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Concurso mensual III: Fantasía Épica: El fin del pacto
#1
Brick 
Tras el Torbellino, conservé dos cosas: un pincel y aquella carta que inició la destrucción. ¿Bastaría?

En el gran salón de baile los festejos proseguían. Ritmos lentos, suaves, serios, que inspiraban alegrías satisfechas, calma y paz. Todo el mundo se movía siguiendo coreografías definidas hace eones, muy inmersos en el baile. No obstante, un observador más atento que la media, quizás mejor informado, podría bien darse cuenta de que todas las miradas recaían con frecuencia mayor que la razonable en una sola pareja: la de un hombretón fornido como él solo en ese espacio y una frágil jovencita que parecía volar.

Bastaría.

En el palacio, se oía al fin el silencio. Los enormes corredores, vacíos en general, descubrían cada tanto los muy furtivos quehaceres del servicio de limpieza, recogiendo aquí y allá una colilla, un pañuelo, una copa quebrantada por el choque contra el suelo… Durante las pocas horas que esperaban al amanecer, la increíble luminaria de llamas y de reflejos bailando en cada cristal mantendría su vigilia. Era un derroche glorioso; era el triunfo del poder y de la fama, y su precio. El espectáculo, empero, era para los demás, para quienes todo el rostro del éxito en este mundo se cifraba en aquel lujo. Para quienes lo vivían, lo vestían día a día, la perspectiva cambiaba. Una sola habitación estaba a oscuras allí, en el palacio brillante; una sola habitación en que murmullos, jadeos y gritos ocasionales poco menos que extasiados rompían con la quietud. Si el resto del mundo viera lo que ocurría allí dentro creería que el tesoro era demasiado grande; un atisbo bastaría para transformar la envidia resentida y admirada en un odio demencial que jamás descansaría hasta convertir en ruinas la magia de aquel lugar. Porque en ese microreino de sábanas y cojines, de doseles y colchón, una unión no permitida tenía lugar, reía y despreciaba el decoro que tan lúgubre pintaba de pura comparación. La jovencita gemía y el hombretón resollaba, ambos dos entre sonrisas y con fuego en las pupilas.

La Virgen, diosa encarnada.
La Bestia, humano ancestral.
Su equilibrio otorga al mundo su frágil paz, su sosiego.
Sin ellos el Torbellino del cosmos crece en potencia y nos arrastra a su prisa, nos aleja del presente y nos sume en espejismos que consumen nuestra vida en apenas un suspiro lleno de desolación. Hoy invoco este tormento, hoy conjuro tal terror.
Reniego de la Bestia.
Reniego de la Virgen.
Nueva raza juzga infame el viejo trato.
El cambio solo emana del azar; deliberadamente, se rompe el equilibrio.
Con sangre y mi voluntad dejo mi puesto en el juego, reclamo mi propia voz.
Así sea.


Los rumores surgieron como la espuma en el Centro. Todo terreno abonado por el odio hacia uno mismo florece pronto en espinas; el viejo pacto ritual ralentizó ese problema sin resolverlo una pizca.
De pronto la ancestral luz en la noche del palacio dio nitidez a los bulos, claridad a las sospechas, vida a la imaginación. Y a cada nuevo vistazo, a cada idea ligada a la nobleza distante se asociaron sacrilegios, traiciones a la moral y corrupciones terribles que nadie, ni uno ni nadie, logró atajar.

Poco a poco se acelera. Pronto todo estará roto, conmigo y con mi pasión.

