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Concurso Mensual III: Fantasía Épica - Las Bestias del Bosque Oscuro
#1
LAS BESTIAS DEL BOSQUE OSCURO

Las nieblas de la inconsciencia se disiparon y Thoren abrió los ojos.
Con lentitud se percató que ya no lo cobijaba el techo de piedra de la prisión, sino que se hallaba bajo uno con vigas de madera y paja entrelazada, lleno de telas de araña.
“¿Dónde estoy?” pensó sin poder recordar qué le había pasado.
Tampoco la penumbra que le rodeaba era la misma; en la prisión era fría y gris. Ahora había un cálido resplandor anaranjado que lo bañaba todo, creando sombras a su alrededor. En algún lugar, a sus espaldas, ardía un fuego y alguien murmurando.
—… corazones de niños, uno, dos y tres, para la inocencia que los demás quieren ver —el chapoteo de cosas que eran  arrojadas al agua y la voz prosiguió, con un tonillo chirriante—. Lengua y ojos de mujer, para cautivar; cuatro y dos. Mezcla y mezcla contra las agujas del reloj.
Thoren parpadeó y se despabiló por completo, pero no se dio la vuelta. Trató de recordar por qué ya no estaba en la prisión del pueblo de Lengel; ¿podrían haberlo rescatado sin que el se diera cuenta? No, imposible. La única persona que podría querer rescatarlo estaba muerta.
Se removió un poco para tratar de ver mejor en dónde se encontraba y quién era que hablaba de aquella manera.
—¡Ah, ya despiertas, bello durmiente! —gorgojeó la voz chirriante— Vamos, no me hagas perder tiempo, pues es un lujo que no estoy dispuesta a concederte.
Thoren se quedó paralizado al escuchar que se dirigía a él. Se escuchó un resoplido de fastidio y luego un sonido semejante a un tik-tiki-tikiti-tikitik sobre el piso de piedra aproximándose a él. Una mano fuerte lo aferró del hombro y lo obligó a girarse.
Para su sorpresa, Thoren se encontró con una mujer de bellas facciones que lo miraba con una sonrisa sugerente. Y aunque pretendía ser amable, sus ojos, tan claros que casi eran blancos, le daban un aspecto escalofriante y desquiciado. Ella le puso las manos en el pecho de manera tosca; una mezcla entre caricia lasciva e impaciencia bruta.
El hombre estaba perplejo y sólo atinó a incorporarse. Aún desconcertado observó a su alrededor y descubrió que se encontraba en una sucia cabaña. Una de las paredes estaba ocupada con estanterías llenas de libros y redomas de vidrio que contenían líquidos y formas de tétrica procedencia.
—Bien, bien. Ponte de pie, que no tenemos tiempo —lo volvió a mirar, evaluando su cuerpo bien formado por la vida agreste de quien recorre los caminos y sabe guerrear. Se relamió los labios y luego se dio media vuelta con un vaporoso revoloteo de su vestido rojo.
Una vez más, Thoren pudo escuchar el tik-tiki-tikiti-tikitik  sobre el suelo mientras ella se movía; más que era lo que lo producía, no supo descifrarlo. ¿Tal vez cadenas arrastrándose?
—¿Quién eres? —preguntó Thoren, inmóvil, viendo como la mujer se deslizaba por el  acompañada de su curioso sonido.— ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué hasta aquí?
La mujer se había acercado al caldero y lo miró a través de los vapores de lo que se cocía en el líquido hirviente. Su mirada era burlona mientras que la voz, suave y moderada ahora, dijo:
—Preguntas, preguntas, y preguntas —bufó con desprecio—. Todos quieren las respuestas, pero ¿qué dan a cambio? Un nombre tiene poder, saber donde se está es de sabios y valientes, sin importar el lugar. Siempre se llega por ventura de los Hados. ¿Son suficientes las respuestas para ti?
—No.
—No, dice. Ignorante de sí, como todo hombre. Servirá bien a mis propósitos, ¿a quién le sirve alguien que piense por sí mismo? —la mujer lo volvió a mirar y sonrió, hasta casi parecer tierna en ese acto—. Llámame Angelique del Bosque Oscuro si te importa en algo el quién y el dónde. Envié a mis gárgolas para que destruyan la prisión y te trajeran aquí, salvándote de la justicia de los hombres de Lengel para cumplir un propósito mayor. Eso fue lo que pasó si le das valor a las explicaciones, pero sólo la piden los de poca imaginación, los que no pueden soñar. Un hombre aprende a crear sus respuestas, tenlo presente. Aunque pocos le dan uso aún sabiéndolo.
¡El Bosque Oscuro! Thoren parpadeó perplejo pues estaba a kilómetros de la costa donde se situaba Lengel; muy al oeste y en una de las frondas de más renombre que existía. Era un lugar maldito para la mayoría y los que entraban, nunca salían de la misma forma que habían entrado. Si salían.
Thoren respiró profundamente, estaba seguro que lo habían empujado de la sartén al fuego. La posibilidad de morir en la horca no le parecía tan nefasta en su momento y hasta lo hubiera agradecido, pero el hecho de estar en el Bosque Oscuro no le agradaba ni un poco. Aquí uno podía morir y quedar atrapado para la eternidad como un fantasma y él, en el fondo, deseaba morirse pero no allí, no a merced de un poder maligno.
—No entiendo para qué alguien como tú podría necesitarme —intentó recuperar la calma y desvió la mirada con aire despreocupado, buscando cualquier cosa que pudiera servirle de arma.
—Ah, el guerrero intenta engañarme —rió y se apartó del caldero, moviéndose con el peculiar tik-tiki-tikiti-tikitik. Los ojos de Thoren se centraron en el revoloteo del vestido rojo—. Y más osado que la mayoría, ¿ya quieres meterte bajo mis faldas? ¡Casi ni me has mirado como los demás! ¡Construyo un cuerpo perfecto y no me prestas atención! ¡Hombres!
La mujer rió mientras se agarraba los grandes pechos, mostrándolos como si el amplio escote no hubiera sido suficiente. Thoren sintió en sus mejillas el calor de la humillación y su temperamento dormido empezó a despertar, volviendo a sentir algo más que desolación y tristeza. Clavó una mirada de ira en la mujer y esta comenzó a carcajearse.
—¡Maldita bruja! ¿Qué quieres de mí? ¡Vamos, habla! —exclamó Thoren con una voz grave e imperiosa.
—¡Oh, sí, sí! ¡Eres perfecto! ¡Cuánta pasión y violencia! —dijo, complacida—. Te he traído porque estoy incompleta. Tú me darás algo que yo necesito para poder escapar de esta prisión —la mujer continuó con un tono que parecía un lamento lleno de una rabia feroz—. Pese a todo mi poder La Bestia me tiene confinada aquí, se burla con su horrible y susurrante silencio, me acosa. Necesito a un hombre valiente que me defienda. ¡Observa por la ventana! Allí está, con su ejército, rodeándome y esperando para destruirme al menor descuido.
Thoren se acercó a la ventana para mirar.
Afuera el cielo tenía el tinte violáceo de la incipiente noche, las primeras estrellas empezaban a brillar mientras los últimos rayos del sol bañaban unos árboles que parecían tan viejos como el mismo Mundo. Musgo y grandes plantas era lo único que se veía, además de hiedra enroscándose en la cerca de madera podrida que rodeaba la choza de la bruja. Vislumbró algunas luciérnagas que, perezosas danzaban más allá de la cerca, e incluso creyó ver una liebre pasar furtiva debajo de un árbol caído. Pero nada más. Lo único raro para Thoren era que el suelo del jardín era de un tono gris ceniza pero, más allá de la verja, la tierra era negra e intensa.
—¿Lo ves? ¡Me acosa, maldita criatura! —exclamó con cierto temor en la voz—. Sus pisadas horadan la tierra y en sus ojos reposa la noche que devora las estrellas. Su cuerno trae la muerte y su aliento paraliza el corazón, porque el silencio es lo único que se escucha. Es mi carcelera y necesito su sangre para completar mi transformación. Es la única manera para poder escapar.
Thoren frunció el ceño, afuera no había nada más que naturaleza. La bruja estaba loca, eso era evidente.
—No entiendo para qué…
Tik-tiki-tikiti-tikitik y al girarse, Thoren se encontró con Angelique a escasos metros de él. Ella sostenía una caja de madera negra que estaba finamente labrada con hiedras entrelazadas. Un cierre en forma de cara sonriente lo adornaba por el frente. A Thoren le desagradó aquel rostro, pues no tenía ojos y exhibía una perversa sonrisa con muchos dientes.
—Él dijo que me ayudarías. Escúchalo si no me crees —abrió la cajita y le enseñó el contenido.
Thoren se asomó con cautela y palideció al ver que la pequeña arca rebosaba tinieblas arremolinadas en torno a la Nada. Y la Nada al saberse observada abrió su Ojo. Una cuenca vacía que lo miraba y una voz se volcó desde ella, envolviendo su mente con una horrible y fría sensación.


