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[Fantasía de aventuras] El Ciclo de Shaedra
#1
¡Hola a todos!

Aquí os dejo el prólogo del primer tomo de la saga El Ciclo de Shaedra. La saga ya está acabada y tiene 10 tomos (y cuenta con casi un millón de palabras en total!).

La historia cuenta las peripecias y la vida de Shaedra, una joven ternian (raza humanoide inventada), en una zona del mundo de Háreka llamada la Tierra Baya.

[Imagen: mundo_de_hareka-es-mini.jpg]

Preámbulo

Querido lector, vas a entrar en el mundo de Háreka, un mundo en el que existen distintas razas humanoides llamadas saijits, como los orcos, los tiyanos, los ternians, los elfos oscuros, los caitos, y unos cuantos más. No te espanten tantos nombres; sígueme, quiero enseñarte la Tierra Baya. Sus montes y sus colinas, sus ciudades y sus habitantes… ¡Ah! ¿ves aquella pequeña niña que está cazando en la cordillera de las Hordas? Es una ternian. Tiene garras en las manos y en los pies, escamas en las orejas y las cejas, su cabello es tan negro como la noche y sus pupilas verdes te recuerdan, quizá, a los ojos de los dragones…

Prólogo

En el mundo hay tres clases de personas”, solía decir el Viejo.

Shaedra no despegaba los ojos del pez que se deslizaba en los bajos fondos, acercándose a la barrera de barro. Tenía el pelo hundido, y los mechones se le pegaban al cuello como anfibios viscosos y largos.

Están los que roban.

Todo estaba silencioso. Shaedra se mantuvo lista e inmóvil, escondida por el juncal que la cercaba.

Están los que se dejan robar.

Alcanzó el pez la barrera y se le descubrió la piel llena de escamas. Moviéndose ahora como una serpiente, intentaba alcanzar el otro lado, donde había mucha más agua.  

Y están los que saben vivir independientes y libres.

Shaedra tomó impulso y apuntó con su pequeña lanza, que fue a clavarse en el animal que coleteaba furiosamente. ¡Qué gordo era! Levantó la lanza empleando todas sus fuerzas y lo apartó del agua. Esperó a que hubiera dejado de moverse y miró el cielo. El sol ya estaba cayendo detrás de los montes.

No se atrasó y regresó tan pronto como hubo guardado el pez en la cesta y se hubo puesto a la espalda el cuévano lleno de plantas comestibles.

Utilizando la lanza para apartar juncos y apoyarse en el terreno enlodazado, acabó por salir de la ciénaga y encontrarse en el monte.  Por el camino, fue recogiendo alguna que otra planta y así salió luego del bosque. En ese preciso momento, tomó una inspiración, se atragantó y se puso a toser.

Miró el valle lejano con cara horrorizada. El viento traía un humo compacto y abrasador que le llenaba los pulmones de cenizas. La pradera verde se iba cubriendo de unas humaredas negras. Y allá, abajo, en el pueblo, todo había sido arrasado. Los Ayanos, pensó titubeante, mientras se ponía a correr desaladamente cuesta abajo, con las mejillas anegadas por las lágrimas.

Sus pies descalzos y callosos rozaban la hierba, evitando rocas, aplastando flores, y cada vez que miraba los muros sin techo, la carreta de don Niago aún echando llamaradas altas bajo una nube de humo negro… la invadía una suerte de desazón y tristeza que jamás había sentido antes.

¿Habría sobrevivido alguien? Corría, corría y corría, hasta que bien hubiera podido despeñarse. ¿Habría sobrevivido el Viejo? Llegada al puente, se paró en seco, sintiendo que le iba a explotar el corazón en el pecho de lo rápido que latía. Oyó un ruido estruendoso y creyó que iba a desfallecer, pensando que los Ayanos aún seguían ahí, antes de darse cuenta de que era un techo que se había derrumbado.

Se arrimó a la balaustrada del puente, sintiéndose aturdida, y fue luego avanzando despacio por el pueblo desierto, carbonizado.

—¡Laygra! —chilló—. ¡Murri!

Repitió los nombres varias veces, pero nadie le contestó. Atravesando el pueblo, fue pasando delante de las puertas y pronunciando los nombres de los que habían vivido detrás de ellas. Sólo le respondía un horrible silencio.

Entonces divisó la casa del Viejo y vio que el techo aún no se había caído. La puerta estaba abierta. El Viejo jamás dejaba la puerta abierta, hasta en primavera.

—¡Don Wigas! —gritó, tirando el cuévano y la cesta con los peces.

Dio un paso hacia delante.

—¡Quieta! —dijo una voz a sus espaldas.

Se quedó petrificada. Los Ayanos, articuló para sí. ¿No decía el Viejo que no dejaban nunca supervivientes? Habían vuelto porque sabían que aún estaba ella… Apretó la pequeña lanza. ¡Se defendería!

