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FrancoMendiverry95, John Harker

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  Librería Dragonlance
Enviado por: Kilgor - 10/01/2019 01:57 AM - Foro: Fuera de tema - Respuestas (3)

Buenas, qué tal? Hacía tiempo que no pasaba por acá. Quería consultarles... Estoy en Bs As un par de días y ando buscando libros de Dragonlance de primera o segunda mano, saben dónde puedo conseguir en algún lugar cerca del obelisco. Gracias!

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  Objetos en el ano 2018
Enviado por: Duncan Idaho - 29/12/2018 05:42 PM - Foro: Fuera de tema - Sin respuestas

Ay los gringos y gringas o ¿les gringes?

Ha llegado el día. Parecía que nunca iba a llegar. Reúne a tus seres queridos, prepara un buen café o un chocolate caliente y disfruta de un momento de sano humor y reflexión con la lista de las cosas que la gente se mete en sus orificios corporales y luego no puede sacar sin ayuda médica.

Todos los datos han sido recopilados en una lista por la Comisión Estadounidense de Seguridad de Productos y proceden de descripciones hechas por médicos o por los propios pacientes durante visitas a las salas de urgencias. Como siempre, la lista está organizada por orificios corporales y comenzamos por arriba para ir bajando hacia el sur.

Oído

  • Un collar

  • Un lápiz de cera introducido ahí por una apuesta

  • “Me aburría y me metí parte de un lápiz”

  • Un tornillo de drenaje

  • Una cerilla

  • El extremo de un peine

  • “Siempre se introduce papel higiénico en los oídos para ducharse, pero ahora no lo puede sacar”

  • Arcilla de manualidades Floam

  • Una bola de tapioca

  • Un ratón de juguete

  • Maíz de palomitas en ambos oídos. “Les di de comer a mis oídos porque tenían hambre”

  • Una hoja de árbol

  • Un tampón higiénico

  • Un ojo móvil adhesivo

  • Un palito fluorescente

  • “Un fragmento de juguete gelatinoso que se expande con el agua”

  • Una perla

  • Varias perlas

  • Una llave de auto

  • Un insecto

  • “Aplicó lejía en un bastoncillo de algodón para limpiarse el oído. Quemaduras químicas”

  • “Se estaba limpiando el oído con un bastoncillo. Accidentalmente tropezó con una pared y se lo incrustó”

Nariz
  • Una goma elástica

  • Una mariposa

  • Pintura

  • Una pastilla de vitaminas rosa

  • Una bola de algodón

  • Un tipo de nuez sin identificar

  • “Estornudó y una tecla de teclado salió despedida. Estornudó otra vez y otra quedó a medio salir”

  • Chicle

  • Envoltorio de chicle

  • Chicle con su envoltorio

  • Juguete sexual

  • Flotador de piscina

  • Un pedazo de filete
Garganta
  • Un plátano

  • Un plátano de plástico

  • “Tenía el pendiente de su esposa en la boca y accidentalmente se lo tragó.”

  • Una rama de un árbol de Navidad

  • Un cuerno de juguete

  • Sal de una lámpara de sal

  • Corteza vegetal para jardinería

  • “Estaba bebiendo café de un recipiente para salsa de patatas fritas cuando notó que un fragmento del sello plástico se desprendió y acabó en su garganta”

  • Un caramelo para el dolor de garganta aún en el envoltorio del blister

  • Una pequeña radio

  • Un anillo con una piedra de las que cambian de color

  • Lana de acero

  • “Me tragué una moneda mientras comía cacahuetes”
Pene
  • Un limpiapipas

  • Una paja (vegetal)

  • Una pieza de dominó

  • Una pequeña varilla electrificada

  • “Una pequeña pieza de plástico duro que se rompió mientras trabajaba en manualidades”

  • La parte trasera de un mando a distancia

  • Un clip de metal para papel

  • Uñas

  • Papel higiénico

  • Un tapón de bolígrafo

  • De 6 a 7 bolas de Airsoft

  • “Puso jabón en un cable eléctrico. Insertó el cable eléctrico en el pene”

  • Un botecito de crack

  • Cuerda de manualidades

  • Un tenedor, un bolígrafo y envoltorio de silicona

  • Una cadena

  • Piezas de una percha de plástico

  • Un colgador adhesivo 3M Command
Vagina
  • Un juguete pequeño

  • Una porra de autodefensa

  • Un lápiz de colores

  • “Introdujo un lápiz de cera en la vagina y no se acuerda si salió”

  • Múltiples bolas de algodón

  • La tapa de un bote de desodorante

  • Una pieza de dominó

  • Pedazos de bolígrafo

  • Un peso para papel de cristal

  • “Un vibrador de tipo huevo se le rompió dentro dejando fragmentos y cinco pilas”

  • Una uña postiza

  • Un pincel de maquillaje

  • Un plátano de plástico

  • Un anillo para pene

  • “Resbaló en el suelo mojado y tenía un juguete sexual atascado en la vagina desde hace 8 meses”

Recto
  • Una bola del árbol de Navidad

  • Una bola de billar

  • Una lima de uñas

  • Un vaso de chupito

  • Crack y juguetes sexuales

  • Una tarjeta SD

  • “Saltó sobre la cama y se incrustó un cepillo de dientes que había sobre ella”

  • “Saltó sobre el sofá y accidentalmente se sentó sobre un bolígrafo que se incrustó en su recto”

  • Un estuche de lápices

  • Un rotulador para subrayar

  • Un lápiz de cera verde

  • Un stylus de iPad

  • Un tubo de lubricante completo con la tapa puesta

  • La pata de un telescopio

  • Un tubo de plástico para cigarros puros

  • “Usó un encendedor para meterse drogas en el recto. Pudo recuperar las drogas pero cree que el encendedor sigue ahí”

  • Un bote de pastillas de plástico

  • Un bote de enjuague bucal de tamaño viaje

  • Un bote pequeño de champú

  • Un bote de champú de tamaño normal

  • Un bote de aerosol

  • Una bola de golf

  • Dos bolas de golf en una bolsa

  • “Introdujo una botella de refresco mezclado con whiskey Fireball en el recto y apretó la botella”

  • Un bote de pastillas de plástico

  • Un botellín de cerveza de 7 onzas (20 Cl)

  • Una pastilla de jabón

  • Una vela en un condón

  • “Se introdujo una mezcla de agua y lejía en el recto para prevenir el SIDA”

  • Una bombilla

  • El palo de una escoba

  • Un móvil

  • Un llavero con linterna y su correspondiente pila

  • “Se introdujo un vibrador y no podía sacarlo así que trató de extraerlo con un destornillador. Laceraciones en el recto. Vibrador ahora atascado en el colon”

  • Importantes cantidades de cuerda

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  Libros difíciles de conseguir
Enviado por: aravan - 01/12/2018 01:48 PM - Foro: Colecciones, Sagas, etc. - Sin respuestas

Lo dicho, hay libros que por muy diferentes motivos se hacen difíciles de conseguir, aunque el principal sigue siendo el precio.

La idea es poner sobre la mesa esos títulos, y así ver si es posible, ya sea por compra física o por cualquier tipo de soporte hacerse con ellos.

