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Concurso mensual III: Crónicas de la Goatlance
#1
Era una noche tranquila, las estrellas empezaban a brillar en el cielo mientras el suave viento de poniente mecía las hojas de los árboles. La luz de una antorcha se filtraba entre los troncos de los árboles, las pisadas del individuo resonaban por el bosque acompañadas del esporádico ulular de los búhos. Al llegar junto a un pequeño puente de piedra que atravesaba un riachuelo se sentó sobre la barandilla. «Parece que soy el primero en llegar», pensó acomodándose sobre la piedra. De pronto oyó un ruido tras unos arbustos cercanos y rápidamente se levantó espada en mano.

—¿Quién anda ahí? —preguntó.

Un enano salió a rastras de la espesura balbucenado escusas e improperios.

—¿Qué narices hacías ahí escondido, Demetrio? —inquirió de nuevo mientras guardaba la espada.
—Oí tus pisadas y pensé que podía tratarse de un salteador… ¿Cómo sé que eres Oinkos?

El individuo señalo su nariz, y dándose la vuelta señalo también una pequeña cola que tenía en la espalda.

—¿Conoces algún otro semicerdo, enano cobarde y desconfiado? —inquirió con una sonrisa.

El enano gruño con aprobación y alzó su mano con intención de estrechar la de Oinkos, pero el semicerdo se agachó y le dio un fuerte abrazo. Habían pasado muchos años desde la última vez que se habían visto.

En ese momento un resplandor apareció por el camino acompañado del sonido de unas voces. Oinkos sujetó al enano justo cuando se dirigía de nuevo hacia los arbustos. Poco después llegaban hasta ellos un mago y un elfo. El semicerdo les dio sendos abrazos, y pese a los intentos del enano por seguir estrechando manos no pudo evitar recibir otro abrazo del mago. El elfo por su parte había abrazado a un arbusto cercano.

—¡Ay! Como te ha crecido la barba Demetrio… —comentó el elfo al pincharse con las hojas del arbusto, mientras sus amigos sonreían divertidos.

Tras el reencuentro, los cuatro se encaminaron hacia una aldea cercana donde tomarían algo juntos al calor del fuego de la taberna y se pondrían al día. Bactrio, el mago, había pasado los últimos años en el colegio Mispo Ciones de Magia y Hechicería. Tras graduarse unos meses atrás, estaba intentado reunir dinero para abrir una tiendecita de pociones mágicas en la ciudad de Lantean. Elcegat, el elfo, trabajaba con su tío Eldelbar en la taberna que este tenía en la aldea del bosque de Blindelfwood, y esperaba algún día poder abrir su propia taberna. Demetrio, el enano, había abierto una mina, pero hasta ahora no había tenido mucha suerte y apenas encontraba material útil. Oinkos, el semicerdo, se había alistado en una compañía de mercenarios, había viajado por todo el continente y ahora era veterano de cuatro guerras. Además, hacía yogures.

—… Y por eso os he reunido hoy aquí —explicaba Oinkos—, durante todos estos viajes siempre estuve alerta ante cualquier indicio o pista... ¿Recordáis lo que hablábamos siempre de pequeños? —preguntó mirándoles a los ojos uno a uno—. Siempre decíamos que de mayores correríamos aventuras, buscaríamos tesoros y rescataríamos princesas… Pues bien, he reunido una serie de pistas que nos podrían llevar hasta un tesoro. Tenemos la oportunidad de cumplir nuestros sueños, tanto los infantiles, como los que tenéis ahora de sacar adelante vuestros negocios.

Se hizo el silencio. El crepitar del fuego era lo único que se oía en la pequeña taberna, que tenían para ellos solos aquella noche.

—Bueno, no tengo ninguna idea mejor para financiar mi tienda así que… me apunto —dijo Bactrio.
—Yo también, me vendrá bien conseguir algo de oro para mi proyecto de taberna —apuntó Elcegat.
—No pienso ser menos que este par de patanes, además mi mina no da muchos dividendos… —gruñó el enano.

Oinkos sonrió.

—Bien, pues si os parece vamos a dormir. ¡Mañana empieza la aventura!

Recuperaron fuerzas durante la noche, y con buen ánimo empezaron la marcha al día siguiente. Durante dos jornadas, el grupo de amigos viajó hacia el este, hacia las montañas Lesiplen. Una vez en la zona, Oinkos necesito otra jornada más para dar con la cueva indicada.

Frente a ellos, una pequeña abertura que se adentraba en la montaña. A sus espaldas, un precioso valle boscoso, salpicado aquí y allá de algún claro. Al fondo un río serpenteaba valle abajo por en medio de pequeños prados que lindaban con el bosque.

—¿Estáis listos? —inquirió Oinkos entregándoles una antorcha a cada uno de ellos.

Sus compañeros asintieron, y uno a uno fueron introduciéndose en la cueva. Tras caminar durante una hora, el túnel rocoso dio paso a una especie de cámara. Unos extraños dibujos y letras adornaban las paredes de la sala. Algunos dibujos representaban animales conocidos, pero otros representaban bestias de las que nunca habían tenido conocimiento. El techo abovedado por su parte estaba vacío. Demetrio se acercó a uno de los dibujos y empezó a pasar la mano por el relieve.

—¡Cuidado! —le advirtió Oinkos—. Podrías activar alguna trampa oculta.

El enano retiró rápidamente la mano de la pared.

—Aquí no hay salida —señaló Bactrio.
—Hay una puerta secreta, en alguna parte… —dijo Oinkos mientras miraba con atención todos los relieves.
—¿Y sabes encontrarla?
—Sí, solo necesito encontrar el dibujo adecuado.

De pronto a Oinkos se le iluminó la cara. Posó su mano sobre uno de los relieves y empujó. El relieve se deslizó hacia atrás e inmediatamente, con un ruido ensordecedor, una puerta secreta se abrió en la pared contraria. Un túnel, perfectamente labrado en la roca, se abría ante ellos.

