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		<title><![CDATA[Archivo de Fantasitura - Tu comunidad de literatura fantástica y afines - Fan Fiction]]></title>
		<link>http://clasico.fantasitura.com/</link>
		<description><![CDATA[Archivo de Fantasitura - Tu comunidad de literatura fantástica y afines - http://clasico.fantasitura.com]]></description>
		<pubDate>Wed, 15 Apr 2026 18:44:07 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[[Fanfic] Guild wars 2]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3128</link>
			<pubDate>Mon, 05 Jul 2021 08:09:02 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1109">Targos_XYZ</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3128</guid>
			<description><![CDATA[Mi novia esta escribiendo este fanfic, basado en el universo de guild wars (juego online mmo), a ver q os parece. <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/smile.png" alt="Smile" title="Smile" class="smilie smilie_1" /><br />
<br />
<a href="https://www.wattpad.com/list/1105395758" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Ashuriel y Fergariel</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Mi novia esta escribiendo este fanfic, basado en el universo de guild wars (juego online mmo), a ver q os parece. <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/smile.png" alt="Smile" title="Smile" class="smilie smilie_1" /><br />
<br />
<a href="https://www.wattpad.com/list/1105395758" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Ashuriel y Fergariel</a>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fanfiction] El Cabezón de Atacama (un críptido chileno)]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3071</link>
			<pubDate>Sun, 18 Apr 2021 14:32:18 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1088">Haradrim3.0</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=3071</guid>
			<description><![CDATA[Este es un cuento situado en el universo de la <a href="http://lafundacionscp.wikidot.com/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Fundación SCP</a>, sin embargo no es necesario conocer nada de ese universo para entender y disfrutar el cuento, o eso espero yo.<br />
<br />
(Se supone que es un foro de Internet)<br />
<br />
<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vacunenasushijoscarajo 21/10/18 (Lu) 10:22:32 #92638333</span><br />
<br />
Chile no es un país que se caracterice por sus críptidos, claro, tenemos criaturas como el Trauco, el Piuchen, el invunche, el Colo Colo (no, no el equipo de futbol, <a href="https://ciudadseva.com/texto/el-colocolo/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este Colo Colo</a>) etc., pero son criaturas mitológicas, y aunque los críptidos son mitología moderna, no contamos con criaturas cuya existencia sea posible de acuerdo con las actuales leyes físicas, biológicas o paleontológicas, incluso doblándolas un poco. Criaturas como Pie Grande, el Skunk Ape, el Nahuelito, el Molnkèle-mbèmbé, la criatura U-28 y similares.<br />
<br />
Con una excepción, del que les hablare pronto.</blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Homeopatiaesunfraude 21/10/18 (Lu) 13:22:10 #92645768</span></blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite>¿Y el chupacabras? ¿Acaso ese no es un críptido?</blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Piuchén 21/10/18 (Lu) 22:33:09 #92634654</span><br />
<br />
El chupacabras, si bien ha hecho apariciones en Chile –curiosamente siempre asociadas a bandas de perros asilvestrados- no es un críptido exclusivamente chileno, sino internacional, con apariciones en Costa Rica, Puerto Rico, Argentina, Colombia, etc. incluso en estados de usa donde hay muchos latinos… es más bien latinoamericano.<br />
<br />
También ha hecho apariciones en España, que es un país europeo, pero donde se habla español (lógicamente, ellos lo inventaron)</blockquote>
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Terraplanista 21/10/18 (Lu) 23:02:11 #92642434</span><br />
<br />
No tan latinoamericano, últimamente lo han visto hasta en Rusia.</blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
PicuncheSureño 22/10/18 (Mar) 00:01:07 #92646575<br />
</span><br />
En Rusia siempre pasan cosas raras.</blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Vacunenasushijoscarajo 22/10/18 (Mar) 09:45:09 #92635477</span><br />
<br />
Como les decía, hoy quiero hablarles de cierto ente que ha hecho su aparición en Chile, más específicamente en su zona norte, una… criatura o entidad con una rara compulsión por estrellar su cabeza con los parabrisas y las cabinas de autos y camiones: El Rompetechos, también conocido como El Cabezón de Atacama.<br />
<br />
No, no tengo idea de quien le puso tal nombre.<br />
<br />
Un poco de contexto, este ser ha hecho sus apariciones en la zona norte, regiones de Tarapacá, Atacama y Antofagasta, una zona desértica o semi desértica, las ciudades grandes como Iquique o Antofagasta están en la costa, para el interior hay pequeños pueblos dedicados a la agricultura, algunos de ellos con siglos de antigüedad, prehispánicos, y también campamentos mineros. Largos trechos de carretera donde la gente que los recorre a menudo, generalmente camioneros, con frecuencia ven cosas extrañas. Ovnis, alienígenas a orillas del camino, veloces y escurridizos animales similares a velociraptores –aunque en este caso posiblemente eran avestruces escapadas de un criadero- etc., etc.<br />
<br />
Imagínense en la siguiente situación: Ustedes conducen un camión de transporte, de noche, por el desierto chileno. No importa que lleven, pueden ser minerales, pueden ser frutas y verduras de algún pueblo agrícola a las ciudades de la costa, puede ser cualquier cosa. Y sienten deseos de orinar. No quieren hacerlo en una botella, y el pueblo -y baño- más cercano esta a una hora de viaje, así que solo tienen una opción. Detienen el camión a la orilla del camino, se bajan, y se ocupan de sus propios problemas.<br />
<br />
Tal vez miren hacia el cielo, y vean la Vía Láctea en todo su esplendor (los cielos del norte de Chile se encuentran entre los más transparentes del mundo, por eso el telescopio ALMA se encuentra aquí), tal vez miren a su alrededor y solo vean oscuridad, tal vez no hay luna ni estrellas y mas allá de las luces del vehículo todo sea un velo negro. Quizás ya terminaron, y se encuentran sacudiendo sus asuntos para después arreglarse y volver a conducir, pero entonces notan algo, algo que se mueve más allá del borde de la zona iluminada.<br />
<br />
Piensan que es un animal, pero no hay muchos en el desierto ¿Un zorro tal vez? Quizás un perro asilvestrado, o tal vez un guanaco, pero eso son más comunes a mayor altura, en la precordillera. Miras con atención, es raro encontrar algo vivo en pleno desierto. No te sientes inquieto o asustado, solo curioso, pero entonces aquello que se mueve se acerca. Y no es lo que esperabas.<br />
<br />
Sales corriendo, con suerte con los pantalones abrochados, subes al camión, lo pones en marcha y este comienza a moverse de manera demasiado lenta para tu gusto. Y algo salta encima de la cabina, no lo puedes ver pero si oír, se mueve pesadamente arriba, y empiezan los golpes, tump, tump, tump… Imagínense que así suena cuando golpean algo pesado en el techo de la cabina de un camión.<br />
<br />
Eso continua por un kilómetro o dos, ruegas porque pase cualquier cosa, cruzarte con otro vehículo, llegar a un pueblo, a una zona iluminada, lo que sea. Eso sigue allá arriba, golpeando sordamente contra el techo, pasa el tiempo suficiente como para que, en medio del pánico, te des cuenta que no suena como si golpearan con el puño, o con un objeto solido cualquiera, está golpeando con algo grande, y tal vez sea el miedo, pero te parece escuchar pequeños crujidos con cada golpe.<br />
<br />
Finalmente la… criatura asoma su rostro a través del parabrisas, y lo ves de frente, su rostro, volteado.<br />
<br />
Y frenas.<br />
<br />
Y la criatura es arrojada muchos metros adelante, por la inercia. Y aceleras, las luces delanteras lo iluminan mientras intenta ponerse de pie, y le pasas por encima.<br />
<br />
O tal vez no, porque no escuchas ningún crujido, ningún golpe, nada que indique que realmente lo has atropellado. Pero no te detienes a comprobarlo, aceleras y no te detienes hasta que encuentras luz eléctrica, otras personas, civilización. Y una vez que estas más calmado cuentas tu historia, sin importarte si te creen o no, o si te consideran loco.<br />
<br />
Esto le ocurrió a un camionero sin nombre en julio –o agosto según otras fuentes- de 1984, la noticia apareció en algunos diarios locales del norte e incluso en un par de periódicos de circulación nacional, y es la primera noticia que se tiene del llamado Cabezón de Atacama.<br />
<br />
Turistas, camioneros, gente que por a, b, c motivos transitaba por el desierto de noche, incluso, aparentemente, un par de carabineros. Todos han sido testigos de sus apariciones, una familia de turistas bolivianos lo tuvo por casi 10 minutos encima de su camioneta, golpeando insistentemente, ellos más tarde mostraron fotos de las abolladuras. Un bus con peregrinos que iban a la fiesta religiosa de La Tirana fue perseguido por casi media hora, a pesar de que el bus iba a más de 70 kilómetros por hora.<br />
<br />
Las descripciones varían de testimonio a testimonio, a veces es de tamaño humano, desnudo y con brazos extremadamente largos, otras veces es pequeño, achaparrado y peludo, como un mono. A veces tiene orejas puntiagudas, a veces no, pero en todos los casos su cabeza es desproporcionadamente grande, además de su compulsión por atacar parabrisas y techos de vehículos.<br />
<br />
A pesar de ser tan poco conocido, en youtube uno puede encontrar un par de vídeos sobre el Cabezón, pero son falsos, me refiero a que uno de ellos originalmente fue presentado como el vídeo de un “duende” en Argentina –se nota demasiado el CGI- y el otro como un alíen o un demonio –o ambos- hallado en Tennessee o Arizona, uno de esos estados de Usa.<br />
<br />
El año pasado hubo una serie de incidentes en Quebrada Blanca, un campamento minero situado a 4500 metros de altura, en plena cordillera de los Andes. Varios vehículos fueron dañados, abolladuras en los techos y parabrisas trizados. Hubo una investigación, despidieron a tres personas, tal vez culpables, tal vez inocentes, no lo sé, pero el cabezón de Atacama hizo su aparición.<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Fue tarde por la noche, no, mejor dicho fue muy temprano por la mañana, eran como las cinco de la madrugada y habíamos terminado el turno, solo queríamos desayunar para después bañarnos y acostarnos en la camita. Íbamos al casino y estábamos como a diez metros de la puerta cuando vimos algo a un costado del edificio. Una sombra, mejor dicho una figura, estaba al costado de un generador, en la sombra y estaba agachada. Luego se levanto y corrió unos diez metros a la luz de la Luna y de las luces eléctricas, hasta que dobló la esquina del casino y no lo vimos mas.”<br />
<br />
“Es difícil de explicar, pero no se movía como una persona, y no parecía una persona. Estaba desnudo, muy flaco, casi esquelético y tenía los brazos muy largos, le colgaban más abajo de las rodillas… Mis compañeros y yo nos miramos y sin hablar todos nos preguntamos con la mirada si habíamos visto lo mismo. Entramos al casino y no salimos hasta que había amanecido por completo.”</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Testimonio de un minero de Quebrada Blanca.</span></blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Vacunenasushijoscarajo 22/10/18 (Mar) 09:55:39 #92635477</span><br />
<br />
Hace tiempo que pensaba escribir sobre el Cabezón de Atacama, pero finalmente me decidí por algo que descubrí hace poco. Me encontraba en el Museo Regional de Iquique, investigando algo no relacionado, cuando, viendo viejos periódicos, me encontré con una noticia de Agosto de 1972, en La Estrella de Iquique. Yo conocía esta historia, me la contó un profesor hace más de veinte años, cuando ocasionalmente la recordaba pensaba que era una simple leyenda urbana, pero no fue así.<br />
<br />
Una pareja de recién casados, E.D.L y N.N.B., marido y mujer, viajaban de Iquique a Antofagasta después de la luna de miel. Iquique era una ciudad mucho más chica entonces, así que me imagino que el periódico no quiso dar más datos para proteger la privacidad de las familias.<br />
<br />
Como decía, la pareja viajaba sola por la carretera, siendo más de las 10 pm. Un largo, largo camino solitario sin luz alguna salvo por los focos del auto y las estrellas y la Luna allá arriba –estoy suponiendo que era una noche sin nubes- y de pronto el vehículo se detiene, queda en panne (Para los no chilenohablantes: el auto se detuvo por una avería u otra causa.), tal vez falta de combustible, lo cual es algo humillante, tal vez otra razón, tal vez es un problema del motor o se cortó la correa de distribución.<br />
<br />
El novio piensa que no hay más remedio que caminar hacia un pequeño pueblo que dejaron atrás, o que esta unos pocos kilómetros más adelante, el diario no lo especifica. Sin embargo no quiere arriesgar a su joven esposa en una caminata por el desierto en plena noche, de modo que la deja allí, en la seguridad de un automóvil cerrado y con las ventanillas bien arriba. Se despide, me imagino que con un beso, y él le asegura que lo solucionara todo, siendo que él es El Hombre en la relación.<br />
<br />
Y partió.<br />
<br />
Solo podemos imaginar lo que sintió esa joven esposa el tiempo en que permaneció sola, rodeada de desierto y oscuridad, en medio de un círculo de luz y seguridad establecido por los límites del vehículo. Tal vez escuchó la radio, la música que era popular en aquel año. ¿Los Jaivas? ¿Angel Parra? ¿Algo de la Nueva Ola? Tal vez Los Beatles, aunque creo que ya se habían separado por aquella fecha.<br />
<br />
Vamos a suponer que no vio nada al principio, que no noto a nadie o nada acercándose al vehículo desde las sombras. Vamos a suponer que de pronto oyó algo encima de su vehículo, algo que ella no supo identificar en un principio, solo que se movía torpemente sobre el techo, y que luego comenzó a golpearlo. TUMP, TUMP, TUMP, así, repetidamente, alguien o algo golpeaba algo grande y fofo en el techo, unos centímetro arriba tuyo, algo que no puedes ver, pero tampoco puedes ignorar, algo que te ha dejado paralizado. No es la sensación del hielo que llena tu estomago y luego sube por tu pecho, es el frenético y doloroso latir de tu corazón lo que sientes, oyes tus latidos tan fuertes y retumbantes como pisadas de elefante.<br />
<br />
Esto se prolonga por un tiempo, tal vez minutos, tal vez media hora, tal vez se prolonga el tiempo suficiente como para que tu también desees golpearte la cabeza hasta rompértela y huir gritando.<br />
<br />
Y de pronto la salvación: 2 luces a lo lejos, los focos de un auto que se acerca. Tu corazón se alivia, tal vez grites pidiendo auxilio, ruegas en tu interior para que no pasen de largo. Entonces el automóvil se detiene a cierta distancia y sus ocupantes bajan.<br />
<br />
Reconoces la silueta de uno de ellos, es tu esposo, nunca la confundirías con la de alguien más, y hay otras dos personas junto a él, buenos samaritanos que el halló. Pero no hacen nada, permanecen parados allí, dudan, hablan entre ellos, y los golpes siguen y siguen y el techo se va combando más y más sobre ti…<br />
<br />
De pronto, como un caballero andante de los cuentos de hadas, tu esposo corre hacia ti, abre la puerta del auto –o te grita para que tú se la abras- y te toma del brazo y te arrastra consigo, pero no sin antes advertirte:<br />
<br />
“No mires atrás, no importa lo que pase, no mires atrás”<br />
<br />
Y corren, y están cerca de los dos samaritanos y su vehículo, pero como la mujer de Lot, no puedes resistir la tentación y miras atrás. O tal vez no fue culpa tuya, quizás tropezaron y cayeron, y al levantarte accidentalmente viste lo que no debía ser visto.<br />
<br />
Hay un hombre sobre el auto, sucio y harapiento, y con el rostro destrozado, una máscara carmesí por la sangre. El ha sido quien ha estado golpeando su cabeza contra el techo, el te ha estado aterrorizando hasta la muerte.<br />
<br />
Y gritas.<br />
<br />
Se trataba de un paciente siquiátrico internado en el manicomio de Iquique, el cual ya no existe. Se fugo tres días antes y había estado vagando por el desierto. No sé qué ocurrió con el después, pero si se que ocurrió con la mujer. Fue internada en el mismo manicomio, trastornada por la experiencia traumática. No sé si algún día logro sanar.</blockquote>
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Este es un cuento situado en el universo de la <a href="http://lafundacionscp.wikidot.com/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Fundación SCP</a>, sin embargo no es necesario conocer nada de ese universo para entender y disfrutar el cuento, o eso espero yo.<br />
<br />
(Se supone que es un foro de Internet)<br />
<br />
<br />
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Vacunenasushijoscarajo 21/10/18 (Lu) 10:22:32 #92638333</span><br />
<br />
Chile no es un país que se caracterice por sus críptidos, claro, tenemos criaturas como el Trauco, el Piuchen, el invunche, el Colo Colo (no, no el equipo de futbol, <a href="https://ciudadseva.com/texto/el-colocolo/" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">este Colo Colo</a>) etc., pero son criaturas mitológicas, y aunque los críptidos son mitología moderna, no contamos con criaturas cuya existencia sea posible de acuerdo con las actuales leyes físicas, biológicas o paleontológicas, incluso doblándolas un poco. Criaturas como Pie Grande, el Skunk Ape, el Nahuelito, el Molnkèle-mbèmbé, la criatura U-28 y similares.<br />
<br />
Con una excepción, del que les hablare pronto.</blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Homeopatiaesunfraude 21/10/18 (Lu) 13:22:10 #92645768</span></blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite>¿Y el chupacabras? ¿Acaso ese no es un críptido?</blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Piuchén 21/10/18 (Lu) 22:33:09 #92634654</span><br />
<br />
El chupacabras, si bien ha hecho apariciones en Chile –curiosamente siempre asociadas a bandas de perros asilvestrados- no es un críptido exclusivamente chileno, sino internacional, con apariciones en Costa Rica, Puerto Rico, Argentina, Colombia, etc. incluso en estados de usa donde hay muchos latinos… es más bien latinoamericano.<br />
<br />
También ha hecho apariciones en España, que es un país europeo, pero donde se habla español (lógicamente, ellos lo inventaron)</blockquote>
<br />
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Terraplanista 21/10/18 (Lu) 23:02:11 #92642434</span><br />
<br />
No tan latinoamericano, últimamente lo han visto hasta en Rusia.</blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
PicuncheSureño 22/10/18 (Mar) 00:01:07 #92646575<br />
</span><br />
En Rusia siempre pasan cosas raras.</blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Vacunenasushijoscarajo 22/10/18 (Mar) 09:45:09 #92635477</span><br />
<br />
Como les decía, hoy quiero hablarles de cierto ente que ha hecho su aparición en Chile, más específicamente en su zona norte, una… criatura o entidad con una rara compulsión por estrellar su cabeza con los parabrisas y las cabinas de autos y camiones: El Rompetechos, también conocido como El Cabezón de Atacama.<br />
<br />
No, no tengo idea de quien le puso tal nombre.<br />
<br />
Un poco de contexto, este ser ha hecho sus apariciones en la zona norte, regiones de Tarapacá, Atacama y Antofagasta, una zona desértica o semi desértica, las ciudades grandes como Iquique o Antofagasta están en la costa, para el interior hay pequeños pueblos dedicados a la agricultura, algunos de ellos con siglos de antigüedad, prehispánicos, y también campamentos mineros. Largos trechos de carretera donde la gente que los recorre a menudo, generalmente camioneros, con frecuencia ven cosas extrañas. Ovnis, alienígenas a orillas del camino, veloces y escurridizos animales similares a velociraptores –aunque en este caso posiblemente eran avestruces escapadas de un criadero- etc., etc.<br />
<br />
Imagínense en la siguiente situación: Ustedes conducen un camión de transporte, de noche, por el desierto chileno. No importa que lleven, pueden ser minerales, pueden ser frutas y verduras de algún pueblo agrícola a las ciudades de la costa, puede ser cualquier cosa. Y sienten deseos de orinar. No quieren hacerlo en una botella, y el pueblo -y baño- más cercano esta a una hora de viaje, así que solo tienen una opción. Detienen el camión a la orilla del camino, se bajan, y se ocupan de sus propios problemas.<br />
<br />
Tal vez miren hacia el cielo, y vean la Vía Láctea en todo su esplendor (los cielos del norte de Chile se encuentran entre los más transparentes del mundo, por eso el telescopio ALMA se encuentra aquí), tal vez miren a su alrededor y solo vean oscuridad, tal vez no hay luna ni estrellas y mas allá de las luces del vehículo todo sea un velo negro. Quizás ya terminaron, y se encuentran sacudiendo sus asuntos para después arreglarse y volver a conducir, pero entonces notan algo, algo que se mueve más allá del borde de la zona iluminada.<br />
<br />
Piensan que es un animal, pero no hay muchos en el desierto ¿Un zorro tal vez? Quizás un perro asilvestrado, o tal vez un guanaco, pero eso son más comunes a mayor altura, en la precordillera. Miras con atención, es raro encontrar algo vivo en pleno desierto. No te sientes inquieto o asustado, solo curioso, pero entonces aquello que se mueve se acerca. Y no es lo que esperabas.<br />
<br />
Sales corriendo, con suerte con los pantalones abrochados, subes al camión, lo pones en marcha y este comienza a moverse de manera demasiado lenta para tu gusto. Y algo salta encima de la cabina, no lo puedes ver pero si oír, se mueve pesadamente arriba, y empiezan los golpes, tump, tump, tump… Imagínense que así suena cuando golpean algo pesado en el techo de la cabina de un camión.<br />
<br />
Eso continua por un kilómetro o dos, ruegas porque pase cualquier cosa, cruzarte con otro vehículo, llegar a un pueblo, a una zona iluminada, lo que sea. Eso sigue allá arriba, golpeando sordamente contra el techo, pasa el tiempo suficiente como para que, en medio del pánico, te des cuenta que no suena como si golpearan con el puño, o con un objeto solido cualquiera, está golpeando con algo grande, y tal vez sea el miedo, pero te parece escuchar pequeños crujidos con cada golpe.<br />
<br />
Finalmente la… criatura asoma su rostro a través del parabrisas, y lo ves de frente, su rostro, volteado.<br />
<br />
Y frenas.<br />
<br />
Y la criatura es arrojada muchos metros adelante, por la inercia. Y aceleras, las luces delanteras lo iluminan mientras intenta ponerse de pie, y le pasas por encima.<br />
<br />
O tal vez no, porque no escuchas ningún crujido, ningún golpe, nada que indique que realmente lo has atropellado. Pero no te detienes a comprobarlo, aceleras y no te detienes hasta que encuentras luz eléctrica, otras personas, civilización. Y una vez que estas más calmado cuentas tu historia, sin importarte si te creen o no, o si te consideran loco.<br />
<br />
Esto le ocurrió a un camionero sin nombre en julio –o agosto según otras fuentes- de 1984, la noticia apareció en algunos diarios locales del norte e incluso en un par de periódicos de circulación nacional, y es la primera noticia que se tiene del llamado Cabezón de Atacama.<br />
<br />
Turistas, camioneros, gente que por a, b, c motivos transitaba por el desierto de noche, incluso, aparentemente, un par de carabineros. Todos han sido testigos de sus apariciones, una familia de turistas bolivianos lo tuvo por casi 10 minutos encima de su camioneta, golpeando insistentemente, ellos más tarde mostraron fotos de las abolladuras. Un bus con peregrinos que iban a la fiesta religiosa de La Tirana fue perseguido por casi media hora, a pesar de que el bus iba a más de 70 kilómetros por hora.<br />
<br />
Las descripciones varían de testimonio a testimonio, a veces es de tamaño humano, desnudo y con brazos extremadamente largos, otras veces es pequeño, achaparrado y peludo, como un mono. A veces tiene orejas puntiagudas, a veces no, pero en todos los casos su cabeza es desproporcionadamente grande, además de su compulsión por atacar parabrisas y techos de vehículos.<br />
<br />
A pesar de ser tan poco conocido, en youtube uno puede encontrar un par de vídeos sobre el Cabezón, pero son falsos, me refiero a que uno de ellos originalmente fue presentado como el vídeo de un “duende” en Argentina –se nota demasiado el CGI- y el otro como un alíen o un demonio –o ambos- hallado en Tennessee o Arizona, uno de esos estados de Usa.<br />
<br />
El año pasado hubo una serie de incidentes en Quebrada Blanca, un campamento minero situado a 4500 metros de altura, en plena cordillera de los Andes. Varios vehículos fueron dañados, abolladuras en los techos y parabrisas trizados. Hubo una investigación, despidieron a tres personas, tal vez culpables, tal vez inocentes, no lo sé, pero el cabezón de Atacama hizo su aparición.<br />
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<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">“Fue tarde por la noche, no, mejor dicho fue muy temprano por la mañana, eran como las cinco de la madrugada y habíamos terminado el turno, solo queríamos desayunar para después bañarnos y acostarnos en la camita. Íbamos al casino y estábamos como a diez metros de la puerta cuando vimos algo a un costado del edificio. Una sombra, mejor dicho una figura, estaba al costado de un generador, en la sombra y estaba agachada. Luego se levanto y corrió unos diez metros a la luz de la Luna y de las luces eléctricas, hasta que dobló la esquina del casino y no lo vimos mas.”<br />
<br />
“Es difícil de explicar, pero no se movía como una persona, y no parecía una persona. Estaba desnudo, muy flaco, casi esquelético y tenía los brazos muy largos, le colgaban más abajo de las rodillas… Mis compañeros y yo nos miramos y sin hablar todos nos preguntamos con la mirada si habíamos visto lo mismo. Entramos al casino y no salimos hasta que había amanecido por completo.”</span><br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Testimonio de un minero de Quebrada Blanca.</span></blockquote>
<blockquote class="mycode_quote"><cite>Quote:</cite><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><br />
Vacunenasushijoscarajo 22/10/18 (Mar) 09:55:39 #92635477</span><br />
<br />
Hace tiempo que pensaba escribir sobre el Cabezón de Atacama, pero finalmente me decidí por algo que descubrí hace poco. Me encontraba en el Museo Regional de Iquique, investigando algo no relacionado, cuando, viendo viejos periódicos, me encontré con una noticia de Agosto de 1972, en La Estrella de Iquique. Yo conocía esta historia, me la contó un profesor hace más de veinte años, cuando ocasionalmente la recordaba pensaba que era una simple leyenda urbana, pero no fue así.<br />
<br />
Una pareja de recién casados, E.D.L y N.N.B., marido y mujer, viajaban de Iquique a Antofagasta después de la luna de miel. Iquique era una ciudad mucho más chica entonces, así que me imagino que el periódico no quiso dar más datos para proteger la privacidad de las familias.<br />
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Como decía, la pareja viajaba sola por la carretera, siendo más de las 10 pm. Un largo, largo camino solitario sin luz alguna salvo por los focos del auto y las estrellas y la Luna allá arriba –estoy suponiendo que era una noche sin nubes- y de pronto el vehículo se detiene, queda en panne (Para los no chilenohablantes: el auto se detuvo por una avería u otra causa.), tal vez falta de combustible, lo cual es algo humillante, tal vez otra razón, tal vez es un problema del motor o se cortó la correa de distribución.<br />
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El novio piensa que no hay más remedio que caminar hacia un pequeño pueblo que dejaron atrás, o que esta unos pocos kilómetros más adelante, el diario no lo especifica. Sin embargo no quiere arriesgar a su joven esposa en una caminata por el desierto en plena noche, de modo que la deja allí, en la seguridad de un automóvil cerrado y con las ventanillas bien arriba. Se despide, me imagino que con un beso, y él le asegura que lo solucionara todo, siendo que él es El Hombre en la relación.<br />
<br />
Y partió.<br />
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Solo podemos imaginar lo que sintió esa joven esposa el tiempo en que permaneció sola, rodeada de desierto y oscuridad, en medio de un círculo de luz y seguridad establecido por los límites del vehículo. Tal vez escuchó la radio, la música que era popular en aquel año. ¿Los Jaivas? ¿Angel Parra? ¿Algo de la Nueva Ola? Tal vez Los Beatles, aunque creo que ya se habían separado por aquella fecha.<br />
<br />
Vamos a suponer que no vio nada al principio, que no noto a nadie o nada acercándose al vehículo desde las sombras. Vamos a suponer que de pronto oyó algo encima de su vehículo, algo que ella no supo identificar en un principio, solo que se movía torpemente sobre el techo, y que luego comenzó a golpearlo. TUMP, TUMP, TUMP, así, repetidamente, alguien o algo golpeaba algo grande y fofo en el techo, unos centímetro arriba tuyo, algo que no puedes ver, pero tampoco puedes ignorar, algo que te ha dejado paralizado. No es la sensación del hielo que llena tu estomago y luego sube por tu pecho, es el frenético y doloroso latir de tu corazón lo que sientes, oyes tus latidos tan fuertes y retumbantes como pisadas de elefante.<br />
<br />
Esto se prolonga por un tiempo, tal vez minutos, tal vez media hora, tal vez se prolonga el tiempo suficiente como para que tu también desees golpearte la cabeza hasta rompértela y huir gritando.<br />
<br />
Y de pronto la salvación: 2 luces a lo lejos, los focos de un auto que se acerca. Tu corazón se alivia, tal vez grites pidiendo auxilio, ruegas en tu interior para que no pasen de largo. Entonces el automóvil se detiene a cierta distancia y sus ocupantes bajan.<br />
<br />
Reconoces la silueta de uno de ellos, es tu esposo, nunca la confundirías con la de alguien más, y hay otras dos personas junto a él, buenos samaritanos que el halló. Pero no hacen nada, permanecen parados allí, dudan, hablan entre ellos, y los golpes siguen y siguen y el techo se va combando más y más sobre ti…<br />
<br />
De pronto, como un caballero andante de los cuentos de hadas, tu esposo corre hacia ti, abre la puerta del auto –o te grita para que tú se la abras- y te toma del brazo y te arrastra consigo, pero no sin antes advertirte:<br />
<br />
“No mires atrás, no importa lo que pase, no mires atrás”<br />
<br />
Y corren, y están cerca de los dos samaritanos y su vehículo, pero como la mujer de Lot, no puedes resistir la tentación y miras atrás. O tal vez no fue culpa tuya, quizás tropezaron y cayeron, y al levantarte accidentalmente viste lo que no debía ser visto.<br />
<br />
Hay un hombre sobre el auto, sucio y harapiento, y con el rostro destrozado, una máscara carmesí por la sangre. El ha sido quien ha estado golpeando su cabeza contra el techo, el te ha estado aterrorizando hasta la muerte.<br />
<br />
Y gritas.<br />
<br />
Se trataba de un paciente siquiátrico internado en el manicomio de Iquique, el cual ya no existe. Se fugo tres días antes y había estado vagando por el desierto. No sé qué ocurrió con el después, pero si se que ocurrió con la mujer. Fue internada en el mismo manicomio, trastornada por la experiencia traumática. No sé si algún día logro sanar.</blockquote>
]]></content:encoded>
		</item>
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			<title><![CDATA[[Fanfic] Cyberpunk 2077, Una Noche Cualquiera en Night City]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2941</link>
			<pubDate>Wed, 02 Dec 2020 16:07:25 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=1032">Miles</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[Pues básicamente, esto es lo que parece, es un pequeño relato basado en un mundo ya existente con motivo de la próxima publicación del videojuego de CD Proyekt Red: Cyberpunk 2077, que a su vez esta basado en un juego de rol. <br />
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Este texto es solo un humilde y pequeño homenaje a la distopía tan profunda, compleja y variada que han creado. Sin más espero que os guste, he tratado ser lo más fiel posible a las mecánicas y particularidades de este universo. <br />
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(Posdata: no se si es el hilo adecuado, creo que había otro para los Fanfic pero no se si todavía esta en uso, en cualquier caso siempre puede moverse)<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Una Noche Cualquiera en Night City</span></span></span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">   </span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se bajó del vehículo y la imponente megalópolis le dio la bienvenida con confusas sombras proyectadas por cientos de neones incandescentes en movimiento. Los neones publicitarios invitaban a un consumismo desenfrenado con sus hipnóticos ritmos. Algunos trataban de absorberte en la moda Neokitsch típica de esa zona de Night City, la moda de los pudientes, los trajes de fina tela, los colores más vivos, las joyas más caras, los implantes más espectaculares… al menos en cuanto a lo estético. Era la moda que triunfaba entre los desalmados Corporate, aquellos que trabajaban como droides sin corazón, sin sentimientos, para las grandes corporaciones que controlaban aquel lugar de pecado que era la urbe.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Otros neones en cambio, invitaban a un consumismo menos… decente, pero por supuesto mucho más… placentero. No eran simples prostíbulos; a Shalley Redeye, procedente del Distrito Watson, le costaba acostumbrarse. Allí en el Distrito Cero, sede del poder corporativo de Night City, gustaban de llamarlos clubs. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Uno de los porteros trajeados la registró de arriba abajo, no sin cierta lascivia. No le importó, tiempo hacia ya que se había acostumbrado a las manos traviesas. Aún así, si las circunstancias lo permitieran no habría dejado pasar la afrenta. No le importaba esa clase de excesos, pero si concedía una importancia capital a dejar marcados siempre los limites. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">Eso evitaba confusiones, evitaba excesos de confianza y por tanto tragedias.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  Por suerte el portero no encontró nada, no sabía dónde buscar para su alivio, por lo que se dirigió al ensordecedor interior que vibraba con artificiales ritmos electrónicos. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  Limites difusos le parecieron también los de la bailarina de pole dance. Carne y acero bailando sobre los ojos obscenos de una multitud embelesada. Eses implantes eran una locura, el hombre del 2077 parecía cada vez más atraído por las maquinas que por la misma humanidad. La mujer de pelo rosa danzaba sensualmente sobre unas piernas implantadas plateadas, tapada únicamente por un pequeño cinturón de tela y una blusa plástica transparente. A nadie ya, le escandalizaba un cuerpo desnudo. A nadie ya, le escandalizaba el comercio sexual, a nadie le importaba, si se trataba de carne o acero. En fin, poco parecía importar si debajo había una persona. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   En Night City todo se podía comprar y sí había algo que no… era porque todavía no estaba tasado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Se acercó a la mesa que había reservado su contacto, algo alejada del ruido y del bullicio. Y se acercó despacio, tratando de encajar en aquel vestido largo y escotado hasta el ombligo, que había dispuesto para la ocasión. No era precisamente un placer encontrarse fuera de unos cómodos pantalones y una chaqueta corta estilo Kitsch, el rollo de su barrio. Al menos el vestido tapaba todos sus tatuajes, sobre todo aquel que la identificaba como una perteneciente a la banda de los Hijos del Vudu. Que absurdo había sido marcar su cuerpo con la insignia de la banda, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">es como eses neones, una invitación llamativa a que me descubran,</span> pensó Shalley mientras se sentaba al lado de su contacto. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Llegas tarde —dijo Roger Clyde mostrando una encantadora mueca de dientes dorados y llevándose un puro a la boca. Estaba nervioso, eso la tranquilizó, no era solo ella. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Llego a tiempo, Clyde. Tenía que asegurarme que era seguro, aunque parezca una redundancia. Reconozco que no me parece lo más acertado concertar la reunión en el mismo lugar de la operación.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Por qué? —objetó él con una expresión distante mientras observaba cada esquina del local. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Nunca has escuchado que no se come dónde se caga? Aunque en tú caso… una nunca puede estar muy segura.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">    Clyde se inclinó hacía adelante, divertido. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  —Te han dicho que tienes una carita muy bonita para hablar de esa manera…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Sí, tú madre mientras me la follaba. También me confesó que eras un niño con una autoestima muy baja, por otro lado no hay más que ver el enorme «puro» que te estas llevando a los labios… ¿algo que compensar Clyde? —le preguntó con sorna.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Su expresión muto en un instante. Roger Clyde apagó el puro a medio consumir sobre el cenicero del reservado y alzó de nuevo la vista hacía ella con expresión seria. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Al verte con ese vestido me cuesta recordar que debajo hay una perra callejera —Clyde alzó los brazos buscando evitar la replica de Shalley—. Iré al grano, ese ojo rojo tuyo no sé si te será suficiente, ¿vienes armada?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Shalley negó con la cabeza. Mintió por supuesto. Pero Clyde aunque habitual, era solo un contacto, que conociera la función de su vistoso implante ocular ya era de por si molesto, no permitiría que tuviese más información sobre ella de la necesaria, al fin y al cabo, a eso se dedicaba el desgraciado. Era un traficante de información.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Ves  esa puerta cerca de los lavabos? —Shalley asintió—. Pues conduce al nivel inferior, allí encontraras una la red de servidores de la que se nutre el edificio. la información que buscan los tuyos esta en el segundo servidor empezando por la izquierda. No te será fácil, sea lo que sea lo que esconden ahí, no debe de ser bueno. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Por qué lo dices?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  —Los guardias, son cinco hombres. Lo bueno es que hay una puerta de seguridad que da al exterior, esta sellada por fuera, pero se abre con facilidad desde dentro. Tal vez sea tu mejor opción para la salida. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Roger Clyde se levantó, se ajustó el traje y se llevó la mano al bolsillo con intención de sacar otro puro. La sonrisa maliciosa de Shalley pareció disuadirlo y se alejó maldiciendo entre la multitud que seguía observando lujuriosa a la bailarina.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Shalley Redeye se puso en pie y caminó con disimuló hasta la puerta que le habían mencionado. Observó la huella térmica con su ojo implantado. Tan solo había un guardia al final de las escaleras, miro hacía el piso de abajó y la huella térmica se extendía sin permitirle distinguir sí había más sujetos, tal vez por el calor que emitían los propios servidores.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Ella era una Netrunner, una especialista en asaltar redes de servidores privados, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no será diferente a las otras veces</span>, se dijo confiada. Esperó con paciencia y entró con sigilo. El guardia de las escaleras al momento se centró en ella.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Esta es una zona privada —dijo llevándose la mano a la pistola que llevaba bajo el chaleco.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">     —¿Comooo? Qué johnny no esta aquí. Creeeo queee le vi bajaar…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Putos borrachos, lárgate de aquí quieres —dijo el guardia dejando el arma en la funda y dandole breves empujoncitos escaleras arriba. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Shalley hizo que perdía el equilibrio. El hombre la sujetó bajo los brazos poniéndoselo demasiado fácil. El antebrazo izquierdo de Shalley se abrió rasgando la manga del vestido y dejando a la vista una cuchilla de mantis, que rebanó la garganta del hombre. Lo sujetó para que cállese en silencio mientras su antebrazo se replegaba sobre su sitio. Continuó escaleras abajo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   La visión térmica no funcionaba con la alta temperatura del cuarto de servidores, por lo que tendría que observar por otros medios. Se llevó la mano a su ojo derecho donde se encontraba el implante. Retiró la esfera ocular. Entreabrió la puerta y la arrojó a su interior.  La esfera fue rodando mientras enviaba imágenes del cuarto de servidores. Dos guardias charlaban sobre una mesa. La esfera siguió rodando y su cerebro recibiendo las imágenes. Un solo guardia caminaba entre los servidores. El cuarto y último guardia estaba bastante alejado, de pie, apoyado sobre la pared, al lado de la puerta de seguridad que conducía al exterior. La esfera regresó a sus manos y la introdujo en la cuenca ocular. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Caminó pegada a la pared de servidores, hasta la mesa donde discutían los dos guardias. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bien</span>, uno tenía un brazo cibernético, eso facilitaría las cosas. Enfocó su redeye sobre el brazo del guardia, y su ojo le transmitió la información del fabricante. Era un producto barato, una chapuza, no tendría ni que acercarse para hackearlo. Apenas le llevó treinta segundos hackearlo desde su interfaz cibernética. Una vez instalado el Demon Software ese brazo respondía a su voluntad. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   El guardia se puso en pie visiblemente nervioso, su brazo cibernético se llevó la mano a la pistola. Su compañero se levantó también, alterado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Que demonios haces? ¡Baja esa arma!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  Un sonido secó, estridente, amortiguado por la música de la planta superior. Un cuerpo cayó sobre la mesa. El guardia que patrullaba los servidores acudió alertado. Murió igualmente por un disparo de su propio compañero. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Shalley Redeye caminó sin esconderse por delante del guardia al que había manipulado, ahora luchaba contra su propio brazo intentando que no le dispará a si mismo. Le miró incrédulo durante un instante y ella le dedico una taimada sonrisa. Unos pasos más allá el sonido de un último disparo le indicaba que el brazo cibernético había ganado. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Ya solo quedaba un guardia que se acercaba a la carrera por la otra esquina del servidor.  Se interpuso en su carrera sorprendiéndolo. En cuanto chocaron, le atravesó el abdomen con su cuchilla mantis, le arrebato su arma hábilmente con la mano derecha; y lo arrojó al suelo con un impulso de su hombro. Dos disparos bastaron para que dejará de moverse. Arrojó el arma sobre su cuerpo y se dirigió al servidor que le habían indicado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Una vez allí, de la base de la palma de su mano derecha salió un cable que se conecto al servidor, extrajo una copia del servidor que guardó en su interfaz cibernética. Los Hijos del Vudu le pagaban para que hiciese una copia entera, no sabía exactamente que había allí tan importante, probablemente Roger Clyde supiese incluso más que ella. Una vez finalizó abrió la puerta que conducía al callejón exterior. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Había sido más fácil de lo esperado… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mierda, </span>Roger Clyde esperaba allí fuera con su traje inmaculado y para su desgracia, no estaba solo. Al instante lamentó haber tirado aquella arma. Estaba rodeada de una banda a la que conocía demasiado bien y a la que toda persona de Night City en su sano juicio trataba de evitar, los Carroñeros. Esos cerdos eran inhumanos incluso para aquella ciudad, destripaban y mutilaban a cualquiera para retirarles sus implantes y luego se deshacían de los cadáveres como si fuesen basura. Cada vez que desaparecía alguien con implantes en Night City, el que más y el que menos tenía la sospecha de que los Carroñeros podían estar involucrados. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Qué has hecho Clyde? ¿Me has traicionado? ¿No será por lo que he dicho de tú madre verdad? Ella gritaba tanto dándome las gracias que no sé si debería disculparme…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Ríete todo lo que quieras, Shalley, pero yo soy el que lo siente, me caías bien, pero son negocios, sé que lo entenderás. Tengo un mejor comprador para esa información que tus amigos los Hijos del Vudu. Ademas, estes chicos hace tiempo que buscan un ojo como el tuyo. Negocio redondo amiga: obtengo la información, quedo bien con mis amigos los Carroñeros y la culpa la llevan los Hijos del Vudu.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Estas cometiendo un error, irán a por ti cuando sepan…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  —¿No lo entiendes? No lo sabrán —dijo entre risas— ¿tú no sabes a quien has robado verdad? Créeme, los tuyos sí lo saben, darán por hecho que te pillaron, te mataron y se deshicieron de ti… es una pena la verdad, comenzabas a labrarte un nombre…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¡Clyde, espera! Podemos llegar a un acuerdo mejor…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   El hombre de los dientes dorados rió esta vez a carcajadas. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Lleváosla —dijo finalmente a los Carroñeros cuando recuperó el aliento. Los nauseabundos hombres la sujetaron por las axilas— y recordad, la información que extraigáis de su interfaz cibernética me pertenece.</span></span></span></div>
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Los hombres la golpearon en el estomago y todo se volvió oscuro. Luego semiconsciente, comprendió que la estaban introduciendo en una camioneta.</span></span></span><br />
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<span style="color: #222222;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: arial, sans-serif;" class="mycode_font">© </span></span></span></span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Created by Miles.</span></span></span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Pues básicamente, esto es lo que parece, es un pequeño relato basado en un mundo ya existente con motivo de la próxima publicación del videojuego de CD Proyekt Red: Cyberpunk 2077, que a su vez esta basado en un juego de rol. <br />
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Este texto es solo un humilde y pequeño homenaje a la distopía tan profunda, compleja y variada que han creado. Sin más espero que os guste, he tratado ser lo más fiel posible a las mecánicas y particularidades de este universo. <br />
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(Posdata: no se si es el hilo adecuado, creo que había otro para los Fanfic pero no se si todavía esta en uso, en cualquier caso siempre puede moverse)<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Courier New;" class="mycode_font"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">Una Noche Cualquiera en Night City</span></span></span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font"><span style="font-size: small;" class="mycode_size">   </span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se bajó del vehículo y la imponente megalópolis le dio la bienvenida con confusas sombras proyectadas por cientos de neones incandescentes en movimiento. Los neones publicitarios invitaban a un consumismo desenfrenado con sus hipnóticos ritmos. Algunos trataban de absorberte en la moda Neokitsch típica de esa zona de Night City, la moda de los pudientes, los trajes de fina tela, los colores más vivos, las joyas más caras, los implantes más espectaculares… al menos en cuanto a lo estético. Era la moda que triunfaba entre los desalmados Corporate, aquellos que trabajaban como droides sin corazón, sin sentimientos, para las grandes corporaciones que controlaban aquel lugar de pecado que era la urbe.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Otros neones en cambio, invitaban a un consumismo menos… decente, pero por supuesto mucho más… placentero. No eran simples prostíbulos; a Shalley Redeye, procedente del Distrito Watson, le costaba acostumbrarse. Allí en el Distrito Cero, sede del poder corporativo de Night City, gustaban de llamarlos clubs. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Uno de los porteros trajeados la registró de arriba abajo, no sin cierta lascivia. No le importó, tiempo hacia ya que se había acostumbrado a las manos traviesas. Aún así, si las circunstancias lo permitieran no habría dejado pasar la afrenta. No le importaba esa clase de excesos, pero si concedía una importancia capital a dejar marcados siempre los limites. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   </span></span><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">Eso evitaba confusiones, evitaba excesos de confianza y por tanto tragedias.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  Por suerte el portero no encontró nada, no sabía dónde buscar para su alivio, por lo que se dirigió al ensordecedor interior que vibraba con artificiales ritmos electrónicos. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  Limites difusos le parecieron también los de la bailarina de pole dance. Carne y acero bailando sobre los ojos obscenos de una multitud embelesada. Eses implantes eran una locura, el hombre del 2077 parecía cada vez más atraído por las maquinas que por la misma humanidad. La mujer de pelo rosa danzaba sensualmente sobre unas piernas implantadas plateadas, tapada únicamente por un pequeño cinturón de tela y una blusa plástica transparente. A nadie ya, le escandalizaba un cuerpo desnudo. A nadie ya, le escandalizaba el comercio sexual, a nadie le importaba, si se trataba de carne o acero. En fin, poco parecía importar si debajo había una persona. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   En Night City todo se podía comprar y sí había algo que no… era porque todavía no estaba tasado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Se acercó a la mesa que había reservado su contacto, algo alejada del ruido y del bullicio. Y se acercó despacio, tratando de encajar en aquel vestido largo y escotado hasta el ombligo, que había dispuesto para la ocasión. No era precisamente un placer encontrarse fuera de unos cómodos pantalones y una chaqueta corta estilo Kitsch, el rollo de su barrio. Al menos el vestido tapaba todos sus tatuajes, sobre todo aquel que la identificaba como una perteneciente a la banda de los Hijos del Vudu. Que absurdo había sido marcar su cuerpo con la insignia de la banda, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">es como eses neones, una invitación llamativa a que me descubran,</span> pensó Shalley mientras se sentaba al lado de su contacto. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Llegas tarde —dijo Roger Clyde mostrando una encantadora mueca de dientes dorados y llevándose un puro a la boca. Estaba nervioso, eso la tranquilizó, no era solo ella. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Llego a tiempo, Clyde. Tenía que asegurarme que era seguro, aunque parezca una redundancia. Reconozco que no me parece lo más acertado concertar la reunión en el mismo lugar de la operación.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Por qué? —objetó él con una expresión distante mientras observaba cada esquina del local. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Nunca has escuchado que no se come dónde se caga? Aunque en tú caso… una nunca puede estar muy segura.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">    Clyde se inclinó hacía adelante, divertido. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  —Te han dicho que tienes una carita muy bonita para hablar de esa manera…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Sí, tú madre mientras me la follaba. También me confesó que eras un niño con una autoestima muy baja, por otro lado no hay más que ver el enorme «puro» que te estas llevando a los labios… ¿algo que compensar Clyde? —le preguntó con sorna.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Su expresión muto en un instante. Roger Clyde apagó el puro a medio consumir sobre el cenicero del reservado y alzó de nuevo la vista hacía ella con expresión seria. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Al verte con ese vestido me cuesta recordar que debajo hay una perra callejera —Clyde alzó los brazos buscando evitar la replica de Shalley—. Iré al grano, ese ojo rojo tuyo no sé si te será suficiente, ¿vienes armada?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Shalley negó con la cabeza. Mintió por supuesto. Pero Clyde aunque habitual, era solo un contacto, que conociera la función de su vistoso implante ocular ya era de por si molesto, no permitiría que tuviese más información sobre ella de la necesaria, al fin y al cabo, a eso se dedicaba el desgraciado. Era un traficante de información.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Ves  esa puerta cerca de los lavabos? —Shalley asintió—. Pues conduce al nivel inferior, allí encontraras una la red de servidores de la que se nutre el edificio. la información que buscan los tuyos esta en el segundo servidor empezando por la izquierda. No te será fácil, sea lo que sea lo que esconden ahí, no debe de ser bueno. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Por qué lo dices?</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  —Los guardias, son cinco hombres. Lo bueno es que hay una puerta de seguridad que da al exterior, esta sellada por fuera, pero se abre con facilidad desde dentro. Tal vez sea tu mejor opción para la salida. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Roger Clyde se levantó, se ajustó el traje y se llevó la mano al bolsillo con intención de sacar otro puro. La sonrisa maliciosa de Shalley pareció disuadirlo y se alejó maldiciendo entre la multitud que seguía observando lujuriosa a la bailarina.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Shalley Redeye se puso en pie y caminó con disimuló hasta la puerta que le habían mencionado. Observó la huella térmica con su ojo implantado. Tan solo había un guardia al final de las escaleras, miro hacía el piso de abajó y la huella térmica se extendía sin permitirle distinguir sí había más sujetos, tal vez por el calor que emitían los propios servidores.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Ella era una Netrunner, una especialista en asaltar redes de servidores privados, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no será diferente a las otras veces</span>, se dijo confiada. Esperó con paciencia y entró con sigilo. El guardia de las escaleras al momento se centró en ella.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Esta es una zona privada —dijo llevándose la mano a la pistola que llevaba bajo el chaleco.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">     —¿Comooo? Qué johnny no esta aquí. Creeeo queee le vi bajaar…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Putos borrachos, lárgate de aquí quieres —dijo el guardia dejando el arma en la funda y dandole breves empujoncitos escaleras arriba. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Shalley hizo que perdía el equilibrio. El hombre la sujetó bajo los brazos poniéndoselo demasiado fácil. El antebrazo izquierdo de Shalley se abrió rasgando la manga del vestido y dejando a la vista una cuchilla de mantis, que rebanó la garganta del hombre. Lo sujetó para que cállese en silencio mientras su antebrazo se replegaba sobre su sitio. Continuó escaleras abajo.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   La visión térmica no funcionaba con la alta temperatura del cuarto de servidores, por lo que tendría que observar por otros medios. Se llevó la mano a su ojo derecho donde se encontraba el implante. Retiró la esfera ocular. Entreabrió la puerta y la arrojó a su interior.  La esfera fue rodando mientras enviaba imágenes del cuarto de servidores. Dos guardias charlaban sobre una mesa. La esfera siguió rodando y su cerebro recibiendo las imágenes. Un solo guardia caminaba entre los servidores. El cuarto y último guardia estaba bastante alejado, de pie, apoyado sobre la pared, al lado de la puerta de seguridad que conducía al exterior. La esfera regresó a sus manos y la introdujo en la cuenca ocular. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Caminó pegada a la pared de servidores, hasta la mesa donde discutían los dos guardias. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Bien</span>, uno tenía un brazo cibernético, eso facilitaría las cosas. Enfocó su redeye sobre el brazo del guardia, y su ojo le transmitió la información del fabricante. Era un producto barato, una chapuza, no tendría ni que acercarse para hackearlo. Apenas le llevó treinta segundos hackearlo desde su interfaz cibernética. Una vez instalado el Demon Software ese brazo respondía a su voluntad. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   El guardia se puso en pie visiblemente nervioso, su brazo cibernético se llevó la mano a la pistola. Su compañero se levantó también, alterado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Que demonios haces? ¡Baja esa arma!</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  Un sonido secó, estridente, amortiguado por la música de la planta superior. Un cuerpo cayó sobre la mesa. El guardia que patrullaba los servidores acudió alertado. Murió igualmente por un disparo de su propio compañero. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Shalley Redeye caminó sin esconderse por delante del guardia al que había manipulado, ahora luchaba contra su propio brazo intentando que no le dispará a si mismo. Le miró incrédulo durante un instante y ella le dedico una taimada sonrisa. Unos pasos más allá el sonido de un último disparo le indicaba que el brazo cibernético había ganado. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Ya solo quedaba un guardia que se acercaba a la carrera por la otra esquina del servidor.  Se interpuso en su carrera sorprendiéndolo. En cuanto chocaron, le atravesó el abdomen con su cuchilla mantis, le arrebato su arma hábilmente con la mano derecha; y lo arrojó al suelo con un impulso de su hombro. Dos disparos bastaron para que dejará de moverse. Arrojó el arma sobre su cuerpo y se dirigió al servidor que le habían indicado.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Una vez allí, de la base de la palma de su mano derecha salió un cable que se conecto al servidor, extrajo una copia del servidor que guardó en su interfaz cibernética. Los Hijos del Vudu le pagaban para que hiciese una copia entera, no sabía exactamente que había allí tan importante, probablemente Roger Clyde supiese incluso más que ella. Una vez finalizó abrió la puerta que conducía al callejón exterior. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Había sido más fácil de lo esperado… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">mierda, </span>Roger Clyde esperaba allí fuera con su traje inmaculado y para su desgracia, no estaba solo. Al instante lamentó haber tirado aquella arma. Estaba rodeada de una banda a la que conocía demasiado bien y a la que toda persona de Night City en su sano juicio trataba de evitar, los Carroñeros. Esos cerdos eran inhumanos incluso para aquella ciudad, destripaban y mutilaban a cualquiera para retirarles sus implantes y luego se deshacían de los cadáveres como si fuesen basura. Cada vez que desaparecía alguien con implantes en Night City, el que más y el que menos tenía la sospecha de que los Carroñeros podían estar involucrados. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¿Qué has hecho Clyde? ¿Me has traicionado? ¿No será por lo que he dicho de tú madre verdad? Ella gritaba tanto dándome las gracias que no sé si debería disculparme…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Ríete todo lo que quieras, Shalley, pero yo soy el que lo siente, me caías bien, pero son negocios, sé que lo entenderás. Tengo un mejor comprador para esa información que tus amigos los Hijos del Vudu. Ademas, estes chicos hace tiempo que buscan un ojo como el tuyo. Negocio redondo amiga: obtengo la información, quedo bien con mis amigos los Carroñeros y la culpa la llevan los Hijos del Vudu.</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Estas cometiendo un error, irán a por ti cuando sepan…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">  —¿No lo entiendes? No lo sabrán —dijo entre risas— ¿tú no sabes a quien has robado verdad? Créeme, los tuyos sí lo saben, darán por hecho que te pillaron, te mataron y se deshicieron de ti… es una pena la verdad, comenzabas a labrarte un nombre…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —¡Clyde, espera! Podemos llegar a un acuerdo mejor…</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   El hombre de los dientes dorados rió esta vez a carcajadas. </span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   —Lleváosla —dijo finalmente a los Carroñeros cuando recuperó el aliento. Los nauseabundos hombres la sujetaron por las axilas— y recordad, la información que extraigáis de su interfaz cibernética me pertenece.</span></span></span></div>
<span style="color: #000000;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font">   Los hombres la golpearon en el estomago y todo se volvió oscuro. Luego semiconsciente, comprendió que la estaban introduciendo en una camioneta.</span></span></span><br />
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<span style="color: #222222;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-family: arial, sans-serif;" class="mycode_font">© </span></span></span></span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Palatino;" class="mycode_font"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Created by Miles.</span></span></span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fanfic] Las Enseñanzas de un Brujo VII]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2149</link>
			<pubDate>Fri, 16 Aug 2019 16:37:48 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=603">FrancoMendiverry95</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2149</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Como siempre, te agradezco a ti, <a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=99" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">@Sashka</a> , por la inspiración, por las ideas, por las correcciones. Sin ti, no existiría más que uno solo de todos estos capítulos. </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Las Enseñanzas de un Brujo VII</span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">                                                     <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">I</span></span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Irchir, con los codos apoyados en el escritorio y la lengua asomando de sus gruesos labios, garabateó con la pluma unas palabras sobre el viejo pergamino. De pronto, sin alzar la vista, preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Cuánto debo pagaros, maeses brujos? ¿Sesenta?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir carraspeó.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Setenta y cinco? —insistió Irchir.                                   </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cien, corregidor —respondió el viejo maestro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Cien?! —El corregidor se echó atrás en la silla—. ¿Cien decís? —Soltó una risotada—. ¡Vaya, vaya, maeses brujos, veo que os habéis dado al bebercio antes de venir a esta, mi oficina! ¡Pedir cien marcos por una vieja encorvá que andurreaba por el pantano! ¡Ja ja ja! Pan comido habrá sido, os digo, pa’ dos mutantes como vosotros. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tanto Vesemir como Geralt permanecieron serios. La risa de Irchir se esfumó enseguida.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Estoy seguro que no vale más de ochenta y cinco. No, no, no puedo pagaros más con los problemas cayéndonos encima como mierda de pájaro. La caja municipal está pelada. ¿Qué decís a esto, maeses brujos? </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Digo que cien —replicó Geralt, imperturbable—. Esa vieja encorvada, a la que nosotros llamamos con más precisión ‹‹bruja del agua››, mató personas. Más de las que quisisteis admitir, corregidor.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Me estáis llamando mentiroso, brujo? ¿Y qué pruebas tenéis para tal afirmación?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ocho cabezas, clavadas a estacas en la entrada de la cueva donde dormía la… inofensiva viejecita. Dijisteis cuatro. —Geralt se cruzó de brazos—. O bien contasteis mal, corregidor, o creéis que la gente de vuestro pueblo tiene dos cabezas en lugar de una. Cosa que, por cierto, no coincidiría con una “caja municipal pelada”, pues los impuestos cobráis per capita.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Irchir calló, se les quedó mirando con los ojos entornados, no supo qué replicar. Cogió de nuevo la pluma, se inclinó sobre el pergamino y preguntó, ya sin mirarles.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Noventa y cinco, brujos?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Noventa y cinco —asintió Vesemir, guiñándole un ojo a su pupilo—. Estamos de acuerdo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El corregidor garabateó su firma, le tendió la factura al viejo maestro, que la cogió y se dio la vuelta para salir de la oficina.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vais camino al norte, ¿verdad, brujos? Sí, a Filledyl es que vais. El dinero os llama.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se percató del respingo de Vesemir, frunció el ceño; no fue la mención al dinero lo que causó esa reacción, sino el nombre de aquel pueblo. Tras un momento de quietud, el viejo siguió caminando hacia la salida, fingiendo no haber oído.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Dinero? —preguntó el joven pupilo, frenando a su maestro por el hombro—. ¿Qué problemas…?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Quinientos marcos —le cortó el corregidor—. Es todo lo que sé.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo suspiró de mala gana. El joven pupilo entornó los ojos, extrañado, pero calló. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se fueron en silencio.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><img src="http://storenow.net/download/975f01291a08442b5ee3b9cd612fed26/faceapp_1565963545165.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: faceapp_1565963545165.jpg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">II</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La posada de Filledyl estaba a rebosar. Los brujos, entre tantos hombres cabizbajos, pasaban desapercibidos; se encontraban sentados en un rincón, comiendo una buena porción de ternera. Bueno, solo uno de ellos comía.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo —dijo Geralt—. Das vueltas con el tenedor como una princesa con el corsé puesto. Anda, come, los botones de tu jubón resistirán otro poco. Y si no…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y si no, los mandamos a coser, como hicimos con los tuyos aquella vez, en Calsgon —dijo Vesemir, forzando una broma.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cierto —el joven pupilo torció los labios en una sonrisa—. Qué hijo de puta ese fantasma…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo sonrió con falsedad, probó un bocado. Geralt ya no dijo nada, pero se sintió inquieto al percibir la propia inquietud de su maestro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La puerta de la posada se abrió y cerró varias veces antes de que entrara el sujeto al que esperaban; Vesemir alzó una mano en cuanto lo vio. El enano, pues eso era, se aproximó a su mesa con paso firme, acercó una silla y se acomodó en el único lado libre.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Brujos! —exclamó—. ¡Por fin habéis venido! Pasé noches sin dormir, muchas, muchas, rompiéndome la sesera acerca de cuándo habían de llegar representantes de vuestro gremio. Se os necesita, el pueblo de Filledyl requiere de profesionales como vosotros.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La puerta de la posada volvió a abrirse, Geralt advirtió que su maestro estiró el cuello para posar sus ojos en el umbral. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Extraño</span>, pensó. Pero no dijo nada al respecto.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oímos —el joven pupilo se vio obligado a tomar la palabra, dado el silencio de Vesemir—, que vuestros leñadores están teniendo problemas en el bosque.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Problemas… esa palabreja no hace honor a la gravedad del asunto. Hombres partidos a la mitad, con las tripas esparcidas sobre la hierba; otros, empalados en ramas como violadores; y otros, simplemente desaparecen. Problemas… no, esto es una cagada de las grandes, y estamos metidos en ella hasta el cuello.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt miró a su maestro, este lo percibió y dejó de mirar hacia la puerta, que había vuelto a abrirse.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Por lo que decís, don Etybal —dijo Vesemir—, puede tratarse de elfos. ¿Qué os hace pensar que necesitáis de nosotros?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mirad los rostros de estos hombres —dijo el propietario de la compañía de leñadores—, y decidme qué veis. Se los haré simple: empieza por “mie” y termina con “do”. Dicho entre nos, están cagados hasta las patas. Y eso, maeses brujos, no lo hacen los elfos. Si fueran esos orejas picudas los responsables, las hombres hachas habrían cogido, el bosque de cabo a rabo hubieran hollado, hasta el último elfo estaría abierto como pez, colgando en la entrada del pueblo. Aquí un ser sobrenatural hay, alguna… alguna cosa. Y todo el maldito bosque está a su favor. Los lobos… jamás se habían visto tantos. Los ciervos… agresivos como nunca antes. Si hasta los árboles parecen susurrar “te la daremos por el culo, hijo de puta”.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt sonrió, pero dejó de hacerlo al advertir que su maestro no lo hacía; seguía pendiente de la puerta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es buena cosa esa que decís, don Etybald, ¿verdad, Vesemir? ¿Vesemir?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Verdad. Un encargo costoso, se lo mire por donde se lo mire —replicó el viejo—. Es posible que sea un…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El maestro carraspeó, el joven pupilo se dio cuenta que no había escuchado una sola de las últimas palabras del enano. Salió en su ayuda:</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un busgoso, podría ser. O quizá un espantajo. Puede que hasta un leshen.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No me vengáis a mí con esos nombres suyos, que no entiendo ni jota. Solo han de saber, maeses brujos, que no voy a dejar que se siga matando a los míos. Mierda, que una indemnización he de pagar cada puto día; por si fuera poco, se ensaña con los trabajadores más antiguos, el muy hijo de puta… ¿Cuánto? ¿Cuánto pediréis por un encargo así?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Llegamos hasta aquí oyendo hablar de setecientos marcos… —dijo Vesemir, ahora sí tomando la posta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Setecientos?! ¿Dónde…, quién os dijo tal idiotez? Decidme, que mandaré buscarle y yo mismo lo colgaré de las pelotas. Quinientos, brujos. Eso es lo que puedo pagaros.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entonces no hay trato —se apresuró a contestar el viejo maestro—. No hay trato, don Eybald. —Se incorporó—. Que tengáis buen día, habremos de seguir nuestro camino.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Qué?! —chilló el enano—. Pero… pero… ¿ni siquiera vais a regatear?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No acostumbramos hacerlo. Vamos, Geralt.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo estaba tan azorado como el enano; su maestro estaba siendo demasiado riguroso con el precio, casi como si no quisiera el trabajo. Pero igual se levantó.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Deteneos, deteneos ahí, brujos. Vale, vale, vosotros ganáis. Setecientos marcos, ni uno más, así el propio diablo esté en ese bosque, montado en un puto dragón dorado. Os aviso, que la paga se hará mitad y mitad con el estarosta. ¿Qué, aceptáis?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir masculló, soltó un suspiro amargo, no fue capaz de pronunciar palabra.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aceptamos —dijo Geralt—. Setecientos, don Eybald. Es un trato.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Perfecto! Ahora, maeses brujos, os recomiendo tener una conversación con Billien. Más que nada para enterarse de qué va su pedido.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">III</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos recorrían a pie el sendero del aserradero, que atravesaba el bosque, demasiado silencioso en pleno mediodía. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No hables, Lobo. Estate atento. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo gruñó.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Siguieron caminando un rato más, sin abrir la boca, hasta que otro camino, mucho más estrecho, apareció entre los árboles marcando una nueva dirección. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí es —dijo Geralt—. Debe ser la senda que lleva al cementerio. Recuerda lo que dijo el estarosta Billien: para que pague su mitad del contrato, debe poderse estar allí una hora sin que nada suceda. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo tomó el desvío, se frenó y se dio la vuelta al no oír los pasos de su maestro. El viejo brujo se había quedado clavado en el sitio. Sus miradas se encontraron, hablaron por ellos mismos:</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿Vesemir, qué sucede?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tengo miedo, Lobo. Temo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿A qué le temes?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A lo que pueda encontrar allí.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Un sonido entre los árboles hizo que el contacto visual se rompiera súbitamente, ambos brujos posaron una mano en las empuñaduras de sus espadas. Avistaron enseguida a dos pajarracos que se peleaban en lo alto de una rama. Falsa alarma.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro echó a andar por la senda del cementerio sin decir nada. Geralt, confundido, fue detrás.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El cementerio de Filledyl no se diferenciaba demasiado de los que habían tenido que rondar desde que partieran de Kaer Morhen, al iniciar la primavera. Las tumbas estaban cubiertas de hierbajos, las primeras hojas víctimas del otoño cubrían los senderos entre estas, unos arbustos espinosos nacían por aquí y por allá, obstaculizando el paso. No había un murete que separara el camposanto del bosque, por lo que las fronteras eran borrosas, ambos eran parte del otro. Sin embargo, se veía a las claras quien llevaba allí las de ganar. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos cruzaron la pequeña verja de madera, dieron un amplio vistazo y, al no percibir movimiento ni sonido alguno, se separaron. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt caminó entre las lápidas, buscando tumbas abiertas, huesos desparramados, huellas, pelo; cualquier señal que invitara a suponer o confirmar la presencia de carroñeros. Pero el joven pupilo tenía también un ojo puesto en su maestro. Le preocupaba ese temor que vio en su mirada; había visto antes el miedo en los ojos de Vesemir, cuando él fue herido por el Aullador en la cripta de Calsgon. Aquella vez el viejo había temido mucho, y él lo había advertido. Pero… este miedo no era igual, parecía ser el temor a que se confirmara una sospecha contra la que intentaba luchar. Y allí, en el aquel cementerio, espiando de soslayo cómo su maestro miraba una a una las inscripciones escritas en las lápidas, con el rostro lánguido y los hombros caídos, Geralt creyó comprender lo que sucedía. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿Qué debo hacer?</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, se preguntó, aún caminando. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El viejo es orgulloso, y muy hábil, se escabullirá del asunto de una manera u otra. </span>Geralt lo miró, Vesemir seguía absortó en los nombres grabados en las piedras. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Cómo le hago entender, sin herir su orgullo, que de esta manera no puede seguir? ¿Qué de esta manera nos pone en peligro a…?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De pronto, el joven pupilo vio que a su maestro le flaqueaban las piernas, que caía de rodillas delante de una lápida. Entonces toda pregunta se esfumó de su mente, toda duda desapareció de su corazón; su maestro le necesitaba, y eso fue lo único en lo que pensó al acercársele a paso vivo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Vesemir! ¡Vesemir! ¡¿Qué sucede?!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo siguió mirando la hierba, arrodillado, absorto en sus pensamientos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Vesemir! —insistió Geralt, le zarandeó por un hombro hasta que alzó hacia él una mirada abatida—. Lo supe, noté que algo no iba bien contigo desde el momento en que oíste el nombre de este maldito pueblo. —Los ojos dorados del maestro brillaron con un poco más de intensidad—. No, no me callaré, viejo. ¿Crees que no advertí las señales? Primero, tuviste la intención de hacer oído sordo a la mención del dinero. Luego, quisiste sabotear el trato, al no regatear. No, viejo, no, no me vengas con esa mirada; sé bien que no lo hiciste para conseguir un mejor precio. Luego observé cómo mirabas a la puerta cada vez que se abría, y ahora… esto. Hay que ser idiota para no sumar dos más dos. —Geralt miró el nombre escrito en la lápida—. ¿Quién era ella, Vesemir? </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El maestro brujo separó ligeramente los labios, los volvió a cerrar y abrir; cuando parecía que las palabras por fin salían de su garganta, oyeron el crujido de una rama seca a sus espaldas. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/9a32ec57a4ec6b518568d6fb38e1dc1a/received_364227017595699.jpeg" loading="lazy"  alt="[Image: received_364227017595699.jpeg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De inmediato, Geralt desenvainó y dio media vuelta, con un giro que lo apartó de Vesemir. El viejo, a pesar de su pesadez, se incorporó ágilmente al tiempo que sacaba de la vaina su espada de plata.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pero, al ver qué era lo que había producido ese sonido, Vesemir quedó petrificado, y la empuñadura resbaló de su mano temblorosa. Era una mujer, joven, aunque no tanto como su pupilo. Su piel era pálida, muy pálida, y se veía fría al tacto; el viejo sabía que lo era. Sus ojos eran pequeños y redondeados, hundidos en la sombra de las cuencas, al acecho para brillar en el momento adecuado; el viejo sabía de lo que eran capaces. Su cabello, del color de las avellanas, le caía suelto sobre los hombros; el viejo sabía que olían a fresno, a pino, a la frescura del bosque.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lena… —balbució Vesemir.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven dio unos gráciles pasos hacia él, sin despegar la vista de sus ojos amarillos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt, oyendo el mismo nombre que había leído en la lápida, ató cabos rápidamente y se interpuso entre su maestro y la desconocida.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Apártate, lamia —espetó, autoritario—. Esta es una hoja de plata.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven se detuvo, sin mostrar miedo ni intranquilidad.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ambos os apresuráis a darme un nombre —dijo—. Thina es que me llamo, y soy más humana de lo que sois vosotros. —Se adelantó, paso a paso, alargando la mano hacia el pupilo. Geralt adelantó la espada; ella, en lugar de detenerse, apoyó sus dedos sobre la hoja de plata—. Lo veis, brujo. Humana soy. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt, sorprendido, apartó la espada de forma brusca, descuidada, el filo rasgó la mano de la joven. La muchacha, soltando una exhalación de dolor, se echó atrás y cayó sentada sobre la hierba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Discúlpame —balbució el pupilo, envainando y dando un paso hacia ella—. No quise hacerte daño.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha se cubrió la herida con la manga de su vestido, la apretó con su otra mano.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Está en vuestra naturaleza el hacer daño, brujo. Sois incapaz de controlarlo. No puedo culparos por ello. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Déjame ver la herida…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es nada. Solo un arañazo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Cómo os llamáis, brujo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo se echó hacia atrás, sorprendido por la repentina pregunta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Geralt. Geralt de Rivia. —La muchacha miró al viejo, que aún la miraba a ella como si viera un fantasma—. Él es Vesemir.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Hubo un momento de silencio.