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Del asesinato justificable - Resultados del concurso de fantasía épica
#1
Queridos compañeros ―suenan las trompetas en las casas de los muertos― esta vez al estilo que se viene acostumbrando ―aunque también muy a mi estilo― voy a presentar los resultados a manera de un relato breve que a penas sobrepasa  las tres mil palabras. Lo empecé ayer mientras esperaba las votaciones. Lo revisé algunas veces. Borré lo que creí necesario. Hoy mismo lo he vuelto a revisar, a releer unas cuantas veces más, y ahora lo posteo tal como ha quedado ―pese a que se puede mejorar―, pues ya estamos a destiempo y es mi deber como mano dar los resultados en el momento pactado de modo que no queden esperando como nunca han esperado.  Por otro lado también quiero ver sus reacciones cuando se encuentren identificados en esta historia, la cuál, de por sí se parece a muchas de mis historias.

Quiero que sepan que he tratado de personificar a cada uno de vosotros ya sea por medio de una descripción o de acontecimientos ―la mayoría lamentablemente desafortunados― que se dan a lo largo del relato, y si por lo menos me he acercado un poco o cuanto menos un poquito, pues enhorabuena me daré por bien servido. Si es que no me he acercado en nada de nada, lo siento mucho de corazón. He dado mi mejor esfuerzo para cerrar este concurso de historias épicas con una historia de corte parecido, aunque como dije antes, muy a mi estilo.

Que la sangre sea derramada y bienvenida.

Alzad vuestros griales, brindad por los caídos que navegan rumbo a Valhala y bebed a nombre del merecido ganador.

Me despido hasta la próxima con un honorable saludo a vuesas mercedes, agradeciendo la participación de todos los que postearon sus historias y comentaron a tiempo, del que posteó y no alcanzó a enviar sus votos, del que se inscribió pero no posteó por la confusión de horarios y de los que fueron engullidos por los abismos de la perdición, esos dos que hasta ahora continúan con paradero desconocido pero que a la larga esperamos que vuelvan pronto.