Oinkos desenvainó su espada.

—A partir de aquí podemos encontrarnos cualquier cosa —les advirtió.

Elcegat cogió su arco y una flecha, listo para disparar. Bactrio desabrochó su túnica, ahora podía acceder rápidamente a los bolsillos interiores de la misma que llevaba repletos de frasquitos de pócimas. Demetrio flexionó las rodillas e hizo unos estiramientos, estaba listo para salir corriendo al menor peligro.

Atravesaron el pasadizo con cautela. Tras recorrer unos metros, Oinkos oyó un leve chirrido bajo su bota y saltó rápidamente hacia atrás empujando a sus compañeros. Fueron cayendo de culo cual fichas de dominó. Mientras, de unos pequeños agujeros de la pared surgieron varias flechas que rebotaron en la piedra. Ninguno sufrió ninguna herida de puro milagro.

—Mirad bien donde pisáis, podría haber más trampas como esa —dijo el semicerdo levantándose.
—Creo que tengo algo que podría ayudar —comentó Bactrio mientras rebuscaba en su túnica—. ¡Sí! Aquí está, bebed un poco de esto —dijo pasándosela a Demetrio—. Es una poción de pies ligeros, después de beberla seréis tan livianos que…

Un fuerte crujido resonó por el pasadizo. Bajo los pies del enano la roca se estaba resquebrajando.

—¡Rayos! ¡¿Poción de pies ligeros?! ¡Siento como si mis pies pesaran una tonelada cada uno! —gruñía el enano mientras movía enérgicamente los brazos en un intento por pegar al mago, más su esfuerzo era inútil ya que no podía mover sus pesados pies.
—¡Vaya!, he debido de confundirme de frasco —dijo Bactrio, sonriendo tontamente en un intento de quitarle hierro al asunto—. Por aquí tendré algo para devolverte a la normalidad…

De pronto el enano empezó a levantar un pie.

—No te molestes, ya se empieza a ir el efecto —comentó Demetrio aún con rencor en la voz.
—Pues no debería pasarse tan rápido… —dijo el mago un poco confuso.
—Lo mejor será que avancemos pegados a la pared —intervino Oinkos—, seguramente las trampas estén colocadas hacia el centro. En cualquier caso, si oís algún ruido extraño saltad rápidamente hacia atrás.

Los cuatro amigos reanudaron el avance. Al final del pasadizo encontraron unas escaleras que decidieron bajar también pegados a la pared. Estas desembocaron de nuevo en un pasadizo. Tras cruzarlo por entero, llegaron a una nueva sala, que al contrario de la anterior contenía múltiples puertas. Esta era una sala enorme, y tuvieron que distribuirse a lo largo de toda ella para que sumando la luz de todas las antorchas pudieran verla en su totalidad. Además de nuevos relieves y letras de un antiguo idioma, en esta sala había diversas estatuas junto a las paredes.

—Y aquí llega el primer problema. Sé que tenemos atravesar la tercera, la quinta o la sexta puerta, las otras están descartadas. Pero si fallamos al abrir la puerta no se qué ocurrirá —les informó Oinkos.
—Así que tenemos un treinta y tres por ciento de posibilidades —apuntó Bactrio.
—Yo voto por abrir la tres —dijo Demetrio.

Los demás se encogieron de hombros y Bactrio se dirigió a la puerta tres. Cogió el picaporte, respiró profundamente una vez y abrió…

Al otro lado de la puerta la oscuridad era completa. El mago alzó su antorcha y vio que algo se movía en la penumbra. De pronto dos figuras humanoides envueltas en lo que parecía papel de váter y con los brazos extendidos se acercaban a la puerta entre gemidos lastimeros.

—¡Momias! —gritó horrorizado Bactrio a sus dos compañeros. El enano había desaparecido.
—¡Malditas! ¡Os mandaré de vuelta al inframundo! —gritaba Elcegat mientras asaeteaba sin compasión una y otra vez una de las estatuas de la otra punta de la sala.

Oinkos desenvainó su espada y se lanzó sobre uno de los monstruos. Este usó sus vendas cual látigo, pero el semicerdo consiguió esquivar el latigazo y, plantándose ante él, lo ensartó con su espada. La momia abrió mucho los ojos, pero antes de caer muerta le pegó un mordisco en el hombro. Oinkos chilló de dolor cual cerdo en el matadero, nunca mejor dicho…

Mientras tanto, Bactrio rebuscó en su túnica y saco una pócima de fuego. Sabía que el vendaje de la momia prendería con facilidad. Como si de un cóctel molotov se tratara arrojo la pócima contra el monstruo, y al romperse se produjo el efecto... La momia quedó completamente empapada de agua, por suerte, el vendaje se deshizo con el agua y el monstruo quedó transformado en un charco de papel deshecho.

—Bueno, supongo que así también vale… —reflexionó Bactrio encogiéndose de hombros.
—Alguien debería decirle a Elcegat que ya ha acabado todo —comentó Oinkos mientras se examinaba la herida y empezaba a tratarla.

Al otro lado de la sala, el elfo continuaba su encarnizada lucha con la estatua. Bactrio se acercó a él para comentarle un par de cosillas. Mientras tanto, el enano reapareció.

—¡Vaya!, me pareció ver algo en el pasadizo por el que vinimos, pero al final resultó no ser nada… —se excusó, y al ver la herida de Oinkos añadió—: ¡Te han mordido! ¿No irás a transformarte en un zombie, no? —preguntó palideciendo de terror.
—No te preocupes, es una mordedura de momia, no de zombie.
—¿Y qué diferencia hay? —pregunto Demetrio no muy convencido.
—La diferencia —intervino Bactrio, que regresaba ya con Elcegat—, es que si te muerde un zombie te transformas en un muerto viviente, pero si te muerde una momia… solo eres un idiota con una mordedura de momia —sentenció sonriente.
—Bueno, deberíamos probar con una de las otras puertas —dijo Oinkos tras aplicarse un vendaje en la herida.

