Este foro usa cookies
Este foro hace uso de cookies para almacenar su información de inicio de sesión si está registrado, y su última visita si no lo está. Las cookies son pequeños documentos de texto almacenados en su computadora; las cookies establecidas por este foro solo se pueden usar en este sitio web y no representan ningún riesgo de seguridad. Las cookies en este foro también rastrean los temas específicos que ha leído y la última vez que los leyó. Por favor, confirme si acepta o rechaza el establecimiento de estas cookies.

Se almacenará una cookie en su navegador, independientemente de su elección, para evitar que le vuelvan a hacer esta pregunta. Podrá cambiar la configuración de sus cookies en cualquier momento utilizando el enlace en el pie de página.

Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Concurso Mensual III: Fantasía Épica: Un porvenir entre brumas negras
#1



Un porvenir entre brumas negras


En el Bosque del Este, aquel laberinto perenne de árboles y sombras que se extendía por uno de los confines más extremos del mundo, los pájaros habían quedado en silencio. No como el silencio que presagiaba a la noche y a su reposo, sino un mutismo sepulcral. Era el silencio de querer pasar desapercibido ante el peligro, de implorar el no revelarse ante un predador. De no querer ni siquiera respirar, si aquello fuera posible.
Pero había silencios que mostraban más de lo que ocultaban, como el de aquel crepúsculo de sol rojo cruzado por negras nubes.
Los Centinelas habían muerto.
Sólo despojos de ramas secas y hojas pútridas quedaban de ellos; restos esparcidos entre las raices de los ancianos árboles que fueron su hogar durante siglos. Y entre aquellos restos, una figura oculta bajo una androjosa túnica negra caminaba con el paso sigiloso de la muerte. Apenas sus ojos se percibían detrás de la máscara que cubría su rostro y cabeza. La figura parecía disfrutar como un paseo de verano la caminata entre cadáveres, quizás antiguos enemigos, ahora marchitos. Sus pasos dejaban una marca negra en la pastura, otrora verde y llena de vida, que se deshacían cuando el pie descalzo se alzaba para dejar otra marca delante.
Una negra neblina macilenta permanecía en el aire, y atravesaba el camino que dejaba atrás aquel ser. La bruma fluctuaba en el ambiente y hecha jirones abrazaba a los árboles que, ante su contacto, se deshacían como en el más cruel otoño. Y el ser continuaba su paso putrefacto, su reguero de muerte; buscaba entre los restos algo que no encontraba. Resoplaba cuando registraba entre el cuerpo de un centinela que yacía con la boca abierta y los ojos desborados por un liquido negro y viscoso.
Llegó al lindero del bosque, insatisfecho por algo que no había encontrado. Caminó entre los últimos árboles que quedaban en pie y, al apoyarse suavemente en sus cortezas, venas de sombras los cubrieron hasta que perdieron toda muestra de vida. El siniesto entramado dejó los restos de árboles muertos siglos siglos.
El desierto se extendía hacia todas partes, ante la visión tranquila del ser. Con decenas de voces hablando a la vez en una unísona voz, el ser de túnica y máscara dijo:
—Ya no habrá Eterno Reposo. Levántense.
Y se adentró en el desierto con paso presuroso. La bruma oscura lo siguió lentamente, como dudando de salir del abrigo del bosque, hasta que su maestro tomó una distancia que no pudo evitar perseguir. El sol se ocultó como si el mismo flujo del tiempo se hubiera acelerado.
Entre los árboles, los muertos dejaron de serlo. Se levantaron, despacio primero, y más rápido en la medida en que el ser se alejaba del bosque. Y estos, como la bruma, siguieron los pasos negros grabados en la arena. Grabados con el mismo marchitamiento de la pastura del que, en un futuro no muy lejano, sería conocido como el Túmulo de los Centinelas.


El rojizo atardecer en el desierto trajo consigo el estruendo de un motor civilizado. La polvoreda mostraba su origen: una máquina oradaba la arena a gran velocidad. Gracias a una decena de patas escorpianas de acero, navegaba en el desierto como si se tratara del Océano Oriental. Los granos de arena volaban en nubes doradas, dejando un rastro exagerado por el contraste de la quietud del horizonte. Nada lo frenaba: su motor, uno de los modelos más nuevos en base a vapor, potenciaba el corazón del monstruo metálico.
Ulises, su conductor, no parecía molestarse por el rugido de la bestia. Con la vista protegida por unos gruesos lentes, observaba con una sonrisa la aldea a la que se acercaba.
La octaba es la vencida, pensaba el roedor. Tiene que serlo.
Sentía el aroma de la podredumbre, tan característico de las aldeas nedain.
Los Nedain..., el olor le recordó a sus estudios: Octava aldea de los hombres buitre. Debo estar loco.
Pese a su desesperada locura, Ulises aceleró.


