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		<title><![CDATA[Archivo de Fantasitura - Tu comunidad de literatura fantástica y afines - Tus historias]]></title>
		<link>http://clasico.fantasitura.com/</link>
		<description><![CDATA[Archivo de Fantasitura - Tu comunidad de literatura fantástica y afines - http://clasico.fantasitura.com]]></description>
		<pubDate>Mon, 06 Apr 2026 01:25:30 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Duelo con un dragón]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3220</link>
			<pubDate>Wed, 09 Mar 2022 06:19:14 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=613">Duncan Idaho</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3220</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El dragón voló bajo, enviando una columna de llamas que Cass esquivó con dificultad. <br />
<br />
—¿Podría haber sido él quien quemó todo?—se dijo a sí mismo refiriéndose a la devastación de Galin, la otrora riquísima ciudad del antiguo y lejano reino de Forland, que ahora sólo era cenizas y escombros en llamas.<br />
<br />
Cass y Lena, su compañera de aventuras, recientemente convertida en amante, habían quedado atrapados en la ciudad durante el ataque y ahora estaba tratando de enfrentarse al dragón. La bestia aterrizó y cálculo su tamaño. <br />
<br />
—Mierda—, murmuró Cass, —al menos 20 varas desde el hocico hasta la punta de la cola y 30 o 35 varas en las alas.</span><br />
<br />
El dragón lanzó su cabeza hacia adelante y escupió sus llamas, Cass apenas reaccionó levantando los brazos mientras murmuraba un conjuro silencioso que hizo que un chorro de fuego saliera de sus manos. Los dos chorros de fuego se encontraron en el aire y crearon una explosión que arrojó a ambos combatientes hacia atrás. Cass fue el primero en ponerse de pie, vió que el dragón estaba maltrecho, tenía un herida en su pecho de la que sangraba profusamente. <br />
<br />
Aprovechó para correr hacia él, pero el dragón se recuperó rápidamente y voló hacia él con las garras extendidas. Cass apenas pudo esquivarlas y las garras del dragón se clavaron en el suelo, desgarrando la tierra. Cass aprovechó la oportunidad para correr hacia el dragón y, cuando estuvo lo suficientemente cerca, saltó y clavó su espada en el cuello del dragón. Los gritos del dragón llenaron el aire y trató de quitarse de encima a Cass, pero él se aferró con fuerza. Con un último y poderoso aleteo de sus alas, el dragón despegó hacia el cielo, llevándose a Cass con él. Los movimientos del dragón se volvieron cada vez más erráticos y luego, con un último y poderoso aleteo, cayó del cielo, estrellándose contra el suelo en una explosión de llamas. Cass aterrizó a unos metros de distancia, todavía sujetando su espada. Podía sentir el calor de la sangre del dragón que cubría su piel. Miró el cuerpo del dragón y luego, con un último y poderoso golpe de su espada, le cortó la cabeza. Cass se quedó allí por unos momentos, jadeando por la pelea. Observando cómo el cuerpo del dragón se retorcia  durante unos instantes hasta quedar inmóvil. Él estaba cubierto de sangre  y con sus ropas desgarradas, pero se sentía eufórico. Había matado a un dragón. Él era un héroe.<br />
<br />
<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite>Estoy probando una página que usa inteligencia artificial para generar texto.<br />
<br />
Lo de negrita es lo que escribí yo, lo demás salió casi totalmente de la inteligencia artificial, modifique dos o tres oraciones para que tuviera más sentido, a ver qué les parece</blockquote>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">El dragón voló bajo, enviando una columna de llamas que Cass esquivó con dificultad. <br />
<br />
—¿Podría haber sido él quien quemó todo?—se dijo a sí mismo refiriéndose a la devastación de Galin, la otrora riquísima ciudad del antiguo y lejano reino de Forland, que ahora sólo era cenizas y escombros en llamas.<br />
<br />
Cass y Lena, su compañera de aventuras, recientemente convertida en amante, habían quedado atrapados en la ciudad durante el ataque y ahora estaba tratando de enfrentarse al dragón. La bestia aterrizó y cálculo su tamaño. <br />
<br />
—Mierda—, murmuró Cass, —al menos 20 varas desde el hocico hasta la punta de la cola y 30 o 35 varas en las alas.</span><br />
<br />
El dragón lanzó su cabeza hacia adelante y escupió sus llamas, Cass apenas reaccionó levantando los brazos mientras murmuraba un conjuro silencioso que hizo que un chorro de fuego saliera de sus manos. Los dos chorros de fuego se encontraron en el aire y crearon una explosión que arrojó a ambos combatientes hacia atrás. Cass fue el primero en ponerse de pie, vió que el dragón estaba maltrecho, tenía un herida en su pecho de la que sangraba profusamente. <br />
<br />
Aprovechó para correr hacia él, pero el dragón se recuperó rápidamente y voló hacia él con las garras extendidas. Cass apenas pudo esquivarlas y las garras del dragón se clavaron en el suelo, desgarrando la tierra. Cass aprovechó la oportunidad para correr hacia el dragón y, cuando estuvo lo suficientemente cerca, saltó y clavó su espada en el cuello del dragón. Los gritos del dragón llenaron el aire y trató de quitarse de encima a Cass, pero él se aferró con fuerza. Con un último y poderoso aleteo de sus alas, el dragón despegó hacia el cielo, llevándose a Cass con él. Los movimientos del dragón se volvieron cada vez más erráticos y luego, con un último y poderoso aleteo, cayó del cielo, estrellándose contra el suelo en una explosión de llamas. Cass aterrizó a unos metros de distancia, todavía sujetando su espada. Podía sentir el calor de la sangre del dragón que cubría su piel. Miró el cuerpo del dragón y luego, con un último y poderoso golpe de su espada, le cortó la cabeza. Cass se quedó allí por unos momentos, jadeando por la pelea. Observando cómo el cuerpo del dragón se retorcia  durante unos instantes hasta quedar inmóvil. Él estaba cubierto de sangre  y con sus ropas desgarradas, pero se sentía eufórico. Había matado a un dragón. Él era un héroe.<br />
<br />
<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite>Estoy probando una página que usa inteligencia artificial para generar texto.<br />
<br />
Lo de negrita es lo que escribí yo, lo demás salió casi totalmente de la inteligencia artificial, modifique dos o tres oraciones para que tuviera más sentido, a ver qué les parece</blockquote>
]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fantasía - Escuela de Magia] Las Cuatro Casas]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3214</link>
			<pubDate>Thu, 17 Feb 2022 04:27:29 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1153">Selmeras</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3214</guid>
			<description><![CDATA[--Edición --<br />
<br />
PROYECTO CANCELADO<br />
<br />
En el último mensaje de este tema encontrarán explicadas las "banderas rojas" que me han motivado a cancelar el proyecto.<br />
<br />
--Fin de edición --<br />
<br />
<br />
<br />
Hola a todos.<br />
<br />
Me lanzo al agua. Al diablo el miedo y el perfeccionismo.<br />
<br />
El siguiente texto es el primer borrador y no está revisado apropiadamente.<br />
<br />
Solo me gustaría si me pudieran decir si los personajes se sienten reales.<br />
<br />
Gracias.<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Las Cuatro Casas</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"> </div>
# 1<br />
 <br />
La mesa estaba servida con un suntuoso desayuno, pero Alice apenas podía pasar bocado.<br />
-Lo hago por ti -dijo su madre, masticando apresuradamente-. ¿Cómo crees que te tratarán si saben que eres mi hija?<br />
-Sí, madre.<br />
-El Director fue muy generoso al darnos esta oportunidad. No lo olvides.<br />
-Sí, madre.<br />
-Y a partir de ahora, llámame Profesora Hingley.<br />
Alice se sentía hundir en la silla. No dijo nada y trató de fingir que comía. De pronto, su madre se puso en pie.<br />
-Bueno, ya me voy. En una hora vendrá un carruaje a llevarte al muelle. Estate lista.<br />
Alice tan solo asintió con la cabeza.<br />
-Y recuerda. Nadie debe saberlo.<br />
-Sí, m... -Alice estuvo a punto de decir “madre”, pero la mirada de su madre la frenó-. Sí, Profesora Hingley.<br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">***</div>
 <br />
Alice se aproximó al inmenso barco. Eran muy distinto a todos los otros que flotaban en el puerto. Incluso los veleros más grandes parecían juguetes junto a la oscura masa metálica.<br />
Se dirigió hacia la puerta de popa y pronto vio otros estudiantes de uniformes grises, aglomerándose en las cercanías.<br />
-¡Alice! -gritó una chica, corriendo hacia ella.<br />
-Carla.<br />
Las dos chicas se abrazaron fuertemente y Alice sintió que su corazón volvía a latir.<br />
-Alice, que bueno que llegaste, me estaba aburriendo como hongo.<br />
Su amiga Carla estaba más alta y hermosa que nunca. El uniforme le sentaba maravillosamente.<br />
Se quedaron charlando, poniéndose al día, lo cual significaba escuchar acercad de los romances de verano de Carla.<br />
-¿Dónde está Vi? Más vale que se aparezca pronto. Quiero entrar de una vez.<br />
Como si de un conjuro se tratara, llegó ante ellas un carruaje muy elegante que llamó la atención de todos. Sus ruedas eran doradas y estaba tirado por un inmaculado caballo blanco.<br />
-Qué te apuesto a que…<br />
Al abrirse la puerta del carruaje, bajó una joven de uniforme gris, exhumando elegancia y buen porte. Sonrió al verlas y se adelantó a su encuentro.<br />
-Que estilo, como siempre Vi -dijo Carla, mientras esta abrazaba a Alice.<br />
-Ah, cállate, es de la embajada. Les gusta presumir.<br />
 <br />
 <br />
El interior del barco era mucho más acogedor de lo que su amenazante exterior sugería.<br />
-Oh, no me lo había imaginado así -dijo Alice, observando el espacioso vestíbulo, revestido en madera lustrosa y generosamente alumbrado por lámparas de fino cristal.<br />
Carla rió.<br />
-¿Y cómo lo habías imaginado? ¿Cómo la cueva de un goblin?<br />
Su amiga fue hasta el banco libre más cercano y se sentó, exhalando un fuerte suspiro.<br />
-Oh, estoy fundida. Veintiocho horas en el tren. Odio los trenes, no dormí nada. ¿Qué hay de ustedes?<br />
-Yo llegué ayer -declaró Vivian-. El embajador y su esposa fueron tan amables de recibirme en su casa. Pasé una noche muy agradable.<br />
-Afortunada. ¿Y tú, Alice? ¿Cuándo llegaste?<br />
A Alice se le pasaron por la mente los días que pasó encerrada en el hotel, mientras su madre trataba asuntos de la escuela.<br />
-¿Alice? -le llamó la atención Carla al ver que no respondía.<br />
-Ayer, también -mintió-. Me quedé en un hotel del centro.<br />
Vivi la miró suspicazmente.<br />
-Parece que Car no fue la única que no durmió bien anoche. ¿Muchos nervios, Ali?<br />
Alice sonrió y dio gracias de que ese día, todas tenían motivos para no actuar como de costumbre.<br />
De pronto, Carla vociferó, poniéndose de pie.<br />
-Vamos, salgamos a cubierta. Me asfixio aquí.<br />
-¿No era que estabas cansada? -rió Viv, pero la siguieron sin más.<br />
 <br />
Afuera, el sol de la mañana estaba ya alto y aportaba un generoso calor a todo cuanto tocaba. Los uniformes grises llenaban la pequeña cubierta, que al parecer estaba reservada para los nuevos ingresos.<br />
-¿Dónde creen que nos toque? -dijo luego, recostada contra la barandilla y observando hacia la cubierta inferior, donde se esparcía el resto del estudiantado.<br />
-A ti -dijo Vivi-, seguro que en los cabeza de chorlito.<br />
-Ja… ja -respondió.<br />
Alice no dijo nada y sin poder evitarlo su mirada fue hacia los uniformes azul y plata que se aglomeraban hacia la derecha. Carla lo notó y dijo:<br />
-¿Alquimia, Alice? ¿Estás segura? Escuché que la nueva regente es una arpía. <br />
De pronto Alice sintió que se le aflojaban las rodillas y tuvo que agarrarse fuerte de la baranda.<br />
-¿Alice, estás bien?<br />
 -Creo que es el calor.<br />
Sus amigas la ayudaron a sentarse en una de las reposeras y le trajeron una bebida fría. Sus miradas de preocupación se le clavaban en el corazón. ¡Quería decirles! Quería contarles todo y que se abrazaran las tres como siempre lo hacían. Pero no podía.<br />
Entonces sonó un ruido atronador y el barco se puso en movimiento.<br />
-Descansa, Ali -dijo Viv-. Trata de dormir. Tenemos varias horas de viaje.<br />
-¡Esperen! -dijo ella, tomándolas a ambas del brazo -. ¿Prometen que no dejaremos de ser amigas? Aunque estemos en diferentes casas.<br />
-Claro tonta -dijo Carla-, ¿qué tiene que ver?<br />
-Ahora cierra los ojos y no te muevas, o voy a tener que hechizarte.<br />
Alice rió a pesar suyo.<br />
-Gracias.<br />
 <br />
Luego de la siesta, Alice se sintió mucho mejor y disfrutó del resto del viaje junto a sus amigas. Incluso se animó a comer algo de lo que trajo Carla del comedor.<br />
-Te ves mucho mejor ahora, Ali.<br />
-Sí, me siento mucho mejor.<br />
-Seguro que te salteaste el desayuno por miedo a marearte. Pero Ali, el barco de Hogwarts no es como todos los barcos.<br />
-Ya lo sé, no fue eso -replicó ella, pero pensándolo bien, sí había desayunado poco.<br />
-Pues tuviste suerte. Te libraste de un discurso muy aburrido de un par de conserjes, o algo así.<br />
-Consejeros -corrigió Vi.<br />
-Sí, como sea. Muy aburrido.<br />
A Alice no le pareció tan buena suerte. Aún no habían llegado y ya se estaba perdiendo cosas. <br />
 <br />
A la media tarde, escucharon alguien gritar.<br />
-Allí está. La veo.<br />
Todos se apresuraron contra la barandilla. Allá en el horizonte, una pequeña mancha rompía la perfecta línea entre el cielo y el mar. La Isla Negra. Su nuevo hogar.<br />
Instintivamente las tres se tomaron de las manos.<br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">***</div>
 <br />
A medida que la isla fue creciendo y tomando forma, se volvió cada vez más amenazante y siniestra. Todos los alumnos nuevos se quedaron como hechizados por su oscura e imponente presencia. Los negros muros contra los que rompían las olas eran casi tan altos como el propio barco.<br />
-Es tal cual en los libros -se maravilló Vi.<br />
-Sí -respondió Carla-. Solo que los libros no decían que daba tanto miedo.<br />
-Es una fortaleza- le recordó-. Debe inspirar miedo.<br />
Alice solo esperaba que al igual que el barco, el hostil exterior guardara un interior más amigable.<br />
 <br />
Las últimas luces del día pintaban colores extraños sobre los interminables muros, cuando finalmente bajaron del barco. Les aguardaban unos carruajes que parecían reliquias sacadas de un museo. Claro que nada de esto ayudaba a Alice con sus nervios. Por suerte iba prendida al brazo de sus dos amigas y no pensaba soltarlas.<br />
Luego de muchas vueltas y giros, llegaron ante unas enormes puertas. Todos los estudiantes de gris estaban allí.<br />
-Les va a hablar la subdirectora Carfax -dijo de pronto una voz muy potente.<br />
Una mujer pequeña y muy anciana, apareció frente a ellos de la nada. Su rostro estaba increíblemente arrugado pero sus ojos resplandecían con vivacidad.<br />
-Bienvenidos a Hogwarts -dijo, y todos la escucharon como si no hubiera nadie más alrededor. De hecho, todos la vieron como si estuvieran parados en primera fila. -Primero que nada, quiero felicitarlos por estar aquí. Ya es un logro por sí mismo. Pero sepan que se espera mucho más de ustedes. Una vez atraviesen estas puertas, comenzarán una nueva vida. Respeten el código de conducta, esfuércense en sus clases, y permitan que Hogwarts los convierta en los magos que están destinados a ser.<br />
Las puertas se abrieron y pasaron a un salón enorme, de techos altísimos. Al parecer todo era de grandes proporciones en la Isla Negra.<br />
Toda la escuela estaba allí. Observando. Expectante.<br />
Alice se apretó a sus amigas.<br />
Un anciano alto y majestuoso les dio la bienvenida con amables palabras, pero a Alice se le dificultó retener su significado. Su hablar era tan pausado que parecía estaban escuchando a un antiguo espíritu de la tierra.<br />
Entonces la vio, sentada junto quienes supuso serían otros profesores. Su madre. <br />
Instintivamente buscó esconderse de su mirada, pero no era necesario, su madre no miraba hacia los alumnos sino al anciano.<br />
-¿Alice, qué haces? -susurró Carla.<br />
-Perdón -susurró a su vez y aflojó el brazo para no jalar el de su amiga.<br />
 Sabía que era absurdo, pero no podía evitarlo. No quería estar ante su madre.<br />
Cuando el Director terminó de hablar, comenzaron a llamarles uno por uno. No tardaron en llamar a Carla.<br />
-Carla Brianny.<br />
Su amiga le dio un fuerte apretón y se soltó. Momentos más tarde, su uniforme se volvía Oro y Escarlata ante una lluvia de aplausos.<br />
-Obvio -dijo Viv, que aún estaba a su lado.<br />
Carla fue hacia donde estaba la Casa de Fuego y la perdieron de vista.<br />
De pronto le pareció que su madre la había mirado, pero al voltear sus ojos a la mesa de profesores, vio que escuchaba lo que le decía otro profesor.<br />
-Alice, vas vos -apremió Vi.<br />
¿Cómo? ¿Ya? ¿A dónde se habían ido todos? Entonces se dio cuenta que del grupo original solo quedaba la mitad.<br />
Viv tuvo que empujarla suavemente para que comenzara a caminar.<br />
Se apartó del grupo y caminó hacia adelante, evitando en todo momento desviar su mirada hacia la de su madre, que le quemaba como dos brasas ardientes.<br />
De algún modo llegó ante el Oráculo. La enorme piedra zumbaba ligeramente. Era como si estuviera viva.<br />
-Apoya tu mano -le tuvo que repetir la anciana.<br />
Sonaba muy sencillo, pero ese zumbido no era nada alentador que digamos. Igual sabía que todos estaban esperando por ella y no quería seguir allí más de lo necesario. La tocó.<br />
-¡Ilusión!<br />
Alguien la llevó a la mesa. Recibió aplausos y palmadas de sus compañeros de casa. Muchos le hablaban, pero ella no escuchaba nada. Cuando finalmente pudo sentarse, miró hacia su madre. La profesora Hingley aplaudía con aprobación a un nuevo estudiante de Alquimia. Era Viv.<br />
-¿Alice? Alice, ¿te sientes bien?<br />
Todo se volvió negro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[--Edición --<br />
<br />
PROYECTO CANCELADO<br />
<br />
En el último mensaje de este tema encontrarán explicadas las "banderas rojas" que me han motivado a cancelar el proyecto.<br />
<br />
--Fin de edición --<br />
<br />
<br />
<br />
Hola a todos.<br />
<br />
Me lanzo al agua. Al diablo el miedo y el perfeccionismo.<br />
<br />
El siguiente texto es el primer borrador y no está revisado apropiadamente.<br />
<br />
Solo me gustaría si me pudieran decir si los personajes se sienten reales.<br />
<br />
Gracias.<br />
<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align">Las Cuatro Casas</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"> </div>
# 1<br />
 <br />
La mesa estaba servida con un suntuoso desayuno, pero Alice apenas podía pasar bocado.<br />
-Lo hago por ti -dijo su madre, masticando apresuradamente-. ¿Cómo crees que te tratarán si saben que eres mi hija?<br />
-Sí, madre.<br />
-El Director fue muy generoso al darnos esta oportunidad. No lo olvides.<br />
-Sí, madre.<br />
-Y a partir de ahora, llámame Profesora Hingley.<br />
Alice se sentía hundir en la silla. No dijo nada y trató de fingir que comía. De pronto, su madre se puso en pie.<br />
-Bueno, ya me voy. En una hora vendrá un carruaje a llevarte al muelle. Estate lista.<br />
Alice tan solo asintió con la cabeza.<br />
-Y recuerda. Nadie debe saberlo.<br />
-Sí, m... -Alice estuvo a punto de decir “madre”, pero la mirada de su madre la frenó-. Sí, Profesora Hingley.<br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">***</div>
 <br />
Alice se aproximó al inmenso barco. Eran muy distinto a todos los otros que flotaban en el puerto. Incluso los veleros más grandes parecían juguetes junto a la oscura masa metálica.<br />
Se dirigió hacia la puerta de popa y pronto vio otros estudiantes de uniformes grises, aglomerándose en las cercanías.<br />
-¡Alice! -gritó una chica, corriendo hacia ella.<br />
-Carla.<br />
Las dos chicas se abrazaron fuertemente y Alice sintió que su corazón volvía a latir.<br />
-Alice, que bueno que llegaste, me estaba aburriendo como hongo.<br />
Su amiga Carla estaba más alta y hermosa que nunca. El uniforme le sentaba maravillosamente.<br />
Se quedaron charlando, poniéndose al día, lo cual significaba escuchar acercad de los romances de verano de Carla.<br />
-¿Dónde está Vi? Más vale que se aparezca pronto. Quiero entrar de una vez.<br />
Como si de un conjuro se tratara, llegó ante ellas un carruaje muy elegante que llamó la atención de todos. Sus ruedas eran doradas y estaba tirado por un inmaculado caballo blanco.<br />
-Qué te apuesto a que…<br />
Al abrirse la puerta del carruaje, bajó una joven de uniforme gris, exhumando elegancia y buen porte. Sonrió al verlas y se adelantó a su encuentro.<br />
-Que estilo, como siempre Vi -dijo Carla, mientras esta abrazaba a Alice.<br />
-Ah, cállate, es de la embajada. Les gusta presumir.<br />
 <br />
 <br />
El interior del barco era mucho más acogedor de lo que su amenazante exterior sugería.<br />
-Oh, no me lo había imaginado así -dijo Alice, observando el espacioso vestíbulo, revestido en madera lustrosa y generosamente alumbrado por lámparas de fino cristal.<br />
Carla rió.<br />
-¿Y cómo lo habías imaginado? ¿Cómo la cueva de un goblin?<br />
Su amiga fue hasta el banco libre más cercano y se sentó, exhalando un fuerte suspiro.<br />
-Oh, estoy fundida. Veintiocho horas en el tren. Odio los trenes, no dormí nada. ¿Qué hay de ustedes?<br />
-Yo llegué ayer -declaró Vivian-. El embajador y su esposa fueron tan amables de recibirme en su casa. Pasé una noche muy agradable.<br />
-Afortunada. ¿Y tú, Alice? ¿Cuándo llegaste?<br />
A Alice se le pasaron por la mente los días que pasó encerrada en el hotel, mientras su madre trataba asuntos de la escuela.<br />
-¿Alice? -le llamó la atención Carla al ver que no respondía.<br />
-Ayer, también -mintió-. Me quedé en un hotel del centro.<br />
Vivi la miró suspicazmente.<br />
-Parece que Car no fue la única que no durmió bien anoche. ¿Muchos nervios, Ali?<br />
Alice sonrió y dio gracias de que ese día, todas tenían motivos para no actuar como de costumbre.<br />
De pronto, Carla vociferó, poniéndose de pie.<br />
-Vamos, salgamos a cubierta. Me asfixio aquí.<br />
-¿No era que estabas cansada? -rió Viv, pero la siguieron sin más.<br />
 <br />
Afuera, el sol de la mañana estaba ya alto y aportaba un generoso calor a todo cuanto tocaba. Los uniformes grises llenaban la pequeña cubierta, que al parecer estaba reservada para los nuevos ingresos.<br />
-¿Dónde creen que nos toque? -dijo luego, recostada contra la barandilla y observando hacia la cubierta inferior, donde se esparcía el resto del estudiantado.<br />
-A ti -dijo Vivi-, seguro que en los cabeza de chorlito.<br />
-Ja… ja -respondió.<br />
Alice no dijo nada y sin poder evitarlo su mirada fue hacia los uniformes azul y plata que se aglomeraban hacia la derecha. Carla lo notó y dijo:<br />
-¿Alquimia, Alice? ¿Estás segura? Escuché que la nueva regente es una arpía. <br />
De pronto Alice sintió que se le aflojaban las rodillas y tuvo que agarrarse fuerte de la baranda.<br />
-¿Alice, estás bien?<br />
 -Creo que es el calor.<br />
Sus amigas la ayudaron a sentarse en una de las reposeras y le trajeron una bebida fría. Sus miradas de preocupación se le clavaban en el corazón. ¡Quería decirles! Quería contarles todo y que se abrazaran las tres como siempre lo hacían. Pero no podía.<br />
Entonces sonó un ruido atronador y el barco se puso en movimiento.<br />
-Descansa, Ali -dijo Viv-. Trata de dormir. Tenemos varias horas de viaje.<br />
-¡Esperen! -dijo ella, tomándolas a ambas del brazo -. ¿Prometen que no dejaremos de ser amigas? Aunque estemos en diferentes casas.<br />
-Claro tonta -dijo Carla-, ¿qué tiene que ver?<br />
-Ahora cierra los ojos y no te muevas, o voy a tener que hechizarte.<br />
Alice rió a pesar suyo.<br />
-Gracias.<br />
 <br />
Luego de la siesta, Alice se sintió mucho mejor y disfrutó del resto del viaje junto a sus amigas. Incluso se animó a comer algo de lo que trajo Carla del comedor.<br />
-Te ves mucho mejor ahora, Ali.<br />
-Sí, me siento mucho mejor.<br />
-Seguro que te salteaste el desayuno por miedo a marearte. Pero Ali, el barco de Hogwarts no es como todos los barcos.<br />
-Ya lo sé, no fue eso -replicó ella, pero pensándolo bien, sí había desayunado poco.<br />
-Pues tuviste suerte. Te libraste de un discurso muy aburrido de un par de conserjes, o algo así.<br />
-Consejeros -corrigió Vi.<br />
-Sí, como sea. Muy aburrido.<br />
A Alice no le pareció tan buena suerte. Aún no habían llegado y ya se estaba perdiendo cosas. <br />
 <br />
A la media tarde, escucharon alguien gritar.<br />
-Allí está. La veo.<br />
Todos se apresuraron contra la barandilla. Allá en el horizonte, una pequeña mancha rompía la perfecta línea entre el cielo y el mar. La Isla Negra. Su nuevo hogar.<br />
Instintivamente las tres se tomaron de las manos.<br />
 <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">***</div>
 <br />
A medida que la isla fue creciendo y tomando forma, se volvió cada vez más amenazante y siniestra. Todos los alumnos nuevos se quedaron como hechizados por su oscura e imponente presencia. Los negros muros contra los que rompían las olas eran casi tan altos como el propio barco.<br />
-Es tal cual en los libros -se maravilló Vi.<br />
-Sí -respondió Carla-. Solo que los libros no decían que daba tanto miedo.<br />
-Es una fortaleza- le recordó-. Debe inspirar miedo.<br />
Alice solo esperaba que al igual que el barco, el hostil exterior guardara un interior más amigable.<br />
 <br />
Las últimas luces del día pintaban colores extraños sobre los interminables muros, cuando finalmente bajaron del barco. Les aguardaban unos carruajes que parecían reliquias sacadas de un museo. Claro que nada de esto ayudaba a Alice con sus nervios. Por suerte iba prendida al brazo de sus dos amigas y no pensaba soltarlas.<br />
Luego de muchas vueltas y giros, llegaron ante unas enormes puertas. Todos los estudiantes de gris estaban allí.<br />
-Les va a hablar la subdirectora Carfax -dijo de pronto una voz muy potente.<br />
Una mujer pequeña y muy anciana, apareció frente a ellos de la nada. Su rostro estaba increíblemente arrugado pero sus ojos resplandecían con vivacidad.<br />
-Bienvenidos a Hogwarts -dijo, y todos la escucharon como si no hubiera nadie más alrededor. De hecho, todos la vieron como si estuvieran parados en primera fila. -Primero que nada, quiero felicitarlos por estar aquí. Ya es un logro por sí mismo. Pero sepan que se espera mucho más de ustedes. Una vez atraviesen estas puertas, comenzarán una nueva vida. Respeten el código de conducta, esfuércense en sus clases, y permitan que Hogwarts los convierta en los magos que están destinados a ser.<br />
Las puertas se abrieron y pasaron a un salón enorme, de techos altísimos. Al parecer todo era de grandes proporciones en la Isla Negra.<br />
Toda la escuela estaba allí. Observando. Expectante.<br />
Alice se apretó a sus amigas.<br />
Un anciano alto y majestuoso les dio la bienvenida con amables palabras, pero a Alice se le dificultó retener su significado. Su hablar era tan pausado que parecía estaban escuchando a un antiguo espíritu de la tierra.<br />
Entonces la vio, sentada junto quienes supuso serían otros profesores. Su madre. <br />
Instintivamente buscó esconderse de su mirada, pero no era necesario, su madre no miraba hacia los alumnos sino al anciano.<br />
-¿Alice, qué haces? -susurró Carla.<br />
-Perdón -susurró a su vez y aflojó el brazo para no jalar el de su amiga.<br />
 Sabía que era absurdo, pero no podía evitarlo. No quería estar ante su madre.<br />
Cuando el Director terminó de hablar, comenzaron a llamarles uno por uno. No tardaron en llamar a Carla.<br />
-Carla Brianny.<br />
Su amiga le dio un fuerte apretón y se soltó. Momentos más tarde, su uniforme se volvía Oro y Escarlata ante una lluvia de aplausos.<br />
-Obvio -dijo Viv, que aún estaba a su lado.<br />
Carla fue hacia donde estaba la Casa de Fuego y la perdieron de vista.<br />
De pronto le pareció que su madre la había mirado, pero al voltear sus ojos a la mesa de profesores, vio que escuchaba lo que le decía otro profesor.<br />
-Alice, vas vos -apremió Vi.<br />
¿Cómo? ¿Ya? ¿A dónde se habían ido todos? Entonces se dio cuenta que del grupo original solo quedaba la mitad.<br />
Viv tuvo que empujarla suavemente para que comenzara a caminar.<br />
Se apartó del grupo y caminó hacia adelante, evitando en todo momento desviar su mirada hacia la de su madre, que le quemaba como dos brasas ardientes.<br />
De algún modo llegó ante el Oráculo. La enorme piedra zumbaba ligeramente. Era como si estuviera viva.<br />
-Apoya tu mano -le tuvo que repetir la anciana.<br />
Sonaba muy sencillo, pero ese zumbido no era nada alentador que digamos. Igual sabía que todos estaban esperando por ella y no quería seguir allí más de lo necesario. La tocó.<br />
-¡Ilusión!<br />
Alguien la llevó a la mesa. Recibió aplausos y palmadas de sus compañeros de casa. Muchos le hablaban, pero ella no escuchaba nada. Cuando finalmente pudo sentarse, miró hacia su madre. La profesora Hingley aplaudía con aprobación a un nuevo estudiante de Alquimia. Era Viv.<br />
-¿Alice? Alice, ¿te sientes bien?<br />
Todo se volvió negro.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Proyecto: Las Espadas del Rey]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3197</link>
			<pubDate>Thu, 20 Jan 2022 22:41:05 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1008">Laucha253</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3197</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Buenas tardes, les dejo parte de lo que tengo para mostrar es una novela épica que empecé hace unos veinte años y hoy me animo a compartirla con ustedes para que le den su punto de vista constructivo, esto no es ni el principio ni el final es parte del comienzo nada más si tiene un visto bueno y constructivo seguiré compartiendo con ustedes esta gran aventura, que la disfruten y espero sus críticas.</span></span><br />
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Título original: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Las espadas del rey </span>(Saga)</span></span></div>
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Primera edición:<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> octubre de 2002</span></span><br />
<br />
<br />
Palabra original | pronunciación<br />
<br />
Arg’nthöm Bal’thum | Argendom Baladam<br />
<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vestigios del Sur</span><br />
<br />
<br />
En Rio Oscuro un poblado cercano al Arg’nthöm Bal’thum había pasado un largo tiempo desde que el sol nacía, las calles empezaban a mostrar aparte de barro y charcos, movimiento de los comerciantes que desde muy temprano  ya se habían acomodado allí, para poder vender lo que sea que tengan para vender. En un rincón a orillas del rio se encuentra una taberna llamada La Posada Del Peregrino, su dueño es Morthenn, también se podía ubicar por el terrible olor a orines y tabaco que había cerca, o quizás también por algún beodo que se podía encontrar mamado afuera.<br />
Ya en su interior el ambiente es algo raro, porque no se sabe si las personas que se encuentran en su interior serán de fiar, ya que podría ser algún malandrín algún ladrón o quizás simplemente un campesino disfrutando con amigos y colegas de un buen rato y buenas pintas en cuernos o jarrones de metal. <br />
En un rincón el Bardo de Zartos claramente ya muy provecto se encontraba relatándole a un grupo de personas —En Phörozar, tierra del más temible druida negro Menthrel, se preparan las tropas que combatirán a Galar para lograr conseguir el poder de dominar al mundo, el druida negro sabía que existía Eiden, una espada de tres muy peligrosa, este era muy capaz de hacer cualquier cosa, lo que sea para conseguirla. Así es que en Gözender, la batalla comienza; ¡Muchos guerreros son víctimas de Menthrel, al mismo tiempo algunos son esclavizados, mientras que en el centro del campo, se encuentra Galar!, ¡Corre al acecho cabalgando y blandiendo su espada poderosa, atravesando así todo lo que se cruza en su camino!, pero cuando logra llegar al frente del druida, ¡este se le abalanza a él como ave de rapiña! Y se trenzan en una lucha cuerpo a cuerpo, pero entre movimientos absurdos Galar solo consigue que Menthrel reciba una estocada pobre, provocándole así una herida simplona. ¡Sin rendirse Galar sigue en pie, pero Menthrel consigue vencerlo utilizando sus sucios trucos de magia negra. <br />
—¡Aaagh! —Gritaba un niño tembloroso y asustado. <br />
—¡Si!, ¡así es! churumbeles, habíamos perdido una de las últimas batallas por alcanzar la paz.<br />
—Pe,…pero ¡No puede terminar así señor! ¿Qué paso con el gran rey? ¿y sus defensores? —Exclamaba otro niño arrugando el ceño.<br />
—Pero aún tengo esperanzas de que sus abuelos que fueron mis compañeros envíen una señal para dar comienzo a esta verdadera historia. —Cerraba el relato Zartos meditabundo, mirando hacia arriba como esperando una respuesta.<br />
—¡Ya! Deja tranquilos a estos niños Zartos, no es de honor manchar las memorias de los familiares caídos deja que descansen en paz y no molestes mas. —Interrumpía Morthenn con vos gruñona y vehemente mientras secaba una jarra y se apoyaba en la barra.<br />
—Deja que nos cuente más tío Morthenn. —Le pedía su sobrino.<br />
—¡Sí! Por favor deje que nos cuente más señor. —Decía un joven de unos diecisiete años más o menos. <br />
—¡No! Y tu ¡Zartos ya es todo por hoy, vete de aquí antes de que esta sea la última historia que cuentes!<br />
—Sí, me voy, ¡me voy! pero no pierdas la esperanza en nuestro heredero que muy pronto lograra sacarnos de la orfandad que nos gobierna miserablemente y sabes que así será. —Respondió Zartos, mientras se levantaba bebiendo el último trago de su pinta.<br />
—¡Págame lo que me debes y vete!<br />
—Morthenn no te olvides que este viejo tiene razón nadie quiere verlo, ya muchos perdieron las ganas pero debemos apoyar al heredero que seguramente debe estar preparando una tropa bastante grande para la llegada del viento.<br />
— ¡Eh dicho basta! y vete de una maldita vez!<br />
—Ustedes se aferran a un pasado que no tiene regreso a menos que unan fuerzas<br />
—Sí, si ya vete, vete viejo bocón<br />
—La discordia ya vive entre nosotros y pronto vendrá el odio y seguido con esos dos la tempestad infernal reinara en estas tierras, si al menos hiciéramos algo, nuestro rey moriría contento sabiendo que ya superamos el pasado y con la tranquilidad de que aún hay esperanzas en nosotros. —Gritaba Zartos mientras se retiraba de la taberna agitando los brazos.<br />
Esta última gran discusión que se genero en la taberna fue escuchada por todos los clientes que allí se encontraban, obviamente Zartos que le temía a Morgoth se iba escapando de a poco, algunos se asombraban en silencio otros solo les causaba gracia, pero el dueño del lugar ya había perdido toda esperanza a la venida del viento.<br />
<br />
<br />
<br />
En Gotha Reina ahora Galardian Hijo de Galar, quien desde la muerte de su padre ansia justicia y más que nada recuperar lo que a su padre le habían arrebatado de sus propias manos. Esta era Amantiel y no descansara hasta recuperarla del infame de Menthrel.<br />
Sus deseos son cada vez más y más fuertes, que los de reinar, pero sus leales soldados y habitantes no dejan de apoyarlo y creer en él, ya que viene de un muy buen linaje y no dejaran que nada pueda desgastarlo porque sin él la ciudad real se perdería y todo sería reducido a  sombras y ruinas según dicen muchos en esos lares.<br />
Gotha es un lugar tranquilo y muy bello para establecerse, Galardian jamás modifico el legado de su padre, ya que les hacía bien a todos y cada uno de los habitantes del lugar contribuía como podía no se les exigía mucho solo lo que correspondía y se hacía de manera ordenada, tenía extensos campos, llanuras espaciosas, se podía cultivar y alcanzaba para todos, desde lejos se podían ver los cultivos y el ganado. Gotha era una ciudad perfecta y muy bien fortificada, con una ciudadela que contenía un inmenso y elegante castillo donde vivía Galardian.<br />
En el interior del palacio el rey se encontraba observando por una gran ventana la gran labor de los agricultores y como montaban un molino de viento para poder habilitar un nuevo sistema de riego y abastecimiento de agua para toda la ciudad, pero dicha tranquilidad es interrumpida por su mensajero que desesperado y agotado de la prisa del mensaje arribaba desde la Gözender con noticias de que la fortaleza de Amantion es asediada.<br />
—¡Mi señor, mi señor! —Gritaba desesperado el mensajero del rey.<br />
—¡DígameSoldado! — Respondió Galardian, volteando para verle<br />
—Amantion es atacada por un batallón de Phuritars —Avisaba tembloroso y asustado<br />
—Las torres de ataque fueron derribadas y los alrededores arden en llamas mi señor  —Insistía.<br />
—¡Tranquilo chico!, Tranquilo Esas bestias no se imaginan lo que les espera —Respondía cauteloso y sonriente Galardian caminando en dirección a las caballerizas.<br />
—¡Rápido, que Alisten mi Corcel, Partimos enseguida! — Exclamaba tenazmente el rey. <br />
&lt;&lt;Esas bestias no son más que sombras esclavas de su propia codicia y Amantion es solo rocas para esas tontas criaturas&gt;&gt;<br />
Pensaba Galardian mientras se propinaba a montar en su corcel. <br />
&lt;&lt; ¿Acaso se puede ser tan cruel? para causar tremendo dolor a los habitantes del lugar&gt;&gt;<br />
—Si llegan a Gözender estaremos debilitados y les daremos ventaja, vamos a posicionarnos para poder defender los caminos que unen Gözender y Zorten —Ordenaba Galardian a sus tropas.<br />
Mientras un comandante al mando pedía que refuercen los senderos con arqueros, artillería pesada y los mejores soldados. Galardian se prepara para ir al ataque. El trayecto hacia esos caminos no quedaba lejos, por lo que el viaje seria casi al galope de la prisa que llevaban, claro que nada asustaba al rey, pero cuando se trataba de la venida del viento, era su ley ser ordenados cautos y estratégicos.<br />
En un futuro no muy lejano ese lugar seria llamado por los que lograban pasar sanos y salvos como los senderos metálicos, nombrado así por la infinidad de soldados y arqueros ocultos que custodiaban los senderos que se cruzaban desde Zorten a Gözender.<br />
Gözender es una gran fortaleza en la cual hasta los más jóvenes eran entrenados para la guerra. En los senderos que se dirigían a Zorten tenían a los más certeros arqueros y hábiles espadachines, en su reinado un pequeño porcentaje de la población era mago, todo el mundo los respetaba por tener mentes muy brillantes y estratégicas, Claro excepto el norte que estaba ligado al mal. Allí en la fortaleza, la vida era más estricta, los habitantes se regían por normas un tanto militarizadas y eran fieles guerreros. Las grandes murallas estaban repletas de guardias  y existían unas fuertes atalayas sobre los muros, que servían como columna de sostén arquitectónicamente hablando era una fortaleza despiadada, pero sí de estrategia hablamos, eran guaridas perfectas donde arqueros vigilaban los alrededores y el interior de tamaña ciudadela, las mujeres que no combatían, se transformaban no solo en costureras y cocineras, sino también en artesanas para darle el tinte especial al lugar y los habitantes, existían desde joyerías hasta bibliotecas que otorgaban grandes conocimiento a las personas que allí residían y a los visitantes que se acercaban. Con una plaza en el centro donde el líder realizaba sus actos particulares para todos los que combatían o para aquellos que recibían a un nuevo integrante a la familia, como dijimos antes la vida en Gözender era estricta y tenían bien definido qué lugar y que posición ocuparían en la ciudadela. Todo aquel que decidía pertenecer a la fortaleza se le otorgaba el título de Gozandino un apocope que decidieron adoptar para identificarse a cada lugar que se presenten.<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
Menthrel se encontraba en Amantion y este vil ser decide dejarle un mensaje para ir debilitando sus esperanzas, que le informaba a Galardian de las otras Dos espadas y le hace una oferta que nadie se atrevería a rechazar; dicha oferta era la de gobernar juntos el mundo. El por su lado y Galardian por otro, así entonces cumplirían el sueño de Galar; equilibrar los lados opuestos, una propuesta que de donde venía tenía varias consecuencias a tener en cuenta. Galardian por supuesto que rechazo la oferta, porque el sueño de su padre no incluía que existiese ningún líder del mundo, aun sabiendo que con esa espada uno se sentía más que un dios y atraído por el poder de esta, sería capaz de corromper su alma y su linaje de ser posible. Mientras Galardian termina de leer el mensaje enfurecido con vos vehemente y frunciendo los entrecejos grita.<br />
—¿Te burlas de mí?; ¿Té estas burlando de mi malvada criatura?, es acaso esto una broma! —se caía de rodillas mirando al cielo.<br />
—¡Maldito Cobardee! — <br />
Mirando al norte se queda como apabullado y luego mirando sus manos mientras cerraba sus puños.<br />
—¿Por qué no me enfrentas? — Exclamaba entre dientes como balbuceando, pero muy angustiado por la oferta de Menthrel.<br />
Era obvio que el rey Galardian se había transformado en una persona muy orgullosa y egoísta, cuando se trataba del druida o al menos eso demostraba cada vez que de este se trataba y lo dejaba muy a la vista.<br />
Antes de partir después haber recibido el mensaje, el rey decide hacer un repentino cambio de planes y parar dirigirse al este, hacia Phärantias para poder charlar con su fiel amigo Eidepher y desahogarse del enojo y descontento que lo invadía.  <br />
<br />
Camino a Phärantias Galardian cabalgaba serio y muy molesto, uno de los generales le pide que por favor se detengan a descansar un rato y así poder levantar campamento para poder descansar y retirarse lo antes posible, tal es así que unos kilómetros adelante se acomodan a la orilla de un rio con una orilla demasiado verde para que los caballos puedan pastar. Sentado en un tronco caído cerca de la orilla se encuentra el rey muy pensativo en su mano tenia apretado un medallón que su padre le había otorgado antes de morir, dicho medallón era la identificación del rey de reyes que el tratado del mundo decidió nombrar, no era una decisión personal sino global lo que lo hacía rey de reyes, pero él se sentía avergonzado, ya que lo poseía el orgullo y este no lo dejaba pensar claramente, necesitaba una señal de esperanza que lo haga volver, pues su madre no estaba y según él se encontraba solo frente a decisiones muy difíciles de tomar, algo que también lo aprisionaba en su interior.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Buenas tardes, les dejo parte de lo que tengo para mostrar es una novela épica que empecé hace unos veinte años y hoy me animo a compartirla con ustedes para que le den su punto de vista constructivo, esto no es ni el principio ni el final es parte del comienzo nada más si tiene un visto bueno y constructivo seguiré compartiendo con ustedes esta gran aventura, que la disfruten y espero sus críticas.</span></span><br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Título original: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Las espadas del rey </span>(Saga)</span></span></div>
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Primera edición:<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> octubre de 2002</span></span><br />
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Palabra original | pronunciación<br />
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Arg’nthöm Bal’thum | Argendom Baladam<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vestigios del Sur</span><br />
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En Rio Oscuro un poblado cercano al Arg’nthöm Bal’thum había pasado un largo tiempo desde que el sol nacía, las calles empezaban a mostrar aparte de barro y charcos, movimiento de los comerciantes que desde muy temprano  ya se habían acomodado allí, para poder vender lo que sea que tengan para vender. En un rincón a orillas del rio se encuentra una taberna llamada La Posada Del Peregrino, su dueño es Morthenn, también se podía ubicar por el terrible olor a orines y tabaco que había cerca, o quizás también por algún beodo que se podía encontrar mamado afuera.<br />
Ya en su interior el ambiente es algo raro, porque no se sabe si las personas que se encuentran en su interior serán de fiar, ya que podría ser algún malandrín algún ladrón o quizás simplemente un campesino disfrutando con amigos y colegas de un buen rato y buenas pintas en cuernos o jarrones de metal. <br />
En un rincón el Bardo de Zartos claramente ya muy provecto se encontraba relatándole a un grupo de personas —En Phörozar, tierra del más temible druida negro Menthrel, se preparan las tropas que combatirán a Galar para lograr conseguir el poder de dominar al mundo, el druida negro sabía que existía Eiden, una espada de tres muy peligrosa, este era muy capaz de hacer cualquier cosa, lo que sea para conseguirla. Así es que en Gözender, la batalla comienza; ¡Muchos guerreros son víctimas de Menthrel, al mismo tiempo algunos son esclavizados, mientras que en el centro del campo, se encuentra Galar!, ¡Corre al acecho cabalgando y blandiendo su espada poderosa, atravesando así todo lo que se cruza en su camino!, pero cuando logra llegar al frente del druida, ¡este se le abalanza a él como ave de rapiña! Y se trenzan en una lucha cuerpo a cuerpo, pero entre movimientos absurdos Galar solo consigue que Menthrel reciba una estocada pobre, provocándole así una herida simplona. ¡Sin rendirse Galar sigue en pie, pero Menthrel consigue vencerlo utilizando sus sucios trucos de magia negra. <br />
—¡Aaagh! —Gritaba un niño tembloroso y asustado. <br />
—¡Si!, ¡así es! churumbeles, habíamos perdido una de las últimas batallas por alcanzar la paz.<br />
—Pe,…pero ¡No puede terminar así señor! ¿Qué paso con el gran rey? ¿y sus defensores? —Exclamaba otro niño arrugando el ceño.<br />
—Pero aún tengo esperanzas de que sus abuelos que fueron mis compañeros envíen una señal para dar comienzo a esta verdadera historia. —Cerraba el relato Zartos meditabundo, mirando hacia arriba como esperando una respuesta.<br />
—¡Ya! Deja tranquilos a estos niños Zartos, no es de honor manchar las memorias de los familiares caídos deja que descansen en paz y no molestes mas. —Interrumpía Morthenn con vos gruñona y vehemente mientras secaba una jarra y se apoyaba en la barra.<br />
—Deja que nos cuente más tío Morthenn. —Le pedía su sobrino.<br />
—¡Sí! Por favor deje que nos cuente más señor. —Decía un joven de unos diecisiete años más o menos. <br />
—¡No! Y tu ¡Zartos ya es todo por hoy, vete de aquí antes de que esta sea la última historia que cuentes!<br />
—Sí, me voy, ¡me voy! pero no pierdas la esperanza en nuestro heredero que muy pronto lograra sacarnos de la orfandad que nos gobierna miserablemente y sabes que así será. —Respondió Zartos, mientras se levantaba bebiendo el último trago de su pinta.<br />
—¡Págame lo que me debes y vete!<br />
—Morthenn no te olvides que este viejo tiene razón nadie quiere verlo, ya muchos perdieron las ganas pero debemos apoyar al heredero que seguramente debe estar preparando una tropa bastante grande para la llegada del viento.<br />
— ¡Eh dicho basta! y vete de una maldita vez!<br />
—Ustedes se aferran a un pasado que no tiene regreso a menos que unan fuerzas<br />
—Sí, si ya vete, vete viejo bocón<br />
—La discordia ya vive entre nosotros y pronto vendrá el odio y seguido con esos dos la tempestad infernal reinara en estas tierras, si al menos hiciéramos algo, nuestro rey moriría contento sabiendo que ya superamos el pasado y con la tranquilidad de que aún hay esperanzas en nosotros. —Gritaba Zartos mientras se retiraba de la taberna agitando los brazos.<br />
Esta última gran discusión que se genero en la taberna fue escuchada por todos los clientes que allí se encontraban, obviamente Zartos que le temía a Morgoth se iba escapando de a poco, algunos se asombraban en silencio otros solo les causaba gracia, pero el dueño del lugar ya había perdido toda esperanza a la venida del viento.<br />
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En Gotha Reina ahora Galardian Hijo de Galar, quien desde la muerte de su padre ansia justicia y más que nada recuperar lo que a su padre le habían arrebatado de sus propias manos. Esta era Amantiel y no descansara hasta recuperarla del infame de Menthrel.<br />
Sus deseos son cada vez más y más fuertes, que los de reinar, pero sus leales soldados y habitantes no dejan de apoyarlo y creer en él, ya que viene de un muy buen linaje y no dejaran que nada pueda desgastarlo porque sin él la ciudad real se perdería y todo sería reducido a  sombras y ruinas según dicen muchos en esos lares.<br />
Gotha es un lugar tranquilo y muy bello para establecerse, Galardian jamás modifico el legado de su padre, ya que les hacía bien a todos y cada uno de los habitantes del lugar contribuía como podía no se les exigía mucho solo lo que correspondía y se hacía de manera ordenada, tenía extensos campos, llanuras espaciosas, se podía cultivar y alcanzaba para todos, desde lejos se podían ver los cultivos y el ganado. Gotha era una ciudad perfecta y muy bien fortificada, con una ciudadela que contenía un inmenso y elegante castillo donde vivía Galardian.<br />
En el interior del palacio el rey se encontraba observando por una gran ventana la gran labor de los agricultores y como montaban un molino de viento para poder habilitar un nuevo sistema de riego y abastecimiento de agua para toda la ciudad, pero dicha tranquilidad es interrumpida por su mensajero que desesperado y agotado de la prisa del mensaje arribaba desde la Gözender con noticias de que la fortaleza de Amantion es asediada.<br />
