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Concurso Mensual III: Fantasía Épica: Nieve en Lux Nobilis
#1
Una laberíntica concatenación de escaleras, esquinas, pasillos y cruces se sucedía vertiginosamente en las retinas de los silenciosos fugitivos. Mientras los robustos muros que flanqueaban su pasar absorbían, cómplices, el tenue ruido de sus pisadas, las vidrieras del viejo edificio conspiraban con el cielo estrellado para despojarles descaradamente del amparo de las sombras.
Su trepidante travesía adquiría más y más celeridad: un sucinto corredor que desembocaba en un salón polvoriento; un nuevo giro; unos estrechos escalones descendiendo en hélice. Al terminar de bajarlos, el más rezagado de los tránsfugas se detuvo a recuperar el aliento.
Enseguida, los otros dos se giraron alarmados, y se miraron con visible nerviosismo:
–¡Vamos, vamos, leggiero! Si dudas un segundo, te pillarán –le impelió con furiosos susurros el más alto de los tres.
El muchacho, que intentaba recobrarse, apenas pudo asentir con la cabeza mientras sentía cómo el corazón se le salía por la boca. Su mirada perdida denotaba el grado de extenuación que había alcanzado.
–Eh, llorón. No te vamos a llevar a rastras –prosiguió encolerizado. Subrayó las siguientes palabras clavando en él sus fulgurantes ojos claros–. O nos sigues el ritmo, o te dejamos atrás.
La silueta que hasta ahora había liderado la marcha se acercó a sus dos compañeros.
–Basta, Eó –reclamó en tono conciliador–. No es falta de decisión; está agotado.
–¡Lo sé, Mabi! ¡Pero no hay tiempo, tenemos que…!
Sin detenerse a escuchar la respuesta de Eógan, la muchacha recorrió la distancia que le separaba del otro niño. Aún cabizbajo, trataba de reponerse. La joven fugitiva tomó cariñosamente aquel mentón aniñado entre sus dedos y elevó la cabeza del benjamín. Los ojos de ambos quedaron alineados. Él, respirando a duras penas, contempló el semblante amable de su acompañante y se perdió en aquella preciosa heterocromía parda y añil. Como un acantilado al borde del mar. Ella se limitó a pronunciar con voz maternal dos palabras:
Arnasa hartu.
De pronto, y antes de que cualquiera de los otros dos chicos pudiese reaccionar, se inclinó sobre el pequeño y posó sus labios delicadamente sobre los de él, y con un soplo tranquilo y constante le insufló aire directamente desde su boca. Una sensación refrescante invadió los pulmones del zagal y se extendió, como las ondas sobre un estanque tranquilo, por todo su cuerpo.

***

Era una fría mañana de primavera que se resistía a abandonar el abrazo invernal. Como de costumbre, Eileen fue la primera en salir de la cama y dirigirse a tientas a abrir las cortinas del dormitorio. Cuando lo hizo, dejó escapar un silbido de asombro.
–¡Mirad eso!
El resto de chicas comenzó a incorporarse perezosamente para contemplar aquello que había asombrado a la encargada matutina del dormitorio. Mabi, que compartía litera con Eileen y se despertaba siempre unos minutos antes que su compañera, fue la más rápida en acercarse a la ventana y descubrir qué había emocionado a su amiga. Al otro lado del cristal, unos tiernos rayos de sol proyectaban destellos por todo el suelo, que con su impecable blancura parecía desearles un agradable día.
–Buenos días, Mabi –le dijo su compañera mirando su reflejo con una ancha sonrisa–. Hacía años que no nevaba, ¿eh?
Asintió sonriendo a su vez y abrazó a su amiga por la espalda. Después de todo, incluso en lugares como
Lux Nobilis aún había días en los que, sin motivo aparente, uno podía sentirse mejor.

***

–Bien, ¿te sientes mejor ahora? –inquirió con una sonrisa.
Obtuvo un silencioso asentimiento por respuesta mientras el niño sostenía su mirada. Se sentía lleno de energía otra vez, listo para reanudar su carrera. Eógan dibujaba ostentosos gestos de impaciencia en el aire y se puso a la cabeza del grupo mientras los otros se disponían a seguirle.
–Affrettando –ordenó.
Prosiguieron con su itinerario preestablecido y por fin llegaron a la puerta de la cocina. Apenas la cruzaron, los tres se quedaron petrificados. A través del tubo metálico que descendía hasta la caldera se propagaban voces provenientes del piso más alto. Ese revuelo iba en aumento, haciéndose cada vez más notable. Eógan meneaba su cabeza.
–No… No, no, no. Todavía no… ¡Mierda! –le propinó un puñetazo a la pared de su izquierda, despellejándose los nudillos en el acto– ¡¿El cambio de guardia, ahora?! ¡No me jodas…! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

