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[Fantasía épica] Infierno de dioses - 1.La reina desvalida
#11
Voy muy atrasada y se me aculuma el trabajo.
Ante todo gracias por responder, Aljamar. Me alegro de que te resulte interesante el desarrollo de la historia. Tu eres un aventurero nato y precisamente el segundo capítulo no es precisamente de acción desenfrenada.
Cuando empecé con todo esto quería experimentar un poco y escribir cosas nuevas para mí. Ver las historias desde otras perspectivas. En el primer capítulo tanteé una escena casi teatral. En el segundo quería meterme en la cabeza de un personaje y conseguir que sus vivencias cotidianas resultaran interesantes para el lector. Todo un reto, porque como es habitual en mí el capítulo es algo extenso. En el tercero quería sangre (nunca había escrito nada de ese tipo), etc.
Sólo a mitad del quinto capítulo (aunque en ese momento ni siquiera eran capítulos) me detuve y empecé a plantearme un libro. Evidentemente tuve que volver sobre lo escrito para darle coherencia al conjunto.

Cita:- la primera parte tiene demasiadas frases cortas encadenadas para mi gusto. Me daba al sensación que iba "tropezando" al leer. A mí me gusta esa forma de escribir si es un pasaje más reducido. Para dejarme contento (a mí, claro) bastaría con algún punto y coma o puntos suspensivos.

Tengo pendiente (creo que como el 99 % de los participantes en este foro) una revisión definitiva, pero eso lo dejo para cuando haya puesto el punto y final al último capítulo. En este momento lo primordial y lo que me motiva es que el esqueleto esté completo. Este fragmento está tal como salió de inicio y de momento es funcional 100 % en el conjunto de la historia. El diálogo también está sin tocar, pero con la diferencia de que he añadido nueva información y lo he alargado a medida que la historia y el mundo creado se han ido enriqueciendo posteriormente.
A lo largo de todo el relato tengo pendiente añadir descripciones de ambiente (no demasiadas, porque me gusta la agilidad actual de la narración) y descripciones de personajes, que creo que son los dos puntos que están menos trabajados junto con el estilo.

Cita:- Finalmente, lo único que me suena algo raro es que la reina se invente un nombre para el bufón y precisamente sea el suyo. Da a entender que lo sabe de forma inconsciente, pero entonces ¿no deberían sorprenderse los reyes? o quizá no lo escuchan porque están lejos. No sé, ese punto me queda algo extraño, como que falta alguna frase explicativa. Por ejemplo: "Bryseid pensó en un nombre y Arjesen le vino a la mente. No sabía por qué, pero encajaba perfectamente con el chico, como si ese fuera su nombre en realidad, y no otro." Algo así

No sé si es que no lo he explicado bien o espero demasiada agudeza de mis lectores. La reina no se inventa ningún nombre. Ella ha leído un libro de la genealogía de su familia en el cual encuentra los nombres de todos su parientes. Los vivos y los muertos. Y entre ellos los nombres de los dos que fueron capturados de niños al final de la guerra (como le ocurrió a ella) y su ubicación actual: la corte de Nérdegar. Por eso cuando su esposo la lleva a Ofräem la reina espera cruzarse con ellos y por la edad deduce cual de los dos es el que el rey tiene por bufón y cual es su nombre. Quizá tengo que remarcar al inicio que el libro que ella leyó contenía nombres de sus parientes.

Voy a subir más y ya sabes, me interesa saber si este capítulo es capaz de mantener tu atención.
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#12
Cita:Buenas, Momo, me leí los capítulos el año pasado y al fin aterrizo por aquí a comentarlos Tongue Feliz año!

¡Feliz año con retraso, Kaoseto! Gracias por pasarte por aquí.

Cita:La impresión que tuve al leerlos fue buena, lo cierto es que, como dice Aljamar, se lee bien. Creo que me leí con más facilidad la primera parte, con Arjensen en el pozo, y es que a mí me van más las escenas donde hay muchos pensamientos y reacciones.

No hace falta que me jures eso de que te van las escenas donde hay muchos pensamientos y reacciones. Al menos no a mí que estoy justo a la mitad de "El príncipe de la arena". La verdad es que me acordé de mis primeros capitulos al leer tu libro (diferencias a parte, más que nada por lo que te gusta airear las interioridades del personaje)  Tongue
Esto viene a demostrar una vez más que es mejor escribir lo que le gusta a uno, ya que cada lector es completamente diferente y valora aspectos diferentes del mismo relato. Como más poliédrico es un libro (o un escritor en este caso), mejor.
Ya me dirás tú, que eres más experta, como se desarrolla este segundo capítulo enfocado en los pensamientos y reacciones de este personaje.

Cita:La segunda parte explica lo que decías y que yo criticaba en el otro post, así que estupendo.

Eso de ligar retazos deslavazados de la historia a medida que avanza es muy habitual en mí. Es un recurso que uso mucho. Aunque a veces al lector le cueste atar los cabos porque son poco perceptibles o están alejados en la narración. Sin embargo está ahí porque forman parte de lo que ocurre, los detecte el lector o no.

Cita:La verdad que los celestiales son criaturas intrigantes y el hecho de que los humanos los necesiten y al mismo tiempo los teman puede dar lugar a situaciones interesantes.

Parafraseando a Saruman cuando decía "los orcos fueron elfos antaño", yo podría decir, refiriéndome a la protohistoria de la creación de este libro: "los celestiales fueron elfos antaño en mi mente de niña". Y  mira lo que han cambiado. Es por esto por lo que me gusta tanto escribir. Nunca sabes que serás capaz de hacer (o imaginar).
Lei ESDLA cuando era pequeña y siempre me gustaron los elfos. Creo que esos personajes fueron de alguna manera el embrión de los celestiales. Pero con la llegada de la edad adulta ese ideal original se ha oscurecido mucho, mucho...

