Esta versión dista mucho de las colgadas anteriormente. Bueno, ahí va:
CAPITULO 1
Tras una mañana de trabajo, Amara regresaba a su aldea, portando dos pesados cuencos con provisiones para abastecer al pueblo: uno relleno de frutas, y otro relleno de agua. Las otras mujeres realizaban el mismo trabajo que
ella, pero quedaban muy rezagadas en el camino, ya que era dificil para ellas seguir el ritmo de Amara. De vez en cuando las esperaba, pero aquel día no le apetecía en absoluto hablar con ellas. Mientras seguía su camino, oyó como la llamó una voz infantil.
—¡Amara!
Tras girarse, vio que quien la llamaba era Karie, una niña que parecía admirar mucho a Amara. Aunque a ella no le gustaban los niños, no podía dejar de sentir cierta simpatía por Karie. Se paró para que la niña,que llegaba corriendo y se la veía algo fatigada, se acercara.
—Hola, pequeña—dijo sonriendo levemente.
—¡Eres muy fuerte! Ni mi madre ni las demás pueden alcanzarte nunca. Yo misma me ha cansado al venir hasta aquí, y solo llevo una bolsa pequeña.
—Supongo que así es mejor para vosotras también. Así podeis criticarme—comentó ella intentando decir algo gracioso, pero sin mostrar más efusividad que la leve sonrisa que dedicaba a Karie.
—¡Eso no suele ocurrir! En general, siempre se comenta tu fuerza. La que más suele hablar mal de tí es Nasha. Dice que solo las dejas detrás para hacerte la chula. Que eres una marimacho, y que como eres tan fea, vas a morir sola.
Amara se esperaba todo aquello, siendo que ella y Nasha se conocían desde pequeñas. En cualquier caso le resultaba curioso que de Nasha, cuyo tamaño rozaba el gigantismo, osara meterse con el aspecto físico de otra mujer.
—Bueno, que diga lo que quiera.
Karie dejó de hablar con ella al oir la voz de su madre llamándola. Entonces, al percatarse de que las demás mujeres se aproximaban, Amara siguió su camino. Tras dejar su carga donde correspondía, entró en su choza. Otros días prefería tirar con su arco o luchar contra sus amigos, pero ese día se encontraba especialmente sensible por los recuerdos del pasado, pues resultaba muy duro para ella que sus dos padres hubieran sido asesinados hace años en la guerra que su aldea mantenía con las tribus cercanas. Se recostó contra una pared y dio rienda suelta a sus pensamientos íntimos. Estaba harta de una vida tan llena de sufrimiento; por mucha comida que se consiguiera siempre había escasez, lo que provocaba las guerras, razón por la cual ella vivía con el terror de ser asesinada, y también por la que acarreaba experiencias dolorosas sobre perder a aquellos a quienes amaba. Se veía a sí misma como una carga, pues ella era una boca más que alimentar en una zona donde había pocos recursos, y como recolectora de agua y frutas no realizaba una labor fundamental. De repente una voz le sacó de sus reflexiones:
—¡Hola Amara! Tengo algo para ti. —Se trataba de Kalule, uno de los amigos de Amara, que asomaba por la entrada.
—¡Hola!—dijo ella, alegrándose por la visita. Antes de poder continuar hablando, Kalule se adentró en su choza y retomó la palabra.
—Lo he traído escondido, ya que el hambre saca lo peor de nosotros, y podrían robármelo por el camino; así como te lo intentarán robar a ti si saben que lo tienes. —Tras decir esto, abrió una pequeña bolsa que llevaba y sacó un conejo especialmente grande.
—Como ves, es bastante más gordo que la mayoría de los que solemos coger. ¡Espero que lo disfrutes!
—¡Gracias, muchas gracias! —Dijo ella dándole un abrazo—. Pero me parece mal comérmelo yo sola, si lo has cazado tú.
—¡No te preocupes! He cazado dos esta mañana del mismo tamaño; así que me parece justo que nos quedemos uno cada uno. Yo ya me voy, que tengo que volver a mis obligaciones. Seguiremos hablando más tranquilamente cuando tengamos un rato.
—¡Adiós, Kalule! ¡Y muchas gracias!
Ella estaba acostumbrada a pequeños detalles como este, pues sus amigos se portaban bien con ella, pero aún así siempre se conmovía en esas situaciones. La alegría que ahora sentía estaba mezclada con ansiedad, pues sabía por una parte que debía comerlo cuanto antes para evitar que se echara a perder. Y por otra parte, sabía que tal como le había advertido su amigo, existía el riesgo de que alguien tratara de robárselo. Decidió, por tanto, que ahora lo desollaría tranquilamente, y cuando comenzara a caer la noche, iría a la orilla del río con el conejo guardado en un pequeño saco para ocultarlo a los ojos de los demás. Allí lo freiría y se lo comería en solitario. Las horas previas a que comenzara a oscurecer estuvo pegada a su futura cena, custodiándola con celo, pues aunque ella era más capaz de enumerar a aquellos que no se lo robarían nunca que aquellos que pudieran hacerlo, estos últimos no eran precisamente pocos, y la sola posibilidad de que eso ocurriera ya se le antojaba terrible. Cuando la luz del sol comenzaba a ocultarse, Amara salió de su choza con la pequeña bolsa donde guardaba su cena, un pequeño cuenco y dos pedernales, y comenzó a andar hacia el río apresuradamente. De repente, sintió como una rama gruesa se partía en su cabeza, y se desplomó llena de dolor. Apretó los dientes e intentó moverse, pero le dolía tanto la cabeza que le costaba realizar cualquier acción.