***

Aquel día, el clima en el comedor estaba bastante animado. Como de costumbre, tras hacer cola y recibir su ración de desayuno, Mabi se sentó junto con Eileen y Myrna, y esperaron en solemne silencio. Un muchacho alto y rubicundo avanzó hasta la mesa que ocupaban y, sin dirigirles la mirada, tomó asiento en frente de ella.
–¡Qué maleducado! –rechistó Myrna entre dientes.
El chico levantó la cabeza y sus desordenados cabellos dorados se agitaron, deslizándose con suavidad unos sobre otros. Miró duramente a Myrna con un par de gélidos ojos grises y alzó una ceja en un gesto de desdén:
–Lo… ¿siento? –dijo con un burlón deje dubitativo.
Myrna abría la boca para replicarle, pero Mabi fue más rápida.
–Silencio los dos, por favor –pidió en voz baja–. O nos castigarán.
Myrna frunció el ceño, pero se guardó su hostilidad para sí. El chico, por su parte, fijó su atención en Mabi, quien se sentía visiblemente incómoda. Eileen se limitó a disfrutar con regocijo del infrecuente espectáculo matinal que se desarrollaba delante de ella.
Entretanto, todos se habían acomodado ya en los bancos de madera del austero comedor, y aguardaban con férreo mutismo la llegada del abad. Por fin hizo su habitual entrada atravesando el portón de madera de roble del comedor, y los monjes celadores inclinaron sus cabezas en sumisa reverencia. Recorrió sin prisa el espacio que cercaban las dos filas centrales de mesas del comedor, cruzando al lado opuesto de la sala. Allí, tras subir a un pequeño estrado, ocupó el asiento central de la mesa, escoltado por cuatro de sus subordinados, que ya se habían recompuesto de su digna inclinación y se apresuraban a sentarse a su lado con acostumbrada diligencia. Se habían ganado con toda suerte de méritos el título que los niños no se atrevían a pronunciar en voz alta, los “Perros del Abad”.

***

El barullo de arriba cesó de golpe y se alzó un silencio amenazador. Una voz de hombre crispada, cargada de veneno e ira mal disimulada, fue proyectada por todo el edificio.
–Amabilia Vereterra, sólo lo diré una vez: repórtate ahora mismo en el dormitorio femenino. Si continúas desobedeciendo las normas, tan sólo agravarás las consecuencias de tu castigo.
Eógan le dedicó una húmeda mueca llena de rabia; así que ella era a quien habían descubierto. Pero estaba segura de haber burlado fácilmente al vigilante, entonces, ¿cómo habían notado su ausencia? Las lágrimas también comenzaron a asolar el rostro del chavalín, que se tapó la cara con su antebrazo y comenzó a sollozar.
Mabi vio cómo sus compañeros se derrumbaban, y sólo entonces se dio cuenta de que ella también estaba notablemente intranquila. Sus manos temblaban y sus piernas estaban rígidas como dos bloques de hielo. Su cuerpo parecía haber optado por la más contundente insubordinación, abandonándose a esa sensación de miedo que sólo siente quien tiene la absoluta certeza de que algo horrible e irreparable está a punto de suceder.
***
Con aire circunspecto, el solemne personaje se levantó y alzó su mano derecha con la palma extendida. Inició el acostumbrado rito de fe: desplegando su dedo anular, realizó con él un trazo vertical descendente, volteó entonces su mano, con el dorso apuntando al suelo, y completó movimiento con un desplazamiento horizontal hacia afuera. Articulaba así una L fluida.
En cuanto lo hizo, los frailes, y todos los niños del comedor, se pusieron en pie y realizaron el mismo gesto, pero invertido horizontalmente, resultando así una L que torcía a la izquierda. Zanjaban aquella mímica en espejo con la mano cerrada sobre su corazón.
Entonces el abad, con júbilo, proclamó con su retumbante voz:
–Que la Luz nos proteja del esoterismo hereje. Hemos rescatado de sus garras a otra humilde criatura que hoy se une a nosotros. Por ello, demos gracias a la Diosa, y sin más dilación, empecemos a comer.
Se volvieron a sentar y esta vez fue Eileen quien rompió el silencio:
–¿Quién es el nuevo? –preguntó al muchacho rubio.
–Un niño pequeño. No es más que un llorón –respondió con un mohín de desprecio.
Myrna soltó una terrible risita.
–¡No digas eso! Pobre, debe estar aterrado –susurró Mabi–. Este lugar, lo que nos hacen es… –sacudió la cabeza, sin terminar la frase.
Había atraído las miradas de sus compañeros de mesa, que la observaban con curiosidad. Eileen le instó a callarse poniéndose con discreción el índice sobre los labios.
–Es, ¿qué? –le provocó el chico, divertido.
No fue por el absurdo desafío de alguien con quien jamás había cruzado palabra. Tampoco porque le hubiese conmovido hasta tal punto el sufrimiento del crío recién llegado. Ni siquiera porque su resiliencia hubiese tocado fondo y no pudiera haber resistido el desahogarse.
Aquel fue un acto completamente premeditado -y estúpido- obrado por una niña reflexiva en pos de conseguir un pedazo de libertad. La libertad de oponerse a la censura, de hacer saber lo que pensaba. Algo que había meditado al contemplar la inusual capa de nieve que se había formado la anterior noche. En un lugar donde jamás nevaba, en una época en la que no debería nevar.

