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  Solucionar sustitución de guiones por rayas
Enviado por: Monje - 09/05/2015 12:34 PM - Foro: Wattpad - Respuestas (3)

Muy buenas, compañeros.

Viendo que el problema es generalizado y que de momento wattpad no lo soluciona, voy a compartir un método para evitar que, con la nueva actualización de la herramienta de edición y publicación, wattpad modifique las rayas de los diálogos.

Es muy simple, en el borrador que copiemos a wattpad, cambiamos todas las rayas por dos guiones juntos. A la hora de publicar estos son sustituidos de forma automática por rayas.

A partir de ahora lo voy a hacer siempre así, que me cansé de cambiar uno a uno los guiones por rayas.

¡Nos leemos, un gran saludo!

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  [Fantasía] El Cuaderno de Pavel
Enviado por: W.A.K.O.N - 07/05/2015 02:22 PM - Foro: Tus historias - Respuestas (8)

Hola, aburrido y animado por estar otra vez en la reencarnación de fantasía épica decidí escribir una historia. Quizás casi nadie recuerde de que publique en el anterior foro el prologo de una historia titulada -Das Portal-, a fines de diciembre pero que lamentablemente coincidió con la "gloriosa y épica caída del servidor a manos de la fuerzas del mal". Angustiado espere que la pagina volviera pero nunca lo hizo, aun así seguí con el desarrollo de la historia y al final decidí guardarla para mi. De todas maneras aun deseo postear algo aquí en el foro. Por eso he traído este pedacito de historia, espero que a alguien le llame la atención.

Dejo escrito "categoría" para tengan una idea de va la historia.

Categoría: Aventura/Fantasía/Terror



El cuaderno de Pavel

Primera página…
Segunda página…
Tercera página…

Aquí comienzan las anotaciones que realizó el joven vocero de la orden de los Vurishkroyos, Pavel Sergey Popov. Para ello se valió de un pequeño cuaderno de apuntes, en el cual dejó constancia de todo aquello que le pareció de importancia en su rutina diaria. En términos generales las anotaciones están dispersas y carecen de orden, aunque se puede seguir una secuencia si se lee el cuaderno utilizando las fechas anotadas en las páginas. Pero algunas hojas han sido arrancadas del cuaderno por lo cual hay vacíos en la lectura, quizás en un intento de hacer desaparecer algún dato comprometedor. Aún asi el cuaderno está repleto en los bordes de sus hojas de mucha información con los nombres de personas y pueblos, así como direcciones y referencias de toda índole, pero lamentablemente fueron escritos unos encima de otros haciendo ahora poco legible su lectura. También muchas de sus páginas se usaron para plasmar en dibujo los bosquejos de personas y animales, y es seguro que se inspiró en la población local con la que se topaba en sus distintos viajes. Para un lector desprevenido las primeras páginas solo le parecerán meros quehaceres diarios que seguía el joven Pavel, pero en realidad lo más inquietante y perturbador seria lo que contiene escrito más adelante…

Anotaciones de cuaderno

Primera página

22 del sexto ciclo del año 184


Ubicación: Tren expreso de Pravda, cerca de la frontera de Yaroviya.

Es de noche; según mi reloj de bolsillo son las 10:03 pm. Ya han pasado casi dos días desde que abandone Nikiroit y emprendí con diligencia este viaje. Aún me cuesta creer como logre desembarazarme de medio mundo y pude abrirme paso hasta la estación. Recuerdo que tuve que darme prisa, pues apenas me llego una carta junto con la orden de partir; deje a lado mí informe en que está trabajando, tome a toda prisa mi equipaje y salí del monasterio. Es parte de mi trabajo y no es ninguna novedad dejar todo a medias y correr como un desquiciado para cumplir con mi deber, pero hasta ahora no logro acostumbrarme. De todas formas todo el papeleo que debo hacer me estará esperando cuando regrese, y no fingiré que le doy todo el crédito al capitolio Mijaíl Semiónov Gólubev. No es la primera vez que consigue el boleto a última hora y me lo envía con apenas unos minutos para que el tren parta. Así que al llegar a la estación, el tren ya estaba en movimiento y a duras penas logre treparme al vagón y acomodarme en un asiento junto a la ventana, para así seguir con la orden que se me encomendó.

Ya son las 10:24 pm. Cuando salí del monasterio deje atrás muchas cosas que debí traerme conmigo, pero por suerte nada imprescindible. Entre ellos cuento con un pequeño cuaderno que tome “prestado” de la oficina del capitolio. En donde he decidido empezar con algunas notas que me ayudarán en mi informe al regresar. Ahora que lo pienso debo hacer un recuento de las cosas que tengo en mi bolsa de viaje para no extraviar nada:

   - En primer lugar esta mi pasaporte, que será de utilidad en los pasos fronterizos.
   - Ropa interior, calcetines y una capa de viaje (Lo más esencial).
   - Dinero en efectivo que guardo en mi billetera y un pequeño cheque bancario que escondo entre mi ropa.
   - Una pistola Tokarev, junto con dos cartuchos. (Nunca la he usado pero es de reglamento llevarla).
   -Un pequeño cuaderno azul de tapa dura (donde estoy escribiendo) y algunos artículos de aseo personal entre otras cosas de utilidad.
    -Y finalmente la carta que recibí en el monasterio.

La orden es un simple pedazo de papel taquigrafiado donde reconocí la letra del capitolio Seminov, en la cual me solicitaba que parta de inmediato hacia el país de Yaroviya y que para ello abordase el tren que partía a Pravda en la Estación Central. La carta no la he abierto aún, sobre ella reza con letra cortante “abrir solo al llegar a destino” con lo cual esperare mañana para hacerlo. Eso es todo.

Son las 10:38 pm. Siento que el sueño se apodera de mi lucidez. En un momento u otro las luces del vagón se irán apagando para que los pasajeros puedan descansar cómodamente. Sera mejor que yo también me una a ellos. Miro la ventana y un agujero negro como fauces se abre ante mí, quizás como un signo de advertencia de lo me aguarda en mi viaje pero no pienso más, las luces se apagan, y el sueño me lleva.

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Video Peliculas vistas
Enviado por: Gaoth - 06/05/2015 08:22 AM - Foro: Fuera de tema - Respuestas (20)

Buenos días a todos!

Abro este hilo para que comentemos las últimas películas que hayamos visto, con algún comentario para animar a nuestros compañeros del foro a verla (o a ahorrarnos algo de dinero en el cine si es mala Big Grin ).

Por favor, cuando comentéis, decid rasgos generales. NO QUIERO SPOILERS en este hilo. Si os véis en la necesidad de hacer algun spoiler, que sea oculto y quién quiera que lo lea posteriormente.

En mi caso la última pelicula que he visto ha sido Big Hero 6. Es una pelicula de animación que se estreno estas pasadas navidades y que ha salido recientemente en blu-ray. La verdad es que a mi me ha gustado bastante. Tiene sus momentos graciosos y algo de acción. No llega al nivel de Los increibles, pero bastante guapa. La recomiendo.

Antes de esta vi El Hobbit: La batalla de los cinco ejercitos. Y simplemente decir que la pelicula no tiene sentido y que la han cagado bien. No voy a entrar en spoilers, pero el Hobbit se supone que es una precuelo al señor de los anillos, pero en esta pelicula eso se lo han pasado por el forro y se han inventado montón de mierda que no pega para nada con el comienzo de la comunidad del anillo. Algunos dirán que es porque no se parece al libro, y en parte quizás sea cierto, pero es que siendo 3 peliculas era imposible que se pareciese al libro. Lo que me molesta es que la historia que se han inventado no vale nada ni tiene ningún sentido, ni tiene un desenlace logico en el señor de los anillos. NO recomendada.