Bactrio se acercó a la quinta puerta.

—¿Qué tal esta? —Y sin esperar respuesta la abrió.

Al otro lado de la puerta se extendía un pasadizo igual a los anteriores.

—Parece que es la buena —comentó Oinkos adentrándose en el pasadizo. Los demás le siguieron.

Tras seguir el pasadizo durante varias horas, girando numerosos recodos y varios tramos de escaleras, finalmente fueron a parar a una gran caverna natural. Un extraño sonido recorría el lugar a intervalos regulares.

—Parece una respiración —comentó Bactrio—, la respiración de algo muy grande…
—Bien, entonces estamos cerca del tesoro —afirmó Oinkos.
—¿Tú sabes que hay ahí? —preguntó temeroso Demetrio.
—Un dragón —dijo Elcegat.
—¿Cómo lo sabes? —le preguntó Oinkos sorprendido.
—Buscamos un tesoro, y los dragones guardan tesoros según muchas de las leyendas de los elfos.
—Bueno, pues ya sabéis a que nos enfrentamos —dijo Oinkos recomponiéndose y empezando a avanzar por la caverna.

Al pasar de largo una gigantesca piedra que parecía haberse desprendido del techo de la caverna pudieron verlo. Un inmenso dragón verde, dormido sobre una montaña enorme de tesoros. Miles de monedas de oro y toda clase de objetos de incalculable valor labrados en los más preciosos metales. Los cuatro amigos quedaron boquiabiertos ante semejante panorama. Poco a poco, se acercaron hasta un pedrusco y se agazaparon tras él. Debían idear un plan.

—¿Cómo vencemos al dragón? —preguntó Elcegat.

Bactrio y Demetrio miraron inquisitivamente a Oinkos. Este tenía la vista fija en el dragón, pensando cual sería el siguiente paso.

—¿Tienes alguna pócima que pueda resultar útil? —le preguntó el semicerdo al mago.

Este quedó pensativo.

—Tal vez podríamos usar una pócima de oscuridad impenetrable. Así podremos acercarnos hasta el tesoro y llevárnoslo sin ser vistos aunque el dragón se despertara… —razonó Bactrio.
—¡Genial! —dijo el enano, feliz de poder evitar el enfrentamiento con el dragón.

El mago se hurgó en la túnica y sacó un frasco. Lo lanzó por los aires y este se rompió contra el techo de la caverna. Y de pronto… una gran cantidad de luz iluminó toda la cueva. Era como si el sol hubiera penetrado hasta las entrañas de la tierra. El dragón, dormido durante siglos en la más completa oscuridad, se despertó sobresaltado. Se irguió en todo su enorme tamaño y miró a las tres pequeñas figuras que había frente a él. El enano se había esfumado de nuevo.

—¿Quién osa perturbar mi descanso? —tronó el dragón.
—Mierda —dijo Bactrio.
—¿Mierda? ¿Qué clase de nombre es ese? —bufó el dragón.
—Esto… ¡nos hemos perdido! —dijo Oinkos pensando con rapidez—. ¿Serias tan amable de indicarnos la salida?
—¿Perdidos? —preguntó el dragón con suspicacia—. Claro, yo os indicaré la salida… ¡de esta vida! —sentenció echando el cuello hacia atrás.

Los tres amigos apenas tuvieron tiempo de esconderse tras la roca antes de que el dragón llenara de fuego la caverna. Tras unos segundos, los tres levantaron la cabeza. La piedra prácticamente se había fundido.

—¡Corred! —gritó el semicerdo.

Ninguno necesitó que se lo dijeran dos veces. Elcegat sacó su arco y empezó a disparar al dragón. Lo bueno fue que, ante un blanco tan grande, el elfo fue capaz de disparar contra su enemigo, lo malo fue que, pese a dar en el blanco, las flechas rebotaban igual en el pecho del dragón que como lo habían hecho con la estatua. Aún así, las flechas molestaron lo suficiente al monstruo para que este se dirigiera primero a por el elfo.

Oinkos sabía que nada podía hacer con su espada si estaba lejos del dragón. Al ver que este se interesaba por Elcegat, aprovechó su oportunidad y con unas cuantas zancadas se metió entre las piernas del monstruo. Ahora su problema era saber dónde podría clavar su espada para matar al dragón, pues no parecía tener ningún punto vulnerable.

Bactrio empezó a sacar pócimas y a lanzárselas al dragón. Primero una de agua que esperaba que impidiera al dragón escupir fuego, pero resulto ser una pócima de fuego que hizo su siguiente ataque aun más devastador. Después lanzo una pócima explosiva con la que esperaba reventarle la cabeza al monstruo, pero la explosión apenas fue la de un petardo pequeño. Y así siguió la cosa con varias pociones más…

Entonces, Oinkos la vio. Entre todos los tesoros distinguió aquello por lo que él se había metido en aquella aventura. Los tesoros sin duda habían atraído a sus amigos, amén de su espíritu aventurero, pero él había venido solo por aquel objeto en concreto. Sobresaliendo entre monedas, coronas y cálizes, estaba la punta de la Goatlance.

Con su nueva, aunque ancestral, lanza en la mano, Oinkos se dirigió hacia el dragón.

—¿Pero qué narices piensas hacer con eso? —le preguntó una vocecilla.

El semicerdo miró a su alrededor buscando el origen de esa voz, y de pronto abrió mucho los ojos, sorprendido al ver semienterrado entre los tesoros a Demetrio.

—¿No ves que la punta de la lanza es un cuerno de cabra, de esos en espiral? ¡Es imposible que puedas clavársela al dragón! —sentenció el enano.