—Incluso a tí se te puede pillar desprevenida, Amara. ¡Gracias por el regalo, me lo comeré a tu salud!
Esa voz era inconfundible, y más con ese tono burlón: se trataba de Nasha. No podía consentir que, precisamente ella, le robara la comida. Despues de que su ladrona cogiera su conejo y se alejara varios pasos de ella, Amara se incorporó. Le costaba mucho mantenerse de pie debido al dolor, pero corrió tras su enemiga, que al oir los pasos, quedó estupefacta: no pensaba que pudiera mostrar algún vigor después de aquel golpe. Al volverse boquiabierta, recibió un puñetazo en la cara.
—¡Devuelveme mi comida!
Nasha era la única mujer del pueblo que quizá pudiera rivalizar en fuerza con Amara, especialmente ahora que ésta estaba en desventaja debido al fuerte dolor de su cabeza. No obstante, no pudo aprovecharse de esta ventaja debido a que quedó paralizada por la sorpresa y el miedo. Amara consiguió tirarla al suelo empujándola y haciendola caer al poner su pierna derecha tras los pies de su rival, y hecho esto, tomó una rama gruesa del suelo y se la partió en la cabeza, noqueándola. Una vez hecho esto, finalmente cayó inconsciente sobre el pecho de su rival, que yacía en el suelo. Le había costado mucho no desplomarse antes, pero el orgullo la había mantenido con fuerza.
***
Poco antes del amanecer, las dos mujeres recobraron el conocimiento. Ambas estaban aturdidas y faltas de energía. Al incorporarse, se miraron con rabia. El conejo estaba junto a ellas, y hormigas y moscas comenzaban a acercarse a él. Ambas temían que se echara a perder, por lo que comenzaron a pelear entre ellas sin mediar palabra.
—¡No te creas que me das miedo porque digan que eres la más fuerte! A mi lado, eres una enana.—dijo Nasha mientras intentaba encajar golpes a su rival.
—¡Mientras tú hacías el vago, la enana entrenaba!¡Soy más fuerte que tú, estúpida!—Contestó Amara mientras golpeaba a su enemiga.
Nasha estaba llevándose más golpes, pero estaba resistiendo muy bien la golpiza, y Amara también se estaba llevando algún golpe que otro. No parecía que aquella pelea fuera a acabar rápido. Debido a su desventaja en el combate cuerpo a cuerpo, Nasha planeó una estrategía: tenía que llevarse a su contrincante al acantilado y hacerla caer. Si le salía bien, quedaría ensangrentada al despeñarse contra las rocas y finalmente caería en el río, donde su sangre atraería a las pirañas. Si le salía bien, se desharía de ella para siempre y parecería un accidente. Con tal estrategia, comenzó a retroceder y a poner cara de desesperación, para que su rival se confiase, y de ese modo llegaron a una zona alta, por debajo de la cual pasaba el río, y ahora Nasha solo tenía que tirarla allí. La agarró de los cabellos y le dió un puñetazo en la cara, y aprovechó el aturdimiento de Amara para intentar tirarla al río. Pero su rival, a continuación, le propinó una lluvia del golpes que fue demasiado para ella, que la soltó y terminó cayendo al río. Nasha se protegió la cabeza con los brazos, y fue cayendo sobre las afiladas rocas del acantilado, magullando su cuerpo. Deseaba proferir los peores insultos y maldiciones, pero el dolor le impedía articular palabras coherentes. Finalmente cayó al río, y estaba demasiado herida como para salir nadando, pero al haberse protegido la cabeza, seguía consciente. Intentó mover los brazos y las piernas para salir del agua pero solo hizo torpes aleteos. Por lo menos antes de morir lanzaría la peor de las maldiciones.
—¡Amara, puta!¡Ojalá te violen!¡Ojalá tus hijos nazcan muertos!
Al ver la situación, Amara se llevó asustada la mano a la boca, y comenzó a vomitar bilis, que era lo único que tenía en su estómago al no haber comido desde el día anterior. A los pocos segundos, se desmayó debido a las fuertes emociones y a la falta de energía.
***
Tras una mañana en la que habían partido para cazar, los hermanos Aganju y Chane llevaban un antílope muerto, con sus patas atadas a un palo largo, que llevaban juntos sosteniendo cada uno un extremo. De repente, al pasar por el río vieron un desagradable espectáculo: las pirañas se estaban comiendo a Nasha, una aldeana que conocían muy bien. Alarmados, dejaron su presa en el suelo y Aganju alargó el brazo, tomando el de Nasha y sacándola del agua. Al sacarla observó que aquellos fieros peces habían devorado su vientre, y estaba condenada a morir.
