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  Alternativas a Scrivener
Enviado por: Duncan Idaho - 11/01/2021 05:46 PM - Foro: Taller Literario - Sin respuestas

Algunas alternativas a Scrivener, unas son gratuitas y disponibles en más plataformas que Scrivener.

Manuskript

Manuskript  es software libre y está disponible para Linux, Windows y MacOS, algo que permitirá que aquellos que no quieran pagar por Scrivener puedan tener los mismos beneficios que esta herramienta.

YWriter

Ywriter es una de las alternativas a Scrivener más conocidas, que te permite la elaboración de una novela creando capítulos y escenas, la creación de ficha de personajes, lugares u objetos. Además, te permitirá crear estadísticas con todo tipo de datos para comprobar cómo evoluciona tu obra. Te dará información sobre el número de palabras o cumplimiento de tus objetivos. Está disponible para ios, Android, macos y Windows.

Bibisco

Bibisco posee dos versiones, bibisco «Community Edition» (En español, «Edición de la comunidad») que es gratuita, y la segunda, bibisco «Supporters Edition» (En español, «Edición de Soporte») de pago, ambas distribuidas mediante GNU GPL. La primera, al ser gratuita, tan solo posee las características básicas, incluyendo las opciones de exportar archivos, mientras que la de pago posee muchas más características, especialmente visuales. Está disponible para Windows, macos y linux.

Atomic Scribbler renombrado a SmartEdit Writer

Este programa para escritores no tiene nada que envidiar a Scrivener, ya que parece haber calcado de él la gran mayoría de sus funciones, incluso tiene un aspecto similar. En lo que destaca enormemente es en su implantación para Windows, por lo que se convierte en la mejor de las alternativas a Scrivener para Windows que puedas encontrar, si quieres un programa lo más parecido a Scrivener y totalmente gratuito.

WaveMaker

Al igual que todas las alternativas a Scrivener anteriores, WaveMaker te permite dividir la planificación de tu novela en diversos capítulos. Pero la seña de identidad de este programa es la creación de llamativas notas, con forma de tarjetas, en las que podrás tomar todo tipo de anotaciones sobre localizaciones de tu novela, características de tus personajes y toda la información sobre las tramas de tu historia que necesites recordar.

Está disponible para usuarios de Windows, Mac y Linux, el mayor inconveniente de esta alternativa a Scrivener es que aún no ofrece un producto final acabado, por lo que puede presentar algún problema casual.

Aunque no está disponible en español, si tienes conocimiento de inglés, podrás usarlo sin problema alguno. Además, debes tener en cuenta que ofrece un novedoso método de escritura de mucho éxito para aconsejarte en tu devenir de creación literaria. Si buscas una aplicación para escribir libros, sin duda, es una de las mejores.

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  Método copo de nieve
Enviado por: Duncan Idaho - 08/01/2021 06:10 PM - Foro: Taller Literario - Respuestas (1)

QUÉ ES LA TÉCNICA DEL COPO DE NIEVE

La técnica del copo de nieve o Snowflakes es un método de escritura elaborado por el físico y escritor de ficción Randy Ingermanson. Esta técnica está diseñada para afrontar el bloqueo creativo o para empezar una novela desde cero.

La técnica de Snowflake propone un proceso de escritura alejado del tradicional; en este caso, estimulando un proceso iterativo de escritura no-lineal. Su base se fundamenta en partir desde lo más sencillo y simple hasta lo más complejo y estructurado.

Pasos de la técnica del copo de nieve

1. Define un objetivo

Antes de empezar con todo el proceso, es imprescindible que te pongas una meta; es decir, ¿qué quieres conseguir con la técnica? ¿Escribir un capítulo? ¿Escribir el libro entero? Esto te orientará durante el desarrollo y además te ayudará a detectar cuándo has terminado.

2. Plantea tu idea principal

Esta idea configurará el triángulo inicial del copo de nieve, del cual después partirán los demás hasta llegar a formar triángulos diminutos. En este caso, intenta resumir en una sola oración de qué va tu novela.

3. Crea una sinopsis o resumen corto

En este paso, expláyate un poco más en la idea. Para ello, haz un resumen o sinopsis de no más de diez oraciones -y si pueden ser menos, ¡mejor- teniendo en cuenta el paso 2. Toma este resumen como un plano general de la novela, en el cual todavía es imposible discernir los detalles, pero sí la su estructura -personajes, contexto...-.

4. Sigue desarrollando la idea y reconstruyendo

Una vez tengas este pequeño resumen, toma cada una de las oraciones y profundiza en ellas. Este paso es la esencia de esta técnica: partiendo de algo básico, sigue creando y profundizando. Lo normal en este proceso es que te surjan preguntas e incógnitas, así que no te asustes si tienes que reconstruir alguna de las ideas que tenías en mente antes.
Poco a poco irás construyendo una base sólida y pulida de tu historia que aparecerá en tu mente con mucha claridad. Una vez llegue ese momento, solo tendrás que distribuir las ideas en los diferentes capítulos y... ¡ponerte a escribir! ;D

Ventajas y desventajas de esta técnica

Esta claro que es una técnica que todos los escritores deberían tener en cuenta, ya que puede ayudarles en un momento concreto de bloqueo creativo. No obstante, ¿qué ventajas y desventajas puede aportar?

Empezando por las ventajas -¡hombre, cómo no! ;P- esta técnica permite detectar con antelación incoherencias y vacíos sin sentido en el argumento. Además, es un método flexible, ya que permite revisar y reescribir las ideas tantas veces como se necesiten. Y por si eso no fuera suficiente, ¡hace pensar y reflexionar acerca de la historia!

Sin embargo, como punto negativo puede que impida profundizar en los personajes, ¡así que si estás pensando en usarla acuérdate de trabajarlos por separado!

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  Reto Inv20: Nieve de Nata
Enviado por: Joker - 05/01/2021 03:31 PM - Foro: Retos Mensuales - Respuestas (5)