Se giró bruscamente, cogiendo su arma con las dos manos y embistió, gritando. Una figura se echó a un lado, cogió la lanza y se la quitó de las manos sin aparente dificultad. Le entró rabia y desesperación.

Se oyó un ruido de techo desmoronándose. ¡La casa de don Wigas el Viejo!  La desesperación le nubló la vista.

Pensó entonces huir, pero otro hombre, muy grande y moreno, le cogió los brazos y aunque se agitó intentando dar puñetazos, patadas y mordiscos, mantuvo el brazo firme y finalmente Shaedra rompió a llorar.

—Está incontrolable —se quejó el hombre moreno, resoplando.

—Tranquila, no somos los que hemos atacado este pueblo —soltó el hombre de pelo negro, el primero que le había hablado.

Shaedra parpadeó, tratando de ver algo entre las lágrimas.

—¿No sois los Ayanos?

—¿Los Ayanos? —repitió sorprendido.

Entonces intervino con tosca voz una mujer pelirroja que había estado absorta en la contemplación de un trozo de cuerda y que ahora parecía dispuesta a hablar.

—Los Ayanos no existen, querida. Pero desgraciadamente hay cosas todavía peores que los Ayanos y que existen. —Levantó el trozo de cuerda—. Por ejemplo, los nadros rojos.

¿Nadros rojos? Shaedra jamás había oído hablar de ellos. Pero ¿qué sabía ella aparte de lo que había aprendido en los cuentos del Viejo y de las mujeres del pueblo?

—¿Dónde están Laygra y Murri? —preguntó con súbita rabia—. ¿Dónde están los demás?

La pelirroja miró a sus compañeros con evidente exasperación.

—¿Qué pretendéis hacer con ella? —preguntó articulando cada sílaba.

—¿Y qué harías tú, si se puede saber? —replicó el moreno—. No vamos a dejarla aquí. Moriría.

—No podemos cargar con ella —siseó ella—. Esto es demasiado importante como para dar media vuelta y llevarla a un lugar seguro.

—Cierto —dijo el moreno que no soltaba a su presa— pero, dime, Djaira, ahora que se nos han ido los demás, ¿qué piensas hacer contra una tropa entera de nadros rojos?

Se fulminaron con la mirada. No parecían llevarse muy bien.

—Sé lo que hago —respondió ella, implacable— y sé dónde puedo encontrar ayuda.

—Pues llevémosla hasta ahí —propuso el de pelo negro.

Djaira lo miró, luego miró a Shaedra y se encogió de hombros.

—Como queráis. Pero os advierto que si seguís intentando salvar a todas las almas de este mundo, muchachos, vais a perder las vuestras en menos tiempo que se dice la palabra vida.

Shaedra oía sin escuchar. Cuando la soltó el del pelo moreno, titubeó y miró a su alrededor y su mirada se detuvo en un objeto brillante perdido entre el barro. Recordó que el Viejo había dicho que los Ayanos siempre se llevaban todo lo que brillaba. ¿Por qué lo habrían dejado? Mientras los demás estaban examinando la zona y hablando, se aproximó al objeto y se agachó junto a él, tendiendo la mano. Parecía una pequeña luna atrapada en el barro. Estiró y salieron dos hilos brillantes y blancos.

Era un collar. Un dije verde de plata en forma de hoja de acebo colgaba de él. Acebo, pensó súbitamente, … la planta de la felicidad. Acarició la hoja con un dedo tembloroso. Una lágrima cayó en ella y pareció brillar más. Si se lo ponía, ¿le volvería la felicidad y volvería el pueblo a estar como antes?

Se lo puso al cuello y, nada más dejarlo caer, una imagen la impactó y se impuso a la fuerza en su mente. Era una criatura horrible que la miraba fijamente, con ojos acusadores y con una especie de sombrero florido sobre la cabeza. Era una calavera que sonreía con maldad. Pero enseguida, la imagen se desmoronó y Shaedra se quedó agachada en el barro, perpleja. No pasó nada milagroso. El pueblo seguía como antes, destrozado y silencioso. Escondió el collar detrás de su camisa, pensando que quizá, aunque no fuesen Ayanos, esos tres extranjeros querrían quitarle el amuleto. El Viejo le había prevenido que muchos saijits forasteros eran codiciosos y malos.

Cuando quiso volver a entrar en la casa del Viejo, volvió el joven de pelo negro a impedírselo.

—No, pequeña, ya se ha caído un trozo del tejado, esa casa se derrumbará en cualquier momento. Y dentro no encontrarás nada más que ceniza.

Observó su rostro y entendió que decía la verdad. No había esperanza, se dijo. La cajita de recuerdos, los cuentos, la risa del Viejo; de todo eso ya no quedaba nada.