Pondré solo unos pocos, cuatro o cinco de los cientos que seguramente buscamos entre todos. Cualquier aportación será bien recibida, ciñiendonos siempre a la fantasía o fantaciencia o como queramos llamarle (terror, cifi y fantasía); vamos allá...

La biblioteca de Babel, de editorial Siruela, vv.aa., 33 títulos (se encuentran ejemplares sueltos, pero muy caros)
https://tercerafundacion.net/biblioteca/...eccion/556

Un coro de niños enfermos, de Piccirilli. También se pude encontrar algún ejemplar, pero super caro
https://tienda.cyberdark.net/un-coro-de-...n2574.html

La habitación de Noemí, de Jonathan Aycliffe, imposible de encontrar por el momento, creo.
http://www.noemirisco.me/2015/10/la-habi...naomi.html

Trilogía Príncipe de Nada, de Scott Barker en la edición de Timun Mas, muy difíles los tres juntos en esta edición. Se pueden conseguir buscando los que editó Altaya en tapa dura, pero tampoco es fácil.
https://tercerafundacion.net/biblioteca/...ccion/2971

Gormenghast, de Melvin Peake. Los tres, imposible, alguno suelto de vez en cuando, de lo más buscado.
https://es.wikipedia.org/wiki/Trilog%C3%...ormenghasthttps://es.wikipedia.org/wiki/Trilog%C3%...ormenghast


Saludos.

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  [Fantasía] Dayana 2.0
Enviado por: Iramesoj - 18/11/2018 04:22 PM - Foro: Tus historias - Respuestas (4)

Ante las críticas negativas sobre la historia de Dayana (en todo su conjunto) que he recibido en el dragón lector, he decidido cambiar la historia completamente pero manteniendo a la protagonista y a su entorno. No obstante, en mis próximas entregas del dragón lector voy a colgar textos que nada tienen que ver con Dayana. Por eso mismo, cuelgo aquí el primer capítulo para quien tenga a bien leerlo antes de que Dayana vuelva al Dragón. Este primer capítulo sigue siendo de presentación de la prota y de su entorno pero con cambios sustanciales respecto a la primera versión. Lo que pasará después no tendrá nada que ver con la Hermandad del Silencio. Bueno, aquí va:

CAPÍTULO 1

El sol comenzaba a salir, y Dayana, con los primeros rayos de luz del día, comenzó a despertarse. Una vez salía del mundo onírico, le costaba mucho conciliar el sueño de nuevo, pese a que solía leer hasta entrada la noche. Ya abiertos los ojos, se incorporó suavemente y se estiró con toda su energía, emitiendo un sonoro bostezo. Al levantarse, lo primero que hizo fue mirar por la ventana. Le gustaba contemplar Bosta, su pueblo, desde arriba, tan lleno de hierba, árboles, y con un gran lago en el centro. Pero no podía quedarse mucho rato mirando, ya que enseguida tenía que ir a trabajar. No solía vestirse como las otras mujeres, sino que prefería usar pantalones y chaleco, que le resultaba una indumentaria más cómoda. Usando el reflejo del cristal de su ventana, se peinó y se hizo una coleta, ya que solía ir corriendo a todas partes y la melena suelta le resultaba molesta.

Al salir de su habitación y bajar al salón, vio que sus padres estaban ya levantados, preparando el desayuno.

—Buenos días, Dayana —le dijo su madre—. Te hemos preparado el desayuno.
—¡Otra vez! No hacía falta. Tenéis que descansar más.
—Algo tenemos que hacer, tú nos mantienes al fin y al cabo.

Dayana torció el gesto y comenzó a beber el té que le había preparado su madre. Sus padres habían tenido una sola hija, y fue cuando ambos rondaban los cincuenta. Ahora ella tenía veintitres años, varios de ellos dedicados a  trabajar para sacar adelante a dos ancianos que tenían los problemas propios de la tercera edad.

—¿Qué tal en la taberna, hija? —Le preguntó su padre.
—Como siempre.
—¡Entonces bien! Mucho mejor trabajo que cuando limpiabas casas.
—¡Eso desde luego! Bueno, voy a apresurarme, no sea que se me haga tarde.

Dicho esto, Dayana devoró unas tostadas que le habían dejado y sorbió el té con una rapidez asombrosa, pese a lo caliente que estaba. Se despidió de sus padres con dos besos a cada uno y fue corriendo al trabajo. Una vez escuchado el portazo, sus padres pudieron hablar con más confianza.

—Esta chica...no se casará, no.
—Eso no es importante, Mina. Dayana es sana, culta, trabajadora...no nos podemos quejar.
—Mark, la mayoría de chicas del pueblo se casaron antes de los veinte. Se dedican a los niños, las mantiene su marido...y si trabajan fuera de casa, no se matan del modo en que lo hace nuestra hija.
—Dayana no es como las demás chicas. No le gustan los niños y es solitaria. Creo que va a ser más feliz viviendo como vive. Y mejor así, le costaría casarse con lo fea que es.
—¡Mark!
—Yo digo la verdad. Estoy orgulloso de mi hija, y así como digo que es sana, culta y trabajadora, digo que es fea. ¡Y lo prefiero a que sea vaga, inculta y guapa!

Mientras sus padres conversaban sobre estos temas, Dayana corría hacia su trabajo, cuando oyó una voz que la llamaba.

—¡Hey, Cocodrilo!

Ella se giró, pues así la llamaban en el pueblo debido a su horrible dentadura. Prefería que la llamaran por su nombre, pero se había acostumbrado a ese mote desde pequeña y era algo tan arraigado que algunos la llamaban así incluso cuando no tenían intención de molestarla. El que ahora se lo decía era Jairo, un chico de su edad de buen corazón, pero demasiado espontáneo y falto de tacto.

—Al trabajo, ¿eh?
—Claro.
—Te acompaño y así me tomo una pinta antes de irme yo a arar.
—Vale. ¡Vamos, he de ser puntual! —dijo justo antes de echar a correr.
—¡Espera! ¡No corras tanto!

Tras unos minutos llegaron a la taberna, llegando Jairo especialmente fatigado.

—¡Qué rápida eres! ¡Me ha costado seguirte! —comentó dándole a Dayana una palmada demasiado fuerte en la espalda.
—¡Au! —Se quejó Dayana, que perdió el equilibrio unos segundos—. ¡No me des tan fuerte!
—¡Lo siento! De verdad, yo no...
—Déjalo, anda. —zanjó el asunto, intentando ignorar el picor que sentía en la espalda—. Pero ten cuidado la próxima vez.

Dicho esto, Dayana abrió la taberna con llave, puesto que aún no había llegado nadie. Tras ocupar su puesto sirvió una jarra a Jairo, que dio un largo sorbo.

—Tienes suerte de trabajar aquí, mientras yo me mato en el campo.

Y dicho esto, eructó con la boca cerrada. Aquello era un adelanto, pues Dayana le había reñido más de una vez por hacerlo con la boca abierta. Ese detalle la animó, haciendo que por fin sonriera.

—Bueno, también tengo la suerte de que esta sea tu taberna favorita —dijo ella intentando ser simpática. Le costaba tratar con alguien tan bruto como Jairo, pero también tenía en cuenta que él hacía lo que podía para dejar de serlo.
—¡Hola, buenos días!

