nuestros barcos para abordar juntos a posibles presas. Con el paso del tiempo nuestras víctimas eran cada vez más poderosas y nuestros botines más importantes, hasta que abordamos el «Quebrantador».
—Me acuerdo de ese barco —interrumpió Mike—. Por entonces era la joya de la corona. Se habló mucho del pirata Púrpura y la capitana Sangre. Todos los jóvenes querían ser como ellos.
—Sí —rió en voz alta—, qué gracia nos hacían esos motes, nos lo pasamos muy bien. Pero entonces la codicia le pudo. Se fugó con el botín tras asesinar a toda mi tripulación. Se las arregló para que sus hombres no bebieran esa noche y aprovechó la embriaguez de los míos para matarlos uno a uno sin apenas resistencia. A mí me dejó con vida porque… supongo que aún me amaba.
—¡Qué hijo de puta! Entiendo perfectamente tus ansias por verlo muerto. Pero, una vez lo logres, si lo logras, ¿qué harás? —Inquirió Mike.
—Vivir. Supongo que dejaré el negocio y me buscaré un buen marido. Nos compraremos una casa en el campo, lejos del mar y de todo lo que me recuerde a él. Intentaré ser mejor persona. ¿Y tú? ¿Qué piensas hacer? —preguntó con curiosidad Rose.
—Casarme contigo. —Una gran carcajada se escapó de su boca—. No, en serio, si conseguimos hacernos con un buen botín del capitán Crow iré a Puerto Cangrejo. Allí tengo mujer y dos hijos. Sé que quizás no se acuerden de mí, pero estoy dispuesto a ser el marido y el padre que no he sido durante estos años si ellos me aceptan.
—Bonito propósito, Mike. —Se acercó al contramaestre y le besó la mejilla—. Ojalá se cumpla tu deseo.

De improviso, una inmensa red les cayó encima dejándolos inmovilizados. Con el fragor de la conversación no habían escuchado ningún ruido. Se maldijeron por su descuido y por las buenas intenciones que ya no se iban a cumplir. En un abrir y cerrar de ojos recibieron multitud de patadas y puñetazos, hasta que una voz se alzó por encima del resto ordenando que cesaran.

—Vaya, vaya, ¿a quién tenemos aquí? —preguntó, sarcásticamente— Pero si es la capitana Sangre y un enorme guardaespaldas. Querida, lo deberías despedir, no ha hecho bien su trabajo.
—¡Cabronazo! —escupió la pelirroja.
—Antaño me solías decir cosas más bonitas, querida. En fin, ¿qué os trae por aquí? —inquirió, desganado. Sin disimulo empezó a extraerse la suciedad de las uñas.
—Ya sabes a qué he venido, ¡traidor! ¿Acaso creías que no te iba a encontrar? —soltó Rose mientras luchaba por zafarse de la trampa.
—Han pasado casi diez años, querida. La verdad es que esperaba que dieras conmigo mucho antes. ¿Ves? No eres tan buena como te creías. Eso sí, debo admitirlo: has ganado en belleza. Y pensar que podríamos haber sido felices todo este tiempo… En fin, caballeros, no es forma de tratar a una señorita y a su tripulación. —Todos rieron enérgicamente—. Atadlos y llevarlos al campamento, esta noche celebraremos una gran fiesta.

Otro violín más... parece que está de moda.

 Rose y Mike permanecían atados, cada uno a un árbol y mirándose entre sí, mientras los hombres de Crow bebían y comían sin cesar. El contramaestre no paraba de susurrarle que la sacaría de esta, pero ni él mismo se lo creía. Sabía que había llegado su fin y que Puerto Cangrejo jamás volvería a verlo pasear por sus calles. El capitán se acercó acompañado de su segundo y empezó a acariciar el cabello de Rose.