Farah observaba a través de un monóculo, situada sobre las almenas del muro del norte. La nube de arena se acercaba a la aldea demasiado rápido para ser un nedain montado en su mantícora. Con el sol aún a la vista, los recolectores no volverían todavía. No, era otra cosa: una visita inesperada.
¿Debo avisar?, pensó la niña. Podría sea un visitante que traiga novedades de las ciudades del interior. Observó a su alrededor: estaba ella sola en las almenas. O podría ser...
Sonrío por sus cavilaciones, y se acercó presurosa hasta uno de las torres al lado de la gran puerta. Ningún otro vigía se había presentado ahí con ella, y la nube de arena se hacía cada vez más grande.


Ulises accionó dos de las palancas más cercanas a él. La última se trabó un poco antes de ceder, pero con dos golpes pudo destrabarla —acelerar no era gran trabajo para su navegadesiertos, el problema era siempre frenar—. La desaceleración fue lenta en velocidad y pomposa en estruendos. Finalmente, a pocos metro del muro que lo separaba de su siguiente destino, Ulises pudo frenar del todo a la bestia. Una última explosión hizo volar una nube de arena hasta casi donde había comenzado a frenar. Tosió arena, se levantó las gafas que protegían sus astutos ojos de roedor, y de un salto salió del vehículo.
Escuchó un gritó inentendible.
Una voz de niña, se dijo.
Observó hacia arriba y en las almenas, en una de las torres vigías, había una pequeña hija de los hombres buitre que agitaba una mano con fervor. Con la otra sostenía un aparato que Ulises supo reconocer como un comunicador muy anticuado. Incluso a diez metros abajo de la almena, su vista era aguda como todos los de su especie. El aparato era una bocina metálica cuya base retenía un cable, que a su vez estaba conectado a un pilar. Ulises buscó en la base del muro, y vio un aparato similar. Lo sujetó con su gran oreja pegada a la bocina.
—¡Oja’io[i], extraño!
Por la voz, la niña no tendría más de diez años.
—¡Oja’io-nemás, niña! —Como buen estudioso, Ulises conocía las lenguas primitivas del exterior. Y también los usos y costumbres, saludos y culturas. Agregó, con una sonrisa—: ¡Que los Antiguos Alados te vigilen!
Miró hacia arriba: la niña le devolvió la sonrisa.
—No debes gritar —le dijo ella, de pronto en tono secreto. La voz sonaba como si ambos estuvieran dentro de un gran refugio de metal—. Nadie sabe que has venido. No todavía.
—Ay, niña, no erer la primera que me rechaza. Aunque si la primera en que lo hace de manera tan pacífica.
—Shhh… Más bajo. No te rechacé. Cito los hechos. No deberías haberlo hecho, haber venido. ¿Qué te trae a los Páramos?
[i]”Cito los hechos”. Je. Habla adulta para su edad, podría ser lo que necesitó.

Ulises hizo silencio unos minutos antes de responder.
—La curiosidad —dijo por fin—. Ni más, ni menos. Soy un buscahistorias, niña, y entre todas las historias busco una que es muy importante. La más importante.
—Busca… —La niña se quedó sin habla—. ¿Buscahistorias, dijiste? Espera. Espera un minuto. ¡No te vayas!
Se escuchó como la niña terminaba la comunicación, y salía corriendo desde donde estaba hasta bajar por unas escaleras sin precuparse por el sonido de sus patas sobre la madera.
—¿Qué estará pensando hacer?


Farah bajó las escaleras con el corazón en las manos. Si aquel hombre rata no mentía, quizá era a quien su abuelo estaba esperando. Lo fue a buscar hasta su choza.
—¡Abuelo!
El grito despertó al anciano buitre que dormía colgado de los pies.
—Farah, Farah —dijo el anciano. Se soltó de la madera, dio un giro suave en el aire y cayó sobre el suelo arenoso con delicadeza—. Nunca debes despertarme, no cuando busco en Memorias de lo Oculto en mis propios sueños. Un día de estos me vas a--
—Perdón, abuelo, pero es importante. En la puerta hay un busc--
—¡Rafu, oh-ma-te-san! —Otro nedain entró a la choza tan sobresaltado como la niña—. Disculpe, mi señor, pero hemos capturado a un intruso que esperaba afuera del portón.
El abuelo de Farah la miró de reojo. Ella miraba al nedain con azorado terror.
—Pero, abuelo, no es un intruso.
—Habla.
—Es de quien venía a hablarte. Dice ser un buscahistorias.
Por un minuto, creyó que las pupilas de su abuelo se contraían en un latir mezcla de sorpresa y esperanza. Se sintió extraña por aquella sensación.
—Llévame hasta él, polluelo. Y tú, Farah, ven conmigo. —La niña sonrió en una mueca ancha—. Pero no puedes hacer preguntas. Sólo observar.
Su sonrisa se esfumó, pero asintió pesarosa. Siguió a su abuelo al encuentro del roedor.