Cita:Lo único… Sigue sin convencerme el que Nérdegar actúe de manera tan cruel con la joven para atraerse su enemistad, sobre todo que luego parece ser algo estratégico y tal, pero bueno, tampoco digo nada, seguramente poco a poco se irá desarrollando este personaje y se entenderán más sus acciones.

Yo parto de la idea de que en la vida real una persona cruel a veces no necesita ninguna justificación para serlo. Hay gente que nace así. Sienten placer con el dolor ajeno. Hay gente manipuladora porque obtiene un beneficio y a veces también porque el goce de mover los hilos de los demás los hace sentirse poderosos. No es exactamente el caso de Nérdegar. Es cierto que con el transcurso de la historia intento desvelar que es lo que lo mueve, aunque no puedo asegurar que eso justifique su comportamiento a los ojos de todos los lectores. Sin embargo esa crueldad ya tiene que estar en su interior, sino no se desarrollaría. En otro tipo de persona diferente las mismas circunstancias podrían haber desarrollado otra faceta totalmente distinta ya que partiríamos de un carácter distinto.

Cita:Lástima por tu perra Sad Yo tuve a un pastor vasco con el que crecí durante toda mi infancia, con el tiempo se vuelven miembros de la familia, pero bueno, la vida no es eterna y cuando toca, toca.


Gracias. Fue un palo porque tenía dos y pasó con meses de diferencia. Tengo perros desde peque y siempre lo paso fatal, pero no sabría estar sin ellos. Me quedo con lo bueno.
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#13
El bufón - 3