Quien acababa de entrar era Esther, la otra camarera de la taberna. Era una de las chicas más bellas del pueblo, y solía llevar vestidos ceñidos y escotados, que hacían que los hombres fijaran la vista en ella, como estaba haciendo ahora Jairo.

—¡Esther! ¿Cómo estás? —La saludó él.
—¡Muy bien! —Contestó ella con una amplia sonrisa. La presencia de Jairo no parecía incomodarle, lo que sorprendía a Dayana—. Veo que eres el primer cliente de la mañana.
—Sí, pero me tomo esta y me voy.

Y tras decir esto, apuró su jarra.

—¡Adios, chicas! ¡A la noche vuelvo!

Dayana se sintió aliviada de perder de vista a ese hombre por unas horas. Aprovechó el momento para saludar a su compañera.

—¡Hola!
—¿Que tal lo llevas, Dayana?
—Tirando —dijo sonriendo levemente—. Como siempre, Tom vendrá dentro de un rato. ¡Qué bien vive con eso de que es el jefe y se fía de nosotras!

Al decir eso, las dos rieron, y justo en ese momento, entró Steve, otro chico del pueblo. Dayana se alegró mucho al verlo entrar.

—¡Hola, Dayanita! ¡Ponme una jarra!

Dayanita. Le solía llamar así, y a ella le encantaba.

—¡Enseguida! ¿Qué tal estás? —preguntó mientras le servía—. Hacía días que no venías por aquí.
—No siempre tiene uno tiempo para hacer lo que le apetece. Pero lo que importa es que estoy aquí. ¡Y todavía no te he ganado a los dardos!
—¡Ya estamos! —exclamó ella con una carcajada, tras lo cual, abrió un cajón, y sacó diez dardos. Se quedó cinco, y le dió la otra mitad a Steve—. ¡Comencemos!

Y en cuanto Dayana tiró el primer dardo, acertó en pleno centro.

***

Aquella tarde, al arribar al pueblo de Bosta, los ex-soldados Cneo y Máximus fueron a la posada más cercana que encontraron. Tras pagar y dejar sus caballos decidieron ir a refrescar sus gargantas.

—Mira, Max. Sigue en pie la taberna donde veníamos a beber hace años. ¡Vayamos a recordar viejos tiempos!.
—Está bien.

Al entrar, vieron tras el mostrador a un hombre y a dos mujeres, estas visiblemente ocupadas sirviendo jarras a la numerosa clientela. Decidieron sentarse en una mesa, y esperar a ser atendidos, puesto que no tenían prisa. Dado el ruido de fondo, podían hablar sin temor a ser escuchados.

—Está muy bien la chica morena. ¿Eh?
—Cómo eres, Cneo —le espetó friamente—. No hemos venido aquí a divertirnos.
—Tenemos derecho a evadirnos un rato después de este largo viaje.
—¡Tienes razón, qué demonios! Y sí, qué pedazo de mujer.

En ese momento, vieron que el hombre hablaba con la otra camarera, señalando la mesa donde ellos estaban.

—¡Qué pena! ¡Nos va a servir la otra, la de pelo castaño!
—Venga, Cneo, que tampoco está mal.
—No está mal pero es eso, una chica del montón.

De repente callaron al ver que la muchacha de la que estaban hablando se hallaba delante de ellos.

—Buenas tardes. ¿Qué deseais tomar?

Tras decir esto, la chica mostró una amplia sonrisa que les heló la sangre: esa dentadura le quitaba todo el atractivo que pudiera tener.

—Dos jarras de cerveza, por favor.
—¡Marchando!

Una vez ella se alejó, Cneo no pudo contenerse.

—¡Vaya boca le ha tocado a la pobre! ¡Lo siento mucho por ella!
—Bueno, hablemos de algo que no sean las camareras. ¿No te trae recuerdos este pueblo?
—Claro, recuerdos de la época menos dura de la guerra, cuando estuvimos destinados aquí. ¡Qué grande era el comandante Mark Blossom!
—¿Y te acuerdas de Onara?
—¡No me la recuerdes! ¡Qué mujer tan desagradable! ¡Me alegro de ser tuerto porque tengo un ojo menos para verla!

Al decir esto se echaron a reir. Máximus continuó hablando de ella, pese a la petición de Cneo.

—Probablemente aparezca por esta taberna. A esa le gusta demasiado emborracharse. Si sigue viviendo aquí, al caer la noche la tendremos empinando el codo delante de nosotros.
—¡Ya será casualidad!
—¿Qué te juegas a que la vemos aparecer en un rato?
—Me juego diez doblones.

Y tras decir esto, se dieron la mano, aunque era una apuesta simbólica, pues compartían gastos en sus viajes. Iban a quedarse hasta la hora del cierre, solamente para ver si Onara aparecía o no. La taberna fue vaciándose, y en un determinado momento solo quedaban ellos dos, las dos camareras y el encargado del establecimiento.

—Yo me voy ya a a casa —dijo este—. Fregad los cacharros antes de iros y cerrad con llave.
—¡De acuerdo, Tom! ¡Hasta mañana! —exclamó la camarera guapa efusivamente.

Una vez se fue aquel hombre, los dos ex-soldados bebieron en silencio, escuchándo la conversación de las chicas.

—Aún tiene que venir Jairo. Ha dicho que vendría y siempre cumple.
—Sí...dame ánimos, Esther, porque los voy a necesitar.
—Ya siento la parte que te toca, siempre te llama Cocodrilo y...
—¡Si solo fuera eso! —la interrumpió—. ¡Creo que se me ha debido marcar su mano en la espalda del palmetazo que me ha dado!

En ese momento entró otro chico más.

—¡Dayanita, vengo a por la revancha!
—¡Steve, eres incorregible! —exclamó ella sonriendo.

Cogieron cada uno cinco dardos, y justo entonces entró un chico jovial y corpulento.

—¡Hola de nuevo, chicas! ¿Ya está la Cocodrilo con los dardos? —Y enconces se dirigió a Dayana—. ¡Es increible que siempre ganes!

Y al decir esto fue a darle una palmada en la espalda, pero ella se giró con una mirada furibunda y el chico, amedrentado, usó la mano con la que iba a darle para rascarse el brazo. Definitivamente, pensaron Cneo y Máximus, ese tipo era el tal Jairo.

—Lo siento...a veces no me controlo. Ponme una jarra, Esther.

Esther le puso la jarra, y Jairo comenzó a conversar con ella, mientras Dayana y Steve competían. Sorprendidos, Cneo y Máximus vieron como Dayana acertó en plena diana las cinco veces, mientras que su rival acertó solamente una vez. Ambos reían y disfrutaban, pero de repente, apareció Onara, tal como los ex-soldados la recordaban, aunque más entrada en años: Una mujer obesa y malcarada. Máximus sonrió al haber ganado la apuesta. Notaron que tanto las dos camareras como los dos muchachos se sintieron muy tensos al verla entrar.

—¡Un vino! ¡Ahora!

Esther le sirvió, y claramente le temblaba el pulso al hacerlo. Una vez tuvo el vaso en sus manos, Onara probó el vino y a los pocos segundos se lo escupió a Esther en la cara.

