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  Mis últimas palabras serán mías
Enviado por: tyess - 26/03/2021 02:01 PM - Foro: Tus historias - Respuestas (2)

Esta es la versión corta de la historia de un mago creciendo en un mundo sin magia, desde el día en que le cedió su voluntad a la primera persona con el valor para ocuparse de él, hasta el momento en que tuvo que  elegir entre ese protector y su mejor amigo.
Así es como te haces una vida, y así es como la pierdes.



Mis últimas palabras serán mías
  • ~ 0 ~
  • Transgresor      (1 -- 2 -- 3)
  • Luz y Sombra   (4 -- 5 -- 6)
  • Talento             (7 -- 8 -- 9 -- 10 -- 11 -- 12)
  • Temible            (13 -- 14 -- 15 --  16 -- 17 -- 18 -- ...)  
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  • Hogar              (...)
  • Obediencia       (...)
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  Reto Mar21: La Mesa Número 9
Enviado por: Joker - 23/03/2021 04:27 PM - Foro: Retos Mensuales - Respuestas (8)

La Mesa Número 9




El saurocórnido arrancó tres arboles de un coletazo. Ámoreth saltó esquivando en una grácil acrobacia sobre los trozos de ramas y troncos que volaron en su dirección.
—¡Ahora! —gritó Zentín, el arcano era bueno reconociendo los patrones de movimiento de la gigantesca criatura.
—¡Casi listo! —respondió Lível el Trampero mientras se escapaba sigiloso en dirección a la llanura.
Ámoreth recogió su larga espada curvada de casi tres varas (solo un elfo como ella sería capaz de empuñar semejante belleza). La espada, a la que apodaba «Brisa», esperaba clavada sobre la tierra. La había dejado atrás debido a la anterior acometida de la criatura. La arrancó y se preparó para la orden. Entonces apareció él y una ola de vergüenza ajena la invadió.
—Yo soy Gradíen Vigorant, gran caballero de los necesitados, agente del orden y la paz. ¡Te ordeno que regreses a tu inmundo… esto… mundo, bestia horrenda! —gritó un guerrero bien pertrechado con el escudo a su espalda mientras alzaba la espada recta hacia los cielos.
La criatura de aspecto reptiliano respondió abriendo la boca casi en ciento ochenta grados, emitiendo un graznido agudísimo. Todos taparon los oídos mientras se revolcaban por el suelo, excepto el arcano Zentín que miró confuso a los demás.
Ese viejo chocho hace años que no oye nada, pensó Ámoreth.
Zentín hizo por fin el gesto, dando a entender a todos que volvía a ser el momento adecuado.
Hofir camuflado, con sus ropajes y su gorro verde, entre los matorrales, comenzó a lanzar andanadas de flechas al saurocórnido. Estas apenas suponían una leve molestia para la sus duras escamas. No importaba, era parte del plan. Cualquier humano atosigado por mosquitos se hubiera puesto furioso y recurrido a violentos manotazos… la criatura no fue menos y respondió corriendo en dirección a los disparos. Como Hofir estaba camuflado y los saurocórnidos eran más bien cegatos, lo primero que vio la criatura fue a Lível, el trampero.
El chico de pelo anaranjado sonrió. Ámoreth pensaba que el muchacho apenas era consciente del peligro, pero tenía que reconocer que era un trampero con verdadero talento.
La criatura, era una boca de dientes afilados con cuerpo lleno de escamas grisáceas que se alzaba sobre dos poderosas patas traseras. Tenía unos brazos acabados en largas y peligrosas cuchillas que nada tenían que envidiar a la espada de Ámoreth.
Se abalanzó a la carrera, sin embargo a tan solo unas diez varas de distancia de Lível, la trampa, que había establecido sobre el terreno con un par de estacas y un mecanismo de lo más ingenioso, se activó.
Las piernas del saurocórnido quedaron atadas y la criatura cayó de bruces sobre el suelo generando un estruendo. Comenzaba lo más complicado, ahora el animal se arrastraría y atacaría con sus cuchillas a cualquiera que osase acercarse. Ámoreth sabía que no había nada más peligroso que una criatura acorralada. Hofir siguió debilitando al animal desde lejos con sus flechas. Lível en cambio se alejó de la criatura, su trabajo estaba hecho.
Entonces apareció Gradíen Vigorant corriendo como loco por la llanura. Era un caballero sin caballo, puesto que los saurocórnidos tenían tendencia a centrarse en los animales grandes y estos apenas tenían posibilidad de escapar de sus fauces. Indudablemente era valiente. Un valiente bobo, pensó Ámoreth y cerró los ojos cuando el caballero llegó a la altura de la bestia.
La locura duró poco, la bestia escupió su ácido sobre el caballero. El hombre comenzó a correr escaldado. Si bien, todos habían tomado una poción creada por Zentín que hacía que el acido no fuese más que unas pocas babas calientes en contacto con la carne, no dejaba de ser un líquido apestoso a evitar.
Ámoreth corrió hacia la criatura en cuanto vio que una de las enormes cuchillas estaba a punto de alcanzar al caballero en su huida. Ella saltó radiante sobre la cuchilla encogiendo sus piernas en el aire y cayendo con un giro natural en el que liberó su espada. Esta cercenó la extremidad izquierda de la criatura a la altura del codo, donde unía con la cuchilla.
La criatura volvió a emitir un perturbador quejido agudo.
Todos llevaban tapones para bloquear esas frecuencias, sino haría rato que no tendrían tímpanos. Aun así eses graznidos sacaban a todos fuera de combate mientras duraban…  excepto al insensible Zentín por supuesto.
El barbudo lanzó una poción contra el suelo que al romperse emitió una luz cegadora que hizo retroceder a la criatura con continuos traspiés causados por las ataduras de sus patas inferiores.
Ámoreth suspiró aliviada, si no fuese por el Zentín podría haber muerto por salvar a Gradíen. Este equipo no era una casualidad, se necesitaba un trampero, un arquero, un arcano y dos espadachines para derrotar a un saurocórnido con seguridad. Esto era porque cada uno de los espadachines debía centrarse en una de las cuchillas del animal como si de un duelo individual se tratase. Lo contrario era arriesgado. Mientras te defendías de una cuchilla la otra podía partirte en dos con más facilidad que un cuchillo caliente a la mantequilla.
La criatura sin su brazo izquierdo se revolvió violenta y su sangre, corrosiva como su saliva, cayó sobre la cuerda que la atrapaba deshaciéndola. Debían volver a empezar, aunque tenían cierta ventaja al estar la criatura dañada, la misma herida volvía al animal impredecible…
…Ámoreth gruñó desolada al ver aparecer en la batalla a Nesprín el Solitario sobre su corcel. El malnacido encapuchado atrajo a la bestia utilizando a su caballo como carnaza. Sin embargo, llegado el momento lo hizo alejarse y él esperó allí plantado. El saurocórnido llegó hasta Nesprín y dejó caer la cuchilla como una guillotina. Lo esquivó ligero haciéndose a un lado e inmediatamente apuntó su enorme ballesta y disparó la gruesa saeta clavando el brazo del saurocórnido contra la tierra.
Entonces la criatura con su única extremidad atrapada, trató de devorar a Nesprín el Solitario. El maldito hombre esquivó todos los intentos y desenfundó un puñal que introdujo en la criatura bajo las blandas pieles de la garganta, único punto débil de los saurocórnidos.
La criatura tembló brevemente y quedó inmóvil. Nesprín sonrió mezquinamente a Ámoreth y comenzó a cortar la cabeza del animal. Ámoreth bajó la vista avergonzada y furiosa, les habían arrebatado el trofeo aprovechando que ya habían debilitado al animal… y todo era culpa de Gradíen Vigorant.