Ulises había podido entrar finalmente a una aldea nedain, aunque no como hubiera esperado. Lo vigilaban como si fuera un ser peligroso: rodeado por cinco enormes hombres buitre, protegidos por armaduras de cuero y metal. Estos llevaban amenazadores cuchillos curvos. Supo reconocerlos: eran Gukra, los guerreros más peligrosos de aquellos dominios. Se decía que podían no dormir por días y no perder estamina ni fiereza a la hora de luchar. No era extraño, incluso sabiendo que no había guerras grandes desde los últimos cien años, ya que entre las diferentes tribus nedain no había paz. Y no se sabía por qué.
Un anciano se acercaba a ellos, guiado por un joven nedain y seguidos de cerca por la niña de las almenas. Ulises lo observó bien: caminaba con un bastón más alto, terminado en una gema roja. El rostro rubicundo, plegado de arrugas y piel colgante, mostraba determinación y, algo más… ¿Respeto? ¿Esperanza? ¿O miedo? Era raro todavía para Ulises, estudioso de las especies ancestrales, ver a los hombres buitre con una boca humana en lugar del pico de punta curva que tanto los había caracterizado. Pero, sobre todo, lo más terrible era verlos sin alas. Los nedain caminaban o se mantenian en pie siempre erguidos, pero con una leve inclinación de hombros. Como sabiendo que algo les faltaba. Algo que añoraban, pero que nunca volverían a recuperar. Una desazón de saberse perdidos desde que nacieron.
—Mi nieta Farah me dice que eres un Buscahistorias. —El anciano ya estaba frente a él. Los guardias se habían alejado. Perdido en su mente, Ulises no supo cuánto hacía que lo observaba el anciano—. ¿Qué tan cierto es tal título, roedor?
—Cierto como el sol a la mañana, Rafu.
El anciano sonrió.
—Acepto como primera prueba que sabes reconocer lo que tienes alrededor. Acompáñame, por favor. Tú también, Farah.
La niña asintió. Ulises los siguió en silencio, y vio como sus guardias no lo seguían. Aunque no alejaban la dura mirada sobre él.
Dio pocos pasos cuando un la arena estalló detrás de ellos. Todos se volvieron y observaron sorprendidos a un enorme venado, muerto en la arena.


Farah se giró sobresaltada, pero se tranquilizó cuando descubrió el origen del estrépito. Corrió hasta el nedain que sostenía aún por las patas al venado muerto.
—¡Padre! —dijo Farah. Entusiasmada señalaba al roedor y a su abuelo—. ¡No sabes quién ha llegado a la aldea!
—Veo a una rata, hija. —El enorme nedain se enjugó la frente perlada por el sudor—. Una rata que no conoce su lugar. No tenemos tiempo para ratas.
Farah se vio empujada por su padre a un lado, como si no le intersara lo que ella tenía para decir, y vio a su padre marchar con denuedo contra su abuelo. Ella lo siguió, pisándole las patas.
—Rafu. —Su Padre apenas reverenció a su abuelo—. Tengo graves noticias.
—Tengo asuntos más importantes que atender, Hashîm —dijo el abuelo, le señaló al roedor—. Deberás aguardar.
Hashîm, su padre, escupió furioso.
—¡Graves, he dicho! Nada puede ser más importante que lo que he descubierto con aquel venado maldecido. Tienes que verlo. Sólo tú puedes hacerlo.
El anciano resopló.
—Muy bien. Llévalo a la Rueda.
Hashîm asintió, y se fue con paso rápido a buscar al venado.
—Farah, roedor —les dijo el abuelo—, vengan conmigo también.
El hombre roedor la miró extrañado. Ella se encogió de hombros, pero pensaba que no sabría si tendría otra posibilidad así de verlo al abuelo recolectando nuevas memorias.
El roedor la miró, y le extendió la mano.
—Soy Ulises, Farah. Te debo mucho.
Ella lo miró extrañado, pero le agitó la mano con fuerza.