—¡Mi señor, mi señor! —Gritaba desesperado el mensajero del rey.<br />
—¡DígameSoldado! — Respondió Galardian, volteando para verle<br />
—Amantion es atacada por un batallón de Phuritars —Avisaba tembloroso y asustado<br />
—Las torres de ataque fueron derribadas y los alrededores arden en llamas mi señor  —Insistía.<br />
—¡Tranquilo chico!, Tranquilo Esas bestias no se imaginan lo que les espera —Respondía cauteloso y sonriente Galardian caminando en dirección a las caballerizas.<br />
—¡Rápido, que Alisten mi Corcel, Partimos enseguida! — Exclamaba tenazmente el rey. <br />
&lt;&lt;Esas bestias no son más que sombras esclavas de su propia codicia y Amantion es solo rocas para esas tontas criaturas&gt;&gt;<br />
Pensaba Galardian mientras se propinaba a montar en su corcel. <br />
&lt;&lt; ¿Acaso se puede ser tan cruel? para causar tremendo dolor a los habitantes del lugar&gt;&gt;<br />
—Si llegan a Gözender estaremos debilitados y les daremos ventaja, vamos a posicionarnos para poder defender los caminos que unen Gözender y Zorten —Ordenaba Galardian a sus tropas.<br />
Mientras un comandante al mando pedía que refuercen los senderos con arqueros, artillería pesada y los mejores soldados. Galardian se prepara para ir al ataque. El trayecto hacia esos caminos no quedaba lejos, por lo que el viaje seria casi al galope de la prisa que llevaban, claro que nada asustaba al rey, pero cuando se trataba de la venida del viento, era su ley ser ordenados cautos y estratégicos.<br />
En un futuro no muy lejano ese lugar seria llamado por los que lograban pasar sanos y salvos como los senderos metálicos, nombrado así por la infinidad de soldados y arqueros ocultos que custodiaban los senderos que se cruzaban desde Zorten a Gözender.<br />
Gözender es una gran fortaleza en la cual hasta los más jóvenes eran entrenados para la guerra. En los senderos que se dirigían a Zorten tenían a los más certeros arqueros y hábiles espadachines, en su reinado un pequeño porcentaje de la población era mago, todo el mundo los respetaba por tener mentes muy brillantes y estratégicas, Claro excepto el norte que estaba ligado al mal. Allí en la fortaleza, la vida era más estricta, los habitantes se regían por normas un tanto militarizadas y eran fieles guerreros. Las grandes murallas estaban repletas de guardias  y existían unas fuertes atalayas sobre los muros, que servían como columna de sostén arquitectónicamente hablando era una fortaleza despiadada, pero sí de estrategia hablamos, eran guaridas perfectas donde arqueros vigilaban los alrededores y el interior de tamaña ciudadela, las mujeres que no combatían, se transformaban no solo en costureras y cocineras, sino también en artesanas para darle el tinte especial al lugar y los habitantes, existían desde joyerías hasta bibliotecas que otorgaban grandes conocimiento a las personas que allí residían y a los visitantes que se acercaban. Con una plaza en el centro donde el líder realizaba sus actos particulares para todos los que combatían o para aquellos que recibían a un nuevo integrante a la familia, como dijimos antes la vida en Gözender era estricta y tenían bien definido qué lugar y que posición ocuparían en la ciudadela. Todo aquel que decidía pertenecer a la fortaleza se le otorgaba el título de Gozandino un apocope que decidieron adoptar para identificarse a cada lugar que se presenten.<br />
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Menthrel se encontraba en Amantion y este vil ser decide dejarle un mensaje para ir debilitando sus esperanzas, que le informaba a Galardian de las otras Dos espadas y le hace una oferta que nadie se atrevería a rechazar; dicha oferta era la de gobernar juntos el mundo. El por su lado y Galardian por otro, así entonces cumplirían el sueño de Galar; equilibrar los lados opuestos, una propuesta que de donde venía tenía varias consecuencias a tener en cuenta. Galardian por supuesto que rechazo la oferta, porque el sueño de su padre no incluía que existiese ningún líder del mundo, aun sabiendo que con esa espada uno se sentía más que un dios y atraído por el poder de esta, sería capaz de corromper su alma y su linaje de ser posible. Mientras Galardian termina de leer el mensaje enfurecido con vos vehemente y frunciendo los entrecejos grita.<br />
—¿Te burlas de mí?; ¿Té estas burlando de mi malvada criatura?, es acaso esto una broma! —se caía de rodillas mirando al cielo.<br />
—¡Maldito Cobardee! — <br />
Mirando al norte se queda como apabullado y luego mirando sus manos mientras cerraba sus puños.<br />
—¿Por qué no me enfrentas? — Exclamaba entre dientes como balbuceando, pero muy angustiado por la oferta de Menthrel.<br />
Era obvio que el rey Galardian se había transformado en una persona muy orgullosa y egoísta, cuando se trataba del druida o al menos eso demostraba cada vez que de este se trataba y lo dejaba muy a la vista.<br />
Antes de partir después haber recibido el mensaje, el rey decide hacer un repentino cambio de planes y parar dirigirse al este, hacia Phärantias para poder charlar con su fiel amigo Eidepher y desahogarse del enojo y descontento que lo invadía.  <br />
<br />
Camino a Phärantias Galardian cabalgaba serio y muy molesto, uno de los generales le pide que por favor se detengan a descansar un rato y así poder levantar campamento para poder descansar y retirarse lo antes posible, tal es así que unos kilómetros adelante se acomodan a la orilla de un rio con una orilla demasiado verde para que los caballos puedan pastar. Sentado en un tronco caído cerca de la orilla se encuentra el rey muy pensativo en su mano tenia apretado un medallón que su padre le había otorgado antes de morir, dicho medallón era la identificación del rey de reyes que el tratado del mundo decidió nombrar, no era una decisión personal sino global lo que lo hacía rey de reyes, pero él se sentía avergonzado, ya que lo poseía el orgullo y este no lo dejaba pensar claramente, necesitaba una señal de esperanza que lo haga volver, pues su madre no estaba y según él se encontraba solo frente a decisiones muy difíciles de tomar, algo que también lo aprisionaba en su interior.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Ejercicios de Worldbuilding]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3186</link>
			<pubDate>Tue, 04 Jan 2022 00:18:49 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=579">JPQueirozPerez</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3186</guid>
			<description><![CDATA[Esta idea se me ocurrió a finales del año pasado basado un poco en algunos desafíos de worldbuilding que hace la gente (como <a href="http://www.web-writer.net/fantasy/days/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este</a> o <a href="https://www.reddit.com/r/worldbuilding/comments/k0tmwd/i_made_this_worldbuilding_prompt_list_as_a_daily/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este otro</a>) durante todo un mes, pero dudaba de si sería capaz de llevar a cabo un reto durante treinta días seguidos así que estaba pensando en rebajarlo a diez que al menos sería una tarea que podría cumplir (incluso aunque no lo haga diez días seguidos).<br />
<br />
Aprovechando que se ha comentado en el foro el tema de la poca actividad, insto al resto de compañeros en participar. Podéis hacerlo con vuestros propios ejercicios pero para mantener una coherencia con el tema, recomendaría que todos hiciéramos la misma clase de ejercicios (en este tratará de worldbuilding, pero puede que el siguiente sea sobre personajes, por ejemplo).<br />
<br />
La idea para esta primera ronda de ejercicios es que voy a crear una lista con diferentes películas y series en las que basarme para crear microrrelatos o relatos cortos (solo para crear una base que podría expandir luego o usar como trasfondo) centrada más en el worldbuilding que en la historia en sí. La idea es no usar obras de fantasía épica para no acabar copiando la historia en sí sin querer, en lugar de solo basarme en el concepto, pero es porque en mi caso mi universo es de fantasía épica, pero si otro usuario decide participar y quiere hacer worldbuilding de otro tipo de universo tendrá que considerar qué tipo producciones no debe usar como base.<br />
<br />
Algo más que haré en los ejercicios es que tras cada texto pondré un resumen básico de qué va la obra por si alguien no la conociera (o tal vez simplemente enlace Wikipedia u otra web con una sinopsis) y qué cosas he tomado como base; también, por tratarse de ejercicios, hacer un análisis de qué he expandido o cambiado del worldbuilding que ya tenía, y dificultades que he podido encontrar.<br />
<br />
Podéis recomendarme obras para la lista mientras no la tenga llena (evidentemente solo usaré las que haya visto, por razones obvias) y si queréis participar podéis usar mi misma lista o hacer la vuestra; o hacer una lista de ejercicios distintos, que no recomiendo simplemente por mantener la coherencia del hilo como decía antes.<br />
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<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Lista Worldbuilding</span></span><br />
<br />
1) <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">Warehouse 13</span>                       6)<br />
<br />
2) Coco                                     7)<br />
<br />
3) Encanto                                8) <br />
<br />
4)                                              9)<br />
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5)                                             10)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Esta idea se me ocurrió a finales del año pasado basado un poco en algunos desafíos de worldbuilding que hace la gente (como <a href="http://www.web-writer.net/fantasy/days/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este</a> o <a href="https://www.reddit.com/r/worldbuilding/comments/k0tmwd/i_made_this_worldbuilding_prompt_list_as_a_daily/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este otro</a>) durante todo un mes, pero dudaba de si sería capaz de llevar a cabo un reto durante treinta días seguidos así que estaba pensando en rebajarlo a diez que al menos sería una tarea que podría cumplir (incluso aunque no lo haga diez días seguidos).<br />
<br />
Aprovechando que se ha comentado en el foro el tema de la poca actividad, insto al resto de compañeros en participar. Podéis hacerlo con vuestros propios ejercicios pero para mantener una coherencia con el tema, recomendaría que todos hiciéramos la misma clase de ejercicios (en este tratará de worldbuilding, pero puede que el siguiente sea sobre personajes, por ejemplo).<br />
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La idea para esta primera ronda de ejercicios es que voy a crear una lista con diferentes películas y series en las que basarme para crear microrrelatos o relatos cortos (solo para crear una base que podría expandir luego o usar como trasfondo) centrada más en el worldbuilding que en la historia en sí. La idea es no usar obras de fantasía épica para no acabar copiando la historia en sí sin querer, en lugar de solo basarme en el concepto, pero es porque en mi caso mi universo es de fantasía épica, pero si otro usuario decide participar y quiere hacer worldbuilding de otro tipo de universo tendrá que considerar qué tipo producciones no debe usar como base.<br />
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Algo más que haré en los ejercicios es que tras cada texto pondré un resumen básico de qué va la obra por si alguien no la conociera (o tal vez simplemente enlace Wikipedia u otra web con una sinopsis) y qué cosas he tomado como base; también, por tratarse de ejercicios, hacer un análisis de qué he expandido o cambiado del worldbuilding que ya tenía, y dificultades que he podido encontrar.<br />
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Podéis recomendarme obras para la lista mientras no la tenga llena (evidentemente solo usaré las que haya visto, por razones obvias) y si queréis participar podéis usar mi misma lista o hacer la vuestra; o hacer una lista de ejercicios distintos, que no recomiendo simplemente por mantener la coherencia del hilo como decía antes.<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Lista Worldbuilding</span></span><br />
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1) <span style="text-decoration: line-through;" class="mycode_s">Warehouse 13</span>                       6)<br />
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2) Coco                                     7)<br />
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3) Encanto                                8) <br />
<br />
4)                                              9)<br />
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5)                                             10)]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[La esfera (varios autores)]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3184</link>
			<pubDate>Thu, 30 Dec 2021 12:34:28 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1020">Muad Atreides</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3184</guid>
			<description><![CDATA[Esta historia es el resultado del juego :Sigue la historia/ Tres opciones. <br />
Lo pueden encontrar aquí: <a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-2849.html" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://clasico.fantasitura.com/thread-2849.html</a><br />
<br />
Me pareció divertido no especificar qué fragmento pertenece a quien, solo para ver si alguien se reconoce o se acuerda <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/biggrin.png" alt="Big Grin" title="Big Grin" class="smilie smilie_4" />  <br />
<br />
<br />
Autores: Tyess, JPQueirozPerez, Miles, Tholdeneir, Muad Atreides<br />
<br />
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<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">L</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">A ESFERA</span><br />
</span><br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">          </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">       Claudia extendió la mano, y aunque en la oscuridad era difícil calcular las distancias, por fin asió el brazo tembloroso de Ana. La atrajo hacia ella y la abrazó, intentando reconfortarla con un apretón que, esperaba, no trasmitiera su propio temor.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      El ensordecedor estrépito había pasado, pero todo quedó a oscuras. Segundos después, varios golpes en la puerta habían logrado que gritaran de puro terror. Los golpes se repitieron una y otra vez, y ellas se ocultaron en el cuarto de Ana.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Ahora solo escuchaban al viento silbar fuertemente y chocar una </span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">y otra vez contra las ventanas. La pequeña no dejaba de temblar en los brazos de su niñera. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Claudia deseo con todas sus fuerzas que, en medio de ese caos, los padres de Ana no hubiesen sufrido un accidente. Si bien no pudo imaginar qué había originado ese sonido tan potente y perturbador, estaba segura de que el viento que ahora azotaba las ventanas de la casa era la consecuencia de aquel estrépito.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Nuevamente escucharon fuertes golpes, esta vez en la puerta principal. Solo que ahora creyó escuchar una voz familiar.</span></span><br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      ¿Se trataba de su vecino, o sólo se parecía?</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Cuando Claudia se movió para intentar verificarlo, sintió un tirón en su muñeca. Ana la miró con los ojos llenos de lágrimas y suplicó que no fuera. Pero la voz y los golpes insistían.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Podría ser ayuda —explicó la niñera, antes de ir hacia la puerta con cuidado. La niña seguía prendida de su brazo, aún llorando.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">       —¿Señor Lima? —intentó confirmar.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Pero la voz, aún familiar, negó la teoría.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Me llamo Dagoberto —dijo, con voz atropellada—. Por favor, necesito entrar. ¡No tengo a dónde más ir!</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La niña negaba con la cabeza, pero el desconocido insistía en que necesitaba refugio. Parecía muy asustado.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Ana siguió asiendo la muñeca de Claudia, mientras las dos aguardaron frente a la puerta principal. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     </span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">—¿Lo vas a dejar entrar? —pregunto la niña con voz temblorosa.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —No lo sé... Tal vez necesita ayuda de verdad.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    La joven miró por el ojo de buey. El vidrio craquelado le permitió ver su silueta, pero no llegó a distinguir los rasgos del tal Dagoberto. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Decidida a abrir, Claudia apoyó la mano en el pestillo, pero una última mirada le heló la sangre al ver cómo el visitante sujetaba una pistola en su mano.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se apartó de la puerta de inmediato, sujetando a Ana por los hombros. El corazón le latía muy rápido. </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Ambas chicas corrieron escaleras arriba, mientras tras ellas la puerta era aporreada.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¡Abridme, joder! —gritaba el extraño desde el otro lado.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Al llegar arriba, Claudia se giró y pudo ver, a través de la luz que entraba por la rendija de la puerta, que esta temblaba; seguramente el desconocido habría dado una patada a la puerta o directamente habría intentado derribarla usando todo su cuerpo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Todavía se escuchó tremendo ruido un par de veces antes de quedarse todo en silencio como antes. Ambas chicas ya estaba en el cuarto de los padres de Ana; sería mejor esconderse aquí donde había un teléfono con el que llamar pidiendo ayuda (Claudia no sabía dónde quedó su móvil).</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Pero algo la detuvo antes de poder usar el teléfono.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Un grito desgarrador en el jardin seguido de un crujido. Bastó para confirmarle a Claudia que la puerta de la entrada finalmente había cedido.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     "No por favor no", dijo para si la muchacha mientras el sudor perlado recorría su frente. La pequeña Ana le sujetó con firmeza del vestido. La ignoró, había cosas más apremiantes. Nuevos tirones insistentes, la llevaron a bajar la vista de nuevo y centrar su atención finalmente en la niña.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Son ellos, seeeguro --dijo Ana con visible nerviosismo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¿Quienes...?</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Gritos guturales provenientes de la planta baja, la helaron por completo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     — Sííí son ellos, los dueños -- Ana tiraba del vestido cada vez con más fuerza.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     "¿Dueños de que...?" Preguntó para si Claudia mientas bajaba la vista alertada por una luz violeta.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Entonces comprobó a que se refería la pequeña. En su mano abierta había una esfera purpura y brillante.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¿Qué es eso?</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Ana le entrega la esfera a su niñera. Al tenerla en su mano, Claudia quedó fascinada </span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">por el movimiento que percibió en su interior. Hasta que los pasos de los invasores la sacaron de su ensimismamiento.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se le heló la sangre cuando escuchó, ahora más cerca, cómo hablaban entre sí esos seres que subían las escaleras. Claramente no era un idioma que conociera, y estuvo segura que no eran humanos.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¿Quiénes son?  —preguntó, casi gritando.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Estaba a punto de perder los nervios.  A su lado, la pequeña aún lloraba.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">   La joven niñera dicidió que, fueran quienes fueran, no quería verlos, y tampoco iba a intentar entregarles aquella esfera, pues sentía cierta atracción por ella. Algo que no podía explicar.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La niñera no ve otra solución: Debían saltar por la ventana.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Por suerte, bajo esta había una serie de matorrales que amortiguarían la caída (y tal vez evitaran que se rompieran algo).</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">   La pequeña Ana no dejaba de llorar mientras su niñera la llevaba a la ventana, y no parecía muy dispuesta a saltar, pero cuando los ruidos dentro de la casa estaban ya en la puerta del cuarto, la misma Claudia levantó a la niña y la tiró a fuera.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    —¡Aparta! —gritó desde arriba. Lo último que quería era caerle encima a la pequeña desde un segundo piso.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Pero antes de poder recibir una respuesta, la puerta se abre (o más bien es hecha pedazos), así que Claudia simplemente se deja caer.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La pequeña no estaba ahí, y al levantarse, la niñera se da cuenta de que se ha hecho daño en la cadera.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se incorporó de inmediato y alzó la vista. Escuchó las voces guturales provenientes del cuarto, sin embargo nadie se acercó a la ventana. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Miró hacia ambos lados, pero Ana parecía haberse escondido. Bien, al menos la niña había tenido el sentido común de ocultarse.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se palpó con una mano la cadera. No encontró sangre, y pensó que eso era algo bueno. Claro que al caminar para alejarse de la casa sintió un dolor tan punzante que casi le cortó la respiración. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Ahogando un gemido se dirigió hacia los árboles que bordeaban la calle, y allí aguardó, observando en silencio la ventana. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Entonces los vio, y reprimió un grito ante aquellos ojos rojos que destellaban con malicia. </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Ojos rojos en noche destelleando como un bosque en llamas. Ojos rojos y manos negras, que con largas garras se aferraban a la pequeña Ana.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Claudia no pudo articuar palabra, tan solo gimió aterrada.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    El horrible ser, como si fuese consicente de que Claudia con su herida no le supondría un problema, se alejó por el bosque con la pequeña; abandonandola a sus compañeros que todavía jadeaban cerca de la ventana.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     "No puedo dejar a la pequeña", se dijo la niñera mientras caminaba con dificultad en pos de la criatura.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se alejaba.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¡Espera! —le gritó en un arrebato de locura.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     El ser se frenó aceptando el desafío.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Claudia obró con inteligencia y levantó la brillante esfera purpura que había obtenido de la pequeña. Funcionó. El ser intercaló miradas entre Ana y Claudia, como si le costara comprender que en realidad la pequeña no poseía ya la esfera. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     El monstruo de ojos rojos se lanzó contra ella con una velocidad sobrehumana. Claudia cerró los ojos y apretó la esfera en su puño instintivamente.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     No pasó nada</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Cuando los abrió... el ser flotaba sobre ella, ingravido... mirándola con ojos confusos y airados.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Le tomó un segundo reaccionar y, cuando lo hizo, el sonido de sus pasos fue ahogado por muchos otros.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Las criaturas que habían estado rondando la ventana venían hacia ellas, lo sabía, aunque no tenia tiempo de voltear para comprobarlo. Tenía que sujetar a Ana y escapar. Al menos, tenía que intentarlo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     El monstruo frente a ella podía liberarse, recuperarse de lo que fuera que le había pasado. Los otros sin duda iban a alcancanzarlas pronto. No había esperanzas, pero no podía detenerse. Ana estaba llorando, hecha un ovillo en el lugar en donde aquel ente la había dejado caer hacía un instante. Por suerte, se puso en pie tan pronto como la niñera tiró de su brazo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La  idea era correr, a pesar de que las primeras bestias ya las habían alcanzado. Pero Claudia se detuvo de pronto, al ver  que, en lugar de atacarla, se habían quedado a poca distancia de ella, su  postura totalmente inofensiva, casi respetuosa.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La esfera seguía brillando entre sus manos, y su contacto parecía... agradable.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Las criaturas aún la miraban, expectantes. De cerca, aquellos seres no parecían tan peligrosos, aunque algo le decía que se hallaban en un trance provocado por la esfera. Y eso la llevó a preguntarse si era ella misma la que, de alguna manera, controlaba a esas criaturas.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      —Tengo miedo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    La pequeña Ana aún temblaba; tenía arañazos en ambos brazos. Sin pensarlo demasiado, Claudia acercó la esfera a la niña. Por un segundo,  un destello las cubrió a ambas. Luego Ana dejó de llorar y se tocó los brazos con asombro, ahora completamente sanos.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Eso es algo nuevo —dijo la niñera sin creer realmente lo que había pasado. Al moverse notó que el dolor de su cadera ya no estaba—. Y mágico.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Las criaturas a su alrededor comenzaron a impacientarse, y Claudia supo que no le quedaba mucho tiempo para decidir qué hacer.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     De pronto el monstruo que levitaba cayó. El sonido que provocó hizo que sus compañeros gruñeran. Claudia sintió un miedo repentino, rodeó a la pequeña con sus brazos.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Sin embargo aquellas criatura no se acercaron. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Temen a la esfera —murmuró para sí misma.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    En ese momento Ana se deshizo de su abrazo y, con la cara de pronto seria y sin lagrimas, tomó la esfera de sus manos. Luego extendió el brazo y gritó, apretando muy fuerte el instrumento, que empezó a brillar otra vez.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Las criaturas se arrojaron al suelo, gimiendo de dolor, cuando  una voz se hizo sentir entre los gritos agónicos de las bestias.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Ya no lo hagas, por favor.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Claudia tomó la esfera y adentrándose en sus pensamientos logró hacer contacto con las criaturas. Sorprendida por su nuevo don, pero decidida, buscó entre memorias y vivencias al abominable mounstro. Solo encontró visiones de los padres de Ana... y un misterioso y desvencijado mapa con innumerables notas escritas en él. Parecían estar obsesionados con él. Una de las criaturas lo guardaba ahora.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     "¡Cómo descubrirlo!" pensó ensimismada, con la bola de cristal en sus manos.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">   Ana se acurrucó entre sus faldas, hasta que pasados unos minutos se quedó dormida. Fue cuando Claudia descubrió que la niña llevaba un intrigante collar de plata.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span></span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Esta historia es el resultado del juego :Sigue la historia/ Tres opciones. <br />
Lo pueden encontrar aquí: <a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-2849.html" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://clasico.fantasitura.com/thread-2849.html</a><br />
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Me pareció divertido no especificar qué fragmento pertenece a quien, solo para ver si alguien se reconoce o se acuerda <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/biggrin.png" alt="Big Grin" title="Big Grin" class="smilie smilie_4" />  <br />
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Autores: Tyess, JPQueirozPerez, Miles, Tholdeneir, Muad Atreides<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">L</span><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">A ESFERA</span><br />
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</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">          </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">       Claudia extendió la mano, y aunque en la oscuridad era difícil calcular las distancias, por fin asió el brazo tembloroso de Ana. La atrajo hacia ella y la abrazó, intentando reconfortarla con un apretón que, esperaba, no trasmitiera su propio temor.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      El ensordecedor estrépito había pasado, pero todo quedó a oscuras. Segundos después, varios golpes en la puerta habían logrado que gritaran de puro terror. Los golpes se repitieron una y otra vez, y ellas se ocultaron en el cuarto de Ana.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Ahora solo escuchaban al viento silbar fuertemente y chocar una </span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">y otra vez contra las ventanas. La pequeña no dejaba de temblar en los brazos de su niñera. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Claudia deseo con todas sus fuerzas que, en medio de ese caos, los padres de Ana no hubiesen sufrido un accidente. Si bien no pudo imaginar qué había originado ese sonido tan potente y perturbador, estaba segura de que el viento que ahora azotaba las ventanas de la casa era la consecuencia de aquel estrépito.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">Nuevamente escucharon fuertes golpes, esta vez en la puerta principal. Solo que ahora creyó escuchar una voz familiar.</span></span><br />
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      ¿Se trataba de su vecino, o sólo se parecía?</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Cuando Claudia se movió para intentar verificarlo, sintió un tirón en su muñeca. Ana la miró con los ojos llenos de lágrimas y suplicó que no fuera. Pero la voz y los golpes insistían.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Podría ser ayuda —explicó la niñera, antes de ir hacia la puerta con cuidado. La niña seguía prendida de su brazo, aún llorando.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">       —¿Señor Lima? —intentó confirmar.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Pero la voz, aún familiar, negó la teoría.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Me llamo Dagoberto —dijo, con voz atropellada—. Por favor, necesito entrar. ¡No tengo a dónde más ir!</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La niña negaba con la cabeza, pero el desconocido insistía en que necesitaba refugio. Parecía muy asustado.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Ana siguió asiendo la muñeca de Claudia, mientras las dos aguardaron frente a la puerta principal. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     </span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">—¿Lo vas a dejar entrar? —pregunto la niña con voz temblorosa.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —No lo sé... Tal vez necesita ayuda de verdad.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    La joven miró por el ojo de buey. El vidrio craquelado le permitió ver su silueta, pero no llegó a distinguir los rasgos del tal Dagoberto. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Decidida a abrir, Claudia apoyó la mano en el pestillo, pero una última mirada le heló la sangre al ver cómo el visitante sujetaba una pistola en su mano.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se apartó de la puerta de inmediato, sujetando a Ana por los hombros. El corazón le latía muy rápido. </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Ambas chicas corrieron escaleras arriba, mientras tras ellas la puerta era aporreada.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¡Abridme, joder! —gritaba el extraño desde el otro lado.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Al llegar arriba, Claudia se giró y pudo ver, a través de la luz que entraba por la rendija de la puerta, que esta temblaba; seguramente el desconocido habría dado una patada a la puerta o directamente habría intentado derribarla usando todo su cuerpo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Todavía se escuchó tremendo ruido un par de veces antes de quedarse todo en silencio como antes. Ambas chicas ya estaba en el cuarto de los padres de Ana; sería mejor esconderse aquí donde había un teléfono con el que llamar pidiendo ayuda (Claudia no sabía dónde quedó su móvil).</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Pero algo la detuvo antes de poder usar el teléfono.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Un grito desgarrador en el jardin seguido de un crujido. Bastó para confirmarle a Claudia que la puerta de la entrada finalmente había cedido.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     "No por favor no", dijo para si la muchacha mientras el sudor perlado recorría su frente. La pequeña Ana le sujetó con firmeza del vestido. La ignoró, había cosas más apremiantes. Nuevos tirones insistentes, la llevaron a bajar la vista de nuevo y centrar su atención finalmente en la niña.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Son ellos, seeeguro --dijo Ana con visible nerviosismo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¿Quienes...?</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Gritos guturales provenientes de la planta baja, la helaron por completo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     — Sííí son ellos, los dueños -- Ana tiraba del vestido cada vez con más fuerza.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     "¿Dueños de que...?" Preguntó para si Claudia mientas bajaba la vista alertada por una luz violeta.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Entonces comprobó a que se refería la pequeña. En su mano abierta había una esfera purpura y brillante.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¿Qué es eso?</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Ana le entrega la esfera a su niñera. Al tenerla en su mano, Claudia quedó fascinada </span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">por el movimiento que percibió en su interior. Hasta que los pasos de los invasores la sacaron de su ensimismamiento.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se le heló la sangre cuando escuchó, ahora más cerca, cómo hablaban entre sí esos seres que subían las escaleras. Claramente no era un idioma que conociera, y estuvo segura que no eran humanos.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¿Quiénes son?  —preguntó, casi gritando.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Estaba a punto de perder los nervios.  A su lado, la pequeña aún lloraba.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">   La joven niñera dicidió que, fueran quienes fueran, no quería verlos, y tampoco iba a intentar entregarles aquella esfera, pues sentía cierta atracción por ella. Algo que no podía explicar.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La niñera no ve otra solución: Debían saltar por la ventana.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Por suerte, bajo esta había una serie de matorrales que amortiguarían la caída (y tal vez evitaran que se rompieran algo).</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">   La pequeña Ana no dejaba de llorar mientras su niñera la llevaba a la ventana, y no parecía muy dispuesta a saltar, pero cuando los ruidos dentro de la casa estaban ya en la puerta del cuarto, la misma Claudia levantó a la niña y la tiró a fuera.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    —¡Aparta! —gritó desde arriba. Lo último que quería era caerle encima a la pequeña desde un segundo piso.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Pero antes de poder recibir una respuesta, la puerta se abre (o más bien es hecha pedazos), así que Claudia simplemente se deja caer.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La pequeña no estaba ahí, y al levantarse, la niñera se da cuenta de que se ha hecho daño en la cadera.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se incorporó de inmediato y alzó la vista. Escuchó las voces guturales provenientes del cuarto, sin embargo nadie se acercó a la ventana. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Miró hacia ambos lados, pero Ana parecía haberse escondido. Bien, al menos la niña había tenido el sentido común de ocultarse.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se palpó con una mano la cadera. No encontró sangre, y pensó que eso era algo bueno. Claro que al caminar para alejarse de la casa sintió un dolor tan punzante que casi le cortó la respiración. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Ahogando un gemido se dirigió hacia los árboles que bordeaban la calle, y allí aguardó, observando en silencio la ventana. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Entonces los vio, y reprimió un grito ante aquellos ojos rojos que destellaban con malicia. </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Ojos rojos en noche destelleando como un bosque en llamas. Ojos rojos y manos negras, que con largas garras se aferraban a la pequeña Ana.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Claudia no pudo articuar palabra, tan solo gimió aterrada.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    El horrible ser, como si fuese consicente de que Claudia con su herida no le supondría un problema, se alejó por el bosque con la pequeña; abandonandola a sus compañeros que todavía jadeaban cerca de la ventana.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     "No puedo dejar a la pequeña", se dijo la niñera mientras caminaba con dificultad en pos de la criatura.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Se alejaba.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —¡Espera! —le gritó en un arrebato de locura.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     El ser se frenó aceptando el desafío.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Claudia obró con inteligencia y levantó la brillante esfera purpura que había obtenido de la pequeña. Funcionó. El ser intercaló miradas entre Ana y Claudia, como si le costara comprender que en realidad la pequeña no poseía ya la esfera. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     El monstruo de ojos rojos se lanzó contra ella con una velocidad sobrehumana. Claudia cerró los ojos y apretó la esfera en su puño instintivamente.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     No pasó nada</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Cuando los abrió... el ser flotaba sobre ella, ingravido... mirándola con ojos confusos y airados.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Le tomó un segundo reaccionar y, cuando lo hizo, el sonido de sus pasos fue ahogado por muchos otros.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Las criaturas que habían estado rondando la ventana venían hacia ellas, lo sabía, aunque no tenia tiempo de voltear para comprobarlo. Tenía que sujetar a Ana y escapar. Al menos, tenía que intentarlo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     El monstruo frente a ella podía liberarse, recuperarse de lo que fuera que le había pasado. Los otros sin duda iban a alcancanzarlas pronto. No había esperanzas, pero no podía detenerse. Ana estaba llorando, hecha un ovillo en el lugar en donde aquel ente la había dejado caer hacía un instante. Por suerte, se puso en pie tan pronto como la niñera tiró de su brazo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La  idea era correr, a pesar de que las primeras bestias ya las habían alcanzado. Pero Claudia se detuvo de pronto, al ver  que, en lugar de atacarla, se habían quedado a poca distancia de ella, su  postura totalmente inofensiva, casi respetuosa.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     La esfera seguía brillando entre sus manos, y su contacto parecía... agradable.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      Las criaturas aún la miraban, expectantes. De cerca, aquellos seres no parecían tan peligrosos, aunque algo le decía que se hallaban en un trance provocado por la esfera. Y eso la llevó a preguntarse si era ella misma la que, de alguna manera, controlaba a esas criaturas.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      —Tengo miedo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    La pequeña Ana aún temblaba; tenía arañazos en ambos brazos. Sin pensarlo demasiado, Claudia acercó la esfera a la niña. Por un segundo,  un destello las cubrió a ambas. Luego Ana dejó de llorar y se tocó los brazos con asombro, ahora completamente sanos.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Eso es algo nuevo —dijo la niñera sin creer realmente lo que había pasado. Al moverse notó que el dolor de su cadera ya no estaba—. Y mágico.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Las criaturas a su alrededor comenzaron a impacientarse, y Claudia supo que no le quedaba mucho tiempo para decidir qué hacer.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">      </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     De pronto el monstruo que levitaba cayó. El sonido que provocó hizo que sus compañeros gruñeran. Claudia sintió un miedo repentino, rodeó a la pequeña con sus brazos.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     Sin embargo aquellas criatura no se acercaron. </span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Temen a la esfera —murmuró para sí misma.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    En ese momento Ana se deshizo de su abrazo y, con la cara de pronto seria y sin lagrimas, tomó la esfera de sus manos. Luego extendió el brazo y gritó, apretando muy fuerte el instrumento, que empezó a brillar otra vez.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Las criaturas se arrojaron al suelo, gimiendo de dolor, cuando  una voz se hizo sentir entre los gritos agónicos de las bestias.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     —Ya no lo hagas, por favor.</span></span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">    Claudia tomó la esfera y adentrándose en sus pensamientos logró hacer contacto con las criaturas. Sorprendida por su nuevo don, pero decidida, buscó entre memorias y vivencias al abominable mounstro. Solo encontró visiones de los padres de Ana... y un misterioso y desvencijado mapa con innumerables notas escritas en él. Parecían estar obsesionados con él. Una de las criaturas lo guardaba ahora.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">     "¡Cómo descubrirlo!" pensó ensimismada, con la bola de cristal en sus manos.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font">   Ana se acurrucó entre sus faldas, hasta que pasados unos minutos se quedó dormida. Fue cuando Claudia descubrió que la niña llevaba un intrigante collar de plata.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Times New Roman;" class="mycode_font"> </span></span></span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fantasía] Al otro lado de la realidad]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3157</link>
			<pubDate>Sun, 03 Oct 2021 08:49:10 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1129">elvillahermosa</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3157</guid>
			<description><![CDATA[¡Buenas!<br />
<br />
Soy David, y soy nuevo en el foro. <br />
<br />
Poco antes de la pandemia acabe de escribir, tras más de 12 años de arduo trabajo, una trilogía de ciencia ficción postapocalíptica titulada Al otro lado de la vida. La tengo publicada en Amazon, y tuvo buena acogida.<br />
<br />
Tras tanto tiempo escribiendo sobre el mismo tema y con los mismos personajes, tenía ganas de cambiar de aires, y llevaba ya varios años recopilando ideas para una nueva novela, en este caso, de corte fantástico. Hace cosa de un año empecé a escribirla. Su título es Al otro lado de la realidad.<br />
<br />
Se trata de una novela de corte fantástico, ambientada en un planeta inventado ex profeso, con una sociedad, razas y sistema de magias inéditos. Me he pasado muchísimo tiempo trabajándola, y ya tengo el guión de los que serán los tres libros de los que se compondrá la saga, aunque aún estoy trabajando en el primero.<br />
<br />
No soy muy amigo de las sinopsis, porque tampoco soy amigo de los spoilers, pero puedo compartir una con vosotr@s, que esbocé hace ya un tiempo:<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #121212;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El ignoto planeta de Ictæria vive en un equilibrio precario tras una guerra que ocurrió hace tanto que nadie recuerda sus orígenes, aunque sí sus consecuencias. En su superficie viven los vencedores. Quienes perdieron tuvieron que exiliarse al cielo, al anillo de islas flotantes que rodea el planeta hirviendo de vida y actividad. Unos ansían recuperar lo que perdieron. Los otros, acabar lo que empezaron.<br />
<br />
Adéntrate en una historia épica que da vida con especial cariño a un mundo totalmente inédito, a una vez inhóspito y acogedor, tan bello como peligroso, lleno de animales fantásticos y donde hasta la magia tiene cabida.<br />
<br />
Acompaña a Eco y Unamåe en su viaje sin retorno hacia una aventura que cambiará sus vidas para siempre, en una historia entrañable cuyo principal propósito es dejarte con la boca abierta.</span></span></span><br />
<br />
Si algun@ de vosotr@s tiene interés por echarle un vistazo, será más que bienvenid@. Todo lo que cuelgo es en abierto y escrupulosamente gratuito. Mantengo el blog de la novela vivo, añadiendo dos capítulos nuevos por semana. Lo podréis encontrar en el siguiente enlace:<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">aoldlr.wordpress.com</span><br />
<br />
Gracias por vuestra atención, y salud a tod@s. <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/smile.png" alt="Smile" title="Smile" class="smilie smilie_1" /><br />
<br />
David.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[¡Buenas!<br />
<br />
Soy David, y soy nuevo en el foro. <br />
<br />
Poco antes de la pandemia acabe de escribir, tras más de 12 años de arduo trabajo, una trilogía de ciencia ficción postapocalíptica titulada Al otro lado de la vida. La tengo publicada en Amazon, y tuvo buena acogida.<br />
<br />
Tras tanto tiempo escribiendo sobre el mismo tema y con los mismos personajes, tenía ganas de cambiar de aires, y llevaba ya varios años recopilando ideas para una nueva novela, en este caso, de corte fantástico. Hace cosa de un año empecé a escribirla. Su título es Al otro lado de la realidad.<br />
<br />
Se trata de una novela de corte fantástico, ambientada en un planeta inventado ex profeso, con una sociedad, razas y sistema de magias inéditos. Me he pasado muchísimo tiempo trabajándola, y ya tengo el guión de los que serán los tres libros de los que se compondrá la saga, aunque aún estoy trabajando en el primero.<br />
<br />
No soy muy amigo de las sinopsis, porque tampoco soy amigo de los spoilers, pero puedo compartir una con vosotr@s, que esbocé hace ya un tiempo:<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #121212;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El ignoto planeta de Ictæria vive en un equilibrio precario tras una guerra que ocurrió hace tanto que nadie recuerda sus orígenes, aunque sí sus consecuencias. En su superficie viven los vencedores. Quienes perdieron tuvieron que exiliarse al cielo, al anillo de islas flotantes que rodea el planeta hirviendo de vida y actividad. Unos ansían recuperar lo que perdieron. Los otros, acabar lo que empezaron.<br />
<br />
Adéntrate en una historia épica que da vida con especial cariño a un mundo totalmente inédito, a una vez inhóspito y acogedor, tan bello como peligroso, lleno de animales fantásticos y donde hasta la magia tiene cabida.<br />
<br />
Acompaña a Eco y Unamåe en su viaje sin retorno hacia una aventura que cambiará sus vidas para siempre, en una historia entrañable cuyo principal propósito es dejarte con la boca abierta.</span></span></span><br />
<br />
Si algun@ de vosotr@s tiene interés por echarle un vistazo, será más que bienvenid@. Todo lo que cuelgo es en abierto y escrupulosamente gratuito. Mantengo el blog de la novela vivo, añadiendo dos capítulos nuevos por semana. Lo podréis encontrar en el siguiente enlace:<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">aoldlr.wordpress.com</span><br />