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Su nombre lo conozco —dijo la joven, sombría—. Ella dijo que algún día vendría, que alguna vez tendría que enfrentar su pasado. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El pupilo frunció el ceño, miró a uno y al otro alternadamente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No entiendo nada de lo que sucede —dijo, molesto—. ¿Cuál de los dos va a explicármelo? ¿De quién es esta tumba?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha miró los ojos dorados del joven albino.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí, brujo, yace mi abuela.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro dio unos pasos temblorosos, se sentó sobre la piedra de otra tumba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/b860dedec139aa7bb02c460774ec79a8/the_witcher_3_wild_hunt_ugly_baby_walkthrough.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: the_witcher_3_wild_hunt_ugly_baby_walkthrough.jpg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Vesemir?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí, Lobo, yace la mujer que me enseñó que un brujo jamás debe enamorarse.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt dudó, no supo qué decir, fue salvado del apuro por el cercano aullido de un lobo. Y luego por otro, y otros más, provenientes de todas direcciones. De pronto, mientras giraba sobre sus pies, vio aparecer a uno en lo alto de un pequeño montecito. Los ojos dorados del brujo se cruzaron con los ambarinos del lobo, así permanecieron durante un minuto entero; algo vio Geralt en ellos que le llevo a desenvainar la espada de acero.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Será mejor que dejes el chocheo para después, viejo —dijo—. No, muchacha, no te levantes; es tarde para correr. Quédate allí, tendida, y no te muevas hasta oír mi permiso.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se incorporó, sacó su espada, avanzó unos cinco pasos en la dirección contraria a la de su pupilo, dejando a la joven en medio de ambos. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los lobos aparecieron en dos grupos, se acercaron despacio a uno y a otro, cautelosos. Los brujos los midieron con la mirada, con el ceño fruncido; al ver que no se detenían, el viejo alzó la voz para espantarlos, el joven pupilo pateó  una pequeña piedra en su dirección. Ni una cosa ni la otra funcionaron. Los lobos, más temerarios de lo normal, estaban decididos a atacar.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/68021f1cafabbfa840351696bf2e814e/the-witcher-3-screenshot-wolves.jpg" loading="lazy"  width="400" height="300" alt="[Image: the-witcher-3-screenshot-wolves.jpg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt esquivó la primera embestida con un pequeño salto a la izquierda, respondió con un revés lateral desde el codo, el animal aulló al ser alcanzado en un costado. De inmediato, el joven brujo adelantó el pie izquierdo, se afirmó en la tierra y, aprovechando el impulso inicial, lanzó una estocada al frente: la espada entró por las fauces abiertas del segundo lobo. Pero aún tenía otro par delante.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se movió lateralmente, con pequeños pasos, expectante ante los tres animales que intentaban arrinconarle. El primer lobo, que se le abalanzó con un salto, murió antes de tocar el suelo. El segundo perdió la cabeza, tras un quiebro y un descendente golpe vertical. El tercero, más astuto, atacó por un flanco y logró aferrarse a la pierna del viejo, mordiendo con rabia. Vesemir soltó un gruñido, intentó quitárselo de encima a la fuerza, no pudo. Halló otro modo: dibujó la señal de Igni con los dedos y le quemó los ojos. El lobo aulló, lo soltó, corrió sin rumbo, se dio de morros contra una lápida. El viejo no le dio la oportunidad de volver a incorporarse. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El último de los siete lobos optó por escapar; Geralt fue detrás, gritando, azuzando su huida. Regresó al cabo de un momento.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No volverán a fastidiarnos —dijo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir renqueó hasta una tumba, miró la herida de su pierna, hizo una mueca. Maldiciendo entre dientes, sacó un elixir de su cinturón, lo destapó con la boca y echó el líquido sobre los agujeros dejados por los colmillos del lobo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se abstuvo de decir algo, siguió caminando poco más allá, le tendió la mano a la muchacha.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya puedes abrir los ojos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven obedeció, se dejó ayudar para ponerse en pie, juntos regresaron hasta donde estaba Vesemir; el joven pupilo se extrañó al verlo carcajeando por lo bajo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo, ¿se puede saber de qué te ríes?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El brujo maestro rio con más fuerza. Geralt, confundido, se tocó el cuello en busca de algún chupetón, luego observó su jubón, contando los botones. Los lobos no lo habían tocado, lo sabía. De pronto oyó una risa a sus espaldas; al girar, vio a la muchacha llevarse la mano sana a la boca para sofocar la risa. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Instintivamente, Geralt se llevó ambas manos al trasero. Y, terriblemente avergonzado, entendió las risas. Uno de los lobos le había arrancado un trozo de pantalón, dejándole buena parte del trasero al descubierto.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Perra suerte —masculló.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Desde esta perspectiva se te ve mucho más vulnerable —dijo Vesemir, aun sonriendo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo se apartó de un salto, cubriendo su retaguardia.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Para dejar de mirar culos no eres lo bastante viejo, eh? —espetó Geralt, buscando recuperar algo de dignidad—. ¿Se lo has mirado a ella también? —Vesemir se puso rojo como la grana, ahora el que rio fue él—. ¡Ja! ¿Qué, viejo, ya no dices… y cómo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ya no se habló, pero el joven brujo siguió sonriendo en todo el viaje de regreso; eso sí, con la precaución de ir siempre en la retaguardia.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">IV</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha aspiró entre dientes, tensó los músculos del brazo que tenía alargado sobre la mesa de la posada.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tranquila —dijo Geralt, dando otra puntada con la aguja—. Ya casi está.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras un gesto con la cabeza del joven pupilo, Vesemir llenó un vaso con el líquido de la botella que tenía delante y se lo alcanzó a la muchacha. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bebe —dijo el viejo—. Te ayudará.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Thina aceptó la jarra, bebió un poco, tragó con una mueca. En ese momento, Geralt dio la última puntada y cortó el hilo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Procura que no salten los puntos —pronunció el pupilo. La muchacha se miró la mano con cierta tristeza—. La cicatriz se irá. Hum... lo siento.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo habéis repetido ya cinco veces, brujo. Y a la primera he dicho que os perdono. De no haber sido por vosotros, esos lobos… —Fue incapaz de terminar la frase—. Gracias.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt miró a su maestro, Vesemir no le prestó atención; tenía ojos solo para la muchacha.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo —dijo el joven pupilo—. ¡Vesemir! Su puta madre, estoy hasta los huevos de verte distraído como un quinceañero. Ya basta de tanto silencio. Suéltalo. Pregunta lo que te dé la gana. —Amagó a incorporarse—. ¿Quieres que me vaya? ¿Tan poca confianza tienes en mí como para…?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><img src="http://storenow.net/download/a3b586f1f16d35f6e3b56a11430e9308/20160415224953_1_(2).jpg" loading="lazy"  width="300" height="400" alt="[Image: 20160415224953_1_(2).jpg]" class="mycode_img" /></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Calla, Geralt —lo cortó Vesemir, brusco. Lo miró a los ojos—. Y quédate. Quédate, Lobo, mereces escuchar. Tienes razón, esto no puede seguir así. Tú…, muchacha, ¿sabes…?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo sé —dijo la joven—. Mi abuela me contó muchas veces la historia del brujo que llegó cierta vez al pueblo, con la misión de cazar un… uno de esos…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un wyverno —pronunció el viejo maestro, asintiendo con la cabeza—. Sí… mi primer wyverno. Han pasado ya… demasiados años. Demasiados como para ser preciso. Llegué aquí en otoño, justo como ahora, solo. Era poco mayor que tú, Lobo. —Vesemir exhaló, negó con la cabeza—. Nada parecía indicar que fuera un contrato distinto al resto; nada, hasta que en una de mis conversaciones con el estarosta, vi a su hija. —Al viejo se le iluminó el rostro al recordar aquel momento—. Ella era… igualita a ti, muchacha. Perdí la cabeza por ella… ay, la juventud…. —Vesemir miró a su pupilo, Geralt movió arriba y abajo la cabeza—.  A partir de entonces, yo encontraba cualquier excusa para visitar al estarosta, para verla a ella. Un día, al salir de la casa, me interceptó a escondidas y dijo: “Brujo, he visto con qué ojos me miráis. ¿Soy, acaso, un monstruo peligroso?”. Y yo le respondí…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—“No lo sé —siguió la joven muchacha, recordando las palabras de su abuela—. Tu voz es como la de las sirenas, por la que los hombres son capaces de arrojarse al océano. Tu piel es delicadamente pálida, y… está fría, como la de los vampiros. Y tus ojos, me han hipnotizado desde el primer momento en que te vi. No sé, muchacha, qué clase de monstruo eres: no apareces en ninguno de los libros de mi hogar.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir asintió, ni él lo hubiera recordado con tanta precisión.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y qué respondió ella, viejo? —preguntó Geralt.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—“Soy el monstruo para el que nadie está preparado, ni siquiera vos, brujo”. —Vesemir tragó saliva—. Luego me besó en los labios y dijo: “Soy… una mujer”.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se tensó, recordando las palabras de la joven misteriosa con la que se encontraron en Calsgon. Aún las tenía presentes como si fuera ayer, incluso algunas noches las repetía mentalmente antes de echarse en el jergón y dormir.</span> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No te asustes</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">brujo</span>, le había dicho, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por el movimiento de tu colgante</span>. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No soy una lamia, ni una ninfa. Sólo soy… una mujer. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos brujos bajaron la mirada, pesarosos por el recuerdo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo que vivieron a partir de allí… mi abuela jamás os olvido, maese brujo. Jamás.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir soltó un largo suspiro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo sí —confesó—. Yo sí la olvidé. Tuve que hacerlo. Porque yo soy…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un brujo —concluyó Geralt—. Y un brujo debe amar a las mujeres, pero no enamorarse: a nosotros no suele salirnos bien.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">V</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Poco después del amanecer, los brujos llegaron al abandonado campamento de leñadores. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Poco tardaron en encontrar el cadáver. Debía de ser, sin duda, el tipo que Eybald había mandado a por el cofre de los salarios, ese que les mencionó en una de sus repetidas charlas. De hecho, el pequeño cofrecito yacía poco más allá. Geralt se acuclilló junto al desafortunado, Vesemir esperó su examen.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/8e1cd45e8d8b81bbbfbfc27f57cfcd94/nmmmm.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: nmmmm.jpg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cuatro grandes arañazos en la espalda; penetraron la tela, también la carne. Garras largas en un brazo poderoso. —Frunció el ceño—. Hum, tierra removida junto a los pies y las manos, el hombre luchó por zafarse. —Señaló con la cabeza—. Mordida en la carótida. No tuvo oportunidad.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo caminó unos pocos pasos, mirando la hierba aplastada, se acuclilló junto a una porción de tierra desnuda.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Un oso? —preguntó el joven pupilo, siguiéndolo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Uno macho —respondió Vesemir. Se incorporó, miró alrededor—. Busquemos bien, Lobo. Pero atento, vendrá a por nosotros.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se separaron, aunque se mantuvieron siempre a la vista del otro. Caminando lentamente, con la vista, el oído y el olfato bien alertas a cualquier cambio, revisaron cada porción del campamento. Sin embargo, fue su sexto sentido el que captó algo: el medallón. Ambos sintieron las vibraciones al mismo tiempo, de inmediato se buscaron con la mirada. Asintieron en silencio, desenvainaron sus espadas de plata, volvieron a avanzar con la vista puesta en la pequeña estribación rocosa que aparecía más delante. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los medallones se agitaron cada vez con más insistencia, los brujos los sostuvieron con las manos para evitar el roce del metal contra el cuero. De pronto, Geralt captó varios olores. El de los orines, el de las heces, la humedad. Y, por encima de estos, uno que conocía bien: el de la sangre.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se detuvo, clavó la mirada en su maestro; Vesemir, como si pudiera percibirla, giró la cabeza hacia él. Geralt se tocó la nariz con un dedo, el viejo lo entendió en el acto, aspiró con fuerza, lo miró y señaló con la mano enguantada. El joven pupilo también la veía ahora: una cueva al pie del pequeño montecito.  </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Continuaron hasta llegar a ella. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El hedor se hizo más notorio al estar junto a la entrada. Los brujos asintieron uno hacia el otro, luego Vesemir se adelantó para tomar la iniciativa. Geralt lo cogió del hombro, negó con la cabeza; el viejo maestro entendió sus dudas y, de hecho, sonrió. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Está aprendiendo</span>, pensó. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ya no le importa que pueda molestarme; pone la seguridad ante todo, pronto será un verdadero brujo.</span> Y, con cierta pena, se le pasó por la cabeza la idea de que poco tiempo más necesitaría pasar junto a él. Con una sombra de tristeza en el rostro, el viejo se hizo a un lado y le dejó pasar. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se internaron en la oscuridad con la frente en alto y la espada a un lado, sus pupilas se adaptaron con rapidez al cambio de luz. El espacio para moverse era el suficiente para no sentirse incomodos, con unos tres pasos de ancho y unos dos metros y medio de alto. El oso, si era eso lo que les esperaba más adelante, no debía tener dificultades para entrar y salir por allí. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos, sin embargo, tenían la esperanza de hallar dormida a la bestia. Y, por ello, el rumor de unos rápidos pasos, acompañados de una respiración briosa, de soplidos y bufidos, fue tan repentino e inesperado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Ahí viene! —gritó Geralt y, afirmando los pies, adelantó la hoja de su espada.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡No! —exclamó Vesemir, pero fue demasiado tarde.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La enorme masa peluda emergió delante con la velocidad y potencia de un carro tirado por caballos, con la cabeza gacha los embistió. El joven pupilo sintió la hoja de su espada quebrarse, las muñecas se le torcieron, el gavilán de la empuñadura fue a parar directo a su mentón. Luego, en una fracción de segundo, la poderosa mole le dio de lleno en la boca del estómago, lo envió hacia atrás como un muñeco de trapo. El viejo maestro, que había anticipado esto, detuvo a su pupilo frenándolo con su propio cuerpo y se arrojó al suelo hacia un lado, abrazándolo. De esta manera, consiguieron evitar ser aplastados por el oso, cuyo cuerpo sin vida se arrastró por la cueva varios metros antes de detenerse.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Maldita sea —gimió Vesemir, soltando a Geralt para luego arrastrarse sobre su trasero hasta la pared de piedra—. Si serás tonto, cómo pensabas… —le dio un ataque de tos— frenarlo con la espada. —El viejo escupió a un lado, masculló al ver el color rojo—. ¡Ey, levanta, dormilón!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Alarmado al ver que su pupilo no se movía, se movió a gatas hasta él, le zarandeó por el hombro. Nada.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Geralt! ¡Geralt! —La voz de Vesemir sonó extrañamente aguda. Trago saliva, con la mano temblorosa y el corazón en un puño le apoyó dos dedos en el cuello. Soltó un suspiro: respiraba—. Maldita sea, Lobo, despierta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras varias bofetadas y sacudidas, su pupilo gruñó, abrió poco a poco los ojos, se sentó y tosió como un perro enfermo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Su puta madre —masculló luego—. Vesemir, mi espada…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, Lobo, se quebró.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir, tú me la diste, fue tuya…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Era solo una espada —lo cortó el viejo brujo. Le tendió la mano—. Ven, arriba, aún hay trabajo que hacer aquí. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se dejó impulsar hasta ponerse en pie, miró hacia la salida de la cueva y avistó al robusto animal, tendido boca abajo en la piedra.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un oso común y corriente —dijo Vesemir, sin mirarlo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Sabía que su pupilo había esperado ver a un cambiaformas. El joven brujo advirtió que su medallón aún vibraba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, Lobo. Veamos qué es lo que está incitando a estos animales a actuar de manera por demás agresiva. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Recorrieron el pasaje aún en estado de alerta; Vesemir tomó la delantera ahora, el joven pupilo le siguió sacando de la vaina su espada de acero. Poco después llegaron a un espacio bastante más amplio; allí, el olor que habían percibido en la distancia era nauseabundo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir avanzó, se detuvo ante un cúmulo de huesos esparcidos sobre sangre seca; se acuclilló, apoyándose en la espada, para examinarlos con detenimiento. Geralt pasó junto a él, con la vista fija en un solo punto al final de la cueva, se plantó al llegar allí. Lo que veía era una pila de rocas bien dispuestas, la que estaba por encima era casi perfectamente plana; sobre esta había un corazón de gran proporción, que el brujo identificó como de vaca, y una cornamenta. El medallón de plata se agitaba en su mano, descontrolado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un leshen —dijo Geralt, seco, percibiendo el acercamiento de su maestro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo que temía —bufó Vesemir—. Perra suerte. Alguien lo ha despertado, seguramente un leñador. —Masculló algunos insultos por lo bajo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué hacemos, viejo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nuestro trabajo, Lobo. Sabes qué ha de hacerse.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo asintió y envainó la espada, se puso en cuclillas. Miró a su maestro, que se cruzó de brazos; Geralt hizo mueca de resignación, luego otra de asco al alargar las manos hacia el corazón para cogerlo cuidadosamente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hay que encontrar los otros dos tótems —dijo Vesemir—, para así quemar los tres corazones juntos. Es la única manera de que aparezca el Espíritu del Bosque. Vamos, hay trabajo que hacer.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">VI</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y lo hicieron. El segundo corazón, el de un lobo, lo hallaron en el cementerio, tras una búsqueda minuciosa. El tercero, el de un hombre, lo encontraron cerca del pequeño lago, tras haber averiguado de boca de testigos, y del propio Eybald, otro de los sitios donde ocurrieron la mayoría de los asesinatos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ahora ambos brujos se encontraban en medio del bosque, en un amplio claro. Geralt iba y venía, pasando la mirada a través de los troncos de los árboles que los rodeaban, prestando oído a algún sonido delator. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lobo…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir estaba de rodillas, justo en el centro de un círculo de viejos monolitos. Tenía en sus manos una pequeña pala y cavaba lentamente con ella. Aunque le daba la espalda a su pupilo, oía perfectamente sus pasos sobre la hierba. Y le fastidiaban. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se detuvo un momento, miró al viejo y gruñó algo, siguió caminando arriba y abajo. Se sentía inquieto, y era entendible: su espada de plata se había quebrado, y ahora portaba una segunda que su maestro llevaba, por si acaso, en su caballo; la hoja era más corta y ancha, la empuñadura tenía cuatro pulgadas más de largo, y el pomo pesaba unos cien gramos menos. En definitiva, no era <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">su</span> espada. Y le fastidiaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pasaron pocos minutos antes de que el viejo brujo dejara a un lado la pala. Entonces cogió del suelo el morral, metió la mano dentro y sacó uno de los corazones. El de vaca. Murmurando unas palabras ininteligibles, lo dejó en el pequeño agujero que acababa de excavar. Mirando de soslayo, el joven pupilo le vio repetir el procedimiento una segunda vez, y una tercera.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lobo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Listo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir asintió y, sin demorarse más, dibujó la señal de Igni; mientras los corazones ardían lentamente, los cubrió de tierra valiéndose de ambas manos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro se incorporó, salió del círculo de piedras, se unió a su pupilo. Ambos sabían que algo sucedería, mas solo uno conocía bien qué. Pero se equivocaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se oyó un chillido, largo y estridente, los brujos arrugaron el rostro ante la molestia por dicho sonido. Se detuvo. Se hizo el silencio, todo el bosque parecía haber sido paralizado en el tiempo. Pero los brujos captaban un sonido muy bajo, casi inaudible, que, sin embargo, iba haciéndose cada vez más notorio, hasta que no les quedaron dudas de que se trataba del golpeteo rítmico de unos tambores. Se acercaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De pronto, un aullido cortó el aire. Y, enseguida, otros sonaron como respuesta. Después, llegó a sus oídos el rumor de pasos rápidos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, pensó Geralt, mirando a un lado y a otro. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No son pasos, es la carrera desenfrenada de numerosas patas.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Lo era.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir, con la cabeza ligeramente ladeada, intentaba oír más allá de lo evidente. Y lo hizo: crujidos, ramas agitándose, el bufido de un cuerpo inmenso corriendo a toda prisa. En ese momento, escuchó un rugido largo y grave, inconfundible para sus oídos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, pensó Vesemir, dando un paso atrás. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No corre como un demonio.</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> un demonio</span>.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Corre! —gritó el viejo maestro, y, sin demorarse un solo instante, se lanzó a la carrera.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt no hizo preguntas, no dudó, echó a correr tras él.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Si alguien hubiera estado observando allí, oculto tras los árboles, habría reído a carcajadas al ver a aquellos dos hombres correr como si el diablo les siguiera detrás con su tridente. Incluso puede que le hubiera gritado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡corran, gallinas, corran! </span>Pero a ese alguien la risa se le hubiera cortado de cuajo, con un chasquido de dientes, al ver a la criatura cornuda, corpulenta como una posada, que emergió del bosque y apareció en el claro, corriendo a cuatro patas hacia los dos desconocidos. Y ese mismo alguien, seguramente hubiera trepado al árbol más cercano al ver la jauría de lobos que llegó un instante después, al ver a los ciervos, al oso, a la criatura que iba detrás de ellos, flotando, sin tocar el suelo, tocando un tambor con unas manos huesudas. Y ese fisgón, sin duda, se hubiera sorprendido al ver el fuego que brotó de las manos de los dos hombres, al ver como se movían, esquivando, rodando, saltando, tajando con sus espadas. Incluso puede que hubiera gritado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡luchad, valientes, luchad!</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pero los brujos hicieron ambas cosas. Lucharon, y luego corrieron desenfrenadamente por el bosque.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/ac24c32507565fe63c5bbbc6880ebc47/3015929-1522948494b_(2).png" loading="lazy"  width="250" height="350" alt="[Image: 3015929-1522948494b_(2).png]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">VII</span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Brujos! —exclamó Eybald al verles entrar en la taberna. Alzó una mano—. ¡Aquí, brujos, aquí! Por fin habéis vuelto.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se acercó al enano con ganas de beber una cerveza, la necesitaba luego de la loca huida.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Tabernero, traed otra jarra para el mozo brujo!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo agradeció con una inclinación de cabeza, se sentó en una de las sillas y miró a un lado, esperando ver a Vesemir acomodarse en la suya. Sin embargo, al hacerlo, vio a su maestro remontando a toda prisa los escalones hacia el piso superior. Frunció el ceño al ver que entraba en la habitación.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El tabernero dejo la cerveza sobre la mesa, el brujo cogió la jarra y dio un largo trago.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Estáis más magullado que mujer de borracho —dijo el enano, dándole una ojeada—. Una buena habéis tenido en el bosque, ¿verdá? </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo asintió sin mucho interés en la conversación, miró hacia la barandilla del balcón interior.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hum, ¿discutisteis con el viejo? Creedme, sé lo duro que es ser mozo y tener que hacer las cosas según las costumbres de los viejos. Jamás quedan satisfechos. A mí me pasó, brujo, con mi apá, siempre dando el coñazo, que si esto, que si lo otro… que las malvas le sean más agradables, al hijoputa.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se rascó la mejilla, preguntándose si había hecho algo para molestar a su maestro. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno, qué más da —gruñó Eybald tras un momento de silencio, encogiéndose de hombros—. A lo que nos atañe. A decir verdá, brujo, no creí que vosotros, cazamostros profesionales, fuerais timoratos a la hora de cobrar la pasta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Timoratos? </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cohibidos, brujo. Mirad, habéis llegado hace minutos a la taberna, y todavía ná decís de la paga. Y eso que si estáis aquí, es porque a esa criatura muerte distéis. ¿Me equivoco, brujo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt escuchó el rechinar de una puerta, luego el pequeño golpe al cerrarse. Alzó la mirada, vio a su maestro caminar hacia las escaleras y descender pesadamente. Traía a cuestas el equipaje de ambos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué sucede, maese brujo? —preguntó el enano—. ¿Pulgas? ¿Chinches? ¿Hormigas? ¡Posadero! —El ventero se personó enseguida—. ¿No te he dicho yo que a los brujos buena cama des? ¿Qué nada de esos colchones lleno de bichos que les das a los mequetrefes?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Caso le hice, don Eybald, si la habitación…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y por qué, entonces, el brujo los bultos al hombro trae?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Porque nos vamos ya mismo —le respondió Vesemir, echando sobre los muslos de su pupilo parte del equipaje.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Ya ves? —dijo el enano, mirando al ventero—. Porque… —giró repentinamente hacia el viejo—. ¿Porque qué?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nos vamos —repitió Vesemir.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Os vais? —chilló Eybald.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Nos vamos? —se sorprendió Geralt.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nos vamos. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo —gruñó el joven pupilo—, el leshen aún está en el bosque, no podemos irnos ahora que…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aguardad, aguardad. —El enano se mesó la barba con fuerza—. ¿Queréis decir que… a la bestia no habéis matado todavía?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y no lo haremos —añadió Vesemir, con el gesto duro como piedra—. Ese leshen es poderoso, don Eybald, por sí solo vale más que setecientos marcos. Mucho más. Y solo no está, precisamente: tiene una demonibestia bajo su control. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Pamplinas! Brujo, yo no os pagaré más que…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y por eso nos vamos. —Vesemir sacó de su abrigo un rollo de pergamino, lo acercó a la vela que había sobre la mesa, el papel comenzó a arder—. Ya no hay contrato. Lobo, andando.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Os vais así como si así? —El enano se incorporó de un salto, enfrentó cara a cara al viejo brujo—. No os creí cobardicas, pero por lo visto ná de ná conozco de vosotros, cazamostros de cuarta. Huid, huid con la cola entre las patas, merecéis de sobra la fama que os precede.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se puso en pie, se cargó al hombro sus bolsos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Que tenga buena suerte, don Eybald —dijo Vesemir, antes de echar a andar hacia la puerta—. Pronto vendrá otro brujo, puede que más. Si la tiene, uno de ellos será un brujo en apuros.  </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El enano escupió al suelo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya sabía yo que un brujo bueno, es un brujo con hambre. Los demás sois sanguijuelas que chupan dinero.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se dio la vuelta, atravesó la estancia con paso tranquilo, sin girar la cabeza ni una vez. Geralt tampoco lo hizo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Mientras cargaban el equipaje a lomos de sus monturas, ya en el establo, sus miradas se encontraron.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir… ¿por qué?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sabes que no mentí ahí dentro, Lobo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El dinero… Vesemir, demonios, sabes bien qué ocurrirá con ese cementerio si no se elimina al leshen. Sabes bien qué criaturas rondarán por allí.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo sé, Lobo —contestó el viejo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La conversación se interrumpió mientras el maestro brujo sacaba su caballo a la intemperie. El joven pupilo lo alcanzó poco después.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir. Esa mujer, Lena, sus restos…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo montó a su animal.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Son solo restos, Lobo. No más. —Soltó un suspiro—. Matar monstruos es nuestro trabajo; no lo hacemos por bondad, por aburrimiento, o por complacencia. No lo hacemos porque nos guste. El dinero, Geralt. Eso es lo único que tiene peso en nuestra balanza. La amistad, el amor, la justicia; es aire para nosotros. Óyeme bien: el precio del contrato, Lobo, es el valor que le damos a nuestro pellejo, no al del monstruo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dicho esto, el viejo maestro pateó con los talones al caballo y partió en una lenta caminata. Geralt lo siguió, pensativo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En la salida del pueblo, una mujer les salió al paso.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir detuvo a su caballo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Os vais, brujos. No era mentira. Y no lo entiendo… Mi abuela, Vesemir, tu… Lena, no tendrá el descanso que se merece en ese lugar. ¿Acaso de nada os valen vuestros recuerdos?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro apretó con fuerza las riendas, tragó saliva, se mordió la lengua. Pero tenía que decirlo, un verdadero maestro predica con el ejemplo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—De nada, niña —dijo—. Los recuerdos son aire para mí.</span></div>
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y sin decir más, los brujos se marcharon del pueblo.</span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><img src="http://storenow.net/download/90da09adb1a2b5eee58482adf9ce516c/51740296_304751756895629_277949901608408488_n.jpg" loading="lazy"  width="350" height="450" alt="[Image: 51740296_304751756895629_277949901608408488_n.jpg]" class="mycode_img" /></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Como siempre, te agradezco a ti, <a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=99" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">@Sashka</a> , por la inspiración, por las ideas, por las correcciones. Sin ti, no existiría más que uno solo de todos estos capítulos. </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: xx-large;" class="mycode_size">Las Enseñanzas de un Brujo VII</span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">                                                     <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">I</span></span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"> </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Irchir, con los codos apoyados en el escritorio y la lengua asomando de sus gruesos labios, garabateó con la pluma unas palabras sobre el viejo pergamino. De pronto, sin alzar la vista, preguntó:</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Cuánto debo pagaros, maeses brujos? ¿Sesenta?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir carraspeó.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Setenta y cinco? —insistió Irchir.                                   </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cien, corregidor —respondió el viejo maestro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Cien?! —El corregidor se echó atrás en la silla—. ¿Cien decís? —Soltó una risotada—. ¡Vaya, vaya, maeses brujos, veo que os habéis dado al bebercio antes de venir a esta, mi oficina! ¡Pedir cien marcos por una vieja encorvá que andurreaba por el pantano! ¡Ja ja ja! Pan comido habrá sido, os digo, pa’ dos mutantes como vosotros. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tanto Vesemir como Geralt permanecieron serios. La risa de Irchir se esfumó enseguida.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Estoy seguro que no vale más de ochenta y cinco. No, no, no puedo pagaros más con los problemas cayéndonos encima como mierda de pájaro. La caja municipal está pelada. ¿Qué decís a esto, maeses brujos? </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Digo que cien —replicó Geralt, imperturbable—. Esa vieja encorvada, a la que nosotros llamamos con más precisión ‹‹bruja del agua››, mató personas. Más de las que quisisteis admitir, corregidor.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Me estáis llamando mentiroso, brujo? ¿Y qué pruebas tenéis para tal afirmación?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ocho cabezas, clavadas a estacas en la entrada de la cueva donde dormía la… inofensiva viejecita. Dijisteis cuatro. —Geralt se cruzó de brazos—. O bien contasteis mal, corregidor, o creéis que la gente de vuestro pueblo tiene dos cabezas en lugar de una. Cosa que, por cierto, no coincidiría con una “caja municipal pelada”, pues los impuestos cobráis per capita.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Irchir calló, se les quedó mirando con los ojos entornados, no supo qué replicar. Cogió de nuevo la pluma, se inclinó sobre el pergamino y preguntó, ya sin mirarles.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Noventa y cinco, brujos?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Noventa y cinco —asintió Vesemir, guiñándole un ojo a su pupilo—. Estamos de acuerdo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El corregidor garabateó su firma, le tendió la factura al viejo maestro, que la cogió y se dio la vuelta para salir de la oficina.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vais camino al norte, ¿verdad, brujos? Sí, a Filledyl es que vais. El dinero os llama.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se percató del respingo de Vesemir, frunció el ceño; no fue la mención al dinero lo que causó esa reacción, sino el nombre de aquel pueblo. Tras un momento de quietud, el viejo siguió caminando hacia la salida, fingiendo no haber oído.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Dinero? —preguntó el joven pupilo, frenando a su maestro por el hombro—. ¿Qué problemas…?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Quinientos marcos —le cortó el corregidor—. Es todo lo que sé.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo suspiró de mala gana. El joven pupilo entornó los ojos, extrañado, pero calló. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se fueron en silencio.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><img src="http://storenow.net/download/975f01291a08442b5ee3b9cd612fed26/faceapp_1565963545165.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: faceapp_1565963545165.jpg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">II</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La posada de Filledyl estaba a rebosar. Los brujos, entre tantos hombres cabizbajos, pasaban desapercibidos; se encontraban sentados en un rincón, comiendo una buena porción de ternera. Bueno, solo uno de ellos comía.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo —dijo Geralt—. Das vueltas con el tenedor como una princesa con el corsé puesto. Anda, come, los botones de tu jubón resistirán otro poco. Y si no…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y si no, los mandamos a coser, como hicimos con los tuyos aquella vez, en Calsgon —dijo Vesemir, forzando una broma.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cierto —el joven pupilo torció los labios en una sonrisa—. Qué hijo de puta ese fantasma…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo sonrió con falsedad, probó un bocado. Geralt ya no dijo nada, pero se sintió inquieto al percibir la propia inquietud de su maestro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La puerta de la posada se abrió y cerró varias veces antes de que entrara el sujeto al que esperaban; Vesemir alzó una mano en cuanto lo vio. El enano, pues eso era, se aproximó a su mesa con paso firme, acercó una silla y se acomodó en el único lado libre.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Brujos! —exclamó—. ¡Por fin habéis venido! Pasé noches sin dormir, muchas, muchas, rompiéndome la sesera acerca de cuándo habían de llegar representantes de vuestro gremio. Se os necesita, el pueblo de Filledyl requiere de profesionales como vosotros.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La puerta de la posada volvió a abrirse, Geralt advirtió que su maestro estiró el cuello para posar sus ojos en el umbral. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Extraño</span>, pensó. Pero no dijo nada al respecto.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oímos —el joven pupilo se vio obligado a tomar la palabra, dado el silencio de Vesemir—, que vuestros leñadores están teniendo problemas en el bosque.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Problemas… esa palabreja no hace honor a la gravedad del asunto. Hombres partidos a la mitad, con las tripas esparcidas sobre la hierba; otros, empalados en ramas como violadores; y otros, simplemente desaparecen. Problemas… no, esto es una cagada de las grandes, y estamos metidos en ella hasta el cuello.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt miró a su maestro, este lo percibió y dejó de mirar hacia la puerta, que había vuelto a abrirse.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Por lo que decís, don Etybal —dijo Vesemir—, puede tratarse de elfos. ¿Qué os hace pensar que necesitáis de nosotros?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mirad los rostros de estos hombres —dijo el propietario de la compañía de leñadores—, y decidme qué veis. Se los haré simple: empieza por “mie” y termina con “do”. Dicho entre nos, están cagados hasta las patas. Y eso, maeses brujos, no lo hacen los elfos. Si fueran esos orejas picudas los responsables, las hombres hachas habrían cogido, el bosque de cabo a rabo hubieran hollado, hasta el último elfo estaría abierto como pez, colgando en la entrada del pueblo. Aquí un ser sobrenatural hay, alguna… alguna cosa. Y todo el maldito bosque está a su favor. Los lobos… jamás se habían visto tantos. Los ciervos… agresivos como nunca antes. Si hasta los árboles parecen susurrar “te la daremos por el culo, hijo de puta”.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt sonrió, pero dejó de hacerlo al advertir que su maestro no lo hacía; seguía pendiente de la puerta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es buena cosa esa que decís, don Etybald, ¿verdad, Vesemir? ¿Vesemir?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Verdad. Un encargo costoso, se lo mire por donde se lo mire —replicó el viejo—. Es posible que sea un…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El maestro carraspeó, el joven pupilo se dio cuenta que no había escuchado una sola de las últimas palabras del enano. Salió en su ayuda:</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un busgoso, podría ser. O quizá un espantajo. Puede que hasta un leshen.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No me vengáis a mí con esos nombres suyos, que no entiendo ni jota. Solo han de saber, maeses brujos, que no voy a dejar que se siga matando a los míos. Mierda, que una indemnización he de pagar cada puto día; por si fuera poco, se ensaña con los trabajadores más antiguos, el muy hijo de puta… ¿Cuánto? ¿Cuánto pediréis por un encargo así?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Llegamos hasta aquí oyendo hablar de setecientos marcos… —dijo Vesemir, ahora sí tomando la posta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Setecientos?! ¿Dónde…, quién os dijo tal idiotez? Decidme, que mandaré buscarle y yo mismo lo colgaré de las pelotas. Quinientos, brujos. Eso es lo que puedo pagaros.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entonces no hay trato —se apresuró a contestar el viejo maestro—. No hay trato, don Eybald. —Se incorporó—. Que tengáis buen día, habremos de seguir nuestro camino.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Qué?! —chilló el enano—. Pero… pero… ¿ni siquiera vais a regatear?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No acostumbramos hacerlo. Vamos, Geralt.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo estaba tan azorado como el enano; su maestro estaba siendo demasiado riguroso con el precio, casi como si no quisiera el trabajo. Pero igual se levantó.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Deteneos, deteneos ahí, brujos. Vale, vale, vosotros ganáis. Setecientos marcos, ni uno más, así el propio diablo esté en ese bosque, montado en un puto dragón dorado. Os aviso, que la paga se hará mitad y mitad con el estarosta. ¿Qué, aceptáis?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir masculló, soltó un suspiro amargo, no fue capaz de pronunciar palabra.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aceptamos —dijo Geralt—. Setecientos, don Eybald. Es un trato.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Perfecto! Ahora, maeses brujos, os recomiendo tener una conversación con Billien. Más que nada para enterarse de qué va su pedido.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">III</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos recorrían a pie el sendero del aserradero, que atravesaba el bosque, demasiado silencioso en pleno mediodía. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No hables, Lobo. Estate atento. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo gruñó.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Siguieron caminando un rato más, sin abrir la boca, hasta que otro camino, mucho más estrecho, apareció entre los árboles marcando una nueva dirección. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí es —dijo Geralt—. Debe ser la senda que lleva al cementerio. Recuerda lo que dijo el estarosta Billien: para que pague su mitad del contrato, debe poderse estar allí una hora sin que nada suceda. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo tomó el desvío, se frenó y se dio la vuelta al no oír los pasos de su maestro. El viejo brujo se había quedado clavado en el sitio. Sus miradas se encontraron, hablaron por ellos mismos:</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿Vesemir, qué sucede?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tengo miedo, Lobo. Temo.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿A qué le temes?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A lo que pueda encontrar allí.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Un sonido entre los árboles hizo que el contacto visual se rompiera súbitamente, ambos brujos posaron una mano en las empuñaduras de sus espadas. Avistaron enseguida a dos pajarracos que se peleaban en lo alto de una rama. Falsa alarma.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro echó a andar por la senda del cementerio sin decir nada. Geralt, confundido, fue detrás.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El cementerio de Filledyl no se diferenciaba demasiado de los que habían tenido que rondar desde que partieran de Kaer Morhen, al iniciar la primavera. Las tumbas estaban cubiertas de hierbajos, las primeras hojas víctimas del otoño cubrían los senderos entre estas, unos arbustos espinosos nacían por aquí y por allá, obstaculizando el paso. No había un murete que separara el camposanto del bosque, por lo que las fronteras eran borrosas, ambos eran parte del otro. Sin embargo, se veía a las claras quien llevaba allí las de ganar. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos cruzaron la pequeña verja de madera, dieron un amplio vistazo y, al no percibir movimiento ni sonido alguno, se separaron. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt caminó entre las lápidas, buscando tumbas abiertas, huesos desparramados, huellas, pelo; cualquier señal que invitara a suponer o confirmar la presencia de carroñeros. Pero el joven pupilo tenía también un ojo puesto en su maestro. Le preocupaba ese temor que vio en su mirada; había visto antes el miedo en los ojos de Vesemir, cuando él fue herido por el Aullador en la cripta de Calsgon. Aquella vez el viejo había temido mucho, y él lo había advertido. Pero… este miedo no era igual, parecía ser el temor a que se confirmara una sospecha contra la que intentaba luchar. Y allí, en el aquel cementerio, espiando de soslayo cómo su maestro miraba una a una las inscripciones escritas en las lápidas, con el rostro lánguido y los hombros caídos, Geralt creyó comprender lo que sucedía. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿Qué debo hacer?</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, se preguntó, aún caminando. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">El viejo es orgulloso, y muy hábil, se escabullirá del asunto de una manera u otra. </span>Geralt lo miró, Vesemir seguía absortó en los nombres grabados en las piedras. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Cómo le hago entender, sin herir su orgullo, que de esta manera no puede seguir? ¿Qué de esta manera nos pone en peligro a…?</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De pronto, el joven pupilo vio que a su maestro le flaqueaban las piernas, que caía de rodillas delante de una lápida. Entonces toda pregunta se esfumó de su mente, toda duda desapareció de su corazón; su maestro le necesitaba, y eso fue lo único en lo que pensó al acercársele a paso vivo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Vesemir! ¡Vesemir! ¡¿Qué sucede?!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo siguió mirando la hierba, arrodillado, absorto en sus pensamientos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Vesemir! —insistió Geralt, le zarandeó por un hombro hasta que alzó hacia él una mirada abatida—. Lo supe, noté que algo no iba bien contigo desde el momento en que oíste el nombre de este maldito pueblo. —Los ojos dorados del maestro brillaron con un poco más de intensidad—. No, no me callaré, viejo. ¿Crees que no advertí las señales? Primero, tuviste la intención de hacer oído sordo a la mención del dinero. Luego, quisiste sabotear el trato, al no regatear. No, viejo, no, no me vengas con esa mirada; sé bien que no lo hiciste para conseguir un mejor precio. Luego observé cómo mirabas a la puerta cada vez que se abría, y ahora… esto. Hay que ser idiota para no sumar dos más dos. —Geralt miró el nombre escrito en la lápida—. ¿Quién era ella, Vesemir? </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El maestro brujo separó ligeramente los labios, los volvió a cerrar y abrir; cuando parecía que las palabras por fin salían de su garganta, oyeron el crujido de una rama seca a sus espaldas. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/9a32ec57a4ec6b518568d6fb38e1dc1a/received_364227017595699.jpeg" loading="lazy"  alt="[Image: received_364227017595699.jpeg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De inmediato, Geralt desenvainó y dio media vuelta, con un giro que lo apartó de Vesemir. El viejo, a pesar de su pesadez, se incorporó ágilmente al tiempo que sacaba de la vaina su espada de plata.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pero, al ver qué era lo que había producido ese sonido, Vesemir quedó petrificado, y la empuñadura resbaló de su mano temblorosa. Era una mujer, joven, aunque no tanto como su pupilo. Su piel era pálida, muy pálida, y se veía fría al tacto; el viejo sabía que lo era. Sus ojos eran pequeños y redondeados, hundidos en la sombra de las cuencas, al acecho para brillar en el momento adecuado; el viejo sabía de lo que eran capaces. Su cabello, del color de las avellanas, le caía suelto sobre los hombros; el viejo sabía que olían a fresno, a pino, a la frescura del bosque.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lena… —balbució Vesemir.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven dio unos gráciles pasos hacia él, sin despegar la vista de sus ojos amarillos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt, oyendo el mismo nombre que había leído en la lápida, ató cabos rápidamente y se interpuso entre su maestro y la desconocida.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Apártate, lamia —espetó, autoritario—. Esta es una hoja de plata.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven se detuvo, sin mostrar miedo ni intranquilidad.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ambos os apresuráis a darme un nombre —dijo—. Thina es que me llamo, y soy más humana de lo que sois vosotros. —Se adelantó, paso a paso, alargando la mano hacia el pupilo. Geralt adelantó la espada; ella, en lugar de detenerse, apoyó sus dedos sobre la hoja de plata—. Lo veis, brujo. Humana soy. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt, sorprendido, apartó la espada de forma brusca, descuidada, el filo rasgó la mano de la joven. La muchacha, soltando una exhalación de dolor, se echó atrás y cayó sentada sobre la hierba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Discúlpame —balbució el pupilo, envainando y dando un paso hacia ella—. No quise hacerte daño.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha se cubrió la herida con la manga de su vestido, la apretó con su otra mano.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Está en vuestra naturaleza el hacer daño, brujo. Sois incapaz de controlarlo. No puedo culparos por ello. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Déjame ver la herida…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es nada. Solo un arañazo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Cómo os llamáis, brujo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo se echó hacia atrás, sorprendido por la repentina pregunta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Geralt. Geralt de Rivia. —La muchacha miró al viejo, que aún la miraba a ella como si viera un fantasma—. Él es Vesemir.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Hubo un momento de silencio.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Su nombre lo conozco —dijo la joven, sombría—. Ella dijo que algún día vendría, que alguna vez tendría que enfrentar su pasado. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El pupilo frunció el ceño, miró a uno y al otro alternadamente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No entiendo nada de lo que sucede —dijo, molesto—. ¿Cuál de los dos va a explicármelo? ¿De quién es esta tumba?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha miró los ojos dorados del joven albino.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí, brujo, yace mi abuela.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro dio unos pasos temblorosos, se sentó sobre la piedra de otra tumba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/b860dedec139aa7bb02c460774ec79a8/the_witcher_3_wild_hunt_ugly_baby_walkthrough.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: the_witcher_3_wild_hunt_ugly_baby_walkthrough.jpg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Vesemir?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí, Lobo, yace la mujer que me enseñó que un brujo jamás debe enamorarse.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt dudó, no supo qué decir, fue salvado del apuro por el cercano aullido de un lobo. Y luego por otro, y otros más, provenientes de todas direcciones. De pronto, mientras giraba sobre sus pies, vio aparecer a uno en lo alto de un pequeño montecito. Los ojos dorados del brujo se cruzaron con los ambarinos del lobo, así permanecieron durante un minuto entero; algo vio Geralt en ellos que le llevo a desenvainar la espada de acero.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Será mejor que dejes el chocheo para después, viejo —dijo—. No, muchacha, no te levantes; es tarde para correr. Quédate allí, tendida, y no te muevas hasta oír mi permiso.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se incorporó, sacó su espada, avanzó unos cinco pasos en la dirección contraria a la de su pupilo, dejando a la joven en medio de ambos. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los lobos aparecieron en dos grupos, se acercaron despacio a uno y a otro, cautelosos. Los brujos los midieron con la mirada, con el ceño fruncido; al ver que no se detenían, el viejo alzó la voz para espantarlos, el joven pupilo pateó  una pequeña piedra en su dirección. Ni una cosa ni la otra funcionaron. Los lobos, más temerarios de lo normal, estaban decididos a atacar.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/68021f1cafabbfa840351696bf2e814e/the-witcher-3-screenshot-wolves.jpg" loading="lazy"  width="400" height="300" alt="[Image: the-witcher-3-screenshot-wolves.jpg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt esquivó la primera embestida con un pequeño salto a la izquierda, respondió con un revés lateral desde el codo, el animal aulló al ser alcanzado en un costado. De inmediato, el joven brujo adelantó el pie izquierdo, se afirmó en la tierra y, aprovechando el impulso inicial, lanzó una estocada al frente: la espada entró por las fauces abiertas del segundo lobo. Pero aún tenía otro par delante.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se movió lateralmente, con pequeños pasos, expectante ante los tres animales que intentaban arrinconarle. El primer lobo, que se le abalanzó con un salto, murió antes de tocar el suelo. El segundo perdió la cabeza, tras un quiebro y un descendente golpe vertical. El tercero, más astuto, atacó por un flanco y logró aferrarse a la pierna del viejo, mordiendo con rabia. Vesemir soltó un gruñido, intentó quitárselo de encima a la fuerza, no pudo. Halló otro modo: dibujó la señal de Igni con los dedos y le quemó los ojos. El lobo aulló, lo soltó, corrió sin rumbo, se dio de morros contra una lápida. El viejo no le dio la oportunidad de volver a incorporarse. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El último de los siete lobos optó por escapar; Geralt fue detrás, gritando, azuzando su huida. Regresó al cabo de un momento.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No volverán a fastidiarnos —dijo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir renqueó hasta una tumba, miró la herida de su pierna, hizo una mueca. Maldiciendo entre dientes, sacó un elixir de su cinturón, lo destapó con la boca y echó el líquido sobre los agujeros dejados por los colmillos del lobo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se abstuvo de decir algo, siguió caminando poco más allá, le tendió la mano a la muchacha.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya puedes abrir los ojos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven obedeció, se dejó ayudar para ponerse en pie, juntos regresaron hasta donde estaba Vesemir; el joven pupilo se extrañó al verlo carcajeando por lo bajo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo, ¿se puede saber de qué te ríes?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El brujo maestro rio con más fuerza. Geralt, confundido, se tocó el cuello en busca de algún chupetón, luego observó su jubón, contando los botones. Los lobos no lo habían tocado, lo sabía. De pronto oyó una risa a sus espaldas; al girar, vio a la muchacha llevarse la mano sana a la boca para sofocar la risa. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Instintivamente, Geralt se llevó ambas manos al trasero. Y, terriblemente avergonzado, entendió las risas. Uno de los lobos le había arrancado un trozo de pantalón, dejándole buena parte del trasero al descubierto.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Perra suerte —masculló.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Desde esta perspectiva se te ve mucho más vulnerable —dijo Vesemir, aun sonriendo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo se apartó de un salto, cubriendo su retaguardia.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Para dejar de mirar culos no eres lo bastante viejo, eh? —espetó Geralt, buscando recuperar algo de dignidad—. ¿Se lo has mirado a ella también? —Vesemir se puso rojo como la grana, ahora el que rio fue él—. ¡Ja! ¿Qué, viejo, ya no dices… y cómo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ya no se habló, pero el joven brujo siguió sonriendo en todo el viaje de regreso; eso sí, con la precaución de ir siempre en la retaguardia.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">IV</span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha aspiró entre dientes, tensó los músculos del brazo que tenía alargado sobre la mesa de la posada.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tranquila —dijo Geralt, dando otra puntada con la aguja—. Ya casi está.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras un gesto con la cabeza del joven pupilo, Vesemir llenó un vaso con el líquido de la botella que tenía delante y se lo alcanzó a la muchacha. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bebe —dijo el viejo—. Te ayudará.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Thina aceptó la jarra, bebió un poco, tragó con una mueca. En ese momento, Geralt dio la última puntada y cortó el hilo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Procura que no salten los puntos —pronunció el pupilo. La muchacha se miró la mano con cierta tristeza—. La cicatriz se irá. Hum... lo siento.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo habéis repetido ya cinco veces, brujo. Y a la primera he dicho que os perdono. De no haber sido por vosotros, esos lobos… —Fue incapaz de terminar la frase—. Gracias.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt miró a su maestro, Vesemir no le prestó atención; tenía ojos solo para la muchacha.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo —dijo el joven pupilo—. ¡Vesemir! Su puta madre, estoy hasta los huevos de verte distraído como un quinceañero. Ya basta de tanto silencio. Suéltalo. Pregunta lo que te dé la gana. —Amagó a incorporarse—. ¿Quieres que me vaya? ¿Tan poca confianza tienes en mí como para…?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><img src="http://storenow.net/download/a3b586f1f16d35f6e3b56a11430e9308/20160415224953_1_(2).jpg" loading="lazy"  width="300" height="400" alt="[Image: 20160415224953_1_(2).jpg]" class="mycode_img" /></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Calla, Geralt —lo cortó Vesemir, brusco. Lo miró a los ojos—. Y quédate. Quédate, Lobo, mereces escuchar. Tienes razón, esto no puede seguir así. Tú…, muchacha, ¿sabes…?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo sé —dijo la joven—. Mi abuela me contó muchas veces la historia del brujo que llegó cierta vez al pueblo, con la misión de cazar un… uno de esos…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un wyverno —pronunció el viejo maestro, asintiendo con la cabeza—. Sí… mi primer wyverno. Han pasado ya… demasiados años. Demasiados como para ser preciso. Llegué aquí en otoño, justo como ahora, solo. Era poco mayor que tú, Lobo. —Vesemir exhaló, negó con la cabeza—. Nada parecía indicar que fuera un contrato distinto al resto; nada, hasta que en una de mis conversaciones con el estarosta, vi a su hija. —Al viejo se le iluminó el rostro al recordar aquel momento—. Ella era… igualita a ti, muchacha. Perdí la cabeza por ella… ay, la juventud…. —Vesemir miró a su pupilo, Geralt movió arriba y abajo la cabeza—.  A partir de entonces, yo encontraba cualquier excusa para visitar al estarosta, para verla a ella. Un día, al salir de la casa, me interceptó a escondidas y dijo: “Brujo, he visto con qué ojos me miráis. ¿Soy, acaso, un monstruo peligroso?”. Y yo le respondí…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—“No lo sé —siguió la joven muchacha, recordando las palabras de su abuela—. Tu voz es como la de las sirenas, por la que los hombres son capaces de arrojarse al océano. Tu piel es delicadamente pálida, y… está fría, como la de los vampiros. Y tus ojos, me han hipnotizado desde el primer momento en que te vi. No sé, muchacha, qué clase de monstruo eres: no apareces en ninguno de los libros de mi hogar.”</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir asintió, ni él lo hubiera recordado con tanta precisión.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y qué respondió ella, viejo? —preguntó Geralt.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—“Soy el monstruo para el que nadie está preparado, ni siquiera vos, brujo”. —Vesemir tragó saliva—. Luego me besó en los labios y dijo: “Soy… una mujer”.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se tensó, recordando las palabras de la joven misteriosa con la que se encontraron en Calsgon. Aún las tenía presentes como si fuera ayer, incluso algunas noches las repetía mentalmente antes de echarse en el jergón y dormir.</span> <span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No te asustes</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">brujo</span>, le había dicho, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">por el movimiento de tu colgante</span>. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No soy una lamia, ni una ninfa. Sólo soy… una mujer. </span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos brujos bajaron la mirada, pesarosos por el recuerdo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo que vivieron a partir de allí… mi abuela jamás os olvido, maese brujo. Jamás.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir soltó un largo suspiro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo sí —confesó—. Yo sí la olvidé. Tuve que hacerlo. Porque yo soy…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un brujo —concluyó Geralt—. Y un brujo debe amar a las mujeres, pero no enamorarse: a nosotros no suele salirnos bien.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">V</span></span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Poco después del amanecer, los brujos llegaron al abandonado campamento de leñadores. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Poco tardaron en encontrar el cadáver. Debía de ser, sin duda, el tipo que Eybald había mandado a por el cofre de los salarios, ese que les mencionó en una de sus repetidas charlas. De hecho, el pequeño cofrecito yacía poco más allá. Geralt se acuclilló junto al desafortunado, Vesemir esperó su examen.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/8e1cd45e8d8b81bbbfbfc27f57cfcd94/nmmmm.jpg" loading="lazy"  alt="[Image: nmmmm.jpg]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cuatro grandes arañazos en la espalda; penetraron la tela, también la carne. Garras largas en un brazo poderoso. —Frunció el ceño—. Hum, tierra removida junto a los pies y las manos, el hombre luchó por zafarse. —Señaló con la cabeza—. Mordida en la carótida. No tuvo oportunidad.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo caminó unos pocos pasos, mirando la hierba aplastada, se acuclilló junto a una porción de tierra desnuda.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Un oso? —preguntó el joven pupilo, siguiéndolo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Uno macho —respondió Vesemir. Se incorporó, miró alrededor—. Busquemos bien, Lobo. Pero atento, vendrá a por nosotros.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se separaron, aunque se mantuvieron siempre a la vista del otro. Caminando lentamente, con la vista, el oído y el olfato bien alertas a cualquier cambio, revisaron cada porción del campamento. Sin embargo, fue su sexto sentido el que captó algo: el medallón. Ambos sintieron las vibraciones al mismo tiempo, de inmediato se buscaron con la mirada. Asintieron en silencio, desenvainaron sus espadas de plata, volvieron a avanzar con la vista puesta en la pequeña estribación rocosa que aparecía más delante. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los medallones se agitaron cada vez con más insistencia, los brujos los sostuvieron con las manos para evitar el roce del metal contra el cuero. De pronto, Geralt captó varios olores. El de los orines, el de las heces, la humedad. Y, por encima de estos, uno que conocía bien: el de la sangre.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se detuvo, clavó la mirada en su maestro; Vesemir, como si pudiera percibirla, giró la cabeza hacia él. Geralt se tocó la nariz con un dedo, el viejo lo entendió en el acto, aspiró con fuerza, lo miró y señaló con la mano enguantada. El joven pupilo también la veía ahora: una cueva al pie del pequeño montecito.  </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Continuaron hasta llegar a ella. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El hedor se hizo más notorio al estar junto a la entrada. Los brujos asintieron uno hacia el otro, luego Vesemir se adelantó para tomar la iniciativa. Geralt lo cogió del hombro, negó con la cabeza; el viejo maestro entendió sus dudas y, de hecho, sonrió. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Está aprendiendo</span>, pensó. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ya no le importa que pueda molestarme; pone la seguridad ante todo, pronto será un verdadero brujo.</span> Y, con cierta pena, se le pasó por la cabeza la idea de que poco tiempo más necesitaría pasar junto a él. Con una sombra de tristeza en el rostro, el viejo se hizo a un lado y le dejó pasar. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se internaron en la oscuridad con la frente en alto y la espada a un lado, sus pupilas se adaptaron con rapidez al cambio de luz. El espacio para moverse era el suficiente para no sentirse incomodos, con unos tres pasos de ancho y unos dos metros y medio de alto. El oso, si era eso lo que les esperaba más adelante, no debía tener dificultades para entrar y salir por allí. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos, sin embargo, tenían la esperanza de hallar dormida a la bestia. Y, por ello, el rumor de unos rápidos pasos, acompañados de una respiración briosa, de soplidos y bufidos, fue tan repentino e inesperado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Ahí viene! —gritó Geralt y, afirmando los pies, adelantó la hoja de su espada.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡No! —exclamó Vesemir, pero fue demasiado tarde.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La enorme masa peluda emergió delante con la velocidad y potencia de un carro tirado por caballos, con la cabeza gacha los embistió. El joven pupilo sintió la hoja de su espada quebrarse, las muñecas se le torcieron, el gavilán de la empuñadura fue a parar directo a su mentón. Luego, en una fracción de segundo, la poderosa mole le dio de lleno en la boca del estómago, lo envió hacia atrás como un muñeco de trapo. El viejo maestro, que había anticipado esto, detuvo a su pupilo frenándolo con su propio cuerpo y se arrojó al suelo hacia un lado, abrazándolo. De esta manera, consiguieron evitar ser aplastados por el oso, cuyo cuerpo sin vida se arrastró por la cueva varios metros antes de detenerse.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Maldita sea —gimió Vesemir, soltando a Geralt para luego arrastrarse sobre su trasero hasta la pared de piedra—. Si serás tonto, cómo pensabas… —le dio un ataque de tos— frenarlo con la espada. —El viejo escupió a un lado, masculló al ver el color rojo—. ¡Ey, levanta, dormilón!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Alarmado al ver que su pupilo no se movía, se movió a gatas hasta él, le zarandeó por el hombro. Nada.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Geralt! ¡Geralt! —La voz de Vesemir sonó extrañamente aguda. Trago saliva, con la mano temblorosa y el corazón en un puño le apoyó dos dedos en el cuello. Soltó un suspiro: respiraba—. Maldita sea, Lobo, despierta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras varias bofetadas y sacudidas, su pupilo gruñó, abrió poco a poco los ojos, se sentó y tosió como un perro enfermo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Su puta madre —masculló luego—. Vesemir, mi espada…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, Lobo, se quebró.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir, tú me la diste, fue tuya…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Era solo una espada —lo cortó el viejo brujo. Le tendió la mano—. Ven, arriba, aún hay trabajo que hacer aquí. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se dejó impulsar hasta ponerse en pie, miró hacia la salida de la cueva y avistó al robusto animal, tendido boca abajo en la piedra.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un oso común y corriente —dijo Vesemir, sin mirarlo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Sabía que su pupilo había esperado ver a un cambiaformas. El joven brujo advirtió que su medallón aún vibraba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, Lobo. Veamos qué es lo que está incitando a estos animales a actuar de manera por demás agresiva. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Recorrieron el pasaje aún en estado de alerta; Vesemir tomó la delantera ahora, el joven pupilo le siguió sacando de la vaina su espada de acero. Poco después llegaron a un espacio bastante más amplio; allí, el olor que habían percibido en la distancia era nauseabundo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir avanzó, se detuvo ante un cúmulo de huesos esparcidos sobre sangre seca; se acuclilló, apoyándose en la espada, para examinarlos con detenimiento. Geralt pasó junto a él, con la vista fija en un solo punto al final de la cueva, se plantó al llegar allí. Lo que veía era una pila de rocas bien dispuestas, la que estaba por encima era casi perfectamente plana; sobre esta había un corazón de gran proporción, que el brujo identificó como de vaca, y una cornamenta. El medallón de plata se agitaba en su mano, descontrolado.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un leshen —dijo Geralt, seco, percibiendo el acercamiento de su maestro.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo que temía —bufó Vesemir—. Perra suerte. Alguien lo ha despertado, seguramente un leñador. —Masculló algunos insultos por lo bajo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué hacemos, viejo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nuestro trabajo, Lobo. Sabes qué ha de hacerse.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo asintió y envainó la espada, se puso en cuclillas. Miró a su maestro, que se cruzó de brazos; Geralt hizo mueca de resignación, luego otra de asco al alargar las manos hacia el corazón para cogerlo cuidadosamente.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hay que encontrar los otros dos tótems —dijo Vesemir—, para así quemar los tres corazones juntos. Es la única manera de que aparezca el Espíritu del Bosque. Vamos, hay trabajo que hacer.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">VI</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y lo hicieron. El segundo corazón, el de un lobo, lo hallaron en el cementerio, tras una búsqueda minuciosa. El tercero, el de un hombre, lo encontraron cerca del pequeño lago, tras haber averiguado de boca de testigos, y del propio Eybald, otro de los sitios donde ocurrieron la mayoría de los asesinatos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ahora ambos brujos se encontraban en medio del bosque, en un amplio claro. Geralt iba y venía, pasando la mirada a través de los troncos de los árboles que los rodeaban, prestando oído a algún sonido delator. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lobo…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir estaba de rodillas, justo en el centro de un círculo de viejos monolitos. Tenía en sus manos una pequeña pala y cavaba lentamente con ella. Aunque le daba la espalda a su pupilo, oía perfectamente sus pasos sobre la hierba. Y le fastidiaban. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se detuvo un momento, miró al viejo y gruñó algo, siguió caminando arriba y abajo. Se sentía inquieto, y era entendible: su espada de plata se había quebrado, y ahora portaba una segunda que su maestro llevaba, por si acaso, en su caballo; la hoja era más corta y ancha, la empuñadura tenía cuatro pulgadas más de largo, y el pomo pesaba unos cien gramos menos. En definitiva, no era <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">su</span> espada. Y le fastidiaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pasaron pocos minutos antes de que el viejo brujo dejara a un lado la pala. Entonces cogió del suelo el morral, metió la mano dentro y sacó uno de los corazones. El de vaca. Murmurando unas palabras ininteligibles, lo dejó en el pequeño agujero que acababa de excavar. Mirando de soslayo, el joven pupilo le vio repetir el procedimiento una segunda vez, y una tercera.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lobo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Listo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir asintió y, sin demorarse más, dibujó la señal de Igni; mientras los corazones ardían lentamente, los cubrió de tierra valiéndose de ambas manos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro se incorporó, salió del círculo de piedras, se unió a su pupilo. Ambos sabían que algo sucedería, mas solo uno conocía bien qué. Pero se equivocaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se oyó un chillido, largo y estridente, los brujos arrugaron el rostro ante la molestia por dicho sonido. Se detuvo. Se hizo el silencio, todo el bosque parecía haber sido paralizado en el tiempo. Pero los brujos captaban un sonido muy bajo, casi inaudible, que, sin embargo, iba haciéndose cada vez más notorio, hasta que no les quedaron dudas de que se trataba del golpeteo rítmico de unos tambores. Se acercaba.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De pronto, un aullido cortó el aire. Y, enseguida, otros sonaron como respuesta. Después, llegó a sus oídos el rumor de pasos rápidos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, pensó Geralt, mirando a un lado y a otro. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No son pasos, es la carrera desenfrenada de numerosas patas.</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Lo era.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir, con la cabeza ligeramente ladeada, intentaba oír más allá de lo evidente. Y lo hizo: crujidos, ramas agitándose, el bufido de un cuerpo inmenso corriendo a toda prisa. En ese momento, escuchó un rugido largo y grave, inconfundible para sus oídos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, pensó Vesemir, dando un paso atrás. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No corre como un demonio.</span> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Es</span></span><span style="font-style: italic;" class="mycode_i"> un demonio</span>.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Corre! —gritó el viejo maestro, y, sin demorarse un solo instante, se lanzó a la carrera.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt no hizo preguntas, no dudó, echó a correr tras él.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Si alguien hubiera estado observando allí, oculto tras los árboles, habría reído a carcajadas al ver a aquellos dos hombres correr como si el diablo les siguiera detrás con su tridente. Incluso puede que le hubiera gritado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡corran, gallinas, corran! </span>Pero a ese alguien la risa se le hubiera cortado de cuajo, con un chasquido de dientes, al ver a la criatura cornuda, corpulenta como una posada, que emergió del bosque y apareció en el claro, corriendo a cuatro patas hacia los dos desconocidos. Y ese mismo alguien, seguramente hubiera trepado al árbol más cercano al ver la jauría de lobos que llegó un instante después, al ver a los ciervos, al oso, a la criatura que iba detrás de ellos, flotando, sin tocar el suelo, tocando un tambor con unas manos huesudas. Y ese fisgón, sin duda, se hubiera sorprendido al ver el fuego que brotó de las manos de los dos hombres, al ver como se movían, esquivando, rodando, saltando, tajando con sus espadas. Incluso puede que hubiera gritado <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡luchad, valientes, luchad!</span></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pero los brujos hicieron ambas cosas. Lucharon, y luego corrieron desenfrenadamente por el bosque.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> <img src="http://storenow.net/download/ac24c32507565fe63c5bbbc6880ebc47/3015929-1522948494b_(2).png" loading="lazy"  width="250" height="350" alt="[Image: 3015929-1522948494b_(2).png]" class="mycode_img" /></span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">VII</span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Brujos! —exclamó Eybald al verles entrar en la taberna. Alzó una mano—. ¡Aquí, brujos, aquí! Por fin habéis vuelto.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se acercó al enano con ganas de beber una cerveza, la necesitaba luego de la loca huida.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Tabernero, traed otra jarra para el mozo brujo!</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo agradeció con una inclinación de cabeza, se sentó en una de las sillas y miró a un lado, esperando ver a Vesemir acomodarse en la suya. Sin embargo, al hacerlo, vio a su maestro remontando a toda prisa los escalones hacia el piso superior. Frunció el ceño al ver que entraba en la habitación.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El tabernero dejo la cerveza sobre la mesa, el brujo cogió la jarra y dio un largo trago.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Estáis más magullado que mujer de borracho —dijo el enano, dándole una ojeada—. Una buena habéis tenido en el bosque, ¿verdá? </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo asintió sin mucho interés en la conversación, miró hacia la barandilla del balcón interior.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hum, ¿discutisteis con el viejo? Creedme, sé lo duro que es ser mozo y tener que hacer las cosas según las costumbres de los viejos. Jamás quedan satisfechos. A mí me pasó, brujo, con mi apá, siempre dando el coñazo, que si esto, que si lo otro… que las malvas le sean más agradables, al hijoputa.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se rascó la mejilla, preguntándose si había hecho algo para molestar a su maestro. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno, qué más da —gruñó Eybald tras un momento de silencio, encogiéndose de hombros—. A lo que nos atañe. A decir verdá, brujo, no creí que vosotros, cazamostros profesionales, fuerais timoratos a la hora de cobrar la pasta.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Timoratos? </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cohibidos, brujo. Mirad, habéis llegado hace minutos a la taberna, y todavía ná decís de la paga. Y eso que si estáis aquí, es porque a esa criatura muerte distéis. ¿Me equivoco, brujo?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt escuchó el rechinar de una puerta, luego el pequeño golpe al cerrarse. Alzó la mirada, vio a su maestro caminar hacia las escaleras y descender pesadamente. Traía a cuestas el equipaje de ambos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué sucede, maese brujo? —preguntó el enano—. ¿Pulgas? ¿Chinches? ¿Hormigas? ¡Posadero! —El ventero se personó enseguida—. ¿No te he dicho yo que a los brujos buena cama des? ¿Qué nada de esos colchones lleno de bichos que les das a los mequetrefes?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Caso le hice, don Eybald, si la habitación…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y por qué, entonces, el brujo los bultos al hombro trae?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Porque nos vamos ya mismo —le respondió Vesemir, echando sobre los muslos de su pupilo parte del equipaje.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Ya ves? —dijo el enano, mirando al ventero—. Porque… —giró repentinamente hacia el viejo—. ¿Porque qué?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nos vamos —repitió Vesemir.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Os vais? —chilló Eybald.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Nos vamos? —se sorprendió Geralt.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nos vamos. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Viejo —gruñó el joven pupilo—, el leshen aún está en el bosque, no podemos irnos ahora que…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aguardad, aguardad. —El enano se mesó la barba con fuerza—. ¿Queréis decir que… a la bestia no habéis matado todavía?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y no lo haremos —añadió Vesemir, con el gesto duro como piedra—. Ese leshen es poderoso, don Eybald, por sí solo vale más que setecientos marcos. Mucho más. Y solo no está, precisamente: tiene una demonibestia bajo su control. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Pamplinas! Brujo, yo no os pagaré más que…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y por eso nos vamos. —Vesemir sacó de su abrigo un rollo de pergamino, lo acercó a la vela que había sobre la mesa, el papel comenzó a arder—. Ya no hay contrato. Lobo, andando.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Os vais así como si así? —El enano se incorporó de un salto, enfrentó cara a cara al viejo brujo—. No os creí cobardicas, pero por lo visto ná de ná conozco de vosotros, cazamostros de cuarta. Huid, huid con la cola entre las patas, merecéis de sobra la fama que os precede.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se puso en pie, se cargó al hombro sus bolsos.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Que tenga buena suerte, don Eybald —dijo Vesemir, antes de echar a andar hacia la puerta—. Pronto vendrá otro brujo, puede que más. Si la tiene, uno de ellos será un brujo en apuros.  </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El enano escupió al suelo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya sabía yo que un brujo bueno, es un brujo con hambre. Los demás sois sanguijuelas que chupan dinero.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se dio la vuelta, atravesó la estancia con paso tranquilo, sin girar la cabeza ni una vez. Geralt tampoco lo hizo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Mientras cargaban el equipaje a lomos de sus monturas, ya en el establo, sus miradas se encontraron.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir… ¿por qué?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sabes que no mentí ahí dentro, Lobo. </span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El dinero… Vesemir, demonios, sabes bien qué ocurrirá con ese cementerio si no se elimina al leshen. Sabes bien qué criaturas rondarán por allí.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo sé, Lobo —contestó el viejo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La conversación se interrumpió mientras el maestro brujo sacaba su caballo a la intemperie. El joven pupilo lo alcanzó poco después.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir. Esa mujer, Lena, sus restos…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo montó a su animal.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Son solo restos, Lobo. No más. —Soltó un suspiro—. Matar monstruos es nuestro trabajo; no lo hacemos por bondad, por aburrimiento, o por complacencia. No lo hacemos porque nos guste. El dinero, Geralt. Eso es lo único que tiene peso en nuestra balanza. La amistad, el amor, la justicia; es aire para nosotros. Óyeme bien: el precio del contrato, Lobo, es el valor que le damos a nuestro pellejo, no al del monstruo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dicho esto, el viejo maestro pateó con los talones al caballo y partió en una lenta caminata. Geralt lo siguió, pensativo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En la salida del pueblo, una mujer les salió al paso.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir detuvo a su caballo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Os vais, brujos. No era mentira. Y no lo entiendo… Mi abuela, Vesemir, tu… Lena, no tendrá el descanso que se merece en ese lugar. ¿Acaso de nada os valen vuestros recuerdos?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro apretó con fuerza las riendas, tragó saliva, se mordió la lengua. Pero tenía que decirlo, un verdadero maestro predica con el ejemplo.</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—De nada, niña —dijo—. Los recuerdos son aire para mí.</span></div>