¿Por qué? Por los Ayanos o los nadros rojos o lo que fuesen esos monstruos que lo habían destruido todo.

—No se acaba aquí la vida, pequeña —le dijo el joven de pelo negro—.  Me llamo Kahiso. ¿Y tú?

Silencio. ¿Para qué le iba a contestar?

—Shaedra. Me llamo Shaedra —repitió, abrumada por el aturdimiento.

—Pues que sepas, pequeña, que no todas las criaturas de este mundo son malas…

Se oyó un bufido. Era Djaira, la mujer pelirroja.

—¡Kahiso! ¿No te irás a poner a darle una lección ahora, no?

Kahiso puso los ojos en blanco y bajó la voz.

—Hay algunas que son malas, claro, y otras que lo parecen pero que no lo son.

Y diciendo esto último echó una ojeada hacia Djaira.

—¿Vamos?

Se lo preguntaba a Shaedra. Ella asintió sin saber muy bien por qué.  Kahiso la puso en sus hombros y se puso a andar con los demás.  Había comenzado el viaje y tenía la vaga impresión de que no volvería jamás.

Salieron del pueblo y se alejaron, se alejaron tanto que a Shaedra le fueron apareciendo lugares extraños que nunca había visto. Y todo le parecía un sueño.

————

Leer online el primer tomo en la página del proyecto:

Primera parte: Aprendizaje
Capítulo 1: La Pagoda Azul
Capítulo 2: Áynorin
Capítulo 3: Los árboles que hablan
Capítulo 4: Una venganza
Capítulo 5: Un viaje con el jaipú
Capítulo 6: Nakrús
Capítulo 7: Identificación
Capítulo 8: El ocaso del camino
Capítulo 9: La flecha del miedo
Capítulo 10: La rosa blanca
Capítulo 11: La Piedra del Fuego
Capítulo 12: Encuentros
Segunda parte: La huida
Capítulo 13: Traumas
Capítulo 14: Contrabando
Capítulo 15: Rescate
Capítulo 16: Emariz
Capítulo 17: Castigos
Capítulo 18: Negociando
Capítulo 19: Regalos
Capítulo 20: Disculpas
Capítulo 21: La Isla Sin Sol
Capítulo 22: Prueba de voluntad
Capítulo 23: Perdiendo el norte
Epílogo
Agradecimientos
Pequeño glosario

Pasar al índice de los tomos de la saga (en la página del proyecto).
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#2
Ya había leído el Prologo hace días, pero te seré sincero, se me olvido comentar XD.

Conforme a la historia:
Me parece un proyecto ambicioso, un mundo donde esta muy lejos de parecerse al nuestro. A eso le llamo imaginación bien aprovechada.
El inicio me le imagine como el intro de película, una voz narrando y Shaedra ocupada en sus labores. Me parecio triste que Shaedra regresara y encontrara su pueblo arrasado, no e continuado leyendo y no se si el pueblo tenia nombre.
La intriga esta bien planteada, y sabes llevar el ritmo de la historia. Me quede con ganas de leerlo, y lo tengo en favoritos, pero estoy un poco atareado y no e continuado leyendo. Tu mundo ya esta avanzado, tengo mucho para actualizarme.

La única nota que agregaría, seria en el preámbulo:
El Narrador te invita a leer y que no te espantes con los nombres y sus razas variadas. Eso ya espanta un poco, de inicio con el prologo no asedias al lector con tanta información, dejas que la mente asimile el mundo poco a poco. No veo muy necesario el preámbulo. Después de leerse el silmarillion uno deja de ser tan impresionable. Quizá para esto podrías agregar una guía de razas, historia y ubicaciones geográficas que acompañen el primer tomo.

Un saludo y buen trabajo.
[Imagen: Chivalry-Medieval-Warfare-.png]
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#3
Hola, Kaoseto

Un gusto leer tu historia. Me parece interesante el mundo que presentas, atractivo. A mi me gustó el preámbulo, pues me deja con ganas de entrar a Háruka.
Me gustan las imágenes que muestras en tu relato, aunque están un poco en desorden. Me gusta tu imaginación y creatividad, me gusta el personaje de Shaendra.

Ahora, pienso que sí podrías trabajar mucho más la parte narrativa, literatura en sí, mejorar la construcción de las frases.

Te he dejado lo que me ha parecido puede mejorarse, algunas sugerencias, anotado en rojo, en el texto.

A instantes, la narración me dio la sensación de que tropieza, que no acabas de mostrar bien los lugares, y el ritmo se apura demasiado cuando podrías detenerte y detallar más, contar más, pero siempre y cuando eso quepa dentro del contexto, no contar por contar.