La doncella puede encantar a la Bestia, niaj
pero no engañarla, pues no es un Hombre de corazón débil.
Sólo el asesino inocente puede cazarla en verdad, niaj,
porque la Bestia se rendirá sin luchar y su sangre beberás.
Doncella de muerte, Asesino de la vida, niaj,
ninguno tiene corazón de verdad.
La Bestia los conoce y la muerte llegará niaj.



Temblando, Thoren se derrumbó presa del horror, pues en su interior comprendió que lo que habitaba allí dentro había crecido como una blasfemia alejada de la vista de los Dioses. La bruja cerró la cajita y la guardó en un estante; luego tomó un cráneo de un lobo que cobijó entre sus brazos.
—¿Qué… qué… era… eso?
—El Amo de Todas las Cosas —dijo Angelique con voz reverencial—. Y aquí es donde tú entras, eres el asesino que estaba buscando. El que vencerá a La Bestia y me hará una mujer completa y libre.
¿Era un asesino? Todos en el pueblo de Lengel así lo creían, ya que lo habían encontrado con el cuerpo de Dilyan a sus pies.
—¿Por qué habría de ayudarte? —inquirió Thoren, apartando aquél recuerdo demasiado doloroso.
Los ojos de la mujer relucieron y rió. Volvió a moverse hacia el caldero y arrojó el cráneo del lobo en su interior. Las burbujeantes aguas se volvieron brillantes y una neblina blanca empezó a derramarse.
—Pobre alma en desgracia, que cree que puede decidir. Patético —la mujer hundió los brazos en el agua hirviendo y empezó a recitar—. No me queda mucho tiempo, pero serás el indicado para vencer a La Bestia para que yo pueda beber su sangre y liberarme. ¡Mi caldero espera! ¡Es el momento!


Bajo la Luna Llena invoco
la Marca de Gmork, Señor de Licántropos.
Bajo la Luna Llena te someto
a las cadenas de tu propia pasión y venganza.
Bajo la Luna Llena,
te maldigo con el fuego del dolor.
¡Con la Marca de Gmork!


La niebla blanca se alzó y adoptó la forma de garras que se abalanzaron sobre Thoren, apresándolo. Se desplomó al sentir el golpe de aquel vahído, más sólido que cualquier puño. Se desplomó mientras la brujería penetraba su carne hasta enroscarse en torno a su corazón, buscando la chispa que allí habitaba. Y cuando las garras la encontraron, el dolor fue mil veces peor.
—¡Deja a Gmork anidar en tu corazón!
Se revolvió, colocándose en posición fetal para luego incorporarse y gritar con los ojos en blanco, se desgarró la camisa, dejando al descubierto el torso velludo. Volvió a caer, retorciéndose en el suelo mientras la metamorfosis anulaba su voluntad. El cuerpo creció, fortaleciendo aún más sus extremidades. El vello empezó a crecer en todos lados, cubriéndolo, el cabello formó una melena aleonada, mientras que su rostro se deformaba hasta adquirir el aspecto de un lobo de ojos amarillos.
Thoren se había convertido en un licántropo que, rendido por el dolor, jadeaba y babeaba, mirando con odio visceral a la figura que reía detrás del caldero.
—¡Magnífico! —la mujer se acercó a la criatura que había sido un hombre y sin temor alguno ante el gruñido que le lanzó, posó la mano sobre la testuz lobuna—. ¡Ahora ve, Hijo de Gmork! ¡Traéme el cuerpo de La Bestia! ¡No tienes permiso para morir hasta que no cumplas tu misión!
Con un rugido, arañando el piso de piedra, la criatura salió disparada como una tromba hacia la puerta. La embistió casi sin detenerse y ésta quedó reducida a astillas mientras el monstruo se internaba en la espesura.


Thoren corrió por el Bosque Oscuro sin ser consciente más que de su dolor, de su hambre y del fuego que le quemaba el interior. Una mezcla de lascivia y frustración que le incendiaba la sangre. Marchaba dando saltos, corriendo a cuatro patas, sin detenerse, espoleado por el látigo de la urgencia que le había impuesto la bruja.
Escaló un escarpado promontorio y husmeó el aire nocturno, percibió el aroma almizcleño de un venado y la saliva goteo sobre la tierra, anticipándose al manjar de la carne y el alivio que ganaría frente a su acuciante hambre. Pero entonces sintió algo más, un aroma indescriptible. Supo que había encontrado a su verdadera presa; saciar su hambre sería bueno, pero dar caza y satisfacer su lascivo deseo de cazador no tendría comparación.
Aulló a la luna de tal manera que el silencio se apoderó de la fronda. Ni siquiera los lobos respondieron a esa llamada, pues sabían, como todos los habitantes del Bosque Oscuro, que un demonio había sido soltado en las tierras de La Bestia y otra batalla se libraría.
Tal vez sería la última.