—¡Está picado, puta!

Mientras Esther se limpiaba la cara con un trapo, Dayana saltó el mostrador y retorció el brazo derecho de Onara, haciendola girarse y quedar de espaldas a ella. Ante la presión de la llave, la obesa mujer hincó una rodilla.

—Puedo tenerte así todo el día, así que yo me rendiría pronto.

Onara aleteaba el brazo izquierdo intentando golpear inutilmente a su rival mientras profería los peores insultos y amenazas, ante la mirada atónita de Cneo y Máximus. Finalmente, la mujer dejó de resistirse y cerró la boca, con clara expresión de rabia.

—No vuelvas a faltar al respeto a nadie dentro de esta taberna. Y como te conozco, doy por hecho que en casa te desahogarás con tu marido. Como vuelva a verlo con marcas de golpes, te rompo un brazo. Ya ves que soy capaz.

Al decir esto, la soltó y Onara se alejó rapidamente. Una vez estaba a una prudente distancia, comenzó a gritar:

—¡Esto no quedará así, pedazo de zorra!

Y salió corriendo por la puerta ante las risas de todos los presentes, excepto los dos soldados, que estaban atónitos ante lo que acababan de ver. En ese momento, Dayana se dirigió a ellos.

—Ya va siendo hora de cerrar. ¿Podéis pagar, por favor?
—Sí, claro—contestó Máximus—. Estoy impresionado. Tienes una gran puntería, y reducir a esa mala pécora tiene mucho mérito para alguien de tu tamaño. Te han entrenado, ¿Verdad?
—Más o menos. Yo...—titubeó sonrojada, tocándose nerviosamente la melena.
—A Dayana la ha entrenado su padre, que fue comandante durante la guerra —aclaró finalmente Steve.
—Bueno, tampoco estoy tan en forma—afirmó ella con sinceridad—. Hace años que casi no entreno porque trabajo de sol a sol y vuelvo a casa reventada. Pero reducir a esa vieja no tiene tanto mérito...y lo de los dardos, como suelo jugar aquí mantengo la puntería.
—Te llamas Dayana Blossom. ¿Cierto? —preguntó Cneo.
—Sí.
—Fuimos soldados bajo el mando de tu padre. Yo soy Cneo, y mi amigo, Máximus. En nombre de los dos puedo decir que estamos muy felices por conocerte.

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  [Microrrelato] Todo y Nada
Enviado por: Escribiendo_en_tinta - 13/11/2018 07:50 AM - Foro: Tus historias - Respuestas (5)

Aquí os dejo un microrrelato que se me ocurrió escribir hace unas dos o tres noches en la cama xD
Críticas constructivas, venid a mi!

Todo y Nada

-Entonces dime, Todo, ¿quién es más perverso, el interesado en destruir o el ferviente en jugar a las alabanzas?
-El mal acecha cuando es tu sombra la que se alza sobre la vida, Nada.
-Sí, mas, ¿qué es la vida si no el alma de un niño pequeño necesitado de atención?
-Me cansé del vacío de nuestra eternidad, hermano mío. Sin embargo, la vida mortal no es un suplicio en absoluto.
-No, no lo es. Mas tus creaciones padecen. ¿Aman? Sí, pero sufren. Entonces dime, Todo, un acto como el tuyo, promovido por puro egoísmo y cuyas consecuencias son los lamentos de la humanidad, ¿es acaso alguna especie de benevolencia? «Yo soy quien os ha dado la consciencia y yo seré vuestro guía en una vida no eterna, y a cambio de vuestra efímera y desvalida existencia, me tomaréis por un dios».

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  Da clases de historia usando lenguaje inclusivo
Enviado por: Duncan Idaho - 03/11/2018 01:38 AM - Foro: Fuera de tema - Respuestas (2)

Germán López es un docente de Historia cordobés que decidió incorporar en sus clases el lenguaje inclusivo. Para él, el uso de esta forma tiene que ver con algo de fondo: “Se trata de incorporar a la mayor cantidad de sujetos”.

Algunos de los alumnos celebran su decisión, mientras que a otros les cuesta un poco más entender los motivos por los cuales el lenguaje inclusivo existe y usarlo. Germán trabaja en el Instituto Provincial de Enseñanza Media 10 Roma,en Córdoba y en sus clases resuenan los sujetos históricos como “Les Romanes”, “les esclaves”.
Cuando sus alumnos lo cuestionan, Germánresponde con total serenidad: “Nadie los obliga a usarlo, pero es una forma de nombrar todos”. Y es que son muchos los detractores del lenguaje inclusivo. Algunos consideran que es una manera de “degradar” el idioma, pero otra porción de gente entiende que se trata de una forma de igualdad.


Para el docente la discusión también se tiene que dar en las aulas. No induce a sus alumnos a utilizarlo, pero les explica el contexto y los motivos para que se sientan informados a la hora de tomar postura al respecto. “Tiene todo un sentido esto detrás, que es tratar de incorporar a la mayor cantidad de sujetos. Porque es cierto, no había solamente Patricios, también había Patricias. No había solamente esclavos, también había esclavas”, explicó Germán

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  Audio para Halloween, escuchalo... ¡si te atreves!
Enviado por: Duncan Idaho - 01/11/2018 08:08 PM - Foro: Fuera de tema - Sin respuestas

Ya se que me pase un dia.

Aqui esta un audio de un programa de radio de hace varios años, recomiendo escucharlo a media noche y con la luz apagada.


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  Relato de fantasía: La nueva mascota
Enviado por: Ralvarado - 31/10/2018 12:30 PM - Foro: Tus historias - Respuestas (3)

Un relato de fantasía que escribí hace algún tiempo para un reto con un amigo. Es un poco largo, pero espero que lo disfrutéis Wink

                                                                           La nueva mascota
 

El caballero avanzaba con la cabeza gacha para no golpeársela con el techo rocoso. Al cabo de varios minutos de avanzar por aquel pasillo que se volvía más estrecho a cada paso, distinguió una luz que brillaba a lo lejos. Bajo el sonido traqueteante de su armadura, escuchó la voz de una mujer. Estaba cantando. El caballero fue incapaz de disimular una sonrisa. Por fin había dado con ella.
Al final del túnel se abría una amplia cavidad. Del techo colgaban manojos de ajos anudados entre sí, como si la persona que allí habitaba temiera el ataque de algún vampiro. El caballero no se extrañó, pues él mismo había presenciado las atrocidades que podían llegar a cometer esas criaturas. En un extremo de la cueva, pegadas contra la pared, había una serie de estanterías maltrechas pegadas las unas a las otras. Algunas se combaban bajo el peso de los libros.
Sin embargo, lo que al caballero le interesaba era la mujer que se encontraba en el centro de la sala, tarareando una extraña tonadilla mientras revolvía con un cucharón el contenido de un caldero al fuego.
Con cuidado de no sobresaltarla, el caballero avanzó unos pasos hacia ella, tratando de hacer el menor ruido posible. Se detuvo a una distancia prudencial mientras la mujer seguía a lo suyo, sin dar ninguna señal de haber reparado en su presencia, y dijo:
 
─ Hace mucho tiempo que os llevo buscando ─su voz reverberó en las paredes de la cueva.
 