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y sin decir más, los brujos se marcharon del pueblo.</span><br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><img src="http://storenow.net/download/90da09adb1a2b5eee58482adf9ce516c/51740296_304751756895629_277949901608408488_n.jpg" loading="lazy"  width="350" height="450" alt="[Image: 51740296_304751756895629_277949901608408488_n.jpg]" class="mycode_img" /></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fanfic] Las Enseñanzas de un Brujo VI]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2126</link>
			<pubDate>Thu, 01 Aug 2019 13:28:08 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=603">FrancoMendiverry95</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2126</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Agradezco a Sashka, como siempre, por ser la primera en leer y tener siempre el comentario justo para arreglar los problemas y errores que toda historia tiene. Especialmente, gracias por ayudarme con la forma de hablar de los personajes, no sería lo mismo sin ello  <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/wink.png" alt="Wink" title="Wink" class="smilie smilie_2" /></span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">I</span></span></span></span></span></span></span></div>
<br />
<img src="http://storenow.net/download/2e20b89c9bfe92a261356e48fbb63154/unzgphl_(2).jpg" loading="lazy"  width="350" height="450" alt="[Image: unzgphl_(2).jpg]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los brujos ataron los caballos a los restos de una valla, prefiriendo remontar a pie el último tramo de la cuesta. Mientras ascendían, la mirada del joven pupilo se mantenía clavada en la alta construcción a la que se acercaban. La del maestro, en cambio, no se elevaba más allá de los sitios donde apoyaba los pies.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ahora sí entiendo por qué no querías aceptar este contrato —dijo Geralt—. Mala paga, y una mierda. Era por esta maldita subida: te está dando una paliza, viejo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No es por… eso que… </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir, jadeas como un perro enfermo. Mejor no hables, o te dará un patatús y adiós a tus estúpidas lecciones. Y qué será de mí… </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Y qué será de ti? Hum… chupetones, heridas estúpidas, trabajo mal pagado, chupetones, problemas con la ley, y… ¿ya dije chupetones?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt miró sobre su hombro, sonrió.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Eso me espera? Hum, mejor no me tientes, viejo, que aquí no hay nadie mirando.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se detuvieron uno junto al otro frente a la enorme construcción.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Quizá sí haya alguien —dijo Vesemir, con tono serio ahora, mirando las altas ventanas del faro—. ¿Tú también…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—También —lo cortó su pupilo—. Desde que dejamos los caballos. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Sin decirse nada más, ambos se acercaron al edificio.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo abrió la puerta cogiendo la manija con mano firme, entró el primero. Vesemir le siguió y cerró detrás; si había algo ahí dentro, mejor mantenerlo encerrado. Sus pupilas se ampliaron de inmediato para amoldarse al cambio de luz, de igual manera poco había para mirar. Unas cajas por aquí, una cama roída por allá, una mesa pequeña y cubierta de polvo en medio, telarañas en los altos rincones. Y ratas, muchas ratas.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Pronto se vieron subiendo por las escaleras de caracol. Vesemir iba delante ahora, marcando el ritmo, sereno y precavido. Ya no jadeaba ni se quejaba por el esfuerzo, parecía haber rejuvenecido veinte años al cruzar la puerta. Geralt admiraba su profesionalidad.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Llegaron así al último escalón, una puerta les cortó el paso. El viejo brujo alargó una mano y cogió el picaporte, el medallón de plata se agitó en su pecho. Vesemir la retiró, miró hacia atrás.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Débil? —preguntó el joven pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Débil. Apenas un cosquilleo. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Deberíamos…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No, Lobo. Se espantará. Solo estate alerta. ¿Listo?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Listo.</span></span></span><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="http://storenow.net/download/aeab71f75bf2c328c460cdfe5102def7/400px-witcher3vesemir_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: 400px-witcher3vesemir_(2).jpg]" class="mycode_img" /></span></span></span><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir volvió a coger la manija y la giró con lentitud, la puerta se abrió con un chasquido. Entonces el viejo maestro fue empujándola suavemente con la bota, examinando una porción cada vez mayor de la sala al otro lado. No vio nada ni a nadie. Avanzó, y Geralt lo hizo detrás. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Aquel recinto tenía todo lo necesario para alimentar la hoguera del faro, la cual aún estaba por encima, a la intemperie; la escalera exterior que subía hasta allí se vislumbraba por una puerta abierta, a la derecha. Vesemir avanzó hasta una estantería, cogió algunos de los frascos que había allí y los examinó tras soplar el polvo. Geralt dio un paso hacia esa puerta lateral, pero de pronto una ráfaga de aire entró chillando y su medallón tiró de la cadena con fuerza, y en ese chillido ambos brujos distinguieron un nombre.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Brandt!</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo puso una mano en la empuñadura a su espalda, buscó con la mirada a su maestro. Vesemir le pidió calma con un gesto, Geralt volvió a bajar el brazo poco a poco. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Quién es Brandt? —preguntó el viejo brujo, alzando la voz.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Uno de los frascos del estante salió disparado hacia el pupilo, este se agachó y lo esquivó por los pelos.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vese… —Geralt se calló de pronto ante la mirada de su maestro, pues aquella bastó para recordárselo: </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">jamás debes decir tu nombre delante de los espíritus.</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Estamos aquí para…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Brandt!</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Queremos ayudar! —insistió Vesemir, grave—. Ayudarte a…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Brandt! ¡Brandt! ¡Brandt!</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La voz helaba la sangre, se percibía un profundo dolor en ella, y una ira, una ira terrible e incontrolable.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los frascos comenzaron a ser lanzados uno detrás del otro, luego el estante entero cayó. Los troncos amontonados a un costado se desparramaron por el suelo, después fueron convertidos en proyectiles, asediando las paredes con fuerza, dejando hendiduras en ellas.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Vámonos de aquí! —tronó Geralt, y, sin miramientos, corrió hacia su maestro, le cogió firme por el brazo y le arrastró hacia las escaleras de caracol.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Pero esta puerta también se cerró delante de sus narices con un golpe. Acto seguido, un tronco golpeó la espalda de Geralt, un especiero le dio en la nuca. El joven brujo atinó a desenvainar, pero su maestro le aferró la muñeca a tiempo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Aun no —le dijo. Su voz no se había perturbado ni un poco.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Nos matará!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Braaaaaaandt! </span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El chillido fue ensordecedor, los brujos se llevaron las manos a las orejas y apretaron con fuerza para acallarlo. Y entonces, de pronto, el agudo aullido se calló, todo en la sala quedó en silencio e inmóvil.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Y ahora qué? —gruñó el pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ahora nos vamos —dijo el maestro—. No somos bienvenidos aquí.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">II</span></span></span></span></span></span></div>
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt llamó a la puerta de una casa pintoresca, asentada en el sector de Winzur más apartado de la costa. Vesemir aguardaba más atrás, sentado en uno de los palos de la cerca. El joven pupilo esperó, llamó, esperó y volvió a llamar. Y entonces le abrieron. Al otro lado del umbral apareció un sujeto de edad similar a la suya, delgaducho pero de rasgos finos y acentuados.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Qué queréis? —espetó, señalándoles con el mentón—. ¿Os parece buena hora pa’l incordio, par de…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt se cruzó de brazos, inclinó la cabeza con una ceja alzada.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Par de…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Brujos —dijo el sujeto, con la voz perceptiblemente más aguda—. Sois brujos. Creí que…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Lo somos. ¿Y tú, eres Brandt Firutrer? —El joven delgaducho tragó saliva con un chasquido, asintió con la cabeza—. Bien. Tenemos que hablar.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt hizo un gesto a Vesemir y avanzó hacia la puerta con la intención de entrar, pero el dueño de casa salió fuera y cerró detrás de él.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Os parece que hablemos por allí?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo miró hacia dónde señalaba el sujeto.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿A la vista de todos? Por qué no. —Se encogió de hombros—. Serás tú quien se muestre con mutantes, no nosotros.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven delgaducho se lo pensó de nuevo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Mmm, mejor entremos a la casa, que se está más fresco y hay cerveza. ¿Estáis de acuerdo?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Y cómo —respondió Geralt y, con una sonrisa torcida, llamó a su maestro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se sentaron alrededor de una mesa. Los brujos se acomodaron uno a la par del otro, con sus respectivas jarras; el dueño de casa escogió la silla enfrentada a ellos. Por unos minutos, maestro y pupilo solo se dedicaron a beber y mirar fijamente a su anfitrión.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Nervioso, restregándose las manos sudorosas bajo la mesa, Brandt Firutrer por fin tomó coraje y preguntó:</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿De qué queréis hablar?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los brujos no respondieron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vosotros sois los que vinisteis, algo debéis querer de mí…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los brujos no respondieron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Es… acerca del faro?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Pupilo y maestro se miraron un momento, el primero se echó hacia atrás en la silla, el segundo tomó la palabra:</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Acerca del faro —convino—. Estuvimos allí esta mañana.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El dueño de casa acabó la cerveza de su jarra.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Entonces es cierto. Es… es… —las palabras se le ahogaron en la garganta, bajó la cabeza y apoyó la frente contra la madera, pesaroso.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Cuál era su nombre? —preguntó Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Brandt Firutrer miró los ojos dorados del viejo maestro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Annabelle —pronunció con dificultad, como si sus labios hubieran olvidado el sonido de aquel nombre. Los brujos mantuvieron el silencio, dándole pie para que narrara su historia—. Era una joven dulce, simpática, bondadosa. Bella a su manera. Y yo… la amaba. Era mi prometida, brujos, íbamos a casarnos. Íbamos… No pudimos. Aquella noche funesta, hace ya cinco años, ella se fue a dónde no pude seguirla, aunque tuve ganas de hacerlo. ¿Qué sucedió? Se cayó a las aguas. Se ahogó, brujos. Aún hoy me pregunto qué hacía tan cerca de la costa aquella noche. —Negó con la cabeza—. Jamás lo sabré. —Sorbió los mocos, se limpió una lágrima que había aparecido en su ojo—. Eso es todo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No —dijo Geralt—. No lo es. Cinco años, en ese lapso de tiempo ella se mantuvo tranquila. Tiene que haber algo…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Un casamiento —dijo el viejo brujo. Llevaba un rato observando el anillo de boda en el dedo anular del dueño de casa—. Has roto una promesa. Le prometiste que no te casarías con nadie más.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Pero… pero… ¿cómo lo sabéis?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Porque los enamorados hablan sin pensar —replicó Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">En ese momento, la puerta de la casa se abrió y una mujer entró cargando unas canastas repletas con variada mercancía.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Mira, mi amor, lo que encontré en el…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Al alzar la mirada, la joven se frenó en seco, las canastas cayeron de sus manos, unas manzanas rodaron por el piso. Geralt cogió una que chocó su pie, le dio un mordisco.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Quiénes son estos hombres, Brandt? —preguntó ella.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Querida, no te asustes —dijo el dueño de casa, acercándosele, abrazándola por un lado—. Son brujos. Están aquí por lo de… tu hermana.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Annabelle!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt y Vesemir se miraron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Perra suerte —murmuraron al mismo tiempo—. Perra suerte.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">III</span></span></span></span></span></span></div>
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La noche los encontró cabalgando otra vez hacia el faro. El aire era cálido, la brisa les acariciaba el rostro, despeinando apenas sus cabellos por detrás. Las estrellas y la luna brillaban sin impedimento de nube alguna. Era una noche agradable. Pero eso cambiaría en cuanto pusieran un pie dentro de aquella construcción. Ellos bien lo sabían.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Por el tono de voz de su pupilo, el viejo maestro supo que diría algo a lo que le había dado muchas vueltas.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Si, Lobo?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ya sé que debemos agotar todas las instancias antes de la… irremediable, la lección no se me ha olvidado. Pero, ¿no crees que es mala idea meternos allí sin blandir la espada?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No, no lo creo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir, esa cosa estará muy molesta. Y diablos, tiene razones para estarlo. ¿Con la hermana? Su puta madre, ¿cómo reaccionará cuando se lo digamos?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Depende de cómo lo hagamos, Lobo. Recuerda: no debemos mentir, los espíritus son capaces de percibirlo mejor que cualquiera. Pero…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—El que calla, no miente —concluyó el joven pupilo—. Lo sé.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Siguieron cabalgando un tramo en silencio.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Si, Lobo? </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Crees que lo lograremos?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Es nuestro deber intentarlo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo soltó una pequeña risita.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Viejo —le dijo—. Yo no soy una aparición. Puedes mentirme. De hecho, quiero ver cómo lo haces. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir le miró con gesto serio, sus miradas se encontraron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Lo lograremos, Lobo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt quiso reír por la desfachatez de su maestro, pero no pudo. No pudo, aunque lo deseó con fuerza. Esa noche, por alguna razón, necesitaba creer esa mentira.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Detuvieron a los caballos frente al faro, los ataron a un poste cercano a la puerta. Luego se ajustaron uno al otro los nudos de las almillas, por debajo de las axilas y por encima del hombro, dejando los medallones de brujo bien a la vista. Las espadas de acero las dejaron atrás, cogieron en cambio las que llevaban en las monturas, envueltas en piel de oveja. Las de plata.  Una vez enfundaron estas en sus tahalíes, donde pudieran alcanzarlas con un rápido movimiento de la mano, entraron a la alta construcción.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Sus colgantes comenzaron a agitarse al poner un pie sobre el primer escalón. Los ojos de los brujos se encontraron de inmediato, decían: </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ya no hay vuelta atrás</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">. Subieron a un ritmo lento y constante, los lobos de plata se agitaban cada vez con más fuerza, con movimientos bruscos. Y, como esa misma mañana, se detuvieron frente a la puerta de la última habitación.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir se volvió hacia su pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Estoy listo —dijo Geralt, anticipándose a su pregunta.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Y así entraron, uno detrás del otro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La sala seguía envuelta en la misma quietud que cuando la abandonaran, pero la atmósfera estaba lejos de ser calma. Los medallones eran capaces de percibir esa electricidad, los brujos los sostenían con la mano para detener sus movimientos.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Maestro y pupilo se acomodaron uno junto al otro, de cara a la puerta lateral. Geralt sostenía el extremo de un collar con la mano derecha, Vesemir con la izquierda. Y esperaron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se levantó viento. Las ráfagas de aire entraron por la abertura, la puerta se abrió y cerró varias veces, los silbidos comenzaron a sonar. Los brujos se mantuvieron firmes. El viento arreció, los silbidos se convirtieron en aullidos, y entre estos oyeron lo que deseaban oír.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Braaandt!</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El hálito les sopló directo en la cara, helándoles la piel, echándoles los cabellos hacia atrás, obligándoles a entrecerrar los ojos. Los brujos elevaron entonces cada uno su respectiva mano, alzando el collar.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Annabelle! —dijeron con voz pastosa, al unísono, las palabras brotaron de sus labios acompañadas de vaho—. ¡Venimos en nombre de tu amado!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Las ráfagas de aire se hicieron aún más intensas, tanto que los brujos fueron arrastrados unos centímetros hacia atrás. Y de pronto, en medio de aquella correntada, la forma etérea de una mujer entró deslizándose con suavidad, flotando sobre el suelo, y se les acercó. </span></span></span><span style="font-size: small;" class="mycode_size">Los brujos no retrocedieron, alzaron más alto el colgante. </span><br />
<br />
<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><img src="http://storenow.net/download/b38df155da47f0c2389377a4ca756ebd/faceapp_1564612026842_(3).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: faceapp_1564612026842_(3).jpg]" class="mycode_img" /></span><br />
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<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El espectro se detuvo cara a cara con Geralt, el joven pupilo bajó la mirada, posándola en sus propias botas. Aun así, él fue consciente de que la aparición le observó primero por el frente, luego por un lado, después desde atrás. Lo mismo hizo con Vesemir; el maestro, siguiendo su propia enseñanza, también bajó la mirada, sabía lo mucho que enfadaba a los espectros el contacto visual.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">De pronto, la correntada se detuvo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Por qué no ha venido él? —preguntó entonces la mujer, con un susurro helado en el oído del viejo brujo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Los hombres temen lo que no comprenden —respondió Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Se ha olvidado de mí? —silbó el espectro tras la oreja del pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Te recuerda con amor —contestó Geralt.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Amor? —chilló la mujer, aturdiéndolos por un instante—. Amor… sí, nos amábamos. Yo sigo amándolo como el primer día. —Volvió a helar el cuello del joven brujo—: ¿Él me ama como antes?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt fue cuidadoso:</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Jamás dejó de amarte.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La aparición dejó sus espaldas, se detuvo delante del viejo maestro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Y porque os envía a vosotros? ¿Acaso no sois hombres como él?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Somos brujos —dijo Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡¿Brujos?! —chilló el espíritu, el viejo maestro sintió la corriente de aire en el rostro—. ¿Él quiere que me vaya, que me expulséis? ¡No! Yo quiero verle, yo quiero decirle una vez más cuánto lo amo. Yo quiero… decirle que sea feliz con alguien más.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt y Vesemir se miraron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Él ya es feliz —dijo Vesemir—. Tiene una bella esposa. Es… tu hermana.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡¿Elena?!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—La eligió porque le recuerda a ti —se apresuró a agregar el joven pupilo, mirando de soslayo a su maestro, con los dientes apretados—. Él ve en ella tu sonrisa, tu mirada, siente que a su lado tiene una parte de ti. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La aparición flotó hasta quedar a solo un centímetro del rostro de Geralt.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Y yo? —preguntó—. ¿Yo qué tengo de él? ¡Nada! Estoy sola, perdida, le necesito.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La aparición se movió hacia sus espaldas, de allí les llegó un extraño rumor. Los músculos de ambos se tensaron, irguieron la cabeza, la mano derecha de Vesemir se movió poco a poco hacia la empuñadura de la espada. Pero entonces Geralt miró apenas sobre su hombro y entendió lo que sucedía: el espectro lloraba.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ya nunca más te sentirás sola, Annabelle —dijo el joven pupilo, volviendo a posar la mirada en el suelo—. Brandt te ama, y no quiere eso para ti. Este collar, lo reconoces bien, ¿verdad? Es tu regalo de compromiso, tú se lo diste. Es su tesoro más preciado. Y aun así, está dispuesto a que tú lo conserves. Te ama, Annabelle, y sabe que lo necesitas más que él. Cógelo, os pertenece a vosotros, y no a un par de brujos que nada entienden de amor.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Maestro y pupilo cerraron los ojos y visualizaron mentalmente el rostro del enamorado, sonriente, feliz, invitándola a ella a ver lo mismo. El llanto se detuvo y, tras un momento, ambos brujos sintieron la electricidad de la mano del espectro muy cerca de las suyas; separando los dedos de las palmas, soltaron el collar. Este no cayó al suelo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Brandt, mi amor —dijo la aparición, con un tono dulce y melancólico—. Te extraño tanto… Brujos, gracias… gracias. —Se movió hasta quedar cara a cara una vez más con Geralt—. Tú, tan joven, tan hermoso, tan agradable. Me recuerdas a él. Abre la mano, bello brujo, y que seas tú quien dé esto a mi amado.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El pupilo extendió su brazo, lentamente giró la muñeca y abrió la mano, con la palma hacia arriba. Pronto sintió un objeto de metal sobre esta.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Dile —le dijo la aparición—, dile que lo cuelgue del cuello de su esposa, mi amada hermana, y yo descansaré en paz, por fin. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Y dicho esto, Geralt sintió en los suyos el frío de los labios del espíritu en un beso suave y delicado.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Adiós, Brandt —dijo la aparición, y poco a poco fue retrocediendo de espaldas hacia la puerta.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Adiós, Annabelle —dijo el joven pupilo, cerrando la mano, apretando el objeto—. Que el descanso te sea placentero. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La puerta lateral volvió a cerrarse, los brujos se quedaron solos allí. Geralt sabía que los ojos de su maestro estaban puestos sobre él.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Envidia, viejo? —preguntó, volviéndose hacia Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El maestro inclinó la cabeza a un lado y al otro, examinándole con el rostro ceñudo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Sorpresa —replicó este, alzando las cejas.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Sorpresa?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Y te extrañas, malandrín —bufó el maestro, divertido—. Cerré los ojos un momento y… no llevas ningún chupetón en el cuello. Si eso no es motivo de sorpresa, dime qué lo es.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Sabes qué, viejo verde? —Una sonrisa afloró en los labios de Geralt—. Comienzo a creer que todo esto de las lecciones es una excusa para contagiar de juventud a tu amigo de abajo. Anoche… dime, ¿está funcionando este método?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir le dio unas palmaditas en el hombro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Y cómo, Lobo. Y cómo. </span></span></span><br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">IV</span></span></span></span></span></span></div>
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Temprano en la mañana se presentaron en la vivienda de Brandt Firutrer, luego de haber pasado la noche en una de las posadas del pueblo. Vesemir llamó a la puerta, Geralt estaba a su lado.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El dueño de casa abrió tras el primer golpe.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡¿Lo habéis hecho?! ¡¿Lo habéis logrado?!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Aún no —respondió el maestro—. Pero poco falta. ¿Podemos entrar?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Está mi esposa…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Les necesitamos a ambos.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Brandt posó sus ojos en el viejo brujo. </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Solo hazte a un lado</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">, decía su mirada, </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">y jamás nos verás de nuevo</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">. Desvió entonces la vista hacia el joven, su expresión era bien distinta. </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Confía en nosotros</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">, le decía, </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">solo ves la superficie. Ponte en nuestro lugar</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">. Pero la única diferencia entre un brujo y otro era solo la experiencia; el dueño de casa supo que, algún día, un día no tan lejano, la expresión de ambos sería idéntica. Y con razón.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Pero ese no era el día. Se hizo a un lado y les permitió el paso.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los brujos entraron, se detuvieron poco más allá del umbral. Brandt Firutrer les sobrepasó y se acomodó junto a su esposa, que les había oído hablar y esperaba de pie en medio de la sala, con una mano detrás de la espalda. Él la abrazó y la besó en la mejilla.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Os oímos, brujos. Decidnos en qué podemos ayudar.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir codeó a Geralt, el joven pupilo le miró con mala cara, luego soltó un suspiro y avanzó tres pasos. Sus anfitriones retrocedieron uno. Se detuvo, molesto, miró a su maestro por encima del hombro; este le devolvió una mirada pétrea y, con un movimiento de cabeza, le instó a continuar.</span></span></span><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="http://storenow.net/download/aed682e9b587d1757843c7bdd7d323b4/qygk6tu_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: qygk6tu_(2).jpg]" class="mycode_img" /></span></span></span><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo soltó una ruidosa exhalación, volvió a avanzar, más despacio ahora, observando el desprecio en los ojos de la mujer, el temor en los del hombre. </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me conocen</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">, se dijo a sí mismo. </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No conocen mis sentimientos, no saben que los tengo. Pero soy un brujo, y es mejor así.</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"> Con estas palabras, avanzó hasta quedar a dos pasos de ellos, alargó su mano enguantada, les mostró lo que llevaba en ella.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Brandt Firutrer lo reconoció de inmediato. El collar que la aparición le había entregado tenía forma de delfín, uno muy hermoso. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Annabelle —dijo el dueño de casa, apartándose de su esposa para adelantarse hasta él. Cuando estuvo frente a frente, estiró la mano ahuecada; el joven brujo dejó en ella el colgante—. ¿Cómo… cómo…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ella me lo dio —explicó Geralt—. Su último deseo es que lo cuelgues del cuello de tu esposa, su hermana, y así ella descansará en paz sabiendo que eres feliz. Ella aún te ama.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Brandt miró a su mujer, sin saber qué decir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No digas nada —dijo el joven pupilo, áspero—. Solo cumple con su pedido.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El dueño de casa asintió y se dio la vuelta, con movimientos mecánicos se colocó tras su esposa.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Elena —dijo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La mujer se levantó los cabellos con ambas manos, desnudando su pálido cuello, sin despegar sus ojos marrones de los dorados de Geralt. Brandt pasó sus manos por encima de los hombros de su esposa, dejando que el delfín le cayera sobre el pecho, luego unió ambas mitades de la delicada cadena por debajo de la nuca de ella.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo soltó un suspiro y saludó con una inclinación de cabeza. Entendiendo que aquello era el fin, se dio la vuelta y caminó hacia su maestro, mirándole con satisfacción. Pero vio de pronto como los ojos de Vesemir se abrían como platos, como sus labios se separaban al cortársele la respiración. Geralt giró sobre sus pies, justo a tiempo de ver a la joven cayendo al suelo, con las manos alrededor del cuello, intentando detener el agarre de la cadena, que le apretaba cada vez más. El joven pupilo sintió el empellón de su maestro cuando este le pasó a su lado, pero él no atinó a moverse, tan solo pudo quedarse ahí parado, viendo como la vida abandonaba el rostro de su anfitriona. Ni Brandt, con sus gritos y movimientos ampulosos, ni Vesemir, con sus manos intentando tirar de la cadena, y luego con sus puñetazos al pecho de la mujer, pudieron hacer algo para detener esa partida.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El dueño de casa apartó al viejo de un empujón, se tendió junto a su esposa.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Iros de aquí, mutantes! ¡Iros de aquí, monstruos! ¡Nunca nadie confiará en vosotros!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir bajó la mirada, giró y avanzó hacia su pupilo. Le apoyó una mano en el hombro, pero siguió su camino hasta la salida sin decir nada. Geralt se quedó un minuto entero ahí, todavía clavado al piso.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Que os vayáis! —tronó Brandt—. ¡Ve a cobrar tu sucio dinero!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo se tragó una disculpa, se marchó sin decir nada más. </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="http://storenow.net/download/3d394891dbb9438d2ef7cb3e80a0b24f/faceapp_1564333827481_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: faceapp_1564333827481_(2).jpg]" class="mycode_img" /></span></span></span><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Montó en Sardinilla, su maestro ya estaba sobre su caballo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Silencio.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Si, Lobo?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ellos hacen bien. No es posible confiar en nosotros.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Silencio.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Te equivocas, Lobo. Es en los monstruos en quienes no se debe confiar. Y nosotros somos hombres, mutados, pero hombres al fin.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Miraron hacia la casa, de donde escapaban los gritos desgarradores de Brandt.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Pero es culpa nuestra…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Culpa nuestra? ¿Acaso empujamos a esa desgraciada mujer al fondo del mar hace cinco años? ¿Fuimos nosotros quienes casamos a esos dos? ¿Es culpa nuestra que existan los monstruos? Los brujos existimos por ellos, no al revés. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Pero…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No, Geralt, ni se te ocurra. Somos hombres, y como tales cometemos errores. Está en nuestra naturaleza, y ninguna mutación borrará eso. —El joven pupilo desvió la mirada—. Geralt, mírame. ¿Tú confías en mí? ¿Lo haces?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Lo hago, Vesemir. Tu eres para mí un… maestro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Y yo confío en ti, Lobo, más incluso que en mí mismo. Y no solo porque te vea como a un hijo, como el que jamás tendré, sino porque te conozco, y te entiendo.  —Soltó un suspiro—. Ellos nos temen, Lobo. Y nosotros les tememos a ellos más que a los monstruos, porque…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Porque los hombres temen lo que no comprenden —concluyó el joven pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se hizo el silencio mientras asentían con la cabeza. Entonces miraron por última vez la pintoresca casa, orientaron los caballos hacia el puerto y partieron al trote. Irían a cobrar su dinero, sucio o no. A los hombres tal cosa no les importa.</span></span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Agradezco a Sashka, como siempre, por ser la primera en leer y tener siempre el comentario justo para arreglar los problemas y errores que toda historia tiene. Especialmente, gracias por ayudarme con la forma de hablar de los personajes, no sería lo mismo sin ello  <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/wink.png" alt="Wink" title="Wink" class="smilie smilie_2" /></span></span></span></span></div>
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">I</span></span></span></span></span></span></span></div>
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<img src="http://storenow.net/download/2e20b89c9bfe92a261356e48fbb63154/unzgphl_(2).jpg" loading="lazy"  width="350" height="450" alt="[Image: unzgphl_(2).jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los brujos ataron los caballos a los restos de una valla, prefiriendo remontar a pie el último tramo de la cuesta. Mientras ascendían, la mirada del joven pupilo se mantenía clavada en la alta construcción a la que se acercaban. La del maestro, en cambio, no se elevaba más allá de los sitios donde apoyaba los pies.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ahora sí entiendo por qué no querías aceptar este contrato —dijo Geralt—. Mala paga, y una mierda. Era por esta maldita subida: te está dando una paliza, viejo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No es por… eso que… </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir, jadeas como un perro enfermo. Mejor no hables, o te dará un patatús y adiós a tus estúpidas lecciones. Y qué será de mí… </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Y qué será de ti? Hum… chupetones, heridas estúpidas, trabajo mal pagado, chupetones, problemas con la ley, y… ¿ya dije chupetones?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt miró sobre su hombro, sonrió.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Eso me espera? Hum, mejor no me tientes, viejo, que aquí no hay nadie mirando.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se detuvieron uno junto al otro frente a la enorme construcción.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Quizá sí haya alguien —dijo Vesemir, con tono serio ahora, mirando las altas ventanas del faro—. ¿Tú también…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—También —lo cortó su pupilo—. Desde que dejamos los caballos. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Sin decirse nada más, ambos se acercaron al edificio.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo abrió la puerta cogiendo la manija con mano firme, entró el primero. Vesemir le siguió y cerró detrás; si había algo ahí dentro, mejor mantenerlo encerrado. Sus pupilas se ampliaron de inmediato para amoldarse al cambio de luz, de igual manera poco había para mirar. Unas cajas por aquí, una cama roída por allá, una mesa pequeña y cubierta de polvo en medio, telarañas en los altos rincones. Y ratas, muchas ratas.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Pronto se vieron subiendo por las escaleras de caracol. Vesemir iba delante ahora, marcando el ritmo, sereno y precavido. Ya no jadeaba ni se quejaba por el esfuerzo, parecía haber rejuvenecido veinte años al cruzar la puerta. Geralt admiraba su profesionalidad.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Llegaron así al último escalón, una puerta les cortó el paso. El viejo brujo alargó una mano y cogió el picaporte, el medallón de plata se agitó en su pecho. Vesemir la retiró, miró hacia atrás.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Débil? —preguntó el joven pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Débil. Apenas un cosquilleo. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Deberíamos…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No, Lobo. Se espantará. Solo estate alerta. ¿Listo?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Listo.</span></span></span><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="http://storenow.net/download/aeab71f75bf2c328c460cdfe5102def7/400px-witcher3vesemir_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: 400px-witcher3vesemir_(2).jpg]" class="mycode_img" /></span></span></span><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir volvió a coger la manija y la giró con lentitud, la puerta se abrió con un chasquido. Entonces el viejo maestro fue empujándola suavemente con la bota, examinando una porción cada vez mayor de la sala al otro lado. No vio nada ni a nadie. Avanzó, y Geralt lo hizo detrás. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Aquel recinto tenía todo lo necesario para alimentar la hoguera del faro, la cual aún estaba por encima, a la intemperie; la escalera exterior que subía hasta allí se vislumbraba por una puerta abierta, a la derecha. Vesemir avanzó hasta una estantería, cogió algunos de los frascos que había allí y los examinó tras soplar el polvo. Geralt dio un paso hacia esa puerta lateral, pero de pronto una ráfaga de aire entró chillando y su medallón tiró de la cadena con fuerza, y en ese chillido ambos brujos distinguieron un nombre.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Brandt!</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo puso una mano en la empuñadura a su espalda, buscó con la mirada a su maestro. Vesemir le pidió calma con un gesto, Geralt volvió a bajar el brazo poco a poco. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Quién es Brandt? —preguntó el viejo brujo, alzando la voz.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Uno de los frascos del estante salió disparado hacia el pupilo, este se agachó y lo esquivó por los pelos.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vese… —Geralt se calló de pronto ante la mirada de su maestro, pues aquella bastó para recordárselo: </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">jamás debes decir tu nombre delante de los espíritus.</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Estamos aquí para…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Brandt!</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Queremos ayudar! —insistió Vesemir, grave—. Ayudarte a…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Brandt! ¡Brandt! ¡Brandt!</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La voz helaba la sangre, se percibía un profundo dolor en ella, y una ira, una ira terrible e incontrolable.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los frascos comenzaron a ser lanzados uno detrás del otro, luego el estante entero cayó. Los troncos amontonados a un costado se desparramaron por el suelo, después fueron convertidos en proyectiles, asediando las paredes con fuerza, dejando hendiduras en ellas.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Vámonos de aquí! —tronó Geralt, y, sin miramientos, corrió hacia su maestro, le cogió firme por el brazo y le arrastró hacia las escaleras de caracol.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Pero esta puerta también se cerró delante de sus narices con un golpe. Acto seguido, un tronco golpeó la espalda de Geralt, un especiero le dio en la nuca. El joven brujo atinó a desenvainar, pero su maestro le aferró la muñeca a tiempo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Aun no —le dijo. Su voz no se había perturbado ni un poco.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Nos matará!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Braaaaaaandt! </span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El chillido fue ensordecedor, los brujos se llevaron las manos a las orejas y apretaron con fuerza para acallarlo. Y entonces, de pronto, el agudo aullido se calló, todo en la sala quedó en silencio e inmóvil.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Y ahora qué? —gruñó el pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ahora nos vamos —dijo el maestro—. No somos bienvenidos aquí.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">II</span></span></span></span></span></span></div>
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt llamó a la puerta de una casa pintoresca, asentada en el sector de Winzur más apartado de la costa. Vesemir aguardaba más atrás, sentado en uno de los palos de la cerca. El joven pupilo esperó, llamó, esperó y volvió a llamar. Y entonces le abrieron. Al otro lado del umbral apareció un sujeto de edad similar a la suya, delgaducho pero de rasgos finos y acentuados.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Qué queréis? —espetó, señalándoles con el mentón—. ¿Os parece buena hora pa’l incordio, par de…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt se cruzó de brazos, inclinó la cabeza con una ceja alzada.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Par de…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Brujos —dijo el sujeto, con la voz perceptiblemente más aguda—. Sois brujos. Creí que…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Lo somos. ¿Y tú, eres Brandt Firutrer? —El joven delgaducho tragó saliva con un chasquido, asintió con la cabeza—. Bien. Tenemos que hablar.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt hizo un gesto a Vesemir y avanzó hacia la puerta con la intención de entrar, pero el dueño de casa salió fuera y cerró detrás de él.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Os parece que hablemos por allí?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo miró hacia dónde señalaba el sujeto.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿A la vista de todos? Por qué no. —Se encogió de hombros—. Serás tú quien se muestre con mutantes, no nosotros.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven delgaducho se lo pensó de nuevo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Mmm, mejor entremos a la casa, que se está más fresco y hay cerveza. ¿Estáis de acuerdo?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Y cómo —respondió Geralt y, con una sonrisa torcida, llamó a su maestro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se sentaron alrededor de una mesa. Los brujos se acomodaron uno a la par del otro, con sus respectivas jarras; el dueño de casa escogió la silla enfrentada a ellos. Por unos minutos, maestro y pupilo solo se dedicaron a beber y mirar fijamente a su anfitrión.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Nervioso, restregándose las manos sudorosas bajo la mesa, Brandt Firutrer por fin tomó coraje y preguntó:</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿De qué queréis hablar?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los brujos no respondieron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vosotros sois los que vinisteis, algo debéis querer de mí…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los brujos no respondieron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Es… acerca del faro?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Pupilo y maestro se miraron un momento, el primero se echó hacia atrás en la silla, el segundo tomó la palabra:</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Acerca del faro —convino—. Estuvimos allí esta mañana.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El dueño de casa acabó la cerveza de su jarra.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Entonces es cierto. Es… es… —las palabras se le ahogaron en la garganta, bajó la cabeza y apoyó la frente contra la madera, pesaroso.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Cuál era su nombre? —preguntó Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Brandt Firutrer miró los ojos dorados del viejo maestro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Annabelle —pronunció con dificultad, como si sus labios hubieran olvidado el sonido de aquel nombre. Los brujos mantuvieron el silencio, dándole pie para que narrara su historia—. Era una joven dulce, simpática, bondadosa. Bella a su manera. Y yo… la amaba. Era mi prometida, brujos, íbamos a casarnos. Íbamos… No pudimos. Aquella noche funesta, hace ya cinco años, ella se fue a dónde no pude seguirla, aunque tuve ganas de hacerlo. ¿Qué sucedió? Se cayó a las aguas. Se ahogó, brujos. Aún hoy me pregunto qué hacía tan cerca de la costa aquella noche. —Negó con la cabeza—. Jamás lo sabré. —Sorbió los mocos, se limpió una lágrima que había aparecido en su ojo—. Eso es todo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No —dijo Geralt—. No lo es. Cinco años, en ese lapso de tiempo ella se mantuvo tranquila. Tiene que haber algo…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Un casamiento —dijo el viejo brujo. Llevaba un rato observando el anillo de boda en el dedo anular del dueño de casa—. Has roto una promesa. Le prometiste que no te casarías con nadie más.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Pero… pero… ¿cómo lo sabéis?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Porque los enamorados hablan sin pensar —replicó Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">En ese momento, la puerta de la casa se abrió y una mujer entró cargando unas canastas repletas con variada mercancía.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Mira, mi amor, lo que encontré en el…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Al alzar la mirada, la joven se frenó en seco, las canastas cayeron de sus manos, unas manzanas rodaron por el piso. Geralt cogió una que chocó su pie, le dio un mordisco.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Quiénes son estos hombres, Brandt? —preguntó ella.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Querida, no te asustes —dijo el dueño de casa, acercándosele, abrazándola por un lado—. Son brujos. Están aquí por lo de… tu hermana.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Annabelle!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt y Vesemir se miraron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Perra suerte —murmuraron al mismo tiempo—. Perra suerte.</span></span></span><br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">III</span></span></span></span></span></span></div>
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La noche los encontró cabalgando otra vez hacia el faro. El aire era cálido, la brisa les acariciaba el rostro, despeinando apenas sus cabellos por detrás. Las estrellas y la luna brillaban sin impedimento de nube alguna. Era una noche agradable. Pero eso cambiaría en cuanto pusieran un pie dentro de aquella construcción. Ellos bien lo sabían.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Por el tono de voz de su pupilo, el viejo maestro supo que diría algo a lo que le había dado muchas vueltas.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Si, Lobo?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ya sé que debemos agotar todas las instancias antes de la… irremediable, la lección no se me ha olvidado. Pero, ¿no crees que es mala idea meternos allí sin blandir la espada?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No, no lo creo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir, esa cosa estará muy molesta. Y diablos, tiene razones para estarlo. ¿Con la hermana? Su puta madre, ¿cómo reaccionará cuando se lo digamos?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Depende de cómo lo hagamos, Lobo. Recuerda: no debemos mentir, los espíritus son capaces de percibirlo mejor que cualquiera. Pero…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—El que calla, no miente —concluyó el joven pupilo—. Lo sé.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Siguieron cabalgando un tramo en silencio.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Si, Lobo? </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Crees que lo lograremos?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Es nuestro deber intentarlo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo soltó una pequeña risita.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Viejo —le dijo—. Yo no soy una aparición. Puedes mentirme. De hecho, quiero ver cómo lo haces. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir le miró con gesto serio, sus miradas se encontraron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Lo lograremos, Lobo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt quiso reír por la desfachatez de su maestro, pero no pudo. No pudo, aunque lo deseó con fuerza. Esa noche, por alguna razón, necesitaba creer esa mentira.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Detuvieron a los caballos frente al faro, los ataron a un poste cercano a la puerta. Luego se ajustaron uno al otro los nudos de las almillas, por debajo de las axilas y por encima del hombro, dejando los medallones de brujo bien a la vista. Las espadas de acero las dejaron atrás, cogieron en cambio las que llevaban en las monturas, envueltas en piel de oveja. Las de plata.  Una vez enfundaron estas en sus tahalíes, donde pudieran alcanzarlas con un rápido movimiento de la mano, entraron a la alta construcción.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Sus colgantes comenzaron a agitarse al poner un pie sobre el primer escalón. Los ojos de los brujos se encontraron de inmediato, decían: </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ya no hay vuelta atrás</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">. Subieron a un ritmo lento y constante, los lobos de plata se agitaban cada vez con más fuerza, con movimientos bruscos. Y, como esa misma mañana, se detuvieron frente a la puerta de la última habitación.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir se volvió hacia su pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Estoy listo —dijo Geralt, anticipándose a su pregunta.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Y así entraron, uno detrás del otro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La sala seguía envuelta en la misma quietud que cuando la abandonaran, pero la atmósfera estaba lejos de ser calma. Los medallones eran capaces de percibir esa electricidad, los brujos los sostenían con la mano para detener sus movimientos.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Maestro y pupilo se acomodaron uno junto al otro, de cara a la puerta lateral. Geralt sostenía el extremo de un collar con la mano derecha, Vesemir con la izquierda. Y esperaron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se levantó viento. Las ráfagas de aire entraron por la abertura, la puerta se abrió y cerró varias veces, los silbidos comenzaron a sonar. Los brujos se mantuvieron firmes. El viento arreció, los silbidos se convirtieron en aullidos, y entre estos oyeron lo que deseaban oír.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡Braaandt!</span></span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El hálito les sopló directo en la cara, helándoles la piel, echándoles los cabellos hacia atrás, obligándoles a entrecerrar los ojos. Los brujos elevaron entonces cada uno su respectiva mano, alzando el collar.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Annabelle! —dijeron con voz pastosa, al unísono, las palabras brotaron de sus labios acompañadas de vaho—. ¡Venimos en nombre de tu amado!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Las ráfagas de aire se hicieron aún más intensas, tanto que los brujos fueron arrastrados unos centímetros hacia atrás. Y de pronto, en medio de aquella correntada, la forma etérea de una mujer entró deslizándose con suavidad, flotando sobre el suelo, y se les acercó. </span></span></span><span style="font-size: small;" class="mycode_size">Los brujos no retrocedieron, alzaron más alto el colgante. </span><br />
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<span style="font-size: small;" class="mycode_size"><img src="http://storenow.net/download/b38df155da47f0c2389377a4ca756ebd/faceapp_1564612026842_(3).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: faceapp_1564612026842_(3).jpg]" class="mycode_img" /></span><br />
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<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El espectro se detuvo cara a cara con Geralt, el joven pupilo bajó la mirada, posándola en sus propias botas. Aun así, él fue consciente de que la aparición le observó primero por el frente, luego por un lado, después desde atrás. Lo mismo hizo con Vesemir; el maestro, siguiendo su propia enseñanza, también bajó la mirada, sabía lo mucho que enfadaba a los espectros el contacto visual.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">De pronto, la correntada se detuvo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Por qué no ha venido él? —preguntó entonces la mujer, con un susurro helado en el oído del viejo brujo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Los hombres temen lo que no comprenden —respondió Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Se ha olvidado de mí? —silbó el espectro tras la oreja del pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Te recuerda con amor —contestó Geralt.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Amor? —chilló la mujer, aturdiéndolos por un instante—. Amor… sí, nos amábamos. Yo sigo amándolo como el primer día. —Volvió a helar el cuello del joven brujo—: ¿Él me ama como antes?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt fue cuidadoso:</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Jamás dejó de amarte.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La aparición dejó sus espaldas, se detuvo delante del viejo maestro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Y porque os envía a vosotros? ¿Acaso no sois hombres como él?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Somos brujos —dijo Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡¿Brujos?! —chilló el espíritu, el viejo maestro sintió la corriente de aire en el rostro—. ¿Él quiere que me vaya, que me expulséis? ¡No! Yo quiero verle, yo quiero decirle una vez más cuánto lo amo. Yo quiero… decirle que sea feliz con alguien más.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Geralt y Vesemir se miraron.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Él ya es feliz —dijo Vesemir—. Tiene una bella esposa. Es… tu hermana.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡¿Elena?!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—La eligió porque le recuerda a ti —se apresuró a agregar el joven pupilo, mirando de soslayo a su maestro, con los dientes apretados—. Él ve en ella tu sonrisa, tu mirada, siente que a su lado tiene una parte de ti. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La aparición flotó hasta quedar a solo un centímetro del rostro de Geralt.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Y yo? —preguntó—. ¿Yo qué tengo de él? ¡Nada! Estoy sola, perdida, le necesito.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La aparición se movió hacia sus espaldas, de allí les llegó un extraño rumor. Los músculos de ambos se tensaron, irguieron la cabeza, la mano derecha de Vesemir se movió poco a poco hacia la empuñadura de la espada. Pero entonces Geralt miró apenas sobre su hombro y entendió lo que sucedía: el espectro lloraba.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ya nunca más te sentirás sola, Annabelle —dijo el joven pupilo, volviendo a posar la mirada en el suelo—. Brandt te ama, y no quiere eso para ti. Este collar, lo reconoces bien, ¿verdad? Es tu regalo de compromiso, tú se lo diste. Es su tesoro más preciado. Y aun así, está dispuesto a que tú lo conserves. Te ama, Annabelle, y sabe que lo necesitas más que él. Cógelo, os pertenece a vosotros, y no a un par de brujos que nada entienden de amor.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Maestro y pupilo cerraron los ojos y visualizaron mentalmente el rostro del enamorado, sonriente, feliz, invitándola a ella a ver lo mismo. El llanto se detuvo y, tras un momento, ambos brujos sintieron la electricidad de la mano del espectro muy cerca de las suyas; separando los dedos de las palmas, soltaron el collar. Este no cayó al suelo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Brandt, mi amor —dijo la aparición, con un tono dulce y melancólico—. Te extraño tanto… Brujos, gracias… gracias. —Se movió hasta quedar cara a cara una vez más con Geralt—. Tú, tan joven, tan hermoso, tan agradable. Me recuerdas a él. Abre la mano, bello brujo, y que seas tú quien dé esto a mi amado.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El pupilo extendió su brazo, lentamente giró la muñeca y abrió la mano, con la palma hacia arriba. Pronto sintió un objeto de metal sobre esta.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Dile —le dijo la aparición—, dile que lo cuelgue del cuello de su esposa, mi amada hermana, y yo descansaré en paz, por fin. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Y dicho esto, Geralt sintió en los suyos el frío de los labios del espíritu en un beso suave y delicado.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Adiós, Brandt —dijo la aparición, y poco a poco fue retrocediendo de espaldas hacia la puerta.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Adiós, Annabelle —dijo el joven pupilo, cerrando la mano, apretando el objeto—. Que el descanso te sea placentero. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La puerta lateral volvió a cerrarse, los brujos se quedaron solos allí. Geralt sabía que los ojos de su maestro estaban puestos sobre él.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Envidia, viejo? —preguntó, volviéndose hacia Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El maestro inclinó la cabeza a un lado y al otro, examinándole con el rostro ceñudo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Sorpresa —replicó este, alzando las cejas.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Sorpresa?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Y te extrañas, malandrín —bufó el maestro, divertido—. Cerré los ojos un momento y… no llevas ningún chupetón en el cuello. Si eso no es motivo de sorpresa, dime qué lo es.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Sabes qué, viejo verde? —Una sonrisa afloró en los labios de Geralt—. Comienzo a creer que todo esto de las lecciones es una excusa para contagiar de juventud a tu amigo de abajo. Anoche… dime, ¿está funcionando este método?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir le dio unas palmaditas en el hombro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Y cómo, Lobo. Y cómo. </span></span></span><br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">IV</span></span></span></span></span></span></div>
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Temprano en la mañana se presentaron en la vivienda de Brandt Firutrer, luego de haber pasado la noche en una de las posadas del pueblo. Vesemir llamó a la puerta, Geralt estaba a su lado.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El dueño de casa abrió tras el primer golpe.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡¿Lo habéis hecho?! ¡¿Lo habéis logrado?!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Aún no —respondió el maestro—. Pero poco falta. ¿Podemos entrar?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Está mi esposa…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Les necesitamos a ambos.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Brandt posó sus ojos en el viejo brujo. </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Solo hazte a un lado</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">, decía su mirada, </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">y jamás nos verás de nuevo</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">. Desvió entonces la vista hacia el joven, su expresión era bien distinta. </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Confía en nosotros</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">, le decía, </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">solo ves la superficie. Ponte en nuestro lugar</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">. Pero la única diferencia entre un brujo y otro era solo la experiencia; el dueño de casa supo que, algún día, un día no tan lejano, la expresión de ambos sería idéntica. Y con razón.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Pero ese no era el día. Se hizo a un lado y les permitió el paso.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Los brujos entraron, se detuvieron poco más allá del umbral. Brandt Firutrer les sobrepasó y se acomodó junto a su esposa, que les había oído hablar y esperaba de pie en medio de la sala, con una mano detrás de la espalda. Él la abrazó y la besó en la mejilla.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Os oímos, brujos. Decidnos en qué podemos ayudar.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir codeó a Geralt, el joven pupilo le miró con mala cara, luego soltó un suspiro y avanzó tres pasos. Sus anfitriones retrocedieron uno. Se detuvo, molesto, miró a su maestro por encima del hombro; este le devolvió una mirada pétrea y, con un movimiento de cabeza, le instó a continuar.</span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="http://storenow.net/download/aed682e9b587d1757843c7bdd7d323b4/qygk6tu_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: qygk6tu_(2).jpg]" class="mycode_img" /></span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo soltó una ruidosa exhalación, volvió a avanzar, más despacio ahora, observando el desprecio en los ojos de la mujer, el temor en los del hombre. </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No me conocen</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">, se dijo a sí mismo. </span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">No conocen mis sentimientos, no saben que los tengo. Pero soy un brujo, y es mejor así.</span></span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"> Con estas palabras, avanzó hasta quedar a dos pasos de ellos, alargó su mano enguantada, les mostró lo que llevaba en ella.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Brandt Firutrer lo reconoció de inmediato. El collar que la aparición le había entregado tenía forma de delfín, uno muy hermoso. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Annabelle —dijo el dueño de casa, apartándose de su esposa para adelantarse hasta él. Cuando estuvo frente a frente, estiró la mano ahuecada; el joven brujo dejó en ella el colgante—. ¿Cómo… cómo…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ella me lo dio —explicó Geralt—. Su último deseo es que lo cuelgues del cuello de tu esposa, su hermana, y así ella descansará en paz sabiendo que eres feliz. Ella aún te ama.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Brandt miró a su mujer, sin saber qué decir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No digas nada —dijo el joven pupilo, áspero—. Solo cumple con su pedido.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El dueño de casa asintió y se dio la vuelta, con movimientos mecánicos se colocó tras su esposa.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Elena —dijo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">La mujer se levantó los cabellos con ambas manos, desnudando su pálido cuello, sin despegar sus ojos marrones de los dorados de Geralt. Brandt pasó sus manos por encima de los hombros de su esposa, dejando que el delfín le cayera sobre el pecho, luego unió ambas mitades de la delicada cadena por debajo de la nuca de ella.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo soltó un suspiro y saludó con una inclinación de cabeza. Entendiendo que aquello era el fin, se dio la vuelta y caminó hacia su maestro, mirándole con satisfacción. Pero vio de pronto como los ojos de Vesemir se abrían como platos, como sus labios se separaban al cortársele la respiración. Geralt giró sobre sus pies, justo a tiempo de ver a la joven cayendo al suelo, con las manos alrededor del cuello, intentando detener el agarre de la cadena, que le apretaba cada vez más. El joven pupilo sintió el empellón de su maestro cuando este le pasó a su lado, pero él no atinó a moverse, tan solo pudo quedarse ahí parado, viendo como la vida abandonaba el rostro de su anfitriona. Ni Brandt, con sus gritos y movimientos ampulosos, ni Vesemir, con sus manos intentando tirar de la cadena, y luego con sus puñetazos al pecho de la mujer, pudieron hacer algo para detener esa partida.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El dueño de casa apartó al viejo de un empujón, se tendió junto a su esposa.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Iros de aquí, mutantes! ¡Iros de aquí, monstruos! ¡Nunca nadie confiará en vosotros!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Vesemir bajó la mirada, giró y avanzó hacia su pupilo. Le apoyó una mano en el hombro, pero siguió su camino hasta la salida sin decir nada. Geralt se quedó un minuto entero ahí, todavía clavado al piso.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¡Que os vayáis! —tronó Brandt—. ¡Ve a cobrar tu sucio dinero!</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">El joven pupilo se tragó una disculpa, se marchó sin decir nada más. </span></span></span><br />
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font"><img src="http://storenow.net/download/3d394891dbb9438d2ef7cb3e80a0b24f/faceapp_1564333827481_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: faceapp_1564333827481_(2).jpg]" class="mycode_img" /></span></span></span><br />
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<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Montó en Sardinilla, su maestro ya estaba sobre su caballo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Vesemir.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Silencio.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Si, Lobo?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Ellos hacen bien. No es posible confiar en nosotros.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Silencio.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Te equivocas, Lobo. Es en los monstruos en quienes no se debe confiar. Y nosotros somos hombres, mutados, pero hombres al fin.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Miraron hacia la casa, de donde escapaban los gritos desgarradores de Brandt.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Pero es culpa nuestra…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—¿Culpa nuestra? ¿Acaso empujamos a esa desgraciada mujer al fondo del mar hace cinco años? ¿Fuimos nosotros quienes casamos a esos dos? ¿Es culpa nuestra que existan los monstruos? Los brujos existimos por ellos, no al revés. </span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Pero…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—No, Geralt, ni se te ocurra. Somos hombres, y como tales cometemos errores. Está en nuestra naturaleza, y ninguna mutación borrará eso. —El joven pupilo desvió la mirada—. Geralt, mírame. ¿Tú confías en mí? ¿Lo haces?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Lo hago, Vesemir. Tu eres para mí un… maestro.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Y yo confío en ti, Lobo, más incluso que en mí mismo. Y no solo porque te vea como a un hijo, como el que jamás tendré, sino porque te conozco, y te entiendo.  —Soltó un suspiro—. Ellos nos temen, Lobo. Y nosotros les tememos a ellos más que a los monstruos, porque…</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">—Porque los hombres temen lo que no comprenden —concluyó el joven pupilo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">Se hizo el silencio mientras asentían con la cabeza. Entonces miraron por última vez la pintoresca casa, orientaron los caballos hacia el puerto y partieron al trote. Irían a cobrar su dinero, sucio o no. A los hombres tal cosa no les importa.</span></span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fanfic] Las Enseñanzas de un Brujo V]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2070</link>
			<pubDate>Sat, 13 Jul 2019 14:35:51 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=603">FrancoMendiverry95</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2070</guid>
			<description><![CDATA[Como siempre, doy las gracias a <a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=99" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url"><span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">@Sashka</span></span></span></a> por ayudarme a mejorar el relato con sus apreciaciones. Me son de mucha ayuda.<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Las Enseñanzas de un Brujo V</span></span></span></div>
<br />
<br />
                                                         <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">I</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los brujos estaban cansados de cabalgar, llevaban más de una semana, casi dos, sin hallar trabajo. Y Geralt se aburría.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lobo, ya no silbes.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo silbó con más ganas una melodía que habían oído hacía poco en la posada de Razor, o quizá en la de Milsen. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lobo…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Es aburrido cabalgar sin silbar. —Y siguió haciéndolo—. Anda, prueba tú también, viejo trol.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su maestro soltó un gruñido, siguió mirando al frente.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No me digas que… —empezó Geralt.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Un brujo debe estar atento al camino.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—… No sabes silbar, ¡no sabes! —Soltó una pequeña risita—. Vesemir, pero si es tan sencillo, mira: debes poner los labios así, y soplar. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El maestro brujo lo intentó una vez.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Dije soplar, no escupir —se mofó Geralt—. Y deja la lengua dentro del morro, viejo tonto, o pensaré que eres una bruja sepulcral y echaré mano a la espada. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y qué quieres que haga con la lengua?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿De verdad quieres que responda a eso?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir bufó, el joven pupilo rio un poco más, se le ocurrió una idea para mantenerlo ocupado un rato.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Debes pegarla al paladar, por supuesto, así no se te escapa. Venga, prueba de nuevo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo maestro lo intentó otra vez, Geralt miró hacia otro lado para soltar una pequeña carcajada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Mejor! —exclamó, risueño—. ¡Una vez más, ya casi lo tienes!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y Vesemir siguió probando, y probando, y probando; el joven pupilo tuvo que dejar que se adelantara para reír a sus espaldas, y cada tanto soltaba alguna exclamación como: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡casi!</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡ya lo tienes!</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡eso es!</span>, y luego se mordía la lengua ante los bufidos y gruñidos de su maestro. </div>
<br />
<br />