Espero que se publiquen peliculas interesantes. Nos vemos!

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  [Fantasía] La piedra de valor
Enviado por: Celembor - 05/05/2015 09:21 AM - Foro: Tus historias - Respuestas (18)

—Buenas noches, Marcos.
—Buenas noches, papá.
Su padre se quedó unos instantes más en el quicio de la puerta dirigiéndole una mirada cansada.
—Y por favor, intenta no llamarme, ¿vale? Necesito descansar.
Marcos lo miró con un rostro de rebosaba culpabilidad y asintió, inseguro.
—¿Puedes bajar del todo la persiana?
Su padre miró hacia la ventana.
—Ya está bajada. —Su tono de voz ya había cambiado, de conciliador a impaciente.
—No, le falta un poco. Por ahí entra la luz y hace sombras que se mueven.
—¡Oooh, por Dios! —exclamó su padre—. El piloto de luz también hace sombras —dijo mientras se dirigía hacia la ventana—. No hay nada, los monstruos no existen, ni las sombras se mueven ni nada de nada. ¿Cómo he de decírtelo?
Marcos se encogió en su cama e instintivamente se tapó un poco más con la manta. Su padre bajó del todo la persiana hasta que todas las baldas encajaron perfectamente y miró a su hijo:
—¿Así está bien?
Tras un breve asentimiento del niño su padre se dirigió a la puerta y murmuró un «buenas noches» antes de salir y cerrar.
Marcos tragó saliva y se acurrucó un poco más, mirando con ojos abiertos cada una de las sombras que el piloto de luz proyectaba, esperando que en cualquier momento cobraran vida.
—Los monstruos no existen —murmuró, aunque sabía que sí existían.
Estuvo así durante un tiempo, con todos los sentidos alerta, hasta que cayó dormido.

***

Un crujido lo sacó de su sueño. Con el corazón acelerado, miró a su alrededor. ¿Lo había soñado? Escrutó la oscuridad aguantando la respiración para no emitir ni un sonido. Parecía que no había nada. Cuando se relajó y volvió a taparse, lo vio: la sombra que el piloto de luz proyectaba sobre el pequeño escritorio donde hacía los deberes se movió.
«Ha, Ha, Ha», rió la voz.
La sombra se alargó y se formó un rostro cornudo y unos brazos terminados en garras.
—Vete, por favor —susurró Marcos, con las lágrimas a punto de brotar de sus ojos. Estaba paralizado por el terror, como siempre que aparecía aquel ser monstruoso.
La sombra se desplazó hasta la silla y volvió a reír, esta vez más cerca.
—Papá, ven —llamó Marcos, sin la fuerza suficiente como para que le oyeran.
«Tu padre no puede ayudarte», dijo la sombra en un susurro amenazador. «Nadie puede hacerlo». Y se desplazó un poco más, alcanzando los pies de la cama. «Te voy a llevar conmigo».
—¡Papá, papá, papá! —gritó mientras las lágrimas explotaban en sus ojos—. ¡Papá, ven, papá! —llamaba aterrado Marcos. ¿Por qué no acudía su padre?
La sombra se acercaba, con las garras extendidas, dispuesto a tocarle. Marcos lanzó un grito de terror y se arrastró hasta la esquina que la cabecera de la cama hacía con la pared, encogió las piernas todo lo que pudo y se abrazó a ellas.
Su padre abrió la puerta de súbito y miró a su hijo. Estaba hecho un ovillo en una esquina, llorando y murmurando. Cuando su padre se acercó y le puso la mano en el brazo, Marcos saltó como un resorte y gritó con toda su alma, intentando apartar aquella mano con golpes y arañazos, con la cara desencajada y los ojos rojos por las lágrimas.
—Soy yo, Marcos, soy papá —le dijo mientras lo abrazaba para inmovilizarlo. Empezó a llorar él también; aquello había llegado demasiado lejos—. Soy papá, soy papá…
Marcos dejó de luchar y lloró. Aquella sombra monstruosa había estado a punto de cogerle. Se abrazó a su padre y fue consciente, entonces, de que se había orinado encima.
Tras aquella noche, y en contra de lo que le habían aconsejado, el padre de Marcos permitió que su hijo durmiera con él hasta que encontraran una solución. No era normal que un niño de nueve años durmiese con su padre, pero la situación que atravesaban tampoco lo era. Todos los psicólogos que había visitado coincidían en que esas pesadillas estaban relacionadas con la muerte de su madre, ocurrida hacía casi un año, pero ninguno logró solucionar el problema. Y es que, desde aquel fatídico día, el niño había cambiado mucho: de ser un chico alegre y con muchos amigos había pasado a ser un niño solitario, sin ánimo. Se estaba convirtiendo en una sombra de sí mismo.
Pasaron varias semanas, durante las cuales Marcos no volvió a tener pesadillas. El ánimo en aquella reducida familia había mejorado un poco, ya que el padre pudo descansar mejor y Marcos dormía sin ataques de pánico. Pero los dos sabían que no podrían dormir siempre juntos.