Un abrazo,

los quiere

Juno la Mano

Del asesinato justificable

Bardos, rapsodas, poetas y trovadores envueltos en telas de araña colgaban de los árboles como larvas. Habían narrado una historia en el corazón del bosque, habían bebido, danzado, cantado bajo la influencia de los dioses del vino, la cerveza y la rakia, habían libado embebidos por el alcohol. Pero la naturaleza, al final, se había ahogado en la repugnancia. No le gustaba el sudor ni la peste a sangre, ni mucho menos a sangre de mortales; ni siquiera las risas ni los besos, ni las caricias, pero no fue por eso que empezó a cazarlos. Una noche más tarde, tras la niebla de las ciénagas, los rapsodas continuaban ahí en ese mismo bosque meciéndose bajo copas de robles malsanos. Los diez prisioneros, embarrados de vómitos, bilis y diarreas, se encontraban de cabeza. Todos intentaban soltarse pero la tela de araña no cedía. Mientras tanto un carnicero sin nombre vestido con una loriga negra los observaba bebiendo sangre de un cráneo.
―Era de Haradrim ―susurró luego de arrojar los huesos a las ciénagas. La calavera se hundió con un ruido húmedo, pegajoso, y les hizo compañía a los restos de otros poetas que habían faltado al pacto: un asesino llamado Istaariano, el brujo Geralt de Rivia y el mago Nidaros. El carnicero, casi por instinto, se pasó la lengua por los labios para beber lo que quedaba de sangre. Luego se volvió a la mujer-caballero que se encontraba a su lado. Tenía la piel endrina como la suya―. ¿Que puntaje tenía el tal Haradrim? Creo que era uno de los más altos.
―Había quedado en cuarto lugar ―susurró la fémina consultando un pergamino manchado de barro―. Pero empezando por abajo. Cuarenta y cinco por encima de tres tíos. Encima de él se encontraba el borracho con rostro de cabra. Pensé que ibas a soltarlo. Pensé que la historia había gustado.
―Yo no soy ningún juez ―respondió el carnicero sopesando su cuchilla larga. Los ojos cetrinos de pronto le brillaron―. Yo mato. Para que la vida en el mundo siga, el hombre tiene que morir, y luego nacer, y morir y renacer y morir de nuevo. La vida es cíclica. Nosotros los asesinos hacemos nuestro trabajo. Pero la sociedad nos ve con malos ojos. La gente no entiende. Nunca comprenderá.
Luego, en la oscuridad, le dijo que los carniceros como él eran similares a terremotos, a accidentes, plagas o incendios de bosque pues sembraban aniquilación; aunque eran también parecidos a la vejez, ya que generalmente asesinaban a uno por uno, mas no en colectivos.
―Cortamos o disparamos ―continuó―, o dejamos que se ahoguen en sus propios fluidos.
En ese momento se escuchó un chapuzón en el pantano. Uno de los capullos se había desprendido. El guerrero de la loriga se acercó despacio a la orilla con una sonrisa partida y los ojos hirviendo en curiosidad. Cuando las puntas de sus botas se mojaron permaneció inmóvil como una estatua. No reconoció a la muchacha que pugnaba por mantenerse con vida. De pronto, en un abrir y cerrar de ojos, se volvió a la mujer.
―¿Y esta quién es? ―le preguntó al tiempo que escuchaba los aleteos de unos grajos.
La mujer-caballero, quien era llamada Jivete, buscó el nombre de la rapsoda en el pergamino. Pero antes de encontrarlo uno de los cautivos gritó. Tres cuervos le picaban los ojos. Al punto su capullo se desprendió junto a otro, de modo que el carnicero los vio caer juntos, las figuras lejanas, embarradas de fango.
―Eyeless… ―susurró―. Veintisiete puntos.
En efecto, era el tal Eyeless el que murió desojado. Pero al otro, aquel que daba gritos de auxilio, aquel al que los demonios del pantano lo devoraban, no alcanzó a reconocerlo. El carnicero tomó una bocanada de aire mientras una película de niebla cubría los cenagales; casi al mismo tiempo los gritos del trovador hicieron que se asomaran las arañas desde los árboles y que el pantano, tiñéndose de rojo y plagado de carne arrancada, temblase .
―Amalòck1 ―susurró el carnicero esbozando una sonrisa. El número uno junto al nombre siempre le pareció un error de escribano―. Lástima. Penúltimo con veintiocho.
Y veintiocho mordidas recibió antes de que los demonios se lo tragaran.
―La vida muchas veces puede ser una cagada.