La mujer se dio la vuelta y lo miró con una expresión de extrañeza marcada en el rostro. Sus ojos se detuvieron primero en la cara del caballero, quien arrojó el yelmo a un lado para que pudiera vérsela mejor. Después pasaron al resto de su armadura y se mantuvieron fijos en el dibujo repujado en oro en el centro de su coraza. La mujer hizo una mueca. Era una espada envuelta en llamas, el símbolo de su orden, los Cazadores de Brujas. No era de extrañar que no le hiciera la más mínima gracia ver aquel símbolo, pues era una bruja. Y no una cualquiera, sino la mismísima Asyna. La bruja más poderosa de la que se tuviera noticia en aquella parte del mundo.
 
─ ¿Qué hace un caballero de la Orden de los Cazadores en mi humilde morada? ─dijo Asyna, volviéndose hacia el caballero con los brazos cruzados─ Creía que los de tu calaña ya habrían aprendido la lección.
 
El caballero fue incapaz de responder de inmediato a las palabras de la bruja. Se le había cortado la respiración al comprobar que las historias que se contaban de ella no exageraban. De hecho, se quedaban cortas, y ahora sabía por qué: no había palabras en ningún lenguaje humano para describir la belleza de aquella mujer. Esa belleza no podía ser natural, debía ser obra de pócimas o de encantamientos diabólicos, pero eso a él no le intimidaba. No había pasado meses buscándola para detenerla ni hacerle pagar por sus crímenes, como quería el resto de los miembros de su Orden.
Sus ojos se fijaron primero en el largo cabello negro que le caía en tirabuzones hasta llegar a sus caderas. Su rostro, que parecía esculpido en mármol, contaba con una nariz pequeña y algo respingona. Tan sólo iba vestida con un vestido sucio y deslucido, pero eso no le restaba nada de atractivo, más bien al contrario. La piel que dicho vestido dejaba al descubierto era más que suficiente para secuestrar la atención de cualquier hombre.
 
─ Pertenezco a la Orden ─ dijo el caballero, haciendo un esfuerzo inhumano para despegar los ojos del desfiladero que se abría en el escote de Asyna ─, o al menos pertenecía a ella hasta hace unos meses. Hace tiempo que abandoné a mis hermanos y partí en tu búsqueda. Mi nombre es Farum.
 
Aquello pilló por sorpresa a la bruja, que levantó una ceja en un gesto de curiosidad.
No parecía confiar del todo en la historia del caballero.
 
─ Eso no explica cómo has podido llegar hasta aquí, Farum ─ dijo la bruja ─. La entrada de mi guarida está protegida por numerosas barreras y trampas mágicas. Sólo un mago de gran nivel sería capaz de desbaratarlas para llegar hasta aquí. ¿Acaso la Orden a empezado a dejar de lado sus rancios principios para aceptar magos entre sus filas? ¿Magos que les ayuden a atrapar a otros magos?
 
Una risa sofocada borboteó en la garganta del caballero.
 
─ No, los rancios principios de la Orden siguen en pleno vigor ─ dijo, sintiéndose cada vez más cómodo ─, y probablemente lo sigan estando durante muchos siglos.
 
Dicho esto, el caballero se quitó un guantelete de un tirón, dejando su mano desnuda. Puso la palma boca arriba, cubierta de callos a causa de las largas sesiones de práctica con la espada, llenó sus pulmones de aire, se concentró con todas sus fuerzas y dejó que la energía fluyera por su interior.
Farum sintió el poder recorriendo su cuerpo, como lo había hecho desde hacía pocos meses, cuando había descubierto que el poder de la magia corría por sus venas. Se deleitó con el cosquilleó que lo recorrió de pies a cabeza, haciéndole estremecerse, hasta que en su mano se formó una llama de un palmo de altura. Lo más extraño de todo es que aquella llama no le hacía el menor daño: no le chamuscaba la piel ni le quemaba las uñas de los dedos. De hecho, había aprendido a utilizar ese fuego como arma. Era capaz de arrojarla a un enemigo y atravesarle el pecho con ella, dejando un hueco justo en el sitio donde debía estar su corazón, o envolverlo en un sudario de llamas del que no podría escapar hasta convertirse en una masa de carne carbonizada. Así es como había asesinado a su antiguo compañero de armas, que había intentado delatarlo tras descubrir que poseía poderes mágicos. Farum no se arrepentía de su muerte.
Farum hizo ondear la llama frente a sí, para que la bruja pudiera contemplarla. Parecía sinceramente admirada por su proeza.
 
─ Vaya, vaya ─ dijo ─. Esto sí que es inesperado. Un caballero de la Orden más anti-magos que existe sobre la faz de la tierra con poderes mágicos. Conozco a unas cuantas amigas que se partirían de risa si se lo contara.
 
Satisfecho por el efecto que había tenido su demostración, Farum hizo desaparecer el fuego con la misma facilidad con que lo había convocado. Cada vez se volvía mejor en el control de sus poderes.
 
─ Por eso sabes que no tengo intención de hacerte ningún daño ─ dijo ─. Ahora mismo, la Orden de los cazadores es tan enemiga tuya como mía. He venido aquí porque quiero que me enseñes a controlar mis poderes. Quiero aprender a ser un brujo temible como tú, alguien a quien los Cazadores teman y respeten.
 
─ ¿Quieres que yo te enseñe? ─ dijo Asyna, llevándose una mano al pecho, como si lo que el caballero acabara de decir fuese la mayor estupidez del mundo ─ Muchacho, ¿qué te hace pensar que tengo ganas de tener un aprendiz? Por si no te has fijado, vivo en una cueva en medio de cientos de montañas escarpadas a la que es casi imposible acceder, a menos que, como tú, se tengan poderes mágicos. ¿Crees que me he instalado aquí porque me apetece tener compañía?
 
Asyna dejó escapar una risa sibilante y se dio unas palmadas sobre el muslo.
 
─ De eso nada, señor caballero ─ a Farum no le pasó por alto la sorna con la que había pronunciado esas dos últimas palabras ─. El mejor consejo que te puedo dar es que te busques tu propio sitio. En estos tiempos la vida de la gente como nosotros es solitaria, y lo cierto es que yo lo prefiero así. De modo que lárgate por dónde has venido.
 
La bruja se dio la vuelta y volvió a ocuparse del mejunje que estaba preparando en el caldero, pero Farum no estaba dispuesto a rendirse con tanta facilidad.
 
─ Por favor ─ dijo, acercándose más a la hechicera ─. No tengo donde ir. Mis antiguos compañeros quieren verme muerto y no tengo ni idea de cómo sobrevivir sólo en la naturaleza.
 
Asyna levantó la vista del caldero y clavó unos ojos llenos de escepticismo en Farum. El caballero se dijo que aquello era buena señal, debía de estar empezando a convencerla.
 
─ Además ─ continuó diciendo ─, no es que quiera alardear, pero es obvio que poseo un gran talento para la magia. Siendo sincera, ¿cuántos magos que hayan manifestados sus poderes por primera vez dos meses atrás crees que serían capaces de dar contigo?
 
Asyna se mantuvo en silencio durante unos segundos, girando la cabeza hacia un lado, como si sopesara el argumento de Farum.
 