***

Un día, tras la salida del colegio, su padre le dijo:
—Marcos, esta tarde iremos a visitar a alguien a ver si te puede ayudar. Me lo ha recomendado mi amiga Bea.
—Pero papá, ya estoy durmiendo bien, no tengo pesadillas —replicó, y sus ojos empezaron a humedecerse.
—Hijo, tienes que superar esto. No puedes pasarte toda la vida conmigo. —Esperó unos instantes antes de añadir—: crecerás y te harás mayor y no podrás seguir así. Además, vas a pasar el verano con los abuelos porque yo estaré trabajando, y tendrás que dormir solo.
—Pero papaaaa… —Marcos dejó escapar varias lágrimas y empezó a estirarse los dedos, algo que siempre hacía cuando estaba muy nervioso—. Además, ese médico tampoco va a solucionar nada. Nadie puede.
—¿Por qué dices eso, Marcos?
—Porque es verdad. Hemos ido a muchos médicos y ninguno ha podido devolvernos a la mamá. Nadie puede.
Su padre se mordió el labio y miró la carretera, parpadeando para que las lágrimas no le entorpecieran la visión, hasta que llegaron al lugar donde estaban citados.
Los dos observaron el lugar con muchas dudas: era una especie de librería, tienda esotérica y supermercado ecológico, todo junto.
—Debí habérmelo imaginado, con lo rarita que es Bea. —Marcos miró sin entender a qué se refería exactamente—. Bien, entremos —dijo dándole unas palmaditas en el hombro a su hijo.
En cuanto abrieron la puerta, una mezcla de aromas agradables les cambió el ánimo. Olía a un incienso suave, mezclado con lavanda y otro olor que no pudieron identificar. Había estanterías con velas y rocas extrañas de todos los colores y tamaños, estanterías con avena, arroz, huevos…, y también libros, tanto con lomos modernos como antiguos y desgastados. En la parte derecha había dos entradas a otras estancias, en las que en una de ellas Marcos vio una sala de juegos.
—¿Puedo ir, papá?
—Luego. Primero vamos a preguntar —contestó su padre mientras se dirigían al mostrador al fondo de la tienda.
Un hombre mayor los observaba con una sonrisa afable mientras tejía unas suelas de esparto.
—Buenas tardes, estoy citado con Antonio.
—Sí, soy yo. Y él es Marcos, ¿verdad? —el niño asintió—. ¿Y qué te parecería, Marcos, si vas a jugar mientras tu padre y yo hablamos un rato?
Su padre se mostró algo contrariado.
—Pero, ¿él no tiene que venir? —preguntó. Al fin y al cabo era el niño quien tenía pesadillas.
Antonio le sonrió.
—Puede que no sea necesario, ya lo veremos.
A su padre no le hacía ninguna gracia dejar a Marcos solo. Antonio pareció leerle los pensamientos porque a ante sus dudas, añadió:
—No se preocupe, estará bien. Mi mujer saldrá enseguida y mi nieta suele revolotear por aquí cuando entra gente. —E, indicándole la entrada a otra habitación, le pidió que le acompañara.
Marcos se despidió con la mano y se fue hacia el cuarto de juegos. Primero observó su interior desde el marco: peluches y muñecas (alguna de ellas descabezada), un par de balones deshinchados, coches y camiones, una mesita con pinturas, un montón de piezas de Lego en una esquina… Más juguetes de los que podría jugar en el rato que estuviesen allí. Una vez estuvo seguro de que no había nada extraño, entró y se sentó en la esquina de los Legos y empezó a juntar piezas, sin saber muy bien qué montar.
—¡Hola! —exclamó alguien a su espalda. Marcos se asustó y se giró bruscamente—. Uy, perdona, no quería asustarte. Mi nombre es Lea. ¿Tú cómo te llamas?
Marcos observó a aquella niña. En aquel rostro había un montón de cosas que le llamaron la atención. La primera, el pelo, pelirrojo, que crecía en bucles en todas direcciones; la segunda, unos enormes ojos castaños y curiosos, que lo observaban con una fijeza intimidadora; y la tercera, las numerosas verrugas y pecas que tenía repartidas por la cara.
—Soy Marcos —dijo apenas moviendo los labios. Miró detrás de la niña, hacia la salida, por ver si su padre había terminado ya.
—¿Y cuántos años tienes, Marcos?
—Nueve.
—Ah, muy bien, yo tengo trece.
Marcos arqueó las cejas. Apenas aparentaba tener nueve como él.
—¿Puedo jugar contigo?
—Bueno —contestó mirando de nuevo los Legos.
Había algo en aquella niña a Marcos le hizo sentir bien. Sonreía todo el tiempo y jugaba a lo que él proponía. Cambiaron varias veces de juegos hasta que, tras divertirse un rato pasándose uno de los balones pinchados, se sentaron en la mesita a dibujar.
—¿Por qué has venido? —preguntó Lea de sopetón, sin dejar de pintar un castillo.
Marcos la miró durante unos instantes y reanudó su dibujo de un partido de fútbol, sin contestar a la pregunta.
—¿Por qué has venido, Marcos?
Esta vez había dejado de pintar y lo miraba con aquellos ojos enormes.
—Tengo pesadillas.
—¡Oh! ¿De qué tipo?
—Sueño con monstruos.
—Sí, ya, pero de qué tipo: Rugarones, Rartingalos, Bestias Pinchudas… hay muchos tipos de monstruos.
—Pues no sé.
—Aaaah, ¿por eso has venido entonces, para conocerlos?
Marcos abrió los ojos y cerró la boca. ¿De qué hablaba aquella niña?, se preguntó. Él no sabía nada de monstruos y no tenía ningunas ganas de conocer a ninguno. Ya tenía bastante con aquel que le visitaba por las noches.
—Iré por mi libro —dijo Lea, y salió disparada de la sala de juegos. Tras un par de minutos volvió con un enorme libro que parecía muy antiguo, como de los que se ven en los museos—. Ya estoy aquí.
Marcos miró a la niña y a aquel libro, preguntándose si sus padres le dejarían jugar con él, ya que parecía muy delicado.
—¿Puedes describírmelo?
El niño bajó la vista y se encogió de hombros. Hacía muchas noches que no tenía pesadillas y no quería recordar nada que hiciese referencia a aquel que perturbaba su sueño.
Pero Lea no parecía aceptar sus silencios, porque le preguntaba una cosa tras otra, hasta que le dijo:
—Si no conoces a tu monstruo, no podrás derrotarlo.
Aquello pareció remover algo en el interior del niño. Dejó la pintura sobre la mesa y empezó a estirarse los dedos.
—Es una sombra que se mueve —dijo en un hilo de voz, intentando que no le oyese nadie más que ella.
—¡Oh! Vaya, entonces iré a por el otro libro. ¿Puedes ir pintándolo mientras lo traigo?
Marcos siguió con la mirada a su nueva amiga hasta que salió por la puerta y luego miró el papel en blanco que le había dejado Lea antes de levantarse. No sabía muy bien por qué pero no quería decepcionar a aquella niña. Sabía jugar a todo, era divertida y, cuando le miraba, sonreía.
Tardó en empezar a pintar, porque no sabía cómo hacerlo, pero recordó la silla de su habitación y, tras dibujarla, todo lo demás salió solo. Estaba terminando el dibujo cuando Lea volvió a entrar, esta vez con un libro más pequeño y pero igual de viejo que el anterior.
—Vamos a veeeer —dijo mirando el dibujo por encima del hombro de Marcos, que se movió vergonzoso al notarla tan cerca—. ¡Oh! ¡Qué bien pintado! Eso nos facilita mucho el trabajo. —Dejó el libro encima de la mesa y se sentó junto a él—. Por lo que veo, eso podría ser un Adoptasombras, o un Reflejo Sombrío, o tal vez un Horror de la Penumbra. Y dime, ¿cuándo te aparece, antes de dormir o cuando te despiertas por la noche?
—Cuando me despierto.
—¿Y te despiertas tú o te despierta él haciendo ruidos o cosas así?
Marcos se encogió de hombros. Nunca se lo había planteado.
—Pues piénsalo bien, porque es importante.
Inspiró profundamente y luego soltó el aire como si estuviese agotado.
—Creo que me despierta él.
—Bien, bien —dijo la niña llevándose el dedo al labio inferior y dándose unos golpecitos—. Creo que se trata de un Reflejo Sombrío. —Tomó el libro y fue pasando hojas hasta que encontró lo que buscaba—. Mira, se parece a lo que has dibujado.
Efectivamente, la ilustración de aquel libro mostraba una habitación en penumbras y una sombra amenazadora extendiendo sus garras. Marcos apartó la vista y volvió a coger su dibujo del partido de fútbol.
Lea le acarició el brazo y le dedicó una tierna sonrisa.
—Yo de pequeña también tenía pesadillas. Soñaba con un monstruo sin ojos ni nariz, que me decía que me podía ver y oler y que iba a comerme. Mi abuelo me dijo que era un Aberrado, una criatura que se alimenta de los miedos de los que temen ser devorados. Mi abuelo lo buscó en uno de los libros que tiene y me dijo cómo expulsarlo. Me costó mucho, porque tenía miedo de él, pero lo conseguí. Y tú también puedes conseguirlo —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
Marcos la miraba ensimismado, incapaz de apartar la vista de ella. ¡También tuvo pesadillas!, pensó excitado. Tal vez pudiese ayudarle con su monstruo.
Escuchó lo que ella le iba leyendo, repitiendo las oraciones para memorizarlas. Hablaron sobre cómo se lo iba a decir y cuánto se reirían cuando lo expulsara. Su padre apareció por la puerta, con los ojos húmedos. Hacía tanto que no lo oía reír que apenas ya recordaba cómo sonaba. Lo abrazó muy fuerte cuando Marcos fue a contarle que tenía una nueva amiga y que habían estado jugando. Fue sin duda el mejor momento en aquel año.