Abatidos por la derrota volvieron a la civilización abandonando la Planicie del Depredador. Aquellas tierras eran lo único que dividían el mundo salvaje de la ciudad de Aqüecia y las gentes como ellos, los cazacórnidos, eran lo único que se interponía entre la planicie y la ciudad. Por supuesto, cazar a una de las criaturas en las llanuras equivalía al sueldo de varios meses. Como norma, las autoridades de Aqüecia solo pagaban por aquellos saurocórnidos que se hubieran adentrado en las llanuras alejándose de sus Tierras Oscuras, ya que estaba terminantemente prohibido adentrarse en ellas para cazarlos… por no hablar de que era un suicidio.
Para ello las autoridades empleaban ojeadores que emitían una «orden de caza» cuando tenían la certeza de que alguna de las terribles criaturas se había internado en la Planicie del Depredador. Podía parecer un sistema extraño, pero se había demostrado eficaz, en los últimos cincuenta años ninguna criatura había llegado a pisar la ciudad en su búsqueda de alimento y en los cinco años que Ámoreth llevaba como cazacórnidos no habían pasado más de dos meses sin recibir una orden de caza.
Pero era cierto que en los últimos tiempos la cosa se estaba poniendo peligrosa. No pasaba un día sin que las criaturas se acercaran a la Planicie del Depredador y eso la ponía nerviosa. Sentía que algo estaba mal. Lo sabía porque era nativa de esas tierras, su propia familia la había entrenado en el noble oficio de los cazacórnidos. Si bien, había heredado la profesión, a diferencia de sus antepasados no sentía devoción por lo que hacía.
  La preciosa ciudad élfica de Aqüecia estaba rodeada de cascadas y descansaba en el fondo de un valle, sus preciosos edificios eran estilizados y estaban unidos mediante pórticos flotantes… aunque solo en apariencia. Las estructuras que servían de conducto entre los edificios y las distintas zonas de la ciudad se mantenían en pie gracias a ingeniosos y hermosos contrafuertes que cargaban todo el peso de la estructura hacia el exterior, descargándolo en eficientes arcos que contribuían a adornar la estructura.
Uno de eses preciosos pórticos conducía al lugar preferido de Ámoreth en Aqüecia. La Taberna de los Desafíos. La estructura de la taberna colgaba ingrávida al otro lado del pórtico, como un inmenso balcón que apenas estaba reforzado en un extremo por un saliente unido a una estructura vecina. Así era la arquitectura Élfica, tan matemáticamente perfecta que tus ojos no comprendían como desafiaba a la gravedad.
Dentro de la taberna esperaba Plous, el mejor tabernero y ojeador habido y por haber… y el que tenía mejor corazón.
—¿Cómo está mi pequeña elfa? —dijo Plous meciéndose el bruñido bigote.
—Querido, no ha sido un buen día, pero ya te contaré… —ante los pucheros fingidos, ella aflojó la lengua—, te basta con saber que Nesprín nos ha vuelto a robar una presa, ya va la tercera.
Plous alzó las cejas y se giró hasta la enorme pizarra que ocupaba toda la pared de la barra. Desplazó una escalera que estaba anclada al techo por una corredera y ascendió. Entonces anotó una marca en la partida donde ponía Nesprín el Solitario.
—¿Qué tamaño tenía esta vez?  —preguntó el mesero por encima de los anteojos.
Ámoreth bufó a disgusto antes de responder.
—Era un buen ejemplar, tal vez siete u ocho varas. No era una Hembra tampoco, pero sí imponente.
—¡Ay pequeña!, hace siglos que no nos visita una hembra, reza porque siga siendo así —el hombre se meció el bigote pensativo—. Últimamente Nesprín os esta sacando ventaja y eso que, como su sobrenombre indica, trabaja solo. Todavía recuerdo cuándo erais el mejor grupo de la Taberna del Desafío —dijo señalando una casilla de la pizarra donde ponía Mesa Nueve—. ¿Qué ha cambiado?
La elfa se encogió de hombros, aunque sabía perfectamente que lo que ocurría tenía un nombre concreto: Gradíen Vigorant.
No siempre había sido así, durante un tiempo Gradíen trabajó en perfecta armonía con el resto de miembros de la Mesa Nueve, como él presumía de llamarlos. Era un hombre apasionado, hábil con la espada y recto en valores. Pero en los últimos meses se había alejado de su esencia. No había perdido la actitud, pero tenía la cabeza en otro lado y eso afectaba a su desempeño.