Después de esperar un momento el guerrero sin nombre se volvió a la muchacha cuyo capullo había caído antes. Estaba pálida, tenía la piel azulada y parecía haberse ahogado en el agua pantanosa. Su rostro era joven. Era como si nunca hubiese tenido oportunidad de iniciar ―a vivir de verdad, cuanto menos―, empero, al carnicero poco o nada le importaba.
―Andymegumi, cuarenta y dos puntos ―susurró la mujer-caballero. El asesino la observó con un rostro pétreo, rasgado con una media sonrisa al tiempo que la joven se volvía al grupo de rapsodas, juglares, poetas y bardos que continuaban colgados. Entonces comenzó a contarlos―. Uno, dos, tres, cuatro, cinco… ¿seis…?
El sexto capullo entonces se desprendió.
El pantano vomitó burbujas. Las aguas tomaron un color grisáceo a la par que el prisionero emergía con una película de telarañas pegada al cuerpo. Tenía el rostro barbudo, el agua se le escurría por la corva y por las rodillas, de su frente nacían unos cuernos cabrunos. La sonrisa con la que los reyes lo reconocían se le había borrado.
―Tengo frío ―dijo―. Tengo frío, no me matéis, por favor. No me matéis.
Fueron a penas susurros. Casi parecía envalentonado, pero no se atrevió a mirar al carnicero ni a su acompañante.
La mujer caballero, de pronto, desvainó su espada. Entonces se escuchó que el viento soplaba y que arrastraba consigo a otras dos larvas de seda. Fue casi como un vendaval de unos seis o siete segundos.
Luego de que los prisioneros cayeron en las ciénagas el agua salpicó, y tras un instante colmado por grajeos de cornejas emergieron dos sombras tiritando. La primera de ellas, la que se arrastraba, era de un mercader de cabellos largos. El otro era un muchacho con el rostro rajado, como si fuese una abominación.
―Maldita sea ―susurró el mercader, los cabellos pegados al cuello, la cabeza todavía gacha―. ¿Pero qué demonios nos ocurrió? Esas telarañas… Es que casi no recuerdo…
―C-c-c-calla. N-n-no f-f-f-fueron las a-a-arañas. E-e-era un m-m-m-monstruo. T-t-t-tenía los ojos a-a-amarillos. Ll-ll-llevaba una c-c-c-cuchilla larga. ―La voz de Rostrorajado destilaba pavor. Era como si augurase su propio futuro―. Llevaba… a-a-demás…
El poeta no terminó con su parlamento.
La bruma brotó en eso desde el pantano como una estantigua con forma de maxilar. Envolvió a su presa y lo único que se oyó fueron gritos, alaridos y una cadena de suplicios seguidos de crujidos de huesos y carne que se rasgaba. El ruido húmedo de un reguero cantó. Entonces, cuando la niebla se retiró a las ciénagas, el carnicero miró el rostro petrificado del mercader quien aún vivía.
―Lo ha partido en dos… ―susurró, la boca echa un anillo. El hombre, patidifuso, quedó mirando unas piernas unidas a un tronco roto. La medula espinal sobresalía como un tallo con espinas―. Al Rostrorajado… lo ha quebrado la bruma. Mierda…
―Nikto ―susurró Jivete trazando un círculo con su espada. El carnicero la quedó mirando en la oscuridad―. Se llamaba Nikto y alcanzó los sesenta puntos. Bastante alto. El que le sigue, Mercader, consiguió sesenta y dos. Luego hubo un empate. Ambos con sesenta y nueve unidades.
«Sesenta y nueve ―pensó el carnicero―. Sesenta y nueve. Uno de los números perversos».
Se pasó la lengua por los labios provocando un sonido acuoso. En eso dos capullos más cayeron al pantano y a los pocos segundos un par de rapsodas surgieron de las aguas arrastrándose: uno era un muchacho con el rostro maquillado de negro, el cabello largo, empapado; el otro también parecía hombre, pero al verlo el asesino no estuvo seguro de si era una especie andrógina o de sexo femenino. De pronto los imaginó a ambos desnudos, lamiéndose los sexos.
―Sesenta y nueve puntos. Lástima. Cuando se acuesten no tendrán nada que lamer.
Eso fue todo.
Casi no se dieron cuenta cuando el carnicero se abalanzó. Tras estirar los brazos ―que parecían lianas― provocó un ruido de ramas y látigos restallando. El rapsoda del rostro maquillado se cubrió los ojos y no vio al monstruo de la loriga arrancarle la lengua a su confrater. Luego, casi al segundo, el guerrero se volvió a él. Lo tomó del cuello. Lo estranguló presionándolo contra un tocón hasta que su lengua se escapó entre sus labios tal como ocurre con los muertos por estrangulamiento. Entonces, cuando dejó de oponer resistencia, se la arrancó y la arrojó al pantano.
―Ahí es donde pertenece ―dijo bajo la sombra de unos robles plagados―, ahí, en las ciénagas, junto a los otros monstruos.