Las noticias del último suceso más reciente en Nueva York no tardaron en esparcirse, Un fenómeno sin precedente alguno aconteció. Una nevada, en pleno verano, se desató. Los científicos y demás “expertos en la materia” jamás se esperaron a que llegase una masa de aire polar, en el transcurso de Julio. Esto les era poco importante a los infantes de Brooklyn, quienes salieron a las calles a recibir la nevada, con las manos abiertas.
El joven Thomas, un chico de los barrios bajos, corría hacia donde el parque a reunirse con sus compañeros de la escuela. Con las clases canceladas debido a la nevada, Tom saldría a disfrutar de su día libre. Con suerte, cumpliría su sueño de toda la vida; hacer un castillo de nieve. Aunque no fuese tamaño real, aunque fuese a durar no más de una semana, al muchacho no le importaba.
Durante su camino, el niño fue recibido por el aroma de chocolate que los ventores ofrecían por las calles. Era como si la navidad hubiera llegado, seis meses antes de lo previsto. No pasó mucho tiempo antes de que Thomas llegase al parque y se encontrara con sus amigos. Un niño rechoncho y una pelirroja pecosa, quienes jugaban a las peleas de nieve.
— ¿¡Cómo se te ocurre comerte la nieve del suelo, Mark!? —Exclamó la niña a su compañero.
—Todos los demás lo hacen—Respondió Mark y le miró con soslayo. —Así de simple.
— ¡Hola, muchachos! —Vociferó Thomas y se acercó a sus amigos.
— ¿Qué onda, Tom? —Respondió la chica. —Te tardaste muchísimo.
—Perdón, Sarah—comentó Tom. —Ma’ me dijo que acomodara mi cuarto, antes de salir.
Sarah solo rodó los ojos y bufó un poco.
— ¿Ya qué? ¿Y qué vamos a hacer?
Tom se quedó callado ante la pregunta de su amiga. No supo cómo decirle lo que deseaba hacer de la pena que sentía.
—Yo… Bueno…
Mark entonces interrumpió a Thomas y dijo:
—No lo presiones, Sarah. Tenemos todo el día.
Sarah volteó a observar a Mark y se cruzó de brazos.
—Es que… No sé si a ustedes les interese esta idea…
Sarah entonces fue a recargar su mano sobre el hombro del niño para animarlo.
— ¡No hables así, Tom! ¡Tú dinos que es lo que deseas hacer!
Las palabras de aliento de su amiga llenaron de valor al muchacho. Ahí fue cuando Thomas tomó aire, levantó la mirada y dijo:
—Quiero hacer un castillo de nieve.
Ambos niños le observaron por un instante, antes de que Mark rompiera el silencio con:
¬— ¿Con que eso es lo que quieres, eh? ¿Y por qué no quisiste decírnoslo?
Thomas ladeó la mirada y dijo:
—Pensé que ustedes lo encontrarían absurdo…
Sarah soltó una risa ante este comentario y replicó con:
— ¡Para nada, Tommy! Si eso es lo que quieres hacer, que así sea.
Viendo que sus amigos apoyaban su deseo, Thomas levantó la mirada y devolvió una sonrisa.
—Gracias, muchachos. Hagámoslo, de ser así.
Terminada la conversación, los niños asintieron y se prepararon para construir el castillo de hielo.
Un rato después, los muchachos ya tenían listo el “cimiento” del edificio listo. Solo faltaban los muros y el techo, con suerte, tendrían tiempo para hacer las ventanas y la puerta de acceso. Ahí fue cuando a Sarah se le vino una idea a la cabeza. “Me pregunto quién va a ser el ‘rey’ del castillo”, fue lo que la niña pensó y volteó a mirar a Thomas. “Espero que a Tommy no le moleste la idea de volverme la reina de su castillo”.
—Oye, Tommy…
Thomas levantó la cabeza, observó a su compañera y preguntó:
— ¿Qué pasa, Sarah?
— ¿Ya pensaste en quién va a ser el “rey” del castillo? —Preguntó Sarah, a lo qué Tom solo respondió con:
— ¿Mande?
¬—Ya sabes—dijo la niña. —Todo castillo, todo reino, debe tener un rey. ¿O no?
Thomas solo permaneció en silencio. No supo cómo responderle a su compañera. Antes de ese momento, jamás se planteó ese predicamento. Solo le interesó construir su castillo de nieve.
—Yo… jamás había pensado en eso…
—Es tu castillo—comentó Mark. —Tú deberías ser el rey.
A Sarah se le heló la cara al escuchar el comentario de su compañero.
—Yo… Pero yo…
La chica no supo cómo encontrar las palabras necesarias para expresar sus intenciones verdaderas, cuando, de pronto, Thomas le respondió a Mark con:
— ¿Estás seguro de ello? Yo ni siquiera tenía eso en mente, hasta que Sarah lo mencionó.
Sarah sonrió radiantemente ante el comentario de Thomas. Estas palabras fue todo lo que la chica necesitó para acceder a su deseada posición de poder.
— ¿¡Puedo ser la reina, de ser así!?
Los dos niños observaron a su amiga, con un semblante de confusión, después de escuchar esto.
— ¿Y por qué tú? —Preguntó Mark.
—Porque un gobernador debe de ser aquel que tenga la más grande cantidad de carisma para mandar a la gente. Así de simple.
Los dos niños se miraron entre sí, aún más confusos ante el comentario de su amiga.
—Yo insisto que Tom sea el rey—dijo Mark. —Él fue el de la idea de hacer el castillo.
—Es que yo ni siquiera tenía la idea de volverme el rey del castillo—replicó Thomas. —Yo solo quería hacer un castillo de hielo.
—Si es que Tommy no quiere ser el rey, yo lo seré—dijo Sarah y se colocó entre ambos niños. Mark solo se cruzó de brazos y la miró con soslayo.
—Insisto que Tom sea el rey del castillo, pero ya qué. Continuemos con esto.
Al terminar con la conversación, los tres niños continuaron con la construcción.
Más tarde, los muros del edificio ya estaban listos. Solo faltaba el techo. Sin que se dieran cuenta, el ocaso se apresuraba a paso redoblado. Si no se apuraban, los chicos no lograrían terminar el castillo, antes de que fuera hora de volver a sus casas.
— ¡Apúrense! —Exclamó Sarah. —Se nos hace tarde.
Mark solo rodó los ojos y dijo:
—Tenemos tiempo de sobra. No hay que apresurarnos.
— ¡Qué tiempo de sobras ni que nada! —Respondió Sarah y se levantó del suelo. —Capaz de que mañana se derrita la nieve.
— ¿Y qué si se derrite? —Comentó Mark. —Tendremos todo el invierno para armar otro. ¿Verdad que sí, Tom?
Thomas no respondió, más se podía apreciar una melancolía profunda en el rostro del muchacho. Desde que Sarah fue nominada como la “reina” del castillo, la chica no había hecho nada más que mandar a los dos caballeritos.
—Yo no voy a esperarme tanto tiempo para ello—dijo Sarah y se cruzó de brazos. —Mejor terminamos el castillo ahora y cumplimos el sueño de Tommy. ¿Verdad?
—Tú actúas como si fuera tu sueño, más que el de Tom—replicó Mark y entrecerró la mirada. —No te pongas tan pesada.
— ¿Pesada yo? ¡Si yo soy tu reina! ¡Me debes obedecer!
Ahí fue cuando Mark se levantó del suelo y se pegó a la chica, como queriendo golpearla.
— ¡Serás la reina de un castillo de hielo ficticio y nada más!
Al presenciar cómo era que sus amigos discutían por algo que era su mayor anhelo, la cara de Thomas se llenó de lágrimas. “Yo solo quería hacer un castillo de hielo”, fue lo que el niño pensó, en ese momento. “No quería que esto pasara… Sabía que no debía haberles recomendado eso…”
Sin más deseo en continuar con su proyecto, Thomas se levantó del suelo y se fue a sollozar a unos arbustos. Tanto Sarah como Mark notaron cómo fue que su amigo salió corriendo de ahí.
— ¡Tommy!
Sin más chistar, los dos niños fueron a donde Thomas para hablar con él.
Al llegar a donde Tom, Sarah y Mark vieron cómo es que Thomas lloraba entre los arbustos. Algo dentro del pecho de la niña la lastimó, al ver esta imagen.
—Tommy… ¿Te sientes bien? —Preguntó Sarah y se acercó a su amigo.
El muchacho no respondió por un rato.
—Yo solo quería hacer un castillo de hielo… Yo no quería que esto pasase…
Mark solo volteó a ver a la niña, con un tono de regaño, y le dijo:
—Te dije que no fueses tan pesada.
Sarah permaneció muda por unos segundos. Fue ahí mismo cuando se dio cuenta de lo que había hecho.
—Tommy… no… No fue mi intención. Yo… No quería que esto pasara…
Sin nada más que decir, la niña se lanzó sobre su amigo y lo abrazó con cuanta fuerza le fuese posible ejercer.
—Perdóname, Tommy. Prometo que no lo volveré a hacer.
El muchacho se sonrojó fuertemente al sentir el calor del cuerpo de Sarah. Conmovido por esa muestra de afecto, Thomas devolvió el abrazo y secó sus lágrimas.
—Vayamos a terminar nuestro castillo, muchachos.
Después de esta aparatosa situación, los tres niños volvieron a donde el castillo, listos para concluir con lo que empezaron.
El crepúsculo cayo, con sus sabanas negras, a través del cielo. Los demás niños del parque, quienes notaron cómo era que el edificio de nieve estaba a punto de terminarse, se aproximaron a donde Thomas, Sarah y Mark, para apreciar lo que habían hecho. Ni cerca estaba de parecerse a los castillos de Europa, más no le importaba a Thomas. Aunque fuese humilde, inclusive algo feo, era exactamente lo que quería hacer.
—Muchas gracias, muchachos.
Al terminar de armar el castillo, Thomas abrazó a sus amigos, tan fuerte como le fuera posible. Los otros niños reunidos ovacionaron y aplaudieron, inclusive chiflaron, a la conmovedora escena que acontecía ahí.
— ¿Y eso es lo que pasó, papá? —Preguntó una niña, sentada sobre la nieve, en ese mismo parque donde Thomas y sus amigos hicieron ese castillo de nieve.
Thomas, ahora un adulto, un arquitecto profesional, finiquitó de relatar su anécdota a su hija.
—Unos brabucones me lo tumbaron, al día siguiente—comentó Tom. —Pero ya me dio igual.
— ¿Eso crees, cariño? —Cuestionó Sarah, ahora esposa Thomas. —Yo recuerdo otra cosa. Yo recuerdo que viniste a mi casa y gritaste a todos los vientos “¡Me tumbaron el castillo!”, con lágrimas en los ojos.
Thomas se rascó la nuca y se rio un poco.
—No en frente de Emilia, pastelillo.
La hija soltó una carcajada y se tiró al suelo.
— ¿Ya qué? Vámonos a casa, chicas.
Después de decir esto, la familia se fue del parque y se marchó a casa, listos para celebrar el aniversario de bodas de Thomas y Sarah.

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  Reto Inv20: Sociedad por la Salvaguarda de los Mundos
Enviado por: Joker - 05/01/2021 01:02 PM - Foro: Retos Mensuales - Respuestas (7)

Sociedad por la Salvaguarda de los Mundos




No es fácil hablar de aquello que se muestra esquivo a nuestro entendimiento, pero trataré de arrancar con un comienzo simple por su forma, pero que advierto, será complejo en su contenido:
Esta historia surge en un lugar mágico y especial para todas las realidades, un reducto para la esperanza, un rincón perdido en el espacio tiempo donde los «socios» velan en secreto por la seguridad de los mundos. Es un lugar al que se accede por invitación y cuyos antiguos fundadores se remontan a periodos antidiluvianos, por lo que el origen y motivaciones de estes entes hace eones que se ha perdido. Sin embargo, la SSM, la Sociedad por la Salvaguarda de los Mundos, se sigue retroalimentando de manera autónoma, sus actuales socios no han dejado de reclutar a individuos con los valores y las habilidades adecuadas… Allende de los mares, allende de los mundos.