***

Pero no. Aquello no podía terminar así. Tenía que haber alguna otra salida, alguna alternativa. La chica de ojos dispares se concentró en respirar hondo y expiró el aire inhalado lentamente. Tras hacerlo un par de veces, consiguió apretar sus puños, aún temblorosos, y empezó a sentir que recobraba su espíritu de nuevo. Alguien tenía que sacar de allí a esos dos, merecían ser salvados. Desafortunadamente, ninguna idea brillante acudía a su mente. A sabiendas de que hicieran lo que hicieran ya habían cometido la infracción más grave que podían realizar, decidió que su siguiente movimiento bien podría ser ganar algo de tiempo.
Así que, haciendo acopio de toda la autoridad que su renovada fuerza mental podía otorgarle, asió a sus compañeros por el brazo y, tirando de ellos, les espetó una orden clara y simple:
–Seguidme.
***

Lux Nobilis es abominable –sentenció.
Pronunció cada sílaba, cada fonema, con fuerza, casi escupiéndolos. Salían de su boca y se precipitaban al suelo como si pesasen una tonelada. Ninguno allí permaneció indiferente. Myrna se quedó petrificada, su cuchara se le escurrió entre las manos. Eileen y el chico la miraban: la primera, con rabia, el segundo, incrédulo.
Todo sucedió en apenas unos segundos. Myrna no perdió el tiempo. Eileen la intentó retener asiéndola del brazo, pero ella se levantó y salió corriendo en dirección hacia la mesa del abad. De repente, el muchacho rubicundo soltó una carcajada y alzó su voz:
–Y que lo digas, este lugar es una jodida mierda. ¡Ellos –gritó señalando al lugar hacia donde Myrna había salido escopetada– son los verdaderos monstruos!
Mabi le contempló boquiabierta, mientras su amigo sonreía triunfante. ¡¿Qué narices estaba haciendo ese chaval?! Todo el comedor contemplaba la escena en impertérrito silencio, sólo interrumpido por el estruendoso berrinche de uno de los niños, que no paraba de entremezclar lágrimas y gañidos. Mientras, Myrna se ponía de puntillas para contarle al abad, que tenía sus fríos ojos negros clavados en ellos, lo que acababa de ocurrir. El celador más cercano se acercó hasta donde estaban y les espetó:
–¡¿Qué has dicho, mocoso?!
Eileen se incorporó. Miró primero, furibunda, al chico con el que había compartido mesa y después, dolida, a la amiga que aquella misma mañana le había abrazado mientras observaban el blanco paisaje desde la ventana.
–¿Por qué lo has hecho, Mabi? No me dejas elección.
Y, dándoles la espalda, siguió los pasos de la otra muchacha. El chivatazo había concluido y el abad se había puesto en pie. Levantó sus manos con las palmas hacia arriba, que empezaron a refulgir con una intensa luz anaranjada. De ellas ascendió un rápido rayo luminoso que avanzó zigzagueando hacia el lugar donde el niño lloraba a pleno pulmón, y los berridos cesaron inmediatamente. Nadie hizo el menor movimiento, todos estaban paralizados por el miedo, críos y adultos por igual.
El abad, visiblemente irritado, le dedicó una mirada inquisitiva a Eileen, que ahora estaba también a su lado. Ella se limitó a responder asintiendo con su cabeza. Sus manos volvieron a emitir destellos, esta vez verdosos. Lo último que los dos causantes de aquella agitación recordarían sería la visión de una nueva oleada de luz esmeralda elevándose por unos segundos en el aire, y cerniéndose violentamente sobre ellos.

