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[Fantasía épica] Infierno de dioses - 1.La reina desvalida
#21
Buenas de nuevo,

Tenía pendiente comentar la última parte, veamos:

No avanza demasiado -o nada- la historia, pero a cambio nos da una visión más amplia y detallada de la vida de Arjesen. Lo que más me valoro es el hecho de escribir tanto sin avanzar aparentemente nada, a mí me cuesta muchísimo "pausar" la historia y recrearme en cosas que parecen superfluas pero que en realidad ayudan a crear ambientación. Me quedo con dos personajes que me da la impresión que tendrán algo que decir más adelante: Vrenan y Drewrer.

El capítulo se lee fácil y rápido, muy bien plasmado, pero como dice kaoseto cuidado, quizá más de uno lo empiece a encontrar cansino.

También vemos que Arjesen demuestra algo de caracter, así que retiro en parte mi comentario anterior. Además,
Cita:el rey Nérdegar está dispuesto a cargarse a todos los antiguos amigos de Arjesen si huye o se porta mal
no me acordaba de esto! Rolleyes

Todo parece indicar que dentro de nada sucederá algo importante en la historia... esperamos impacientes...  Angry

Nos leemos!
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#22
Buenas compañera Momo, pues ya estamos aquí como te había dicho.
El primer trozo de la novela me ha parecido muy atractivo, muy visual para el lector. El trozo central más de transición, aunque también lo he encontrado muy bien narrado. El tercero vuelve a coger vuelo con la aparición del bufón y la situación en la que se encuentra. Cierto que todo el primer capítulo tiene ciertos tintes romanticones también, entre Férenwir y Briseyd y más tarde entre Briseyd y el bufón. No es algo que me moleste ni nada menos, solo que me pareció que la historia hace más hincapié en el aspecto romántico de las escenas, que en el aspecto, que supongo es el argumento real de la historia, el cual es el de los celestiales. Lo que no se sí es intencionalmente o no. En cualquier caso se entiende todo bien.
Las conversaciones están muy bien llevadas y no desentonan en absoluto con la recreación de las escenas. La lectura en general no se hace pesada y se procesa bien la información. En general me ha parecido un buen comienzo. Seguiremos leyendo a ver qué tal sigue la historia.
Un saludo y nos leemos, compañera.
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#23
Buenas, Kaoseto. Antes que nada gracias por tus comentarios.

Cita:Pues dices que en este siguiente capítulo no pasan grandes cosas pero a mí me parece que sí que pasan, bastante más que en el anterior. Me ha gustado cómo se van contando las pequeñas peripecias de Arjesen. Hay que tener cuidado con no pasarse con las miserias, pero en este caso me parece que está bien equilibrado y me lo leí todo de un tirón.

Me alegro de que te haya resultado entretenido. Cuando digo que no pasan cosas me refiero a que la trama no avanza, no se desvelan demasiados entresijos de la historia. Suelen ser esos detalles lo que arrastran a lector.  
Referente a las miserias, bueno, el libro se llama Infierno de dioses por algo  Big Grin. Digamos que estoy caminando por el filo de la navaja. Se saborea más la salida del pozo si antes has llegado hasta el fondo. Si me paso seguro que ya me lo diréis.

Cita:Jeje, Aljamar, me ha hecho gracia lo de que el chaval es poco espabilado. Yo creo que así y todo se puede entender su confusión (sobre todo en el capítulo que comentas, que acaba de salir de un pozo y no está como para tirar cohetes).  El tal Arjesen lleva como cuatro años viviendo una vida de perro maltratado, así que o desarrolla la mala leche, o se vuelve indiferente o baja la cabeza, o una mezcla de las tres cosas. Eso sí, si el rey Nérdegar está dispuesto a cargarse a todos los antiguos amigos de Arjesen si huye o se porta mal, ya puede tener a buenos pregoneros por la ciudad y rezar para que su pueblo no lo apode el Cruel ^^

En el desenlace el capítulo se ve más claro por qué Arjesen se comporta como lo hace. Y creo que ni los pregoneros podrían lavar la imagen de Nérdegar. La verdad es que en este capítulo me interesaba el estudio de personajes. Espero que sea coherente al final y que los lectores pueden conectar con lo que le ocurre. Creo que la escena final es bastante tensa. O al menos eso pretendía.


Cita:Ah, Momo, en cuanto a la justificación sobre el libro de la genealogía, puede ser, por qué no, je, tal vez sea que como me pareció un poco confuso cómo se introdujo esa historia del libro luego se me torció.

Sin embargo esos comentarios me ayudan mucho a encontrar los puntos confusos del texto. Va bien porque tampoco es tan complicado llenar esos pequeños huecos, que a veces el autor no advierte porque ve la historia desde dentro, no desde fuera como la ven los demás.

Nos leemos.
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#24
Aljamar, bienvenido de nuevo.