«Aunque sea una mujer tan canalla, debo ayudarla. Va a morir, pero tengo que saber qué pasó», pensó Aganju mientras golpeaba su espalda para que escupiera agua y pudiera hablar. Nasha abrió su ojo derecho, pues el izquierdo había sido devorado, y miró a los dos cazadores de un modo lastimero.
—Ha... sido... A...ma...ra.
Dicho eso, apretó los dientes por el dolor que sentía. Mientras, Chane tocó el hombro de su hermano y señaló hacia arriba: Amara estaba al borde del abismo que estaba en frente del río, inconsciente. Eso daba credibilidad a las palabras de Nasha. Aganju miró a la moribunda mujer con repugnancia. «Si Amara te tiró al río, es que algo le hiciste tú. Al menos no te daré muerte para aliviarte de la agonía, como haría si fuera ella la que estuviera en tu lugar». Ambos corrieron hacia donde Amara estaba, llevando de nuevo la carga del antílope. La encontraron llena de sangre y con señales de lucha en su cara. Sabiendo lo que sabían, su deber de aldeanos era capturarla, y eso harían aunque les pesara. Tras comprobar que respiraba y no tenía heridas mortales, Chane la reanimó zarandeandola por los hombros, y en cuanto abrió los ojos, la dejaron tranquila. Era obvio que no podía escapar, pues estaba claramente falta de energía. Aganju tomó la palabra
—Nasha está muriendo, si no ha muerto ya, pero antes nos dijo que tú la tiraste a las pirañas.
—¡Yo no quería que eso pasara!—exclamó ella, llena de temor—. Ella intentó robarme...
—Perdona que no quiera escucharte, pero me duele mucho tener que capturarte, y sabiendo lo que pasó me dolerá aún más, pues sé que Nasha era la maldad hecha mujer. No es la única que ha robado comida, pero ella disfruta haciendolo, siendo pequeña disfrutaba de abusar de niños más débiles que ella y sería mucho más capaz de matar que tú. Pero lo que sabemos es que ella te ha acusado de matarla tirándola al río, y tenemos que capturarte.
Amara conocía a Aganju. No era amigo suyo, y tenía un enorme sentido del deber y mucho interés por mantener el orden en la aldea. Chane, por otra parte, siembre tuvo su voluntad subordinada a su hermano, y era hombre de pocas palabras. Y aunque no estuviera tan agotada como estaba, ellos eran dos, y cualquiera de ellos era más fuerte que Nasha, por lo que decidió que si la iban a capturar, que fuera con dignidad, y con la misma dignidad moriría si decidían ejecutarla.
—Está bien, pero dadme un trozo de ese antílope aunque sea crudo, no como desde ayer, y vomité justo antes de desmayarme.
Los hermanos se miraron, y Chane cortó un trozo de carne, que se lo dió a Amara, quien lo comió con rapidez. Una vez hubo terminado, Aganju la inmovilizó y, mientras la sostenía contra el suelo, su hermano ataba sus pies de modo que pudiera dar pequeños pasos, pero no correr. Hecho esto, le ataron las manos por delante de tal modo que redujeran lo suficiente sus movimientos para no poder escapar, pero que pudiera llevarse comida a la boca. Así, podrían mantenerla atada hasta que fuera juzgada. Antes de emprender la marcha al pueblo, Chane fue a buscar los restos de Nasha como prueba inculpatoria, mientras Aganju limpiaba la cara y las piernas de Amara para que no llegara ensangrentada a la aldea. Aun con las manos atadas, Amara llevó el antílope con ayuda de Aganju, mientras Chane llevaba en un saco los restos de Nasha, que una vez los encontró, la vida ya se había escapado de aquel cuerpo.
Cuando llegaron al pueblo, todos quedaron sorprendidos al ver a Amara hecha presa. Sus amigos se sintieron llenos de dolor, pero no podían acercarse a ella porque no estaba permitido acercarse a los presos hasta que eran introducidos en la choza donde se les custodiaba hasta el juicio. Aganju tomó los utensilios de Amara y los dejó en la choza donde ella vivía, mientras el pueblo miraba atónito la escena, y gritaban pidiendo explicaciones sobre lo sucedido.
—¡Callaos todos!—dijo Aganju molesto—. Aquí solo juzga el consejo de sabios. No tengo por qué daros explicaciones de nada. Si alguien se pone tonto, sabeis que va a ser peor.
Dicho esto, Aganju vio entre las multitudes a los amigos de su prisionera, y supo que esto le haría enormemente impopular. Los dos hermanos aceleraron el paso y llevaron a su prisionera a la choza donde encerraban a los sospechosos de un delito castigado con pena de muerte. Hecho esto, no se dirigieron más a ella, y salieron de la habitación dejándola sola.