Luego vio que el otro poeta, aquel al que también había deslenguado, se arrastraba hasta un árbol. En cuanto levantó la cabeza se desprendió una manzana. Le cayó en la coronilla como una piedra y ahí quedó. Yerto. De su boca nacía un reguero rojo que abrazó a la fruta desprendida.
―Al primero lo llamaban el oso gótico ―dijo Jivete, aún jugando con su espada―. Al otro… o a la otra… *
Pero no terminó. No sabía…
La mujer se detuvo con un suspiro. Se volvió al carnicero que escuchó unos pasos acercarse sobre las brozas. Entonces con el rabillo del ojo distinguió a Mercader quien había caminado hasta ellos con los ojos restallando furia.
―¿Por qué lo hacéis? ¿Quiénes sois? ―les preguntó con miedo, mas la mujer-caballero permaneció en silencio, la cabeza gacha como avergonzada. Mientras tanto su compañero le mostró una sonrisa al recién llegado.
―Tú espera ― le dijo―. Después de que veas como termina el conteo tendrás una pila de historias frescas. De hombres que crearon, narraron y murieron no porque yo quise, sino porque tenían morir. Los bardos te escucharán con gusto. ―Soltó una carcajada a la par que se desprendían las dos últimas larvas. Todo pasaba muy rápido.
En eso sintió que el viento carcajeaba, que el pantano arrastraba a los rapsodas caídos hacia la orilla. De lejos los vio levantarse con esfuerzo y pasar junto al poeta ―el del rostro de cabra― aovillado sobre las ramas. Uno de los rapsodas tenía las botas destruidas como si hubiese caminado incontables palmos. Mientras que el otro, el más delgado, llevaba los cabellos largos del color de la pez. Decían que era un brujo de las palabras, una especie de duque tribal con rasgos sureños.
―Theraxian ―susurró la mujer tras echarle una mirada―. El otro es Pafman. Él es el ganador. Ochenta puntos clavados. Tres veces diez. Dos veces nueve. La puntuación más baja fue seis y se repitió no más que en cuatro oportunidades. La diferencia con el segundo fue de casi diez números, pues el sureño consiguió sólo setenta y uno.
―¿Qué carajos? ¿Es esto acaso una especie de juego? ―susurró al instante el triunfador de las rapsodias. Pero el carnicero se le acercó con una negación de cabeza.
―No es un juego ―susurró―. Es aquí donde el camino termina.
―Los va a matar… ―musitó Cabeza de cabra desde las brozas, aovillado―. Los va a matar a ambos. Por un carajo…
―Mejor corréis ―añadió Mercader con las botas enraizadas al lodo―. Mejor corréis los dos, o mejor todos corramos.
Pero no pudo ni moverse…
El hombre temía. Los músculos se le tensaron y cayó de rodillas sobre el barro.
El carnicero no le prestó atención. En ese momento sopesó su cuchilla, dio una trancada como una gacela, al frente, ligera casi, pero al ver que el rapsoda de los zapatos rotos lo floreaba con una daga, el guerrero frenó, se arqueó a un costado y reculó sin pensarlo. También sin pensarlo golpeó con el culo al poeta que andaba detrás.
―¡Acaba con él! ―escuchó decir al rapsoda a voz en grito, pero el poeta, Theraxian, estaba petrificado.
«Nadie puede acabar conmigo ―pensó el carnicero―. Nadie. Esa es mi carga».
Luego se agazapó en la oscuridad. Al punto cambió de mano a su cuchilla, blandió, cortó la brisa del bosque, se quebró como una flor marchita. Brincó e hizo una añagaza, rompió la niebla y de nuevo blandió, y blandió y blandió. ¡Chás chás chás! ¡Chás chás chás! Una cabriola. Una finta. Un molinete y un corte final. Entonces se  oyó un ruido de huesos quebrados, partidos, al tiempo que su rostro se salpicaba de rojo. Los sesos desparramados volaban junto a cabellos y astillas de cráneo.
―¡Mierda, Pafman! ―gritó el sureño, la boca abierta como una caverna al tiempo que el carnicero se le volvía  soltando su acero.
El metal vibro al primer contacto con el barro.
«Te tengo…»
Entonces el guerrero de la loriga se acercó sonriente, despacio, sosteniendo en alto los sesos del triunfador. El cadáver de Pafman, a su espalda, se desplomaba sin vida, la cabeza partida a la altura del cerquillo. El bosque sopló de pronto al tiempo que el carnicero, con un movimiento felino, tomaba a Theraxian de la mandíbula abriéndole la boca más de lo que estaba. La presión de sus dedos le torció los dientes, y en un pispás se oyó un crujir de huesos. Un alarido. Un llanto. Una voz que se quebraba casi como de niña.
―¡Traga! ―le dijo al sureño antes de embutirle el cerebro― ¡Cómete las ideas del muerto, pues puede que así le ganes en la otra vida!