<br />
Gracias por vuestra atención, y salud a tod@s. <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/smile.png" alt="Smile" title="Smile" class="smilie smilie_1" /><br />
<br />
David.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fantasía] Comienzo de "El Sueño de la Esfera"]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3149</link>
			<pubDate>Fri, 13 Aug 2021 13:09:37 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1121">Yotsugen_Eiji</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3149</guid>
			<description><![CDATA[Hola, soy nuevo por aquí, encantado de compartir mi pasión por la fantasía con todos vosotros. <br />
<br />
Este es el principio de la novela que estoy escribiendo: "Orígenes de la Magia: El Sueño de la Esfera"<br />
<br />
La he empezado a publicar también en Wattpad, por si os interesa. <br />
<br />
Espero esos comentarios guapos  <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/emojis/1F64C.png" alt="raised_hands" title="raised_hands" class="smilie smilie_63" /><br />
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esto no ha terminado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Una gran muchedumbre se reunía en el centro del gran patio, y comentarios parecidos se oían de boca de la mayoría de sus integrantes. Se respiraba una atmósfera de nerviosismo y expectación, lo que, unido a la tarima de roble oscuro que estaba colocada en un lado del grupo, daba a entender que esperaban algo con mucho interés. Todos ellos tenían aspecto de ser jóvenes, quizá alrededor de la veintena, y mientras algunos charlaban animadamente, otros se limitaban a observar la tarima en silencio, leían algo sin prestar atención a sus compañeros o miraban al infinito, ofreciendo una gran variedad de expresiones faciales. La verdad, se trataba de una muchedumbre algo heterogénea. Diríase que procurar unir a tantas personas para que actuasen como un solo ente se antojaba una tarea bastante complicada. Sin embargo, esto fue precisamente lo que ocurrió cuando se vio a alguien subir a la tarima. Todos, sin excepción, guardaron silencio, un silencio tan inquietante como repentino, y prestaron cada pequeño fragmento de su atención al unísono. La razón de este efecto seguramente residía en la persona que acababa de subir: lucía largos ropajes de color azul eléctrico con motivos dorados, sus cabellos eran canosos, largos y no muy abundantes, su mirada inteligente y penetrante, y en su mano izquierda llevaba un bastón con un aspecto muy revelador: era nudoso y tosco, y se retorcía de forma extraña en la punta. Sin duda se trataba de un mago.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Jóvenes aprendices! —tronó su voz profunda en mitad del silencio—. ¡Todos los que habéis llegado aquí, os encontráis en el momento más importante de toda vuestra vida, el que va a determinar el resto de la misma!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La tensión podía respirarse hasta provocar un acceso de tos. La atención de los muchachos era tan intensa, que las poderosas palabras del mago repicaban nítidamente en las paredes del blanco patio, como si solo se encontrase él hablándole a la nada. Prosiguió su discurso tal como sigue:</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No en vano se os ha ocultado el acceso a este patio, visible desde casi todos los puntos del edificio, durante tantos años. ¡Hasta hoy! ¡Os encontráis en la antesala de vuestro futuro, que lleváis vislumbrando casi toda la vida! Y se os ofrece una única oportunidad para reunir el coraje de avanzar. ¡Debéis estar más concentrados que nunca! En el mediodía de hoy os encontraréis con vuestros tutores, que os darán una misión a cada uno, un objetivo personal que deberéis alcanzar de la manera que se os requiera. ¡Los que lo consigan, atravesarán las puertas que quedan detrás de mí, esas puertas que solo se atraviesan una vez en la vida, y entrarán en el Gran Salón de la Catedral, en el que se ungirán con la Savia del Firmamento y se convertirán oficialmente en miembros de la Orden Mística!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El mago realizó un arco muy teatralizado con su báculo y señaló las puertas que efectivamente quedaban tras él, que eran tan altas como un edificio de dos plantas y estaban cubiertas de relieves con motivos dramáticos e impactantes. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—En esta última prueba aprenderéis lo que es el poder. Aprenderéis lo que es el conocimiento. La astucia. La determinación. El valor. Pero, sobre todo, aprenderéis que todo lo anterior parte de lo mismo. Aquello que os defina y explique vuestro lugar en el mundo. Es por eso que os pido...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El protagonista de esta historia no se encontraba allí. Bueno, para no dar lugar a confusiones, diremos que sí, se trataba de uno de los neófitos que se encontraba a punto de terminar sus estudios de magia, y sí, también aguardaba para realizar su última prueba, una misión personal, para poder promocionar como un mago de pleno derecho. Pero él no se encontraba entre los jóvenes que escuchaban religiosamente aquel discurso tan motivador. Y no es que le hubiese ocurrido nada, ni que nadie se lo impidiese, como de hecho había ocurrido con otros alumnos, ya tuvieran más responsabilidades o menos permiso por parte de los instructores. No. Simplemente, ese tipo de actos le aburrían desesperadamente. De hecho, en ese preciso instante, las profundas palabras del mago le llegaban entrecortadas a través de un ventanuco del baño, mientras él se concentraba en afinar su puntería.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Puertas de una vez en la vida... bah —masculló mientras trataba de no dar en el agua, para no producir sonidos incómodos—. Para luego poder entrar en ese Salón tan impresionante por la puerta normal y corriente... Menuda inutilidad arquitectónica. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El chico terminó su labor y se recompuso, sacándose la túnica que se había remetido en los anchos pantalones de lino para evitar una colada adicional e innecesaria. Todavía andaba medio mareado por la larga siesta de la que se había despertado hacía solo unos minutos, por lo que aún en mitad del baño se dio un momento más para estar seguro de que mantenía el equilibrio. Echó un vistazo por la ventana. La arenga había finalizado, y todos los estudiantes aplaudieron y vitorearon enfervorizados en ese instante, provocando el vuelo inmediato de varias especies de aves.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vaya un escándalo... —prosiguió mascullando para sus adentros—. Como si fuera necesario tanto bombo y platillo para que la gente haga lo que tiene que hacer. En fin...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y con un último suspiro de suficiencia, abandonó el baño. Este salía a un gran pasillo de piedra, cuyas tres dimensiones en el espacio se alargaban tanto que el sonido de los pasos del muchacho parecía perderse más allá del mundo. Tras doblar la esquina y subir una amplia escalinata, este empujó una pesada puerta de abeto y se introdujo en lo que a todas luces se antojaba como una pequeña biblioteca, con altos estantes atravesando toda la estancia y una hilera de mesas atornilladas al suelo al fondo, junto a las ventanas. El chico se paseó por los estantes, cogió un libro y se sentó en una de las mesas para repasarlo tranquilamente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Daaf!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El repaso duró más bien poco. Frente a Daaf (pues así le habían llamado) se había sentado una chica de cabellos rubios y gafas rectangulares, mirándole con una expresión peculiar. Su boca esbozaba una sonrisa radiante, pero sus verdes ojos mantenían un semblante acusador, por lo que resultaba difícil saber cómo responder según se le mirara a una u otra parte de la cara. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No has ido a la Ceremonia del Patio Blanco ¿Por qué no has ido a la Ceremonia del Patio Blanco? ¡Nadie quiere perderse la Ceremonia!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Hablaba rápido y con una voz clara y aguda, lo cual irritaba notablemente a Daaf.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Paso —replicó este, fingiendo que la ignoraba con la mirada fija en el libro, a pesar de que no podía concentrarse en leer nada</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—. Prefiero aprovechar mejor el tiempo por mi cuenta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero… ¿Cómo puedes decir eso? ¡Es el maldito Patio Blanco! El único lugar de la Catedral que no se puede encontrar hasta que no tienes todas las marcas de talento. —La chica se sacó un pequeño medallón dorado que llevaba al cuello, repleto de grabados simétricos por toda su superficie, excepto en el centro—. ¿No te da curiosidad entrar, verlo de cerca...?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Se puede ver desde casi todas las ventanas, lo llevo viendo cuatro años, Leril. No puede haber cosa que me dé menos curiosidad. ¿Y qué pasa contigo? Tú tampoco has ido.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo tengo turno de biblioteca justo aquí, atontado. ¿Te piensas que vine a buscar este sitio solo para molestarte?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es tu pasatiempo favorito...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ah —contestó la chica exagerando ridículamente su indignación—, cómo me dices eso, con lo buena amiga que soy siempre... —Daaf alzó una ceja escéptica—. Sí, no me pongas esa cara, que si no fuera por mí a saber si hubieras pasado todavía el Primer Año de Avanzado...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Leril calló un momento, como eligiendo sus próximas palabras. Daaf estaba pensando que quizá podría entender el fragmento del libro que llevaba un buen rato mirando, cuando la chica volvió a la carga.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y cuando has dicho eso de aprovechar el tiempo por tu cuenta, ¿le añades el siestorro que te acabas de echar, o eso lo saltamos para una cuestión aparte?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Daaf se rindió y cerró el libro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ayer me hice otra Asimilación, Leril, y sabes bien lo que cansa. No es sencillo tratar de poner en orden un montón de información que te acaban de meter directamente en el cerebro. Si no descanso bien...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Que sí, que vale, dime otra excusa —le cortó ella en tono burlón—. Siempre que te apetece echarte un rato vienes con lo mismo. El señorito importante, que podía asimilar incluso después de la preparatoria... Venga, hombre.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No, y lo peor es que lo sabes... —comentó Daaf mirando por la ventana—. Tú ya hace tiempo que no lo haces, pero seguro que no se te ha olvidado...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No lo hago ya, pero porque soy una persona normal, y me preocupa mi cabeza y tengo cuidado con ella. Otra cosa es que tú quieras ir a lo loco saltándote los protocolos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Daaf calló y esbozó una sonrisa. Leril solía meterse con él aludiendo a esa circunstancia tan excepcional que lo había convertido en la comidilla de todo el cuerpo estudiantil cuando ingresó allí, pero estaba seguro de que no era más que envidia. Sin embargo, por lo menos esa broma en particular hacía más soportable la curiosa forma que tenía esta de profesarle su amistad.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y no estás emocionado por la misión que nos van a dar? —saltó de nuevo, de pronto—. Eso te hará reaccionar, digo yo, no siempre vas a poner cara de "paso de todo, soy especial", que seguro que tiene que acabar aburriéndote...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno —admitió el chico—, supongo, pero mientras no sepa de qué va, no hay mucho espacio para emocionarse, ¿no crees?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Anda, que es durillo de pelar... ¿Quién es tu tutor principal?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El Ilustre Magna.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, claro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Esas últimas palabras las intercambiaron rápidamente, como si no fuera la primera vez que tenían la misma conversación.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No entiendo por qué no quieres decirme quién es tu tutor, Daaf, no hay necesidad de callárselo —comentó Leril, poniéndose un poco más seria—. Siempre que te pregunto saltas con la misma tontería.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es que no me lo he callado en ningún momento. Es el Ilustre Magna.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, bueno, ahora resulta que la máxima autoridad en el estudio de la magia no tiene nada mejor que hacer que adiestrarte a ti personalmente. Claro. A ver, que has venido a estudiar a Sinax, que vale que es la sede de la Magna Locuis y la principal ciudad mágica de todo el Reino de las Camelias y todo eso, pero de ahí a pretender que te haga caso el mago más poderoso, me parece un poco fantasía.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No fantaseo, Leril. De verdad que es él.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Leril le dedicó una sonrisa cargada de ternura a su amigo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No se te da bien este tipo de bromas. Deberías dejarlo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Daaf arqueó una ceja de nuevo. Su amiga se levantó de repente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno, yo me voy que tengo que entregar los informes de préstamos en la Sección Central. ¡No te olvides de que dentro de un rato es la reunión para la misión final con los tutores! —le dijo, mientras ya se alejaba—. Sea quien sea el tuyo... —añadió, y cerró la puerta de la biblioteca.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Daaf dio un largo resoplido. Sin duda la mejor parte de una conversación con Leril era cuando esta se iba y la habitación quedaba en calma absoluta. Por fin cogió el libro y pudo leerlo tranquilamente como quería, y así se quedó durante las tres horas siguientes, absorto en complicadas descripciones y diagramas geométricos adornados con extraños símbolos. Después, cuando se dio cuenta de que faltaba poco para la reunión, volvió a dejar el libro en su lugar y salió de nuevo a aquellos enormes pasillos de piedra. Tras un paseo un poco más largo que el anterior, en el que subió muchas más escaleras, se detuvo frente a una gran puerta de un nácar brillante, a la que llamó suavemente con los nudillos. Esta se entreabrió por sí sola, sin que nadie respondiera, por lo que Daaf entró directamente al despacho de su tutor.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Buenas tardes, Daaf—le saludó este.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Buenas tardes, Ilustre Magna.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Un rato antes, mientras Daaf aún continuaba absorbido por la lectura, Leril acababa de salir de la Sección Central de la biblioteca tras completar sus deberes con la misma, y se encontraba pensando si podría volver a molestar un poco más a Daaf, su pasatiempo favorito.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Leril! ¡Espera!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La chica puso los ojos en blanco y resopló por lo bajo. Conocía demasiado bien a la persona que la había llamado con voz nerviosa.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hola, Stolok —respondió con voz neutra.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Stolok la alcanzó y se puso a caminar a su lado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hey, qué pasa —volvió a saludarla torpemente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—A ver, dime qué quieres.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Stolok titubeó un momento, algo abrumado por la forma tan directa que tenía la chica de hablarle.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí… verás. Ya pronto vamos a terminar aquí, ¿verdad?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ah, ¿sí? Guau, no me había dado cuenta… —replicó Leril sin esconder su sarcasmo, manteniendo un paso firme. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y bueno… después de tantos años juntos… compartiendo el estudio de nu... nuestra pasión y eso…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha estaba planteándose si la amonestarían por empujar a Stolok por la amplia escalinata que estaban bajando en ese momento.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno… que lo que quería decirte es… osea, que me gu… gustaría mucho...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—A ver, Stolok —le cortó Leril justo al pie de las escaleras—, te voy a atajar porque tanto tartamudeo y lentitud me están atacando los nervios. No hace falta que inventes discursos. No tienes que hacer nada, no tienes que forzarte para que me gustes.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El chico esbozó una sorprendida sonrisa en su cara picada de viruela. Leril suspiró de impaciencia.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Quiero decir que no me interesas, a ver si te enteras —prosiguió la muchacha llevándose la mano a la c</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">ara. A Stolok se le congeló la expresión—. ¿Tienes idea de cuántas veces me puede haber pasado esto mismo durante el curso? Y que te quede claro que no es nada contra ti, simplemente no me atraen los mojigatos como tú. Y al parecer en la Catedral prácticamente no hay otro tipo de persona. Así que quítate la fantasía esa cuanto antes de la cabeza y vamos a terminar los estudios de una vez, me has hecho sentir muy incómoda.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y sin más se dio la vuelta y continuó por el amplio distribuidor al que habían bajado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero… ¿cómo puedes decirme eso? —le gritó Stolok más nervioso que nunca. Arrancó el paso y se puso a perseguir a la chica—. Con la de veces que hemos compartido el estudio, los momentos que has pasado conmigo, yo… ¡Yo creía que prácticamente me ibas a decir que sí! ¡No tienes derecho a soltarme eso ahora!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El tono del chico había cambiado sutilmente hasta sonar furioso y autoritario. Leril se paró en seco y cerró los ojos. Su paciencia acababa de agotarse completamente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vaya… —susurró para sí—. Otro pobre infeliz que no podrá hacer su misión de unción…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En los cinco segundos siguientes todo ocurrió tan deprisa que cualquier espectador casual habría acabado totalmente confundido. Leril se dio la vuelta, movió las manos de forma incomprensible y al instante la alfombra que cubría toda la estancia se estiró justo debajo de su compañero y lo golpeó como si fuera una piedra justo entre sus dos piernas. Stolok dejó de respirar y de moverse porque así se lo ordenó el intenso dolor que empezaba a gritar desde sus partes más delicadas. De repente tenía a Leril justo a dos centímetros de él. Le puso un dedo en el cuello y lo empujó, con lo que el muchacho no tuvo más opción que caerse al suelo y empezar a retorcerse como si fuera una araña a la que acaban de rociar con insecticida.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Regla número uno —recitó Leril mientras volvía a alejarse—: No me toques las narices. No hay más reglas.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Antes de desaparecer por la esquina, aún chasqueó los dedos, lo que provocó que todo el aire junto a la mejilla de Stolok se moviese en masa en la misma dirección, proporcionándole un tortazo invisible. Esto terminó de confundir al muchacho, que a partir de aquel momento decidió alejarse todo lo posible de aquel peligro andante.</span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Hola, soy nuevo por aquí, encantado de compartir mi pasión por la fantasía con todos vosotros. <br />
<br />
Este es el principio de la novela que estoy escribiendo: "Orígenes de la Magia: El Sueño de la Esfera"<br />
<br />
La he empezado a publicar también en Wattpad, por si os interesa. <br />
<br />
Espero esos comentarios guapos  <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/emojis/1F64C.png" alt="raised_hands" title="raised_hands" class="smilie smilie_63" /><br />
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esto no ha terminado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Una gran muchedumbre se reunía en el centro del gran patio, y comentarios parecidos se oían de boca de la mayoría de sus integrantes. Se respiraba una atmósfera de nerviosismo y expectación, lo que, unido a la tarima de roble oscuro que estaba colocada en un lado del grupo, daba a entender que esperaban algo con mucho interés. Todos ellos tenían aspecto de ser jóvenes, quizá alrededor de la veintena, y mientras algunos charlaban animadamente, otros se limitaban a observar la tarima en silencio, leían algo sin prestar atención a sus compañeros o miraban al infinito, ofreciendo una gran variedad de expresiones faciales. La verdad, se trataba de una muchedumbre algo heterogénea. Diríase que procurar unir a tantas personas para que actuasen como un solo ente se antojaba una tarea bastante complicada. Sin embargo, esto fue precisamente lo que ocurrió cuando se vio a alguien subir a la tarima. Todos, sin excepción, guardaron silencio, un silencio tan inquietante como repentino, y prestaron cada pequeño fragmento de su atención al unísono. La razón de este efecto seguramente residía en la persona que acababa de subir: lucía largos ropajes de color azul eléctrico con motivos dorados, sus cabellos eran canosos, largos y no muy abundantes, su mirada inteligente y penetrante, y en su mano izquierda llevaba un bastón con un aspecto muy revelador: era nudoso y tosco, y se retorcía de forma extraña en la punta. Sin duda se trataba de un mago.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Jóvenes aprendices! —tronó su voz profunda en mitad del silencio—. ¡Todos los que habéis llegado aquí, os encontráis en el momento más importante de toda vuestra vida, el que va a determinar el resto de la misma!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La tensión podía respirarse hasta provocar un acceso de tos. La atención de los muchachos era tan intensa, que las poderosas palabras del mago repicaban nítidamente en las paredes del blanco patio, como si solo se encontrase él hablándole a la nada. Prosiguió su discurso tal como sigue:</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No en vano se os ha ocultado el acceso a este patio, visible desde casi todos los puntos del edificio, durante tantos años. ¡Hasta hoy! ¡Os encontráis en la antesala de vuestro futuro, que lleváis vislumbrando casi toda la vida! Y se os ofrece una única oportunidad para reunir el coraje de avanzar. ¡Debéis estar más concentrados que nunca! En el mediodía de hoy os encontraréis con vuestros tutores, que os darán una misión a cada uno, un objetivo personal que deberéis alcanzar de la manera que se os requiera. ¡Los que lo consigan, atravesarán las puertas que quedan detrás de mí, esas puertas que solo se atraviesan una vez en la vida, y entrarán en el Gran Salón de la Catedral, en el que se ungirán con la Savia del Firmamento y se convertirán oficialmente en miembros de la Orden Mística!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El mago realizó un arco muy teatralizado con su báculo y señaló las puertas que efectivamente quedaban tras él, que eran tan altas como un edificio de dos plantas y estaban cubiertas de relieves con motivos dramáticos e impactantes. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—En esta última prueba aprenderéis lo que es el poder. Aprenderéis lo que es el conocimiento. La astucia. La determinación. El valor. Pero, sobre todo, aprenderéis que todo lo anterior parte de lo mismo. Aquello que os defina y explique vuestro lugar en el mundo. Es por eso que os pido...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El protagonista de esta historia no se encontraba allí. Bueno, para no dar lugar a confusiones, diremos que sí, se trataba de uno de los neófitos que se encontraba a punto de terminar sus estudios de magia, y sí, también aguardaba para realizar su última prueba, una misión personal, para poder promocionar como un mago de pleno derecho. Pero él no se encontraba entre los jóvenes que escuchaban religiosamente aquel discurso tan motivador. Y no es que le hubiese ocurrido nada, ni que nadie se lo impidiese, como de hecho había ocurrido con otros alumnos, ya tuvieran más responsabilidades o menos permiso por parte de los instructores. No. Simplemente, ese tipo de actos le aburrían desesperadamente. De hecho, en ese preciso instante, las profundas palabras del mago le llegaban entrecortadas a través de un ventanuco del baño, mientras él se concentraba en afinar su puntería.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Puertas de una vez en la vida... bah —masculló mientras trataba de no dar en el agua, para no producir sonidos incómodos—. Para luego poder entrar en ese Salón tan impresionante por la puerta normal y corriente... Menuda inutilidad arquitectónica. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El chico terminó su labor y se recompuso, sacándose la túnica que se había remetido en los anchos pantalones de lino para evitar una colada adicional e innecesaria. Todavía andaba medio mareado por la larga siesta de la que se había despertado hacía solo unos minutos, por lo que aún en mitad del baño se dio un momento más para estar seguro de que mantenía el equilibrio. Echó un vistazo por la ventana. La arenga había finalizado, y todos los estudiantes aplaudieron y vitorearon enfervorizados en ese instante, provocando el vuelo inmediato de varias especies de aves.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vaya un escándalo... —prosiguió mascullando para sus adentros—. Como si fuera necesario tanto bombo y platillo para que la gente haga lo que tiene que hacer. En fin...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y con un último suspiro de suficiencia, abandonó el baño. Este salía a un gran pasillo de piedra, cuyas tres dimensiones en el espacio se alargaban tanto que el sonido de los pasos del muchacho parecía perderse más allá del mundo. Tras doblar la esquina y subir una amplia escalinata, este empujó una pesada puerta de abeto y se introdujo en lo que a todas luces se antojaba como una pequeña biblioteca, con altos estantes atravesando toda la estancia y una hilera de mesas atornilladas al suelo al fondo, junto a las ventanas. El chico se paseó por los estantes, cogió un libro y se sentó en una de las mesas para repasarlo tranquilamente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Daaf!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El repaso duró más bien poco. Frente a Daaf (pues así le habían llamado) se había sentado una chica de cabellos rubios y gafas rectangulares, mirándole con una expresión peculiar. Su boca esbozaba una sonrisa radiante, pero sus verdes ojos mantenían un semblante acusador, por lo que resultaba difícil saber cómo responder según se le mirara a una u otra parte de la cara. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No has ido a la Ceremonia del Patio Blanco ¿Por qué no has ido a la Ceremonia del Patio Blanco? ¡Nadie quiere perderse la Ceremonia!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Hablaba rápido y con una voz clara y aguda, lo cual irritaba notablemente a Daaf.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Paso —replicó este, fingiendo que la ignoraba con la mirada fija en el libro, a pesar de que no podía concentrarse en leer nada</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—. Prefiero aprovechar mejor el tiempo por mi cuenta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero… ¿Cómo puedes decir eso? ¡Es el maldito Patio Blanco! El único lugar de la Catedral que no se puede encontrar hasta que no tienes todas las marcas de talento. —La chica se sacó un pequeño medallón dorado que llevaba al cuello, repleto de grabados simétricos por toda su superficie, excepto en el centro—. ¿No te da curiosidad entrar, verlo de cerca...?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Se puede ver desde casi todas las ventanas, lo llevo viendo cuatro años, Leril. No puede haber cosa que me dé menos curiosidad. ¿Y qué pasa contigo? Tú tampoco has ido.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo tengo turno de biblioteca justo aquí, atontado. ¿Te piensas que vine a buscar este sitio solo para molestarte?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es tu pasatiempo favorito...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ah —contestó la chica exagerando ridículamente su indignación—, cómo me dices eso, con lo buena amiga que soy siempre... —Daaf alzó una ceja escéptica—. Sí, no me pongas esa cara, que si no fuera por mí a saber si hubieras pasado todavía el Primer Año de Avanzado...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Leril calló un momento, como eligiendo sus próximas palabras. Daaf estaba pensando que quizá podría entender el fragmento del libro que llevaba un buen rato mirando, cuando la chica volvió a la carga.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y cuando has dicho eso de aprovechar el tiempo por tu cuenta, ¿le añades el siestorro que te acabas de echar, o eso lo saltamos para una cuestión aparte?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Daaf se rindió y cerró el libro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ayer me hice otra Asimilación, Leril, y sabes bien lo que cansa. No es sencillo tratar de poner en orden un montón de información que te acaban de meter directamente en el cerebro. Si no descanso bien...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Que sí, que vale, dime otra excusa —le cortó ella en tono burlón—. Siempre que te apetece echarte un rato vienes con lo mismo. El señorito importante, que podía asimilar incluso después de la preparatoria... Venga, hombre.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No, y lo peor es que lo sabes... —comentó Daaf mirando por la ventana—. Tú ya hace tiempo que no lo haces, pero seguro que no se te ha olvidado...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No lo hago ya, pero porque soy una persona normal, y me preocupa mi cabeza y tengo cuidado con ella. Otra cosa es que tú quieras ir a lo loco saltándote los protocolos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Daaf calló y esbozó una sonrisa. Leril solía meterse con él aludiendo a esa circunstancia tan excepcional que lo había convertido en la comidilla de todo el cuerpo estudiantil cuando ingresó allí, pero estaba seguro de que no era más que envidia. Sin embargo, por lo menos esa broma en particular hacía más soportable la curiosa forma que tenía esta de profesarle su amistad.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y no estás emocionado por la misión que nos van a dar? —saltó de nuevo, de pronto—. Eso te hará reaccionar, digo yo, no siempre vas a poner cara de "paso de todo, soy especial", que seguro que tiene que acabar aburriéndote...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno —admitió el chico—, supongo, pero mientras no sepa de qué va, no hay mucho espacio para emocionarse, ¿no crees?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Anda, que es durillo de pelar... ¿Quién es tu tutor principal?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El Ilustre Magna.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, claro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Esas últimas palabras las intercambiaron rápidamente, como si no fuera la primera vez que tenían la misma conversación.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No entiendo por qué no quieres decirme quién es tu tutor, Daaf, no hay necesidad de callárselo —comentó Leril, poniéndose un poco más seria—. Siempre que te pregunto saltas con la misma tontería.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es que no me lo he callado en ningún momento. Es el Ilustre Magna.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, bueno, ahora resulta que la máxima autoridad en el estudio de la magia no tiene nada mejor que hacer que adiestrarte a ti personalmente. Claro. A ver, que has venido a estudiar a Sinax, que vale que es la sede de la Magna Locuis y la principal ciudad mágica de todo el Reino de las Camelias y todo eso, pero de ahí a pretender que te haga caso el mago más poderoso, me parece un poco fantasía.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No fantaseo, Leril. De verdad que es él.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Leril le dedicó una sonrisa cargada de ternura a su amigo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No se te da bien este tipo de bromas. Deberías dejarlo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Daaf arqueó una ceja de nuevo. Su amiga se levantó de repente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno, yo me voy que tengo que entregar los informes de préstamos en la Sección Central. ¡No te olvides de que dentro de un rato es la reunión para la misión final con los tutores! —le dijo, mientras ya se alejaba—. Sea quien sea el tuyo... —añadió, y cerró la puerta de la biblioteca.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Daaf dio un largo resoplido. Sin duda la mejor parte de una conversación con Leril era cuando esta se iba y la habitación quedaba en calma absoluta. Por fin cogió el libro y pudo leerlo tranquilamente como quería, y así se quedó durante las tres horas siguientes, absorto en complicadas descripciones y diagramas geométricos adornados con extraños símbolos. Después, cuando se dio cuenta de que faltaba poco para la reunión, volvió a dejar el libro en su lugar y salió de nuevo a aquellos enormes pasillos de piedra. Tras un paseo un poco más largo que el anterior, en el que subió muchas más escaleras, se detuvo frente a una gran puerta de un nácar brillante, a la que llamó suavemente con los nudillos. Esta se entreabrió por sí sola, sin que nadie respondiera, por lo que Daaf entró directamente al despacho de su tutor.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Buenas tardes, Daaf—le saludó este.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Buenas tardes, Ilustre Magna.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Un rato antes, mientras Daaf aún continuaba absorbido por la lectura, Leril acababa de salir de la Sección Central de la biblioteca tras completar sus deberes con la misma, y se encontraba pensando si podría volver a molestar un poco más a Daaf, su pasatiempo favorito.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Leril! ¡Espera!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La chica puso los ojos en blanco y resopló por lo bajo. Conocía demasiado bien a la persona que la había llamado con voz nerviosa.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hola, Stolok —respondió con voz neutra.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Stolok la alcanzó y se puso a caminar a su lado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hey, qué pasa —volvió a saludarla torpemente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—A ver, dime qué quieres.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Stolok titubeó un momento, algo abrumado por la forma tan directa que tenía la chica de hablarle.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí… verás. Ya pronto vamos a terminar aquí, ¿verdad?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ah, ¿sí? Guau, no me había dado cuenta… —replicó Leril sin esconder su sarcasmo, manteniendo un paso firme. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y bueno… después de tantos años juntos… compartiendo el estudio de nu... nuestra pasión y eso…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha estaba planteándose si la amonestarían por empujar a Stolok por la amplia escalinata que estaban bajando en ese momento.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno… que lo que quería decirte es… osea, que me gu… gustaría mucho...</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—A ver, Stolok —le cortó Leril justo al pie de las escaleras—, te voy a atajar porque tanto tartamudeo y lentitud me están atacando los nervios. No hace falta que inventes discursos. No tienes que hacer nada, no tienes que forzarte para que me gustes.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El chico esbozó una sorprendida sonrisa en su cara picada de viruela. Leril suspiró de impaciencia.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Quiero decir que no me interesas, a ver si te enteras —prosiguió la muchacha llevándose la mano a la c</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">ara. A Stolok se le congeló la expresión—. ¿Tienes idea de cuántas veces me puede haber pasado esto mismo durante el curso? Y que te quede claro que no es nada contra ti, simplemente no me atraen los mojigatos como tú. Y al parecer en la Catedral prácticamente no hay otro tipo de persona. Así que quítate la fantasía esa cuanto antes de la cabeza y vamos a terminar los estudios de una vez, me has hecho sentir muy incómoda.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y sin más se dio la vuelta y continuó por el amplio distribuidor al que habían bajado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero… ¿cómo puedes decirme eso? —le gritó Stolok más nervioso que nunca. Arrancó el paso y se puso a perseguir a la chica—. Con la de veces que hemos compartido el estudio, los momentos que has pasado conmigo, yo… ¡Yo creía que prácticamente me ibas a decir que sí! ¡No tienes derecho a soltarme eso ahora!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El tono del chico había cambiado sutilmente hasta sonar furioso y autoritario. Leril se paró en seco y cerró los ojos. Su paciencia acababa de agotarse completamente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vaya… —susurró para sí—. Otro pobre infeliz que no podrá hacer su misión de unción…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En los cinco segundos siguientes todo ocurrió tan deprisa que cualquier espectador casual habría acabado totalmente confundido. Leril se dio la vuelta, movió las manos de forma incomprensible y al instante la alfombra que cubría toda la estancia se estiró justo debajo de su compañero y lo golpeó como si fuera una piedra justo entre sus dos piernas. Stolok dejó de respirar y de moverse porque así se lo ordenó el intenso dolor que empezaba a gritar desde sus partes más delicadas. De repente tenía a Leril justo a dos centímetros de él. Le puso un dedo en el cuello y lo empujó, con lo que el muchacho no tuvo más opción que caerse al suelo y empezar a retorcerse como si fuera una araña a la que acaban de rociar con insecticida.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Regla número uno —recitó Leril mientras volvía a alejarse—: No me toques las narices. No hay más reglas.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Antes de desaparecer por la esquina, aún chasqueó los dedos, lo que provocó que todo el aire junto a la mejilla de Stolok se moviese en masa en la misma dirección, proporcionándole un tortazo invisible. Esto terminó de confundir al muchacho, que a partir de aquel momento decidió alejarse todo lo posible de aquel peligro andante.</span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fantasía] Historia de los Dioses]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3137</link>
			<pubDate>Tue, 20 Jul 2021 17:58:13 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=45">Zarono</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3137</guid>
			<description><![CDATA[Retomo mi labor de seguir publicando los relatos que usé para los retos del Foro en su día. Tras haber publicado los relatos dedicados a las Ciudades, Ciencia-ficción, Steampunk y Viaje en el Tiempo (hace ya un año, como pasa el tiempo), cuelgo éste que usé en su día para el Reto Mitológico, y que tanto "gustó"  <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/biggrin.png" alt="Big Grin" title="Big Grin" class="smilie smilie_4" /> <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">HISTORIA DE LOS DIOSES:</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cantar de la creación:</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Dicen los Antiguos y los Sabios que en el Reinado de los Viejos Dioses el cosmos fue creado, entonces el mundo era informe y la oscuridad era total.<br />
Dicen que cuando los Viejos Dioses abandonaron nuestro Universo meditaron largamente quien cuidaría de este Universo.<br />
Entonces el Viajero, de quien unos dicen que era uno de los Viejos Dioses y otros uno de sus criados se ofreció a encontrar uno que gobernase el mundo y lo creado.<br />
Dicen que los Viejos Dioses ya se habían ido cuando el Viajero regresó con Rhammhy, el Rey Dios; si Rhammhy era uno de los Viejos Dioses, un ser de otro Universo o el hijo de alguno de los Viejos Dioses nunca se sabrá.<br />
El Rey Dios se instaló en el Sitial Cósmico y allí contempló lo creado. Pero en el Mundo las fuerzas divinas dejadas por los Viejos Dioses tomaron forma y comenzó la Creación.<br />
Dicen que en el Continente de Kondar en el sur cientos de volcanes comenzaron a estallar con terrible poder y un gran fuego surgió de la tierra, y en medio de volcanes y fuego surgió desnuda Lauria, la Diosa de Fuego.<br />
Lauria era de piel blanca, pecosa y su pelo era pelirrojo y caía en rizadas melenas de su cabeza; cuando abrió su ojos glaucos el Mundo entero tembló y al igual que en el sur de Kondar toda la tierra se encendió y ardió con furia.<br />
Desde entonces en el sur de Kondar se halla la Tierra del Fuego donde nació Lauria.<br />
Dicen que entonces, de repente surgieron cientos de vientos huracanados que enfriaron algunas de aquellas llamaradas primigenias y de entre los vientos y el aire surgió desnuda Durania, la Diosa del Aire.<br />
Durania era de piel blanca pero algo más morena que Lauria, su pelo era castaño y liso, y sus ojos pardos y cuando abrió los ojos los vientos recorrieron el Mundo y los huracanes y los vendavales recorrieron el orbe totalmente.<br />
Durania se posó en una de las Montañas de los Dientes Gélidos, que se llamó el Pilar de la Diosa del Cielo.<br />
Dicen que de la conjunción de aire y nubes volcánicas se formó u gigantesco nubarrón que acabó en gran tempestad y una gran lluvia inundó el Mundo, en lo que se llamó el Diluvio Primigenio.<br />
Este gran diluvio creó los mares, los ríos y los océanos; y de entre la espuma de las aguas de lo que sería el Océano de Mirna surgió desnuda Yalesia, la Diosa del Agua.<br />
Yalesia era de piel muy blanca, casi coralina, su pelo era rubio y liso, y sus ojos de un azul turquesa; y cuando abrió los ojos cientos de tempestades descargaron la lluvia por el Mundo.<br />
Al salir de las aguas de Mirna, sus pies hollaron la Isla del Sur.<br />
Dicen que cuando la lluvia cayó de entre la tierra seca nacieron las primeras plantas que no eran más que hierbas y flores y entre ellas, desnuda, surgió Malenian, la Diosa de la Tierra.<br />
Malenian era de piel blanca pero morena como Durania y su pelo era negro azabache y caía en rizadas melenas de su cabeza, y sus ojos eran verdes. Cuando abrió los ojos todas las flores del mundo florecieron.<br />
La tierra donde nació se llamó desde entonces el Bosque Dorado.<br />
Así pues estos son los Cinco, los Cinco Dioses Originales, a veces se les llama los Cinco Nuevos Dioses.<br />
Pero el Cantar de la Creación no acaba aquí sino que prosigue así:<br />
Dicen que los Viejos Dioses tuvieron que enfrentarse a una oscuridad siniestra en los otros Universos, algunos llaman a esta oscuridad el Mal otros el Caos pero en el Cantar se habla de ellos como la Sombra o las Sombras.<br />
Nadie sabe a ciencia cierta que eran si seres o nada, si entidades surgidas de la mano de un dios o seres que ya pululaban en los rincones oscuros del cosmos; no se sabe nada de la lucha que los Viejos Dioses llevaron a cabo contra ellas.<br />
Lo cierto es que algunas de estas entidades atravesaron el cosmos y hallaron refugio en nuestro mundo; algunas se transformaron en los Gigantes de la Oscuridad, los siniestros gigantes de cien brazos o de diez brazos o incluso de mil brazos; otros se transformaron en los Kars temidos demonios oscuros, otros en criaturas sin nombre de los abismos del mar y de la tierra; pero todos ellos rendían pleitesía a Akkaxyshkk-Norghagg aquel al que llaman La Doble Oscuridad.<br />
Y la Doble Oscuridad llegó a la tierra y pululó por la oscuridad de los días primigenios, pero el Dios-Rey lo vio y saltando del Sitial Cósmico llegó a la tierra envuelto en su armadura de oro y plata con su lanza de diamante estelar y persiguió a la oscuridad.<br />
Dicen que aterrizó en las Tierras de En Medio de Kondar y que cruzó el océano de Mirna.<br />
Una vez cruzada la gran masa de agua llegó al sur de Kondar donde se encontró a Lauria, ella le vio y se entregó a él, y él se despojó de la armadura y yació con ella y en el lugar donde yacieron la pasión de la diosa hizo brotar cien volcanes y la tierra se volvió negra, y de su pasión salió de su vientre el Sol, Auros de cabellos dorados, que con su calor hizo aquellas piedras rojas; por ello aquel lugar se transformó en el Desierto Rojo, y Auros iluminó la tierra y muchas sombras huyeron hacia el norte.<br />
Dicen que Rhammhy prosiguió su caza hacia al norte y cruzó el Mar de Kentyr, cuando se posó en la isla de Kentyr vio a lo lejos en las aguas a Yalesia, ella le vio y huyó pero él la persiguió hasta Kiterei donde ambos yacieron, y aquella isla se llamó isla del Amor, y de su pasión salió del vientre de la diosa del mar la Luna, Argentos de cabellos palteados, y subió a los cielos siguiendo la estela de su hermano.<br />
Rhammhy una vez más prosiguió la caza de las sombras y en los bosques de Cernisia encontró a Malenian y la diosa de la tierra se le abrazó y él yació con ella y del fruto de su pasión del vientre de la diosa surgieron las primeras plantas del mundo.<br />
El Dios-Rey prosiguió la caza una vez más y llegó al Pilar de la Diosa del Cielo, y allí halló a Durania sentada contemplando la tierra y ella le vio y yació con él y del vientre de la diosa surgieron las estrellas que se desparramaron por el cielo.<br />
Mientras Rhammhy prosiguió la persecución de las sombras y estas huyeron a las Tierras Desoladas y allí las atrapó Rhammhy quien con su escudo las aplastó formando la Gran Grieta, más las sombras no murieron sino que se ocultaron en las profundidades y por mucho que las buscó Rhammhy no las encontró.<br />
El Cantar de la Creación sigue con la llegada de Farimos el dios de la Justicia que tenía dos caras una bondadosa y comprensiva y otra terrible, este dios llegó con el Viajero para ayudar a Rhammhy en su tarea de gobernar el mundo. Así termina el Cantar.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cantar de la Guerra de las Diosas:</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El siguiente cantar en los textos antiguos es el de la Guerra de las Diosas. El principio se ha perdido por lo que no sabemos como las diosas se enteraron de que Rhammhy había yacido con todas ellas lo que sí tenemos es la segunda estrofa en la que se narra la Locura de las Diosas con unos textos muy poéticos, especialmente el de Lauria la diosa del fuego:</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">“<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero tú infame y cruel divinidad no mereces el cósmico trono,<br />
tu divina insolencia castigaremos y lamentarás tus actos,<br />
fuego caerá sobre la creación y como bestia te cazaré</span>…”</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Como se ve es muy gráfico, así pues las diosas se enfrentaron entre sí por el dios-Rey.<br />
Dicen que la tierra tembló y que los astros tomaron parte por su diosa y que se agrietó la tierra y los mares inundaron regiones enteras, y las estrellas caían del cielo envueltas en llamas.<br />
Por aquella época el pueblo de los saurios y el de los duendes ya habían surgido y estos sucesos aparecen recogidos en sus cantares y en los textos humanos antiguos, y lo que les ocurrió aparece en muchas historias aunque ésta es la más antigua.<br />
Cada diosa formó su ejército.<br />
Lauria creó el Ejército del Fuego; ella transformó algunos saurios en las terribles salamandras y a duendes en los fuegos fatuos y en su cólera divina creó a partir de serpientes a los dragones que materializaron en el mundo la cólera de la diosa.<br />
Yalesia creó el Ejército del Agua; transformó saurios en tritones y duendes en ondinas y creó a las serpientes marinas y a los hombres tortuga.<br />
Malenian creó el mayor ejército, el Ejército de la Tierra; la mayoría de los duendes le fueron leales entre ellos algunos se convirtieron en gnomos y el pueblo de las hadas escuchó su llamada y también los faunos y los terribles centauros.<br />
Durania creó el Ejército del Aire; sus duendes se transformaron en silfos y sílfides, y los gigantes estuvieron a su lado arrojando rocas contra sus enemigos.<br />
Terribles batallas sin cuartel se dieron entre las diosas y centenares de sus partidarios morían por doquier.<br />
Pero otro enemigo participó en la batalla, de la Gran Grieta surgió una sombra era Akkaxyshkk-Norghagg aquel al que llaman La Doble Oscuridad.<br />