Geralt de Rivia se ajustó el peto, suspiró y giró sobre sí mismo una última vez. El ceño fruncido de Yennefer le invitó a sonreírle a la poderosa mujer. Lo expresó con poco más que una mueca desastrosa, pero pareció suficiente para ella, que le asintió con una delicada sonrisa de sus bellos labios. Demonios de mujer, todavía huelo su perfume… benditas lilas y grosellas, se dijo Geralt e inmediatamente miró al frente y cruzó el portal.
Llegó al otro lado con el estomago revuelto. Odio los putos portales, maldijo apretando los labios ante su imagen reflejada en el espejo del lavabo. Atravesó la puerta y caminó hasta llegar a una de las múltiples mesas de la estancia, sus espuelas tintineaban a cada paso sobre la baldosa. Allí esperaban el resto de socios.
—Saludos… ¿es cosa mía o esto ha cambiado un poco? —dijo mientras miraba a las estanterías llenas de libros que rodeaban las mesas centrales.
—El Hogar del Libro se llama ahora, olvídate de la antigua biblioteca llena de polvo, la dueña vendió el negocio a una cadena. Al menos advirtió en el contrato que nos reservaran una mesa. Creo que tú y yo nunca hemos coincidido —dijo un hombre pelo rojo muy vivo y de ojos verdes chispeantes que balanceaba la silla mientras le miraba con una sonrisa encantadora.
—¿Quien es este, Rincewind? —preguntó Geralt.
Rincewind, larguirucho, huesudo y de mirada cansada, suspiró y habló como si un rodillo fuese expulsando cada palabra a medida que apretaba su cuerpo. Geralt respetaba a ese hombre, no era un presuntuoso como muchos otros de los socios… pero al mismo tiempo era algo endeble.
—Es uno de los nuevos, se llama Kvothe —dijo encogiéndose de hombros.
—Se pronuncia «cuouz» —intervino el aludido y añadió guiñando un ojo—, esta vez os lo pasaré por alto.
—¿Estás encantado de haberte conocido verdad? —observó Geralt.
—Ya basta chicos, ¿es que no pueden ustedes llevarse bien?
Geralt decidió hacer caso a la joven muchacha que ocupaba la cabecera de la mesa.
—¿Sabes ya quién nos ha convocado, Hermione?
—Shhhh, silencio —dijo ella haciendo un gesto— un par de mujeres vestidas con extrañas prendas ajustadas y calzado aun más absurdo pasaron por delante de la mesa de la reunión, cuchicheando descaradamente sobre de que extraña fiesta de disfraces habían salido ellos. Finalmente se perdieron entre las estanterías de libros.
—¿En serio estaban juzgando nuestros ropajes? En mi vida he visto doncellas tan mal vestidas —Juzgó Kvothe mientras apoyaba los pies sobre la mesa y se ponía a tocar un viejo laúd. Para sorpresa de Geralt, los sonidos acompañaron a cada acorde en una sucesión armónica, tocaba con dedos ligeros y sutiles que bailaban acariciando las cuerdas en un acto consciente por no romper del todo el sacro silencio de la biblioteca… como si su arte tan solo esperara mecerlo, acompasarlo, honrarlo… pero en definitiva sí, desafiarlo.
Geralt se incorporó hacia el pelirrojo.
—Lo reconozco, eres bueno con ese instrumento, me recuerdas a mi viejo amigo Jaskier; estoy seguro de que os llevarías bien, además los dos sois bastante…
—Vamos, acaba la frase —dijo Kvothe adivinando por dónde iba el comentario y dejando a un lado el laúd.
En ese momento una luz cegadora irrumpió en la habitación. Un hombre ataviado con una túnica, sombrero picudo y una larga barba sonrió socarronamente a todos los presentes.
—Llegas tarde —dijo Rincewind.
—Un mago nunca llega tarde, Rincewind, ni pronto. Llega justo cuando…
—No empieces Gandalf —le cortó Geralt.
—¿Gandalf? Siempre me parece ver a Dumbledore —comentó como para sí Hermione Granger.
Geralt obvió la extraña referencia y se encaró con el viejo mago.
—-¿Dime que tú si sabes por qué estamos aquí esta vez? Empieza a cansarme cruzar portales, y también eso de que la gente me mire con extrañeza, al menos en la antigua biblioteca apenas había clientes.
—Mejor no te digo cómo he llegado yo aquí —dijo Kvothe.
—A mi me gustaría saberlo —dijo Hermione— yo por supuesto, llegué a través de la chimenea con unos pocos polvos flu.
—Yo he llegado a través de una puerta jurada —intervino un hombre vestido de azul militar apoyado sobre unas estanterías que había pasado desapercibido hasta entonces.
—¿Y tú eres?
—Kaladin, para servirles —dijo el hombre poniéndose firme y dejando ver a través de su flequillo una fea cicatriz sobre la frente.
—Joder, vaya panda: un presuntuoso, una listilla, un pusilánime, un viejo senil y ahora un hombre con un palo metido por el culo —dijo Geralt.
—Eh eh, te estás olvidando del gruñón y cínico amargado —añadió Rincewind.
—Tienes razón, también se me olvidaba lo ágil que es tu lengua. Por cierto ¿Has dejado ese raro baúl tuyo atrás, como te pedí la última vez?
—S… sno.
—¿Sno?
—Es complicado —admitió Rincewind visiblemente nervioso.
—¿Cómo de complicado? —insistió Geralt.
—Más complicado que una amante despechada sentada en la misma mesa con tú mujer.
—Pues sí que estamos jodidos —rió Kvothe, pero Rincewind que parecía hablar en serio tan solo se hundió un poco más en su silla.
—Supongo que un polluelo como tú será experto en mujeres —replicó Geralt con ironía.
Kvothe suspiró, y miró con sus vivaces ojos verdes a Geralt sin pestañeo alguno.
—Seguro que más de lo que creería un viejo socarrón como tú. He robado princesas a reyes agónicos, pase la noche con la diosa del amor y ella todavía anhela mi presencia, pero también he amado a una mujer, tanto que por ella escribí canciones que hacen llorar a los bardos.
—Bonita historia para ser inventada, ¿cómo era esa diosa tuya?
—Vestida era el cuadro de un incendio… desnuda era el fuego mismo. Pero un bárbaro como tú jamas podrá entender la realidad que subyace tras la poesía.
Geralt enfureció pero Gandalf interrumpió a tiempo dando un golpetazo con su vara sobre la mesa.
—Tal vez, mis queridos amigos, deberíamos ir tomando asiento, creo que ya estamos  casi todos —instó Gandalf y todos los presentes se fueron sentando. Cuando el soldado de azul, Kaladin, pasó por su lado, Gandalf le dio un toquecito cariñoso en el hombro—. Querida, creo que aquí puedes ser tú misma, descubrirás que estos perros solo ladran y apenas muerden.
—Buff, está bien, de acuerdo —un brillo cegador al rededor de Kaladin se fue difuminando, y debajo para sorpresa de Geralt y todos los presentes, estaba una bella muchacha de pelo rojizo y pecas marcadas—. Mi nombre es Shallan Davar, siento lo de la ilusión, no pretendía engañarles, solo trataba de ser… prudente, supongo.
—Yo solo digo que me va a costar distinguiros —dijo Geralt de Rivia mirando primero a Shallan y después Kvothe.
—Sí que eres gracioso ¿sabes?, pero empieza a acabárseme la paciencia —dijo el pelirrojo poniéndose en pie.
—¿Rincewind, por qué los hombres siempre desperdician sus vidas atacando a un brujo armado?  Es algo que nunca sabré.
—Un árbol no provoca una tormenta, pero cualquier idiota sabe dónde va a caer el rayo —replicó Kvothe.
Todo el Hogar del Libro oscureció y los ojos de Gandalf se iluminaron mientras su voz profunda se imponía sobre los presentes como un manto de inmensidad:
¡SIÉNTENSE EN LA MESA O VUELVAN DEL POZO POR EL QUE SALIERON Y LÍBRENNOS DE SU ESTUPIDEZ!
Geralt carraspeó y finalmente dirigió su mirada al resto de miembros de la mesa. Kvothe hizo lo mismo y volvió a su sitio, no sin lanzar ciertas miradas afiladas.
—Ahora que todos estamos centrados —continuó Gandalf—, déjenme presentarles a la última adquisición de la Sociedad por la Salvaguarda de los Mundos. Ella es Arya Stark —una muchacha delgada, de semblante serio y rasgos afilados dio un paso al frente con las manos sujetas a la espalda—, solo sé que viene del Este, y que es mucho más de lo que podría aparentar… lo que me recuerda a un viejo hobbit amigo mío —ante las miradas de los presentes Gandalf recondujo la conversación— Esta bien. Granger, ¿quiere hacer el favor de ponernos al día?
Hermione Granger asintió sonriente, como si leer una lista fuese el mayor de los honores. Mientras tanto la pequeña Arya se sentó al lado del propio Geralt, la niña tenía algo que le recordaba a Cirila, lo que le ayudo a sentirse un poco más cómodo sentado entre aquellas gentes y entre aquellos libros.
—Veamos, pera empezar damos la bienvenida a los nuevos miembros: Shallan Davar y Arya Stark —los presentes lanzaron un escueto aplauso en respuesta. Geralt no participó—. En esta ocasión —continuó Granger— cómo la reunión ha sido convocada de urgencia, esta se verá marcada por las ausencias de Moraine Damodred, Anomander Rake, Gavilán, Traspié Hidalgo, Tessia y Elric de Melniboné.
—Una cosa, creo que alguien lo ha preguntado ya, pero ¿quién ha concertado la reunión? —preguntó la joven Arya.
Gandalf sentado en la cabecera de la mesa, hizo un gesto de silencio mientras pasaban un par de clientes, luego habló con una voz sosegada y afable.
—La persona que nos ha convocado es uno de los últimos remanentes mágicos de este mundo. Shallan, vosotros en el vuestro tengo entendido que lo llamáis Investidura.
—Sí sí, la conjunción de las esferas y todo ese rollo —intervino Geralt—. Por favor Gandalf, vete al grano, tengo trabajo, hay unos necrófagos molestando a terratenientes y tengo un contrato en proceso.
—En fin, la persona que nos ha convocado es conocido como Santa Claus, Papa Noel, San Nicolas y por otros tantos nombres. Utiliza su poder anualmente para repartir presentes entre los más jóvenes en una sola noche —ante las caras de incredulidad de los presentes, Gandalf, se asió la barba—. Entiendo que puede parecer poca cosa, pero es una labor que le honra, usa su poder para algo totalmente altruista, por lo que he decidido tener en cuenta su súplica.
—¿Y cuál es su problema? —Inquirió Shallan.
—Pues resulta, que este mundo está sumido en una terrible pandemia —explicó Gandalf— y el mágico anciano se ha infectado y teme contagiar a todos los pobres niños cuando reparta sus regalos. Ha rogado nuestra ayuda para luchar contra la pandemia y curarle a él mismo el mal que le aqueja…
La joven Hermione Granger levantó la mano como un resorte.
—¿Si, Hermione?
—En Hogwarts hemos dado con la cura, y ya la estamos distribuyendo con lo que los muggles llaman 5G.
—¿Se puede fiar uno de ese tal Hogwarts? En la Universidad de Imre todavía lo estan investigando —aportó Kvothe.
—Ya te digo yo que sí, he hecho alguna que otra sustitución en ese colegio —dijo Gandalf—, y por tanto no sabes lo que me alegra oír eso.
—Entonces no tenemos nada más que hacer aquí —dijo Geralt poniéndose en pie.
—Tienes razón viejo amigo —contesto Gandalf—, pero espera a que encontremos a Santa Claus antes… la verdad debería estar aquí desde el principio, ¿alguien le ha visto? ¿Quién fue el primero en llegar?
—Rincewind ya estaba aquí cuando yo llegué —dijo Kvothe encogiéndose de hombros.
Todas las miradas se posaron en Rincewind, cuya tez quedó blanca como el mármol y el sudor empapó su frente.
—¿Rincewind? —preguntaron todos al unísono.
—Yo esto… yo…
—¡Mierda! —dijo Geralt de Rivia— ¿Tiene algo que ver esto con ese maldito cofre tuyo?
—Te juró que le pedí al Equipaje que se quedase atrás esta vez… pe… —tartamudeo Rincewind— pe.. pero es mi Equipaje, me acompaña a todos lados, tenía la esperanza de que esta vez no me siguiese, a veces también se pierde, es una de las leyes fundamentales del universo que los equipajes se pierdan, ¿verdad?, Gandalf díselo tú.
—Creo que lo he encontrado… —dijo Arya señalando a un enorme baúl de madera que llegaba correteando con cientos de minúsculas patas en su base. Lo lamentable fue comprobar cómo de la tapa del baúl cerrado colgaba un gorro rojo con un pompón blanco.
Geralt, Kvothe y Arya desenfundaron sus espadas, Shallan Davar dio un paso al frente y en su mano derecha se condensó de la nada una espada ondulada y larga, con reflejos que la hacían semitransparente.
—¡Quietos! —gritó Ricewind— No podréis hacerle nada, esta hecho con madera de peral sabio, jamas podréis hacerle el más mínimo rasguño. Ademas, me obedece… casi siempre.
—Por favor Rincewind, ¿puedes pedir amablemente al Equipaje que se abra? —pidió Gandalf.
Rincewind tragó saliva y ordenó al Equipaje que se abriera… dentro encontró tan solo unas mudas limpias y la mitad de un gorro rojo de lana con un pompón en la punta.
—Lo siento, pero parece que no volveréis a ver a ese tal Santa —dijo Kvothe enfundando su espada.
—No vamos a cargarnos a ese… ¿cofre endemoniado? —preguntó Shallan.
—Yo no mato seres inteligentes —dijo Geralt guardando también su espada de plata sobre la espalda.
Shallan por su parte descartó su hoja, que desapareció entre la condensación para admiración de los presentes.
—Esto es terrible, no sabéis lo importante que es esta noche para los niños de este mundo —explicó Hermione—. Debemos hacer algo.
—La joven tiene razón —dijo Gandalf—. Debemos sustituir a Santa Claus por una noche, hasta que lo encontremos en aquella que sea la dimensión a la que ese maldito cofre lo ha enviado. ¿Alguien puede conseguirnos unos disfraces rojos con detalles en blanco y gorrillos así de característicos? —dijo señalando al medio gorro recuperado del baúl.
Geralt se sentó de nuevo sobre la silla, apoyó los codos en las rodillas y se llevó las manos a la cabeza, aguantando las lágrimas.
Esto es una idea horrible, una idea denigrante.