***

Entraron por la única entrada que daba al comedor, una robusta puerta doble de madera de encina.
-¡La puerta! –le ordenó Mabi a Eógan-. ¡Eógan! ¡Vamos, la puerta!
Sin perder un segundo, arrastró a su otro compinche hasta las mesas del comedor y, con su ayuda, empezó a empujarlas hacia la entrada.
Eógan, aún temblando, se limitó a hacer lo que le habían ordenado. Se acercó a la puerta, sacó una flauta de pan de su bolsillo y murmuró:
-Legato.
Comenzó entonces a tocar una sencilla melodía. Tras tocar cada nota, el sonido flotaba en el aire unos segundos antes de desaparecer, imbricándose unos con otros. Cuando terminó, las dos hojas de la puerta se habían fusionado, junto con el marco, en una sola pieza. Mabi se permitió levantar la cabeza unos segundos para felicitarle con una sonrisa y el pulgar en alto.
-Chicos. Chicos, chicos, oh, cielos. Estoy aterrorizada. Y enormemente feliz. Por estar haciendo lo correcto.
-Lo sabemos, Mabi. Pero por favor, ¡ahórratelo para cuando hayamos escapado y empuja esas mesas con todas tus fuerzas!
Cuando aún les faltaban por colocar dos mesas más, oyeron las voces. E inmediatamente, unos estruendosos golpes en la madera.
-¡Abrid! En nombre de la Diosa, ¡abrid ahora mismo!
Los celadores ya habían llegado y trataban con todas sus fuerzas de derribar la puerta.
-Última medida de seguridad –exclamó un Eó desafiante, sujetando nuevamente su instrumento-. Pesante.
***

Desde luego, existían varias razones por la que aquel lugar, Lux Nobilis, era un sitio tan indeseable para sus pequeños residentes. Pero el motivo fundamental era la principal función que cumplía el orfanato de la Diosa: arrancar todas las Aberraciones que perturbaban a los internos y convertirlos a la Luz. Claro que nadie sabía en realidad cómo conseguirlo o si acaso era posible. Por eso, más que un hogar de acogida, el orfanato merecía un nombre a medida, a medio camino entre un laboratorio y una cárcel para pequeños delincuentes. Mientras los practicantes de la Fe trataban de dar con otros métodos más eficaces para cumplir su cometido, la Purga era el doloroso proceso de elección, no exento de graves riesgos para aquellos que se sometían a ella.
Las normas allí se ajustaban  a los preceptos de la Fe y eran inquebrantables. Nadie decía nunca nada malo de aquel lugar, porque se consideraba un acto de rebelión inmoral que violaba los mandatos de la Diosa. Para asegurarse de que esta actitud ni siquiera se manifestase en secreto, el abad había diseñado una cruel norma que prohibía guardar silencio: todo aquel que presenciase palabras de desdén hacia cualquier designio de la Fe debía reportarlo inmediatamente, si no lo hacía sufriría el mismo castigo que el perpetrador. Además, había añadido una suculenta recompensa para aquellos que diesen el toque de alarma, que probarían con su buena voluntad estar capacitados para librarse de su próxima Purga.
-Por eso Eileen también fue a chivarse –concluyó Mabi enjugándose el sudor de la frente-. Tras gritarles a los cuatro vientos que eran unos monstruos, no había manera de que pudiese contradecir a Myrna. Por dios, a quién se le ocurre…
-Hmmm –murmuró, antes de añadir en voz queda-. Me dejé… llevar. Por tu… pianoforte.
-¿Qué?
-Es igual. Oye… no soy idiota. Entiendo… por qué tu amiga… lo hizo –no podía evitar arrastrar las palabras, cada vez le costaba más hablar-. Pero, ¿de verdad no… la odias?
Mabi y el muchacho rubio habían tenido tiempo de sobra para presentarse en la celda de la Purga, su castigo por su conducta de rebeldía. Llevaban ya dos días allí encerrados, y según les habían advertido aún les esperaba un tercero.  El Cristal de la Diosa –así llamaban al octaedro de caras pulidas al que estaban encadenados- había absorbido la mayor parte de su energía, y ambos se sentían exhaustos, sobre todo Eógan.
-Sí. La odio.