Cita:El capítulo se lee fácil y rápido, muy bien plasmado, pero como dice kaoseto cuidado, quizá más de uno lo empiece a encontrar cansino.

No te cortes. Si te ocurre eso me lo dices llanamente. Así sabré donde cortar si es necesario. Ahora mismo estoy reduciendo un poco el siguiente fragmento a colgar, porque creo que había partes demasiado minuciosas que no añadían nada. Y tengo ganas de llegar al desenlace que es lo que sigue.

Cita:Cita:
el rey Nérdegar está dispuesto a cargarse a todos los antiguos amigos de Arjesen si huye o se porta mal
no me acordaba de esto! Rolleyes

Tal como lo remato el final del capítulo no creo que se te vuelva a olvidar ...

Cita:Todo parece indicar que dentro de nada sucederá algo importante en la historia... esperamos impacientes...  Angry

Glups! ¿Te sirve de algo si te digo que es un libro de largo recorrido? Cry Es broma (o casi). El capítulo 3 tiene más acción y los hechos que ocurren en él van a desencadenar lo que ocurre en los siguientes. La escena de inicio es un poco fuerte, pero bueno, ya llegaremos a ello.

Gracias por tomarte el tiempo de  leerlo.
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#25
Fardis ¡Qué sorpresa verte por aquí!

Gracias por decir las cosas tal cual. Creo que tenemos estilos bastante distintos, por eso también es interesante una opinión desde una óptica opuesta.

Cita:Cierto que todo el primer capítulo tiene ciertos tintes romanticones también, entre Férenwir y Briseyd y más tarde entre Briseyd y el bufón. No es algo que me moleste ni nada menos, solo que me pareció que la historia hace más hincapié en el aspecto romántico de las escenas, que en el aspecto, que supongo es el argumento real de la historia, el cual es el de los celestiales

¡¿Cómo?! Esperaba que  me "acusaran" de cualquier cosa pero jamas de romántica. Mfr_lolMfr_lol No lo había visto así hasta que lo has mencionado. Lo que por cierto me ha hecho darme cuenta de algo ¿Dónde están los personajes femeninos de peso en Baile de Sombras ¿eh?  Angry

Hay un comentario que has hecho en tu hilo que me ha resultado familiar. Yo ha veces también tenía la impresión de que la trama no estaba bien amalgamada. Que trabajaba tan centrada en cada parte de la historia que no conseguía la unidad necesaria, esa sensación de libro. Finalmente llegué a la conclusión de que los árboles no me dejaban ver el bosque. Después de un parón, al leerlo todo de golpe, sí que tenía esa sensación de historia que avanza no de manera lineal, pero sí como si cada capítulo fuera un escalón.

Quizá a ti te paso lo mismo.

Nos leemos.
Responder
#26
Buenas compañera Momo

Cita:¡¿Cómo?! Esperaba que me "acusaran" de cualquier cosa pero jamas de romántica. Mfr_lolMfr_lol No lo había visto así hasta que lo has mencionado. Lo que por cierto me ha hecho darme cuenta de algo ¿Dónde están los personajes femeninos de peso en Baile de Sombras ¿eh? Angry

Confused La verdad es que allí me has pillado. Tengo pensado añadir personajes femeninos a la novela, solo que hasta el momento no he sabido donde añadirlos. Me cuesta a su vez desarrollar un personaje femenino. Tengo mucho trabajo por delante. Tongue

Cita:Hay un comentario que has hecho en tu hilo que me ha resultado familiar. Yo ha veces también tenía la impresión de que la trama no estaba bien amalgamada. Que trabajaba tan centrada en cada parte de la historia que no conseguía la unidad necesaria, esa sensación de libro. Finalmente llegué a la conclusión de que los árboles no me dejaban ver el bosque. Después de un parón, al leerlo todo de golpe, sí que tenía esa sensación de historia que avanza no de manera lineal, pero sí como si cada capítulo fuera un escalón.

Quizá a ti te paso lo mismo.

Nos leemos.

La verdad es que aún no me he parado un día a leerme todo lo escrito del tirón. Quizás tienes raz´n y las ramas no me dejan ver el bosque. Ojalá tengas razón XD Aunque no niego que aún me falta mucha faena por delante. Un saludo y nos leemos.
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(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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#27
Voy a colgar en dos partes lo que queda de este segundo capítulo, porque tengo ganas de llegar al tercero que tiene más acción. Después ya no os atormentare más con esto Mfr_lol Para hacerse una idea del estilo del libro y obtener opiniones con conocimiento de causa habrá material más que de sobra. Como ya comenté en su momento suelo escribir capítulos enormes. No sé por qué. Así que sentíos libres de comentar si en algún momento ese detalle se os hace pesado en este capítulo.