Ámoreth entregó a Brisa a Plous. El mesero apoyó la larga hoja con dificultad cerca de las botellas. Luego recogió también las piezas de su armadura ligera y las ocultó bajo la barra. Sin la armadura quedó únicamente vestida con un blusón, una capa y sus largas botas. Retiró la trenza y su larga melena rubia refulgió con la luz de las numerosas velas de la estancia. Entonces tras guardar todo su equipo de cazacórnidos, Plous, le hizo entrega de su bien más preciado: su laúd.
—Creo que tus amigos ya están esperándote.
—Lo sé —respondió con una sonrisa y se dirigió a saltitos, en dirección a la mesa nueve, haciendo ondear su blusón que apenas cubría sus largas piernas.
Era evidente que la sexualidad no era igual para un elfo que para un humano. Lo que ellos consideraban obsceno, los elfos lo trataban con naturalidad. Lo que los elfos consideraban brutal, a menudo lo humanos lo consideraban irrisorio. No era algo malo ni bueno, eran seres de distinta sensibilidad. Tal vez lo mejor de Aqüecia era que las diferentes razas habían aprendido a convivir con los diferentes aspectos de cada una. Bueno, tal vez a los búlfidos les costase un poco aceptarlo, eses seres musculosos y peludos sí tenían una sensibilidad diferente, lo arreglaban todo a golpes… aunque al final del día el zumo de cebada les relajaba los ánimos.
Era cierto que los elfos ya eran una minoría en su propia ciudad. No se debía tanto a la presencia de humanos y bulfidos, sino más bien al la longevidad de los elfos que provocaba que se reprodujeran a menor ritmo que otras especies.
Pensar en la reproducción hizo que Ámoreth se sonrojara… tal vez la sexualidad de los elfos no fuese mucho más desinhibida.
Decidió dejarse de pensamientos inoportunos y observó la Taberna del Desafío. Estaba abarrotada a esas horas, ese día había sido movidito; que ella supera habían coincidido al menos tres incursiones en la Planicie del Depredador. Decidió rodear la mesa de los búlfidos y por fin llegó a su rincón preferido de toda Aqüecia. Allí estaba, la Mesa Nueve, el sitio perfecto: no muy alejada de la chimenea y cerca de la ventana. Preciosas vistas, directas a la cascada norte.
Allí estaba el anciano Zentín, cabeceando mientras mojaba su larga barba sobre una cerveza a medio acabar. El joven Lível reía sobre su silla las aventuras sobre ligoteos de Hofir. El elfo, como siempre, seguía con su capucha verde incluso en la mesa de la taberna. Ella se sentó a su lado.
—Le dije a la búlfida: «¿Esas pestañas son postizas? Tienen que serlo, no pueden existir ojos tan bellos»
Lível el Trampero se echó hacia atrás su pelo anaranjado mientras prestaba atención con los ojos como platos. Era el más joven del grupo con diferencia.
—¿Y qué te dijo?
—Ah verás, me dijo: «Lo son, por supuesto». Entonces yo la desafié —dijo Hofir con una sonrisa taimada—. Le dije: «Si esas pestañas son de verdad reales no te importará cerrar los ojos para que pueda comprobarlo»… Y los cerró, y ahí fue cuando yo le robé un beso.
—¡Oh, con razón tienes un disparo certero, Hofir! —dijo emocionado Lível—. ¿Y qué ocurrió después?
—Mmm creo que para eso… necesito otra cerveza.
Lível se levantó como un resorte y corrió a buscar unas jarras.
—¡Tráeme también una! —gritó Ámoreth mientras situaba el Laúd sobre sus piernas  cruzadas.
Hofir, se inclinó sobre Ámoreth y le sonrió.
—Tócanos algo, sabes que cuando agarras esa cosa es mi momento preferido del día.
—Quieto amigo, sabes que no soy una de tus presas… además, ¿en serio besaste una búlfida? Con razón tenía las pestañas largas.
Hofir soltó tal carcajada que casi se cae de la silla.
—Reconozco que no era lo único que tenía peludo.
—Demasiada información —dijo Ámoreth poniendo los ojos en blanco.
Zentín pareció salir de su ensimismamiento, se secó la barba y terminó lo que le quedaba de cerveza.
—Oh pequeña, estas aquí. Por favor concédenos el placer de tocarnos algo.
Zentín era un hombre anciano y taciturno, pero se desvivía por el grupo. Muchas veces habían sobrevivido gracias a sus valiosos consejos, era una persona que realmente los complementaba. ¿Y a quién quería engañar ella? Si tenía ese Laúd entre las manos era precisamente porque le apasionaba tocar. Por ello asintió al viejo con una sonrisa y comenzó a acariciar las cuerdas acompasando su espíritu en cada acorde. No tocó siguiendo de manera ortodoxa cada estrofa, sino que le imprimió unas suaves cadencias inimitables por pertenecientes a cada artista. La melodía fue in crescendo hasta que llegó la letra. Entonces con su dulce voz, Ámoreth, acalló la taberna al completo.