—Sangre, qué bella eres. Cómo has podido caer en mi trampa. Siempre fuiste muy impulsiva, pero pensé que todavía te quedaba algo de conciencia dentro de esta cabecilla.
—¿Tu trampa? Hemos bajado la guardia un segundo. Has conseguido la victoria por un descuido —espetó Rose.
—¿Eso crees? No seas ingenua, querida, llevo planeando esto desde hace mucho tiempo. —Marvin se irguió orgulloso.
—¿Cómo? —dijo la chica, sin entender nada.
—Siempre has ido por donde yo he querido que fueras. Te he traído hasta aquí para demostrarte mi amor…
—¿Demostrarle tu amor? —se cachondeó Mike— Primero te cargas su tripulación y ahora quieres conquistarla. Menudo necio estás hecho.
—Así que el gigante tiene lengua —sonrió Crow— Pero veo que Sangre no te ha explicado la verdadera historia.

 En ese momento, un hombre cayó al suelo entre espasmos y espumarajos, al segundo siguiente otro hacia lo propio.

—Amigo, fue Sangre quien aniquiló a su tripulación —aseguró el capitán.
—Bastardo mentiroso… —empezó a decir Mike, pero al mirar a su capitana supo que Crow no mentía.
—Era su manera de demostrarme su amor. Estaba loca. —Los hombres iban cayendo al suelo uno a uno produciendo gran estrépito al derribar ollas y otros enseres a la vez que el Teniente de Crow miraba hacia todas partes en busca de una explicación—. Ella quería que yo hiciera lo propio con mis hombres, pero no lo hice. Huí tan rápido como pude de ella, pues creí que yo iba a ser el siguiente. Ya ves, es insaciable, siempre quiere más: primero un beso, después un revolcón, luego un trío, una orgía, un asesinato, una masacre… Y nunca la contradigas.
—Señor —cortó el Teniente—, los hombres…
—Cállate, Charles —gritó, fuera de sí, el capitán—. La razón de que te haya arrastrado hasta aquí, Sangre, es la de demostrarte mi amor. Yo estaba equivocado, entonces. Tú valías más que la basura de mi tripulación. Debí asesinarlos en aquel momento y no haber perdido diez años de mi vida alejado de ti. —A Rose se le inundaron los ojos de lágrimas ante la incredulidad de los subalternos—. Ya ves, un poco de veneno en el ron y todo se acabó. Este es mi regalo, amor mío.

 Prácticamente no quedaba nadie en pie. Marvin cortó la cuerda que ataba a Rose al árbol y la miró directamente a los ojos. Charles intentó sacar su pistola, pero el capitán ya lo había previsto y de un certero tajo seccionó la yugular del sorprendido camarada.

—Y, con esto, te entrego mi amor eterno. —Crow alargó el cuchillo hacia Rose, y esta lo aceptó de buen grado—. Demuéstrame que tú también me amas —dijo girándose hacia Mike.
—Capitana, detén esta locura —gritó el contramaestre—. Ha llegado la hora de tu venganza. De poder vivir feliz en el campo, alejada del mar.

 Rose se fue acercando poco a poco a Mike. Ya casi lo tenía al alcance de la hoja. «No, por favor —gritó, entre sollozos, el gigante». En ese instante se giró de improviso.

—Por ti, amor.

Y la sangre de Mike impregnó su cara.

Y sí, era de esperarse, un cuento tan sexual y cruel tenía que terminar con un buen cumshot, bah... bloodshot en este caso...
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#5
La acción transcurre con fluidez, y el tema... ¡el tema tiene un potencial impresionante! A falta todavía de unos cuantos relatos por leer, es mi favorito en ese aspecto. A mí es que los personajes "desmedidos" me encantan, y en lo que a este relato respecta, me parece que ganan una frescura envidiable. Heart
Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
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#6
Pues la verdad es que al empezar el relato me dije: "uy que buena pinta tiene esto"... tiene un inicio muy poderoso, con ese "como siempre"... aunque luego el relato va cayendo en cuanto a calidad refiere, terminando, a mi entender, siendo un lio tremendo.
Vayamos por puntos:
- Como dije el relato empiezo muy bien, con una prosa algo trastabillada pero amena. Luego en cambio la prosa pierde algo de calidad, aunque en ingùn momento deja de ser amena y fluida. Hay algùn que otro "dequeismo" asì como algùn pàrrafo lleno de repeticiones, como por ejemplo este:

“La fortuna nos ha sonreído a los tres —afirmó la pelirroja—. Por un momento pensé que la mecha se abría apagado y no habría llegado a la santabárbara, por fortuna estaba equivocada. Por fortuna para ti, Mike, decidiste seguir con tu capitana. Eres un buen hombre. Y, por fortuna para Lev, se enamoró de la persona que prendió fuego a esa mecha. Sin toda esa fortuna, o bien no estaríais vivos o bien los cabronazos de mi tripulación se hubiesen ido de rositas. Nadie abandona a su capitán —sentenció Rose.” 

El principal problema del relato, a mi modo de enteder, es que tiene demasiada paja. EL devenir de los sucesos es lineal, intentando el narrador en todo momento narrar los sucesos sin dejar espacios y esto es màs un error que un acierto. Al querer narrar todo de pasada por momento el relato parece un resumen. Es mejor cortar por lo sano, concentrarse en dos o tres escenas y enriquecerlas. Intentar quitar todas las hojas que no tengan una incidencia sobre el relato y que solo hacen que entorpecer... como por ejemplo ese joven marinero enamorado de la pirata, que no pinta nada en la trama.

La historia tiene su cosa, aunque como ya te han dicho lo de la mujer pirata, pelirroja y hermosa es una historia muy mañida. 

En fin un relato al que una revisiòn de màs no hubiese sentado mal y sobre el cual el narrador deberìa haberse centrado màs en las escenas importantes y eliminar las escenas intermedias que no añaden nada a la prosa.

Puntos positivos:

- La escena de la taberna. Muy conseguida.
- El barco en llamas. Es ingenioso.

Puntos negativos:

- Suceden demasiadas cosas.
- Algùn que otro tòpico mañido.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#7
Pues que decir tiene que el relato me ha gustado. Creo que has conseguido hilvanar una buena historia a partir de un tema tan utilizado como es el de los piratas. A mí Rose/sangre me ha encantado, creo que has conseguido representar la ambigüedad, esquizofrenia,.. de una manera extraordinaria. Por cierto, no estoy de acuerdo con lo del estereorotipo del personaje pelirrojo, bello, etc... he visto y leído mucho sobre piratas y morenas, rubias y castañas aparecen por doquier. Me gustó mucho el final por lo sorpresivo, estaba esperando la venganza y... no la hay, todo lo contrario: eso yo lo puntúo muy bien. El contramaestre, un personaje entrañable aunque quizás debiste ahondar un poco más en él.

A nivel técnico, nada que añadir a lo dicho. En general un buen trabajo con pequeños descuidos.

Y como cosa negativa diré que la narración va perdiendo pausa, sosiego a medida que avanza. Deberías tomártelo con más calma porque está muy acelerado.

Un saludo y buen trabajo!
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#8
Un relato complejo para comentar. AL empezar a leerlo me entusiasmé, una historia de piratas, de venganza, con un personaje fuerte y despiadado....pero con el avance de la trama me fui desilusionando, y con con la historia en sí, sino con la forma de relatarla, muy liviana, abusando de alusiones a la crueldad de la protagonista, con lo que en lugar de darle fuerza le quitaba credibilidad y consistencia. De hecho, me pareció mejor el personaje del contramaestre. Así y todo seguí esperando encontrar en el final el cierre justo a la historia, y allí terminé por decepcionarme del todo, ya que el giró con el cual buscaste la sorpresa, a mí me pareció absurdo y poco apropiado a como venías planteando la trama. Sé que se trata de una cuestión de gustos, pero la historia así planteada no me gustó
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#9
En algún momento me ha recordado a "La isla de las cabezas cortadas" (como ya han mencionado por ahí arriba), y en otros a "Monkey Island" xDD Pero bueno, el caso es que este relato es el que es y procuraré centrarme en él, sin compararlo a nada externo.