En ese instante la bruma del pantano volvió a salir, envolviéndolos a ambos. La sombra de la loriga siguió empujando los sesos hasta dejarlos atorados en el esófago del sureño, avasallándolo, doblándole las rodillas como  a un espantapájaros sin quitar la vista de unos ojos que lagrimeaban, unos ojos que morían; y no fue hasta cuando ya estuvo frío que finalmente lo soltó. Al punto escuchó a su cadáver caer sobre el barro poco antes de volverse a Mercader quien, mordiéndose las uñas, seguía patidifuso, mirando.
―Largo de aquí ―le dijo―. Huye. Ve y cuéntales a todos sobre mi. Di que el bosque está enfadado, que tu especie le repugna, que con vuestras cantinelas, cantatas, juergas y bacanales, la naturaleza os repudia. Ve. Huye y no vuelvas. Porque si vuelves te obligaré a beber agua de pantano hasta que tu vejiga reviente y dejaré a tu cadáver pudriéndose en la orilla.
El mercader de historias no respondió. Puso pies en polvorosa y desapareció como una liebre. Mientras tanto el rapsoda Cabeza de cabra continuaba aovillado sobre los ramajes. Jivete no lo había dicho, pero consiguió cincuenta y siete preciosos puntos.
«¿Por qué no me habéis matado?», parecía querer preguntarle a los dos guerreros, pero se mantuvo en silencio hasta que, casi temblando, se levantó y se desvaneció en la oscuridad del bosque como si fuese humo.
Luego finalmente reinó el silencio. Casi no se oía la risa de los árboles ni del firmamento, ni las carcajadas ventosas con hedor a pantano. La mujer caballero, al punto, se volvió al monstruo que cometió los asesinatos.
―¿Por qué no lo mataste? ―le preguntó con la mirada fría― ¿Por qué no le quitaste la vida como siempre haces? A veces no sé que pensar de ti, pues casi nunca te comprendo.
―Nunca lo entenderás ―respondió el carnicero―. Pero intentaré explicártelo una ultima vez, así que escucha con atención, mujer:
»Si no acabé con el cabrío fue porque su raza está casi extinta ―dijo―. Si yo lo destruyo se perdería el balance.
Jivete frunció el ceño. No comprendía. La mujer-caballero había pasado meses enteros con aquella criatura, había sido su sierva, su sombra casi, lo había visto asesinar niños, arrancar cabezas a recién nacidos de un mordisco, mear sobre fetos a penas abortados, pero hasta esa noche no comprendía el motivo de tantos asesinatos.
―Matas a todos pero nunca dices por qué ―susurró―, sin embargo repites que el asesinato es justificable.
―Si ―respondió el carnicero―. El asesinato es justificable. Ya te lo dije. Nosotros los asesinos somos como un terremoto, como un incendio, como un huracán. Matamos lo que encontramos al paso, pero la gran diferencia es que asesinamos de a pocos. Uno por uno. ¿Entiendes? No en masa. Porque de lo contrario el balance se perdería.
»Piensa en nuestra progenie como una extensión de la naturaleza. Para que exista vida muchos nacen pero también muchos mueren a diario. La naturaleza suele matar en bloques. ¿Me sigues? Cada cierto tiempo se vale de vendavales y maremotos, de tormentas, sequías, guerras y pestes. También mata por medio del hambre o plagas como la tuberculosis. Caen ciudades por la locura de hombres que no toleran credos diferentes. Pero cuando hay que matar, cuando hay que matar sólo a uno, o cuando hay que quitarle la vida a unos cuantos más y en cierto orden, entonces estamos nosotros, pues los asesinos somos como herramientas.
»La muerte limpia el mundo, el cuál no es tan grande como crees. Sólo así quedará espacio para albergar más vida. De lo contrario si no matamos, tendríamos una tierra deshabitada, desnivelada gracias a los desastres, a las pandemias y a la muerte natural. Es por eso que estamos aquí. Para poner cierto equilibrio a la balanza del universo, un equilibro que hasta el final por lo menos deberá de respetarse.
La mujer-caballero frunció el ceño comprendiendo a medias y miró los ojos ambarinos del carnicero, quien en ese momento se dio la vuelta.
―Escucho la voz de la naturaleza, Jivete, la voz del mundo ―dijo el monstruo de pronto sin titubear. Sus largos cabellos negros hondeaban como niebla. Su tez endrina era reseca como piel de muerto―. En efecto, es la voz de la naturaleza. Muerte es lo que clama pero también vida. Esa es mi maldición y estoy condenado a cargarla sobre la espalda.
El bosque en ese momento resolló y, por un segundo, pareció que reía.