Esta es la historia de la gran Gatma.
De profesión y mente libertaria.
Ella derrotó al saurio con la luz de su alma.

Luchó, aunque nunca creyó que lo haría.
Las cuchillas cayeron.
La voluntad de su espada vencía.

Los saurocórnidos en tromba se alejaron
Gatma orgullosa moría.
Los Aqüecinos alzándose aullaron.

Pero la muerte no los resignaría.
La convirtieron en canción y leyenda.
Que la gente nunca jamás olvidaría.

Amenizó unos últimos acordes, cerró los ojos y dejó morir todo sonido. Cuando los abrió todo el mundo la miraba ensimismado. Por fin rompieron los aplausos y pudo ocultar su rubor bajo una leve reverencia. Aquello le hacía hervir la sangre más que la misma batalla.
Entonces llegó Gradíen Vigorant, llegó con su armadura todavía puesta y se sentó en la cabecera de la Mesa Nueve. Había llegado a respetar a ese hombre…
—Hola familia —dijo el caballero tratando de ser amable con la voz, pero sin conseguirlo con el rostro.
—Llegas tarde —observó Hofir— aunque reconozco que ya no me molesta.
—¡Venga ya, putos Elfos petulantes, ya estoy cansado de tus indirectas! No haces más que criticar mis aportaciones, pero tú con tu arco apenas nos eres de utilidad. Mira hoy lo que nos ha hecho Nesprín el Solitario con su ballesta.
Hofir miró a los demás con los ojos entrecerrados.
—¿De verdad está pasando esto? ¿Me está acusando a mi? Sabes que si no uso una ballesta como la de Nesprín es porque semejante armatoste lleva tiempo cargarlo, ¿qué ocurriría si fallase el disparo? ¿Cómo podría distraer al córnido para que no mate a alguno de vosotros? —Hofir se encogió de hombros—. Nuestro problema eres tú, humano blandengue.
Gradíen se rascó su barba y cabellos oscuros con nerviosismo. Ámoreth pagaría de buen gusto una ronda de cervezas por saber que le ocurría a su errático amigo. El hombre pareció aclararse las ideas y habló con tono más calmado.
—Lo siento, tenéis razón. Últimamente no soy un buen adalid de mis juramentos. Perdona mis feas palabras Hofir, he insultado a todo un colectivo —dijo visiblemente abochornado y pareció desviar la mirada cuando se cruzó con los ojos de Ámoreth.
—No te preocupes —dijo Hofir más tranquilo—, yo pienso de verdad que los humanos sois unos blandengues y tienes razón en que la mayoría de los elfos somos unos petulantes. ¡Ah! Por fin llegan las cervezas —dijo mientras Lível aterrizaba con una bandeja repleta.
El joven se sentó y mojó su lampiño rostro en la espuma de una jarra. Todos brindaron y pegaron un buen trago lo que pareció calmar los ánimos. Gradíen Vigorant vaciló y tras unos instantes de duda consiguió arrancarse a hablar.
—¿Habéis pensado…?  —titubeó.
—No irás a decirnos otra vez eso de que debemos tatuarnos el número de la mesa —preguntó Ámoreth con sorna.
—No, no es eso. Esta claro que mi tatuaje de la Mesa Nueve —dijo mostrando un nueve brillante sobre el antebrazo— no os parece una buena idea ¿Lo qué quería preguntaros es si habéis pensado alguna vez a que os dedicarías si dejaseis esto?
—¿Tenía entendido que el juramento de caballero era de por vida? —dijo Hofir.
Gradíen suspiró.
—En realidad no, un caballero puede ceder su titulo y juramento en su retiro, pero no me refiero a eso, ¿qué haríais si sobraran cuadrillas para encargarse de los saurocórnidos y pudieseis dedicaros a lo que realmente os gusta?
Lível levantó la mano como si estuviera en una clase de pociones de Zentín.
—Yo —se puso en pie, carraspeó y utilizó un tono solemne—, sería sin lugar a duda caballero.
Gradíen se llevó la mano al rostro, pero no pudo ocultar su sonrisa.
—No esperaba que escogieras un trabajo que entraña prácticamente los mismo riesgos que el que ya tienes.
—No es igual, yo pongo trampas. Tú en cambio te enfrentas a esa criatura después de desafiarla de palabra para que no pueda considerarse un ataque a traición —dijo Lível y todos parecieron comprender que era el único que tenía una visión positiva de lo que había ocurrido aquella tarde.
Gradíen contuvo su emoción y el anciano que había estado observando sin participar, como de costumbre, se asió la barba y se inclinó hacia delante. Todos prestaron atención porque sabían que era hombre de pocas palabras y cuando hablaba desprendía pura sabiduría.
—Yo —habló con sosiego—, sería dermatólogo.
—¿Cómo? —dijeron al unísono.
El anciano asintió.
—Me encanta hacer potingues y conozco algunos remedios que te dejan la piel sin una arruga —los demás se miraron escépticos, Zentín tenía la piel como una uva pasa—. El caso es que siempre estoy haciendo pociones contra el ácido, pociones deslumbrantes, pociones de humo, pociones para catalizar un incendio, pociones para esto, pociones para lo otro… Eso no es divertido. Lo que me motiva es ayudar… eso y el dinero —miró a Ámoreth— Los elfos no envejecéis en apariencia. —y añadió en un susurro en el que se inclinó más aun sobre ellos como si tuviese un secreto vital—… pero las hembras humanas lo darían todo por mis potingues… ¡todo!
—Me interesa mucho lo que dices —dijo un Hofir socarrón—. Pero hablando en serio, te entiendo, Zentín. Siempre quise ser ebanista, me gusta trabajar la madera, hago mis propias flechas… pero a menudo siento mi creatividad limitada a estos palitos —un breve silencio los envolvió, Hofir alzó la vista y traspasó la incómoda conversación a otro— ¿Qué hay de ti Gradíen?
—Pues yo siempre creí que continuaría el negocio familiar, mis antepasados fueron herreros. Yo jugaba con sus espadas, yelmos y corazas de niño. Soñaba que no era el que las hacía sino el que las empleaba… Hoy día es increíble ser lo que soy, pero siento nostalgia y pienso… tal vez si un día dejo de ser caballero pueda emplear los conocimientos de mi familia.
Tras otro breve silencio todos se quedaron mirando hacía Ámoreth.
—¿Que ocurre?
—Vamos —dijo Hofir mirando a su laúd.
—Estáis confundidos, soy feliz siendo cazacórnidos y continuando mi legado familiar… esto es solo un entretenimiento.
Gradíen la miró con una sonrisa tierna, Hofir no paraba de sonreír como si hubiese oido un chiste graciosísimo. Zentín asentía para sí como si realmente pudiese ver a través de ella. Hasta el joven Lível parecía juzgarla.
Odiaba esa actitud.
Por suerte el momento pasó y la noche continuó creciendo mientras ellos se alimentaban de cervezas. En cierto momento quedaron solos sobre la mesa Gradíen y ella. El caballero había bebido mucho menos que los demás y parecía alerta en todo momento. Ámoreth lo consideró el momento adecuado para sonsacarle.
—¿Qué te ocurre, mi brillante caballero? Últimamente no eres el mismo.
Gradíen Vigorant asintió pesaroso.
—Desde cuándo me lo notas.
—Meses ya —respondió ella—. Parece que no duermes, apareces en las batallas desconcentrado, apenas sigues las pautas de Zentín y ya no eres capaz de sincronizarte conmigo para enfrentarte a las cuchillas. Hemos bajado muchísimos puestos en la tabla —dijo señalando a la pizarra que se alzaba sobre la barra—. Sé que esa pizarra es lo de menos, pero es una prueba de que algo te sucede. Quiero saberlo.
Gradíen Vigorant asintió tal vez consciente de que el día de hoy podría haberle costado la vida Ámoreth, o quizás simplemente había tocado fondo.
—Quería contártelo, pero mi juramento de caballero me prohibe acusar sin pruebas. Pero algo ha cambiado, tengo la certeza de que pasa algo.
»Hace seis meses —dijo en un susurro— comencé a sospechar. Los ataques de saurocórnidos habían aumentado de manera brusca. Cualquiera que se dedique a esto lo habría notado, pero como era bueno para el negocio nadie hacía preguntas… El caso es que llevo meses investigando que puede estar detrás de esta anomalía.
—¿Y bien?
—No tengo pruebas, pero creo… ¡qué demonios! sé que Nesprín el Solitario está detrás.
—¿Por qué crees…?
Gradíen no la dejó acabar.
—Lo he seguido. Casi todas las noches que no venía a la taberna seguía a ese malnacido. Hasta en dos ocasiones le vi adentrarse más allá de la planicie, hacia las Tierras Oscuras. Pero hoy he visto algo que me ha dado valor para contártelo. Hoy volvió de aquellas tierras prohibidas con algo oculto en un saco atado a su caballo. Sé que oculta algo en su escondrijo, pero yo solo no me atrevo a enfrentarme a alguien de su habilidad… soy un cobarde —dijo encogiéndose en la armadura.
—Un cobarde no habría cargado con ese peso él solo. Pero tranquilo, no tienes que  volver a hacerlo, para eso tienes a la Mesa Nueve.
Ámoreth se levantó resolutiva  y fue a por su espada.