***

Resoplando, Eó se reunió con sus jóvenes camaradas y se mesó su pelo rubio con nerviosismo:
-La puerta resistirá, pero estamos encerrados. Ni siquiera hay ventanas en el comedor.
El benjamín de los tránsfugas señaló entonces la única salida posible.
-¿Qué? Eso es...
-¡Brillante! –gritó Mabi, triunfal, revolviéndole la cabeza al pequeñajo- Dejádmelo a mí.
***

Más tarde, al caer la segunda noche, se abrió la puerta de la celda. Lanzaron a un niño pequeño a la celda, le pusieron unos grilletes encadenados a la plataforma que sostenía el cristal y se fueron. Adormecidos como estaban, apenas se dieron cuenta de lo que sucedía.
A la mañana siguiente (una modesta luz matinal se colaba por debajo de la puerta), ambos se despertaron con energías renovadas. Fue lo primero en lo que repararon tras los dos días de absoluto abatimiento. Lo segundo, fue que ahora eran uno más: un niño pequeño se había acurrucado entre los dos y respiraba lentamente. Estaba dormido.
-¡Llorón! –exclamó Eó.
-¿Quién es? ¿Lo conoces?
-Es el nuevo niño del que os hablaba el otro día, en el comedor. Y la nueva víctima de esta cámara de las torturas, por lo que parece.
-¡Ssshhh! ¿Estás loco? ¿Quieres que te oigan y nos encierren aquí otro par de días más?
Si algo había aprendido Mabi durante los pocos días que había entablado conversación con Eó, era lo bocazas que éste era.
-Que hagan lo que quieran, qué más da. Nadie ha pasado nunca tanto tiempo frente a un Cristal de la Diosa, a lo mejor nos caemos muertos en cuanto intentemos volver a caminar.
-Lo dudo mucho. Oye, de hecho… -Mabi le miró extrañada- ¿no te sientes un poco mejor esta mañana?
-¡Sí! ¡Ahora que lo dices…! –el niño soltó un pequeño quejido y se removió, todavía dormido. Eógan continuó hablando en voz baja- Pues claro, es él. El Cristal debe haber estado ocupado absorbiendo su Aberración desde que entró en la celda. Tiene que ser una de las grandes.
Ambos lo miraron con gratitud. Desde luego, si había sido como Eógan afirmaba, no había que fiarse de las apariencias. Comenzaron a mantener una animosa conversación. De repente, Mabi se acercó a su interlocutor y se atrevió a preguntar algo que rondaba su cabeza desde hacía tiempo:
-Oye, dime… ¿qué clase de “Aberración” puedes hacer tú?
La pregunta pilló por desprevenido a Eó. Incluso él vaciló antes de responder, cerciorándose primero de que no se oía ningún ruido procedente del pasillo y contestándole en el mismo tono en que su compañera pelirroja había preguntado.
-Música –fue la primera palabra que susurró, con fuerza-. No es una Aberración, es música. Puedo hacer algunas cosas… con ella.
Mabi asintió para indicarle que le había entendido. Se moría por preguntarle qué clase de cosas, pero suponía que era demasiado arriesgado, incluso para él. Aunque lo estaba esperando, un escalofrío recorrió su espalda cuando le devolvió la pregunta:
-¿Y tú?
-Yo… -cambiaron a la posición en la que Mabi pegaba sus labios a las orejas de su oyente-. Cuando de veras quiero hacer algo… Es como si dejara de ser yo. Estas… palabras vienen a mi cabeza, y si las pronuncio en voz alta, puedo hacer que ocurran… cosas.
Eó se quedó escuchando en la misma posición: esperaba una respuesta más elaborada.
-Hablo en una lengua que desconozco, el idioma de mis padres. Las palabras sólo acuden a mi mente unos segundos, en el instante indicado, y luego, desaparecen. Las olvido.
Separaron sus cabezas y se quedaron pensativos. Sólo entonces Mabi se dio cuenta de que su otro compañero de celda había despertado y los observaba en silencio. Eó notó el sobresalto de Mabi y lo miró también:
-¡Tú! ¿Has estado escuchando?
El chico asintió, clavando en él sus grandes ojos negros. Eó le cogió por el cuello de la camisa que llevaba.
-Maldito, como te atrevas a decir una palabra…
Pero a pesar de la amenaza, el chico sonreía ampliamente.
-¡Eó, déjale en paz! –les separó al instante- Dinos, ¿cómo te llamas?
Alzó las cejas sin decir nada. Abrió la boca y señaló su interior, comenzó entonces a mover sus labios, pero sólo salían sonidos desarticulados.
-Ni siquiera puede hablar –suspiró Eó-. Al menos no le contará a nadie lo que hemos hablado. Ni lo que voy a proponerte –añadió.