Me ha gustado mucho el personajes de Rose. Es una mujer muy atractiva. Tal y como se menciona en el relato, "era increíble que una centena de hombres no pudieran hacerle frente a una mujer", y es que realmente tengo una debilidad enorme por este tipo de personajes: féminas que se les da increíblemente bien dar guerra. Y oh sí, ya lo creo que Rose la ha dado hasta el punto final del relato, aunque fuese todo debido a una locura bastante importante.

El relato bastante bien narrado y sin grandes fallos técnicos, en ese sentido bien.

Saludos y suerte en el reto!
No dudes en visitar mi Wattpad para conocer un poco más sobre mis trabajos:
@Araglion
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#10
Otra de piratas, aunque nada que ver con la anterior. Bien, bien, cuánta variedad en este reto libre Big Grin

¡Pues a mí me ha encantado tu relato, anónim@ autor/a! Me ha gustado mucho el personaje de Rose, de hecho al principio pensaba: joder, se le muere el teniente y simplemente piensa que "no fue un buen día". Fui entendiendo "incoherencias" como esta en el transcurso de la historia, a medida que íbamos sabiendo más de la demoníaca protagonista, lo cual me hizo disfrutarla bastante. También me gustó cómo trataste los personajes, concretamente al trío de protagonistas que quedaron al final:Rose, Mike y "Púrpura" Big Grin

Me voy a permitir ser un poco tiquismiquis, porque en cuanto a aspectos negativos sólo he notado un par de cosas muy concretas que cambiaría para considerarlo un relato de 10 (a parte de las repeticiones que ya te han señalado arriba):

(20/05/2016 12:11 PM)Joker escribió: La capitana reconoció al chico que le calentaba la cama por las noches desde que el Teniente perdiera la vida.

Quizás reconoció no es el verbo más afortunado.

(20/05/2016 12:11 PM)Joker escribió: Por cierto, Lev, ¿no te ha excitado el espectáculo? Porque a mí sí. Mike, vigila los alrededores, el chico y yo tenemos que intercambiar… cosas.

A pesar de que en líneas generales no he tenido esa sensación de que hay "mucha paja" sólo para lucir a la protagonista, sí tuve ese pensamiento en esta única ocasión. Quizás por las palabras que pusiste en boca de Rose, quizás porque veníamos de un momento fuerte de la historia (la explosión del barco) y me dio la sensación de que "sobraba"... No sé, tampoco es que esté mal traído, tan sólo me pareció que las palabras de Rose sonaron ahí un poco forzadas. Quizás eliminaría lo que te he puesto en rojo, dado que tanto para Mike como para el lector queda bastante claro que van a "intercambiar cosas" sin necesidad de que la propia Rose haga el chiste fácil.

(20/05/2016 12:11 PM)Joker escribió: —Bastardo mentiroso… —empezó a decir Mike, pero al mirar a su capitana supo que Crow no mentía.

¡No, no, no! Todavía no nos lo hagas saber, déjalo todo para ese momento final en que Rose apuñala a Mike, o si acaso, déjanos entrever cierta duda, pero no desveles el pastel de esa manera Tongue (impresión subjetiva 100%, obviamente).

Y... hasta aquí mi revisión. Me ha gustado mucho el relato y ha conseguido colocarse entre mis favoritos, ¡enhorabuena y gracias por escribir algo tan ameno! Ojalá me vuelva a llevar alguna sorpresa similar con los que me quedan ^ ^
Ob-la-di Ob-la-da
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