La penumbra de la noche alimentaba las peores historias, eso lo sabían todos.
Gradíen condujo a todo el equipo al refugio de Nesprín el Solitario, situado en la entrada de la ciudad. El extraño elfo hacia honor a su sobrenombre, vivía en las afueras, alejado de todo en una cueva bajo una cascada. Que ella supiera, solo se adentraba en la ciudad para frecuentar la Taberna del Desafío, sacro lugar para todo cazacórnidos que se preciara de serlo.
No se anduvieron con rodeos. Hofir se quedó cerca  apuntando al acecho. Lível, preparó una pequeña trampa por si trataba de escapar. Zentín por su parte preparó una poción paralizante que duraría unos minutos de utilizarse y se la entregó a Ámoreth. Gradíen y ella de dispusieron a atravesar la cascada, tenían un buen plan y el alcohol no había hecho demasiada mella en ellos.
—¿Quién va? —se escuchó desde el interior.
—Ríndete o muere —gritó Gradíen autoritario.
Nesprín el Solitario avanzó a grandes pasos sin mostrar temor. Giró sobre si mismo mientras Gradíen trataba de alcanzarlo y lo golpeó con un guantelete en el yelmo. Gradíen terminó en el suelo confuso por el golpe y se quitó el yelmo para orientarse. Entonces Ámoreth y Nesprín se enfrentaron en el interior de la cascada. Ella había recogido su espada en la taberna, no así su armadura. Por un lado se sentía ligera y veloz, por otro un golpe la dejaría fuera de combate con facilidad.
Danzaron esquivando sin tocarse. Aunque él era más lento, ella cada vez que trataba de alcanzarle ponía en riesgo su vida. Por fin entró Hofir como apoyó y disparó una flecha que lo alcanzó en un hombro, pero no se inmutó. Entonces una segunda flecha alcanzó algo al fondo de la cueva. Algo se resquebrajó.
Nesprín maldijo aterrorizado y Ámoreth aprovechó para lanzar la poción paralizante.
El elfo cayó sobre el suelo de la cueva rígido como una tabla. Ámoreth se acercó al fondo y comprendió aterrada porque saurocórnidos se habían obcecado en los últimos meses sobre Aqüecia. Un huevo de casi una vara de altura se hallaba fragmentado por una flecha. En su interior estaba el cuerpo no nato de un córnido.
—¿Por qué? ¿Arriesgas las vidas de todos los Aqüecinos por dinero? —preguntó  a Nesprín que yacía inmóvil pero no había perdido la facultad del habla.
—No, no por dinero. Lo que quiero es destruir esta ciudad infesta. Infectada por alimañas como los humanos, los bulfidos y las hadas. Atrás queda la grandeza de lo que un día fue la Aqüecia de los elfos.
—Me das asco y pensar que llegue a admirarte. Da igual no has logrado nada —no gracias a Gradíen, pensó. Después de todo tenía razón en estar preocupado.
—De verdad creías que esto era todo. Llevó meses trayendo huevos esperando a atraer una hembra capaz de destruir la ciudad. Y debéis saber que ya esta llegando.
Ámoreth apuntó a Nesprín con Brisa… y Gradíen se interpuso en el medio.
—No vale la pena —dijo y Nesprín lo miró sorprendido.
Entonces escucharon un graznido agudo, seguido de pisadas que hacían temblar el suelo.
El sonido de la muerte acercándose.
—Debemos parar a esta bestia, somos los únicos que saben que llega —dijo Gradíen
Todos asintieron comprometidos. Se pusieron los tapones. Ámoreth se puso Brisa al hombro y Gradíen desmontó el escudo de su espalda. Hofir sacó su arco y Lível preparó sus cuerdas y Zentín sus pócimas.
Todos tomaron la poción antiácido.
Estaban listos. Si es que se podía estar listo para lo que les venía encima.
La criatura media unas quince varas, era con diferencia el mayor monstruo que habían visto. Sus oscuras escamas brillaban plateadas a la luz de la luna. Con su cola reptiliana arrancó uno de los contrafuertes de cuajo provocando el derrumbe de una torre.
Entonces las flechas de Hofir lo atrajeron, alejándolo un poco de Aqüecia. Pero el animal era tremendamente veloz, aunque no vio a Hofir intuyó de dónde venían los disparos y lo barrió con su cola. Ámoreth rezó por que siguiera vivo, aunque realmente lo dudaba. Ya lloraría luego.
Al menos el monstruo se dirigía a la trampa y al pisarla, esta saltó correctamente atrapando sus piernas… O eso creyeron, las cuerdas reventaron por la presión sometida y Lível huyó aterrorizado a esconderse.
Si no hacían algo le alcanzaría.
Así apareció él. El caballero desafiando a la criatura. Avisando a la muerte. El saurocórnido consumiría su vida, pero jamás sus valores.
La criatura aceptó el desafío. El pecho de Ámoreth se llenó de orgullo y corrió hacia la muerte para apoyar a su compañero. Una cuchilla para cada uno como en los viejos tiempos. La diferencia era que la bestia no estaba atada.
Lucharon con valor. Ámoreth esquivaba con elegancia todas las acometidas que era capaz de evitar, las que no, las respondía con el filo de Brisa. Gradíen por su parte lanzaba estocadas al mismo tiempo que se cubría con el escudo. Aquello no habría sido posible sin el apoyo de Zentín que lanzaba continuamente sus pócimas deslumbrantes para molestar a la bestia… hasta que se le acabaron.
Entonces la guadaña de la criatura cayó sin que Ámoreth pudiese hacer nada al respecto.
Se escuchó el ruido de metal contra metal. Un filo había bloqueado el golpe fatal.
—Nesprín…
—No puedo dejar morir a una elfa —dijo mirando visiblemente avergonzado a otro lado.
Pero ni tres eran suficiente. La bestia pugnaba por matarlos cada vez más obstinada. Uno de sus movimientos fortuitos le alcanzó de refilón en una pierna dejándola fuera del juego. Se arrancó la capa para hacerse un torniquete. La batalla ya no dependía de ella.
Ya no, se lamentó.
En cambio, elfo y humano luchaban sincronizados aunque en perpetua desventaja. Zentín mezclaba polvos desesperado en la distancia… pero no llegaría a tiempo.
Entonces ocurrió algo. Algo digno de las leyendas que ella cantaba. Digno de su grandeza y de su tristeza.
La criatura lanzó un inevitable zarpazo a Nesprín… Gradíen Vigorant se alzó en su lugar, desplazándolo y recibió muerte en el acto.
Su espada apuntó, como siempre, al cielo hasta en el último segundo. Un cielo donde se encontró con la garganta de la enorme criatura.