***

Llegaron las náuseas. Era buena señal, las palabras estaban apareciendo. Fueron ellas las que le indicaron que corriese a por una silla y la depositara en el hueco de la chimenea, donde había señalado su amiguito. Y fueron ellas las que se dejaron deslizar por entre sus labios para salir y tomar forma.
-Landare Igokari.
De la madera de la silla empezó a surgir una modesta planta, que fue ganando tamaño y trepando por las paredes de la chimenea hasta abrazar el cielo nocturno. Entretanto, la voz del abad aullaba desde el exterior.
-¡Abrid paso, imbéciles! Voy a dar caza a esa bruja.
Una potente luz se filtraba bajo la puerta. Eó se giró espantado.
-¡Va a tirar la barricada abajo!
-Rápido, trepad, ¡no hay tiempo! –urgió Mabi. Les empujó hasta la chimenea, y ambos empezaron a subir por la espesa enredadera que se había formado.
-¡Venga, Mabi! ¿Qué haces? ¡Síguenos! –Eógan observaba preocupado cómo Mabi desaparecía del trozo de habitación que podía observar desde el interior de la chimenea y arrastraba otra mesa hacia la puerta-. ¡Mabi!
La muchacha pelirroja se asomó su cabeza de nuevo. Les dedicó una de sus amables sonrisas y volvió a desaparecer.
-Os conseguiré unos minutos. No saben que estáis aquí. Voy a dejarme llevar… por las palabras –les dio la espalda y se encogió de hombros-. Es lo que saben que quiero hacer. Adiós, lagun.
Eó empezó a gritarle que subiera de una vez, y los dos chicos amenazaban con descolgarse. Fue entonces cuando Mabi se dio la vuelta, y pudieron ver claramente cómo sus dos ojos ahora brillaban intensamente con un único color pardo. Una voz que no era la suya retumbó en sus oídos.
-Su.
La silla, la enredadera y todo cuanto había en el interior de la chimenea empezó a arder. El humo les hacía toser y empañaba sus ojos. No les quedaba más remedio que trepar lo más rápido posible hacia el tejado.
Escucharon un estruendo horrible y pudieron observar, a duras penas entre la humareda, cómo una pila de mesas cruzaban volando hacia el otro extremo del comedor pasando a escasa distancia de su amiga. Se vieron obligados a subir hasta el tejado y se asomaron a su humeante obertura. Tan sólo podían intuir la sombra del cuerpo de Mabi. Un halo de tranquilidad se cernía sobre su figura, sobre cada gesto y movimiento que realizaba.
La voz del abad estalló proclamando su dictamen:
-Amabilia Vereterra, por quebrantar la Fe y ofender a la Diosa dejándote poseer por tu Aberración latente, se te considera una amenaza a exterminar, una Bruja.
Una carcajada cantarina se escapó de los labios del ser pelirrojo que recibía tal acusación.
-Benetan?
Posó con delicadeza una mano en el crepitante fuego y alzó su brazo libre hacia el frente.
-Sugaar.
Un repentino baile de llamaradas se extendió por toda la habitación, aventurándose al exterior  por donde habían escapado sus preciados amigos. Permanecieron en el aire, contorsionándose unas sobre otras, mientras ellos corrían con el alma destrozada.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Lo que os pueden gustar las pelirrojas en este foro Big Grin

Una historia genial, aunque como todas las que llevo leidas en este reto, te deja a medias. Sin duda forma parte de algo mayor, pues no sabemos que sera finalmente de los personajes, queda todo en el aire.

Me ha encantado la escena del beso para recuperar fuerzas. Aunque habria sido aun mejor con un aire romantico que la escena obviamente no tiene (menuda asaltacunas seria la pelirroja entonces Big Grin), aun asi, la escena tiene un aura de ternura que me ha encantado.

En el aspecto tecnico nada que señalar, todo perfecto.
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
Responder
#3
¡Brillante! ¿Fan del Décimo Doctor? Yo lo soy. Big Grin

Suscribo las palabras de Cabro hacia la primera parte del relato, chapeau.