En secreto y sinuosamente corrompió a las criaturas en el campo de batalla, así de entre los duendes surgió el pueblo de los trasgos, de entre los gigantes surgieron los ogros, entre los gnomos surgieron los trolls, entre los silfos surgieron los djinn, entre las ondinas las sirenas, entre las sílfides las arpías; por último llegó a corromper a todos los dragones y de entre ellos creo una nueva raza los basiliscos; los saurios amarillos que habían sido neutrales se volcaron en rendir culto a la oscuridad y en pleno centro de Hundar crearon la Ciudad de Akkaxyshkk-Norghagg.<br />
Pero la Doble Oscuridad no contó con Rhammhy ni con Torque.<br />
Torque era un dios que llegó con el Viajero, era enano y de cabellos cobrizos y era un gran herrero y artesano a pesar de ser feo de rostro.<br />
Torque, el Dios Enano fabricó una armadura para Rhammhy de metal estelar y una espada y un escudo del mismo metal. También fabricó una armadura para él y un hacha y una espada de triple filo para Farimos.<br />
Así el Dios-Rey se cubrió con su brillante armadura que sólo mostraba sus ojos y lanzó su vieja lanza de diamante estelar sobre la Ciudad de la Doble Oscuridad, el impactó hizo temblar a todo el orbe y la Ciudad Oscura desapareció, y allí donde estaba había un mar interior y en medio estaba el diamante de Rhammhy cubierto de tierra esta fue a partir de entonces Diamantia, la isla del diamante.<br />
Y el Dios-Rey bajó a la tierra y persiguió a la Doble Oscuridad hasta la Gran Grieta. Y la lucha en torno a la Grieta fue terrible, pero la Doble Oscuridad logró huir, y alrededor de la Gran Grieta se formó un desierto de ceniza negra cristalizada conocido como el Desierto Negro o el Desierto Maldito.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Los Amores del Rey de los Dioses</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Muchos fueron los desvaríos amorosos de Rhammhy, no contento con las Cuatro Diosas tuvo muchos y apasionados amores con semidiosas y mujeres mortales.<br />
Farimos, el dios de la Justicia tuvo dos mujeres mortales por compañeras, ambas le dieron descendencia y ambas murieron durante sus partos, desde entonces Farimos está en luto eterno.<br />
De su primera mujer Easeas, nacieron las Diosas Gemelas, Daunia y Dunia, una de pelo rubio como oro puro, y otra de pelo negro cual azabache, ambas se criaron en las praderas que hoy son las Tierras de Sar.<br />
Ambas diosas recorrieron las Tierras de Sar alimentándose de lo que cazaban y de las frutas de los árboles, un día mientras cazaban en la espesura se encontraron con un guerrero gigantesco que acababa de cazar un jabalí; el guerrero no era otro que Rhammhy. El Dios-Rey les ofreció compartir la comida con ellas, y tras comer y beber yació con ambas hermanas.<br />
Las Cuatro Diosas se sintieron furiosas con Rhammhy, más aún cuando Daunia dio a luz a un varón llamado Sar, y Dunia a una mujer llamada Seris.<br />
Para evitar conflictos con las diosas y con Farimos casó a Daunia con su hijo Auros, el dios del sol, y a Dunia con su hijo Argentos, dios de la luna.<br />
Pero a Sar y a Seris les otorgó el gobierno de las Tierras de Sar (como fueron conocidas desde entonces), y ambos se casaron y fundaron la ciudad de Sarpolis, la futura ciudad de los Emperadores.<br />
La segunda mujer de Farimos, Aeliana, dio a luz a Gemmaia, la diosa de la adivinación.<br />
Gemmaia era alta y de piernas largas, su cabello era de color platino y sus ojos eran de diferente color, uno era marro rojizo y el otro verde amarillo. Ella se convirtió en la diosa de los oráculos y comenzó a ejercer de profetisa entre los hombre que se asombraron ante su sabiduría.<br />
Con la intención de poner fin a sus oráculos (los mortales no pueden conocer su destino), Rhammhy descendió al mundo bajo la forma de un terrible guerrero cubierto totalmente por una armadura.<br />
Pero Gemmaia ya preveía su aparición y huyó hacia el bosque de Kelsar. Fue allí donde la atrapó el rey de los dioses y la obligó a yacer con él y a vivir en la Morada Sagrada.<br />
Gemmaia tuvo que someterse, pero en la Morada de los dioses conoció a Torque con quien se unió, y de cuya unión nacieron los enanos, el pueblo de la piedra.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">El Origen de la Humanidad</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras la Guerra de las Diosas, y previendo que los celos de sus compañeras podrían volver a provocar una hecatombe, Rhammhy decidió unirlas mediante un pacto.<br />
Tras celebrar sus bodas con las Cuatro Diosas, el Rey-Dios yació con todas ellas en la isla de Kentyr; después extrajo de sus vientres la semilla que había plantado en ellos y la enterró en el barro y el limo de la isla. Una vez hecho eso les obligó a jurar por el barro y el limo de Kentyr que nunca jamás provocarían una guerra y que le amarían a él y al mundo lo suficiente para no volver a provocar algo así.<br />
Cuando así lo hicieron del barro surgieron los primeros hombres y del limo las primeras mujeres, así llegó la humanidad al mundo, como la promesa de las diosas de no iniciar una nueva guerra, y como fruto del amor entre las Cuatro Diosas y Rhammhy.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">El Dios Sin Rostro y Sin Nombre</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes del surgimiento de la humanidad y los seres que pueblan el mundo, llegó a los dioses una nueva deidad con el Viajero. Era el Dios sin Rostro y sin Nombre, más conocido como el Sin Nombre.<br />
Era un ser vestido de negro y plata, ataviado con una capa negra, pero bajo su capucha no se veía nada, nada más que una sombra sin forma.<br />
Así llegó el Señor de la Muerte, aquél a quien todos temen, el guardián de las almas en tránsito, aquel que conduce a los muertos hasta Farimos, que es quien los juzga.<br />
No tiene nombre, ni rostro pero es una deidad temida por todo aquello que respira y vive.<br />
Nada se sabe sobre él, ningún oráculo, ni revelación habla de él. Poco más conocen los hombres del Sin Nombre.<br />
</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">El Destino de los Muertos</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esto aparece revelado en los Códices de los Muertos. Según estos escritos el alma de los muertos es conducida por el Sin Nombre ante Farimos, el Juez Supremo. Si el difunto se había comportado de acuerdo a las leyes de los dioses y los hombres, mostraba su cara bondadosa, y el difunto se llenaba de alegría. Después era conducido por el Sin Nombre al Valle de los Divinos, un valle a las faldas de la Morada de los Dioses, donde la comida no falta, el agua es fresca, no hay enfermedad, y todo es dicha sin fin.<br />
Mas para aquellos que han violado las leyes, Farimos muestra su cara terrible, y nadie puede mirarle a la cara. Son conducidos a las Tierras Muertas que rodean la Morada y el Valle de los divinos, un erial sin fin, un desierto eterno que recorren por toda la eternidad.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Retomo mi labor de seguir publicando los relatos que usé para los retos del Foro en su día. Tras haber publicado los relatos dedicados a las Ciudades, Ciencia-ficción, Steampunk y Viaje en el Tiempo (hace ya un año, como pasa el tiempo), cuelgo éste que usé en su día para el Reto Mitológico, y que tanto "gustó"  <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/biggrin.png" alt="Big Grin" title="Big Grin" class="smilie smilie_4" /> <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">HISTORIA DE LOS DIOSES:</span></span></span></div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cantar de la creación:</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Dicen los Antiguos y los Sabios que en el Reinado de los Viejos Dioses el cosmos fue creado, entonces el mundo era informe y la oscuridad era total.<br />
Dicen que cuando los Viejos Dioses abandonaron nuestro Universo meditaron largamente quien cuidaría de este Universo.<br />
Entonces el Viajero, de quien unos dicen que era uno de los Viejos Dioses y otros uno de sus criados se ofreció a encontrar uno que gobernase el mundo y lo creado.<br />
Dicen que los Viejos Dioses ya se habían ido cuando el Viajero regresó con Rhammhy, el Rey Dios; si Rhammhy era uno de los Viejos Dioses, un ser de otro Universo o el hijo de alguno de los Viejos Dioses nunca se sabrá.<br />
El Rey Dios se instaló en el Sitial Cósmico y allí contempló lo creado. Pero en el Mundo las fuerzas divinas dejadas por los Viejos Dioses tomaron forma y comenzó la Creación.<br />
Dicen que en el Continente de Kondar en el sur cientos de volcanes comenzaron a estallar con terrible poder y un gran fuego surgió de la tierra, y en medio de volcanes y fuego surgió desnuda Lauria, la Diosa de Fuego.<br />
Lauria era de piel blanca, pecosa y su pelo era pelirrojo y caía en rizadas melenas de su cabeza; cuando abrió su ojos glaucos el Mundo entero tembló y al igual que en el sur de Kondar toda la tierra se encendió y ardió con furia.<br />
Desde entonces en el sur de Kondar se halla la Tierra del Fuego donde nació Lauria.<br />
Dicen que entonces, de repente surgieron cientos de vientos huracanados que enfriaron algunas de aquellas llamaradas primigenias y de entre los vientos y el aire surgió desnuda Durania, la Diosa del Aire.<br />
Durania era de piel blanca pero algo más morena que Lauria, su pelo era castaño y liso, y sus ojos pardos y cuando abrió los ojos los vientos recorrieron el Mundo y los huracanes y los vendavales recorrieron el orbe totalmente.<br />
Durania se posó en una de las Montañas de los Dientes Gélidos, que se llamó el Pilar de la Diosa del Cielo.<br />
Dicen que de la conjunción de aire y nubes volcánicas se formó u gigantesco nubarrón que acabó en gran tempestad y una gran lluvia inundó el Mundo, en lo que se llamó el Diluvio Primigenio.<br />
Este gran diluvio creó los mares, los ríos y los océanos; y de entre la espuma de las aguas de lo que sería el Océano de Mirna surgió desnuda Yalesia, la Diosa del Agua.<br />
Yalesia era de piel muy blanca, casi coralina, su pelo era rubio y liso, y sus ojos de un azul turquesa; y cuando abrió los ojos cientos de tempestades descargaron la lluvia por el Mundo.<br />
Al salir de las aguas de Mirna, sus pies hollaron la Isla del Sur.<br />
Dicen que cuando la lluvia cayó de entre la tierra seca nacieron las primeras plantas que no eran más que hierbas y flores y entre ellas, desnuda, surgió Malenian, la Diosa de la Tierra.<br />
Malenian era de piel blanca pero morena como Durania y su pelo era negro azabache y caía en rizadas melenas de su cabeza, y sus ojos eran verdes. Cuando abrió los ojos todas las flores del mundo florecieron.<br />
La tierra donde nació se llamó desde entonces el Bosque Dorado.<br />
Así pues estos son los Cinco, los Cinco Dioses Originales, a veces se les llama los Cinco Nuevos Dioses.<br />
Pero el Cantar de la Creación no acaba aquí sino que prosigue así:<br />
Dicen que los Viejos Dioses tuvieron que enfrentarse a una oscuridad siniestra en los otros Universos, algunos llaman a esta oscuridad el Mal otros el Caos pero en el Cantar se habla de ellos como la Sombra o las Sombras.<br />
Nadie sabe a ciencia cierta que eran si seres o nada, si entidades surgidas de la mano de un dios o seres que ya pululaban en los rincones oscuros del cosmos; no se sabe nada de la lucha que los Viejos Dioses llevaron a cabo contra ellas.<br />
Lo cierto es que algunas de estas entidades atravesaron el cosmos y hallaron refugio en nuestro mundo; algunas se transformaron en los Gigantes de la Oscuridad, los siniestros gigantes de cien brazos o de diez brazos o incluso de mil brazos; otros se transformaron en los Kars temidos demonios oscuros, otros en criaturas sin nombre de los abismos del mar y de la tierra; pero todos ellos rendían pleitesía a Akkaxyshkk-Norghagg aquel al que llaman La Doble Oscuridad.<br />
Y la Doble Oscuridad llegó a la tierra y pululó por la oscuridad de los días primigenios, pero el Dios-Rey lo vio y saltando del Sitial Cósmico llegó a la tierra envuelto en su armadura de oro y plata con su lanza de diamante estelar y persiguió a la oscuridad.<br />
Dicen que aterrizó en las Tierras de En Medio de Kondar y que cruzó el océano de Mirna.<br />
Una vez cruzada la gran masa de agua llegó al sur de Kondar donde se encontró a Lauria, ella le vio y se entregó a él, y él se despojó de la armadura y yació con ella y en el lugar donde yacieron la pasión de la diosa hizo brotar cien volcanes y la tierra se volvió negra, y de su pasión salió de su vientre el Sol, Auros de cabellos dorados, que con su calor hizo aquellas piedras rojas; por ello aquel lugar se transformó en el Desierto Rojo, y Auros iluminó la tierra y muchas sombras huyeron hacia el norte.<br />
Dicen que Rhammhy prosiguió su caza hacia al norte y cruzó el Mar de Kentyr, cuando se posó en la isla de Kentyr vio a lo lejos en las aguas a Yalesia, ella le vio y huyó pero él la persiguió hasta Kiterei donde ambos yacieron, y aquella isla se llamó isla del Amor, y de su pasión salió del vientre de la diosa del mar la Luna, Argentos de cabellos palteados, y subió a los cielos siguiendo la estela de su hermano.<br />
Rhammhy una vez más prosiguió la caza de las sombras y en los bosques de Cernisia encontró a Malenian y la diosa de la tierra se le abrazó y él yació con ella y del fruto de su pasión del vientre de la diosa surgieron las primeras plantas del mundo.<br />
El Dios-Rey prosiguió la caza una vez más y llegó al Pilar de la Diosa del Cielo, y allí halló a Durania sentada contemplando la tierra y ella le vio y yació con él y del vientre de la diosa surgieron las estrellas que se desparramaron por el cielo.<br />
Mientras Rhammhy prosiguió la persecución de las sombras y estas huyeron a las Tierras Desoladas y allí las atrapó Rhammhy quien con su escudo las aplastó formando la Gran Grieta, más las sombras no murieron sino que se ocultaron en las profundidades y por mucho que las buscó Rhammhy no las encontró.<br />
El Cantar de la Creación sigue con la llegada de Farimos el dios de la Justicia que tenía dos caras una bondadosa y comprensiva y otra terrible, este dios llegó con el Viajero para ayudar a Rhammhy en su tarea de gobernar el mundo. Así termina el Cantar.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Cantar de la Guerra de las Diosas:</span></span></span></div>
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El siguiente cantar en los textos antiguos es el de la Guerra de las Diosas. El principio se ha perdido por lo que no sabemos como las diosas se enteraron de que Rhammhy había yacido con todas ellas lo que sí tenemos es la segunda estrofa en la que se narra la Locura de las Diosas con unos textos muy poéticos, especialmente el de Lauria la diosa del fuego:</div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">“<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Pero tú infame y cruel divinidad no mereces el cósmico trono,<br />
tu divina insolencia castigaremos y lamentarás tus actos,<br />
fuego caerá sobre la creación y como bestia te cazaré</span>…”</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Como se ve es muy gráfico, así pues las diosas se enfrentaron entre sí por el dios-Rey.<br />
Dicen que la tierra tembló y que los astros tomaron parte por su diosa y que se agrietó la tierra y los mares inundaron regiones enteras, y las estrellas caían del cielo envueltas en llamas.<br />
Por aquella época el pueblo de los saurios y el de los duendes ya habían surgido y estos sucesos aparecen recogidos en sus cantares y en los textos humanos antiguos, y lo que les ocurrió aparece en muchas historias aunque ésta es la más antigua.<br />
Cada diosa formó su ejército.<br />
Lauria creó el Ejército del Fuego; ella transformó algunos saurios en las terribles salamandras y a duendes en los fuegos fatuos y en su cólera divina creó a partir de serpientes a los dragones que materializaron en el mundo la cólera de la diosa.<br />
Yalesia creó el Ejército del Agua; transformó saurios en tritones y duendes en ondinas y creó a las serpientes marinas y a los hombres tortuga.<br />
Malenian creó el mayor ejército, el Ejército de la Tierra; la mayoría de los duendes le fueron leales entre ellos algunos se convirtieron en gnomos y el pueblo de las hadas escuchó su llamada y también los faunos y los terribles centauros.<br />
Durania creó el Ejército del Aire; sus duendes se transformaron en silfos y sílfides, y los gigantes estuvieron a su lado arrojando rocas contra sus enemigos.<br />
Terribles batallas sin cuartel se dieron entre las diosas y centenares de sus partidarios morían por doquier.<br />
Pero otro enemigo participó en la batalla, de la Gran Grieta surgió una sombra era Akkaxyshkk-Norghagg aquel al que llaman La Doble Oscuridad.<br />
En secreto y sinuosamente corrompió a las criaturas en el campo de batalla, así de entre los duendes surgió el pueblo de los trasgos, de entre los gigantes surgieron los ogros, entre los gnomos surgieron los trolls, entre los silfos surgieron los djinn, entre las ondinas las sirenas, entre las sílfides las arpías; por último llegó a corromper a todos los dragones y de entre ellos creo una nueva raza los basiliscos; los saurios amarillos que habían sido neutrales se volcaron en rendir culto a la oscuridad y en pleno centro de Hundar crearon la Ciudad de Akkaxyshkk-Norghagg.<br />
Pero la Doble Oscuridad no contó con Rhammhy ni con Torque.<br />
Torque era un dios que llegó con el Viajero, era enano y de cabellos cobrizos y era un gran herrero y artesano a pesar de ser feo de rostro.<br />
Torque, el Dios Enano fabricó una armadura para Rhammhy de metal estelar y una espada y un escudo del mismo metal. También fabricó una armadura para él y un hacha y una espada de triple filo para Farimos.<br />
Así el Dios-Rey se cubrió con su brillante armadura que sólo mostraba sus ojos y lanzó su vieja lanza de diamante estelar sobre la Ciudad de la Doble Oscuridad, el impactó hizo temblar a todo el orbe y la Ciudad Oscura desapareció, y allí donde estaba había un mar interior y en medio estaba el diamante de Rhammhy cubierto de tierra esta fue a partir de entonces Diamantia, la isla del diamante.<br />
Y el Dios-Rey bajó a la tierra y persiguió a la Doble Oscuridad hasta la Gran Grieta. Y la lucha en torno a la Grieta fue terrible, pero la Doble Oscuridad logró huir, y alrededor de la Gran Grieta se formó un desierto de ceniza negra cristalizada conocido como el Desierto Negro o el Desierto Maldito.</div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Los Amores del Rey de los Dioses</span></span></span></div>
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<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Muchos fueron los desvaríos amorosos de Rhammhy, no contento con las Cuatro Diosas tuvo muchos y apasionados amores con semidiosas y mujeres mortales.<br />
Farimos, el dios de la Justicia tuvo dos mujeres mortales por compañeras, ambas le dieron descendencia y ambas murieron durante sus partos, desde entonces Farimos está en luto eterno.<br />
De su primera mujer Easeas, nacieron las Diosas Gemelas, Daunia y Dunia, una de pelo rubio como oro puro, y otra de pelo negro cual azabache, ambas se criaron en las praderas que hoy son las Tierras de Sar.<br />
Ambas diosas recorrieron las Tierras de Sar alimentándose de lo que cazaban y de las frutas de los árboles, un día mientras cazaban en la espesura se encontraron con un guerrero gigantesco que acababa de cazar un jabalí; el guerrero no era otro que Rhammhy. El Dios-Rey les ofreció compartir la comida con ellas, y tras comer y beber yació con ambas hermanas.<br />
Las Cuatro Diosas se sintieron furiosas con Rhammhy, más aún cuando Daunia dio a luz a un varón llamado Sar, y Dunia a una mujer llamada Seris.<br />
Para evitar conflictos con las diosas y con Farimos casó a Daunia con su hijo Auros, el dios del sol, y a Dunia con su hijo Argentos, dios de la luna.<br />
Pero a Sar y a Seris les otorgó el gobierno de las Tierras de Sar (como fueron conocidas desde entonces), y ambos se casaron y fundaron la ciudad de Sarpolis, la futura ciudad de los Emperadores.<br />
La segunda mujer de Farimos, Aeliana, dio a luz a Gemmaia, la diosa de la adivinación.<br />
Gemmaia era alta y de piernas largas, su cabello era de color platino y sus ojos eran de diferente color, uno era marro rojizo y el otro verde amarillo. Ella se convirtió en la diosa de los oráculos y comenzó a ejercer de profetisa entre los hombre que se asombraron ante su sabiduría.<br />
Con la intención de poner fin a sus oráculos (los mortales no pueden conocer su destino), Rhammhy descendió al mundo bajo la forma de un terrible guerrero cubierto totalmente por una armadura.<br />
Pero Gemmaia ya preveía su aparición y huyó hacia el bosque de Kelsar. Fue allí donde la atrapó el rey de los dioses y la obligó a yacer con él y a vivir en la Morada Sagrada.<br />
Gemmaia tuvo que someterse, pero en la Morada de los dioses conoció a Torque con quien se unió, y de cuya unión nacieron los enanos, el pueblo de la piedra.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">El Origen de la Humanidad</span></span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras la Guerra de las Diosas, y previendo que los celos de sus compañeras podrían volver a provocar una hecatombe, Rhammhy decidió unirlas mediante un pacto.<br />
Tras celebrar sus bodas con las Cuatro Diosas, el Rey-Dios yació con todas ellas en la isla de Kentyr; después extrajo de sus vientres la semilla que había plantado en ellos y la enterró en el barro y el limo de la isla. Una vez hecho eso les obligó a jurar por el barro y el limo de Kentyr que nunca jamás provocarían una guerra y que le amarían a él y al mundo lo suficiente para no volver a provocar algo así.<br />
Cuando así lo hicieron del barro surgieron los primeros hombres y del limo las primeras mujeres, así llegó la humanidad al mundo, como la promesa de las diosas de no iniciar una nueva guerra, y como fruto del amor entre las Cuatro Diosas y Rhammhy.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">El Dios Sin Rostro y Sin Nombre</span></span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Antes del surgimiento de la humanidad y los seres que pueblan el mundo, llegó a los dioses una nueva deidad con el Viajero. Era el Dios sin Rostro y sin Nombre, más conocido como el Sin Nombre.<br />
Era un ser vestido de negro y plata, ataviado con una capa negra, pero bajo su capucha no se veía nada, nada más que una sombra sin forma.<br />
Así llegó el Señor de la Muerte, aquél a quien todos temen, el guardián de las almas en tránsito, aquel que conduce a los muertos hasta Farimos, que es quien los juzga.<br />
No tiene nombre, ni rostro pero es una deidad temida por todo aquello que respira y vive.<br />
Nada se sabe sobre él, ningún oráculo, ni revelación habla de él. Poco más conocen los hombres del Sin Nombre.<br />
</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">El Destino de los Muertos</span></span></span></div>
<br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esto aparece revelado en los Códices de los Muertos. Según estos escritos el alma de los muertos es conducida por el Sin Nombre ante Farimos, el Juez Supremo. Si el difunto se había comportado de acuerdo a las leyes de los dioses y los hombres, mostraba su cara bondadosa, y el difunto se llenaba de alegría. Después era conducido por el Sin Nombre al Valle de los Divinos, un valle a las faldas de la Morada de los Dioses, donde la comida no falta, el agua es fresca, no hay enfermedad, y todo es dicha sin fin.<br />
Mas para aquellos que han violado las leyes, Farimos muestra su cara terrible, y nadie puede mirarle a la cara. Son conducidos a las Tierras Muertas que rodean la Morada y el Valle de los divinos, un erial sin fin, un desierto eterno que recorren por toda la eternidad.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[¿Alguien quiere unirse a un grupo de escritura?]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3131</link>
			<pubDate>Mon, 12 Jul 2021 13:18:27 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1101">AdrianHK</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3131</guid>
			<description><![CDATA[Buenas, estoy formando un grupo cerrado de escritura con personas que escriban regularmente. El objetivo sería leernos y compartir feedback sobre nuestros escritos por lo menos dos veces al mes. De esa forma mejoramos y nos motivamos a seguir escribiendo con la certeza de que alguien nos va a leer.<br />
<br />
La diferencia con la actividad <a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-17.html" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Dragón Lector</a> es que no tendríamos un límite de 1.500 palabras, ni esperaríamos meses para una crítica. Al ser un grupo de tres personas máximo no tendremos tanto texto que leer (por mi parte serán 3.600 palabras cada dos semanas), y a cambio de una crítica recibiremos el doble. Se puede decir que está orientado a quienes escriben regularmente y quieren mejorar mientras lo hacen.<br />
<br />
Si alguien está interesado, estaré encantado de hacerle una entrevista para comprobar si tenemos prácticas de escritura similares.<br />
<br />
Espero que alguien se anime, no hay problema en abandonar el grupo siempre que se avise de antemano. ¡Un saludo!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Buenas, estoy formando un grupo cerrado de escritura con personas que escriban regularmente. El objetivo sería leernos y compartir feedback sobre nuestros escritos por lo menos dos veces al mes. De esa forma mejoramos y nos motivamos a seguir escribiendo con la certeza de que alguien nos va a leer.<br />
<br />
La diferencia con la actividad <a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-17.html" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Dragón Lector</a> es que no tendríamos un límite de 1.500 palabras, ni esperaríamos meses para una crítica. Al ser un grupo de tres personas máximo no tendremos tanto texto que leer (por mi parte serán 3.600 palabras cada dos semanas), y a cambio de una crítica recibiremos el doble. Se puede decir que está orientado a quienes escriben regularmente y quieren mejorar mientras lo hacen.<br />
<br />
Si alguien está interesado, estaré encantado de hacerle una entrevista para comprobar si tenemos prácticas de escritura similares.<br />
<br />
Espero que alguien se anime, no hay problema en abandonar el grupo siempre que se avise de antemano. ¡Un saludo!]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fantasía] Zirisia (Capítulo 4)]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3111</link>
			<pubDate>Fri, 04 Jun 2021 16:46:24 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1101">AdrianHK</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3111</guid>
			<description><![CDATA[Muy buenas. Soy un escritor con experiencia en prensa de videojuegos y recientemente inicié una novela de fantasía épica.<br />
<br />
Si alguien está interesado en leer mi historia, los capítulos están disponibles abajo de la imagen y en Wattpad a través de <a href="https://compiled.social/zirisia" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este enlace</a>. ¡Estoy abierto a comentarios! <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/JjPk9SB/Sin-t-tulo.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: Sin-t-tulo.jpg]" class="mycode_img" /></div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Prólogo</span></div>
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Las civilizaciones del mundo arden en un caos continuo tras la muerte de sus líderes en la guerra. Algunos sobrevivientes renunciaron a sus espadas ante el terror de la batalla, pero ejércitos más poderosos se preparan para un decisivo combate por el dominio de los reinos desgobernados.<br />
<br />
«Será la guerra más devastadora de nuestros tiempos», pronostican los sabios desde las tribunas de las plazas, pero las familias asustadas se esconden en sus hogares implorando a los cielos por su protección divina o la aparición de un valiente guerrero que proteja a los débiles. Algunos menos optimistas prefirieron partir a peregrinar en busca de las tierras sagradas donde la paz es absoluta. Mientras tanto, los delincuentes y soldados deshonestos aprovechan la anarquía para extorsionar, robar y asesinar a quienes les apetece.<br />
<br />
Pero dentro de un fuerte oculto en lo profundo de un desierto remoto, las huestes de Zeo esperan pacientemente el momento de la batalla cuando advierten las siluetas de un grupo de jinetes en el horizonte.<br />
<br />
Casi cien soldados habían partido un año antes bajo las órdenes del rey Bastes a saquear las ciudades asoladas por la guerra, pero ni fueron bien recibidos por los habitantes, ni la suerte los acompañó en el camino de vuelta. Ahora que el rey ha muerto, solo unos pocos exploradores regresan, heridos y exhaustos, a dar parte del viaje a su hermano y heredero, el general Zeo.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Capítulo 1: Audiencia con el soberano</span></div>
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Las cadenas zigzagueaban en la arena como una serpiente acechando a su presa. El esclavo corría descalzo detrás de las tenues nubes de polvo que levantaban los caballos, mientras el radiante sol sacaba destellos de sus grilletes. El intenso calor evaporaba el sudor de los jinetes y el intenso bochorno les impedía discernir la forma exacta de la muralla en la distancia.<br />
<br />
Un centinela a las afueras del muro fue el primero en avistar sus siluetas desde la punta de un colosal monolito. Se apresuró a soplar un enorme cuerno cuyo estruendo se repitió varias veces dentro del fuerte, alertando a guardias y habitantes por igual. Los guerreros en el interior comenzaron a moverse levantando armas y colocándose las armaduras, mientras los niños y adultos incompetentes en el combate ayudaban a mover los suministros. En un instante la caballería pasó galopando a toda velocidad por mitad de la plaza hacia la entrada; enseguida se abrieron las puertas frente a ellos y se cerraron detrás del último caballero.<br />
<br />
—¡Son cuatro exploradores heridos a caballo y dos prisioneros, capitán! —reportó a gritos el centinela. La caballería estuvo a punto de partir, cuando el vigilante se pronunció de nuevo—. ¡Parece el escuadrón de Aldre!<br />
<br />
El capitán endureció el gesto y dio la orden de bajar las armas y esperar en la entrada, ignorando su tarea de interceptarlos para descartar amenazas. Sin embargo, en cuanto los viajeros enfrenaron frente a ellos, supieron que no representaban ningún peligro: estaban hechos un desastre.<br />
<br />
Aldre tenía una herida punzante en el hombro y el brazo, pero no era nada en comparación al resto de su brigada, que lucían severas abolladuras en sus piezas de armaduras sucias e incompletas, así como rastros de quemaduras sobre sus túnicas manchadas de sangre. Incluso en sus caballos se percibían indicios de maltrato y hambruna. A la derecha, una mujer de cabello oscuro cargaba un ornamentado carcaj en la espalda; era la única que no tenía heridas visibles, pero parecía estar a punto de desmayarse.<br />
<br />
Sin embargo, nadie en el grupo se veía peor que el prisionero que llegó corriendo a pie un momento después; al capitán le pareció increíble que pudiera moverse a ese ritmo, considerando que tenía la complexión de un indigente y el cuerpo vendado del cuello para abajo. Estaba claro que tuvieron algunos altercados por el camino, pero aun así era extraño que regresaran después de tanto tiempo.<br />
<br />
—¿Dónde demonios te habías metido, Aldre? ¿Cómo terminaron así? —inquirió el capitán.<br />
<br />
—No sé por dónde empezar —respondió él con la vista cansada bajo su turbante. Su yegua era la que mejor apariencia tenía en todo el grupo, y quizá por eso era la que transportaba a una muchacha inconsciente atada a la montura—. Los kretnia nos persiguieron hasta el cruce llano. Los perdimos, pero no tardarán en seguirnos el rastro. Debemos prepararnos.<br />
<br />
—Esas puertas no se abrirán hasta que alguien me explique dónde está el resto —declaró el capitán mirando las caras de todos los acompañantes, pero estos bajaron la cara. Solo Aldre mantuvo la vista fija en el capitán.<br />
<br />
—Creo que ya lo sabes, Olver. Fui el único que sobrevivió, a estos los contraté en el camino para que me ayudaran a regresar.<br />
<br />
—¿Y dónde está Nervala? —quiso saber Olver de inmediato.<br />
<br />
—Los bandidos nos emboscaron varias veces, tienen trampas en todo el camino. Nervala nos salvó una noche haciendo de distracción pero... tuvimos que huir sin ella. Lo siento.<br />
<br />
El capitán bajó la mirada en silencio hacia la cresta de su negro caballo y se mantuvo así por un momento. Entonces alzó su lanza, enorme y reluciente, y apuntó con ella a Aldre con los ojos enardecidos tras la visera del casco.<br />
<br />
—Ni siquiera traes las armas —advirtió apretando dientes—. ¡Dame una razón para no matarte aquí mismo!<br />
<br />
—¡Olver, cálmate un poco! —le rogó Aldre alzando las manos—. A-así no vas a resolver nada. Escucha, traigo información importante. —Los dedos le temblaban al intentar explicarse—. Necesito hablar con Zeo de inmediato, o no...<br />
<br />
El estruendoso sonido del cuerno estalló de nuevo.<br />
<br />
—¡Más corceles por el norte, capitán! —informó el centinela—. ¡Doce lanceros de estandarte violeta con varios cautivos!<br />
<br />
Los guardias desenvainaron sus espadas y los arqueros en la muralla templaron sus arcos. El capitán estrujó las riendas al ver las siluetas detrás de las colinas, soltó gruñó y se hizo a un lado penetrando a Aldre con la mirada.<br />
<br />
—Estoy seguro de que Zeo te matará cuando te vea; y si no lo hace él, lo haré yo más tarde. ¡Solven! —Uno de sus soldados se acercó—. Guíalos hasta el templo, y no les quites el ojo de encima. ¡Abran las puertas y protejan los muros! ¡Nosotros intentaremos negociar! —ordenó, y un momento después partió al galope seguido por la caballería.<br />
<br />
Aldre no pudo esconder su gesto aliviado. Los guardias no tardaron en obedecer y, en cuanto las puertas empezaron a abrirse, algunos arqueros salieron en fila a tomar posiciones estratégicas. Solven les hizo una seña para que lo siguieran: los viajeros retomaron la marcha y los guardias en la entrada se hicieron a un lado para permitirles el ingreso.<br />
<br />
Un único sendero conectaba la entrada con el otro extremo del fuerte al borde de un risco, y por cada lado del camino estaban instaladas montones de jaimas raídas y estructuras en ruinas pero habitadas. Los familiares de los soldados, que trabajaban desde la herrería hasta el comercio, presenciaron su entrada con curiosidad y murmuraron al verlos pasar. Algunos contemplaron horrorizados sus prendas ensangrentadas y se lamentaron imaginando las desventuras del largo viaje, pero la mayoría estaba más interesada en ver el botín; aunque parecía un cargamento muy reducido.<br />
<br />
Después se fijaron en el desdichado prisionero, que caminaba indiferente a pesar de los pesados grilletes y cadenas que apresaban sus miembros. Su cabello tenía un bonito degradado marrón y su rostro seguro habría sido atractivo en otros tiempos, pero ahora tenía los huesos marcados como un mendigo, la barba descuidada de un náufrago, y los ojos resignados de un moribundo. En contraste, la hermosa muchacha de rizos casi plateados lucía tan bien cuidada, que en poco tiempo iniciaron las apuestas para adivinar el nombre de la familia de nobles a la que pertenecía.<br />
<br />
—Si no paramos pronto voy a perder los planos —advirtió la mujer acercándose al oído de Aldre para que Solven no escuchara—. Quieren desbordarse, puedo sentirlo.<br />
<br />
A Aldre le corrió un escalofrío por el espinazo, como le sucedía cada vez que aquella siniestra mujer le dirigía la palabra. Meditó en silencio un momento tratando de ignorar las indiscretas miradas, y entonces asintió.<br />
<br />
—¿Crees que podamos parar a beber agua, Solven?<br />
<br />
—Preferiría que no —respondió el oficial—. Algunas de esas heridas parecen graves, y no quiero cargar con la muerte de alguno.<br />
<br />
—Atravesamos todo el desierto así, podemos resistir un poco más —arguyó Aldre—. Y si no bebemos nada pronto, terminaremos cayendo de todas formas, ¿no crees?<br />
<br />
Tras pensarlo un momento, Solven accedió y más adelante les indicó que se detuvieran junto a un rudimentario pozo de piedra seca construido alrededor de un pequeño manantial. Estaba vigilado por un par de guardianes disparejos: un anciano tuerto que roncaba tendido sobre un montículo de hojas de palma, y un bronceado jayán concentrado en amolar su maza.<br />
<br />
—¡Chafi! Veo que las guerras no tienen efecto sobre ti —bromeó Aldre descabalgando.<br />
<br />
El anciano abrió de golpe su único ojo para ver al grupo desatando sus botijas del cargamento. Entonces notó a Aldre a un lado, sonriendo.<br />
<br />
—¡Cuidado, pero si es Aldre el cobarde! —exclamó jubiloso—. ¡Te daba por muerto a estas alturas! Aún estás a tiempo de escapar, Zeo no está muy contento últimamente; cada victoria le sabe peor. —Entornó el ojo colocando una mano como sombrilla—. Por cierto, a estos no los había visto. ¿Son amigos tuyos?<br />
<br />
—Así es, me ayudaron a regresar —confirmó Aldre acercándole el manojo de botijas de porcelana sin añadir más detalles—. Llénalas y ahora te pago. Voy camino a reunirme con Zeo —el tuerto arrugó la cara—. No tengo opción. Ah, y necesito ropa nueva. Préstame alguna y te la pagaré mañana.<br />
<br />
—Ni lo sueñes, no veo que traigas ese arsenal que te encargaron. Zeo te arrojará a los leones —vociferó Chafi sobre su hombro levantándose para extraer agua del pozo con un cucharón—. ¡Una moneda por prenda! ¡Dáselas a Paac cuando termines, y ni se te ocurra...!<br />
<br />
—¡Ya sé, ya sé! —lo cortó Aldre dirigiéndose a una jaima cercana. El grandullón soltó el esmeril y lo siguió con la maza en la mano; tuvo que agacharse para entrar detrás de él.<br />
<br />
Chafi masculló algo no muy amable. Advirtió con su ojo receloso que los viajeros intercambiaban susurros mientras revisaban sus heridas. Uno de ellos era un chico mancebo de rasgos suaves y piel morena, mientras que el otro era mayor, pelirrojo y con una desagradable quemadura en el rostro. La mujer junto a ellos tenía el cabello tan largo que apenas permitía ver los símbolos circulares en su mejilla, y pasaba desapercibida por arrastrar un aura sombría que lo impulsó a desviar la mirada. Entonces puso su atención en la inmaculada prisionera que dormía plácidamente, y tuvo un presentimiento más extremo que el de los lugareños: estaba seguro de que habían raptado a una princesa.<br />
<br />
De repente un caballo relinchó moviéndose hacia el abrevadero, y solo en ese momento Chafi notó al esclavo parado junto a los corceles. Su primera impresión fue que el joven había muerto de pie, pues sus frívolas pupilas estaban perdidas en el horizonte, pero un segundo después el muchacho hizo contacto visual con él y abrió la boca muy despacio. Sus labios se movieron lentamente sin emitir sonido alguno, pero el anciano entendió perfectamente lo que quiso decir: «a-gu-a». Chafi contempló su enjuto cuerpo vendado temiendo que la sed fuera el menor de sus problemas: las heridas o el hambre lo matarían primero. Pero no iba a ser él quien cargara con el muerto en la consciencia, así que llenó el cucharón a rebosar y se dirigió hacia él.<br />
<br />
—¡No des un paso más, anciano! —clamó la mujer metiendo una flecha en su ballesta—. ¡Dale siquiera una gota de agua y te clavo una flecha en la nuca! —Solven desmontó desenvainando su espada, pero los viajeros cubrieron a la chica sacando sus sables.<br />
<br />
—¡Ea ea, no hay necesidad de amenazar! —exclamó Chafi juntando las cejas—. No pensaba cobrarles esto, pero me detengo y ya está. Me dio un poco de pena, eso es todo.<br />
<br />
Enseguida retrocedió a la fuente para retomar sus deberes y los demás bajaron las armas; aunque los viajeros intercambiaron miradas suspicaces con el guardia. Mientras llenaba el abrevadero, Chafi comprobó con un rápido vistazo que el esclavo había retomado su estado de trance. El anciano recordó con amargura que a su edad no valía la pena apiadarse de un desgraciado que de todas formas tenía los días contados.<br />
<br />
—Solo guardas basura aquí —le reprochó Aldre saliendo de la tienda con varios trapos en la mano.<br />
<br />
—Aun así tienes que pagarla —gruñó Chafi mirando hacia Paac. El fortachón asintió y volvió a ocuparse de su maza—. Me debes cuatro monedas por el agua. Paga y lárgate de aquí, que el pozo se estresa con el olor a muerte.<br />
<br />
Aldre rió; le entregó cuatro monedas para recuperar sus vasijas cargadas de agua —pagó el doble por la suya, que era la más grande—, y otras cinco monedas por la ropa. Antes de despedirse se detuvo a admirar su entorno: escuchó una conmoción en la entrada, y vio a los niños pasar empujando cajas de suministros que los soldados terminaban usando como mesas para desplegar mapas en los que discutir sus estrategias. Le extrañó la expresión recelosa de Solven desde su caballo, pero asumió que debía ser por el calor. Se protegió de los rayos del sol con un brazo y contempló el extenso cielo despejado dando pequeños sorbos de agua; disfrutó del momento como quien sospecha que puede ser el último. Un momento después se despidió, montó en su yegua y retomó la marcha por el sendero junto al resto; incluyendo al esclavo enclenque que avanzó detrás de ellos sin protestar.<br />
<br />
El templo era la única construcción dentro del fuerte que todavía mantenía su forma original, a pesar de los destrozos. La estructura indicaba el final del camino, y allí los esperaba un joven sentado en las escaleras. Tenía el cabello castaño amarrado en una coleta con unos cuantos mechones a la altura de los ojos, y aunque vestía elegantes prendas de seda propias de la clase alta, tenía diferentes armas colgadas del cinturón. Al verlos llegar sonrió de oreja a oreja, se puso de pie y colocó una mano en la empuñadura de su delgada espada.<br />
<br />
—¡Bienvenidos, queridos hermanos! Si son tan amables, desmonten y tiren sus armas.<br />
<br />
Su tono fue bastante cordial, pero Aldre no vaciló en bajar del caballo e instó a sus compañeros a hacer lo mismo. Un par de guardias se acercaron a retirarles el carcaj con flechas, la reluciente ballesta, varios modelos de dagas, frascos con veneno, un escudo, un par de sables y las piezas de armadura sueltas. Cuando estos estuvieron satisfechos, el joven que los recibió hizo una exagerada reverencia.<br />
<br />
—Mi nombre es Gerby Echanseki, los llevaré con el general —afirmó, exhortándolos a entrar en el templo.<br />
<br />
Los viajeros acataron de inmediato, aunque con movimientos débiles y pausados.<br />
<br />
—Nunca te había visto tan obediente —le comentó a Aldre uno de sus compañeros mientras caminaban por el largo pasillo del templo. Tuvo que ponerse hombro con hombro para que no lo escucharan los escoltas que cargaban con la muchacha desmayada—. ¿Quién era el de la cara de ángel?<br />
<br />
—Le dicen «Echanseki de las mareas», no esperaba verlo aquí —respondió Aldre en un débil tono de voz—. Es el campeón de Astóreo, va a ser un problema. No creo que podamos ac...<br />
<br />
—Es muy tarde para arrepentirse —lo interrumpió el viajero de golpe. Su voz era grave incluso al susurrar—. Hay siete guardias afuera contando a los escoltas, más los que hayan adentro. ¿Puedes encargarte tú del campeón?<br />
<br />
—¿Que yo me…? ¡Por supuesto que no! Ese chico es tan monstruoso como cualquiera de ustedes. Se dice que con catorce años participó en los juegos de las islas Carsi —Aldre se acercó a su oreja—. ¡En todas las islas al mismo tiempo!<br />
<br />
Sus palabras resonaron más de lo que pretendía. Se giró nervioso, esperando que Echanseki no escuchara nada. Este le dedicó desde atrás una sonrisa agradable que no tenía nada que ver con sus extravagantes ojos saltones de calamar.<br />
<br />
—¡Bajen la voz! —les pidió el más joven del grupo cuando los guardias los hicieron detenerse al final del pasillo—. A partir de aquí no hablemos más entre nosotros.<br />
<br />
Entonces las puertas se abrieron y un resplandor dorado los deslumbró. Al recuperar la visión se encontraron frente a una sala inmensa con un amplio agujero en el techo, por donde los ardientes rayos del sol impactaban directamente contra los azulejos del suelo y se reflejaban en las paredes de mármol. A cada lado se extendían varias filas de pilares ornamentados que no sostenían nada, y junto a estos había decenas de mesas largas ocupadas por hombres y mujeres de ropa holgada y gesto feliz. Estaban tan entretenidos conversando, comiendo y bebiendo, que ya no le prestaban atención ni a las puertas ni a lo que ocurría afuera. Una alfombra verde se extendía por el centro de la sala hasta un altar donde un hombre veterano con actitud desganada alimentaba a un fornido león con carne de su propio plato; parecía el único entre tantos que no disfrutaba de la celebración.<br />
<br />
Un heraldo bajito se acercó a Echanseki e hizo un esfuerzo para hablarle a través del bullicio. Entonces adoptó una postura firme, inhaló profundamente, e hizo sonar un pequeño clarín que llevaba colgado del cuello. El agudo pitido silenció la estancia de inmediato.<br />
<br />
—Soberano regidor, general Zeo, poseedor de horizontes —Los soldados hicieron un jubiloso brindis desde sus mesas, aunque el gobernante no lucía halagado—. Tras un año de su partida, el explorador del escuadrón de saqueo exterior, Aldre Macenta, regresa de su viaje implorando un momento de su atención para presentar el fruto de su expedición.<br />
<br />
El gesto del nuevo rey se volvió severo. Era un hombre enorme e imponente, de barba larga y oscura como sus ojos pequeños, parcialmente oculto de la luz que entraba por el orificio del techo; aunque aun en la penumbra resaltaba el oro incrustado en su armadura. Con un rápido movimiento de sus dedos repletos de anillos aprobó la audiencia, así que los guardias los escoltaron por en medio de las acaloradas miradas de los soldados. Aldre calculó que habrían por lo menos cien guerreros más de los que contó su compañero, quizá doscientos.<br />
<br />
Se detuvieron frente al altar, elevado a ocho escalones por encima de ellos, desde donde el general los observó altivo con las piernas separadas. Los soldados retomaron sus almuerzos en un alegre alboroto, mientras que los viajeros –exceptuando al esclavo– hincaron una rodilla en el suelo. Pero antes de que pudieran hablar, un hombre apareció detrás de Zeo para comentarle algo al oído.<br />
<br />
A Aldre se le erizó la piel al reconocer su rostro. Se giró para comprobar que Echanseki seguía detrás de ellos, y este le devolvió una sonrisa satisfecha: era él, observando cínicamente desde atrás, al mismo tiempo que dialogaba con Zeo desde el trono con una túnica diferente. Notó el desconcierto en la cara de sus compañeros, que ya no parecían tan confiados. Para Aldre era obvio que no podían dejarse llevar por la apariencia inocente del campeón: por dentro era una abominación y tenían muy poco tiempo para descifrar cómo lidiar con él.<br />
<br />
—Encárgate tú de defender el este —le ordenó el general tras meditar un poco. Echanseki asintió desde arriba, pero para sorpresa de Aldre, el guerrero se quedó de pie a un lado del trono—. Nos atacan de todas partes —explicó Zeo con dejadez—. Sospecho que no buscan el oro sino la gloria, el renombre, la fama; una vez en el campo, todas esas sandeces le importan más a un guerrero que la paz por la que iniciaron la guerra. Como sea... Me alegra verte con vida, Aldre.<br />
<br />
—Es un placer volver a estar en su presencia, su alteza.<br />
<br />
—Aún no me nombran rey, Aldre —replicó Zeo—. Por ahora sigo siendo un general.<br />
<br />
—Si mi señor me disculpa, eso es una mera formalidad. Siempre ha sido su destino gobernar el reino, aunque signifique perder al mejor general que hemos tenido.<br />
<br />
Aldre siempre fue muy versado con las palabras y confiaba en ellas para salir de cualquier situación, pero al ver el gesto severo de Zeo ante sus halagos, sospechó que esa tarde calurosa era diferente.<br />
<br />
—Preferiría ser un humilde cantero y poder celebrar con mi hermano, que gobernar mil reinos de cobardes yo solo, que conozco la infamia cometida en la conferencia.<br />
<br />
—P-por supuesto —Aldre palideció ligeramente, pero hizo un esfuerzo para mantener la compostura—. Lloré hasta el cansancio la muerte del rey Bastes. La noticia me llegó en el peor momento, cuando me desangraba en los calabozos de Geyin tras ver morir a muchos compañeros; casi pierdo la voluntad de continuar. —Notó el gesto suspicaz de Zeo—. Emm… Pero, mi general… creo que finalmente traigo buenas noticias para el reino, entre tantos infortunios.<br />
<br />
—Oh, ¿buenas noticias? Esos pueblerinos mentirosos... No creerías lo que se han inventado de ti, Aldre. Dicen que perdiste a mis setenta guardias a manos de unos bandidos —Aldre intentó intervenir, pero el general alzó la voz—. Y que en lugar de dirigirte a Pricia como te ordené, intentaste invadir unos insignificantes manglares... ¡Y fracasaste! Ni siquiera saqueaste el mausoleo de Otorio. Sin embargo, se comenta que trajiste a un par de esclavos: un moribundo demasiado débil para trabajar, y la hija de un rey muerto al que no le podemos pedir rescate. Contéstame ahora: ¿son solo inventos de las malas lenguas, o tengo ante mí los supuestos frutos de tu viaje?<br />
<br />
Entre codazos y chistidos, la algarabía de las mesas se fue silenciando progresivamente detrás de ellos. Aldre sintió el peso de las penetrantes miradas en su espalda, y percibió el sonido de los guardias desenvainando lentamente sus espadas; esperaban la orden para atacar, y Zeo parecía deseoso por darla. Tuvo que esforzarse de nuevo para no perder la concentración: tenía que elegir con cuidado sus siguientes palabras. Si se quería salvar, debía saltarse las excusas y explicaciones, e ir directo a lo que todos querían escuchar:<br />