Sola, encerrada y atada, Amara comenzó a llorar: probablemente iba a morir etiquetada injustamente como asesina. Cuando se le secaron los ojos, pasó varias horas preguntándose qué se diría de este asunto en la aldea. También se preguntó cómo es que Nasha la había atacado, pues eso implicaba que ella sabía que le habían regalado comida. Kalule le dijo que había tenido mucho cuidado de que no le vieran, por tanto, quizá Nasha la vio alejarse del poblado con el saco cuando empezaba a caer la noche, y la siguió. Bien pensado, tampoco le resultaba lógico, pues era imposible que la hubiera seguido con tanto sigilo. Por tanto, Nasha debió de enterarse de algún modo de que le habían regalado comida, y al ver hacia donde se iba con intención de comerse el conejo, la adelantó por otro camino más largo, pero apresurándose más para esperarla agazapada. Y en cuanto pudo, la golpeó a traición. Eso significaba que Kalule había cometido algún error, y que Nasha era muy astuta. Cuando comenzó a caer la noche, vino alguien a visitarla.
—Hola, Amara.—Saludó aquel hombre con la frialdad que le caracterizaba. Se trataba de Kibwe, su mejor amigo.
—¡Kibwe! Me alegro mucho de verte —dijo con sinceridad, pues cuando alguien está en una situación tan crítica es cuando más agradece los gestos de afecto—. Esperaba que vinieras a verme en un momento como este.
—Se está hablando mucho de esto, y tienes las de perder. Siempre has gozado de mejor fama que Nasha, pero no obstante, su padre y su tío son miembros influyentes en el consejo de sabios, y van a votar a favor de tu ejecución. Además, lo único que sabemos por el momento es el testimonio de Aganju y Chane, y es un testimonio que no te va a ayudar en absoluto.
—Van a matarme...
—Probablemente, pero hasta que llegue el momento aún hay esperanza. Ahora, quiero oir tu versión.
—Gracias, sabía que puedo confiar en tí. Kalule me regaló un conejo, y fui a comermelo a solas, de noche. Pensaba freirlo pero Nasha me atacó para quitarmelo...durante la pelea, ella cayó al río y...
—¿Pero cómo se la comieron tan rápido?
—Ella sangró mucho al despeñarse contra las rocas.
—Comprendo. Te creo, pero dificilmente te va a ayudar tu versión. Escucha—y aquí bajó la voz para evitar problemas si le oían los guardias—, tus amigos desábamos ayudarte a escapar, pero nos ha sido imposible. Queríamos poner hierbas del sueño en los cántaros de agua que los guardias usan para beber. Entonces se quedarían dormidos, te desataría y podrías salir corriendo del pueblo. Respecto a los encargados de hacer guardia hoy para que no ataquen el pueblo, también les echaríamos hierbas en su agua. Podrías huir y nadie sabría que te ayudamos, porque los guardias se habrían quedado dormidos y no habrían visto nada, y Kalule y Kwame los reemplazarían escondidos en los árboles más cercanos a la entrada de la aldea para mantener protegida la aldea. Lamentablemente el plan es imposible. Saben que somos tus amigos y no nos quitan el ojo de encima. Lamentamos haberte fallado.
—Ese plan sería una locura—dijo en voz baja para que no la oyeran—Sola en la selva moriré en cuestión de tiempo, por lo que solo retrasaríais mi muerte. Os jugaríais mucho solo para conseguir muy poco. De todos modos, te doy las gracias por tu intención, y me despido de tí. Hemos luchado muchas veces y me has enseñado mucho. Y siempre me has ayudado en los momentos difíciles. Lo he pasado muy bien contigo y es una pena que quizá no volvamos a vernos, pero siempre te recordaré.
—Sé que quieres a tu gente, pero aquí no has sido feliz, y una parte de ti ha anhelado huir siempre. Odias la guerra y el hambre, y has vivido con miedo y sin esperanza. Lamento mucho que las cosas hayan sido así. Te merecías ser feliz y no has podido serlo.
A Amara le sorprendió lo bien que la conocía su amigo, pues describió muy bien sus sentimientos. Sus palabras eran muy duras, pero ella estaba acostumbrada a su falta de tacto: él decía las cosas como las pensaba, aunque resultaran dolorosas. En esos momentos fue cuando entraron los guardias.
—Se acabó la visita, es hora de juzgarla.
Kibwe asintió. Se volvió hacia ella, la abrazó, y antes de separarse le susurró: «Suerte. Estaré allí para defenderte, y como yo, muchos». Tras soltarla, se alejó con paso rápido. Los guardias tomaron a Amara de los brazos y la sacaron de la choza.
Un día caluroso y el sol no era más que el desencadenante de los chorros de sudor. Los fuertes vientos del este a oeste traían el desorden habitual. EL capitán, un tipo alto con características rudas y grotescas debido a que cada exhalada e inhalada su gran nariz deja entrever los pelos nasales desparramando mocos por doquier añadiendo su tos incesante acompañada de flemas decorando el espacio con todos los colores verduscos grisáceos, vomitivo a la vista de cualquiera que se atreva a fisgonear. La tripulación acepto el hecho de que un buen botín te hace merecedor de aguantar lo más desagradable o inmundo de una vida de mar a hurtadillas de la ley arrastrando penas de muerte al compás de la marea. Si hubieran sido una gran compañía naviera la situación seria diferente.