(sigue directamente el párrafo donde termina el fragmento anterior)

Una vez había entrado en ella para refugiarse de la lluvia y entrevió un hogar encendido y una mesa y cuatro sillas en una habitación contigua, a través de una puerta entornada. Era la cocina de los herreros. Estos le dejaban ir y venir a su antojo sin hacerle el menor caso. Sólo eran tres, pero debían ser muy descuidados si hacía caso de cómo dejaban aquella estancia. Un día había huesos de ave en los platos, sobre la mesa sin quitar, todavía con algo de carne. Al siguiente una manzana mordida solo a medias bajo una silla. Aunque a veces no había nada. Arjesen sabía que el trabajo de los herreros era muy valorado en los castillos y pensó que debían ser espléndidamente recompensados por el rey. Que comían muy bien era evidente por las sobras de sus cenas. Se llenaban la tripa incluso mejor que los guardias.
Cuando llegó a la herrería estaba desierta. Entró en la otra habitación y suspiró con desaliento. Aquel día no había nada que llevarse a la boca. Salió otra vez a la herrería, dominada por la enorme al fragua, y se sentó en uno de los altos salientes del muro con las piernas cruzadas. A su lado reposaban pacíficamente herraduras, cuchillos, platos y jarras. Casi sin querer se fijo en los cuchillos. Si se le ocurría tocar sólo uno lo iba a pagar muy caro, así que intentó olvidarse de eso. Se estaba bien en aquel rincón, caliente y seco. Entonces uno de los herreros llegó desde la parte de atrás con unas tenazas en la mano. Arjesen reconoció al hombre, muy fuerte, rubio y de ojos azules al que sus compañeros llamaban Randuir. Con una barba corta y la mandíbula cuadrada. Llevaba tan solo los pantalones y el delantal de cuero picado de quemaduras y se dirigió a la fragua encendida. Al pasar por su lado miró apenas los restos pisoteados de queso que el joven sostenía en su mano, el labio partido y su dedo vendado y ensangrentado, aunque no dijo nada. Los músculos de sus hombros empezaron a tensarse con movimientos poderosos, mientras manejaba el fuelle para avivar el fuego. Estuvieron así mientras en el exterior el sol intentaba en vano asomarse entre las nubes.
—Deberías cambiarte de ropa —dijo por fin Randuir, volviéndose sólo a medias.
Arjesen levantó la cabeza. Hacía un rato que había dado buena cuenta del queso terroso, la panceta mordida y el pan petrificado. Se había dejado llevar por sus pensamientos y no esperaba que el hombre se dirigiera a él. No era muy hablador. Se miró la parte de atrás del jubón. Quedaban apenas unos cuantos jirones acartonados a causa de la sangre seca y era bastante desagradable verlos. Supuso que todo él no debía oler muy bien.
—No es tan fácil. Los pobres no suelen tirar sus ropas así como así y los poderosos no me conceden precisamente esa clase de regalos —dijo con voz queda.
De hecho la ropa que llevaba se la había proporcionado el mismo Nérdegar hacía un año, porque ya se presentaba casi desnudo a sus banquetes.
El hombre golpeó tres veces la herradura que estaba trabajando antes de hablar otra vez.
—Este mediodía he pasado por delante de la casa del viejo Elian. He visto una chaqueta de cuero que quizá te sirva. La tiene tirada en el patio. Parece que la va a utilizar para espantar a los cuervos en sus trigales. Cógela tú primero. No creo que te apalee por eso.
Arjesen lo miró un tanto extrañado por el detalle de que le proporcionara aquella información.
—Ahora vete. No quiero problemas por tu culpa —le dijo Randuir de espaldas a él. Sin embargo no había dureza en su voz.
Arjesen saltó del poyo de piedra y se fue. Seguía sintiendo hambre, pero al menos ya conseguía andar con paso más seguro. Cuando llegó a la casa que le había indicado el herrero, pasó sobre el muro bajo del patio. Por lo visto habían estado haciendo limpieza allí. Coronando un montón de muebles astillados y escombros vio la chaqueta de cuero y la cogió. El forro de lana estaba hecho jirones, pero todavía servía para hacerla más caliente, y la manga izquierda estaba rasgada del todo desde el hombro. Un hedor penetrante, como años de sudor concentrados en aquella prenda, lo sorprendió y se la acercó a la nariz. La apartó de golpe. ¡Joder! Nunca había tenido entre sus manos nada que oliera tan mal. Entonces la puerta de la casa se abrió de pronto. Arjesen retrocedió en dos zancadas y sobrepasó el muro de un salto. Desde el otro lado se volvió. Una mujer lo contemplaba con el ceño fruncido, pero no dijo nada. El joven se marchó deprisa, llevándose la chaqueta.