Ulises flexionó los dedos que le había apretado la niña. Qué fuerza, pensó y los siguió rápido para no quedar rezagado. Aquel nedain gigante llamado Hashîm llevó al venado sobre el lomo de un monstruo horrible de cuerpo de león, con retorcida cabeza de humano y cola terminada en filosas agujas de veneno supurante.
¿Una mantícora…?, se dijo para sí Ulises. Estaba aterrorizado y, a la vez, maravillado. Los nedain cabalgan el desierto sobre mantícoras. Es verdad, qué estúpido.
El anciano entró a una choza más robusta que el resto, con paredes revestidas en cortezas de palmera y techos dobles de heno, arena húmeda y hojarasca. Ulises esperó a que Farah entrara primero, y la siguió. Dentro, tres columnas sostenían el amplio techo que parecía ser capaz de resistir una tormenta. Y entre las columnas, aún con los ojos desorbitados y con un rictus que podría ser de pánico, yacía el venado.
Cruzado de brazos, Hashîm observaba al Rafu analizar el cuerpo de la bestia. El anciano seguía un trazo invisible sobre el cuerpo extraño de la bestia, a la que Ulises no había prestado mucha atención antes. Para su extrañeza, el pelaje verde de la criatura estaba rodeado de lianas y hojas, que ya marchitas pendían a la espera de un suspiro que las aleje de aquella bestia otrora magnífica. Los cuernos, adornados por finas hebras de musgo y pétalos de amapola, lucían dignos de un rey del bosque. Y sus ojos, unos insondables pozos negros, todavía se mantenían sagaces a pesar de lo definitivo de la muerte.
Aquello último le dio un escalofrío a Ulises.
—¿Qué harán con él?
—No te metas, roedor —le dijo amenazante Hashîm—. Todavía no entiendo como el Rafu te permitió estar aquí.
El anciano ni siquiera lo miró. Sentado y concentrado con los ojos cerrados, apoyó las manos sobre el lomo de la bestia verde. Empezó a conjurar extrañas palabras en un idioma que ni siquiera él conocía. Farah se acercó a su lado.
—Mi abuelo está recolectando —le susurró la niña—. Busca los últimos recuerdos de la bestia, los que tuvo instantes antes de morir.
—¿Recolectando? —Eso no tenía sentido para él. Siguió la conversación en susurros—. No entiendo. ¿Qué se supone que recolecta? ¿Y para qué?
—Es… una costumbre nedain. Lo que nos fue entregado después de la Guerra de la Calamidad.
Ulises comenzaba a comprender. Algo que les fue dado, a cambio de lo que les fue quitado.
—Sigo sin entender por qué hablas de recolectar algo.
—Los rafu, y en parte sus aprendices, pueden buscar las memorias de los muertos recientes y recolectarlas según su conveniencia. Si es que tales memorias pueden ser de utilidad.
—¿Usar las memorias de los muertos? Pero, ¿cómo--
Farah no dijo nada más. Sólo sonrió, y señaló a su abuelo. Ulises se quedó boquiabierto.
El rafu desprendía un vapor blanquecino en sutiles girones de nubes a su alrededor, que oscilaban en vaivenes hipnóticos. Ese vapor fue tomando cuerpo, en giros y pausas, hasta convertirse en cuatro nubosos brazos que se desprendían de su espalda. Aquellos brazos traslúcidos poseían una musculatura incluso mayor que la de Hashîm, y acariciaban a la bestia como si fueran doctores de las ciudades. De pronto, uno de ellos se detuvo y penetró en el cuerpo sin dejar marca alguna; sin más sonido que el del viento del desierto. El brazo espectral buscaba en un espacio reducido, y los otros lo siguieron alrededor. Pasaron minutos hasta que los cuatro brazos salieron del cuerpo, otra vez sin dejar signo lacerante. Cada garra sostenía una llama tan blanca como el sol de la mañana.
—Los muertos, buscahistorias —le dijo el anciano, todavía con los ojos cerrados—, nos enseñan a veces en su muerte mucho más que en toda su vida. Los nedain hemos avanzado mucho en la búsqueda por nuestro origen, pero aún nos falta un largo camino por recorrer.
—Entonces… ¿es cierto?
El anciano sonrió, no así Hashîm: su mirada lo hizo sentir mucho menos que una basura intentando comprender al universo.
—¿Ya lo sabías? —le preguntó Farah, incrédula.
—Bueno, no exactamente —se corrigió Ulises—. Hay distintas versiones: que se alimentan de los muertos, que con los huesos conjuran hechizos donde hablan con las almas en pena, que usan las entrañas de los difuntos para tejer sus famosas túnicas.
—Eso último es un asco —apuntó Farah, ante la risa del anciano—. Los de las ciudades inferiores están locos.
El Rafu se rió con fuerza, y entonces los brazos espectrales titalaron. Se volvió a concentrar, buscó relajarse y las extremidades cobraron el brillo vigoroso nuevamente. Cerraron las garras y antes de que formaran cuatro puños ya habían desaparecido: sólo el vapor retozaba sobre el cuerpo del anciano, perlado de sudor. Respiraba entre jadeos, y entonces vomitó: cuatro cristales con forma de lágrima brillaban entre una bilis sanguinolenta.
—La ignoracia puede volver loco a cualquiera, Farah —dijo el Rafu, secándose con el brazo los restos de vómito—. Pero un buscahistorias escucha versiones y escoge la que considera adecuada, es así como nacen los libros.
Otro nedain apareció de improviso y, ayudado por Farah, limpiaron y se llevaron las lágrimas. Ulises se adelantó al anciano, esta era su oportunidad. Debía obtener aquel poder.
—Yo busco algo más, Rafu.
—No es un talento que se pueda aprender —le dijo el anciano, tajante—. Y menos si no eres uno de los nuestros.
—Pero…
Gritos de apremio frenaron la discusión. Venían de todas partes. El anciano se levantó con debilidad, apoyándose en su bastón. Le hizo un gesto a su hijo y el gradullón salió por la puerta en largas zancadas.
—Ha llegado —dijo para sí el Rafu. Su rostro se mostraba compungido.
—¿Quién? —preguntó Ulises—. ¿Los atacan otros nedain?
—Desearía que así fuera, pero no. Es algo peor. Mucho peor.
El anciano salió por la misma puerta que Hashîm. Ulises quiso seguirlo, pero se detuvo. Caminó lentamente hasta el venado verde, para ver si había quedado una marca realmente y no: nada. Los gritos no acallaban, y decidió salir. Debía llegar al navegadesiertos y encontrar algo con lo que ayudar. Tomó carrera pero tropezó con algo: una bolsa. El venado llevaba atada una bolsa al cuello, y apenas se veía visible. Ulises la removió con fuerza y observó en su interior: decenas de bolas negras, brillantes como obsidianas pulidas, resonaban cuando agitaba la bolsa. Se la guardó sin saber por qué. Salió afuera, y vio el horror.