No hay un lugar más fiero que una nave de pirata sigilosa peligrosa en la fría noche con saqueadores asesinos y corsarios, pero a la luz del día se transformaba en una nave de transporte mercante o servicios diversos atestados de marineros joviales de muchas naciones, en ocasiones se ponen bajo el mando del mejor postor. Un buen trato un buen negocio.
Solo hay prisa en el peligro de una tormenta, solo hay descanso en aguas templadas, duermes cuando ya no tienes nada que hacer aunque era lo habitual ese no era el día. Luego de tremenda tempestad que se registraba desde hacía épocas. Y con esta suerte aquella nave surcaba las costas Koldenianas, una serie de puertos a kilómetros o poco menos, muchos otros hasta donde la vista pueda llegar. La sensación de hogar, la sensación de riqueza puedes oír las monedas mientras cierras los ojos, otros buscando donde asentarse luego de ser vetados de su nación, diferentes razones de viaje transacciones exitosas con tratos que no se pueden cortar a bordo o media aventura.
Empezando un novato llamado Ismael, un joven aventurero de esos que son contratados en el primer barco en puerto. Huyo de casa al presentarse la leva y pronto servicio de jóvenes a su majestad, un joven ambicioso y temeroso ve en aquel barco el inicio de sus aventuras. las promesas de buena paga son tentadoras al inicio, Este no es el caso a pesar de las advertencias el mozuelo cernió resina en vez del líquido azulejo, ocasionando que dos tripulantes quedaran pegados vociferándole a mil demonios a diestra y siniestra.
Ediér allen bahatmeel se sentía alegre y burlón, ver a la tripulación ir de lado en lado tropezando empujando y dando coscorrones a sus camaradas, un qui lombo sobre mar. Aquel viaje era muy apacible no presentaba problema alguno más la tripulación quejumbrosa de costumbre con superiores malhumorados corriendo de inicio hasta el final no había espacio sin llenar. Estaba en la borda contemplando el atardecer, las gaviotas junto a delfines siguiendo el navío desde hace dos lunas. un gran traductor de mediana edad, estatura alta, cabellos lacios un rostro afilado y el singular lunar en la mejilla derecha decorando su apuesto rostro. De familia noble dedicada al comercio dueños de acciones en compañías de nivel mundial, ese año se embarcaron a la gran ciudad de Hitat-dradt, una joya del mediterráneo sur oriental, defendible por mar y tierra, el cuarto reducto etheleni dominante de la oikumene de ese tiempo.
Las guerras en el mediterráneo opacaron el ambiente a nivel mundial, esto hizo que grandes familias acaudaladas huyan, los comerciantes abandonan cualquier acción de sangrar a clientes en apuros, hasta la servidumbre dejada a su suerte no le queda más que pedir clemencia. Los enfrentamientos en las costas dejaron secuela en las rutas comerciales ya que cada nación era una ratonera, la marina real no dejaba pasar nada destruyendo todo aunque se tratara de una barcaza derruida, los ejércitos dejan una suculenta devastación donde pasaban y sumando el gran botín que estos amontonaban, ya nada sería como antes para desdichado país.
El formaba parte de alguna comitiva real tales como tratados de paz, reuniones que de mal en peor agitaban a ambas partes, de vez en cuando las voces se aleaban en un vibrante tono y contrapuntos. Un coro de mierdas lanzadas en palabras hirientes a la madre patria. Un par de guardias y un general imponente bastaba para calmar la gresca, todo lo contrario el disfrutaba de aquellas escenas si su ostentosa bolsa de cuero siempre amarrada en su cintura estaba llena además no tenía problema alguno si empeoraba la situación.
El general branto, máxima figura del reino mediterráneo de Cressonte esperaba con treinta mil infantes y cuatrocientas naves de guerra impulsadas con energía , armadas con la tecnología destructiva apabullante, sin más que decir cressonte contaba con avances tecnológicos genéricos pero no tan importantes para las batallas llevadas en esa región.
Cressonte contaba con los bastos servicios de Ediér en la diplomacia, su dominio en las lenguas de la época era casi tan bueno como el de los traductores de alcurnia. Aquel día el sol no llego a su esplendor, no existía la armonía, las murallas de cinco metros de ancho y diez de alto reforzadas con materiales más duros como la roca misma se sintieron amenazadas y pronto vulneradas, Las tropas enemigas avanzaban marchando al unísono de mil voces multiplicado por ochenta. La estrategia prevista del general dio un giro inesperado, sus tropas estaban acantonadas en las murallas cerca a la costa, la ciudad había bajado la guardia en su sector más fuerte.
Ediér observó alguna señal para dar inicio a la negociación, no preveía lo que se venía. De pronto el temor vino a el, no había diplomacia el istmo ya no era seguro, las enormes puertas eran traspasadas, el asedio ya estaba dándose.
Sin más que decir o lamentar se apresuró al palacio, ensillo su caballo y partió sin mirar atrás rumbo al puerto más distante fuera de la visión de aquel ejercito perturbador.
Han pasado veinte días desde la huida, ahora se encuentra a bordo del “escarcha verde”.
https://www.anfrix.com/ un blog muy interesante lleno de curiosos datos culturales sobre historia, literatura, ciencia, paises, curiosidades y de todo lo demas.
