Una Entrevista con el Tiempo por Artifacs (Septiembre 2018)
Leyó con atención la pregunta en la holopantalla proyectada por su puesto de pruebas, que parecía una cabina de una nave espacial pasada de moda.
Sabía que estarían monitorizando sus reacciones físicas via electrodos a los que estaba conectada.
También es un tipo de test emocional, pensó ella.
"¿Por qué quiere un empleo en la Corporación KinHex?"
¿Por qué?. Sabía porqué. Era el futuro perfecto. No era sólo por el seguro médico, los altos salarios, los programas educativos, las grandes casas corporativas y los niveles más selectos de integración social. Ser una corporativa de KinHex era la única oportunidad que tenía de mejorar en todos los sentidos. De ser perfecta.
"Quiero ser perfecta.", dijo sin dudarlo.
La pantalla parpadeó y se quedó a oscuras. Ella sintió su corazón latiendo en las sienes. Sabía que el puesto de prueba estaba procesando su respuesta y pensando en la siguiente pregunta. Sabía que la IA tenía que procesar no sólo la suya, sino todas las otras respuestas de los cientos de miles de candidatos sentados en los otros puestos de prueba de la vasta habitación.
También sabía que sólo había una oportunidad de conseguir un empleo en KinHex Corp. Si te descartaban en cualquier fase del programa de selección, ya no existías.
No había segundas oportunidades. No había premio de consolación.
Respiró profundamente. La prueba sería larga. Unas dos horas de preguntas para registrar sus habilidades intelectuales y emocionales y cosas así. Luego sería enviada a la siguiente fase o borrada para siempre de la base de datos. Tenía que concentrarse, pero no podía evitar pensar en todos los amigos y familiares que no lo habían conseguido.
Sólo tienes doce años, Eva, le habían dicho. Ni siquiera tendrás una posibilidad hasta los veintiuno.
La pantalla se iluminó de nuevo.
Ella leyó atónita mientras el corazón martilleaba en su pecho.
¿Cómo...?!, pensó.
Tres segundos más tarde, la grave voz neutra de la IA retumbó en la sala de conferencias.
"Puesto de Pruebas 33.662."
Vitores apagados y susurros emergieron de la audiencia, todos los miembros del Comité de Dirección y accionistas de la compañía.
"¡Eso es absurdo!", gritó el Sr. 13 mientras se levantaba de su asiento para tomar la palabra. "Recomiendo enérgicamente que no..."
"Por favor, guarde silencio, 13. Deje a la IA terminar el informe.", dijo el moderador en el atril. El Sr.13 se sentó en su asinteo negando con la cabeza.
;Tras el moderador, apareció la holo proyección de un hombre de mediana edad que vestía un traje blanco. El avatar humano que la IA había escogido era el mismísimo Rutger Hauer, un excelente actor que había vivido seis siglos atrás. El hombre miró la sala de coferencia con una enigmática sonrisa y retomó su discurso.
"Damas y caballeros. Es ella.", empezó el avatar y levantó la voz sobre los susurros y parloteos que irrumpieron en la sala. "Todos ustedes saben..."
"Silencio.", gritó el moderador.
Calma restablecida, el avatar continuó.
"Todos ustedes saben que el pasado nos cambia a cada segundo. No podemos notarlo porque nosotros cambiamos con él: cada partícula que nos forma. Cada partícula del Universo está entrelazada en el contìnuo campo temporal. Así funciona la termodinámica...hasta ahora."
"Estás sugiriendo que la candidata número 33.662 va a resolver el Dilema Nakamura?", gritó una voz anónima y escéptica.
El avatar avanzó un paso y miró hacia la parte izquierda del hemiciclo.
"Yo no sugiero, Sr.101. Yo afirmo que ella es Espectro y se convertirá en la entidad más poderosa de este universo cuando..."
"¿Cómo es posible que puedas saber eso?", gritó otra voz.
El avatar miró a su derecha para responder a la pregunta.
"Porque la he visto. La he conocido. Ella me programó."
Un caos de murmullos, gruñidos e incluso carcajadas se elevaron y llenaron la sala. El moderador hizo lo que pudo para mantener el orden pero sabía que habría que posponer la sesión. Aquellos dinosaurios con trajes no lo entenderían a la primera. Necesitarían tiempo.
Y Tiempo era exactamente lo que la Corporación KinHex produciría de ahora en adelante.
Saludos.