Epílogo

En un universo paralelo un carnicero de cabellos largos, negros, ojos amarillentos como el color de la pus y la piel endrina caminaba abriéndose brecha entre los muertos que se mecían colgados de las ramas de los árboles. Los proscritos del bosque decían que venía de los abismos, lo llamaban Oscuro y sus motivos para el asesinato eran diferentes a los de su homónimo en el universo de los rapsodas, poetas, juglares, bardos y trovadores asesinados. El carnicero tenía pues, como ya se dijo, otros motivos para matar, podía sentir por lo menos algo más que el susurro de la hierba, las brozas y los ramajes. Comprendía más que el lenguaje de la floresta y no solamente entendía la palabra asesinato. El carnicero tenía una historia a parte, una que está siendo narrada en algún lugar sombrío por un condenado que teclea sin pausa. Un condenado que sangra.

* Lo siento, Licorcín. Es que no se si eres hombre o mujer. Pero ya me dirás luego.
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#2
No si... si la espera para algo ha valido, no cabe duda! Ahora eso sì, me he quedado sin hambre para todo el dìa... has superado tu relato de "Reencuentro" con creces Juno! Le das un punto morboso a tu pluma sin parangòn! El heredero de Bram Stoker!
Primero comento el relato: Ha sido un poco lioso, porque has tenido que meter a 11 foreros o por ahì en menos de 3.000 palabras, dotarlos de un cierto caràcter y darles una muerte a cada cual màs horripilante (dicho sea de paso: entiendo que hay que proteger a las Cabras, pero ya me diràs por qué motivo Mercader ha sobrevivido!! Si es ademàs el ùnico de los foreros que tiene un Nick de rapsoda!! Maldito asesino que usa su arte por azar...).
Aùn asì se ha leido bien, muy gràfico y horripilante, con una atmoòsfera opresiva muy lograda. Quizàs me haya perdido algùn guiño, aunque tampoco vi muchos la verdad, ni falta que hacìan. Has sido una mano horrososa! (en el buen sentido de la palabra!)

Por lo que refiere a las posiciones, pues ha sido bastante lioso pero me puse a echar cuentas y veo que no dejaste nada en el tintero.
Me alegra que mi relato haya quedado en las partes altas, ante todo porque no me gustaba nada como estaba quedando hasta que tuve un momento de lucidez y dejé que mi griego (Alcibias) se pusiera a trasegar vidas., es una putada que uno sòlamente sea capaz de crear con la presiòn encima, es sofocante, saber que tengo que escribir un relato y sentirme vacìo de ideas y muy tosco escribiendo. Por eso participo en estos retos, porque me obligan a escribir, son un aliciente a la par que un placer.