***

—Buenas noches, Marcos.
—Buenas noches, papá.
Su padre entornó la puerta y Marcos se enfrentó de nuevo a su habitación. Había estado muy animado toda la tarde tras jugar con Lea, pero a medida que se acercaba la hora de dormir su coraje fue disminuyendo hasta que se disipó por completo en cuanto su padre abandonó la habitación. Paseó la vista por todas y cada una de las sombras que poblaban la habitación deseando que ninguna se moviese, sobresaltándose de cualquier ruido, aunque venían de la calle o de la cocina.
No tuvo conciencia de cuándo se durmió, pero sí de cuando despertó. Escuchó una silla al ser arrastrada y se sobresaltó. Abrió los ojos, deseando con todas sus fuerzas que no fuera su Reflejo Sombrío, apretando con fuerzas las sábanas y con el miedo recorriendo todo su ser.
«Ha,ha,ha», rió aquella voz. «Vengo a por ti».
Marcos vio cómo la sombra de la silla se alargaba tornándose monstruosa, con un par de cuernos y las garras extendidas hacia él.
—Vete —dijo Marcos, y recordó todo lo que le había dicho Lea que tenía que recitar—. Te conozco, eres un Reflejo Sombrío.
La sombra paró en su avance, como si dudase, pero la falta de convicción del niño hizo que reanudara su avance.
—No te tengo miedo —continuó, atemorizado—, porque te conozco. No me… no me… —No pudo continuar.
«No puedo hacerlo, no puedo hacerlo» se repetía una y otra vez mientras intentaba que las palabras de expulsión salieran de su boca.
—Papá… ¡papaaaa! —gritó cuando no pudo más.
Su padre apareció rápidamente y miró en la habitación, sin ver nada raro. Se volvió hacia su hijo, que estaba temblando y llorando, presa del pánico.
—No puedo, no puedo —susurraba Marcos.
—Tranquilo, hijo, estoy aquí contigo.
Su padre lo consoló esa noche y le permitió que durmiera de nuevo con él.

***

—Papá, quiero volver a aquella tienda —dijo una mañana Marcos mientras desayunaba.
—¿Por qué? Aquel hombre solo era un charlatán.
Marcos se encogió de hombros y siguió mordisqueando una galleta, como si no hubiese dicho nada. Pero su padre, recordando lo bien que lo había pasado su hijo aquel día, decidió que lo llevaría de nuevo.

***

—¡Hola, Marcos! —Se giró de un susto y vio la alegre cara de Lea—. Me alegra volver a verte. ¿Jugamos un poco?
Marcos asintió y fue a por una pelota.
—¿Cómo te fue con el Reflejo Sombrío?¿Ya lo expulsaste?
Marcos bajó la mirada y negó con la cabeza.
—¿Por qué? —preguntó ella acercándose a él. Le puso una mano en el hombro y le acompañó a que tomara asiento.
—Porque no puedo.
—¡Oh! Claro que puedes. Solo hay que hacerlo.
—Sí, claro, eso lo dices tú —replicó Marcos, molesto—. Tú no tienes una sombra de esas en tu habitación.
—No, yo tenía un Aberrado —le recordó Lea.
Estuvieron unos minutos en silencio, hasta que ella volvió a tomar la palabra.
—Te voy a contar una cosa que solo sabe mi abuelo —dijo, acercándose a él para contarle el secreto—. Cuando era pequeña, después de que mis padres muriesen, empezó a visitarme este Aberrado. En cuanto se lo conté a mi abuelo supo de qué se trataba y me explicó cómo expulsarlo. Lo intenté muchas veces sin conseguirlo, porque tenía mucho miedo, así que terminaba llamando a mis abuelos para que viniesen. Cuando acudían, el Aberrado desaparecía, pero solo para volver a la noche siguiente, o la siguiente. En aquel entonces yo era muy desobediente; estaba enfadada con todos y tenía muy mal carácter. Mis padres se habían ido para siempre y yo no lo aceptaba. Los quería, y quería que volviesen.
»Una tarde me enfadé con mis abuelos y me escapé de casa. Tenía nueve años, como tú tienes ahora. Encontré una finca abandonada y, mientras buscaba un buen lugar para esconderme, caí por un agujero que había en el suelo y me torcí el tobillo. Estaba todo muy oscuro y no podía andar, así que me puse a llorar y a gritar pidiendo ayuda. Nadie acudió.
»Y entonces, cuando estaba sola y desamparada, apareció él. No sabía cómo, pero me había encontrado. No importaba donde fuese, siempre me encontraba. Yo entonces no sabía que lo llevaba siempre conmigo, con mi odio y mis miedos.
Lea hizo una pausa. Su siempre jovial sonrisa ya no estaba. Ahora tenía el rostro serio y los ojos entrecerrados.
—¿Y qué pasó entonces?
La niña le miró a los ojos y dijo:
—Lo vencí.
Marcos se sorprendió.
—¿Y cómo lo hiciste? ¿Ya lo habías intentado antes y entonces tenías el pie roto?
Lea se acercó a él un poco más.
—No había nadie a quien decirle que no podía hacerlo. Estábamos él y yo. Nadie más. No tenía otra alternativa. Así que recité las oraciones con todo mi ser y lo expulsé para siempre.
Marcos estaba todavía con la boca abierta, asimilando aquella historia. Poco a poco se fue dando cuenta de las implicaciones que tenía aquello y su ánimo cayó como un árbol cortado con una sierra. Se hundió en la silla y se empezó a estirarse los dedos.
—¿Qué te pasa?
Marcos dudó unos instantes antes de contestar.
—Yo no quiero quedarme a solas con él.
Lea lo miró con ternura y le acarició la cabeza.
—Espera, te voy a dar una cosa —y salió disparada de la habitación.
A los pocos minutos volvió con las manos en la espalda.
—¿Qué mano quieres, izquierda o derecha? —Marcos la miraba sin ganas de jugar—. Vamos, elige.
El niño bufó y eligió la derecha con desgana.
Lea abrió su mano y le mostró un mineral de cristal semitransparente, de forma alargada y terminado en punta por los dos extremos, uno de color rosado y el otro azulado. Marcos se maravilló ante la belleza de aquella roca.
—Esto es una piedra de valor —dijo Lea—. El abuelo de mi abuelo la encontró en un antiguo cofre de unas ruinas lejanas. Esta piedra de valor da el coraje necesario para realizar cualquier cosa que te propongas. Creo que te vendrá bien.
Marcos tomó el mineral que le ofrecía y lo observó detenidamente, impresionado por el regalo que le acababa de dar. Era una piedra mágica.
Levantó la mirada y fue a decirle lo mucho que se lo agradecía pero Lea ya estaba saliendo de la habitación de nuevo.
—Vamos, tu padre ya ha terminado.
Marcos corrió hasta su padre y le mostró la roca, emocionado, explicándole las propiedades mágicas que tenía.
Su padre lo miraba como si acabase de comprender una obviedad y se giró para mirar al viejo tendero, que le guiñó el ojo.
Juntos, padre e hijo, abandonaron la tienda para dirigirse a casa.

***

—Buenas noches, Marcos.
—Buenas noches, papá.
Se dedicaron una mirada de complicidad y su padre se fue de la habitación, dejando la puerta entornada.
Marcos sonreía mientras sostenía el colgante que le había hecho su padre y que sujetaba la piedra de valor. Ahora que tenía aquel objeto mágico lo conseguiría. Estaba convencido. Y mientras lo pensaba, quedó dormido.