Dos horas más tarde, ya en el almacén de Santa Claus y tras haber hecho Hermione una poción multijugos con los pelos encontrados en el medio gorro encontrado, les entregó la pócima a Geralt, Kvothe, Ricewind y se reservó parte para ella misma. Reticentes en un principio, finalmente bebieron la pócima y su aspecto mutó en el de un gordinflón anciano de cara amable y barba blanca. Gandalf tan solo se puso el disfraz e introdujo un cojín en la zona de la barriga. Shallan por su parte absorbió la luz de unas esferas brillantes que portaba y le dio forma a dicha luz hasta crear una ilusión con el aspecto de Santa Claus.
Todos y cada uno de ellos quedaron con una apariencia acorde a la imagen preestablecida del altruista gordinflón, sin embargo había alguien que todavía no había hecho nada para parecérsele.
—¿Tu vas a quedarte así? —preguntó a Arya un Geralt todavía amargado, mientras se tiraba de la ropa interior que se le había metido entre sus ahora voluminosas nalgas.
—No, pero es que ni de broma me tomaré esa mierda. Lo haré, pero me disfrazaré a mi manera, tan solo necesito un… rostro. ¿Alguna idea de dónde podría encontrar a Santa o a un gordinflón que se le parezca?
—¡Vamos insensatos! —gritó Gandalf— no hay tiempo que perder, tenemos que repartir millones de regalos.
Un águila lo recogió a la entrada del almacén. Hermione por su parte se fue volando en círculos montada en una escoba, al parecer el sobrepeso no favorecía su estabilidad. Kvothe se dirigió al exterior y llamó al viento. Ricewind montó en Equipaje y este salió correteando a toda velocidad cargado de regalos en su interior. Shallan había desparecido sin que nadie se enterara. Lo mismo con Arya, ¿dónde demonios se había metido esa muchacha?
Geralt se puso en pie con dificultades, y se llevó la mano a la barriga mientras contemplaba la enorme masa de regalos pendientes de repartir
¡joder, si al menos estuviese aquí Sardinilla!

Esta es la historia real de cómo la SSM salvó la navidad de 2020 y con ello un año que había sido aciago. Los reportes de apariciones de la imagen de Santa dejando regalos  fueron habituales esa noche, puesto que nuestros héroes no estaban acostumbrados a  realizar semejante labor con discreción. Sin embargo no todo fueron buenas noticias, lamentablemente poco se sabe a día de hoy de qué ocurrirá con las navidades de 2021, puesto que el paradero de Santa Claus tras ser devorado por el Equipaje sigue siendo desconocido… a esto hay que añadir un informe que menciona que el disfraz de Arya en la madrugada del 25 era de una calidad superior al de sus socios. Las fuentes, por perturbador que parezca, indicaban que era notablemente fiel al original.

Firmado: Cronista en colaboración con Jaskier y Hoid.

Posdata: El muy melón de Jaskier quiere hacer un villancico sobre nuestros héroes, comienza con algo de Geralt montado sobre una burra. La verdad, no le veo mucho futuro.

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  Robots bailando
Enviado por: Duncan Idaho - 30/12/2020 03:07 AM - Foro: Fuera de tema - Sin respuestas

Antes de dominarnos pasan el rato bailando.

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  ¡Ha muerto George RR Martin!
Enviado por: Duncan Idaho - 28/12/2020 04:22 PM - Foro: Canción de hielo y fuego - Respuestas (7)

Una terrible noticia para todos aquellos que tenían la esperanza de que algún dia, un muy, muy lejano día podrian llegar a  leer el final de la saga de Canción de hielo y fuego.

El hecho sucedió durante un ataque de ansiedad que tuvo el autor debido al encierro. Según fuentes, Martin repentinamente empezó a desnudarse y salió de su casa corriendo y falleciendo poco tiempo después.

Vaya noticia de este 28 de diciembre Angel Big Grin

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  [Fantasía] La boda
Enviado por: Alyse - 27/12/2020 11:15 PM - Foro: Tus historias - Sin respuestas

¡Buenas! Dejo por aquí un relato corto que tiene ya bastante tiempo. Por supuesto el feedback y consejos son bienvenidos y os animo a ello. ¡Disculpad si es un poco largo (+2000 palabras) pero no tenía sentido subirlo por partes!