Oinkos miró la punta de la lanza. Efectivamente parecía ser un arma completamente inútil… Sabía que era un arma mágica, pero no tenía ni puñetera idea de cómo funcionaba. Había supuesto que funcionaría como una lanza cualquiera… pero no parecía que fuese a ser el caso a tenor de lo que le acababan de señalar.

En ese momento se escuchó una fuerte explosión a los pies del dragón. Bactrio, cansado de que nada funcionase, había lanzado una decena de pócimas a la vez y estas habían producido tal deflagración que el dragón, en un acto reflejo se echó a volar. Para su desgracia, no había demasiado espacio en la caverna para su vuelo, así que se golpeó la cabeza contra el techo de la misma. Tras el ostión la cubierta de la cueva empezó a derrumbarse y los cuatro amigos enfilaron a todo correr el pasadizo por el que habían llegado, mientras gran cantidad de rocas caían por doquier.

Unas horas después, sucios y cansados, salieron de la cueva. El dragón muerto o no, estaba enterrado. Oinkos había conseguido aquello que había ido a buscar, la mítica Goatlance, y Demetrio, escondido entre los tesoros, no había dejado pasar la oportunidad de guardarse unos cuantos objetos en los bolsillos. Los repartió con Elcegat y Bactrio y, comiendo yogures al calor de una fogata, todos coincidieron en que al final la aventura había acabado bastante bien pese a la gran cantidad de riquezas que se habían quedado bajo la montaña.
«Mueres siendo un héroe... o vives lo suficiente para convertirte en villano»
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#2
¡Genial! Y de autoría inconfundible Big Grin

Humor muy a lo Terry Pratchet, aventura de grupo desenfadada.

En el aspecto técnico, me destaca alguna puntuación (según las que yo pondría) y la falta de acentos en cierto "éste" y "éstas":

Era una noche tranquila,(.) las estrellas empezaban a brillar en el cielo mientras el suave viento de poniente mecía las hojas de los árboles. La luz de una antorcha se filtraba entre los troncos de los árboles, las pisadas del individuo resonaban por el bosque acompañadas del esporádico ulular de los búhos. Al llegar junto a un pequeño puente de piedra que atravesaba un riachuelo(,) se sentó sobre la barandilla. «Parece que soy el primero en llegar»,(x) pensó(,) acomodándose sobre la piedra. De pronto oyó un ruido tras unos arbustos cercanos y(,) rápidamente(,) se levantó espada en mano.

—¿Quién anda ahí? —preguntó.

Un enano salió a rastras de la espesura(,) balbucenado escusas e improperios.

—¿Qué narices hacías ahí escondido, Demetrio? —inquirió de nuevo mientras guardaba la espada.
—Oí tus pisadas y pensé que podía tratarse de un salteador… ¿Cómo sé que eres Oinkos?

El individuo señalo su nariz,(x) y(,) dándose la vuelta(,) señalo también una pequeña cola que tenía en la espalda.

—¿Conoces algún otro semicerdo, enano cobarde y desconfiado? —inquirió con una sonrisa.

El enano gruño con aprobación y alzó su mano con intención de estrechar la de Oinkos, pero el semicerdo se agachó y le dio un fuerte abrazo. Habían pasado muchos años desde la última vez que se habían visto.

En ese momento(,) un resplandor apareció por el camino acompañado del sonido de unas voces. Oinkos sujetó al enano justo cuando se dirigía de nuevo hacia los arbustos. Poco después llegaban hasta ellos un mago y un elfo. El semicerdo les dio sendos abrazos,(x) y(,) pese a los intentos del enano por seguir estrechando manos(,) no pudo evitar recibir otro abrazo del mago. El elfo(,) por su parte(,) había abrazado a un arbusto cercano.

—¡Ay! Como te ha crecido la barba Demetrio… —comentó el elfo al pincharse con las hojas del arbusto,(x) mientras sus amigos sonreían(,) divertidos.

Tras el reencuentro, los cuatro se encaminaron hacia una aldea cercana donde tomarían algo juntos al calor del fuego de la taberna y se pondrían al día. Bactrio, el mago, había pasado los últimos años en el colegio Mispo Ciones de Magia y Hechicería. Tras graduarse unos meses atrás, estaba intentado reunir dinero para abrir una tiendecita de pociones mágicas en la ciudad de Lantean. Elcegat, el elfo, trabajaba con su tío Eldelbar en la taberna que este tenía en la aldea del bosque de Blindelfwood, y esperaba algún día poder abrir su propia taberna. Demetrio, el enano, había abierto una mina, pero hasta ahora no había tenido mucha suerte y apenas encontraba material útil. Oinkos, el semicerdo, se había alistado en una compañía de mercenarios, había viajado por todo el continente y ahora era veterano de cuatro guerras. Además, hacía yogures.

—… Y por eso os he reunido hoy aquí —explicaba Oinkos—, durante todos estos viajes siempre estuve alerta ante cualquier indicio o pista... ¿Recordáis lo que hablábamos siempre de pequeños? —preguntó(,) mirándoles a los ojos uno a uno—. Siempre decíamos que de mayores correríamos aventuras, buscaríamos tesoros y rescataríamos princesas… Pues bien, he reunido una serie de pistas que nos podrían llevar hasta un tesoro. Tenemos la oportunidad de cumplir nuestros sueños, tanto los infantiles, como los que tenéis ahora de sacar adelante vuestros negocios.

Se hizo el silencio. El crepitar del fuego era lo único que se oía en la pequeña taberna, que(la cual) tenían para ellos solos aquella noche.

—Bueno, no tengo ninguna idea mejor para financiar mi tienda así que… me apunto —dijo Bactrio.
—Yo también, me vendrá bien conseguir algo de oro para mi proyecto de taberna —apuntó Elcegat.
—No pienso ser menos que este par de patanes, además mi mina no da muchos dividendos… —gruñó el enano.