Se fue directo al lavadero. Lo formaban dos grandes pilas rectangulares de piedra, una colocada a más altura, desde la cual el agua se deslizaba sobre la siguiente por una hendidura en la piedra, en un grueso chorro que murmuraba día y noche. Los bordes anchos e inclinados de la segunda pila servían para lavar la ropa. A esa hora del día las mujeres estaban preparando la comida y aún no había llegado ninguna para hacer la colada. Arjesen sumergió la chaqueta en un agua fría como la nieve, pero a pesar de ello removió, sacudió y estrujó con todas sus fuerzas la prenda hedionda que sujetaba hasta que las manos se le pusieron rojas. La sacó otra vez chorreando de la pila y se la llevó a la nariz. Todavía olía espantosamente mal. Echó de menos un poco de jabón. Entonces reparó en sus brazos. La piel dorada y limpia le llegaba hasta donde se había mojado. A partir de los codos su piel parecía casi bruna. Estaba realmente sucio. Al inclinarse sobre la pila vio su reflejo bailando en el agua y espero hasta que la superficie se quedó quieta. Estaba mucho más delgado de lo que pensaba. Tenía el labio superior hinchado y el cabello enmarañado. Se sorprendió al ver grandes rastros de pintura roja y azul sobre su cara. No recordaba llevar la cara pintada. De vez en cuando a Nérdegar le gustaba que se embadurnara de vivos colores, porque decía que era la única manera de que pareciera un bufón de verdad, y la pintura que le daban era muy difícil de quitar. Una vez incluso había tenido que ponerse tinte del que usaban en los telares. Se enfureció al recordarlo. No había pensado bañarse debido al intenso frío, pero estaba tan enojado que se quitó las botas y el jubón, se subió a la pila y se lanzó al agua sin casi pensarlo. Al instante su furia se apagó. Creyó que iba a convertirse en un trozo de hielo.
Con las manos torpes por el frío se quitó los pantalones y los frotó tan fuerte como pudo. Luego los dejó en el borde de piedra para que se escurrieran un poco. Se hundió del todo y se restregó con ímpetu los cabellos y el rostro para quitarse la pintura. Siguió frotando y sumergiéndose alternativamente hasta que se sintió casi de nuevo un ser humano. Cuando se detuvo con un bufido ya había algunas mujeres lavando en el otro extremo de la pila. Salió desnudo del agua y escuchó risas ahogadas. Al volverse a medias para coger su ropa, descubrió las miradas de las mujeres fijas en él. Les dio la espalda y se puso los pantalones mojados. Después miró el jubón ensangrentado que acababa de quitarse solo unos momentos antes. Ahora le producía tal repugnancia que decidió no ponérselo a pesar de que estaba tiritando. Con un mohín se sacudió el agua como pudo. Después sacó la chaqueta de la pila y la extendió sobre el borde de la pila, antes de tenderse cuan largo era en el banco de piedra que bordeaba el contorno del lavadero, temblando, sintiendo a veces un poco de sol sobre la piel. Oía como charlaban las mujeres.
Al cabo de un rato se incorporó apenas para cambiarse de sitio y al abrir los ojos sorprendió como le observaba una de las muchachas más jóvenes. Ella se ruborizó y apartó la mirada enseguida. Con la cabeza apoyada en una mano, Arjesen la contempló un largo momento y decidió que era muy bonita. Aunque ahora estaba tan rígida como un palo de escoba. Torció el gesto. Para lo que le iba a aprovechar a él, tanto daba que fuera una diosa o un engendro infernal. Se levantó y buscó un pedazo de banco en el que diera el poco sol que se colaba entre las nubes. Allí se tendió boca abajo para acabar de secarse, mientras grupos de mujeres iban y venían. Solo despertó de nuevo a causa del frío. El bufón se levantó y empezó a maldecir por lo bajo al darse cuenta de lo tarde que era. Había pensado regresar al comedor de la guardia tras el segundo turno, pero se dio cuenta de que ya no tendría tiempo. Antes del anochecer debía estar sin falta en el salón de los banquetes. Era la única obligación que le había impuesto el rey: presentarse cada noche a la hora de la cena y esperar allí, por si a Nérdegar se le antojaba llamarle. Se acercaba el crepúsculo y ya no quedaba nadie en el lavadero. Tomó la chaqueta. Todavía estaba húmeda, pero se la puso. Su propio calor haría que se secara más deprisa. Pero casi sin querer, a pesar de las onerosas obligaciones que lo reclamaban, Arjesen se demoró en los callejones del castillo. Porque por una vez no se sentía tan diferente a los demás y disfrutaba paseando por ellos. Iba bastante limpio y la chaqueta sólo tenía una manga rota. Se sentía optimista. Quizá incluso podría encontrar la manera de coserla.