Luego de correr y husmear entre los profundos vericuetos del Bosque Oscuro, Thoren llegó hasta un claro y se topó de lleno con una gran cantidad de huesos. Era una especie de cementerio donde reposaban restos óseos, recubiertos por hierbas, flores nocturnas, hiedras y musgos. Sobre ellos se elevaba un grupo de rocas. Era un lugar sobrecogedor por su lúgubre belleza.
Unas nubes grises cubrieron el firmamento, ocultando la luz de las estrellas y de la luna. El licántropo olfateó, nervioso y ansioso, pues su codiciada presa se hallaba cerca, en las inmediaciones.
Lanzó un gruñido y hundió las garras delanteras en la húmeda y negra tierra. Supo que la bruja no estaba loca cuando escuchó el susurrante silencio y sintió los pasos que horadaban la tierra, como retumbantes truenos lejanos.
Entonces, La Bestia apareció frente al licántropo.
Era blanca como la nieve iluminada por el sol; su cuerpo era más delicado que el de un caballo y se sostenía sobre sus delicadas pezuñas de ciervo. Tenía la cola como la de un león. Llevaba crines, largas y lacias, que se movían con la suave brisa mientras que una pequeña barba caprina le colgaba de la mandíbula. Los ojos eran negros y azules como la noche profunda; y en su interior se arremolinaban las estrellas. Apenas a un palmo de distancia sobre ellos se alzaba un único y magnífico cuerno espiralado, una pieza de color marfil que parecía resplandecer.
La Bestia observó al licántropo, sin inclinar su regia cabeza. Thoren gruñó ante la criatura que tenía ante sí. Flexionó sus patas traseras y tomó impulso para arremeter con violencia pues sabía que podía matarla con sus garras. No obstante, algo lo detuvo, tirándolo hacia atrás. La hiedra del claro se había enroscado en torno sus tobillos haciéndolo caer de bruces; el licántropo gruñó, lanzando zarpazos y dentelladas contra la vegetación en un intento por soltarse. Era en vano. Antes de que pudiera hacer algo, Thoren había quedado reducido a un bulto cubierto de hiedra que temblaba de rabia en el suelo.
La Bestia bajó del peñasco con la delicadeza y parsimonia de una pluma. El licántropo lanzó un gañido de sufrimiento y pesar, sus amarillos ojos llenos de odio habían ido apagándose y se cerraron llenos de congoja. Una solitaria lágrima se derramó por el hocico, tocando la tierra.
La Bestia inclinó la testa hasta que su cuerno tocó la frente del licántropo tres veces. El cuerpo de la criatura maldita se estremeció y una nueva transformación tuvo lugar, restaurando lo que había sido alterado por la brujería. La hiedra se retiró y dejó al descubierto el cuerpo desnudo y lleno de cortes de Thoren. El hombre, dolorido, alzó la vista y  rompió en llanto.
—Lo siento… perdóname, por favor…
La criatura no dijo nada, se quedó observándolo y luego miró hacia el cielo nublado; golpeteó con su pata derecha dos veces y las nubes se apartaron, dejando que la luz de la luna y las estrellas se derramara sobre el claro.
Thoren se maravilló de aquel fenómeno y contempló otro milagro. La figura de La Bestia empezó a fulgurar y parecía que la brisa estuviera borrando sus contornos hasta que se transformó en una figura humana, cubierta de una sencilla túnica blanca. El negro de la noche de aquellos ojos se había concentrado en el cabello, largo y lacio. Sus ojos eran del verde oscuro de las hojas, con tintes azulados como el cielo.
—No, no, por favor no… tú no… te maté  —sollozó Thoren, paralizado de terror ante la visión—. ¡Ten piedad de mi! No quise hacerlo… perdóname…
—No soy quien debe perdonarte, Thoren —dijo La Bestia.
—Soy tu asesino… nunca volví por ti, te abandoné. Me asusté…
La criatura humana se arrodilló a su lado y tomó su rostro con ternura entre sus delicadas manos y le instó a mirarlo.
—Tienes razón, Thoren. No hay peor asesino que aquél que mata con el silencio y la indiferencia, aquél que no escucha a su corazón y lo deja morir. Es la pérdida más grande de los Hombres —lo ayudó a incorporarse y le señaló el cementerio que los rodeaba — Aquí yacen los enviados de Angelique, hombres elegidos por su falta de fe en sí mismos, prisioneros de sus propias mentiras y deseos no confesos. Cobardes que pierden toda oportunidad, pobres almas en desgracia. Los arroja contra mí, en un intento de conseguir su libertad.
—Ella me maldijo…
—Por que tú aceptaste esa maldición, elegiste rendirte hace tiempo.
Thoren se sabía desnudo, pero no le importaba. Por primera vez comprendió que él había perdido todo por su cobardía a la hora de arriesgarse por Dilyan. Miró a La Bestia, que había adoptado la figura de su amor, aunque bien podría ser otra persona, pues la mirada y la actitud, aunque pacífica, era muy distante y triste.
—¿Qué puedo hacer?
—Ser valiente para aceptar lo que habita en nuestro interior y elegir en consecuencia.
Se apartó de Thoren y se acercó a los huesos de lo que parecía había sido un minotauro, tomó una daga y volvió junto al hombre que miraba con anhelo reverencial. Colocó aquella arma en su mano y luego dirigió la punta de la daga contra su cuello ante la mirada atónita de Thoren.
—No…
—Mi sangre pondrá fin a todo esto. Eres el asesino inocente, si he adoptado esta forma, es porque me he entregado a ti y puedes volver a elegir.
—Soy débil para aceptar que he perdido.
—Entonces, que el valor te guíe de ahora en más. Los muertos no pueden regresar, pero nuestras almas pueden alcanzarlos y ganar una segunda oportunidad.
Thoren aferró la empuñadura, movió la daga y luego miró a los ojos de La Bestia, dejó que el filo se deslizara y la sangre brotara, bañando la hoja.