Oinkos sonrió.

—Bien, pues si os parece vamos a dormir. ¡Mañana empieza la aventura!

Recuperaron fuerzas durante la noche, (esa coma ante las "y"s xD) y con buen ánimo empezaron la marcha al día siguiente. Durante dos jornadas, el grupo de amigos viajó hacia el este, hacia las montañas Lesiplen. Una vez en la zona, Oinkos necesito otra jornada más para dar con la cueva indicada.

Frente a ellos, una pequeña abertura que se adentraba en la montaña. A sus espaldas, un precioso valle boscoso, salpicado aquí y allá de algún claro. Al fondo un río serpenteaba valle abajo por en medio de pequeños prados que lindaban con el bosque.

—¿Estáis listos? —inquirió Oinkos(,) entregándoles una antorcha a cada uno de ellos.

Sus compañeros asintieron,("") y uno a uno fueron introduciéndose en la cueva. Tras caminar durante una hora, el túnel rocoso dio paso a una especie de cámara. Unos extraños dibujos y letras adornaban las paredes de la sala. Algunos dibujos representaban animales conocidos, pero otros representaban bestias de las que nunca habían tenido conocimiento. El techo abovedado por su parte estaba vacío. Demetrio se acercó a uno de los dibujos y empezó a pasar la mano por el relieve.

—¡Cuidado! —le advirtió Oinkos—. Podrías activar alguna trampa oculta.

El enano retiró rápidamente la mano de la pared.

—Aquí no hay salida —señaló Bactrio.
—Hay una puerta secreta, en alguna parte… —dijo Oinkos mientras miraba con atención todos los relieves.
—¿Y sabes encontrarla?
—Sí, solo necesito encontrar el dibujo adecuado.

De pronto a Oinkos se le iluminó la cara. Posó su mano sobre uno de los relieves y empujó. El relieve se deslizó hacia atrás e inmediatamente, con un ruido ensordecedor, una puerta secreta se abrió en la pared contraria. Un túnel, perfectamente labrado en la roca, se abría ante ellos.

Oinkos desenvainó su espada.

—A partir de aquí podemos encontrarnos cualquier cosa —les advirtió.

Elcegat cogió su arco y una flecha, listo para disparar. Bactrio desabrochó su túnica,(o ; o : ) ahora podía acceder rápidamente a los bolsillos interiores de la misma que llevaba repletos de frasquitos de pócimas. Demetrio flexionó las rodillas e hizo unos estiramientos,(o ; o : ) estaba listo para salir corriendo al menor peligro.

Atravesaron el pasadizo con cautela. Tras recorrer unos metros, Oinkos oyó un leve chirrido bajo su bota y saltó rápidamente hacia atrás empujando a sus compañeros. Fueron cayendo de culo cual fichas de dominó (¡esta frase es perfecta!). Mientras, de unos pequeños agujeros de la pared surgieron varias flechas que rebotaron en la piedra. Ninguno sufrió ninguna herida de puro milagro.

—Mirad bien donde pisáis, podría haber más trampas como esa —dijo el semicerdo(,) levantándose.
—Creo que tengo algo que podría ayudar —comentó Bactrio mientras rebuscaba en su túnica—. ¡Sí! Aquí está, bebed un poco de esto —dijo(,) pasándosela a Demetrio—. Es una poción de pies ligeros, después de beberla seréis tan livianos que…

Un fuerte crujido resonó por el pasadizo. Bajo los pies del enano la roca se estaba resquebrajando.

—¡Rayos! ¡¿Poción de pies ligeros?! ¡Siento como si mis pies pesaran una tonelada cada uno! —gruñía el enano mientras movía enérgicamente los brazos en un intento por pegar al mago, más (¡el acento!) su esfuerzo era inútil ya que no podía mover sus pesados pies.
—¡Vaya!,(yo aquí no pondría coma y lo dejaría como punto y seguido.) he debido de confundirme de frasco —dijo Bactrio, sonriendo tontamente en un intento de quitarle hierro al asunto—. Por aquí tendré algo para devolverte a la normalidad…

De pronto(,) el enano empezó a levantar un pie.

—No te molestes, ya se empieza a ir el efecto —comentó Demetrio(,) aún con rencor en la voz.
—Pues no debería pasarse tan rápido… —dijo el mago(,) un poco confuso.
—Lo mejor será que avancemos pegados a la pared —intervino Oinkos—, seguramente las trampas estén colocadas hacia el centro. En cualquier caso, si oís algún ruido extraño saltad rápidamente hacia atrás.

Los cuatro amigos reanudaron el avance. Al final del pasadizo encontraron unas escaleras que decidieron bajar también pegados a la pared. Estas desembocaron de nuevo en un pasadizo. Tras cruzarlo por entero, llegaron a una nueva sala, que al contrario de la anterior contenía múltiples puertas. Esta era una sala enorme,(x) y tuvieron que distribuirse a lo largo de toda ella para que sumando la luz de todas las antorchas pudieran verla en su totalidad. Además de nuevos relieves y letras de un antiguo idioma, en esta sala había diversas estatuas junto a las paredes.

—Y aquí llega el primer problema. Sé que tenemos atravesar la tercera, la quinta o la sexta puerta, las otras están descartadas. Pero si fallamos al abrir la puerta no se qué ocurrirá —les informó Oinkos.
—Así que tenemos un treinta y tres por ciento de posibilidades —apuntó Bactrio.
—Yo voto por abrir la tres —dijo Demetrio.

Los demás se encogieron de hombros y Bactrio se dirigió a la puerta tres. Cogió el picaporte, respiró profundamente una vez y abrió…

Al otro lado de la puerta la oscuridad era completa. El mago alzó su antorcha y vio que algo se movía en la penumbra. De pronto dos figuras humanoides envueltas en lo que parecía papel de váter y con los brazos extendidos se acercaban a la puerta entre gemidos lastimeros.