Lo despertó el susurro de una escalera al deslizarse por la pared del pozo. Se levanto lentamente y se agarró a los escalones de cuerda para mantenerse en pie. La espalda ya no le molestaba, pero la debilidad que había quedado tras el dolor casi le impedía moverse. Después de un largo momento, empezó a trepar. A medio camino se detuvo y se abrazó a la escalera con todas sus fuerzas, balanceándose. Estaba tan mareado que temía caer. Cuando se hubo recuperado un poco continuó ascendiendo. Se sentía muy inseguro, con la vacilante cuerda bajo sus pies. Con la luz tuvo que cerrar los ojos y avanzar a ciegas. Palpó el borde de la pared con una mano. El aire libre le había despejado un poco, pero a pesar de sus denodados esfuerzos no conseguía izarse fuera del pozo. Lo intentó de nuevo y consiguió apoyar los codos sobre el borde. Se quedó quieto, tomando aliento y entreabrió los ojos. Dos soldados que estaban comiendo pan y queso sentados en el suelo lo observaban de vez en cuando.
—Ya era hora —exclamó uno de ellos levantándose.
—Ya te dije que saldría —le respondió su compañero—. Este siempre sale.
Arjesen apoyó los pies en las cuerdas y se izó del todo. Se quedó inmóvil, tendido cuan largo era, con los ojos clavados en las migajas que se esparcían por el suelo. Alargó la mano, pero uno de los soldados se la apartó de una patada.
—Todavía no. Antes tienes que ver al rey.
Los soldados lo levantaron y lo condujeron hasta el salón principal. Nérdegar y su dama Naradein estaban comiendo. Las viandas se extendían por toda la mesa hasta cubrirla por completo. Con solo aspirar el aire especiado y sabroso el joven sintió que se caía al suelo. Un soldado lo sostuvo por debajo del brazo.
—¿Quieres comer algo? —le preguntó el rey con exquisita gentileza.
—No, mi señor —respondió Arjesen en voz baja, aunque sentía que las piernas le flaqueaban por momentos. Intentó no mirar la comida y volvió los ojos hacia las ventanas. Hacía un día nublado.
Nérdegar elevó las cejas mientras le arrancaba el muslo a una codorniz.
—Veo que la estancia en el pozo te ha sentado realmente bien —sonrió el rey lacónicamente—. Eres el único de mis prisioneros que siempre sale de él con muchísimo mejor aspecto que cuando entró. Y además sin hambre —aquello pareció hacerle gracia. Después continuó — La mayoría suelen morirse.
Arjesen bastante trabajo tenía con mantenerse en pie y no dijo nada. El rey se levantó de la mesa con la mitad de una codorniz asada en una mano y se acercó hasta él.
—Quizá debería mandarte allí abajo más a menudo.
El joven se volvió a mirarle. Sabía que debía hacerlo, si no quería enfurecerlo. Aunque la visión del ave asada lo estaba poniendo casi enfermo. Para evitarla se fijó en los iris grises del rey, preguntándose que querría esta vez. Nunca había conocido a nadie más retorcido.
—Puedo pasar sin ese placer —le respondió con cierta dificultad, porque tenía la boca reseca.
Esperaba un golpe, pero inexplicablemente a Nérdegar pareció agradarle aquella respuesta un tanto insolente. Le miró un momento, como recordaba que alguna vez le había mirado de niño. Pero enseguida todo aquello desapareció.
—¿Sabes cuantos días has estado en el pozo? —le preguntó.
—¿Cuatro? —respondió el joven frunciendo el ceño, inseguro.
El rey sacudió la cabeza en un lento gesto de negación.
—Diez.
Arjesen lo contempló, confuso.
—Quiero ver su espalda —le ordenó Nérdegar a uno de los soldados que le acompañaban.
Lo despojaron del andrajoso jubón y lo hicieron volverse.
—Apenas te quedan morados. ¿Está Thanagad perdiendo fuerzas, bufón? ¿A ti que te parece?
Arjesen apretó la mandíbula, airado. El rey estaba singularmente sarcástico esa mañana.
—¿Es qué no piensas contestar? —insistió el rey a su espalda.
Se tragó la humillación.
— Yo no he notado ninguna diferencia, mi señor —le contestó con la mayor frialdad que pudo. La rabia contenida hizo que su voz no temblara tanto de debilidad.
—Está bien. Puedes vestirte —. El rey volvió a la mesa. Naradein los contemplaba en silencio. Era apenas una chiquilla. A Arjesen le recordaba a la reina de Nydgaal por su extremada juventud. Los soldados le entregaron el jubón ensangrentado al joven. Se lo puso con cierta torpeza. Después esperó preguntándose cuánto tiempo más iba a durar aquella pantomima. Deseaba irse cuanto antes para encontrar un trozo de pan en cualquier rincón y un buen vaso de agua fresca. Realmente lo necesitaba. Sentía que el suelo se balanceaba bajo sus pies y quería vomitar, aunque no tenía nada en el estómago.
Pero el rey le hizo un gesto.
—Siéntate. Hoy comerás conmigo.
El joven no hizo ningún movimiento. Estaba demasiado sorprendido.
El mayordomo apartó una silla de la mesa y le dirigió una mirada un tanto angustiada para que obedeciera de inmediato. Arjesen no supo muy bien si la angustia era por él o por sí mismo. De todas formas aceptó la silla que le ofrecían. Se acercó con paso vacilante y se sentó. Tenía la visión borrosa. Apoyó el codo en la mesa para poder recostar la cabeza en su mano.
El mayordomo le sirvió un plato de ternera y setas.
—No te equivoques —le dijo Nérdegar algo abstraído—. Mañana todo volverá ser igual que siempre.
El joven dudó antes de tomar el tenedor que había junto al plato. En el fondo le repugnaba aceptar la comida de Nérdegar a pesar del hambre que sentía. El rey sonrió al advertir aquel gesto.
—Come. Te aseguro que mañana te hará falta.
Aunque le hubiera parecido imposible un momento antes, aquel comentario casi consiguió quitarle el apetito. Pero se obligó a comer. Sabía que de una u otra forma lo que decía el rey sería una realidad al día siguiente. Cuando empezó a tragar tuvo que hacer un esfuerzo para contener las arcadas. Su estómago no aceptaba la comida. Se había acostumbrado al ayuno. Pero después de los primeros bocados empezó a poseerle una voracidad incontrolable. El joven no recordaba haber comido nunca nada tan suculento. Ni siquiera de niño. Consiguió sentarse erguido.
—Es un muchacho guapo, ¿no te parece Naradein? —preguntó el rey ensimismado, mientras lo miraba.
El joven levantó los ojos sin dejar de comer. Masticaba con cuidado y tragaba con bastantes pausas para evitar las náuseas. La dama Naradein le lanzó un vistazo ausente. Tenía más o menos la misma edad que la reina de Nydgaal, pero Arjesen pensó que no poseía ni su belleza ni la fascinante chispa de brío y vivacidad que había visto brillar en los ojos de Briseyd. Seguro que así sería menos molesta para el rey, pensó.
—Sí —respondió la dama. Después de un momento se dedicó a comer otra vez.
—¿Has estado ya con alguna mujer? —le preguntó Nérdegar al joven, siempre en el mismo tono displicente. Aquella pregunta casi hizo que Arjesen se atragantara con la comida.
—¿Qué? —preguntó como si no le entendiera. El rey había extendido por todo el castillo la orden de que nadie hablara ni una palabra más de lo imprescindible con él, bajo pena de  veinte latigazos. Así que no conocía a nadie realmente ni tenía amigos ni siquiera conocidos. La mayoría de la gente solía tratarlo como a un apestado y el resto, simplemente, o lo ignoraba o se dedicaba a golpearlo. Y desde luego ninguna mujer lo miraba dos veces seguidas. O quizá sí, pero sólo lo miraban. Desde luego nunca se habían acercado a hablarle.
—Pero no estoy seguro de que tengas la edad suficiente. ¿No te parece? —. Ante la expresión desorientada del joven el rey elevó las cejas—. Es cierto. No sabes qué edad tienes. Ni siquiera conoces tu nombre. Sin embargo, a mí me parece que eres demasiado joven todavía. Aunque Caens insiste en que ya ha llegado el momento.
Arjesen siguió comiendo. Esperaba haberse terminado la mayor parte del plato antes de que el rey se cansara de él y lo echara de allí.
—¿Te gustaría? —le preguntó Nérdegar.
—Dudo mucho que ninguna mujer quiera acercarse a mí —le respondió Arjesen sin mirarlo. No entendía que importancia podía tener su vida sexual para Nérdegar o para Caens de Nydgaal. Pero tampoco lo preguntó. Nérdegar nunca decía más de lo quería decir.
—Yo podría solucionar eso.
 Por fin el joven levantó los ojos hacia el rey, con desconfianza. Sabía desde hacía mucho tiempo que la generosidad no era una de sus virtudes. Dudó antes de llevarse la copa de vino a los labios. No estaba acostumbrado a beber más que agua. Pero tenía la garganta como un rastrillo y necesitaba algo para ayudar a pasar la carne. La apuró hasta el final.
—No —le dijo. Ya tenía suficiente con haber aceptado su comida. Si no hubiera estado tan hambriento, en realidad se la habría escupido a la cara. Sabía por experiencia que cualquier cosa que el rey deseara no podía ser buena para él. De alguna u otra manera lo engañaría o lo perjudicaría. Y si no era así seguramente es que esperaba obtener algún provecho, aunque el joven no llegara a imaginar cómo. Y eso era algo que no estaba dispuesto a concederle de ninguna manera. Así que decidió negarse, aunque no fuera por falta de ganas.
—Avísame cuando cambies de opinión —le replicó Nérdegar.
Hizo un gesto un tanto brusco. Los soldados lo arrancaron de la silla y se lo llevaron de allí a empellones. El plato de Arjesen estaba aún casi entero.
Mientras se lo llevaban, Nérdegar pensó que el joven estaba demostrando ser más inteligente de lo que había creído. Esbozó una sonrisa ensimismada.
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#14
Buenas Momo,

Cita:La reina no se inventa ningún nombre.

