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[Fantasía] capítulo 1. prueba de valentía - Versión para impresión

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[Fantasía] capítulo 1. prueba de valentía - Valthor - 09/11/2019

Este es el primer capítulo de una saga de libros que llevó escribiendo hace ya varios años a modo de hobby. Me gustaría que pudieran leerla y darm su opinión acerca de ella. Muchas gracias.

CAPITULO UNO
PRUEBA DE VALENTÍA


El joven Chamán elevó la cabeza para que las gotas de lluvia limpiaran su rostro. Su camino había sido largo y se encontraba exhausto y más cubierto de barro de lo que había estado nunca. Llevaba más de dos días de viaje por entre la selva y para ese momento sus fuerzas casi se habían agotado. Observó los alrededores del lugar en el que estaba, evaluando los posibles peligros a los que podía estar expuesto. El sitio era totalmente desconocido para él y aunque parecía tranquilo, había algo que le inquietaba. Definitivamente si en la selva se guardaba silencio, algo no estaba bien, más aún teniendo en cuenta que se encontraba en la entrada de un lugar lleno de misterios, de criaturas desconocidas, y de peligros que no podía imaginar. La cueva que tenía en frente era la fuente de muchos de los mitos que regían a su pueblo. Las tribus de la selva llamaban a ese lugar “La cuna de las leyendas” y a cada paso que daba, comprendía por qué la llamaban de esa manera. Si bien era un honor caminar por esas tierras, el peso que el joven Chamán sentía en sus hombros no lo dejaba tranquilo.

Solo los locos y los héroes se adentraban en esa parte de la selva y Val’thor Musgonegro, hijo de Val’Gurak, el que hasta hace unos días había sido el eterno líder guerrero de la tribu Musgonegro, definitivamente no era un héroe.
Él sabía que tarde o temprano su pueblo dependería de él. Desde siempre los mohánes se habían comportado igual, En tiempos de hostilidad el líder guerrero era quien tomaba por derecho propio el control de la tribu, y el Chamán solo se limitaba a ser su concejero personal, pero este caso era diferente. Su padre, el líder guerrero de la tribu Musgonegro había desaparecido, y su abuelo, el sabio Chamán que había guiado los espíritus de su gente durante muchos años, parecía estar alistándose para dejar este mundo. Esto solo significaba que pronto se convertiría en el máximo líder de su gente en tiempos de hostilidad cuando su abuelo ya no estuviera.
- >>Zen’kari no contar…<< - pensó para sí mismo mientras seguía cavilando en la responsabilidad que tenía sobre sus hombros.
Era un compromiso que había adquirido desde que era muy niño y había entrenado durante toda su niñez para eso. Esa era la razón por la cual se le conocía como el joven chamán. Con todo esto y muy en el fondo Val’thor no sabía si estaba listo para asumir esa responsabilidad. Tenía miedo, miedo de estar solo, miedo de no saber qué iba a suceder, miedo de no poder responder por la seguridad de su pueblo. Pese a eso y justamente por esa misma razón se encontraba en ese lugar, parado justo en la entrada de una gruta que se conocía como la cueva de la tela de cristal, un lugar temible y desconocido del que solo unos pocos habrían sobrevivido y de la cual solo existían cuentos muy vagos.

Agudizó su mirada, intentando ver el interior de la cueva. Los pocos rayos de luz que iluminaban el camino desde el exterior se detenían justo en la entrada, Parecía como si tuviesen miedo de continuar, al igual que él, pero ya estaba allí, no podía arrepentirse ni regresar, tenía que continuar hasta el final, pasara lo que pasara.
Caminó adentrándose a la cueva por el único pasaje que había en el interior. Sacó de un bolsillo un sonajero rústico y ornamentado de plata y comenzó a moverlo mientras recitaba un breve susurro, solicitando ayuda a las energías del fuego y estas respondieron a su llamado de forma indiferente. Al instante la antorcha que llevaba con él, se prendió con un brillante destello anaranjado que iluminó una parte del pasillo. Caminó con precaución y calma, Escuchando el eco de las gotas que caían desde lo alto del techo y mientras más se adentraba en la cueva y más oscura se ponía, más lo invadía el temor de que en cualquier momento la cueva se viniera abajo, sepultándolo para siempre.