Por lo demás, un relato fresco en el que brilla el trato que se hace de las conexiones entre los personajes, un elemento de... "comunidad" como hacía tiempo que no leía. ¡Mil gracias! Me lo apunto como próximo reto personal. Así que lo dicho, me ha gustado mucho. Sí que es cierto que hecho en falta no ya una continuidad previa o posterior a la acción descrita, sino una reflexión más elaborada sobre lo que supone descartar la censura que otros imponen sobre uno mismo y abrazar la "aberración".

¡Gracias!
Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
Responder
#4
Pues coincido tanto con Cabro como con Licor, el relato me ha gustado mucho mucho a pear de sus "peros"... y eso que tiene un buen nùmero de peros, pero ha sido tan ingenioso y fresco que los aspectos positivos han ganado a los negativos.
A continuaciòn te elenco algunos de los aspectos me fui apuntando mientras lo leìa:
- Los guiones, creo que ya te lo han señalado. En las conversaciones debe ponerse el guiòn largo, es una formalidad, pero vale la pena que lo tengas en cuenta pues hace que un relato luzca màs ordenado.
- el italiano: una persona que hace magia con mùsica y el uso del italiano? Muy buena idea. Casi todas las expresiones han sido bien escritas, simplemente decirte que leggero va sin esa "i" que pusiste y que "affrettando" no se usa mucho, de hecho nunca lo he escuchado. Pero por lo demàs me ha parecido un recurso muy bueno y conseguido.
Demasiados personajes para un relato: sì, quizàs eliminaba algùn personaje, porque al principio con tanto nombre me lié un poco. En un relato breve lo mejor es limitar el nùmero de personajes lo màximo posible y asì tener màs tiempo apra trabajarlos. Sin ir màs lejos en este relato te sobran amigas de Mabi y el mismìsimo niño. Aunque es solamente una opiniòn.
Prosa entrecortada, relato que sabe atrapar: Otro apunte que me hice. Quizàs el mayor defecto de este relato es la prosa, con todo el respeto. Es entrecortada e incluso a veces un poco frìa, distante. Creo que esta historia con una prosa màs emotiva y organizada hubiese ganado muchos enteros.
La magia viene hablando euskera: Otro apunte que me hice, parece que Mabi sabe euskera!! ya decìa yo que los vascos eran unos brujos!!
El desenlace tampoco me quedò muy claro, la verdad, no entiendo si la bola de fuego que Mabi genera la lanza al abad o si hace uso de ella para alcanzar a sus amigos... ha sido un poco lioso.

Pero aùn asì, a pesar de los peros de arriba, el relato me ha gustado mucho. POr fresco, ingenioso y por crear un mundo original y bien pensado. De notable alto.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
Responder
#5
Buenas, tercer relato en publicar.

Creo que lo mejor que tiene el relato es la magia utilizada, tiene un poco de clásico y un poco de original en perfecta sintonía. Un poco de misterio, y un poco de reglas que se dejan entrever (y que espero que existan, claro). La relación que tienen los personajes también me ha resultado fresca como a los compañeros, sobre todo por que se siente la rebeldía infantil y caprichosa.

Ahora, creo que quedaría mejor todavía sin la sobreadjetivación excesiva que tiene el escrito. Peca un poco de "artístico" artificial, como forzado; sin esos adjetivos extras quedaría más ágil y menos cargado, ya lo verás. El final es poco claro, le falta una vuelta de rosca para que se entienda en una primera leída.

Éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
Responder
#6
Bueno, bueno, siguiente relato a leer. Sin conseguir atraparme, la lectura me ha dejado buen sabor de boca, bien, bien Tongue

Creo que poco más tengo que aportar que lo señalado por Pafman que, con su permiso, me dispongo a citar
(29/08/2016 07:38 AM)Pafman escribió: Demasiados personajes para un relato: sì, quizàs eliminaba algùn personaje, porque al principio con tanto nombre me lié un poco. En un relato breve lo mejor es limitar el nùmero de personajes lo màximo posible y asì tener màs tiempo apra trabajarlos. Sin ir màs lejos en este relato te sobran amigas de Mabi y el mismìsimo niño. Aunque es solamente una opiniòn.
Prosa entrecortada, relato que sabe atrapar: Otro apunte que me hice. Quizàs el mayor defecto de este relato es la prosa, con todo el respeto. Es entrecortada e incluso a veces un poco frìa, distante. Creo que esta historia con una prosa màs emotiva y organizada hubiese ganado muchos enteros.