<br />
—Tengo en mi poder el arma más peligrosa de los doce reinos. —El general levantó la mano y sus guardias bajaron las armas; Aldre pudo volver a respirar—. No solo traigo conmigo a la princesa Deliquia, supuesta heredera al trono de todas las tierras de Otorio. El prisionero a mi lado no es nada menos que Meriito, la temida bestia de los caminos.<br />
<br />
Zeo recostó un pómulo sobre su puño y tamborileó con los dedos de su otra mano, mientras contemplaba la escena con repugnancia.<br />
<br />
—¿Me dices que tú, un simple saqueador, capturaste a Meriito? Debes tomarme por tonto. ¿Qué deberíamos hacer con ellos, caballeros? —En cuanto hizo la pregunta, la sala se llenó de voces exaltadas unas sobre otras:<br />
<br />
«¡A pedradas!», «¡No, desmembramiento a caballo!», «¡Estos se ganaron la hoguera!». Los gritos eran tantos que nadie se ponía de acuerdo, hasta que un hombre robusto y ruborizado se puso de pie sosteniendo una daga: «¡Propongo una punzada por persona hasta que se desangren!», y todos aprobaron con un clamor enloquecido.<br />
<br />
A Aldre se le congeló la piel al notar que no solo los guardias habían desenvainado sus espadas, sino que los soldados se levantaban entusiasmados de sus mesas con cuchillos y navajas en mano, ansiosos por participar. Alguien puso una mano en su hombro y al girarse vio que Echanseki desprendía el látigo de su cinturón, con los clamores ebrios demandando sus vidas de fondo.<br />
<br />
La respiración le fallaba, sus piernas temblaban, pero consiguió el valor para un último intento. Juntó las manos y se hincó de rodillas.<br />
<br />
—¡Por favor, mi señor, le imploro que me permita mostrárselo! —rogó al borde del llanto—. ¡Co-concédame una oportunidad y juro, le juro que entenderá todo! ¡Solo le pido un momento, y no se arrepentirá!<br />
<br />
El general alzó la mano una vez más, y los pendencieros soldados no tuvieron más opción que contenerse.<br />
<br />
—Te daré una oportunidad, aprovéchala —sentenció Zeo cruzando los brazos. Pero Aldre no perdió tiempo hablando; en su lugar, descolgó la enorme botija de su cintura y se la arrojó al prisionero. Este la atajó haciendo tintinear las cadenas con un movimiento desapasionado.<br />
<br />
—No ha bebido nada en todo el viaje, mi señor. En cuanto se hidrate, él mismo despejará todas las dudas.<br />
<br />
Con un gesto exánime, el muchacho destapó la botija y comenzó a beber; de repente sus ojos se abrieron como si cobraran vida, hasta que retiró de golpe el contenedor jadeando con intensidad. Paseó la vista por el espacioso salón con los ojos muy abiertos mientras recuperaba el aliento. Pareció sorprendido, casi asustado, al fijarse en la multitud de soldados malencarados a su espalda. Entonces encontró a Aldre con la mirada, y su expresión incrédula se oscureció.<br />
<br />
—No me esperaba esto de ti, corderito. —La voz del prisionero sonó suave y peligrosa al mismo tiempo. Un mar de murmullos despertó a su alrededor.<br />
<br />
—Yo… nunca dije que fuera tu aliado —replicó Aldre mirando al suelo—. Nos necesitábamos para escapar, por eso colaboramos. Pero ahora… ahora eres mi p-prisionero, y si no me escuchas, van a matarla.<br />
<br />
Aldre señaló por encima del muchacho, a donde un guardia cargaba a la chica adormecida sobre su hombro; los demás viajeros retrocedieron unos pasos, intentando pasar desapercibidos. Cuando el joven vio a la muchacha, su gesto se agudizó como el de un felino hambriento. Le lanzó una eufórica mirada a Aldre, pero este habló primero:<br />
<br />
—¡Ya no hay tiempo, Meriito! —Aldre también dio unos pasos hacia atrás—. L-lo siento, pero cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo. Ahora por favor intenta contenerte, o nos matarán a todos.<br />
<br />
Meriito hizo contacto visual con el imponente general. Tras unos segundos, meneó la cabeza resignado y se llevó la botija a la boca.<br />
<br />
—Los dioses castigan a los farsantes de formas atroces —añadió antes de tocar la boquilla con sus labios, y entonces dio un trago.<br />
<br />
Bebió largo y tendido; el agua descendió por su garganta por lo que pareció una eternidad, hasta que por fin bajó la botija vacía al nivel de su abdómen, se secó los labios con el antebrazo, y todos frente a él se impresionaron viendo sus pupilas dilatarse como diminutos granos negros.<br />
<br />
Un frío gélido irrumpió en el templo, a pesar de que los rayos solares seguían lloviendo en mitad de la sala. Detrás de la turba agitada, las mesas vibraron y algunas se quebraron en pedazos de golpe. Los soldados temerosos llamaron desde sus asientos a sus compañeros, y aunque algunos retrocedieron suspicaces, otros estuvieron demasiado absortos en castigar a los viajeros para atender a lo que ocurría alrededor. El general se incorporó con su atención fija en el muchacho, prolongando la ansiada ejecución; pero eso no contuvo al tumulto. Se oyeron bramidos, algunos improperios, los borrachos se apremiaban entre sí, y de un momento a otro la horda se abalanzó sobre los viajeros.<br />
<br />
Pero en cuestión de un instante el esclavo dejó caer la botija, y junto a ella cayeron sus grilletes y cadenas. Esquivó las primeras puñaladas dando un salto hacia adelante, se giró hacia ellos y estiró la mano como agarrando algo invisible en el aire; fue como si al cerrar el puño un intolerable zumbido aturdiera a la multitud, haciéndoles chillar apretando los dientes. El esclavo entonces arrastró el brazo hacia atrás y las articulaciones de los soldados frente a él perdieron el vigor, sus músculos desaparecieron y las armas resbalaron de sus dedos envejecidos.<br />
<br />
De inmediato retrocedieron a patadas y empujones. El chico parecía una bestia: la cólera enrojeció su rostro, sus miembros se volvieron corpulentos y ya no se le marcaban las costillas a través de las vendas. Avanzó hacia el oficial que cargaba a la princesa, cuando dos guardias desenvainaron sus filos y se metieron en medio. Meriito estaba perdiendo contextura rápidamente, pero repitió el movimiento de mano y los tres guardias cayeron de bruces contra el suelo, al mismo tiempo que su cuerpo se fortaleció de nuevo. Saltó a detener la caída de la princesa; sin embargo, al tocarla retiró sus brazos de inmediato como si se quemara; ella cayó al suelo soltando un débil quejido. Se oyó un chasquido, y un repentino latigazo azotó a Meriito en la espalda poniéndolo de rodillas con un alarido; Echanseki, ardiendo de emoción, agitó el látigo de nuevo para aprehender su brazo derecho, sacó su espada y embistió a toda velocidad hacia él.<br />
<br />
—¡Detente, Gerby! —exclamó el general poniéndose de pie; Echanseki se detuvo en el acto, aunque claramente insatisfecho—. Así que este es el famoso Meriito que escapó del vacío de Almena y acabó con la corte otoriana. Los rumores no mencionan que seas tan joven, o que parezcas tan frágil… —Acarició su barba estudiando al chico, que no paraba de gimotear de rodillas a medida que perdía musculatura—. Aunque no hay duda de que eres alguien de su nivel. Pero si es cierto, explícame entonces cómo acabaste prisionero de un grupo de meros exploradores.<br />
<br />
El ambiente quedó silencioso como un sepelio. Los soldados observaron sorprendidos a sus compañeros recuperar el vigor de sus brazos mientras Meriito volvía a parecer una momia muy delgada; incluso sus apretados vendajes, que debieron estallar con sus músculos inflados, parecían intactos. Era como estar viendo a un espectro al que la vida se le escurría por la piel.<br />
<br />
—Es por el agua, mi señor —intervino Aldre ansioso por romper el silencio—. Los kretnia nos capturaron juntos. La noche en que me llevaron a la celda, me confesó que estaba a apunto de perder el conocimiento y me pidió que protegiera a la princesa. Pero no se desmayó, sino que entró en un estado de trance muy extraño debido a la deshidratación. Su cuerpo respondía, pero él no.<br />
<br />
—¿Y qué tiene que ver la princesa en todo esto?<br />
<br />
—No estoy seguro, mi señor. Sé que está enferma y necesita atención urgente, pero Meriito no puede tocarla por alguna razón. Pensé que si el maestro Reviere pudiera curar su enfermedad, podríamos negociar con Meriito para que pelee por nosotros en la guerra; creo que hará cualquier cosa por salvarla. Y como ha podido ver, es un guerrero a tener en cuenta en un combate. Creo que es la mejor arma que pude encontrar afuera, mi señor.<br />
<br />
Zeo examinó al prisionero con la mano en el mentón por unos segundos.<br />
<br />
—¿Es verdad eso? ¿Pelearías para mí si puedo curarla?<br />
<br />
Meriito se restregó un ojo con la muñeca, después el otro, y entonces asintió lentamente. Zeo sonrió ampliamente.<br />
<br />
—¡Y justo cuando empezaba a resignarme! ¡Bien hecho, Aldre! Te recompensaré como es debido cuando termine la guerra. —Aldre finalmente recuperó el color del rostro. De repente, Zeo le dirigió una mirada rigurosa a Meriito—. De acuerdo, enviaré a alguien por Reviere de inmediato, pero no lucharás para mí. —Los viajeros intercambiaron miradas confusas—. Ya tengo a los mejores guerreros de mi lado y no me arriesgaré a enviarte con ellos. Tengo un dilema mayor: presiento que esta guerra puede ser la última, pero esta vez nos faltará más que fuerza para ganar. Se dice que has viajado mucho por todas partes. Creo que la información que manejas puede ser la pieza final que necesita mi ofensiva. Quiero saber todo lo que has visto en las tierras que no debe pisar el hombre, hasta el más mínimo detalle. Quiero que me cuentes lo que es cierto sobre tu mito, entre tanto que ha llegado a mis oídos.<br />
<br />
—Es una larga historia... —advirtió Meriito con la voz quebrada, sin mostrarse sorprendido. No era la primera que alguien se interesaba por sus secretos.<br />
<br />
—Moveré mis tropas en un mes, tienes todo ese tiempo para contarnos tu historia mientras Reviere sana a la princesa.<br />
<br />
—Supongo que no tengo otra opción... —Fulminó a Aldre con la mirada—. Pero tengo una condición: deben curar a Deliquia aquí mismo, frente a mis ojos; no pienso separarme de ella. Y me darás tu palabra de que no le harán daño. —Entonces se puso de pie resistiendo el látigo enrollado en su brazo—. Nadie más debe pagar por mis pecados.<br />
<br />
—¿Asesinaste a su familia y ahora pretendes protegerla? —A Zeo le resultó gracioso—. Está bien. Libéralo, Gerby. Mis guardias instalarán una tienda para la chica aquí adentro, así la vigilarás mientras nos entretienes con tu leyenda. Pero dejemos claro algo, muchacho: si descubro que nos mientes, guardas información, o que no eres quien dices ser; la mataré sin contemplación y tú serás el siguiente. —El Echanseki de arriba interrumpió a Zeo para susurrarle al oído una vez más, pero este le restó importancia con un gesto de la mano. Llenó una copa de vino, caminó de espaldas hasta el trono y se sentó complacido—. La aborrecida «bestia de los caminos», estoy intrigado. Adelante, cuéntanos cómo te convertiste en un engendro.<br />
<br />
—Necesitaré más agua —advirtió el muchacho palpando la marca del látigo en su antebrazo.<br />
<br />
—¡Traigan agua y comida! —demandó Zeo acariciando al león—. ¡Y algo para sentarse!<br />
<br />
Los guardias de inmediato le acercaron un banco, una vasija con agua, un cuenco de plata vacío y varios platos atiborrados con carne y verduras. Meriito solo bebió un poco de agua al tomar asiento. Vio a Aldre recostaba cuidadosamente a Deliquia en un muro a su izquierda donde los soldados hacían espacio para levantar una carpa, y sus ojos volvieron a llenarse de muerte. Echó un vistazo por la ventana detrás del altar y pudo distinguir con claridad parte del abismo rocoso detrás del fuerte, luego pasó la mirada por las piedras preciosas que adornaban las columnas destrozadas, y finalmente puso la vista en el altar, donde el nuevo rey se acariciaba la barba recostado al respaldo del trono.<br />
<br />
—¿Y te sentarás a escuchar una historia mientras tu pueblo combate?<br />
<br />
Zeo frunció el ceño.<br />
<br />
—¿Sabes cuál es la diferencia entre mi hermano y yo? Él fue un rey temerario, siempre acompañaba a su ejército en el campo sin dudarlo, ya ves cómo terminó. Yo, por otra parte, entiendo que hay muchas maneras de hacer la guerra. Ahora mejor preocúpate por contarme tu historia, desde el principio. Deseo saber qué clase de abominación eres, si de verdad eres quien dices ser —concluyó entornando los ojos.<br />
<br />
Meriito simplemente exhaló un suspiro; el calor despiadado volvía a invadir la sala.<br />
<br />
—De acuerdo. Entonces, empecemos.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Capítulo 2: Entre piedras y garabatos</span></div>
<br />
Primero quisiera aclarar que Meriito no es mi verdadero nombre, sino un título que me gané en uno de mis largos viajes; sí, esos viajes de los que tanto se habla últimamente. Pero antes de la fama, existió un joven humilde, inocente y dispuesto a cualquier cosa por ayudar a otros. Una verdadera lástima, porque ese altruismo que antes nos liberó, mañana nos traerá la ruina, ya que cargué con nuestra causa en mis manos, y al condenarme, nos condené a todos.<br />
<br />
Solo pido a los presentes que no me escuchen codiciando mis secretos; mi historia no es una guía para obtener poder, sino una oportuna advertencia, de que siempre se debe escuchar al corazón, y de jamás jugar con fuerzas desconocidas.<br />
<br />
Respecto a mi verdadero nombre, seguro que mis padres me habrán dado uno muy bonito; jamás lo sabremos con certeza. Fui abandonado cuando era un bebé y solo puedo evocar unas cuantas escenas de mi infancia temprana. Todo lo que sé sobre esa época es lo que otros me han contado, así que tendrán que creer en mis palabras como yo tuve que confiar en las de ellos. De modo que, si todo es cierto, mi historia inició una agitada noche oscura:<br />
<br />
Una mujer llamada Preya escapaba de una tormenta cuando escuchó un desesperado lloriqueo cerca de un río. Intrigada, se dejó caer por la cuesta pedregosa del cauce, pero le costó ubicar el origen del llanto con la lluvia picando sus ojos y oídos. Una violenta ventisca la sacudió de un lado a otro hasta la orilla, y de repente pudo escuchar mis quejidos con claridad. Movió unas cuantas rocas y allí me encontró, llorando a moco tendido en la espalda de una tortuga, a la que estaba amarrado con múltiples sogas.<br />
<br />
Se apresuró a intentar desatarme, pero el agua había complicado los nudos y el río seguía creciendo a su lado. Recogió una piedra y la frotó con ímpetu contra una de las cuerdas hasta que los hilos se soltaron; pero aún quedaban muchas otras y el estrépito de la corriente le decía que no había mucho tiempo. Preya movió la cabeza buscando ayuda, pero no hubo señales de otra persona alrededor; debía hacer algo rápido. Entonces se amarró el cabello, flexionó las rodillas y, enterrando con firmeza sus dedos bajo las ataduras, alzó con todas sus fuerzas a la tortuga en su espalda, aun conmigo afianzado al caparazón.<br />
<br />
Juntos pesábamos tanto, que a Preya le flaquearon las piernas de inmediato. Su intención era alejarnos de la orilla, pero no contaba con que los feroces vientos le impidieran moverse con libertad. Peor aún, estábamos atrapados entre las dos paredes del lecho, y ella no tenía otra opción más que seguir recto por el sendero de grava hasta hallar un camino por el que subir a la planicie. Pero solo había avanzado un poco cuando oyó un chasquido, una capa húmeda cubrió sus tobillos, y al girarse vio cómo el voraginoso río se nos vino encima. Fuimos tragados en sus aguas oscuras y revolcados sin piedad en una turbulencia que finalmente silenció mi llanto. Preya se sujetó a la tortuga  y como pudo metió un brazo bajo las cuerdas, echó un vistazo a mi pálido rostro, y mis ojos serenos fueron lo último que vio antes de desmayarse.<br />
<br />
Despertó escupiendo el agua que había tragado hasta que pudo volver a respirar. Se encontraba tendida en una superficie blanda, aunque el aire alrededor era denso y húmedo. Fuertes tronidos sacudieron la tierra, pero ella no llegó a ver los rayos. Tampoco pudo percibir la luna. De hecho, lo único que alcanzaba a vislumbrar era una tenue luz azul a la distancia, desde donde se escuchaba una corriente fluyendo como una cascada. Entonces entendió que el torrente la había arrastrado hasta una gruta con una pequeña isla rodeada por el agua que discurría del río. También dedujo por el estruendo que la tormenta seguía arreciando afuera, y no había mucho que pudiera hacer al respecto. El cuerpo le pesaba una tonelada, así que cerró los ojos y un momento después ya había caído en un profundo sueño.<br />
<br />
Quién sabe cuánto pasó hasta que espabiló de nuevo. Se incorporó ahogada, mareada y con un intenso dolor de cabeza. De fondo se escuchaba un lloriqueo constante que le recordó de inmediato al responsable de su padecimiento. Se levantó tambaleando y dio unos pasos siguiendo mis lamentos desesperados hasta que me halló, aún atado al enorme reptil. Buscó a tientas una estalagmita con la que finalmente pudo cortar las ligaduras una por una. Tanteó mi cuerpo en busca de heridas y no encontró más que las marcas que las sogas dejaron en mi piel. Me tomó en sus brazos y me meció suavemente intentando calmarme, pero un rato después ya estaba segura de que mi llanto, al igual que la tormenta, no iba a detenerse pronto.<br />
<br />
Por mucho tiempo ignoré de dónde sacó el calor o el alimento para mantenernos con vida durante los seis días que duró la tempestad, pero lo más importante es que en honor a esa catástrofe en la que nos conocimos, Preya me dio mi primer y más preciado nombre: Torva, que significa remolino de lluvia. También le debo a la tormenta haber descubierto aquella cálida gruta, que aunque no era el sitio ideal para un niño sin padres, terminó por convertirse en mi hogar.<br />
<br />
En cuanto la lluvia cesó, Preya usó los restos de cuerda para amarrar mi tobillo a una roca y se marchó. Regresó al día siguiente con algunas bayas verdes que trituró hasta convertirlas en pulpa, y con eso me alimentó por un tiempo hasta que aprendí a comer otros tipos de fruta. Crecí siendo un niño sano y vistiendo las prendas que Preya me obsequiaba. En ocasiones la vi llegar al refugio con una talega llena de carne, que ella misma asaba en la fogata mientras me hablaba del mundo como las madres le hablan a sus hijos; sin embargo, todas las tardes sin falta, se despedía y me dejaba a mi suerte en la oscura caverna.<br />
<br />
Decenas de veces me aseguró que no había peligro alguno en la zona, pero ni eso evitó las muchas noches que pasé acurrucado a mi manta, temblando de miedo y llorando en silencio hasta quedarme dormido. A menudo tenía que resistir el impulso de ir a buscarla, pues creía saber a dónde iba. Más allá de la cuesta del cauce, había una montaña alta cubierta de un negruzco bosque muerto; sus árboles viejos apenas tenían hojas y se ocultaban detrás de una espesa neblina, pero justo en la cima había una zona pequeña con frondosos árboles forrados de hermosas hojas verdes. Era el único lugar donde podía crecer la fruta.<br />
<br />
Preya siempre evitó el tema, aunque cada vez que podía me advertía sobre las trampas y animales feroces que protegían la sublime cumbre de los visitantes inesperados. Tuve muchas pesadillas con esos peligros desconocidos, hasta que me resigné a las noches solitarias. Cuando me sentía intranquilo, me consolaba pensar en que Preya regresaría al refugio el siguiente día, y entonces todo estaría bien. En ocasiones la vi llegar muy temprano para llevarme a cortar leña; ella talaba y yo la ayudaba a llevar los pedazos. Mientras la carne se asaba, solía leerme historias a la luz del fuego o aprovechábamos para zambullirnos en el agua; dentro de la gruta, claro, ya que solo entraba al río cuando necesitaba cruzarlo.<br />
<br />
Una tarde, Preya me sugirió pausar nuestra lección de escritura para comer: la cazuela humeaba sobre la lumbre y ella meneaba el caldo gentilmente con un punzón. Había encendido el fuego con unos trozos de piedra rojiza que encontró en la gruta. Le tuve que insistir mucho para que me prestara alguno para garabatear las paredes, ya que sus misteriosos trazos brillaban en la oscuridad. Ella accedió porque le pareció que ya me tocaba aprender a escribir, y porque era una buena oportunidad de enseñarme a encender la fogata, de manera que nunca pasara frío en las noches.<br />
<br />
Justo estaba practicando mis letras cuando ella me llamó. Dejé la piedra en el suelo y crucé el pozo nadando. Salí empapado a quitarme el calzón, vestí mi túnica seca y me senté en la arena a observarla servir el almuerzo: recuerdo que me pareció muy alta, su piel morena destellaba junto a las llamas, y sus ojos redondos como un búho lo veían todo con ternura. Entonces, se me ocurrió preguntarle algo que me llevaba inquietando mucho tiempo.<br />
<br />
—Ey... Preya... ¿Por qué tus brazos son transparentes? —inquirí con inocencia. El tazón se le resbaló de las manos y se estrelló bruscamente contra suelo. Ella por reflejo escondió los brazos en la espalda—. Es que... los míos no son así, no puedo ver a través de ellos.<br />
<br />
—Mis brazos... emmm... n-no hay razón, Torva. Siempre han sido así. Los cielos sabrán por qué nos hacen como nos hacen. —Me miró nerviosa por unos segundos—. ¿Te incomodan?<br />
<br />
—No, para nada. Solo tenía curiosidad. Antes creía que eran de agua, o de viento. Pero eso no puede ser porque siempre estás levantando cosas.<br />
<br />
—Vaya, eres muy listo —me dijo con media sonrisa después de un suspiro, y comenzó a sacar los brazos con timidez—. Es algo diferente al agua. Fluye y es transparente, pero al mismo tiempo duro como los huesos. Y está lleno de vida... —Su voz se suavizó de repente—. Se parece más al fuego, en muchos sentidos.<br />
<br />
Me quedé un momento apreciando uno de sus brazos. Los bordes parecían densos, pero el interior era traslúcido y contenía otro líquido más oscuro que iba buceando de un extremo a otro, dejando un rastro de partículas.<br />
<br />
—Ya veo —comenté fascinado—. ¿Y cómo se llama? ¿Puedo tocarlo?<br />
<br />
—Emm... mejor no. No me veas así —Se acercó y enterró sus dedos diáfanos en mi cabello—. Me hace feliz que seas tan curioso, pero me preocupa que un día te topes con alguien... menos tolerante, y eso te traiga problemas. Es mejor que no sepas tanto del tema, ¿de acuerdo? —Me sonrió cuando asentí. Entonces sacudió su albornoz y levantó el tazón del suelo—. Ahora comamos para que practiques tu lectura. Si aprendes rápido te traeré algunas historias para que leas cuando estés solo.<br />
<br />
Aquella vez accedí de buen grado y comencé a practicar en cuanto terminé de comer, principalmente porque sus brazos parecían ser un tema sensible para ella y no quería molestarla. Pero ahora tenía más dudas que antes.<br />
<br />
Aprendí a leer poco después. No había mucho que hacer en mi tiempo a solas, así que cuando no estaba arrojando peñones al río, estaba leyendo en la cueva, sin importar que no entendiera la mitad de cada historia. Muchas trataban temas de política, religiones o amoríos que un huérfano como yo no podía entender, pero de vez en cuando encontraba relatos sobre héroes antiguos que habían recorrido el mundo por motivos más trascendentes que el oro; batallaban por honor o en defensa de sus seres queridos. Me gustaba jugar a que era uno de ellos, que tenía una espada de viento y la usaba para cortar a través del campo de batalla ficticio al borde del río. Eran solo fantasías tontas, ya lo sé, pero es posible que esas tardes de combates imaginarios fueran las que cultivaron mi espíritu valeroso, y me animaron a ser más atrevido y audaz.<br />
<br />
Los años transcurrieron tranquilamente, pero creo que tenía once esa mañana en que las cosas comenzaron a cambiar. Preya no había regresado por un par de días, aunque me dejó con un montículo de frutas que tardarían varios días en deteriorarse. Con mis lecturas agotadas, resolví salir a buscar otras superficies en las que escribir, pues mis letras ya ocupaban las paredes de la guarida por dentro y por fuera. En vano visité el bosque (los árboles estaban tan viejos y deteriorados que se quebraban sin siquiera tocarlos), así que me armé de valor para probar mi suerte río abajo.<br />
<br />
El paisaje era hermoso: la corriente se ceñía al sendero de gravas hasta el horizonte. A mi derecha se extendía una enorme vertiente pedregosa que no dejaba ver más allá, y al otro lado del río había otra vertiente sobre la cual se veía mucho más del bosque muerto. Me sorprendí al notar que el área verdosa en la cima se había extendido un poco más, como si la montaña estuviera cobrando vida desde su punto más alto.<br />
<br />
Me pregunté si Preya estaría ahí. Seguro había un refugio más grande con alimentos por doquier, y un lago donde los niños podían bañarse con tranquilidad. ¿Se habría olvidado de mí? ¿O tal vez le había pasado algo? Tuve que secar las lágrimas que me empezaron a caer por el rostro mientras caminaba.<br />
<br />
—Cuidado te tropiezas, compañero —me advirtió una voz áspera pero alegre. A unas piedras por delante me observaba un hombre con sombrero de paja, una sonrisa de oreja a oreja y los ojos muy abiertos. A su lado había una cesta y en sus manos una caña de pescar con el hilo sumergido en el río.<br />
<br />
La impresión me dejó tiezo, haciéndome olvidar mis preocupaciones. Era la primera vez que veía a otra persona además de Preya, y no se parecía a ella en lo absoluto. Tenía el cabello largo y maltratado, una barba enmarañada y el cuerpo tan delgado como arrugado. Al ver que no respondía, el anciano bajó la caña, metió la mano en la canasta y sacó una trucha pálida.<br />
<br />
—¿Por qué esa cara triste, cuando la vida es tan generosa? —me preguntó sonriendo; le faltaban casi todos los dientes. Me timbré cuando dio unos pasos hacia adelante agitando el pescado en su mano. Él se detuvo al notarlo, dejó la trucha sobre una roca y retrocedió—. No te contengas pequeño, ¡que esto no es todos los días!<br />
<br />
—¿Qué es eso? —le pregunté indeciso; tampoco había visto un pescado en mi vida. Él soltó una carcajada.<br />
<br />
—Eso que ves es una buena trucha —me explicó levantando las cejas—. Tuvieron que aparecer recientemente, ya que estuve por aquí hace tres rotaciones y el río estaba desolado. ¡Pero hace unos días me dio por revisar y mira! ¡¿Se puede tener más suerte?! ¡Tú también aprovecha muchacho, antes de que esto se vuelva un infierno de pescadores!<br />
<br />
El júbilo en su voz era contagioso y al mismo tiempo intimidante. Sin quitarle un ojo de encima, me acerqué lentamente y levanté el pescado por la cola con dos dedos como pinzas.<br />
<br />
—¿De verdad se come? —cuestioné arrugando la cara. Olía bastante mal.<br />
<br />
—Hijo, hay quienes no comen otra cosa. Primero debes asarlo, claro. ¿Sabes hacer una fogata?<br />
<br />
Asentí.<br />
<br />
—¡Bien! —celebró recogiendo su caña—. Tú solo ponlo al fuego y disfruta. ¡Ah, y cuidado con las espinas!<br />
<br />
Observé al sujeto regocijándose en su pesca por un momento, luego al inexpresivo pez muerto, y una vez más al anciano.<br />
<br />
—Gracias —le dije. Él volvió su atención hacia la espumosa agua, y dejó escapar una risita que me pareció más dirigida a sí mismo que a mí.<br />
<br />
Me di la vuelta lentamente y arranqué a correr dando saltos con el pescado en la mano. Irrumpí espantado al refugio, atravesé una gran roca en medio, y prácticamente me lancé bajo mi manta a vigilar la entrada fijamente. Mi cruel imaginación me hizo ver al pescador aparecer varias veces con un cuchillo en mano y dando gritos con su voz gastada, pero cayó la noche sin que sucediera realmente nada.<br />
<br />
Sin embargo mi estómago rugía más que el río. No había comido nada desde la mañana y el marcado olor del pescado me recordaba las palabras del anciano, así que decidí darle una oportunidad. Preparé la yesca y la encendí chocando mi piedra roja contra una pirita. Perforé el pescado con un hilo como hacíamos con la carne y lo colgué sobre la candela. Mientras esperaba a que se cocinara le di un mordisco a una manzana; empezaba a tener un ligero sabor amargo. Más tarde esa noche, quitando la sorpresa de las espinas, me fui a dormir alegre de haber probado el pescado.<br />
<br />
Preya no regresó los días siguientes y las frutas se agotaron antes de estropearase. El hambre me impulsó a salir de la cueva, así que probé a asomarme al río: podía ver la silueta de los peces nadando a toda velocidad en lo profundo, pero por alguna razón no me atrevía a meter la mano. Mi estómago gruñía cada vez con más frecuencia, hasta que al mediodía decidí descender una vez más por el sendero de grava. Encontré al anciano en el mismo lugar con su canasta rebosada de pescados. Sin embargo, esta vez tenía las cejas muy juntas y el gesto desanimado. Hice algo de ruido al llegar para llamar su atención.<br />
<br />
—Así que regresaste —notó sin una pisca de entusiasmo—. ¿Qué te pareció la trucha?<br />
<br />
—Es cierto, se come —respondí. Él asintió con amargura. No parecía la misma persona con los ojos decaídos y los labios tristes—. ¿Sucede algo?<br />
<br />
—Siempre, siempre sucede algo —se lamentó con un sonoro suspiro—. Esos brutos lo quieren todo sin mover un dedo... ¡Ojalá no vuelvan de la guerra!<br />
<br />
—¿Guerra? ¿Hay una guerra? —pregunté por seguir la conversación, aunque en realidad estaba interesado en la pesca. Creí tenerlo resuelto: Todo consistía en enganchar a los peces. Justo en ese lugar había una piedra grande que dividía la corriente y sacaba espuma en la superficie. No se podía ver el fondo, pero el agua parecía más calmada.<br />
<br />
El pescador me observó con los ojos casi cerrados, como intentando descifrar si no le estaba prestando atención, o si le estaba jugando alguna broma. Entonces frunció el ceño.<br />
<br />
—¿Acaso vives bajo una roca? —Cabeceó de un lado a otro—. No importa. El hecho es que esos soldados salvajes están requisando lo que les da la gana. ¡Que me puede pasar un accidente si no les llevo pescados, dicen! ¡Son unas bestias! ¡Unos bárbaros! ¡Unos... unos... —exhaló un suspiro—. Como sea. ¿Quieres otro pescado, verdad?<br />
<br />
—Quisiera unos cuantos, no tengo más comida. —lo dije con buena intención, pero en mi inocencia, desconocía lo mal que podían caerle esas palabras.<br />
<br />
—¿No escuchaste lo que dije, muchacho? ¡Me están robando mi mercancía! Apenas me queda para vender. No, solo te puedo dar uno. Tómalo rápido y lárgate, que si los soldados te encuentran seguro te llevarán a la guerra.<br />
<br />
Asentí rápidamente y me acerqué a recoger una trucha, pero antes de irme metí una mano en mi túnica y saqué mi piedra roja. La sopesé en mi mano buscando alrededor la roca más grande e hice dos rayas largas en ella; así podía regresar luego. Me giré listo para marcharme cuando un grito me hizo detenerme.<br />
<br />
—¡Espera! —Al voltearme noté que el anciano tenía los ojos encendidos, y el júbilo había vuelto a su rostro—. ¿De dónde sacaste esa piedra que tienes en la mano?<br />
<br />
—Yo... la encontré —Sentí un aura siniestra en el anciano, pero no podía decirle dónde estaba el refugio. Comencé a retroceder unos pasos, pero él se agachó, recogió un frasco lleno de carnada y me lo arrojó a la pierna.<br />
<br />
Gemí de dolor al caer sentado sobre las rocas. Una sonrisa aterradora apareció en el rostro arrugado del pescador mientras se acercaba con pasos lentos pero vehementes, cuidando de no regresar. Le apunté a la cara con la piedra; confiaba en mi puntería, aunque no sabía si sería suficiente. Pero él se detuvo angustiado, y entonces entendí lo mucho que quería mi piedra. Giré sobre mí y apunté al río.<br />
<br />
—¡No te muevas o la lanzo! —le espeté, y funcionó. El anciano levantó las manos y comenzó sudar.<br />
<br />
—¡Alto, para, para! ¡Está bien, dime qué quieres! ¿Tenías hambre verdad? Puedo darte más pescados, emm... cinco pescados. ¿Qué te parece?<br />
<br />
Mientras pensaba, el anciano aprovechó de dar un paso, así que me erguí y me moví más hacia el río; me sentí poderoso al verlo retroceder.<br />
<br />
— Los quiero todos —le exigí esperando que me rechazara y se diera por vencido, pero su respuesta fue inmediata.<br />
<br />
—¡Son tuyos! Todos tuyos, si me entregas esa pequeña joyita.<br />
<br />
Me había quedado sin opciones. Si arrojaba la piedra, el pescador seguro me arrojaría detrás de ella; pero si aceptaba el intercambio, podía sobrevivir lo suficiente para aprender a pescar yo mismo. Después de todo, ya había marcado la zona y podía regresar cuando él no estuviera.<br />
<br />
—De acuerdo —accedí—. Pero aléjate, más, eso es, no te muevas de ahí.<br />
<br />
El anciano siguió obedientemente mis indicaciones sin quitarme los ojos de encima. Yo me acerqué, levanté la cesta y arrojé la piedra detrás de él. Saltó sobre ella como un lobo hambriento, cayó de rodillas y soltó una victoriosa carcajada al palpar la gema entre sus dedos. Yo, queriendo alejarme tan rápido como fuera posible, proveché su regocijo para darme la vuelta y escapar.<br />
<br />
—¡Vuelve si tienes más de estas, te daré lo que quieras! —escuché a la distancia, pero no me giré. Crucé el río en cuanto vi una zona estrecha y seguí corriendo por ese camino para despistar al anciano, en caso de que me estuviera siguiendo.<br />
<br />
Me temblaba el cuerpo cuando avisté el refugio al otro lado del río a la luz del ocaso. Por un momento me sentí aliviado, pero entonces un rumor de voces y pasos llamó mi atención. Di un salto hacia la vertiente para esconderme detrás su sombra y dejé la canasta en el suelo; no vi a nadie alrededor, ni por donde vine, ni más adelante. Me di cuenta entonces que las voces venían de arriba, y entre ellas estaba la de una mujer.<br />
<br />
«Preya», pensé escalando la vertiente, y entonces los vi. Cinco criaturas plateadas discutían entre sí al pie del bosque muerto. Una mujer se separó de ellos con los brazos cruzados y se detuvo tras dar unos pasos. Giró la cabeza, los estudió un instante con sus fríos ojos azules, y entonces les espetó:<br />
<br />
—¡¿Qué esperan para entrar?!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Muy buenas. Soy un escritor con experiencia en prensa de videojuegos y recientemente inicié una novela de fantasía épica.<br />
<br />
Si alguien está interesado en leer mi historia, los capítulos están disponibles abajo de la imagen y en Wattpad a través de <a href="https://compiled.social/zirisia" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este enlace</a>. ¡Estoy abierto a comentarios! <br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><img src="https://i.ibb.co/JjPk9SB/Sin-t-tulo.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: Sin-t-tulo.jpg]" class="mycode_img" /></div>
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Prólogo</span></div>
<br />
Las civilizaciones del mundo arden en un caos continuo tras la muerte de sus líderes en la guerra. Algunos sobrevivientes renunciaron a sus espadas ante el terror de la batalla, pero ejércitos más poderosos se preparan para un decisivo combate por el dominio de los reinos desgobernados.<br />
<br />
«Será la guerra más devastadora de nuestros tiempos», pronostican los sabios desde las tribunas de las plazas, pero las familias asustadas se esconden en sus hogares implorando a los cielos por su protección divina o la aparición de un valiente guerrero que proteja a los débiles. Algunos menos optimistas prefirieron partir a peregrinar en busca de las tierras sagradas donde la paz es absoluta. Mientras tanto, los delincuentes y soldados deshonestos aprovechan la anarquía para extorsionar, robar y asesinar a quienes les apetece.<br />
<br />
Pero dentro de un fuerte oculto en lo profundo de un desierto remoto, las huestes de Zeo esperan pacientemente el momento de la batalla cuando advierten las siluetas de un grupo de jinetes en el horizonte.<br />
<br />
Casi cien soldados habían partido un año antes bajo las órdenes del rey Bastes a saquear las ciudades asoladas por la guerra, pero ni fueron bien recibidos por los habitantes, ni la suerte los acompañó en el camino de vuelta. Ahora que el rey ha muerto, solo unos pocos exploradores regresan, heridos y exhaustos, a dar parte del viaje a su hermano y heredero, el general Zeo.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Capítulo 1: Audiencia con el soberano</span></div>
<br />
Las cadenas zigzagueaban en la arena como una serpiente acechando a su presa. El esclavo corría descalzo detrás de las tenues nubes de polvo que levantaban los caballos, mientras el radiante sol sacaba destellos de sus grilletes. El intenso calor evaporaba el sudor de los jinetes y el intenso bochorno les impedía discernir la forma exacta de la muralla en la distancia.<br />
<br />
Un centinela a las afueras del muro fue el primero en avistar sus siluetas desde la punta de un colosal monolito. Se apresuró a soplar un enorme cuerno cuyo estruendo se repitió varias veces dentro del fuerte, alertando a guardias y habitantes por igual. Los guerreros en el interior comenzaron a moverse levantando armas y colocándose las armaduras, mientras los niños y adultos incompetentes en el combate ayudaban a mover los suministros. En un instante la caballería pasó galopando a toda velocidad por mitad de la plaza hacia la entrada; enseguida se abrieron las puertas frente a ellos y se cerraron detrás del último caballero.<br />
<br />
—¡Son cuatro exploradores heridos a caballo y dos prisioneros, capitán! —reportó a gritos el centinela. La caballería estuvo a punto de partir, cuando el vigilante se pronunció de nuevo—. ¡Parece el escuadrón de Aldre!<br />
<br />
El capitán endureció el gesto y dio la orden de bajar las armas y esperar en la entrada, ignorando su tarea de interceptarlos para descartar amenazas. Sin embargo, en cuanto los viajeros enfrenaron frente a ellos, supieron que no representaban ningún peligro: estaban hechos un desastre.<br />
<br />
Aldre tenía una herida punzante en el hombro y el brazo, pero no era nada en comparación al resto de su brigada, que lucían severas abolladuras en sus piezas de armaduras sucias e incompletas, así como rastros de quemaduras sobre sus túnicas manchadas de sangre. Incluso en sus caballos se percibían indicios de maltrato y hambruna. A la derecha, una mujer de cabello oscuro cargaba un ornamentado carcaj en la espalda; era la única que no tenía heridas visibles, pero parecía estar a punto de desmayarse.<br />
<br />
Sin embargo, nadie en el grupo se veía peor que el prisionero que llegó corriendo a pie un momento después; al capitán le pareció increíble que pudiera moverse a ese ritmo, considerando que tenía la complexión de un indigente y el cuerpo vendado del cuello para abajo. Estaba claro que tuvieron algunos altercados por el camino, pero aun así era extraño que regresaran después de tanto tiempo.<br />
<br />
—¿Dónde demonios te habías metido, Aldre? ¿Cómo terminaron así? —inquirió el capitán.<br />
<br />
—No sé por dónde empezar —respondió él con la vista cansada bajo su turbante. Su yegua era la que mejor apariencia tenía en todo el grupo, y quizá por eso era la que transportaba a una muchacha inconsciente atada a la montura—. Los kretnia nos persiguieron hasta el cruce llano. Los perdimos, pero no tardarán en seguirnos el rastro. Debemos prepararnos.<br />
<br />
—Esas puertas no se abrirán hasta que alguien me explique dónde está el resto —declaró el capitán mirando las caras de todos los acompañantes, pero estos bajaron la cara. Solo Aldre mantuvo la vista fija en el capitán.<br />
<br />
—Creo que ya lo sabes, Olver. Fui el único que sobrevivió, a estos los contraté en el camino para que me ayudaran a regresar.<br />
<br />
—¿Y dónde está Nervala? —quiso saber Olver de inmediato.<br />
<br />
—Los bandidos nos emboscaron varias veces, tienen trampas en todo el camino. Nervala nos salvó una noche haciendo de distracción pero... tuvimos que huir sin ella. Lo siento.<br />
<br />
El capitán bajó la mirada en silencio hacia la cresta de su negro caballo y se mantuvo así por un momento. Entonces alzó su lanza, enorme y reluciente, y apuntó con ella a Aldre con los ojos enardecidos tras la visera del casco.<br />
<br />
—Ni siquiera traes las armas —advirtió apretando dientes—. ¡Dame una razón para no matarte aquí mismo!<br />
<br />
—¡Olver, cálmate un poco! —le rogó Aldre alzando las manos—. A-así no vas a resolver nada. Escucha, traigo información importante. —Los dedos le temblaban al intentar explicarse—. Necesito hablar con Zeo de inmediato, o no...<br />
<br />
El estruendoso sonido del cuerno estalló de nuevo.<br />
<br />
—¡Más corceles por el norte, capitán! —informó el centinela—. ¡Doce lanceros de estandarte violeta con varios cautivos!<br />
<br />
Los guardias desenvainaron sus espadas y los arqueros en la muralla templaron sus arcos. El capitán estrujó las riendas al ver las siluetas detrás de las colinas, soltó gruñó y se hizo a un lado penetrando a Aldre con la mirada.<br />
<br />
—Estoy seguro de que Zeo te matará cuando te vea; y si no lo hace él, lo haré yo más tarde. ¡Solven! —Uno de sus soldados se acercó—. Guíalos hasta el templo, y no les quites el ojo de encima. ¡Abran las puertas y protejan los muros! ¡Nosotros intentaremos negociar! —ordenó, y un momento después partió al galope seguido por la caballería.<br />
<br />
Aldre no pudo esconder su gesto aliviado. Los guardias no tardaron en obedecer y, en cuanto las puertas empezaron a abrirse, algunos arqueros salieron en fila a tomar posiciones estratégicas. Solven les hizo una seña para que lo siguieran: los viajeros retomaron la marcha y los guardias en la entrada se hicieron a un lado para permitirles el ingreso.<br />
<br />
Un único sendero conectaba la entrada con el otro extremo del fuerte al borde de un risco, y por cada lado del camino estaban instaladas montones de jaimas raídas y estructuras en ruinas pero habitadas. Los familiares de los soldados, que trabajaban desde la herrería hasta el comercio, presenciaron su entrada con curiosidad y murmuraron al verlos pasar. Algunos contemplaron horrorizados sus prendas ensangrentadas y se lamentaron imaginando las desventuras del largo viaje, pero la mayoría estaba más interesada en ver el botín; aunque parecía un cargamento muy reducido.<br />
<br />
Después se fijaron en el desdichado prisionero, que caminaba indiferente a pesar de los pesados grilletes y cadenas que apresaban sus miembros. Su cabello tenía un bonito degradado marrón y su rostro seguro habría sido atractivo en otros tiempos, pero ahora tenía los huesos marcados como un mendigo, la barba descuidada de un náufrago, y los ojos resignados de un moribundo. En contraste, la hermosa muchacha de rizos casi plateados lucía tan bien cuidada, que en poco tiempo iniciaron las apuestas para adivinar el nombre de la familia de nobles a la que pertenecía.<br />
<br />
—Si no paramos pronto voy a perder los planos —advirtió la mujer acercándose al oído de Aldre para que Solven no escuchara—. Quieren desbordarse, puedo sentirlo.<br />
<br />
A Aldre le corrió un escalofrío por el espinazo, como le sucedía cada vez que aquella siniestra mujer le dirigía la palabra. Meditó en silencio un momento tratando de ignorar las indiscretas miradas, y entonces asintió.<br />
<br />
—¿Crees que podamos parar a beber agua, Solven?<br />
<br />
—Preferiría que no —respondió el oficial—. Algunas de esas heridas parecen graves, y no quiero cargar con la muerte de alguno.<br />
<br />
—Atravesamos todo el desierto así, podemos resistir un poco más —arguyó Aldre—. Y si no bebemos nada pronto, terminaremos cayendo de todas formas, ¿no crees?<br />
<br />
Tras pensarlo un momento, Solven accedió y más adelante les indicó que se detuvieran junto a un rudimentario pozo de piedra seca construido alrededor de un pequeño manantial. Estaba vigilado por un par de guardianes disparejos: un anciano tuerto que roncaba tendido sobre un montículo de hojas de palma, y un bronceado jayán concentrado en amolar su maza.<br />
<br />
—¡Chafi! Veo que las guerras no tienen efecto sobre ti —bromeó Aldre descabalgando.<br />
<br />
El anciano abrió de golpe su único ojo para ver al grupo desatando sus botijas del cargamento. Entonces notó a Aldre a un lado, sonriendo.<br />
<br />
—¡Cuidado, pero si es Aldre el cobarde! —exclamó jubiloso—. ¡Te daba por muerto a estas alturas! Aún estás a tiempo de escapar, Zeo no está muy contento últimamente; cada victoria le sabe peor. —Entornó el ojo colocando una mano como sombrilla—. Por cierto, a estos no los había visto. ¿Son amigos tuyos?<br />
<br />
—Así es, me ayudaron a regresar —confirmó Aldre acercándole el manojo de botijas de porcelana sin añadir más detalles—. Llénalas y ahora te pago. Voy camino a reunirme con Zeo —el tuerto arrugó la cara—. No tengo opción. Ah, y necesito ropa nueva. Préstame alguna y te la pagaré mañana.<br />
<br />
—Ni lo sueñes, no veo que traigas ese arsenal que te encargaron. Zeo te arrojará a los leones —vociferó Chafi sobre su hombro levantándose para extraer agua del pozo con un cucharón—. ¡Una moneda por prenda! ¡Dáselas a Paac cuando termines, y ni se te ocurra...!<br />
<br />
—¡Ya sé, ya sé! —lo cortó Aldre dirigiéndose a una jaima cercana. El grandullón soltó el esmeril y lo siguió con la maza en la mano; tuvo que agacharse para entrar detrás de él.<br />
<br />
Chafi masculló algo no muy amable. Advirtió con su ojo receloso que los viajeros intercambiaban susurros mientras revisaban sus heridas. Uno de ellos era un chico mancebo de rasgos suaves y piel morena, mientras que el otro era mayor, pelirrojo y con una desagradable quemadura en el rostro. La mujer junto a ellos tenía el cabello tan largo que apenas permitía ver los símbolos circulares en su mejilla, y pasaba desapercibida por arrastrar un aura sombría que lo impulsó a desviar la mirada. Entonces puso su atención en la inmaculada prisionera que dormía plácidamente, y tuvo un presentimiento más extremo que el de los lugareños: estaba seguro de que habían raptado a una princesa.<br />
<br />
De repente un caballo relinchó moviéndose hacia el abrevadero, y solo en ese momento Chafi notó al esclavo parado junto a los corceles. Su primera impresión fue que el joven había muerto de pie, pues sus frívolas pupilas estaban perdidas en el horizonte, pero un segundo después el muchacho hizo contacto visual con él y abrió la boca muy despacio. Sus labios se movieron lentamente sin emitir sonido alguno, pero el anciano entendió perfectamente lo que quiso decir: «a-gu-a». Chafi contempló su enjuto cuerpo vendado temiendo que la sed fuera el menor de sus problemas: las heridas o el hambre lo matarían primero. Pero no iba a ser él quien cargara con el muerto en la consciencia, así que llenó el cucharón a rebosar y se dirigió hacia él.<br />
<br />
—¡No des un paso más, anciano! —clamó la mujer metiendo una flecha en su ballesta—. ¡Dale siquiera una gota de agua y te clavo una flecha en la nuca! —Solven desmontó desenvainando su espada, pero los viajeros cubrieron a la chica sacando sus sables.<br />
<br />
—¡Ea ea, no hay necesidad de amenazar! —exclamó Chafi juntando las cejas—. No pensaba cobrarles esto, pero me detengo y ya está. Me dio un poco de pena, eso es todo.<br />
<br />
Enseguida retrocedió a la fuente para retomar sus deberes y los demás bajaron las armas; aunque los viajeros intercambiaron miradas suspicaces con el guardia. Mientras llenaba el abrevadero, Chafi comprobó con un rápido vistazo que el esclavo había retomado su estado de trance. El anciano recordó con amargura que a su edad no valía la pena apiadarse de un desgraciado que de todas formas tenía los días contados.<br />
<br />
—Solo guardas basura aquí —le reprochó Aldre saliendo de la tienda con varios trapos en la mano.<br />
<br />
—Aun así tienes que pagarla —gruñó Chafi mirando hacia Paac. El fortachón asintió y volvió a ocuparse de su maza—. Me debes cuatro monedas por el agua. Paga y lárgate de aquí, que el pozo se estresa con el olor a muerte.<br />
<br />
Aldre rió; le entregó cuatro monedas para recuperar sus vasijas cargadas de agua —pagó el doble por la suya, que era la más grande—, y otras cinco monedas por la ropa. Antes de despedirse se detuvo a admirar su entorno: escuchó una conmoción en la entrada, y vio a los niños pasar empujando cajas de suministros que los soldados terminaban usando como mesas para desplegar mapas en los que discutir sus estrategias. Le extrañó la expresión recelosa de Solven desde su caballo, pero asumió que debía ser por el calor. Se protegió de los rayos del sol con un brazo y contempló el extenso cielo despejado dando pequeños sorbos de agua; disfrutó del momento como quien sospecha que puede ser el último. Un momento después se despidió, montó en su yegua y retomó la marcha por el sendero junto al resto; incluyendo al esclavo enclenque que avanzó detrás de ellos sin protestar.<br />
<br />
El templo era la única construcción dentro del fuerte que todavía mantenía su forma original, a pesar de los destrozos. La estructura indicaba el final del camino, y allí los esperaba un joven sentado en las escaleras. Tenía el cabello castaño amarrado en una coleta con unos cuantos mechones a la altura de los ojos, y aunque vestía elegantes prendas de seda propias de la clase alta, tenía diferentes armas colgadas del cinturón. Al verlos llegar sonrió de oreja a oreja, se puso de pie y colocó una mano en la empuñadura de su delgada espada.<br />
<br />
—¡Bienvenidos, queridos hermanos! Si son tan amables, desmonten y tiren sus armas.<br />
<br />