Una sugerencia: al inicio, hay cuatro párrafos donde comienzas con la voz del viejo. Podrías separarlas con punto aparte y ponerla en cursiva:

"En el mundo hay tres clases de personas", solía decir el Viejo.
Shaedra no despegaba los ojos del pez que se deslizaba en los bajos fondos, acercándose a la barrera de barro. Tenía el pelo hundido, y los mechones se le pegaban al cuello como anfibios viscosos y largos.

“Están los que roban.”
Todo estaba silencioso. Shaedra se mantuvo lista e inmóvil, escondida por el juncal que la cercaba.

“Están los que se dejan robar.”
Alcanzó el pez la barrera y se le descubrió la piel llena de escamas. Moviéndose ahora como una serpiente, intentaba alcanzar el otro lado, donde había mucha más agua.

“Y están los que saben vivir independientes y libres.”
Shaedra tomó impulso y apuntó con su pequeña lanza, que fue a clavarse en el animal que coleteaba furiosamente. ¡Qué gordo era! Levantó la lanza empleando todas sus fuerzas y lo apartó del agua. Esperó a que hubiera dejado de moverse y miró el cielo. El sol ya estaba cayendo detrás de los montes.


Eso, espero haber sido de ayuda.
Saludos!!






Preámbulo

Querido lector, hay unas cosas que deberías saber antes de empezar esta historia. Vas a entrar en el mundo de Háreka, un mundo en el que existen distintas razas humanoides llamadas saijits, como los orcos, los tiyanos, los ternians, los elfos oscuros, los caitos, y unos cuantos más. No te espanten tantos nombres; sígueme, quiero enseñarte la Tierra Baya. Sus montes y sus colinas, sus ciudades y sus habitantes… ¡Ah! ¿ves aquella pequeña niña que está cazando en la cordillera de las Hordas? Es una ternian. Tiene garras en las manos y en los pies, escamas en las orejas y las cejas, su cabello es tan negro como la noche y sus pupilas verdes te recuerdan, quizá, a los ojos de los dragones… No sé que tan conveniente será poner un recuerdo en el lector, pues podría ser que alguien no acostumbrado a la fantasía, alguien que no ha visto muchos ojos de dragones, esté leyendo tu libro, y en esta parte ese lector se sienta desplazado... Tal vez a ese lector, esos ojos le recuerden los ojos de los gatos, jeje... A lo que voy, es que quizá sería más pertinente poner solo: "sus pupilas verdes parecían ojos de dragones..."

Prólogo

“En el mundo hay tres clases de personas”, solía decir el Viejo. Shaedra no despegaba los ojos del pez que se deslizaba en los bajos fondos, acercándose a la barrera de barro Barrera y barro provocan cacofonía, podrías decir: pared de barro o algo similar. Tenía el pelo hundido, y los mechones se le pegaban al cuello como anfibios viscosos y largos. Esta última oración también me provoca muchos conflictos. No me calza la palabra "hundido". Creo que con la descripción que viene despues de su cabello es suficiente, eliminaría lo primero. Pero por otro lado, tampoco entiendo por qué describir su cabello en ese momento, si no hay ninguna acción relacionada como que se corra el cabello del rostro para mirar mejor al pez



“Están los que roban.” Todo estaba silencioso. Shaedra se mantuvo lista e inmóvil, escondida por el juncal que la cercaba.

“Están los que se dejan robar.” Alcanzó el pez la barrera y se le descubrió la piel llena de escamas. Moviéndose ahora como una serpiente, intentaba alcanzar el otro lado, donde había mucha más agua.

“Y están los que saben vivir independientes y libres.” Shaedra tomó impulso y apuntó con su pequeña lanza, que fue a clavarse en el animal que coleteaba furiosamente. ¡Qué gordo era! Levantó la lanza empleando todas sus fuerzas y lo apartó del agua. Esperó a que hubiera dejado de moverse y miró el cielo. El sol ya estaba cayendo detrás de los montes.


No se atrasó El inicio de este párrafo es complicado, ya que no explicas para qué evento no se atrasó, y como no explicas, creas preguntas en el lector. ¿Tenía que llegar a un lugar a una hora determinada? ¿la habían invitado a comer? ¿Tenía que ir a preparar la cena a sus hermanos?  Entonces, si no vas a explicar estas dudas, es mejor no iniciar la frase con ese 'No se atrasó'. En vez de eso, podrías decir: 'Se apuró en guardar el pez en la cesta y ...blablabla..., quería llegar con tiempo a preparar la cena.'  ¿Ves que en este caso no generas preguntas en el lector? y regresó tan pronto como hubo guardado el pez en la cesta y se hubo puedes eliminar eso. Queda bien y evitas la repetición de 'hubo'puesto a la espalda el cuévano lleno de plantas comestibles.