La boda


Alna se sobresaltó cuando el consejero Suzil entró sin llamar a la habitación de estar. Le seguía de cerca su dama de cámara, Vannah, aunque Alna sabía que era más una niñera que una asistente. Alna dejó el bordado a un lado y saludó educadamente al consejero, pero este hizo caso omiso.
‌-Vuestro padre os ha prometido al heredero de los Veor. La celebración será en dos semanas; partiréis cuando esté todo listo. Vannah y un embajador os acompañarán y regresarán cuando acabe la ceremonia. Ya hemos enviado invitaciones a todas las casa que quieran asistir, si es que alguna emprende el viaje. Eso es todo por ahora. Vannah se encargará de preparar sus cosas.
La ayudante ya se encontraba en las estancias de la princesa calculando qué valdría la pena llevar y qué dejar. Alna sintió una punzada de miedo; sabía que su padre no tardaría en prometer su mano a un alto miembro de la aristocracia. Tenía mucho menos valor que su hermano mayor, al que habían preparado desde la cuna para heredar el reino de Reld. Su posición como princesa apenas tenía relevancia, pero había esperado que el futuro compromiso se produjese con un miembro de una casa cercana o un reino vecino, no con los lejanos Veor. Se decía que a pesar de tener cabello que ardía como el fuego, eran brujos del mar y realizaban primitivos rituales a dioses olvidados. Alna no entendía qué podía obtener su padre de ese compromiso, pero la habían educado desde niña para saber que esas maquinaciones estarían fuera de su alcance. Todo lo que no fueran bordados, clases de poesía y paseos por los jardines estaba fuera de su alcance.
Suzil se dirigió con prisas a la puerta y le hizo una descuidada reverencia a la princesa sin detenerse. Alna estaba acostumbrada a que la corte de su padre la olvidara o la considerara poco más que una molestia en el protocolo; al fin y al cabo, el único destino que le esperaba era esperar a un matrimonio que conveniese a su padre y su hermano y asegurarse de cumplir a la perfección su papel de esposa. Alna estaba en paz con la idea, pero al levantarse para ir a sus aposentos con Vannah volvió a sentir inquietud. Su destino habría estado claro en una corte como la de los Reld, pero apenas sabía nada sobre los Veor.
Vannah había sacado de los arcones la mayoría de sus vestidos y los había desplegado sobre la enorme cama. Resopló.
-Vamos a tener que deshacernos de la mayoría de estos.
--
Alna se frotó las manos, nerviosa. Nunca había estado en un sitio como este. El enorme templo de piedra estaba invadido por plantas trepadoras, que se enrollaban en las columnas y subían por las cúpulas. Algunas de las ramas más gruesas habían abierto agujeros en los gruesos techos y paredes de piedra, por los que se filtraban rayos dorados de luz. Sin embargo, el lugar parecía cuidado con mimo más que abandonado. Podía escuchar levemente el murmullo del agua, pero no había visto ninguna fuente.
Y tampoco había llevado nunca un vestido como aquel. En Reid llevaba pesados vestidos con brocados y encajes, de varias capas de rica tela, acompañados de joyas y adornos como le correspondía como princesa. Vannah había empaquetado la mayoría para el viaje, pero dado que la boda se celebraba al estilo Veor, le habían traído un vestido ceremonial. Blanco y vaporoso, el largo no le cubría las piernas completamente a pesar de tener más de una capa y le hacía sentir violenta. La tradición dictaba ir descalza pero ella ha la insistido en ponerse unas finas zapatillas de tela. Alrededor de la cintura llevaba enrolladas varias cintas de colores claros. En el templo hacía una temperatura cálida a pesar de las finas ropas, pero Alna temblaba de los nervios. Vannah daba vueltas a su alrededor irritada terminando de fijar el peinado.
-Os voy a clavar una horquilla si no os estáis quieta de una vez.
La princesa trató de tranquilizarse. 
-Lo siento. Son los nervios. No quiero cometer ninguna equivocación y humillar a mi padre. Pero… es que es todo tan diferente. No entiendo la ceremonia ni...
-Entendéis perfectamente la ceremonia, princesa. -respondió molesta Vannah-. Os lo expliqué ayer y os lo expliqué esta mañana y no sois estúpida. Qué más da lo extravagantes que sean estos chamanes, si están satisfechos con este circo bienvenidos sean y así debéis cumplir. Pero esta noche, majestad, recordad cumplir con nuestra tradición nupcial. Espero poder volver a Reid pudiendo confirmarle a vuestro padre que pronto habrá herederos para asegurar el pacto.
Alna volvió a frotarse las manos nerviosa. Tampoco quería pensar en esa noche cuando tuviese que compartir cama con su nuevo marido. Habían llevar a Veor el día anterior y no había podido conocer a su prometido antes de la ceremonia. Tampoco habría podido decirle nada; su idioma era radicalmente distinto al que ella conocía, y habían tenido que recurrir en todo momento al embajador asignado como traductor. Sabía que tanto él como Vannah se marcharían de vuelta a casa en unos días, y le aterrorizaba quedarse sola e incomunicada. La única respuesta que había recibido es que haría bien en adaptarse lo antes posible.
Se oyó un murmullos al otro lado de los altos arcos de piedra. Una joven sacerdotisa se acercó; su pelo rubio brillaba débilmente iluminado, como era característico de los Veor. Sonrió al ver a la novia e hizo un gesto para que la siguieran.
Vannah fue la primera en salir a la enorme sala contigua, ocultando a Alna. Bajo la cúpula, la hiedra y los rayos de luz se entremezclaban con las columnas y salientes de piedra, iluminándolos y ensombreciéndolos. En uno de los laterales del salón, oculta bajo una galería de columnas, una pequeña muchedumbre esperaba el comienzo de la ceremonia. Agrupados en dos claros grupos, se distinguían a los Veor, con sus cabelleras iluminadas y ropas ligeras, y los nobles invitados por parte de los Reid. Sudaban bajo los costosos trajes y mostraban expresiones de aburrimiento e impaciencia. La mayoría eran nobles de casas menores que no podían rechazar la invitación a la boda de la princesa, por muy inconveniente o indeseable que resultase el viaje. Las casas mayores habían permanecido en sus palacios esperando la invitación a un evento de mayor importancia. La unión de la princesa menor con el heredero de un pueblo de brujos no era motivo suficiente para desplazarse.
En mitad de la sala, a cierta distancia de los invitados, había una piscina de piedra redonda. Al acercarse, Alna pudo ver que el interior estaba iluminado por algas fluorescentes que crecían en las paredes de la piscina. Parecía profunda. Junto al estanque, un sacerdote con una túnica blanca y el pelo plateado ligeramente brillante ya había comenzado a recitar el principio de la Unión.
Vannah se alejó había el grupo de invitados Reid y Alna caminó sola hasta la piscina. Fue entonces cuando le vió junto al agua: un joven mayor que ella, vestido con una camisa y pantalones claros bajo la rodilla. Iba descalzo, y su pelo castaño tenía las puntas iluminadas. Alna soltó aire al aproximarse; afortunadamente era joven y parecía sano. Hasta era guapo. Hasta ese momento, no había sabido qué esperar de su compromiso. Lo único que le habían comunicado era su nombre, Rao.
Sintiendo crecer de nuevo la ansiedad, se situó cerca de él, pero mantuvo las distancias. Esa encantadora primera impresión no significaba nada, lo sabía bien por su hermano. Y esperaba realizar bien la ceremonia. Hacía años que no nadaba, y tendría que bucear hasta el fondo de la piscina hasta que su futuro marido se lanzase al agua a sacarla. Tendría que esperar a quedarse sin aire para que él, bajo el agua, pudiera pasarme su propio aliento a través de un beso para poder emerger los dos, juntos, a la superficie como marido y mujer. Vannah le había explicado que tenía algo que ver con la confianza ciega en el otro, la responsabilidad de cuidarse, el sacrificio ante el peligro… y luego había soltado un bufido como si todo eso le resultase ridículo. Alna tampoco había oido jamás de una ceremonia así.
Junto a ella, Rao dió una zancada lateral para situarse más cerca y la miró de reojo. Ella le enrojeció y fijó la vista en el agua. ¿Cómo iba a bajar con el vestido? Se alegraba de no llevar sus propios vestidos, más pesados, pero sería una molesta a la hora de nadar. ¿Cuanto rato pasaría antes de que él bajase a por ella? ¿Y si no aguantaba? Suponía que sería capaz de emerger si se le acabara el aire, ¿pero lo considerarían los Veor un fracaso? ¿Anularía el matrimonio? Busco a Vannah con la mirada buscando apoyo, pero estaba hablando en voz baja con uno de los invitados Reid. Ninguno seos nobles prestaba atención y parecían estar deseando retirarse. Alna trató de llamar su atención disimuladamente, pero la dama de cámara se echó a reír por algo que la princesa no alcanzó a oír. 
Se fijó en los Reid. Aún no se había acostumbrado a su cabello extraño desde su llegada el día anterior, pero por todo lo demás parecían iguales que las personas que conocía. Sus ropas y casas eran distintas, muchas construidas sobre el agua, pero no había visto ninguna muestra de la magia con la que tanto desprecio había oído hablar de vuelta en su reino. ¿Sería siquiera real o sólo un mito? ¿Vería alguna muestra durante la celebración? ¿Y si eran realmente brujos? ¿Tendría que vivir entre magia toda su vida? Sintió como se hacía más pequeña. 
El sacerdote pronunció unas palabras con especial énfasis y la mayoría de los Veor sonrieron con afecto. Echó un vistazo con el rabillo del ojo y vió que Rao también sonreía. ¿Qué haría con el idioma? ¿Qué haría una vez su corte la hubiera abandonado para volver a casa? ¿De verdad iba a quedarse sola? Nunca había recibido demasiada atención a pesar de su sangre real, pero de repente la idea de quedar aislada le resultó insoportable.
Se le humedecieron los ojos y volvió a buscar a Vannah con la mirada pero está seguía sin prestarle atención. Ninguno de los Reid lo hacía y no se atrevía a mirar a los Veor, en caso de que estos sí lo hicieran. Su pelo le resultaba extraño. Sus ropas claras le resultaban demasiado simplonas. El cántico del sacerdote la asustaba y le recordaba cómo sería el resto de su vida. Se arrepintió momentáneamente de no haber plantado más batalla sobre su compromiso, pero sabía que habría sido no solo impensable si no indiferente.
El sacerdote repitió las mismas palabras que acababa de pronunciar. Alna levantó rápidamente la vista y vió a Vannah mirándole duramente; se había distraído y no había oído la única frase que había memorizado y que señalaba la segunda parte de la ceremonia. Articuló una disculpa y miró a su alrededor: todo el mundo guardaba silencio y la miraba, Vennah, los invitados, su prometido. Notó como se enrojecía y mirando al suelo se acercó al borde de la piscina. El agua está completamente transparente y se apreciaba el fondo levemente iluminado: era realmente profunda. Miró de nuevo a Vennah y vio que esta le hacía gestos impaciente para que se diese prisa. Se descalzó y dejó las zapatillas junto al borde, un poco avergonzada de su capricho de calzarse y salirse del protocolo. Esperaba que no hubiese llamado demasiado la atención. Luego posó el pie sobre el primer escalón. El agua estaba sorprendente tibia y empezó a bajar. Le cubrió rápidamente las piernas, la cintura, la falda blanca se empezó a hinchar a su alrededor y torpemente trató de sumergirla. Oyó cómo los nobles de Reid susurraban al ver su intento de mantener el vestido en su sitio y sintió vergüenza. Avanzó más rápido, hasta que el agua le cubrió hasta el cuello. El vestido se mantenía en su sitio. Queriendo acabar con todo lo anterior posible, respiró hondo y sumergió la cabeza en el agua.
Enseguida comprendió por qué la ceremonia se realizaba descalza y con un vestido corto: la tela se le enredaba en las piernas y no habría podido nadar con zapatos. A brazadas y patadas, llegó hasta el fondo de la piscina y rezó porque no tardarán mucho en venir a por ella. 
Iluminada por las algas, el corazón le latía rápidamente. Quería esconderse de los nobles. Quería esconderse de Vannah. Quería esconderse de los Veor, de Reo, quería irse a casa y actuar como si nada hubiese pasado. Quería estar seca en sus aposentos bordando, no en el fondo de una piscina en una ceremonia extraña. Miró hacia la superficie: le empezaba a faltar el aire y se preguntó qué ocurriría si saliese antes de tiempo. Tal vez el matrimonio no fuese válido y podría volver a casa, dónde al menos sabía cómo debía actuar. Supuso que nadie podría culparla si empezaba a emerger. O podría quedarse ahí, aislada del ruido, de la gente, solo con el agua y las luces. Los pulmones le quemaban y tenía el pulso desbocado.
De repente, sintió como alguien entraba en el agua. Rao nadaba directo a ella, sin dudar, con el pelo brillando intensamente. Buscaba su mirada y cuando estuvo suficientemente cerca, le tendió la mano. Alna dudó y tímidamente se la ofreció. Él pegó un tirón hasta situarla a su altura y le cogió el rostro con la otra mano. Alna se dió cuenta distraída de que su pelo era ahora rojo y no castaño, y su brillo le teñía la cara. Rao la miraba fijamente a los ojos. Tal vez notara sus dudas en la cara. Una sombra de preocupación cruzó el rostro del Veor, luego se suavizó y sonrió brevemente. El corazón de Alna latía cada vez más rápido. Tal vez fuera amable. Tal vez cuidara de ella. Eso acercó sus labios a los suyos y, con un suave beso, le pasó el aire que me necesitaba para emerger mientras le apretaba suavemente la mano. Se separaron y la princesa pudo apreciar una chispa de alegría en los ojos de él. Tal vez no estuviese tan mal. Tal vez no fuese como su hermano o su padre. Tal vez pudiese aprender a vivir allí.
Ambos salieron a la superficie.