Farah escuchó los gritos tarde, estaba concentrada en la labor de categorizar los Recuerdos que había conseguido su abuelo. Por lo que pudo detectar, eran recuerdos antiguos, de clase alta. Con ellos, los guerreros podrían crear armas ancestrales con las que podrían matar incluso a demonios. Acarició una de las lágrimas y una visión la asaltó.

Un hombre yacido en la costa de los confines.
Los Centinales muertos por una plaga.
El hombre regresando a la vida a los Centinelas.
Una nueva guerra podría comenzar.
Debo correr y llevar lo que el Sabio me ha entregado.
Es la clave para derrotarlo de una vez y para siempre.


Farah reaccionó, y sabía que debía buscar aquella clave cuanto antes. Salió de la Sala de las Memorias, pensando en ir a buscar al venado. Él tenía lo que necesitaban.
Y vio a su aldea desmoronarse a su alrededor: los Gukra peleando con sus armas brillantes como estrellas, atacando a centinelas furiososo como nunca los hubiera imaginado. Aquellos seres arboreos, cuyos ojos verdes habían perdido todo brillo para dar lugar a unos ojos más negros que el Abismo, atacaban salvajemente y mataban con goce a todos los nedain que se cruzaban.
fue a donde el venado aún yacía, pero estaba incendiándose. El humo rodeaba todo.
Farah sabía que debía buscar al venado, él tenía la clave; pero estaba paralizada por el terror. Ulises entonces la agarró del brazo y la llevó arrastrando.
—¡Espera, Ulises! Debo ir a ver al venado. Está en…
El roedor negó con la cabeza, le señaló el enorme incendio que sufría la sala donde el abuelo había recolectado las memorias del venado.
—No puede ser…
—Ven —le dijo el roedor.


Ulises la llevó consigo. Siendo ambos bajos, podrían pasar desapercibidos entre la batalla si caminaban a resguardo. Si llegaban hasta el navegadesiertos, aún fuera de la aldea, podría salvarla. Y salvarse. Quizás.


Farah sintió como una sombra los penetraba con una mirada carente de emociones. Los contemplaba con tranquilidad desde las almenas, impertérrita, con una túnica arapienta de flecos al viento. El abuelo se interpuso en aquel escrutinio con una voz que fue un trueno:
—¡Nunca volverás a ser real, Sombra! ¡Nunca!
La niña observó: su abuelo sostenía cinco lágrimas en una garra, y otras cinco en las otra. Cerró los puños y el sonido del cristal al romperse bramó en rugidos y gritos de agonía. El abuelo se cubrió por un halo blanquecino de vapor y girones nubosos. Miraba a la sombra con dos estrellas del alba en lugar de sus ojos castaños, y con alas de energía en su espalda voló al acecho de aquel ser siniestro.
—¡No, abuelo...!
El llanto ahogó el grito de Farah. Ulises la arrancó de aquel lugar a empujones, y se la llevó hasta su nave. Ella seguía llorando cuando ya se habían alejado de su tribu. Una columna de humo negro se siguió viendo kilómetros después. Ella miraba con la vista anegada hacia atrás, y habría jurado que aquel humo negro se esparcía con parcimonia como si fuera una nube de insectos. Quizá la desesperación la engañaba, pero incluso la arena que rodeaba a los muros de la aldea se oscurecía con la sombra de una noche que recién se estaba alzando.