<img src="http://storenow.net/download/608cb0635dd45fbc9c966cf8354136e2/geraltyvesemircaballo.jpg" loading="lazy"  width="400" height="350" alt="[Image: geraltyvesemircaballo.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los kilómetros, de ese modo, se le pasaron como por arte de magia. Hasta que él mismo se cansó de su juego.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir, ya basta.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo brujo lo intentó con más ganas, pero sin acercarse ni una pizca a conseguirlo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Es aburrido cabalgar sin tener nada que hacer, Lobo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y siguió intentándolo unos minutos más, divertido, porque, aunque su pupilo ya no dijo nada, él le oía gruñir, cómo chirriaban sus dientes, cómo suspiraba de fastidio.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Te divierte la venganza, viejo? —preguntó Geralt al fin.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo —replicó Vesemir, y aquello le fastidió todavía más.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Te gusta copiar las expresiones de los demás, ¿eh?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo. —Geralt soltó un bufido, el viejo brujo fue más allá—. ¿No me repites una y otra vez que debo actualizar mi forma de hablar?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Eso digo, es cierto, pero tampoco es para que lo repitas a cada momento. ¿Qué pensarías si yo agregara esas expresiones que tanto te gustan acomodar según el caso, el ‹‹soy demasiado viejo para…›› y el ‹‹no soy tan viejo para…››? Te irritaría, ¿verdad?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir le miró, pareció meditar un momento, luego soltó:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y estalló en una carcajada. Y Geralt, muy a su pesar, no pudo evitar que se la contagiara, y las risotadas de ambos se oyeron durante un buen trecho.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pero de pronto ambos escucharon el golpeteo de los cascos de un caballo, y al mirar por encima del hombro vieron al jinete, ya muy cerca, a unos escasos veinte metros. Vesemir llevó a su caballo a la vera de la carretera, su pupilo lo imitó.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El jinete los alcanzó enseguida, pasó a su lado, dedicó una detenida mirada al viejo brujo, entonces detuvo a su montura poco más allá. Ellos hicieron lo propio, guardando las distancias, mirando a un lado y al otro para asegurarse de que no hubiera nadie más en las cercanías.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El desconocido hizo virar a su caballo, alargó el cuello hacia delante, como si forzara la vista, y de pronto exclamó:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Vesemir! ¡Pero si eres tú, mi amigo el brujo!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt advirtió que el cuerpo de su maestro no se relajaba, y, por lo tanto, no relajó el suyo. El jinete pateó los costados de su montura y se acercó lentamente hasta quedar lado a lado con el viejo, pero este siguió reacio. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Entonces el desconocido se quitó el sombrero.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Nilgerfor! —exclamó Vesemir al ver la anaranjada cabellera, ahora sí, aflojando los músculos—. Que te lleven los diablos, tunante, no están los caminos para tus juegos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tal Nilgerfor soltó una gran carcajada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—El viejo Vesemir, siempre con su buen humor. Si no te conociera, mi amigo, hubiera dicho que eran tuyas las carcajadas que oí más atrás en el camino.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Carcajadas? ¿Mías? —El maestro miró a su pupilo con el rostro ceñudo—. ¿Lo has oído?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt asintió, hizo una mueca.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Qué disparate —dijo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Ah, me olvidaba que los brujos sois como piedras! —vociferó el pelirrojo—. Al menos si estáis sobrios. —Miró a Vesemir y le guiñó un ojo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo maestro evitó la mirada de su pupilo, tosió para disimular la incomodidad.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Vas de camino a tu casa, Nilgerfor?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Voy, poco falta ya, y quiero llegar a tiempo para la cena. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt carraspeó con clara intención.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y quién es este… es un muchacho, Vesemir? Pido que perdonéis mi ignorancia, pero el pelo blanco tiene como un anciano…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Su nombre es Geralt —dijo el maestro, tajante. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo leyó bien lo que decía su mirada: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">y es todo cuanto debes saber de él</span>. Geralt sabía bien que al viejo no le agradaba hablar con nadie acerca de los efectos de las mutaciones a las que eran sometidos los aprendices de brujos. Ni siquiera con ellos mismos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El pelirrojo se dio cuenta al momento de que entraba en terreno pantanoso.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Qué os parece si os venís conmigo? Ileana siempre prepara comida de sobra y prefiero daros de comer a vosotros que a los vagabundos que merodean la hacienda. —Nilgerfor arrastró la mirada de uno al otro—. ¿Os agrada la idea?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo —dijeron al unísono maestro y pupilo, y el asomo de una risa afloró en sus rostros. Geralt se mordió el labio, Vesemir tosió y agregó—: Queremos decir que, si no es molestia, nos encantará acompañarte, Nilgerfor.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Eso me vale! ¡Pues andando, que la tarde avanza!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir se extrañó al llegar a una bifurcación de caminos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿No es por aquí el trayecto más corto hasta tu casa? —preguntó, deteniendo su caballo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El rostro de Nilgerfor perdió color.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lo es. Pero ese camino está en desuso desde hace ya un año.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los brujos clavaron sus ojos dorados en aquella dirección.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Por tu tono —dijo Geralt—, dudo que sea por los baches.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El pelirrojo negó con la cabeza.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Algo andurrea por allí, en la vieja finca de los Testarell. Vesemir, mejor omitir esos detalles.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Nilgerfor, creo que olvidas que soy un brujo y puedo verte a pesar de la poca luz. Puedo verte bien, y advierto tu preocupación. ¿Qué tan malvado es ese <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">algo</span> como para tenerte asustado a ti?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir, en lo que respecta a los monstruos, soy lo bastante valiente como para enfrentarlos llegado el caso. Y lo sabes bien, ¿recuerdas aquel diablillo que rondaba por las granjas, y como lo saqué a pedrada limpia? —El viejo brujo asintió, rio con un bufido—. Bien. Pero allí… al entrar en ese sendero, nadie sabe a qué deberá hacer frente. Lo único que os puedo decir, y que bien cierto es, es que los que se internaron en él no volvieron a salir. Ni vivos, ni muertos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viento se levantó, a los oídos de los brujos llegó el rumor de un tintineo metálico proveniente de aquella dirección.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Hay recompensa? —preguntó el viejo maestro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir… vendrán otros brujos, aparte de vosotros…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Es decir, que sí. ¿A nombre de quién, lo sabes?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lo sé bien. Al mío. Pero…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Cuánta es la suma, Nilgerfor?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El pelirrojo soltó un suspiro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Doscientas cincuenta coronas novigradas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt silbó de gusto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sí —dijo Vesemir—. Ahora mismo, por cómo están las cosas, nos vendrían de perlas. Lo tomamos, Nilgerfor. Que no se hable más. Aceptamos el trabajo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El pelirrojo no se mostró feliz con la decisión.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Hay alguna forma de haceros cambiar de opinión? —Ambos brujos le devolvieron una mirada concluyente—. Me imaginé. Vale, os explicaré en la casa.</div>
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<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">II</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El día había amanecido gris, el cielo era un campo de nubes pálidas. Soplaba una brisa inconstante, y a raíz de ella los brujos volvían a oír cada tanto el tintineo metálico proveniente de aquél misterioso sendero. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Es un señuelo?</span>, se preguntó Geralt con los ojos clavados allí. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Una llamada? ¿O un desafío?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Una advertencia —dijo Vesemir, entendiendo lo que pasaba por su cabeza—. Eso es.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Desmontaron, se colgaron al hombro sus espadas de plata, se colocaron sobre la cabeza las capuchas de sus largos mantos. Y echaron a andar, llevando por el ronzal a sus caballos, a paso lento y, en apariencia, tranquilo. Pero las apariencias engañan a menudo, bien lo sabían ellos dos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las huellas de los carros aún se distinguían en el camino, pero la hierba hacía un tiempo que ganaba terreno, y poco faltaba para ocultarlas por completo. Los brujos se movían uno a la par del otro; Geralt a la izquierda, Vesemir a la derecha. Durante la primera parte del trayecto pudieron vigilar las lindes de la carretera sin ningún problema, pero luego los arbustos fueron obstaculizándoles la visión, y sus oídos tuvieron que tomar la posta. Se oía el correteo de una criatura ligera y rápida, seguramente un roedor; también el croar de algunas ranas que no se enteraban de que la noche había quedado atrás, y el canto de unos tímidos pajaritos. Y el tintineo metálico, por supuesto. Cada vez más alto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Llegaron a una pequeña bifurcación. El sendero por el que caminaban seguía llano y mayormente recto hacia donde fuera que llevaba, pero otro más pequeño, cercado por unas vallas de madera, torcía a la izquierda y comenzaba a trepar por la cara de una colina. Y allí arriba, sobre una porción plana, se elevaba un árbol solitario, desnudo y arrugado. De sus ramas muertas, colgaban un centenar de cucharas de metal; al ser mecidas por la brisa, chocaban unas con otras y producían ese tintineo, que adquiría por momentos la forma de una melodía dispar, irritante y siniestra.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sardinilla bufó y pisó con fuerza, incómoda, el caballo de Vesemir agitó la testa y dio algunos pasos hacia atrás. Los ojos de los brujos se encontraron entonces, de soslayo, mientras tiraban de las riendas para calmar a los caballos: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">está allí arriba</span>. Y asintieron con la cabeza.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se vieron obligados a tranquilizar a los animales con la señal de Axia, luego tomaron el camino que subía por la pendiente. Este se volvió zigzagueante y estrecho, tuvieron que seguir uno detrás del otro,  a una distancia prudente. El barranco, que siempre tenían al lado, fue creciendo en altura, las vallas estaban podridas y eran traicioneras. Y más cucharas colgaban de ellas, decenas y decenas, y otras tantas colgaban de todo árbol con el que se cruzaban.  </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Un aficionado a la decoración —dijo Vesemir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Más bien un decorador aficionado —replicó Geralt—. O, por qué no, un artista conceptual. Imagínate los significados que los expertos en la materia pueden encontrar a esto. Yo no le veo más que uno: el bichejo quiere un estofado.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y no es el único. Shhh, mira, el muro de la finca. Estamos cerca.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y ya no hablaron más hasta llegar a lo alto de la colina.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cruzaron el muro a través de una amplia arcada, cuyas puertas estaban abiertas, accediendo así al patio principal. Los brujos sabían lo que encontrarían del otro lado, lo olían desde hacía un trecho, pero no esperaban la magnitud de aquello: una decena de hombres y mujeres muertos, amontonados como basura, entre los cuerpos de varios caballos, consumidos hasta el hueso. Los cuervos se movían dando pequeños saltitos de aquí para allá, henchidos y pesados de tanta carroña, y grandes nubes de moscas rondaban los cadáveres entre zumbidos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Clavando los ojos en la puerta y las ventanas de la casa asentada a su derecha, los brujos se movieron hasta la fuente que dominaba el espacio circular, sus pasos resonaron tímidamente sobre la piedra. La fuente aún tenía agua, acumulada de alguna lluvia anterior; una mujer tendida sobre el brocal tenía la mano sumergida en ella. Vesemir la giró hasta dejarla apoyada en el suelo, sobre la espalda, luego examinó sus heridas. </div>
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<img src="http://storenow.net/download/ecc73cce2de08324b9a8811ca22af969/37123011_366890407176178_4814779040281919488_n_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: 37123011_366890407176178_4814779040281919488_n_(2).jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lleva muerta una semana —dijo, sin mirar a su pupilo pero sabiendo que este le oía—. Mordedura en la arteria femoral. Llegó hasta aquí antes de que la pérdida de sangre le hiciera perder el conocimiento. La bestia no se alimentó de ella.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt siguió con la mirada el rastro de sangre, ya casi negra, que iba desde la fuente hasta la puerta de la casa. Y entonces se percató de lo que habían pasado por alto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo brujo se incorporó, caminó hasta detenerse junto a su pupilo, vio lo mismo que él veía. Todo a lo largo de la fachada, talladas burdamente en el muro, había palabras escritas en tamaños diversos, en posiciones dispares, mezcladas unas con otras, superpuestas. Pero sobre la puerta, a una altura que ningún hombre podría alcanzar, la frase estaba bien hilvanada y era perfectamente legible: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No querrás ver tu reflejo en un espejo, nadie a tu mesa se sentará y comerá, ninguna cuchara te saciará".</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Creo que la dueña de casa le negó la comida al vagabundo equivocado —dijo Vesemir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Por cómo están las cosas, mejor no negársela a ninguno —opinó Geralt—. Un día es un vampiro, otro un mago, otro un hombre lobo… Mejor tenerlos a favor y no en contra.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo brujo no replicó, leía y releía la frase.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Qué nos espera ahí dentro, Vesemir?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El maestro le puso una mano en el hombro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Doscientas cincuenta coronas novigradas. O la muerte. Averigüémoslo.</div>
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<img src="http://storenow.net/download/ca0e29f17fdee6975a18540d82b46794/vesemirygeraltc.jpg" loading="lazy"  width="611" height="500" alt="[Image: vesemirygeraltc.jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">III</span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Desenvainaron sus espadas de plata con un único sonido silbante, avanzaron hacia la puerta abierta de la casa. El maestro echó un vistazo dentro, luego cruzó el umbral. Sus pupilas se adaptaron en un momento a la oscuridad parcial, reconociendo la forma de una larga mesa que se alejaba hacia la pared enfrentada, y a la que estaban sentados cuatro hombres. Geralt entró detrás con el ceño arrugado, pisó con cuidado, se puso en tensión cuando vio a los desconocidos. Pero Vesemir ya estaba de pie a la espalda de uno de ellos, y ante su mirada, le cogió la cabeza y la echó para atrás, después la soltó y esta cayó pesadamente. Esa era su forma de decir que estaban muertos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt asintió, avanzó hacia una pared lateral, algo tintineó a sus pies. Cucharas, por supuesto. Estaban amontonadas en toda la sala, y algunas yacían desparramadas en medio, y otras colgaban de las vigas del techo. Su maestro lo regañó con una mirada, él se encogió de hombros y midió bien donde apoyar los pies mientras caminaba.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esa sala lateral era la cocina. Ahí estaba el caldero, sobre los restos de un fuego a todas luces reciente; ahí estaba la pequeña mesa con restos de sangre y un cuchillo clavado en ella; ahí estaban las ollas, los cuencos, los especieros, y… las cucharas. Muchas, muchas cucharas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir seguía junto a los muertos cuando él regresó a la sala.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Uno tiene una cuchara en la tráquea —dijo el viejo—. Dos comieron más de lo que podían. El cuarto se ahogó en ese tazón. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Acábate la sopa, o la abuela se enojará —pronunció Geralt. Y al ver que el viejo abría la boca para replicar, agregó rápidamente—: Y cómo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir juntó los labios, le miró con mala cara.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo torció la boca en una sonrisa, se encogió de hombros, señaló con el mentón las escaleras que subían al primer piso. El maestro asintió, tomó la delantera.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Arriba se encontraron las habitaciones; eran dos. La primera era la de la dueña de casa, y aunque la examinaron a fondo, no hallaron nada salvable. La segunda resultó ser un cuartito pequeño, otrora acogedor, ahora deprimente. La cama estaba volcada de lado contra la pared del fondo, los postigos de la ventana de la izquierda tenían un centenar de pequeños hoyos; en los minúsculos haces de luz se veía flotar las partículas de polvo. El suelo, como no podía ser de otra manera, rebosaba de cucharas y, en las paredes, la frase maldita se sucedía sin cesar, tallada seguramente con estas mismas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir giró y orientó su caminar hacia la escalera nuevamente, mas Geralt frunció el ceño, cruzó el umbral y avanzó pisando los utensilios de metal. Se detuvo al llegar a la cama, dejando apoyada la espada en esta, después se acuclilló, metió la mano bajo el colchón y por encima de uno de los soportes; al retirarla, aferraba un pequeño librito.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Giró sobre sus pies mientras lo abría, alzando la vista un momento advirtió que su maestro le observaba apoyado en el vano de la puerta. El joven pupilo leyó con rapidez, encontró un fragmento que valía la pena pronunciar en voz alta:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Mamá ya no me deja ver a Fryga. Dice que está muy enferma, que podría conta… contagiarme.  La encerró en el sótano, dice que se está recuperando. ¿Se cree que soy tonto? Un tonto no sabe escribir, yo sé. Un tonto no sabe leer, yo sé. Eso que escribieron en la casa, eso enfermó a Fryga, aunque mamá se empeñe en decirme que fue algún chaval con ganas de divertirse. —Geralt pasó las páginas, echando una rápida ojeada, se detuvo casi al final del diario—. ¡No debí desobedecer a mamá! Tonto, tonto, soy un requeté tonto. Quería verla, quería hablarle, es mi hermana y la quiero, aunque siempre dije que no. Pero esa… esa cosa ya no es Fryga. Es un monstruo. Ya no tiene el cabello rubio que tanto le gustaba, sus ojos son blancos ahora. Y los dientes le están creciendo, oh, es horrible. —El joven pupilo pasó las hojas hasta la última página—. Mamá dice que nos vamos. Fryga se queda, Fryga ya no es Fryga, dice. Y yo la creo. La creo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Maldijeron a la hija —pensó Vesemir en voz alta. Negó con la cabeza—. Un hijo jamás debería pagar los errores de un padre.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt cerró el librito y volvió a coger su espada. Ambos brujos se miraron fijamente al tenerse cerca, pero no dijeron nada. Tras un momento, regresaron a la sala principal.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fueron pisando con suma cautela cada escalón que descendía a la oscuridad, mientras sus pupilas se adaptaban a esta. La madera crujía cada tanto bajo sus botas, los brujos se detenían un momento y volvían a avanzar. El olor a humedad, a abandono, fue haciéndose notable, y había otro aroma que crecía aún más, el de las heces, el de la orina rancia y añeja. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La puerta al final de la escalera era de madera reforzada con hierro, gruesa y a toda vista muy resistente. Pero alguien había roto el candado, quitado las cadenas, corrido el cerrojo. Alguien que seguro ya no se contaba entre los vivos. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt, que iba el primero, echó un vistazo desde el umbral. Miró a un lado y al otro, el sótano era amplio y las columnas robustas; no se veía a nadie. Pero ambos podían oír un ronquido, mezclado con una respiración fuerte y acompasada. Entraron. Enseguida se apartaron uno del otro, ambos necesitaban su espacio en caso de un combate. El joven pupilo se movió hacia la izquierda, el maestro a la derecha, hasta pegarse a las paredes laterales, a una distancia de ocho pasos entre sí. Y así avanzaron, atentos, coordinando sus propios movimientos con los del otro, y ambos con la vista puesta en medio, de donde llegaba el sonido. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se detuvieron al escuchar un rumor metálico y giraron decididamente uno hacia el otro, afirmando los pies para resistir una posible embestida. Y entonces la vieron. Estaba tendida sobre un colchón, cómo no, de cucharas, girando sobre su espalda para cambiar de posición. La criatura dormía.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">IV</span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Qué fue todo eso, Vesemir? —gruñó Geralt, arrojando su espada sobre la larga mesa de la sala principal—. Esa maldita cosa estaba ahí, delante nuestro, durmiendo a pierna suelta, y tú vas y dale y que dale señalando hacia la puerta. Y yo es que no sé porque no me quedé allí. Explícame, viejo. Explícame por qué no tenemos todavía la cabeza de ese bicho en un costal.</div>
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<img src="http://storenow.net/download/aed968f153fbe91567b3a322468b89b9/g9pgu1gu_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: g9pgu1gu_(2).jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ya te has contestado tú solo, Lobo —dijo Vesemir, tranquilo, sentándose en una de las sillas libres—. Esa maldita cosa, como la llamaste, es una mujer. Quizá una niña aún. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir, creo que tus ojos ya no funcionan. Necesitas anteojos, seguro que alguno te queda que ni pintado. Ahí abajo hay un monstruo de pies a cabeza, que por cierto, asesinó a estos desgraciados con quienes compartes la mesa. Y a los de ahí fuera también. —El joven pupilo volvió a coger la espada, se encaminó hacia la escalera que bajaba.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Geralt —graznó el viejo maestro, el brujo de los cabellos blancos se detuvo en seco, pero no giró para mirarle—. Tienes razón. Ahí abajo hay un monstruo de pies a cabeza. Pero solo por fuera. Lobo, vuelve aquí y siéntate. Escucha la voz de la razón, no cometas el mismo error que yo en el pasado.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir, esa criatura ya no…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No lo sabemos. Y hasta entonces, no blandiremos la espada. Mientras hay vida hay esperanza, Lobo, recuérdalo. —Y con una mirada, el viejo maestro le señaló la silla enfrentada a la suya, entre dos de los muertos—. Ahora, debemos esperar.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo, a pesar de que rezongó y pataleó, obedeció a su maestro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Apoyaron las espadas sobre su regazo, horizontalmente, con las manos sobre las hojas. Luego cerraron los ojos y dejaron que la cabeza les cayera sobre el pecho. Su ritmo cardíaco bajó, bajó más, cualquier matasanos que les controlara el pulso en ese momento los habría declarado muertos. Sus respiraciones no provocaban el menor sonido, ni siquiera para oídos superdesarrollados.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tiempo en ese estado transcurrió sin que apenas lo notaran.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El sonido de un roce metálico despertó a Geralt, o quizá fuera el olor que ahora inundaba la sala, un olor que, como no podía ser otra manera, resultaba desagradable. Pero el joven pupilo no abrió los ojos ni inhalo con fuerza, permaneció allí, con el mentón apoyado en el pecho, con una mano sobre la fría hoja de la espada, la otra en la cruz de la empuñadura. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Vesemir habrá despertado?</span>, se preguntó. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Más te vale que sí, vieja marmota.</span> De nada serviría abrir poco a poco el párpado y espiar, su maestro estaría tan tieso como él mismo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El sonido raspante dejó de escucharse a su espalda, en la cocina, fue reemplazado por el molesto ruido de alguien que sorbe de una cuchara. Luego un gruñido corto, y enseguida un estampido metálico contra la pared; el joven pupilo estimó que fue el producto de una cuchara al ser lanzada con rabia. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al poco tiempo, escuchó el rumor de unos pasos, pisando o arrastrando varios de los utensilios que cubrían todo el suelo. Geralt tensó los músculos, los pasos iban directos hacia él desde la retaguardia. Pero pronto pasaron a su lado y, al cabo de un momento, un ruido seco le dijo que acababan de dejar algo en el extremo de la mesa, a su izquierda; después, la silla de la cabecera chirrió al ser arrastrada. Dos veces.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Y ahora qué? La criatura está sentada en la mesa, la oigo sorber la maldita sopa, oigo cómo cambia de cuchara antes de cada degustación. ¿Vesemir? ¿Estás despierto? Haz algo o…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Fryga —dijo el brujo maestro, escueto y con la voz bien clara.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt abrió los ojos y lo miró, al siguiente instante tenía la vista clavada en la criatura. Esta tenía los ojos desencajados y el morro dientudo abierto por la sorpresa, y sin mover más que la cabeza posó la mirada primero en Vesemir, luego en el joven pupilo y de nuevo en Vesemir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Fryga —dijo Geralt, áspero—. Llevabas tiempo sin oír tu nombre, ¿no es así? Demasiado. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura alzó los brazos y dio dos fuertes puñetazos a la mesa, gruñó algo y después se incorporó haciendo caer su silla hacia atrás.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El brujo de los cabellos blancos deslizó su mano de la cruz hacia el puño de la espada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Calma. Calma, Fryga —habló Vesemir—. Sabemos lo que sientes, sabemos que esto que vemos no eres tú, y estamos dispuestos a ayudarte. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Pero si en verdad deseas recuperar tu antigua vida —continuó Geralt—, ser la que eras antes, tendrás que poner de tu parte también.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura le enseñó los dientes de mala manera, por un instante el joven pupilo creyó que se le abalanzaría de un salto. El viejo brujo intercedió:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Toda maldición puede romperse, nuestro trabajo es hacerlo. Fryga, debes oírme bien. Y obedecer cuanto te diga. Es tu única oportunidad de… sobrevivir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura bufó y meneó la cabeza, volvió a abrir el morro. Pero esta vez no advirtieron en ese gesto una advertencia, sino un esfuerzo por…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Fryga —articuló el monstruo con dificultad—. Fryga, Fryga, Fryga.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y dicho esto, se marchó a toda prisa hacia la cocina.  </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir —dijo Geralt entre dientes—. Dime que no haremos eso.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lobo, sabes que se me da mal mentir. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura regresó rápidamente, casi al trote, dando pequeños y rápidos saltitos. Dejó junto a Geralt un cuenco a rebosar de sopa, luego rodeó la mesa e hizo lo propio cerca de Vesemir, después volvió a sentarse a la cabecera. Entonces miró al viejo brujo y gruñó a modo de exigencia. El maestro, tras asentir suavemente, alargó la mano y arrastró el cuenco hasta dejarlo delante de él. A continuación, el monstruo clavó sus ojos blancos en el joven pupilo; Geralt soltó un suspiro antes de repetir el gesto de Vesemir. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura sacó de alguna parte dos cucharas, las hizo deslizar hacia ellos, chocando con ellas los cuencos.</div>
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<img src="http://storenow.net/download/9df4fa1d06b88245cf58a293da7a1e0c/38829424720_dd0ed33723_b_(2).jpg" loading="lazy"  width="350" height="350" alt="[Image: 38829424720_dd0ed33723_b_(2).jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No, Fryga —dijo el viejo brujo—. Estas no servirán, ni todas las que están aquí o ahí fuera, pues desde el momento en que las robaste, te pertenecen a ti. —Vesemir metió una mano en su cinturón, en lugar de estilete sacó una cuchara de plata—. Esta es mía, y yo la compartiré con vosotros dos. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo maestro metió la cuchara en su cuenco, la llenó con la sopa, la acercó a su rostro. Y no lo pensó: cerrando los ojos, la introdujo en su boca y tragó todo el líquido de una vez. Luego, como si nada hubiera pasado, le cedió la cuchara a su pupilo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt dudó antes de cogerla. Pero lo hizo. La sumergió en su cuenco, con un temblor impropio en él se la acercó a los labios, la olió. Arrugó el rostro, echó hacia atrás la cabeza, dejó caer la sopa otra vez sobre el cuenco. Escupió a un lado. El monstruo se revolvió en la silla, dio un puñetazo a la mesa, bien fuerte, las escudillas saltaron sobre la madera.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo tragó saliva, tranquilizó a la criatura cogiendo otro poco con la cuchara. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Acábate la sopa</span>, se dijo, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">o la abuela se enojará.</span> Pero la mano aún le temblaba sin que pudiera evitarlo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Soy capaz de meterme en estercoleros, en pantanos, en cada mugrosa charca. Demonios, soy capaz de beber los elixires. Esto no puede saber peor…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cerró los ojos y se zampó todo el contenido de la cuchara. Y vaya si el sabor era peor que el de los elixires brujeriles. Mucho peor. Le dieron arcadas, pero se esforzó por no soltar ni una gota de la sopa. Lo consiguió a duras penas. Cuando recobró la compostura, suspiró y le pasó la cuchara a la criatura. Este se la arrebató de un tirón y la acercó a sus ojos para examinarla bien. En ese momento, Geralt miró a Vesemir, el maestro alargó la comisura de la boca en un intento de sonrisa. La plata no afectaba al monstruo… porque no era un monstruo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura metió por fin la cuchara dentro del cuenco, después la acercó a su morro mientras miraba a los dos brujos con un dejo de desconfianza, de sospecha. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Estamos aquí para ayudarte, Fryga —le recordó Vesemir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Los dos —aseveró el joven pupilo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El monstruo deslizó la cuchara entre sus dos filas de dientes chuecos y amarillos, exhaló ruidosamente por la nariz. Y de pronto, cerró la boca, y con sus ojos yendo y viniendo de un hombre al otro, echó la cabeza atrás para tragar. Se cayó con silla y todo, golpeó las tablas del suelo con estruendo. Y allí empezó a toser, muy fuerte, le dieron arcadas. Los brujos saltaron de sus sillas y fueron hasta ella: la vieron retorcerse por las convulsiones, arañándose de la garganta hasta el vientre, como si algo le quemase por dentro. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Cógela! —gritó Geralt, sujetándole un brazo—. ¡Vesemir!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo brujo salió de su duda, una duda precavida, se hincó y tomó por la muñeca huesuda el otro brazo del monstruo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Tú puedes, Fryga —murmuró el joven brujo, acercándole su rostro al oído—. ¡Vamos, recupera lo que te arrebataron! ¡Lucha, Fryga!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los movimientos de la criatura se volvieron más bruscos, su cabeza iba y venía, su espalda arqueándose en ángulos poco naturales. Pero entonces los brujos vieron que las pezuñas, los brazos que sujetaban, se acortaban, que las manos cambiaban de color, que la piel, antes áspera y desagradable al tacto, se volvía suave y tibia, que la tersura escalaba a través de los brazos hasta el codo y luego al hombro. Y después los cabellos volvieron a crecer en esa cabeza deforme que cada vez lo era menos, vieron que la carne retornaba a donde debía, que la negrura de las pupilas aparecía en esos ojos blancos, que una nariz crecía, que los labios se volvían finos y rosados, que los dientes desaparecían tras estos. Y así, los brujos pasaron de sostener a una horrenda criatura a sujetar los brazos de una joven mujer de cabellos del color de la paja, totalmente desnuda.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir se apartó, incómodo; Geralt no dio un solo paso atrás.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Fryga? —preguntó—. Háblame. Di lo que sea, pero háblame.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La joven alargó su brazo libre, le acarició la mejilla con suavidad; el pupilo vio sus ojos dorados reflejados en los de ella.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Os lo agradezco —dijo—. A los dos. Muchas gracias.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y dicho esto, la joven cerró los ojos y cayó en un profundo sueño.</div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">V</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Le habéis enseñado muy bien al chico, Vesemir —dijo Nilgerfor, pasándole a su amigo brujo la fuente de las verduras—. Y tú, Ileana, decías que era un mozalbete sin corazón y sin respeto por la casa ajena. —La mujer sonrió, masticando algún agradecimiento poco gentil por recordárselo—. Ahora lo tienes allí arriba, no se separa de la moza ni para comer de tan atento que es. Debe estar muy preocupado por su salud. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir le gruñó a su porción de carne, asintió distraídamente.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La dueña de casa carraspeó.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y cuándo seguiréis camino? —preguntó entonces Nilgerfor—. Digo, no es que me molestéis, más bien al contrario, pero…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—En cuanto estemos seguros de que la maldición está rota —lo cortó el viejo brujo—. Cuando estemos seguros de que no volverá.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y cuándo lo estarán?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ileana —la regañó Nilgerfor—, lo sabrán cuando llegue el momento, no me hagas pasar vergüenza frente a un amigo. Bueno, ¿qué os parece si cambiamos de tema? Hoy en la granja… —El dueño de casa se detuvo en seco—. ¿Qué fue eso?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿El qué? —El viejo brujo fingió no haberlo oído.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Fue como un… —El siguiente gemido fue aún más estridente, algunas motas de polvo cayeron de entre los intersticios del techo—. ¡¿Qué demonios?! —exclamó Nilgerfor.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Sigue, brujo, sigue! —chilló la voz de una mujer.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ileana intentó taparle los oídos al crío que tenía a su lado, pero este, con los ojos como platos, le apartó las manos y miró al techo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir acabó de masticar suavemente su carne.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Estoy seguro que la chica tiene otra convulsión —dijo, cogió la copa de vino y bebió un trago—. Es normal, no os preocupéis.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los gemidos de la mujer se mezclaron ahora con los del joven brujo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir… ¿crees que pueda solo? </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lo creo, Nilgerfor. Mejor sigamos comiendo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Joder —dijo el dueño de casa, zampándose media patata—. Ya quisiera yo tener un aprendiz tan confiable como el tuyo. Está siempre predispuesto para la faena, ¿eh?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo —replicó el viejo brujo, se oyó un último gemido. Tosió para acallarlo—. Además —continuó—, como buen pupilo, suele ahorrarme el tener que darle las lecciones escritas. Tiene predilección por las prácticas. Por ejemplo, ahora mismo, estoy seguro que acaba de comprender cuánto vale la pena agotar todas las instancias para romper una maldición.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Como siempre, doy las gracias a <a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=99" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url"><span style="color: limegreen;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, Verdana, Arial, sans-serif;" class="mycode_font">@Sashka</span></span></span></a> por ayudarme a mejorar el relato con sus apreciaciones. Me son de mucha ayuda.<br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align">
<span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Las Enseñanzas de un Brujo V</span></span></span></div>
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<br />
                                                         <br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">I</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los brujos estaban cansados de cabalgar, llevaban más de una semana, casi dos, sin hallar trabajo. Y Geralt se aburría.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lobo, ya no silbes.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo silbó con más ganas una melodía que habían oído hacía poco en la posada de Razor, o quizá en la de Milsen. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lobo…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Es aburrido cabalgar sin silbar. —Y siguió haciéndolo—. Anda, prueba tú también, viejo trol.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Su maestro soltó un gruñido, siguió mirando al frente.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No me digas que… —empezó Geralt.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Un brujo debe estar atento al camino.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—… No sabes silbar, ¡no sabes! —Soltó una pequeña risita—. Vesemir, pero si es tan sencillo, mira: debes poner los labios así, y soplar. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El maestro brujo lo intentó una vez.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Dije soplar, no escupir —se mofó Geralt—. Y deja la lengua dentro del morro, viejo tonto, o pensaré que eres una bruja sepulcral y echaré mano a la espada. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y qué quieres que haga con la lengua?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿De verdad quieres que responda a eso?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir bufó, el joven pupilo rio un poco más, se le ocurrió una idea para mantenerlo ocupado un rato.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Debes pegarla al paladar, por supuesto, así no se te escapa. Venga, prueba de nuevo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo maestro lo intentó otra vez, Geralt miró hacia otro lado para soltar una pequeña carcajada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Mejor! —exclamó, risueño—. ¡Una vez más, ya casi lo tienes!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y Vesemir siguió probando, y probando, y probando; el joven pupilo tuvo que dejar que se adelantara para reír a sus espaldas, y cada tanto soltaba alguna exclamación como: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡casi!</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡ya lo tienes!</span>, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¡eso es!</span>, y luego se mordía la lengua ante los bufidos y gruñidos de su maestro. </div>
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<br />
<img src="http://storenow.net/download/608cb0635dd45fbc9c966cf8354136e2/geraltyvesemircaballo.jpg" loading="lazy"  width="400" height="350" alt="[Image: geraltyvesemircaballo.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los kilómetros, de ese modo, se le pasaron como por arte de magia. Hasta que él mismo se cansó de su juego.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir, ya basta.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo brujo lo intentó con más ganas, pero sin acercarse ni una pizca a conseguirlo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Es aburrido cabalgar sin tener nada que hacer, Lobo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y siguió intentándolo unos minutos más, divertido, porque, aunque su pupilo ya no dijo nada, él le oía gruñir, cómo chirriaban sus dientes, cómo suspiraba de fastidio.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Te divierte la venganza, viejo? —preguntó Geralt al fin.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo —replicó Vesemir, y aquello le fastidió todavía más.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Te gusta copiar las expresiones de los demás, ¿eh?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo. —Geralt soltó un bufido, el viejo brujo fue más allá—. ¿No me repites una y otra vez que debo actualizar mi forma de hablar?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Eso digo, es cierto, pero tampoco es para que lo repitas a cada momento. ¿Qué pensarías si yo agregara esas expresiones que tanto te gustan acomodar según el caso, el ‹‹soy demasiado viejo para…›› y el ‹‹no soy tan viejo para…››? Te irritaría, ¿verdad?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir le miró, pareció meditar un momento, luego soltó:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y estalló en una carcajada. Y Geralt, muy a su pesar, no pudo evitar que se la contagiara, y las risotadas de ambos se oyeron durante un buen trecho.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Pero de pronto ambos escucharon el golpeteo de los cascos de un caballo, y al mirar por encima del hombro vieron al jinete, ya muy cerca, a unos escasos veinte metros. Vesemir llevó a su caballo a la vera de la carretera, su pupilo lo imitó.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El jinete los alcanzó enseguida, pasó a su lado, dedicó una detenida mirada al viejo brujo, entonces detuvo a su montura poco más allá. Ellos hicieron lo propio, guardando las distancias, mirando a un lado y al otro para asegurarse de que no hubiera nadie más en las cercanías.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El desconocido hizo virar a su caballo, alargó el cuello hacia delante, como si forzara la vista, y de pronto exclamó:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Vesemir! ¡Pero si eres tú, mi amigo el brujo!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt advirtió que el cuerpo de su maestro no se relajaba, y, por lo tanto, no relajó el suyo. El jinete pateó los costados de su montura y se acercó lentamente hasta quedar lado a lado con el viejo, pero este siguió reacio. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Entonces el desconocido se quitó el sombrero.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Nilgerfor! —exclamó Vesemir al ver la anaranjada cabellera, ahora sí, aflojando los músculos—. Que te lleven los diablos, tunante, no están los caminos para tus juegos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tal Nilgerfor soltó una gran carcajada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—El viejo Vesemir, siempre con su buen humor. Si no te conociera, mi amigo, hubiera dicho que eran tuyas las carcajadas que oí más atrás en el camino.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Carcajadas? ¿Mías? —El maestro miró a su pupilo con el rostro ceñudo—. ¿Lo has oído?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt asintió, hizo una mueca.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Qué disparate —dijo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Ah, me olvidaba que los brujos sois como piedras! —vociferó el pelirrojo—. Al menos si estáis sobrios. —Miró a Vesemir y le guiñó un ojo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo maestro evitó la mirada de su pupilo, tosió para disimular la incomodidad.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Vas de camino a tu casa, Nilgerfor?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Voy, poco falta ya, y quiero llegar a tiempo para la cena. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt carraspeó con clara intención.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y quién es este… es un muchacho, Vesemir? Pido que perdonéis mi ignorancia, pero el pelo blanco tiene como un anciano…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Su nombre es Geralt —dijo el maestro, tajante. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo leyó bien lo que decía su mirada: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">y es todo cuanto debes saber de él</span>. Geralt sabía bien que al viejo no le agradaba hablar con nadie acerca de los efectos de las mutaciones a las que eran sometidos los aprendices de brujos. Ni siquiera con ellos mismos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El pelirrojo se dio cuenta al momento de que entraba en terreno pantanoso.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Qué os parece si os venís conmigo? Ileana siempre prepara comida de sobra y prefiero daros de comer a vosotros que a los vagabundos que merodean la hacienda. —Nilgerfor arrastró la mirada de uno al otro—. ¿Os agrada la idea?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo —dijeron al unísono maestro y pupilo, y el asomo de una risa afloró en sus rostros. Geralt se mordió el labio, Vesemir tosió y agregó—: Queremos decir que, si no es molestia, nos encantará acompañarte, Nilgerfor.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Eso me vale! ¡Pues andando, que la tarde avanza!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir se extrañó al llegar a una bifurcación de caminos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿No es por aquí el trayecto más corto hasta tu casa? —preguntó, deteniendo su caballo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El rostro de Nilgerfor perdió color.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lo es. Pero ese camino está en desuso desde hace ya un año.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los brujos clavaron sus ojos dorados en aquella dirección.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Por tu tono —dijo Geralt—, dudo que sea por los baches.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El pelirrojo negó con la cabeza.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Algo andurrea por allí, en la vieja finca de los Testarell. Vesemir, mejor omitir esos detalles.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Nilgerfor, creo que olvidas que soy un brujo y puedo verte a pesar de la poca luz. Puedo verte bien, y advierto tu preocupación. ¿Qué tan malvado es ese <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">algo</span> como para tenerte asustado a ti?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir, en lo que respecta a los monstruos, soy lo bastante valiente como para enfrentarlos llegado el caso. Y lo sabes bien, ¿recuerdas aquel diablillo que rondaba por las granjas, y como lo saqué a pedrada limpia? —El viejo brujo asintió, rio con un bufido—. Bien. Pero allí… al entrar en ese sendero, nadie sabe a qué deberá hacer frente. Lo único que os puedo decir, y que bien cierto es, es que los que se internaron en él no volvieron a salir. Ni vivos, ni muertos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viento se levantó, a los oídos de los brujos llegó el rumor de un tintineo metálico proveniente de aquella dirección.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Hay recompensa? —preguntó el viejo maestro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir… vendrán otros brujos, aparte de vosotros…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Es decir, que sí. ¿A nombre de quién, lo sabes?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lo sé bien. Al mío. Pero…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Cuánta es la suma, Nilgerfor?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El pelirrojo soltó un suspiro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Doscientas cincuenta coronas novigradas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt silbó de gusto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sí —dijo Vesemir—. Ahora mismo, por cómo están las cosas, nos vendrían de perlas. Lo tomamos, Nilgerfor. Que no se hable más. Aceptamos el trabajo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El pelirrojo no se mostró feliz con la decisión.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Hay alguna forma de haceros cambiar de opinión? —Ambos brujos le devolvieron una mirada concluyente—. Me imaginé. Vale, os explicaré en la casa.</div>
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">II</span></span></div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El día había amanecido gris, el cielo era un campo de nubes pálidas. Soplaba una brisa inconstante, y a raíz de ella los brujos volvían a oír cada tanto el tintineo metálico proveniente de aquél misterioso sendero. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Es un señuelo?</span>, se preguntó Geralt con los ojos clavados allí. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Una llamada? ¿O un desafío?</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Una advertencia —dijo Vesemir, entendiendo lo que pasaba por su cabeza—. Eso es.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Desmontaron, se colgaron al hombro sus espadas de plata, se colocaron sobre la cabeza las capuchas de sus largos mantos. Y echaron a andar, llevando por el ronzal a sus caballos, a paso lento y, en apariencia, tranquilo. Pero las apariencias engañan a menudo, bien lo sabían ellos dos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Las huellas de los carros aún se distinguían en el camino, pero la hierba hacía un tiempo que ganaba terreno, y poco faltaba para ocultarlas por completo. Los brujos se movían uno a la par del otro; Geralt a la izquierda, Vesemir a la derecha. Durante la primera parte del trayecto pudieron vigilar las lindes de la carretera sin ningún problema, pero luego los arbustos fueron obstaculizándoles la visión, y sus oídos tuvieron que tomar la posta. Se oía el correteo de una criatura ligera y rápida, seguramente un roedor; también el croar de algunas ranas que no se enteraban de que la noche había quedado atrás, y el canto de unos tímidos pajaritos. Y el tintineo metálico, por supuesto. Cada vez más alto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Llegaron a una pequeña bifurcación. El sendero por el que caminaban seguía llano y mayormente recto hacia donde fuera que llevaba, pero otro más pequeño, cercado por unas vallas de madera, torcía a la izquierda y comenzaba a trepar por la cara de una colina. Y allí arriba, sobre una porción plana, se elevaba un árbol solitario, desnudo y arrugado. De sus ramas muertas, colgaban un centenar de cucharas de metal; al ser mecidas por la brisa, chocaban unas con otras y producían ese tintineo, que adquiría por momentos la forma de una melodía dispar, irritante y siniestra.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Sardinilla bufó y pisó con fuerza, incómoda, el caballo de Vesemir agitó la testa y dio algunos pasos hacia atrás. Los ojos de los brujos se encontraron entonces, de soslayo, mientras tiraban de las riendas para calmar a los caballos: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">está allí arriba</span>. Y asintieron con la cabeza.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se vieron obligados a tranquilizar a los animales con la señal de Axia, luego tomaron el camino que subía por la pendiente. Este se volvió zigzagueante y estrecho, tuvieron que seguir uno detrás del otro,  a una distancia prudente. El barranco, que siempre tenían al lado, fue creciendo en altura, las vallas estaban podridas y eran traicioneras. Y más cucharas colgaban de ellas, decenas y decenas, y otras tantas colgaban de todo árbol con el que se cruzaban.  </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Un aficionado a la decoración —dijo Vesemir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Más bien un decorador aficionado —replicó Geralt—. O, por qué no, un artista conceptual. Imagínate los significados que los expertos en la materia pueden encontrar a esto. Yo no le veo más que uno: el bichejo quiere un estofado.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y no es el único. Shhh, mira, el muro de la finca. Estamos cerca.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y ya no hablaron más hasta llegar a lo alto de la colina.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cruzaron el muro a través de una amplia arcada, cuyas puertas estaban abiertas, accediendo así al patio principal. Los brujos sabían lo que encontrarían del otro lado, lo olían desde hacía un trecho, pero no esperaban la magnitud de aquello: una decena de hombres y mujeres muertos, amontonados como basura, entre los cuerpos de varios caballos, consumidos hasta el hueso. Los cuervos se movían dando pequeños saltitos de aquí para allá, henchidos y pesados de tanta carroña, y grandes nubes de moscas rondaban los cadáveres entre zumbidos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Clavando los ojos en la puerta y las ventanas de la casa asentada a su derecha, los brujos se movieron hasta la fuente que dominaba el espacio circular, sus pasos resonaron tímidamente sobre la piedra. La fuente aún tenía agua, acumulada de alguna lluvia anterior; una mujer tendida sobre el brocal tenía la mano sumergida en ella. Vesemir la giró hasta dejarla apoyada en el suelo, sobre la espalda, luego examinó sus heridas. </div>
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<img src="http://storenow.net/download/ecc73cce2de08324b9a8811ca22af969/37123011_366890407176178_4814779040281919488_n_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: 37123011_366890407176178_4814779040281919488_n_(2).jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lleva muerta una semana —dijo, sin mirar a su pupilo pero sabiendo que este le oía—. Mordedura en la arteria femoral. Llegó hasta aquí antes de que la pérdida de sangre le hiciera perder el conocimiento. La bestia no se alimentó de ella.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt siguió con la mirada el rastro de sangre, ya casi negra, que iba desde la fuente hasta la puerta de la casa. Y entonces se percató de lo que habían pasado por alto.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo brujo se incorporó, caminó hasta detenerse junto a su pupilo, vio lo mismo que él veía. Todo a lo largo de la fachada, talladas burdamente en el muro, había palabras escritas en tamaños diversos, en posiciones dispares, mezcladas unas con otras, superpuestas. Pero sobre la puerta, a una altura que ningún hombre podría alcanzar, la frase estaba bien hilvanada y era perfectamente legible: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">"No querrás ver tu reflejo en un espejo, nadie a tu mesa se sentará y comerá, ninguna cuchara te saciará".</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Creo que la dueña de casa le negó la comida al vagabundo equivocado —dijo Vesemir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Por cómo están las cosas, mejor no negársela a ninguno —opinó Geralt—. Un día es un vampiro, otro un mago, otro un hombre lobo… Mejor tenerlos a favor y no en contra.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo brujo no replicó, leía y releía la frase.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Qué nos espera ahí dentro, Vesemir?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El maestro le puso una mano en el hombro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Doscientas cincuenta coronas novigradas. O la muerte. Averigüémoslo.</div>
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<img src="http://storenow.net/download/ca0e29f17fdee6975a18540d82b46794/vesemirygeraltc.jpg" loading="lazy"  width="611" height="500" alt="[Image: vesemirygeraltc.jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"> <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"> <span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">III</span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Desenvainaron sus espadas de plata con un único sonido silbante, avanzaron hacia la puerta abierta de la casa. El maestro echó un vistazo dentro, luego cruzó el umbral. Sus pupilas se adaptaron en un momento a la oscuridad parcial, reconociendo la forma de una larga mesa que se alejaba hacia la pared enfrentada, y a la que estaban sentados cuatro hombres. Geralt entró detrás con el ceño arrugado, pisó con cuidado, se puso en tensión cuando vio a los desconocidos. Pero Vesemir ya estaba de pie a la espalda de uno de ellos, y ante su mirada, le cogió la cabeza y la echó para atrás, después la soltó y esta cayó pesadamente. Esa era su forma de decir que estaban muertos.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt asintió, avanzó hacia una pared lateral, algo tintineó a sus pies. Cucharas, por supuesto. Estaban amontonadas en toda la sala, y algunas yacían desparramadas en medio, y otras colgaban de las vigas del techo. Su maestro lo regañó con una mirada, él se encogió de hombros y midió bien donde apoyar los pies mientras caminaba.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Esa sala lateral era la cocina. Ahí estaba el caldero, sobre los restos de un fuego a todas luces reciente; ahí estaba la pequeña mesa con restos de sangre y un cuchillo clavado en ella; ahí estaban las ollas, los cuencos, los especieros, y… las cucharas. Muchas, muchas cucharas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir seguía junto a los muertos cuando él regresó a la sala.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Uno tiene una cuchara en la tráquea —dijo el viejo—. Dos comieron más de lo que podían. El cuarto se ahogó en ese tazón. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Acábate la sopa, o la abuela se enojará —pronunció Geralt. Y al ver que el viejo abría la boca para replicar, agregó rápidamente—: Y cómo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir juntó los labios, le miró con mala cara.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo torció la boca en una sonrisa, se encogió de hombros, señaló con el mentón las escaleras que subían al primer piso. El maestro asintió, tomó la delantera.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Arriba se encontraron las habitaciones; eran dos. La primera era la de la dueña de casa, y aunque la examinaron a fondo, no hallaron nada salvable. La segunda resultó ser un cuartito pequeño, otrora acogedor, ahora deprimente. La cama estaba volcada de lado contra la pared del fondo, los postigos de la ventana de la izquierda tenían un centenar de pequeños hoyos; en los minúsculos haces de luz se veía flotar las partículas de polvo. El suelo, como no podía ser de otra manera, rebosaba de cucharas y, en las paredes, la frase maldita se sucedía sin cesar, tallada seguramente con estas mismas.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir giró y orientó su caminar hacia la escalera nuevamente, mas Geralt frunció el ceño, cruzó el umbral y avanzó pisando los utensilios de metal. Se detuvo al llegar a la cama, dejando apoyada la espada en esta, después se acuclilló, metió la mano bajo el colchón y por encima de uno de los soportes; al retirarla, aferraba un pequeño librito.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Giró sobre sus pies mientras lo abría, alzando la vista un momento advirtió que su maestro le observaba apoyado en el vano de la puerta. El joven pupilo leyó con rapidez, encontró un fragmento que valía la pena pronunciar en voz alta:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Mamá ya no me deja ver a Fryga. Dice que está muy enferma, que podría conta… contagiarme.  La encerró en el sótano, dice que se está recuperando. ¿Se cree que soy tonto? Un tonto no sabe escribir, yo sé. Un tonto no sabe leer, yo sé. Eso que escribieron en la casa, eso enfermó a Fryga, aunque mamá se empeñe en decirme que fue algún chaval con ganas de divertirse. —Geralt pasó las páginas, echando una rápida ojeada, se detuvo casi al final del diario—. ¡No debí desobedecer a mamá! Tonto, tonto, soy un requeté tonto. Quería verla, quería hablarle, es mi hermana y la quiero, aunque siempre dije que no. Pero esa… esa cosa ya no es Fryga. Es un monstruo. Ya no tiene el cabello rubio que tanto le gustaba, sus ojos son blancos ahora. Y los dientes le están creciendo, oh, es horrible. —El joven pupilo pasó las hojas hasta la última página—. Mamá dice que nos vamos. Fryga se queda, Fryga ya no es Fryga, dice. Y yo la creo. La creo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Maldijeron a la hija —pensó Vesemir en voz alta. Negó con la cabeza—. Un hijo jamás debería pagar los errores de un padre.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt cerró el librito y volvió a coger su espada. Ambos brujos se miraron fijamente al tenerse cerca, pero no dijeron nada. Tras un momento, regresaron a la sala principal.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Fueron pisando con suma cautela cada escalón que descendía a la oscuridad, mientras sus pupilas se adaptaban a esta. La madera crujía cada tanto bajo sus botas, los brujos se detenían un momento y volvían a avanzar. El olor a humedad, a abandono, fue haciéndose notable, y había otro aroma que crecía aún más, el de las heces, el de la orina rancia y añeja. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La puerta al final de la escalera era de madera reforzada con hierro, gruesa y a toda vista muy resistente. Pero alguien había roto el candado, quitado las cadenas, corrido el cerrojo. Alguien que seguro ya no se contaba entre los vivos. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt, que iba el primero, echó un vistazo desde el umbral. Miró a un lado y al otro, el sótano era amplio y las columnas robustas; no se veía a nadie. Pero ambos podían oír un ronquido, mezclado con una respiración fuerte y acompasada. Entraron. Enseguida se apartaron uno del otro, ambos necesitaban su espacio en caso de un combate. El joven pupilo se movió hacia la izquierda, el maestro a la derecha, hasta pegarse a las paredes laterales, a una distancia de ocho pasos entre sí. Y así avanzaron, atentos, coordinando sus propios movimientos con los del otro, y ambos con la vista puesta en medio, de donde llegaba el sonido. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Se detuvieron al escuchar un rumor metálico y giraron decididamente uno hacia el otro, afirmando los pies para resistir una posible embestida. Y entonces la vieron. Estaba tendida sobre un colchón, cómo no, de cucharas, girando sobre su espalda para cambiar de posición. La criatura dormía.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size">IV</span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Qué fue todo eso, Vesemir? —gruñó Geralt, arrojando su espada sobre la larga mesa de la sala principal—. Esa maldita cosa estaba ahí, delante nuestro, durmiendo a pierna suelta, y tú vas y dale y que dale señalando hacia la puerta. Y yo es que no sé porque no me quedé allí. Explícame, viejo. Explícame por qué no tenemos todavía la cabeza de ese bicho en un costal.</div>
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<img src="http://storenow.net/download/aed968f153fbe91567b3a322468b89b9/g9pgu1gu_(2).jpg" loading="lazy"  alt="[Image: g9pgu1gu_(2).jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ya te has contestado tú solo, Lobo —dijo Vesemir, tranquilo, sentándose en una de las sillas libres—. Esa maldita cosa, como la llamaste, es una mujer. Quizá una niña aún. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir, creo que tus ojos ya no funcionan. Necesitas anteojos, seguro que alguno te queda que ni pintado. Ahí abajo hay un monstruo de pies a cabeza, que por cierto, asesinó a estos desgraciados con quienes compartes la mesa. Y a los de ahí fuera también. —El joven pupilo volvió a coger la espada, se encaminó hacia la escalera que bajaba.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Geralt —graznó el viejo maestro, el brujo de los cabellos blancos se detuvo en seco, pero no giró para mirarle—. Tienes razón. Ahí abajo hay un monstruo de pies a cabeza. Pero solo por fuera. Lobo, vuelve aquí y siéntate. Escucha la voz de la razón, no cometas el mismo error que yo en el pasado.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir, esa criatura ya no…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No lo sabemos. Y hasta entonces, no blandiremos la espada. Mientras hay vida hay esperanza, Lobo, recuérdalo. —Y con una mirada, el viejo maestro le señaló la silla enfrentada a la suya, entre dos de los muertos—. Ahora, debemos esperar.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo, a pesar de que rezongó y pataleó, obedeció a su maestro.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Apoyaron las espadas sobre su regazo, horizontalmente, con las manos sobre las hojas. Luego cerraron los ojos y dejaron que la cabeza les cayera sobre el pecho. Su ritmo cardíaco bajó, bajó más, cualquier matasanos que les controlara el pulso en ese momento los habría declarado muertos. Sus respiraciones no provocaban el menor sonido, ni siquiera para oídos superdesarrollados.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El tiempo en ese estado transcurrió sin que apenas lo notaran.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El sonido de un roce metálico despertó a Geralt, o quizá fuera el olor que ahora inundaba la sala, un olor que, como no podía ser otra manera, resultaba desagradable. Pero el joven pupilo no abrió los ojos ni inhalo con fuerza, permaneció allí, con el mentón apoyado en el pecho, con una mano sobre la fría hoja de la espada, la otra en la cruz de la empuñadura. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Vesemir habrá despertado?</span>, se preguntó. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Más te vale que sí, vieja marmota.</span> De nada serviría abrir poco a poco el párpado y espiar, su maestro estaría tan tieso como él mismo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El sonido raspante dejó de escucharse a su espalda, en la cocina, fue reemplazado por el molesto ruido de alguien que sorbe de una cuchara. Luego un gruñido corto, y enseguida un estampido metálico contra la pared; el joven pupilo estimó que fue el producto de una cuchara al ser lanzada con rabia. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al poco tiempo, escuchó el rumor de unos pasos, pisando o arrastrando varios de los utensilios que cubrían todo el suelo. Geralt tensó los músculos, los pasos iban directos hacia él desde la retaguardia. Pero pronto pasaron a su lado y, al cabo de un momento, un ruido seco le dijo que acababan de dejar algo en el extremo de la mesa, a su izquierda; después, la silla de la cabecera chirrió al ser arrastrada. Dos veces.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿Y ahora qué? La criatura está sentada en la mesa, la oigo sorber la maldita sopa, oigo cómo cambia de cuchara antes de cada degustación. ¿Vesemir? ¿Estás despierto? Haz algo o…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Fryga —dijo el brujo maestro, escueto y con la voz bien clara.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt abrió los ojos y lo miró, al siguiente instante tenía la vista clavada en la criatura. Esta tenía los ojos desencajados y el morro dientudo abierto por la sorpresa, y sin mover más que la cabeza posó la mirada primero en Vesemir, luego en el joven pupilo y de nuevo en Vesemir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Fryga —dijo Geralt, áspero—. Llevabas tiempo sin oír tu nombre, ¿no es así? Demasiado. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura alzó los brazos y dio dos fuertes puñetazos a la mesa, gruñó algo y después se incorporó haciendo caer su silla hacia atrás.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El brujo de los cabellos blancos deslizó su mano de la cruz hacia el puño de la espada.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Calma. Calma, Fryga —habló Vesemir—. Sabemos lo que sientes, sabemos que esto que vemos no eres tú, y estamos dispuestos a ayudarte. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Pero si en verdad deseas recuperar tu antigua vida —continuó Geralt—, ser la que eras antes, tendrás que poner de tu parte también.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura le enseñó los dientes de mala manera, por un instante el joven pupilo creyó que se le abalanzaría de un salto. El viejo brujo intercedió:</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Toda maldición puede romperse, nuestro trabajo es hacerlo. Fryga, debes oírme bien. Y obedecer cuanto te diga. Es tu única oportunidad de… sobrevivir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura bufó y meneó la cabeza, volvió a abrir el morro. Pero esta vez no advirtieron en ese gesto una advertencia, sino un esfuerzo por…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Fryga —articuló el monstruo con dificultad—. Fryga, Fryga, Fryga.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y dicho esto, se marchó a toda prisa hacia la cocina.  </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir —dijo Geralt entre dientes—. Dime que no haremos eso.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lobo, sabes que se me da mal mentir. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura regresó rápidamente, casi al trote, dando pequeños y rápidos saltitos. Dejó junto a Geralt un cuenco a rebosar de sopa, luego rodeó la mesa e hizo lo propio cerca de Vesemir, después volvió a sentarse a la cabecera. Entonces miró al viejo brujo y gruñó a modo de exigencia. El maestro, tras asentir suavemente, alargó la mano y arrastró el cuenco hasta dejarlo delante de él. A continuación, el monstruo clavó sus ojos blancos en el joven pupilo; Geralt soltó un suspiro antes de repetir el gesto de Vesemir. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura sacó de alguna parte dos cucharas, las hizo deslizar hacia ellos, chocando con ellas los cuencos.</div>
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<img src="http://storenow.net/download/9df4fa1d06b88245cf58a293da7a1e0c/38829424720_dd0ed33723_b_(2).jpg" loading="lazy"  width="350" height="350" alt="[Image: 38829424720_dd0ed33723_b_(2).jpg]" class="mycode_img" /><br />
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No, Fryga —dijo el viejo brujo—. Estas no servirán, ni todas las que están aquí o ahí fuera, pues desde el momento en que las robaste, te pertenecen a ti. —Vesemir metió una mano en su cinturón, en lugar de estilete sacó una cuchara de plata—. Esta es mía, y yo la compartiré con vosotros dos. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo maestro metió la cuchara en su cuenco, la llenó con la sopa, la acercó a su rostro. Y no lo pensó: cerrando los ojos, la introdujo en su boca y tragó todo el líquido de una vez. Luego, como si nada hubiera pasado, le cedió la cuchara a su pupilo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt dudó antes de cogerla. Pero lo hizo. La sumergió en su cuenco, con un temblor impropio en él se la acercó a los labios, la olió. Arrugó el rostro, echó hacia atrás la cabeza, dejó caer la sopa otra vez sobre el cuenco. Escupió a un lado. El monstruo se revolvió en la silla, dio un puñetazo a la mesa, bien fuerte, las escudillas saltaron sobre la madera.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El joven pupilo tragó saliva, tranquilizó a la criatura cogiendo otro poco con la cuchara. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Acábate la sopa</span>, se dijo, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">o la abuela se enojará.</span> Pero la mano aún le temblaba sin que pudiera evitarlo. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Soy capaz de meterme en estercoleros, en pantanos, en cada mugrosa charca. Demonios, soy capaz de beber los elixires. Esto no puede saber peor…</span></div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Cerró los ojos y se zampó todo el contenido de la cuchara. Y vaya si el sabor era peor que el de los elixires brujeriles. Mucho peor. Le dieron arcadas, pero se esforzó por no soltar ni una gota de la sopa. Lo consiguió a duras penas. Cuando recobró la compostura, suspiró y le pasó la cuchara a la criatura. Este se la arrebató de un tirón y la acercó a sus ojos para examinarla bien. En ese momento, Geralt miró a Vesemir, el maestro alargó la comisura de la boca en un intento de sonrisa. La plata no afectaba al monstruo… porque no era un monstruo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La criatura metió por fin la cuchara dentro del cuenco, después la acercó a su morro mientras miraba a los dos brujos con un dejo de desconfianza, de sospecha. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Estamos aquí para ayudarte, Fryga —le recordó Vesemir.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Los dos —aseveró el joven pupilo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El monstruo deslizó la cuchara entre sus dos filas de dientes chuecos y amarillos, exhaló ruidosamente por la nariz. Y de pronto, cerró la boca, y con sus ojos yendo y viniendo de un hombre al otro, echó la cabeza atrás para tragar. Se cayó con silla y todo, golpeó las tablas del suelo con estruendo. Y allí empezó a toser, muy fuerte, le dieron arcadas. Los brujos saltaron de sus sillas y fueron hasta ella: la vieron retorcerse por las convulsiones, arañándose de la garganta hasta el vientre, como si algo le quemase por dentro. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Cógela! —gritó Geralt, sujetándole un brazo—. ¡Vesemir!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">El viejo brujo salió de su duda, una duda precavida, se hincó y tomó por la muñeca huesuda el otro brazo del monstruo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Tú puedes, Fryga —murmuró el joven brujo, acercándole su rostro al oído—. ¡Vamos, recupera lo que te arrebataron! ¡Lucha, Fryga!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los movimientos de la criatura se volvieron más bruscos, su cabeza iba y venía, su espalda arqueándose en ángulos poco naturales. Pero entonces los brujos vieron que las pezuñas, los brazos que sujetaban, se acortaban, que las manos cambiaban de color, que la piel, antes áspera y desagradable al tacto, se volvía suave y tibia, que la tersura escalaba a través de los brazos hasta el codo y luego al hombro. Y después los cabellos volvieron a crecer en esa cabeza deforme que cada vez lo era menos, vieron que la carne retornaba a donde debía, que la negrura de las pupilas aparecía en esos ojos blancos, que una nariz crecía, que los labios se volvían finos y rosados, que los dientes desaparecían tras estos. Y así, los brujos pasaron de sostener a una horrenda criatura a sujetar los brazos de una joven mujer de cabellos del color de la paja, totalmente desnuda.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir se apartó, incómodo; Geralt no dio un solo paso atrás.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Fryga? —preguntó—. Háblame. Di lo que sea, pero háblame.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La joven alargó su brazo libre, le acarició la mejilla con suavidad; el pupilo vio sus ojos dorados reflejados en los de ella.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Os lo agradezco —dijo—. A los dos. Muchas gracias.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Y dicho esto, la joven cerró los ojos y cayó en un profundo sueño.</div>
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<div style="text-align: center;" class="mycode_align"><span style="font-size: x-large;" class="mycode_size"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">V</span></span></div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Le habéis enseñado muy bien al chico, Vesemir —dijo Nilgerfor, pasándole a su amigo brujo la fuente de las verduras—. Y tú, Ileana, decías que era un mozalbete sin corazón y sin respeto por la casa ajena. —La mujer sonrió, masticando algún agradecimiento poco gentil por recordárselo—. Ahora lo tienes allí arriba, no se separa de la moza ni para comer de tan atento que es. Debe estar muy preocupado por su salud. </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir le gruñó a su porción de carne, asintió distraídamente.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">La dueña de casa carraspeó.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y cuándo seguiréis camino? —preguntó entonces Nilgerfor—. Digo, no es que me molestéis, más bien al contrario, pero…</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—En cuanto estemos seguros de que la maldición está rota —lo cortó el viejo brujo—. Cuando estemos seguros de que no volverá.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y cuándo lo estarán?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ileana —la regañó Nilgerfor—, lo sabrán cuando llegue el momento, no me hagas pasar vergüenza frente a un amigo. Bueno, ¿qué os parece si cambiamos de tema? Hoy en la granja… —El dueño de casa se detuvo en seco—. ¿Qué fue eso?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿El qué? —El viejo brujo fingió no haberlo oído.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Fue como un… —El siguiente gemido fue aún más estridente, algunas motas de polvo cayeron de entre los intersticios del techo—. ¡¿Qué demonios?! —exclamó Nilgerfor.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Sigue, brujo, sigue! —chilló la voz de una mujer.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ileana intentó taparle los oídos al crío que tenía a su lado, pero este, con los ojos como platos, le apartó las manos y miró al techo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Vesemir acabó de masticar suavemente su carne.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Estoy seguro que la chica tiene otra convulsión —dijo, cogió la copa de vino y bebió un trago—. Es normal, no os preocupéis.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Los gemidos de la mujer se mezclaron ahora con los del joven brujo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Vesemir… ¿crees que pueda solo? </div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Lo creo, Nilgerfor. Mejor sigamos comiendo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Joder —dijo el dueño de casa, zampándose media patata—. Ya quisiera yo tener un aprendiz tan confiable como el tuyo. Está siempre predispuesto para la faena, ¿eh?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Y cómo —replicó el viejo brujo, se oyó un último gemido. Tosió para acallarlo—. Además —continuó—, como buen pupilo, suele ahorrarme el tener que darle las lecciones escritas. Tiene predilección por las prácticas. Por ejemplo, ahora mismo, estoy seguro que acaba de comprender cuánto vale la pena agotar todas las instancias para romper una maldición.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fanfic] Las Enseñanzas de un Brujo IV]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2007</link>
			<pubDate>Mon, 10 Jun 2019 19:38:58 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=603">FrancoMendiverry95</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=2007</guid>
			<description><![CDATA[<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Nota del autor N°1: A todo aquel que se lea este relato, le recomiendo encarecidamente leerse A CONTINUACIÓN el Capítulo 14 de la Fuerza del Destino (<a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html</a>), pues ambos están pensados como dos mitades de una misma historia, nacidas para ser leídas como conjunto, como complemento. Allí podrán resolver los misterios que aquí se tratan, vivir de primera mano las emociones que aquí se perciben, y todo ello escrito por las manos de la inigualable, la vigente campeona del reto mensual y la mujer con la memoria más selectiva del mundo....... Shaaaaaska!! (@Sashka)</span></span></span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Nota del autor N°2: Este relato nació de un sueño que mi querida amiga (y coautora ahora, jeje) tuvo una noche de invierno, con frías nevadas, con el viento azotando las ventanas de su habitación (bueno, es mentira, fue en la primavera, mientras sudaba como una condenada). Cuando me lo contó, la idea me gustó tanto que no pude sino dejarme llevar y escribirla junto a ella. Además, como buen amigo que soy, luego de ver fracasar sus sueños de ser basquetbolista profesional (le dijeron que era muy bajita) y el de representar a su país como peluquera olímpica, lo menos que podía hacer era cumplirle este <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/biggrin.png" alt="Big Grin" title="Big Grin" class="smilie smilie_4" /></span></span></span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Ya hablando en serio, debo decir que disfruté de principio a fin con este "experimento". De los cuatros relatos que escribí, este ha sido especial y será el que recuerde con más cariño en el futuro, fue toda una experiencia muy gratificante. Gracias por compartirla conmigo, Sashka!</span></span></span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Ahora, para no aburrir al lector con flores que van de un lado al otro, el relato:</span></span></span><br />
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">LAS ENSEÑANZAS DE UN BRUJO IV</div>
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">I</div>