Utilizando la lanza para apartar juncos y apoyarse en el terreno enlodazado, acabó por salir de la ciénaga y encontrarse en el monte. Por el camino, fue recogiendo alguna que otra planta y así salió luego del bosque Me contaste de un monte, pero no me habías dicho que era un monte lleno de árboles. Me sorprendí al verla salir de un bosque, cuando no la vi entrar en él. En ese preciso momento, tomó una inspiración, se atragantó y se puso a toser.

Miró el valle lejano con cara horrorizada. El viento traía un humo compacto y abrasador que le llenaba los pulmones de cenizas. La pradera verde se iba cubriendo de unas humaredas negras. Y allá, abajo, en el pueblo, todo había sido arrasado. Los Ayanos, pensó titubeante, mientras se ponía a correr [u]desaladamenteerror de tipeo cuesta abajo, con las lágrimas saliendo a borbotones desenfrenados.[/u] Una cosa muy técnica sobre esta frase: palabras como 'titubeante' 'desoladamente' y 'borbotonos desenfrenados' se hacen pesadas, dan un peso demasiado drámatico que se suma al peso de la escena en sí, que ya es dramático. además, son palabras pesadas que están muy cerca. Pero hay otro tema con la frase, pues la imagen que estás mostrando es 'ella corriendo, con lágrimas a borbotones desenfrenados' al leer eso, el lector ya sabe que va desolada y desconsolada, no necesitas decirlo. Te dejo aquí un ejemplo simplificado de la misma escena:
"Los Ayanos, pensó titubeante, mientras se ponía a correr cuesta abajo, desesperada. Sus ojos ya destilaban lágrimas a borbotones"



Sus pies descalzos y callosos rozaban la hierba, evitando rocas, aplastando flores, y cada vez que miraba los muros sin techo, la carreta de don Niago aún echando llamaradas altas bajo una nube de humo negro… la invadía una suerte de desazón y tristeza que jamás había sentido antes.

¿Habría sobrevivido alguien? Corría, corría y corría, hasta que bien hubiera podido despeñarse. ¿Habría sobrevivido el Viejo? Llegada al puente, se paró en seco, sintiendo que le iba a explotar el corazón en el pecho puedes eliminar, pues el corazón no puede ubicarse en otra parte XD de lo rápido que latía. Oyó un ruido estruendoso y creyó que iba a desfallecer, pensando que los Ayanos aún seguían ahí, antes de darse cuenta de que era un techo que se había derrumbado.

Se arrimó a la balaustrada del puente, sintiéndose aturdida, y fue luego avanzando despacio por el pueblo desierto, carbonizado.

—¡Laygra! —chilló—. ¡Murri!

Repitió los nombres varias veces, pero nadie le contestó. Atravesando el pueblo, fue pasando delante de las puertas y pronunciando los nombres de los que habían vivido detrás de ellas. Sólo le respondía un horrible silencio.

Entonces divisó la casa del Viejo y vio que el techo aún no se había caído. La puerta estaba abierta. El Viejo jamás dejaba la puerta abierta, hasta en primavera.

—¡Don Wigas! —gritó, tirando el cuévano y la cesta con los peces.

Dio un paso hacia delante.

—¡Quieta! —dijo una voz a sus espaldas.

Se quedó petrificada. Los Ayanos, articuló para sí. ¿No decía el Viejo que no dejaban nunca supervivientes? Habían vuelto porque sabían que aún estaba ella… Apretó la pequeña lanza. ¡Se defendería!

Se giró bruscamente, cogiendo su arma con las dos manos y embistió, gritando. Una figura se echó a un lado, cogió la lanza y se la quitó de las manos sin aparente dificultad. Le entró le entro? o salió de ella? le broto? XD Creo que el termino 'le entró' es coloquial. No te parece mejor algo como: 'de sus entrañas brotó la rabia' rabia y desesperación.

Se oyó un ruido de techo desmoronándose. ¡La casa de don Wigas el Viejo! La desesperación le nubló la vista.

Pensó entonces huir, pero otro hombre, muy grande y moreno, le cogió los brazos y aunque se agitó intentando dar puñetazos, patadas y mordiscos, mantuvo el brazo firme y finalmente Shaedra rompió a llorar.

—Está incontrolable —se quejó el hombre moreno, resoplando.

—Tranquila, no somos los que hemos atacado este pueblo —soltó el hombre de pelo negro, el primero que le había hablado.

Shaedra parpadeó, tratando de ver algo entre las lágrimas.

—¿No sois los Ayanos?

—¿Los Ayanos? —repitió sorprendido.

Entonces intervino con tosca voz una mujer pelirroja que había estado absorta en la contemplación de un trozo de cuerda y que ahora parecía dispuesta a hablar.

—Los Ayanos no existen, querida. Pero desgraciadamente hay cosas todavía peores que los Ayanos y que existen. —Levantó el trozo de cuerda—. Por ejemplo, los nadros rojos.