El pasillo era largo y en línea recta, parecía que hubiese sido excavado apropósito hacía mucho tiempo, por lo que suponía, antes que los Mohánes comenzaran a contar sus historias del mundo. Mientras más avanzaba más evidente se hacia el horrible olor de la carne en descomposición, lo que fuera que viviera en esa cueva no se preocupaba por hacer limpieza de las cosas que se comía. Los pocos mitos que hablaban de ese lugar narraban historias de varias criaturas que habitaban ahí, criaturas sin nombre, insectos gigantes, seres sin vida que odiaban la compañía de los vivos. Val’thor nunca había entendido como su gente podía creer en semejantes cuentos, siempre se había burlado de ellos y ahora que se encontraba en ese lugar creía en cada una de las historias que se contaban.

Caminó unos cuantos pasos más por el pasillo y de pronto una ráfaga de viento que venía del interior de la cueva le golpeo el rostro. Había llegado a una cámara amplia y borrosa, Ligeramente iluminada por un hilo de luz que provenía de la parte superior. Su corazón latía con perturbadora tranquilidad para encontrarse tan solo y en un lugar tan oscuro. Sentía miedo, pero, aunque una parte de él quería marcharse de ese lugar, otra quería demostrarse a sí mismo que ya no era un niño, que no era el joven débil y cobarde que algunos creían que era.  Las pruebas que tenían que pasar los que querían ser Chamánes de la selva eran muy complicadas, él más que nadie lo sabía, escogido desde muy niño para tomar el camino de sus antecesores, le habían infundido la idea de convertirse en Chamán, para ser el remplazo del sabio Val’Gurak, su abuelo. Él anciano le había contado innumerables historias de aspirantes que nunca habían regresado de su intento de ser aprobados por las energías de los elementos, quienes eren las que finalmente escogían a los chamánes. En ese momento el destino del mohán no tenía marcha atrás, su abuelo creía en él y su pueblo no tenía otro remedio que confiar plenamente en sus capacidades.

Para Val’thor era muy complicado entender todo lo que había pasado en los últimos días. La visita de los forasteros a su tribu había sido un evento que se había pronosticado desde hacía algún tiempo. Su abuelo, en medio de su sabiduría había detectado anomalías en el comportamiento de la selva y le había advertido que eventos como esos podrían llegar a pasar, que tenía que estar listo y que dentro de poco comenzaría a cumplir su destino, un destino que lo llevaría a ser líder de la tribu y aún más allá. El joven se había negado a creer en las palabras del anciano y ahora se sentía desorientado y confundido, le hubiese gustado haber conversado más con el Chamán, preguntarle más cosas acerca de qué hacer, como comportarse y a quién recurrir. Era extraño cómo desde la perspectiva del joven chamán, el anciano parecía saber todo lo que iba a suceder. En una de sus últimas enseñanzas antes de que el joven hubiese partido hasta ese lugar a cumplir con su destino, el anciano le había explicado cómo realizar un antiguo y olvidado ritual para poder comunicarse con espíritus que se hallaban más allá de lo conocido, “Ser un ritual que hace ya mucho tiempo no practicarse” le había dicho el Chamán, “pero presentir que te será de mucha utilidad cuando el momento llegue” 