—Esto de la evolución es fantástico, un proceso realmente asombroso —declaró el profesor de biología, mientras sus alumnos —la mayoría, al menos— lo escuchaban con atención, y uno de ellos, una chica de cabello abundante y rizado, movía lentamente la cabeza en señal de desaprobación.
—Sus procesos naturales son fascinantes, pero cuando hay intervención humana, aunque sea de modo involuntario, da lugar a resultados… bastante simpáticos —continuó mientras trazaba en la pizarra una línea de tiempo geológica, a la vez que la chica crespa seguía meneando la cabeza incrédulamente.
—Vean si no el siguiente caso… ¿alguien tuvo o tiene gatos?
—No.
—Sí.
—Prefiero a los perros, son más fieles.
—Los gatos son más cariñosos y menos destructivos.
—Los gatos son superiores.
—No, los gatos se creen superiores, es muy distinto.
—Sirven de guardianes, cuidan a los niños…
—Los gatos son elegantes, cazan ratones.
—Su cola se mueve como una serpiente.
—Prefiero a los Koalas, son tan tiernos.
—¡Osos Panda Forever!
—Bien, bien, el asunto es que todos los que han tenido gatos han escuchado alguna vez su lastimero maullido pidiendo comida o agua ¿no?
—Sí.
—Obvio.
— Pues les contare algo notable, una estrategia que los gatos han desarrollado durante miles de años de convivencia con los humanos, desde que un felino salvaje empezó a merodear por las casuchas de los primeros humanos sedentarios… Posiblemente en Mesopotamia y no en Egipto como se creía anteriormente, el caso es que…
Noche sin Luna, 11:45 PM
Víctor sintió el pinchazo del miedo, fue algo brusco y él prefirió pensar que era solo intranquilidad. Se engaño a sí mismo pensando que esa sensación en la boca del estomago era preocupación porque llegaría tarde a la casa de su novia y que ella se alarmaría pensando en que algo le había ocurrido. Sin duda era eso, esa sensación —que él prefería no llamar miedo— era por la angustia que inútilmente sufriría su novia, nada tenía que ver con desembocar en un laberinto de calles desconocidas, iluminadas apenas con la amarillenta luz del alumbrado público, y absolutamente solitarias, con el sonido de sus pasos creando eco como única compañía y el lejano rumor de vehículos acelerando por calles que él no veía.
Se había extraviado, había decidido tomar un atajo, abandonando una avenida muy transitada, subiendo por unas escaleras, doblando en la esquina de una cancha de basquetbol, tomando como referencia un bloque de edificios de departamentos de color rojo, y se había perdido. Caminaba por una calle demasiado ancha y demasiado silenciosa para su gusto, rodeado de casas con las puertas cerradas y cortinas corridas, sus pasos resonando en el silencio mientras los nombres de las calles no le decían nada.
El barrio no se veía pobre, con sus casas pareadas todas idénticas con sus antejardines enrejados, mientras la acera se llenaba de bolsas de basura reventadas por los perros. El barrio no se veía pobre, pero tampoco parecía seguro, era su soledad y silencio lo que lo intranquilizaba y creaba ese hueco en su estomago, ese hueco que él prefería no llamar miedo, solo preocupación, por no poder llegar a tiempo, por su celular sin carga y sin utilidad, por el escaso dinero que cargaba y que era insuficiente para tomar un taxi, y los autobuses parecían haber desaparecido junto con la luz del día.
Oía lejanamente el ruido de la televisión y ocasionalmente un automóvil irrumpía en la solitaria calle y se alejaba raudo, pero estaba solo, ninguna figura humana caminaba por las mismas calles que él bajo la luz amarillenta de los faroles, y las pocas que veía a lo lejos no parecían ser de buenas personas.
En las esquinas se había asomado a calles donde, a lo lejos y en lugares donde la oscuridad parecía hacerse más densa, veía a grupos de personas, sentados o a pie, caminando en direcciones en las que no se toparía con ellos.
No podía verles las caras, mucho menos estimar que edades tenían, bien podían ser chicos muy jóvenes de padres descuidados y perfectamente inofensivos —¿Pero en verdad un adolescente de 15 años podía ser inofensivo?— o bien endurecidos maleantes del tipo que te pregunta la hora mientras que con la diestra te pone un cuchillo al cuello. Sus voces le llegaban débiles y confusas y el aceleró el paso mientras que aquel pinchazo en el bajo vientre se intensificaba. Se sabía vulnerable, muy vulnerable, y sabía que podía terminar siendo una estadística más, de aquellas que los noticieros despachan en un par de minutos. Sabía que podía desaparecer y al final ser solo un enigma y un recuerdo doloroso para su novia, sus padres y las pocas personas que lo querían en el mundo.
Y en ese estado de ánimo se topó con un terreno baldío, el cual observó con desconfianza desde la acera contraria. Ocupaba la mitad de una manzana, rodeado por tres de sus cuatro costados por muros, dentro no había más que escombros, basura y sombras, terreno propicio para toda clase de actos ilícitos, de aquellos que involucraban sexo, drogas y violencia, o una combinación de todos ellos.