Subió a las murallas y se detuvo para contemplar las casas amontonadas que se extendían a sus pies. Había recorrido las calles que las cruzaban cientos de veces con la mirada, pero nunca las había pisado. Para él estaban tan lejos como si fueran un espejismo. No podía salir del castillo y el mundo que conocía se acababa al pie de sus altos muros. De pronto pensó que llevaba una vida tan miserable que casi no podía creerlo y a veces se sentía tan triste y desesperanzado que no podía arrastrar aquel sentimiento consigo. Apoyó las manos entre las almenas contemplando la villa al atardecer, hirviente con una muchedumbre que llenaba sus callejas umbrías. Las voces le llegaban con claridad y las ventanas de las casas empezaban a iluminarse con los reflejos de las chimeneas. Hubiera dado su mano derecha por ser uno de aquellos hombres. El bufón sintió un nudo en la garganta, pero si había perdido las ganas de sonreír, tampoco le quedaba aliento para llorar. El sol ya se había ocultado. Se giró y se dirigió apresuradamente hacia la oscura silueta de la torre de homenaje, mientras las sombras de la noche ganaban poco a poco el castillo.
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#28
El bufón llegó tarde al banquete y se maldijo a sí mismo por haberse entretenido tanto. Se deslizó sigilosamente a lo largo de la pared y se sentó en el sitio acostumbrado, al fondo del salón y lo más lejos posible de la mesa del rey. Se dio cuenta de que Nérdegar le miraba de vez en cuando. Comprendió que estaba enojado por su tardanza. Al menos las mesas no estaban juntas, así que no tenía previsto jugar al postre con él. Había albergado la esperanza de que le ignorara esa noche, pero eso ocurría muy pocas veces y nunca dejaba de llamarlo a su presencia cuando estaba irritado. Y era evidente que esa noche lo estaba. Así que esa alegre perspectiva se esfumó de inmediato. Nérdegar golpeó a uno de los pajes porque había derramado el vino y el resto se pusieron tan nerviosos que temblaban como hojas al acercarle los platos. Arjesen reconoció al muchacho que Nérdegar le había ofrecido a la reina de Nydgaal para que ocupara su lugar. Le pareció tan pálido y lloroso como aquel día. Dudó que llegara a recuperar la serenidad mientras estuviera al servicio personal de Nérdegar. Era el que había derramado la copa de vino. Si seguía tan torpe y nervioso con un poco de suerte el rey lo mandaría a las pocilgas a cuidar cerdos. Afortunado él. El bufón solía evitar recoger los restos de los banquetes del rey, porque no quería añadir esa satisfacción a todas las que ya obtenía Nérdegar de su presencia, pero aquel día estaba tan hambriento que le costaba un esfuerzo sobrehumano contenerse. Para evitar la tentación apartó la mirada hacia el muro reposando una mejilla contra sus rodillas y casi se quedo adormilado. El banquete se acercaba al final cuando oyó la voz de Nérdegar reclamando a su bufón. A Arjesen le pareció que tenía un tono más imperativo que de costumbre. Levantó la cabeza y se puso en pie de inmediato. Como siempre se detuvo al pie de la elevada mesa y esperó. Nérdegar lo tuvo allí de pie frente a él un buen rato, mientras terminaba de hablar con su tesorero y después atendía a Thanagad. El viejo guerrero se acercó en compañía de su arisco hijo, engalanado como un verdadero cortesano con motivo de su presentación en la corte. Cuando se retiraban Vrenar, desde aquel montón de rico terciopelo negro le dirigió una mirada tan breve y distante como si contemplara a un gusano. Arjesen le pasó la lengua por el corte que tenía en el labio con amargura. Entonces el rey se volvió por fin a su bufón. Tomó su copa de vino.
—¿Qué importantes asuntos te han retenido esta tarde, bufón? —le preguntó, recorriéndole con los ojos de arriba abajo.
Resultaba evidente, así que el joven no pudo hacer otra cosa que admitirlo.
—Me he bañado, majestad.
Como acababa de salir del pozo, Arjesen aún no tenía ninguna marca en el rostro, a parte del corte en el labio, y mostraba un aspecto espléndido a pesar de su delgadez. Los cabellos de un rubio purísimo le caían en mechones cortos e irregulares sobre la frente y alrededor de la cabeza, porque Nérdegar lo hacía rapar cuando se enojaba, pero incluso eso le favorecía. Nérdegar centró su atención en aquella chaqueta que no había visto antes y después escrutó el rostro del joven. Su boca esbozó un leve mohín, comprendiendo enseguida lo que aquel baño había significado en realidad para su bufón. Por un momento Arjesen tuvo la sensación de que el rey podía leer en él como en un libro abierto.
—Ya lo veo, pero a decir verdad estás demasiado limpio para mi gusto.