***

Un crujido lo despertó. Marcos asomó la cabeza de debajo de la sábana y se dio cuenta de que estaba nervioso. La sombra del escritorio empezó a alargarse y adoptar la forma del Reflejo Sombrío.
«Ha, ha, ha. Vengo a por ti…».
Marcos se sentó en la cama y aferró con fuerza la piedra de valor. Miró con firmeza a aquella sombra que se acercaba con las garras extendidas.
—Te conozco, eres un Reflejo Sombrío —empezó recitando las oraciones que le había dicho Lea. La sombra paró en su avance, dudando—. Ya no puedes hacerme nada porque no te temo y no te temo porque te conozco. Vuelve a la oscuridad de la que vienes, porque en mí ya no encontrarás sombras. Vete y no vuelvas.
El Reflejo Sombrío se retorció y se arrugó, hasta volver a la oscuridad de detrás del escritorio. Fue entonces cuando Marcos se dio cuenta de lo que había hecho y se derrumbó en la cama, con la respiración entrecortada y las manos temblando. Lo había conseguido. Lo había expulsado, gracias a la piedra de valor.
Aquella noche, y todas las posteriores, Marcos durmió bien, como duermen los niños de nueve años, y poco a poco dejó de ser una sombra de sí mismo.

Epílogo

Muchos años después, mientras preparaba sus maletas para irse a la universidad, Marcos observaba sentado en la cama aquel colgante de cuero desgastado que sujetaba la piedra de valor. Sonrió como cuando su profesor de naturales le dijo que era un cristal de cuarzo muy bonito. Un simple mineral de sílice con el que había dejado de tener pesadillas, que le había ayudado a ganar el campeonato nacional de tiro con arco, que le dio la fuerza de voluntad necesaria para ser el segundo de su promoción y acceder a una beca completa para estudiar astrofísica y que, lo más importante, le insufló el valor suficiente para pedirle salir a Laura.
Una piedra que lo único que había hecho era mostrar el valor que él llevaba dentro.

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  BASES: Cuento de Terror I
Enviado por: Theraxian - 04/05/2015 12:13 AM - Foro: Retos Mensuales - Respuestas (66)

BASES


Organización:
Mano Inocente: Guardián Ciego


Tema del Reto:

Sobre los "cuentos de terror", la Wikipedia nos dice: "...también conocido como cuento de horror o cuento de miedo, y en ciertos países de Sudamérica, cuento de suspenso, es considerado en sentido estricto, toda aquella composición literaria breve, generalmente de corte fantástico, cuyo principal objetivo parece ser provocar el escalofrío, la inquietud o el desasosiego en el lector, definición que no excluye en el autor otras pretensiones artísticas y literarias"

Bajo la premisa de "Cuentos de Terror" se busca que los participantes den rienda suelta a su imaginación y a través de recurrir a los elementos conocidos:

1) Se aceptan monstruos, fantasmas, asesinos seriales (y de los no seriales también), casas embrujadas, maldiciones, entes sobrenaturales.
2) El cuento puede ser más o menos realista, la premisa es que busque inquietar al lector.
3) Puede estar ambientado dentro de cualquier tiempo y espacio (en cualquier época, pasada o futura)
4) También puede estar enmarcado a otros géneros: fantasía, ciencia ficción, etc pero es fundamental que el eje central sea el "terror/horror/suspenso".

Cada autor es libre de elegir cualquiera de esas opciones (o hacer una fusión de ellas).

Presupuesto de palabras: 3000 palabras; no hay mínimo.

a) Cada forero administrara este presupuesto según su conveniencia.
b) Se pueden usar pies de página aclaratorios siendo estos partes del presupuesto de palabras.

Publicación y Requisitos:

1) Los relatos concursantes se subirán al foro con el usuario Joker abriendo un post con “Reto Cuento de Terror I: Nombre del Relato”; la contraseña será enviada para activar al Joker terminada la fecha de inscripción.

2) Una vez publicado, cada autor dará aviso de su autoria a la Mano Inocente. Cada autor/a tendrá posibilidad de modificar su relato siempre y cuando no haya ningún comentario, de haberlo y modificar el texto se corre el riesgo de ser penalizado con la descalificación del mismo.

3) para quienes participen con sus relatos es OBLIGATORIO LEER, COMENTAR y VOTAR absolutamente todos los relatos presentados, incluido el propio. Aquellos no inscriptos que deseen votar, deberán también comentar todos los relatos para que sus votos sean válidos.

4) Las votaciones se enviarán a la Mano Inocente mediante un mensaje privado, durante el plazo de votaciones.
   Se puntuaran todos los relatos (salvo el propio) con una puntuación entre 1 y 10 (siendo 10 la máxima nota). Se permiten dos decimales.

Descalificación:

Se aplicará esta sanción a cualquier autor/a que:

a) Exceda la cantidad de palabras estipulada en las Bases.
b) No comente todos los relatos presentados.
c) Incumpla las reglas del reto.

DERECHOS DE AUTOR:

Entendemos que cada relato que se publica en nuestro foro es una creación única y pertenece a quien la escribe; como se trata de un foro público (aún con sus sectores privados) no podemos garantizarles una protección total de sus obras. Por tal motivo les instamos y sugerimos que registren sus escritos, aún cuando de pequeños relatos se trate, en donde crean conveniente hacerlo. Una página que tiene muy buenas recomendaciones para tal fin es: Safe Creative


FECHAS (horario de América)

Inscripciones: lunes 4 hasta domingo 10 de Mayo.
Subida de relatos: lunes 11 hasta el domingo 24 de Mayo. martes 26 de mayo
Comentarios y Votaciones: desde la aparición de cada relato hasta el sábado 30 de Mayo.
Resultados: domingo 31 de Mayo.

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  Resultados de Cuento Infantil Alternativo I
Enviado por: Guardián Ciego - 03/05/2015 01:13 PM - Foro: Retos Mensuales - Respuestas (7)

Buen día, señores. Gracias por haber participado en este reto y bienvenidos a los resultados del mismo.

Fue un concurso corto, lo hemos visto, pero aun así reconocemos el esfuerzo de los participantes en escribir y comentar. Tuvimos cinco relatos, de calidad muy aceptable. También tuvimos seis votantes y comentaristas dedicados.

El orden de aparición de los relatos y sus autores fue el siguiente:

12 de Abril: Historia de Logos................ Lanay
16 de Abril: Los lobos de la mente.......... Dux
23 de Abril: La piedra del valor.............. Celmbor
29 de Abril: Aegolius, la lechuza blanca... Nikto
29 de Abril: El gato en la bota................ Gothic Bear

Estas fueron las resoluciones de lo votantes (el ganador al final):

En cuarto lugar se encuentra Aegolius, la lechuza blanca con un total de veinticuatro puntos y medio (24.5) y un promedio de nueve (9).

En un empate por el tercer lugar, a veintisiete punto (27) y un promedio de diez (10), se encuentran Los lobos de la mente y El gato en la bota.

Con treinta y dos puntos (32) y un promedio de doce (12), el segundo lugar es para La piedra del valor.

Y el primer lugar, con cuarenta y un punto y cuarto (41.25), promedio de catorce (14), el ganador del reto es Floyd Mayweather Jr. Historia de Lobos.

Reitero los agradecimientos. Fue un placer haber servido como su mano inocente. Los esperaos a todos en el próximo reto de Fantasitura.com

¡Saludos del ciego!

Pd: A ver si la próxima hay más cinco concursantes ¬¬

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  Los Premios Watty se oficializan
Enviado por: Monje - 02/05/2015 10:34 AM - Foro: Wattpad - Respuestas (1)

Hasta hace poco solo conocía de pasada los premios Watty. Aunque vi varias historias que los habían ganado, no sabía bien qué eran.

Los premios Watty fueron organizados por miembros de la comunidad de habla hispana para poder ofrecer premios anuales al modo en que lo hace oficialmente Wattpad con las historias en ingles.

Ha sido tal la repercusión de estos premios que Wattpad ha decidido oficializarlos y organizar en su cuenta de premios una sección para las historias en castellano. Esto es una grandísima noticia.

En noviembre mostrarán las bases y se podrán presentar las historias. Hay distintas categorías, de temática y de formato. Creo que hay una para relatos.