Y entonces escuchó un llanto.
Era débil, apenas audible en el opaco silencio de la noche, pero era un llanto. Triste, agobiante, volvía a la noche aun más oscura.
Se fijó en unas cajas de cartón cerca de uno de los muros, más adentro del terreno de lo que desearía, cajas grandes, vacías y rotas pero que aún conservaban su forma original, y el llanto parecía provenir de allí. Cruzó la calle, se acercó prudentemente, aguzó todos sus sentidos, no solo el oído, y este último le dijo que si había un bebé abandonado sin duda debía de estar allí, en medio de los cartones, pasando frio y hambre.
Su olfato le informó de otra cosa, allí había algo, obviamente estaba el olor pringoso y desagradable de la basura y de la tierra seca, pero también algo mas, algo vago, algo similar a plumas o a pelo, como cuando uno hunde el rostro en el pelaje de un perro mojado. Pero él lo ignoró, el hielo en la boca del estomago — aquello que el insistía en no llamar miedo— seguía allí, pero también decidió ignorarlo, de no estar sus pensamientos concentrados en aquel invisible bebé habría pensado que en eso consistía lo que llamaban valor.
—Tranquilo bebé, ya estoy contigo —murmuró mas para sí que para la criatura, su llanto era cada vez más fuerte, empezó a rebuscar entre los cartones con precaución, tenía que estar frente a él…
El cambio fue brusco, más que eso, instantáneo, simplemente se quedo paralizado, no solo su cuerpo sino también su mente, simplemente todo se trastocó. El llanto se apagó y surgió un silbido, casi como el de una víbora, y un gañido y de pronto frente a él, invisible aún, ya no estaba un bebe desvalido sino algo que gruñía, babeaba y ladraba, algo espantoso con garras y pelos y dientes, y con una cola erizada, todo esto lo vio mas con los ojos de la imaginación que con los de la vista y de pronto se vio rodeado de cosas, cosas similares a lo que había en medio de las cajas y que poco antes había fingido ser un bebe, cosas que habían permanecido ocultas, quizás enterradas en la arena, y que ahora saltaban sobre él, hundían sus dedos de uñas afiladas en un carne y le cubrían la boca, para hacerlo desaparecer en medio de la noche, sin un grito, sin un solo testigo.
—¿Cómo dijo? Ah, usted no cree en la evolución, me imagino que será… si, creacionista. Ah, cree que todo eso es solo una forma de negar a Dios. Me imagino que usted es evangélica, es decir, protestante ¿no?… ¿Es católica? Me sorprende, porque precisamente la iglesia católica acepta la evolución… No, no es broma… en serio no lo es… ¡Yo soy agnóstico y parece que se mas de la doctrina de la iglesia católica que usted!
—Bien, mas tarde discutiremos esto, lo que quiero contarles es lo siguiente: que los gatos son unos bastardos manipuladores, y su maullido de hambre es lo que pasa cuando seres superiores conviven con criaturas menos astutas durante milenios… los seres superiores por cierto son los gatos.
Los gatos han aprendido con sus maullidos a imitar el llanto de un bebe, no estoy inventándolo, el maullido de atención de un gato, ya sea por hambre o sed, tiene el mismo tono, frecuencia —no es exactamente así, pero se entiende— que el llanto de un bebé, y lo hacen así para llamar nuestra atención y despertar nuestro instinto de protección hacia los recién nacidos de nuestra especie, y desviarlo hacia ellos.
Kindle Unlimited es la modalidad de tarifa plana del servicio de libros por suscripción que ofrece Amazon desde hace algunos años, cuesta unos 10 dólares al mes y sus usuarios obtienen acceso a más de medio millón de libros y miles de audiolibros de Audible.
La forma en la que funciona el servicio ha hecho que una estafa millonaria nazca dentro de ella, el llamado "book stuffing" (relleno de libros). Esto básicamente se resume en que los lectores están pagando por libros que son 90% relleno, y Amazon no parece querer hacer mucho para detenerlo.
La cuestión con Kindle Unlimited es que Amazon exige que los libros que aparecen en la plataforma no sean publicados en ningún otro lado, por eso está lleno de libros de autores independientes y no de grandes nombres. Como los usuarios pagan una tarifa plana, Amazon tiene un fondo de unos 21 millones de dolares para compensar a quienes publican sus libros en la plataforma.
Así como Spotify le paga a los artistas por cada vez que sus canciones son reproducidas, Amazon le paga a los autores 0.5 centavos por cada página que la gente lee de sus libros. Y pues, así como hay usuarios que han sabido explotar Spotify con cuentas falsas para generar millones en beneficios , hay quienes han generado "libros falsos" para generar millones en beneficios en Kindle Unlimited.
Al principio Amazon pagaba a los autores por cada descarga que hacían los usuarios de sus libros, pero como detectaron que habían libros muy, muy cortos (otra forma de explotar el sistema), cambiaron a la modalidad de pagar por página leída. Ahora el incentivo es que tu libro sea largo y que la gente llegue a la última página, idealmente.