Los héroes nacen cuando se convierten en leyendas.
En la Mesa Nueve de la Taberna del Desafío, Ámoreth descansaba con su laúd sobre el regazo. Contemplaba con una sonrisa nostálgica los cambios de los últimos tres meses. Sobre la pared superior, a un palmo de las vigas, colgaba a modo de trofeo la cabeza del saurocórnido más grande que jamás tuvieran constancia que había existido. No muy lejos de allí estaban el escudo de un viejo conocido a modo de símbolo heráldico.
Sentados a su lado, sus amigos jugaban a las cartas: Zentín llevaba un gorro en el que se apoyaba un hada (el anciano decía que era la recepcionista de su consulta de dermatólogo). Hofir con su habituales ropajes verdes miraba descontentó a los naipes. Lível en cambio sonreía de oreja a oreja, debía de tener una buena mano.
El joven había heredado los votos de caballero de Gradíen y con ello su espada y la armadura, sobre la que se destacaba su pelo anaranjado. Ella misma le había dicho al chico que esas habían sido las últimas voluntades de su amigo. Una pequeña mentira que habría enorgullecido a Gradíen. Por supuesto Lível tenía mucho que entrenar y aprender para ser un caballero, pero se le veía realmente entregado a la causa.
Todo parecía ir bien también para los demás. Hofir seguía siendo arquero, pero había comenzado a montar un pequeño taller de carpintero que lo atrapaba en sus horas libres. A Zentín en cambio le iba tan bien con sus potingues que se habían acostumbrado a que pagara todas las rondas de la Mesa Nueve.
Entre otras novedades, ahora todos llevaban un radiante y orgulloso nueve tatuado sobre el antebrazo.  Y Ámoreth por su parte…
—¿Está ocupada esta silla? —preguntó un elfo refiriéndose al asiento de la cabecera.
—Sí, siempre estará ocupada —contestó Ámoreth
—Pues yo no veo a nadie sentado —dijo a desgana y trató de alzar la silla.
No tuvo tiempo. Otro elfo encapuchado y de mirada férrea lo apartó de un empujón. Luego se llevó la mano a la ballesta que descansaba sobre su espalda a modo de advertencia.
  —Si se te ocurre arrastrar esa silla o simplemente sentarte en ella, te mandaré allá a donde repose su buen dueño.
El elfo se largó amedrentado. Y Nesprín hizo una señal de respeto, primero a Ámoreth y luego a la silla vacía, antes de retirarse.
Por dónde iba, pensó Ámoreth. Ah cierto, se dijo. Ella también había cambiado un poco, ahora se dedicaba a tiempo completo a su laúd, al que había apodado Calma, mientras que Brisa descansaba cerca de la ventana, sobre una vidriera.
La Brisa había partido, y la Calma había llegado para quedarse y a menos que los vientos regresasen revueltos no rompería su descanso.
Tomó a Calma y comenzó a tocar una historia sobre héroes y bestias, sobre honor y pérdida.

Esta es la historia de Gradíen.
De cuya fuerza fui testigo.
Héroe sacrificado por el bien

Y mi palabra de honor entrego
Que Gradíen nunca renunció
A sus jurados votos de caballero

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  Gran Salón de la Fama
Enviado por: Miles - 17/03/2021 06:51 PM - Foro: Retos Mensuales - Respuestas (1)

En construcción durante los próximos días 
(por favor no spamear, si quereis comentar algo ir a la taberna, gracias Smile )



wedding tractor  clock11 

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  Explicando nuestro malévolo plan
Enviado por: RGM - 08/03/2021 05:52 AM - Foro: Taller Literario - Respuestas (4)

Me inicio en el foro con un tema siempre me ha preocupado a la hora de escribir. No es otra que cuando tenemos que explicarle a nuestros lectores el plan trazado por el malo de turno.