Su tono fue bastante cordial, pero Aldre no vaciló en bajar del caballo e instó a sus compañeros a hacer lo mismo. Un par de guardias se acercaron a retirarles el carcaj con flechas, la reluciente ballesta, varios modelos de dagas, frascos con veneno, un escudo, un par de sables y las piezas de armadura sueltas. Cuando estos estuvieron satisfechos, el joven que los recibió hizo una exagerada reverencia.<br />
<br />
—Mi nombre es Gerby Echanseki, los llevaré con el general —afirmó, exhortándolos a entrar en el templo.<br />
<br />
Los viajeros acataron de inmediato, aunque con movimientos débiles y pausados.<br />
<br />
—Nunca te había visto tan obediente —le comentó a Aldre uno de sus compañeros mientras caminaban por el largo pasillo del templo. Tuvo que ponerse hombro con hombro para que no lo escucharan los escoltas que cargaban con la muchacha desmayada—. ¿Quién era el de la cara de ángel?<br />
<br />
—Le dicen «Echanseki de las mareas», no esperaba verlo aquí —respondió Aldre en un débil tono de voz—. Es el campeón de Astóreo, va a ser un problema. No creo que podamos ac...<br />
<br />
—Es muy tarde para arrepentirse —lo interrumpió el viajero de golpe. Su voz era grave incluso al susurrar—. Hay siete guardias afuera contando a los escoltas, más los que hayan adentro. ¿Puedes encargarte tú del campeón?<br />
<br />
—¿Que yo me…? ¡Por supuesto que no! Ese chico es tan monstruoso como cualquiera de ustedes. Se dice que con catorce años participó en los juegos de las islas Carsi —Aldre se acercó a su oreja—. ¡En todas las islas al mismo tiempo!<br />
<br />
Sus palabras resonaron más de lo que pretendía. Se giró nervioso, esperando que Echanseki no escuchara nada. Este le dedicó desde atrás una sonrisa agradable que no tenía nada que ver con sus extravagantes ojos saltones de calamar.<br />
<br />
—¡Bajen la voz! —les pidió el más joven del grupo cuando los guardias los hicieron detenerse al final del pasillo—. A partir de aquí no hablemos más entre nosotros.<br />
<br />
Entonces las puertas se abrieron y un resplandor dorado los deslumbró. Al recuperar la visión se encontraron frente a una sala inmensa con un amplio agujero en el techo, por donde los ardientes rayos del sol impactaban directamente contra los azulejos del suelo y se reflejaban en las paredes de mármol. A cada lado se extendían varias filas de pilares ornamentados que no sostenían nada, y junto a estos había decenas de mesas largas ocupadas por hombres y mujeres de ropa holgada y gesto feliz. Estaban tan entretenidos conversando, comiendo y bebiendo, que ya no le prestaban atención ni a las puertas ni a lo que ocurría afuera. Una alfombra verde se extendía por el centro de la sala hasta un altar donde un hombre veterano con actitud desganada alimentaba a un fornido león con carne de su propio plato; parecía el único entre tantos que no disfrutaba de la celebración.<br />
<br />
Un heraldo bajito se acercó a Echanseki e hizo un esfuerzo para hablarle a través del bullicio. Entonces adoptó una postura firme, inhaló profundamente, e hizo sonar un pequeño clarín que llevaba colgado del cuello. El agudo pitido silenció la estancia de inmediato.<br />
<br />
—Soberano regidor, general Zeo, poseedor de horizontes —Los soldados hicieron un jubiloso brindis desde sus mesas, aunque el gobernante no lucía halagado—. Tras un año de su partida, el explorador del escuadrón de saqueo exterior, Aldre Macenta, regresa de su viaje implorando un momento de su atención para presentar el fruto de su expedición.<br />
<br />
El gesto del nuevo rey se volvió severo. Era un hombre enorme e imponente, de barba larga y oscura como sus ojos pequeños, parcialmente oculto de la luz que entraba por el orificio del techo; aunque aun en la penumbra resaltaba el oro incrustado en su armadura. Con un rápido movimiento de sus dedos repletos de anillos aprobó la audiencia, así que los guardias los escoltaron por en medio de las acaloradas miradas de los soldados. Aldre calculó que habrían por lo menos cien guerreros más de los que contó su compañero, quizá doscientos.<br />
<br />
Se detuvieron frente al altar, elevado a ocho escalones por encima de ellos, desde donde el general los observó altivo con las piernas separadas. Los soldados retomaron sus almuerzos en un alegre alboroto, mientras que los viajeros –exceptuando al esclavo– hincaron una rodilla en el suelo. Pero antes de que pudieran hablar, un hombre apareció detrás de Zeo para comentarle algo al oído.<br />
<br />
A Aldre se le erizó la piel al reconocer su rostro. Se giró para comprobar que Echanseki seguía detrás de ellos, y este le devolvió una sonrisa satisfecha: era él, observando cínicamente desde atrás, al mismo tiempo que dialogaba con Zeo desde el trono con una túnica diferente. Notó el desconcierto en la cara de sus compañeros, que ya no parecían tan confiados. Para Aldre era obvio que no podían dejarse llevar por la apariencia inocente del campeón: por dentro era una abominación y tenían muy poco tiempo para descifrar cómo lidiar con él.<br />
<br />
—Encárgate tú de defender el este —le ordenó el general tras meditar un poco. Echanseki asintió desde arriba, pero para sorpresa de Aldre, el guerrero se quedó de pie a un lado del trono—. Nos atacan de todas partes —explicó Zeo con dejadez—. Sospecho que no buscan el oro sino la gloria, el renombre, la fama; una vez en el campo, todas esas sandeces le importan más a un guerrero que la paz por la que iniciaron la guerra. Como sea... Me alegra verte con vida, Aldre.<br />
<br />
—Es un placer volver a estar en su presencia, su alteza.<br />
<br />
—Aún no me nombran rey, Aldre —replicó Zeo—. Por ahora sigo siendo un general.<br />
<br />
—Si mi señor me disculpa, eso es una mera formalidad. Siempre ha sido su destino gobernar el reino, aunque signifique perder al mejor general que hemos tenido.<br />
<br />
Aldre siempre fue muy versado con las palabras y confiaba en ellas para salir de cualquier situación, pero al ver el gesto severo de Zeo ante sus halagos, sospechó que esa tarde calurosa era diferente.<br />
<br />
—Preferiría ser un humilde cantero y poder celebrar con mi hermano, que gobernar mil reinos de cobardes yo solo, que conozco la infamia cometida en la conferencia.<br />
<br />
—P-por supuesto —Aldre palideció ligeramente, pero hizo un esfuerzo para mantener la compostura—. Lloré hasta el cansancio la muerte del rey Bastes. La noticia me llegó en el peor momento, cuando me desangraba en los calabozos de Geyin tras ver morir a muchos compañeros; casi pierdo la voluntad de continuar. —Notó el gesto suspicaz de Zeo—. Emm… Pero, mi general… creo que finalmente traigo buenas noticias para el reino, entre tantos infortunios.<br />
<br />
—Oh, ¿buenas noticias? Esos pueblerinos mentirosos... No creerías lo que se han inventado de ti, Aldre. Dicen que perdiste a mis setenta guardias a manos de unos bandidos —Aldre intentó intervenir, pero el general alzó la voz—. Y que en lugar de dirigirte a Pricia como te ordené, intentaste invadir unos insignificantes manglares... ¡Y fracasaste! Ni siquiera saqueaste el mausoleo de Otorio. Sin embargo, se comenta que trajiste a un par de esclavos: un moribundo demasiado débil para trabajar, y la hija de un rey muerto al que no le podemos pedir rescate. Contéstame ahora: ¿son solo inventos de las malas lenguas, o tengo ante mí los supuestos frutos de tu viaje?<br />
<br />
Entre codazos y chistidos, la algarabía de las mesas se fue silenciando progresivamente detrás de ellos. Aldre sintió el peso de las penetrantes miradas en su espalda, y percibió el sonido de los guardias desenvainando lentamente sus espadas; esperaban la orden para atacar, y Zeo parecía deseoso por darla. Tuvo que esforzarse de nuevo para no perder la concentración: tenía que elegir con cuidado sus siguientes palabras. Si se quería salvar, debía saltarse las excusas y explicaciones, e ir directo a lo que todos querían escuchar:<br />
<br />
—Tengo en mi poder el arma más peligrosa de los doce reinos. —El general levantó la mano y sus guardias bajaron las armas; Aldre pudo volver a respirar—. No solo traigo conmigo a la princesa Deliquia, supuesta heredera al trono de todas las tierras de Otorio. El prisionero a mi lado no es nada menos que Meriito, la temida bestia de los caminos.<br />
<br />
Zeo recostó un pómulo sobre su puño y tamborileó con los dedos de su otra mano, mientras contemplaba la escena con repugnancia.<br />
<br />
—¿Me dices que tú, un simple saqueador, capturaste a Meriito? Debes tomarme por tonto. ¿Qué deberíamos hacer con ellos, caballeros? —En cuanto hizo la pregunta, la sala se llenó de voces exaltadas unas sobre otras:<br />
<br />
«¡A pedradas!», «¡No, desmembramiento a caballo!», «¡Estos se ganaron la hoguera!». Los gritos eran tantos que nadie se ponía de acuerdo, hasta que un hombre robusto y ruborizado se puso de pie sosteniendo una daga: «¡Propongo una punzada por persona hasta que se desangren!», y todos aprobaron con un clamor enloquecido.<br />
<br />
A Aldre se le congeló la piel al notar que no solo los guardias habían desenvainado sus espadas, sino que los soldados se levantaban entusiasmados de sus mesas con cuchillos y navajas en mano, ansiosos por participar. Alguien puso una mano en su hombro y al girarse vio que Echanseki desprendía el látigo de su cinturón, con los clamores ebrios demandando sus vidas de fondo.<br />
<br />
La respiración le fallaba, sus piernas temblaban, pero consiguió el valor para un último intento. Juntó las manos y se hincó de rodillas.<br />
<br />
—¡Por favor, mi señor, le imploro que me permita mostrárselo! —rogó al borde del llanto—. ¡Co-concédame una oportunidad y juro, le juro que entenderá todo! ¡Solo le pido un momento, y no se arrepentirá!<br />
<br />
El general alzó la mano una vez más, y los pendencieros soldados no tuvieron más opción que contenerse.<br />
<br />
—Te daré una oportunidad, aprovéchala —sentenció Zeo cruzando los brazos. Pero Aldre no perdió tiempo hablando; en su lugar, descolgó la enorme botija de su cintura y se la arrojó al prisionero. Este la atajó haciendo tintinear las cadenas con un movimiento desapasionado.<br />
<br />
—No ha bebido nada en todo el viaje, mi señor. En cuanto se hidrate, él mismo despejará todas las dudas.<br />
<br />
Con un gesto exánime, el muchacho destapó la botija y comenzó a beber; de repente sus ojos se abrieron como si cobraran vida, hasta que retiró de golpe el contenedor jadeando con intensidad. Paseó la vista por el espacioso salón con los ojos muy abiertos mientras recuperaba el aliento. Pareció sorprendido, casi asustado, al fijarse en la multitud de soldados malencarados a su espalda. Entonces encontró a Aldre con la mirada, y su expresión incrédula se oscureció.<br />
<br />
—No me esperaba esto de ti, corderito. —La voz del prisionero sonó suave y peligrosa al mismo tiempo. Un mar de murmullos despertó a su alrededor.<br />
<br />
—Yo… nunca dije que fuera tu aliado —replicó Aldre mirando al suelo—. Nos necesitábamos para escapar, por eso colaboramos. Pero ahora… ahora eres mi p-prisionero, y si no me escuchas, van a matarla.<br />
<br />
Aldre señaló por encima del muchacho, a donde un guardia cargaba a la chica adormecida sobre su hombro; los demás viajeros retrocedieron unos pasos, intentando pasar desapercibidos. Cuando el joven vio a la muchacha, su gesto se agudizó como el de un felino hambriento. Le lanzó una eufórica mirada a Aldre, pero este habló primero:<br />
<br />
—¡Ya no hay tiempo, Meriito! —Aldre también dio unos pasos hacia atrás—. L-lo siento, pero cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo. Ahora por favor intenta contenerte, o nos matarán a todos.<br />
<br />
Meriito hizo contacto visual con el imponente general. Tras unos segundos, meneó la cabeza resignado y se llevó la botija a la boca.<br />
<br />
—Los dioses castigan a los farsantes de formas atroces —añadió antes de tocar la boquilla con sus labios, y entonces dio un trago.<br />
<br />
Bebió largo y tendido; el agua descendió por su garganta por lo que pareció una eternidad, hasta que por fin bajó la botija vacía al nivel de su abdómen, se secó los labios con el antebrazo, y todos frente a él se impresionaron viendo sus pupilas dilatarse como diminutos granos negros.<br />
<br />
Un frío gélido irrumpió en el templo, a pesar de que los rayos solares seguían lloviendo en mitad de la sala. Detrás de la turba agitada, las mesas vibraron y algunas se quebraron en pedazos de golpe. Los soldados temerosos llamaron desde sus asientos a sus compañeros, y aunque algunos retrocedieron suspicaces, otros estuvieron demasiado absortos en castigar a los viajeros para atender a lo que ocurría alrededor. El general se incorporó con su atención fija en el muchacho, prolongando la ansiada ejecución; pero eso no contuvo al tumulto. Se oyeron bramidos, algunos improperios, los borrachos se apremiaban entre sí, y de un momento a otro la horda se abalanzó sobre los viajeros.<br />
<br />
Pero en cuestión de un instante el esclavo dejó caer la botija, y junto a ella cayeron sus grilletes y cadenas. Esquivó las primeras puñaladas dando un salto hacia adelante, se giró hacia ellos y estiró la mano como agarrando algo invisible en el aire; fue como si al cerrar el puño un intolerable zumbido aturdiera a la multitud, haciéndoles chillar apretando los dientes. El esclavo entonces arrastró el brazo hacia atrás y las articulaciones de los soldados frente a él perdieron el vigor, sus músculos desaparecieron y las armas resbalaron de sus dedos envejecidos.<br />
<br />
De inmediato retrocedieron a patadas y empujones. El chico parecía una bestia: la cólera enrojeció su rostro, sus miembros se volvieron corpulentos y ya no se le marcaban las costillas a través de las vendas. Avanzó hacia el oficial que cargaba a la princesa, cuando dos guardias desenvainaron sus filos y se metieron en medio. Meriito estaba perdiendo contextura rápidamente, pero repitió el movimiento de mano y los tres guardias cayeron de bruces contra el suelo, al mismo tiempo que su cuerpo se fortaleció de nuevo. Saltó a detener la caída de la princesa; sin embargo, al tocarla retiró sus brazos de inmediato como si se quemara; ella cayó al suelo soltando un débil quejido. Se oyó un chasquido, y un repentino latigazo azotó a Meriito en la espalda poniéndolo de rodillas con un alarido; Echanseki, ardiendo de emoción, agitó el látigo de nuevo para aprehender su brazo derecho, sacó su espada y embistió a toda velocidad hacia él.<br />
<br />
—¡Detente, Gerby! —exclamó el general poniéndose de pie; Echanseki se detuvo en el acto, aunque claramente insatisfecho—. Así que este es el famoso Meriito que escapó del vacío de Almena y acabó con la corte otoriana. Los rumores no mencionan que seas tan joven, o que parezcas tan frágil… —Acarició su barba estudiando al chico, que no paraba de gimotear de rodillas a medida que perdía musculatura—. Aunque no hay duda de que eres alguien de su nivel. Pero si es cierto, explícame entonces cómo acabaste prisionero de un grupo de meros exploradores.<br />
<br />
El ambiente quedó silencioso como un sepelio. Los soldados observaron sorprendidos a sus compañeros recuperar el vigor de sus brazos mientras Meriito volvía a parecer una momia muy delgada; incluso sus apretados vendajes, que debieron estallar con sus músculos inflados, parecían intactos. Era como estar viendo a un espectro al que la vida se le escurría por la piel.<br />
<br />
—Es por el agua, mi señor —intervino Aldre ansioso por romper el silencio—. Los kretnia nos capturaron juntos. La noche en que me llevaron a la celda, me confesó que estaba a apunto de perder el conocimiento y me pidió que protegiera a la princesa. Pero no se desmayó, sino que entró en un estado de trance muy extraño debido a la deshidratación. Su cuerpo respondía, pero él no.<br />
<br />
—¿Y qué tiene que ver la princesa en todo esto?<br />
<br />
—No estoy seguro, mi señor. Sé que está enferma y necesita atención urgente, pero Meriito no puede tocarla por alguna razón. Pensé que si el maestro Reviere pudiera curar su enfermedad, podríamos negociar con Meriito para que pelee por nosotros en la guerra; creo que hará cualquier cosa por salvarla. Y como ha podido ver, es un guerrero a tener en cuenta en un combate. Creo que es la mejor arma que pude encontrar afuera, mi señor.<br />
<br />
Zeo examinó al prisionero con la mano en el mentón por unos segundos.<br />
<br />
—¿Es verdad eso? ¿Pelearías para mí si puedo curarla?<br />
<br />
Meriito se restregó un ojo con la muñeca, después el otro, y entonces asintió lentamente. Zeo sonrió ampliamente.<br />
<br />
—¡Y justo cuando empezaba a resignarme! ¡Bien hecho, Aldre! Te recompensaré como es debido cuando termine la guerra. —Aldre finalmente recuperó el color del rostro. De repente, Zeo le dirigió una mirada rigurosa a Meriito—. De acuerdo, enviaré a alguien por Reviere de inmediato, pero no lucharás para mí. —Los viajeros intercambiaron miradas confusas—. Ya tengo a los mejores guerreros de mi lado y no me arriesgaré a enviarte con ellos. Tengo un dilema mayor: presiento que esta guerra puede ser la última, pero esta vez nos faltará más que fuerza para ganar. Se dice que has viajado mucho por todas partes. Creo que la información que manejas puede ser la pieza final que necesita mi ofensiva. Quiero saber todo lo que has visto en las tierras que no debe pisar el hombre, hasta el más mínimo detalle. Quiero que me cuentes lo que es cierto sobre tu mito, entre tanto que ha llegado a mis oídos.<br />
<br />
—Es una larga historia... —advirtió Meriito con la voz quebrada, sin mostrarse sorprendido. No era la primera que alguien se interesaba por sus secretos.<br />
<br />
—Moveré mis tropas en un mes, tienes todo ese tiempo para contarnos tu historia mientras Reviere sana a la princesa.<br />
<br />
—Supongo que no tengo otra opción... —Fulminó a Aldre con la mirada—. Pero tengo una condición: deben curar a Deliquia aquí mismo, frente a mis ojos; no pienso separarme de ella. Y me darás tu palabra de que no le harán daño. —Entonces se puso de pie resistiendo el látigo enrollado en su brazo—. Nadie más debe pagar por mis pecados.<br />
<br />
—¿Asesinaste a su familia y ahora pretendes protegerla? —A Zeo le resultó gracioso—. Está bien. Libéralo, Gerby. Mis guardias instalarán una tienda para la chica aquí adentro, así la vigilarás mientras nos entretienes con tu leyenda. Pero dejemos claro algo, muchacho: si descubro que nos mientes, guardas información, o que no eres quien dices ser; la mataré sin contemplación y tú serás el siguiente. —El Echanseki de arriba interrumpió a Zeo para susurrarle al oído una vez más, pero este le restó importancia con un gesto de la mano. Llenó una copa de vino, caminó de espaldas hasta el trono y se sentó complacido—. La aborrecida «bestia de los caminos», estoy intrigado. Adelante, cuéntanos cómo te convertiste en un engendro.<br />
<br />
—Necesitaré más agua —advirtió el muchacho palpando la marca del látigo en su antebrazo.<br />
<br />
—¡Traigan agua y comida! —demandó Zeo acariciando al león—. ¡Y algo para sentarse!<br />
<br />
Los guardias de inmediato le acercaron un banco, una vasija con agua, un cuenco de plata vacío y varios platos atiborrados con carne y verduras. Meriito solo bebió un poco de agua al tomar asiento. Vio a Aldre recostaba cuidadosamente a Deliquia en un muro a su izquierda donde los soldados hacían espacio para levantar una carpa, y sus ojos volvieron a llenarse de muerte. Echó un vistazo por la ventana detrás del altar y pudo distinguir con claridad parte del abismo rocoso detrás del fuerte, luego pasó la mirada por las piedras preciosas que adornaban las columnas destrozadas, y finalmente puso la vista en el altar, donde el nuevo rey se acariciaba la barba recostado al respaldo del trono.<br />
<br />
—¿Y te sentarás a escuchar una historia mientras tu pueblo combate?<br />
<br />
Zeo frunció el ceño.<br />
<br />
—¿Sabes cuál es la diferencia entre mi hermano y yo? Él fue un rey temerario, siempre acompañaba a su ejército en el campo sin dudarlo, ya ves cómo terminó. Yo, por otra parte, entiendo que hay muchas maneras de hacer la guerra. Ahora mejor preocúpate por contarme tu historia, desde el principio. Deseo saber qué clase de abominación eres, si de verdad eres quien dices ser —concluyó entornando los ojos.<br />
<br />
Meriito simplemente exhaló un suspiro; el calor despiadado volvía a invadir la sala.<br />
<br />
—De acuerdo. Entonces, empecemos.<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Capítulo 2: Entre piedras y garabatos</span></div>
<br />
Primero quisiera aclarar que Meriito no es mi verdadero nombre, sino un título que me gané en uno de mis largos viajes; sí, esos viajes de los que tanto se habla últimamente. Pero antes de la fama, existió un joven humilde, inocente y dispuesto a cualquier cosa por ayudar a otros. Una verdadera lástima, porque ese altruismo que antes nos liberó, mañana nos traerá la ruina, ya que cargué con nuestra causa en mis manos, y al condenarme, nos condené a todos.<br />
<br />
Solo pido a los presentes que no me escuchen codiciando mis secretos; mi historia no es una guía para obtener poder, sino una oportuna advertencia, de que siempre se debe escuchar al corazón, y de jamás jugar con fuerzas desconocidas.<br />
<br />
Respecto a mi verdadero nombre, seguro que mis padres me habrán dado uno muy bonito; jamás lo sabremos con certeza. Fui abandonado cuando era un bebé y solo puedo evocar unas cuantas escenas de mi infancia temprana. Todo lo que sé sobre esa época es lo que otros me han contado, así que tendrán que creer en mis palabras como yo tuve que confiar en las de ellos. De modo que, si todo es cierto, mi historia inició una agitada noche oscura:<br />
<br />
Una mujer llamada Preya escapaba de una tormenta cuando escuchó un desesperado lloriqueo cerca de un río. Intrigada, se dejó caer por la cuesta pedregosa del cauce, pero le costó ubicar el origen del llanto con la lluvia picando sus ojos y oídos. Una violenta ventisca la sacudió de un lado a otro hasta la orilla, y de repente pudo escuchar mis quejidos con claridad. Movió unas cuantas rocas y allí me encontró, llorando a moco tendido en la espalda de una tortuga, a la que estaba amarrado con múltiples sogas.<br />
<br />
Se apresuró a intentar desatarme, pero el agua había complicado los nudos y el río seguía creciendo a su lado. Recogió una piedra y la frotó con ímpetu contra una de las cuerdas hasta que los hilos se soltaron; pero aún quedaban muchas otras y el estrépito de la corriente le decía que no había mucho tiempo. Preya movió la cabeza buscando ayuda, pero no hubo señales de otra persona alrededor; debía hacer algo rápido. Entonces se amarró el cabello, flexionó las rodillas y, enterrando con firmeza sus dedos bajo las ataduras, alzó con todas sus fuerzas a la tortuga en su espalda, aun conmigo afianzado al caparazón.<br />
<br />
Juntos pesábamos tanto, que a Preya le flaquearon las piernas de inmediato. Su intención era alejarnos de la orilla, pero no contaba con que los feroces vientos le impidieran moverse con libertad. Peor aún, estábamos atrapados entre las dos paredes del lecho, y ella no tenía otra opción más que seguir recto por el sendero de grava hasta hallar un camino por el que subir a la planicie. Pero solo había avanzado un poco cuando oyó un chasquido, una capa húmeda cubrió sus tobillos, y al girarse vio cómo el voraginoso río se nos vino encima. Fuimos tragados en sus aguas oscuras y revolcados sin piedad en una turbulencia que finalmente silenció mi llanto. Preya se sujetó a la tortuga  y como pudo metió un brazo bajo las cuerdas, echó un vistazo a mi pálido rostro, y mis ojos serenos fueron lo último que vio antes de desmayarse.<br />
<br />
Despertó escupiendo el agua que había tragado hasta que pudo volver a respirar. Se encontraba tendida en una superficie blanda, aunque el aire alrededor era denso y húmedo. Fuertes tronidos sacudieron la tierra, pero ella no llegó a ver los rayos. Tampoco pudo percibir la luna. De hecho, lo único que alcanzaba a vislumbrar era una tenue luz azul a la distancia, desde donde se escuchaba una corriente fluyendo como una cascada. Entonces entendió que el torrente la había arrastrado hasta una gruta con una pequeña isla rodeada por el agua que discurría del río. También dedujo por el estruendo que la tormenta seguía arreciando afuera, y no había mucho que pudiera hacer al respecto. El cuerpo le pesaba una tonelada, así que cerró los ojos y un momento después ya había caído en un profundo sueño.<br />
<br />
Quién sabe cuánto pasó hasta que espabiló de nuevo. Se incorporó ahogada, mareada y con un intenso dolor de cabeza. De fondo se escuchaba un lloriqueo constante que le recordó de inmediato al responsable de su padecimiento. Se levantó tambaleando y dio unos pasos siguiendo mis lamentos desesperados hasta que me halló, aún atado al enorme reptil. Buscó a tientas una estalagmita con la que finalmente pudo cortar las ligaduras una por una. Tanteó mi cuerpo en busca de heridas y no encontró más que las marcas que las sogas dejaron en mi piel. Me tomó en sus brazos y me meció suavemente intentando calmarme, pero un rato después ya estaba segura de que mi llanto, al igual que la tormenta, no iba a detenerse pronto.<br />
<br />
Por mucho tiempo ignoré de dónde sacó el calor o el alimento para mantenernos con vida durante los seis días que duró la tempestad, pero lo más importante es que en honor a esa catástrofe en la que nos conocimos, Preya me dio mi primer y más preciado nombre: Torva, que significa remolino de lluvia. También le debo a la tormenta haber descubierto aquella cálida gruta, que aunque no era el sitio ideal para un niño sin padres, terminó por convertirse en mi hogar.<br />
<br />
En cuanto la lluvia cesó, Preya usó los restos de cuerda para amarrar mi tobillo a una roca y se marchó. Regresó al día siguiente con algunas bayas verdes que trituró hasta convertirlas en pulpa, y con eso me alimentó por un tiempo hasta que aprendí a comer otros tipos de fruta. Crecí siendo un niño sano y vistiendo las prendas que Preya me obsequiaba. En ocasiones la vi llegar al refugio con una talega llena de carne, que ella misma asaba en la fogata mientras me hablaba del mundo como las madres le hablan a sus hijos; sin embargo, todas las tardes sin falta, se despedía y me dejaba a mi suerte en la oscura caverna.<br />
<br />
Decenas de veces me aseguró que no había peligro alguno en la zona, pero ni eso evitó las muchas noches que pasé acurrucado a mi manta, temblando de miedo y llorando en silencio hasta quedarme dormido. A menudo tenía que resistir el impulso de ir a buscarla, pues creía saber a dónde iba. Más allá de la cuesta del cauce, había una montaña alta cubierta de un negruzco bosque muerto; sus árboles viejos apenas tenían hojas y se ocultaban detrás de una espesa neblina, pero justo en la cima había una zona pequeña con frondosos árboles forrados de hermosas hojas verdes. Era el único lugar donde podía crecer la fruta.<br />
<br />
Preya siempre evitó el tema, aunque cada vez que podía me advertía sobre las trampas y animales feroces que protegían la sublime cumbre de los visitantes inesperados. Tuve muchas pesadillas con esos peligros desconocidos, hasta que me resigné a las noches solitarias. Cuando me sentía intranquilo, me consolaba pensar en que Preya regresaría al refugio el siguiente día, y entonces todo estaría bien. En ocasiones la vi llegar muy temprano para llevarme a cortar leña; ella talaba y yo la ayudaba a llevar los pedazos. Mientras la carne se asaba, solía leerme historias a la luz del fuego o aprovechábamos para zambullirnos en el agua; dentro de la gruta, claro, ya que solo entraba al río cuando necesitaba cruzarlo.<br />
<br />
Una tarde, Preya me sugirió pausar nuestra lección de escritura para comer: la cazuela humeaba sobre la lumbre y ella meneaba el caldo gentilmente con un punzón. Había encendido el fuego con unos trozos de piedra rojiza que encontró en la gruta. Le tuve que insistir mucho para que me prestara alguno para garabatear las paredes, ya que sus misteriosos trazos brillaban en la oscuridad. Ella accedió porque le pareció que ya me tocaba aprender a escribir, y porque era una buena oportunidad de enseñarme a encender la fogata, de manera que nunca pasara frío en las noches.<br />
<br />
Justo estaba practicando mis letras cuando ella me llamó. Dejé la piedra en el suelo y crucé el pozo nadando. Salí empapado a quitarme el calzón, vestí mi túnica seca y me senté en la arena a observarla servir el almuerzo: recuerdo que me pareció muy alta, su piel morena destellaba junto a las llamas, y sus ojos redondos como un búho lo veían todo con ternura. Entonces, se me ocurrió preguntarle algo que me llevaba inquietando mucho tiempo.<br />
<br />
—Ey... Preya... ¿Por qué tus brazos son transparentes? —inquirí con inocencia. El tazón se le resbaló de las manos y se estrelló bruscamente contra suelo. Ella por reflejo escondió los brazos en la espalda—. Es que... los míos no son así, no puedo ver a través de ellos.<br />
<br />
—Mis brazos... emmm... n-no hay razón, Torva. Siempre han sido así. Los cielos sabrán por qué nos hacen como nos hacen. —Me miró nerviosa por unos segundos—. ¿Te incomodan?<br />
<br />
—No, para nada. Solo tenía curiosidad. Antes creía que eran de agua, o de viento. Pero eso no puede ser porque siempre estás levantando cosas.<br />
<br />
—Vaya, eres muy listo —me dijo con media sonrisa después de un suspiro, y comenzó a sacar los brazos con timidez—. Es algo diferente al agua. Fluye y es transparente, pero al mismo tiempo duro como los huesos. Y está lleno de vida... —Su voz se suavizó de repente—. Se parece más al fuego, en muchos sentidos.<br />
<br />
Me quedé un momento apreciando uno de sus brazos. Los bordes parecían densos, pero el interior era traslúcido y contenía otro líquido más oscuro que iba buceando de un extremo a otro, dejando un rastro de partículas.<br />
<br />
—Ya veo —comenté fascinado—. ¿Y cómo se llama? ¿Puedo tocarlo?<br />
<br />
—Emm... mejor no. No me veas así —Se acercó y enterró sus dedos diáfanos en mi cabello—. Me hace feliz que seas tan curioso, pero me preocupa que un día te topes con alguien... menos tolerante, y eso te traiga problemas. Es mejor que no sepas tanto del tema, ¿de acuerdo? —Me sonrió cuando asentí. Entonces sacudió su albornoz y levantó el tazón del suelo—. Ahora comamos para que practiques tu lectura. Si aprendes rápido te traeré algunas historias para que leas cuando estés solo.<br />
<br />
Aquella vez accedí de buen grado y comencé a practicar en cuanto terminé de comer, principalmente porque sus brazos parecían ser un tema sensible para ella y no quería molestarla. Pero ahora tenía más dudas que antes.<br />
<br />
Aprendí a leer poco después. No había mucho que hacer en mi tiempo a solas, así que cuando no estaba arrojando peñones al río, estaba leyendo en la cueva, sin importar que no entendiera la mitad de cada historia. Muchas trataban temas de política, religiones o amoríos que un huérfano como yo no podía entender, pero de vez en cuando encontraba relatos sobre héroes antiguos que habían recorrido el mundo por motivos más trascendentes que el oro; batallaban por honor o en defensa de sus seres queridos. Me gustaba jugar a que era uno de ellos, que tenía una espada de viento y la usaba para cortar a través del campo de batalla ficticio al borde del río. Eran solo fantasías tontas, ya lo sé, pero es posible que esas tardes de combates imaginarios fueran las que cultivaron mi espíritu valeroso, y me animaron a ser más atrevido y audaz.<br />
<br />
Los años transcurrieron tranquilamente, pero creo que tenía once esa mañana en que las cosas comenzaron a cambiar. Preya no había regresado por un par de días, aunque me dejó con un montículo de frutas que tardarían varios días en deteriorarse. Con mis lecturas agotadas, resolví salir a buscar otras superficies en las que escribir, pues mis letras ya ocupaban las paredes de la guarida por dentro y por fuera. En vano visité el bosque (los árboles estaban tan viejos y deteriorados que se quebraban sin siquiera tocarlos), así que me armé de valor para probar mi suerte río abajo.<br />
<br />
El paisaje era hermoso: la corriente se ceñía al sendero de gravas hasta el horizonte. A mi derecha se extendía una enorme vertiente pedregosa que no dejaba ver más allá, y al otro lado del río había otra vertiente sobre la cual se veía mucho más del bosque muerto. Me sorprendí al notar que el área verdosa en la cima se había extendido un poco más, como si la montaña estuviera cobrando vida desde su punto más alto.<br />
<br />
Me pregunté si Preya estaría ahí. Seguro había un refugio más grande con alimentos por doquier, y un lago donde los niños podían bañarse con tranquilidad. ¿Se habría olvidado de mí? ¿O tal vez le había pasado algo? Tuve que secar las lágrimas que me empezaron a caer por el rostro mientras caminaba.<br />
<br />
—Cuidado te tropiezas, compañero —me advirtió una voz áspera pero alegre. A unas piedras por delante me observaba un hombre con sombrero de paja, una sonrisa de oreja a oreja y los ojos muy abiertos. A su lado había una cesta y en sus manos una caña de pescar con el hilo sumergido en el río.<br />
<br />
La impresión me dejó tiezo, haciéndome olvidar mis preocupaciones. Era la primera vez que veía a otra persona además de Preya, y no se parecía a ella en lo absoluto. Tenía el cabello largo y maltratado, una barba enmarañada y el cuerpo tan delgado como arrugado. Al ver que no respondía, el anciano bajó la caña, metió la mano en la canasta y sacó una trucha pálida.<br />
<br />
—¿Por qué esa cara triste, cuando la vida es tan generosa? —me preguntó sonriendo; le faltaban casi todos los dientes. Me timbré cuando dio unos pasos hacia adelante agitando el pescado en su mano. Él se detuvo al notarlo, dejó la trucha sobre una roca y retrocedió—. No te contengas pequeño, ¡que esto no es todos los días!<br />
<br />
—¿Qué es eso? —le pregunté indeciso; tampoco había visto un pescado en mi vida. Él soltó una carcajada.<br />
<br />
—Eso que ves es una buena trucha —me explicó levantando las cejas—. Tuvieron que aparecer recientemente, ya que estuve por aquí hace tres rotaciones y el río estaba desolado. ¡Pero hace unos días me dio por revisar y mira! ¡¿Se puede tener más suerte?! ¡Tú también aprovecha muchacho, antes de que esto se vuelva un infierno de pescadores!<br />
<br />
El júbilo en su voz era contagioso y al mismo tiempo intimidante. Sin quitarle un ojo de encima, me acerqué lentamente y levanté el pescado por la cola con dos dedos como pinzas.<br />
<br />
—¿De verdad se come? —cuestioné arrugando la cara. Olía bastante mal.<br />
<br />
—Hijo, hay quienes no comen otra cosa. Primero debes asarlo, claro. ¿Sabes hacer una fogata?<br />
<br />
Asentí.<br />
<br />
—¡Bien! —celebró recogiendo su caña—. Tú solo ponlo al fuego y disfruta. ¡Ah, y cuidado con las espinas!<br />
<br />
Observé al sujeto regocijándose en su pesca por un momento, luego al inexpresivo pez muerto, y una vez más al anciano.<br />
<br />
—Gracias —le dije. Él volvió su atención hacia la espumosa agua, y dejó escapar una risita que me pareció más dirigida a sí mismo que a mí.<br />
<br />
Me di la vuelta lentamente y arranqué a correr dando saltos con el pescado en la mano. Irrumpí espantado al refugio, atravesé una gran roca en medio, y prácticamente me lancé bajo mi manta a vigilar la entrada fijamente. Mi cruel imaginación me hizo ver al pescador aparecer varias veces con un cuchillo en mano y dando gritos con su voz gastada, pero cayó la noche sin que sucediera realmente nada.<br />
<br />
Sin embargo mi estómago rugía más que el río. No había comido nada desde la mañana y el marcado olor del pescado me recordaba las palabras del anciano, así que decidí darle una oportunidad. Preparé la yesca y la encendí chocando mi piedra roja contra una pirita. Perforé el pescado con un hilo como hacíamos con la carne y lo colgué sobre la candela. Mientras esperaba a que se cocinara le di un mordisco a una manzana; empezaba a tener un ligero sabor amargo. Más tarde esa noche, quitando la sorpresa de las espinas, me fui a dormir alegre de haber probado el pescado.<br />
<br />
Preya no regresó los días siguientes y las frutas se agotaron antes de estropearase. El hambre me impulsó a salir de la cueva, así que probé a asomarme al río: podía ver la silueta de los peces nadando a toda velocidad en lo profundo, pero por alguna razón no me atrevía a meter la mano. Mi estómago gruñía cada vez con más frecuencia, hasta que al mediodía decidí descender una vez más por el sendero de grava. Encontré al anciano en el mismo lugar con su canasta rebosada de pescados. Sin embargo, esta vez tenía las cejas muy juntas y el gesto desanimado. Hice algo de ruido al llegar para llamar su atención.<br />
<br />
—Así que regresaste —notó sin una pisca de entusiasmo—. ¿Qué te pareció la trucha?<br />
<br />
—Es cierto, se come —respondí. Él asintió con amargura. No parecía la misma persona con los ojos decaídos y los labios tristes—. ¿Sucede algo?<br />
<br />
—Siempre, siempre sucede algo —se lamentó con un sonoro suspiro—. Esos brutos lo quieren todo sin mover un dedo... ¡Ojalá no vuelvan de la guerra!<br />
<br />
—¿Guerra? ¿Hay una guerra? —pregunté por seguir la conversación, aunque en realidad estaba interesado en la pesca. Creí tenerlo resuelto: Todo consistía en enganchar a los peces. Justo en ese lugar había una piedra grande que dividía la corriente y sacaba espuma en la superficie. No se podía ver el fondo, pero el agua parecía más calmada.<br />
<br />
El pescador me observó con los ojos casi cerrados, como intentando descifrar si no le estaba prestando atención, o si le estaba jugando alguna broma. Entonces frunció el ceño.<br />
<br />
—¿Acaso vives bajo una roca? —Cabeceó de un lado a otro—. No importa. El hecho es que esos soldados salvajes están requisando lo que les da la gana. ¡Que me puede pasar un accidente si no les llevo pescados, dicen! ¡Son unas bestias! ¡Unos bárbaros! ¡Unos... unos... —exhaló un suspiro—. Como sea. ¿Quieres otro pescado, verdad?<br />
<br />
—Quisiera unos cuantos, no tengo más comida. —lo dije con buena intención, pero en mi inocencia, desconocía lo mal que podían caerle esas palabras.<br />
<br />
—¿No escuchaste lo que dije, muchacho? ¡Me están robando mi mercancía! Apenas me queda para vender. No, solo te puedo dar uno. Tómalo rápido y lárgate, que si los soldados te encuentran seguro te llevarán a la guerra.<br />
<br />
Asentí rápidamente y me acerqué a recoger una trucha, pero antes de irme metí una mano en mi túnica y saqué mi piedra roja. La sopesé en mi mano buscando alrededor la roca más grande e hice dos rayas largas en ella; así podía regresar luego. Me giré listo para marcharme cuando un grito me hizo detenerme.<br />
<br />
—¡Espera! —Al voltearme noté que el anciano tenía los ojos encendidos, y el júbilo había vuelto a su rostro—. ¿De dónde sacaste esa piedra que tienes en la mano?<br />
<br />
—Yo... la encontré —Sentí un aura siniestra en el anciano, pero no podía decirle dónde estaba el refugio. Comencé a retroceder unos pasos, pero él se agachó, recogió un frasco lleno de carnada y me lo arrojó a la pierna.<br />
<br />
Gemí de dolor al caer sentado sobre las rocas. Una sonrisa aterradora apareció en el rostro arrugado del pescador mientras se acercaba con pasos lentos pero vehementes, cuidando de no regresar. Le apunté a la cara con la piedra; confiaba en mi puntería, aunque no sabía si sería suficiente. Pero él se detuvo angustiado, y entonces entendí lo mucho que quería mi piedra. Giré sobre mí y apunté al río.<br />
<br />
—¡No te muevas o la lanzo! —le espeté, y funcionó. El anciano levantó las manos y comenzó sudar.<br />
<br />
—¡Alto, para, para! ¡Está bien, dime qué quieres! ¿Tenías hambre verdad? Puedo darte más pescados, emm... cinco pescados. ¿Qué te parece?<br />
<br />
Mientras pensaba, el anciano aprovechó de dar un paso, así que me erguí y me moví más hacia el río; me sentí poderoso al verlo retroceder.<br />
<br />
— Los quiero todos —le exigí esperando que me rechazara y se diera por vencido, pero su respuesta fue inmediata.<br />
<br />
—¡Son tuyos! Todos tuyos, si me entregas esa pequeña joyita.<br />
<br />
Me había quedado sin opciones. Si arrojaba la piedra, el pescador seguro me arrojaría detrás de ella; pero si aceptaba el intercambio, podía sobrevivir lo suficiente para aprender a pescar yo mismo. Después de todo, ya había marcado la zona y podía regresar cuando él no estuviera.<br />
<br />
—De acuerdo —accedí—. Pero aléjate, más, eso es, no te muevas de ahí.<br />
<br />
El anciano siguió obedientemente mis indicaciones sin quitarme los ojos de encima. Yo me acerqué, levanté la cesta y arrojé la piedra detrás de él. Saltó sobre ella como un lobo hambriento, cayó de rodillas y soltó una victoriosa carcajada al palpar la gema entre sus dedos. Yo, queriendo alejarme tan rápido como fuera posible, proveché su regocijo para darme la vuelta y escapar.<br />
<br />
—¡Vuelve si tienes más de estas, te daré lo que quieras! —escuché a la distancia, pero no me giré. Crucé el río en cuanto vi una zona estrecha y seguí corriendo por ese camino para despistar al anciano, en caso de que me estuviera siguiendo.<br />
<br />
Me temblaba el cuerpo cuando avisté el refugio al otro lado del río a la luz del ocaso. Por un momento me sentí aliviado, pero entonces un rumor de voces y pasos llamó mi atención. Di un salto hacia la vertiente para esconderme detrás su sombra y dejé la canasta en el suelo; no vi a nadie alrededor, ni por donde vine, ni más adelante. Me di cuenta entonces que las voces venían de arriba, y entre ellas estaba la de una mujer.<br />
<br />
«Preya», pensé escalando la vertiente, y entonces los vi. Cinco criaturas plateadas discutían entre sí al pie del bosque muerto. Una mujer se separó de ellos con los brazos cruzados y se detuvo tras dar unos pasos. Giró la cabeza, los estudió un instante con sus fríos ojos azules, y entonces les espetó:<br />
<br />
—¡¿Qué esperan para entrar?!]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fantasía] Los Alumbrados (cuento de la Cofradía del Cazador)]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3076</link>
			<pubDate>Tue, 20 Apr 2021 21:21:59 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1088">Haradrim3.0</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3076</guid>
			<description><![CDATA[<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Que la historia de los alumbrados sirva como advertencia, ya sea de los peligros de los visionarios y los nuevos mesías, de la envidia que puede corroer incluso a aquellos llamados a la santidad, un aviso contra aquellos que se presentan como mensajeros de los dioses, una advertencia contra el uso ilegitimo o apresurado de la tortura, y de aquellos cuya responsabilidad es aplicar la ley pero que solo buscan culpables en vez de buscar justicia. Pero por sobre todo es un ejemplo de cómo una cofradía, cuyos miembros están destinados a proteger al inocente, puede desviarse por completo de su camino y convertirse en una herramienta de opresión e injusticia.<br />
</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Gran Maestre Montoya, de la cofradía de los Rostros Velados.</span></span></span></span></blockquote>
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Todo comenzó durante el reinado de Euric VX, apodado “El belicoso”, durante una época infeliz, en especial para los campesinos y las clases bajas. Las continuas guerras, los altos impuestos para financiar esas continuas guerras, las grandes pérdidas de vidas a causa de las fracasadas campañas militares, todo eso era alimento para posibles rebeliones. Incluso las campañas militares exitosas traían poco beneficio al pueblo llano, porque los territorios conquistados se sublevaban a menudo, y más hombres debían ser reclutados a la fuerza y su ejército se extendía y adelgazaba más y mas.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">“Pan y circo” es un viejo dicho que data de la época del imperio Akkemida, de modo que Euric VX “el belicoso” busco aplicarlo para calmar a su gente, pero como no podía proveer de pan buscó a cambio el circo, y así creó un nuevo enemigo, pero no uno fuera de sus fronteras, sino dentro de ellas. Y rápidamente los clérigos de la Iglesia del Dominus denunciaron a los herejes y paganos que adoraban a otros dioses o derechamente a demonios, cuya solo existencia debilitaba la fe del pueblo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">En ningún lugar fue aquello más intenso y cruel que en la ciudad de Forghand. Allí durante mucho tiempo hubo una tibia tolerancia hacia otras religiones, podíamos hallar seguidores de los Setenta y Siete dioses de Luzhar, del Dios Desvanecido, creyentes en las Tres Damas –la doncella, la madre, la anciana- en los espíritus elementales e incluso un templo dedicado al Gran Devorador, cuyos fieles aseguraban haber abandonado la práctica del sacrificio humano hace mucho tiempo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y la cofradía del Trono Dorado mudó su sede a esa ciudad, y sus cazadores, que anteriormente aún cumplían con su labor de matar bestias, se dedicaron por completo a combatir a los herejes y a los enemigos de la fe, y se transformaron en algo terrible e injusto, y dejaron de ser una cofradía y tomaron el nombre de Sagrada Orden.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Todo dios ajeno al Dominus fue perseguido, o debiéramos decir, mas acertadamente, que fue perseguido todo creyente en otro dios. Muchos fueron obligados a irse, a abjurar de su antigua fe, a denunciar a otros creyentes bajo tortura, y los menos afortunados fueron ejecutados, ya fuera en la hoguera o, compasivamente, con el hacha del verdugo o con la horca. Y antes de eso la señal del hereje fue marcada en sus cuerpos con metal al rojo, o simplemente tatuada en su piel, para su eterna vergüenza, si los tribunales se mostraban compasivos y no condenaban a muerte.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Sus templos fueron profanados y derribados, las imágenes de sus dioses rotas, arrojadas a la basura o fundidas si estaban hechas de algún metal valioso. Los hechos de crueldad alcanzaron nuevos niveles de refinamiento, como cuando invadieron el templo de El Gran Devorador, no solo decapitaron a su serpiente sagrada (una anaconda de casi 12 varas de largo) sino que también sirvieron su carne en un festín al que asistió el propio rey y los principales clérigos de la iglesia del Dominus.(1)<br />
<br />