Dio unos cuantos pasos y entonces sintió que pisaba algo extraño. Caminó con cuidado mientras intentaba determinar con la planta de sus pies qué era exactamente lo que estaba pisando. La sensación era suave y pegajosa, como si un manto de seda cubriera todo el suelo. El olor de la cueva cada vez se hacía más desagradable y era difícil poder determinar las dimensiones de la misma. El tenue hilo de luz que caía desde el techo no era suficiente y la antorcha no lograba iluminar más que unos cuantos pasos por delante de él. Esa cueva era uno de los últimos lugares en el mundo al que Val’thor le hubiese gustado visitar, pero no tenía otra alternativa, El ritual era muy específico.
- Val’thor debe tener cuidado - se dijo a sí mismo - esta cueva estár plagada de seres indeseables.
- Más indeseable es tu presencia en este lugar - una voz chillona y aguda sonó en medio de las sombras - no deberías estar acá.
- Si, si, si, si, este no es un lugar para que ande un Mohán solo, y menos uno tan joven. sería una presa fácil para ellos - Val’thor se detuvo, en medio de la oscuridad le era difícil descifrar de dónde venían las voces, sabía que estaban cerca pero no podía determinar qué tanto. 
- ¿Quién estar ahí? - preguntó con inquietud, pero con firmeza.
- Los dueños de este lugar - respondió la primera voz con tono desafiante - ¿Qué vienes a hacer acá mohán? acá no se te ha perdido nada?
- Viene a Robarnos Ming - exclamó con furia la segunda voz - todos vienen a lo mismo, hay que eliminarlo por ladrón.
- Dejemos que el extraño hable Mong - respondió la primera voz - quiero escuchar que tiene que decir.
- No querer problemas, yo solo estar buscando el pozo de la tela de cristal - respondió Val’thor con cautela, en la situación en la que estaba no podía darse el gusto de desafiar a nadie.
- Si lo que buscas es el pozo de la tela de cristal vas por el camino correcto - respondió la primera voz - pero necesitamos saber para qué quieres ir hasta ese lugar.
- Yo Necesitar unas gotas de agua para un ritual.
- ¿Ritual? - preguntó la segunda voz - ¿y no puedes usar unas gotas de lluvia o del rio?
- Es que el ritual pedir específicamente gotas de ese pozo - respondió con fingida voz de tranquilidad.
- ¿Y qué clase de ritual requiere unas gotas tan extrañas? - la segunda voz parecía fascinada con la idea de un ritual mágico.
- Un sencillo ritual de fortuna - mintió el joven Chamán ya que no podía dar detalles de lo que tenía en mente. No era apropiado teniendo en cuenta que no sabía con quien hablaba.       
- ¡Ah! Un ritual de fortuna y suerte - la primera voz hablo en tono burlón - ¿y es necesario que expongas tu vida de esta manera solo por un poco de suerte? Este es uno de los lugares más peligrosos de la selva para que alguien entre buscando un poco de suerte, no crees Mong…
- Así lo creo Ming, o este pobre mohán tiene la peor suerte en la historia de la selva o nos está mintiendo - si las dos criaturas supieran por lo que estaba pasando Val’thor y su tribu, ellos entenderían que tenían razón y que fácilmente el joven Chamán podría ser la criatura más desafortunada de la selva. Val’thor en ese momento no supo que decirles.
- Yo creo que este mohán nos está mintiendo porque quiere robarse las riquezas que tenemos escondidas en esta cueva - la primera voz tenía cierto tono de molestia - y así fuera cierta la historia que nos cuentas, dudo mucho que puedas llegar hasta el pozo sin que ellos te descubran y te coman primero, créeme, que te eliminemos nosotros es un favor que te hacemos.

De pronto Val’thor sintió un fuerte golpe detrás de la rodilla de su pierna derecha. Este golpe le hizo inclinarse hacia ese lado hasta apoyarse sobre su rodilla mientras la antorcha caía a un lado de su cuerpo, apagándose casi por completo. Por instinto rodó hacia un lado para evitar el golpe que seguía. Sintió el frio y duro metal de un cuchillo que surcaba el aire y pasaba cerca de donde él había estado hacia unos segundos. Se levantó rápidamente y corrió a ciegas por la cueva intentando encontrar algo con lo que pudiera resguardarse.
- ¿Cómo pretendes protegerte si ni siquiera sabes dónde estamos? - se burló la primera voz.
- Ni si quiera sabe dónde está él - carcajeo la segunda voz - finalmente si no lucharas por sobrevivir no sería divertido matarte. 
Val’thor chocó a ciegas contra una roca grande en la cual se escondió para intentar evitar algún otro ataque. Guardó silencio y esperó algún sonido. Tenía todas las de perder, los Chamánes no estaban acostumbrados al combate cuerpo a cuerpo, Val’thor no era muy bueno en eso y menos cuando se encontraba totalmente ciego.
Si era lo que se imaginaba estaba siendo atacado por dos seres de nombre Muquis, criaturas de pequeño tamaño y aspecto de ancianos además de mal carácter. Amantes de la oscuridad los Muquis habían adaptado sus ojos para poder ver en medio de la penumbra casí completa, lo que les daba una ventaja enorme para emboscar a sus presas. Codiciosos, eran mineros por naturaleza y muy celosos con las riquezas que encontraban bajo tierra. Eran capaces inclusive de matar si sentían que podrían llegar a ser robados por alguien, como era el caso por el que el joven Chamán estaba pasando. Los Muquis al ser seres de poco tamaño no tenían mucha fuerza, pero si eran muy ágiles y aunque Val’thor pudiera ser más rápido que ellos, aún tenía que solucionar el pequeño inconveniente de la oscuridad que lo rodeaba.