Por lo demàs... pues felicitar a los demàs foreros, un muy buen trabajo y un respetable nùmero de participantes. Un reto exitoso!
"Brillaba pálida como un hueso, mientras yo estaba solo, y pensaba para mí cómo la Luna, esa noche, arrojaba su luz sobre el verdadero placer de mi corazón y el arrecife donde su cuerpo estaba esparcido". - Manny Calavera.
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#3
¡Gran presentación de resultados! ¡Enhorabuena al champiñón ambiguo que espero que dedique sus dotes escritóricas a revelearnos qué había delante o detrás de la conclusión de su relato! Big Grin

Gracias a todos por las lecturas y los comentarios, ha estado guay Smile
Angel "Angels can fly because they take themselves lightly." blowfish
"To be educated means to be able to play gracefully with ideas."  
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#4
Mil gracias, Juno, por un relato tan nauseabundo, creo que el Mercader de tu historia apenas podrá tartamudear un par de palabras entre tanto horror experimentado de primera mano.
¡Y dios mío, cuánto sadismo! Yo mismo estaba mordiéndome las uñas esperando que los puestos más altos del relato se salvaran, pero cada muerte llegaba y llegaba y era más horrible que la anterior Cry De hecho, estaba convencido de que Theraxian y Paf salían con vida de aquella, pero no...

PD: @Pafman, para una gota de ¿compasión? que supone el dejar un par de almas traumadas de por con vida, déjalo estar, por favor xDD Lo cierto es que yo también estaba esperando la muerte de Mercader, una amputación imprevista cuando estaba a punto de huir, o similar
Ob-la-di Ob-la-da
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#5
Hola chicos. Me alegra que les haya parecido nauseabundo. Es genial. Big Grin Hahahaha.

Pues nada, felicitaciones a todos. Para que no sea lioso de ver los puntajes se los dejo más abajo. El primer puesto lo tiene Paf, luego sigue Thera y  el empate entre Licorcín y Gothic Bear. En quinta posición tenemos a Mercader.  Estos serán a mi entender los relatos que irían en la antología. Así que los felicito doblemente. Vosotros los elegisteis como favoritos.

Por otro lado si la votación de Haradrim hubiese llegado a tiempo (aún no la recibo) no sé como hubiese quedado la tabla. Creo que Paf seguiría en primer lugar y a lo mejor Thera en segundo. El empate se hubiese roto y bueno, el resto ya para mi es impredecible.

Paf y Mercader:

De hecho yo también pensé en matar a Mercader en algún momento. Pensaba convertirlo en un torso y dejarlo en el bosque para que contase historias. Es decir, una desmembración. xD Pero no lo hice porque creo que su destino lo tenía escrito en su nombre. El mercader de historias es eso: un mercader que vende historias o que intercambia historias. Entonces preferí darle una para contar en vez de matarlo. Cabro no muere porque nos amamos en secreto. xD No, ya en serio. El no muere porque el carnicero solo mataba humanos. Cabro es de otra raza. En la historia es  un teriántropo (hombre con cabeza de animal). Por eso no murió.

Eso sí, cometí un error al preparar la historia pero eso ya es insubsanable. Siempre estuve pensando que Pafman había escrito  El camino (que es de Eyeless), y por eso todo lo de los zapatos así como: "el camino aquí termina". Lo siento mucho. xD De lo contrario hubiese escrito cosas relacionadas al ocaso. El ocaso de tu vida ha comenzado, o qué se yo. En ese sentido, ya me entienden.  xD

Mercader, s sí que pensaste que Paf y Theraxian se salvarían?  Big Grin Es una muy buena broma. Je, je, je.


Saludos a todos!