Amazon paga hasta un máximo de 3.000 páginas, y muchos "autores" han optado por publicar "libros" completamente llenos de relleno, y se buscan una forma de hacer que el lector vaya al final del libro para que cuente como si lo hubiesen leído completo.
La estrategia pasa por prometer premios o regalos si el lector va a la última página, cual estafa de "mira mi vídeo por 30 segundos para ganar un iPhone". Hay gente que publica un libro nuevo cada dos semanas, si te pones a pensar, está difícil que un libro producido en semejante cantidad de tiempo sea bueno, o sea un libro.
Promocionando el libro de forma adecuada, estos "autores" pueden ganar hasta 100.000 dólares al mes. Pero, ninguno tan notorio como el famoso Chance Carter, que aunque fue expulsado de Amazon por romper varias reglas,llegó a ganar hasta 15 dólares por libro, libros sin ningún contenido real.
Carter(no se sabe su nombre verdadero), creaba novelas largas a partir de otros de sus libros llenos de basura, cientos de paginas por los que pagaba (probablemente una miseria) a algunos freelancers en Fiverr, solo para rellenar. Y en la última página añadía una oferta de ebook gratis como carnada para los lectores.Esto lo combinaba con la producción de reseñas artificiales para estar al tope de la categoría de romance en Amazon, y una alta inversión en promocionar los libros, creando además un problema para los autores legítimos que se ven relegados al fondo por estas tácticas.
Aunque Carter ya no está, otros "rellena libros" permanecen. En los modelos más recientes de dispositivos Kindle ya no se puede usar la técnica de saltar al final del ebook, pues el programa detecta la cantidad de páginas leídas y no la posición en la que estás. Pero en modelos viejos, sigue funcionando.
El usuario de Kindle Unlimited no pasa de sentirse decepcionado cuando se encuentra con algo así, después de todo el libro es "gratis" porque está en su tarifa plana. Amazon le está pagando una buena cantidad a esta gente, pero como los book stufferstambién se gastan mucho en promocionar sus libros, la empresa tiene un retorno.
Los que más sufren con esto son probablemente los autores reales que publican un libro a la vez, un libro con contenido, y que no tienen una estafa armada que le de los mismos medios para publicitar su ebook y ponerlo en el top de las listas.
Resulta difícil resistir la tentación de postear en este foro, aun cuando la temática difiera de la tónica general, teniendo en cuenta la amplitud de opiniones que aquí hay, y por añoranza también, de un foro predecesor donde se podían tener charlas interminables de los temas más diversos.
Estoy interesado en la historia, sobre todo del Imperio romano, Rusia, Oriente Medio y en último lugar Navarra, mi tierra de origen. Por si quedase aquí alguno de los aficionados a la historia, e incluso estudiosos universitarios, o gente que pudiese estar interesada ¿Cual es el rigor que utilizáis a la hora de buscar información, que libros escogéis y por qué? Que ya sabemos que abunda en internet sobre cualquier temática, y sobre la que hay que tener especial cuidado cuando la disciplina puede estar sujeta a valoraciones subjetivas.
Pues eso, que se echa de menos el foro gente, y la variedad que antes se podía encontrar, a ver si algún interesado en la historia puede aportar su granito de arena.
Quisiera saber quien de todos a finalizado o esta en proceso , empezando y hasta poco a poco planea empezar .
yo estoy empezando diría que avance un 0,5% no es mucho pero con fe completo el 10% al ritmo que voy lo lograre (claro que ya llevaba tiempo solo que la etiqueta social los eventos que se presenta al día a día me rehusó avanzar.)
Puede parecer fácil el sentarse coger la pc o el lápiz y empezar así sin mas escribir tramas; personajes, sociedades y un sin fin de curiosidades que la mente nos depare . No siempre suele quedarse esa gota de imaginación , desechar o avanzar , olvidarse o estar al tanto, todo depende de uno , yo me frustraba he he .
Esta claro que no tuve los conocimientos necesarios para dar una buena primera impresión , pero la chispa se encendía apagaba y a veces encendía de cierto tiempo a largo tiempo, imagine que duraba y terminaba aunque sea el 20% pero en realidad era el 02%
¡ya no mas , estoy cansado de no dar lo mejor!.
Es la voz rebelde , son los estandartes de la imaginación que se paran frente a la pereza y descuido.
Demonios con poder sobre todos los humanos , ya perdieron la batalla y los estandartes de la imaginación junto con el arma de la perseverancia ganan terreno. Es un ejercito joven, inmaduro pero dicen que la vigorosidad y conocimientos la tienen los jóvenes y los viejos la sabiduría en su esplendor, aun así espero dar lo mejor .
El especial de Navidad de Star Wars fue una película para la televisión hecho en 1978 –y la primera película de Star Wars después de la original en 1977- que George Lucas pensó como una manera de mantener el interés en la franquicia hasta el estreno de El Imperio Contraataca, pero que en realidad estuvo a punto de matar a toda la franquicia. Es considerada unánimemente como lo peor que se ha hecho sobre Star Wars, sin duda alguna… bueno, algunos dicen que The Last Jedi es peor, pero no nos vamos a meter en ese pozo oscuro.