Sintió entonces un leve movimiento muy cerca de donde él estaba y antes de que pudiera hacer algo una intensa punzada de dolor le invadió el brazo izquierdo. En un rápido movimiento Val’thor giró su cuerpo y lanzó un puntapié con toda la fuerza que tenía en sus piernas. Al instante un chillido agudo retumbó ruidosamente en toda la caverna. Al parecer había dado en el blanco. Intentó ir en búsqueda del cuerpo al que había golpeado, pero en ese momento sintió otro agudo dolor, esta vez en la espalda. Por unos segundos había olvidado que se enfrentaba a dos traicioneros Muquis y no sólo a uno. Con todas sus fuerzas dio un brinco en el aire y cuando cayó al suelo giró para alejarse de sus atacantes.
- ¡Cállate! - exclamó la segunda voz - vas a hacer que vengan.
- Me pateó la cara - chillo la primera voz con una furia asesina - ¿Que esperabas que hiciera? ¡Voy a asesinarlo! ¡Lo juro!
- Es mejor que nos demos prisa, ellos ya deben saber que estamos acá, no deben tardar en aparecer.
- Deja de ser tan cobarde - reclamó la primera voz - ellos tienen cosas más importantes que hacer que estar cazándonos, te lo aseguro, además deben estar satisfechos con los intrusos que devoraron la vez pasada.
- Yo no estaría tan seguro, ¿o quieres resultar como ellos?
- Como ellos vas a resultar tú si no cierras la boca - amenazó desafiante el primer Muqui.
- ¡Quiero ver que lo intentes!   
Mientras los dos Muquis discutían Val’thor logró llegar a la pared lateral de la cueva y entonces pegó su espalda a ella. Si bien no veía casí nada, era mejor tener claro por dónde iba a llegar el próximo ataque, así no supiera en qué momento llegaría. Palpó su hombro herido y entonces notó un hilo de sangre cálida que bajaba por su brazo, aunque casí no le dolía se le dificultaba un poco el moverlo con libertad. La herida de la espalda le palpitaba inquietantemente, parecía más profunda, aunque nada grave. Tenía una mezcla de enojo y rabia, así como ganas de matar a los dos Muquis con sus propias manos, pero tenía claro que esa no era la manera de comportarse de un Chamán, no la de uno que esperaba sobrevivir en esa situación, así que solamente cerró los ojos e intentó calmarse. Guardó silencio y les pidió fuerza y habilidad a las deidades de la naturaleza mientras respiraba profundamente, intentando aclarar sus pensamientos. Tenía que haber alguna manera de poder escapar de todo eso, había cosas mucho más importantes que hacer que perder el tiempo en esa cueva.

Concentró todos sus sentidos en buscar una salida y entonces notó que el lugar estaba en un silencio que daba escalofríos. Los Muquis habían dejado de discutir y seguramente lo asechaban. >>si solo pudiera ver un poco, estaría a salvo<< pensó y justo en ese momento un escalofrió le recorrió la nuca. Eran las energías de los elementos que estaban tratando de comunicase con el, así que despejó su mente para escuchar que le tenía que decir.
Contactó con las energías del fuego quienes, aunque se habían mostrado indiferentes a su primer llamado, en ese momento se encontraban inquietas y erráticas mientras trataban de hacerle saber que no estaba seguro en ese lugar. Las energías de la tierra, que abundaban a su alrededor, le informaban que algo grande acababa de entrar en la recámara, algo que era peligrosamente silencioso para ser tan grande.  Las energías del agua y del viento por su parte, le gritaban con desespero que se largara de ahí en ese preciso momento si quería vivir lo suficiente como para que ellas lo aceptaran totalmente como un chamán.