Quedan varios meses para que empiecen los que serán los primeros premios Watty oficiales en castellano, tenéis tiempo para plantearos si participar y con qué historia hacerlo.

Por mi parte empiezo a calentar motores para cerrar la segunda parte de El mundo en silencio, ya que si cumple los requisitos quiero presentar la novela al concurso.

Os animo a que os presentéis si tenéis historias acabadas para ese plazo. Wink

¡Nos leemos, un gran saludo!


Enlace al perfil de los premios Watty:

http://www.wattpad.com/user/PremiosWatty

Enlace a la entrada donde se anuncia la oficialización de los premios:

http://www.wattpad.com/123563668-premios...te-premios

Perfil oficial de los premios:

http://www.wattpad.com/user/TheWattys

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  Grandes iniciativas en Wattpad
Enviado por: Monje - 02/05/2015 09:55 AM - Foro: Wattpad - Respuestas (7)

Hace unos días me topé con un sección en un perfil que me llamó mucho la atención, en ella ofrecen portadas desinteresadamente. Sé que en muchos perfiles se puede pedir una portada a un autor o autora, pero lo que me pareció muy curioso en que este caso suben las portadas ya hechas y los usuarios de Wattpad pueden solicitarlas para sus obras.

Os dejo el enlace al perfil:

http://www.wattpad.com/user/TotallyWritable

Y también a la sección “Adopta una Portada”:

http://www.wattpad.com/story/32697869-ad...na-portada

Espero que algún compañero o compañera pueda adoptar una portada, ya sea una de las que ya están en la sección o una de las que compartirán más adelante. Wink

¡Nos leemos, un gran saludo!

PD: si más adelante me topo con otras iniciativas tan interesantes como esta, las publicaré en este hilo.

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Big Grin Un Amor Raro - Histyrec - [CC(Cuento Corto)]
Enviado por: GCRSantillan - 01/05/2015 11:42 PM - Foro: Tus historias - Respuestas (6)

Histyrec
Historias y Relatos Cortos
Un Amor Raro

Señor juez, yo sé que piensa que la trato como a una esclava, pero no es así. No le doy de comer ni de beber. Tampoco permito que tenga contacto alguno con el agua, aunque de vez en cuando le suelo pasar un trapo húmedo por todo su cuerpo; y si al final el trapo no se seca le permito que lo lama.  Y esto no lo hago por maldito, no. Sé que ella me lo agradece con su silencio, tirada en un rincón oscuro de mi cuarto, pues tiene una figura que toda mujer desearía tener.
También debe de creer que soy un tacaño, porque no le compro ropa para que se vista, ¡pero si es que desnuda es más hermosa! Además, el vestido medio deshilachado con la cual vestía el día en que la conocí lo sigue usando hasta el día de hoy, sin reproche alguno. Es más, le encanta estar desnuda. El día que la conocí estaba desnuda, cuando nos juntamos está desnuda y cuando canta también lo hace desnuda.
En vez de acusarme deberían felicitarme por el trato que le doy, por el cariño y el afecto que tengo hacia ella. Nadie la querría tal como está ahora, y yo lo hago. Mire su cabeza, es pequeña en comparación con su figura. Es media calva, por no decir que tiene sólo seis mechones. Y para los que dicen que soy tacaño, yo le compré esas hebillas de bronce con la que ata sus cabellos rubios y canosos.
¡Pero no! Usted, señor juez, decidió escuchar los reclamos de los vecinos por los ruidos molestos y espantosos que provenían de mi casa. Es que ambos cantamos. Bueno, ninguno canta bien... pero ella sí lo hacía cuando la conocí. La primera vez que la vi, en los brazos de su ex, cantaba como lo dioses y endulzaba los oídos de los que la oían cantar. Sin embargo, cuando le pido que cante se queda mirándome y no hace nada. Es por eso que me veía obligado a tirarle de los pelos para que me cantase. Lo hacía, pero no como yo quería. Y encima, las primeras veces me mordía los dedos y me dejaba unos cayos que ardían. ¿Pero me quejé yo de éso? ¿Me quejé alguna vez del olor a bronce que dejaba en mis manos cuando entrelazaba mis dedos en sus cabellos? ¡No!
Así que, señor juez, si es delito no saber tirarle del pelo correctamente para que cante como corresponde, me declaro culpable. Si es delito desnudarla y prestarla a mis amigos para que la manoseen y sacien sus curiosidades, soy culpable. Y si es delito quererla y tratarla como lo hice hasta el día de hoy, me declaro culpable del cargo, pues lo seguiré haciendo hasta que mi amor cambie. Yo me esforcé mucho para tenerla en mis manos, trabajé de sol en sol para comprarla a su ex y cobijarla en mis brazos.
Nadie, ni siquiera usted puede ponerla en mi contra. Ella no dirá una sola palabra, amenos que mis dedos acaricie sus cabellos. Porque ella, mi bella guitarra, y yo seguiremos estando juntos.

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  Reto Cuento Infantil Alternativo I: El Gato en la Bota
Enviado por: Joker - 28/04/2015 11:53 PM - Foro: Retos Mensuales - Respuestas (6)

Se miraban a los ojos sin parpadear. Era, claramente, un desafío. Tenía sus ojos dorados clavados en los grises de ella. Incólume, inmóvil, como una estatua egipcia desenterrada de una tumba milenaria.
Resistió tanto como pudo y finalmente aceptó la derrota. Ellian cerró los ojos, descansó un instante, y los volvió a abrir. El felino entrecerró los propios con indiferencia, como quien está acostumbrado a obtener tales victorias sin esfuerzo.
—¿Qué voy a hacer contigo? —los pensamientos en voz alta surgieron de ella con un tono que delataba agotamiento.
Tendida de espaldas sobre el mullido sillón, con el gato sentado entre su pecho y su abdomen, Ellian lo miraba mientras éste, impunemente, comenzaba a relamerse, dando una clara muestra de no tener intenciones de moverse de lugar.
Todo había comenzado hacía unas semanas, cuando recibió la notificación de una herencia. Una tía, a la que ni siquiera había conocido en persona, le había legado todos sus bienes: un gato negro, con su mullido canasto de terciopelo rojo. El albacea de la difunta se lo envió directamente a la puerta de su casa.
Samael era su nombre, según la identificación que pendía de su cuello y la carta certificada que lo acompañaba. Era joven, de pelaje lustroso y extremadamente extrovertido. Amigos y conocidos le habían recomendado darlo en adopción —incluso alguno se aventuró a recomendarle que lo abandonara—, alegando que un gato negro con ese nombre, proveniente de una difunta a la que no conocía, le traería sólo problemas y mala suerte.
Pero Ellian se había negado a ello. Amaba a los animales, en especial a los gatos. Y además le había tomado afecto al felino, quien se mostró cariñoso desde el primer momento en que la vio, adueñándose de su corazón. Y de cada rincón de su departamento.
Pero había algo que no podía negar. Las cosas no iban bien desde que él había llegado a su vida.
Ellian había conseguido empleo hacía algunos meses como restauradora en un importante museo de arte renacentista. Era el trabajo ideal para alguien que amaba el arte desde que tenía uso de razón.
Pero el trabajo durante los últimos días había sido extenuante, sobre todo por el exigente director del museo que, casi a la par de la aparición de Samael en su vida, parecía ensañarse con su trabajo, revisando sus labores una y otra vez, criticando su desempeño y solicitándole exhaustivos reportes del mismo.
Siempre la había ignorado y no había cruzado más palabras con él que el día de la entrevista. Y eso le molestaba, pero le molestaba aún más la actitud despectiva y persecutoria que había adoptado en las últimas semanas.
Ellian pensaba en esto hasta que oyó el timbre del teléfono. Dejó que sonara un par de veces, con la esperanza que dejara de hacerlo. Finalmente se levantó, obligando a Samael a dar un salto al suelo.
Cuando respondió, la verborragia al otro lado del teléfono le resultó exasperante: —¡Por favor, no puedes fallarme, estoy tan emocionada!
Samael empezó a arañarle la pierna. Huyendo sutilmente de él, perdió el hilo de lo que le oía a través del teléfono. Había reconocido la voz de Marie, una compañera del museo que trabajaba como guía y que se caracterizaba por una personalidad extremadamente sociable. Todo lo contrario a Ellian.
El gato empezó a maullar, cada vez más fuerte, sin dejar de perseguirla y tratar de treparse a su pierna. Entre los lloriqueos del felino, Ellian escuchaba: —Necesito tu ayud... Rob... pidió que sal... no puedes decirme que n...
Entre los alaridos desesperados —a un lado y otro de la linea—, Ellian perdió la paciencia: —¡Por favor, BASTA!
Su grito la aturdió a ella misma. Samael salió corriendo, maullando ofendido, a modo de protesta, encontrando refugio donde siempre solía esconderse: las botas negras de Ellian, tiradas en el suelo luego que se las quitara tras el extenuante día de trabajo.
—Es por eso que estás soltera, por tu mal carácter y ese gato endemoniado —la voz chillona de Marie sentenció.
Ellian contuvo la ira mordiéndose el labio, luego preguntó juntando los pedazos de paciencia que habían salido volando junto a su grito: —¿De qué estabas hablándome?
—Mañana te lo contaré mejor, sólo prométeme que no me dirás que no, es muy importante para mí.
—¿Cómo voy a prometerte algo sin saber...? —Ellian se detuvo, el monótono y repetitivo sonido al otro lado le indicó que Marie había cortado.