¿Nadros rojos? Shaedra jamás había oído hablar de ellos. Pero ¿qué sabía ella aparte de lo que había aprendido en los cuentos del Viejo y de las mujeres del pueblo?

—¿Dónde están Laygra y Murri? —preguntó con súbita rabia—. ¿Dónde están los demás?

La pelirroja miró a sus compañeros con evidente exasperación.

—¿Qué pretendéis hacer con ella? —preguntó articulando cada sílaba.

—¿Y qué harías tú, si se puede saber? —replicó el moreno—. No vamos a dejarla aquí. Moriría.

—No podemos cargar con ella —siseó ella—. Esto es demasiado importante como para dar media vuelta y llevarla a un lugar seguro.

—Cierto —dijo el moreno que no soltaba a su presa— pero, dime, Djaira, ahora que se nos han ido los demás, ¿qué piensas hacer contra una tropa entera de nadros rojos?

Se fulminaron con la mirada. No parecían llevarse muy bien.Este tipo de ideas, en literatura, conviene que el narrador no las diga, sino hacer que el lector mismo se de cuenta a través de los diálogos, o por la forma en que se miran o los gestos que hacen.

—Sé lo que hago —respondió ella, implacable— y sé dónde puedo encontrar ayuda.

—Pues llevémosla hasta ahí —propuso el de pelo negro.

Djaira lo miró, luego miró a Shaedra y se encogió de hombros.

—Como queráis. Pero os advierto que si seguís intentando salvar a todas las almas de este mundo, muchachos, vais a perder las vuestras en menos tiempo que se dice la palabra vida.

Shaedra oía sin escuchar. Cuando la soltó el del pelo moreno, titubeó y miró a su alrededor y su mirada se detuvo en un objeto brillante perdido entre el barro. Recordó que el Viejo había dicho que los Ayanos siempre se llevaban todo lo que brillaba. ¿Por qué lo habrían dejado? Mientras los demás estaban examinando la zona y hablando, se aproximó al objeto y se agachó junto a él, tendiendo la mano. Parecía una pequeña luna atrapada en el barro. Estiró y salieron dos hilos brillantes y blancos.

Era un collar. Un dije verde de plata en forma de hoja de acebo colgaba de él. Acebo, pensó súbitamente, … la planta de la felicidad. Acarició la hoja con un dedo tembloroso. Una lágrima cayó en ella y pareció brillar más. Si se lo ponía, ¿le volvería la felicidad y volvería el pueblo a estar como antes?

Se lo puso al cuello y, nada más dejarlo caer, una imagen la impactó y se impuso a la fuerza en su mente. Era una criatura horrible que la miraba fijamente, con ojos acusadores y con una especie de sombrero florido sobre la cabeza. Era una calavera que sonreía con maldad. Pero enseguida, la imagen se desmoronó y Shaedra se quedó agachada en el barro, perpleja. No pasó nada milagroso. El pueblo seguía como antes, destrozado y silencioso. Escondió el collar detrás de su camisa, pensando que quizá, aunque no fuesen Ayanos, esos tres extranjeros querrían quitarle el amuleto. El Viejo le había prevenido que muchos saijits forasteros eran codiciosos y malos.

Cuando quiso volver a entrar en la casa del Viejo, volvió el joven de pelo negro a impedírselo.

—No, pequeña, ya se ha caído un trozo del tejado, esa casa se derrumbará en cualquier momento. Y dentro no encontrarás nada más que ceniza.

Observó su rostro y entendió que decía la verdad. No había esperanza, se dijo. La cajita de recuerdos, los cuentos, la risa del Viejo; de todo eso ya no quedaba nada.

¿Por qué? Por los Ayanos o los nadros rojos o lo que fuesen esos monstruos que lo habían destruido todo.

—No se acaba aquí la vida, pequeña —le dijo el joven de pelo negro—. Me llamo Kahiso. ¿Y tú?

Silencio. ¿Para qué le iba a contestar?

—Shaedra. Me llamo Shaedra —repitió, abrumada por el aturdimiento.

—Pues que sepas, pequeña, que no todas las criaturas de este mundo son malas…

Se oyó un bufido. Era Djaira, la mujer pelirroja.

—¡Kahiso! ¿No te irás a poner a darle una lección ahora, no?

Kahiso puso los ojos en blanco y bajó la voz.

—Hay algunas que son malas, claro, y otras que lo parecen pero que no lo son.

Y diciendo esto último echó una ojeada hacia Djaira.

—¿Vamos?

Se lo preguntaba a Shaedra. Ella asintió sin saber muy bien por qué. Kahiso la puso en sus hombros y se puso a andar con los demás. Había comenzado el viaje y tenía la vaga impresión de que no volvería jamás.