He releído el trozo en cuestión y creo que lo que me ha despistado ha sido la frase:

Cita:—Ya tienes nombre —le susurró al bufón apenas en un suspiro, mientras se inclinaba sobre él al incorporarse—. Te llamas Arjesen.
La entendí como que en ese momento ella le ponía un nombre, pero realmente quieres decir que ella le está asegurando que sí tiene un nombre, y que ese nombre es Arjesen, ¿es eso?

No obstante,
Cita:Ella ha leído un libro de la genealogía de su familia en el cual encuentra los nombres de todos su parientes. Los vivos y los muertos. Y entre ellos los nombres de los dos que fueron capturados de niños al final de la guerra (como le ocurrió a ella) y su ubicación actual: la corte de Nérdegar. Por eso cuando su esposo la lleva a Ofräem la reina espera cruzarse con ellos y por la edad deduce cual de los dos es el que el rey tiene por bufón y cual es su nombre.
quiza sí sea esperar demasiada agudeza...  Big Grin

Tengo pendiente comentar el nuevo capítulo!

Un saludo, nos leemos!
Responder
#15
Buenas, Momo!

Qué alegría que finalmente te hayas puesto a leer Dashvara Smile

A lo que vamos. Este capítulo lo he leído de un tirón y me ha gustado cómo has construido el diálogo y la escena. No avanza mucho la trama, pero se van desarrollando los personajes, se le ve a Arjesen calculador y prudente, al igual que el rey… Ya veremos quién gana la batalla ^^

Unas erratas que vi:

- ¿Sabes cuantos días has estado en el pozo? -> cuántos
- Puedo pasar sin ese placer -> pasar «de» ese placer o «vivir» sin ese placer, ¿no?
- Es qué no piensas contestar -> que
- todo volverá ser igual -> volverá «a» ser

También me he fijado en que el guionado a veces está mal cuando pones «—.» como en:

«—Está bien. Puedes vestirte —. El rey volvió a la mesa.»

Debería ser:

«—Está bien. Puedes vestirte. —El rey volvió a la mesa.»

En cuanto a lo del nombre de Arjesen, la verdad yo di por hecho que la reina lo recordaba de algo, no pensé que se lo había inventado, pero tampoco me quedó claro que lo sacaba de la genealogía. Eso sí, sigue así y todo pareciéndome un poco extraño que haya podido encontrar esa genealogía en la biblioteca.

Bueno, pues a ver cómo continúa!

Saludos,
Responder
#16
Cita:Qué alegría que finalmente te hayas puesto a leer Dashvara Smile

¡Pero, Kaoseto! ¿Cómo me haces esta faena? ¿Ahora que iba por el 75% resulta que hay una nueva versión? Chair Y es que le he echado un vistazo aleatorio a alguna página y me ha parecido diferente (y mejor). A parte de las correcciones de estilo, ¿has cambiado alguna cosa importante?

Cita:Eso sí, sigue así y todo pareciéndome un poco extraño que haya podido encontrar esa genealogía en la biblioteca.

Bueno, hasta lo extraño resulta plausible una vez que sabes como se entrelazan los acontecimientos. En este caso los libros estarían en un sector de la biblioteca alejado de las zonas comunes y sí, cerrado con llave y de acceso restringido, pero en ningún caso fortificado. De hecho la puerta puede quedar momentáneamente abierta cuando entran y salen lo estudiosos autorizados por el rey. Todo el mundo sabe de la existencia de los celestiales, incluida la reina, así que no son libros prohibidos ni secretos y aún contienen informaciones útiles sobre los enemigos de Caens. Lo único es que esos libros son mal vistos por los reyes de Anerhuin, pues hablan de modos de vida antiguos contra los que han luchado y vencido.
Al desconocer su origen, la posibilidad de que la reina intente entrar en esa parte de la biblioteca en un riesgo mínimo ya que solo se puede conseguir la llave con la autorización del rey. Obviamente todo cambia cuando Férenwir le revela que ella es una celestial. Por primera vez la reina tiene un motivo con el suficiente peso para adentrarse a hurtadillas en esa zona de la biblioteca y arriesgarse a desobedecer al rey y al mismo tiempo, como el rey desconoce la conversación de su reina con Férenwir, tampoco toma más medidas de seguridad para evitarlo, ya que aparentemente Briseyd no tiene motivos para ir allí. Sólo cuando Caens encuentra el libro de la genealogía de los celestiales oculto en la alcoba de su esposa, sospecha y la lleva a Ofraëm para ponerla a prueba. Por mucho que ella se haya intentado justificar diciendo que un día, dando vueltas por la biblioteca encontró la puerta abierta del aquella sala por casualidad y tomó un libro de las estanterías al azar, sabiendo que hacía mal, pero movida tan solo por un arranque de curiosidad.
La verdad es que justificaciones las hay para casi todo. Más o menos elaboradas y más o menos traídas por los pelos. Esta me ha acabo de inventar ahora mismo en tu honor Mfr_lol

Y gracias por tus comentarios de puntuación. Siempre me son muy útiles. (Supongo que habrás notado el descenso porcentual de comas por línea Big Grin ) Lo del guionado inverso lo voy a corregir ya mismo.