-¿Sabes lo que están diciendo?
-¿Quién dice qué?
-Los humanos. Que tú, diosa, y yo, ancestro, fornicamos sin parar.
-Bueno- rió Yal,- es cierto.
Una nueva seriedad, no obstante, cubrió su rostro.
-Puede ser grave.
-Lo es. Mañana habrá una matanza.
Yal, jovencísima y radiante, se estremeció en el diván.
-¿No hay alguna alternativa? Hablaré con ellos, Rum. Soy una diosa. Mi voz…
La enorme mano de Rum le acarició los cabellos.
-Es porque eres una diosa. Y porque yo soy su ancestro. Y porque ellos son… bueno… lo que son. No podemos hacer más; somos dos entre millones. Si esos millones no arreglan sus problemas por sí mismos algún día morirán y nos llevarán consigo. Somos la paz, nada más. Pero si ellos nos reniegan, entonces, somos la guerra.
-No puedo odiarles, Rumae. No les heriré tampoco.
-Ni yo- se sonrió el hombre, tan solo por un instante; luego, nueva y fiera seriedad.- No aún. Pero nuestras decisiones valen lo que vale el mundo. Si el mundo se tambalea, querida, y busca tirarte… mataré mi decisión primero, y luego al resto.
-¡Vámonos! ¡Ya! Es la hora. Si la tregua que supone nuestro papel en palacio ha expirado aún nos queda la que concederá al mundo perseguirnos sin descanso.
-La tregua de la huida- musitó Rum.- Aún podemos concederles eso, concedernos ese tiempo prestado, la última apuesta.
Rum cerró unos instantes los ojos antes de mirar alrededor con nostalgia, suspirar y asentir, antes de dirigirse a su habitación “oficial”, pulcra y casta, mientras Yal hacía lo propio.

Cada noche, una escusa, un sigilo y un quebranto de los normas del palacio. Cada noche indecisiones y temblores de pasión. Y una noche, lo indecible: ¡gozo en la sagrada voz! Sin que mi profanación tuviera nada que ver, el horror de mi deseo consumado sin mi cuerpo, sin que mi culpa valiese nada más que el triste infierno del que peca en pensamiento… solamente.
¡No, no, no!


Ropas de montar, petates. Todo listo. Rum y Yal descienden la escalinata. Dejan atrás los saludos de un servicio que no oculta más que por mero reflejo de profesión sus inquinas. Pese al pesar que este cambio frente a la fiel devoción despierta en los dos sagrados, ambos respiran alivios al ver que nadie se enfrenta, que nadie les cierra el paso. Así llegan a la puerta trasera de los establos y al abrirla…

Sangre.
Muerte.
Potencia despedazada.
Eso es lo que encontraréis, traidores a nuestras almas. No iréis muy lejos a pie. Pronto acabaréis también hechos trizas en el barro.


Lo dantesco de la escena hiere los ojos de Yal y de Rum hasta el llorar. Hay algo más en la Bestia, un atisbo de lo Hondo. Se enjuga las lágrimas. Gruñe y entonces se yergue y alza una mano y conmina:
-Compañeros. Bajo mi mano una vez más. Una vez más, mi caricia.
Y la luz se extingue. Y el aire se espesa mucho, hasta asemejarse al agua y luego más, más, y más hasta un punto en que atenaza con el rigor de la piedra. El ciclo sigue su curso. Yal y la Bestia respiran y se escuchan más resuellos que al volver la luz revelan una tropa de corceles exultantes otra vez. Yal ríe, ojos aún salados. Rum sonríe y acaricia a Latir de Corazón, que relincha regocijos. Todos galopan entonces hacia las sendas del monte, lejos del Centro y del Pacto, hacia ellos mismos por fin.

¡Dioses! ¡Verdaderos dioses! ¿Me escucháis? ¿Me juzgáis desde vuestros infiernos? ¿Cuánto poder nos permitisteis darles? ¿Cuánto les fue necesario para cumplir su papel, mientras rompían la Ley? ¿Cuánta de esa inmensa magia emplearon solamente para follar, inmortales mientras los demás frenamos los malhadados impulsos de nuestra naturaleza corrompida? ¿Sabéis lo que habéis logrado? ¿Sabéis del odio que crece, en mí como en tantos otros? ¡No descansarán, no! ¡No vivirán plenamente siendo nosotros fragmentos! ¡Jamás!