<img src="http://cofradiadelcazador.wdfiles.com/local--files/los-alumbrados/sacerdotisa.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: sacerdotisa.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Una sacerdotisa del culto a Las Tres Damas ardiendo en la hoguera, el color rojo de su vestimenta representa la vergüenza.</span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Sin embargo la historia de Los Alumbrados no tiene relación con otros dioses, sino que surgió de la propia fe en el Dominus. Todo comenzó con la muerte del monje Dionisius, quien era sumamente querido por su bondad, su carisma y su inteligencia, considerado como alguien cuya santidad iluminaba la fe de todos los que lo rodeaban. Mientras estuvo vivo reunió a gran número de seguidores, y cuando falleció le encargó a otro monje, Carolus, que cuidara de ellos. Y así lo hizo, por un tiempo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Uno de los seguidores era un comerciante llamado Mont, quien tiempo después de la muerte de Dionisius afirmó haber tenido visiones divinas y proféticas, incluyendo una que le revelaba la fecha exacta de la muerte del monje, pero que el ocultó a pedido del mismo para no entristecer a sus seguidores.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">El grupo de fieles recibió con alegría las revelaciones de Mont, quien había sido bendecido por el Dominus, y quien siguió recibiendo nuevas visiones, incluyendo nuevas profecías. Algunas las revelo tiempo después de que los hechos ocurrieran, otras en cambio eran de sucesos que solo ocurrirían en décadas futuras, tiempo después de la muerte de Mont. Le pedían consejo, tanto sobre asuntos de la vida diaria como de temas espirituales, porque confiaban en su sabiduría.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y mientras uno era elevado –al menos por sus seguidores- a la santidad, otro que también aspiraba a la santidad se dejaba dominar por sus pasiones y la terrenal envidia. Ese alguien era el monje Carolus, quien veía como los antiguos fieles de Dionisius, a quien juro proteger y guiar, lo ignoraban cada vez mas y convertían de modo espontaneo al comerciante Mont en su líder y ejemplo a seguir en lo espiritual.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y Carolus termino por ceder a la envidia, el cuarto pecado más corruptor según la doctrina del Dominus, y busco perjudicar a Mont y arrastrar su nombre por el fango. Primero interrogó a los demás fieles y después al propio Mont buscando errores y malinterpretaciones teológicas, pero nada halló para su propia frustración. Las visiones del comerciante, aunque coloridas y extrañas, tenían base en las antiguas y las nuevas escrituras de la Iglesia, y Carolus decidió llevar sus planes un paso más allá.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">O debiéramos decir, muchos pasos más allá de la decencia, la ética y la dignidad humana. No sabemos si el realmente deseaba que sucediera lo que finalmente aconteció, o si solo buscaba desprestigiar el nombre de su rival sin realmente dañarlo físicamente a él y a los demás miembros de su grupo. Pero lo que realmente deseaba no importa, porque las consecuencias de sus actos fueron terribles.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Primero reunió gran número de textos profanos y errados, desviados de la doctrina, condenados y prohibidos por la fe, y los mezcló, los alteró y luego los presentó a los fieles como producto de sus propias visiones, incluso dijo que esas mismas palabras le fueron dictadas por el propio Dionisius desde el Mas Allá. Los fieles, incluido el propio Mont, leyeron los textos y los aceptaron sin notar nada anormal en ellos, porque pese a su enorme fe carecían de una adecuada educación teológica, y no tenían razones para sospechar de una intriga producto de la maldad, no de parte de un compañero en la fe y el amigo más cercano del santo monje Dionisius.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Fue él quien también propuso que el grupo se hiciera llamar Los Alumbrados, porque estaban iluminados por la sabiduría de un hombre santo, y todos los seguidores del fallecido monje aceptaron el nombre.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Una vez hecho esto, Carolus envió una carta a la orden del Trono Dorado, denunciando las desviaciones doctrinales de un grupo que además adoptaba un nombre engreído para diferenciarse de los demás fieles. Y después no sucedió nada.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">No durante ocho largos años, la orden sagrada estaba demasiado ocupada con los seguidores de otros dioses como para preocuparse de las divisiones internas de su propia iglesia. Y quizás no hubiera ocurrido nada por varios o muchos años más, de no ser por un hecho inesperado.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Un antiguo dicho señala que el enemigo más corrosivo e insidioso es el interno, y eso quedo demostrado con el surgimiento de una herejía dentro de la propia fe del Dominus. En la sureña provincia de Ezzkhal la Iglesia del Nuevo Nacimiento, también llamados Repetitivos o Continuadores, se multiplicaban como ratas en un granero.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Creían en la reencarnación, la transmigración de los cuerpos y otras abominaciones, aseguraban que el Dominus, siendo un dios severo pero a la vez justo y compasivo, no condenaría las almas de los fieles sin darles una nueva oportunidad, o múltiples oportunidades, tal generosidad incluiría también a quienes adoraban a otros dioses o a quienes los negaban a todos, todo hombre y toda mujer tendría una nueva oportunidad después de la muerte, sin importar los pecados que haya cometido en su primera vida. Incluso los pecados mas graves podían ser expiados en una nueva vida, pero eso solo seria reencarnando en una criatura inferior.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Así, los violentos se convertirían en escorpiones, los intrigantes en arañas, los lujuriosos en conejos, y los perezosos… en perezosos. Pero solo seria por una vida, y una vez terminada tendrían la oportunidad de volver a nacer como humano y poder limpiar los pecados cometidos. Y eso, la idea de que un alma humana pudiera ocupar un cuerpo animal –o que un animal pudiera tener un alma humana- fue aborrecible para la doctrina del Dominus, y el Trono Dorado recibió órdenes de exterminar esta amenaza a la unidad del reino.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y muchas cosas horribles volvieron a repetirse, al menos a los creyentes en otros dioses se les daba la oportunidad de arrepentirse, de expurgar su herejía y de aceptar al Dominus en su corazón, pero a los llamados repetitivos no se les dio tal opción.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y fue entonces cuando los lentos engranajes de la orden empezaron a moverse, y Mont fue arrestado, junto con tres de los más destacados miembros de Los Alumbrados, o al menos los más cercanos a él, sus nombres eran Laertes, comerciante en lana, Falius, maestro alfarero, y un tercero cuya identidad se ha perdido. No sabemos si la orden pensaba que eran seguidores de la herejía de los repetitivos, o si creían que eran un grupo aparte que también se había desviado de la fe, y quisieron arrancar la mala hierba desde el principio. Pero creyera lo que creyera, la orden actuó con una rudeza que bordeaba la brutalidad.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Así Mont y los otros tres fueron prisioneros en las cárceles secretas de la orden –cárceles que hasta el día de hoy niegan que existan- donde fueron sometidos a durísimos interrogatorios que se prolongaron por meses. La justicia de la orden, que en muchos otros casos era extremadamente rápida, en este caso se movió lentamente para mayor tortura de los acusados. Al cabo de un año de aislamiento Laertes murió, Falius perdió la cordura y murió poco después, y el tercer hombre, el anónimo, fue liberado y vivió muchos años más, pero con su mente rota. Solo Mont, el visionario, vivió lo suficiente y tuvo cordura suficiente como para ser juzgado, él y todos los demás alumbrados, en número de tres docenas.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Mont fue condenado a la hoguera, mientras que los demás acusados debieron realizar muestras públicas de vergüenza y arrepentimiento, reconociendo sus pecados y, como expiación, fueron arrojados muñecos de madera con la efigie de cada uno al mismo fuego donde ardía Mont. Un acto de compasión que la orden del Trono Dorado rara vez tuvo antes o después.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Los Alumbrados se dispersaron y el monje Carolus se recluyó en un monasterio en las montañas, del cual nunca más salió. Vivió veintiséis años más, hasta que murió de una caída en su habitación, donde se rompió la cadera.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Su testimonio está guardado en la biblioteca de la sede de nuestra cofradía, en el texto, que tiene cien años de antigüedad, a pesar de reconocer implícitamente sus pecados, sigue intentando justificarse al decir que las visiones de Mont habrían acarreado tarde o temprano su ruina y la de todos sus seguidores.<br />
<br />
<img src="http://cofradiadelcazador.wdfiles.com/local--files/los-alumbrados/mont.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: mont.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mont el visionario en medio de las llamas de su castigo.</span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Notas al pie</span></span></span></span><br />
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<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font"><br />
<span style="color: #b80000;" class="mycode_color">(1)</span> Esto refleja una antigua practica revestida de especial simbolismo: Mi Dios es más fuerte que tu dios, y mi Dios come a tu dios, apoderándose de su fuerza y su poder, un equivalente a esto lo podemos hallar en las diversas practicas de canibalismo ritual de otras tierras.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Si les interesa saber mas de este proyecto, pueden leer aqui: <a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-3073-post-41281.html#pid41281" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://clasico.fantasitura.com/thread-30...l#pid41281</a></span></span></span>[/i]</span></span></span></span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Que la historia de los alumbrados sirva como advertencia, ya sea de los peligros de los visionarios y los nuevos mesías, de la envidia que puede corroer incluso a aquellos llamados a la santidad, un aviso contra aquellos que se presentan como mensajeros de los dioses, una advertencia contra el uso ilegitimo o apresurado de la tortura, y de aquellos cuya responsabilidad es aplicar la ley pero que solo buscan culpables en vez de buscar justicia. Pero por sobre todo es un ejemplo de cómo una cofradía, cuyos miembros están destinados a proteger al inocente, puede desviarse por completo de su camino y convertirse en una herramienta de opresión e injusticia.<br />
</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Gran Maestre Montoya, de la cofradía de los Rostros Velados.</span></span></span></span></blockquote>
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Todo comenzó durante el reinado de Euric VX, apodado “El belicoso”, durante una época infeliz, en especial para los campesinos y las clases bajas. Las continuas guerras, los altos impuestos para financiar esas continuas guerras, las grandes pérdidas de vidas a causa de las fracasadas campañas militares, todo eso era alimento para posibles rebeliones. Incluso las campañas militares exitosas traían poco beneficio al pueblo llano, porque los territorios conquistados se sublevaban a menudo, y más hombres debían ser reclutados a la fuerza y su ejército se extendía y adelgazaba más y mas.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">“Pan y circo” es un viejo dicho que data de la época del imperio Akkemida, de modo que Euric VX “el belicoso” busco aplicarlo para calmar a su gente, pero como no podía proveer de pan buscó a cambio el circo, y así creó un nuevo enemigo, pero no uno fuera de sus fronteras, sino dentro de ellas. Y rápidamente los clérigos de la Iglesia del Dominus denunciaron a los herejes y paganos que adoraban a otros dioses o derechamente a demonios, cuya solo existencia debilitaba la fe del pueblo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">En ningún lugar fue aquello más intenso y cruel que en la ciudad de Forghand. Allí durante mucho tiempo hubo una tibia tolerancia hacia otras religiones, podíamos hallar seguidores de los Setenta y Siete dioses de Luzhar, del Dios Desvanecido, creyentes en las Tres Damas –la doncella, la madre, la anciana- en los espíritus elementales e incluso un templo dedicado al Gran Devorador, cuyos fieles aseguraban haber abandonado la práctica del sacrificio humano hace mucho tiempo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y la cofradía del Trono Dorado mudó su sede a esa ciudad, y sus cazadores, que anteriormente aún cumplían con su labor de matar bestias, se dedicaron por completo a combatir a los herejes y a los enemigos de la fe, y se transformaron en algo terrible e injusto, y dejaron de ser una cofradía y tomaron el nombre de Sagrada Orden.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Todo dios ajeno al Dominus fue perseguido, o debiéramos decir, mas acertadamente, que fue perseguido todo creyente en otro dios. Muchos fueron obligados a irse, a abjurar de su antigua fe, a denunciar a otros creyentes bajo tortura, y los menos afortunados fueron ejecutados, ya fuera en la hoguera o, compasivamente, con el hacha del verdugo o con la horca. Y antes de eso la señal del hereje fue marcada en sus cuerpos con metal al rojo, o simplemente tatuada en su piel, para su eterna vergüenza, si los tribunales se mostraban compasivos y no condenaban a muerte.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Sus templos fueron profanados y derribados, las imágenes de sus dioses rotas, arrojadas a la basura o fundidas si estaban hechas de algún metal valioso. Los hechos de crueldad alcanzaron nuevos niveles de refinamiento, como cuando invadieron el templo de El Gran Devorador, no solo decapitaron a su serpiente sagrada (una anaconda de casi 12 varas de largo) sino que también sirvieron su carne en un festín al que asistió el propio rey y los principales clérigos de la iglesia del Dominus.(1)<br />
<br />
<img src="http://cofradiadelcazador.wdfiles.com/local--files/los-alumbrados/sacerdotisa.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: sacerdotisa.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Una sacerdotisa del culto a Las Tres Damas ardiendo en la hoguera, el color rojo de su vestimenta representa la vergüenza.</span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Sin embargo la historia de Los Alumbrados no tiene relación con otros dioses, sino que surgió de la propia fe en el Dominus. Todo comenzó con la muerte del monje Dionisius, quien era sumamente querido por su bondad, su carisma y su inteligencia, considerado como alguien cuya santidad iluminaba la fe de todos los que lo rodeaban. Mientras estuvo vivo reunió a gran número de seguidores, y cuando falleció le encargó a otro monje, Carolus, que cuidara de ellos. Y así lo hizo, por un tiempo.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Uno de los seguidores era un comerciante llamado Mont, quien tiempo después de la muerte de Dionisius afirmó haber tenido visiones divinas y proféticas, incluyendo una que le revelaba la fecha exacta de la muerte del monje, pero que el ocultó a pedido del mismo para no entristecer a sus seguidores.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">El grupo de fieles recibió con alegría las revelaciones de Mont, quien había sido bendecido por el Dominus, y quien siguió recibiendo nuevas visiones, incluyendo nuevas profecías. Algunas las revelo tiempo después de que los hechos ocurrieran, otras en cambio eran de sucesos que solo ocurrirían en décadas futuras, tiempo después de la muerte de Mont. Le pedían consejo, tanto sobre asuntos de la vida diaria como de temas espirituales, porque confiaban en su sabiduría.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y mientras uno era elevado –al menos por sus seguidores- a la santidad, otro que también aspiraba a la santidad se dejaba dominar por sus pasiones y la terrenal envidia. Ese alguien era el monje Carolus, quien veía como los antiguos fieles de Dionisius, a quien juro proteger y guiar, lo ignoraban cada vez mas y convertían de modo espontaneo al comerciante Mont en su líder y ejemplo a seguir en lo espiritual.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y Carolus termino por ceder a la envidia, el cuarto pecado más corruptor según la doctrina del Dominus, y busco perjudicar a Mont y arrastrar su nombre por el fango. Primero interrogó a los demás fieles y después al propio Mont buscando errores y malinterpretaciones teológicas, pero nada halló para su propia frustración. Las visiones del comerciante, aunque coloridas y extrañas, tenían base en las antiguas y las nuevas escrituras de la Iglesia, y Carolus decidió llevar sus planes un paso más allá.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">O debiéramos decir, muchos pasos más allá de la decencia, la ética y la dignidad humana. No sabemos si el realmente deseaba que sucediera lo que finalmente aconteció, o si solo buscaba desprestigiar el nombre de su rival sin realmente dañarlo físicamente a él y a los demás miembros de su grupo. Pero lo que realmente deseaba no importa, porque las consecuencias de sus actos fueron terribles.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Primero reunió gran número de textos profanos y errados, desviados de la doctrina, condenados y prohibidos por la fe, y los mezcló, los alteró y luego los presentó a los fieles como producto de sus propias visiones, incluso dijo que esas mismas palabras le fueron dictadas por el propio Dionisius desde el Mas Allá. Los fieles, incluido el propio Mont, leyeron los textos y los aceptaron sin notar nada anormal en ellos, porque pese a su enorme fe carecían de una adecuada educación teológica, y no tenían razones para sospechar de una intriga producto de la maldad, no de parte de un compañero en la fe y el amigo más cercano del santo monje Dionisius.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Fue él quien también propuso que el grupo se hiciera llamar Los Alumbrados, porque estaban iluminados por la sabiduría de un hombre santo, y todos los seguidores del fallecido monje aceptaron el nombre.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Una vez hecho esto, Carolus envió una carta a la orden del Trono Dorado, denunciando las desviaciones doctrinales de un grupo que además adoptaba un nombre engreído para diferenciarse de los demás fieles. Y después no sucedió nada.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">No durante ocho largos años, la orden sagrada estaba demasiado ocupada con los seguidores de otros dioses como para preocuparse de las divisiones internas de su propia iglesia. Y quizás no hubiera ocurrido nada por varios o muchos años más, de no ser por un hecho inesperado.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Un antiguo dicho señala que el enemigo más corrosivo e insidioso es el interno, y eso quedo demostrado con el surgimiento de una herejía dentro de la propia fe del Dominus. En la sureña provincia de Ezzkhal la Iglesia del Nuevo Nacimiento, también llamados Repetitivos o Continuadores, se multiplicaban como ratas en un granero.</span></span></span><br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Creían en la reencarnación, la transmigración de los cuerpos y otras abominaciones, aseguraban que el Dominus, siendo un dios severo pero a la vez justo y compasivo, no condenaría las almas de los fieles sin darles una nueva oportunidad, o múltiples oportunidades, tal generosidad incluiría también a quienes adoraban a otros dioses o a quienes los negaban a todos, todo hombre y toda mujer tendría una nueva oportunidad después de la muerte, sin importar los pecados que haya cometido en su primera vida. Incluso los pecados mas graves podían ser expiados en una nueva vida, pero eso solo seria reencarnando en una criatura inferior.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Así, los violentos se convertirían en escorpiones, los intrigantes en arañas, los lujuriosos en conejos, y los perezosos… en perezosos. Pero solo seria por una vida, y una vez terminada tendrían la oportunidad de volver a nacer como humano y poder limpiar los pecados cometidos. Y eso, la idea de que un alma humana pudiera ocupar un cuerpo animal –o que un animal pudiera tener un alma humana- fue aborrecible para la doctrina del Dominus, y el Trono Dorado recibió órdenes de exterminar esta amenaza a la unidad del reino.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y muchas cosas horribles volvieron a repetirse, al menos a los creyentes en otros dioses se les daba la oportunidad de arrepentirse, de expurgar su herejía y de aceptar al Dominus en su corazón, pero a los llamados repetitivos no se les dio tal opción.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Y fue entonces cuando los lentos engranajes de la orden empezaron a moverse, y Mont fue arrestado, junto con tres de los más destacados miembros de Los Alumbrados, o al menos los más cercanos a él, sus nombres eran Laertes, comerciante en lana, Falius, maestro alfarero, y un tercero cuya identidad se ha perdido. No sabemos si la orden pensaba que eran seguidores de la herejía de los repetitivos, o si creían que eran un grupo aparte que también se había desviado de la fe, y quisieron arrancar la mala hierba desde el principio. Pero creyera lo que creyera, la orden actuó con una rudeza que bordeaba la brutalidad.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Así Mont y los otros tres fueron prisioneros en las cárceles secretas de la orden –cárceles que hasta el día de hoy niegan que existan- donde fueron sometidos a durísimos interrogatorios que se prolongaron por meses. La justicia de la orden, que en muchos otros casos era extremadamente rápida, en este caso se movió lentamente para mayor tortura de los acusados. Al cabo de un año de aislamiento Laertes murió, Falius perdió la cordura y murió poco después, y el tercer hombre, el anónimo, fue liberado y vivió muchos años más, pero con su mente rota. Solo Mont, el visionario, vivió lo suficiente y tuvo cordura suficiente como para ser juzgado, él y todos los demás alumbrados, en número de tres docenas.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Mont fue condenado a la hoguera, mientras que los demás acusados debieron realizar muestras públicas de vergüenza y arrepentimiento, reconociendo sus pecados y, como expiación, fueron arrojados muñecos de madera con la efigie de cada uno al mismo fuego donde ardía Mont. Un acto de compasión que la orden del Trono Dorado rara vez tuvo antes o después.</span></span></span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Los Alumbrados se dispersaron y el monje Carolus se recluyó en un monasterio en las montañas, del cual nunca más salió. Vivió veintiséis años más, hasta que murió de una caída en su habitación, donde se rompió la cadera.</span></span></span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Su testimonio está guardado en la biblioteca de la sede de nuestra cofradía, en el texto, que tiene cien años de antigüedad, a pesar de reconocer implícitamente sus pecados, sigue intentando justificarse al decir que las visiones de Mont habrían acarreado tarde o temprano su ruina y la de todos sus seguidores.<br />
<br />
<img src="http://cofradiadelcazador.wdfiles.com/local--files/los-alumbrados/mont.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: mont.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mont el visionario en medio de las llamas de su castigo.</span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Notas al pie</span></span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font"><br />
<span style="color: #b80000;" class="mycode_color">(1)</span> Esto refleja una antigua practica revestida de especial simbolismo: Mi Dios es más fuerte que tu dios, y mi Dios come a tu dios, apoderándose de su fuerza y su poder, un equivalente a esto lo podemos hallar en las diversas practicas de canibalismo ritual de otras tierras.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: verdana, arial, helvetica, sans-serif;" class="mycode_font">Si les interesa saber mas de este proyecto, pueden leer aqui: <a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-3073-post-41281.html#pid41281" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://clasico.fantasitura.com/thread-30...l#pid41281</a></span></span></span>[/i]</span></span></span></span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Mis últimas palabras serán mías]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3032</link>
			<pubDate>Fri, 26 Mar 2021 17:01:51 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=722">tyess</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3032</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esta es la versión corta de la historia de un mago creciendo en un mundo sin magia, desde el día en que le cedió su voluntad a la primera persona con el valor para ocuparse de él, hasta el momento en que tuvo que  elegir entre ese protector y su mejor amigo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Así es como te haces una vida, y así es como la pierdes.</div>
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mis últimas palabras serán mías</span></span></span></div>
<ul class="mycode_list"><li><a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-3032-post-40994.html#pid40994" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">~ 0 ~</a><br />
</li>
<li>Transgresor      (<a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-3032-post-41184.html#pid41184" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">1</a> -- 2 -- 3)<br />
</li>
<li>Luz y Sombra   (4 -- 5 -- 6)<br />
</li>
<li>Talento             (7 -- 8 -- 9 -- 10 -- 11 -- 12)<br />
</li>
<li>Temible            (13 -- 14 -- 15 --  16 -- 17 -- 18 -- ...)  <br />
</li>
<li>No                   (...)<br />
</li>
<li>Hogar              (...)<br />
</li>
<li>Obediencia       (...)<br />
</li>
<li>~ ~<br />
</li>
<li>Óbito              <span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">  </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">(...</span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">)</span></span></span><br />
</li>
</ul>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esta es la versión corta de la historia de un mago creciendo en un mundo sin magia, desde el día en que le cedió su voluntad a la primera persona con el valor para ocuparse de él, hasta el momento en que tuvo que  elegir entre ese protector y su mejor amigo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Así es como te haces una vida, y así es como la pierdes.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Georgia;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Mis últimas palabras serán mías</span></span></span></div>
<ul class="mycode_list"><li><a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-3032-post-40994.html#pid40994" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">~ 0 ~</a><br />
</li>
<li>Transgresor      (<a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-3032-post-41184.html#pid41184" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">1</a> -- 2 -- 3)<br />
</li>
<li>Luz y Sombra   (4 -- 5 -- 6)<br />
</li>
<li>Talento             (7 -- 8 -- 9 -- 10 -- 11 -- 12)<br />
</li>
<li>Temible            (13 -- 14 -- 15 --  16 -- 17 -- 18 -- ...)  <br />
</li>
<li>No                   (...)<br />
</li>
<li>Hogar              (...)<br />
</li>
<li>Obediencia       (...)<br />
</li>
<li>~ ~<br />
</li>
<li>Óbito              <span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">  </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">(...</span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">)</span></span></span><br />
</li>
</ul>
]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Histórica] Primus circundedisti me]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3019</link>
			<pubDate>Sat, 06 Mar 2021 23:10:12 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1049">Vicent Mcloud</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3019</guid>
			<description><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Primus circundedisti me</span></span></span></span><br />
<br />
—La caló aprieta —se comentaba en el puerto de San Lucar de Barrameda cuando surgieron de la Nao Victoria dieciocho marineros: desnutridos, tambaleantes, huesudos y aun así llenos de vida, esperanza y emoción, al volver a pisar la tierra deseada. La suya.<br />
—Seca tus lagrimas mujer, que lo que te cuento es verdad, esta vivo —dijo la vecina entrometida, por primera vez su habilidad para enterarse de todo y de lo de todos tendría una utilidad. Aunque ella ya lo sabía, esas son las cosas que una madre sabe y, aun después de tres años, nunca había abandonado la esperanza de volver a acariciar el cabello de su hijo. El menor, el que se fue en busca de aventuras y regresó cargado de especias.<br />
<br />
La libertá y la salú<br />
Son prendas de gran valía<br />
Y nadie las reconoce<br />
Hasta que las ve perdías<br />
<br />
Cantaba mientras deslizaba los dedos a través de su pelo como cuando solo era un zagal, con la cabeza reposando en su regazo, ahora era un hombre roto que había visto más mundo que cualquier otro.<br />
Había conocido criaturas que antes solo existían en cuentos de fantasía: como las grandes aves que vieron caminar erguidas sobre el hielo o los peces voladores, que surcaban la superficie de los mares acompañando el barco con sus gráciles saltos. En su travesía había experimentado miedo, parálisis, pánico, hambre, aprisionamiento, soledad, frío, rabia y pérdida. Pero siempre supo encontrar el coraje necesario para seguir adelante, no importaban las condiciones, de nada servirían sus desdichas si no volvía a casa para contar sus alegrías.<br />
Lloró durante horas, lloró durante días y cuando se secaron sus lágrimas, en su interior, siguió llorando toda su vida por los camaradas de su travesía. En su memoria vivían todos aquellos marineros y compañeros, hombres de toda clase llenos de defectos, prejuicios, bondades, malentendidos, contradicciones y disparates. Al fin y al cabo, personas, tan distintas como iguales.<br />
<br />
—La caló aprieta —se comentaba en cubierta mientras, con velas henchidas en mástiles vigorosos, cinco barcos hacían uso del cálido viento del verano para adentrarse en lo desconocido. Parten en busca de una nueva ruta comercial hacia las islas de las especias. Despidiéndose con alegría del bochorno estacional y adentrándose en los vientos del cambio de una brisa marina que los azotará en la cara y el alma mucho más de lo que desearían.<br />
Embarcaron en las cinco naves un total de doscientos treinta y cuatro marineros y regresarían tan solo dieciocho ¿Héroes o afortunados?<br />
<br />
<br />
<br />
-----<br />
Este pequeño texto lo escribí para participar en un concurso, pero tras escribirlo descubrí que ya no cumplía con el requisito de edad por unas pocas semanas.<br />
Ha estado guardado en un cajón bastante tiempo y me apetecía compartirlo con vosotros y conocer vuestras opiniones y correcciones.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Primus circundedisti me</span></span></span></span><br />
<br />
—La caló aprieta —se comentaba en el puerto de San Lucar de Barrameda cuando surgieron de la Nao Victoria dieciocho marineros: desnutridos, tambaleantes, huesudos y aun así llenos de vida, esperanza y emoción, al volver a pisar la tierra deseada. La suya.<br />
—Seca tus lagrimas mujer, que lo que te cuento es verdad, esta vivo —dijo la vecina entrometida, por primera vez su habilidad para enterarse de todo y de lo de todos tendría una utilidad. Aunque ella ya lo sabía, esas son las cosas que una madre sabe y, aun después de tres años, nunca había abandonado la esperanza de volver a acariciar el cabello de su hijo. El menor, el que se fue en busca de aventuras y regresó cargado de especias.<br />
<br />
La libertá y la salú<br />
Son prendas de gran valía<br />
Y nadie las reconoce<br />
Hasta que las ve perdías<br />
<br />
Cantaba mientras deslizaba los dedos a través de su pelo como cuando solo era un zagal, con la cabeza reposando en su regazo, ahora era un hombre roto que había visto más mundo que cualquier otro.<br />
Había conocido criaturas que antes solo existían en cuentos de fantasía: como las grandes aves que vieron caminar erguidas sobre el hielo o los peces voladores, que surcaban la superficie de los mares acompañando el barco con sus gráciles saltos. En su travesía había experimentado miedo, parálisis, pánico, hambre, aprisionamiento, soledad, frío, rabia y pérdida. Pero siempre supo encontrar el coraje necesario para seguir adelante, no importaban las condiciones, de nada servirían sus desdichas si no volvía a casa para contar sus alegrías.<br />
Lloró durante horas, lloró durante días y cuando se secaron sus lágrimas, en su interior, siguió llorando toda su vida por los camaradas de su travesía. En su memoria vivían todos aquellos marineros y compañeros, hombres de toda clase llenos de defectos, prejuicios, bondades, malentendidos, contradicciones y disparates. Al fin y al cabo, personas, tan distintas como iguales.<br />
<br />
—La caló aprieta —se comentaba en cubierta mientras, con velas henchidas en mástiles vigorosos, cinco barcos hacían uso del cálido viento del verano para adentrarse en lo desconocido. Parten en busca de una nueva ruta comercial hacia las islas de las especias. Despidiéndose con alegría del bochorno estacional y adentrándose en los vientos del cambio de una brisa marina que los azotará en la cara y el alma mucho más de lo que desearían.<br />
Embarcaron en las cinco naves un total de doscientos treinta y cuatro marineros y regresarían tan solo dieciocho ¿Héroes o afortunados?<br />
<br />
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Este pequeño texto lo escribí para participar en un concurso, pero tras escribirlo descubrí que ya no cumplía con el requisito de edad por unas pocas semanas.<br />
Ha estado guardado en un cajón bastante tiempo y me apetecía compartirlo con vosotros y conocer vuestras opiniones y correcciones.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fantasía] La boda]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2957</link>
			<pubDate>Mon, 28 Dec 2020 02:15:57 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1048">Alyse</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2957</guid>
			<description><![CDATA[¡Buenas! Dejo por aquí un relato corto que tiene ya bastante tiempo. Por supuesto el feedback y consejos son bienvenidos y os animo a ello. ¡Disculpad si es un poco largo (+2000 palabras) pero no tenía sentido subirlo por partes!<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La boda</span><br />
<br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Alna</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> se sobresaltó cuando el consejero Suzil entró sin llamar a la habitación de estar. Le seguía de cerca su dama de cámara, Vannah, aunque Alna sabía que era más una niñera que una asistente. Alna dejó el bordado a un lado y saludó educadamente al consejero, pero este hizo caso omiso.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">‌-Vuestro padre os ha prometido al heredero de los Veor. La celebración será en dos semanas; partiréis cuando esté todo listo. Vannah y un embajador os acompañarán y regresarán cuando acabe la ceremonia. Ya hemos enviado invitaciones a todas las casa que quieran asistir, si es que alguna emprende el viaje. Eso es todo por ahora. Vannah se encargará de preparar sus cosas.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La ayudante ya se encontraba en las estancias de la princesa calculando qué valdría la pena llevar y qué dejar. Alna sintió una punzada de miedo; sabía que su padre no tardaría en prometer su mano a un alto miembro de la aristocracia. Tenía mucho menos valor que su hermano mayor, al que habían preparado desde la cuna para heredar el reino de Reld. Su posición como princesa apenas tenía relevancia, pero había esperado que el futuro compromiso se produjese con un miembro de una casa cercana o un reino vecino, no con los lejanos Veor. Se decía que a pesar de tener cabello que ardía como el fuego, eran brujos del mar y realizaban primitivos rituales a dioses olvidados. Alna no entendía qué podía obtener su padre de ese compromiso, pero la habían educado desde niña para saber que esas maquinaciones estarían fuera de su alcance. Todo lo que no fueran bordados, clases de poesía y paseos por los jardines estaba fuera de su alcance.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Suzil se dirigió con prisas a la puerta y le hizo una descuidada reverencia a la princesa sin detenerse. Alna estaba acostumbrada a que la corte de su padre la olvidara o la considerara poco más que una molestia en el protocolo; al fin y al cabo, el único destino que le esperaba era esperar a un matrimonio que conveniese a su padre y su hermano y asegurarse de cumplir a la perfección su papel de esposa. Alna estaba en paz con la idea, pero al levantarse para ir a sus aposentos con Vannah volvió a sentir inquietud. Su destino habría estado claro en una corte como la de los Reld, pero apenas sabía nada sobre los Veor.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Vannah había sacado de los arcones la mayoría de sus vestidos y los había desplegado sobre la enorme cama. Resopló.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">-Vamos a tener que deshacernos de la mayoría de estos</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">--</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Alna se frotó las manos, nerviosa. Nunca había estado en un sitio como este. El enorme templo de piedra estaba invadido por plantas trepadoras, que se enrollaban en las columnas y subían por las cúpulas. Algunas de las ramas más gruesas habían abierto agujeros en los gruesos techos y paredes de piedra, por los que se filtraban rayos dorados de luz. Sin embargo, el lugar parecía cuidado con mimo más que abandonado. Podía escuchar levemente el murmullo del agua, pero no había visto ninguna fuente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Y tampoco había llevado nunca un vestido como aquel. En Reid llevaba pesados vestidos con brocados y encajes, de varias capas de rica tela, acompañados de joyas y adornos como le correspondía como princesa. Vannah había empaquetado la mayoría para el viaje, pero dado que la boda se celebraba al estilo Veor, le habían traído un vestido ceremonial. Blanco y vaporoso, el largo no le cubría las piernas completamente a pesar de tener más de una capa y le hacía sentir violenta. La tradición dictaba ir descalza pero ella ha la insistido en ponerse unas finas zapatillas de tela. Alrededor de la cintura llevaba enrolladas varias cintas de colores claros. En el templo hacía una temperatura cálida a pesar de las finas ropas, pero Alna temblaba de los nervios. Vannah daba vueltas a su alrededor irritada terminando de fijar el peinado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">-Os voy a clavar una horquilla si no os estáis quieta de una vez.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La princesa trató de tranquilizarse. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">-Lo siento. Son los nervios. No quiero cometer ninguna equivocación y humillar a mi padre. Pero… es que es todo tan diferente. No entiendo la ceremonia ni...</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">-Entendéis perfectamente la ceremonia, princesa. -respondió molesta Vannah-. Os lo expliqué ayer y os lo expliqué esta mañana y no sois estúpida. Qué más da lo extravagantes que sean estos chamanes, si están satisfechos con este circo bienvenidos sean y así debéis cumplir. Pero esta noche, majestad, recordad cumplir con </span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nuestra</span></span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> tradición nupcial. Espero poder volver a Reid pudiendo confirmarle a vuestro padre que pronto habrá herederos para asegurar el pacto.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Alna volvió a frotarse las manos nerviosa. Tampoco quería pensar en esa noche cuando tuviese que compartir cama con su nuevo marido. Habían llevar a Veor el día anterior y no había podido conocer a su prometido antes de la ceremonia. Tampoco habría podido decirle nada; su idioma era radicalmente distinto al que ella conocía, y habían tenido que recurrir en todo momento al embajador asignado como traductor. Sabía que tanto él como Vannah se marcharían de vuelta a casa en unos días, y le aterrorizaba quedarse sola e incomunicada. La única respuesta que había recibido es que haría bien en adaptarse lo antes posible.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se oyó un murmullos al otro lado de los altos arcos de piedra. Una joven sacerdotisa se acercó; su pelo rubio brillaba débilmente iluminado, como era característico de los Veor. Sonrió al ver a la novia e hizo un gesto para que la siguieran.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Vannah fue la primera en salir a la enorme sala contigua, ocultando a Alna. Bajo la cúpula, la hiedra y los rayos de luz se entremezclaban con las columnas y salientes de piedra, iluminándolos y ensombreciéndolos. En uno de los laterales del salón, oculta bajo una galería de columnas, una pequeña muchedumbre esperaba el comienzo de la ceremonia. Agrupados en dos claros grupos, se distinguían a los Veor, con sus cabelleras iluminadas y ropas ligeras, y los nobles invitados por parte de los Reid. Sudaban bajo los costosos trajes y mostraban expresiones de aburrimiento e impaciencia. La mayoría eran nobles de casas menores que no podían rechazar la invitación a la boda de la princesa, por muy inconveniente o indeseable que resultase el viaje. Las casas mayores habían permanecido en sus palacios esperando la invitación a un evento de mayor importancia. La unión de la princesa menor con el heredero de un pueblo de brujos no era motivo suficiente para desplazarse.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En mitad de la sala, a cierta distancia de los invitados, había una piscina de piedra redonda. Al acercarse, Alna pudo ver que el interior estaba iluminado por algas fluorescentes que crecían en las paredes de la piscina. Parecía profunda. Junto al estanque, un sacerdote con una túnica blanca y el pelo plateado ligeramente brillante ya había comenzado a recitar el principio de la Unión.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Vannah se alejó había el grupo de invitados Reid y Alna caminó sola hasta la piscina. Fue entonces cuando le vió junto al agua: un joven mayor que ella, vestido con una camisa y pantalones claros bajo la rodilla. Iba descalzo, y su pelo castaño tenía las puntas iluminadas. Alna soltó aire al aproximarse; afortunadamente era joven y parecía sano. Hasta era guapo. Hasta ese momento, no había sabido qué esperar de su compromiso. Lo único que le habían comunicado era su nombre, Rao.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sintiendo crecer de nuevo la ansiedad, se situó cerca de él, pero mantuvo las distancias. Esa encantadora primera impresión no significaba nada, lo sabía bien por su hermano. Y esperaba realizar bien la ceremonia. Hacía años que no nadaba, y tendría que bucear hasta el fondo de la piscina hasta que su futuro marido se lanzase al agua a sacarla. Tendría que esperar a quedarse sin aire para que él, bajo el agua, pudiera pasarme su propio aliento a través de un beso para poder emerger los dos, juntos, a la superficie como marido y mujer. Vannah le había explicado que tenía algo que ver con la confianza ciega en el otro, la responsabilidad de cuidarse, el sacrificio ante el peligro… y luego había soltado un bufido como si todo eso le resultase ridículo. Alna tampoco había oido jamás de una ceremonia así.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Junto a ella, Rao dió una zancada lateral para situarse más cerca y la miró de reojo. Ella le enrojeció y fijó la vista en el agua. ¿Cómo iba a bajar con el vestido? Se alegraba de no llevar sus propios vestidos, más pesados, pero sería una molesta a la hora de nadar. ¿Cuanto rato pasaría antes de que él bajase a por ella? ¿Y si no aguantaba? Suponía que sería capaz de emerger si se le acabara el aire, ¿pero lo considerarían los Veor un fracaso? ¿Anularía el matrimonio? Busco a Vannah con la mirada buscando apoyo, pero estaba hablando en voz baja con uno de los invitados Reid. Ninguno seos nobles prestaba atención y parecían estar deseando retirarse. Alna trató de llamar su atención disimuladamente, pero la dama de cámara se echó a reír por algo que la princesa no alcanzó a oír. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se fijó en los Reid. Aún no se había acostumbrado a su cabello extraño desde su llegada el día anterior, pero por todo lo demás parecían iguales que las personas que conocía. Sus ropas y casas eran distintas, muchas construidas sobre el agua, pero no había visto ninguna muestra de la magia con la que tanto desprecio había oído hablar de vuelta en su reino. ¿Sería siquiera real o sólo un mito? ¿Vería alguna muestra durante la celebración? ¿Y si eran realmente brujos? ¿Tendría que vivir entre magia toda su vida? Sintió como se hacía más pequeña. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El sacerdote pronunció unas palabras con especial énfasis y la mayoría de los Veor sonrieron con afecto. Echó un vistazo con el rabillo del ojo y vió que Rao también sonreía. ¿Qué haría con el idioma? ¿Qué haría una vez su corte la hubiera abandonado para volver a casa? ¿De verdad iba a quedarse sola? Nunca había recibido demasiada atención a pesar de su sangre real, pero de repente la idea de quedar aislada le resultó insoportable.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se le humedecieron los ojos y volvió a buscar a Vannah con la mirada pero está seguía sin prestarle atención. Ninguno de los Reid lo hacía y no se atrevía a mirar a los Veor, en caso de que estos sí lo hicieran. Su pelo le resultaba extraño. Sus ropas claras le resultaban demasiado simplonas. El cántico del sacerdote la asustaba y le recordaba cómo sería el resto de su vida. Se arrepintió momentáneamente de no haber plantado más batalla sobre su compromiso, pero sabía que habría sido no solo impensable si no indiferente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El sacerdote repitió las mismas palabras que acababa de pronunciar. Alna levantó rápidamente la vista y vió a Vannah mirándole duramente; se había distraído y no había oído la única frase que había memorizado y que señalaba la segunda parte de la ceremonia. Articuló una disculpa y miró a su alrededor: todo el mundo guardaba silencio y la miraba, Vennah, los invitados, su prometido. Notó como se enrojecía y mirando al suelo se acercó al borde de la piscina. El agua está completamente transparente y se apreciaba el fondo levemente iluminado: era realmente profunda. Miró de nuevo a Vennah y vio que esta le hacía gestos impaciente para que se diese prisa. Se descalzó y dejó las zapatillas junto al borde, un poco avergonzada de su capricho de calzarse y salirse del protocolo. Esperaba que no hubiese llamado demasiado la atención. Luego posó el pie sobre el primer escalón. El agua estaba sorprendente tibia y empezó a bajar. Le cubrió rápidamente las piernas, la cintura, la falda blanca se empezó a hinchar a su alrededor y torpemente trató de sumergirla. Oyó cómo los nobles de Reid susurraban al ver su intento de mantener el vestido en su sitio y sintió vergüenza. Avanzó más rápido, hasta que el agua le cubrió hasta el cuello. El vestido se mantenía en su sitio. Queriendo acabar con todo lo anterior posible, respiró hondo y sumergió la cabeza en el agua.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Enseguida comprendió por qué la ceremonia se realizaba descalza y con un vestido corto: la tela se le enredaba en las piernas y no habría podido nadar con zapatos. A brazadas y patadas, llegó hasta el fondo de la piscina y rezó porque no tardarán mucho en venir a por ella. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Iluminada por las algas, el corazón le latía rápidamente. Quería esconderse de los nobles. Quería esconderse de Vannah. Quería esconderse de los Veor, de Reo, quería irse a casa y actuar como si nada hubiese pasado. Quería estar seca en sus aposentos bordando, no en el fondo de una piscina en una ceremonia extraña. Miró hacia la superficie: le empezaba a faltar el aire y se preguntó qué ocurriría si saliese antes de tiempo. Tal vez el matrimonio no fuese válido y podría volver a casa, dónde al menos sabía cómo debía actuar. Supuso que nadie podría culparla si empezaba a emerger. O podría quedarse ahí, aislada del ruido, de la gente, solo con el agua y las luces. Los pulmones le quemaban y tenía el pulso desbocado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">De repente, sintió como alguien entraba en el agua. Rao nadaba directo a ella, sin dudar, con el pelo brillando intensamente. Buscaba su mirada y cuando estuvo suficientemente cerca, le tendió la mano. Alna dudó y tímidamente se la ofreció. Él pegó un tirón hasta situarla a su altura y le cogió el rostro con la otra mano. Alna se dió cuenta distraída de que su pelo era ahora rojo y no castaño, y su brillo le teñía la cara. Rao la miraba fijamente a los ojos. Tal vez notara sus dudas en la cara. Una sombra de preocupación cruzó el rostro del Veor, luego se suavizó y sonrió brevemente. El corazón de Alna latía cada vez más rápido. Tal vez fuera amable. Tal vez cuidara de ella. Eso acercó sus labios a los suyos y, con un suave beso, le pasó el aire que me necesitaba para emerger mientras le apretaba suavemente la mano. Se separaron y la princesa pudo apreciar una chispa de alegría en los ojos de él. Tal vez no estuviese tan mal. Tal vez no fuese como su hermano o su padre. Tal vez pudiese aprender a vivir allí.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ambos salieron a la superficie.</span></span></div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[¡Buenas! Dejo por aquí un relato corto que tiene ya bastante tiempo. Por supuesto el feedback y consejos son bienvenidos y os animo a ello. ¡Disculpad si es un poco largo (+2000 palabras) pero no tenía sentido subirlo por partes!<br />