─ Tienes razón ─ dijo, y Farum sintió cómo le daba un vuelco el corazón ─. Tal vez me venga bien tener un aprendiz por aquí, pero sólo si prometes que harás todo lo que yo te diga, cuándo te lo diga, y exactamente como yo te lo diga. No quiero tener que salir a enterrar tu cadáver después de que te envenenes por confundirte con el ingrediente de una poción.
 
Farum estuvo a punto de dar un salto de alegría, pero se contuvo para no parecer un capullo infantil.
 
─ Gracias, muchísimas gracias ─ dijo, sin poder evitar que su voz se impregnara de buena parte de la emoción que lo embargaba en esos momentos ─. Te aseguro que no te decepcionaré.
 
Asyna levantó una mano en un ademán que indicaba paciencia.
 
─ No vayas tan deprisa, muchacho ─ dijo, mientras dejaba a un lado el caldero y se alejaba hacia el fondo de la caverna, haciéndole un gesto a Farum para que la siguiera ─. Antes de aceptarte tienes que demostrar que posees el talento suficiente.
 
Aquello le sentó mal a Farum, quien ya pensaba que iba a ser el aprendiz de la que muchos consideraban la bruja más sabia y temible de todos los tiempos. Mientras la seguía hasta una mesa dónde había una serie de frascos de cristal llenas de un líquido que no podía distinguir, Farum soltó un bufido y se cruzó de brazos.
 
─ ¿Es que acaso no he hecho ya suficiente para demostrar mi valía? ─ dijo.
─ ¿Piensas que una simple bola de fuego es suficiente para impresionarme? ─ contestó Asyna, con no poca guasa ─ No me hagas reír, por favor. Para ser mi aprendiz hace falta saber algo más que un pequeño truco como ese.
 
Farum frunció el ceño cuando la bruja llamó «un pequeño truco como ese» a su bola de fuego. A él no le parecía moco de pavo: lograr aquello le había costado semanas de práctica y entrenamiento. Sin embargo, se abstuvo de hacer más comentarios de protesta. No quería poner a prueba la paciencia de la bruja más poderosa de todos los tiempos. Lo más probable es que si la hacía enfadar lo transformara un sapo con la misma facilidad con que él bostezaba, así que decidió que su mejor opción consistía en mantener la boca cerrada y hacer lo que ella le decía.
Cuando llegaron junto a la mesa, Asyna le señaló los frascos con una mano.
 
─ Para ser mi aprendiz debes demostrar que tienes algo más que talento ─ dijo ella, dando unos golpecitos con una uña a uno de los frascos que había sobre la superficie de madera ─. Quiero asegurarme de que tienes las agallas suficientes para perseguir el noble camino de la magia, por muy difícil que resulte.
 
Farum tragó saliva, haciendo que su nuez subiera y bajara en su cuello como una especie de resorte.
 
─ ¿Y cómo puedo probarte mi valor? ─ dijo, suponiendo que la prueba que la bruja le tenía reservado tenía algo que ver con aquellos frascos.
─ Como ves, en esta mesa hay cuatro pociones ─ dijo la bruja, mientras se los señalaba uno a uno. Cada uno de ellos poseía un color distinto, a cada cual más extraño y menos apetecible. ─ Todos ellos contienen una poción de transformación. Quienquiera que las tome todas acabará convertido en una bestia, una que estará hechizada para cumplir todas mis órdenes y deseos.
 
Frarum frunció el ceño mientras un sudor frío comenzaba a humedecerle todo el cuerpo. Él había venido hasta allí para aprender, no para convertirse en esclavo de nadie. Y menos si esa esclavitud implicaba convertirse en un ser inhumano.
Estaba a punto de rechazar la prueba cuando Asyna extrajo de su abundante escote un nuevo frasco y lo colocó junto a los demás. El líquido de su interior tenía color dorado, y desprendía un brillo amarillento que hacía que Farum tuviera que entornar los ojos para mirarlo directamente.
 
─ Esta nueva pócima, en cambio ─ explicó la hechicera ─, contiene un preparado que desencadenará tus verdaderos poderes mágicos. Verás, todos los magos primerizos necesitan tomar una pócima de estas en algún momento, o nunca podrán descubrir su auténtico poder. Si te limitas a practicar esas bolitas de fuego, nunca descubrirás tu verdadero potencial.
 
Aquello le parecía más apetecible a Farum. La codicia y las ansias de poder hicieron que extendiera una mano hacia aquel brebaje de color dorado que prometía volverlo diez veces más poderoso.
 
─ No tan deprisa ─ dijo Asyna, al tiempo que le daba un capirotazo en la mano que había acercado a la poción. Luego chasqueó los dedos e hizo que todas las pociones se tornaran de un color gris apagado. Después dio una palmada y todas se mezclaron entre sí, cambiando de sitio tan rápido que Farum fue incapaz de seguir la trayectoria de la pócima de poder.
 
La bruja se dirigió a Farum con una sonrisa perversa en los labios, mientras él observaba la mesa con una mueca de preocupación.
 
─ Supongo que ya sabrás en qué consiste la prueba, ¿verdad? ─ dijo ella.
 
Farum asintió con gravedad.
 
─ Tengo que adivinar cuál de estas cinco pociones es la buena ─ dijo, con voz monocorde ─. La que me ayudará a desbloquear mi verdadero potencial.
─ Eso es, pero se te olvida un detalle muy importante ─ Asyna levantó cuatro dedos ─. Tienes cuatro oportunidades para dar con ella. Si en tu cuarto intento consigues la pócima buena, los efectos de las otras tres pociones de transformación quedarán anulados. Además, descubrirás poderes que ni siquiera sabías que tenías y te habrás ganado el derecho a convertirte en mi aprendiz. Si no… ─ la bruja se encogió de hombros ─ La transformación quedará completada. Perderás para siempre la conciencia de ti mismo y pasarás el resto de tus días sirviéndome.
 
Farum se estremeció al imaginarlo. Sin duda, sería un destino de lo más aciago, pero tenía cuatro oportunidades para lograrlo. Cuatro posibilidades de cinco. Aquél era un riesgo que estaba dispuesto a correr. El premio sin duda valía eso, y mucho más.
 
─ Acepto ─ dijo, tratando de conferir a su voz un aplomo que estaba lejos de sentir ─. No he recorrido todo el camino hasta aquí para echarme atrás ahora.
 
La bruja asintió con aprobación.
 
─ Esa es la actitud ─ dijo, e hizo un ademán, como invitando a Farum a comenzar con la prueba ─. Cuando quieras.
 
Farum avanzó hasta colocarse frente a la mesa y observó los pequeños frascos de cristal que tenía frente a sí. Trató por todos los medios de recordar la trayectoria que había seguido la pócima dorada cuando Asyna las había mezclado, pero fue inútil. No tenía ni la más remota idea de cuál sería la correcta, así que decidió coger una al azar. Se decantó por la pócima situada más a la derecha. Levantó el frasco hasta ponerlo delante de sus ojos, lo agitó para remover su contenido con la vana esperanza de que el sonido de la poción le diera algún indicio y, por último, descorchó el frasco con un sonido de succión y se tragó hasta la última gota del líquido grisáceo.
Lo primero que sintió fue una sensación de ligero mareo. Se tambaleó un poco, apoyó una mano sobre la superficie de la mesa para no resbalar y luego sintió como si alguien le desgarrara las tripas. Dejó escapar un grito de dolor y, mientras se llevaba las manos a la cabeza en un gesto de desesperación, vio cómo éstas se le llenaban de pelo hasta quedar por completo recubiertas de un espeso pelaje. Además, sus uñas se endurecieron y se alargaron hasta convertirse en garras negruzcas capaces de arrancarle la cabeza a un hombre de un zarpazo. Tras esto, las transformaciones se detuvieron, y el dolor fue remitiendo poco a poco.
 