—¡Momias! —gritó horrorizado Bactrio a sus dos compañeros. El enano había desaparecido.
—¡Malditas! ¡Os mandaré de vuelta al inframundo! —gritaba Elcegat mientras asaeteaba sin compasión una y otra vez una de las estatuas de la otra punta de la sala.

Oinkos desenvainó su espada y se lanzó sobre uno de los monstruos. Éste usó sus vendas cual látigo, pero el semicerdo consiguió esquivar el latigazo y, plantándose ante él, lo ensartó con su espada. La momia abrió mucho los ojos,(x) pero(,) antes de caer muerta(,) le pegó un mordisco en el hombro. Oinkos chilló de dolor cual cerdo en el matadero, nunca mejor dicho…

Mientras tanto, Bactrio rebuscó en su túnica y saco una pócima de fuego. Sabía que el vendaje de la momia prendería con facilidad. Como si de un cóctel molotov se tratara arrojo la pócima contra el monstruo,(...) y al romperse se produjo el efecto... La momia quedó completamente empapada de agua, por suerte, el vendaje se deshizo con el agua y el monstruo quedó transformado en un charco de papel deshecho.

—Bueno, supongo que así también vale… —reflexionó Bactrio(,) encogiéndose de hombros.
—Alguien debería decirle a Elcegat que ya ha acabado todo —comentó Oinkos mientras se examinaba la herida y empezaba a tratarla.

Al otro lado de la sala, el elfo continuaba su encarnizada lucha con la estatua. Bactrio se acercó a él para comentarle un par de cosillas. Mientras tanto, el enano reapareció.

—¡Vaya!, me pareció ver algo en el pasadizo por el que vinimos, pero al final resultó no ser nada… —se excusó, y al ver la herida de Oinkos añadió—: ¡Te han mordido! ¿No irás a transformarte en un zombie, no? —preguntó(,) palideciendo de terror.
—No te preocupes, es una mordedura de momia, no de zombie.
—¿Y qué diferencia hay? —pregunto Demetrio(,) no muy convencido.
—La diferencia —intervino Bactrio, que regresaba ya con Elcegat—, es que si te muerde un zombie te transformas en un muerto viviente, pero si te muerde una momia… solo eres un idiota con una mordedura de momia —sentenció sonriente.
—Bueno, deberíamos probar con una de las otras puertas —dijo Oinkos tras aplicarse un vendaje en la herida.

Bactrio se acercó a la quinta puerta.

—¿Qué tal esta? —Y sin esperar respuesta la abrió.

Al otro lado de la puerta se extendía un pasadizo igual a los anteriores.

—Parece que es la buena —comentó Oinkos(,) adentrándose en el pasadizo. Los demás le siguieron.

Tras seguir el pasadizo durante varias horas, girando numerosos recodos y varios tramos de escaleras, finalmente fueron a parar a una gran caverna natural. Un extraño sonido recorría el lugar a intervalos regulares.

—Parece una respiración —comentó Bactrio—, la respiración de algo muy grande…
—Bien, entonces estamos cerca del tesoro —afirmó Oinkos.
—¿Tú sabes que hay ahí? —preguntó temeroso Demetrio.
—Un dragón —dijo Elcegat.
—¿Cómo lo sabes? —le preguntó Oinkos sorprendido.
—Buscamos un tesoro,(aquí la quitaba sin más) y los dragones guardan tesoros según muchas de las leyendas de los elfos.
—Bueno, pues ya sabéis a que nos enfrentamos —dijo Oinkos(,) recomponiéndose y empezando a avanzar por la caverna.

Al pasar de largo una gigantesca piedra que parecía haberse desprendido del techo de la caverna pudieron verlo. Un inmenso dragón verde, dormido sobre una montaña enorme de tesoros. Miles de monedas de oro y toda clase de objetos de incalculable valor labrados en los más preciosos metales. Los cuatro amigos quedaron boquiabiertos ante semejante panorama. Poco a poco, se acercaron hasta un pedrusco y se agazaparon tras él. Debían idear un plan.

—¿Cómo vencemos al dragón? —preguntó Elcegat.

Bactrio y Demetrio miraron inquisitivamente a Oinkos. Este tenía la vista fija en el dragón, pensando cual sería el siguiente paso.

—¿Tienes alguna pócima que pueda resultar útil? —le preguntó el semicerdo al mago.

Este quedó pensativo.

—Tal vez podríamos usar una pócima de oscuridad impenetrable. Así podremos (podríamos) acercarnos hasta el tesoro y llevárnoslo sin ser vistos aunque el dragón se despertara (mejor una coherencia entre los tiempos de la frase)… —razonó Bactrio.
—¡Genial! —dijo el enano, feliz de poder evitar el enfrentamiento con el dragón.

El mago se hurgó en la túnica y sacó un frasco. Lo lanzó por los aires y éste se rompió contra el techo de la caverna. Y de pronto… una gran cantidad de luz iluminó toda la cueva. Era como si el sol hubiera penetrado hasta las entrañas de la tierra. El dragón, dormido durante siglos en la más completa oscuridad, se despertó sobresaltado. Se irguió en todo su enorme tamaño y miró a las tres pequeñas figuras que había frente a él. El enano se había esfumado de nuevo.

—¿Quién osa perturbar mi descanso? —tronó el dragón.
—Mierda —dijo Bactrio.
—¿Mierda? ¿Qué clase de nombre es ese? —bufó el dragón.
—Esto… ¡nos hemos perdido! —dijo Oinkos(,) pensando con rapidez—. ¿Serias tan amable de indicarnos la salida?
—¿Perdidos? —preguntó el dragón con suspicacia—. Claro, yo os indicaré la salida… ¡de esta vida! —sentenció(,) echando el cuello hacia atrás.