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir descansaba con el trasero sobre el brocal del aljibe, mirando con el rostro sereno a las personas que pasaban por el centro del pueblo. A sus espaldas, Geralt tenía el hombro apoyado contra la viga vertical que sostenía el pequeño techado, y gruñía y murmuraba por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lobo, ¿por qué mejor no te sientas?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Estoy harto de esperar, maldita sea. ¿Hasta cuándo…?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hasta que vengan. —Vesemir soltó una larga exhalación—. ¿Podrías, al menos, dejar de mover ese pie como un hombre que se agita en la horca? </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Te saca de quicio ese simple ruido, ¿eh, viejo? —Geralt sonrió, pateó con más insistencia el brocal de ladrillo, pudo ver como su maestro apretaba el puño.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lobo…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Si…?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo se lo pensó mejor: si le decía que se detuviera, el muy ladino le pondría más empeño.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nada —suspiró—. Olvídalo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al ver que lo que hacía ya no surtía el mismo efecto, Geralt acabó aburriéndose apenas un minuto después. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ese cretino está jugando con nosotros, Vesemir —dijo, hablando entre dientes—. Apuesto a que ahora mismo se ríe desde el otro lado de una ventana. —Pasó la mirada de un postigo a otro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Te equivocas, Lobo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—“Te equivocas, Lobo”, “no das pie con bola, Lobo”, “metiste la pata, Lobo” —recitó Geralt, imitando la voz de su maestro—. ¿Es que alguna vez me dirás lo contrario?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se incorporó, le señaló una dirección con la cabeza. Geralt miró hacia allí, advirtió el grupo de gente que se aproximaba hacia ellos. El regidor venía en primer lugar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mierda —murmuró por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo le dio unas palmaditas en el hombro y se burló junto a su oído:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No hasta que hagas justo lo contrario.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Maeses brujos! —exclamó el regidor, una vez estuvieron a unos pocos pasos—. ¿No os dije yo que esperaseis delante de ‹‹El aljibe››?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y cómo llamáis a eso vosotros, los pueblerinos? —preguntó Geralt, indicando con una inclinación de cabeza que miraran a sus espaldas—. ¿Castillo? ¿Atalaya?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No tratéis de palurdos a los demás, si los que cometisteis el yerro fuisteis vosotros dos —espetó el regidor—. Acá, en Calsgon, ‹‹El aljibe›› es la posada del buen Torlad, y no otro lugar. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir cortó con un gesto la contestación de su pupilo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Error de unos o de otros, no importa. El tiempo perdido, perdido está. Mejor centrémonos en aprovechar el que tenemos por delante.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Palabras sabias, maese brujo, de las que llevan verdá. —Con un brazo abierto, el regidor abarcó a las personas que le acompañaban y dijo—: Como os prometí, toditos todos los que el pergamino firmaron.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo asintió al arrastrar su mirada por el variado grupo, luego volvió a sentarse en el brocal.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El contrato habla de un fantasma… —dijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Uno terrible, sí, sí. Molesto como ninguno otro. Acá, en Calsgon, le llamamos el ‹‹Aullador››, porque…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Porque aúlla —concluyó Geralt, con una mueca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y cómo, la madre que lo parió. Pero si solo fuera eso, maeses brujos, hasta lo toleraríamos, vamos, que todo ser tiene derecho a andar con un humor de perros. Pero este… roba gallinas, tira piedras a las ventanas, orina por las chimeneas —al oír esto, el joven pupilo se mordió el labio para ahogar una risa—, y si se cruza con alguien por la calle… hasta nunca y gracias.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Alguien le ha visto? —preguntó Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No hay nadie que no lo haya hecho —replicó el regidor—. Cuando quiere asustarnos, claro, porque cuando no, es invisible como el aire. —Se rascó la cabeza—. Aún no entendemos cómo, alguien tan bueno en vida, puede ser tan hijo de perra estando muerto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Fácil —dijo alguien del grupo—, porque no era tan bueno…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cierto, esa sirvienta elfa que…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El regidor dio un respingo y giró hacia la gente, todos se callaron.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Cuántas veces os dije que sus guardéis pa’ sí mismos esos rumores de vieja? Benjer Barrabas de los buenos era, que Melitele le guarde en su sagrado pecho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo sintió que debía poner un alto antes de que aquello se les fuera de las manos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El contrato también menciona… “problemas con monstruos” —dijo, cruzándose de brazos—. Y de esos, los brujos vemos a montones. Tendréis que aclarar cuáles son los vuestros.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo aclararemos, por supuesto que sí —replicó el regidor, se giró hacia el grupo—. Porque el Aullador solo no anda, se trajo amigos del Más Allá, el muy jodido. A ver, Melindro, ven p’acá. Anda, suéltales a los brujos lo qué viste en el cementerio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El tal Melindro se adelantó, movió arriba y abajo la cabeza repetidamente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo que vi… —las palabras se le atoraron en la garganta cuando clavó la vista en los ojos dorados del brujo, pudo continuar solo al desviarla hacia el regidor—, lo que vi al visitar a mi má, allá en su tumba, eran… eran mostros morrudos, fieros como mi suegra, y eso ya e’ mucho decir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No conozco a esa suegra tuya —gruñó Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vive por acá cerquita…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si serás zoquete, Melindro —espetó el regidor—. El brujo quiere que le describas al bichejo de otro modo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh. Perdón, maese brujo, perdone mi tontera. —El pueblerino se rascó la barba desprolija—. Ah, ya sé, esto les va a dar la pista güena: los mostros esos andurriaban a cuatro patas entre las lápidas, como los chuchos. Pero ná de pelo tenían, to’ músculo y venas eran. Y…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Basta ya —le interrumpió Geralt—. Ghules, eso viste.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ghules —asintió Vesemir—. Comunes, pero no por ello menos peligrosos. El precio por algo así es…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Detén el carro, maese brujo —exclamó el regidor—, que la avaricia no te nuble el seso. Ese es solo el primero de los nuestros problemas. —El gentío le apoyó con movimientos de cabeza—. A ver, Fernad, sí, tú, zonzo, paso al frente y a hablar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y así los brujos pasaron toda una hora oyendo los relatos, siendo descritas ante ellos media docena de criaturas. Que si mujeres envueltas en ropajes oscuros, que si murciélagos acechantes, que si huellas tan grandes como cinco pies juntos y con tres dedos, que si gritos de bebés, que si espectros con lámparas que aparecían en la noche.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Haremos esto —dijo Vesemir, una vez el último pueblerino hubo dicho lo suyo—. Investigaremos ese cementerio, donde, si no me equivoco, está enterrado ese tal Barrabas… </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—En la cripta está, sí señor. Tras una puerta maldita.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Maldita? —preguntaron maestro y pupilo al mismo tiempo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nada de lo que dos brujos debéis preocuparos, pues de hijos habla, y vosotros… tengo que entendido que… —El regidor carraspeó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entiendes bien —respondió Vesemir—. Pero, nos afecte o no, una maldición es una maldición, y el precio ha de aumentar. Estáis hablando de fantasmas, de ghules, de maldiciones, no será nada barato. Pero aún no podemos afirmar que todo sea cierto, y por ello, como decía antes de que me interrumpieras, investigaremos ese cementerio a cambio de una tarifa mínima, y luego se aumentará dependiendo del trabajo y el tiempo que nos conlleve.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los hombres y mujeres se miraron unos a otros, murmuraron. Uno le habló al oído al regidor.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tenemos una contraoferta en cuanto al último punto, maeses brujos, lo del costo del tiempo —expresó este, entonces—. Una que rumiamos de antemano, sabiendo que a este punto íbamos a llegar. Esta es: os podréis hospedar en ‹‹El aljibe››, todo todito el tiempo que se tarden en investigar, sin poner una sola moneda de sus bolsillos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se miraron de reojo, negaron silenciosamente con la cabeza. El intendente del pueblo vio que no les conformaba, miró al posadero a su diestra, cuchichearon por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—La comida será gratis también, maeses brujos —agregó el regidor—. Comida de primera calidá, os lo aseguro, vuestras barrigas no gruñirán ni una vez mientras se queden en Calsgon.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y para el gaznate? —preguntó Geralt, con una media sonrisa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El posadero meneó la cabeza, recibió un pisotón de parte de una mujer.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Eh… eh, cerveza tendrán también —balbuceó este.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo se adelantó a su maestro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si no sabe a meados, es un trato.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">II</div>
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Entonces vais al cementerio a esta hora de la tarde? —preguntó el posadero, con mala cara porque los brujos habían pedido vodka en lugar de cerveza. Y de ninguna manera iba a conseguir cobrarles.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vamos —asintió Vesemir, apoyando el vaso sobre el mostrador, para luego ponerse en pie—. ¿Dónde lo encontraremos?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Siguiendo el camino al oeste, a media hora de caminata. Pero…, brujos, nada habréis de encontraros allí hasta la noche. En la oscuridad es que los monstruos salen.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esperaremos allí el atardecer —dijo Geralt, acomodado su tahalí al incorporarse—. Una de vosotros habló de cierta mujer vestida de blanco, repelente a la vista como… ¿Qué fue lo que dijo? Oh, sí, una verruga con pelo. Una comparación muy visual, por cierto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y vais a creer las farsas de esa vieja cantamañanas?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo se encogió de hombros.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es lo justo. Nos creímos la vuestra y las de los demás.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El posadero entornó los ojos, intentando descifrar si el brujo acababa de hacer una broma. No lo había hecho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir tosió.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vamos, Lobo, o se nos hará tarde.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Que esté lista la cena para cuando regresemos —dijo Geralt al ventero—. Y que no sea queso y pan como este mediodía.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos recorrieron el local, el viejo cogió la manija de la puerta, tiró de ella y abrió. No fue poca la sorpresa que se llevaron ambos al toparse con una joven encapuchada, que desde el otro lado del umbral alargaba una mano hacia adelante, en un claro gesto de hacerse con el picaporte. La muchacha debió de reconocerles de inmediato como brujos, pues se quedó pasmada en medio, mirándoles. El joven pupilo intentó verle el rostro bajo la capucha, luego su mirada descendió sin control a partes más apreciables a pesar de la ropa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir carraspeó y se hizo un lado, la saludó con una simple reverencia cuando ella pasó frente a él con la cabeza gacha. Luego salió, su pupilo miró la espalda de la joven y más abajo antes de seguirle. Al cerrar la puerta, Geralt volvió a mirar, y esta vez su mirada se encontró con unos oj</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">os verdes brillantes de interés bajo la capucha. Fue incapaz de discernir a qué se debía ese interés, a pesar de que siguió pensándolo durante todo el viaje hasta el cementerio.</span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">III</div>
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<br />
<br />
<img src="http://storenow.net/download/2dc127e3ecce3b738ed11bea5c60fe37/7a9f0eb7ffe71c8cf780e0e2cdf1fef3.jpg%5B/align%5D" loading="lazy"  width="400" height="300" alt="[Image: align%5D]" class="mycode_img" /><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ataron sus caballos cerca de la entrada del camposanto, dejándolos ocultos bajo un árbol del bosque cercano. Los goznes de las verjas chirriaron cuando estas fueron empujadas por el viejo brujo, Geralt las cerró detrás de él, las trabó con un barrote desprendido. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No deseaban ser molestados.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Anduvieron a paso lento hacia la solitaria haya que se alzaba en el centro, mirando a su alrededor, pero aún con las espadas envainadas. El caminito que recorrían, así como las propias tumbas, estaban inundadas de maleza, las lápidas se esforzaban por sobresalir entre ella.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se detuvieron ante el árbol, el viento arreció y agitó las numerosas lámparas que colgaban de las ramas muertas, estas chocaron unas con otras con un tintineo metálico.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt miró a sus espaldas por encima de su hombro, alertado por el grito de un chotacabras. Vesemir caminaba alrededor del tronco, con la cabeza echada hacia adelante y los ojos entornados. De pronto alargó una mano, la arrastró por la corteza, se acuclilló y cogió algo del suelo. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué? —preguntó el joven pupilo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se lo lanzó, él lo cogió al vuelo, luego abrió la mano y miró con atención.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Una garra —dijo Geralt. Y ante la mirada inquisitiva de su maestro, agregó—: La garra de un ghul.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y donde hay un ghul…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hay otros tres —concluyó el joven brujo, clavando sus ojos dorados en lo profundo del bosque.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir aspiró profundamente con la nariz.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ven, Lobo, es por allí. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos siguieron su olfato hasta las tumbas más recientes. Los ghules habían escarbado con ahínco y profundamente, hasta dar con las tapas de los ataúdes; luego, con poderosos golpes, habían roto las maderas para acceder al premio. Había huesos por todas partes, quebrados y mordidos, sin un trozo de carne adherido; la lengua de los necrófagos era áspera precisamente para ello.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con un gesto, Vesemir ordenó a su pupilo que hiciera lo suyo. Geralt cogió los dos pequeños frascos con esencia de alghul, los abrió ambos al mismo tiempo con cada mano, luego comenzó a diseminar el líquido por los alrededores. Con ello esperaban confundir a las criaturas y así evitar que les olieran al acercarse.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Una vez acabó, Vesemir miró al cielo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un cuarto de hora para el atardecer. Allí, en aquel montecito, tendremos buena visión de todo el cementerio, podremos descartar la presencia de una Dama del Ocaso.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—O confirmarla —dijo Geralt.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Espero que no —pronunció el viejo maestro, con seriedad—. No deseo enfrentarme tan pronto a otra de ellas.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se escondieron en el mencionado monte, allí se deshicieron de los mantos y de todo peso extra, incluidas las espadas de acero. El sol fue cayendo más y más en el oeste, por detrás del dosel arbolado, al mismo tiempo que una bruma verdosa comenzaba a formarse entre las lápidas.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Un cuarto de hora después, el cementerio quedó sumergido en la penumbra de la noche, Vesemir giró un pequeño reloj de arena.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos no movieron un solo músculo hasta que cada grano dorado se hubo deslizado hacia abajo. Entonces el maestro se permitió soltar un suspiro de alivio.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Felicidades, viejo —dijo Geralt, dándole una palmada en la espalda—. La noche que estés frente a frente con una dama vestida de blanco no llegó todavi…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir le puso una mano en la boca, le señaló un punto del muro bajo que delimitaba el cementerio. Con sus pupilas expandidas, el joven brujo no tuvo inconvenientes en identificar a los ghules, que de un salto remontaban el pequeño muro, y con otro se arrojaban a este lado. Eran cinco.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se movieron agazapados hasta la pequeña pared, la treparon como los propios monstruos, aterrizando suavemente sobre sus pies, como felinos.</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">‹‹Una abominación para matar a otra, eso es lo que desean quienes contratan nuestros servicios››. </span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt no pudo evitar recordar esas palabras mientras desenvainaban sus espadas de plata.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los ghules habían ido a parar inevitablemente a las tumbas abiertas, allí se movían con la cabeza gacha entre los hombros musculosos, olfateaban con atención toda la zona. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron hasta ellos caminando a paso vivo, uno a la par del otro. Vesemir sostenía su espada con ambas manos, Geralt solo con la izquierda, en la derecha llevaba una piedra. Sin detenerse, el joven pupilo lanzó esta última contra una lápida, el ruido distrajo a los necrófagos, les dio a los brujos el factor sorpresa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir cargó contra el primer ghul, que estaba de espalda, con un tajo potente le cortó una de sus anchas patas traseras por encima del tobillo. El monstruo soltó un alarido, perdió el equilibrio cuando quiso saltar, quedó tendido de lado. Rápido como un rayo, el viejo alzó la espada y la descargó en un poderoso golpe descendente, la hoja de plata atravesó de lado a lado el brazo con el que el necrófago intentó cubrirse y rajó el pecho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<img src="http://storenow.net/download/7c717a82368158efd881372f1b9783b1/img-20190610-wa0000.jpg" loading="lazy"  width="200" height="250" alt="[Image: img-20190610-wa0000.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt dio velocidad a su andar, en tres largas zancadas llegó hasta uno de los ghules, e impulsándose con la pierna izquierda dio un salto y alargó la espada desde su hombro derecho en una poderosa estocada. Su hoja penetró la caja torácica del necrófago al mismo tiempo que él volvía aterrizar, luego la retiró con un giro de muñeca que rasgó la carne del ghul lateralmente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se volvió al acabar con el primer ghul, ya con el rabillo del ojo advirtió que otros dos venían a por él en una carrera desenfrenada, apenas separados uno del otro por unos cinco metros. El viejo brujo se puso de cara y vio al primero prepararse para dar un salto, entonces hizo un amago y acto seguido apoyó su peso sobre la pierna izquierda, esquivando el zarpazo por centímetros, y usándola como pivote dio un giro de ciento ochenta grados con su espada, que rasgó profundamente el lomo del necrófago. Sin perder un solo segundo, el maestro brujo separó la mano izquierda de la empuñadura y extendió el brazo hacia el otro lado, conjurando la señal de Aard: el segundo ghul, que ya caía sobre él, salió despedido hacia atrás; al caer, su cabeza golpeó una lápida y quedó aturdido. Vesemir le alcanzó pronto, y le dio muerte.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al mismo tiempo, Geralt cortó de raíz la cabeza del cuarto, el quinto aún se retorcía en el suelo, herido por la plata del viejo brujo. Cuando el pupilo se acercó a él, el silencio volvió al camposanto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">IV</div>
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Cortaron las cabezas de los cinco ghules y las metieron en dos sacos, para luego amarrarlos a sus monturas. Luego echaron a andar hacia el camino, llevando con firmeza a los animales por el ronzal, pues estos estaban inquietos por el olor de los necrófagos. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Sin embargo, apenas recorrieron unos pocos metros cuando Geralt miró a un lado y frunció el ceño, deteniéndose.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lobo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir siguió la mirada de su pupilo hacia el muro lateral del cementerio. Allí, a unos veinte pasos de su posición, había un bulto tendido en el suelo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ve —dijo el maestro entonces, cogiendo también las riendas de Sardinilla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt caminó lentamente hacia allí, con el brazo derecho tenso, por si acaso debía desenvainar la espada con rapidez. Supo qué era ese bulto antes de acuclillarse a la par: el cuerpo de un ghul, decapitado; la cabeza yacía apoyada contra el muro, con el morro abierto. Extrañado por el asunto, el joven pupilo observó con atención el corte, que era limpio y recto. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hum, </span>gruñó para sí mismo<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">, esto es obra de una hoja filosa como pocas</span>. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aún acuclillado, miró la hierba a su alrededor. Había sido aplastada en varios sectores, pudo identificar las huellas del ghul. Pero había otra, más pequeña, de una bota. Resoplando con molestia, cogió la cabeza cercenada y regresó a los caballos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué traes ahí? —preguntó Vesemir. Geralt guardó el premio en el saco—. ¿Otra cabeza?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ajam. La de un ghul solitario que olió a nuestro ángel de la guarda.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo percibió el disgusto en el tono de voz de su pupilo, y él mismo se sintió así ante la noticia. Si acaso era obra de un pueblerino con algo de experiencia, eso significaba que tal vez esa noche tuvieran que escuchar la historia en la posada, y los parroquianos pensarían que ya no les necesitaban, que era cosa fácil matar monstruos. Y el precio bajaría.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos montaron a caballo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mejor será que nos demos prisa —dijo Vesemir, y partieron a un trote rápido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El ruido de los cascos no evitó que oyeran el choque de una espada contra otra, los gruñidos de un combate cercano. Bajaron de sus sillas de un salto, siguieron el camino por la vera, ocultos por los árboles. Se detuvieron poco más allá, sus pupilas se dilataron para ver con más claridad en la noche.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Había cuatro figuras luchando con sus hierros: tres robustas y lentas cercando a una más menuda, cuyo cabello se veía blanco a la luz de la luna. Esta última se movía entre ellos con agilidad, parando con la espada, esquivando con pequeños saltos, realizando quiebros y giros. Pero no atacaba, a todas luces trataba de evitar hacer daño a sus atacantes. Vesemir y Geralt se miraron con fijeza, ambos pensaron lo mismo: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">un brujo</span>.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y desenvainando sus espadas de acero, corrieron en su ayuda.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pero cuando la figura menuda les vio, entre una parada y otra, gritó:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Alto!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se detuvieron en seco, estupefactos al advertir que se trataba de una mujer.</span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡No es necesario que muera nadie! —insistió ella—. ¡Largaos de aquí u os arrepentiréis!</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir y Geralt no reaccionaron, se la quedaron mirando como a una criatura desconocida, salida de los libros más antiguos. Los hombres, que hasta hace un momento blandían sus espadas, les vieron a ellos y pusieron pies en polvorosa, asustados ante la perspectiva de la igualdad numérica.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Una mujer —articuló el joven pupilo—, luchando… como un brujo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven enfundó su espada a la espalda, al igual que lo hacían ellos, se apresuró a ponerse la capucha.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se aproximó a ella.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Dónde has aprendido a luchar así, muchacha?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven desvió la mirada y apretó los labios, como si cavilara qué debía responder. Luego bajó la cabeza y habló, cortante: </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es de tu incumbencia, brujo. Agradezco vuestra ayuda, pero no voy a contaros mi vida.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo miró a su pupilo, se encogió de hombros.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno, al menos ha dado las gracias... —dijo, para después, darse la vuelta—. Iré por los caballos.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<img src="http://storenow.net/download/371fe123433bf23b46b03a1161fec71a/ciri.jpg" loading="lazy"  width="300" height="200" alt="[Image: ciri.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se quedó allí, ni siquiera escuchó las palabras de su maestro. Su atención no tenía espacio nada más que para la joven. ¿Quién era? ¿Dónde había aprendido a moverse de ese modo? ¿Sería ella quien mató al ghul en el cementerio? ¿Les había seguido? ¿Por qué se preocupaba tanto en ocultar su rostro? Y entre todas esas preguntas tan difíciles de responder, había algo más sencillo e instintivo: una atracción poderosa.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es buena cosa que vayas sola por estos caminos —dijo Geralt, por fin, encontrando las palabras adecuadas—. Eres la chica de esta tarde, en la posada, ¿verdad? —La joven asintió—. Si no tienes nada en contra de los brujos, podemos llevarte al pueblo. Estarás a salvo con nosotros, te doy mi palabra.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bien que lo sé —replicó ella, de pronto.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lo sabes? —El joven pupilo se sintió más perdido todavía.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno… me habéis ayudado, ¿no? Está bien, iré con vosotros.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir llegó con los caballos, Geralt se subió de un salto al suyo y le tendió la mano a la joven. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Menos mal</span>, pensó, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">menos mal que el saco con las cabezas está del otro lado.</span> La muchacha aceptó el gesto tras una breve duda, y al tocarla, a pesar de que ambos llevaban guantes, el brujo sintió un breve cosquilleo que escaló rápidamente por su brazo hasta su pecho, luego el medallón del lobo se agitó un poco.</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿Magia?</span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, se preguntó Geralt arrugando la frente una vez ella montó a su espalda, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿o es la electricidad que flota alrededor suyo? ¿Vesemir también la percibe, o es que yo…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha interrumpió su pensamiento poniendo las manos en su cintura, él se tensó al instante, apretó las riendas. Creyó que eso sería todo, pero de pronto sintió una respiración junto a su oreja, y luego un susurro:</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No te asustes, brujo, por el movimiento de tu colgante. No soy una lamia, ni una ninfa. Sólo soy… una mujer. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y al acabar de decir esto, la joven arrastró las manos por su cintura y las posó en su abdomen. Geralt ahogó un gemido, pero no pudo evitar estremecerse.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Vamos? —preguntó Vesemir.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vamos.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y ambos golpearon a sus monturas con los talones y reemprendieron la marcha hacia el pueblo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras dejar a los caballos en el establo, maestro y pupilo echaron a andar hacia la posada. El joven brujo no dijo nada, pero por dentro sintió una gran satisfacción al oír a la muchacha decir que se hospedaba allí también.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Por cierto, no nos hemos presentado —dijo Geralt con tono amable, volviéndose hacia ella una vez puso su mano sobre el pomo de la puerta—. Soy Geralt de Rivia, y él es Vesemir. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven hizo una pequeña inclinación con la cabeza a modo de saludo. El brujo se la quedó mirando, esperando oír su nombre, necesitaba saberlo. Mucho.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Vas a abrir o no? —le espetó ella, sin siquiera alzar la mirada.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No vas a presentarte?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha contestó tras una pausa:</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No veo la necesidad.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt estuvo a punto de insistir, pero Vesemir carraspeó a sus espaldas, con los sacos ensangrentados en las manos, y acabó abriendo de una vez, resignado.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Una vez cruzaron el umbral, el joven pupilo siguió a su maestro hacia la barra, ella se encaminó hacia la escalera.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Gracias por la ayuda —les dijo, remontando los escalones.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir gruñó como toda respuesta, Geralt se obligó a no abrir la boca. Pero cuando oyó que los pasos de la joven se detenían, alzó la vista sin poder evitarlo. Y así, a través de la barandilla, las miradas de ambos se encontraron por un instante, antes de que se perdiera en la habitación.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lobo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se volvió de repente, Vesemir se había acomodado en el taburete y le miraba con regaño. Sintiéndose un idiota, se sentó a su diestra. El posadero no se veía por ningún lado.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tanto misterio no puede ser bueno —dijo el maestro, señalando el balcón interior con la cabeza.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt gruñó para sí mismo, divertido. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Por supuesto</span>, pensó, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nada se le escapa al viejo. Solo disimula mejor que yo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No vas a decir nada?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué quieres que diga, Vesemir? Ambos vimos lo mismo. Su forma de luchar, lo rápido que nos reconoció como brujos, aún en la oscuridad, el empeño que pone en ocultar su rostro. Sí, es obvio que esconde algo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Entre todas estas verdades, el hábil pupilo ocultó un detalle: la advertencia de su medallón cuando ella le tocó. Su maestro no podía estar al tanto de eso.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tal vez fue ella quien mató al ghul —dijo el viejo, cruzando los brazos sobre la barra—. Su espada… </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ajam, no es una que se consiga en cualquier mercado. —Geralt resopló. Él también estaba interesado en ella, más de lo que quería admitir y demostrar, pero le incomodaba hablar de ello con su maestro, por el simple hecho de le conocía bien—. ¿Y a qué viene todo esto, Vesemir? Es claro que algo tratas de decirme. Adelante, desembucha.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo le miró al fin.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No persigas el misterio, Lobo, si no hay dinero de por medio. A menudo conduce al peligro.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El posadero apareció justo en ese momento, casi sufre un ataque al corazón al ver los sacos ensangrentados que Vesemir había dejado sobre la barra sin ningún cuidado. El viejo brujo y el ventero hablaron durante un rato, acerca del precio del contrato y demás, pero el joven pupilo no volvió a pronunciar palabra.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Esa noche, Geralt se durmió pensando en el verde de los ojos de la muchacha.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">V</div>
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se levantaron perezosamente, se vistieron aun con más flojera. Con las marcas de la almohada en los rostros, como si fueran otras más de sus cicatrices, y con los cabellos sueltos y despeinados, bajaron a la sala para recibir su desayuno. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al poner los platos sobre su mesa, el posadero les miró como un padre que observa a un hijo juerguista.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Poco falta para el mediodía —dijo, con clara recriminación.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El maestro y el pupilo giraron la cabeza y le miraron serios, sin decir nada, sin ánimo para replicar con alguna ocurrencia. Habían dormido mucho, pero a la naturaleza le gusta el equilibrio, y el exceso se sentía como escasez.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El posadero se marchó deprisa, ellos comieron en silencio.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Salieron a las calles con un humor todavía peor, ambos sabían que sería una larga jornada de escuchar sandeces.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Es necesario hablar con todos ellos? —preguntó Geralt, mientras caminaban.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Créeme que yo tampoco lo disfruto, Lobo. Pero es parte del trabajo, y debe hacerse.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo gruñó:</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No me culpes a mi si para el final del día me oyes hablar así —Geralt imitó la voz de un campesino—: Oh, maese posadero, una cerveza querré p’arremoja’ gaznate, que el día entero me lo pasé andurriando a dos patas por el poblado este, oyendo de acerca de los mostros esos, fieros como mi maestro, y eso ya e’ mucho decir.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir soltó una risa.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No serías el primero al que oiga hablar así. —El viejo brujo suspiró, como si recordara, la seriedad volvió a su rostro—. Hagamos esto, Lobo. Separémonos, confío en que sabrás distinguir el pescado podrido del fresco.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Seguro que mejor que tú —replicó Geralt.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se dividieron la tarea y quedaron en reunirse en la posada, luego se despidieron con una inclinación de cabeza.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo descartó las informaciones de la primera persona que visitó, de la segunda, también de la tercera. En la cuarta se interesó al momento, pues quien le abrió la puerta a la que llamó fue la joven y bella mujer del herrero.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La observó de arriba abajo sin disimulo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Sí? —preguntó ella, incómoda.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Eh… vengo a por… —el joven pupilo se mordió el labio— información. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero si ya a vosotros os dije, brujos, cuanto sé. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya, pero ahora estoy solo aquí y… —Geralt intentó espiar hacia el interior de la casa sobre el hombro de la mujer—, y debo comprobar ciertos detalles. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven se adelantó unos pasos, acomodándose el escote del vestido, luego cerró la puerta con disimulo. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El brujo bajó del pórtico a la calle.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Queréis que repita todo lo que os dije frente al pozo?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Eso mismo, sí.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—De acuerdo —dijo la mujer, sentándose en el escalón de la galería—, pero abrid bien vuestras orejas, que os lo diré por vez última. Como aclaré, hace siete noches se cumplió tres años de la partida de mi hermana, Farialla, y la fui a visitar a la pobrecita. Ella está en la cripta, ¿os lo dije, brujo? —Geralt asintió—. Así lo quiso, siempre daba la misma razón cuando salía el tema: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no tolero la lluvia</span>.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El brujo miró a un lado, fingiendo que pensaba en ello, cuando en realidad comenzaba a hartarse de tanta palabrería. Entonces, al hacerlo, sus ojos se encontraron por casualidad con aquellos mismos que le atrajeron al salir de la posada. La joven estaba delante de un puesto de comida, con la capucha puesta sobre la cabeza. Cuando ella advirtió que le miraba, se dio la vuelta y caminó hasta otro tenderete.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Brujo, me estáis escuchando?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se volvió hacia la mujer que tenía delante.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No podría dejar de hacerlo —respondió él.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—De acuerdo. Resulta que ni bien puse un pie en la cripta, una sensación extraña me recorrió el cuerpo, una electricidad que me erizó los vellos de la nuca. ¿Brujo, seguís oyéndome?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sigo —contestó, volviendo a enfocar la mirada en ella.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La mujer soltó un gruñido antes de continuar:</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aun así, seguí con la idea de dejar las flores a mi hermana, pues eso no es algo que debe dejarse para después. Y finalmente llegué hasta su lugar de descanso sin ver nada fuera de lo común. Pero allí… ¿brujo?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Allí…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mientras estaba sentada, hablando con... diciéndole unas palabras, advertí algo por el rabillo del ojo, a mi derecha, en dirección a lo profundo de la cripta. Al incorporarme y mirar hacia allí, asustada, vi una sombra que se movía hacia mí por el corredor, y a su paso todas las luces iban apagándose una a una. Y entonces yo…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La esposa del herrero advirtió que el joven de nuevo desviaba la vista hacia al mercado, y al darse cuenta que se posaba en la figura de una mujer encapuchada, se desabotonó distraídamente un botón del vestido y se incorporó.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No os queréis pasar a la casa, brujo? —preguntó—. Podría prepararte té.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No, no, gracias. Eh… mejor quedémonos aquí. Y bueno, mejor vaya al grano, que se hace tarde y…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y tenéis que ir tras esa cualquiera, ¿no? —La mujer se levantó, giró sobre sus pies con gesto aireado y se encaminó hacia la casa.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt la siguió, alargó una mano hacia ella.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Detente, no…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El portazo interrumpió sus palabras.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Soltando un suspiro, el joven pupilo buscó de inmediato a la muchacha de los ojos verdes delante del tenderete, pero esta, ahora sí, se había escabullido de una vez por todas.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al volver a reunirse con Vesemir, ambos dieron por ciertas las palabras de la mujer, descartando todas las demás. Por si acaso, en ningún momento Geralt mencionó a la misteriosa joven encapuchada.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> ******SIGUE MÁS ABAJO*******</span></span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Nota del autor N°1: A todo aquel que se lea este relato, le recomiendo encarecidamente leerse A CONTINUACIÓN el Capítulo 14 de la Fuerza del Destino (<a href="http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">http://clasico.fantasitura.com/thread-2008.html</a>), pues ambos están pensados como dos mitades de una misma historia, nacidas para ser leídas como conjunto, como complemento. Allí podrán resolver los misterios que aquí se tratan, vivir de primera mano las emociones que aquí se perciben, y todo ello escrito por las manos de la inigualable, la vigente campeona del reto mensual y la mujer con la memoria más selectiva del mundo....... Shaaaaaska!! (@Sashka)</span></span></span><br />
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Nota del autor N°2: Este relato nació de un sueño que mi querida amiga (y coautora ahora, jeje) tuvo una noche de invierno, con frías nevadas, con el viento azotando las ventanas de su habitación (bueno, es mentira, fue en la primavera, mientras sudaba como una condenada). Cuando me lo contó, la idea me gustó tanto que no pude sino dejarme llevar y escribirla junto a ella. Además, como buen amigo que soy, luego de ver fracasar sus sueños de ser basquetbolista profesional (le dijeron que era muy bajita) y el de representar a su país como peluquera olímpica, lo menos que podía hacer era cumplirle este <img src="http://clasico.fantasitura.com/images/smilies/biggrin.png" alt="Big Grin" title="Big Grin" class="smilie smilie_4" /></span></span></span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Ya hablando en serio, debo decir que disfruté de principio a fin con este "experimento". De los cuatros relatos que escribí, este ha sido especial y será el que recuerde con más cariño en el futuro, fue toda una experiencia muy gratificante. Gracias por compartirla conmigo, Sashka!</span></span></span></div>
<div style="text-align: left;" class="mycode_align"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font"> </span></span></span></div>
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: small;" class="mycode_size"><span style="font-family: Tahoma, sans-serif;" class="mycode_font">Ahora, para no aburrir al lector con flores que van de un lado al otro, el relato:</span></span></span><br />
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">LAS ENSEÑANZAS DE UN BRUJO IV</div>
<br />
<br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">I</div>
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir descansaba con el trasero sobre el brocal del aljibe, mirando con el rostro sereno a las personas que pasaban por el centro del pueblo. A sus espaldas, Geralt tenía el hombro apoyado contra la viga vertical que sostenía el pequeño techado, y gruñía y murmuraba por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lobo, ¿por qué mejor no te sientas?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Estoy harto de esperar, maldita sea. ¿Hasta cuándo…?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hasta que vengan. —Vesemir soltó una larga exhalación—. ¿Podrías, al menos, dejar de mover ese pie como un hombre que se agita en la horca? </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Te saca de quicio ese simple ruido, ¿eh, viejo? —Geralt sonrió, pateó con más insistencia el brocal de ladrillo, pudo ver como su maestro apretaba el puño.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lobo…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Si…?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo se lo pensó mejor: si le decía que se detuviera, el muy ladino le pondría más empeño.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nada —suspiró—. Olvídalo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al ver que lo que hacía ya no surtía el mismo efecto, Geralt acabó aburriéndose apenas un minuto después. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ese cretino está jugando con nosotros, Vesemir —dijo, hablando entre dientes—. Apuesto a que ahora mismo se ríe desde el otro lado de una ventana. —Pasó la mirada de un postigo a otro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Te equivocas, Lobo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—“Te equivocas, Lobo”, “no das pie con bola, Lobo”, “metiste la pata, Lobo” —recitó Geralt, imitando la voz de su maestro—. ¿Es que alguna vez me dirás lo contrario?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se incorporó, le señaló una dirección con la cabeza. Geralt miró hacia allí, advirtió el grupo de gente que se aproximaba hacia ellos. El regidor venía en primer lugar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mierda —murmuró por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo le dio unas palmaditas en el hombro y se burló junto a su oído:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No hasta que hagas justo lo contrario.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Maeses brujos! —exclamó el regidor, una vez estuvieron a unos pocos pasos—. ¿No os dije yo que esperaseis delante de ‹‹El aljibe››?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y cómo llamáis a eso vosotros, los pueblerinos? —preguntó Geralt, indicando con una inclinación de cabeza que miraran a sus espaldas—. ¿Castillo? ¿Atalaya?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No tratéis de palurdos a los demás, si los que cometisteis el yerro fuisteis vosotros dos —espetó el regidor—. Acá, en Calsgon, ‹‹El aljibe›› es la posada del buen Torlad, y no otro lugar. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir cortó con un gesto la contestación de su pupilo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Error de unos o de otros, no importa. El tiempo perdido, perdido está. Mejor centrémonos en aprovechar el que tenemos por delante.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Palabras sabias, maese brujo, de las que llevan verdá. —Con un brazo abierto, el regidor abarcó a las personas que le acompañaban y dijo—: Como os prometí, toditos todos los que el pergamino firmaron.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo asintió al arrastrar su mirada por el variado grupo, luego volvió a sentarse en el brocal.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El contrato habla de un fantasma… —dijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Uno terrible, sí, sí. Molesto como ninguno otro. Acá, en Calsgon, le llamamos el ‹‹Aullador››, porque…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Porque aúlla —concluyó Geralt, con una mueca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y cómo, la madre que lo parió. Pero si solo fuera eso, maeses brujos, hasta lo toleraríamos, vamos, que todo ser tiene derecho a andar con un humor de perros. Pero este… roba gallinas, tira piedras a las ventanas, orina por las chimeneas —al oír esto, el joven pupilo se mordió el labio para ahogar una risa—, y si se cruza con alguien por la calle… hasta nunca y gracias.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Alguien le ha visto? —preguntó Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No hay nadie que no lo haya hecho —replicó el regidor—. Cuando quiere asustarnos, claro, porque cuando no, es invisible como el aire. —Se rascó la cabeza—. Aún no entendemos cómo, alguien tan bueno en vida, puede ser tan hijo de perra estando muerto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Fácil —dijo alguien del grupo—, porque no era tan bueno…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cierto, esa sirvienta elfa que…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El regidor dio un respingo y giró hacia la gente, todos se callaron.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Cuántas veces os dije que sus guardéis pa’ sí mismos esos rumores de vieja? Benjer Barrabas de los buenos era, que Melitele le guarde en su sagrado pecho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo sintió que debía poner un alto antes de que aquello se les fuera de las manos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El contrato también menciona… “problemas con monstruos” —dijo, cruzándose de brazos—. Y de esos, los brujos vemos a montones. Tendréis que aclarar cuáles son los vuestros.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo aclararemos, por supuesto que sí —replicó el regidor, se giró hacia el grupo—. Porque el Aullador solo no anda, se trajo amigos del Más Allá, el muy jodido. A ver, Melindro, ven p’acá. Anda, suéltales a los brujos lo qué viste en el cementerio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El tal Melindro se adelantó, movió arriba y abajo la cabeza repetidamente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo que vi… —las palabras se le atoraron en la garganta cuando clavó la vista en los ojos dorados del brujo, pudo continuar solo al desviarla hacia el regidor—, lo que vi al visitar a mi má, allá en su tumba, eran… eran mostros morrudos, fieros como mi suegra, y eso ya e’ mucho decir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No conozco a esa suegra tuya —gruñó Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vive por acá cerquita…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si serás zoquete, Melindro —espetó el regidor—. El brujo quiere que le describas al bichejo de otro modo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh. Perdón, maese brujo, perdone mi tontera. —El pueblerino se rascó la barba desprolija—. Ah, ya sé, esto les va a dar la pista güena: los mostros esos andurriaban a cuatro patas entre las lápidas, como los chuchos. Pero ná de pelo tenían, to’ músculo y venas eran. Y…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Basta ya —le interrumpió Geralt—. Ghules, eso viste.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ghules —asintió Vesemir—. Comunes, pero no por ello menos peligrosos. El precio por algo así es…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Detén el carro, maese brujo —exclamó el regidor—, que la avaricia no te nuble el seso. Ese es solo el primero de los nuestros problemas. —El gentío le apoyó con movimientos de cabeza—. A ver, Fernad, sí, tú, zonzo, paso al frente y a hablar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y así los brujos pasaron toda una hora oyendo los relatos, siendo descritas ante ellos media docena de criaturas. Que si mujeres envueltas en ropajes oscuros, que si murciélagos acechantes, que si huellas tan grandes como cinco pies juntos y con tres dedos, que si gritos de bebés, que si espectros con lámparas que aparecían en la noche.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Haremos esto —dijo Vesemir, una vez el último pueblerino hubo dicho lo suyo—. Investigaremos ese cementerio, donde, si no me equivoco, está enterrado ese tal Barrabas… </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—En la cripta está, sí señor. Tras una puerta maldita.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Maldita? —preguntaron maestro y pupilo al mismo tiempo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nada de lo que dos brujos debéis preocuparos, pues de hijos habla, y vosotros… tengo que entendido que… —El regidor carraspeó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entiendes bien —respondió Vesemir—. Pero, nos afecte o no, una maldición es una maldición, y el precio ha de aumentar. Estáis hablando de fantasmas, de ghules, de maldiciones, no será nada barato. Pero aún no podemos afirmar que todo sea cierto, y por ello, como decía antes de que me interrumpieras, investigaremos ese cementerio a cambio de una tarifa mínima, y luego se aumentará dependiendo del trabajo y el tiempo que nos conlleve.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los hombres y mujeres se miraron unos a otros, murmuraron. Uno le habló al oído al regidor.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tenemos una contraoferta en cuanto al último punto, maeses brujos, lo del costo del tiempo —expresó este, entonces—. Una que rumiamos de antemano, sabiendo que a este punto íbamos a llegar. Esta es: os podréis hospedar en ‹‹El aljibe››, todo todito el tiempo que se tarden en investigar, sin poner una sola moneda de sus bolsillos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se miraron de reojo, negaron silenciosamente con la cabeza. El intendente del pueblo vio que no les conformaba, miró al posadero a su diestra, cuchichearon por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—La comida será gratis también, maeses brujos —agregó el regidor—. Comida de primera calidá, os lo aseguro, vuestras barrigas no gruñirán ni una vez mientras se queden en Calsgon.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y para el gaznate? —preguntó Geralt, con una media sonrisa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El posadero meneó la cabeza, recibió un pisotón de parte de una mujer.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Eh… eh, cerveza tendrán también —balbuceó este.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo se adelantó a su maestro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si no sabe a meados, es un trato.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">II</div>
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Entonces vais al cementerio a esta hora de la tarde? —preguntó el posadero, con mala cara porque los brujos habían pedido vodka en lugar de cerveza. Y de ninguna manera iba a conseguir cobrarles.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vamos —asintió Vesemir, apoyando el vaso sobre el mostrador, para luego ponerse en pie—. ¿Dónde lo encontraremos?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Siguiendo el camino al oeste, a media hora de caminata. Pero…, brujos, nada habréis de encontraros allí hasta la noche. En la oscuridad es que los monstruos salen.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esperaremos allí el atardecer —dijo Geralt, acomodado su tahalí al incorporarse—. Una de vosotros habló de cierta mujer vestida de blanco, repelente a la vista como… ¿Qué fue lo que dijo? Oh, sí, una verruga con pelo. Una comparación muy visual, por cierto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y vais a creer las farsas de esa vieja cantamañanas?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo se encogió de hombros.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es lo justo. Nos creímos la vuestra y las de los demás.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El posadero entornó los ojos, intentando descifrar si el brujo acababa de hacer una broma. No lo había hecho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir tosió.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vamos, Lobo, o se nos hará tarde.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Que esté lista la cena para cuando regresemos —dijo Geralt al ventero—. Y que no sea queso y pan como este mediodía.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos recorrieron el local, el viejo cogió la manija de la puerta, tiró de ella y abrió. No fue poca la sorpresa que se llevaron ambos al toparse con una joven encapuchada, que desde el otro lado del umbral alargaba una mano hacia adelante, en un claro gesto de hacerse con el picaporte. La muchacha debió de reconocerles de inmediato como brujos, pues se quedó pasmada en medio, mirándoles. El joven pupilo intentó verle el rostro bajo la capucha, luego su mirada descendió sin control a partes más apreciables a pesar de la ropa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir carraspeó y se hizo un lado, la saludó con una simple reverencia cuando ella pasó frente a él con la cabeza gacha. Luego salió, su pupilo miró la espalda de la joven y más abajo antes de seguirle. Al cerrar la puerta, Geralt volvió a mirar, y esta vez su mirada se encontró con unos oj</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">os verdes brillantes de interés bajo la capucha. Fue incapaz de discernir a qué se debía ese interés, a pesar de que siguió pensándolo durante todo el viaje hasta el cementerio.</span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">III</div>
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<br />
<br />
<img src="http://storenow.net/download/2dc127e3ecce3b738ed11bea5c60fe37/7a9f0eb7ffe71c8cf780e0e2cdf1fef3.jpg%5B/align%5D" loading="lazy"  width="400" height="300" alt="[Image: align%5D]" class="mycode_img" /><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ataron sus caballos cerca de la entrada del camposanto, dejándolos ocultos bajo un árbol del bosque cercano. Los goznes de las verjas chirriaron cuando estas fueron empujadas por el viejo brujo, Geralt las cerró detrás de él, las trabó con un barrote desprendido. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No deseaban ser molestados.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Anduvieron a paso lento hacia la solitaria haya que se alzaba en el centro, mirando a su alrededor, pero aún con las espadas envainadas. El caminito que recorrían, así como las propias tumbas, estaban inundadas de maleza, las lápidas se esforzaban por sobresalir entre ella.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se detuvieron ante el árbol, el viento arreció y agitó las numerosas lámparas que colgaban de las ramas muertas, estas chocaron unas con otras con un tintineo metálico.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt miró a sus espaldas por encima de su hombro, alertado por el grito de un chotacabras. Vesemir caminaba alrededor del tronco, con la cabeza echada hacia adelante y los ojos entornados. De pronto alargó una mano, la arrastró por la corteza, se acuclilló y cogió algo del suelo. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué? —preguntó el joven pupilo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se lo lanzó, él lo cogió al vuelo, luego abrió la mano y miró con atención.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Una garra —dijo Geralt. Y ante la mirada inquisitiva de su maestro, agregó—: La garra de un ghul.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y donde hay un ghul…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hay otros tres —concluyó el joven brujo, clavando sus ojos dorados en lo profundo del bosque.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir aspiró profundamente con la nariz.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ven, Lobo, es por allí. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos siguieron su olfato hasta las tumbas más recientes. Los ghules habían escarbado con ahínco y profundamente, hasta dar con las tapas de los ataúdes; luego, con poderosos golpes, habían roto las maderas para acceder al premio. Había huesos por todas partes, quebrados y mordidos, sin un trozo de carne adherido; la lengua de los necrófagos era áspera precisamente para ello.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con un gesto, Vesemir ordenó a su pupilo que hiciera lo suyo. Geralt cogió los dos pequeños frascos con esencia de alghul, los abrió ambos al mismo tiempo con cada mano, luego comenzó a diseminar el líquido por los alrededores. Con ello esperaban confundir a las criaturas y así evitar que les olieran al acercarse.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Una vez acabó, Vesemir miró al cielo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un cuarto de hora para el atardecer. Allí, en aquel montecito, tendremos buena visión de todo el cementerio, podremos descartar la presencia de una Dama del Ocaso.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—O confirmarla —dijo Geralt.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Espero que no —pronunció el viejo maestro, con seriedad—. No deseo enfrentarme tan pronto a otra de ellas.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se escondieron en el mencionado monte, allí se deshicieron de los mantos y de todo peso extra, incluidas las espadas de acero. El sol fue cayendo más y más en el oeste, por detrás del dosel arbolado, al mismo tiempo que una bruma verdosa comenzaba a formarse entre las lápidas.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Un cuarto de hora después, el cementerio quedó sumergido en la penumbra de la noche, Vesemir giró un pequeño reloj de arena.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos no movieron un solo músculo hasta que cada grano dorado se hubo deslizado hacia abajo. Entonces el maestro se permitió soltar un suspiro de alivio.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Felicidades, viejo —dijo Geralt, dándole una palmada en la espalda—. La noche que estés frente a frente con una dama vestida de blanco no llegó todavi…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir le puso una mano en la boca, le señaló un punto del muro bajo que delimitaba el cementerio. Con sus pupilas expandidas, el joven brujo no tuvo inconvenientes en identificar a los ghules, que de un salto remontaban el pequeño muro, y con otro se arrojaban a este lado. Eran cinco.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se movieron agazapados hasta la pequeña pared, la treparon como los propios monstruos, aterrizando suavemente sobre sus pies, como felinos.</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">‹‹Una abominación para matar a otra, eso es lo que desean quienes contratan nuestros servicios››. </span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt no pudo evitar recordar esas palabras mientras desenvainaban sus espadas de plata.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los ghules habían ido a parar inevitablemente a las tumbas abiertas, allí se movían con la cabeza gacha entre los hombros musculosos, olfateaban con atención toda la zona. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron hasta ellos caminando a paso vivo, uno a la par del otro. Vesemir sostenía su espada con ambas manos, Geralt solo con la izquierda, en la derecha llevaba una piedra. Sin detenerse, el joven pupilo lanzó esta última contra una lápida, el ruido distrajo a los necrófagos, les dio a los brujos el factor sorpresa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir cargó contra el primer ghul, que estaba de espalda, con un tajo potente le cortó una de sus anchas patas traseras por encima del tobillo. El monstruo soltó un alarido, perdió el equilibrio cuando quiso saltar, quedó tendido de lado. Rápido como un rayo, el viejo alzó la espada y la descargó en un poderoso golpe descendente, la hoja de plata atravesó de lado a lado el brazo con el que el necrófago intentó cubrirse y rajó el pecho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<img src="http://storenow.net/download/7c717a82368158efd881372f1b9783b1/img-20190610-wa0000.jpg" loading="lazy"  width="200" height="250" alt="[Image: img-20190610-wa0000.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt dio velocidad a su andar, en tres largas zancadas llegó hasta uno de los ghules, e impulsándose con la pierna izquierda dio un salto y alargó la espada desde su hombro derecho en una poderosa estocada. Su hoja penetró la caja torácica del necrófago al mismo tiempo que él volvía aterrizar, luego la retiró con un giro de muñeca que rasgó la carne del ghul lateralmente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se volvió al acabar con el primer ghul, ya con el rabillo del ojo advirtió que otros dos venían a por él en una carrera desenfrenada, apenas separados uno del otro por unos cinco metros. El viejo brujo se puso de cara y vio al primero prepararse para dar un salto, entonces hizo un amago y acto seguido apoyó su peso sobre la pierna izquierda, esquivando el zarpazo por centímetros, y usándola como pivote dio un giro de ciento ochenta grados con su espada, que rasgó profundamente el lomo del necrófago. Sin perder un solo segundo, el maestro brujo separó la mano izquierda de la empuñadura y extendió el brazo hacia el otro lado, conjurando la señal de Aard: el segundo ghul, que ya caía sobre él, salió despedido hacia atrás; al caer, su cabeza golpeó una lápida y quedó aturdido. Vesemir le alcanzó pronto, y le dio muerte.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al mismo tiempo, Geralt cortó de raíz la cabeza del cuarto, el quinto aún se retorcía en el suelo, herido por la plata del viejo brujo. Cuando el pupilo se acercó a él, el silencio volvió al camposanto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">IV</div>
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Cortaron las cabezas de los cinco ghules y las metieron en dos sacos, para luego amarrarlos a sus monturas. Luego echaron a andar hacia el camino, llevando con firmeza a los animales por el ronzal, pues estos estaban inquietos por el olor de los necrófagos. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Sin embargo, apenas recorrieron unos pocos metros cuando Geralt miró a un lado y frunció el ceño, deteniéndose.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lobo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir siguió la mirada de su pupilo hacia el muro lateral del cementerio. Allí, a unos veinte pasos de su posición, había un bulto tendido en el suelo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ve —dijo el maestro entonces, cogiendo también las riendas de Sardinilla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt caminó lentamente hacia allí, con el brazo derecho tenso, por si acaso debía desenvainar la espada con rapidez. Supo qué era ese bulto antes de acuclillarse a la par: el cuerpo de un ghul, decapitado; la cabeza yacía apoyada contra el muro, con el morro abierto. Extrañado por el asunto, el joven pupilo observó con atención el corte, que era limpio y recto. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Hum, </span>gruñó para sí mismo<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">, esto es obra de una hoja filosa como pocas</span>. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aún acuclillado, miró la hierba a su alrededor. Había sido aplastada en varios sectores, pudo identificar las huellas del ghul. Pero había otra, más pequeña, de una bota. Resoplando con molestia, cogió la cabeza cercenada y regresó a los caballos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué traes ahí? —preguntó Vesemir. Geralt guardó el premio en el saco—. ¿Otra cabeza?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ajam. La de un ghul solitario que olió a nuestro ángel de la guarda.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo percibió el disgusto en el tono de voz de su pupilo, y él mismo se sintió así ante la noticia. Si acaso era obra de un pueblerino con algo de experiencia, eso significaba que tal vez esa noche tuvieran que escuchar la historia en la posada, y los parroquianos pensarían que ya no les necesitaban, que era cosa fácil matar monstruos. Y el precio bajaría.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos montaron a caballo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mejor será que nos demos prisa —dijo Vesemir, y partieron a un trote rápido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El ruido de los cascos no evitó que oyeran el choque de una espada contra otra, los gruñidos de un combate cercano. Bajaron de sus sillas de un salto, siguieron el camino por la vera, ocultos por los árboles. Se detuvieron poco más allá, sus pupilas se dilataron para ver con más claridad en la noche.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Había cuatro figuras luchando con sus hierros: tres robustas y lentas cercando a una más menuda, cuyo cabello se veía blanco a la luz de la luna. Esta última se movía entre ellos con agilidad, parando con la espada, esquivando con pequeños saltos, realizando quiebros y giros. Pero no atacaba, a todas luces trataba de evitar hacer daño a sus atacantes. Vesemir y Geralt se miraron con fijeza, ambos pensaron lo mismo: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">un brujo</span>.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y desenvainando sus espadas de acero, corrieron en su ayuda.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pero cuando la figura menuda les vio, entre una parada y otra, gritó:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Alto!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se detuvieron en seco, estupefactos al advertir que se trataba de una mujer.</span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡No es necesario que muera nadie! —insistió ella—. ¡Largaos de aquí u os arrepentiréis!</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir y Geralt no reaccionaron, se la quedaron mirando como a una criatura desconocida, salida de los libros más antiguos. Los hombres, que hasta hace un momento blandían sus espadas, les vieron a ellos y pusieron pies en polvorosa, asustados ante la perspectiva de la igualdad numérica.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Una mujer —articuló el joven pupilo—, luchando… como un brujo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven enfundó su espada a la espalda, al igual que lo hacían ellos, se apresuró a ponerse la capucha.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se aproximó a ella.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Dónde has aprendido a luchar así, muchacha?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven desvió la mirada y apretó los labios, como si cavilara qué debía responder. Luego bajó la cabeza y habló, cortante: </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es de tu incumbencia, brujo. Agradezco vuestra ayuda, pero no voy a contaros mi vida.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo miró a su pupilo, se encogió de hombros.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno, al menos ha dado las gracias... —dijo, para después, darse la vuelta—. Iré por los caballos.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<img src="http://storenow.net/download/371fe123433bf23b46b03a1161fec71a/ciri.jpg" loading="lazy"  width="300" height="200" alt="[Image: ciri.jpg]" class="mycode_img" /><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se quedó allí, ni siquiera escuchó las palabras de su maestro. Su atención no tenía espacio nada más que para la joven. ¿Quién era? ¿Dónde había aprendido a moverse de ese modo? ¿Sería ella quien mató al ghul en el cementerio? ¿Les había seguido? ¿Por qué se preocupaba tanto en ocultar su rostro? Y entre todas esas preguntas tan difíciles de responder, había algo más sencillo e instintivo: una atracción poderosa.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es buena cosa que vayas sola por estos caminos —dijo Geralt, por fin, encontrando las palabras adecuadas—. Eres la chica de esta tarde, en la posada, ¿verdad? —La joven asintió—. Si no tienes nada en contra de los brujos, podemos llevarte al pueblo. Estarás a salvo con nosotros, te doy mi palabra.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bien que lo sé —replicó ella, de pronto.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lo sabes? —El joven pupilo se sintió más perdido todavía.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bueno… me habéis ayudado, ¿no? Está bien, iré con vosotros.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir llegó con los caballos, Geralt se subió de un salto al suyo y le tendió la mano a la joven. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Menos mal</span>, pensó, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">menos mal que el saco con las cabezas está del otro lado.</span> La muchacha aceptó el gesto tras una breve duda, y al tocarla, a pesar de que ambos llevaban guantes, el brujo sintió un breve cosquilleo que escaló rápidamente por su brazo hasta su pecho, luego el medallón del lobo se agitó un poco.</span></span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">¿Magia?</span></span></span><span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, se preguntó Geralt arrugando la frente una vez ella montó a su espalda, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">¿o es la electricidad que flota alrededor suyo? ¿Vesemir también la percibe, o es que yo…?</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha interrumpió su pensamiento poniendo las manos en su cintura, él se tensó al instante, apretó las riendas. Creyó que eso sería todo, pero de pronto sintió una respiración junto a su oreja, y luego un susurro:</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No te asustes, brujo, por el movimiento de tu colgante. No soy una lamia, ni una ninfa. Sólo soy… una mujer. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y al acabar de decir esto, la joven arrastró las manos por su cintura y las posó en su abdomen. Geralt ahogó un gemido, pero no pudo evitar estremecerse.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Vamos? —preguntó Vesemir.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vamos.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y ambos golpearon a sus monturas con los talones y reemprendieron la marcha hacia el pueblo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras dejar a los caballos en el establo, maestro y pupilo echaron a andar hacia la posada. El joven brujo no dijo nada, pero por dentro sintió una gran satisfacción al oír a la muchacha decir que se hospedaba allí también.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Por cierto, no nos hemos presentado —dijo Geralt con tono amable, volviéndose hacia ella una vez puso su mano sobre el pomo de la puerta—. Soy Geralt de Rivia, y él es Vesemir. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven hizo una pequeña inclinación con la cabeza a modo de saludo. El brujo se la quedó mirando, esperando oír su nombre, necesitaba saberlo. Mucho.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Vas a abrir o no? —le espetó ella, sin siquiera alzar la mirada.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No vas a presentarte?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha contestó tras una pausa:</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No veo la necesidad.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt estuvo a punto de insistir, pero Vesemir carraspeó a sus espaldas, con los sacos ensangrentados en las manos, y acabó abriendo de una vez, resignado.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Una vez cruzaron el umbral, el joven pupilo siguió a su maestro hacia la barra, ella se encaminó hacia la escalera.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Gracias por la ayuda —les dijo, remontando los escalones.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir gruñó como toda respuesta, Geralt se obligó a no abrir la boca. Pero cuando oyó que los pasos de la joven se detenían, alzó la vista sin poder evitarlo. Y así, a través de la barandilla, las miradas de ambos se encontraron por un instante, antes de que se perdiera en la habitación.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lobo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se volvió de repente, Vesemir se había acomodado en el taburete y le miraba con regaño. Sintiéndose un idiota, se sentó a su diestra. El posadero no se veía por ningún lado.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tanto misterio no puede ser bueno —dijo el maestro, señalando el balcón interior con la cabeza.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt gruñó para sí mismo, divertido. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Por supuesto</span>, pensó, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">nada se le escapa al viejo. Solo disimula mejor que yo.</span></span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No vas a decir nada?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué quieres que diga, Vesemir? Ambos vimos lo mismo. Su forma de luchar, lo rápido que nos reconoció como brujos, aún en la oscuridad, el empeño que pone en ocultar su rostro. Sí, es obvio que esconde algo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Entre todas estas verdades, el hábil pupilo ocultó un detalle: la advertencia de su medallón cuando ella le tocó. Su maestro no podía estar al tanto de eso.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tal vez fue ella quien mató al ghul —dijo el viejo, cruzando los brazos sobre la barra—. Su espada… </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ajam, no es una que se consiga en cualquier mercado. —Geralt resopló. Él también estaba interesado en ella, más de lo que quería admitir y demostrar, pero le incomodaba hablar de ello con su maestro, por el simple hecho de le conocía bien—. ¿Y a qué viene todo esto, Vesemir? Es claro que algo tratas de decirme. Adelante, desembucha.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo le miró al fin.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No persigas el misterio, Lobo, si no hay dinero de por medio. A menudo conduce al peligro.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El posadero apareció justo en ese momento, casi sufre un ataque al corazón al ver los sacos ensangrentados que Vesemir había dejado sobre la barra sin ningún cuidado. El viejo brujo y el ventero hablaron durante un rato, acerca del precio del contrato y demás, pero el joven pupilo no volvió a pronunciar palabra.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Esa noche, Geralt se durmió pensando en el verde de los ojos de la muchacha.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<div style="text-align: center;" class="mycode_align">V</div>
<br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos se levantaron perezosamente, se vistieron aun con más flojera. Con las marcas de la almohada en los rostros, como si fueran otras más de sus cicatrices, y con los cabellos sueltos y despeinados, bajaron a la sala para recibir su desayuno. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al poner los platos sobre su mesa, el posadero les miró como un padre que observa a un hijo juerguista.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Poco falta para el mediodía —dijo, con clara recriminación.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El maestro y el pupilo giraron la cabeza y le miraron serios, sin decir nada, sin ánimo para replicar con alguna ocurrencia. Habían dormido mucho, pero a la naturaleza le gusta el equilibrio, y el exceso se sentía como escasez.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El posadero se marchó deprisa, ellos comieron en silencio.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Salieron a las calles con un humor todavía peor, ambos sabían que sería una larga jornada de escuchar sandeces.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Es necesario hablar con todos ellos? —preguntó Geralt, mientras caminaban.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Créeme que yo tampoco lo disfruto, Lobo. Pero es parte del trabajo, y debe hacerse.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo gruñó:</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No me culpes a mi si para el final del día me oyes hablar así —Geralt imitó la voz de un campesino—: Oh, maese posadero, una cerveza querré p’arremoja’ gaznate, que el día entero me lo pasé andurriando a dos patas por el poblado este, oyendo de acerca de los mostros esos, fieros como mi maestro, y eso ya e’ mucho decir.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir soltó una risa.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No serías el primero al que oiga hablar así. —El viejo brujo suspiró, como si recordara, la seriedad volvió a su rostro—. Hagamos esto, Lobo. Separémonos, confío en que sabrás distinguir el pescado podrido del fresco.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Seguro que mejor que tú —replicó Geralt.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se dividieron la tarea y quedaron en reunirse en la posada, luego se despidieron con una inclinación de cabeza.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo descartó las informaciones de la primera persona que visitó, de la segunda, también de la tercera. En la cuarta se interesó al momento, pues quien le abrió la puerta a la que llamó fue la joven y bella mujer del herrero.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La observó de arriba abajo sin disimulo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Sí? —preguntó ella, incómoda.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Eh… vengo a por… —el joven pupilo se mordió el labio— información. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero si ya a vosotros os dije, brujos, cuanto sé. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya, pero ahora estoy solo aquí y… —Geralt intentó espiar hacia el interior de la casa sobre el hombro de la mujer—, y debo comprobar ciertos detalles. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven se adelantó unos pasos, acomodándose el escote del vestido, luego cerró la puerta con disimulo. </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El brujo bajó del pórtico a la calle.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Queréis que repita todo lo que os dije frente al pozo?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Eso mismo, sí.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—De acuerdo —dijo la mujer, sentándose en el escalón de la galería—, pero abrid bien vuestras orejas, que os lo diré por vez última. Como aclaré, hace siete noches se cumplió tres años de la partida de mi hermana, Farialla, y la fui a visitar a la pobrecita. Ella está en la cripta, ¿os lo dije, brujo? —Geralt asintió—. Así lo quiso, siempre daba la misma razón cuando salía el tema: <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">no tolero la lluvia</span>.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El brujo miró a un lado, fingiendo que pensaba en ello, cuando en realidad comenzaba a hartarse de tanta palabrería. Entonces, al hacerlo, sus ojos se encontraron por casualidad con aquellos mismos que le atrajeron al salir de la posada. La joven estaba delante de un puesto de comida, con la capucha puesta sobre la cabeza. Cuando ella advirtió que le miraba, se dio la vuelta y caminó hasta otro tenderete.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Brujo, me estáis escuchando?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se volvió hacia la mujer que tenía delante.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No podría dejar de hacerlo —respondió él.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—De acuerdo. Resulta que ni bien puse un pie en la cripta, una sensación extraña me recorrió el cuerpo, una electricidad que me erizó los vellos de la nuca. ¿Brujo, seguís oyéndome?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sigo —contestó, volviendo a enfocar la mirada en ella.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La mujer soltó un gruñido antes de continuar:</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aun así, seguí con la idea de dejar las flores a mi hermana, pues eso no es algo que debe dejarse para después. Y finalmente llegué hasta su lugar de descanso sin ver nada fuera de lo común. Pero allí… ¿brujo?</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Allí…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mientras estaba sentada, hablando con... diciéndole unas palabras, advertí algo por el rabillo del ojo, a mi derecha, en dirección a lo profundo de la cripta. Al incorporarme y mirar hacia allí, asustada, vi una sombra que se movía hacia mí por el corredor, y a su paso todas las luces iban apagándose una a una. Y entonces yo…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La esposa del herrero advirtió que el joven de nuevo desviaba la vista hacia al mercado, y al darse cuenta que se posaba en la figura de una mujer encapuchada, se desabotonó distraídamente un botón del vestido y se incorporó.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No os queréis pasar a la casa, brujo? —preguntó—. Podría prepararte té.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No, no, gracias. Eh… mejor quedémonos aquí. Y bueno, mejor vaya al grano, que se hace tarde y…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y tenéis que ir tras esa cualquiera, ¿no? —La mujer se levantó, giró sobre sus pies con gesto aireado y se encaminó hacia la casa.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt la siguió, alargó una mano hacia ella.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Detente, no…</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El portazo interrumpió sus palabras.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Soltando un suspiro, el joven pupilo buscó de inmediato a la muchacha de los ojos verdes delante del tenderete, pero esta, ahora sí, se había escabullido de una vez por todas.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al volver a reunirse con Vesemir, ambos dieron por ciertas las palabras de la mujer, descartando todas las demás. Por si acaso, en ningún momento Geralt mencionó a la misteriosa joven encapuchada.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> ******SIGUE MÁS ABAJO*******</span></span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Las Enseñanzas de un Brujo III]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1971</link>