-¡Por fin en lo salvaje!- rugió Rum.- No sabes cuánto he echado de menos esto: los murmullos del bosque, la luz del sol jaspeada tras su alocado descenso entre las hojas de los árboles… Por encima de todo, hemos escapado de los primeros Furiosos.
-No hemos escapado aún- musitó Yal.- Les siento. En todo su rencor.
El entusiasmo de Rum se enfrió hasta desaparecer, solo para ser reemplazado, instantes después, por la más sólida determinación.
-Nos ocultaremos hasta que se cansen. Iremos cada vez más lejos del Centro hasta que un día no queden gentes del Pacto que puedan darnos alcance.
Yal asintió, decidida aunque sombría.
- En algún momento, su odio superará el miedo antiguo: elegirán cancelar el Pacto, reclamarán lo que es suyo, y entonces nuestros poderes… Será duro.
Entonces sonrió, de vuelta en el presente.
-Pensé que había perdido a Salto de Nube. Temí que se desplomara todo a lo largo de la carrera. ¿Crees que los demás sobrevivirán, un tiempo al menos?
-Eso creo. La inquina de la mayoría de las personas no podrá llegar tan lejos como para desperdiciar un buen caballo. Si es que se dejan coger de nuevo- añadió con fiereza.
-No todo es tristeza, entonces. Estamos juntos, también.
Tanto cariño en su voz conmovió a Rum.
-Hoy y siempre.

¡Gentes del Pacto! ¡Hemos sido traicionados! Nuestro sostén ha escapado tras cometer la mayor ignominia, resucitando a sus corceles gracias a los dones que nosotros les otorgamos. ¿Permitiremos que este insulto continúe siquiera un segundo más? ¡Veo dudas! ¿Traidores? No, imagino que no. Adivino que teméis al Torbellino. Con buenas razones, añadiré. Yo he vivido sus vaivenes; me arriesgué para romper el primero de los Lazos, a fin de poder contaros lo que había visto. Más aún: solo dispuse de un pincel y del dorso de una carta, la respuesta a mis atormentados interrogantes por cuenta del Sacerdote del Este, para culminar, mientras aún quedaba esencia cambiante en mi interior, la segunda etapa de liberación. Todo un reto. Ahora, empero, ¡soy libre! ¡Libre para hablaros como lo hago! ¡Libre para despreciar vuestra contención, para sembrar en vosotros las semillas de la transformación! Puede hacerse, amigos míos, ¡podemos vivir en el Torbellino! Si os atrevéis, si confiáis en vosotros mismos… podemos vengarnos.

Nubes negras por doquier. Más de las que debería.

Lejano ya el mediodía, Rum y Yal iban al paso por una senda ancestral trazada por ganaderos en sus antiguas labores. Disfrutaban del frescor con que un cielo algo encapotado les ofrecía un descanso del fuerte sol de la tarde. Muy especialmente Yal no dejaba de observar todo lo se cruzaba en su camino, febril. Su naturaleza divina, a diferencia de la de Rum, consistía en asimilar nuevas maravillas; su percepción se extendía mucho más lejos que la de cualquier otro mortal, mucho más profundamente. Los detalles de las hojas, de las flores, de las aves, la extasiaban sin medida; los sonidos sorprendentes la movían, pese a todo, a cerrar aquellos ojos sin parangón y a escuchar con todo su ser, con alma; y sin osar ni una vez ralentizar esa marcha que tan trágicos motivos les hacían mantener, alguna vez se escoraba sobre su firme montura y alargaba un ágil brazo para tocar con cautela, con suavidad, una rama… Rum la observaba feliz. Su don era el del poder que se impone y que protege, y en aras de esa misión para con su compañera había insistido tanto en mantener el decoro, la férrea obligación, los compromisos eternos de avatares de los dioses hasta allí donde el amor los había transgredido sin dudarlo y sin permiso, que su emoción del presente era inmensa y muy feliz. Porque por fin Yal, su amada, podía explotar sus dones y amar más allá de él y sus crueles creyentes y apreciar un mundo entero como nadie era capaz. Por su parte disfrutaba del paso de su montura, de la energía vibrante que transmitía. Qué paz.
Yal confirmó horas después que, si bien perseguidores se acercaban a lo lejos, la distancia era tan grande que no habría algún peligro hasta tres horas después. De modo que detuvieron la marcha con emoción, con los cuerpos temblorosos del anhelo uno del otro y al instante se sumieron en esa pasión febril que convierte las caricias en presiones desmedidas y los besos en salvajes estallidos de un sabor que se siente en el vacío que atenaza las entrañas. Y el bosque guarda silencio y atiende a su vez, devoto, al impulso de la vida que late en todo y en todos pero que en aquellos dos, late como mil volcanes al compás de las caderas.