Ulises manejó sin mirar atrás. Condujo su bestia mecánica por días hasta que regresó a su distrito, dentró de la gran muralla que protegía a las Ciudades del Interior. Dejó dormir a Farah en su cuarto de estudios. Ella no se quería levantar del lecho que le había armado, tampoco quería comer nada. Ya se le pasará, se decía, aunque cada día que pasaba lo hacía abrigar serias dudas. De todas formas, eso no era nada comparado a lo poco que había hablado con ella en el navegadesiertos.
—Cada tribu nedain busca una memoria en particular —decía Farah—, lo que no es más que una interpretación subjetiva de la realidad objetiva.
—Si, pero… ¿Por qué lo hacen? ¿Qué memoria buscan?
—La Primera Memoria. Lo que nos va a volver a ser lo que éramos, antes de la desaparición del hombre. Antes de que todo cambiara.
—¿Y qué harían entonces? Digo, si la hayaran.
—Destruir al Último Recuerdo. El legado que aún se aferra al pasado. Aquella sombra que envenena lo que toca. Si tan sólo hubieramos recuperado lo que trajo el venado…
—¿Cómo...? —Preguntó Ulises, sintiendo un mareo repentino—. ¿Qué cosa?
—Creo que traía lo que mató al hombre. Una porción de la misma destrucción. Si alguien la encontró —dijo Farah, tras una pausa—, puede convertirse en un salvador o en el más desdichado de los sirvientes de la sombra.


Ulises sonrió, al final.
Sirviente de la sombra, pensó. Esa es la historia que buscaba.

«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
He disfrutado mucho el presente relato.  La narración es ágil y dinámica,  contando además con descripciones muy bien logradas que nos presentan una realidad fantástica alterna, pero sin perderse en una excesiva cantidad de detalles.

La caracterización de los personajes ha sido también muy buena,  permitiéndonos contar con una idea precisa de sus respectivas personalidades
.
La suma de estos elementos resulta en una lectura muy entretenida; acaso el final es un tanto apresurado a mi parecer, aunque considerando que la presente historia parece ser apenas el comienzo de otra mayor, desde ya la trama me ha enganchado en espera de la continuación correspondiente.
¿Cuánto darías por controlar un espacio de tiempo inexistente? Millones de moléculas creando formas de vida de la nada...
Responder
#3
El principio es sencillamente genial, ese primer parrafo me ha encantado. Pero los siguientes se deinflan un poco, hasta llegar a esta frase "El siniesto entramado dejó los restos de árboles muertos siglos siglos", que ya es para darte una colleja porque no hay por donde cogerla para encontrarle sentido... amén de la repeticion Tongue

La historia es interesante, te deja con ganas de mas, pero la afean bastantes errorcillos que tienes por ahi como acentos, letras y palabras mal puestas y esos puñeteros giones "--" en vez de puntos suspensivos "...". Y esa frase al principio que esta en otro tipo de letra, no se como se te ha podido escapar eso, ¡si canta como una almeja...! Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
Responder
#4
Ummm, ante todo: "Esa (era) la historia que buscaba."

Por lo demás, ¡steampunk fantástico! Jaja, me han encantado los detalles de los hombres cuervo y el roedor, así como ese coleccionismo de recuerdos que tan buenas migas hacía con el Buscahistorias.
Ahora bien, una presentación brutal de la Sombra... para no volver a recurrir a ella más que como un miedo distante y una presencia amenazante en las almenas. Genial esa búsqueda del Último Recuerdo por parte de los nedain, pero que solo se presenta, nuevamente, no se desarrolla. Así que entiendo que nos encontramos ante una historia de presentaciones: de la Sombra, del Buscahistorias, de los nedain (especialmente de Farah). Es decir, que tenemos la introducción, pero apenas puede decirse que haya nudo y menos hablar de un desenlace, si bien esa última introspección del Buscahistorias, tan en contra del sentido común, me ha parecido estupenda. Big Grin
Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
Responder
#5
En primer lugar hay muchos errores ortograficos, algunos bastante notorios y que terminan por despegarte del relato, curiosamente no vi frases u oraciones raras o mal construidas.

La historia es otra cosa, bien narrada, bien contada, es bastante intrigante, poco a poco nos revelas detalles de este singular mundo, donde el ser humano ha desaparecido (¿magia, una guerra termonuclear?) y ha sido reemplazado por animales humanoides, y hay un tipo de magia muy interesante que recolecta recuerdo, y un monotn de detalles, mas, la construccion dle mundo, a pesar de que queda la impresion de que todo queda a media camino, es mas que interesante.
Responder
#6
Buenas, segundo relato en publicar. Este roza las 4000 mil palabras, a ver qué tal lo hizo.