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  Gigamesh deja de publicar Canción de hielo y fuego
Enviado por: AnKriX - 17/12/2020 12:02 PM - Foro: Canción de hielo y fuego - Respuestas (6)

Buenas tardes a todos,

Una noticia que hace algo mas de un mes salió pero no he visto comentada por aquí (aunque hacía tiempo que no me pasaba). 

Y es que la editorial Gigamesh hizo público el fin de la publicación de esta saga por su parte al no llegar a un acuerdo por los derechos.

Que os parece? a mi personalmente me ha jodido un poco porque desde hace años compré las versiones de lujo de esta saga y me faltaba "Danza de Dragones" la cual me puse a buscar hace tiempo para comprar precintada y no lo hice por querer sacar un buen precio y no tener prisa. Ahora me veo con que está descatagolado/agotado y solo podría completar la colección comprando el libro de segunda mano a mínimo el doble de su valor.... y creo que cuanto mas espere puede ser peor  Sad

La verdad es que la edición de lujo, en mi opinión deja bastante que desear porque simplemente es el libro en tapa dura, alguna ilustración creo recordar y con un "cubreportada" hecho de un papel muy endeble y que se arruga solo con mirarlo...

Aun así hace muchos años, cuando conocí la saga estaba la edición recién sacada del horno y me gaste bastante pasta adquiriendo sus 4 primeros libros en esta edición.

La gente habla de que se revalorizarán, pero no se yo.... porque no lo veo una gran edición  Huh

Lo que si que es cierto es que solamente ha subido su valor "Danza de Dragones" (justamente el que a mi me falta) que ha duplicado su valor y que apenas se puede encontrar ni de segunda mano al parecer...

Vosotros que haríais? aprovecharíais para completar la colección aunque sea algo mas caro... antes de que sea imposible? o realmente no lo veis buena idea??mesh

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  [Fantasía oscura] La oscuridad encajonada
Enviado por: JPQueirozPerez - 09/12/2020 03:00 PM - Foro: Tus historias - Sin respuestas