Faltaba poco para el amanecer y Angelique sabía que su elegido triunfaría donde los demás habían fallado. Una vez que obtuviera la sangre, aunque más no sea una sencilla gota, el círculo que la aprisionaba estaría roto y ella podría liberarse a sí misma y al Amo de Todas Las Cosas sobre la región y mucho más allá de este mundo. Podría volver a deleitarse sorbiendo el corazón de los niños de sus miserables cuerpecillos.
Escuchó pasos acercándose, pesados y firmes, y vio aparecer una figura en el marco donde solía estar la puerta de madera.
—¡Ah, el héroe regresa! —dijo Angelique. Enmudeció al ver que Thoren, ensagrentado y desnudo, había recuperado su humanidad—. ¿Cómo has podido…?
Sin responder, Thoren le mostró la daga que llevaba en la mano. Manchada de sangre, espesa y roja como un rubí. Parte de la sangre impregnaba las manos del hombre.
Una sonrisa feroz y demencial curvó los labios de Angelique y lanzó una risita jubilosa y perversa. Apretó los puños y los alzó al techo mientras se carcajeaba.
—Has servido bien, humano —con una mirada sugerente, se acarició sus formas femeninas—. Te recompensaré cuando sea libre y esté completa.
Se movió hacia delante, con su característico tik-tiki-tikiti-tikitik y el revoloteo de su vestido. Extendió una mano con intención de tomar la daga que el hombre portaba. Pero Thoren empuñó el arma, la alzó hacia el techo y exclamó:
—¿Lo quieres, bruja? ¡Ven por él!
Al ver lo que pretendía hacer, Angelique gritó y se abalanzó en un intento de detenerlo. Thoren hizo descender la daga para clavarla en el suelo de piedra. La hoja, tras un chispazo inicial, penetró con suma facilidad, como si se tratara de tierra y no de piedra.
Se escuchó un crujido, como si algo en el aire se hubiera roto, luego una fina grieta se extendió en cuatro líneas desde donde había sido clavada la daga. La choza se estremeció.
—¡Maldito! ¿Qué has hecho? ¡Esto no debía pasar así, no estoy lista aún!
—Darte lo que buscabas… libertad —suspiró y agregó—. Pero las cosas nunca son como las queremos. Ahora eres vulnerable.
La mujer emitió un chillido horrible y se arrojó contra Thoren, pero esta vez dejando a la vista lo que había bajo su falda. Ocho patas de araña se movieron raudas, acortando las distancias hacia el hombre que torció el gesto en una mueca de sorprendido horror.
Apenas pudo esquivar aquella embestida, arrojándose a un lado. Angelique rugió y volvió a la carga, esta vez con la suerte suficiente como para que una de sus patas atravesara la pantorrilla de Thoren que, con un grito de dolor, se desplomó al suelo. Ella rió y usó otra de sus patas como una lanza para atravesar la otra pierna a mitad del muslo. Thoren volvió a gritar al sentir que le había roto los huesos; el golpe y la agonía casi lo habían hecho desvanecerse, pero con un supremo esfuerzo logró usar su espada y con un veloz mandoble rebanó las dos patas que lo tenían atrapado, Angelique chillo y se tiró hacia atrás, berreando de dolor.
Thoren, que podía sentir que estaba desagrándose, no perdió tiempo y comenzó a arrastrarse. Angelique al ver que su presa se escapaba, chilló con furia y volvió a la carga; aunque rengueaba flexionó sus extremidades sanas y dio un salto para caer encima del hombre.
En ese momento, intuyendo que podría hacer esa maniobra, Thoren apenas tuvo tiempo de interponer su espada. El encontronazo de los cuerpos fue feroz, él jadeó, soltando todo el aire mientras que ella chillaba como una posesa, intentando arañarlo. Al cabo de unos segundos, el forcejeo se calmó y ambos se quedaron inmóviles.
El cuerpo de Angelique se movió en acto reflejo y sus patas se encogieron hasta quedar apretadas. Thoren empujó el cuerpo sin vida de la bruja a un costado con sumo esfuerzo y se quedó tendido, mirando el techo de la choza semidestruida.
El amanecer estaba por llegar porque podía ver un suave fulgor dorado colarse por la puerta de entrada. Una sombra se proyectó sobre él brevemente. Percibió un silencio absoluto y pasos que horadaban la tierra, como truenos lejanos. La sensación que lo embargó entonces fue de una enorme paz. Dejó de sentir el dolor cuando la figura que había adoptado La Bestia se arrodilló y permitió que su cabeza reposara sobre su regazo.
—Gracias…
—Lo has hecho bien, Thoren —murmuró la criatura—. Me ocuparé de la Caja. Ahora, tu tiempo se ha cumplido y puedes marchar en paz.
—No podría irme en mejor contemplación que la del rostro que llevas ahora… gracias, otra vez.
Y sin decir más, Thoren cerró los ojos y exhaló su último suspiro.
La Bestia observó su rostro unos segundos y luego contempló como el alma de aquél humano se elevaba en la espiral, en busca de su próximo destino.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
No acabo de entender muy bien que o quien es La Bestia y que narizes ocurre en la escena en que se encuentra con Thoren...

Pero quitando esa escena, la historia esta bastante bien, apartado tecnico impecable, ¡y por fin tenemos una historia conclusa! Big Grin

Eso si, espero que no hagan una peli de esto, porque la bruja medio humana medio araña tiene que dar grima verla... Confused
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
Responder
#3
¡Me ha gustado mucho el relato! Hace sencilla y potente la evocación del ambiente y las criaturas que narra.
El encuentro con la Bestia, brillante. Un cuadro redondo de ambientación desde el cautiverio y la transformación, hasta el encuentro redentor y la lucha final, con el final apacible.
Si tuviera que poner un pero al contenido, diría que, efectivamente, nos quedamos con las ganas de conocer la auténtica naturaleza de la Bestia y la tiktiktik. ¿Qué papel juegan en el tapiz de las cosas? Se intuye, pero quizás podría perfilarse algo más.

En cuanto a la técnica, tengo que discrepar con Cabro, porque en ocasiones me ha sacado un pelín de la lectura; aquí mis impresiones, según la entiendo yo:

LAS BESTIAS DEL BOSQUE OSCURO


Las nieblas de la inconsciencia se disiparon y Thoren abrió los ojos.
Con lentitud se percató (de) que ya no lo cobijaba el techo de piedra de la prisión, sino que se hallaba bajo uno con vigas de madera y paja entrelazada, lleno de telas de araña.
“¿Dónde estoy?” pensó (,) sin poder recordar qué le había pasado.
Tampoco la penumbra que le rodeaba era la misma; en la prisión era fría y gris. Ahora había un cálido resplandor anaranjado que lo bañaba todo, creando sombras a su alrededor. En algún lugar, a sus espaldas, ardía un fuego y alguien murmurando (murmuraba/estaba murmurando, siempre es mejor mantener la coherencia de los tiempos en la frase).
—… corazones de niños, uno, dos y tres, para la inocencia que los demás quieren ver —el chapoteo de cosas que eran  arrojadas al agua y la voz prosiguió, con un tonillo chirriante—. Lengua y ojos de mujer, para cautivar; cuatro y dos. Mezcla y mezcla contra las agujas del reloj.
Thoren parpadeó y se despabiló por completo, pero no se dio la vuelta. Trató de recordar por qué ya no estaba en la prisión del pueblo de Lengel; ¿podrían haberlo rescatado sin que el se diera cuenta? No, imposible. La única persona que podría querer rescatarlo estaba muerta.
Se removió un poco para tratar de ver mejor en(x) dónde se encontraba y quién era (el) que hablaba de aquella manera.
—¡Ah, ya despiertas, bello durmiente! —gorgojeó la voz chirriante— Vamos, no me hagas perder tiempo, pues es un lujo que no estoy dispuesta a concederte.
Thoren se quedó paralizado al escuchar que se dirigía a él. Se escuchó un resoplido de fastidio y luego un sonido semejante a un tik-tiki-tikiti-tikitik sobre el piso de piedra (,) aproximándose a él. Una mano fuerte lo aferró del hombro y lo obligó a girarse.
Para su sorpresa, Thoren se encontró con una mujer de bellas facciones que lo miraba con una sonrisa sugerente. Y aunque pretendía ser amable, sus ojos, tan claros que casi eran blancos, le daban un aspecto escalofriante y desquiciado. Ella le puso las manos en el pecho de manera tosca; una mezcla entre caricia lasciva e impaciencia bruta.
El hombre estaba perplejo y sólo atinó a incorporarse. Aún desconcertado observó a su alrededor y descubrió que se encontraba en una sucia cabaña. Una de las paredes estaba ocupada con estanterías llenas de libros y redomas de vidrio que contenían líquidos y formas de tétrica procedencia.
—Bien, bien. Ponte de pie, que no tenemos tiempo —lo volvió a mirar, evaluando su cuerpo bien formado por la vida agreste de quien recorre los caminos y sabe guerrear. Se relamió los labios y luego se dio media vuelta con un vaporoso revoloteo de su vestido rojo.
Una vez más, Thoren pudo escuchar el tik-tiki-tikiti-tikitik  sobre el suelo mientras ella se movía; más que era lo que lo producía, no supo descifrarlo. ¿Tal vez cadenas arrastrándose?
—¿Quién eres? —preguntó Thoren, inmóvil, viendo como la mujer se deslizaba por el (¿...?)  acompañada de su curioso sonido.— ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué hasta aquí?
La mujer se había acercado al caldero y lo miró a través de los vapores de lo que se cocía en el líquido hirviente. Su mirada era burlona mientras que la voz, suave y moderada ahora, dijo:
—Preguntas, preguntas, y preguntas —bufó con desprecio—. Todos quieren las respuestas,(x) pero(,) ¿qué dan a cambio? Un nombre tiene poder, saber dónde se está es de sabios y valientes, sin importar el lugar. Siempre se llega por ventura de los Hados. ¿Son suficientes las respuestas para ti?
—No.
—No, dice. Ignorante de sí, como todo hombre. Servirá bien a mis propósitos, ¿a quién le sirve alguien que piense por sí mismo? —la mujer lo volvió a mirar y sonrió, hasta casi parecer tierna en ese acto—. Llámame Angelique del Bosque Oscuro si te importa en algo el quién y el dónde. Envié a mis gárgolas para que destruyan la prisión y te trajeran aquí, salvándote de la justicia de los hombres de Lengel para cumplir un propósito mayor. Eso fue lo que pasó si le das valor a las explicaciones, pero sólo la(s) piden los de poca imaginación, los que no pueden soñar. Un hombre aprende a crear sus respuestas, tenlo presente. Aunque pocos le(s) dan uso aun(mejor sin acento aquí) sabiéndolo.
¡El Bosque Oscuro! Thoren parpadeó perplejo pues estaba a kilómetros de la costa donde se situaba Lengel; muy al oeste y en una de las frondas de más renombre que existía(n). Era un lugar maldito para la mayoría y los que entraban,(x) nunca salían de la misma forma (en) que habían entrado. Si salían.
Thoren respiró profundamente, estaba seguro (de) que lo habían empujado de la sartén al fuego. La posibilidad de morir en la horca no le parecía tan nefasta en su momento y hasta lo hubiera agradecido, pero el hecho de estar en el Bosque Oscuro no le agradaba ni un poco. Aquí(,) uno podía morir y quedar atrapado para la eternidad como un fantasma y él, en el fondo, deseaba morirse pero no allí, no a merced de un poder maligno.
—No entiendo para qué alguien como tú podría necesitarme —intentó recuperar la calma y desvió la mirada con aire despreocupado, buscando cualquier cosa que pudiera servirle de arma.
—Ah, el guerrero intenta engañarme —rió y se apartó del caldero, moviéndose con el peculiar tik-tiki-tikiti-tikitik. Los ojos de Thoren se centraron en el revoloteo del vestido rojo—. Y más osado que la mayoría, ¿ya quieres meterte bajo mis faldas? ¡Casi ni me has mirado como los demás! ¡Construyo un cuerpo perfecto y no me prestas atención! ¡Hombres!
La mujer rió mientras se agarraba los grandes pechos, mostrándolos como si el amplio escote no hubiera sido suficiente. Thoren sintió en sus mejillas el calor de la humillación y su temperamento dormido empezó a despertar, volviendo a sentir algo más que desolación y tristeza. Clavó una mirada de ira en la mujer y ésta comenzó a carcajearse.
—¡Maldita bruja! ¿Qué quieres de mí? ¡Vamos, habla! —exclamó Thoren con una voz grave e imperiosa.
—¡Oh, sí, sí! ¡Eres perfecto! ¡Cuánta pasión y violencia! —dijo, complacida—. Te he traído porque estoy incompleta. Tú me darás algo que yo necesito para poder escapar de esta prisión —la mujer continuó con un tono que parecía un lamento lleno de una rabia feroz—. Pese a todo mi poder La Bestia me tiene confinada aquí, se burla con su horrible y susurrante silencio, me acosa. Necesito a un hombre valiente que me defienda. ¡Observa por la ventana! Allí está, con su ejército, rodeándome y esperando para destruirme al menor descuido.
Thoren se acercó a la ventana para mirar.
Afuera el cielo tenía el tinte violáceo de la incipiente noche, las primeras estrellas empezaban a brillar mientras los últimos rayos del sol bañaban unos árboles que parecían tan viejos como el mismo Mundo. Musgo y grandes plantas era lo único que se veía, además de hiedra enroscándose en la cerca de madera podrida que rodeaba la choza de la bruja. Vislumbró algunas luciérnagas que, perezosas danzaban más allá de la cerca, e incluso creyó ver una liebre pasar furtiva debajo de un árbol caído. Pero nada más. Lo único raro para Thoren era que el suelo del jardín era de un tono gris ceniza pero, más allá de la verja, la tierra era negra e intensa.
—¿Lo ves? ¡Me acosa, maldita criatura! —exclamó con cierto temor en la voz—. Sus pisadas horadan la tierra y en sus ojos reposa la noche que devora las estrellas. Su cuerno trae la muerte y su aliento paraliza el corazón, porque el silencio es lo único que se escucha. Es mi carcelera y necesito su sangre para completar mi transformación. Es la única manera para poder escapar.
Thoren frunció el ceño,(o ; o : ) afuera no había nada más que naturaleza. La bruja estaba loca, eso era evidente.
—No entiendo para qué…
Tik-tiki-tikiti-tikitik y(,) al girarse, Thoren se encontró con Angelique a escasos metros de él. Ella sostenía una caja de madera negra que estaba finamente labrada con hiedras entrelazadas. Un cierre en forma de cara sonriente lo adornaba por el frente. A Thoren le desagradó aquel rostro, pues no tenía ojos y exhibía una perversa sonrisa con muchos dientes.
—Él dijo que me ayudarías. Escúchalo si no me crees —abrió la cajita y le enseñó el contenido.
Thoren se asomó con cautela y palideció al ver que la pequeña arca rebosaba tinieblas arremolinadas en torno a la Nada. Y la Nada(,) al saberse observada(,) abrió su Ojo. Una cuenca vacía que lo miraba y una voz (que) se volcó desde ella, envolviendo su mente con una horrible y fría sensación.


La doncella puede encantar a la Bestia, niaj
pero no engañarla, pues no es un Hombre de corazón débil.
Sólo el asesino inocente puede cazarla en verdad, niaj,
porque la Bestia se rendirá sin luchar y su sangre beberás.
Doncella de muerte, Asesino de la vida, niaj,
ninguno tiene corazón de verdad.
La Bestia los conoce y la muerte llegará niaj.



Temblando, Thoren se derrumbó presa del horror, pues en su interior comprendió que lo que habitaba allí dentro había crecido como una blasfemia alejada de la vista de los Dioses. La bruja cerró la cajita y la guardó en un estante; luego(,) tomó un(o "el"...) cráneo de un(...o eliminamos este "un") lobo que cobijó entre sus brazos.
—¿Qué… qué… era… eso?
—El Amo de Todas las Cosas —dijo Angelique con voz reverencial—. Y aquí es donde tú entras, eres el asesino que estaba buscando. El que vencerá a La Bestia y me hará una mujer completa y libre.
¿Era un asesino? Todos en el pueblo de Lengel así lo creían, ya que lo habían encontrado con el cuerpo de Dilyan a sus pies.
—¿Por qué habría de ayudarte? —inquirió Thoren, apartando aquel(sin acento mejor) recuerdo demasiado doloroso.
Los ojos de la mujer relucieron y rió. Volvió a moverse hacia el caldero y arrojó el cráneo del lobo en su interior. Las burbujeantes aguas se volvieron brillantes y una neblina blanca empezó a derramarse.
—Pobre alma en desgracia,(x) que cree que puede decidir. Patético —la mujer hundió los brazos en el agua hirviendo y empezó a recitar—. No me queda mucho tiempo, pero serás el indicado para vencer a La Bestia para que yo pueda beber su sangre y liberarme. ¡Mi caldero espera! ¡Es el momento!