En estos casos siempre me vienen a la mente las historias de James Bond y ese momento en el que el malo tiene atrapado a 007 ( y a la chica de turno, claro) y les cuenta su plan, para después dejarles abandonados a una muerte segura. Dodgy

Por eso quiero lanzar la siguiente pregunta: ¿Cómo os gusta explicar vuestros planes a los lectores? ¿Sois de los de explicarlo todo al final? ¿Os gusta que el protagonista los vaya desentrañando? ¿O preferís que se queden con las ganas y con más preguntas de las que empezaron? Huh

También podéis comentar casos en los que os ha gustado (o no) la forma de explicar el plan urdido por los malos en los libros que nos hemos leído.

Por ejemplo, a mí me pareció un poco extraño la forma de hacerlo en la saga Gerald de Rivia.

quedó un poco como de pegote que Gerald se reuniese a solas con el Emperador y que éste le confesase todo por las buenas, así sin más y luego cada uno se fuese por su lado. Lo vi como que el escritor no sabía cómo encajarlo en la trama

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  BASES Reto Marzo 2021 - Una imagen, muchos relatos
Enviado por: Cabromagno - 07/03/2021 01:29 PM - Foro: Retos Mensuales - Respuestas (45)

BASES

Mano Inocente: Wherter

Reglas del Reto

1. La extensión mínima de los relatos será de 500 palabras y la máxima de 5.000. El relato debe basarse en la siguiente imagen:

[Imagen: a0b91dcd5ab54bb509358bbcd797a289.jpg]

2. Los relatos serán titulados de la siguiente forma: "Reto Mar20: Titulo del relato". Solo podrá presentarse un relato por participante.

3. Cada participante, antes de enviar los votos, debe leer y comentar todos los relatos participantes, incluido el suyo propio para mantener el anonimato. Cualquier participante que no lea y comente todos los relatos será descalificado.

4. En el plazo de votación cada participante deberá enviar sus votos a la Mano Inocente mediante un mensaje privado. En el caso de otros miembros del foro que quieran votar en el reto, pueden hacerlo siempre que antes lean y comenten todos los relatos.

5. Las votaciones se realizarán del siguiente modo: Cada concursante otorgara 12 puntos a su relato favorito, 8 al segundo, 5 al tercero, 3 al cuarto, 2 al quinto y 1 al sexto. En ningun caso podra otorgar ningun punto a su propio relato.

6. También se elegirá 'Mejor escena', 'Mejor personaje principal', 'Mejor personaje secundario', 'Mejor descripción' y 'Mejor lugar'. Para ello se elegirá una opción para cada categoría y se enviará a la Mano Inocente junto a los votos. Se pueden dejar categorías en blanco.

7. No debe desvelarse la autoría del relato salvo a la Mano Inocente mientras dure el reto y hasta que los resultados sean publicados.

8. Para subir los relatos se utilizará el usuario Joker, cuya contraseña será debidamente proporcionada el día de inicio de las subidas.

9. Cualquier participante o relato que no cumpla estas normas y/o no respete los plazos establecidos quedará inmediatamente descalificado.

10. La organización se reserva el derecho a modificar las presentes bases y plazos cuando crea oportuno.

Plazos

Inscripciones: Desde la publicación del presente tema hasta el 28 marzo de 2021.

Subida de los relatos: Del 15 hasta el 28 de marzo de 2021.

Comentarios y votaciones: Hasta el 4 de abril de 2021.

¿Quién es quién?: 5 de abril de 2021.

Resultados finales: 6 de abril de 2021.

Índice de concursantes

Guardián Ciego
JPQueirozPerez
Vicent Mcloud
John Harker
juanma17
Kantos
Dóreas
Miles
Cabromagno
DanSVidal



Cualquier duda, preguntad en este hilo.

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  [Histórica] Primus circundedisti me
Enviado por: Vicent Mcloud - 06/03/2021 08:10 PM - Foro: Tus historias - Respuestas (5)

Primus circundedisti me

—La caló aprieta —se comentaba en el puerto de San Lucar de Barrameda cuando surgieron de la Nao Victoria dieciocho marineros: desnutridos, tambaleantes, huesudos y aun así llenos de vida, esperanza y emoción, al volver a pisar la tierra deseada. La suya.
—Seca tus lagrimas mujer, que lo que te cuento es verdad, esta vivo —dijo la vecina entrometida, por primera vez su habilidad para enterarse de todo y de lo de todos tendría una utilidad. Aunque ella ya lo sabía, esas son las cosas que una madre sabe y, aun después de tres años, nunca había abandonado la esperanza de volver a acariciar el cabello de su hijo. El menor, el que se fue en busca de aventuras y regresó cargado de especias.

La libertá y la salú
Son prendas de gran valía
Y nadie las reconoce
Hasta que las ve perdías

Cantaba mientras deslizaba los dedos a través de su pelo como cuando solo era un zagal, con la cabeza reposando en su regazo, ahora era un hombre roto que había visto más mundo que cualquier otro.
Había conocido criaturas que antes solo existían en cuentos de fantasía: como las grandes aves que vieron caminar erguidas sobre el hielo o los peces voladores, que surcaban la superficie de los mares acompañando el barco con sus gráciles saltos. En su travesía había experimentado miedo, parálisis, pánico, hambre, aprisionamiento, soledad, frío, rabia y pérdida. Pero siempre supo encontrar el coraje necesario para seguir adelante, no importaban las condiciones, de nada servirían sus desdichas si no volvía a casa para contar sus alegrías.
Lloró durante horas, lloró durante días y cuando se secaron sus lágrimas, en su interior, siguió llorando toda su vida por los camaradas de su travesía. En su memoria vivían todos aquellos marineros y compañeros, hombres de toda clase llenos de defectos, prejuicios, bondades, malentendidos, contradicciones y disparates. Al fin y al cabo, personas, tan distintas como iguales.

—La caló aprieta —se comentaba en cubierta mientras, con velas henchidas en mástiles vigorosos, cinco barcos hacían uso del cálido viento del verano para adentrarse en lo desconocido. Parten en busca de una nueva ruta comercial hacia las islas de las especias. Despidiéndose con alegría del bochorno estacional y adentrándose en los vientos del cambio de una brisa marina que los azotará en la cara y el alma mucho más de lo que desearían.
Embarcaron en las cinco naves un total de doscientos treinta y cuatro marineros y regresarían tan solo dieciocho ¿Héroes o afortunados?