Diez latidos por segundo; tan deprisa, tan deprisa… La embestida que no cesa. Tan, tan, tan, tan, tan deprisa… Y así sigue, y sigue y sigue, y el fuego crece y se extiende y arde y arde y arde y ¡arde!
Tensión. Cuerpos extendidos al límite.
Tensión. Un jadeo sostenido que se resiste a morir.
Tensión. Los ojos cerrados.
Tensión. Se miran por fin.
Sonríen y se derrumban y todo es quietud un tiempo mientras el cielo se tiñe de grises claros y oscuros; luego de negros y los avatares sueñan ilusiones que desdeñan la pobre comparación.

Renegamos de la Bestia.
Renegamos de la Virgen.
Nueva raza juzga infame el viejo trato.
El cambio solo emana del azar; deliberadamente, se rompe el equilibrio.
Con sangre y nuestra voluntad, todos juntos desde el centro, decidimos un final.
Así sea.
¡Así será!


¡Está hecho, amigos míos! ¡Venganza al fin y, muy pronto, una vez más y al completo!

Los sueños de Rum y Yal cobraron nuevos matices; de pronto se aproximaban a lo que soñamos todos: imágenes inconexas en los planos literales, sensaciones elusivas, inquietudes soterradas. En este reino privado de los reposos de Yal, una voz desconocida y una frase repetida una y otra vez, constante: ¡Corred, corred hasta el Norte! ¡Venid al templo! ¡Corred!

La lluvia empapa la tierra, la torna en barro, la agita, y unos cuerpos que jamás sintieron ningún dolor se estremecen zaheridos por el frío y las heridas que el suelo pintó en su piel.
Imagínese el lector, si tiene a bien, despertarse de los sueños más extraños que tuvo nunca jamás a un mundo que pareciera la más grave pesadilla: los dones que disfrutase desde su mismo nacer hasta el último momento en que cerrara los ojos se han ido y se siente débil; débil como nunca, débil y aterrado. Porque es todo un aguacero lo que retumba en el cielo y su furia no ha logrado despertarlo hasta que el trueno no ha rugido con tal fuerza que retumba en su interior. ¿Cómo ha sido? ¿Qué ha ocurrido? Todo es sombra y desconcierto. Barro por doquier, fluyendo, como un torrente. ¿Las ropas? Se han esfumado; algunas quedan, cubiertas por suciedad a tal punto que pesan como de plomo. Duelen los cortes, duelen los fríos, duelen los miedos.
Rum, intentando avivar una llama donde solo hay ya rescoldos, grita:
-¡Elementos! ¡Mi derecho! ¡Mi deseo: estad en paz!

El viento se calma un poco, la lluvia se hace más leve, pero esto no durará. Rum, de algún modo, lo intuye, y se apresura a hacerse cargo de lo que queda de sus posesiones; desnudos como están, habiendo descansado a la intemperie como los seres divinos que eran antes del sueño, necesitarán de todo cuanto puedan rescatar para continuar la huida. Porque ahora saben que la situación es mucho más imperiosa de lo que podían haber imaginado. Con gesto, sombrío, se acerca a Yal, a la que encuentra hecha un ovillo estremecido.
-Yal, ¿estás bien? Esto es grave. No tengo fuerzas, cariño, no puedo calmar al cielo. Habrá que buscar refugio.
-Lo sé, Rumae, pero es que… todo está muy mal ahora, todo está tan, tan, tan mal… y no puedo verlo, no puedo oírlo. ¡Estoy ciega, Rum! No escucho nada fuera de la lluvia, no veo nada en esta oscuridad. ¡Yo también lo he perdido!
Sus palabras conmocionaron a Rum mucho más de lo que llegó a permitir que se trasluciera en su semblante. Su debilidad era algo terrible, el robo de lo más íntimo, de la seña de su identidad durante toda su vida, pero la nueva incapacidad sensorial de Yal sería mucho más dolorosa: sería como ver cerradas de pronto las puertas a un mundo inmenso que antes hubieras recorrido a tu antojo; las puertas a la belleza inconmensurable y a la emoción de un sinfín de seres. Cubierto de mugre y agua, se agachó junto a su amor; cubiertos de mugre y agua se abrazaron y el valor que dieron en su interior al gesto y la compañía, al otro estrecho en sus brazos fue tan hermoso, tan tierno, que sintieron renacer nuevas fuerzas. El viejo deseo, el mundo donde ser libres para ser abiertamente heraldos de una pasión, atenazó con más fuerza sus corazones. Yal miró a Rum y asintió. Fueron hacia los caballos.