Bajo la Luna Llena invoco
la Marca de Gmork, Señor de Licántropos.
Bajo la Luna Llena te someto
a las cadenas de tu propia pasión y venganza.
Bajo la Luna Llena,
te maldigo con el fuego del dolor.
¡Con la Marca de Gmork!


La niebla blanca se alzó y adoptó la forma de garras que se abalanzaron sobre Thoren, apresándolo. Se desplomó al sentir el golpe de aquel vahído, más sólido que cualquier puño. Se desplomó mientras la brujería penetraba su carne hasta enroscarse en torno a su corazón, buscando la chispa que allí habitaba. Y cuando las garras la encontraron, el dolor fue mil veces peor.
—¡Deja a Gmork anidar en tu corazón!
Se revolvió, colocándose en posición fetal para luego incorporarse y gritar con los ojos en blanco, se desgarró la camisa, dejando al descubierto el torso velludo. Volvió a caer, retorciéndose en el suelo mientras la metamorfosis anulaba su voluntad. El cuerpo creció, fortaleciendo aún más sus extremidades. El vello empezó a crecer en todos lados, cubriéndolo,(; ) el cabello formó una melena aleonada, mientras que(x) su rostro se deformaba hasta adquirir el aspecto de un lobo de ojos amarillos.
Thoren se había convertido en un licántropo que, rendido por el dolor, jadeaba y babeaba, mirando con odio visceral a la figura que reía detrás del caldero.
—¡Magnífico! —la mujer se acercó a la criatura que había sido un hombre y(,) sin temor alguno ante el gruñido que le lanzó, posó la mano sobre la testuz lobuna—. ¡Ahora ve, Hijo de Gmork! ¡Traéme el cuerpo de La Bestia! ¡No tienes permiso para morir hasta que no cumplas tu misión!
Con un rugido, arañando el piso de piedra, la criatura salió disparada como una tromba hacia la puerta. La embistió casi sin detenerse y ésta quedó reducida a astillas mientras el monstruo se internaba en la espesura.


Thoren corrió por el Bosque Oscuro sin ser consciente más que de su dolor, de su hambre y del fuego que le quemaba el interior. Una mezcla de lascivia y frustración que le incendiaba la sangre. Marchaba dando saltos, corriendo a cuatro patas, sin detenerse, espoleado por el látigo de la urgencia que le había impuesto la bruja.
Escaló un escarpado promontorio y husmeó el aire nocturno, percibió el aroma almizcleño de un venado y la saliva goteo sobre la tierra, anticipándose al manjar de la carne y el alivio que ganaría frente a su acuciante hambre. Pero entonces sintió algo más, un aroma indescriptible. Supo que había encontrado a su verdadera presa; saciar su hambre sería bueno, pero dar caza y satisfacer su lascivo deseo de cazador no tendría comparación.
Aulló a la luna de tal manera que el silencio se apoderó de la fronda. Ni siquiera los lobos respondieron a esa llamada, pues sabían, como todos los habitantes del Bosque Oscuro, que un demonio había sido soltado en las tierras de La Bestia y otra batalla se libraría.
Tal vez sería la última.


Luego de correr y husmear entre los profundos vericuetos del Bosque Oscuro, Thoren llegó hasta un claro y se topó de lleno con una gran cantidad de huesos. Era una especie de cementerio donde reposaban restos óseos, recubiertos por hierbas, flores nocturnas, hiedras y musgos. Sobre ellos se elevaba un grupo de rocas. Era un lugar sobrecogedor por su lúgubre belleza.
Unas nubes grises cubrieron el firmamento, ocultando la luz de las estrellas y de la luna. El licántropo olfateó, nervioso y ansioso, pues su codiciada presa se hallaba cerca, en las inmediaciones.
Lanzó un gruñido y hundió las garras delanteras en la húmeda y negra tierra. Supo que la bruja no estaba loca cuando escuchó el susurrante silencio y sintió los pasos que horadaban la tierra, como retumbantes truenos lejanos.
Entonces, La Bestia apareció frente al licántropo.
Era blanca como la nieve iluminada por el sol; su cuerpo era más delicado que el de un caballo y se sostenía sobre sus delicadas pezuñas de ciervo. Tenía la cola como la de un león. Llevaba crines, largas y lacias, que se movían con la suave brisa mientras que una pequeña barba caprina le colgaba de la mandíbula. Los ojos eran negros y azules como la noche profunda; y en su interior se arremolinaban las estrellas. Apenas a un palmo de distancia sobre ellos se alzaba un único y magnífico cuerno espiralado, una pieza de color marfil que parecía resplandecer.
La Bestia observó al licántropo, sin inclinar su regia cabeza. Thoren gruñó ante la criatura que tenía ante sí. Flexionó sus patas traseras y tomó impulso para arremeter con violencia(,) pues sabía que podía matarla con sus garras. No obstante, algo lo detuvo, tirándolo hacia atrás. La hiedra del claro se había enroscado en torno sus tobillos haciéndolo caer de bruces; el licántropo gruñó, lanzando zarpazos y dentelladas contra la vegetación en un intento por soltarse. Era en vano. Antes de que pudiera hacer algo, Thoren había quedado reducido a un bulto cubierto de hiedra que temblaba de rabia en el suelo.
La Bestia bajó del peñasco con la delicadeza y parsimonia de una pluma. El licántropo lanzó un gañido de sufrimiento y pesar, sus amarillos ojos llenos de odio habían ido apagándose y se cerraron llenos de congoja. Una solitaria lágrima se derramó por el hocico, tocando la tierra.
La Bestia inclinó la testa hasta que su cuerno tocó la frente del licántropo tres veces. El cuerpo de la criatura maldita se estremeció y una nueva transformación tuvo lugar, restaurando lo que había sido alterado por la brujería. La hiedra se retiró y dejó al descubierto el cuerpo desnudo y lleno de cortes de Thoren. El hombre, dolorido, alzó la vista y  rompió en llanto.
—Lo siento… perdóname, por favor…
La criatura no dijo nada, se quedó observándolo y luego miró hacia el cielo nublado;(.) golpeteó con su pata derecha dos veces y las nubes se apartaron, dejando que la luz de la luna y las estrellas se derramara sobre el claro.
Thoren se maravilló de aquel fenómeno y contempló otro milagro. La figura de La Bestia empezó a fulgurar y parecía que la brisa estuviera borrando sus contornos hasta que se transformó en una figura humana, cubierta de una sencilla túnica blanca. El negro de la noche de aquellos ojos se había concentrado en el cabello, largo y lacio. Sus ojos eran del verde oscuro de las hojas, con tintes azulados como el cielo.
—No, no, por favor no… tú no… te maté  —sollozó Thoren, paralizado de terror ante la visión—. ¡Ten piedad de mi! No quise hacerlo… perdóname…
—No soy quien debe perdonarte, Thoren —dijo La Bestia.
—Soy tu asesino… nunca volví por ti, te abandoné. Me asusté…
La criatura humana se arrodilló a su lado y tomó su rostro con ternura entre sus delicadas manos y le instó a mirarlo.
—Tienes razón, Thoren. No hay peor asesino que aquél que mata con el silencio y la indiferencia, aquél que no escucha a su corazón y lo deja morir. Es la pérdida más grande de los Hombres —lo ayudó a incorporarse y le señaló el cementerio que los rodeaba(.) — Aquí yacen los enviados de Angelique, hombres elegidos por su falta de fe en sí mismos, prisioneros de sus propias mentiras y deseos no confesos. Cobardes que pierden toda oportunidad, pobres almas en desgracia. Los arroja contra mí, en un intento de conseguir su libertad.
—Ella me maldijo…
—Por que tú aceptaste esa maldición, elegiste rendirte hace tiempo.
Thoren se sabía desnudo, pero no le importaba. Por primera vez comprendió que él había perdido todo por su cobardía a la hora de arriesgarse por Dilyan. Miró a La Bestia, que había adoptado la figura de su amor, aunque bien podría ser otra persona, pues la mirada y la actitud, aunque pacífica, era muy distante y triste.
—¿Qué puedo hacer?
—Ser valiente para aceptar lo que habita en nuestro interior y elegir en consecuencia.
Se apartó de Thoren y se acercó a los huesos de lo que parecía había sido un minotauro, tomó una daga y volvió junto al hombre que miraba con anhelo reverencial. Colocó aquella arma en su mano y luego dirigió la punta de la daga contra su cuello ante la mirada atónita de Thoren.
—No…
—Mi sangre pondrá fin a todo esto. Eres el asesino inocente, si he adoptado esta forma, es porque me he entregado a ti y puedes volver a elegir.
—Soy débil para aceptar que he perdido.
—Entonces, que el valor te guíe de ahora en más. Los muertos no pueden regresar, pero nuestras almas pueden alcanzarlos y ganar una segunda oportunidad.
Thoren aferró la empuñadura, movió la daga y luego miró a los ojos de La Bestia,(.) dejó que el filo se deslizara y la sangre brotara, bañando la hoja.