Personajes muy bien definidos, con los que pude empatizar en tan poco espacio (incluso con el uraño Hashîm). Me gustó el folclore del setting planteado, incluso esbozando palabras de un idioma. Con más tiempo, hasta me pondría a buscar el significado de los nombres que intuyo algo debe de tener que ver con la historia.
Hablando del mundo en sí, me resultó original este enfoque del humano desaparecido y, aparentemente, volviendo para buscar venganza contra estos animales humanoides. Sin dudas, no les auguro nada bueno.

Ahora hubiera esta bien una revisión extra, aunque sea para no pifiarle con algunos caracteres raros como los de itálica del foro, y alguno que otro errorcillo fácilmente subsanable con más cuidado. Pero dado el resultado, y que lo has subido casi terminado el primer límite de subida, es perdonable.

En fin, buen trabajo y éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
Responder
#7
Uno de los mejores relatos  que he leìdo hasta ahora, a pesar de los muchìsimos "peros" que le he encontrado, la sensaciòn es positiva.
La idea muy buena, muy cinematogràfica, la prosa un poco entorpecida, a veces utiliza demasiadas palabras para exprimir un concepto, otras en cambio utiliza un vocabulario sorprendente, le falta un poco de empaque.
Los cambios de caràcter al principio marean un poco.
Alguna letra comida y repeticion:
"algo que no encontraba. Resoplaba cuando registraba entre el cuerpo de un centinela que yacía con la boca abierta y los ojos desborados por un liquido negro y viscoso.
Llegó al lindero del bosque, insatisfecho por algo que no había encontrado
" o "[u]como[/u] dudando de salir del abrigo del bosque, hasta que su maestro tomó una distancia que no pudo evitar perseguir. El sol se ocultó como si el mismo flujo del tiempo se hubiera acelerado".
"Dio pocos pasos cuando un (???) la arena estalló detrás de ellos"
"pero pensaba que no sabría si tendría otra posibilidad así de verlo al abuelo recolectando nuevas memorias".

Los puntos y a parte rompen el ritmo. De repente aparecen, con unos dos o tres espacios de separaciòn, aunque la historia que se nos cuente después esté relacionada con lo sucedido.
Hay algunos sìmiles que no me convencen. "El rojizo atardecer en el desierto trajo consigo el estruendo de un motor civilizado".
Al contrario de lo que he leìdo que comentan otros foreros, para mi gusto el relato no empieza tan bien y mejora en la fase de desarrollo, aunque luego es verdad que se desmorona un tanto, desde la apariciòn del venado en adelante, donde todo se sucede de manera un poco caòtica. Desde mi punto de vista suceden demasiadas cosas para un simple relato, estamos hablando de lo que vendrìan a ser varios capìtulos de un libro metidos en un relato, resumidos y algo caòticos.

Dicho todo lo negativo, pasamos a lo positivo, a lo que ha hecho que le puntue con un Notable alto, situàndolo entre mis relatos favoritos hasta ahora: Hay una originalidad abrumadora dentro de este relato. Està claro que forma parte de algo mucho màs grande pero el pedazo de historia escogido es acertado, aunque ya mencioné que quizàs suceden demasiadas cosas para un simple relato.

La historia en sì es muy buena, original y fresca. Inspiradora.
Desde mi punto de vista este relato, con un poco màs de tiempo para revisarlo, hubiese sido infinitamente mejor, pues el autor hubiese tenido tiempo de pulir algunas imprecisiones fàciles de identificar con un poco de atenciòn, de consolidar la prosa y quizàs de darle un poco màs de empaque a ese desenlace un tanto precipitado.

Muy buena lectura.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
Responder
#8
Hola, querido autor/a anónim@... Bueno, si tu querido protagonista es un Buscahistorias, remítelo a mí y haremos negocio ^ ^ Qué difícil me lo pones. Vamos a ver.

Una historia que destila originalidad y frescor, con un mundo bastante creativo, probablemente el más extravagante de los presentados en el reto. Muy bien, qué satisfacción leer una ambientación steampunk tan divertida ^ ^

Pero... Muchas cosas que reseñar en el apartado técnico. Algunas, fáciles de solucionar con una necesaria revisión (aunque viendo que te ajustaste al primer plazo de subida, las pasaré por alto Tongue). Otras más graves, que irán desapareciendo a medida que mejore tu pluma, que por ahora parece algo inestable pero se me antoja bastante enérgica, con muchas posibilidades ^ ^

"No como el silencio que presagiaba a la noche y a su reposo, sino un mutismo sepulcral".  Ha sido empezar a leer esta segunda frase, tras lo bien construida que estaba la primera, y mi espíritu tiquismiquis se ha puesto en marcha a toda velocidad, te explico por qué ^ ^
La noche y su reposo son complemento directo, por lo que les sobra la preposición "a". El pretérito imperfecto en presagiaba, sin ser del todo incorrecto, considero que debería cambiarse por un presente simple. En la segunda parte de la oración, omites el "sino [como] un mutismo sepulcral", perfectamente lícito también, pero sumado al resto de los elementos disonantes de la oración, da la sensación de que la frase ha quedado muy descuidada.
Posible sugerencia, uniéndose a la anterior oración mediante un punto y coma: "; no el silencio que presagia la noche y su reposo, sino un mutismo sepulcral."