Los tres amigos apenas tuvieron tiempo de esconderse tras la roca antes de que el dragón llenara de fuego la caverna. Tras unos segundos, los tres levantaron la cabeza. La piedra prácticamente se había fundido.

—¡Corred! —gritó el semicerdo.

Ninguno necesitó que se lo dijeran dos veces. Elcegat sacó su arco y empezó a disparar al dragón. Lo bueno fue que, ante un blanco tan grande, el elfo fue capaz de disparar contra su enemigo,(; ) lo malo fue que, pese a dar en el blanco, las flechas rebotaban igual en el pecho del dragón que como lo habían hecho con la estatua. Aún así, las flechas molestaron lo suficiente al monstruo para que éste se dirigiera primero a por el elfo.

Oinkos sabía que nada podía hacer con su espada si estaba lejos del dragón. Al ver que este se interesaba por Elcegat, aprovechó su oportunidad y con unas cuantas zancadas se metió entre las piernas del monstruo. Ahora su problema era saber dónde podría clavar su espada para matar al dragón, pues no parecía tener ningún punto vulnerable.

Bactrio empezó a sacar pócimas y a lanzárselas al dragón. Primero una de agua que esperaba que impidiera al dragón escupir fuego, pero resulto ser una pócima de fuego que hizo su siguiente ataque aun más devastador. Después lanzó una pócima explosiva con la que esperaba reventarle la cabeza al monstruo, pero la explosión apenas fue la de un petardo pequeño. Y así siguió la cosa con varias pociones más…

Entonces, Oinkos la vio. Entre todos los tesoros distinguió aquello por lo que él se había metido en aquella aventura. Los tesoros sin duda habían atraído a sus amigos, amén de su espíritu aventurero, pero él había venido solo por aquel objeto en concreto. Sobresaliendo entre monedas, coronas y cálices, estaba la punta de la Goatlance.

Con su nueva, aunque ancestral, lanza en la mano, Oinkos se dirigió hacia el dragón.

—¿Pero qué narices piensas hacer con eso? —le preguntó una vocecilla.

El semicerdo miró a su alrededor buscando el origen de esa voz,("") y de pronto abrió mucho los ojos, sorprendido al ver semienterrado entre los tesoros a Demetrio.

—¿No ves que la punta de la lanza es un cuerno de cabra, de esos en espiral? ¡Es imposible que puedas clavársela al dragón! —sentenció el enano.

Oinkos miró la punta de la lanza. Efectivamente parecía ser un arma completamente inútil… Sabía que era un arma mágica, pero no tenía ni puñetera idea de cómo funcionaba. Había supuesto que funcionaría como una lanza cualquiera… pero no parecía que fuese a ser el caso a tenor de lo que le acababan de señalar.

En ese momento se escuchó una fuerte explosión a los pies del dragón. Bactrio, cansado de que nada funcionase, había lanzado una decena de pócimas a la vez y éstas habían producido tal deflagración que el dragón, en un acto reflejo(,) se echó a volar. Para su desgracia, no había demasiado espacio en la caverna para su vuelo, así que se golpeó la cabeza contra el techo de la misma. Tras el ostión(,) la cubierta de la cueva empezó a derrumbarse y los cuatro amigos enfilaron a todo correr el pasadizo por el que habían llegado, mientras gran cantidad de rocas caían(x) por doquier.

Unas horas después, sucios y cansados, salieron de la cueva. El dragón(,) muerto o no, estaba enterrado. Oinkos había conseguido aquello que había ido a buscar, la mítica Goatlance, y Demetrio, escondido entre los tesoros, no había dejado pasar la oportunidad de guardarse unos cuantos objetos en los bolsillos. Los repartió con Elcegat y Bactrio y,(¡aquí perfecto!) comiendo yogures al calor de una fogata, todos coincidieron en que al final la aventura había acabado bastante bien pese a la gran cantidad de riquezas que se habían quedado bajo la montaña.
Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
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#3
¿Quién será el cabrito que haya escrito esto? Maldito hereje parodiando a Dragonlance... en fin, debo decir que me he divertido mucho... leyendolo, si, eso Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
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#4
Reto referencias: Paso, ya con Demetrio y Oinko me he sentido perdido... el premio serà para otro. He visto alguna referencia a DragonLance (GoathLance) a CDHF (Poniente), a El señor de los anillos y a miles de chistes que uno hace en un botellòn (Eldelbar, Elcegat...). Pero poco màs, 8 referencias son muchas, la verdad y yo ando muy perro hoy, ademàs con resaca.
Lo del elfo con vista de mierda, un puntazo.
"Además, hacía yogures." - importantìsimo detalle.
Dicho lo cual, un relato liviano y con muy buen sentido del humor, como es menester. Buena prosa, ningùn error notable y un argumento que es lo de menos, es siemplemente el recipiente donde meter las coñas que la buena cabra nos querìa contar... con éxito.
Me han faltado: Un orco coqueto, una princesa alcoholica, un caballero con malos modales, un asesino con aerofagia que siempre lo delata y un guerrero temible a la par que logorroico.
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#5
Bueno, bueno, qué tenemos aquí. Ni la mismísima Compañía del Anillo se embarcaría en una aventura tan audaz Tongue

Poco que señalar, no esperaba un relato cómico en este reto, mini punto para Cabr.. er... el/la anónim@ autor/a. Que digo yo, qué sádico esto de las Cabroarmas, la espada con una pezuña y la lanza con un cuerno... ¡ni un asomo de piedad hacia los tuyos, cabra infernal!