			<pubDate>Wed, 29 May 2019 21:22:50 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=603">FrancoMendiverry95</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1971</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">N.A: Gracias a <a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=99" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">@Sashka</a> por interesarse, por incentivarme, por dedicarle tiempo a leerlo a pesar de que estaba muy metida en su propio fanfic, por sus meticulosas y precisas correcciones, que hicieron de este relato algo mejor. Moltes gràcies, amiga!</span></div>
<br />
<br />
<br />
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size">Las Enseñanzas de un Brujo III</span><br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos acabaron su cerveza y con un golpe apoyaron las jarras sobre la mesa de la posada. Las sillas chirriaron al ser arrastradas, las tablas del suelo se quejaron bajo sus botas cuando caminaron hacia la puerta, el posadero se apresuró a recoger las monedas que dejaron atrás.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro abrió y varias hojas secas y anaranjadas se colaron dentro del local, empujadas por el viento matinal. Geralt cerró detrás de él al salir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En lugar de echar a caminar hacia el establo para recoger sus monturas, se apoyaron uno a cada lado del vano de la puerta. De este modo, transcurrió apenas un momento antes de que sus oídos captaran unos pasos ligeros en el interior, acercándose. La puerta se abrió, Geralt esperó el instante preciso para cruzar el pie en el umbral, el sujeto que salía cayó de bruces al tropezar con él. Entonces, maestro y pupilo le cogieron por los brazos, y haciendo caso omiso a sus gritos, le arrastraron hasta un callejón apartado de ese humilde asentamiento.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Allí le soltaron con un empujón que lo envió al suelo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No dejaste de mirarnos desde que bajamos de la habitación, y ahora querías seguirnos —dijo Geralt, acuclillándose. Desde esa posición, alargó una mano hacia el sujeto y le hizo a un lado un mechón de cabello que le caía por los lados—. Dinos por qué… elfo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Porque llevaba tiempo aguardando a los de su calaña… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">vatt’gherns </span>—replicó el sujeto, poniéndose en pie.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—En ese caso pudiste habernos invitado una ronda allá adentro —dijo Vesemir, señalando con una inclinación de cabeza—. Los brujos no mordemos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Todos los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">dh’oine </span>muerden, si tienen la ocasión. Y ustedes no son diferentes, a pesar de las mutaciones.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo gruñó al apoyarse cansinamente contra una de las paredes del callejón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Geralt…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, Vesemir, yo me encargo. —El joven pupilo, erguido ahora, se cruzó de brazos—. ¿Por qué aguardabas por un brujo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y qué otro motivo puede haber, si no es para cazar a una alimaña? —siseó el otro—. Una abominación para matar a otra, eso es lo desean quienes contratan sus servicios. —El elfo se quitó ambas botas, las giró boca abajo y de ellas cayeron sendas bolsas de cuero. Las pateó hacia Geralt—. Cabalguen al norte, llegaran a Vermel. Allí, junto a la casa de la herrera, hay una puerta pintada de rojo. Pregunten por Tabar, díganle que los envía la ‹‹paloma que voló››.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt volvió a acuclillarse, cogió una de las bolsas y tanteó el peso. No estaba nada mal.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es la mitad —dijo el elfo—. Habrá más al llegar allí. ¿Lo aceptan, o tendré que seguir aguardando?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo miró a su maestro por encima del hombro, Vesemir no dijo nada ni hizo gesto alguno. Geralt tanteó entonces el peso de ambas bolsas a la vez, asintió al ponerse en pie.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tabar, en Vermel, ‹‹la paloma que voló››. Lo recordaremos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Atravesaron las puertas de la ciudad tras dos días de viaje. Mediaba la tarde y llovía con ganas, las ráfagas de viento les helaban el cuerpo húmedo y se afanaban por mojarles el rostro oculto bajo las capuchas. Al ritmo lento al que llevaban los caballos, los brujos veían pasar por delante a los adultos, en rápidas carreras de un techado a otro. Los niños, en cambio, chapoteaban para aquí y para allá felices de la vida, algunos acomodaban pequeños barquitos en los charcos más profundos y dejaban que la corriente se los llevara calle abajo. Los guardias, que en un día con buen clima se hubieran entrometido para llenarles de preguntas, se contentaron con mirarles de modo amenazante desde su resguardo. A estos últimos Geralt les dedicó una sonrisa torcida.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se detuvieron frente a la posada, allí el joven brujo desmontó y entró, su maestro le esperó fuera sosteniendo las riendas de ambos caballos. Cuando Geralt regresó, tomó la delantera a lomos de Sardinilla y guio la marcha. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Así anduvieron entre las calles, y a medida que avanzaban al oeste se fueron haciendo más estrechas, los edificios se elevaron y apretujaron, torcidos, unidos en las alturas por cuerdas desde las que chorreaban algunas prendas olvidadas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">También, al avanzar hacia allí, iba en aumento el golpeteo del martillo sobre el yunque.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron a la herrería, era esta la correcta: una mujer con un delantal grueso y el rostro ennegrecido por el carbón levantaba y bajaba el fuelle. Entonces, sin desmontar, buscaron y divisaron la puerta pintada de rojo, al pie de un edificio tan estrecho como alto. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí es —dijo Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Llevemos los caballos al establo y regresemos luego. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt llamó con un nudillo cuando estuvo frente a la puerta roja. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toc toc toc.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Silencio. El joven brujo se volvió hacia Vesemir, se encogió de hombros. El viejo maestro miró a un lado y a otro de la calle, luego con un movimiento de cabeza le impulsó a golpear de nuevo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt llamó ahora con la parte baja de su puño cerrado. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al cabo de un momento, a través de la mirilla de la puerta, llegó una voz.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Todas las habitaciones están ocupadas! ¡Márchese!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo, que tenía un hombro apoyado en el vano para mantenerse fuera de la vista, contestó con un graznido:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Buscamos a Tabar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Silencio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí… aquí no hay ningún Tabar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt no se lo tragó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nos manda la paloma que voló. —Puso su medallón delante de la mirilla—. Somos brujos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Un silencio más profundo y prolongado. Luego, de repente, el sujeto descorrió el cerrojo y les abrió.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt le sonrió con arrogancia a su maestro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Con tus maneras, no lo habrías logrado —dijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir avanzó y le dio unas palmadas en el hombro al pasar junto a él.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo lo habría hecho más rápido, sin tanto drama. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt gruñó al seguirle al interior.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El tal Tabar cerró la puerta una vez ambos estuvieron dentro, volvió a asegurarla y luego tomó la delantera, cogiendo una lámpara que colgaba de un aplique.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Por aquí —les dijo, y se perdió por unos escalones que descendían bajo tierra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos fueron detrás sin hablar, solo Geralt masculló una palabra cuando se apoyó en la barandilla de la izquierda y esta casi cede a su peso. Una vez en el húmedo sótano, el dueño de casa comenzó a hacer a un lado las cajas que bloqueaban una de las paredes. Cuando acabó, en aquel lugar apareció una puertecita de apenas un metro de alto y la mitad de ancho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tabar la abrió con una pequeña llave y dijo:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No se detengan hasta llegar al final.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se echó atrás.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya me harté de todo este misterio. No iremos a ninguna parte sin más explicaciones.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Las explicaciones les aguardan al final de este pasaje —respondió Tabar, señalando la puerta con la lámpara—. Golpeen la puerta, no esperen respuesta. Digan: “el zorro entra en el gallinero”.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El zorro entra en… ¿pero quién diablos inventa estas gansadas? —gruñó el joven brujo—. ¿Un asno vestido de poeta? ¿Un viejo y decrepito espía que se divierte jugando a su antigua vida?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo averiguarán al llegar al otro lado. Quieren el dinero, ¿verdad, brujos? No hacen esto por buen corazón, porque les guste ayudar a la gente. Lo hacen por dinero, y aquí tienen mucho para ganar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt resopló.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No vas a decir nada, Vesemir, o es que te has tragado la lengua por el camino y no me he enterado? ¿Vas a dejar que me entierre hasta el fondo en la mierda, cierto? Maldición, otra de tus estúpidas lecciones.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo se mostró extrañamente grave.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pasaste las últimas cinco noches diciendo que estabas listo para tomar las riendas, y ahora pides mi ayuda. No, Lobo, no diré nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Como quieras. —Suspiró al agacharse para pasar a través de la puerta—. Hasta el fondo entonces.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Alcanzaron el final de ese pasaje subterráneo, ahí les esperaba otra puerta igual de pequeña que la anterior. Geralt golpeó y a continuación pronunció las palabras tal cual como lo hiciera Tabar. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras el chirrido de un mueble que es arrastrado, una llave fue encajada en la cerradura y la puertecita se abrió. Geralt y Vesemir pasaron por la abertura y se encontraron en la habitación de una casa, rodeados por tres elfos de rostros enjutos y ojos fríos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Espero estemos invitados a la fiesta —dijo el joven brujo, pasando su mirada por los sables que colgaban de los cinturones del trío.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dos de los elfos se adelantaron y cogieron los lobos de sus medallones para echarles un vistazo más de cerca, luego se volvieron hacia el restante asintiendo con la cabeza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Eres tú quien nos explicará qué demonios hacemos aquí? —preguntó Geralt. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El elfo sonrió con malicia, luego echó a andar hacia un lado y ordenó a los suyos:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Denles las ropas y llévenlos hasta la casona, les esperaré allí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al cabo de unos minutos ambos brujos abandonaron el edificio siguiendo a los elfos. Habían tenido que dejar atrás sus mantos largos, _gambesones acolchados y espadas, con la promesa que les serían devueltas pronto. Ahora maestro y pupilo lucían ropas más finas y sueltas, y Geralt llevaba además un pañuelo atado a la cabeza para esconder sus cabellos blancos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Así fueron conducidos a través las calles, cruzándose con gran cantidad de elfos, de enanos y medianos. Como Vesemir había deducido desde el momento en que hablaron con ‹‹la paloma que voló››, se encontraban en un barrio no-humano. Y lo que vio alrededor de las casas no le gustó un ápice: estaban cercados por una muralla de piedra, y desde las atalayas eran observados por soldados equipados con arcos y ballestas. No, aquello no le agradó en absoluto, pero menos lo hizo el hecho de que Geralt no prestara atención a estos detalles tan claros.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron hasta una residencia sobre el cual estaba apoyado el elfo que les sonriera con malicia, gesto que repitió al verles vestidos de aquella manera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt tuvo ganas de borrarle esa sonrisa de un puñetazo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entremos —dijo el elfo—. Está ansioso por conocerlos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Lo hicieron. La estancia al otro lado se les antojó espaciosa, aunque tal vez fuera así por haber recorrido el estrecho pasaje subterráneo. Como una comitiva que se presenta en un palacio, el grupo avanzó hacia el final de la sala, donde en un sillón alto y elevado sobre unos pequeños escalones descansaba un elfo muy anciano, tan encogido y arrugado como una pasa de uva.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt y Vesemir se detuvieron al pie del pequeño estrado, con los dos elfos a sus espaldas. El restante, el que les conducía, remontó los escalones y se acomodó por detrás y a la derecha del sillón. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">— Mi nombre es Craran aep Sengovir, y les doy la bienvenida a mi morada —habló el anciano, con la voz cascada—. Espero les hayan tratado como merecen. —Se giró apenas hacia el que debía ser su mano derecha.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tal como merecen —asintió este, con una reverencia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Será como ustedes creen que…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir puso una mano firme en el hombro de su pupilo, interrumpiéndole. Cuando Geralt le miró, negó con la cabeza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El elfo anciano sonrió desde su sillón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El maestro y su pupilo, la sabiduría y la temeridad. Ah, me recuerdan a mis años mozos, y eso me llena el corazón de nostalgia. —Les miró en silencio durante un tiempo, luego continuó—: Tenemos aquí, en este… barrio,  un problema que requiere pronta resolución. Estamos siendo cazados, brujos. Nos acechan desde las alturas, como simples conejos en el coto de caza de un águila. Juegan con nosotros, como el gato con el ratón. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt percibió un movimiento a su derecha y giró la cabeza por instinto. Una elfa, de rasgos jóvenes y hermosos, acababa de aparecer desde el otro lado de una cortina, con una bandeja en las manos. Pero tan pronto como el brujo reparó en ella, el consejero tras el sillón hizo una seña y los dos elfos que custodiaban a los invitados la sacaron de allí con brusquedad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt gruñó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Concéntrate —susurró Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Craran ignoró todo esto y prosiguió:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Les hemos hecho venir, brujos, para que los cazadores sean cazados y su crueldad les sea devuelta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Una abominación para matar a otra —dijo el joven pupilo, sacándose el pañuelo de la cabeza para arrojarlo a un costado—. Eso es lo desean quienes contratan nuestros servicios. —Se encogió de hombros—. Que así sea. Pero necesitaré más que metáforas para saber a qué habremos de enfrentarnos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo elfo asintió una vez.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Quienes nos cazan solo salen de noche —dijo—, las sombras son sus aliadas. Disfrutan del engaño, con ellos llevan a sus víctimas al sitio que le es predilecto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entiendo que hay más de una criatura.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entiendes bien, brujo. Salen en grupo, frecuentan los tejados de las casas, se mueven a una velocidad imposible de alcanzar y de seguir con la vista. Se teleportan, vatt’gherns.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ante esta revelación, Geralt bajó la mirada un momento, apenas vuelto hacia la izquierda, como si intentara recordar. Y recordó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Las víctimas —habló el joven brujo—, ¿han sufrido torturas antes de perecer?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El ojo izquierdo del anciano se abrió y se cerró repetidamente, como un tic, al hablar su voz transmitió dolor:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Las torturas más crueles que jamás hayan observado mis ojos. Y he visto y sufrido muchas a lo largo de las décadas, oh, demasiadas. —El elfo se levantó del sillón haciendo un gran esfuerzo, descendió los escalones ayudado por su consejero—. Se les hospedará aquí, brujos, se les proporcionará comida, bebida, todo aquello que necesiten para su labor. Mi morada es ahora su morada. Oh, y se les pagará, por supuesto. Aquí no somos ricos, pero somos solidarios con quienes están dispuestos a ayudar. Maten a esas alimañas, y se les dará una suma igual a la que ya han recibido. Mátenlas con prontitud, y recibirán el doble. —Craran aep Sengovir alargó su mano temblorosa hacia el joven pupilo—. ¿Tenemos un trato?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se la estrechó, se sorprendió ante la fuerza del anciano.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo tenemos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El elfo que despertó a Geralt se llevó un susto cuando el brujo, tendido boca arriba en la cama, despegó de súbito los párpados y sus ojos dorados relampaguearon hacia él. Las palabras se le atoraron en la garganta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Ya es la hora? —gruñó el joven pupilo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El elfo asintió y se marchó deprisa de la habitación.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se sentó apoyando los pies en el suelo, con un mueca de satisfacción advirtió que junto a él y sobre una pequeña cómoda estaban sus vestiduras de brujo, y sus espadas. Miró entonces hacia la otra cama.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Levanta, vieja marmota —espetó—. Ya llegó el ocaso.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir giró en la cama, rumiando unas protestas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Te olvidas que tengo un oído tan…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No olvido nada, Lobo. Soy viejo y tengo el derecho de quejarme por no dormir lo suficiente. —El brujo maestro también se sentó, soltó una maldición por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El caso es que eres viejo cuando te conviene —sonrió Geralt, apretando las correas de sus brazales por encima de la manga del caftán rojizo—. Venga, arriba, cuanto más lo piensas es peor.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al cabo de unos minutos, y tras recibir algunas indicaciones por parte de Narilin, el consejero elfo, ambos salieron de la residencia vestidos y armados como verdaderos brujos. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Esa fue la primera de tres noches en las que deambularon por el barrio no-humano sin captar un solo indicio de peligro, sin que sus medallones vibraran en ningún momento contra su pecho. Esa fue la primera en que regresaron a la casa y negaron con la cabeza ante la mirada inquisitiva del consejero, para luego perderse otra vez tras las cortinas que conducían a su habitación. Durante el día los brujos salían de a uno para no llamar la atención de los centinelas humanos, pero el resultado era el mismo: nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La tercera noche en que respondieron meneando la cabeza, Narilin les espetó:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Esto es todo lo que pueden hacer un par de brujos? Dormir, comer y cagar durante el día, dar paseos por la noche. Están viviendo a costa nuestra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt iba a responder de manera poco elegante, pero esta vez Vesemir intercedió:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Dime, elfo, ¿Cuántos de los tuyos, enanos o medianos han muerto desde que vinimos? ¿Cuántos han sido atacados? —El otro no supo que contestar—. Exacto. Ninguno. Y eso es porque a diferencia de ti, esas criaturas a las que cazamos no son cretinas: saben de lo que somos capaces.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La cuarta noche, sin embargo, fue diferente a las anteriores desde el mismo instante en que abandonaron la seguridad de la casa. Había algo en el aire, una electricidad que ponía en tensión los músculos y erizaba los vellos, una para la que los brujos no tenían nombre pero sí significado: amenaza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esta noche —dijo Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esta noche —repitió Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Echaron a andar hacia el centro mismo del barrio, fingiendo distracción, estar concentrados en lo que tenían delante y nada más. Pero sus oídos captaban los susurros de los traficantes en los callejones, los ladridos de los perros, lejanos algunos y cercanos otros, el maullido de un gato, el rumor de una comadreja que rebuscaba en la basura.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Así fue que deambularon durante un rato, y a medida que se alejaban del muro delimitador todo sonido se apagaba, hasta que todo quedó en silencio. Y partir de allí, cuando alcanzaban una esquina, las farolas de tres de las calles se apagaban al unísono, invitándoles a continuar por aquellas en las pequeñas llamas ardían con más fuerza. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Su caminata aumentó de velocidad hasta un trote, se dejaron conducir por las luces como lo haría cualquier individuo llevado por el miedo. Y ahora, ocultos casi por completo bajo el rumor de sus pasos sobre el empedrado, podían oír roces en los tejados, como si unos pies con garras aterrizasen de tanto en tanto sobre las tejas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De esa manera llegaron hasta el mercado, un espacio circular rodeado por construcciones altas, contra los que se agolpaban los tenderetes. Una fuente dominaba todo desde el centro. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y entonces, todas las farolas se apagaron.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De inmediato las pupilas de los brujos se dilataron y alargaron, los medallones se agitaron enviando pequeñas señales a sus corazones ligeramente acelerados. Acto seguido, con un único silbido metálico, Vesemir y Geralt desenvainaron sus espadas de plata, uno junto al otro. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La primera de las criaturas se teleportó justo detrás del joven brujo, le cogió por un hombro y con la otra mano tiró de sus cabellos blancos hacia un lado para dejar desprotegida la carótida, y allí tuvo la intención de morder. Sin embargo, Geralt reaccionó a tiempo doblando el tronco hacia delante, la bestia solo pudo hincarle los dientes en el grueso músculo trapecio. De haber sido un vampiro quien le mordiera, aún la cosa podría haberse acabado allí para el brujo. Pero esa criatura era una bruja de la noche, y sus dientes, aunque afilados, eran pequeños y no penetraron profundo en la carne.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al oír el grito de dolor de su pupilo, Vesemir giró la espada y golpeó a la criatura en la sien con el pomo, una, dos y tres veces, hasta que consiguió alejarla y entonces le rebanó la cabeza con un tajo desde el codo. De inmediato, no obstante, una segunda bruja apareció de la nada y cayó sobre él, embistiéndole con fuerza desde un lado.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt quiso correr y ayudarle, mas en cuanto dio un paso adelante advirtió una sombra que aparecía a su derecha, y con sus reflejos sobrehumanos la esquivó haciéndose atrás. Un instante después, la criatura descargó contra el suelo sus brazos musculosos. Sin demorarse, viendo su ventaja, el brujo contraatacó con una estocada lanzada desde el hombro, la hoja de plata penetró la carne de la bruja y se enterró entre las costillas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al escuchar el chillido que profirió su compañera, la bruja que estaba sobre Vesemir y forcejeaba con él, se teleportó hasta el brocal de la fuente, luego a lo alto de un tenderete, después al balcón de un edificio y por último se perdió entre los tejados. La noche quedó en calma.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt resopló, se acercó a su maestro y le tendió una mano, Vesemir le cogió por el antebrazo para impulsarse.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Estás cada vez más perezoso, viejo —dijo el joven pupilo, con la voz dolorida—. Siempre acabas con la espalda apoyada en el suelo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro le miró con una mueca de fastidio, luego esbozó una sonrisa y le señaló con un gesto de la cabeza la herida causada por los dientes de la bruja.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y tú, haga lo que haga yo para controlarte, siempre acabas con un chupetón en el cuello.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Nirelin retrocedió un paso cuando les vio entrar en la casa. Vesemir cojeaba un tanto del lado derecho, tenía un tajo diagonal y no poco profundo en su chaquetilla de cuero, y un ojo negro. Geralt en apariencia había sufrido menos daños, pero se movía algo vacilante, con una mano enguantada puesta en el cuello. Ambos tenían los cabellos pegados a los rostros sudorosos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lo lograron? ¿Lo lograron? —preguntó el elfo, con expectación en la voz—. ¿Las alimañas han sido por fin cazadas?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No obtuvo respuesta: Geralt se tambaleó, fue a parar con el hombro contra la pared, se deslizó hasta quedar sentado y sin conocimiento, dejando un manchón rojizo en ella.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo abrió los ojos poco a poco, llevaba un rato despierto y sabía lo que sucedía a su alrededor. Había esperado que Vesemir les dejara solos para hacerlo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La elfa que le cosía la herida se sobresaltó y pinchó la piel con negligencia, Geralt aspiró entre dientes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo siento —balbució ella, limpió la herida con un trapo mojado y se levantó de la silla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No has terminado —dijo el brujo, cogiéndola por la muñeca, con fuerza pero sin violencia. Aún sentía la herida abierta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Iré a avisar que has despertado. No puedo…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Acaso eres una princesa que no se te puede mirar? —se mofó él, sonrió con la boca torcida al soltarla—. Puedo seguir fingiendo que duermo si con ello consigo que te quedes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La elfa le miró descolocada, su vista pasó disimuladamente por el torso desnudo del brujo. Pero duró apenas un instante; cogió la palangana con agua y se marchó con pasos ruidosos sin decir nada más.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A los pocos segundos entró Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Me imagine que habías despertado —murmuró el maestro, sentándose muy despacio en la misma silla que desocupara la elfa—. ¿Te encuentras bien, Lobo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mejor que tú, seguro —replicó el joven brujo, colocando una mano por detrás de su nuca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ah, me recuperaré rápido, solo ha sido el golpe al aterrizar con la cadera en la piedra. Eso y… —señaló su ojo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si te lo callas no lo notaba —sonrió Geralt con malicia—. ¿Les has contado a los señores estirados de nuestra experiencia de anoche?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aún es esta noche, no has descansado tanto, Lobo. Y les conté, por supuesto. Con alguna floritura, ya sabes, trucos de regateador.  </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se quedaron en silencio un momento, sin saber qué más decir, o si hacía falta decir algo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh —exclamó de pronto el maestro—, no acabó de coserte la herida. ¿Te molesta si se ocupa de ello un viejo con las manos callosas y no una doncella elfa?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Muéstrame la mano. —La mano del viejo brujo temblaba un poco—. Hum, adelante, de todas maneras yo no lavaré las sábanas si pinchas donde no debes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras el descanso y el cuidado que recibieron a lo largo del día (ayudados por los brebajes que llevaban en las alforjas, que a su vez les fueron traídas de fuera del barrio) ambos se recuperaron pronto y por completo para la siguiente noche. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De nuevo abandonaron la vivienda armados y pertrechados para su faena, sin demorarse se dispusieron a andar hacia el mercado donde tuvieron el enfrentamiento anterior. Ahora que tenían la certeza de a qué criatura se enfrentaban, sabían muy bien cómo proceder.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron al lugar sin que nada se lo pusiera difícil, sin percibir ojo alguno posado sobre ellos. Tal como esperaban, las brujas debían estar asustadas. A partir de allí siguieron el rumbo que habían visto tomar a la criatura que escapó, y en un determinado punto sus medallones comenzaron a vibrar. Los brujos, que iban ya con las espadas desenvainadas, no redujeron el paso sino al contrario, dejándose guiar por los movimientos de los lobos de plata.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Así alcanzaron una plaza, dominada desde el centro por un enorme árbol, de tronco arrugado y ramas muertas. Al estar frente a él, los medallones se descontrolaron, saltando y golpeándoles contra el pecho. Vesemir alargó una mano y tocó las raíces, que sobresalían de la tierra como si un gran vendaval las hubiera obligado a aparecer, su medallón se tensó de pronto, tirando de la cadena hacia abajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo mantuvo el contacto un momento, luego retrocedió hasta quedar a la par de su pupilo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí es —dijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt desató el frasquito que llevaba amarrado a la cintura, lo abrió con una sola mano y avanzó dos pasos. Tras mirar a su maestro y asentir, salpicó las raíces con el líquido. El brebaje tenía un color verdoso, y siseó al hacer contacto. Era sangre de bruja.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ante su mirada, las raíces se retorcieron y sacudieron como serpientes, abriendo un espacio, y en ese espacio apareció un hueco oscuro. Geralt y Vesemir echaron un vistazo, vieron los escalones que se internaban en lo profundo de la tierra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Estás preparado, Lobo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo estoy.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Entonces, tras beber la poción Gato, se dejaron engullir por esa boca negra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los escalones les dejaron en un corredor rectangular, cuyas paredes eran un entramado de raíces y tierra compacta. Vesemir avanzó delante, Geralt dejó que se alejara unos cinco metros antes de seguirle. Ambos se movían con las piernas un tanto flexionadas y el tronco encorvado, sosteniendo con una mano la empuñadura de la espada junto a la oreja derecha, de modo que las hojas de plata precedieran sus pasos. Un mero movimiento en la oscuridad y el viejo brujo extendería el brazo en una estocada letal.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Varios metros más allá aparecieron bifurcaciones a los lados, pero ellos no se desviaron en ninguna. El único cambio fue que, a partir de allí, Geralt avanzó de espaldas a su maestro, atento a la retaguardia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Nada sucedió hasta que ambos brujos chocaron sus espaldas. Vesemir se había detenido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué? —preguntó Geralt, sin voltear.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Shhh. Escucha.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El rumor de una voz aguda se arrastraba por el pasaje.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿La oyes, Lobo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hum, y la huelo —respondió el joven brujo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir aspiró hondamente por la nariz.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí…, la Bruja Mayor está allí delante. Ten. —El viejo maestro le dio unos corchos, y él mismo se puso un par en las orejas—. Primero las otras, Lobo. Ella…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es peligrosa sin su voz —concluyó Geralt—. Lo sé, Vesemir. Vamos, el efecto del elixir no durará para siempre.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El pasadizo fue abriéndose más y más, desembocó en una cueva espaciosa. Antes de entrar en ella, se detuvieron para echar un vistazo. Fue así que sus miraras se vieron enseguida atraídas hacia una gran cuba, alta y de buen diámetro, iluminada por un haz de luz que se filtraba desde arriba. Y sumergida en ella hasta los pechos, vieron a una bruja con la piel más oscura que las demás, y con largos cabellos blancos, cuyas puntas se habían vuelto rojas como el líquido que chorreaba de la tina. Y a su alrededor estaban de rodillas tres brujas menores, con las cabezas vueltas hacia arriba y las lenguas fuera de la boca, retorciéndose y gimiendo con anhelo. La Mayor alzó entonces una copa dorada, llena hasta el tope, y la vertió en un círculo sobre los rostros de sus discípulas, que se relamieron ante cada gota.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos arrugaron el rostro por la aversión, por instinto apretaron con más fuerza las empuñaduras. Mirándose uno al otro, aspiraron y exhalaron con fuerza. Luego, a una señal de sus cabeza, entraron en la cueva, rápidos e indetenibles como relámpagos. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La Bruja Mayor les vio y señaló, las menores reaccionaron torpemente retrocediendo entre aullidos y tropiezos, mas una de ellas no logró escapar del embate de Geralt, que con una estocada en salto le seccionó la espina dorsal.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir llegó poco después, más lento, vio desprotegida a la Mayor y avanzó hacia ella. Ésta respondió con un chillido, a su llamada acudió una de las brujas menores, teleportándose hasta quedar en medio. Sin embargo, esto era exactamente lo que el viejo brujo quería, pues perseguir a esas criaturas en un espacio tan amplio le hubiera resultado tedioso y agotador. Dispuesto a dejarla sin reacción, lanzó un rápido tajo desde el codo derecho, pero la criatura desapareció y la hoja cortó el aire. Aun cuando la espada seguía su rumbo al no hallar la resistencia esperada, Vesemir percibió que la bruja se había teleportado a su retaguardia. Entonces, anticipando su ataque, inclinó el torso y la cabeza a la derecha, las garras y el brazo de la bruja zumbaron al pasar junto a su oreja y sobre su hombro izquierdo. Teniéndola a tan escasa distancia, Vesemir contraatacó con un cabezazo directo a la sien. Luego, mientras la criatura se tambaleaba, le sajó ambas piernas de un solo espadazo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Luego, al verla arrastrándose para alejarse de él, el brujo fue detrás ella, le apoyó una bota en la espalda y le clavó su hoja como quien clava una estaca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al volverse hacia la Mayor, que a todo esto murmuraba sortilegios inútiles gracias a los corchos, Vesemir vio venir a Geralt. Su pupilo arrastraba de una pierna a la bruja restante, dejando un rastro de sangre en el suelo de la cueva.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La criatura oscura y de cabellos blancos, asustada al ver que ninguno de sus hechizos funcionaba contra esos dos hombres, se sumergió en la sangre. No le sirvió nada: el joven brujo volteó la cuba de una patada y la bruja fue vomitada entre el líquido rojo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lo haces tú o lo hago yo? —preguntó Geralt, su maestro no le miró—. ¡Eh, que si lo haces tú o lo hago…! ¡Oh, genial, ahora te haces el sordo! Sé que me oíste a pesar de los corchos, Vesemir, no estoy murmurando como esta alimaña apestosa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo se quitó los tapones de las orejas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Decías algo, Lobo? Me pareció oír tu voz.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt hizo una mueca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Nunca te ha gustado ensuciarte, eh viejo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No cuando tengo alguien que puede hacerlo por mí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo suspiró y avanzó de mala gana hacia la bruja, sacando el cuchillo de su cinturón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Una gran cantidad de elfos, enanos y medianos se reunieron delante de las puertas de la muralla que circundaba el barrio. Algo más adelantados a estos, se hallaban los brujos que, a pesar del sol, llevaban puestas las capuchas. Al frente de todos, como voceros de la multitud, estaban Craran aep Sengovir, apoyado en un bastón, y Narilin, su consejero.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ante la repentina reunión, las murallas no tardaron en llenarse de centinelas, armados con arcos y ballestas. Aquello desató grandes murmullos entre el gentío, y algunos comenzaron a retirarse disimuladamente. Vesemir miró a Geralt, el joven brujo observaba con gran interés lo que sucedía.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mejor nos vamos, Lobo —dijo el maestro, hablando por la comisura de la boca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aún no nos pagan —replicó Geralt, de la misma manera—. Y ‹‹Don Bastón›› y el lacayo ‹‹Estirado›› están ahí delante. Quiero saber qué ocurre, Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo negó con la cabeza. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ya lo verás</span>, murmuró entre dientes, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ya lo verás</span>.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ni bien acabó esta pequeña charla, un hombre pertrechado con una armadura de placas apareció por encima de la puerta, en el adarve de la muralla, y se inclinó sobre el antepecho, mostrando su rostro a la multitud. Varios más de los no-humanos se marcharon al verle.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Capitán Routre! —gritó el consejero elfo. Toda la plaza quedó en silencio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al oírle, y como un águila que busca una presa específica entre muchas otras, el hombre en el adarve observó con una mirada dura y fría a cada uno de los que estaban allí abajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Como imaginaba —dijo al encontrarle—. ¿Quién si no tú, Narilin, podía estar involucrado en todo este desorden? Aguarden —arrugó el ceño, se mesó el mostacho—, ¿el viejo carcamal también ha salido de la caverna? Hum, esto promete ser muy interesante. —Abrió los brazos, esbozó una sonrisa—. Hablen, pues, mis muchachos y yo les escuchamos con atención.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El anciano elfo asintió hacia su consejero. Este hizo una reverencia, cogió de las manos de otro un bulto envuelto en un saco, y sosteniéndolo avanzó varios pasos hasta quedar justo debajo de la muralla. Entonces, de un tirón y ante la vista expectante de todos, extrajo del saco la cabeza de la Bruja Mayor, sosteniéndola por los cabellos blancos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—He ahí la bestia que cazaba a nuestra gente —pronunció Craran, esforzándose más de la cuenta para ser oído por el hombre del mostacho—. He ahí la bestia responsable de nuestro encierro, Capitán Routre. Por astucia y habilidad de estos brujos… —giró e hizo un ademán para que se adelantasen hasta él, el joven pupilo obedeció, su maestro le siguió tras meditarlo un momento—. Por astucia y habilidad de estos brujos, llamados Vesemir y Geralt de Rivia, ya no somos cazados. Por lo tanto, como usted y el intendente han prometido, esa puerta que tenemos delante debe ser abierta, y los no-humanos seremos libres para deambular otra vez por esta ciudad que también nos es amada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El Capitán Routre quedó en silencio, mesándose otra vez el bigote.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Eso prometimos? —preguntó con fingida confusión—. De verás que no recuerdo tal cosa. Pero no me hagan caso, la memoria de un hombre puede fallar, incluso la mía. —Sonrió—. La cuestión es, haya habido promesa o no, ¿cómo sabré yo, y el intendente a través de mí, que esa criatura era la responsable? No, no, mi querido elfo arrugado, evita mirar a los brujos, la palabra de dos vagabundos no me es garantía de nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Y cuál sería una garantía válida?! —tronó Narilin, con claro malestar en la voz.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El Capitán Routre se cruzó de brazos, alzando su mentón partido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo sabré cuando la tenga delante de mí. No antes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y dicho esto, el hombre del mostacho se dispuso a darse la vuelta y marcharse, pero entre el clamor que se había levantado en la multitud se oyó un chasquido, seguido de un silbido; solo Vesemir y Geralt vieron la flecha volar y torcerse en el aire antes de impactar sobre los ojos del Capitán Routre. Se produjo un gran ‹‹ooohhhh›› mientras el hombre del mostacho se tambaleaba y caía luego hacia delante, para acabar apoyándose ya sin fuerzas en el parapeto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pasado el instante de conmoción, los centinelas halaron los gatillos de las ballestas y las crueles saetas dieron muerte a varios antes de que los primeros echasen a correr. Los gritos y aullidos se hicieron ensordecedores, los enanos, elfos y medianos se empujaron unos a otros, tropezaban con los que eran derribados por la espalda. Geralt no lo dudó: se lanzó enseguida sobre el viejo elfo, lo cargó en brazos y se alejó de allí corriendo en zigzag, los pernos y flechas impactaban contra la piedra y rebotaban con un zumbido. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir vio venir una saeta y la rechazó con la espada, luego la marejada de gente le arrastró lejos de allí. En medio de todo aquello, solo alcanzó a atisbar la espalda de Geralt, perdiéndose en otra dirección.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo llegó a la residencia de Craran y llamó a gritos a su pupilo. Al no recibir respuesta, se movió deprisa por la sala, descorriendo cada cortina, echando un rápido vistazo a las habitaciones. No halló a Geralt, ni al anciano del bastón, ni al consejero. Pero sí a lo muchacha que había curado sus heridas: estaba sentada en una cama, llorando.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al verle aparecer de pronto, la elfa se asustó. Luego, debido al gesto que adoptó Vesemir al contemplarla, se limpió los ojos con la manga y sorbió los mocos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué sucede? —inquirió ella con la voz cortada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Su anciano…, Geralt, mi compañero, ¿nadie ha regresado de fuera? ¿Nadie?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La elfa negó con la cabeza, su pregunta ahora fue contundente, llena de preocupación:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué sucedió?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En ese momento se oyó un portazo. Vesemir volvió a la sala y soltó una exhalación de alivio al ver el rostro de Geralt, rodeado por un grupo de veinte elfos, todos armados con sables y arcos. Su joven pupilo dejó al dueño de casa sostenerse por sí mismo, caminó hasta él en cuanto le vio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Creí que te habías rezagado —dijo Geralt. En sus palabras podían notarse huellas del temor que había sentido respecto a ello. Él mismo se dio cuenta y para disimular sonrió y soltó—: Supongo que no estás tan viejo como para que la muerte te dé alcance, ¿cierto…? —Se detuvo de pronto al sentir una molestia en la espada, con el ceño fruncido se llevó una mano atrás—. ¿Qué demonios…? ¿Vesemir, es lo que creo que es?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se giró, dejando que el maestro observara su espalda, el viejo brujo observó con preocupación, luego sonrió, arrancó la flecha de un tirón y se la dio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No logró penetrar el refuerzo de hierro —dijo. Ya no sonreía para nada—. Lobo, solo fue suerte.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Desde fuera llegaron los sonidos de unas trompetas, el retumbar de los tambores. Y aun en la distancia, los brujos pudieron oír el roce metálico del paso redoblado de la infantería.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Atranquen la puerta! —rugió Narilin—. ¡Deprisa, bloquéenla con todo lo que haya a su alcance! ¡Arqueros, al piso superior! —Miró cara a cara a todos ellos—. No disparen, pero estén listos para hacerlo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Este lugar no es una fortaleza —espetó Geralt al escuchar todo aquello—. Si desean entrar, lo harán. Ustedes son apenas veinte, ahí fuera habrá al menos cien. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Craran aep Sengovir caminó lentamente hacia el final de la sala, remontó los escalones y se dejó caer lleno de agotamiento en el sillón. Ni él ni nadie hicieron caso a las palabras del joven brujo. Antes de que Geralt insistiera con maneras más bruscas, Vesemir le sujetó del brazo y le llevó a un lado, hablando por lo bajo. Ambos acabaron sentándose en el suelo, con la espalda contra la pared.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al cabo de unos minutos se reanudaron los gritos en el exterior, muchos eran silenciados antes de alcanzar su cota máxima.  Los pasos rítmicos de la guardia de la ciudad fueron acercándose y acercándose, los brujos sentían aumentar el temblor del suelo de la residencia. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La tropa se detuvo frente a la casa. Venían a por la cabeza del anciano. Todos sabían eso. Narilin subió deprisa las escaleras, regresó con un gesto moderado. Tal vez no había una centena de hombres del otro lado, pero con toda seguridad Geralt se dijo que al menos sí la mitad. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De pronto una voz se alzó sobre toda otra:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Les habla el intendente Nergyt! ¡Están rodeados, no tienen escapatoria! ¡Ríndanse y respondan ante la ley por los crímenes cometidos!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Crímenes?! —espetó el consejero—. ¡Un crimen es tenernos encerrados dentro de estas murallas, dejarnos como entretenimiento para las criaturas que nos cazaban!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—La rebeldía no les servirá de nada ahora —replicó fríamente Nergyt—. Les ofrezco la elección, ustedes son los que deciden. Entréguense, y quizá alguno de ustedes salve su vida. Luchen, y ahí dentro no quedará en pie un solo elfo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Craran se incorporó y se movió lento pero seguro hasta el centro de la sala. Allí Narilin le cedió un sable con empuñadura de oro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Si hemos de morir —exclamó el anciano—, los elfos escogemos hacerlo peleando!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Hubo murmullos al otro lado de la puerta, el intendente los calló con una pregunta certera:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y qué hay de los brujos? Sabemos que están ahí dentro y nada tienen que ver en todo esto. ¡Que salgan, les permitiré abandonar en paz mi ciudad!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Maestro y pupilo se incorporaron con esfuerzo, el primero avanzó hasta quedar cara a cara con el anciano.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Deben pagarnos lo prometido —dijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y se lo pagaré —contestó Craran, hizo una seña hacia un costado. La muchacha surgió de una cortina sujetando dos bolsas tan rebosantes como aquellas que los brujos recibieron en el callejón. Y detrás de ella un elfo trajo otras tres—. He ahí su pago prometido. Cójanlas, son suyas. —La elfa le entregó las bolsas a Geralt—. Y esas otras también pueden serlo. Brujos, han compartido comida y techo conmigo, mi nieta les ha curado las heridas cuando llegaron tambaleantes a esta morada, les salvo la vida. Ahora, tal vez esos no se les antojen favores que deban devolver, ni sientan la responsabilidad de ayudar a quienes les han tratado con el respeto que merecen, no como esos humanos que los llaman parias. Por ello apelo al dinero, que es su debilidad. Veinte elfos y dos brujos pueden vencer en esta contienda. —Craran les miró a los ojos—. ¿Qué opina a esto Vesemir, el maestro? ¿Y qué opina Geralt de Rivia, el pupilo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo no miraba al dinero, miraba a la elfa. Si acaso los soldados entraban, la muerte sería un regalo para ella, uno que no le sería concedido pronto. Aquello no podía ser así, no podía abandonar a quienes habían hecho de su casa la suya propia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir le interrumpió apoyándole una mano en el pecho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No, Geralt, aquí no hay nada que decidir, nada que opinar. La neutralidad de un brujo no se compra con favores, tampoco con dinero. —Hizo una pequeña reverencia, dio media vuelta y caminó hacia la puerta—. Lobo, no ponemos precio a nuestra convicción. Nos vamos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El pupilo miró de nuevo a la muchacha que había cosido sus heridas, luego bajó la vista y con la cabeza gacha siguió a su maestro. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Juntos hicieron a un lado los objetos que obstaculizaban la entrada. Mientras lo hacían, un cuchillo se clavó en la madera de la puerta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Traidores! —siseó Narilin.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt negó con la cabeza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No —replicó con gravedad—, un traidor es aquel que cambia de bando. Nosotros solo nos mantenemos a un lado.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y tras advertir a los soldados que saldrían, ambos brujos abandonaron la casa con las manos en alto. Un par de uniformados les apresaron enseguida, llevándoles hasta el intendente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir —dijo Nergyt—. Me alegra que hayas recordado nuestra amistad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No lo hice —contestó el viejo maestro—. Solo actué como espero que mi pupilo lo haga a partir de hoy. A veces, para enseñar, uno mismo debe servir de ejemplo y cargar con la responsabilidad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y dicho esto, fueron apartados de allí. A sus espaldas las flechas comenzaron a silbar, los soldados se metieron en la casa como una tromba. Luego, al llegar a la puerta, un aullido agudo cortó el aire del mediodía. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt sintió helársele la sangre, pero no dijo nada ni volvió la vista. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Era un brujo.</span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">N.A: Gracias a <a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=99" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">@Sashka</a> por interesarse, por incentivarme, por dedicarle tiempo a leerlo a pesar de que estaba muy metida en su propio fanfic, por sus meticulosas y precisas correcciones, que hicieron de este relato algo mejor. Moltes gràcies, amiga!</span></div>
<br />
<br />
<br />
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size">Las Enseñanzas de un Brujo III</span><br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos acabaron su cerveza y con un golpe apoyaron las jarras sobre la mesa de la posada. Las sillas chirriaron al ser arrastradas, las tablas del suelo se quejaron bajo sus botas cuando caminaron hacia la puerta, el posadero se apresuró a recoger las monedas que dejaron atrás.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro abrió y varias hojas secas y anaranjadas se colaron dentro del local, empujadas por el viento matinal. Geralt cerró detrás de él al salir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En lugar de echar a caminar hacia el establo para recoger sus monturas, se apoyaron uno a cada lado del vano de la puerta. De este modo, transcurrió apenas un momento antes de que sus oídos captaran unos pasos ligeros en el interior, acercándose. La puerta se abrió, Geralt esperó el instante preciso para cruzar el pie en el umbral, el sujeto que salía cayó de bruces al tropezar con él. Entonces, maestro y pupilo le cogieron por los brazos, y haciendo caso omiso a sus gritos, le arrastraron hasta un callejón apartado de ese humilde asentamiento.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Allí le soltaron con un empujón que lo envió al suelo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No dejaste de mirarnos desde que bajamos de la habitación, y ahora querías seguirnos —dijo Geralt, acuclillándose. Desde esa posición, alargó una mano hacia el sujeto y le hizo a un lado un mechón de cabello que le caía por los lados—. Dinos por qué… elfo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Porque llevaba tiempo aguardando a los de su calaña… <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">vatt’gherns </span>—replicó el sujeto, poniéndose en pie.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—En ese caso pudiste habernos invitado una ronda allá adentro —dijo Vesemir, señalando con una inclinación de cabeza—. Los brujos no mordemos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Todos los <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">dh’oine </span>muerden, si tienen la ocasión. Y ustedes no son diferentes, a pesar de las mutaciones.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo gruñó al apoyarse cansinamente contra una de las paredes del callejón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Geralt…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí, Vesemir, yo me encargo. —El joven pupilo, erguido ahora, se cruzó de brazos—. ¿Por qué aguardabas por un brujo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y qué otro motivo puede haber, si no es para cazar a una alimaña? —siseó el otro—. Una abominación para matar a otra, eso es lo desean quienes contratan sus servicios. —El elfo se quitó ambas botas, las giró boca abajo y de ellas cayeron sendas bolsas de cuero. Las pateó hacia Geralt—. Cabalguen al norte, llegaran a Vermel. Allí, junto a la casa de la herrera, hay una puerta pintada de rojo. Pregunten por Tabar, díganle que los envía la ‹‹paloma que voló››.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt volvió a acuclillarse, cogió una de las bolsas y tanteó el peso. No estaba nada mal.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es la mitad —dijo el elfo—. Habrá más al llegar allí. ¿Lo aceptan, o tendré que seguir aguardando?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo miró a su maestro por encima del hombro, Vesemir no dijo nada ni hizo gesto alguno. Geralt tanteó entonces el peso de ambas bolsas a la vez, asintió al ponerse en pie.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tabar, en Vermel, ‹‹la paloma que voló››. Lo recordaremos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Atravesaron las puertas de la ciudad tras dos días de viaje. Mediaba la tarde y llovía con ganas, las ráfagas de viento les helaban el cuerpo húmedo y se afanaban por mojarles el rostro oculto bajo las capuchas. Al ritmo lento al que llevaban los caballos, los brujos veían pasar por delante a los adultos, en rápidas carreras de un techado a otro. Los niños, en cambio, chapoteaban para aquí y para allá felices de la vida, algunos acomodaban pequeños barquitos en los charcos más profundos y dejaban que la corriente se los llevara calle abajo. Los guardias, que en un día con buen clima se hubieran entrometido para llenarles de preguntas, se contentaron con mirarles de modo amenazante desde su resguardo. A estos últimos Geralt les dedicó una sonrisa torcida.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se detuvieron frente a la posada, allí el joven brujo desmontó y entró, su maestro le esperó fuera sosteniendo las riendas de ambos caballos. Cuando Geralt regresó, tomó la delantera a lomos de Sardinilla y guio la marcha. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Así anduvieron entre las calles, y a medida que avanzaban al oeste se fueron haciendo más estrechas, los edificios se elevaron y apretujaron, torcidos, unidos en las alturas por cuerdas desde las que chorreaban algunas prendas olvidadas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">También, al avanzar hacia allí, iba en aumento el golpeteo del martillo sobre el yunque.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron a la herrería, era esta la correcta: una mujer con un delantal grueso y el rostro ennegrecido por el carbón levantaba y bajaba el fuelle. Entonces, sin desmontar, buscaron y divisaron la puerta pintada de rojo, al pie de un edificio tan estrecho como alto. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí es —dijo Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Llevemos los caballos al establo y regresemos luego. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt llamó con un nudillo cuando estuvo frente a la puerta roja. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Toc toc toc.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Silencio. El joven brujo se volvió hacia Vesemir, se encogió de hombros. El viejo maestro miró a un lado y a otro de la calle, luego con un movimiento de cabeza le impulsó a golpear de nuevo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt llamó ahora con la parte baja de su puño cerrado. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al cabo de un momento, a través de la mirilla de la puerta, llegó una voz.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Todas las habitaciones están ocupadas! ¡Márchese!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo, que tenía un hombro apoyado en el vano para mantenerse fuera de la vista, contestó con un graznido:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Buscamos a Tabar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Silencio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí… aquí no hay ningún Tabar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt no se lo tragó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nos manda la paloma que voló. —Puso su medallón delante de la mirilla—. Somos brujos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Un silencio más profundo y prolongado. Luego, de repente, el sujeto descorrió el cerrojo y les abrió.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt le sonrió con arrogancia a su maestro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Con tus maneras, no lo habrías logrado —dijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir avanzó y le dio unas palmadas en el hombro al pasar junto a él.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo lo habría hecho más rápido, sin tanto drama. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt gruñó al seguirle al interior.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El tal Tabar cerró la puerta una vez ambos estuvieron dentro, volvió a asegurarla y luego tomó la delantera, cogiendo una lámpara que colgaba de un aplique.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Por aquí —les dijo, y se perdió por unos escalones que descendían bajo tierra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos fueron detrás sin hablar, solo Geralt masculló una palabra cuando se apoyó en la barandilla de la izquierda y esta casi cede a su peso. Una vez en el húmedo sótano, el dueño de casa comenzó a hacer a un lado las cajas que bloqueaban una de las paredes. Cuando acabó, en aquel lugar apareció una puertecita de apenas un metro de alto y la mitad de ancho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tabar la abrió con una pequeña llave y dijo:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No se detengan hasta llegar al final.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se echó atrás.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya me harté de todo este misterio. No iremos a ninguna parte sin más explicaciones.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Las explicaciones les aguardan al final de este pasaje —respondió Tabar, señalando la puerta con la lámpara—. Golpeen la puerta, no esperen respuesta. Digan: “el zorro entra en el gallinero”.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El zorro entra en… ¿pero quién diablos inventa estas gansadas? —gruñó el joven brujo—. ¿Un asno vestido de poeta? ¿Un viejo y decrepito espía que se divierte jugando a su antigua vida?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo averiguarán al llegar al otro lado. Quieren el dinero, ¿verdad, brujos? No hacen esto por buen corazón, porque les guste ayudar a la gente. Lo hacen por dinero, y aquí tienen mucho para ganar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt resopló.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No vas a decir nada, Vesemir, o es que te has tragado la lengua por el camino y no me he enterado? ¿Vas a dejar que me entierre hasta el fondo en la mierda, cierto? Maldición, otra de tus estúpidas lecciones.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo se mostró extrañamente grave.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pasaste las últimas cinco noches diciendo que estabas listo para tomar las riendas, y ahora pides mi ayuda. No, Lobo, no diré nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Como quieras. —Suspiró al agacharse para pasar a través de la puerta—. Hasta el fondo entonces.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Alcanzaron el final de ese pasaje subterráneo, ahí les esperaba otra puerta igual de pequeña que la anterior. Geralt golpeó y a continuación pronunció las palabras tal cual como lo hiciera Tabar. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras el chirrido de un mueble que es arrastrado, una llave fue encajada en la cerradura y la puertecita se abrió. Geralt y Vesemir pasaron por la abertura y se encontraron en la habitación de una casa, rodeados por tres elfos de rostros enjutos y ojos fríos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Espero estemos invitados a la fiesta —dijo el joven brujo, pasando su mirada por los sables que colgaban de los cinturones del trío.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Dos de los elfos se adelantaron y cogieron los lobos de sus medallones para echarles un vistazo más de cerca, luego se volvieron hacia el restante asintiendo con la cabeza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Eres tú quien nos explicará qué demonios hacemos aquí? —preguntó Geralt. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El elfo sonrió con malicia, luego echó a andar hacia un lado y ordenó a los suyos:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Denles las ropas y llévenlos hasta la casona, les esperaré allí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al cabo de unos minutos ambos brujos abandonaron el edificio siguiendo a los elfos. Habían tenido que dejar atrás sus mantos largos, _gambesones acolchados y espadas, con la promesa que les serían devueltas pronto. Ahora maestro y pupilo lucían ropas más finas y sueltas, y Geralt llevaba además un pañuelo atado a la cabeza para esconder sus cabellos blancos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Así fueron conducidos a través las calles, cruzándose con gran cantidad de elfos, de enanos y medianos. Como Vesemir había deducido desde el momento en que hablaron con ‹‹la paloma que voló››, se encontraban en un barrio no-humano. Y lo que vio alrededor de las casas no le gustó un ápice: estaban cercados por una muralla de piedra, y desde las atalayas eran observados por soldados equipados con arcos y ballestas. No, aquello no le agradó en absoluto, pero menos lo hizo el hecho de que Geralt no prestara atención a estos detalles tan claros.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron hasta una residencia sobre el cual estaba apoyado el elfo que les sonriera con malicia, gesto que repitió al verles vestidos de aquella manera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt tuvo ganas de borrarle esa sonrisa de un puñetazo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entremos —dijo el elfo—. Está ansioso por conocerlos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Lo hicieron. La estancia al otro lado se les antojó espaciosa, aunque tal vez fuera así por haber recorrido el estrecho pasaje subterráneo. Como una comitiva que se presenta en un palacio, el grupo avanzó hacia el final de la sala, donde en un sillón alto y elevado sobre unos pequeños escalones descansaba un elfo muy anciano, tan encogido y arrugado como una pasa de uva.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt y Vesemir se detuvieron al pie del pequeño estrado, con los dos elfos a sus espaldas. El restante, el que les conducía, remontó los escalones y se acomodó por detrás y a la derecha del sillón. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">— Mi nombre es Craran aep Sengovir, y les doy la bienvenida a mi morada —habló el anciano, con la voz cascada—. Espero les hayan tratado como merecen. —Se giró apenas hacia el que debía ser su mano derecha.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tal como merecen —asintió este, con una reverencia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Será como ustedes creen que…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir puso una mano firme en el hombro de su pupilo, interrumpiéndole. Cuando Geralt le miró, negó con la cabeza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El elfo anciano sonrió desde su sillón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El maestro y su pupilo, la sabiduría y la temeridad. Ah, me recuerdan a mis años mozos, y eso me llena el corazón de nostalgia. —Les miró en silencio durante un tiempo, luego continuó—: Tenemos aquí, en este… barrio,  un problema que requiere pronta resolución. Estamos siendo cazados, brujos. Nos acechan desde las alturas, como simples conejos en el coto de caza de un águila. Juegan con nosotros, como el gato con el ratón. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt percibió un movimiento a su derecha y giró la cabeza por instinto. Una elfa, de rasgos jóvenes y hermosos, acababa de aparecer desde el otro lado de una cortina, con una bandeja en las manos. Pero tan pronto como el brujo reparó en ella, el consejero tras el sillón hizo una seña y los dos elfos que custodiaban a los invitados la sacaron de allí con brusquedad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt gruñó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Concéntrate —susurró Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Craran ignoró todo esto y prosiguió:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Les hemos hecho venir, brujos, para que los cazadores sean cazados y su crueldad les sea devuelta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Una abominación para matar a otra —dijo el joven pupilo, sacándose el pañuelo de la cabeza para arrojarlo a un costado—. Eso es lo desean quienes contratan nuestros servicios. —Se encogió de hombros—. Que así sea. Pero necesitaré más que metáforas para saber a qué habremos de enfrentarnos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo elfo asintió una vez.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Quienes nos cazan solo salen de noche —dijo—, las sombras son sus aliadas. Disfrutan del engaño, con ellos llevan a sus víctimas al sitio que le es predilecto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entiendo que hay más de una criatura.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Entiendes bien, brujo. Salen en grupo, frecuentan los tejados de las casas, se mueven a una velocidad imposible de alcanzar y de seguir con la vista. Se teleportan, vatt’gherns.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ante esta revelación, Geralt bajó la mirada un momento, apenas vuelto hacia la izquierda, como si intentara recordar. Y recordó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Las víctimas —habló el joven brujo—, ¿han sufrido torturas antes de perecer?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El ojo izquierdo del anciano se abrió y se cerró repetidamente, como un tic, al hablar su voz transmitió dolor:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Las torturas más crueles que jamás hayan observado mis ojos. Y he visto y sufrido muchas a lo largo de las décadas, oh, demasiadas. —El elfo se levantó del sillón haciendo un gran esfuerzo, descendió los escalones ayudado por su consejero—. Se les hospedará aquí, brujos, se les proporcionará comida, bebida, todo aquello que necesiten para su labor. Mi morada es ahora su morada. Oh, y se les pagará, por supuesto. Aquí no somos ricos, pero somos solidarios con quienes están dispuestos a ayudar. Maten a esas alimañas, y se les dará una suma igual a la que ya han recibido. Mátenlas con prontitud, y recibirán el doble. —Craran aep Sengovir alargó su mano temblorosa hacia el joven pupilo—. ¿Tenemos un trato?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se la estrechó, se sorprendió ante la fuerza del anciano.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo tenemos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El elfo que despertó a Geralt se llevó un susto cuando el brujo, tendido boca arriba en la cama, despegó de súbito los párpados y sus ojos dorados relampaguearon hacia él. Las palabras se le atoraron en la garganta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Ya es la hora? —gruñó el joven pupilo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El elfo asintió y se marchó deprisa de la habitación.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se sentó apoyando los pies en el suelo, con un mueca de satisfacción advirtió que junto a él y sobre una pequeña cómoda estaban sus vestiduras de brujo, y sus espadas. Miró entonces hacia la otra cama.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Levanta, vieja marmota —espetó—. Ya llegó el ocaso.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir giró en la cama, rumiando unas protestas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Te olvidas que tengo un oído tan…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No olvido nada, Lobo. Soy viejo y tengo el derecho de quejarme por no dormir lo suficiente. —El brujo maestro también se sentó, soltó una maldición por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—El caso es que eres viejo cuando te conviene —sonrió Geralt, apretando las correas de sus brazales por encima de la manga del caftán rojizo—. Venga, arriba, cuanto más lo piensas es peor.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al cabo de unos minutos, y tras recibir algunas indicaciones por parte de Narilin, el consejero elfo, ambos salieron de la residencia vestidos y armados como verdaderos brujos. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Esa fue la primera de tres noches en las que deambularon por el barrio no-humano sin captar un solo indicio de peligro, sin que sus medallones vibraran en ningún momento contra su pecho. Esa fue la primera en que regresaron a la casa y negaron con la cabeza ante la mirada inquisitiva del consejero, para luego perderse otra vez tras las cortinas que conducían a su habitación. Durante el día los brujos salían de a uno para no llamar la atención de los centinelas humanos, pero el resultado era el mismo: nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La tercera noche en que respondieron meneando la cabeza, Narilin les espetó:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Esto es todo lo que pueden hacer un par de brujos? Dormir, comer y cagar durante el día, dar paseos por la noche. Están viviendo a costa nuestra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt iba a responder de manera poco elegante, pero esta vez Vesemir intercedió:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Dime, elfo, ¿Cuántos de los tuyos, enanos o medianos han muerto desde que vinimos? ¿Cuántos han sido atacados? —El otro no supo que contestar—. Exacto. Ninguno. Y eso es porque a diferencia de ti, esas criaturas a las que cazamos no son cretinas: saben de lo que somos capaces.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La cuarta noche, sin embargo, fue diferente a las anteriores desde el mismo instante en que abandonaron la seguridad de la casa. Había algo en el aire, una electricidad que ponía en tensión los músculos y erizaba los vellos, una para la que los brujos no tenían nombre pero sí significado: amenaza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esta noche —dijo Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esta noche —repitió Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Echaron a andar hacia el centro mismo del barrio, fingiendo distracción, estar concentrados en lo que tenían delante y nada más. Pero sus oídos captaban los susurros de los traficantes en los callejones, los ladridos de los perros, lejanos algunos y cercanos otros, el maullido de un gato, el rumor de una comadreja que rebuscaba en la basura.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Así fue que deambularon durante un rato, y a medida que se alejaban del muro delimitador todo sonido se apagaba, hasta que todo quedó en silencio. Y partir de allí, cuando alcanzaban una esquina, las farolas de tres de las calles se apagaban al unísono, invitándoles a continuar por aquellas en las pequeñas llamas ardían con más fuerza. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Su caminata aumentó de velocidad hasta un trote, se dejaron conducir por las luces como lo haría cualquier individuo llevado por el miedo. Y ahora, ocultos casi por completo bajo el rumor de sus pasos sobre el empedrado, podían oír roces en los tejados, como si unos pies con garras aterrizasen de tanto en tanto sobre las tejas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De esa manera llegaron hasta el mercado, un espacio circular rodeado por construcciones altas, contra los que se agolpaban los tenderetes. Una fuente dominaba todo desde el centro. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y entonces, todas las farolas se apagaron.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De inmediato las pupilas de los brujos se dilataron y alargaron, los medallones se agitaron enviando pequeñas señales a sus corazones ligeramente acelerados. Acto seguido, con un único silbido metálico, Vesemir y Geralt desenvainaron sus espadas de plata, uno junto al otro. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La primera de las criaturas se teleportó justo detrás del joven brujo, le cogió por un hombro y con la otra mano tiró de sus cabellos blancos hacia un lado para dejar desprotegida la carótida, y allí tuvo la intención de morder. Sin embargo, Geralt reaccionó a tiempo doblando el tronco hacia delante, la bestia solo pudo hincarle los dientes en el grueso músculo trapecio. De haber sido un vampiro quien le mordiera, aún la cosa podría haberse acabado allí para el brujo. Pero esa criatura era una bruja de la noche, y sus dientes, aunque afilados, eran pequeños y no penetraron profundo en la carne.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al oír el grito de dolor de su pupilo, Vesemir giró la espada y golpeó a la criatura en la sien con el pomo, una, dos y tres veces, hasta que consiguió alejarla y entonces le rebanó la cabeza con un tajo desde el codo. De inmediato, no obstante, una segunda bruja apareció de la nada y cayó sobre él, embistiéndole con fuerza desde un lado.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt quiso correr y ayudarle, mas en cuanto dio un paso adelante advirtió una sombra que aparecía a su derecha, y con sus reflejos sobrehumanos la esquivó haciéndose atrás. Un instante después, la criatura descargó contra el suelo sus brazos musculosos. Sin demorarse, viendo su ventaja, el brujo contraatacó con una estocada lanzada desde el hombro, la hoja de plata penetró la carne de la bruja y se enterró entre las costillas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al escuchar el chillido que profirió su compañera, la bruja que estaba sobre Vesemir y forcejeaba con él, se teleportó hasta el brocal de la fuente, luego a lo alto de un tenderete, después al balcón de un edificio y por último se perdió entre los tejados. La noche quedó en calma.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt resopló, se acercó a su maestro y le tendió una mano, Vesemir le cogió por el antebrazo para impulsarse.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Estás cada vez más perezoso, viejo —dijo el joven pupilo, con la voz dolorida—. Siempre acabas con la espalda apoyada en el suelo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo maestro le miró con una mueca de fastidio, luego esbozó una sonrisa y le señaló con un gesto de la cabeza la herida causada por los dientes de la bruja.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y tú, haga lo que haga yo para controlarte, siempre acabas con un chupetón en el cuello.