Val’thor pudo percibir unas sombras que se movían a su alrededor y entonces agudizó su vista intentando descifrar que era lo que lo rodeaba. Miró rápidamente a través de la oscuridad toda la recámara en búsqueda de algo sospechoso, pero lo que llamó su atención fue un destello de luz tenue que iluminaba desde el otro lado de la cueva. La luz estaba casí extinta, pero casí podía transmitir calor. Fue entonces cuando Val’thor recordó la antorcha con la que había entrado a la cueva. Con el fuego que aun no se habia extinguido en la antorcha más sus habilidades con el viento podría avivar la llama lo suficiente como para alumbrar el lugar y poner en evidencia las intenciones de los Muquis.

Suponiendo lo que iban a hacer sus agresores, usó la corriente de viento que recorría el lugar y recitando una oración antigua, pidió ayuda a las energías del viento que sin dudarlo generaron una fuerte ráfaga frente a él. La corriente golpeó y arrojó los dos cuerpos agresores por el aire. Su plan, aunque improvisado había dado resultado. Corrió hacia donde se encontraba la antorcha, pero tuvo que detenerse en ese momento. El suelo se sacudió y crujió con una fuerza ensordecedora. Al instante uno de los dos Muquis chilló desgarradoramente profesando un dolor insoportable mientras Val’thor era golpeado y arrojado por los aires con una potencia increíble. El joven Chamán perdió la capacidad de controlar su cuerpo mientras volaba descontroladamente a través de la recámara.
En ese momento el segundo Muqui aulló con horror al tiempo que se escuchó el crujir de un cuerpo y un rugido sordo y escalofriante.
- ¡Son ellos! - Gritó el muqui - ¡están aquí, estamos perdidos! - su voz demostraba tanto terror que era difícil creer que existiera un miedo parecido en un solo cuerpo.
- AHHH!!!! - gritó el primer Muqui - ¡¡Ayúdame Mong, No dejes que me coma!!
- No puedo detenerlos Ming - su voz era desesperada - lo siento - varios golpes se escucharon en medio de la oscuridad.
- ¡¡No me dejes acá cobarde, no quiero morir así!! - la segunda voz luchaba con todas sus fuerzas - ¡¡suéltame criatura repugnante!! - luego se escuchó el crujir de unos huesos mientras la voz se apagaba de golpe.
Val’thor no sabía que estaba pasando, pero si estaba seguro de una cosa, su vida estaba en más peligro que nunca. Los elementos le habian dicho la verdad. A la cueva había llegado algo, pero temía saber que era, tenía que escapar lo más pronto posible. Continuó su carrera hasta que llegó junto a la antorcha que casí se extinguía. Sin pensar en lo que estaba sucediendo en medio de la oscuridad, tomó la antorcha y recitó una de las oraciones del fuego mientras se concentraba en las pocas energías que aun quedaban en ella. Las alentó a explotar con fuerza y estas respondieron a su llamado con gusto. Al instante la llama se encendió con una fuerza ardiente mientras alumbraba con una intensa luz naranja toda la cámara de la cueva. Fue entonces cuando pudo ver lo que estaba pasando.

Frente a el, a unos metros de distancia, dos criaturas que Val’thor no había visto nunca antes. De cabeza pequeña y antenas largas y encorvadas, las criaturas tenían 6 patas largas y puntiagudas con ganchos que sobresalían en varias partes tenían un caparazón sólido y verdoso que parecía darles el aspecto de una cucaracha gigante y ocho ojos enormes de un color negro como la noche y sus mandíbulas eran dos enormes pinzas que parecían metálicas, capaces de destrozar cualquier cosa. Aunque nunca los había visto antes, el joven Chamán estaba casí seguro que esas criaturas tenían que ser unos Abyrat, criaturas del mundo subterráneo. Indeseables seres que poco contacto habían tenido con los seres de la superficie. Más parecidos a insectos, su comportamiento era destructivo y asesino. Poco se sabía de estas criaturas ya que muy pocas personas habían sobrevivido a algún tipo de contacto con ellos. Val’thor sabía que tenía que irse lo antes posible, no había ninguna posibilidad de sobrevivir si se quedaba en ese lugar.