Salieron del pueblo y se alejaron, se alejaron tanto que a Shaedra le fueron apareciendo lugares extraños que nunca había visto. Y todo le parecíaapareciendo y parecía crean cacofonía un sueño.
Sugerencia: Se alejaron tanto que a Shaedra el mundo se le hizo extraño; lugares que nunca había visto. Todo parecía un sueño.[/color]
"Y rasgaré el velo que separa a mi reino del mundo en que habitan los hombres"[Imagen: fantasybook2.png]
Responder
#4
Supongo que no, pero (CUIDADO POSIBLE SPOILER)

Buenas Kaoseto, tiempo sin pasarme por aquí. La verdad es que tenía bastante abandonadas las lecturas que tenía pendientes, inclusive, mi propio proyecto ha estado un largo tiempo macerando. Francamente casi había perdido el hilo de la historia del tiempo que hacía, por lo tanto me ha costado un poco retomarla de nuevo. La cuestión es que (creo) que me he vuelto a leer el capítulo de venganza, digo creo, porque me suena mucho la parte en la que el hermano de Shaedra le explica en que se han convertido sus padres. A lo que voy. Como en los anteriores capítulos la historia se sigue muy bien, amena, fluida y original. La idea sigue siendo muy buena y (en mi opinión) me recuerda un poco al estilo del anime japonés, lo que para mi gana puntos. En todo caso, poco a poco se van desvelando más detalles de la trama haciéndola más atractiva para el lector. Felicidades. A ver si me paso de nuevo pronto y seguimos comentando sobre tu proyecto. Un saludo y nos leemos.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
Responder
#5
Buenas a todos y muchas gracias por vuestros comentarios!

Ricardo, me ha alegrado que digas que fue como la intro de una película; cuando escribo siempre me lo represento así, como una cámara que fuese siguiendo los pasos y los pensamientos de Shaedra :) Lo del preámbulo, francamente al principio no lo puse, pero luego pensé que así dejo bien claro al lector que se trata de un libro de fantasía. Eso sí, lo he acortado de una frase, para que sea más liviano.

Azaharys, ¡muchísimas gracias por tus correcciones! Ya he aplicado alguna, desde luego te lo has currado :) Un único apunte, la palabra «desaladamente» existe, significa «precipitadamente», entiendo que choque un poco, creo que no es muy usada. Es verdad que no cuido mucho la narrativa, escribo un poco aceleradamente y cuando empecé la saga hace dos años me fijaba aún menos que hoy en las redundancias y esas cosas, aunque todavía mantengo un estilo sencillo y sin muchas pretensiones literarias, la verdad. Pero eso no quita que el texto no necesite infinitas correcciones todavía, sobre todo el prólogo, que es lo primero que se lee ;)

Hola, fardis! me alegro de que te vaya gustando la historia. Me ha hecho gracia que me hables del anime japonés, la verdad es que mangas he visto pocos pero los que he visto tal vez me hayan inspirado esa técnica de ir alternando momentos graciosos y momentos de tensión, no sé si te referías a eso. Bueno, yo también tengo ganas de saber qué va a ocurrir en tu historia, creo que me quedé con el capítulo de la reunión sobre el Sin Rostro.

Un placer leer los comentarios de todos,

Saludos!
Responder
#6
Buenas compañera!

Me estoy poniendo al día después del parón navideño (que entre la caída del foro y yo que me he llevado un tiempo un poco perezoso literariamente hablando...).

(spoiler si no habéis leído el tercer capítulo)

Le he dado un repasillo a los dos primeros capítulos para refrescar la historia y por fin he leído el tercero.
Lo primero de todo, me está cayendo bien Galgarrios, me recuerda al amigo bonachón, pedazo de pan e inocentón que antes o después todos hemos tenido; espero que su inocencia no le traiga malas consecuencias.
Veo que cada vez vas profundizando no sólo en Shaedra, sino también en sus amigos y compañeros, cada uno con sus matices, sus "más y sus menos". Eso sí, sin olvidar que siguen siendo niños; me han encantado los juegos en el río, usando casi más su imaginación que sus destrezas físicas.

El giro final abre una puerta muy interesante... parece que el pasado de Shaedra no es tal como lo recuerda, o no tan fatídico al menos. Aún así su... ¿hermano? deja entrever que hay más de lo que parece... ¿qué pasará?

Intrigante... seguiremos pronto con la lectura para ver qué nos depara. Buen trabajo Smile
Iep!
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#7
He estado leyendo los libros que subiste a tu blog, y me ha gustado bastante. Me falta mucho para terminar aún, pues llevas muchas historias publicadas. Debo admitir, además, que cierta sección de tu blog me ha sido de mucha utilidad para mi propia obra.
Great power can come from anger, but you may lose yourself in the process. Therefore, your mind must remain calm, and your spirit must be still.

[Imagen: firmabahamut.jpg]
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#8
Buenas, landanohr!