─ Vaya, mala suerte ─ dijo la bruja, que lo observaba a cierta distancia con una sonrisa esquinada ─. Pero sólo es tu primer intento. Prueba otra.
 
Farum así lo hizo. Esta vez decidió coger la pócima del centro. Al principio tuvo algunos problemas para sostenerla con sus nuevas manos de bestia, pero se las apañó para sacar el tapón con una de sus afiladas garras.
Nada más tragarse el líquido, Faram supo que había vuelto a equivocarse. Una sensación de dolor aún más aguda que la anterior le recorrió todo el cuerpo, haciéndole caer al suelo entre espasmos de dolor. Cuando su sufrimiento amainó, descubrió que esta vez el pelo de su cabeza había crecido hasta convertirse en una melena que llegaba hasta el suelo. Al pasarse una garra por el rostro, descubrió también que la cara se le había cubierto de pelo, y que de sus labios ahora asomaban dos colmillos largos como meñiques.
 
─ Has fallado otra vez ─ dijo Asyna─. Pero tranquilo, aún te quedan dos oportunidades.
 
Farum empezaba a arrepentirse de haber accedido a aquello, pero era imposible echarse atrás ahora. Tenía que encontrar la pócima dorada o quedarse para siempre con ese aspecto, y no estaba dispuesto a parecer una abominación el resto de sus días.
De ese modo, Faram engulló la tercera poción. Esta vez se decantó por la que se encontraba más a la izquierda, rezando para sus adentros por acertar esta vez, pero sus esperanzas pronto quedaron desmentidas.
Sintió como sus pies aumentaban de tamaño a una velocidad vertiginosa, hasta el punto de que sus botas de acero fueron incapaces de contenerlas y reventaron a causa de la presión, enviando trozos de metal volando en todas las direcciones. Farum observó consternado las patas que habían quedado a la vista, tan peludas como sus manos, y con unas garras igual de intimidantes. Una poción errónea más y la transformación estaría completada.
 
Ya van tres ─ dijo la bruja. Farum creyó distinguir cierto retintín burlón en su voz ─. Sólo te queda una oportunidad, así que procura aprovecharla.
 
Farum respiraba de forma entrecortada, mientras paseaba la mirada entre las dos pócimas que quedaban sobre la mesa. Sentía que su corazón bombeaba cada vez más deprisa debido a su desesperación. Era en ese momento cuando tenía más posibilidades de dar con la pócima correcta. Una de dos, un cincuenta por ciento de probabilidades, o lo que es lo mismo, las mismas posibilidades de adquirir un poder inimaginable o de convertirse en una criatura abyecta. Farum se maldijo por haber aceptado la propuesta de Asyna. Debería haber seguido su consejo inicial y volver por dónde había venido, buscar su propio sitio y aprender magia por su cuenta. Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse.
Cogió una pócima en sus garras, la sopesó en sus manos, y como sus instintos no terminaban de decirle que aquella fuera la correcta, volvió a dejarla sobre la mesa y se llevó la otra a los labios.
Después de tragar el contenido de la pócima con un suspiro, Farum mantuvo los ojos cerrados, atento a cualquier señal que pudiera indicarle si había acertado.
Pasaron unos segundos que se le antojaron horas, y como no notaba nada fuera de lo normal pensó que por fin había dado en el clavo. Pero de pronto un terrible dolor le sacudió las entrañas.
Como le había ocurrido antes, Farum cayó al suelo y se retorció mientras sus alaridos de dolor llenaban la caverna. Entre el sonido de sus gritos de agonía, que cada vez se parecían más el rugido de una bestia, pudo distinguir la risa de Asyna.
 
─ Bueno, supongo que has tenido mala suerte ─ dijo ─. Es una pena que no hayas acertado, creo que habrías sido un buen aprendiz.
─ No ─ dijo Farum, o al menos eso intentó decir, porque lo único que salió de su garganta fue un gemido inarticulado ─. No puedo… acabar así… No puedo…
 
Su armadura salió despedida cuando su cuerpo aumentó tanto de tamaño que fue incapaz de contenerlo. No había ningún sitio en el que Farum pudiera contemplar su reflejo, pero debía de haberse transformado en una especie de oso, o de león, o quizás en una quimera aberrante. Una abominación de la naturaleza. Pero él no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida como un animal, y menos como una clase de esperpento a las órdenes de una bruja. Él estaba destinado a hacer grandes cosas. Desde que sus poderes se habían manifestado por primera vez había tomado la decisión de convertirse en el mayor mago de todos los tiempos. Y ninguna bruja, por muy astuta y muy poderosa que fuera, iba a impedírselo.
Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, sobreponiéndose al dolor que le laceraba todo el cuerpo, Farum se puso a cuatro patas y se abalanzó hacia la mesa. La única poción que quedaba tenía que ser la dorada, la que le iba a permitir realizar sus sueños. Tan sólo tenía que llegar hasta ella antes de que Asyna pudiera hacer algo para impedírselo. Una zancada, dos zancadas, tres zancadas…
 
─ ¡No, espera! ─ chilló la hechicera, al darse cuenta de lo que Farum pretendía hacer ─ Maldito bastardo tramposo. ¡Teníamos un trato!
 
Pero a Farum le importaban un bledo los tratos, sólo le importaba volverse más poderoso. Por eso había ido hasta la guarida de Asyna, por eso había accedido a participar en su pequeño jueguecito, y por eso ahora se abalanzaba sobre la mesa sin hacer caso de las palabras de la bruja.
Con su cuerpo recién adquirido, Farum aplastó la mesa bajo su peso y se metió el frasco que contenía la última pócima en la boca sin molestarse en descorcharla.
A su nueva mandíbula no le costó nada masticar el vidrio, y los pequeños trozos de cristal se deslizaron hasta el interior de su estómago junto al líquido de poder.
Farum sonrió, si es que a la mueca que se dibujó en su rostro de fiera se le podía llamar así. Lo había conseguido. Había sido más listo que la bruja más poderosa de todos los tiempos, y ahora iba a obtener el poder para superarla.
Se dio la vuelta entre los restos destrozados de la mesa y lanzó una mirada triunfal a la bruja.
«Te he derrotado, furcia.» ─ habría dicho, de no haber perdido la facultad de hablar ─ «Querías convertirme en tu esclavo y en lugar de eso me voy a volver mucho más poderoso que tú. Tan sólo espera y verás.»
 
Farum cerró los ojos, esperando sentir en cualquier momento cómo lo recorría una oleada de poder como nunca había sentido antes. En lugar de eso, no sucedió nada. No hubo un torrente repentino de magia, y su cuerpo tampoco había vuelto a la normalidad. ¿Qué estaba pasando?
Una sensación de terror le atenazó el estómago cuando escuchó la risa descontrolada de Asyna.
 