Voy a colgar otro fragmento. Se supone que es bastante tranquilo y el siguiente también lo será porque ambos preparan el camino para un pequeño estallido final. En este capítulo la trama no avanza y debe sostenerse por si mismo. Era el experimento que quería hacer. Me refiero a que he notado que a veces cuando escribo fantasía épica acabo un poco esclavizada por el un poco más alto, poco más lejos, un poco más fuerte. para que no se me escape el lector. Pero ese no debería ser el único argumento si uno sabe sumergirlo en su mundo. Así que es todo un reto.
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#17
Hola, Aljamar,

Cita:Cita:
Ella ha leído un libro de la genealogía de su familia en el cual encuentra los nombres de todos su parientes. Los vivos y los muertos. Y entre ellos los nombres de los dos que fueron capturados de niños al final de la guerra (como le ocurrió a ella) y su ubicación actual: la corte de Nérdegar. Por eso cuando su esposo la lleva a Ofräem la reina espera cruzarse con ellos y por la edad deduce cual de los dos es el que el rey tiene por bufón y cual es su nombre.
quiza sí sea esperar demasiada agudeza... Big Grin

Tiendo a obviar explicaciones por mor de la agilidad del texto pensando que está todo claro. Por eso me van bien estos toques de atención.

En tu honor en el fragmento que voy a colgar a continuación ya he corregido un montón de frases unicelulares (tampoco todas). Espero que ahora encontrarás el estilo más fluido.

Como le decía a Kaoseto este capítulo intenta sostenerse por si solo. No tiene el apoyo de grandes revelaciones ni escenas de acción y en este caso lo más importante es saber si se lee igualmente con interés a pesar de describir acontecimientos menos grandilocuentes. No temas usar el martillo si es necesario Wink