Un placer leerte por aquí Smile Pues sí, Galgarrios a mí también me cae bien, la verdad que tiendo a crear más personajes buenos que malos en mis historias, los malos se me dan mú mal, jeje.

Tengo pendiente seguir leyendo tu historia, que te dije que iba a seguir leyendo y con tanta historia al final no seguí, pero en cuanto pueda la sigo, espero que aun así ese baño de sangre que auguras en tu historia no le llegue a la prota, jeje. ¡Nos leemos!

Buenas, Anzu!

Pues no veas lo que me alegra que hayas estado leyendo la saga y que te esté gustando. Te aviso, a partir del tercero mejora considerablemente (bueno, eso es mi opinión, pero siendo la autora no puedo opinar mucho... XD). Espero que sigas disfrutando de la lectura entonces, y a seguir escribiendo también Wink

Saludos,
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#9
Buenas compañera!

Pues nada, que me he puesto a leer un rato, me he metido de lleno en el universo de Shaedra y me he plantado del tirón en el noveno.

(ojito con los spoilers!!)

A medida que la historia avanza va ganando consistencia y todo se hace más sólido: Shaedra y sus amigos, el mundo que los rodea, la gente que los acompaña en su camino...
Y de igual forma el argumento va calando cada vez más: liches, nakrús, nadros... jaipú, morjás... ternians, caitos... un universo cada vez más rico tanto en razas como en criaturas, un sistema muy complejo de enseñanza y aún más complejo de energías y fuerzas. Y, la verdad, todo muy bien hilado y desarrollado, tengo que felicitarte por ello.

Han sido unos capítulos intensos: el verdadero pasado de Shaedra y sus motivos, el colgante maldito, el ataque de los nadros rojos... tanto que a veces como lector te olvidas que todo gira en torno a unos niños. Pero entonces aparece algún momento de bromas de juegos que te devuelve a la realidad.

Se afianza la relación con los amigos y aparecen nuevos actores. Suminaria al final no es tan odiosa como parecía ser; el profesor está demostrando que merece serlo; el intrigante Dolgy Vranc... eso sí, el comerciante que le ha pedido robar el mapa como que no me acaba de caer bien, por no mencionar al odioso hijo del tabernero... pobre hombre, con lo que hace por los pequeños y qué mala suerte tiene...

Mención aparte también el aspecto del jaipú, las energías y la conexión con los hilos de su otro "yo". Aspecto muy interesante y que sin duda dará para mucho en el futuro; al igual que el misterioso colgante...

La verdad es que en cuanto a la escritura, poco puedo objetar. Tienes el texto tan depurado que más que fallos lo que me he anotado son algunas sugerencias. Ahí te las dejo:
Cita:cap 4
Cuando estuvo debajo de los árboles, espiró (cuidado, no nos mates a Shaedra ahora, jeje), relajada.

cap 6
Shaedra les (no estoy del todo seguro, pero creo que sería les en vez de los, o igual me equivoco) ganó a todos salvo a Yori, que había heredado las piernas elásticas y rapidísimas de los miroles, y aun a él, le faltó poco para ganarle (idem).

—No creas, (¿a?) muchos de la Guardia de Ató los cogen porque saben correr rápido —aseguró Akín.

Kirlens (¿lo?) ya había intentado varias veces, y había sido un fracaso.

cap 7
—Eso ya lo sabemos —dijo Akín, poniendo los ojos en blanco—. Que poniéndote esa armadura mueres fatalmente al (¿cabo?) de unas horas.

cap 9
—¿Qué? —soltó impacientemente Akín—. ¿Te vas a quedar ahí hasta que nos pille el lobo o suba la marea?

Corrieron hasta los lindes del bosque y siguieron corriendo hacia la ciudad de Ató, hasta que sintieron que el mundo se reducía al latido frenético de sus corazones.

Y nada, dejo la lectura en un punto muy interesante, así que espero no tardar mucho en retomarla. Nos leemos!
Iep!
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#10
Muy buenas landanohr! Me alegra que te pases por aquí :)

Muchas gracias por tu comentario y tus correcciones! Jeje, lo de «expirar», menos mal que me lo dices, no sabía ni que existía el verbo «espirar», jajaja, me equivocaba de todas todas, cuántas veces habrá expirado mi prota sin que yo lo supiera XD

Lo de «les» no lo sé yo tampoco, aunque ahora que lo dices tal vez sea mejor «les». Normalmente tiendo a hacer leísmos y luego los voy corrigiendo y a veces me paso tres pueblos corrigiéndolos. En el caso de que fuese «Le gané una carrera», sería «le», pero sin el «una carrera», no sé si se considera tácito y se utiliza «le» o no, jo, voy a intentar buscar a ver, siempre me entran dudas con los leísmos y loísmos.

Bueno, pues espero que te siga gustando la historia de Shaedra!

Saludos y nos leemos!
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