El bufón se mordió los labios presintiendo que iba a ser una noche especialmente difícil. El rey permaneció en silencio, contemplándolo. Se tomó su tiempo paladeando el vino, hasta que por fin chasqueó la lengua como si hubiera encontrado la solución a aquel complejo problema. Llamó a dos pajes.
—Traed pintura para el bufón—. Lo pensó un momento—. No. Traedme tinte de los telares. Blanco y negro.
Arjesen sintió que se le caía el alma a los pies. No pudo contener una exclamación. Acababa de bañarse. Estaba limpio por primera vez en mucho tiempo y el rey quería que se cubriera el cuerpo de tinte. Lo único que después no había forma de quitarse de encima de ninguna manera. Sintió que se le revolvía el estómago. Empezó a sentir que se le aceleraba la respiración.
Dos pajes salieron corriendo del salón. Tardaron un buen rato en regresar. Habían tenido que ir a buscar el tinte hasta los telares que estaban fuera de las murallas. En todo ese tiempo Arsejen ni se movió ni miró al rey. Sentía una maraña salvaje de pensamientos bullendo en su cabeza. Los pajes regresaron jadeando y dejaron dos tinajas justo a sus pies. Uno de ellos era el muchacho que había derramado el vino. Le miró asustado cuando retrocedía, al descubrir la expresión tormentosa con la que el joven contemplaba el tinte.
—Eres un bufón —le dijo Nérdegar. Arjesen levantó los ojos de las tinajas para mirarlo. Fulguraban. El rey conocía esa mirada. Ya la había visto en otras ocasiones—. Y tienes que parecer un bufón —terminó.
Ambos se miraron.
—Empieza a pintarte —le dijo el rey.
El salón había enmudecido por completo. Arjesen abrió los labios resecos y tragó saliva.
—No pienso hacerlo.
El rey frunció apenas el ceño, como si estuviese considerando detenidamente aquella respuesta. No sonreía, pero el joven advirtió un destello de diversión en su mirada.
—Pero no es una decisión que puedas tomar tú, ¿verdad? —dijo por fin, con la misma tranquilidad que había mantenido en toda la conversación—. No puedes evitarlo. Sabes que terminarás lleno de tinte, quieras o no. Si no lo haces tú mismo, lo harán ellos —le dijo señalando a los soldados— y será mucho peor. ¿Por qué te empeñas en hacerlo más difícil?
Pero Arjesen se resistía a doblegarse. Empezaba a sentir una ira incontenible que le latía en el pecho y le estallaba en la cabeza. Sencillamente aquella vez se sentía incapaz de aceptar lo que el rey quería imponerle en contra de su voluntad.
—¿Y porque habría de hacértelo fácil? —le respondió con acento inesperadamente fogoso.
Se daba cuenta de que a Nérdegar le complacía verle en aquel estado, pero ni aún así conseguía contenerse.
Para el gusto del rey, Arjesen sufría de aquellos estallidos de ira demasiado de tarde en tarde. Durante los cinco años que lo había tenido como bufón solo lo había visto descontrolado en dos ocasiones. A veces se preguntaba de dónde sacaba las fuerzas para contenerse tan bien. El dominio que ejercía sobre sus propias emociones le sorprendía. Sin embargo a Nérdegar nada le causaba mayor placer que aplastar aquellas violentas explosiones de genio. Quizá el joven lo adivinaba y por ello las evitaba con tanta determinación.
Les hizo un gesto a los soldados.
—No lo golpeéis —les advirtió el rey. Quería que Arjesen fuera completamente consciente de todo lo que le hacían.
Arjesen esquivó a los soldados y retrocedió hasta que lo acorralaron contra el muro. Sin embargo por fin tres de ellos consiguieron aferrarle por los brazos y por los hombros y lo arrastraron de nuevo hacia el centro del salón. Otros dos le rasgaron la chaqueta y se la quitaron a trozos. Arjesen se sintió tan descorazonado que se sacudió a los soldados. Intentaron contenerle, pero no lo consiguieron. Thanagad tuvo que hacer venir a los guardias que estaban en el pasadizo. Arjesen se revolvía como una fiera. Finalmente consiguieron sujetarlo. Lo asieron por el cabello y le echaron la cabeza hacia atrás. Con las manos enguantadas para no mancharse la piel, dos soldados empezaron a pasarle los dedos mojados en tinte por la cara. Pero Arjesen no se estaba quieto y la tarea resultaba bastante ardua. Le pintaron el rostro y el cuello con gruesas bandas en diagonal, siguiendo las precisas indicaciones de Nérdegar. Y el torso y los brazos con grandes manchas que ondulaban sobre su piel.
—No quiero que le quede un rincón de piel sin pintar —dijo el rey.
Los guardias lo desnudaron del todo. Le derramaron tinte por el resto del cuerpo hasta cubrirlo por completo. Arjesen escuchaba las burlas y los murmullos de los cortesanos. Distinguió voces conocidas, entre ellas las risas de Vrenar, sentía la sorna que llenaba el salón, la malsana diversión que flotaba entre los presentes. Por un instante pensó que iba a enloquecer de rabia.