Una de las dos criaturas había capturado a su presa y se la devoraba con gusto, pero la otra tenía sus ocho ojos fijos en él. Tenía que hacer algo y tenía que hacerlo pronto. Investigó rápidamente el interior visible de la cueva. Podía salir por el mismo camino por el que había entrado y resignarse a recolectar el agua del pozo, pero si lo hacía estaba seguro que estaría perdido, y con él la tribu Musgonegro. Además, entre él y la entrada se encontraba el Abyrat hambriento.
Se levantó de golpe justo para esquivar una de las patas del insecto gigante. Esta se clavó como una lanza en el suelo dándole tiempo al Mohán de poder correr en la dirección contraria. Rápidamente miró hacia el techo de la caverna, pero era tan alto que la antorcha no alcanzaba a iluminarlo. Recorrió con rapidez la pared de la roca, pero el otro Abyrat lo interceptó golpeándolo en el pecho con una de sus patas. El joven Chamán voló nuevamente por los aires y esta vez aterrizó cerca de la roca donde se había escondido la primera vez. Inmediatamente después de caer sintió un ardor enorme en el pecho y como le comenzaba una comezón desesperante. Se incorporó lo mas rápido que pudo solo para ver que los dos Abyrat se dirigían con inquietante velocidad hacia él. Como por reflejo, corrió hacía ellos y pasando torpemente por entre las patas de los insectos gigantes, logró esquivarlos entre empojones, golpes y rasguños.
Giró en sus talones y miró a su alrededor, tratando de encontrar algo que le ayudara a salir con vida de ese enfrentamiento. Fue en ese momento en el que pudo notar que había un hueco redondo en el suelo. Frente a él, el Muqui que aún quedaba con vida miraba su interior con indecisión y entonces Val’thor evaluó toda la situación. Los Abyrat parecían ser concientes de que no podían permitir un camino fácil hacia la entrada de la recámara, de tal manera que, aunque siempre atacaban desde diferentes lados, nunca dejaban libre el paso hacia esa salida, por lo que el joven chamán no consideraba una buena idea intentar evadir a sus dos cazadores para tratar de salir por ese lado. Y al no haber ningún otro camino dentro de la recámara, la única salida que veía posible, aunque fuera una idea totalmente descabellada, era dirigirse hacia el hueco en el que el muqui no se atrevia a saltar.

Sin pensarlo dos veces corrió hacia él y antes de que pudiera arrepentirse, lo empujó y los dos cayeron con rapidez. El agujero pronto se convirtió en un tobogán por el que se deslizaron varios metros hasta que se estrellaron con una pared de roca maciza.

El golpe lo sacudió con intensidad y por unos momentos sintió que perdía el conocimiento. Intentó enfocar su mirada tratando desesperadamente de no caer desmayado y con rapidez se apoyó en la pared contra la que se habían estrellado, luchando con todas sus fuerzas para no perder el equilibrio. En ese momento escuchó una voz en su interior. Una voz que conocía más que bien.
“¿Tu entender lo que representar?” - La voz del sabio Val’gurak se escuchaba con nitidez dentro de la cabeza de Val’thor - “Aun no haber dimensionado en su totalidad la importancia de tu presencia en todo esto…” “Salvar a tu tribu y evitar que desaparezcan los Musgonegro ser sólo una de las misiones que tienes, tu no olvidarlo…”


RE: [Fantasía] capítulo 1. prueba de valentía - Iramesoj - 11/11/2019

Aquí pocos comentarios vas a recibir, pero si te apuntas al dragón lector, entonces te leeremos unos cuantos, miratelo:

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