Nos leemos.
Responder
#18
El bufón - 4

Los soldados arrojaron al bufón más allá del umbral de la torre de homenaje y éste trastabilló hasta quedar sentado en los escalones. Un fugaz rayo de sol sobre su rostro le arrancó un suspiró, pero su estómago rugía constantemente pidiendo más comida, así que puso en pie y terminó de bajar la escalera. Afortunadamente el pozo no estaba muy lejos porque avanzaba por las sombrías callejas dando tumbos. Ya no sabía si era a causa del vino o del hambre. Cuando llegó al pozo había una anciana sacando agua y esperó pacientemente a que acabara, procurando no perder el equilibrio. Antes de que pudiera beber, varias mujeres pasaron por su lado como si él no estuviera allí y empezaron a bajar y subir el cubo para llenar sus cántaros, mientras charlaban alegremente. Les hubiera pedido un poco de agua, pero sabía que no podía hacerlo. Así que se sentó en el suelo, recostado contra el brocal, aún mareado y con la boca seca, y esperó otra vez. Tardaron un buen rato en terminar. En cuanto se alejaron se puso en pie con algún esfuerzo, con una sed tan espantosa que si hubiera llegado alguien más antes de que consiguiera sacar un poco de agua se hubiera arrojado al pozo de cabeza. Subió el cubo y bebió directamente de él hasta que no pudo más. Se sentía un poco más despejado, aunque empezó a temblar. Estaba prácticamente empapado y ya hacía frío. La poca comida que había probado en la mesa de Nérdegar le había despertado aún más el apetito.
Se dirigió al comedor de la guardia. No era un lugar que le gustara demasiado. Allí siempre recibía algún golpe, pero era invariablemente donde más comida había por el suelo. Pocas veces se atrevía a coger algo que estuviera sobre las mesas a no ser que el comedor se encontrara vacío, lo que no ocurría muy a menudo. Para su contrariedad oyó un clamor de voces broncas atronando en la amplia estancia. Si no hubiera estado tan hambriento, habría dado media vuelta para regresar más tarde, pero decidió arriesgarse. Sólo esperaba que los presentes no estuvieran demasiado borrachos. Cuando atravesó la puerta nadie pareció advertir su presencia. Arrugó el ceño. Había varios perros alrededor de las mesas. Maldijo su mala suerte. Apenas quedaría nada. Se sentó en el suelo, ceñudo y escrutando entre la paja esparcida.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó una voz sobre él.
Levantó la cabeza y se encontró con un capitán picado de viruela. Le sonaba su cara roída y creyó recordar que había participado en el juego del postre. Parecía mirarle con muy pocas simpatías.
—¿Tienes hambre, perro?
Arrancó un trozo del pan que estaba mordiendo y se lo lanzó un poco más lejos.
—Ve a buscarlo.
Arjesen no se movió y recibió una fuerte patada en el costado que casi lo tumbó de lado. Eso le confirmaba lo que ya sabía: no debería haber entrado allí tan pronto. Se levantó. Era mucho más alto que el capitán.
—Ve a buscarlo tú —le dijo con calma.
Sabía que no podía golpearlo, pero no existía ninguna orden que le impidiera contestar. El rostro del hombre se contrajo de furia.
—¿Quién te crees que eres para replicarme de esa manera? Tú, mierda de bufón, que vales menos que una cagada de vaca.
El hombre lo aferró por la muñeca, pero Arjesen consiguió escurrirse de entre sus dedos y se alejó dos pasos. Al comprobar el temperamento encendido del aquel capitán se le había ocurrido de repente como conseguir el pan que llevaba en la mano y darle a la vez una lección. Sólo esperaba que su cuerpo le respondiera. Se puso en tensión.
—Hasta una cagada de vaca es más presentable que tú, cara de queso podrido —le provocó hablándole con todo el desprecio que pudo encontrar en su interior. Y era bastante.
El capitán enrojeció e intentó golpearlo dos veces con el puño. Las dos veces Arjesen lo esquivó fácilmente. Había conseguido ponerlo furioso. Retrocedió hasta el muro y dejó que lo acorralara contra él. El hombre le lanzó un puñetazo al estómago. El bufón se apartó en el último instante con un movimiento tan natural que parecía no costarle el más mínimo esfuerzo.
—¡Maldito cerdo! —gritó el capitán cuando su puño se estrelló contra la piedra—. Te vas a enterar.
El dolor le hizo soltar el pan que tenía en la otra mano. Se frotó los nudillos ensangrentados.
—Vamos, no acuses al chico de tu torpeza —se rió alguien—. Tú mismo te has peleado con la pared.
Las risas se extendieron de inmediato por el comedor.
Con un movimiento rápido de su mano Arjesen cogió el pan antes de que lo alcanzara uno de los perros y se incorporó de un salto. Atravesó la puerta sin volverse, perseguido por las maldiciones del capitán y las carcajadas del resto de hombres.
Apenas había alcanzado la esquina cuando tuvo que detenerse con la sensación de que iba a caerse redondo al suelo. Apoyándose en la pared, buscó una calleja lateral y se sentó. Se comió el pan con avidez. Después cerró los ojos esperando que se le pasara el mareo, pero al notar que lo observaban volvió a abrirlos. En la bocacalle, recortado contra la luz de la plaza, se había detenido un hombre achaparrado que llevaba a hombros a un niño de pocos años. El desconocido esbozó una débil sonrisa y Arjesen lo reconoció. Era el caballerizo del rey. En otros tiempos aquel hombre lo había tratado como a su propio hijo. El caballerizo echó un vistazo a la plaza y luego a la oscura calleja desierta, indeciso. Por fin se acercó y se detuvo ante Arjesen. Bajó a su hijo hasta el suelo, frente al joven. Después se acuclilló junto al niño.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó con gravedad.
Era evidente que le habían llegado noticias de lo ocurrido en el banquete de hacía diez días.
—Bien —respondió Arjesen, algo lacónico.
El niño agarró un mechón de Arjesen y empezó a tirar de él. Se rió con expresión traviesa. El caballerizo enarcó las cejas, mientras observaba como el bufón jugaba distraídamente con su hijo. O las noticias que le habían llegado eran exageradas o el muchacho no estaba tan bien como decía.
—¿Con qué te golpeó Thanagad?
Arjesen lo miró extrañado de que le hiciera aquella pregunta. Apartó con suavidad la mano del niño de su cara.
—¿Qué importancia tiene eso?
—Tú dímelo —insistió el hombre.
—Con su espada.
Eso era lo que el caballerizo había oído.
—¿Cinco ¿Seis veces?
El joven levantó la cabeza, mirándolo como si ambos estuvieran hablando de temas diferentes.
—No conté los golpes —le respondió con amarga ironía—. Hasta que se le cayó la espada de la mano. Me dedicó toda su atención durante casi una hora.
El rostro rubicundo del caballerizo se endureció. Contuvo un gesto de ira.
—¡Por todos los dioses!
Después acarició la cabeza de su hijo, ensimismado.
—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? —. Se calló. Dos mujeres cruzaban en ese momento la bocacalle—. Cualquier hombre estaría muerto después de eso —terminó cuando hubieron desaparecido.
El joven le devolvió la mirada. Parecía confuso.
—¿A dónde quieres ir a parar, Dewrer? —murmuró.
Pero el caballerizo parecía sumido en sus propias reflexiones.
—¿No recuerdas nada anterior a tu llegada a Ofräem?
—No. ¿Por qué me estás haciendo todas estas preguntas? —insistió Arjesen.
El caballerizo sacudió la cabeza de hirsuta cabellera castaña como si quisiera morderse la lengua para no decir más. Inesperadamente su expresión tensa desapareció tras una súbita reserva. Contempló con fijeza al bufón. Después se volvió a su hijo con una expresión pesarosa y angustiada.
—Olvida todo lo que te he dicho.
—¿Qué olvide el qué? —exclamó Arjesen en voz baja, cada vez más desconcertado.
Vio a dos soldados que cruzaban la plaza para enfilar el sucio callejón.
—Es mejor que te vayas, Dewrer.
El hombre volvió la cabeza para mirar en la misma dirección y asintió.
—Cuídate tanto como puedas —le sonrió con tristeza antes de levantarse
Cogió a su hijo y se lo cargó a hombros. De pronto se volvió.
—No te lo he dicho. Mi hijo se llama Freyn. Ya sabes por quién.
Aquel era el nombre que él mismo se había dado de niño, pero Arjesen hubiera preferido no saberlo. Era otro peso más que llevar a cuestas. Durante los doce primeros años que había pasado en la fortaleza había creado lazos muy fuertes con algunos de los habitantes del castillo. Y ahora cada una de aquellas personas a las que había querido como a la familia que nunca había tenido, formaban los eslabones de la férrea cadena con la que Nérdegar lo sujetaba sin remedio a su trono. La amenaza del hacha pendía siempre sobre sus cabezas, dispuesta a caer sobre cualquiera de ellos en cuanto Arjesen osara hacer el menor movimiento para sacudirse el yugo del rey. En una ocasión Nérdegar le había demostrado ya amargamente hasta donde era capaz de llegar. Aquel pensamiento lo puso de un humor terriblemente sombrío. Los dos soldados pasaron por su lado.