Cuando hubieron terminado, los soldados lo mantuvieron en pie, ante Nérdegar.
—Ahora está más a mi gusto —lo aprobó.
—Te juro que me lo quitaré, aunque tenga que arrancarme la piel a tiras —le gritó Arjesen  estremecido de ira.
El rey lo contempló, con una sonrisa ensimismada.
—Atadle las manos a la espalda. Es bien capaz de hacer lo que dice.
Los soldados lo hicieron inclinarse y le sujetaron las manos hacia atrás. Trajeron una cuerda y le ataron fuertemente las muñecas. Arjesen gritó otra vez. Cuando lo soltaron cayó al suelo. Se puso de rodillas y se levantó enseguida. Los soldados lo sujetaron de nuevo, para mantenerlo en el sitio.  
—Traed la jaula para lobos más grande que encontréis —le dijo a Thanagad—. Si lo dejo libre es capaz de dejarse la piel en las paredes, aún con las manos atadas.
—Eres un bastardo. Malnacido. Algún día te veré arrodillado a mis pies. Te lo juro —rugió el joven con la voz desgarrada, intentando a la vez liberarse de las manos de los soldados.
—Mañana hablaremos sobre ese tema, bufón —le respondió el rey, de repente con una gelidez que resultaba más peligrosa que cualquier amenaza—. Largo y tendido.
Varios guardias llegaron con una gran jaula de hierro y la dejaron en el suelo, en el centro del salón. Arrastraron al joven por el suelo tirando del cabo de la cuerda y después lo empujaron para meterlo dentro. Pero no había manera de hacerlo entrar. Finalmente Thanagad introdujo la cuerda entre los barrotes de la cabecera de la jaula. Varios hombres la sujetaron con todas su fuerzas, mientras el mismo Thanagad tiraba de la cuerda con brusquedad. Arjesen fue introducido por la estrecha abertura con tirones tan secos, que creyó que iban a arrancarle los brazos. Quedó con la cabeza inclinada, porque la jaula no tenía suficiente altura para que pudiera mantener la espalda erguida. Los soldados fijaron el cabo de la cuerda a dos de los barrotes para mantenerlo lo más quieto posible. Bajaron la puerta de la jaula y la aseguraron con una cadena. Después le cogieron los pies y los sujetaron a los barrotes opuestos con otra cuerda. Como debido al forcejeo las manchas se habían difuminado en algunas partes de su cuerpo, le volcaron encima lo que quedaba en las tinajas de tinte.
El rey los contemplaba desde su silla, aún con su copa en la mano y con los pies descansando sobre la mesa. Por último se levantó para abandonar el salón vacío. Antes de salir descendió del estrado y se detuvo un momento junto a la jaula. Arjesen apenas podía moverse, pero aún así intentó escupirle al rey. Nérdegar se sonrió. El joven tenía los músculos tensos hasta el límite. Le pasó una mano enguantada por el hombro, cerciorándose de las marcas que estaba dejando el tinte.
—He conseguido que parezcas un bufón —le dijo con expresión ausente—. Pero no he conseguido que te sientas como un bufón—. Se secó los dedos en los cabellos del joven—. Thanagad —llamó, mientras se incorporaba—. Voy a celebrar un festín durante tres días ininterrumpidos en su honor. Búscame invitados, ya sabes de qué clase de asistentes hablo.
El joven lo insultó sin morderse la lengua en absoluto. El rey salió del salón encabezando a su corte y esperó al otro lado del umbral. Los soldados les siguieron y atrancaron la puerta, dejando al joven a oscuras en el salón vacio.
—¡Maldito seas! ¡Hijo de una cerda leprosa! ¡Maldito bastardo! Cabrón. Nérdegar
El bufón lo gritó y lo repitió hasta que se cansó, mientras forcejeaba con las cuerdas. Se retorció, soltando los insultos más soeces que había aprendido durante su larga estancia en las callejas del castillo.
Finalmente se detuvo.
Jadeaba y estaba temblando. Arjesen había cambiado de opinión. Había cosas peores que el juego del postre. Las humillaciones que le infligía Nérdegar. El tinte penetraba en la piel y tardaría meses en librarse de las aquellos caprichosos dibujos blancos y negros. Se sentía como si llevara una marca que Nérdegar le había puesto y que todo el mundo podría ver. Estaba tan ciego de furia que bajó la cabeza y la volvió a alzar, golpeándose contra los barrotes de hierro. La brutal punzada de dolor le hizo reaccionar. Respiró hondo. En realidad sabía que aquella ira que lo poseía no tenía sentido. No le servía de nada. No lo ayudaba en absoluto. Lo único que conseguía era colmar aún más los deseos de Nérdegar. Pero ni el mismo comprendía lo que le ocurría a veces. Quizá era un error empeñarse en ignorar la constante tensión que soportaba como si no existiera. Era evidente que estaba dentro de él. Apoyó la frente contra los barrotes. Recordó que en su obcecación, había llamado bastardo y cabrón al rey y había intentado escupirle. No era algo que un rey pudiera pasar por alto y estaba seguro de que a la mañana siguiente Nérdegar pasaría cuentas con él en la pantomima de banquete que se acercaba. Durante tres largos días.