Sin su magia, no llegarán lejos. Hicieron un milagro antes de que los demás comprendiesen la necesaria profundidad del odio y escaparon de la trampa. Pero ahora, por fin, ya no es tiempo de milagros.

Heridas. Los caballos muestran heridas terribles en todo el cuerpo. Aun en esa oscuridad solo rota por los rayos se puede apreciar la sangre.
-Mi llamada ya se acaba- sollozó Rum.
-Adiós, Salto de Nube, Latir de Corazón. Habéis sido incomparables.
Ambos permanecieron junto a sus monturas un tiempo más, ahogando la pena, mientras la vida volvía a dejar a las orgullosas bestias. El tiempo que allí pasaban era precioso y traía sobre sí a los cazadores que seguían tras su pista. Pero la emoción, la pena… oh…

Iniciados como estaban los dos en la tradición, comprendían los motivos del odio que les seguía, nacido de una renuncia. Siglos atrás, el grueso de la humanidad despertó a su potencial y se sumió en lo que luego se dio en llamar Torbellino. Las posibilidades de la vida latían en ellos con tal fuerza, respondían a los desafíos del entorno con tan gran ferocidad, que en seguida se vieron inmersos en un desenfreno incontrolable que les llevó a chocar unos con otros hasta las lindes de la extinción. En la inestable paz del descanso entre masacres, hubo quienes conservaron fuerzas para mirar en derredor y horrorizarse. Comprendieron que, de seguir los impulsos del mundo y de sus propios corazones a ese ritmo, sin los medios adecuados para canalizarlos, el desastre estaba próximo. Llevaría tiempo, empero, desarrollar tales medios. Fue por eso que, apoyándose en magia primigenia, llevaron a cabo el Pacto que pondría coto a sus poderes: condensaron la mayor parte de los dones de su especie en dos miembros de la misma, un hombre y una mujer. Lo hicieron, como bien comprendían Rum y Yal, sembrando en este sistema la semilla de su propia destrucción, pues un rencor latente e inconsciente perduraría por siempre en el corazón de los despojados y sus descendientes. A fin de ganar tiempo, orquestaron una religión en torno a esas dos figuras semidivinas; sin embargo, comprendían que, más que un credo, les protegería la mezquindad. Así, limitaron las actuaciones de los avatares con un código moral contrario a sus bendiciones: a la encarnación de la sensibilidad, le impusieron castidad; a la energía encarnada, contención y devoción. Pero este status quo no podría perdurar, pues dos seres tan potentes en raras vidas podrían contener su impuls, su mutua admiración, su amor. Cuando esto ocurriese, el rencor resurgiría y el Pacto moriría, tan cierto como la vida. Solo era de esperar que, cuando el día llegase, existiesen por fin cauces que frenaran los desmanes. Rum y Yal, desconsolados, sabían que no era así. Toda la esperanza radicaba ahora en su supervivencia, en convertirse en foco de toda la agresividad de la especie humana, preservando la ley moral a través de su rencor. Debían sobrevivir. Pero, dioses, era duro…
Ruidos lejanos. ¡En marcha!

¡Seguid! ¡Seguid! ¡A la caza! ¡Los perros tienen el rastro! ¡La fuerza que ahora sentimos, que siempre debió ser nuestra! ¡Sed como dioses, hermanos!