—No puedes estar aquí —le dijo uno de ellos sin detenerse—. El rey no quiere que andes escondido por los rincones. Vete a la plaza.
Se levantó con gesto cansado, pero no se encaminó a la plaza. Aún tenía hambre y se dirigió a la bodega del castillo. Hacía las veces de improvisada taberna y la regentaba el hombre que se encargaba del suministro de vinos para Nérdegar.
Nada mas atravesar la puerta lo recibió un trozo de lechuga que le dio en el rostro.
—¿Ya vuelves a estar aquí? Te he dicho mil veces que no quiero que vengas. No traes más que problemas y me espantas a la clientela con esa pinta.
El hombrecillo calvo y abotargado lo contempló con una mueca desde detrás del mostrador. Arjesen había entrado en uno de los escasos momentos en que la taberna estaba vacía.
—Entonces déjame coger lo que pueda y me marcharé enseguida, Ogerne —le respondió el joven.
—¿Cómo puedo deshacerme de ti, bufón? Cada vez que vienes tendría que denunciarte a la guardia y decirles que me has golpeado. Así seguro que no regresarías.
Arjesen se había inclinado para coger un trozo mordido de panceta. Le daba un poco de asco, pero no estaba en situación de hacerse el remilgado. Se irguió y miró al tabernero algo preocupado, pero finalmente decidió que el hombre no hablaba en serio. Renegaba mucho, pero no era mala persona. Tenía la impresión de que le trataba de aquella manera debido tan solo al miedo que le causaba la ira del rey.
—Regresaría igual. Tengo que comer, ¿sabes? —le respondió mientras se dirigía a la siguiente mesa.
Por un momento el tabernero no supo que decir, pero Arjesen, arrodillado tras las sillas, no advirtió su mirada contrita.
El bufón se levantó. Sobre la última de las mesas quedaba un resto de queso que parecía casi entero. Al verlo Arjesen tragó saliva. Aquello era un verdadero banquete, pero no estaba seguro de que el tabernero le dejara cogerlo. Todavía se podía aprovechar. Lo miró.
—Maldita sea —dijo el tabernero, irritado—. No quiero ni verte —gruñó y se fue hacia la bodega llevándose varias jarras vacías—. Cuando salga ya no quiero que estés aquí.
Arjesen esbozó un mohín pensativo mientras recogía el pedazo de queso. Había otro trozo de pan en una esquina del suelo. Estaba duro como una piedra, pero se lo llevó igualmente. Después salió de la taberna.
Al atravesar el umbral, se dio de bruces con un grupo de jóvenes. Lo empujaron hacia atrás.
—Mira por dónde vas, idiota.
Arjesen dio un respingo. Los conocía. Elegantemente vestidos y de porte orgulloso. Una vez se habían quejado a la guardia de él, cuando ni siquiera sabía aún quienes eran ni les había visto las caras, y eso le había costado una buena tunda y tres días en el pozo. Después lo habían vuelto a denunciar dos veces más, sin motivo. Lo encontraban divertido. Había sabido que uno de ellos se llamaba Vrenar: el más alto, de cabello oscuro y facciones rudas y angulosas, que ahora le estaba mirando con una sonrisa torcida. Era el hijo de Thanagad.
—Mira a quien tenemos aquí —al decir esto le dio un golpe en la nuca con la palma de la mano. Era un poco más bajo que él—. Al bufón del rey.
Arjesen retrocedió sin decir nada. Intentó marcharse en dirección contraria, pero Vrenar lo agarró del brazo con mano de hierro.
—No te vayas tan deprisa —le dijo en tono burlón—. ¿Por qué no nos entretienes un poco? Da unas volteretas o haz alguna de esas cosas tan graciosas que hacen los bufones. Si nos haces reír, te dejaremos marchar.
—Vete a la mierda —le escupió Arjesen con ira. Prefería que se enfurecieran y le pegaran de una vez ellos mismos, antes de que volvieran a denunciarle a la guardia y eso le costara una paliza aún peor y otra bajada al pozo. Acababa de salir de allí y no le apetecía volver. Si se apaciguaban pegándole, quizá se sintieran satisfechos sólo con eso y se olvidarían de lo demás.
Recibió un rudo golpe en la cabeza y chocó contra la pared.
—¿Qué forma de hablarme es esa? —le increpó Vrenar.
El bufón sacudió la cabeza, dolorido.
—Tienes manos de mantequilla —le dijo, aunque el golpe había sido bastante fuerte.
—Al suelo con él —dijo Vrenar.
Lo tumbaron entre los cinco y empezaron a darle patadas. Se encogió tanto como pudo protegiéndose la cabeza con los brazos. Afortunadamente eran hijos de cortesanos y comerciantes y llevaban caras botas de suela blanda. Nada que ver con las duras botas de los guardias.
—¿Qué llevas en la mano? —preguntó Vrenar al ver que, a pesar de los golpes, el bufón no soltaba lo que tenía en ella. Intentó aferrarle el brazo, pero Arjesen se le adelantó y lo esquivó—. Sujetadlo —dijo. Lo inmovilizaron entre todos a pesar de su denodada resistencia y Vrenar tuvo que abrirle los dedos a la fuerza. Uno a uno—. ¿Un pedazo de queso? —se sorprendió. Seguramente pensaba que no era nada del otro mundo—. ¿Es ésta tu cena, bufón? Pues mira lo que hago con ella.
Arjesen, sujeto contra el suelo, contempló con una mueca como la bota de Vrenar hacia puré el queso contra el empedrado.
—Ahora será de tu gusto. Es una cena más adecuada para ti.
Mientras mantenía el brazo del bufón aprisionado bajo su rodilla, sacó la daga. La posó sobre el meñique de Arjesen. El bufón, tumbado en el suelo e incapaz de desasirse, levantó los ojos hacia el rostro alargado y de expresión tiránica que tenía justo encima, sin lograr hacerse una idea de lo que pretendía aquel endemoniado noble. La afilada hoja se clavó en el nacimiento de su dedo cortando la carne hasta llegar al hueso. Arjesen se retorció en vano. Un alarido roto se escapó de su garganta. De repente una mano crispada se aferró a la muñeca de Vrenan y le detuvo.
—¿Qué haces? —exclamó espantado el joven de ojos claros que tenía al lado.
El forcejeo que mantenían ambos nobles apenas consiguió apartar la hoja de la carne.
—Suéltame, Grae. Quiero ese dedo —masculló Vrenan sin dejarse vencer. Sus ojos relucían como los de un demonio.
—¿Para qué narices quieres el dedo de un bufón? —se sobresaltó otra voz.
—Eso es cosa mía —murmuró Vrenan. Parecía decidido hasta un punto que resultaba incomprensible.
—Si lo haces el rey te despellejará. Y a nosotros contigo—. Había una nota de terror en la voz del joven llamado Grae que le contenía.
El resto de manos habían soltado su presa una tras otra al advertir el peligroso giro que había tomado aquel encuentro. Arjesen aprovechó para zafarse. Consiguió retirar su brazo de un brusco tirón, dejándose un buen trozo de piel y carne bajo la hoja de Vrenan, pero con el dedo aún entero y unido a su mano.
Vrenan se mordía los finos labios, considerando hasta qué punto la posición de su padre en la corte podía protegerle. De golpe se incorporó y se guardó la daga en el cinto, mientras Arjesen seguía mirándole sin aliento desde en el suelo. Grae soltó a su camarada, pero antes de volverse Vrenan le lanzó a una patada al bufón en plena cara que éste esquivó por poco.
Grae se llevó a Vrenan casi a rastras. Desparecieron por la esquina, mientras Arjesen aún los seguía con la mirada, aferrándose el dedo herido. Luego se tendió en el suelo, ignorado por los transeúntes que pasaban de vez en cuando por aquella calle. Solo al cabo de un largo momento se incorporó. Se pasó la mano sana por la cara y notó sangre en la boca. No había salido tan mal parado. Sólo tenía unas cuantas contusiones y un corte en el labio. Y un dedo medio arrancado. Se sintió desanimado al mirar el pedazo de queso. Recogió lo poco que quedaba intentando quitarle en vano la tierra. Solo consiguió llenarlo de sangre. Apretó la mandíbula, airado, mientras arrancaba una tira de su maltrecho jubón para envolverse el meñique. ¿Por qué cojones quería el lunático de Vrenar un dedo suyo? Algún día se daría el gusto de darles una paliza a aquellos zopencos al coste que fuera. Se había quedado otra vez prácticamente sin nada que comer. Y no habría mercado hasta el día siguiente. Sacudió la cabeza para despejarse un poco, se puso en pie y se encaminó a la herrería.
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#19
Buenas Momo,