Por lo demás... algunos fallos ortográficos, que tras la exhaustiva revisión de Licor imagino habrán quedado resueltos. Por si sirve de algo, los que más me molestaron fueron un par de repeticiones ("relieve"; el uso del pronombre "ésta", en singular y/o plural) y la tilde que no debería ir en el "mas" cuando es intercambiable por pero.
Echando en falta alguna aportación más de Elcegat, personaje graciosete donde los haya, y encantado con la apariencia de Oinkos como indiscutible protagonista. Fantástico final comiendo yogures alrededor de la hoguera y comentando la jugada xD

Relato socarrón mejorable, aunque ligerito, fácil de digerir y para toda la familia. Se nota que has disfrutado tanto escribiéndolo como nosotros con la lectura.
Enhorabuena y suerte en las votaciones ^ ^ (respecto a las referencias, difícil distinguirlas del resto de parodias no-concretas, si me siento con ánimos, tras leer/comentar/votar el resto de relatos, haré mi intento Tongue)

EDIT para el reto Cabromagnoso, voy a disparar a lo loco a ver si acierto algún balín xD:


-El título y el arma, para las Crónicas de la Dragonlance, versión Cabromagnada.
-El personaje principal, ¿un guiño con su nombre a Trancos, a Tanis por su naturaleza mestiza, a Porco Rosso, ninguna de las anteriores son correctas?
-El-cegat... bueno, la procedencia de su nombre es evidente, ¿no? xP Hijo de El-del-bar, por supuesto, con su taberna en Blind-elf-wood xD
-Demetrio me pilla a desmano. Un personaje muy Gimli/Flint, muy enano rudo, áspero y tímido ante el contacto afectuoso, con su gusto por los tesoros incluido, algo Tasslehoff quizás con ese escondite-robatesoros, y nada más que añadir '___'
-Bactrio, el profesor Bacterio de Ibáñez, con el oportunismo de sus artilugios, en este caso, pociones :3
-Mispo Ciones de Magia y Hechicería, un poco Hogwarts, ¿no? Tongue
-Lo del mordisco de la momia, lo dicen en Big Bang, creo que Sheldon.
-La aventura por la cueva: el principio similar a las minas de Moria, por el agua a las espaldas y la entrada delante, el resto reminiscencias a los Goonies e Indiana Jones.
-El dragón, el tesoro a robar... ¿El Hobbit?
Ob-la-di Ob-la-da
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#6
Creo que este es el relato más anónimo del reto XD!

Me gustó mucho la prosa de fácil lectura. Para ser sincera al principio me costó leerlo (no me llamaba mucho la atención la historia), pero durante la segunda mitad me enganchó bastante.

Tal vez se podría pulir más el humor durante la primera mitad e introducir con más fuerza a los personajes.

Fue una lectura divertida y ligera. Me gustó mucho poder leer humor en este reto Smile

Apartado reservado para lo de las referencias (si se me ocurren más las agregaré después):

1) El nombre de Oinkos viene de Oink, una onomatopeya usualmente asociada a los cerdos.

2) Goatlance es una parodia de Dragonlance. Además "goat" (cabra) da pistas sobre el autor del relato.

3) Poniente por lo de Canción de Hielo y Fuego.

4)Hay un juego de palabras en el nombre de la institución donde estudió Bactrio y su "especialidad" en pociones: Mispo Ciones de Magia y Hechicería (Mis pociones de magia y hechicería).

5) El nombre de Elcegat es un juego de palabras para "El cegato" del grupo.

6) Blindelfwood --> Otro juego de palabras (El bosque del elfo ciego). ¿Qué mejor lugar para que viva Elcegat?

7) El nombre de "Eldelbar" hace referencia a su trabajo en la taberna.

8) El nombre de Demetrio, el enano, podría estar inspirado en "De medio metro".
Visita mi blog: Universos Imaginados

"Caminante, no hay camino, se hace camino al andar"
Antonio Machado.
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#7
Fue una narración divertida, de lectura fácil y disfrutable gracias a la ingeniosa forma en que se parodian a muchos arquetipos más comunes de la literatura fantástica inspirada por la obra de Tolkien.

De los personajes hasta podría sacarse su propia saga Smile
¿Cuánto darías por controlar un espacio de tiempo inexistente? Millones de moléculas creando formas de vida de la nada...
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#8
Buenas, Cabr..anónimo. Décimo relato, y una parodia! Con lo que me gustan las comedias...

En el apartado técnico, no hay mucho que destacar más allá de lo que ya te han comentado. Sumaría el hecho de los saltos de linea extra (los cuales no deberían estar). En cuanto al argumento en sí me ha gustado. Sencillo, eficaz, con personajes graciosos que hacen un buen equilibro en el grupo al mejor estilo Pratchettiano. Sólo apuntaría, como consejo, que si aclarás un chiste pierde la gracia. No es necesario cosas como "Oinkos chilló de dolor cual cerdo en el matadero, nunca mejor dicho…". El nunca mejor dicho resulta contraproducente, y le quita la gracia. También ten cuidado con el chiste fácil, el cual es un maldito tentador para los que hacemos humor. Sé más crítico de voz mismo.

Más allá de eso, un buen y entretenido relato. Éxitos!
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
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#9
(31/08/2016 10:27 AM)Nikto escribió: Sólo apuntaría, como consejo, que si aclarás un chiste pierde la gracia. No es necesario cosas como  "Oinkos chilló de dolor cual cerdo en el matadero, nunca mejor dicho…". El nunca mejor dicho resulta contraproducente, y le quita la gracia. También ten cuidado con el chiste fácil, el cual es un maldito tentador para los que hacemos humor.

Suscribiendo al 100% la opinión de Nikto en esta parte del comentario, amigo bovino ^ ^
Ob-la-di Ob-la-da
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#10
Hola, escritor.

je, pues no hay mucho que agregar a lo que seguramente ya te han dicho arriba. Bastante fácil de leer y a pesar de tener estructuras parodiadas, no deja de asombrarme la plasticidad y la nitidez de las escenas.
Tal vez el único problema que tendría es que terminó demasiado rapido :'(

Saludos y suerte.
Tonto aquel que presta sus libros... y mas tonto aún aquel que los devuelve


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