Carreras. Con los pies despellejados, los zapatos olvidados en algún lugar del monte, corren un hombre y una mujer, bajo los embates del temporal. El aire quema con su premura las gargantas, los pulmones; los músculos se estremecen; las piedras se clavan, hienden las plantas de aquellos pies. Más abajo pero cerca, cada vez más y más cerca se ven lámparas cubiertas que trepan con rapidez por las laderas del monte, como espíritus malignos a la caza de un festín grotesco de carne humana. Carne humana es ya, sin más, sin un Pacto al que aferrarse. Sin embargo, es tan glorioso el esfuerzo, la ilusión que los inflama y les hace continuar… Pero el cansancio no entiende de glorias, aunque las cree, y a todo humano mortal le aqueja pasado un tiempo. Resollando, se detienen, ante una encrucijada.
-¿Por dónde?- jadeó Rum.
-No puedo decirte- musitó, atenazada por el agotamiento, deslizándose hacia la inconsciencia, y allí… ¿había algo allí, en las fronteras del sueño? Al Norte… - ¡Espera! Quizás…
Se mordió el labio, dudando. ¿Debería alguien fiarse del recuerdo nebuloso de un sueño extraño que había acompañado de cerca a la pérdida de sus dones? Pero pese a su extrañeza, aquel sueño conservaba tintes del viejo poder, y en la voz que en él hablaba había una cualidad benigna; así lo intuía.
-¡Hacia el Norte!

Los rayos golpean con furia los bosques. A lo lejos, prenden fuegos.

Aquí las bestias, con los cortes que les hice y que por fin son reales. ¡Por fin mis actos importan! Y no muy lejos se encuentran los dos, dioses vulnerables. Restos de ropa en el suelo, aquí y allá en el camino. ¡Nos restriegan su impudicia! Por poco tiempo por fin.

Paso tras paso tras salto tras tropiezo tras tropiezo. De pronto, Yal se desploma en el suelo y se golpea sobre unas rocas. La corpulencia de Rum le ayuda a cargar con ella cuesta arriba, más y más. Allá abajo, a pocas yardas, se escuchan gritos, relinchos. Están tan cerca… Un sollozo se atraviesa en la garganta del hombretón, antes Bestia. No se detiene. Prosigue. Allá delante, ¿hay algo? Calor. Llamas. Silueta de un edificio plenamente iluminado, como una vez fue su hogar, pero esta vez por incendios que se extienden con tal furia que cierran todo el camino. Un cobijo, por favor. Lo que sea. Un escondite. Un lugar donde ocultarse, entrar en calor, vivir. Se apresura hacia unos muros caídos de cualquier modo. Rebusca entre los escombros, para encontrar un cadáver, ¡un cadáver que aún respira! Dejando a Yal en el suelo, con suavidad, dándole la vuelta al cuerpo desmadejado, semienterrado por los escombros, con suavidad, Rum descubre a un sacerdote de extremidades quebradas y tenue respiración. Yal se incorpora y lo mira y una extraña familiaridad la hace estremecerse. En la hecatombe que azota al mundo, en el Torbellino recién recuperado, la debilidad de este hombre sagrado, la ruina del templo, cae como la última pieza de la desesperación. El moribundo abre los ojos, con dificultad. Los mira. Las lágrimas ruedan por su viejo rostro.
-Avatares, nos habéis dado tanto… Tanto tiempo de paz… El sacerdote del Este cumplió con su deber al responder al primer Furioso, pero queríamos protegeros cuando llegase el final… para ganar tiempo, claro… pero también por cariño… ¿Escuchasteis mi llamada?
-La oí, padre- confirma Yal.
-El Torbellino… A veces parece… que el impulso de este mundo tuviera conciencia propia… y nos desease mal. Los rayos… cayeron uno detrás de otro… muchos sobre el tempo. El pasadizo de huida... está sepultado ahora.
-Los bosques están en llamas- gruñe Rum.- No hay salida.
-Se les oye cerca- solloza Yal.
-Lo siento, avatares. Gracias… gracias por todo…

Rum parece encogerse, apreciando las palabras del hombre sagrado pero comprendiéndolas en toda su lúgubre dimensión.
-Al final, querida Yal, mi presciencia fue más lejos.
Entre los escasos restos de su equipaje, rescatados del barro, se encontraba, como no, la más pesada de sus posesiones: su mandoble ritual; una carga terrible durante toda la carrera, ni una vez pensó en abandonarlo. Mira a Yal, que se estremece, pero asiente decidida, fiera y aún llena de amor, pero por fin sin temores, límites o contenciones, y en la energía que siente, de pronto, llenar su cuerpo, comprende la tentación y el terror de los poderes de los hombres primigenios. Juntos enfrentan la senda por la que llegan, por fin, las hordas perseguidoras.
-Ahora, somos la guerra.