Te comento la parte 3 del Bufón, porque veo que ya has colgado la 4 y se me acumula la faena.

Me da la impresión de que se ralentiza la historia, no hay mucha acción ni se descubre nada sobre la trama o el contexto de la historia, pero a cambio se promete alguna zanahoria para el futuro cuando Nerdegar habla de lo que pasará al día siguiente... en su conjunto, lo veo bien. Sostenido y creíble, en general.

Como siempre, ortografía y gramática correctas, no me quejo hoy de frases unicelulares. Mfr_lol

Lo único que me hace pensar... este Arjesen... está poco espabilado, no?  Huh  Quiero decir, no se da cuenta de que es especial de alguna forma? Aguanta todas las humillaciones y castigos con una resignación digna de un santo... Angel

Ya te diré sobre el 4...

Nos leemos!
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#20
Momo escribió:¡Pero, Kaoseto! ¿Cómo me haces esta faena? ¿Ahora que iba por el 75% resulta que hay una nueva versión? Chair Y es que le he echado un vistazo aleatorio a alguna página y me ha parecido diferente (y mejor). A parte de las correcciones de estilo, ¿has cambiado alguna cosa importante?

Je, pues no, no subo una nueva versión desde principios de enero y apenas cambié una o dos erratas desde que lo subí por primera vez. De la historia no ha cambiado nada, lo juro! xD

Pues dices que en este siguiente capítulo no pasan grandes cosas pero a mí me parece que sí que pasan, bastante más que en el anterior. Me ha gustado cómo se van contando las pequeñas peripecias de Arjesen. Hay que tener cuidado con no pasarse con las miserias, pero en este caso me parece que está bien equilibrado y me lo leí todo de un tirón.

Jeje, Aljamar, me ha hecho gracia lo de que el chaval es poco espabilado. Yo creo que así y todo se puede entender su confusión (sobre todo en el capítulo que comentas, que acaba de salir de un pozo y no está como para tirar cohetes).  El tal Arjesen lleva como cuatro años viviendo una vida de perro maltratado, así que o desarrolla la mala leche, o se vuelve indiferente o baja la cabeza, o una mezcla de las tres cosas. Eso sí, si el rey Nérdegar está dispuesto a cargarse a todos los antiguos amigos de Arjesen si huye o se porta mal, ya puede tener a buenos pregoneros por la ciudad y rezar para que su pueblo no lo apode el Cruel ^^

Ah, Momo, en cuanto a la justificación sobre el libro de la genealogía, puede ser, por qué no, je, tal vez sea que como me pareció un poco confuso cómo se introdujo esa historia del libro luego se me torció.
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