Faltaba poco para el amanecer y Angelique sabía que su elegido triunfaría donde los demás habían fallado. Una vez que obtuviera la sangre, aunque más no sea(fuera) una sencilla gota, el círculo que la aprisionaba estaría roto y ella podría liberarse a sí misma y al Amo de Todas Las Cosas sobre la región y mucho más allá de este mundo. Podría volver a deleitarse sorbiendo el corazón de los niños de sus miserables cuerpecillos.
Escuchó pasos acercándose, pesados y firmes, y vio aparecer una figura en el marco donde solía estar la puerta de madera.
—¡Ah, el héroe regresa! —dijo Angelique. Enmudeció al ver que Thoren, ensagrentado y desnudo, había recuperado su humanidad—. ¿Cómo has podido…?
Sin responder, Thoren le mostró la daga (mejor aquí: "manchada de sangre...") que llevaba en la mano. Manchada de sangre,(x) espesa y roja como un rubí. Parte de la sangre impregnaba las manos del hombre.
Una sonrisa feroz y demencial curvó los labios de Angelique y lanzó una risita jubilosa y perversa. Apretó los puños y los alzó al techo mientras se carcajeaba.
—Has servido bien, humano —con una mirada sugerente, se acarició sus formas femeninas—. Te recompensaré cuando sea libre y esté completa.
Se movió hacia delante, con su característico tik-tiki-tikiti-tikitik y el revoloteo de su vestido. Extendió una mano con intención de tomar la daga que el hombre portaba. Pero Thoren empuñó el arma, la alzó hacia el techo y exclamó:
—¿Lo(a) quieres, bruja? ¡Ven por él(ella, así conectas con los sustantivos previos "daga" y "arma")!
Al ver lo que pretendía hacer, Angelique gritó y se abalanzó en un intento de detenerlo. Thoren hizo descender la daga para clavarla en el suelo de piedra. La hoja, tras un chispazo inicial, penetró con suma facilidad, como si se tratara de tierra y no de piedra.
Se escuchó un crujido, como si algo en el aire se hubiera roto,(.) luego una fina grieta se extendió en cuatro líneas desde donde había sido clavada la daga. La choza se estremeció.
—¡Maldito! ¿Qué has hecho? ¡Esto no debía pasar así, no estoy lista aún!
—Darte lo que buscabas… libertad —suspiró y agregó—. Pero las cosas nunca son como las queremos. Ahora eres vulnerable.
La mujer emitió un chillido horrible y se arrojó contra Thoren, pero(x) esta vez dejando a la vista lo que había bajo su falda. Ocho patas de araña se movieron raudas, acortando las distancias hacia el hombre(,) que torció el gesto en una mueca de sorprendido horror.
Apenas pudo esquivar aquella embestida, arrojándose a un lado. Angelique rugió y volvió a la carga, esta vez (se repite) con la suerte suficiente como para que una de sus patas atravesara la pantorrilla de Thoren que, con un grito de dolor, se desplomó al suelo. Ella rió y usó otra de sus patas como una lanza para atravesar la otra pierna a mitad del muslo. Thoren volvió a gritar al sentir que le había roto los huesos; el golpe y la agonía casi lo habían hecho desvanecerse, pero con un supremo esfuerzo logró usar su espada y con un veloz mandoble rebanó las dos patas que lo tenían atrapado,(.) Angelique chillo y se tiró hacia atrás, berreando de dolor.
Thoren, que podía sentir que estaba desagrándose, no perdió tiempo y comenzó a arrastrarse. Angelique(,) al ver que su presa se escapaba, chilló con furia y volvió a la carga; aunque reng(¿q?)ueaba flexionó sus extremidades sanas y dio un salto para caer encima del hombre.
En ese momento, (habiendo intuido)intuyendo que podría hacer esa maniobra, Thoren apenas tuvo tiempo de interponer su espada. El encontronazo de los cuerpos fue feroz,(: ) él jadeó, soltando todo el aire mientras que(x) ella chillaba como una posesa, intentando arañarlo. Al cabo de unos segundos, el forcejeo se calmó y ambos se quedaron inmóviles.
El cuerpo de Angelique se movió en acto reflejo y sus patas se encogieron hasta quedar apretadas. Thoren empujó el cuerpo sin vida de la bruja a un costado con sumo esfuerzo y se quedó tendido, mirando el("al", quizás mejor) techo de la choza semidestruida.
El amanecer estaba por("al" mejor, expresa más inmediatez) llegar porque podía ver un suave fulgor dorado colarse por la puerta de entrada. Una sombra se proyectó sobre él brevemente. Percibió un silencio absoluto y pasos que horadaban la tierra, como truenos lejanos. La sensación que lo embargó entonces fue de una enorme paz. Dejó de sentir el dolor cuando la figura que había adoptado La Bestia se arrodilló y permitió que su cabeza reposara sobre su regazo.
—Gracias…
—Lo has hecho bien, Thoren —murmuró la criatura—. Me ocuparé de la Caja. Ahora, tu tiempo se ha cumplido y puedes marchar en paz.
—No podría irme en mejor contemplación que la del rostro que llevas ahora… gracias, otra vez.
Y sin decir más, Thoren cerró los ojos y exhaló su último suspiro.
La Bestia observó su rostro unos segundos y luego contempló cómo el alma de aquél humano se elevaba en la espiral, en busca de su próximo destino.

Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
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#4
Un atípico e interesante relato de redención, con un lenguaje y unas descripciones muy bien trabajadas: En más de un párrafo el relato se siente muy vívido e intenso, sin perder su interés en ningún momento.
Aunque eso sí, coincido con Cabromagno en que algunos detalles sobre la identidad de la Bestia son un poco confusos, pero de todas maneras me ha encantado la historia.
¿Cuánto darías por controlar un espacio de tiempo inexistente? Millones de moléculas creando formas de vida de la nada...
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#5
¡Muy bien, sí señor!

En la narración, sólo me han chocado un par de cosas:

"Lanzó un gruñido y hundió las garras delanteras en la húmeda y negra tierra. Supo que la bruja no estaba loca cuando escuchó el susurrante silencio y sintió los pasos que horadaban la tierra, como retumbantes truenos lejanos."
¿Realmente puede Thoren realizar un pensamiento tan lúcido en su forma de licántropo?

La espada que aparece de repente en manos de Thoren en su lucha contra la bruja, de la cual no habíamos tenido noticias previas.

A propósito, sólo por ser un poco tiquismiquis, en algunas expresiones, me sobran/faltan/cambiaría algunas palabras, fundamentalmente nexos, pronombres y preposiciones que me chirrían un poco al leer el relato. Unos pocos ejemplos para ilustrar lo que quiero decir:

"...se percató que ya no lo cobijaba el techo de piedra..." (le por lo)

"a sus espaldas, ardía un fuego y alguien murmurando." (me falta algo antes del "alguien murmurando", lo mismo que más adelante en "—el chapoteo de las cosas que...". No termino de saber si lo haces adrede o sin querer)

"tratar de ver mejor en dónde se encontraba y quién era que hablaba de aquella manera." (omitiría ese "era que")

No sé si son consecuencia de diferencias culturales del español, despistes, o mezcla de ambas. En donde yo vivo también pecamos de ser leístas y loístas, como en el primer ejemplo que te he dejado. Intuyo que por ahí van los tiros.

Por lo demás, un relato escalofriante (ese caminar de la bruja era un puntazo, también el interior de la caja-ojo Tongue) y a mi parecer, bastante original. Buen título con ese plural en Las Bestias del Bosque Oscuro, pocos personajes bien delineados, trama absorbente... En líneas generales, me gusta más el contenido que la forma, pero como ya dije, quizás se deba a que la manera de expresarte por allí es diferente a la que estoy acostumbrado a escuchar ^ ^

Hay un par de frases dignas de reseñar en boca de los personajes sobrenaturales (de nuevo, subjetivamente, no tanto por la forma como por el contenido):
"Un hombre aprende a crear sus respuestas, tenlo presente. Aunque pocos le dan uso aún sabiéndolo."
"No hay peor asesino que aquél que mata con el silencio y la indiferencia, aquél que no escucha a su corazón y lo deja morir. Es la pérdida más grande de los Hombres"

Sé que me he extendido mucho en los aspectos negativos, pero es porque realmente me ha gustado mucho y pienso que con pulir las imperfecciones el resultado sería extraordinario. Así que no te dejes engañar por mi comentario, aunque apenas acabo de empezar a leer los relatos, probablemente éste se coloque entre mis favoritos.
¡Un placer y enhorabuena, autor, sigue así! Big Grin
Ob-la-di Ob-la-da
Responder
#6
Buenas, autor "anónimo".

Aunque ya lo haya leído, debo decir que fue un placer leerlo nuevamente. Los personajes bien construidos, la historia de Thoren que concluye con un último gesto heroice antes de morir, como redención de una alma otrora condenada.
Como siempre, tu narración compra.

Aunque por no ser algo nuevo, aún no sé qué voy a hacer con él.

Éxitos, estoy seguro que te va a ir bien.
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
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#7
Bueno pues aquì tenemos, como no, de vuelta a Thoren.

La historia, si bien ya leìda en otro reto, me ha gustado de nuevo. De hecho incluso podìa decir que me acordaba perfectamente de ella, lo cual solo puede que ser bueno.
No tengo mucho que añadir, pues el relato està excelentemente escrito, sin falta alguna y con una riqueza de vocabulario encomiable.

Me quedan algunas dudas: Thoren muere? Està el gatito... digo autor, trabajando en una novela o proyecto mucho mayor del cual salen todos estos relatos? hacia donde parte el ànima de Thoren al abandonar su cuerpo? y, el màs importante, quién es la bestia? qué representa? Me queda claro que es un unicornio pero representa a alguna deidad?

Aquì tenemos al primer sobresaliente, sin dudas. Dudo que haya muchos màs.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
Responder
#8
Cuarto relato...

Hay detalles que deben ser pulidos en la narración, Mercader y Licor te lo han señalado como para tener en cuenta y mejorar.
También se requiere un poco más de espacio para enriquecer algunas escenas como el encuentro final entre Thoren y Angelique.
Por otro lado me ha encantado el relato con sus juegos de palabras en el título y el uso de las onomatopeyas, así como la caracterización de los protagonistas.

Éxitos en el reto!
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

Responder
#9
Último relato en ser comentado

Me gusta bastante que la fantasía clásica se ve bien reflejada en el relato, por lo que quedé enganchando desde el principio. Quizás en algunas partes quedé perdido, como el encuentro entre el protagonista y lo que, al principio, parecía ser el antagonista. Aunque en realidad todos son "los malos" en mayor o menor medida, ¿no? Pero en lo que iba, esa escena es un tanto confusa, pues se ve como si la bestia fuera acabar con Thoren, pero después lo libra del hechizo de la bruja, lo que también me lleva a pensar: ¿No previó la bruja que su enemigo pudiera deshacerse de su licántropo con tanta facilidad? Y en cuanto a la bestia, creo que ella misma pudo haberse herido y luego liberar a destiempo a la bruja.

No tengo nada más que decir, nos vemos!
«Quizá no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero, en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba.»

El Extranjero, Albert Camus.
Responder
#10
En general me ha gustado el relato. Tienes una gran pluma, un amplio vocabulario y un concepto muy fuerte para la historia.

Me gustó que el relato tuviera una conclusión; sin embargo, siento que faltó más contexto para darle profundidad a la historia y que el final tuviera más impacto a nivel emocional (aunque comprendo las limitaciones que impone intentar encajarlo todo dentro de un número máximo de palabras). También  sentí que esto es parte de una historia más amplia, así que la falta de contexto suficiente sobre lo que sucedió antes del inicio me hace sentir la lectura un tanto incompleta, aunque definitivamente el relato como tal tiene un final. En cierta forma siento como si hubieras presentado la mitad y el final de un relato y hubieras cortado el inicio, lo cual me impide sentirlo "redondo".

A continuación algunas anotaciones particulares sobre el texto:

- "Thoren frunció el ceño, afuera no había nada más que naturaleza. La bruja estaba loca, eso era evidente." (creo que el "eso era evidente" sobra. Con solo decir "La bruja estaba loca" se sobreentiende que esa fue la conclusión a la que llegó Thoren por lo que había visto hasta ahora).

- "—¡Maldita bruja! ¿Qué quieres de mí? ¡Vamos, habla! —exclamó Thoren con una voz grave e imperiosa." (Creo que lo de imperioso/a se sobreentiende por la actitud de Thoren y los signos de exclamación, así que decirlo está de más).
Visita mi blog: Universos Imaginados

"Caminante, no hay camino, se hace camino al andar"
Antonio Machado.
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