De repente cerró los ojos en un gesto crispado. Esperaba que fuera sólo con él. Aún recordaba con toda claridad lo que había ocurrido la primera vez que lo había desafiado.
Durante el primer año Arjesen no cedía por propia voluntad a nada de lo que le pedían. Le daba igual cuanto llegaran a azotarlo. El no era un bufón. Un bufón no se abalanza sobre un rey y lo golpea. Y eso es lo que hizo en cuanto tuvo ocasión. Ninguno de los soldados logró alcanzarle antes de que saltara sobre la mesa. Él mismo se había sorprendido de la rapidez de su reacción. Le cruzó la cara a Nérdegar con la misma fusta con la que pensaba golpearle a él, con tanto ímpetu que lo derribó de su trono y le provocó una herida larga y sangrante que le recorría el rostro. En ese momento una multitud de soldados lo hizo caer y lo inmovilizó en el suelo. Se preparó para que lo molieran a palos, pero cuando el rey se levantó, secándose la sangre que le caía por las mejillas, les ordenó que no le pegaran. Aquella vez no le tocaron ni un solo cabello. Únicamente lo encadenaron. Pero al día siguiente levantaron un patíbulo en el patio y le cortaron la cabeza a su mejor amigo. Sólo tenía dieciséis años. A Arjesen lo obligaron a presenciarlo. Aun recordaba la mirada asustada que le había dirigido Soer. La tenía clavada dentro como una daga envenenada. Cuando todo hubo terminado, arrastraron al bufón ante los padres del muchacho muerto. La madre de Soer, entre una convulsión de sollozos, lo abofeteó. Arjesen comprendió lo que Nérdegar había querido demostrarle. Quizá había estado esperando desde hacía tiempo una oportunidad como aquella para dejarle las cosas bien claras. Y lo había conseguido. Arjesen supo que no podía huir, que no podía golpearlo y que debía hacer lo que le decían, si no quería que las consecuencias de sus actos cayeran sobre otros. A partir de aquel día su actitud cambió. Cambió su forma de enfrentarse a su situación. Sabía que debía ser más dócil. Y lo fue.
Pero a pesar de su inquebrantable decisión había veces que ya no podía más.
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#29
Holas Momo. He leído todos tus capítulos y debo decirte que son muy buenos, sobre todos los 2 primeros. A parte de tener una prosa muy directa, tienes unos diálogos excelentes. Solo me faltaría alguna baja descripción de algún personajes o entorno en un toque más poético, pero estamos antes un gran trabajo, hay calidad, mucha en tu pluma( buenos teclas de ordenador)
Esto lo bueno.
Lo negativo para mí sería la historia en si; pues aunque empieza muy bueno, me falta algo más de acción o algo para atraparme, pues necesito algo más que tu excelente prosa para acabar de atraparme del todo. Algún misterio que dejes al aire, no se. Algún enemigo que del rey de bufón que se presente y cree alguna duda, no se, dicho cosas por decir, pero creo que me entiendes.
La escena del juego de la mesa es excelente.
Sigue Momo, estoy seguro que puedes sacar un trabajo digno de novela.
Los Reinos Perdidos, mi libro, en fase de terminación; un sueño de un soñador Wink
https://joom.ag/Rx3W
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#30
Buenas compañera Momo, pues ya estamos de vuelta por aquí.
El siguiente trozo del bufón me ha gustado bastante. Sí que es cierto que la acción que transcurre durante la escena se hace algo larga por momentos, pero a su vez, está muy bien hilada para darle cierto ritmo y tensión. Me ha gustado los retazos de información sobre los Marcados por el Fuego, Aire, etc… Le van dando más empaque a la historia. La narrativa como en el capítulo anterior, muy rítmica y amena, a pesar de su extensión, se me hizo ligera. Los personajes cada vez se ven mejor caracterizados, y los diálogos están bien llevados y se nota el trabajo que hay detrás de ellos. Al contrario de lo que pasa en mi novela, en la tuya noto que la trama avanza y se mantiene bien el grado de misterio en general. Me recuerda un poco el estilo de Robin Hobb, no solo por el echo del bufón, sino por el tipo de narrativa. En conclusiva, le veo futuro a tu proyecto. Sigue así compañera. Un saludo y nos leemos
Ven, ven, quienquiera que seas;
Seas infiel, idólatra o pagano, ven
ESTE no es un lugar de desesperación
Incluso si has roto tus votos cientos de veces, aún ven!

(Yalal Ad-Din Muhammad Rumi)
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