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Este pequeño texto lo escribí para participar en un concurso, pero tras escribirlo descubrí que ya no cumplía con el requisito de edad por unas pocas semanas.
Ha estado guardado en un cajón bastante tiempo y me apetecía compartirlo con vosotros y conocer vuestras opiniones y correcciones.

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  Trilogía de Lyonesse - Jack Vance -
Enviado por: Daghdha - 06/03/2021 10:24 AM - Foro: Trilogías - Respuestas (1)

En primer lugar, como hará cerca de un año que no me conecto, quiero saludar a los foreros, viejos y nuevos, que queden por aquí sosteniendo Fantasitura  Smile

Que cabromagno me disculpe si había algún tema dedicado a esta saga, porque no lo he encontrado  Undecided el caso es que la he visto, al completo, en una vieja librería de segunda mano, y antes de lanzarme a por ella quería preguntaros, a los que la hayan leído, qué os pareció, qué impresiones os causó la primera vez que la tuvisteis entre manos, si los protagonistas son arquetipos...lo que se os ocurra.

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  Brandon Sanderson
Enviado por: nico9983 - 25/02/2021 08:51 AM - Foro: Colecciones, Sagas, etc. - Respuestas (4)

Hola,
quiero empezar a leer Brandon Sanderson.
Que libro/trilogia me recomiendais para empezar?
Gracias!

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  Murió Larry Flint
Enviado por: Golem - 11/02/2021 05:14 PM - Foro: Fuera de tema - Respuestas (1)

Murió a los 78 años Larry Flint, héroe
 sin capa para unos, el diablo en persona para feministas y predicadores de la moral.

Adiós a un gran defensor de la libertad de expresión.

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  Muerta en vida
Enviado por: Golem - 04/02/2021 06:53 PM - Foro: Fuera de tema - Sin respuestas

"Estoy oficialmente muerta": la mujer que lucha para probar que está viva
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"Mi problema es que me declararon muerta".

Por increíble que parezca, esto le pasó a una mujer de 58 años en Francia.

Como resultado, tanto su cédula de identidad como su permiso de conducir dejaron de ser válidos, su número de seguro social también fue cancelado y ya ni siquiera tiene seguro médico.
"Estoy muerta. Estoy muerta para los tribunales, para las agencias gubernamentales, estoy muerta para todo el mundo".

"Ya no salgo porque no sé qué podría pasar si me arrestan, si se me presenta un problema. Si necesito ir a la tienda, voy bajando la cabeza, voy cuando ya casi están cerrando o hago todo muy rápido, para comprar un par de cosas solamente".
"Mi marido hace las compras. No me atrevo a conducir, como solía hacerlo. Me despierto por la mañana y no puedo esperar a que termine el día".
No es un problema reciente: hace tres años que Jeanne está oficialmente muerta.

Como ya se podrán imaginar, descubrir que no estaba viva, al menos legalmente, fue un shock total.
"Descubrí que no estaba viva gracias a una sentencia del Tribunal de Apelación de Lyon", explica Jeanne.
"Los alguaciles del tribunal vinieron y me hablaron sobre la 'difunta' Jeanne Pouchain".
Los empleados tenían dos cartas, una para su esposo y otra para su hijo.
"Mientras leía estos documentos, me di cuenta de que, de hecho, estaba muerta".
Al parecer, los problemas para Jeanne empezaron cuando una exempleada la demandó.
Ella dirigía una empresa de limpieza y la extrabajadora quería una compensación por haber perdido su trabajo casi 20 años atrás.
Por varios años, el caso fue de un lado a otro en el sistema jurídico francés, hasta que un tribunal de Lyon dictaminó en 2017 que los daños tendrían que ser pagados, pero que la gerente de la empresa había fallecido.
Jeanne asegura que nunca recibió una citación para asistir a la audiencia, por lo que no pudo impugnar la decisión ni su nueva condición de persona fallecida.
Como resultado, quedó muerta legalmente y además a su esposo e hijo les dijeron que tendrían que pagarle US$17.000 a la exempleada como compensación.
Los efectos del veredicto causaron más que daños financieros.
"Todo es como un campo de batalla", señala.
"Dejé de salir, me quedaba en casa siempre que podía".
"Cuando alguien toca el timbre, me escondo porque tengo miedo. No sé qué otras malas noticias pueden venir".

Más de tres años han pasado y Jeanne todavía está tratando de persuadir al sistema francés de que la resucite legalmente.
"Quiero que el Estado me devuelva mi identidad. Me la quitaron. Quiero recuperar mi vida, recuperar a mi familia, a mi esposo, a mi hijo, mi círculo social".
La semana pasada, un tribunal celebró una audiencia pública en la que su abogado presentó una denuncia contra el poder judicial francés por mantener registros falsos.
El equipo legal de Jeanne tiene que demostrar la invalidez del documento judicial que dice que está muerta para anular el veredicto anterior que la describe como fallecida.
"Lo más importante es demostrar que estoy viva, demostrar que existo", prosigue.


Nadie logra ponerse de acuerdo sobre cómo se llegó a esta situación exactamente.
El abogado de Jeanne, Sylvain Cormier, le dijo a la agencia AFP que la exempleada indicó que Jeanne estaba muerta, sin ofrecer ninguna prueba, y "todos le creyeron".
"Nadie lo comprobó", insistió.
La exempleada no se ha pronunciado sobre el asunto públicamente, ni siquiera ha sido identificada, pero su abogado acusa a Jeanne de estar involucrada en su propia muerte.
Alega que se hizo la muerta para tratar de evitar un litigio y para no responder a las cartas judiciales.
Ambas partes disputan la versión de los hechos que ofrece la otra.
Sea quien sea el culpable, una cosa parece estar clara: Jeanne no está muerta.
En los últimos días, la francesa ha recibido noticias positivas: una agencia gubernamental le informó que ya no la registraba como muerta, pero tampoco estaba clasificada como viva.
"Estoy en proceso", concluye Jeanne


Fuente:BBC

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