—Estás loca —dijo Ellian, dándole la espalda y marchándose para no hacer lugar a protesta alguna.
Marie la siguió, lejos de darse por vencida, y la detuvo tomándola del hombro, haciéndola girar sobre sí: —¡No puedes decirme que no, he esperado que Rob me invite a salir durante semanas!
—¡Sal con él entonces!
—Es que su amigo está recién llegado a la ciudad, no va a dejarlo solo, verás que te va a gustar, es tan encantador como Rob!
—Robert no es encantador. Es presumido, vanidoso, materialista y superficial.
Marie resopló con un gesto de molestia: —De acuerdo, lo es... —su gesto pasó de inmediato al de una adolescente eufórica—, pero también atlético, rubio y con los ojos azules de un príncipe de cuentos de hadas. Y además acaba de llegar de la playa, está perfectamente bronceado, igual que su amigo Joe... —le guiñó el ojo con picardía.
La expresión de Ellian era un canto al fastidio. Abrió la boca para responder, pero una voz la hizo enmudecer.
—Esto no está bien, hazlo de nuevo y esta vez mejora la nitidez de las fotografías.
Ellian atajó la carpeta que el director le arrojó encima. El hombre, alto y robusto, con su cabello cortado al raz y su barba en forma de candado, imponía respeto de por sí. Pero la expresión adusta y su potente tono de voz hacían temblar al más atrevido de los empleados.
Pero a pesar de ello, Ellian no estaba dispuesta a demostrarle temor alguno. Se limitó a asentir con la cabeza. Él la miró por encima del hombro y se retiró.
—¿Te gusta, verdad? —preguntó unos segundos después Marie.
—Cállate...
—Vamos, es muy grande para tí, y tiene la personalidad de un ogro. Olvídate de él, salgamos con Rob y Joe esta noche... —suplicó Marie con un tono infantil.
Ellian sabía lo importante que era eso para Marie. A sabiendas de que iba a arrepentirse, decidió complacerla. La joven se le echó encima y la abrazó, casi gritando de felicidad: —Cuando salgamos de aquí, iremos de compras, no usarás uno de esos vestidos de velatorio que tanto te gustan, ¡Te eligiré el más hermoso vestido para nuestra gran cita!

Lo miraba y no podía creerlo. Colgado en su guardarropas, el vestido azul claro parecía totalmente descolocado entre su colección de ropa negra. Se preguntaba una y otra vez por qué había aceptado.
Aún tenía algo de tiempo antes de salir. Decidió darse un baño de inmersión para relajarse. Cerró la puerta, y tras escasos segundos, Samael empezó a llorar, obligándola a abrir. El gato se acomodó a un lado, indiferente a la situación. Ellian se metió en la bañera.
No vio que, a los pocos minutos, el gato salió del baño.
Se relajó, dejando que su cabello negro se esparciera en el agua como una medusa rodeando su rostro. Disfrutando de la ausencia de sonidos bajo el agua, apenas asomando la nariz en la superficie para respirar.
No oyó los ruidos que estallaron en su habitación.
Luego de unos relajantes momentos, salió del baño, envuelta en una toalla.
Y vio el desastre.
Repartida por todo su cuarto, los restos azul claros decoraban cada rincón y mueble. Sobre la cama estaba el trozo más grande y encima estaba Samael, con los ojos entrecerrados, casi al borde del sueño.
Ellian quedó boquiabierta, sin terminar de comprender lo sucedido. Sin terminar de entender cómo el vestido azul claro había pasado a ser una simple manta despellejada para Samael.
Sin terminar de comprender que no tenía qué ponerse para la cita que le había prometido a Marie.
Cuando pudo reaccionar, por su mente pasaron las posibilidades, desde cancelar la cita hasta presentarse con cualquier otro vestido.
Finalmente decidió lo segundo. No podía fallarle a su amiga.
Revolvió el guardarropas y tiró en el suelo varias prendas, hasta que encontró un vestido negro, lo suficientemente sobrio para parecer 'normal', como diría Marie.
Se preparó tan rápido como pudo y salió a buscar un taxi.

El lugar le resultaba repulsivo. Estaba en un bar oscuro, con el aire estancado y atestado de humo de cigarrillos y otras hierbas. Había intentado pedir algo sin alcohol para tomar, pero Marie se le había adelantado y tenía frente a ella un enorme jarro de cerveza, al que no estaba dispuesta a tocar.
La musica la aturdía, las voces de las personas a su alrededor componían una estridencia insoportable. Durante la escasa —aunque eterna— media hora que había estado en el lugar, ya había respondido unas ocho veces al tal Joe que no era una 'emo', y que si estaba pálida era porque le gustaba su piel natural y no porque le tuviera miedo a las camas solares.
Robert y Marie se estaban besando y toqueteando en un rincón de la mesa, ajenos a todo lo demás. Joe empezó a hablarle sobre su nuevo automóvil deportivo y lo mucho que le gustaría llevarla a pasear en el mismo hasta su mansión en la costa. El joven se rió luego de esto, Ellian no sabía si porque lo consideraba un chiste o por efecto de la marihuana que estaba fumando.
La muchacha le sonrió por pura cortesía, y al notarlo él dijo, con una carcajada, mientras sacudía a Robert por el hombro: —¡Ah... la 'emo' sabe sonreir!
Fue demasiado para Ellian. Miró a Marie, que le devolvió una mirada entre amenazadora y suplicante. Decidió tomar un respiro y fue al baño.
Se miró en el espejo, vio pasar algunas personas detrás de ella que iban a usar el sanitario. Era un alivio el silencio relativo del lugar en comparación al salón. Pero el precio por ese alivio era un hedor insoportable que hacía dudar mucho de la eficacia del personal de limpieza.
Cuando el olor fue demasiado insoportable, volvió a la mesa. A unos pasos de la misma escuchó a Joe gritarle entre risas a Marie: —Espero que tu amiga 'emo' no sea una muerta en la cama...
Se detuvo un momento. Vio a Marie y Robert reírse como idiotas junto a Joe. Se acercó a la mesa y, luego de un sobresalto, los tres le sonrieron falsamente, como si nada hubiera pasado.
Ellian se acercó a Joe, a unos dos palmos de su cara. Lo miró a los enrojecidos ojos.
—Una muerta en tu cama... —susurró, aunque su voz resonó en la mente del joven como si le estuviese gritando—. Tu ex novia, ella es la que te despierta en las noches con sus manos frías, ella es la que gime bajo tu cama cuando te levantas cansado, como si no hubieras pegado un ojo en toda la noche. Ella, la que engañaste y abandonaste, la que se suicidó hace dos años...
La cara de Joe se transformó, los ojos como platos. Se puso rojo de ira, y empezó a insultar a Ellian a gritos.
Ellian tomó su abrigo y se dirigió a la puerta para marcharse. Escuchó a Marie jurarle a Joe que ella no le había dicho nada a Ellian sobre su ex novia muerta. Y no mentía.
Cuando estuvo en la calle, detuvo el primer taxi que vio. Mientras abría la puerta, Marie salió del bar: —¡Perra! ¡Cómo puedes hacerme esto! ¡Arreglé todo para que un chico encantador como Joe se fijara en tí y lo arruinas, malagradecida!
Ellian le extendió la mano: —Vamos, Marie, estás muy ebria... es mejor que te acompañe a casa.
Marie la insultó de nuevo, y dando un tropiezo entró de nuevo al bar. Ellian subió al taxi, se arrebujó en el asiento luego de darle la dirección al chofer y trató de no pensar en nada de lo sucedido.