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Nirelin retrocedió un paso cuando les vio entrar en la casa. Vesemir cojeaba un tanto del lado derecho, tenía un tajo diagonal y no poco profundo en su chaquetilla de cuero, y un ojo negro. Geralt en apariencia había sufrido menos daños, pero se movía algo vacilante, con una mano enguantada puesta en el cuello. Ambos tenían los cabellos pegados a los rostros sudorosos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lo lograron? ¿Lo lograron? —preguntó el elfo, con expectación en la voz—. ¿Las alimañas han sido por fin cazadas?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No obtuvo respuesta: Geralt se tambaleó, fue a parar con el hombro contra la pared, se deslizó hasta quedar sentado y sin conocimiento, dejando un manchón rojizo en ella.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo abrió los ojos poco a poco, llevaba un rato despierto y sabía lo que sucedía a su alrededor. Había esperado que Vesemir les dejara solos para hacerlo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La elfa que le cosía la herida se sobresaltó y pinchó la piel con negligencia, Geralt aspiró entre dientes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo siento —balbució ella, limpió la herida con un trapo mojado y se levantó de la silla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No has terminado —dijo el brujo, cogiéndola por la muñeca, con fuerza pero sin violencia. Aún sentía la herida abierta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Iré a avisar que has despertado. No puedo…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Acaso eres una princesa que no se te puede mirar? —se mofó él, sonrió con la boca torcida al soltarla—. Puedo seguir fingiendo que duermo si con ello consigo que te quedes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La elfa le miró descolocada, su vista pasó disimuladamente por el torso desnudo del brujo. Pero duró apenas un instante; cogió la palangana con agua y se marchó con pasos ruidosos sin decir nada más.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A los pocos segundos entró Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Me imagine que habías despertado —murmuró el maestro, sentándose muy despacio en la misma silla que desocupara la elfa—. ¿Te encuentras bien, Lobo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mejor que tú, seguro —replicó el joven brujo, colocando una mano por detrás de su nuca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ah, me recuperaré rápido, solo ha sido el golpe al aterrizar con la cadera en la piedra. Eso y… —señaló su ojo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si te lo callas no lo notaba —sonrió Geralt con malicia—. ¿Les has contado a los señores estirados de nuestra experiencia de anoche?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aún es esta noche, no has descansado tanto, Lobo. Y les conté, por supuesto. Con alguna floritura, ya sabes, trucos de regateador.  </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se quedaron en silencio un momento, sin saber qué más decir, o si hacía falta decir algo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh —exclamó de pronto el maestro—, no acabó de coserte la herida. ¿Te molesta si se ocupa de ello un viejo con las manos callosas y no una doncella elfa?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Muéstrame la mano. —La mano del viejo brujo temblaba un poco—. Hum, adelante, de todas maneras yo no lavaré las sábanas si pinchas donde no debes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras el descanso y el cuidado que recibieron a lo largo del día (ayudados por los brebajes que llevaban en las alforjas, que a su vez les fueron traídas de fuera del barrio) ambos se recuperaron pronto y por completo para la siguiente noche. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De nuevo abandonaron la vivienda armados y pertrechados para su faena, sin demorarse se dispusieron a andar hacia el mercado donde tuvieron el enfrentamiento anterior. Ahora que tenían la certeza de a qué criatura se enfrentaban, sabían muy bien cómo proceder.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron al lugar sin que nada se lo pusiera difícil, sin percibir ojo alguno posado sobre ellos. Tal como esperaban, las brujas debían estar asustadas. A partir de allí siguieron el rumbo que habían visto tomar a la criatura que escapó, y en un determinado punto sus medallones comenzaron a vibrar. Los brujos, que iban ya con las espadas desenvainadas, no redujeron el paso sino al contrario, dejándose guiar por los movimientos de los lobos de plata.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Así alcanzaron una plaza, dominada desde el centro por un enorme árbol, de tronco arrugado y ramas muertas. Al estar frente a él, los medallones se descontrolaron, saltando y golpeándoles contra el pecho. Vesemir alargó una mano y tocó las raíces, que sobresalían de la tierra como si un gran vendaval las hubiera obligado a aparecer, su medallón se tensó de pronto, tirando de la cadena hacia abajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo mantuvo el contacto un momento, luego retrocedió hasta quedar a la par de su pupilo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí es —dijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt desató el frasquito que llevaba amarrado a la cintura, lo abrió con una sola mano y avanzó dos pasos. Tras mirar a su maestro y asentir, salpicó las raíces con el líquido. El brebaje tenía un color verdoso, y siseó al hacer contacto. Era sangre de bruja.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ante su mirada, las raíces se retorcieron y sacudieron como serpientes, abriendo un espacio, y en ese espacio apareció un hueco oscuro. Geralt y Vesemir echaron un vistazo, vieron los escalones que se internaban en lo profundo de la tierra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Estás preparado, Lobo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo estoy.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Entonces, tras beber la poción Gato, se dejaron engullir por esa boca negra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los escalones les dejaron en un corredor rectangular, cuyas paredes eran un entramado de raíces y tierra compacta. Vesemir avanzó delante, Geralt dejó que se alejara unos cinco metros antes de seguirle. Ambos se movían con las piernas un tanto flexionadas y el tronco encorvado, sosteniendo con una mano la empuñadura de la espada junto a la oreja derecha, de modo que las hojas de plata precedieran sus pasos. Un mero movimiento en la oscuridad y el viejo brujo extendería el brazo en una estocada letal.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Varios metros más allá aparecieron bifurcaciones a los lados, pero ellos no se desviaron en ninguna. El único cambio fue que, a partir de allí, Geralt avanzó de espaldas a su maestro, atento a la retaguardia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Nada sucedió hasta que ambos brujos chocaron sus espaldas. Vesemir se había detenido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué? —preguntó Geralt, sin voltear.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Shhh. Escucha.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El rumor de una voz aguda se arrastraba por el pasaje.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿La oyes, Lobo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hum, y la huelo —respondió el joven brujo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir aspiró hondamente por la nariz.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Sí…, la Bruja Mayor está allí delante. Ten. —El viejo maestro le dio unos corchos, y él mismo se puso un par en las orejas—. Primero las otras, Lobo. Ella…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No es peligrosa sin su voz —concluyó Geralt—. Lo sé, Vesemir. Vamos, el efecto del elixir no durará para siempre.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El pasadizo fue abriéndose más y más, desembocó en una cueva espaciosa. Antes de entrar en ella, se detuvieron para echar un vistazo. Fue así que sus miraras se vieron enseguida atraídas hacia una gran cuba, alta y de buen diámetro, iluminada por un haz de luz que se filtraba desde arriba. Y sumergida en ella hasta los pechos, vieron a una bruja con la piel más oscura que las demás, y con largos cabellos blancos, cuyas puntas se habían vuelto rojas como el líquido que chorreaba de la tina. Y a su alrededor estaban de rodillas tres brujas menores, con las cabezas vueltas hacia arriba y las lenguas fuera de la boca, retorciéndose y gimiendo con anhelo. La Mayor alzó entonces una copa dorada, llena hasta el tope, y la vertió en un círculo sobre los rostros de sus discípulas, que se relamieron ante cada gota.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos arrugaron el rostro por la aversión, por instinto apretaron con más fuerza las empuñaduras. Mirándose uno al otro, aspiraron y exhalaron con fuerza. Luego, a una señal de sus cabeza, entraron en la cueva, rápidos e indetenibles como relámpagos. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La Bruja Mayor les vio y señaló, las menores reaccionaron torpemente retrocediendo entre aullidos y tropiezos, mas una de ellas no logró escapar del embate de Geralt, que con una estocada en salto le seccionó la espina dorsal.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir llegó poco después, más lento, vio desprotegida a la Mayor y avanzó hacia ella. Ésta respondió con un chillido, a su llamada acudió una de las brujas menores, teleportándose hasta quedar en medio. Sin embargo, esto era exactamente lo que el viejo brujo quería, pues perseguir a esas criaturas en un espacio tan amplio le hubiera resultado tedioso y agotador. Dispuesto a dejarla sin reacción, lanzó un rápido tajo desde el codo derecho, pero la criatura desapareció y la hoja cortó el aire. Aun cuando la espada seguía su rumbo al no hallar la resistencia esperada, Vesemir percibió que la bruja se había teleportado a su retaguardia. Entonces, anticipando su ataque, inclinó el torso y la cabeza a la derecha, las garras y el brazo de la bruja zumbaron al pasar junto a su oreja y sobre su hombro izquierdo. Teniéndola a tan escasa distancia, Vesemir contraatacó con un cabezazo directo a la sien. Luego, mientras la criatura se tambaleaba, le sajó ambas piernas de un solo espadazo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Luego, al verla arrastrándose para alejarse de él, el brujo fue detrás ella, le apoyó una bota en la espalda y le clavó su hoja como quien clava una estaca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al volverse hacia la Mayor, que a todo esto murmuraba sortilegios inútiles gracias a los corchos, Vesemir vio venir a Geralt. Su pupilo arrastraba de una pierna a la bruja restante, dejando un rastro de sangre en el suelo de la cueva.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La criatura oscura y de cabellos blancos, asustada al ver que ninguno de sus hechizos funcionaba contra esos dos hombres, se sumergió en la sangre. No le sirvió nada: el joven brujo volteó la cuba de una patada y la bruja fue vomitada entre el líquido rojo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lo haces tú o lo hago yo? —preguntó Geralt, su maestro no le miró—. ¡Eh, que si lo haces tú o lo hago…! ¡Oh, genial, ahora te haces el sordo! Sé que me oíste a pesar de los corchos, Vesemir, no estoy murmurando como esta alimaña apestosa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo se quitó los tapones de las orejas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Decías algo, Lobo? Me pareció oír tu voz.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt hizo una mueca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Nunca te ha gustado ensuciarte, eh viejo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No cuando tengo alguien que puede hacerlo por mí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo suspiró y avanzó de mala gana hacia la bruja, sacando el cuchillo de su cinturón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Una gran cantidad de elfos, enanos y medianos se reunieron delante de las puertas de la muralla que circundaba el barrio. Algo más adelantados a estos, se hallaban los brujos que, a pesar del sol, llevaban puestas las capuchas. Al frente de todos, como voceros de la multitud, estaban Craran aep Sengovir, apoyado en un bastón, y Narilin, su consejero.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ante la repentina reunión, las murallas no tardaron en llenarse de centinelas, armados con arcos y ballestas. Aquello desató grandes murmullos entre el gentío, y algunos comenzaron a retirarse disimuladamente. Vesemir miró a Geralt, el joven brujo observaba con gran interés lo que sucedía.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mejor nos vamos, Lobo —dijo el maestro, hablando por la comisura de la boca.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aún no nos pagan —replicó Geralt, de la misma manera—. Y ‹‹Don Bastón›› y el lacayo ‹‹Estirado›› están ahí delante. Quiero saber qué ocurre, Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo negó con la cabeza. <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Ya lo verás</span>, murmuró entre dientes, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">ya lo verás</span>.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ni bien acabó esta pequeña charla, un hombre pertrechado con una armadura de placas apareció por encima de la puerta, en el adarve de la muralla, y se inclinó sobre el antepecho, mostrando su rostro a la multitud. Varios más de los no-humanos se marcharon al verle.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Capitán Routre! —gritó el consejero elfo. Toda la plaza quedó en silencio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al oírle, y como un águila que busca una presa específica entre muchas otras, el hombre en el adarve observó con una mirada dura y fría a cada uno de los que estaban allí abajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Como imaginaba —dijo al encontrarle—. ¿Quién si no tú, Narilin, podía estar involucrado en todo este desorden? Aguarden —arrugó el ceño, se mesó el mostacho—, ¿el viejo carcamal también ha salido de la caverna? Hum, esto promete ser muy interesante. —Abrió los brazos, esbozó una sonrisa—. Hablen, pues, mis muchachos y yo les escuchamos con atención.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El anciano elfo asintió hacia su consejero. Este hizo una reverencia, cogió de las manos de otro un bulto envuelto en un saco, y sosteniéndolo avanzó varios pasos hasta quedar justo debajo de la muralla. Entonces, de un tirón y ante la vista expectante de todos, extrajo del saco la cabeza de la Bruja Mayor, sosteniéndola por los cabellos blancos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—He ahí la bestia que cazaba a nuestra gente —pronunció Craran, esforzándose más de la cuenta para ser oído por el hombre del mostacho—. He ahí la bestia responsable de nuestro encierro, Capitán Routre. Por astucia y habilidad de estos brujos… —giró e hizo un ademán para que se adelantasen hasta él, el joven pupilo obedeció, su maestro le siguió tras meditarlo un momento—. Por astucia y habilidad de estos brujos, llamados Vesemir y Geralt de Rivia, ya no somos cazados. Por lo tanto, como usted y el intendente han prometido, esa puerta que tenemos delante debe ser abierta, y los no-humanos seremos libres para deambular otra vez por esta ciudad que también nos es amada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El Capitán Routre quedó en silencio, mesándose otra vez el bigote.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Eso prometimos? —preguntó con fingida confusión—. De verás que no recuerdo tal cosa. Pero no me hagan caso, la memoria de un hombre puede fallar, incluso la mía. —Sonrió—. La cuestión es, haya habido promesa o no, ¿cómo sabré yo, y el intendente a través de mí, que esa criatura era la responsable? No, no, mi querido elfo arrugado, evita mirar a los brujos, la palabra de dos vagabundos no me es garantía de nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Y cuál sería una garantía válida?! —tronó Narilin, con claro malestar en la voz.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El Capitán Routre se cruzó de brazos, alzando su mentón partido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo sabré cuando la tenga delante de mí. No antes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y dicho esto, el hombre del mostacho se dispuso a darse la vuelta y marcharse, pero entre el clamor que se había levantado en la multitud se oyó un chasquido, seguido de un silbido; solo Vesemir y Geralt vieron la flecha volar y torcerse en el aire antes de impactar sobre los ojos del Capitán Routre. Se produjo un gran ‹‹ooohhhh›› mientras el hombre del mostacho se tambaleaba y caía luego hacia delante, para acabar apoyándose ya sin fuerzas en el parapeto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pasado el instante de conmoción, los centinelas halaron los gatillos de las ballestas y las crueles saetas dieron muerte a varios antes de que los primeros echasen a correr. Los gritos y aullidos se hicieron ensordecedores, los enanos, elfos y medianos se empujaron unos a otros, tropezaban con los que eran derribados por la espalda. Geralt no lo dudó: se lanzó enseguida sobre el viejo elfo, lo cargó en brazos y se alejó de allí corriendo en zigzag, los pernos y flechas impactaban contra la piedra y rebotaban con un zumbido. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir vio venir una saeta y la rechazó con la espada, luego la marejada de gente le arrastró lejos de allí. En medio de todo aquello, solo alcanzó a atisbar la espalda de Geralt, perdiéndose en otra dirección.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo llegó a la residencia de Craran y llamó a gritos a su pupilo. Al no recibir respuesta, se movió deprisa por la sala, descorriendo cada cortina, echando un rápido vistazo a las habitaciones. No halló a Geralt, ni al anciano del bastón, ni al consejero. Pero sí a lo muchacha que había curado sus heridas: estaba sentada en una cama, llorando.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al verle aparecer de pronto, la elfa se asustó. Luego, debido al gesto que adoptó Vesemir al contemplarla, se limpió los ojos con la manga y sorbió los mocos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué sucede? —inquirió ella con la voz cortada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Su anciano…, Geralt, mi compañero, ¿nadie ha regresado de fuera? ¿Nadie?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La elfa negó con la cabeza, su pregunta ahora fue contundente, llena de preocupación:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué sucedió?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En ese momento se oyó un portazo. Vesemir volvió a la sala y soltó una exhalación de alivio al ver el rostro de Geralt, rodeado por un grupo de veinte elfos, todos armados con sables y arcos. Su joven pupilo dejó al dueño de casa sostenerse por sí mismo, caminó hasta él en cuanto le vio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Creí que te habías rezagado —dijo Geralt. En sus palabras podían notarse huellas del temor que había sentido respecto a ello. Él mismo se dio cuenta y para disimular sonrió y soltó—: Supongo que no estás tan viejo como para que la muerte te dé alcance, ¿cierto…? —Se detuvo de pronto al sentir una molestia en la espada, con el ceño fruncido se llevó una mano atrás—. ¿Qué demonios…? ¿Vesemir, es lo que creo que es?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se giró, dejando que el maestro observara su espalda, el viejo brujo observó con preocupación, luego sonrió, arrancó la flecha de un tirón y se la dio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No logró penetrar el refuerzo de hierro —dijo. Ya no sonreía para nada—. Lobo, solo fue suerte.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Desde fuera llegaron los sonidos de unas trompetas, el retumbar de los tambores. Y aun en la distancia, los brujos pudieron oír el roce metálico del paso redoblado de la infantería.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Atranquen la puerta! —rugió Narilin—. ¡Deprisa, bloquéenla con todo lo que haya a su alcance! ¡Arqueros, al piso superior! —Miró cara a cara a todos ellos—. No disparen, pero estén listos para hacerlo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Este lugar no es una fortaleza —espetó Geralt al escuchar todo aquello—. Si desean entrar, lo harán. Ustedes son apenas veinte, ahí fuera habrá al menos cien. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Craran aep Sengovir caminó lentamente hacia el final de la sala, remontó los escalones y se dejó caer lleno de agotamiento en el sillón. Ni él ni nadie hicieron caso a las palabras del joven brujo. Antes de que Geralt insistiera con maneras más bruscas, Vesemir le sujetó del brazo y le llevó a un lado, hablando por lo bajo. Ambos acabaron sentándose en el suelo, con la espalda contra la pared.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al cabo de unos minutos se reanudaron los gritos en el exterior, muchos eran silenciados antes de alcanzar su cota máxima.  Los pasos rítmicos de la guardia de la ciudad fueron acercándose y acercándose, los brujos sentían aumentar el temblor del suelo de la residencia. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La tropa se detuvo frente a la casa. Venían a por la cabeza del anciano. Todos sabían eso. Narilin subió deprisa las escaleras, regresó con un gesto moderado. Tal vez no había una centena de hombres del otro lado, pero con toda seguridad Geralt se dijo que al menos sí la mitad. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De pronto una voz se alzó sobre toda otra:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Les habla el intendente Nergyt! ¡Están rodeados, no tienen escapatoria! ¡Ríndanse y respondan ante la ley por los crímenes cometidos!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡¿Crímenes?! —espetó el consejero—. ¡Un crimen es tenernos encerrados dentro de estas murallas, dejarnos como entretenimiento para las criaturas que nos cazaban!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—La rebeldía no les servirá de nada ahora —replicó fríamente Nergyt—. Les ofrezco la elección, ustedes son los que deciden. Entréguense, y quizá alguno de ustedes salve su vida. Luchen, y ahí dentro no quedará en pie un solo elfo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Craran se incorporó y se movió lento pero seguro hasta el centro de la sala. Allí Narilin le cedió un sable con empuñadura de oro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Si hemos de morir —exclamó el anciano—, los elfos escogemos hacerlo peleando!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Hubo murmullos al otro lado de la puerta, el intendente los calló con una pregunta certera:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y qué hay de los brujos? Sabemos que están ahí dentro y nada tienen que ver en todo esto. ¡Que salgan, les permitiré abandonar en paz mi ciudad!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Maestro y pupilo se incorporaron con esfuerzo, el primero avanzó hasta quedar cara a cara con el anciano.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Deben pagarnos lo prometido —dijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y se lo pagaré —contestó Craran, hizo una seña hacia un costado. La muchacha surgió de una cortina sujetando dos bolsas tan rebosantes como aquellas que los brujos recibieron en el callejón. Y detrás de ella un elfo trajo otras tres—. He ahí su pago prometido. Cójanlas, son suyas. —La elfa le entregó las bolsas a Geralt—. Y esas otras también pueden serlo. Brujos, han compartido comida y techo conmigo, mi nieta les ha curado las heridas cuando llegaron tambaleantes a esta morada, les salvo la vida. Ahora, tal vez esos no se les antojen favores que deban devolver, ni sientan la responsabilidad de ayudar a quienes les han tratado con el respeto que merecen, no como esos humanos que los llaman parias. Por ello apelo al dinero, que es su debilidad. Veinte elfos y dos brujos pueden vencer en esta contienda. —Craran les miró a los ojos—. ¿Qué opina a esto Vesemir, el maestro? ¿Y qué opina Geralt de Rivia, el pupilo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo no miraba al dinero, miraba a la elfa. Si acaso los soldados entraban, la muerte sería un regalo para ella, uno que no le sería concedido pronto. Aquello no podía ser así, no podía abandonar a quienes habían hecho de su casa la suya propia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir le interrumpió apoyándole una mano en el pecho.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No, Geralt, aquí no hay nada que decidir, nada que opinar. La neutralidad de un brujo no se compra con favores, tampoco con dinero. —Hizo una pequeña reverencia, dio media vuelta y caminó hacia la puerta—. Lobo, no ponemos precio a nuestra convicción. Nos vamos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El pupilo miró de nuevo a la muchacha que había cosido sus heridas, luego bajó la vista y con la cabeza gacha siguió a su maestro. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Juntos hicieron a un lado los objetos que obstaculizaban la entrada. Mientras lo hacían, un cuchillo se clavó en la madera de la puerta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Traidores! —siseó Narilin.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt negó con la cabeza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No —replicó con gravedad—, un traidor es aquel que cambia de bando. Nosotros solo nos mantenemos a un lado.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y tras advertir a los soldados que saldrían, ambos brujos abandonaron la casa con las manos en alto. Un par de uniformados les apresaron enseguida, llevándoles hasta el intendente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vesemir —dijo Nergyt—. Me alegra que hayas recordado nuestra amistad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No lo hice —contestó el viejo maestro—. Solo actué como espero que mi pupilo lo haga a partir de hoy. A veces, para enseñar, uno mismo debe servir de ejemplo y cargar con la responsabilidad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y dicho esto, fueron apartados de allí. A sus espaldas las flechas comenzaron a silbar, los soldados se metieron en la casa como una tromba. Luego, al llegar a la puerta, un aullido agudo cortó el aire del mediodía. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt sintió helársele la sangre, pero no dijo nada ni volvió la vista. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Era un brujo.</span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fanfic] Las Enseñanzas de un Brujo II]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1945</link>
			<pubDate>Fri, 24 May 2019 12:57:26 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=603">FrancoMendiverry95</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1945</guid>
			<description><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Nota del autor</span>: Este relato está dedicado a Sashka, por el simple motivo de que sin su insistencia se habría quedado donde merecía estar antes de esta revisión (en lo profundo de mi notebook). ¡Gracias por tu ayuda, amiga!<br />
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Pedido del autor</span>: Aquel alma agradecida que lea este relato de principio a fin, haría bien en ver el perfil de <a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=99" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">@Sashka</a> y dejarle un punto positivo a su reputación. Donde diga "deje su comentario" escriban esto: "Por haberme ahorrado las guarradas de Franco, gracias!". De verdad, lo merece.<br />
<br />
Ahora sí, el relato:<br />
<br />
<br />
<br />
LAS ENSEÑANZAS DE UN BRUJO II (maldita porquería que no me lo centra)<br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A caballo llegaron entre la niebla, guiados por los cuervos. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ninguno de los dos alzó la vista al pasar bajo el destartalado cartel de bienvenida, siguieron hasta el final de calle envueltos en sus largos ropajes oscuros. Aquellos que les vieron pasar en dirección al cementerio dirían después que eran espectros que venían al pueblo a llevarse a los pecadores que yacían bajo tierra. Aquellos a los que ayudaron más tarde, dirían lo mismo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Desmontaron al llegar a la entrada del camposanto, atando sus monturas a unos árboles cercanos, luego traspusieron la verja. Siguiendo el caminito empedrado que nacía de ella, anduvieron hasta una enorme haya, bajo la cual estaban reunidas unas veinte personas. Rodeaban una tumba abierta donde descansaba un ataúd.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos brujos se mezclaron con ellos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El orador siguió hablando sin interrupción, hasta que en un determinado momento un sujeto calvo y rechoncho cogió una piedra del suelo y la arrojó con rabia hacia las ramas del árbol: los cuervos huyeron entre burlas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Váyanse, malditos pájaros del averno! —exclamó el sujeto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir le reconoció como familiar directo de la víctima.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt estaba concentrado en otra cosa. Las jóvenes mujeres entre la gente le miraban con claro interés a pesar de las circunstancias y de la capucha que le ocultaba gran parte del rosto, y él disfrutaba de ello haciéndose el desentendido. Logró esto hasta que sin querer posó los ojos en una de las mujeres. Era joven, tal vez rondaba los veinte, y como las demás vestía un largo vestido negro. Pero a Geralt lo que le atrajo no fue su figura de mujer, sino unos ojos delineados de negro, fijos en él desde detrás del velo. El brujo sintió que esos ojos, unidos a la particular forma de su nariz, le invitaban a mirarla, y lo hizo por un tiempo que fue incapaz de calcular.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se sobresaltó cuando Vesemir le codeó por un lado.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esperaremos a que termine —dijo el maestro brujo—, mi vieja intuición me dice que aquí hay dinero para nosotros. Y ya sabes, mi vieja…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tu vieja intuición no falla, lo sé —le cortó Geralt, y al alzar la mirada para encontrar a la joven, ya no volvió a verla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En el momento en que echaron la última palada sobre la tumba, y cuando ya la gente había comenzado a marcharse, el sujeto que arrojó la piedra se les acercó con el ceño fruncido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí vamos —dijo por lo bajo Vesemir, y tosió para ocultar sus palabras.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No les conozco a ustedes —dijo el sujeto, cruzándose de brazos y echando hacia delante su voluminoso vientre—. ¿Quiénes son?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con disimulo, Vesemir miró a un lado y dejó que el otro advirtiera sus dos espadas al hombro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Brujos? —siseó el hombre, agachó la cabeza con los ojos entornados para espiar bajo las capuchas—. ¡Sí! ¡Esos ojos! Que me rompa una pierna si acaso no son brujos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A Geralt le extrañó que el hombre no soltara alguna frase agresiva, algún mote despectivo. A Vesemir no, Vesemir conocía las actitudes de quienes solicitarían su ayuda a la brevedad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Brujos —asintió el viejo maestro, echándose atrás la capucha. Miró a su pupilo por sobre el hombro, con un movimiento de las cejas le instó a imitarle—. Este es Geralt. Yo soy Vesemir. Le doy mis condolencias por la pérdida.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El gordo escupió al piso.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Me cago en las condolencias —dijo—. De ná’ sirven, mi hija está ahora ahí abajo, encerrada en ese sucio cajón, y las putas condolencias no la levantaran.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nada lo hará, señor —replicó Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—A menos que se convierta en una aparición —dijo Geralt, dando un paso al frente para tomar la iniciativa y demostrarle a su maestro que ya era capaz de pactar un precio por su cuenta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿U… una aparición? —tartamudeó el sujeto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y de las feas. Nada de la belleza que tuvo en vida. Ahora que lo pienso, no tengo idea por qué se le alargan las lenguas hasta alcanzar medio metro…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Nunca! ¡No es posible que eso le suceda a mi hija!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No? —preguntó Geralt—. Claro que no, ¿en qué pensaba? —Cruzó los brazos, se encogió de hombros—. Bueno, a menos que haya dejado algo sin resolver… una gallina que alimentar, un pantalón que tejer, un encargo que su padre le haya hecho…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos brujos notaron que el sujeto había comenzado a sudar, oyeron el chasquido de su garganta cuando tragó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y cómo… cómo se evita tal horror?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Dándole paz al muerto —contestó el joven brujo, sin un ápice de sentimiento.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Paz? ¿Paz? ¡Por supuesto! ¡Si era preciso lo que yo iba a decirles! ¡Hay que cazar al monstruo que la mato!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt miró a Vesemir de soslayo, con una sonrisa torcida.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y qué clase de monstruo es ese? ¿Alguien le ha visto?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nadie, joven brujo. Nadie. Oh, pero es una maldito monstruo, eso seguro, cruel y mal habido, el bastardo me la… me la violó antes de…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al oír esa palabra, Vesemir dio un manotazo a su pupilo y le hizo a un lado.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Los brujos matamos monstruos —dijo el brujo maestro, y aclaró—: Bestias no humanas. Esas bestias no violan, señor. Le reitero mis condolencias.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras una sutil reverencia, el anciano brujo hizo un gesto con la cabeza a Geralt y giró listo para marcharse.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aguarden, aguarden, brujos. —El gordo corrió tras ellos y tras ponerles una manaza en los hombros les obligó a dar la vuelta—. Tienen que ayudarme, por favor. Las heridas que tenía mi hija… el carnicero dijo que no eran de cuchillo, sino de… garras, garras largas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir soltó un suspiro, miró a su pupilo y sus ojos dijeron ‹‹Haz que valga la pena››.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt asintió una vez con la cabeza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Haremos esto —dijo—. Investigaremos la muerte de su hija hasta hallar pruebas de si es un monstruo o no. Si no lo es, nos iremos del pueblo. —Geralt miró lo largo del hombre de arriba abajo—. Con cien monedas de las tuyas. Si es un monstruo… bueno, el precio aumentará de manera considerable, eso dalo por seguro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El gordo bufó y pataleó, mas al final aceptó el trato.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bien —dijo Vesemir—, ahora díganos cuanto sabe y quién puede saber más.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aquella mañana hablaron con el carnicero, y este les contó con mayor detalle la magnitud y forma de las heridas de la joven (a falta de un matasanos en la aldea, sobre él habían caído las labores de examen). Dijo que tenía marcas de estrangulamiento en el cuello, una mordida en el hombro, que sus pechos estaban arañados, y que su entrepierna tenía sangre.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos brujos se habían mantenido inexpresivos durante todo el relato. Al regresar a la calle, sin embargo, ambos sintieron la necesidad de ir a la taberna y beber algo. Lo más fuerte que hubiera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Mientras bebían sentados ante una de las mesas, silenciosos y cabizbajos en el leve bullicio del lugar, un anciano se les acercó, acomodó con dificultad una silla y tomó asiento junto a ellos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt le miró con algo de interés. Los ojos del anciano tenían el color gris celeste de los ciegos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Brujos —dijo el viejo—. Oh, sí, solo los brujos beben en silencio si tienen compañía. Y el ruido del metal contra el cuero…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué quieres, viejo? —preguntó Geralt. Su maestro le miró con una cuota de enfado, él se encogió de hombros—. Vamos, Vesemir, mírale, ¿cómo quieres que le llame?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Anciano —dijo el maestro brujo, arrastrando su tarro hacia el ciego—. ¿Está al tanto de algo que dos brujos deban saber?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hum —rumió el viejo—. Hum.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Hum? —gruñó Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir hizo una seña clara a su pupilo, el joven brujo negó con la cabeza enérgicamente. Pero como el maestro le mantuvo la mirada, señal inequívoca de que hablaba muy en serio, Geralt dio un último trago a su vaso y luego lo arrastró hasta dejarlo delante del extraño viejo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Este sonrió con una sonrisa de cuatro dientes antes de beber uno tras otro y de una sola una vez el contenido de ambos tarros.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hum, resulta que conozco cierta historia que podría explicar ciertos asesinatos —pronuncio el viejo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Genial —dijo Geralt con fastidio, echándose atrás en la silla—. Emborrachamos al vejestorio para que se invente una de las buenas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Inventar? —tronó el ciego—. Oh, no, con la de cosas que suceden en la vida real, ¿para qué uno habría de inventar otras que les compitan? —Chasqueó la lengua contra el paladar—. Nada de eso, brujos. Paren sus orejas y óiganme bien, porque no es ésta una historia hecha para repetirse.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Justo en ese momento, al mirar a un lado para dejar patente su molestia, la mirada de Geralt se encontró con la de la joven mujer del cementerio, esa cuyos ojos le habían hipnotizado. Y ahora ya no tenía el velo, y el brujo leyó lo que le decían: ‹‹atrévete, atrévete y verás››.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La mujer se encaminó hacia la puerta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La juventud, y el poco entusiasmo que le despertaba el tener que escuchar los desvaríos de ese viejo, llevaron a Geralt a atreverse.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Creo que necesito algo de aire —dijo, y sin mirar a Vesemir se levantó y fue tras la mujer.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se encontraron detrás de la posada. El brujo había seguido el perfume de la mujer hasta allí, el aroma dulzón de la miel. La joven parecía estar esperándole, se había sentado en un banquito que nacía de la pared, y miraba hacia el bosque que se extendía delante de ella. Geralt se le sentó al lado, permanecieron en silencio durante varios minutos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Por qué fuiste? —dijo de pronto la mujer. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo de cabellos blancos no le comprendió, pero al cabo sintió sobre él la mirada de esos ojos negros y fue obligado a entender.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh. Los cuervos. Vesemir dice que un brujo debe guiarse por los cuervos en lugar que por el sol. —Guardó silencio hasta que la joven dejó de mirarle, él aún no se había atrevido a girar hacia ella la cabeza—. Tú también estabas allí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De soslayo advirtió como ella asentía con suavidad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Era mi hermana —reveló—. Mi hermana gemela.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt la miró, ahora fue la joven la que le evitó manteniendo la vista al frente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo siento —dijo el brujo. Mentía, no sentía nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo lo sabía —expresó ella—. Sabía que iba a ser ella quien se fuera primero. Y joven. Demasiado buena para este mundo tan oscuro. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Le daré paz. Mataremos al culpable.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Sus miradas se encontraron por fin.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya está en paz —dijo ella—. Nada perturba su descanso ahora, nada opaca su belleza. ¿Quieres hacerme un favor, brujo? Vete del pueblo, vete tú y tu amigo. El dinero que te prometió… mi padre no lo tiene, le traerás problema, brujo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y dicho esto, la joven se marchó en silencio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A mediodía ambos brujos echaron a caminar por el sendero del bosque, siguiendo la pista que el viejo ciego le había dado a Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Entonces qué fue lo que te dijo? —preguntó Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Ahora sí te interesas? —le recriminó el maestro, con un tono llano. Luego agregó, más burlón—: Ya no hay ninguna jovencita cerca, ¿verdad?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo murmuró lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Olvidas que tengo el mismo oído que tú, Lobo. —Vesemir soltó una pequeña carcajada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se mordió los labios para no decir lo que pensaba.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Resulta que hay una historia bastante interesante alrededor de la curandera que vive en este bosque —le explicó el maestro brujo—. Una que menciona cierto hijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿La típica historia de la bruja solitaria que tuvo un hijo con un diablo? —bromeó Geralt—. Oh, sí, que interesante. Y dime, ¿por casualidad esta curandera vive en una casa de jengibre y le regala chocolates a los niños?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No te burles de las historias, Lobo. Todas tienen por lo menos un detalle que es cierto. —Siguió caminando unos cuantos pasos, luego soltó—: Y si, es la típica historia de la bruja que tuvo un hijo con un demonio. Un hijo deforme, para más precisión. El anciano ciego dijo que fue lo último que vio antes de perder la vista, hace ya tres décadas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Puras chapuzas, Vesemir. Y lo sabes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Shh, mira, allí está la cabaña. —El viejo brujo se detuvo—. Geralt. Yo iré a la casa y hablaré con ella. Tú date una vuelta por alrededores y… asegúrate que todo marche bien.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se separaron bajo el arco del jardín del cual colgaba el cráneo de un ciervo. Geralt se alejó por un costado, pesado y sin mucho ánimo, sentía que estaban perdiendo el tiempo otra vez. Incluso llego a murmurar que su maestro estaba un tanto chocho y su olfato para estas cosas ya comenzaba a fallar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Anduvo durante un rato, caminando entre las huertas, dándole nombres a las hierbas que veía para entretenerse con algo. No las conocía a todas, sin embargo, y eso le molestó al punto que dejó de hacerlo pronto. Si Vesemir llegaba a enterarse de ello, le haría repasar noche tras noche por enésima vez esos viejos compendios de herboristas amontonados en Kaer Morhen.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pasaron unos diez minutos antes de que algo llamara verdaderamente su atención. Y no fue algo que vio, sino que escuchó: un ruido distinto bajo el peso de su cuerpo. Al agacharse, advirtió que bajo una hiedra con flores celestes se asomaba un trozo de madera. En cuanto vio las cadenas, cortadas y llenas de herrumbre entre la hierba, supo que aquello era una trampilla y que había sido violada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Mirando hacia la casa, Geralt advirtió que una de las ventanas de esta daba hacia allí, incluso vislumbraba la silueta de la anciana a través del cristal. Mejor apartarse de allí antes de que le viera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aguardaron la noche en las inmediaciones de la cabaña, esta se presentó sin luna. Tanto mejor, ellos no necesitaban la luz para moverse. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt encontró la trampilla con facilidad, luego valiéndose de unos cuchillos cortaron la hiedra. Fue el joven brujo quien después cogió el tirador y lo asió hacia arriba, fue el viejo quien descendió en primer lugar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Diez escalones tuvieron que bajar antes de apoyar las botas sobre una superficie firme. Ahí abajo la oscuridad era total, incluso para ellos. Entonces Vesemir cogió su antorcha y la encendió valiéndose de la señal Igni, enseguida el sótano se dibujó bajo la luminosidad anaranjada. Era un espacio cuadrado tan pequeño como esperaban, semejante a la celda de una mazmorra, como en estas las paredes y el suelo eran de piedra cruda. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt avistó algo y avanzó y se acuclilló, luego ante la mirada atenta de su maestro alzó una cadena que yacía en el suelo. La cadena tenía grilletes. Estos estaban abiertos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se acercó a la pared del fondo, arrastró la mano por ella y halló los huecos de los tornillos que habían asegurado el soporte; dicho soporte había sido arrancado a la fuerza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un hombre no sería capaz de hacerlo —dijo el maestro brujo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt estuvo de acuerdo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y se necesita una gran fuerza para abrir estos grilletes sin la llave. —El joven brujo se movió por el sótano sin levantarse del todo, se detuvo al encontrar otro objeto—. Un cuenco.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir lo cogió al vuelo cuando el otro se lo arrojó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tu amiga la anciana alimentaba a una bestia —dijo Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—A una bestia o… a su hijo —pronunció Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo se puso en pie y miró hacia la escalera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Quizá esa bestia era su hijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Amaneció. Vesemir golpeó la puerta de la cabaña y retrocedió unos pasos, Geralt se hallaba detrás de él. Oyeron la llave encajando en el candado, el chirrido de un cerrojo que se corre, luego el quejido de las bisagras.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al otro lado del umbral apareció la curandera y Geralt la estudió con cuidado. La piel de la anciana era</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> de color cetrino, ligeramente rosado en las mejillas y con algunas manchas oscuras a un lado de la frente, en el nacimiento de su cabellera blanca y trenzada. Un collar de maderas pintadas le daba colorido a su aspecto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ha regresado, noble brujo —dijo la anciana, con una voz un tanto aguda—. Oh, y ha traído a su hijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir y Geralt volvieron la vista uno hacia al otro por un instante, pero evitaron que sus miradas se cruzaran.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si —dijo el maestro brujo. Y al ver que la curandera se los quedó mirando con una sonrisa en el rostro, fingió una tos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh, ¿quieren pasar? He preparado té esta mañana, aún debe estar caliente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos entraron y se sentaron ante una mesa circular, la anciana se acercó a un caldero, levantó la tapa y con un gran cucharon sirvió en dos tazas. Las dejó frente a sus visitantes antes de tomar asiento también.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué los trae por aquí, queridos brujos? —preguntó la curandera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt sorbió un poco del té para dejar que Vesemir contestara, pero se arrepintió en el acto, pues el líquido tenía un sabor tan salado e inesperado que le hizo dar una arcada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Está bueno el té? —inquirió la anciana con una sonrisa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo tragó con dificultad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Es una receta suya? —quiso saber.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh, sí —soltó una risita traviesa—, pero es un secreto de familia, no puedo decírtelo a ti, picarón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt dejó la taza sobre la mesa y la empujó lejos suyo, seguro que el ingrediente secreto era agua de mar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir reprendió a su pupilo con la mirada, refunfuñando mentalmente por lo exagerados que eran los muchachos ahora. Luego bebió un sorbo del té para demostrar que los hombres de su edad podían soportar cualquier cosa. Geralt arqueó una ceja y le miró de lado, soltó una risa cuando su maestro devolvió el líquido a la taza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué sucede, noble brujo? ¿Acaso a usted le desagrada mi receta?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se cubrió la boca con el guante y escupió en él disimuladamente para sacarse el mal sabor.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Claro que me gusta —contestó—, es que está muy caliente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—En ese caso puedo darle agua más fría…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡No! —replicó enseguida, alzando un poco la voz. Luego forzó una sonrisa y habló bajito—: Lo dejaré que se enfríe.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir miró a su pupilo, el maldito ahora reía solo con los ojos. El viejo brujo tosió para aclararse la garganta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Regresamos porque deseamos hablar con usted, señora —dijo—. De un asunto importante, en el que necesitaremos de la misma sinceridad que me demostró ayer.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Todo gesto amable desapareció del rostro de la anciana, a pesar de que mantuvo la sonrisa. Pero esta… esta decía ‹‹no lo deseas, de verdad que no››.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir la leyó en el acto, miró a su pupilo en busca de su irreverencia juvenil, pero como Geralt había leído tal cual esa expresión le señaló con la cabeza a la anciana, invitándole a hablar él mismo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo volvió a toser y pronunció:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Queremos saber acerca de su hijo, señora.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Esas palabras borraron definitivamente la sonrisa de la curandera, sus labios se fruncieron y las arrugas sobre estos se hicieron más notorias. De pronto se puso en pie, caminó hasta el caldero y cogió otra taza para servirse a ella, pero la mano le temblaba tanto que esta se le resbaló y se fragmentó en miles de piezas al estrellarse contra el suelo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos miraron desde sus sillas sin mover un músculo, fríos como la hoja de un estilete en la oscuridad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La anciana, sabiendo que de aquellos ojos curiosos no podría escapar, regresó sobre sus pasos y se sentó otra vez, casi dejándose caer en la silla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mi hijo es bueno, brujos. —Unas lágrimas habían aparecido en sus ojos—. Es buen chico, no le haría daño a nadie…, ya no… aprendió la lección… Es distinto, especial, pero eso no le convierte en un monstruo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si eso cree —dijo Geralt, agrio—, ¿por qué le mantenía encerrado bajo tierra?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los ojos de la curandera relampaguearon hacia él, el caudal de lágrimas que se deslizaba por sus mejillas rosadas aumentó de manera considerable.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Por qué? —sollozó—. ¡Para cuidarlo! ¡Es mi hijo, mi único hijo, y jamás dejaré que le hagan daño! </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Bajando apenas la mirada, el joven brujo advirtió que la anciana apretaba la empuñadura de un cuchillo bajo la mesa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si es un buen muchacho —habló calmo el viejo maestro—, nada debe temer de nosotros. Pero escuche bien: en el bosque que rodea su cabaña han muerto niñas, señora, jovencitas. Ayúdenos a descartar a su hijo como responsable. Díganos, sea sincera, ¿cuándo escapó de allí abajo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La mujer miró hacia la ventana a través de la cuál Geralt la había visto a ella desde fuera, soltó un largo suspiro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Doce noches. Escapó hace doce noches.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Maestro y pupilo se miraron, tenían el dato de que el primero de los asesinatos había ocurrido diez días atrás.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lo ve? —dijo Geralt esbozando una sonrisa—. La primera víctima murió hace un mes —mintió—. Su hijo no ha sido, señora, lo más probable es que haya corrido lo más lejos posible de este lugar. —Miró a Vesemir, le hizo una de las tantas señas que el viejo brujo solía usar con él.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir frunció el ceño, luego cayó en la cuenta de lo que planeaba su pupilo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es cierto —pronunció—, lo hemos visto decenas de veces, cien tal vez. Rara vez regresan a casa. ¿Pero usted desea que vuelva, cierto, señora? Por supuesto, es su hijo, su único hijo. Escúcheme bien entonces, pronto nos iremos del pueblo y quizá nos crucemos con él en el camino. ¿Podría describir a su hijo, de manera que podamos reconocerle y decirle lo mucho que usted le extraña?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La anciana seguía mirando hacia fuera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cuando nació fue un niño hermoso, oh, aún lo recuerdo, mi bebé… —sonrió ante la imagen que se dibujó en su cabeza—. Y siguió siendo hermoso y bondadoso durante años, hasta que llegó a los quince. Entonces… una mañana, fui a despertarle y no estaba en su cama. Oh, y no regresó durante tres días. Creí que se había enfadado conmigo, que me castigaba por algo, y como era la primera vez y yo entendía que estaba creciendo lo dejé estar. —Negó con la cabeza, pesarosa, al volver la mirada hacia ellos—. Pero desde aquel día ya no volvió a ser el mismo. Durante el día no quería salir, o lo hacía cubierto de pies a cabeza a pesar de que el sol estuviera radiante fuera. Y en la noche… en la noche se escapaba hiciese lo que yo hiciese para evitarlo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt y Vesemir se miraron uno al otro, ambos pensaron lo mismo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y que la llevó a encerrarle? —preguntó el viejo brujo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Más de una vez le encontraba en la cama, luego, con sangre en las ropas. —La mujer asintió, lo tenía muy presente en su memoria—. Lo toleré algunas veces, porque era mi hijo y yo creía que tal vez se juntaba con otros chicos de su edad y se divertían con rituales inofensivos y tal… pero… la última vez, hace ya cinco años, trajo ropas ensangrentadas que no eran las suyas, y tenía sangre en la boca. —La anciana volvió a llorar—. Al día siguiente le di un té de hierbas y le mandé bajar al sótano. Allí le encerré y esperé a que el somnífero hiciera efecto. Luego le encadené, Garjei me ayudó. Oh, pero le alimentaba todos los días, haciendo oídos sordos a sus suplicas. —Hizo una pausa, terminó con un hilo de voz—: Quería sangre. Mi muchacho me pedía sangre.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué apariencia tenía cuando la asustó de verdad? —preguntó el viejo brujo, leyendo en la mirada de la curandera que algo le había llevado a no regresar allí abajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Su piel se volvió gris un día, su rostro se desfiguró y ya no tenía cabello. Oh, y… tenía el cuerpo mucho más fornido, y garras en lugar de manos, y los dedos de los pies, a pesar de todo lo demás, de alguna manera eso fue lo que me aterrorizó más. Tenía cinco dedos, pero divididos en tres grupos: el pulgar por un lado, el siguiente y el del medio por otro, y los restantes en otro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ante esta información, los brujos se sintieron conformes, se levantaron casi de inmediato y se encaminaron hacia la puerta sin decir nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No es nada malo, verdad, brujos? Debe ser una pequeña maldición, nada grave, ¿Verdad? ¿Verdad?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir y Geralt se marcharon sin responder una sola palabra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pasaron el resto del día preparándose para la noche. Afilaron sus espadas de plata, sus puñales, se aseguraron que llevaban en los pertrechos aceite para vampiros. Un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">garkain, </span>eso es a lo que esperaban enfrentarse basándose en la descripción de la anciana. Esos pies…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se marcharon al bosque a media tarde, llevando consigo solo lo necesario. Querían estar allí y acostumbrarse al entorno, querían hallar un claro donde la tenue luz de la luna llegara a ellos sin obstáculos. Lo hallaron, y allí se sentaron a esperar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Las sombras fueron alargándose hasta que sus límites se hicieron difusos, la pálida luna arrancaba destellos de plata al rocío de la hierba. Geralt fue el primero en beber del elixir, mientras él se retorcía por sus efectos Vesemir cogió la gallina que su pupilo robó de un corral, la apoyó sobre un tocón de árbol y de un tajo le arrancó la cabeza. La sangre manó y chorreó por el tronco, cuando tocó pasto Geralt volvió en sí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con los ojos inyectados en sangre y las venas latiéndole en el rostro y todo el cuerpo, el joven brujo asintió dando la señal a Vesemir. El viejo maestro apenas si se retorció un poco al beber del elixir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vamos —dijo luego, con la voz gélida—. No tardará en aparecer.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se escabulleron hacia el límite del bosque. Allí se agazaparon tras unos matojos, con las manos apretadas alrededor de las empuñaduras de sus espadas de plata.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No tardó en aparecer, pero no era la criatura que esperaban. La figura que emergió al claro desde el otro lado del bosque era esbelta y menuda, y se movía silenciosa y elegante, con la cabeza erguida. Sin embargo, caminaba directo hacia la gallina decapitada. Y junto a este se detuvo, y al observarla retrocedió un par de pasos y se llevó las manos a la cabeza. Para echarse atrás la capucha. Geralt la reconoció enseguida: era la joven cuya mirada era un imán para la suya.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo atinó a salir de su escondite y gritarle que se fuera, pero Vesemir le cogió con fuerza el brazo y se lo impidió. Geralt le miró con cólera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hablé con ella bajo el sol, viejo tonto —le dijo, sin un ápice de cariño o burla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir le miró un instante, luego le soltó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt salió al encuentro de la joven.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Debes irte —espetó—. Corres peligro aquí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha retrocedió horrorizada al ver el rostro del joven brujo, sacó del cinturón una daga.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡No te me acerques, brujo! —La voz le salió como un graznido agudo—. No soy presa fácil.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Claro que lo eres. Nos has seguido, quieres que nos echemos para atrás. —Geralt negó con la cabeza—. Ya es tarde, niña. Vete, regresa por dónde has venido o saldrás lastimada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Eres un monstruo —siseó la joven—. Pero yo no les temo a los monstruos. Y te equivocas, no los he seguido, brujo. Camino hacia dónde hallaron muerta a la mitad de mi alma, y no daré la vuelta hasta haber llegado allí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y dicho esto, la mujer echó a caminar y pasó junto a él. Geralt la cogió de la muñeca, sus miradas se encontraron, ambos desafiaron al otro a apartarla. El brujo perdió, desvió la vista y divisó a Vesemir escondido tras el matojo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De pronto le dio la espalda a su maestro. Soltó a la joven, pero fue tras ella. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt iba con los sentidos alertas detrás de la muchacha. Sus oídos captaban el aleteo de los murciélagos a pesar del estruendo de los sapos y el ulular de los búhos. Sus ojos se movían a un lado y al otro, captaban la carrera de un ratón y el suave movimiento de una serpiente, aun cuando pegaba la vista demasiado a menudo en la espalda de la mujer, en sus caderas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron a otro claro, más pequeño que el anterior. Había allí un túmulo de piedras, y sobre este una lámpara encendida. El brujo comprendió que ese era el lugar donde hallaron a la muchacha muerta y guardó las distancias, atento a su alrededor. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con el rabillo del ojo advirtió que la joven se arrodillaba junto al túmulo y dejaba una flor encima. Cuando ella alzó la vista para mirarle, él desvió la suya fingiendo oír algo al otro lado. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Luego la joven se sentó en una roca separada del resto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Por qué viniste, brujo? —preguntó ella, sin mirarle.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Que por qué? Porque mi trabajo es defender a la gente de los monstruos, por eso.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero lo haces por dinero, y yo no te lo he ofrecido. —Ahora sí le miró—. No te he ofrecido nada.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pero esos ojos</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, se dijo Geralt, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">esos ojos me dicen que tome lo que quiera de ti si es lo que deseo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Haz rápido lo que sea que debas hacer aquí —dijo el brujo, luchando contra sí mismo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La mujer se levantó y caminó hacia él, Geralt sabía que debía retroceder, pues el peligro rondaba a su alrededor, pero los pies no le respondieron.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Haré lo que sienta —pronunció ella, deteniéndose delante de él—, pero espero no sea rápido. Sería una decepción.</span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Atrás, niña —dijo Geralt, echando un vistazo alrededor—. Es…</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven le apoyó el dedo índice en los labios.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Shhh, yo ya no soy una niña —le contestó,y poco a poco fue bajando el dedo a través de su mentón, su pecho,  su vientre, el brujo sintió un escalofrío difícil de dominar. La joven no se detuvo, metió la mano en sus pantalones, le agarró su masculinidad—. Y tú tampoco lo eres, brujo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Detente</span></span><span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> —dijo Geralt, pero ni él fue capaz de creer sus palabras.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven esbozó una sonrisa torcida, comenzó a acariciar hacia arriba y hacia abajo su miembro erecto, hacia arriba y hacia abajo, y el joven brujo ya no pudo contenerse. Soltando la espada, la apretó contra su cuerpo y la besó con fuerza, brusco por la inexperiencia y el deseo.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos compartían esa ignorancia, pero lo único que necesitaron fueron las ganas que les consumían por dentro, como un fuego de hojas secas que se enciende súbitamente.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pronto las ropas cayeron y la luna bañó sus cuerpos desnudos, la joven despegó sus labios de los de Geralt y se recostó de espaldas sobre el chal tendido en la hierba. Él sonrió, tanto con la boca como con los ojos.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No te distraigas, brujo. Deja las sonrisas para después.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se recostó sobre ella, entró en ella ayudándose con una mano, soltó un ronco gruñido. El brujo empezó despacio, penetrándola con cuidado, ella echó atrás la cabeza y soltó un gemido agudo. Pero cuando Geralt sintió las piernas de la muchacha rodeando sus nalgas, y en los ojos negros brilló la exigencia, su movimiento ganó velocidad y potencia. Los gemidos de ambos acallaron los ruidos de la noche.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El colgante del lobo de Geralt golpeaba con fuerza su pecho, pero él no quería parar y sacárselo. Ante la molestia, se recostó sobre la joven, y al hacerlo la muchacha emitió un sonoro grito. El brujo lo confundió con un grito de placer y cerró los ojos, con su cabeza junto a la de la joven, pero ella comenzó a revolverse bajo él sin dejar de gemir, y él sintió de pronto algo clavándose en sus hombros y bajando por su espalda.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aquello le dolió, y le llevó a abrir los ojos de golpe. Y entonces vio el cambio, lo que tenía debajo se retorcía y su bello rostro de mujer daba se deformaba horriblemente, y en su boca aparecieron largos colmillos.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De repente una poderosa corriente de aire le golpeó por un costado y le lanzó lejos, apartándole del monstruo. Geralt rodó por el suelo y soltó una maldición al levantarse y ver a Vesemir, espada en mano, cara a cara con el garkain. Su maestro le había apartado con la señal de Aard</span></span><span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo y el vampiro se midieron como en una danza, Vesemir hacía giros con las muñecas para distraer la atención del monstruo con su espada, llevándole a equivocar el movimiento de los pies. Pero el Garkain se hartó pronto y se lanzó sobre él con un zarpazo. El viejo brujo se hizo atrás a tiempo, retomó su táctica.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt fue a por su espada, tenía intención de ayudar, aunque fuera desnudo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aparta, muchacho —lo reprendió su maestro—. No hay lugar para dos brujos aquí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De nuevo Vesemir se echó hacia atrás cuando las garras del vampiro le arañaron el cuero de la armadura. Aún no atacó. Esperó al tercer ataque y entonces, en lugar de retroceder, saltó y tajó en ascendente y vertical, rebanando el brazo del garkain por la articulación del codo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La criatura aulló, pero contestó con un manotazo repentino de su otro brazo y le dio al brujo en el hombro, lanzándolo por el aire; Vesemir cayó al suelo con fuerza y aturdido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt, ya armado, vio que el vampiro iba a saltar encima de su maestro. Se lanzó en carrera con rápidas zancadas, con los cabellos blancos flotando al viento, y saltó al mismo tiempo que el monstruo, dibujando un arco con la espada. El filo de la hoja de plata se encontró con el vampiro en el aire, abriéndole el vientre de lado a lado, y la criatura cayó sobre Vesemir ya sin fuerza en su ataque.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo lo liquidó de inmediato con su puñal de plata, luego se lo quitó de encima de un empujón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Puaj —gruñó Vesemir, viendo que el monstruo le había dejado encima las vísceras. Los hizo a un lado de un manotazo y logró ponerse en pie—. Necesitaré un baño, y mis ropas también.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt, todavía con la respiración agitada, relajó el agarre de su espada y se irguió.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Cómo lo supiste, Vesemir? —preguntó, mirándolo con fastidio—. ¿Cómo supiste que el responsable de las muertes era un maldito doppler y no un verdadero vampiro? </span><br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Un garkain siempre es un garkain —gruñó Vesemir—, no había manera de que se transformara por la abstinencia de sangre. El hijo de la curandera imitó al vampiro que vio la primera noche, y no resistió su maldad. —El viejo brujo suspiró—. No, jamás existieron las gemelas. La chica que tú conociste yace bajo tierra.</div>
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo masticó su rabia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y maldita sea, aunque lo sabías me dejaste solo con él. —gruñó—. Iba a matarme al acabar, Vesemir, lo que hizo no era por placer. Quería tenerme desprotegido. ¿Qué pretendías al dejar que me follara a ese bicho?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Quieres la verdad, Lobo? —preguntó el maestro, y se lanzó de rodillas junto al doppler-vampiro para decapitarlo—. Es esta: me hago viejo y perezoso, y quería aprovechar todo este asunto para darte de una vez dos lecciones diferentes: no te tires a nadie en medio del trabajo, y no te fíes por la apariencia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt negó con la cabeza, miró hacia otro y dijo algo por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Olvidas que tengo el mismo oído que tú —sonrió Vesemir—. Sí, todo es por las malditas lecciones. Y no hay mejor enseñanza que una experiencia que recuerdes el resto de tu vida. </span>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Nota del autor</span>: Este relato está dedicado a Sashka, por el simple motivo de que sin su insistencia se habría quedado donde merecía estar antes de esta revisión (en lo profundo de mi notebook). ¡Gracias por tu ayuda, amiga!<br />
<br />
<span style="text-decoration: underline;" class="mycode_u">Pedido del autor</span>: Aquel alma agradecida que lea este relato de principio a fin, haría bien en ver el perfil de <a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&amp;uid=99" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">@Sashka</a> y dejarle un punto positivo a su reputación. Donde diga "deje su comentario" escriban esto: "Por haberme ahorrado las guarradas de Franco, gracias!". De verdad, lo merece.<br />
<br />
Ahora sí, el relato:<br />
<br />
<br />
<br />
LAS ENSEÑANZAS DE UN BRUJO II (maldita porquería que no me lo centra)<br />