He perdido ya la cuenta de los días que lleva la lluvia arreciando. Los riachuelos se han convertido ya en torrentes que arrasan todo a su paso. El viento hace su parte y arranca de cuajo árboles y destruye edificios. Pronto estaré muerto, pero todavía guardo la caja.
    La vieja caja de ébano llegó a mí en herencia de un tío de mi madre, Gert, mercader que la consiguió en las lejanas tierras de Ma. La familia le tomaba por un loco, «las fiebres de oriente», decían; yo escuchaba sus hazañas cuando era un muchachito y me estremecía de los horrores que narraba sobre los extranjeros que encontró en sus viajes y los ritos que practicaban.
    Algunos adoraban a dioses de los que jamás había oído hablar, pero otros lo hacían a las mismas deidades que guardaban nuestro hogar, pero de una manera repulsiva: pagando en sangre y espíritu los dones de los dioses. Y no tendría yo más que unos seis años cuando me habló por primera vez de la caja.
    «Esta caja guarda todo lo bueno del mundo, pero todos la quieren», fue lo primero que dijo antes de enseñármela. Para un muchachito como era yo en ese momento, parecía enorme y hubo algo en su interior que me causó un rechazo inmediato; quise alejarme y tropecé, empecé a llorar a mares y entonces madre se acercó a ver qué ocurría. Ese día fue también la primera vez que hablaron de la locura del viejo tío.
    Madre y tías me aseguraron que no pasaba nada, que el viejo tío no quería asustarme, pero él no me asustó; fue la caja. De ébano lacado, dando la impresión de que lo que la rodeaba era más oscuro que el resto del ambiente; glifos grabados que era incapaz de comprender, mas me hablaban directamente a lo más profundo de mi ser, de los horrores que allí se guardaban y que jamás debían ser liberados; ¿y qué decir de la forma?, no tenía ninguna cerradura, a decir verdad, no tenía nada que dijera que estaba realmente ante una caja y no ante un bloque de madera tallado. Pero era una caja, lo supe en cuanto la vi, porque me habló de la oscuridad que contenía en su interior.
    No volví a ver la caja en años. Evité al viejo Gert siempre que me era posible, y, las pocas veces que no lo fue, la existencia de la caja no era mencionada; él me hablaba de sus viejos viajes, pero con un aire melancólico, anhelando algo más. Lo cierto es que desde aquel encuentro que tuve con la caja, la salud del viejo tío se resintió y parecía envejecer de manera sobrenatural, como afligido por una maldición; creo que cuando yo era un infante, él era un hombre fuerte, ahora ya es difícil recordarlo, pero lo que sí recuerdo es lo decrépito que fue en sus últimos años de vida.
    Esos últimos años no tardaron en llegar, tendría yo unos diez u once, cuando un día, nada más despertar, madre me dijo que al viejo tío le quedaba poco tiempo de vida; supe que volvería a ver la caja cuando él muriera como la certeza que tenía uno con volver a ver la luz del día al caer la noche. Después dijo que él quería despedirse de mí, y aunque quise implorarle que no, ya no era un niño; no podía portarme como tal. Por tanto, me dirigí en silencio al cuarto del viejo, detrás de mí escuchaba la conversación de las mujeres pero era un murmullo que me llegaba como un eco lejano, y ni siquiera me había alejado todavía del gran salón. 
    Al alcanzar la gran escalinata un sudor frío empezó a humedecer mi frente, empecé a respirar con dificultad y me quedé ahí quieto durante lo que me pareció una eternidad. Durante esa eternidad algo me agarró el hombro y di un sobresalto; se trataba del joven Ot, un mozo que ayudaba a los criados de la mansión. El grito que di alertó a mis familiares, que se acercaron a ver qué ocurría.
    Creyeron que algo me había hecho ese mozo y por tanto fue castigado duramente; quise decirles que se equivocaban, pero sólo pude abrir la boca y soltar bocanadas de aire mientras copiosas lágrimas recorrían mi rostro. Por supuesto, cuando heredé esta casa recompensé al joven Ot por el castigo que recibió por mi culpa; aunque creo que nunca me culpó porque vio el horror en mi rostro e incluso él se sintió espantado. 
    Madre me acompañó al cuarto del viejo tío y esperó en el umbral mientras yo me acercaba, como impulsado por una fuerza mayor. Entonces creía que era la caja, ahora sé que eran ellos, de los que me habló el viejo tío al presentarme la caja, los que hoy arrasan nuestro hogar buscando la caja.
«Acércate, hijo», me dijo Gert desde su lecho, aunque estaba ya muy cerca; lo hice, no por mí, sino por ese impulso superior. Agarró mi mano y me miró o lo que se asemejaba a una mirada dentro de esa vista perdida en algún punto del pasado. En mi mano dejó un trozo de pergamino mientras murmuraba: «Ahí vas a encontrarla, búscala, cuídala, no dejes que la tengan». Me quedé quieto y en silencio, como así hizo él. No sabía si madre seguía ahí o no porque no me atrevía a mirar atrás; temía que no fuera ella quien estuviera acechando en el umbral.
    Mis temores se vieron alimentados cuando, en un ataque de locura, gritó el viejo «¡Los recolectores! ¡Los recolectores!», señalando a un rincón del cuarto que se hallaba iluminado por la débil luz del alba que entraba por los ventanales. Su otra mano se había convertido en una garra que aferraba la mía con una fuerza que no podía tener alguien en su condición. Golpeé su mano para intentar separarme y fui incapaz, como incapaz fue madre, que vino a rescatarme. Nuestros gritos de auxilio hicieron que algunos trabajadores de la finca vinieran a ayudar; fueron necesarios cuatro hombres fuertes para hacer que el viejo Gert me soltara.
    Mi mano estaba dolorida y agarrotada, no me sentía capaz de abrirla. El curandero, que fue avisado para dar una pócima para hacer dormir al viejo tío, la observó con atención, mas no vio en ella nada fuera de lo común así pues consideró que simplemente estaba así por la impresión. Tomé una pócima relajante y me fui al jardín a tomar el aire.
    Al salir a la luz del día fui capaz de abrir la mano, ahí estaba el pergamino arrugado. No entendí los glifos que allí estaban escritos pero los reconocí, eran los mismos que habían en la caja; aquí no había una voz que me hablara directamente descifrándome el significado de este texto, así que ahí me quedé, hasta que el sol estuvo alto en el cielo y madre vino a buscarme para decirme que el viejo tío había muerto. Ese día pensé que me había equivocado y que no volvería a ver la caja; durante años ese alivio evitó que pensara en ella, hasta que empecé a soñar con la oscuridad.
    «Acércate, hijo», me dijo Gert desde su lecho, aunque estaba ya muy cerca. No, no era Gert, recordaba esa escena de haberla vivido pero había algo diferente; no me acerqué. «Acércate, hijo», insistió ese ser que fingía ser mi viejo tío; seguí sin acercarme. «¡Ven!», la orden fue superior a mí o a cualquier elemento lógico, porque aparecí a su lado y mi manita infantil volvió a ser presa de una férrea mano, pero ya no escondía su aspecto y se trataba de oscuridad pura; cuando levanté el rostro, lo que vi era un rostro informe hecho de tinieblas, como si hubiera una oscuridad más sombría que otra que le daba algo de semejanza a un rostro humano pero sin ser capaz de imitarlo.
    Desperté empapado en sudor, me había orinado encima y no fui capaz de volver a dormir esa noche. No sería el último sueño que tuve, y cada vez eran más frecuentes, empezando como una escena cotidiana de mi vida que era depravada por esa oscuridad que me llamaba y me exigía buscarla. Naturalmente acabé obsesionándome por descifrar ese mensaje que me dejó el viejo tío, de otro modo acabaría enloqueciendo por los sueños.
    En esos años madre me impuso un tutor para aprender diplomacia, quería que me uniera a la corte real para que hiciera alianzas con los nobles del reino, cosa que nunca llegué a hacer. Mi tutor decía ser un mago aunque no dio muestras de ninguna clase de poder; en otras circunstancias habría hablado con madre para que echara a patadas a ese impostor de nuestra finca, sin embargo después de todo lo vivido estaba mucho más abierto a creer.
    Hice bien, porque cuando ya tuve la confianza suficiente con mi tutor le mostré el mensaje, y aunque le costó un poco traducirlo, pudo darme el último mensaje de mi tío: «Bajo los pies del primer gigante extranjero». Agradecí a mi tutor por el mensaje aunque no entendí de qué hablaba.
     Esa noche volví a soñar. «Esta caja guarda todo lo bueno del mundo, pero todos la quieren», fue lo que dijo el viejo tío antes de mostrarme la caja. Por supuesto recordaba la escena pero, esta vez, fue diferente, no fui capaz de alejarme ni de tropezar ni de llorar. Estaba solo con esa caja y mi tío, pero sabía que no era mi tío, que era oscuridad; «¡Encuentra al primer gigante extranjero, encuéntrame, guárdame!».
    Fui de inmediato a despertar a madre aunque fuera plena noche. Creí que ella iba a reñirme por hacer algo así pero vio mi expresión horrorizada, así que fue a buscar al curandero para que me administrara una pócima para dormir; luché por evitarlo, pero me fue imposible, madre había hecho venir a criados a que me sujetaran para que el curandero cumpliera su mandado.
    Dormí y soñé, dormí y pasé todo ese tiempo con la oscuridad que me rodeaba y me torturaba.
    Desperté y esperé a estar tranquilo, o lo que más podía asemejarse a la tranquilidad, para hablar con madre. Me disculpé por mi comportamiento y le dije que había tenido una pesadilla. Ella parecía estar al tanto de que mis pesadillas eran recurrentes, así que tuve que decirle el motivo; mentí o no mentí, porque le dije que me obsesionaban las últimas palabras del viejo tio Gert. Ella creyó que hablaba de su mención a unos recolectores, así que dejé que así lo hiciera, habló de algo de que en su juventud el viejo Gert había trabajado en cosechas antes de hacerse a la mar; sabía que no eran esos recolectores a los que hacía referencia, pero no importaba, madre siguió hablando, parecía llevar mucho tiempo queriendo hablar de su tío y no tenía con quién hacerlo; al parecer, sus hermanas no tenían el menor interés en el viejo que le había cedido la mansión y los terrenos de la finca a madre. No es que importe ahora, pero incluso entonces sabía que el motivo era que, aunque madre fuera la más joven, había tenido descendencia a diferencia de ellas.
    Pero volvamos a lo que importa, a las historias que me contó madre. Empezó a contarme los viajes de su tío como marino, de cómo pasó de ser un grumete a ser un mercader con su propia flota, y de cómo empezó a importar objetos del extranjero, entre ellos árboles de Ma. 
No sabía de la existencia de dichos árboles, así que quise que madre me los enseñara. Tuvimos que recorrer un buen trozo de la finca para hallar un bosquecillo al sudeste de la casa en el que estaban esos árboles; ébano de Ma. Ahí estaba la caja, aunque estaba claro que madre desconocía cuál fue el primero de esos árboles en ser plantado.
    Pasé varias noches cavando aquí y allá, sin hallar nada; al menos los sueños se fueron. Lo peor empezó cuando quedaban pocos árboles en los que buscar, pues empecé a verme acosado por sombras y bultos que me observaban en la lejanía y que a veces desaparecían ante mis ojos; empezaba a preguntarme si no estaba sufriendo yo también las fiebres de oriente.
    Al séptimo día hallé la caja. No, al séptimo día la caja me halló a mí, esa era la forma correcta de decirlo, porque cuando estuve cerca me llamó y me guió hasta ella.
    Verla otra vez fue extraño, porque no sentí horror, sentí un profundo alivio. Sentí paz, una paz que duró poco cuando vi como unos sombríos sabuesos se acercaban trotando o tal vez flotando, era difícil asegurarlo en la penumbra de la noche. Escuché sus gruñidos y gañidos, hasta que me abracé a la caja y entonces pararon quietos. Poco a poco se fueron desvaneciendo y mi vista se fue acostumbrando a la noche, al punto de que a lo lejos pude ver una figura humana que me observaba; dicha figura simplemente se dio la vuelta y se marchó.
    Ahora mis noches eran tranquilas, me sentía protegido teniendo la caja en mi poder; pero mis días… ¡ah, mis días! ¿Cómo podía mi viejo tío haber vivido así tanto tiempo? En cada rincón de mi hogar me sentía observado; cuando me dirigía a la ciudad, cada desconocido que me miraba parecía querer arrebatarme la caja; cuando hablaba con alguien escuchaba una especie de eco, como una segunda voz por debajo de la de mi interlocutor que me exigía que devolviera la caja.
    Eso fue así hasta que me enamoré; la conocí en uno de mis viajes comerciales al extranjero. Empecé a hacerlos con unos dieciséis o diecisiete, porque madre ya no tenía buena salud para hacerlos y no confiaba en nadie más, y fue esto lo que evitó que acabara en la corte real; muchas veces me he preguntado si eso fue una bendición o una maldición.
    Entonces llevaría yo algo más de un año desde que empecé a hacer estos viajes. Aun habiendo hecho varios en el país y unos pocos en el extranjero (incluso ya había hecho uno a Ma), seguía con esa sensación desagradable en la que no me sentía capaz de confiar en nada ni en nadie. «Todos la quieren» fueron las palabras del tío Gert y al fin era capaz de comprenderle. 
    Ella era diferente, su presencia me causó paz, una paz que sólo he sentido con aquella caja que guardaba con tesón; era una joven lavandera de aspecto sucio y cuya belleza era propia de la villanía que estaba más preocupada en la supervivencia que en la estética. Aún así, me cautivó y quise conocerla. 
    No tardó en venir a vivir a mi hogar y que nos prometiéramos. Me preguntó si acaso no pensaba entregarle una dote, y le dije que no era necesario, que todo lo mío sería suyo en cuanto estuviéramos desposados, porque era la luz de mi vida.
En algo menos de un año nos desposamos y esa primera noche ella volvió a recordarme mis palabras: «Todo lo tuyo es mío ahora, ¿no es así?» fueron sus palabras antes de sujetar suavemente mi rostro. «Así es, luz de mi vida» respondí yo. «Entonces entrégame la caja». Me quedé sin habla, nadie debía conocer la existencia de la caja, nadie mortal al menos.
    «Hiciste una promesa, ahora debes cumplirla» exigió mi amada esposa, pero aunque me asustó su actitud y su conocimiento de la caja, no hizo ademán de retenerme cuando salí del cuarto. El pasillo parecía más iluminado de lo que debería para esas horas y, cuanto más me alejaba de allí, más brillante parecían ser las luces; me desorientaban y olvidaba dónde estaba yendo; al llegar a la escalinata, caí rodando por ellas. A sus pies me esperaba mi amada esposa.
    «¿Por qué rehuyes de tu amada esposa? ¿Por qué no pagas la dote que prometiste a la luz de tu vida?». Yo sólo me cubría de esa luz que quería adentrarse en mi ser y robarme la localización de la caja que protegía. «Mírame» me dijo, «mírame» repitió y esta vez la miré; no me sentía atacado por la luz, a decir verdad estaba incluso ligeramente oscuro y eso me agradaba. Ella me miraba serena, pero noté que estaba furiosa, las últimas palabras que me dirigió así lo dejaron claro: «Si quieres alejarte de la luz de tu vida, yo haré que te alejes para siempre».
    Lo último que vería es como el que había sido el amor de mi vida empezaba a titilar y se convertía en una silueta brillante, mucho más brillante de lo que nunca hubiera visto, luz pura que, aun con los ojos cerrados, seguía viendo. Grité para que parara, grité y grité hasta que los criados vinieron a socorrerme. Mi esposa ya no estaba; tampoco mi vista.
    De todo esto ha pasado toda una vida, no volví a ver a los que venían tras la caja pero siempre supe que seguían ahí, vigilando, esperando que volviera a acercarme a ella. Jamás lo hice, la tenía a buen recaudo y mucho mejor resguardada de lo que la dejara el viejo Gert. 
    Pero ya soy viejo y ellos lo saben, por eso te la lego a ti, pronto de esta casa no quedarán ni los cimientos, pero para entonces Ot ya te habrá llevado a ti y a tus padres lejos. Allí donde os lleve tendrás las directrices para saber el lugar donde oculto la caja, conócela y luego escóndela en otro lugar más seguro aún. Y cuando conozcas una moza que hinche tu pecho... ¡Mátala! No te dejes engañar como hice yo, no pagues con tu vista los errores de amar la luz.
    ¡Ahora márchate!, pero antes apaga esa luz, no puedo verla pero la noto, y quiero estar en paz en la oscuridad, porque ya acechan los recolectores.