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">La boda</span><br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Alna</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> se sobresaltó cuando el consejero Suzil entró sin llamar a la habitación de estar. Le seguía de cerca su dama de cámara, Vannah, aunque Alna sabía que era más una niñera que una asistente. Alna dejó el bordado a un lado y saludó educadamente al consejero, pero este hizo caso omiso.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">‌-Vuestro padre os ha prometido al heredero de los Veor. La celebración será en dos semanas; partiréis cuando esté todo listo. Vannah y un embajador os acompañarán y regresarán cuando acabe la ceremonia. Ya hemos enviado invitaciones a todas las casa que quieran asistir, si es que alguna emprende el viaje. Eso es todo por ahora. Vannah se encargará de preparar sus cosas.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La ayudante ya se encontraba en las estancias de la princesa calculando qué valdría la pena llevar y qué dejar. Alna sintió una punzada de miedo; sabía que su padre no tardaría en prometer su mano a un alto miembro de la aristocracia. Tenía mucho menos valor que su hermano mayor, al que habían preparado desde la cuna para heredar el reino de Reld. Su posición como princesa apenas tenía relevancia, pero había esperado que el futuro compromiso se produjese con un miembro de una casa cercana o un reino vecino, no con los lejanos Veor. Se decía que a pesar de tener cabello que ardía como el fuego, eran brujos del mar y realizaban primitivos rituales a dioses olvidados. Alna no entendía qué podía obtener su padre de ese compromiso, pero la habían educado desde niña para saber que esas maquinaciones estarían fuera de su alcance. Todo lo que no fueran bordados, clases de poesía y paseos por los jardines estaba fuera de su alcance.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Suzil se dirigió con prisas a la puerta y le hizo una descuidada reverencia a la princesa sin detenerse. Alna estaba acostumbrada a que la corte de su padre la olvidara o la considerara poco más que una molestia en el protocolo; al fin y al cabo, el único destino que le esperaba era esperar a un matrimonio que conveniese a su padre y su hermano y asegurarse de cumplir a la perfección su papel de esposa. Alna estaba en paz con la idea, pero al levantarse para ir a sus aposentos con Vannah volvió a sentir inquietud. Su destino habría estado claro en una corte como la de los Reld, pero apenas sabía nada sobre los Veor.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Vannah había sacado de los arcones la mayoría de sus vestidos y los había desplegado sobre la enorme cama. Resopló.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">-Vamos a tener que deshacernos de la mayoría de estos</span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">--</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Alna se frotó las manos, nerviosa. Nunca había estado en un sitio como este. El enorme templo de piedra estaba invadido por plantas trepadoras, que se enrollaban en las columnas y subían por las cúpulas. Algunas de las ramas más gruesas habían abierto agujeros en los gruesos techos y paredes de piedra, por los que se filtraban rayos dorados de luz. Sin embargo, el lugar parecía cuidado con mimo más que abandonado. Podía escuchar levemente el murmullo del agua, pero no había visto ninguna fuente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Y tampoco había llevado nunca un vestido como aquel. En Reid llevaba pesados vestidos con brocados y encajes, de varias capas de rica tela, acompañados de joyas y adornos como le correspondía como princesa. Vannah había empaquetado la mayoría para el viaje, pero dado que la boda se celebraba al estilo Veor, le habían traído un vestido ceremonial. Blanco y vaporoso, el largo no le cubría las piernas completamente a pesar de tener más de una capa y le hacía sentir violenta. La tradición dictaba ir descalza pero ella ha la insistido en ponerse unas finas zapatillas de tela. Alrededor de la cintura llevaba enrolladas varias cintas de colores claros. En el templo hacía una temperatura cálida a pesar de las finas ropas, pero Alna temblaba de los nervios. Vannah daba vueltas a su alrededor irritada terminando de fijar el peinado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">-Os voy a clavar una horquilla si no os estáis quieta de una vez.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">La princesa trató de tranquilizarse. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">-Lo siento. Son los nervios. No quiero cometer ninguna equivocación y humillar a mi padre. Pero… es que es todo tan diferente. No entiendo la ceremonia ni...</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">-Entendéis perfectamente la ceremonia, princesa. -respondió molesta Vannah-. Os lo expliqué ayer y os lo expliqué esta mañana y no sois estúpida. Qué más da lo extravagantes que sean estos chamanes, si están satisfechos con este circo bienvenidos sean y así debéis cumplir. Pero esta noche, majestad, recordad cumplir con </span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nuestra</span></span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"> tradición nupcial. Espero poder volver a Reid pudiendo confirmarle a vuestro padre que pronto habrá herederos para asegurar el pacto.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Alna volvió a frotarse las manos nerviosa. Tampoco quería pensar en esa noche cuando tuviese que compartir cama con su nuevo marido. Habían llevar a Veor el día anterior y no había podido conocer a su prometido antes de la ceremonia. Tampoco habría podido decirle nada; su idioma era radicalmente distinto al que ella conocía, y habían tenido que recurrir en todo momento al embajador asignado como traductor. Sabía que tanto él como Vannah se marcharían de vuelta a casa en unos días, y le aterrorizaba quedarse sola e incomunicada. La única respuesta que había recibido es que haría bien en adaptarse lo antes posible.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se oyó un murmullos al otro lado de los altos arcos de piedra. Una joven sacerdotisa se acercó; su pelo rubio brillaba débilmente iluminado, como era característico de los Veor. Sonrió al ver a la novia e hizo un gesto para que la siguieran.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Vannah fue la primera en salir a la enorme sala contigua, ocultando a Alna. Bajo la cúpula, la hiedra y los rayos de luz se entremezclaban con las columnas y salientes de piedra, iluminándolos y ensombreciéndolos. En uno de los laterales del salón, oculta bajo una galería de columnas, una pequeña muchedumbre esperaba el comienzo de la ceremonia. Agrupados en dos claros grupos, se distinguían a los Veor, con sus cabelleras iluminadas y ropas ligeras, y los nobles invitados por parte de los Reid. Sudaban bajo los costosos trajes y mostraban expresiones de aburrimiento e impaciencia. La mayoría eran nobles de casas menores que no podían rechazar la invitación a la boda de la princesa, por muy inconveniente o indeseable que resultase el viaje. Las casas mayores habían permanecido en sus palacios esperando la invitación a un evento de mayor importancia. La unión de la princesa menor con el heredero de un pueblo de brujos no era motivo suficiente para desplazarse.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En mitad de la sala, a cierta distancia de los invitados, había una piscina de piedra redonda. Al acercarse, Alna pudo ver que el interior estaba iluminado por algas fluorescentes que crecían en las paredes de la piscina. Parecía profunda. Junto al estanque, un sacerdote con una túnica blanca y el pelo plateado ligeramente brillante ya había comenzado a recitar el principio de la Unión.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Vannah se alejó había el grupo de invitados Reid y Alna caminó sola hasta la piscina. Fue entonces cuando le vió junto al agua: un joven mayor que ella, vestido con una camisa y pantalones claros bajo la rodilla. Iba descalzo, y su pelo castaño tenía las puntas iluminadas. Alna soltó aire al aproximarse; afortunadamente era joven y parecía sano. Hasta era guapo. Hasta ese momento, no había sabido qué esperar de su compromiso. Lo único que le habían comunicado era su nombre, Rao.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Sintiendo crecer de nuevo la ansiedad, se situó cerca de él, pero mantuvo las distancias. Esa encantadora primera impresión no significaba nada, lo sabía bien por su hermano. Y esperaba realizar bien la ceremonia. Hacía años que no nadaba, y tendría que bucear hasta el fondo de la piscina hasta que su futuro marido se lanzase al agua a sacarla. Tendría que esperar a quedarse sin aire para que él, bajo el agua, pudiera pasarme su propio aliento a través de un beso para poder emerger los dos, juntos, a la superficie como marido y mujer. Vannah le había explicado que tenía algo que ver con la confianza ciega en el otro, la responsabilidad de cuidarse, el sacrificio ante el peligro… y luego había soltado un bufido como si todo eso le resultase ridículo. Alna tampoco había oido jamás de una ceremonia así.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Junto a ella, Rao dió una zancada lateral para situarse más cerca y la miró de reojo. Ella le enrojeció y fijó la vista en el agua. ¿Cómo iba a bajar con el vestido? Se alegraba de no llevar sus propios vestidos, más pesados, pero sería una molesta a la hora de nadar. ¿Cuanto rato pasaría antes de que él bajase a por ella? ¿Y si no aguantaba? Suponía que sería capaz de emerger si se le acabara el aire, ¿pero lo considerarían los Veor un fracaso? ¿Anularía el matrimonio? Busco a Vannah con la mirada buscando apoyo, pero estaba hablando en voz baja con uno de los invitados Reid. Ninguno seos nobles prestaba atención y parecían estar deseando retirarse. Alna trató de llamar su atención disimuladamente, pero la dama de cámara se echó a reír por algo que la princesa no alcanzó a oír. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se fijó en los Reid. Aún no se había acostumbrado a su cabello extraño desde su llegada el día anterior, pero por todo lo demás parecían iguales que las personas que conocía. Sus ropas y casas eran distintas, muchas construidas sobre el agua, pero no había visto ninguna muestra de la magia con la que tanto desprecio había oído hablar de vuelta en su reino. ¿Sería siquiera real o sólo un mito? ¿Vería alguna muestra durante la celebración? ¿Y si eran realmente brujos? ¿Tendría que vivir entre magia toda su vida? Sintió como se hacía más pequeña. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El sacerdote pronunció unas palabras con especial énfasis y la mayoría de los Veor sonrieron con afecto. Echó un vistazo con el rabillo del ojo y vió que Rao también sonreía. ¿Qué haría con el idioma? ¿Qué haría una vez su corte la hubiera abandonado para volver a casa? ¿De verdad iba a quedarse sola? Nunca había recibido demasiada atención a pesar de su sangre real, pero de repente la idea de quedar aislada le resultó insoportable.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Se le humedecieron los ojos y volvió a buscar a Vannah con la mirada pero está seguía sin prestarle atención. Ninguno de los Reid lo hacía y no se atrevía a mirar a los Veor, en caso de que estos sí lo hicieran. Su pelo le resultaba extraño. Sus ropas claras le resultaban demasiado simplonas. El cántico del sacerdote la asustaba y le recordaba cómo sería el resto de su vida. Se arrepintió momentáneamente de no haber plantado más batalla sobre su compromiso, pero sabía que habría sido no solo impensable si no indiferente.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">El sacerdote repitió las mismas palabras que acababa de pronunciar. Alna levantó rápidamente la vista y vió a Vannah mirándole duramente; se había distraído y no había oído la única frase que había memorizado y que señalaba la segunda parte de la ceremonia. Articuló una disculpa y miró a su alrededor: todo el mundo guardaba silencio y la miraba, Vennah, los invitados, su prometido. Notó como se enrojecía y mirando al suelo se acercó al borde de la piscina. El agua está completamente transparente y se apreciaba el fondo levemente iluminado: era realmente profunda. Miró de nuevo a Vennah y vio que esta le hacía gestos impaciente para que se diese prisa. Se descalzó y dejó las zapatillas junto al borde, un poco avergonzada de su capricho de calzarse y salirse del protocolo. Esperaba que no hubiese llamado demasiado la atención. Luego posó el pie sobre el primer escalón. El agua estaba sorprendente tibia y empezó a bajar. Le cubrió rápidamente las piernas, la cintura, la falda blanca se empezó a hinchar a su alrededor y torpemente trató de sumergirla. Oyó cómo los nobles de Reid susurraban al ver su intento de mantener el vestido en su sitio y sintió vergüenza. Avanzó más rápido, hasta que el agua le cubrió hasta el cuello. El vestido se mantenía en su sitio. Queriendo acabar con todo lo anterior posible, respiró hondo y sumergió la cabeza en el agua.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Enseguida comprendió por qué la ceremonia se realizaba descalza y con un vestido corto: la tela se le enredaba en las piernas y no habría podido nadar con zapatos. A brazadas y patadas, llegó hasta el fondo de la piscina y rezó porque no tardarán mucho en venir a por ella. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Iluminada por las algas, el corazón le latía rápidamente. Quería esconderse de los nobles. Quería esconderse de Vannah. Quería esconderse de los Veor, de Reo, quería irse a casa y actuar como si nada hubiese pasado. Quería estar seca en sus aposentos bordando, no en el fondo de una piscina en una ceremonia extraña. Miró hacia la superficie: le empezaba a faltar el aire y se preguntó qué ocurriría si saliese antes de tiempo. Tal vez el matrimonio no fuese válido y podría volver a casa, dónde al menos sabía cómo debía actuar. Supuso que nadie podría culparla si empezaba a emerger. O podría quedarse ahí, aislada del ruido, de la gente, solo con el agua y las luces. Los pulmones le quemaban y tenía el pulso desbocado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">De repente, sintió como alguien entraba en el agua. Rao nadaba directo a ella, sin dudar, con el pelo brillando intensamente. Buscaba su mirada y cuando estuvo suficientemente cerca, le tendió la mano. Alna dudó y tímidamente se la ofreció. Él pegó un tirón hasta situarla a su altura y le cogió el rostro con la otra mano. Alna se dió cuenta distraída de que su pelo era ahora rojo y no castaño, y su brillo le teñía la cara. Rao la miraba fijamente a los ojos. Tal vez notara sus dudas en la cara. Una sombra de preocupación cruzó el rostro del Veor, luego se suavizó y sonrió brevemente. El corazón de Alna latía cada vez más rápido. Tal vez fuera amable. Tal vez cuidara de ella. Eso acercó sus labios a los suyos y, con un suave beso, le pasó el aire que me necesitaba para emerger mientras le apretaba suavemente la mano. Se separaron y la princesa pudo apreciar una chispa de alegría en los ojos de él. Tal vez no estuviese tan mal. Tal vez no fuese como su hermano o su padre. Tal vez pudiese aprender a vivir allí.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Ambos salieron a la superficie.</span></span></div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fantasía oscura] La oscuridad encajonada]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2947</link>
			<pubDate>Wed, 09 Dec 2020 18:00:07 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=579">JPQueirozPerez</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2947</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">He perdido ya la cuenta de los días que lleva la lluvia arreciando. Los riachuelos se han convertido ya en torrentes que arrasan todo a su paso. El viento hace su parte y arranca de cuajo árboles y destruye edificios. Pronto estaré muerto, pero todavía guardo la caja.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    La vieja caja de ébano llegó a mí en herencia de un tío de mi madre, Gert, mercader que la consiguió en las lejanas tierras de Ma. La familia le tomaba por un loco, «las fiebres de oriente», decían; yo escuchaba sus hazañas cuando era un muchachito y me estremecía de los horrores que narraba sobre los extranjeros que encontró en sus viajes y los ritos que practicaban.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Algunos adoraban a dioses de los que jamás había oído hablar, pero otros lo hacían a las mismas deidades que guardaban nuestro hogar, pero de una manera repulsiva: pagando en sangre y espíritu los dones de los dioses. Y no tendría yo más que unos seis años cuando me habló por primera vez de la caja.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    «Esta caja guarda todo lo bueno del mundo, pero todos la quieren», fue lo primero que dijo antes de enseñármela. Para un muchachito como era yo en ese momento, parecía enorme y hubo algo en su interior que me causó un rechazo inmediato; quise alejarme y tropecé, empecé a llorar a mares y entonces madre se acercó a ver qué ocurría. Ese día fue también la primera vez que hablaron de la locura del viejo tío.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Madre y tías me aseguraron que no pasaba nada, que el viejo tío no quería asustarme, pero él no me asustó; fue la caja. De ébano lacado, dando la impresión de que lo que la rodeaba era más oscuro que el resto del ambiente; glifos grabados que era incapaz de comprender, mas me hablaban directamente a lo más profundo de mi ser, de los horrores que allí se guardaban y que jamás debían ser liberados; ¿y qué decir de la forma?, no tenía ninguna cerradura, a decir verdad, no tenía nada que dijera que estaba realmente ante una caja y no ante un bloque de madera tallado. Pero era una caja, lo supe en cuanto la vi, porque me habló de la oscuridad que contenía en su interior.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    No volví a ver la caja en años. Evité al viejo Gert siempre que me era posible, y, las pocas veces que no lo fue, la existencia de la caja no era mencionada; él me hablaba de sus viejos viajes, pero con un aire melancólico, anhelando algo más. Lo cierto es que desde aquel encuentro que tuve con la caja, la salud del viejo tío se resintió y parecía envejecer de manera sobrenatural, como afligido por una maldición; creo que cuando yo era un infante, él era un hombre fuerte, ahora ya es difícil recordarlo, pero lo que sí recuerdo es lo decrépito que fue en sus últimos años de vida.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Esos últimos años no tardaron en llegar, tendría yo unos diez u once, cuando un día, nada más despertar, madre me dijo que al viejo tío le quedaba poco tiempo de vida; supe que volvería a ver la caja cuando él muriera como la certeza que tenía uno con volver a ver la luz del día al caer la noche. Después dijo que él quería despedirse de mí, y aunque quise implorarle que no, ya no era un niño; no podía portarme como tal. Por tanto, me dirigí en silencio al cuarto del viejo, detrás de mí escuchaba la conversación de las mujeres pero era un murmullo que me llegaba como un eco lejano, y ni siquiera me había alejado todavía del gran salón. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Al alcanzar la gran escalinata un sudor frío empezó a humedecer mi frente, empecé a respirar con dificultad y me quedé ahí quieto durante lo que me pareció una eternidad. Durante esa eternidad algo me agarró el hombro y di un sobresalto; se trataba del joven Ot, un mozo que ayudaba a los criados de la mansión. El grito que di alertó a mis familiares, que se acercaron a ver qué ocurría.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Creyeron que algo me había hecho ese mozo y por tanto fue castigado duramente; quise decirles que se equivocaban, pero sólo pude abrir la boca y soltar bocanadas de aire mientras copiosas lágrimas recorrían mi rostro. Por supuesto, cuando heredé esta casa recompensé al joven Ot por el castigo que recibió por mi culpa; aunque creo que nunca me culpó porque vio el horror en mi rostro e incluso él se sintió espantado. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Madre me acompañó al cuarto del viejo tío y esperó en el umbral mientras yo me acercaba, como impulsado por una fuerza mayor. Entonces creía que era la caja, ahora sé que eran ellos, de los que me habló el viejo tío al presentarme la caja, los que hoy arrasan nuestro hogar buscando la caja.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Acércate, hijo», me dijo Gert desde su lecho, aunque estaba ya muy cerca; lo hice, no por mí, sino por ese impulso superior. Agarró mi mano y me miró o lo que se asemejaba a una mirada dentro de esa vista perdida en algún punto del pasado. En mi mano dejó un trozo de pergamino mientras murmuraba: «Ahí vas a encontrarla, búscala, cuídala, no dejes que la tengan». Me quedé quieto y en silencio, como así hizo él. No sabía si madre seguía ahí o no porque no me atrevía a mirar atrás; temía que no fuera ella quien estuviera acechando en el umbral.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Mis temores se vieron alimentados cuando, en un ataque de locura, gritó el viejo «¡Los recolectores! ¡Los recolectores!», señalando a un rincón del cuarto que se hallaba iluminado por la débil luz del alba que entraba por los ventanales. Su otra mano se había convertido en una garra que aferraba la mía con una fuerza que no podía tener alguien en su condición. Golpeé su mano para intentar separarme y fui incapaz, como incapaz fue madre, que vino a rescatarme. Nuestros gritos de auxilio hicieron que algunos trabajadores de la finca vinieran a ayudar; fueron necesarios cuatro hombres fuertes para hacer que el viejo Gert me soltara.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    </span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Mi mano estaba dolorida y agarrotada, no me sentía capaz de abrirla. El curandero, que fue avisado para dar una pócima para hacer dormir al viejo tío, la observó con atención, mas no vio en ella nada fuera de lo común así pues consideró que simplemente estaba así por la impresión. Tomé una pócima relajante y me fui al jardín a tomar el aire.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Al salir a la luz del día fui capaz de abrir la mano, ahí estaba el pergamino arrugado. No entendí los glifos que allí estaban escritos pero los reconocí, eran los mismos que habían en la caja; aquí no había una voz que me hablara directamente descifrándome el significado de este texto, así que ahí me quedé, hasta que el sol estuvo alto en el cielo y madre vino a buscarme para decirme que el viejo tío había muerto. Ese día pensé que me había equivocado y que no volvería a ver la caja; durante años ese alivio evitó que pensara en ella, hasta que empecé a soñar con la oscuridad.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    «Acércate, hijo», me dijo Gert desde su lecho, aunque estaba ya muy cerca. No, no era Gert, recordaba esa escena de haberla vivido pero había algo diferente; no me acerqué. «Acércate, hijo», insistió ese ser que fingía ser mi viejo tío; seguí sin acercarme. «¡Ven!», la orden fue superior a mí o a cualquier elemento lógico, porque aparecí a su lado y mi manita infantil volvió a ser presa de una férrea mano, pero ya no escondía su aspecto y se trataba de oscuridad pura; cuando levanté el rostro, lo que vi era un rostro informe hecho de tinieblas, como si hubiera una oscuridad más sombría que otra que le daba algo de semejanza a un rostro humano pero sin ser capaz de imitarlo.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Desperté empapado en sudor, me había orinado encima y no fui capaz de volver a dormir esa noche. No sería el último sueño que tuve, y cada vez eran más frecuentes, empezando como una escena cotidiana de mi vida que era depravada por esa oscuridad que me llamaba y me exigía buscarla. Naturalmente acabé obsesionándome por descifrar ese mensaje que me dejó el viejo tío, de otro modo acabaría enloqueciendo por los sueños.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    En esos años madre me impuso un tutor para aprender diplomacia, quería que me uniera a la corte real para que hiciera alianzas con los nobles del reino, cosa que nunca llegué a hacer. Mi tutor decía ser un mago aunque no dio muestras de ninguna clase de poder; en otras circunstancias habría hablado con madre para que echara a patadas a ese impostor de nuestra finca, sin embargo después de todo lo vivido estaba mucho más abierto a creer.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Hice bien, porque cuando ya tuve la confianza suficiente con mi tutor le mostré el mensaje, y aunque le costó un poco traducirlo, pudo darme el último mensaje de mi tío: «Bajo los pies del primer gigante extranjero». Agradecí a mi tutor por el mensaje aunque no entendí de qué hablaba.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">     Esa noche volví a soñar. «Esta caja guarda todo lo bueno del mundo, pero todos la quieren», fue lo que dijo el viejo tío antes de mostrarme la caja. Por supuesto recordaba la escena pero, esta vez, fue diferente, no fui capaz de alejarme ni de tropezar ni de llorar. Estaba solo con esa caja y mi tío, pero sabía que no era mi tío, que era oscuridad; «¡Encuentra al primer gigante extranjero, encuéntrame, guárdame!».</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Fui de inmediato a despertar a madre aunque fuera plena noche. Creí que ella iba a reñirme por hacer algo así pero vio mi expresión horrorizada, así que fue a buscar al curandero para que me administrara una pócima para dormir; luché por evitarlo, pero me fue imposible, madre había hecho venir a criados a que me sujetaran para que el curandero cumpliera su mandado.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Dormí y soñé, dormí y pasé todo ese tiempo con la oscuridad que me rodeaba y me torturaba.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Desperté y esperé a estar tranquilo, o lo que más podía asemejarse a la tranquilidad, para hablar con madre. Me disculpé por mi comportamiento y le dije que había tenido una pesadilla. Ella parecía estar al tanto de que mis pesadillas eran recurrentes, así que tuve que decirle el motivo; mentí o no mentí, porque le dije que me obsesionaban las últimas palabras del viejo tio Gert. Ella creyó que hablaba de su mención a unos recolectores, así que dejé que así lo hiciera, habló de algo de que en su juventud el viejo Gert había trabajado en cosechas antes de hacerse a la mar; sabía que no eran esos recolectores a los que hacía referencia, pero no importaba, madre siguió hablando, parecía llevar mucho tiempo queriendo hablar de su tío y no tenía con quién hacerlo; al parecer, sus hermanas no tenían el menor interés en el viejo que le había cedido la mansión y los terrenos de la finca a madre. No es que importe ahora, pero incluso entonces sabía que el motivo era que, aunque madre fuera la más joven, había tenido descendencia a diferencia de ellas.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Pero volvamos a lo que importa, a las historias que me contó madre. Empezó a contarme los viajes de su tío como marino, de cómo pasó de ser un grumete a ser un mercader con su propia flota, y de cómo empezó a importar objetos del extranjero, entre ellos árboles de Ma. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No sabía de la existencia de dichos árboles, así que quise que madre me los enseñara. Tuvimos que recorrer un buen trozo de la finca para hallar un bosquecillo al sudeste de la casa en el que estaban esos árboles; ébano de Ma. Ahí estaba la caja, aunque estaba claro que madre desconocía cuál fue el primero de esos árboles en ser plantado.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Pasé varias noches cavando aquí y allá, sin hallar nada; al menos los sueños se fueron. Lo peor empezó cuando quedaban pocos árboles en los que buscar, pues empecé a verme acosado por sombras y bultos que me observaban en la lejanía y que a veces desaparecían ante mis ojos; empezaba a preguntarme si no estaba sufriendo yo también las fiebres de oriente.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Al séptimo día hallé la caja. No, al séptimo día la caja me halló a mí, esa era la forma correcta de decirlo, porque cuando estuve cerca me llamó y me guió hasta ella.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Verla otra vez fue extraño, porque no sentí horror, sentí un profundo alivio. Sentí paz, una paz que duró poco cuando vi como unos sombríos sabuesos se acercaban trotando o tal vez flotando, era difícil asegurarlo en la penumbra de la noche. Escuché sus gruñidos y gañidos, hasta que me abracé a la caja y entonces pararon quietos. Poco a poco se fueron desvaneciendo y mi vista se fue acostumbrando a la noche, al punto de que a lo lejos pude ver una figura humana que me observaba; dicha figura simplemente se dio la vuelta y se marchó.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Ahora mis noches eran tranquilas, me sentía protegido teniendo la caja en mi poder; pero mis días… ¡ah, mis días! ¿Cómo podía mi viejo tío haber vivido así tanto tiempo? En cada rincón de mi hogar me sentía observado; cuando me dirigía a la ciudad, cada desconocido que me miraba parecía querer arrebatarme la caja; cuando hablaba con alguien escuchaba una especie de eco, como una segunda voz por debajo de la de mi interlocutor que me exigía que devolviera la caja.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Eso fue así hasta que me enamoré; la conocí en uno de mis viajes comerciales al extranjero. Empecé a hacerlos con unos dieciséis o diecisiete, porque madre ya no tenía buena salud para hacerlos y no confiaba en nadie más, y fue esto lo que evitó que acabara en la corte real; muchas veces me he preguntado si eso fue una bendición o una maldición.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Entonces llevaría yo algo más de un año desde que empecé a hacer estos viajes. Aun habiendo hecho varios en el país y unos pocos en el extranjero (incluso ya había hecho uno a Ma), seguía con esa sensación desagradable en la que no me sentía capaz de confiar en nada ni en nadie. «Todos la quieren» fueron las palabras del tío Gert y al fin era capaz de comprenderle. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Ella era diferente, su presencia me causó paz, una paz que sólo he sentido con aquella caja que guardaba con tesón; era una joven lavandera de aspecto sucio y cuya belleza era propia de la villanía que estaba más preocupada en la supervivencia que en la estética. Aún así, me cautivó y quise conocerla. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    No tardó en venir a vivir a mi hogar y que nos prometiéramos. Me preguntó si acaso no pensaba entregarle una dote, y le dije que no era necesario, que todo lo mío sería suyo en cuanto estuviéramos desposados, porque era la luz de mi vida.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En algo menos de un año nos desposamos y esa primera noche ella volvió a recordarme mis palabras: «Todo lo tuyo es mío ahora, ¿no es así?» fueron sus palabras antes de sujetar suavemente mi rostro. «Así es, luz de mi vida» respondí yo. «Entonces entrégame la caja». Me quedé sin habla, nadie debía conocer la existencia de la caja, nadie mortal al menos.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    «Hiciste una promesa, ahora debes cumplirla» exigió mi amada esposa, pero aunque me asustó su actitud y su conocimiento de la caja, no hizo ademán de retenerme cuando salí del cuarto. El pasillo parecía más iluminado de lo que debería para esas horas y, cuanto más me alejaba de allí, más brillante parecían ser las luces; me desorientaban y olvidaba dónde estaba yendo; al llegar a la escalinata, caí rodando por ellas. A sus pies me esperaba mi amada esposa.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    «¿Por qué rehuyes de tu amada esposa? ¿Por qué no pagas la dote que prometiste a la luz de tu vida?». Yo sólo me cubría de esa luz que quería adentrarse en mi ser y robarme la localización de la caja que protegía. «Mírame» me dijo, «mírame» repitió y esta vez la miré; no me sentía atacado por la luz, a decir verdad estaba incluso ligeramente oscuro y eso me agradaba. Ella me miraba serena, pero noté que estaba furiosa, las últimas palabras que me dirigió así lo dejaron claro: «Si quieres alejarte de la luz de tu vida, yo haré que te alejes para siempre».</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Lo último que vería es como el que había sido el amor de mi vida empezaba a titilar y se convertía en una silueta brillante, mucho más brillante de lo que nunca hubiera visto, luz pura que, aun con los ojos cerrados, seguía viendo. Grité para que parara, grité y grité hasta que los criados vinieron a socorrerme. Mi esposa ya no estaba; tampoco mi vista.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    De todo esto ha pasado toda una vida, no volví a ver a los que venían tras la caja pero siempre supe que seguían ahí, vigilando, esperando que volviera a acercarme a ella. Jamás lo hice, la tenía a buen recaudo y mucho mejor resguardada de lo que la dejara el viejo Gert. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Pero ya soy viejo y ellos lo saben, por eso te la lego a ti, pronto de esta casa no quedarán ni los cimientos, pero para entonces Ot ya te habrá llevado a ti y a tus padres lejos. Allí donde os lleve tendrás las directrices para saber el lugar donde oculto la caja, conócela y luego escóndela en otro lugar más seguro aún. Y cuando conozcas una moza que hinche tu pecho... ¡Mátala! No te dejes engañar como hice yo, no pagues con tu vista los errores de amar la luz.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    ¡Ahora márchate!, pero antes apaga esa luz, no puedo verla pero la noto, y quiero estar en paz en la oscuridad, porque ya acechan los recolectores.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">He perdido ya la cuenta de los días que lleva la lluvia arreciando. Los riachuelos se han convertido ya en torrentes que arrasan todo a su paso. El viento hace su parte y arranca de cuajo árboles y destruye edificios. Pronto estaré muerto, pero todavía guardo la caja.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    La vieja caja de ébano llegó a mí en herencia de un tío de mi madre, Gert, mercader que la consiguió en las lejanas tierras de Ma. La familia le tomaba por un loco, «las fiebres de oriente», decían; yo escuchaba sus hazañas cuando era un muchachito y me estremecía de los horrores que narraba sobre los extranjeros que encontró en sus viajes y los ritos que practicaban.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Algunos adoraban a dioses de los que jamás había oído hablar, pero otros lo hacían a las mismas deidades que guardaban nuestro hogar, pero de una manera repulsiva: pagando en sangre y espíritu los dones de los dioses. Y no tendría yo más que unos seis años cuando me habló por primera vez de la caja.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    «Esta caja guarda todo lo bueno del mundo, pero todos la quieren», fue lo primero que dijo antes de enseñármela. Para un muchachito como era yo en ese momento, parecía enorme y hubo algo en su interior que me causó un rechazo inmediato; quise alejarme y tropecé, empecé a llorar a mares y entonces madre se acercó a ver qué ocurría. Ese día fue también la primera vez que hablaron de la locura del viejo tío.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Madre y tías me aseguraron que no pasaba nada, que el viejo tío no quería asustarme, pero él no me asustó; fue la caja. De ébano lacado, dando la impresión de que lo que la rodeaba era más oscuro que el resto del ambiente; glifos grabados que era incapaz de comprender, mas me hablaban directamente a lo más profundo de mi ser, de los horrores que allí se guardaban y que jamás debían ser liberados; ¿y qué decir de la forma?, no tenía ninguna cerradura, a decir verdad, no tenía nada que dijera que estaba realmente ante una caja y no ante un bloque de madera tallado. Pero era una caja, lo supe en cuanto la vi, porque me habló de la oscuridad que contenía en su interior.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    No volví a ver la caja en años. Evité al viejo Gert siempre que me era posible, y, las pocas veces que no lo fue, la existencia de la caja no era mencionada; él me hablaba de sus viejos viajes, pero con un aire melancólico, anhelando algo más. Lo cierto es que desde aquel encuentro que tuve con la caja, la salud del viejo tío se resintió y parecía envejecer de manera sobrenatural, como afligido por una maldición; creo que cuando yo era un infante, él era un hombre fuerte, ahora ya es difícil recordarlo, pero lo que sí recuerdo es lo decrépito que fue en sus últimos años de vida.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Esos últimos años no tardaron en llegar, tendría yo unos diez u once, cuando un día, nada más despertar, madre me dijo que al viejo tío le quedaba poco tiempo de vida; supe que volvería a ver la caja cuando él muriera como la certeza que tenía uno con volver a ver la luz del día al caer la noche. Después dijo que él quería despedirse de mí, y aunque quise implorarle que no, ya no era un niño; no podía portarme como tal. Por tanto, me dirigí en silencio al cuarto del viejo, detrás de mí escuchaba la conversación de las mujeres pero era un murmullo que me llegaba como un eco lejano, y ni siquiera me había alejado todavía del gran salón. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Al alcanzar la gran escalinata un sudor frío empezó a humedecer mi frente, empecé a respirar con dificultad y me quedé ahí quieto durante lo que me pareció una eternidad. Durante esa eternidad algo me agarró el hombro y di un sobresalto; se trataba del joven Ot, un mozo que ayudaba a los criados de la mansión. El grito que di alertó a mis familiares, que se acercaron a ver qué ocurría.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Creyeron que algo me había hecho ese mozo y por tanto fue castigado duramente; quise decirles que se equivocaban, pero sólo pude abrir la boca y soltar bocanadas de aire mientras copiosas lágrimas recorrían mi rostro. Por supuesto, cuando heredé esta casa recompensé al joven Ot por el castigo que recibió por mi culpa; aunque creo que nunca me culpó porque vio el horror en mi rostro e incluso él se sintió espantado. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Madre me acompañó al cuarto del viejo tío y esperó en el umbral mientras yo me acercaba, como impulsado por una fuerza mayor. Entonces creía que era la caja, ahora sé que eran ellos, de los que me habló el viejo tío al presentarme la caja, los que hoy arrasan nuestro hogar buscando la caja.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">«Acércate, hijo», me dijo Gert desde su lecho, aunque estaba ya muy cerca; lo hice, no por mí, sino por ese impulso superior. Agarró mi mano y me miró o lo que se asemejaba a una mirada dentro de esa vista perdida en algún punto del pasado. En mi mano dejó un trozo de pergamino mientras murmuraba: «Ahí vas a encontrarla, búscala, cuídala, no dejes que la tengan». Me quedé quieto y en silencio, como así hizo él. No sabía si madre seguía ahí o no porque no me atrevía a mirar atrás; temía que no fuera ella quien estuviera acechando en el umbral.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Mis temores se vieron alimentados cuando, en un ataque de locura, gritó el viejo «¡Los recolectores! ¡Los recolectores!», señalando a un rincón del cuarto que se hallaba iluminado por la débil luz del alba que entraba por los ventanales. Su otra mano se había convertido en una garra que aferraba la mía con una fuerza que no podía tener alguien en su condición. Golpeé su mano para intentar separarme y fui incapaz, como incapaz fue madre, que vino a rescatarme. Nuestros gritos de auxilio hicieron que algunos trabajadores de la finca vinieran a ayudar; fueron necesarios cuatro hombres fuertes para hacer que el viejo Gert me soltara.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    </span></span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">Mi mano estaba dolorida y agarrotada, no me sentía capaz de abrirla. El curandero, que fue avisado para dar una pócima para hacer dormir al viejo tío, la observó con atención, mas no vio en ella nada fuera de lo común así pues consideró que simplemente estaba así por la impresión. Tomé una pócima relajante y me fui al jardín a tomar el aire.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Al salir a la luz del día fui capaz de abrir la mano, ahí estaba el pergamino arrugado. No entendí los glifos que allí estaban escritos pero los reconocí, eran los mismos que habían en la caja; aquí no había una voz que me hablara directamente descifrándome el significado de este texto, así que ahí me quedé, hasta que el sol estuvo alto en el cielo y madre vino a buscarme para decirme que el viejo tío había muerto. Ese día pensé que me había equivocado y que no volvería a ver la caja; durante años ese alivio evitó que pensara en ella, hasta que empecé a soñar con la oscuridad.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    «Acércate, hijo», me dijo Gert desde su lecho, aunque estaba ya muy cerca. No, no era Gert, recordaba esa escena de haberla vivido pero había algo diferente; no me acerqué. «Acércate, hijo», insistió ese ser que fingía ser mi viejo tío; seguí sin acercarme. «¡Ven!», la orden fue superior a mí o a cualquier elemento lógico, porque aparecí a su lado y mi manita infantil volvió a ser presa de una férrea mano, pero ya no escondía su aspecto y se trataba de oscuridad pura; cuando levanté el rostro, lo que vi era un rostro informe hecho de tinieblas, como si hubiera una oscuridad más sombría que otra que le daba algo de semejanza a un rostro humano pero sin ser capaz de imitarlo.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Desperté empapado en sudor, me había orinado encima y no fui capaz de volver a dormir esa noche. No sería el último sueño que tuve, y cada vez eran más frecuentes, empezando como una escena cotidiana de mi vida que era depravada por esa oscuridad que me llamaba y me exigía buscarla. Naturalmente acabé obsesionándome por descifrar ese mensaje que me dejó el viejo tío, de otro modo acabaría enloqueciendo por los sueños.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    En esos años madre me impuso un tutor para aprender diplomacia, quería que me uniera a la corte real para que hiciera alianzas con los nobles del reino, cosa que nunca llegué a hacer. Mi tutor decía ser un mago aunque no dio muestras de ninguna clase de poder; en otras circunstancias habría hablado con madre para que echara a patadas a ese impostor de nuestra finca, sin embargo después de todo lo vivido estaba mucho más abierto a creer.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Hice bien, porque cuando ya tuve la confianza suficiente con mi tutor le mostré el mensaje, y aunque le costó un poco traducirlo, pudo darme el último mensaje de mi tío: «Bajo los pies del primer gigante extranjero». Agradecí a mi tutor por el mensaje aunque no entendí de qué hablaba.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">     Esa noche volví a soñar. «Esta caja guarda todo lo bueno del mundo, pero todos la quieren», fue lo que dijo el viejo tío antes de mostrarme la caja. Por supuesto recordaba la escena pero, esta vez, fue diferente, no fui capaz de alejarme ni de tropezar ni de llorar. Estaba solo con esa caja y mi tío, pero sabía que no era mi tío, que era oscuridad; «¡Encuentra al primer gigante extranjero, encuéntrame, guárdame!».</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Fui de inmediato a despertar a madre aunque fuera plena noche. Creí que ella iba a reñirme por hacer algo así pero vio mi expresión horrorizada, así que fue a buscar al curandero para que me administrara una pócima para dormir; luché por evitarlo, pero me fue imposible, madre había hecho venir a criados a que me sujetaran para que el curandero cumpliera su mandado.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Dormí y soñé, dormí y pasé todo ese tiempo con la oscuridad que me rodeaba y me torturaba.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Desperté y esperé a estar tranquilo, o lo que más podía asemejarse a la tranquilidad, para hablar con madre. Me disculpé por mi comportamiento y le dije que había tenido una pesadilla. Ella parecía estar al tanto de que mis pesadillas eran recurrentes, así que tuve que decirle el motivo; mentí o no mentí, porque le dije que me obsesionaban las últimas palabras del viejo tio Gert. Ella creyó que hablaba de su mención a unos recolectores, así que dejé que así lo hiciera, habló de algo de que en su juventud el viejo Gert había trabajado en cosechas antes de hacerse a la mar; sabía que no eran esos recolectores a los que hacía referencia, pero no importaba, madre siguió hablando, parecía llevar mucho tiempo queriendo hablar de su tío y no tenía con quién hacerlo; al parecer, sus hermanas no tenían el menor interés en el viejo que le había cedido la mansión y los terrenos de la finca a madre. No es que importe ahora, pero incluso entonces sabía que el motivo era que, aunque madre fuera la más joven, había tenido descendencia a diferencia de ellas.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Pero volvamos a lo que importa, a las historias que me contó madre. Empezó a contarme los viajes de su tío como marino, de cómo pasó de ser un grumete a ser un mercader con su propia flota, y de cómo empezó a importar objetos del extranjero, entre ellos árboles de Ma. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">No sabía de la existencia de dichos árboles, así que quise que madre me los enseñara. Tuvimos que recorrer un buen trozo de la finca para hallar un bosquecillo al sudeste de la casa en el que estaban esos árboles; ébano de Ma. Ahí estaba la caja, aunque estaba claro que madre desconocía cuál fue el primero de esos árboles en ser plantado.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Pasé varias noches cavando aquí y allá, sin hallar nada; al menos los sueños se fueron. Lo peor empezó cuando quedaban pocos árboles en los que buscar, pues empecé a verme acosado por sombras y bultos que me observaban en la lejanía y que a veces desaparecían ante mis ojos; empezaba a preguntarme si no estaba sufriendo yo también las fiebres de oriente.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Al séptimo día hallé la caja. No, al séptimo día la caja me halló a mí, esa era la forma correcta de decirlo, porque cuando estuve cerca me llamó y me guió hasta ella.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Verla otra vez fue extraño, porque no sentí horror, sentí un profundo alivio. Sentí paz, una paz que duró poco cuando vi como unos sombríos sabuesos se acercaban trotando o tal vez flotando, era difícil asegurarlo en la penumbra de la noche. Escuché sus gruñidos y gañidos, hasta que me abracé a la caja y entonces pararon quietos. Poco a poco se fueron desvaneciendo y mi vista se fue acostumbrando a la noche, al punto de que a lo lejos pude ver una figura humana que me observaba; dicha figura simplemente se dio la vuelta y se marchó.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Ahora mis noches eran tranquilas, me sentía protegido teniendo la caja en mi poder; pero mis días… ¡ah, mis días! ¿Cómo podía mi viejo tío haber vivido así tanto tiempo? En cada rincón de mi hogar me sentía observado; cuando me dirigía a la ciudad, cada desconocido que me miraba parecía querer arrebatarme la caja; cuando hablaba con alguien escuchaba una especie de eco, como una segunda voz por debajo de la de mi interlocutor que me exigía que devolviera la caja.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Eso fue así hasta que me enamoré; la conocí en uno de mis viajes comerciales al extranjero. Empecé a hacerlos con unos dieciséis o diecisiete, porque madre ya no tenía buena salud para hacerlos y no confiaba en nadie más, y fue esto lo que evitó que acabara en la corte real; muchas veces me he preguntado si eso fue una bendición o una maldición.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Entonces llevaría yo algo más de un año desde que empecé a hacer estos viajes. Aun habiendo hecho varios en el país y unos pocos en el extranjero (incluso ya había hecho uno a Ma), seguía con esa sensación desagradable en la que no me sentía capaz de confiar en nada ni en nadie. «Todos la quieren» fueron las palabras del tío Gert y al fin era capaz de comprenderle. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Ella era diferente, su presencia me causó paz, una paz que sólo he sentido con aquella caja que guardaba con tesón; era una joven lavandera de aspecto sucio y cuya belleza era propia de la villanía que estaba más preocupada en la supervivencia que en la estética. Aún así, me cautivó y quise conocerla. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    No tardó en venir a vivir a mi hogar y que nos prometiéramos. Me preguntó si acaso no pensaba entregarle una dote, y le dije que no era necesario, que todo lo mío sería suyo en cuanto estuviéramos desposados, porque era la luz de mi vida.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">En algo menos de un año nos desposamos y esa primera noche ella volvió a recordarme mis palabras: «Todo lo tuyo es mío ahora, ¿no es así?» fueron sus palabras antes de sujetar suavemente mi rostro. «Así es, luz de mi vida» respondí yo. «Entonces entrégame la caja». Me quedé sin habla, nadie debía conocer la existencia de la caja, nadie mortal al menos.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    «Hiciste una promesa, ahora debes cumplirla» exigió mi amada esposa, pero aunque me asustó su actitud y su conocimiento de la caja, no hizo ademán de retenerme cuando salí del cuarto. El pasillo parecía más iluminado de lo que debería para esas horas y, cuanto más me alejaba de allí, más brillante parecían ser las luces; me desorientaban y olvidaba dónde estaba yendo; al llegar a la escalinata, caí rodando por ellas. A sus pies me esperaba mi amada esposa.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    «¿Por qué rehuyes de tu amada esposa? ¿Por qué no pagas la dote que prometiste a la luz de tu vida?». Yo sólo me cubría de esa luz que quería adentrarse en mi ser y robarme la localización de la caja que protegía. «Mírame» me dijo, «mírame» repitió y esta vez la miré; no me sentía atacado por la luz, a decir verdad estaba incluso ligeramente oscuro y eso me agradaba. Ella me miraba serena, pero noté que estaba furiosa, las últimas palabras que me dirigió así lo dejaron claro: «Si quieres alejarte de la luz de tu vida, yo haré que te alejes para siempre».</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Lo último que vería es como el que había sido el amor de mi vida empezaba a titilar y se convertía en una silueta brillante, mucho más brillante de lo que nunca hubiera visto, luz pura que, aun con los ojos cerrados, seguía viendo. Grité para que parara, grité y grité hasta que los criados vinieron a socorrerme. Mi esposa ya no estaba; tampoco mi vista.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    De todo esto ha pasado toda una vida, no volví a ver a los que venían tras la caja pero siempre supe que seguían ahí, vigilando, esperando que volviera a acercarme a ella. Jamás lo hice, la tenía a buen recaudo y mucho mejor resguardada de lo que la dejara el viejo Gert. </span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    Pero ya soy viejo y ellos lo saben, por eso te la lego a ti, pronto de esta casa no quedarán ni los cimientos, pero para entonces Ot ya te habrá llevado a ti y a tus padres lejos. Allí donde os lleve tendrás las directrices para saber el lugar donde oculto la caja, conócela y luego escóndela en otro lugar más seguro aún. Y cuando conozcas una moza que hinche tu pecho... ¡Mátala! No te dejes engañar como hice yo, no pagues con tu vista los errores de amar la luz.</span></span></span><br />
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font">    ¡Ahora márchate!, pero antes apaga esa luz, no puedo verla pero la noto, y quiero estar en paz en la oscuridad, porque ya acechan los recolectores.</span></span></span>]]></content:encoded>
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