<br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A caballo llegaron entre la niebla, guiados por los cuervos. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ninguno de los dos alzó la vista al pasar bajo el destartalado cartel de bienvenida, siguieron hasta el final de calle envueltos en sus largos ropajes oscuros. Aquellos que les vieron pasar en dirección al cementerio dirían después que eran espectros que venían al pueblo a llevarse a los pecadores que yacían bajo tierra. Aquellos a los que ayudaron más tarde, dirían lo mismo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Desmontaron al llegar a la entrada del camposanto, atando sus monturas a unos árboles cercanos, luego traspusieron la verja. Siguiendo el caminito empedrado que nacía de ella, anduvieron hasta una enorme haya, bajo la cual estaban reunidas unas veinte personas. Rodeaban una tumba abierta donde descansaba un ataúd.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos brujos se mezclaron con ellos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El orador siguió hablando sin interrupción, hasta que en un determinado momento un sujeto calvo y rechoncho cogió una piedra del suelo y la arrojó con rabia hacia las ramas del árbol: los cuervos huyeron entre burlas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Váyanse, malditos pájaros del averno! —exclamó el sujeto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir le reconoció como familiar directo de la víctima.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt estaba concentrado en otra cosa. Las jóvenes mujeres entre la gente le miraban con claro interés a pesar de las circunstancias y de la capucha que le ocultaba gran parte del rosto, y él disfrutaba de ello haciéndose el desentendido. Logró esto hasta que sin querer posó los ojos en una de las mujeres. Era joven, tal vez rondaba los veinte, y como las demás vestía un largo vestido negro. Pero a Geralt lo que le atrajo no fue su figura de mujer, sino unos ojos delineados de negro, fijos en él desde detrás del velo. El brujo sintió que esos ojos, unidos a la particular forma de su nariz, le invitaban a mirarla, y lo hizo por un tiempo que fue incapaz de calcular.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se sobresaltó cuando Vesemir le codeó por un lado.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Esperaremos a que termine —dijo el maestro brujo—, mi vieja intuición me dice que aquí hay dinero para nosotros. Y ya sabes, mi vieja…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tu vieja intuición no falla, lo sé —le cortó Geralt, y al alzar la mirada para encontrar a la joven, ya no volvió a verla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">En el momento en que echaron la última palada sobre la tumba, y cuando ya la gente había comenzado a marcharse, el sujeto que arrojó la piedra se les acercó con el ceño fruncido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aquí vamos —dijo por lo bajo Vesemir, y tosió para ocultar sus palabras.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No les conozco a ustedes —dijo el sujeto, cruzándose de brazos y echando hacia delante su voluminoso vientre—. ¿Quiénes son?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con disimulo, Vesemir miró a un lado y dejó que el otro advirtiera sus dos espadas al hombro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Brujos? —siseó el hombre, agachó la cabeza con los ojos entornados para espiar bajo las capuchas—. ¡Sí! ¡Esos ojos! Que me rompa una pierna si acaso no son brujos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A Geralt le extrañó que el hombre no soltara alguna frase agresiva, algún mote despectivo. A Vesemir no, Vesemir conocía las actitudes de quienes solicitarían su ayuda a la brevedad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Brujos —asintió el viejo maestro, echándose atrás la capucha. Miró a su pupilo por sobre el hombro, con un movimiento de las cejas le instó a imitarle—. Este es Geralt. Yo soy Vesemir. Le doy mis condolencias por la pérdida.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El gordo escupió al piso.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Me cago en las condolencias —dijo—. De ná’ sirven, mi hija está ahora ahí abajo, encerrada en ese sucio cajón, y las putas condolencias no la levantaran.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nada lo hará, señor —replicó Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—A menos que se convierta en una aparición —dijo Geralt, dando un paso al frente para tomar la iniciativa y demostrarle a su maestro que ya era capaz de pactar un precio por su cuenta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿U… una aparición? —tartamudeó el sujeto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y de las feas. Nada de la belleza que tuvo en vida. Ahora que lo pienso, no tengo idea por qué se le alargan las lenguas hasta alcanzar medio metro…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡Nunca! ¡No es posible que eso le suceda a mi hija!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No? —preguntó Geralt—. Claro que no, ¿en qué pensaba? —Cruzó los brazos, se encogió de hombros—. Bueno, a menos que haya dejado algo sin resolver… una gallina que alimentar, un pantalón que tejer, un encargo que su padre le haya hecho…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos brujos notaron que el sujeto había comenzado a sudar, oyeron el chasquido de su garganta cuando tragó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y cómo… cómo se evita tal horror?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Dándole paz al muerto —contestó el joven brujo, sin un ápice de sentimiento.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Paz? ¿Paz? ¡Por supuesto! ¡Si era preciso lo que yo iba a decirles! ¡Hay que cazar al monstruo que la mato!</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt miró a Vesemir de soslayo, con una sonrisa torcida.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y qué clase de monstruo es ese? ¿Alguien le ha visto?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Nadie, joven brujo. Nadie. Oh, pero es una maldito monstruo, eso seguro, cruel y mal habido, el bastardo me la… me la violó antes de…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al oír esa palabra, Vesemir dio un manotazo a su pupilo y le hizo a un lado.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Los brujos matamos monstruos —dijo el brujo maestro, y aclaró—: Bestias no humanas. Esas bestias no violan, señor. Le reitero mis condolencias.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Tras una sutil reverencia, el anciano brujo hizo un gesto con la cabeza a Geralt y giró listo para marcharse.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aguarden, aguarden, brujos. —El gordo corrió tras ellos y tras ponerles una manaza en los hombros les obligó a dar la vuelta—. Tienen que ayudarme, por favor. Las heridas que tenía mi hija… el carnicero dijo que no eran de cuchillo, sino de… garras, garras largas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir soltó un suspiro, miró a su pupilo y sus ojos dijeron ‹‹Haz que valga la pena››.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt asintió una vez con la cabeza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Haremos esto —dijo—. Investigaremos la muerte de su hija hasta hallar pruebas de si es un monstruo o no. Si no lo es, nos iremos del pueblo. —Geralt miró lo largo del hombre de arriba abajo—. Con cien monedas de las tuyas. Si es un monstruo… bueno, el precio aumentará de manera considerable, eso dalo por seguro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El gordo bufó y pataleó, mas al final aceptó el trato.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Bien —dijo Vesemir—, ahora díganos cuanto sabe y quién puede saber más.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aquella mañana hablaron con el carnicero, y este les contó con mayor detalle la magnitud y forma de las heridas de la joven (a falta de un matasanos en la aldea, sobre él habían caído las labores de examen). Dijo que tenía marcas de estrangulamiento en el cuello, una mordida en el hombro, que sus pechos estaban arañados, y que su entrepierna tenía sangre.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos brujos se habían mantenido inexpresivos durante todo el relato. Al regresar a la calle, sin embargo, ambos sintieron la necesidad de ir a la taberna y beber algo. Lo más fuerte que hubiera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Mientras bebían sentados ante una de las mesas, silenciosos y cabizbajos en el leve bullicio del lugar, un anciano se les acercó, acomodó con dificultad una silla y tomó asiento junto a ellos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt le miró con algo de interés. Los ojos del anciano tenían el color gris celeste de los ciegos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Brujos —dijo el viejo—. Oh, sí, solo los brujos beben en silencio si tienen compañía. Y el ruido del metal contra el cuero…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué quieres, viejo? —preguntó Geralt. Su maestro le miró con una cuota de enfado, él se encogió de hombros—. Vamos, Vesemir, mírale, ¿cómo quieres que le llame?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Anciano —dijo el maestro brujo, arrastrando su tarro hacia el ciego—. ¿Está al tanto de algo que dos brujos deban saber?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hum —rumió el viejo—. Hum.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Hum? —gruñó Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir hizo una seña clara a su pupilo, el joven brujo negó con la cabeza enérgicamente. Pero como el maestro le mantuvo la mirada, señal inequívoca de que hablaba muy en serio, Geralt dio un último trago a su vaso y luego lo arrastró hasta dejarlo delante del extraño viejo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Este sonrió con una sonrisa de cuatro dientes antes de beber uno tras otro y de una sola una vez el contenido de ambos tarros.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hum, resulta que conozco cierta historia que podría explicar ciertos asesinatos —pronuncio el viejo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Genial —dijo Geralt con fastidio, echándose atrás en la silla—. Emborrachamos al vejestorio para que se invente una de las buenas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Inventar? —tronó el ciego—. Oh, no, con la de cosas que suceden en la vida real, ¿para qué uno habría de inventar otras que les compitan? —Chasqueó la lengua contra el paladar—. Nada de eso, brujos. Paren sus orejas y óiganme bien, porque no es ésta una historia hecha para repetirse.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Justo en ese momento, al mirar a un lado para dejar patente su molestia, la mirada de Geralt se encontró con la de la joven mujer del cementerio, esa cuyos ojos le habían hipnotizado. Y ahora ya no tenía el velo, y el brujo leyó lo que le decían: ‹‹atrévete, atrévete y verás››.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La mujer se encaminó hacia la puerta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La juventud, y el poco entusiasmo que le despertaba el tener que escuchar los desvaríos de ese viejo, llevaron a Geralt a atreverse.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Creo que necesito algo de aire —dijo, y sin mirar a Vesemir se levantó y fue tras la mujer.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se encontraron detrás de la posada. El brujo había seguido el perfume de la mujer hasta allí, el aroma dulzón de la miel. La joven parecía estar esperándole, se había sentado en un banquito que nacía de la pared, y miraba hacia el bosque que se extendía delante de ella. Geralt se le sentó al lado, permanecieron en silencio durante varios minutos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Por qué fuiste? —dijo de pronto la mujer. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo de cabellos blancos no le comprendió, pero al cabo sintió sobre él la mirada de esos ojos negros y fue obligado a entender.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh. Los cuervos. Vesemir dice que un brujo debe guiarse por los cuervos en lugar que por el sol. —Guardó silencio hasta que la joven dejó de mirarle, él aún no se había atrevido a girar hacia ella la cabeza—. Tú también estabas allí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De soslayo advirtió como ella asentía con suavidad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Era mi hermana —reveló—. Mi hermana gemela.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt la miró, ahora fue la joven la que le evitó manteniendo la vista al frente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Lo siento —dijo el brujo. Mentía, no sentía nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Yo lo sabía —expresó ella—. Sabía que iba a ser ella quien se fuera primero. Y joven. Demasiado buena para este mundo tan oscuro. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Le daré paz. Mataremos al culpable.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Sus miradas se encontraron por fin.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ya está en paz —dijo ella—. Nada perturba su descanso ahora, nada opaca su belleza. ¿Quieres hacerme un favor, brujo? Vete del pueblo, vete tú y tu amigo. El dinero que te prometió… mi padre no lo tiene, le traerás problema, brujo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y dicho esto, la joven se marchó en silencio.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">A mediodía ambos brujos echaron a caminar por el sendero del bosque, siguiendo la pista que el viejo ciego le había dado a Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Entonces qué fue lo que te dijo? —preguntó Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Ahora sí te interesas? —le recriminó el maestro, con un tono llano. Luego agregó, más burlón—: Ya no hay ninguna jovencita cerca, ¿verdad?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo murmuró lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Olvidas que tengo el mismo oído que tú, Lobo. —Vesemir soltó una pequeña carcajada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se mordió los labios para no decir lo que pensaba.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Resulta que hay una historia bastante interesante alrededor de la curandera que vive en este bosque —le explicó el maestro brujo—. Una que menciona cierto hijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿La típica historia de la bruja solitaria que tuvo un hijo con un diablo? —bromeó Geralt—. Oh, sí, que interesante. Y dime, ¿por casualidad esta curandera vive en una casa de jengibre y le regala chocolates a los niños?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No te burles de las historias, Lobo. Todas tienen por lo menos un detalle que es cierto. —Siguió caminando unos cuantos pasos, luego soltó—: Y si, es la típica historia de la bruja que tuvo un hijo con un demonio. Un hijo deforme, para más precisión. El anciano ciego dijo que fue lo último que vio antes de perder la vista, hace ya tres décadas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Puras chapuzas, Vesemir. Y lo sabes.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Shh, mira, allí está la cabaña. —El viejo brujo se detuvo—. Geralt. Yo iré a la casa y hablaré con ella. Tú date una vuelta por alrededores y… asegúrate que todo marche bien.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se separaron bajo el arco del jardín del cual colgaba el cráneo de un ciervo. Geralt se alejó por un costado, pesado y sin mucho ánimo, sentía que estaban perdiendo el tiempo otra vez. Incluso llego a murmurar que su maestro estaba un tanto chocho y su olfato para estas cosas ya comenzaba a fallar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Anduvo durante un rato, caminando entre las huertas, dándole nombres a las hierbas que veía para entretenerse con algo. No las conocía a todas, sin embargo, y eso le molestó al punto que dejó de hacerlo pronto. Si Vesemir llegaba a enterarse de ello, le haría repasar noche tras noche por enésima vez esos viejos compendios de herboristas amontonados en Kaer Morhen.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pasaron unos diez minutos antes de que algo llamara verdaderamente su atención. Y no fue algo que vio, sino que escuchó: un ruido distinto bajo el peso de su cuerpo. Al agacharse, advirtió que bajo una hiedra con flores celestes se asomaba un trozo de madera. En cuanto vio las cadenas, cortadas y llenas de herrumbre entre la hierba, supo que aquello era una trampilla y que había sido violada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Mirando hacia la casa, Geralt advirtió que una de las ventanas de esta daba hacia allí, incluso vislumbraba la silueta de la anciana a través del cristal. Mejor apartarse de allí antes de que le viera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aguardaron la noche en las inmediaciones de la cabaña, esta se presentó sin luna. Tanto mejor, ellos no necesitaban la luz para moverse. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt encontró la trampilla con facilidad, luego valiéndose de unos cuchillos cortaron la hiedra. Fue el joven brujo quien después cogió el tirador y lo asió hacia arriba, fue el viejo quien descendió en primer lugar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Diez escalones tuvieron que bajar antes de apoyar las botas sobre una superficie firme. Ahí abajo la oscuridad era total, incluso para ellos. Entonces Vesemir cogió su antorcha y la encendió valiéndose de la señal Igni, enseguida el sótano se dibujó bajo la luminosidad anaranjada. Era un espacio cuadrado tan pequeño como esperaban, semejante a la celda de una mazmorra, como en estas las paredes y el suelo eran de piedra cruda. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt avistó algo y avanzó y se acuclilló, luego ante la mirada atenta de su maestro alzó una cadena que yacía en el suelo. La cadena tenía grilletes. Estos estaban abiertos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se acercó a la pared del fondo, arrastró la mano por ella y halló los huecos de los tornillos que habían asegurado el soporte; dicho soporte había sido arrancado a la fuerza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Un hombre no sería capaz de hacerlo —dijo el maestro brujo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt estuvo de acuerdo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y se necesita una gran fuerza para abrir estos grilletes sin la llave. —El joven brujo se movió por el sótano sin levantarse del todo, se detuvo al encontrar otro objeto—. Un cuenco.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir lo cogió al vuelo cuando el otro se lo arrojó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Tu amiga la anciana alimentaba a una bestia —dijo Geralt.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—A una bestia o… a su hijo —pronunció Vesemir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo se puso en pie y miró hacia la escalera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Quizá esa bestia era su hijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Amaneció. Vesemir golpeó la puerta de la cabaña y retrocedió unos pasos, Geralt se hallaba detrás de él. Oyeron la llave encajando en el candado, el chirrido de un cerrojo que se corre, luego el quejido de las bisagras.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Al otro lado del umbral apareció la curandera y Geralt la estudió con cuidado. La piel de la anciana era</span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> de color cetrino, ligeramente rosado en las mejillas y con algunas manchas oscuras a un lado de la frente, en el nacimiento de su cabellera blanca y trenzada. Un collar de maderas pintadas le daba colorido a su aspecto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Ha regresado, noble brujo —dijo la anciana, con una voz un tanto aguda—. Oh, y ha traído a su hijo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir y Geralt volvieron la vista uno hacia al otro por un instante, pero evitaron que sus miradas se cruzaran.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si —dijo el maestro brujo. Y al ver que la curandera se los quedó mirando con una sonrisa en el rostro, fingió una tos.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh, ¿quieren pasar? He preparado té esta mañana, aún debe estar caliente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos entraron y se sentaron ante una mesa circular, la anciana se acercó a un caldero, levantó la tapa y con un gran cucharon sirvió en dos tazas. Las dejó frente a sus visitantes antes de tomar asiento también.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué los trae por aquí, queridos brujos? —preguntó la curandera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt sorbió un poco del té para dejar que Vesemir contestara, pero se arrepintió en el acto, pues el líquido tenía un sabor tan salado e inesperado que le hizo dar una arcada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Está bueno el té? —inquirió la anciana con una sonrisa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo tragó con dificultad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Es una receta suya? —quiso saber.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Oh, sí —soltó una risita traviesa—, pero es un secreto de familia, no puedo decírtelo a ti, picarón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt dejó la taza sobre la mesa y la empujó lejos suyo, seguro que el ingrediente secreto era agua de mar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir reprendió a su pupilo con la mirada, refunfuñando mentalmente por lo exagerados que eran los muchachos ahora. Luego bebió un sorbo del té para demostrar que los hombres de su edad podían soportar cualquier cosa. Geralt arqueó una ceja y le miró de lado, soltó una risa cuando su maestro devolvió el líquido a la taza.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué sucede, noble brujo? ¿Acaso a usted le desagrada mi receta?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir se cubrió la boca con el guante y escupió en él disimuladamente para sacarse el mal sabor.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Claro que me gusta —contestó—, es que está muy caliente.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—En ese caso puedo darle agua más fría…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡No! —replicó enseguida, alzando un poco la voz. Luego forzó una sonrisa y habló bajito—: Lo dejaré que se enfríe.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir miró a su pupilo, el maldito ahora reía solo con los ojos. El viejo brujo tosió para aclararse la garganta.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Regresamos porque deseamos hablar con usted, señora —dijo—. De un asunto importante, en el que necesitaremos de la misma sinceridad que me demostró ayer.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Todo gesto amable desapareció del rostro de la anciana, a pesar de que mantuvo la sonrisa. Pero esta… esta decía ‹‹no lo deseas, de verdad que no››.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir la leyó en el acto, miró a su pupilo en busca de su irreverencia juvenil, pero como Geralt había leído tal cual esa expresión le señaló con la cabeza a la anciana, invitándole a hablar él mismo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo volvió a toser y pronunció:</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Queremos saber acerca de su hijo, señora.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Esas palabras borraron definitivamente la sonrisa de la curandera, sus labios se fruncieron y las arrugas sobre estos se hicieron más notorias. De pronto se puso en pie, caminó hasta el caldero y cogió otra taza para servirse a ella, pero la mano le temblaba tanto que esta se le resbaló y se fragmentó en miles de piezas al estrellarse contra el suelo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los brujos miraron desde sus sillas sin mover un músculo, fríos como la hoja de un estilete en la oscuridad.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La anciana, sabiendo que de aquellos ojos curiosos no podría escapar, regresó sobre sus pasos y se sentó otra vez, casi dejándose caer en la silla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Mi hijo es bueno, brujos. —Unas lágrimas habían aparecido en sus ojos—. Es buen chico, no le haría daño a nadie…, ya no… aprendió la lección… Es distinto, especial, pero eso no le convierte en un monstruo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si eso cree —dijo Geralt, agrio—, ¿por qué le mantenía encerrado bajo tierra?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Los ojos de la curandera relampaguearon hacia él, el caudal de lágrimas que se deslizaba por sus mejillas rosadas aumentó de manera considerable.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Por qué? —sollozó—. ¡Para cuidarlo! ¡Es mi hijo, mi único hijo, y jamás dejaré que le hagan daño! </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Bajando apenas la mirada, el joven brujo advirtió que la anciana apretaba la empuñadura de un cuchillo bajo la mesa.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Si es un buen muchacho —habló calmo el viejo maestro—, nada debe temer de nosotros. Pero escuche bien: en el bosque que rodea su cabaña han muerto niñas, señora, jovencitas. Ayúdenos a descartar a su hijo como responsable. Díganos, sea sincera, ¿cuándo escapó de allí abajo?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La mujer miró hacia la ventana a través de la cuál Geralt la había visto a ella desde fuera, soltó un largo suspiro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Doce noches. Escapó hace doce noches.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Maestro y pupilo se miraron, tenían el dato de que el primero de los asesinatos había ocurrido diez días atrás.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Lo ve? —dijo Geralt esbozando una sonrisa—. La primera víctima murió hace un mes —mintió—. Su hijo no ha sido, señora, lo más probable es que haya corrido lo más lejos posible de este lugar. —Miró a Vesemir, le hizo una de las tantas señas que el viejo brujo solía usar con él.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir frunció el ceño, luego cayó en la cuenta de lo que planeaba su pupilo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Es cierto —pronunció—, lo hemos visto decenas de veces, cien tal vez. Rara vez regresan a casa. ¿Pero usted desea que vuelva, cierto, señora? Por supuesto, es su hijo, su único hijo. Escúcheme bien entonces, pronto nos iremos del pueblo y quizá nos crucemos con él en el camino. ¿Podría describir a su hijo, de manera que podamos reconocerle y decirle lo mucho que usted le extraña?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La anciana seguía mirando hacia fuera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Cuando nació fue un niño hermoso, oh, aún lo recuerdo, mi bebé… —sonrió ante la imagen que se dibujó en su cabeza—. Y siguió siendo hermoso y bondadoso durante años, hasta que llegó a los quince. Entonces… una mañana, fui a despertarle y no estaba en su cama. Oh, y no regresó durante tres días. Creí que se había enfadado conmigo, que me castigaba por algo, y como era la primera vez y yo entendía que estaba creciendo lo dejé estar. —Negó con la cabeza, pesarosa, al volver la mirada hacia ellos—. Pero desde aquel día ya no volvió a ser el mismo. Durante el día no quería salir, o lo hacía cubierto de pies a cabeza a pesar de que el sol estuviera radiante fuera. Y en la noche… en la noche se escapaba hiciese lo que yo hiciese para evitarlo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt y Vesemir se miraron uno al otro, ambos pensaron lo mismo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Y que la llevó a encerrarle? —preguntó el viejo brujo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Más de una vez le encontraba en la cama, luego, con sangre en las ropas. —La mujer asintió, lo tenía muy presente en su memoria—. Lo toleré algunas veces, porque era mi hijo y yo creía que tal vez se juntaba con otros chicos de su edad y se divertían con rituales inofensivos y tal… pero… la última vez, hace ya cinco años, trajo ropas ensangrentadas que no eran las suyas, y tenía sangre en la boca. —La anciana volvió a llorar—. Al día siguiente le di un té de hierbas y le mandé bajar al sótano. Allí le encerré y esperé a que el somnífero hiciera efecto. Luego le encadené, Garjei me ayudó. Oh, pero le alimentaba todos los días, haciendo oídos sordos a sus suplicas. —Hizo una pausa, terminó con un hilo de voz—: Quería sangre. Mi muchacho me pedía sangre.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Qué apariencia tenía cuando la asustó de verdad? —preguntó el viejo brujo, leyendo en la mirada de la curandera que algo le había llevado a no regresar allí abajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Su piel se volvió gris un día, su rostro se desfiguró y ya no tenía cabello. Oh, y… tenía el cuerpo mucho más fornido, y garras en lugar de manos, y los dedos de los pies, a pesar de todo lo demás, de alguna manera eso fue lo que me aterrorizó más. Tenía cinco dedos, pero divididos en tres grupos: el pulgar por un lado, el siguiente y el del medio por otro, y los restantes en otro.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ante esta información, los brujos se sintieron conformes, se levantaron casi de inmediato y se encaminaron hacia la puerta sin decir nada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿No es nada malo, verdad, brujos? Debe ser una pequeña maldición, nada grave, ¿Verdad? ¿Verdad?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir y Geralt se marcharon sin responder una sola palabra.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pasaron el resto del día preparándose para la noche. Afilaron sus espadas de plata, sus puñales, se aseguraron que llevaban en los pertrechos aceite para vampiros. Un <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">garkain, </span>eso es a lo que esperaban enfrentarse basándose en la descripción de la anciana. Esos pies…</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se marcharon al bosque a media tarde, llevando consigo solo lo necesario. Querían estar allí y acostumbrarse al entorno, querían hallar un claro donde la tenue luz de la luna llegara a ellos sin obstáculos. Lo hallaron, y allí se sentaron a esperar.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Las sombras fueron alargándose hasta que sus límites se hicieron difusos, la pálida luna arrancaba destellos de plata al rocío de la hierba. Geralt fue el primero en beber del elixir, mientras él se retorcía por sus efectos Vesemir cogió la gallina que su pupilo robó de un corral, la apoyó sobre un tocón de árbol y de un tajo le arrancó la cabeza. La sangre manó y chorreó por el tronco, cuando tocó pasto Geralt volvió en sí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con los ojos inyectados en sangre y las venas latiéndole en el rostro y todo el cuerpo, el joven brujo asintió dando la señal a Vesemir. El viejo maestro apenas si se retorció un poco al beber del elixir.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Vamos —dijo luego, con la voz gélida—. No tardará en aparecer.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Se escabulleron hacia el límite del bosque. Allí se agazaparon tras unos matojos, con las manos apretadas alrededor de las empuñaduras de sus espadas de plata.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">No tardó en aparecer, pero no era la criatura que esperaban. La figura que emergió al claro desde el otro lado del bosque era esbelta y menuda, y se movía silenciosa y elegante, con la cabeza erguida. Sin embargo, caminaba directo hacia la gallina decapitada. Y junto a este se detuvo, y al observarla retrocedió un par de pasos y se llevó las manos a la cabeza. Para echarse atrás la capucha. Geralt la reconoció enseguida: era la joven cuya mirada era un imán para la suya.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven brujo atinó a salir de su escondite y gritarle que se fuera, pero Vesemir le cogió con fuerza el brazo y se lo impidió. Geralt le miró con cólera.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Hablé con ella bajo el sol, viejo tonto —le dijo, sin un ápice de cariño o burla.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Vesemir le miró un instante, luego le soltó.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt salió al encuentro de la joven.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Debes irte —espetó—. Corres peligro aquí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La muchacha retrocedió horrorizada al ver el rostro del joven brujo, sacó del cinturón una daga.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¡No te me acerques, brujo! —La voz le salió como un graznido agudo—. No soy presa fácil.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Claro que lo eres. Nos has seguido, quieres que nos echemos para atrás. —Geralt negó con la cabeza—. Ya es tarde, niña. Vete, regresa por dónde has venido o saldrás lastimada.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Eres un monstruo —siseó la joven—. Pero yo no les temo a los monstruos. Y te equivocas, no los he seguido, brujo. Camino hacia dónde hallaron muerta a la mitad de mi alma, y no daré la vuelta hasta haber llegado allí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Y dicho esto, la mujer echó a caminar y pasó junto a él. Geralt la cogió de la muñeca, sus miradas se encontraron, ambos desafiaron al otro a apartarla. El brujo perdió, desvió la vista y divisó a Vesemir escondido tras el matojo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De pronto le dio la espalda a su maestro. Soltó a la joven, pero fue tras ella. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt iba con los sentidos alertas detrás de la muchacha. Sus oídos captaban el aleteo de los murciélagos a pesar del estruendo de los sapos y el ulular de los búhos. Sus ojos se movían a un lado y al otro, captaban la carrera de un ratón y el suave movimiento de una serpiente, aun cuando pegaba la vista demasiado a menudo en la espalda de la mujer, en sus caderas.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Llegaron a otro claro, más pequeño que el anterior. Había allí un túmulo de piedras, y sobre este una lámpara encendida. El brujo comprendió que ese era el lugar donde hallaron a la muchacha muerta y guardó las distancias, atento a su alrededor. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Con el rabillo del ojo advirtió que la joven se arrodillaba junto al túmulo y dejaba una flor encima. Cuando ella alzó la vista para mirarle, él desvió la suya fingiendo oír algo al otro lado. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Luego la joven se sentó en una roca separada del resto.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Por qué viniste, brujo? —preguntó ella, sin mirarle.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Que por qué? Porque mi trabajo es defender a la gente de los monstruos, por eso.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Pero lo haces por dinero, y yo no te lo he ofrecido. —Ahora sí le miró—. No te he ofrecido nada.</span><br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pero esos ojos</span></span><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">, se dijo Geralt, <span style="font-style: italic;" class="mycode_i">esos ojos me dicen que tome lo que quiera de ti si es lo que deseo.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Haz rápido lo que sea que debas hacer aquí —dijo el brujo, luchando contra sí mismo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La mujer se levantó y caminó hacia él, Geralt sabía que debía retroceder, pues el peligro rondaba a su alrededor, pero los pies no le respondieron.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Haré lo que sienta —pronunció ella, deteniéndose delante de él—, pero espero no sea rápido. Sería una decepción.</span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Atrás, niña —dijo Geralt, echando un vistazo alrededor—. Es…</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven le apoyó el dedo índice en los labios.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Shhh, yo ya no soy una niña —le contestó,y poco a poco fue bajando el dedo a través de su mentón, su pecho,  su vientre, el brujo sintió un escalofrío difícil de dominar. La joven no se detuvo, metió la mano en sus pantalones, le agarró su masculinidad—. Y tú tampoco lo eres, brujo.</span></span><br />
<span style="color: #333333;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Detente</span></span><span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size"> —dijo Geralt, pero ni él fue capaz de creer sus palabras.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La joven esbozó una sonrisa torcida, comenzó a acariciar hacia arriba y hacia abajo su miembro erecto, hacia arriba y hacia abajo, y el joven brujo ya no pudo contenerse. Soltando la espada, la apretó contra su cuerpo y la besó con fuerza, brusco por la inexperiencia y el deseo.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Ambos compartían esa ignorancia, pero lo único que necesitaron fueron las ganas que les consumían por dentro, como un fuego de hojas secas que se enciende súbitamente.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Pronto las ropas cayeron y la luna bañó sus cuerpos desnudos, la joven despegó sus labios de los de Geralt y se recostó de espaldas sobre el chal tendido en la hierba. Él sonrió, tanto con la boca como con los ojos.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—No te distraigas, brujo. Deja las sonrisas para después.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt se recostó sobre ella, entró en ella ayudándose con una mano, soltó un ronco gruñido. El brujo empezó despacio, penetrándola con cuidado, ella echó atrás la cabeza y soltó un gemido agudo. Pero cuando Geralt sintió las piernas de la muchacha rodeando sus nalgas, y en los ojos negros brilló la exigencia, su movimiento ganó velocidad y potencia. Los gemidos de ambos acallaron los ruidos de la noche.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El colgante del lobo de Geralt golpeaba con fuerza su pecho, pero él no quería parar y sacárselo. Ante la molestia, se recostó sobre la joven, y al hacerlo la muchacha emitió un sonoro grito. El brujo lo confundió con un grito de placer y cerró los ojos, con su cabeza junto a la de la joven, pero ella comenzó a revolverse bajo él sin dejar de gemir, y él sintió de pronto algo clavándose en sus hombros y bajando por su espalda.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Aquello le dolió, y le llevó a abrir los ojos de golpe. Y entonces vio el cambio, lo que tenía debajo se retorcía y su bello rostro de mujer daba se deformaba horriblemente, y en su boca aparecieron largos colmillos.</span></span><br />
<span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De repente una poderosa corriente de aire le golpeó por un costado y le lanzó lejos, apartándole del monstruo. Geralt rodó por el suelo y soltó una maldición al levantarse y ver a Vesemir, espada en mano, cara a cara con el garkain. Su maestro le había apartado con la señal de Aard</span></span><span style="color: black;" class="mycode_color"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">.</span></span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo y el vampiro se midieron como en una danza, Vesemir hacía giros con las muñecas para distraer la atención del monstruo con su espada, llevándole a equivocar el movimiento de los pies. Pero el Garkain se hartó pronto y se lanzó sobre él con un zarpazo. El viejo brujo se hizo atrás a tiempo, retomó su táctica.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt fue a por su espada, tenía intención de ayudar, aunque fuera desnudo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Aparta, muchacho —lo reprendió su maestro—. No hay lugar para dos brujos aquí.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">De nuevo Vesemir se echó hacia atrás cuando las garras del vampiro le arañaron el cuero de la armadura. Aún no atacó. Esperó al tercer ataque y entonces, en lugar de retroceder, saltó y tajó en ascendente y vertical, rebanando el brazo del garkain por la articulación del codo. </span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">La criatura aulló, pero contestó con un manotazo repentino de su otro brazo y le dio al brujo en el hombro, lanzándolo por el aire; Vesemir cayó al suelo con fuerza y aturdido.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt, ya armado, vio que el vampiro iba a saltar encima de su maestro. Se lanzó en carrera con rápidas zancadas, con los cabellos blancos flotando al viento, y saltó al mismo tiempo que el monstruo, dibujando un arco con la espada. El filo de la hoja de plata se encontró con el vampiro en el aire, abriéndole el vientre de lado a lado, y la criatura cayó sobre Vesemir ya sin fuerza en su ataque.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El viejo brujo lo liquidó de inmediato con su puñal de plata, luego se lo quitó de encima de un empujón.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Puaj —gruñó Vesemir, viendo que el monstruo le había dejado encima las vísceras. Los hizo a un lado de un manotazo y logró ponerse en pie—. Necesitaré un baño, y mis ropas también.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt, todavía con la respiración agitada, relajó el agarre de su espada y se irguió.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Cómo lo supiste, Vesemir? —preguntó, mirándolo con fastidio—. ¿Cómo supiste que el responsable de las muertes era un maldito doppler y no un verdadero vampiro? </span><br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Un garkain siempre es un garkain —gruñó Vesemir—, no había manera de que se transformara por la abstinencia de sangre. El hijo de la curandera imitó al vampiro que vio la primera noche, y no resistió su maldad. —El viejo brujo suspiró—. No, jamás existieron las gemelas. La chica que tú conociste yace bajo tierra.</div>
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El joven pupilo masticó su rabia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Y maldita sea, aunque lo sabías me dejaste solo con él. —gruñó—. Iba a matarme al acabar, Vesemir, lo que hizo no era por placer. Quería tenerme desprotegido. ¿Qué pretendías al dejar que me follara a ese bicho?</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—¿Quieres la verdad, Lobo? —preguntó el maestro, y se lanzó de rodillas junto al doppler-vampiro para decapitarlo—. Es esta: me hago viejo y perezoso, y quería aprovechar todo este asunto para darte de una vez dos lecciones diferentes: no te tires a nadie en medio del trabajo, y no te fíes por la apariencia.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">Geralt negó con la cabeza, miró hacia otro y dijo algo por lo bajo.</span><br />
<span style="font-size: medium;" class="mycode_size">—Olvidas que tengo el mismo oído que tú —sonrió Vesemir—. Sí, todo es por las malditas lecciones. Y no hay mejor enseñanza que una experiencia que recuerdes el resto de tu vida. </span>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[FANFIC] Kaer Morhen (Capítulo 21) - Saga Geralt de Rivia]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1887</link>
			<pubDate>Tue, 30 Apr 2019 21:49:17 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=577">Iramesoj</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1887</guid>
			<description><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt y Ciri se encontraban cabalgando en el frondoso bosque de Qualinesti. Habían abandonado la academia para ir a buscar setas, en un rato de ocio. Aunque el objetivo, esta vez, no era comerlas una vez recogidas, sino evitar que cayeran en manos de un mago maligno que las usaba para elaborar una pócima que convertía lagartijas en dragones, y ratas en un animal espantoso sobre el que se podía montar y sus mordiscos causaban terribles heridas.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Pararemos aquí, Ciri.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Crees que aquí habrá setas, Geralt?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Puede haber. Aquí llega poca luz, y por estas zonas es habitual verlas tanto en el suelo como en los troncos de los árboles.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras apearse de sus monturas y dejarlas atadas a una encina, Geralt tomó una navaja, y comenzó a cortar un hongo adherido a un roble. Mientras Ciri lo miraba atentamente, apareció una silueta escondida bajo una túnica negra con una capucha que hacía que su cara no fuera visible, salvo los ojos, que brillaban en la oscuridad de la capucha como estrellas en el cielo nocturno. Ante la atónita niña, extendió los brazos, dejando ver unas manos pálidas y huesudas.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Geralt! ¡Cuidado! —gritó asustada al ver el aspecto siniestro de aquel ser.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Tranquila, muchacha —susurró en encapuchado con un timbre de voz inquietante—. Solo he venido a buscar setas, como vosotros.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ciri comenzó a tener aún más miedo, pues comprendió que se trataba del mago maligno.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Geralt, debe ser él!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sí —respondió este desenvainando la espada—. Hazte a un lado, brujita. Si sigues entrenando podrás derrotar a seres como este, pero ahora, debo ser yo quien luche.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Parece que tenemos que batirnos en duelo —dijo el brujo de la capucha en tono susurrante—</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No si te retiras.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No sueñes, señor Geralt.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Volviendo a extender sus manos, el misterioso personaje hizo aparecer unas bolas brillantes, de un tono azulado, que se dirigían hacia Geralt, quien pudo desviarlas con sus toques de espada. Sin embargo, esto le costaba lo suficiente como para no poder acercarse. Haciendo un enorme esfuerzo desviando cinco bolas en pocos segundos, observó como una mujer rubia y atlética, ataviada con una cota de malla y un casco, se acercaba con una daga en mano, dispuesta a matar al mago. No obstante, este la percibió de algún modo, y una de las bolas golpeó la cara de la mujer, derribándola al suelo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sashka, no es tan fácil pillarme desprevenido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Iramesoj, miserable! ¡Esta vez no te escaparás!</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tanto Sashka como Geralt se dieron cuenta de que estaban ante un enemigo común sin necesidad de hablarlo, por lo que le atacaron entre los dos. El poder de Iramesoj era demasiado abrumador, y con las esferas luminosas que producía con la mano izquierda golpeaba a la guerrera, y con las de la mano derecha, al brujo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ju, ju, ju... sois débiles como hormigas, al lado de un mago legendario como yo. Ju, ju, ju</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Mientras seguía emitiendo aquella risa molesta, Sashka se acercó a Geralt y le propuso un plan.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Yo me adelantaré y tú ve detrás de mí. Seré tu escudo humano y podrás acercarte sin que te toque.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt asintió y Sashka corrió hacia el enemigo recibiendo un gran número de golpes, pero al apartarse, Iramesoj se encontró con el brujo albino, quien lo ensartó con su espada.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Miserable! —gritó con la angustia de quien se sabe moribundo—. ¡Te aseguro que...!</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No pudo continuar porque Sashka le rebanó la garganta, matándolo al instante.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Mejor así, que era muy irritante.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al ver que el peligro había cesado, Ciri se acercó a ambos.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Gracias por tu ayuda, desconocida guerrera —dijo la niña sonriendo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—De nada, pequeña —respondió devolviendo otra sonrisa—. Soy Sashka, mercenaria de profesión, pero solo mato a los que se lo merecen.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Ese mago era tu objetivo? —preguntó Geralt—. Parecíais conoceros bien.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Nos conocemos bien. Me ha costado mucho matarlo porque tiene una guarida custodiada por horribles criaturas, pero finalmente ha caído.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Interesante...tanto la historia como tú.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y tú eres...?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Geralt, Geralt de Rivia.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Intuyo que tanto tu historia como la mía son interesantes y llenas de peligros.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Sashka, cuentanos tus aventuras! —intervino Ciri.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ahora no. Si quieres ser una bruja tienes que entrenar. Has estado en peligro y hemos podido salvarte, pero debes volver con Coën, Vesemir, Eskel y Lambert.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Es verdad, pero me gustaría...</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ciri. Ya.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Estás enfadado? —preguntó mordiendose el labio.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Estoy enfadado conmigo, porque te he puesto en peligro. Te llevaré con Lambert y los demás, y...</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No te preocupes —intervino Sashka—, que le contaré muchas cosas a Geralt para que te las cuente. Además, ¿Quien sabe si volvemos a vernos? Algo me dice que será así —dijo guiñándole el ojo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Está bien.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">***</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras dejar a Ciri y volver, Sashka y Geralt se encontraron en el mismo punto donde sus caminos se cruzaron.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sentémonos allí, Geralt, a la sombra de ese árbol, y hablemos.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras hacerlo, la mujer comenzó a hablar sobre sí misma.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Me ha costado llegar a ser lo que soy. He tenido que entrenar duro, pero al final ha merecido la pena.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Cual ha sido el objetivo más dificil de eliminar?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Puede que no te lo creas, pero yo maté al rey de las cabras y a muchos de sus soldados.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt quedó muy sorprendido. El rey de las cabras, también conocido como Cabromagno, tenía un ejército cuyos soldados vestían con ropa de lana y cascos con cuernos de cabra, por lo que había recibido ese nombre. Era un caudillo militar de las estepas de Mendiverry. Tras gobernar sus dominios con guante de acero, él y su ejército desaparecieron misteriosamente. No se sabía a ciencia cierta quien exterminó aquel ejército...y ahora Geralt tenía a la responsable.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Tú...tú sola?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sí —respondió, entre tajante y arrogante—. Me surgen pocos desafíos, pues suelo acabar pronto con mis objetivos. Iramesoj me ha costado un poco más por culpa de sus mascotas abominables, pero entre tú y yo lo logramos —le dijo con un guiño—. Te encuentro muy atractivo, Geralt. Me gustan los hombres aguerridos y fornidos, y tu pelo blanco te da un aire de madurez.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿En serio? —preguntó sorprendido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—En serio, y no solo eso...has demostrado mucho instinto paternal, y eso también me gusta de los hombres. Soy guerrera, pero también madre, y me gustan los hombres que se preocupan de los niños.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt también encontraba atractiva a aquella mujer, tan aguerrida y sensible al mismo tiempo. Además, parecía una caja de misterios sin fondo, ¿Qué la habría llevado a ser así? Tras una mirada, un gesto de asentimiento, y tras un gesto de asentimiento, se fundieron en un beso.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Geralt! ¡Ven! —gritó Ciri.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt se despertó. Todo había sido un sueño. Se sintió enormemente frustrado. Se enfadó con la niña por haberle sacado de aquella bella historia que comenzaba, y a continuación, se sintió culpable por enfadarse con ella, que no tenía culpa de nada.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt y Ciri se encontraban cabalgando en el frondoso bosque de Qualinesti. Habían abandonado la academia para ir a buscar setas, en un rato de ocio. Aunque el objetivo, esta vez, no era comerlas una vez recogidas, sino evitar que cayeran en manos de un mago maligno que las usaba para elaborar una pócima que convertía lagartijas en dragones, y ratas en un animal espantoso sobre el que se podía montar y sus mordiscos causaban terribles heridas.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Pararemos aquí, Ciri.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Crees que aquí habrá setas, Geralt?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Puede haber. Aquí llega poca luz, y por estas zonas es habitual verlas tanto en el suelo como en los troncos de los árboles.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras apearse de sus monturas y dejarlas atadas a una encina, Geralt tomó una navaja, y comenzó a cortar un hongo adherido a un roble. Mientras Ciri lo miraba atentamente, apareció una silueta escondida bajo una túnica negra con una capucha que hacía que su cara no fuera visible, salvo los ojos, que brillaban en la oscuridad de la capucha como estrellas en el cielo nocturno. Ante la atónita niña, extendió los brazos, dejando ver unas manos pálidas y huesudas.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Geralt! ¡Cuidado! —gritó asustada al ver el aspecto siniestro de aquel ser.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Tranquila, muchacha —susurró en encapuchado con un timbre de voz inquietante—. Solo he venido a buscar setas, como vosotros.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Ciri comenzó a tener aún más miedo, pues comprendió que se trataba del mago maligno.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Geralt, debe ser él!</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sí —respondió este desenvainando la espada—. Hazte a un lado, brujita. Si sigues entrenando podrás derrotar a seres como este, pero ahora, debo ser yo quien luche.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Parece que tenemos que batirnos en duelo —dijo el brujo de la capucha en tono susurrante—</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No si te retiras.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No sueñes, señor Geralt.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Volviendo a extender sus manos, el misterioso personaje hizo aparecer unas bolas brillantes, de un tono azulado, que se dirigían hacia Geralt, quien pudo desviarlas con sus toques de espada. Sin embargo, esto le costaba lo suficiente como para no poder acercarse. Haciendo un enorme esfuerzo desviando cinco bolas en pocos segundos, observó como una mujer rubia y atlética, ataviada con una cota de malla y un casco, se acercaba con una daga en mano, dispuesta a matar al mago. No obstante, este la percibió de algún modo, y una de las bolas golpeó la cara de la mujer, derribándola al suelo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sashka, no es tan fácil pillarme desprevenido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Iramesoj, miserable! ¡Esta vez no te escaparás!</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tanto Sashka como Geralt se dieron cuenta de que estaban ante un enemigo común sin necesidad de hablarlo, por lo que le atacaron entre los dos. El poder de Iramesoj era demasiado abrumador, y con las esferas luminosas que producía con la mano izquierda golpeaba a la guerrera, y con las de la mano derecha, al brujo.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ju, ju, ju... sois débiles como hormigas, al lado de un mago legendario como yo. Ju, ju, ju</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Mientras seguía emitiendo aquella risa molesta, Sashka se acercó a Geralt y le propuso un plan.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Yo me adelantaré y tú ve detrás de mí. Seré tu escudo humano y podrás acercarte sin que te toque.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt asintió y Sashka corrió hacia el enemigo recibiendo un gran número de golpes, pero al apartarse, Iramesoj se encontró con el brujo albino, quien lo ensartó con su espada.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Miserable! —gritó con la angustia de quien se sabe moribundo—. ¡Te aseguro que...!</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">No pudo continuar porque Sashka le rebanó la garganta, matándolo al instante.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Mejor así, que era muy irritante.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Al ver que el peligro había cesado, Ciri se acercó a ambos.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Gracias por tu ayuda, desconocida guerrera —dijo la niña sonriendo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—De nada, pequeña —respondió devolviendo otra sonrisa—. Soy Sashka, mercenaria de profesión, pero solo mato a los que se lo merecen.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Ese mago era tu objetivo? —preguntó Geralt—. Parecíais conoceros bien.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Nos conocemos bien. Me ha costado mucho matarlo porque tiene una guarida custodiada por horribles criaturas, pero finalmente ha caído.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Interesante...tanto la historia como tú.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Y tú eres...?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Geralt, Geralt de Rivia.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Intuyo que tanto tu historia como la mía son interesantes y llenas de peligros.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Sashka, cuentanos tus aventuras! —intervino Ciri.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ahora no. Si quieres ser una bruja tienes que entrenar. Has estado en peligro y hemos podido salvarte, pero debes volver con Coën, Vesemir, Eskel y Lambert.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Es verdad, pero me gustaría...</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Ciri. Ya.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Estás enfadado? —preguntó mordiendose el labio.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Estoy enfadado conmigo, porque te he puesto en peligro. Te llevaré con Lambert y los demás, y...</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—No te preocupes —intervino Sashka—, que le contaré muchas cosas a Geralt para que te las cuente. Además, ¿Quien sabe si volvemos a vernos? Algo me dice que será así —dijo guiñándole el ojo.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Está bien.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">***</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras dejar a Ciri y volver, Sashka y Geralt se encontraron en el mismo punto donde sus caminos se cruzaron.</div>
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<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sentémonos allí, Geralt, a la sombra de ese árbol, y hablemos.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Tras hacerlo, la mujer comenzó a hablar sobre sí misma.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Me ha costado llegar a ser lo que soy. He tenido que entrenar duro, pero al final ha merecido la pena.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Cual ha sido el objetivo más dificil de eliminar?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Puede que no te lo creas, pero yo maté al rey de las cabras y a muchos de sus soldados.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt quedó muy sorprendido. El rey de las cabras, también conocido como Cabromagno, tenía un ejército cuyos soldados vestían con ropa de lana y cascos con cuernos de cabra, por lo que había recibido ese nombre. Era un caudillo militar de las estepas de Mendiverry. Tras gobernar sus dominios con guante de acero, él y su ejército desaparecieron misteriosamente. No se sabía a ciencia cierta quien exterminó aquel ejército...y ahora Geralt tenía a la responsable.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿Tú...tú sola?</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—Sí —respondió, entre tajante y arrogante—. Me surgen pocos desafíos, pues suelo acabar pronto con mis objetivos. Iramesoj me ha costado un poco más por culpa de sus mascotas abominables, pero entre tú y yo lo logramos —le dijo con un guiño—. Te encuentro muy atractivo, Geralt. Me gustan los hombres aguerridos y fornidos, y tu pelo blanco te da un aire de madurez.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¿En serio? —preguntó sorprendido.</div>
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—En serio, y no solo eso...has demostrado mucho instinto paternal, y eso también me gusta de los hombres. Soy guerrera, pero también madre, y me gustan los hombres que se preocupan de los niños.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt también encontraba atractiva a aquella mujer, tan aguerrida y sensible al mismo tiempo. Además, parecía una caja de misterios sin fondo, ¿Qué la habría llevado a ser así? Tras una mirada, un gesto de asentimiento, y tras un gesto de asentimiento, se fundieron en un beso.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">—¡Geralt! ¡Ven! —gritó Ciri.</div>
<br />
<div style="text-align: justify;" class="mycode_align">Geralt se despertó. Todo había sido un sueño. Se sintió enormemente frustrado. Se enfadó con la niña por haberle sacado de aquella bella historia que comenzaba, y a continuación, se sintió culpable por enfadarse con ella, que no tenía culpa de nada.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[Fanfic] Las Enseñanzas de un Brujo I]]></title>
			<link>http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1837</link>
			<pubDate>Sun, 14 Apr 2019 12:41:10 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="http://clasico.fantasitura.com/member.php?action=profile&uid=603">FrancoMendiverry95</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">http://clasico.fantasitura.com/showthread.php?tid=1837</guid>
			<description><![CDATA[Dejo por aquí este fanfic que escribí para un reto mensual (ya no recuerdo qué mes) con un límite de 2500 palabras. Algunos ya lo leyeron, otros tal vez tengan ganas de hacerlo, que les sirva de aperitivo para los verdaderos de fanfic, que son los de Sashka.<br />
<br />
<br />
<br />
—Ya mató a siete desgraciados —dijo Nensand. La carne que cortaba sobre el plato se resistía al cuchillo—. Si sigue así me dejará sin gente en la guarnición.<br />
—¿Ataca en el pantano?<br />
—Pues claro, durante las patrullas nocturnas. Si lo hubiese hecho aquí, de este lado de la empalizada, doy por seguro que su cabeza estaría sobre la entrada ahora mismo.<br />
—Tal vez no tenga cabeza —murmuró Geralt, bajito.<br />
—¿Qué dijo? —preguntó molesto Nensand.<br />
Vesemir miró al joven brujo.<br />
—Dice que es lo más probable, señor voivoda. ¿Hay testigo de los ataques?<br />
—Lo hay. Aquí tengo el nombre. —El voivoda rebuscó entre los papeles del escritorio mientras masticaba ruidosamente—. Aquí. Enzar Stocinsald, ballestero. Se le tomó testimonio, no dio certeza alguna.<br />
—Hablaremos con él, si nos permite.<br />
Nensand se irguió de hombros. <br />
—¿Debo entender entonces que se ocuparan de esta alimaña, señores brujos?<br />
—La proclama habla de trescientos ducados —dijo el viejo brujo, señalando con la cabeza el pergamino de piel de cabrito que sostenía su pupilo—. ¿Es esa la recompensa?<br />
—Ni un ducado más, en efecto. Y una vez el trabajo esté hecho.<br />
—Los brujos no cobramos por adelantado —aclaró Vesemir poniéndose de pie—. Tenemos un trato, señor voivoda. <br />
Sin sellar el acuerdo con un apretón de mano, el maestro y el pupilo salieron de la oficina. Adentro, Nensand siguió luchando con su carne.<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"> </span><br />
—Está bien, soldado, no hace falta que digas más —dijo el viejo brujo. El ballestero asintió lentamente y giró la cabeza hacia la única ventana de la enfermería, dándoles la espalda. <br />
Vesemir se puso de pie, su pupilo de cabellos blancos se le adelantó encarando hacia la puerta. Lo alcanzó ya bajo el sol de mediodía, girando la palanca del pozo del agua.<br />
—¿Qué crees? —preguntó.<br />
—Hum, su relato es creíble, más sus gestos huelen a pescado podrido. Un actor exagerado, me atrevería a decir.<br />
—Escupió sangre al toser…<br />
—Se habrá mordido la lengua para no decir más de la cuenta —dijo Geralt levantando los hombros—. Lo más probable es que empezara a correr ni bien olió el peligro. <br />
—Las heridas contradicen tu suposición, muchacho, préstales la atención que merecen. No eran de cuchillo, lanza o hacha. Son tres rasgones similares, uno debajo del otro. Garras, sin duda. ¿Alguna idea?<br />
La cubeta por fin apareció de las profundidades, en la superficie del agua nadaba una rana. Geralt la agarró de las patas, se le resbaló y volvió a agarrarla, y la tiró a un costado, para luego beber valiéndose de sus manos ahuecadas.<br />
—Es claro que tú ya lo sabes, Vesemir —dijo.<br />
—Quiero escucharlo de tu boca —gruñó el viejo brujo. Su pupilo lo miró imperturbable. Suspiró—: Teniendo en cuenta que estamos cerca de una ciénaga, y que los ataques fueron en la noche, estimo que hablamos de boiras.<br />
—Los boiras tienen cuatro dedos —Geralt sonrió con la boca torcida.<br />
El viejo brujo se cruzó de brazos. <br />
—La experiencia me dice que ataca con tres.<br />
Su pupilo masculló por lo bajo.<br />
—¿No puede ser una plañidera? <br />
—¿Y cómo explicarías las luces que el testigo vio?<br />
—La plañidera preparó el fuego antes de ir por la cena. <br />
Vesemir emitió un gruñido que pasó por risa. <br />
—Vamos, hay que dormir ahora. La noche será larga.<br />
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"> </span>Vesemir esquivó otra charca, Geralt insultó una vez más al enterrar su pie en ella. Llevaban dos horas dando vueltas en el pantano lindero al campamento militar, y todavía no habían divisado más que ranas, luciérnagas y alguna escurridiza serpiente. Ah, y por supuesto también…<br />
—¡Malditos mosquitos! —se quejó Geralt—. ¿Acaso están todos contra mí?<br />
—Tú no quisiste verterte vinagre ni usar los ramilletes de albahaca. <br />
—¿Y parecer un arbusto que huele peor que esta ciénaga? ¿Acaso no se puede inventar una cura que no sea peor que la…?<br />
—Chst. —Vesemir señaló a un lado.<br />
A menos de cincuenta pasos de distancia, se movían varias luces blanquecinas.<br />
El viejo brujo sacó de su soporte la ballesta y casi sin ningún sonido cargó en ella una saeta, mientras su pupilo retiró de su tahalí la espada de plata. Avanzaron furtivamente, las luces se apagaban y volvían a encenderse más lejos, pero una estaba bastante más cerca y de pronto se detuvo, se movió de arriba abajo, y en esa posición se quedó un momento. Se acercaron hasta los veinte pasos, a esa distancia Vesemir se hincó y apuntó. La luz volvió a alzarse, el viejo brujo esperaba eso y en cuanto la luz y el virote se alinearon, disparó.<br />
Se oyó un gemido ahogado y una salpicadura. La luz se apagó.<br />
—Voy a tener que aprender a usar una de esas —dijo Geralt apoyándose en su espada.<br />
Sin decir nada Vesemir guardó la ballesta, desenfundó el cuchillo. Avanzaron.<br />
—Aquí fue —dijo Geralt señalando un sector pisoteado. Poco más allá había un pequeño estanque—. Ahí dentro esta tu boira.<br />
—Sácalo.<br />
—¿No quieres ensuciarte, anciano?<br />
—Tú ya estas sucio.<br />
Su pupilo rezongó por lo bajo, entre maldiciones se metió en la charca. El agua sobrepasó la altura de su bota, se le metió dentro, Geralt lo miró de soslayo. Él, cruzado de brazos, irguió los hombros. El joven brujo continuó, se adentró en el estanque, se detuvo de pronto. Suspiró largamente, se inclinó y metió el brazo en el agua, su mano pareció encontrar algo, y tiró con cuidado de no salpicarse más de la cuenta. Sostuvo el objeto en alto, dejando que chorreara, mostrándoselo, y entonces Vesemir se dio cuenta de lo que era: un farol. Su ceño se frunció. Valiéndose de la manga de su caftán, Geralt limpió los vidrios, descubriendo que habían sido pintados con cal para que brillara con una luz blanquecina. El brujo Geralt dejó caer el farol, metió ahora ambos brazos en el agua, rebuscó en el fondo y tiró hasta sacar del agua un bulto envuelto en algas y barro. Como al farol lo limpió, ésta vez con los guantes, y descubrió un rostro ennegrecido con hollín. Miró de lado a Vesemir.<br />
—No sabía que los boiras tuvieran dos orejas puntiagudas. Ni que necesitasen lámparas de queroseno —dijo.<br />
—Adiós a mi pan con mantequilla —gimoteó el viejo brujo.<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"> </span><br />
—¿Que se van? ¿Y de la proclama qué, señores? ¿Acaso los brujos huid por una noche en la ciénaga?<br />
—Nos vamos —repitió Vesemir ajustando los correajes de su montura—. No hay aquí trabajo para nosotros, señor voivoda, los brujos no cazan elfos.<br />
—¿Elfos? —Nensand torció la cabeza para escuchar con su oído bueno—. ¿Elfos, señor brujo? No, se equivoca. En mis años de servicio presencié más de una matanza hecha por esos rapaces, y créame, aquí faltan dos elementos para que se les parezca: flechas, señor brujo, ellos tiran a montón. Y por supuesto, arrogancia. ¿Dónde están mis hombres colgados de árboles? ¿Dónde están las cabezas de mis hombres clavadas en estacas? ¿Dónde está el caballo que arrastra a un soldado con un mensaje grabado en la frente? No, señor brujo, no hay cuerpos, porque a mis soldados los cazó un monstruo, y el monstruo se los comió.<br />
—Ese monstruo es la guerra —dijo Geralt, ya montado en Sardinilla—. Arregle sus cuentas con él. <br />
 <br />
Los brujos bebían el último aguardiente de la mañana antes de volver a errar por los caminos; cabizbajos, inclinados sobre el mostrador, no hablaban. El ventero no se les arrimaba, se le veía de lejos que no eran los primeros brujos que veía. Detrás de ellos, en la mesa del centro de la posada, algunos parroquianos todavía jugaban y apostaban, cada tanto se oían los dados rodar sobre la madera, seguido del repentino festejo y el repentino insulto.<br />
En medio de un momentáneo silencio, la puerta de entrada se abrió con un rechinido y un golpe. Los brujos oyeron las maderas del umbral quejarse bajo el andar de dos hombres ligeros; los recién llegados avanzaron un par de pasos antes de detenerse.<br />
—Buscamos a los brujos —dijo una voz más bien aguda. Todos quienes estaban ahí dentro reconocieron el acento élfico.<br />
Vesemir miró al ventero, que simuló no estar señalándolos con los ojos y las cejas; Geralt apuró su aguardiente y el de su maestro. Al mismo tiempo se levantaron y giraron hacia la puerta, sus ojos se clavaron en los recién llegados: dos elfos delgados, muy similares entre sí, de largos cabellos morenos ajustados con una coleta. Ambos llevaban arcos.<br />
En cuanto los elfos los vieron, les hicieron una seña con la cabeza para que los siguieran afuera. Fueron, detrás de ellos alguien cerró la puerta.<br />
Como imaginaron, no eran sólo dos: esperándolos en la calle había otros cuatro, todos llevaban una mueca de resentimiento en sus rostros. Esto, por supuesto, no los diferenciaba de cualquier grupo de elfos.<br />
—Los brujos vienen del pantano —dijo uno de los elfos, adelantándose. Cojeaba. <br />
—Supongo que no olemos muy bien —comentó Geralt.<br />
Vesemir miró a su pupilo, luego al elfo. <br />
—¿Y eso qué? Los brujos acostumbran a andar por esos lares.<br />
—¿Y eso qué, dices viejo? —El Renco pareció escupir las palabras—. Uno de ustedes disparó una ballesta, su virote envenenado mató a mi hermano. ¿Entiendes ahora?<br />
—Ese virote estaba empapado en aceite para necrófagos, esperaba darle con él a un boira y no a un elfo disfrazado —explicó Vesemir—. Con una recompensa en dinero, debieron detener sus juegos suponiendo que un brujo llegaría.<br />
El elfo ahora sí escupió al suelo. <br />
—Los brujos y el dinero, no piensan en nada más. No miran si pasan la espada por la garganta de un gallotriz, de un inofensivo diocesillo o de un elfo, siempre y cuando al final sostengan en sus manos una bolsa que tintinee. En ello queda a las claras que antes de todas las mutaciones y de todos los experimentos anti natura a los que se exponen, los brujos son dh’oines. Y este brujo —miró ahora a sus secuaces— tiene aún la osadía de llamar juego a nuestra causa. Así es como lo ven, un juego. No están enterados de que este territorio es nuestro, y que lo recuperaremos de una manera u otra.<br />
—¿Y creen que una banda de elfos que pintan sus rostros con tizón y andan por los pantanos llevando lámparas blancas ayudaran a recuperar lo que dejó de ser suyo hace siglos? —preguntó Geralt—. Deberían actualizar sus tácticas ancestrales, me parece.<br />
—Nos insultas a nosotros y a nuestra historia, peloblanco. Aquí no hay ninguna banda de elfos, sino una comunidad. Y no es esa la manera en que nuestra comunidad intenta recuperar lo suyo, aunque algunas ovejas descarriadas, como el hermano que me han quitado, intentan valerse de ella. Ciaran actuaba por su cuenta en esa ciénaga.<br />
Vesemir y Geralt se miraron.<br />
—¿Das tu palabra de que así fue? —preguntó el viejo brujo.<br />
—No tengo porque darle mi palabra a un brujo —contestó el elfo—. Pero lo haré para demostrarle que nuestra gente no ha perdido la honradez a pesar de la derrota: no había en ese pantano otro seidhe que no fuera mi hermano.<br />
—Entonces su comunidad tendrá que disculpar a este par de brujos —dijo Vesemir—. Pues ahora debemos partir de inmediato.<br />
—¿Qué clase de ejemplo estaríamos dando si dejamos marchar sin castigo a quien asesina a uno de los nuestros? —El Renco desenvainó una espada de hoja delgada y curva, y con él otros tres. Los dos restantes cargaron sus arcos—. No, brujos, ustedes serán para este pueblo otra clase de ejemplo.<br />
Vesemir y Geralt desenvainaron sus espadas de acero, bajaron a la calle sin mirar a las cuatro figuras que corrían hacia ellos; sin mirarlos hasta que estuvieron cerca. Entonces el viejo brujo paró en un solo movimiento una hoja que venía desde arriba y con fuerza y otra que venía del frente y con mala intención. Las hojas chirriaron una con otra, uno de los elfos pudo recuperarse dando un rápido paso atrás, el otro pagó el no hacerlo: la espada del brujo giró con rapidez y cayó incólume sobre su carótida.<br />
Geralt fue más agresivo. Esquivó ágilmente el primer sablazo, embistió al elfo cojo que venía detrás, en una rápida zancada llegó hasta el arquero, saltó sobre éste y su espada le siguió por encima de la cabeza. El arquero interpuso su arco de olmo en el recorrido de la hoja, pero fue engañado: la espada no le vino de arriba sino de lado; se dobló, cayó de rodillas, inútilmente intentó sostener con las manos sus entrañas. El otro arquero puso sus pies en movimiento en dirección a un callejón. Geralt no le siguió con la mirada, inclinado sobre el suelo encerró el polvo entre los dedos, giró el torso, lo soltó, el elfo a quien había esquivado se llevó las manos a la cara, no vio qué fue lo que se le clavó en el pecho. El joven brujo se puso en pie al mismo tiempo en que su maestro cortaba las piernas de otro elfo. Ambos caminaron hasta el Renco, que no lograba ponerse en pie.<br />
—Los subestimé —se lamentó el elfo—. Ay de mí, cometí el error del que los elfos tanto se han aprovechado. —Miró a su alrededor, vio a sus compañeros caídos en medio de un reguero de sangre—. No han mostrado piedad, brujos. No la muestren ahora.<br />
Envainaron sus espadas.<br />
—No es piedad, elfo, sino falta de empatía —dijo Vesemir.<br />
 <br />
 El traqueteo fue incesante, ensordecedor, más de un poblador hizo la señal contra los espíritus al verlos abandonar el pueblo. Los brujos cabeceaban endemoniadamente al ritmo del galope, sus ojos se esforzaban por no cerrarse; clavados al frente y abajo en el camino, buscaban el cuartel al pie de la colina. No lo veían.<br />
Zigzaguearon con el sendero, los inundó la impresión de que el maldito se retorcía a placer para retrasarlos. Una pared gris los invitaba a dar la vuelta, la niebla que nacía del pantano parecía ganar terreno. Lo hacía, en realidad. Los brujos rechazaron la invitación, agachando la cabeza la rasgaron, dejando un surco, un surco que se cerró detrás. Ciegos llegaron por fin a terreno llano, continuaron hasta donde debía estar el cuartel. No vieron la empalizada, más la luz de una antorcha que se resistía a la niebla, temblorosa por el esfuerzo, les mostró el portón abierto. En el umbral, con una mano alargada hacia afuera y los dedos clavados en la tierra, yacía un soldado. Entonces, entre la bruma más allá de la puerta, distinguieron una luz blanca, brillante a pesar del velo gris, y de repente el grito de una mujer desgarró el silencio. Geralt desenvainó su espada de plata y dio un paso adelante, Vesemir le detuvo del brazo. <br />
—No hay mujeres en un cuartel —dijo. Donde antes brillaba una solitaria luz, ahora lo hacían otras diez—. Un brujo debe saber qué batallas librar, y cuales evitar.<br />
—¿Qué hay del dinero? —preguntó Geralt.<br />
—Ya no hay aquí dinero, sólo muerte.<br />
Despacito, ambos brujos volvieron a montar.<br />
—Anciano, ¿esperaremos a que suba la recompensa?<br />
El viejo brujo sonrió. <br />
—Ya estás aprendiendo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Dejo por aquí este fanfic que escribí para un reto mensual (ya no recuerdo qué mes) con un límite de 2500 palabras. Algunos ya lo leyeron, otros tal vez tengan ganas de hacerlo, que les sirva de aperitivo para los verdaderos de fanfic, que son los de Sashka.<br />
<br />
<br />
<br />
—Ya mató a siete desgraciados —dijo Nensand. La carne que cortaba sobre el plato se resistía al cuchillo—. Si sigue así me dejará sin gente en la guarnición.<br />
—¿Ataca en el pantano?<br />
—Pues claro, durante las patrullas nocturnas. Si lo hubiese hecho aquí, de este lado de la empalizada, doy por seguro que su cabeza estaría sobre la entrada ahora mismo.<br />
—Tal vez no tenga cabeza —murmuró Geralt, bajito.<br />
—¿Qué dijo? —preguntó molesto Nensand.<br />
Vesemir miró al joven brujo.<br />
—Dice que es lo más probable, señor voivoda. ¿Hay testigo de los ataques?<br />
—Lo hay. Aquí tengo el nombre. —El voivoda rebuscó entre los papeles del escritorio mientras masticaba ruidosamente—. Aquí. Enzar Stocinsald, ballestero. Se le tomó testimonio, no dio certeza alguna.<br />
—Hablaremos con él, si nos permite.<br />
Nensand se irguió de hombros. <br />
—¿Debo entender entonces que se ocuparan de esta alimaña, señores brujos?<br />
—La proclama habla de trescientos ducados —dijo el viejo brujo, señalando con la cabeza el pergamino de piel de cabrito que sostenía su pupilo—. ¿Es esa la recompensa?<br />
—Ni un ducado más, en efecto. Y una vez el trabajo esté hecho.<br />
—Los brujos no cobramos por adelantado —aclaró Vesemir poniéndose de pie—. Tenemos un trato, señor voivoda. <br />
Sin sellar el acuerdo con un apretón de mano, el maestro y el pupilo salieron de la oficina. Adentro, Nensand siguió luchando con su carne.<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"> </span><br />
—Está bien, soldado, no hace falta que digas más —dijo el viejo brujo. El ballestero asintió lentamente y giró la cabeza hacia la única ventana de la enfermería, dándoles la espalda. <br />
Vesemir se puso de pie, su pupilo de cabellos blancos se le adelantó encarando hacia la puerta. Lo alcanzó ya bajo el sol de mediodía, girando la palanca del pozo del agua.<br />
—¿Qué crees? —preguntó.<br />
—Hum, su relato es creíble, más sus gestos huelen a pescado podrido. Un actor exagerado, me atrevería a decir.<br />
—Escupió sangre al toser…<br />
—Se habrá mordido la lengua para no decir más de la cuenta —dijo Geralt levantando los hombros—. Lo más probable es que empezara a correr ni bien olió el peligro. <br />
—Las heridas contradicen tu suposición, muchacho, préstales la atención que merecen. No eran de cuchillo, lanza o hacha. Son tres rasgones similares, uno debajo del otro. Garras, sin duda. ¿Alguna idea?<br />
La cubeta por fin apareció de las profundidades, en la superficie del agua nadaba una rana. Geralt la agarró de las patas, se le resbaló y volvió a agarrarla, y la tiró a un costado, para luego beber valiéndose de sus manos ahuecadas.<br />
—Es claro que tú ya lo sabes, Vesemir —dijo.<br />
—Quiero escucharlo de tu boca —gruñó el viejo brujo. Su pupilo lo miró imperturbable. Suspiró—: Teniendo en cuenta que estamos cerca de una ciénaga, y que los ataques fueron en la noche, estimo que hablamos de boiras.<br />
—Los boiras tienen cuatro dedos —Geralt sonrió con la boca torcida.<br />
El viejo brujo se cruzó de brazos. <br />
—La experiencia me dice que ataca con tres.<br />
Su pupilo masculló por lo bajo.<br />
—¿No puede ser una plañidera? <br />
—¿Y cómo explicarías las luces que el testigo vio?<br />
—La plañidera preparó el fuego antes de ir por la cena. <br />
Vesemir emitió un gruñido que pasó por risa. <br />
—Vamos, hay que dormir ahora. La noche será larga.<br />
<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"> </span>Vesemir esquivó otra charca, Geralt insultó una vez más al enterrar su pie en ella. Llevaban dos horas dando vueltas en el pantano lindero al campamento militar, y todavía no habían divisado más que ranas, luciérnagas y alguna escurridiza serpiente. Ah, y por supuesto también…<br />
—¡Malditos mosquitos! —se quejó Geralt—. ¿Acaso están todos contra mí?<br />
—Tú no quisiste verterte vinagre ni usar los ramilletes de albahaca. <br />
—¿Y parecer un arbusto que huele peor que esta ciénaga? ¿Acaso no se puede inventar una cura que no sea peor que la…?<br />
—Chst. —Vesemir señaló a un lado.<br />
A menos de cincuenta pasos de distancia, se movían varias luces blanquecinas.<br />
El viejo brujo sacó de su soporte la ballesta y casi sin ningún sonido cargó en ella una saeta, mientras su pupilo retiró de su tahalí la espada de plata. Avanzaron furtivamente, las luces se apagaban y volvían a encenderse más lejos, pero una estaba bastante más cerca y de pronto se detuvo, se movió de arriba abajo, y en esa posición se quedó un momento. Se acercaron hasta los veinte pasos, a esa distancia Vesemir se hincó y apuntó. La luz volvió a alzarse, el viejo brujo esperaba eso y en cuanto la luz y el virote se alinearon, disparó.<br />
Se oyó un gemido ahogado y una salpicadura. La luz se apagó.<br />
—Voy a tener que aprender a usar una de esas —dijo Geralt apoyándose en su espada.<br />
Sin decir nada Vesemir guardó la ballesta, desenfundó el cuchillo. Avanzaron.<br />
—Aquí fue —dijo Geralt señalando un sector pisoteado. Poco más allá había un pequeño estanque—. Ahí dentro esta tu boira.<br />
—Sácalo.<br />
—¿No quieres ensuciarte, anciano?<br />
—Tú ya estas sucio.<br />
Su pupilo rezongó por lo bajo, entre maldiciones se metió en la charca. El agua sobrepasó la altura de su bota, se le metió dentro, Geralt lo miró de soslayo. Él, cruzado de brazos, irguió los hombros. El joven brujo continuó, se adentró en el estanque, se detuvo de pronto. Suspiró largamente, se inclinó y metió el brazo en el agua, su mano pareció encontrar algo, y tiró con cuidado de no salpicarse más de la cuenta. Sostuvo el objeto en alto, dejando que chorreara, mostrándoselo, y entonces Vesemir se dio cuenta de lo que era: un farol. Su ceño se frunció. Valiéndose de la manga de su caftán, Geralt limpió los vidrios, descubriendo que habían sido pintados con cal para que brillara con una luz blanquecina. El brujo Geralt dejó caer el farol, metió ahora ambos brazos en el agua, rebuscó en el fondo y tiró hasta sacar del agua un bulto envuelto en algas y barro. Como al farol lo limpió, ésta vez con los guantes, y descubrió un rostro ennegrecido con hollín. Miró de lado a Vesemir.<br />
—No sabía que los boiras tuvieran dos orejas puntiagudas. Ni que necesitasen lámparas de queroseno —dijo.<br />
—Adiós a mi pan con mantequilla —gimoteó el viejo brujo.<br />
<span style="font-size: large;" class="mycode_size"> </span><br />
—¿Que se van? ¿Y de la proclama qué, señores? ¿Acaso los brujos huid por una noche en la ciénaga?<br />
—Nos vamos —repitió Vesemir ajustando los correajes de su montura—. No hay aquí trabajo para nosotros, señor voivoda, los brujos no cazan elfos.<br />
—¿Elfos? —Nensand torció la cabeza para escuchar con su oído bueno—. ¿Elfos, señor brujo? No, se equivoca. En mis años de servicio presencié más de una matanza hecha por esos rapaces, y créame, aquí faltan dos elementos para que se les parezca: flechas, señor brujo, ellos tiran a montón. Y por supuesto, arrogancia. ¿Dónde están mis hombres colgados de árboles? ¿Dónde están las cabezas de mis hombres clavadas en estacas? ¿Dónde está el caballo que arrastra a un soldado con un mensaje grabado en la frente? No, señor brujo, no hay cuerpos, porque a mis soldados los cazó un monstruo, y el monstruo se los comió.<br />
—Ese monstruo es la guerra —dijo Geralt, ya montado en Sardinilla—. Arregle sus cuentas con él. <br />
 <br />
Los brujos bebían el último aguardiente de la mañana antes de volver a errar por los caminos; cabizbajos, inclinados sobre el mostrador, no hablaban. El ventero no se les arrimaba, se le veía de lejos que no eran los primeros brujos que veía. Detrás de ellos, en la mesa del centro de la posada, algunos parroquianos todavía jugaban y apostaban, cada tanto se oían los dados rodar sobre la madera, seguido del repentino festejo y el repentino insulto.<br />
En medio de un momentáneo silencio, la puerta de entrada se abrió con un rechinido y un golpe. Los brujos oyeron las maderas del umbral quejarse bajo el andar de dos hombres ligeros; los recién llegados avanzaron un par de pasos antes de detenerse.<br />
—Buscamos a los brujos —dijo una voz más bien aguda. Todos quienes estaban ahí dentro reconocieron el acento élfico.<br />
Vesemir miró al ventero, que simuló no estar señalándolos con los ojos y las cejas; Geralt apuró su aguardiente y el de su maestro. Al mismo tiempo se levantaron y giraron hacia la puerta, sus ojos se clavaron en los recién llegados: dos elfos delgados, muy similares entre sí, de largos cabellos morenos ajustados con una coleta. Ambos llevaban arcos.<br />
En cuanto los elfos los vieron, les hicieron una seña con la cabeza para que los siguieran afuera. Fueron, detrás de ellos alguien cerró la puerta.<br />
Como imaginaron, no eran sólo dos: esperándolos en la calle había otros cuatro, todos llevaban una mueca de resentimiento en sus rostros. Esto, por supuesto, no los diferenciaba de cualquier grupo de elfos.<br />
—Los brujos vienen del pantano —dijo uno de los elfos, adelantándose. Cojeaba. <br />
—Supongo que no olemos muy bien —comentó Geralt.<br />
Vesemir miró a su pupilo, luego al elfo. <br />
—¿Y eso qué? Los brujos acostumbran a andar por esos lares.<br />
—¿Y eso qué, dices viejo? —El Renco pareció escupir las palabras—. Uno de ustedes disparó una ballesta, su virote envenenado mató a mi hermano. ¿Entiendes ahora?<br />
—Ese virote estaba empapado en aceite para necrófagos, esperaba darle con él a un boira y no a un elfo disfrazado —explicó Vesemir—. Con una recompensa en dinero, debieron detener sus juegos suponiendo que un brujo llegaría.<br />
El elfo ahora sí escupió al suelo. <br />
—Los brujos y el dinero, no piensan en nada más. No miran si pasan la espada por la garganta de un gallotriz, de un inofensivo diocesillo o de un elfo, siempre y cuando al final sostengan en sus manos una bolsa que tintinee. En ello queda a las claras que antes de todas las mutaciones y de todos los experimentos anti natura a los que se exponen, los brujos son dh’oines. Y este brujo —miró ahora a sus secuaces— tiene aún la osadía de llamar juego a nuestra causa. Así es como lo ven, un juego. No están enterados de que este territorio es nuestro, y que lo recuperaremos de una manera u otra.<br />
—¿Y creen que una banda de elfos que pintan sus rostros con tizón y andan por los pantanos llevando lámparas blancas ayudaran a recuperar lo que dejó de ser suyo hace siglos? —preguntó Geralt—. Deberían actualizar sus tácticas ancestrales, me parece.<br />
—Nos insultas a nosotros y a nuestra historia, peloblanco. Aquí no hay ninguna banda de elfos, sino una comunidad. Y no es esa la manera en que nuestra comunidad intenta recuperar lo suyo, aunque algunas ovejas descarriadas, como el hermano que me han quitado, intentan valerse de ella. Ciaran actuaba por su cuenta en esa ciénaga.<br />
Vesemir y Geralt se miraron.<br />
—¿Das tu palabra de que así fue? —preguntó el viejo brujo.<br />
—No tengo porque darle mi palabra a un brujo —contestó el elfo—. Pero lo haré para demostrarle que nuestra gente no ha perdido la honradez a pesar de la derrota: no había en ese pantano otro seidhe que no fuera mi hermano.<br />
—Entonces su comunidad tendrá que disculpar a este par de brujos —dijo Vesemir—. Pues ahora debemos partir de inmediato.<br />
—¿Qué clase de ejemplo estaríamos dando si dejamos marchar sin castigo a quien asesina a uno de los nuestros? —El Renco desenvainó una espada de hoja delgada y curva, y con él otros tres. Los dos restantes cargaron sus arcos—. No, brujos, ustedes serán para este pueblo otra clase de ejemplo.<br />
Vesemir y Geralt desenvainaron sus espadas de acero, bajaron a la calle sin mirar a las cuatro figuras que corrían hacia ellos; sin mirarlos hasta que estuvieron cerca. Entonces el viejo brujo paró en un solo movimiento una hoja que venía desde arriba y con fuerza y otra que venía del frente y con mala intención. Las hojas chirriaron una con otra, uno de los elfos pudo recuperarse dando un rápido paso atrás, el otro pagó el no hacerlo: la espada del brujo giró con rapidez y cayó incólume sobre su carótida.<br />
Geralt fue más agresivo. Esquivó ágilmente el primer sablazo, embistió al elfo cojo que venía detrás, en una rápida zancada llegó hasta el arquero, saltó sobre éste y su espada le siguió por encima de la cabeza. El arquero interpuso su arco de olmo en el recorrido de la hoja, pero fue engañado: la espada no le vino de arriba sino de lado; se dobló, cayó de rodillas, inútilmente intentó sostener con las manos sus entrañas. El otro arquero puso sus pies en movimiento en dirección a un callejón. Geralt no le siguió con la mirada, inclinado sobre el suelo encerró el polvo entre los dedos, giró el torso, lo soltó, el elfo a quien había esquivado se llevó las manos a la cara, no vio qué fue lo que se le clavó en el pecho. El joven brujo se puso en pie al mismo tiempo en que su maestro cortaba las piernas de otro elfo. Ambos caminaron hasta el Renco, que no lograba ponerse en pie.<br />
—Los subestimé —se lamentó el elfo—. Ay de mí, cometí el error del que los elfos tanto se han aprovechado. —Miró a su alrededor, vio a sus compañeros caídos en medio de un reguero de sangre—. No han mostrado piedad, brujos. No la muestren ahora.<br />
Envainaron sus espadas.<br />
—No es piedad, elfo, sino falta de empatía —dijo Vesemir.<br />
 <br />
 El traqueteo fue incesante, ensordecedor, más de un poblador hizo la señal contra los espíritus al verlos abandonar el pueblo. Los brujos cabeceaban endemoniadamente al ritmo del galope, sus ojos se esforzaban por no cerrarse; clavados al frente y abajo en el camino, buscaban el cuartel al pie de la colina. No lo veían.<br />
Zigzaguearon con el sendero, los inundó la impresión de que el maldito se retorcía a placer para retrasarlos. Una pared gris los invitaba a dar la vuelta, la niebla que nacía del pantano parecía ganar terreno. Lo hacía, en realidad. Los brujos rechazaron la invitación, agachando la cabeza la rasgaron, dejando un surco, un surco que se cerró detrás. Ciegos llegaron por fin a terreno llano, continuaron hasta donde debía estar el cuartel. No vieron la empalizada, más la luz de una antorcha que se resistía a la niebla, temblorosa por el esfuerzo, les mostró el portón abierto. En el umbral, con una mano alargada hacia afuera y los dedos clavados en la tierra, yacía un soldado. Entonces, entre la bruma más allá de la puerta, distinguieron una luz blanca, brillante a pesar del velo gris, y de repente el grito de una mujer desgarró el silencio. Geralt desenvainó su espada de plata y dio un paso adelante, Vesemir le detuvo del brazo. <br />
—No hay mujeres en un cuartel —dijo. Donde antes brillaba una solitaria luz, ahora lo hacían otras diez—. Un brujo debe saber qué batallas librar, y cuales evitar.<br />
—¿Qué hay del dinero? —preguntó Geralt.<br />
—Ya no hay aquí dinero, sólo muerte.<br />
Despacito, ambos brujos volvieron a montar.<br />
—Anciano, ¿esperaremos a que suba la recompensa?<br />
El viejo brujo sonrió. <br />
—Ya estás aprendiendo.]]></content:encoded>
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