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  [Ciencia ficción] Un instante en el tiempo: Prólogo y Capítulo 1
Enviado por: ferranleal - 09/12/2020 08:26 AM - Foro: Tus historias - Respuestas (2)

[Imagen: raleen.jpg]

Prólogo 

La noche era espesa, propia de una ciudad que nunca dormía, propia de un lugar iluminado tenuemente por una luz originada en un punto del espacio, que no lograbas definir de forma clara. No eran muchos los que recorrían sus calles a esas horas, pero, aun así, siempre encontrabas a alguien, a algún despistado, ignorante del tiempo y desobediente del hábito, de la práctica, de las costumbres. Si recorrías sus vías aún más de cerca hallabas a unos pocos fabricar un bullicio triunfante sobre un silencio delicado, a otros que bebían para olvidar que se habían encontrado, y si mirabas aún más de cerca, lo encontrabas a él. Un joven de cabellos oscuros y de corta edad, no superaba los diecisiete y sus movimientos parecían los de alguien que había vivido demasiado, si observabas sus gestos, si escuchabas sus palabras y si examinabas sus pensamientos aún más de cerca, podías saber sin atisbo de dudas que era diferente, diferente a todos los demás, dueño de una particularidad insólita que escondía de forma consciente, de la que huía como si fuera un cuchillo afilado encima de una mesa. Aquello no le importaba, reía y conversaba como los demás para sentirse semejante, pero su curiosidad atrapada y aprisionada en lo más profundo de su ser, pronto se alzará, como un gesto inevitable que cada una de aquellas personas llevaba dentro, como una fuerza inexorable que trata de librarse, imposible de detener como los primeros rayos de un amanecer o como la oscuridad creciente al final de un día. A pesar de todo seguía ahí, bebiendo, conversando, compartiendo un momento que pronto se volverá irreconocible.

Capítulo 1
Un comienzo 

«¿Qué hora es?», me dije observando el juego de líneas iluminadas tenuemente en la pared de mi habitación. Al instante supe que iba a llegar tarde, no porque quisiera, no porque lo buscara, pero otro día tarde de nuevo.

No esperaba nada especial, ni estaba deseando que ocurriera algo fuera de lo común, sólo simple y predecible normalidad a la que estaba más que acostumbrado, pero era como si la irresponsabilidad me persiguiera y se abalanzara sobre mí en cada esquina. Así que sin perder un segundo comencé a vestirme, cogí los primeros pantalones que encontré en mi armario, una camiseta medio decente y el par de zapatillas menos desgastado que poseía. Saldría otro día precipitadamente de mi hospicio, con aspecto desaliñado y por supuesto sin desayunar. Menudo modelo de aprendiz aventajado había ganado el Atlas-Rosen conmigo. 

Cinco años han pasado desde el primer día que pisé las instalaciones del Atlas, accedí con doce años y lo hice temblando de miedo, ya que aquel lugar representaba la cúspide de la educación en esta ciudad, y entrar a un lugar tan relevante, significaba que, si las cosas me iban bien, accedería a los puestos más prestigiosos y a las investigaciones más importantes, pero, si por el contrario fracasaba, lo haría a lo grande, destruyendo cualquier otra posibilidad de alcanzar un futuro medio decente y además, desprestigiando de forma colateral a los que en mí confiaron. Aunque con el tiempo, dejé de sufrir por ese detalle, porque me gané un hueco en el Atlas gracias a mi gran don o talento, todo este tiempo y sigo sin saber cómo llamarlo, hay pocas cosas que se me den mal y una de ellas es la dificultad que tengo para dar nombre a las cosas. Los nombres y yo, un gran conflicto que espero resolver algún día.

«Tu gran talento es tu futuro.» Es lo que suelen comentar muchos de los maestros que forman parte del Atlas, quiero pensar que no se trata de simple palabrería. «Juegas con ventaja.» Es lo que murmuran muchos de los aprendices a mis espaldas. Pero la realidad es que no se trata ni de un talento ni de una ventaja, más bien todo lo contrario. Es un peso que me aplasta poco a poco, un torrente de información que me deja extenuado cada vez que me asalta, cuando esa sensación recorre mi cuerpo, siento la necesidad de detenerla, pero nunca lo consigo. ¿De qué se trata? Soy capaz de percibir como están hechas las cosas, los mecanismos que las hacen funcionar, a nivel superficial y fundamental, como mi abuelo Sami solía decirme: «Comprendes las cosas sólo contemplando cuál es el resultado.» Y sí, da igual que el resultado sea fruta pelada y cortada en cubos perfectos, como si se trataba de un dispositivo de curvatura de ondas, me es tan familiar la física que hay detrás de un objeto, que la siento y la percibo como si formara parte de mi propio cuerpo, todo a cambio de unas nauseas devastadoras.

Cuando ya hube recopilado rápidamente todo lo que necesitaba para pasar el día completo fuera de mi hospicio, salí con paso firme dispuesto a recorrer lo más rápido que pudiera la distancia que me separaba de las instalaciones Atlas-Rosen. Saludé al guarda de la puerta del edificio, que siempre tenía buenas palabras y gestos para mí, creo que, si no fuera por él, más de una vez habría dormido a la intemperie, no es que sea despistado, lo llamaría más bien pensativo.
—Que tu tiempo sea fructífero, Laklar. ¿Tomándotelo con calma como de costumbre? —era Ramel, siempre me saludaba con simpatía.
—Ya sabes que sí, Ramel, me gusta disfrutar de cada segundo, sólo que mi tiempo no termina de ajustarse al del resto de las personas de esta ciudad —le dije sin dejar de sonreír.
—Lak, no te preocupes, ya cogerás el ritmo, quizá dentro de cincuenta años seas tan regular como el resto, hasta entonces disfruta. ¡Por cierto! ¿Por alguna casualidad has visto las noticias?
—¿Las noticias?, hace días que no veo la televisión —le respondí rápidamente, llevaba mucha prisa y no quisiera entretenerme más de lo necesario.
—Lo han dicho hace pocos minutos, a finales de semana tendrá lugar la presentación del proyecto del equipo de Ranshee, dicen que se trata de algo fuera de lo común, lo nunca visto, Melshan ha revolucionado a todas las ciudades con el anuncio, maldito loco, conseguirá que nos maten a todos —Ramel simuló con sus manos una explosión en miniatura, era un tipo con un gran sentido del humor, además de ser muy joven para ser guarda.
—Ramel, no sé todavía hasta qué punto puede ser importante una investigación hoy en día, está casi todo inventado, los físicos en la actualidad sólo saben hacer refritos, y retorcer las mismas ideas alternado alguna variable, en resumen, simple palabrería, publicidad, siento ser así de tajante, Ramel, a mi vuelta conversaremos sobre el asunto —no me entretuve más y salí disparado, perdería el próximo «Ariamet» al centro, estaba seguro de ello.
—¡Cuídate, Lak! —dijo Ramel cuando ya hube desaparecido por la puerta.

Mientras me dirigía a las instalaciones Atlas, no pude evitar darle vueltas al tema de la presentación que me había comentado Ramel, en un principio, me pareció extraño que tratándose de un equipo de investigación que se encuentra en Ranshee, a unos mil setecientos kilómetros de distancia, fuera noticia aquí, en Hízoren, eso quería decir que el evento sería mediático, y que se trata de un anuncio a nivel global, pero, ¿qué puede hoy en día ser tan importante, y atraer el interés de gran parte de la civilización de Raleen? A esa pregunta sólo cabía una respuesta, lo que más importa a los habitantes de Raleen es el tiempo, el conocimiento que teníamos sobre el tiempo, era como el simple gesto de respirar, nos era muy familiar y conocíamos todos sus límites desde bien pequeños. ¿Sobre qué trata la investigación para que esté en el foco mediático actual? Si mi suposición no iba desencaminada, lo que iba a presentar ese tal Melshan, no sería nada nuevo, quizá otra forma más simple de hacer algo que ya hacemos, una nueva teoría sin resultados concluyentes, en resumen, otra decepción más de la investigación de vanguardia. Hablando de decepciones, parece que llego justo a tiempo para que me suelten un buen sermón por haber descuidado mis obligaciones un día más, crucé la entrada del centro Atlas y me di de bruces con la persona menos indicada. No pude evitar sobresaltarme.

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