─ Qué predecibles sois los hombres ─ decía entre carcajadas, mientras se pasaba un dedo por el ojo para secarse una lágrima ─. Sólo os interesa el poder, ¡y mira adónde te ha llevado eso!
 
Farum miró nervioso a su alrededor, sin comprender. ¿Acaso la bruja lo había engañado de alguna forma?
 
─ No existe ninguna pócima de poder ─ explicó ella, mientras comenzaba a pasearse por la cueva. ─. La única forma que existe para aumentar el poder mágico es el entrenamiento y el estudio constantes. Día tras día, semana tras semana, año tras año. Ningún mago con dos dedos de frente se habría creído una historia semejante. Cada una de las pociones que tomaste era de transformación, incluso esa última. La pócima dorada del poder ─ dijo, sacudiendo la cabeza de un lado a otro con incredulidad ─. Menuda gilipollez.
 
Mientras la bruja se le acercaba, con paso tranquilo, Farum sintió como lo recorría una avalancha de dolor. Se retorcía en el suelo dejando escapar aullidos, alaridos, rugidos… Hasta que, de pronto, el dolor desapareció por completo, dejando tan sólo una sensación de agotamiento tan intensa que ni siquiera fue capaz de girar el cuello cuando la bruja se acuclilló junto a él y le susurró al oído:
 
─ ¿Sabes qué es lo más divertido de todo? ─ dijo ─ Si hubieras aceptado mi consejo de darte la vuelta y marcharte te habría acogido como aprendiz. Esa era la auténtica prueba. Pero en lugar de eso decidiste quedarte y demostrar tu sed de poder, de modo que has fracasado. No eres digno de tenerme como maestra. Y ahora, cierra los ojos. Todo acabará pronto.
 
La voz de la bruja resonaba en sus oídos como si se tratase de un eco lejano. ¿Qué era eso último que había dicho? Le había parecido que decía que todo acabaría pronto. Farum deseaba que así fuera. Se sentía muy, pero que muy cansado. Tan sólo tenía ganas de cerrar los ojos y olvidar. Olvidarlo todo…
 
 
 
La bestia tardó un buen rato en desperezarse, tiempo que Asyna aprovechó para continuar trabajando en su nueva poción. Mientras revolvía el caldero con meticulosidad, el bostezo de la bestia la sacó de su ensimismamiento, así que dejó lo que estaba haciendo para echar un vistazo a su nueva creación. La bestia medía más de dos metros de altura sentada sobre sus cuartos traseros, de manera que si se ponía en pie casi llegaría hasta lo alto de la cueva. Asyna asintió satisfecha después de contemplar a la bestia con atención. Sin duda, aquella era su mayor obra hasta el momento.
 
─ Hola, Farum ─ dijo, pasando una mano delante de los ojos de la bestia ─. ¿Quieres que te prepare una pocioncita de poder?
 
La bestia apenas se inmutó. Tal y como ella esperaba, no quedaba ni rastro del caballero-mago en el interior de aquella criatura. Asyna dejó escapar un profundo suspiro de cansancio.
 
─ Hombres… ─ dijo ─ ¿Por qué será que nunca aprenden?
 
Le apenaba realmente haber convertido a un joven tan prometedor en aquella bestia sin cerebro que tenía delante, pero no le había dejado otra opción. Había demostrado que no se detendría ante nada para obtener poder, por lo que representaba un peligro para ella, para sí mismo y para el mundo. Ahora, convertido en su bestia leal, sería incapaz de dañar a nadie, a menos que ese nadie fuera algún entrometido que viniera a su guarida con la intención de apresarla…
 
─ Bueno, qué le vamos a hacer ─ dijo ─. No habría estado mal tener un buen aprendiz, pero hace mucho tiempo que quiero una mascota. A veces esto puede resultar muy solitario…
 
Asyna se aproximó a su nuevo compañero y, poniéndose de puntillas, comenzó a rascarle detrás de la oreja. Farum, o la bestia que había sido Farum hasta hacía muy poco, sacó la lengua con satisfacción. Igual que el perro que disfruta de una caricia de su amo.
 
 

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  La dictadura de lo politicamente correcto ejecuta a Apu de los Simpson
Enviado por: Cabromagno - 28/10/2018 03:06 PM - Foro: Fuera de tema - Respuestas (7)

[Imagen: img_psola_20180427-090002_imagenes_lv_te...ia-Web.jpg]

Al parecer, para algunos Apu representa un estereotipo aborrecible de los inmigrantes que debe ser eliminado de la television. Y lo han conseguido, Apu desaparecera de la pequeña pantalla por ser un personaje "controvertido". Que mas da que el resto de los personajes de los Simpson tambien representen estereotipos y que esa sea la esencia de la serie, reirse de los estereotipos. La risa ya no importa. El humor ahora es el enemigo. En el siglo XXI, bajo la dictadura del buenismo y lo politicamente correcto, ya no se puede hacer gracia a costa de cualquier cosa que moleste a alguien. Nos llenamos la boca con la palabra "libertad" mientras nos cargamos libertades basicas como la de expresion que con tanta sangre, sudor y lagrimas se consiguieron en el siglo XX.

Aqui el ultimo caido. Durante 30 años nos hemos reido con Apu, con su mujer y con sus adorables octillizos. Pero claro, ahora que la India esta a nada de sobrepasar a China en poblacion, ya no esta bien reirse de eso. Antes, los dictadores tenian que pagar a unas personas para que hicieran de censores. Ahora, en las democracias hay miles de idiotas que hacen ese trabajo gratis. Cada dia estoy mas convencido de que caminamos hacia la 'Idiocracia'... (pelicula hiperrecomendada para quien quiera ver el autentico futuro que le aguarda a la humanidad, que no os engañe el que este etiquetada como "comedia").

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  La Saga de la Ciudad
Enviado por: Alhazred - 25/10/2018 06:48 PM - Foro: Colecciones, Sagas, etc. - Respuestas (3)

La saga de la ciudad son libros de fantasía urbana (aka, fantasía en un mundo pseudo-contemporáneo) y horror, escrita por Juan Cuadra Pérez. El primer libro se titula El Libro de Ivo, y llegó a mis manos gracias a una recomendación en este mismo foro hace ya varios años. Lo tuve pendiente bastante tiempo, pero al final lo leí y me encantó. Tiene un poco de Clive Barker, de Neil Gaiman también, y aunque tarda en arrancar, se pone bastante bien. Me leí el segundo libro inmediatamente después, El Libro de Sombra, que esta vez está protagonizado por un mago con poderes muy parecidos a los de Dr. Strange.

Me faltan por leer los dos restantes que están publicados, El Libro de Lucian y El Libro de Siiri. ¿Vosotros habéis leído esta saga? ¿Qué os parece? Por ahí también leí en el Facebook de Juan Cuadra y en su blog que los dos primeros libros han sido tachados de machistas o algo por el estilo, no sé qué tan cierto es (a mí no me lo parecieron en lo absoluto, aunque igual leí las versiones que el autor modificó en base a esas críticas).

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