PD: Paf,  Bram Stoker es morboso en sus historias? Sól he leído Drácul hace más de diez años y me encantó. Pero después nada más, así que una recomendación caería como anillo al dedo. Big Grin



80 - Pafman

71 - Theraxian
69 - Licordemanzana - 69 Gothicbear
62 - Mercader de historias

60 - Nikto
57 - Cabromagno
45 - Haradrim
42 - Andymegumi
28  - Amalock1
27 - Eyeless
Responder
#6
(07/09/2016 10:24 AM)Juno Natsugane escribió: Cabro no muere porque nos amamos en secreto.

Que cosas me dices... Blush


¡Enhorabuena al ganador y a los publicados! Y a todos los participantes, especialmente a @Amalockh1 y @Eyeless, que siendo nuevos por aqui se han atrevido a ir muy lejos por las entreñas del foro y han salido con vida Big Grin Y tambien a la manita sangrienta pero inocente (hasta que se demuestre lo contrario), menuda carniceria de resultados Big Grin

Y volviendome bipolar, que os den a todos, que seguis infravalorando la nota de humor que aporto siempre a los concursos Cry ¡Cabritos! Angry Oh, wait...

Y ahora me voy a ver si hago mis pertinentes devoluciones Big Grin
[Imagen: Banner.jpg]
Emperador de las Montesas, Gran Kan de los Markhor, Duce de los Ibices y Lord Protector de Ovejas, Corderos y Otros Sucedáneos de Cabra
Responder
#7
Pues felicidades Pafman y al resto de los compañeros!!! por cierto Juno, muy bien en tu oficio de Mano Sangr... Inocente, buen trabajo con tu escrito!!

Ahora... A todo esto.... Que Cabro se salva por ser cabra y no humano??? Y que hay de mi??? Soy gato!Y Y Gothic??? HOLAAAAAA!!!! aquí claramente hay un ánimo tendencioso....
«Hay momentos que marcan en tu vida el camino que elegirás. A veces hay momentos sutiles, pequeños, a veces no los hay.
Soy el Cuentacuentos. Y les mostraré a qué me refiero».

Responder
#8
¡Felicidades Pafman! Me gustó mucho tu relato Big Grin

¡Felicidades también a los demás que subieron al podio! Y también al resto de participantes y a la Mano (no tan) Inocente (¡tremenda carnicería hiciste con tu relato).

Me tocó hacer un esfuerzo muy grande para participar en el reto, y terminé haciéndolo todo a última hora, pero aún así me siento feliz de haberlo hecho  Smile . La verdad, el panorama pinta (como cosa rara últimamente  Dodgy ) bastante ocupado durante los próximos meses, así que es muy probable que me desaparezca hasta fin de año o principios del próximo.

Dentro de unas horas me pondré a responder los comentarios a mi relato. Por ahora debo ir a almorzar que ya estoy tarde y mi estómago no para de recordármelo XD!

¡Les deseo a todos mucha suerte con los próximos retos!

Por cierto...

(07/09/2016 01:15 PM)Theraxian escribió: Ahora... A todo esto.... Que Cabro se salva por ser cabra y no humano???  Y que hay de mi??? Soy gato!Y Y Gothic???  HOLAAAAAA!!!!  aquí claramente hay un ánimo tendencioso....

¡Ni que lo digas!, ¡Yo soy una dragona transformada en fénix! XD!
Visita mi blog: Universos Imaginados

"Caminante, no hay camino, se hace camino al andar"
Antonio Machado.
Responder
#9
Felicitaciones al podio y a Juno que se puso al hombro el reto (y que se cargó a varios muertos, también). Mi única objeción es mi tartamudez ^_^.

Por cierto... Ahora mismo abro el hilo para solicitar nuevos retos.
"El que desea sacar la espada es un principiante. El que puede sacar la espada es un experto. El que es la espada misma es un maestro." —Risuke Otake.
Responder
#10
Felicitaciones a Pafman por ser el ganador y a quienes sacaron los mejores puntajes.

Se que el cuento de la grecia clasica es de Pafman ¿no hay una lista de a quien pertenece cada cuento?
Responder


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