Cuidado también con los guiones largos. Si no sabes cómo insertarlos, búscalo en wikipedia y copia/pégalos en tu word en los lugares donde deberían ponerse. Créeme que te comprendo, a mí siempre me lo señalan en los retos, pero en este por fin he espabilado Big Grin No cuesta nada hacerlo y es un punto menos que juega en tu contra ^ ^

En el apartado técnico, no mucho que señalar, salvo alguna repetición (incluso) y una frase cuya estructura no llego a entender (Mientras, Myrna se ponía de puntillas para contarle al abad, que tenía sus fríos ojos negros clavados en ellos, lo que acababa de ocurrir). No le hubiese venido mal una revisión para revisar algunas frases y expresiones algo forzadas, más teniendo en cuenta que aún quedaban cinco días de plazo para subir el relato.

Paradójicamente, me ha dado la sensación de que el principio del relato, a pesar de su naturaleza vertiginosa, estaba bastante más cuidado que la narración hacia el final, que parece algo apresurada. Un relato que deja muchos interrogantes acerca de la situación en la que se desenvuelve, como siempre, quizás algo difícil de cuadrar en el límite de palabras.

Otro final a medias, cómo os gusta hacernos sufrir al respecto, ¿eh? Tongue Así que... ¿consiguen los niños escapar? ¿Son incinerados por Mabi? ¿La niña protagonista se transforma en bruja, se muere, se carga al abad, incendia todo el edificio?

PD: la puerta del comedor... ¿de roble o encina? xP

En síntesis, relato "fresco", como dicen por ahí, con un inicio aceptable que queda algo hueco hacia la mitad de la narración y concluye en final abierto. Enhorabuena ^ ^
Ob-la-di Ob-la-da
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#7
El final es un tanto precipitado, pero por lo demás, esta historia está muy bien llevada, con un buen nivel de tensión y una narrativa atrapante.
A nivel temático, mientras leía el presente relato no pude evitar pensar en la trilogía La materia oscura de Phillip Pullman  (En especial, en el primer libro que nos muestra a un grupo de niños que se oponen a un orden injusto que se ampara en la religión, para someter y abusar de la infancia)

Creo que la trama posee suficiente potencial como para inspirar más de una novela, teniendo como punto de partida el presente relato.
¿Cuánto darías por controlar un espacio de tiempo inexistente? Millones de moléculas creando formas de vida de la nada...
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#8
Un buen cuento, bien escrito, sin mayores faltas ortograficas , al principio es algo confuso y uno tiende a confudir los personajes, despues los diferencia mejor y uno logra entender la historia, aunque como ya dije es un poco confuso con sus cambios de un tiempo a otro. Una duda que queda es cual es el problema con las "aberraciones", ya ue se trata sin duda de magia, pero los cuidadores y el abad, o al menos el abad, tambien pueden hacer magia ¿se trata de distintos tipos de magia, donde un tipo es de caracter divino y los otros tipos son profanos? ya que no queda claro si es algo claramente religioso o algo similar.
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#9
Hola anónimo

El relato me pareció bastante interesante, además, por lo que alcance a entrever, es un mundo donde la magia está en cierta manera prohibida, cosa que le imprime un tono de rebelión y hasta cierto punto distópico. Quizás lo que no me acaba de cuadrar son los personajes, pues como ya lo dijeron, hubo demasiados y costaba identificar quién era quién.

Es todo, nos vemos en otra!
«Quizá no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero, en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba.»

El Extranjero, Albert Camus.
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#10
Tercer relato...

Otro más que me deja con la sensación de no estar terminado, de que deja todo listo para iniciar un recorrido de aventuras...
El número de personajes en escena, tanto en un tiempo como en otro, son demasiados, y eso atenta contra la atención y la apreciación del lector. Si vas a cautivar y seducir, se amable con el lector, muestra el mundo sin apabullar.
También faltan algunos datos que sirvan de anclaje al sentido interno de mundo que nos presentas. Se entiende en líneas generales, pero siempre se busca poder asir los detalles que revelen lo interno del relato, su identidad.

Más allá de los peros que le puedo encontrar considero que tienes un gran manejo de la estructura para presentar la narrativa en dos tiempos, así como también el manejo de los personajes (solo faltó que el lector los conociera), así como también un mundo con un planteamiento de conflictointeresante y atractivo. El desarrollo de la escena /relato de la fuga es dinámica y muy bien llevada, muy buen manejo del ritmo y la descripción.

Te dejo mi comentario y un muy buen deseo de éxitos!
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

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