Cuando despertó, Ellian creyó que todo había sido una pesadilla. Pero los trozos azules del vestido aún estaban tirados por todas partes en su habitación.
Entonces se alarmó. ¿Dónde estaba Samael? No recordaba haber sentido sus mordiscos durante la noche, como solía hacer despertándola una y otra vez. Tampoco la había dado los buenos días con sus ásperas lamidas como cada mañana. Y no se oían sus insistintes maullidos reclamando atención.
Lo llamó varias veces. Miró debajo de su cama. Se levantó y buscó dentro de sus botas negras. No estaba allí tampoco.
Luego de mucho buscar, lo encontró detrás de un mueble en la cocina. Estaba recostado, inmóvil. Lo acarició. Un leve maullido salió de su boca.
Asustada, Ellian lo levantó en brazos, tratando de reanimarlo. Pero no respondía más que con leves quejidos. Al llegar la noche anterior no lo había visto y estaba tan perturbada y cansada que se había acostado sin más.
Se vistió con rapidez, puso a Samael en un bolso y salió de inmediato a buscar un veterinario de urgencia.

Estuvo casi una hora en el hospital de animales. Según el veterinario, Samael posiblemente estaba intoxicado por algo que había comido, pero no era grave. Le prescribieron una medicación y control al día siguiente.
—Ese maldito vestido... —dijo para sí.
Era demasiado tarde para volver a casa y luego ir a trabajar. Ante la idea de perder su empleo si llegaba tarde y lo notaba el director, Ellian decidió llevar a Samael al museo, pensando que al estar tranquilo podría tenerlo en su taller sin que nadie lo supiera.
Actuó con naturalidad, llevando el bolso que bien podía contener materiales como en otras ocasiones. Llegó a su taller, puso el bolso en el suelo y le dio una caricia al felino, cuya cabeza sobresalía.
—No te voy a perdonar nunca la noche que me hiciste pasar... —Marie estaba detrás de ella, apoyada en el marco de la puerta, con una mirada tranquila pero desafiante. Pronto sus ojos se posaron en el bolso y en el gato que estaba allí. El rostro se le iluminó con una maliciosa sonrisa y se retiró.

Ellian se quedó inmóvil. Sabía lo que iba a ocurrir.
Apenas pasaron unos cinco minutos cuando sonó el interno de su taller. El identificador marcaba el número de la oficina del director.
Respiró profundo y respondió. La voz severa aunque contenida del director simplemente ordenó: —A mi despacho, ahora. Y con todas tus cosas.
Ellian sabía lo que eso significaba. Dispuesta a afrontar la situación recogió sus pertenencias. Samael maulló suavemente.
—No te preocupes, bonito... encontraremos otro empleo —dijo con dulzura, dándole un beso en la frente y dejándose acariciar por los ronroneos del felino.
Una vez en la oficina del director, la secretaria le indicó que entrara sin demora.
El director aguardaba sentado en su enorme sillón tras el escritorio. Con Samael en brazos, Ellian entró con paso lento pero firme. Él le indicó con un gesto que se sentara. Frente a frente, ambos en silencio, los ojos verdes del hombre eran inescrutables y su gesto indescrifable.
—¿Te gustan los gatos? —preguntó con brusquedad y frunciendo el ceño, adquiriendo ese aspecto de ogro con el que se lo conocía.
Samael salió de su bolso, caminó sobre el escritorio hacia el director. Ante la mirada atónita de Ellian, el gato comenzó a olfatear al hombre.
—Sí... —alcanzó a responder, mientras veía que el gato comenzaba a restregar su cabeza contra el cuello del hombre, que permanecía inmóvil, mirándola inquisitivamente.
Toda la escena era surrealista. Estaba a punto de ser despedida, su gato heredado estaba restregándose contra el director y éste la miraba inconmovible, mientras ella se debatía entre permanecer quieta y tomar al gato y salir corriendo.
—A mí también... —dijo el hombretón. Volvió sus ojos al gato negro que estaba trapándosele al hombro, y comenzó a acariciarlo—. ¿Por qué lo trajiste?
—Estaba enfermo, lo encontré así en la mañana... y lo llevé al hospital. No hacía a tiempo a volver a casa sin llegar tarde aquí. Lo siento... —se disculpó.
Para ese entonces, el rostro del director sonreía, encantado con el gato, prodigándole caricias.
—¿Cuál es su nombre?
—Samael —Ellian no podía creer lo que estaba viviendo.
—Bonito nombre, ¿te gusta la demonología también? —preguntó él, acunando al felino como si fuera un bebé, dejándose mordisquear los dedos por el mismo.
—No... si... quiero decir, sí me gusta la demonología, pero el nombre no se lo di yo... es una larga historia.
El hombre, con el rostro transformado de alegría, la miró: —Tengo dos, amo a estas criaturas...
Era la primera vez que Ellian lo veía sonreír. Los ojos verdes le brillaban con calidez. Parecía alguien totalmente diferente. Al final, el ogro se había vuelto príncipe.
Ellian sonrió también, conmovida por la situación, sin terminar de entender el motivo.
—Se te ve muy cansada, es mejor que te tomes el día. Lleva a Samael también a descansar, necesita reposo.

Habían pasado algunas semanas desde el extraño episodio en la oficina del director. Ellian había conservado su empleo y Marie no le había dirigido la palabra desde entonces.
Era viernes por la noche y estaba preparándose para salir. Le dio un beso a Samael, que no lloriqueó cuando la vio salir, sino que se acomodó, como siempre, dentro de una de sus botas negras tirada en el suelo.
Cuando salió, él la recibió elogiando su vestido negro, resaltando lo mucho que le gustaba cómo le sentaban sobre la palidez de su piel.
La suerte de Ellian había cambiado desde que Samael había llegado a su vida. Y el director había pasado a ser llamado por su verdadero nombre: Arthur.
Le dio un tierno beso en los labios al hombre. Luego éste le ofreció su brazo para llevarla a lo que sería una de las muchas mágicas y largas veladas que pasarían juntos.

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