¡Morid!

Y así, el Torbellino, recobra su antigua fuerza.
Y los mortales perecen, en un éxtasis febril.
Y no hay tregua para nadie.
Y Rum y Yal ya no están.
Y todo lo que nos queda es imaginar la paz.

FIN
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
Responder
#2
Intenresante historia, el contexto 'historico' es genial. De nuevo una historia que parece un preludio de una obra mucho mas grande, pues podria hacerse toda una novela de como vuelve todo a la paz. Incluso se podria hacer una precuela de como se acerca el fin del sistema del Pacto, que aqui nos encontramos ya con todo el pastel Tongue

Eso si, el apartado tecnico deja mucho que desear... especialmente en la estructura de los dialogos, lo cual me da una idea de quien puede ser el autor merecedor de una colleja... Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
Responder
#3
Buah, definitivamente suficiente por hoy, y menudo broche, me ha encantado.
El aspecto técnico, como en otro relato que también he leído esta mañana, es algo irregular, lo cuál siempre me hace gracia y me lleva a preguntarme acerca de los por qués del asunto. Curiosamente, no obstante, existe una regularidad allí donde Cabro señala el error de la estructura de los diálogos, ¡todos están hechos igual! Fuera de la norma pero igual. Querré conocer los motivos del autor o la autora, si tiene a bien, cuando termine el concurso Smile

La estructura es interesante: esencialmente lineal en la acción, en dos planos paralelos (Yal y Rum, por un lado, y el Furioso por el otro), pero con saltos a la Historia (y algunas al pasado más reciente, en el caso del Furioso) del mundo fantástico que dan las razones de los acontecimientos presentes. Los saltos en el tiempo siempre crean algo de caos, y no estoy seguro de haberlos cogido todos a la primera; volveré a leerlo y entonces lo detallaré quizás algo más, que ahora muero de tanto leer. Muerte placentera, empero Big Grin

¡Gracias!
Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
Responder
#4
Un bello relato, muy poético, aunque en ocasiones me pareció un poco difícil de seguir debido a los saltos en el tiempo que señala Licordemanzana.
Y claro, también hay ocasiones en las que parece necesario contar con una especie de "trasfondo" o contexto adicional para poder captar plenamente todos los detalles de la trama (Como si fuera parte de una historia mucho mayor)

Aún así, disfruté mucho leyéndolo.
¿Cuánto darías por controlar un espacio de tiempo inexistente? Millones de moléculas creando formas de vida de la nada...
Responder
#5
Buenas, sexto relato en publicar.

Curioso relato tenemos aquí. Curioso por su naturaleza poética, tan perdida hoy en día donde prima la pluma ágil y directa. De algún modo, al principio, me costó seguirle el rasto; mas no una vez acostumbrado los ojos a tal cadencia. Es raro, casi una gema; una historia de amores divinos que una vez salvaron una guerra, y que al final son la causa y consecuencia.

Bien autor, más allá de lo que te comentaron los compañeros —el guionado, fácilmente solventable, y el tema jugado de los tiempos verbales—, es un muy lindo trabajo.
Éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
Responder
#6
Hola, querido autor/a anonim@ ^ ^ O quizás no tan anónimo, parece que ya te tengo fichad@ de sobra xD Sólo con ver el icono de la muralla y la primera frase en cursiva ya me hacía idea de quien eres, y creo haberlo confirmado a medida que avanzaba mi lectura Tongue

En el nivel técnico poco que señalar, aparte de algún desliz (escusa por excusa) y repetición (empero e inquina).