"El siniesto entramado dejó los restos de árboles muertos siglos siglos." Esa revisión xD

"Aunque si la primera en que lo hace de manera tan pacífica." El sí con tilde y el "en" sobra.

Varias erratas/fallos ortográficos serios: octaba, erer, necesitó (sin tilde al ser 1ª persona presente), un la arena, titalar, parcimonia, hayaran, estamina (esta palabra directamente no existe en castellano, sustitúyela por "vigor" o similar)... Algunas repeticiones. La utilización irregular de la primera mayúscula/minúscula en algunas palabras

Respecto al trazo argumental, me ha parecido magnífico, con toda sinceridad. Sólo hay una cosa que no entiendo, y es esa afinidad del giro final (estupendo también) por parte de Ulises, que parece estar tentado a escoger el mal como la historia más interesante. De ser esa clase de personaje, hubiese dado más juego, o quizás más coherencia, si a la hora de huir del poblado con su mantícora se preocupase más por sí mismo que por Farah (con invertir esas frases bastaría: "podría salvarla. Y salvarse. Quizás."; cambiándolas por: "podría salvarse. Y salvarla. Quizás."), cuya salvación hubiese sido motivada por ser la única superviviente con acceso al rito que él desea poder realizar. También que en lugar de reflexionar acerca de lo que le ocurre a la niña, siguiese dando vueltas sobre cómo poder obtener el poder de la memoria. Es una simple sugerencia, quizás no he entendido del todo bien al protagonista Tongue

Qué decir. Tienes un estilo muy fresco escribiendo, creas una atmósfera que atrapa, con una historia bien hilada y elementos muy potentes (la caída de los hombres buitre, la sombra que pretende persistir imponiéndose más allá de la memoria, el ritual de acceso a los recuerdos, el propio protagonista Buscahistorias...). Así que mi único pero va hacia la técnica, los fallos que hacen sufrir un poco al lector y enturbian esta magnífica historia que nos cuentas.
Ob-la-di Ob-la-da
Responder
#9
Hola anónimo

El relato destila creatividad por donde se le vea, además de que se intuye un trasfondo bastante trabajado. La historia es envolvente y avanza sin interrupciones, es fluida, además de los personajes, que son bastante empáticos aunque uno que otro sea un cascarrabias.

Si tengo alguna objeción, es el final, del cual esperaba algo más conciso, no que fuera tan abierto, pues realmente no termina de cerrar el relato.

Es todo, nos vemos en otra ocasión!
«Quizá no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero, en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba.»

El Extranjero, Albert Camus.
Responder
#10
Segundo relato...

Hay mucho por revisar en el apartado técnico y de presentación para subsanar despistes. Por otra parte se trata de un preludio a una historia mayor, en donde no sabemos que ocurrirá. Si lo debo tratar como un capítulo de apertura debo señalarte que considero la última parte un poco floja por cuanto es cuando sueltas toda la información y se desata la masacre y la huida, dejando en el caos el destino abierto del abuelo Rafa y de Hashim. Y todo ello conlleva un desbalance en la estructura y ritmo narrativo que desluce.

No obstante considero que tienes muchísimos más aciertos que fallos (estos más bien por despiste, tiempo y espacio... Todo subsanable). Para empezar has sabido crear una ambientación rica y con historia, un mundo con reminiscencias de steampunk que se muestra interesante y que nos invita a querer explorarlo. Datos sueltos de la historia y la cultura, asi como detalles idiomaticos hacen que el relato sea más sólido.
Los personajes son otro punto a favor enorme, no sólo por su propia presencia racial/especie (ratas, buitres) sino por la caracterización de los mismos. En pocas líneas y situaciones has sabido de dotar de alma a los personajes, desde la Sombra en el inicio, hasta Hashim en el final, pasando por los tres principales del relato, Ulises, Farah y Rafu.
El posterior desarrollo de tu historia, que deseo que sigas, dirá si la promesa que tienes aquí cumple las expectativas... Para mi, en lo que refiere al reto, consigue alcanzar los objetivos y destacarse sin duda alguna.

Felicitaciones, estás entre mis favoritos...
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)