Intenso, pasional, electrizante y doloroso. Me emociona, me gusta mucho, aunque a veces tengo la sensación de que hay demasiado que asimilar y que no puedo dejarme llevar completamente por las sensaciones, también tengo que estar pendiente con precisión del significado conciso de las palabras. Muy bonito, sí señor, se coloca irremediablemente entre mis preferidos ^ ^

La historia es, como poco, interesante y merece la pena realizar un esfuerzo extra para darle una relectura que ayude a empaparse bien de ella. Agradezco esta vez que haya una explicación que deje las cosas más claras, al principio me había armado de teorías y cábalas que iba poniendo a prueba a medida avanzaba la historia xP

¡Felicidades al autor, bien hecho! ^ ^
Ob-la-di Ob-la-da
Responder
#7
Pues un relato que me ha dejado con sensaciones encontradas.
Por una parte por momentos me sorprendì dando saltos en la lectura, leyendo simplemente de pasada, pues e sun texto denso, quizàs hasta monòtono. Muchas otras veces, en cambio, tuve que releer algunos pàrrafos para lograr entenderlos (me recuerda este relato a uno que leì no hace mucho, en otro reto, y que me encantò, sobre un marinero y una estrella... serà del mismo autor?).
Por otra parte, hay algunas frases... algunas alegorìas... que tienen mucha garra, caràcter y fuerza. Que incluso conquistan por ser inconclusas. Como ese final, que no dice nada y dice todo. Hay mucha poesìa en el relato, pero incluso decir esta frase es una obviedad.
En cuanto a los errores mientras iba leyendo... pues algunos vi, que embrutecieron un poco la lectura (lo de los guiones tiene fàcil soluciòn: "ALT Gr + -". Otros simplemente vinieron, imagino, por falta de una ulterior revisiòn).
Por momentos me pareciò màs una obra de teatro que un relato en sì. Pues gran parte de la narraciòn viene explicada entre diàlogos.
Un relato a tener en cuenta, estarà entre los finalistas a buen seguro. Deja poso.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
Responder
#8
Me gustó bastante el carácter poético y metafórico del relato. Los protagonistas están muy bien trabajados, uno consigue entenderlos y empatizar con ellos. La historia también es atrapante, es trágica y epopéyica (Sí existe esa palabra?), aunque como ya lo mencionaron (Pafman), es una lectura densa y hasta cierto punto lenta; aclaro que esto no me ha supuesto problema, pues como dije, el texto está cargado de poesía y metafóras, cosa que me agrada.

Es todo, nos vemos en otra!
«Quizá no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero, en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba.»

El Extranjero, Albert Camus.
Responder
#9
Me gustó mucho la idea central del relato, el argumento y cómo van desarrollándose los acontecimientos.
Por el lado negativo, justamente eso, sólo me quedó la idea central, porque la narración es demasiado metafórica y rebuscada, no me he enterado de nada por momentos. Tuve que releer y volver atrás varias veces, lo cual hace incómoda la lectura.
Mención especial a la parte donde se despiertan y se dan cuenta que perdieron sus poderes, me pareció muy angustiante y bien retratado. También cuando encuentran al sacerdote.
En definitiva, muy buen relato, pero aflojá un poco con la poesía! Big Grin
Responder
#10
Sexto participante...

Se notan algunos despistes pero son subsanables,otros errores técnicos ya te los han marcado. También el modo tan poético de narrar resulta un poco denso por momentos haciendo la lectura un tanto espesa y distante de la emoción que quiere evocar. Otro tema a tener en cuenta es que la historia se intuye más que se ve, es mas etérea que concreta por momentos y eso puede provocar cierta confusión.

Por otra parte la historia que se intuye es preciosa y triste por su tragedia, me resulta atractiva y mantuvo mi interés aun a sabiendas del final (cíclico?) del destino de nuestros protagonistas. De hecho has sabido conjugar muy bien la narrativa en dos tiempos del relato haciendo la lectura un poco más dinámica y amena, a la vez que informativa.
El trasfondo es interesante y la pareja protagonica querible en su deseo y su amor.

Felicitaciones, estás entre mis favoritos!
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

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