El caso es que busco lectores de prueba para mi novela. Os dejo entrada, prólogo y primer capítulo, por si a alguien le interesa seguir leyendo ^^
La probabilidad de que exista una civilización extraterrestre en el minúsculo pedazo de universo que somos capaces de observar hoy en día es totalmente irrisoria.
En caso de que existiese, la probabilidad de que esa civilización fueses similar a la nuestra es prácticamente nula.
Sin embargo, si fuéramos capaces de buscar más allá de los confines de las galaxias a nuestro alcance, la historia podría ser diferente...
UNIVERSO NO HUMANO
Esta historia está basada en hechos que están por suceder.
Se ha traducido en la medida de lo posible.
PRIMERA PARTE
ZÉLOK
Planeta 'Hogar', año 6.343 de su era moderna.
Prólogo
La teoría milagrosa
Mientras la oscuridad engullía el ataúd de su hijo, Míndrel Forkun sentía como puñaladas los clamores de júbilo que retumbaban al otro lado del muro. La angustia que compartía con los asistentes al entierro luchaba, en desventaja, con el eco de los miles que esa mañana habían elegido el camino hacia las fábricas para alabar al dichoso Zélok y su dichosa teoría. Se decía que ese era un gran día para los belean de Josnen, para los belean de todo Hogar, pero para él era el peor de cuantos había vivido. Y había vivido ya bastantes. Demasiados, quizá.
El discurso que salía del hocico de la vatéak designada por el templo le sonaba monótono y acostumbrado. Artificial. Prefirió poner su atención en los rostros de sus padres y su esposa, por lo menos allí encontraba un reflejo que hiciese justicia a su dolor. Entretanto, el enterrador vertía tierra sobre el cajón que el propio Míndrel fabricó a pura madera y clavos. Había sido incapaz de pagar un féretro digno de la sonrisa de Armenírel, de su felicidad innata. A cada repiqueteo en el ataúd, su corazón se colmaba de impotencia, vergüenza y rabia. Se preguntaba qué culpa tuvo su pequeño de nacer en la época más dura que se recordaba, se torturaba por no haber sido capaz de darle a los suyos la vida que se merecían. La que mereció su hijo.
Él había puesto todo de su parte desde que le despidieron, hacía ya tres años, pero un humilde belean de Josnen, uno que ha dedicado toda su vida a trabajar en una fundición, no podía aprender otro oficio si no se encontraba empleo en ninguna parte. Ni podía hacer que aumentase la demanda de hierro forjado. Lo único que podía hacer era rezar. La senda de los dioses era misteriosa, y aceptarlo era el deber de un buen creyente.
Pero, aunque todos los que en ese momento bramaban de alegría más allá del muro tuvieran razón, y el tal Zélok fuera un enviado del mismísimo Vátek, él sin embargo lo maldecía. Lo maldecía por llegar demasiado tarde. ¿Dónde estaba ese Zélok cuando perdió su trabajo?, ¿dónde estaba cuando la enfermedad llamó a las puertas de su casa para cobrarse el mayor tesoro de la vida de unos padres? Míndrel tenía clara una cosa: si en el reino de las nubes existía un plan para las almas de Hogar, este no contaba con el destino de las de los suyos. Al menos no en vida.
Cuando la sepultura por fin quedó cubierta, se puso encima la losa manchada con el nombre de su hijo. Míndrel se quedó mirando la insignia grabada en la piedra.
Esa losa era lo único que habían recibido de Josnila, con el pretexto de que el presupuesto en ayudas para los necesitados no era asunto de los cuadrantes sino del Gobierno Global, pero la ayuda de este no alcanzaba ni para poner un plato de comida decente en la mesa. No era más que una mísera limosna.
A Míndrel le revolvía las tripas pensar que Armenírel se podría haber salvado con tan solo un puñado de sólidos que hubiesen pagado un buen hospital. Un puñado de sólidos que, en otros cuadrantes, se gastaba en caprichos que ya no estaban hechos de hierro forjado. La mitad del mundo era pobre y a la otra mitad no le importaba lo más mínimo, esa era la realidad. Su realidad.
Tras el entierro, después de despedirse de amigos y allegados, la familia Forkun recorrió con parsimonia el camino arenoso que serpenteaba entre las incontables tumbas. Al atravesar la estrechez de las puertas del cementerio, enfrentaron la polvareda y el estallido que les esperaba fuera, fruto de los cánticos de alabanza hacia Zélok y su teoría milagrosa. Cuando fueron sendero abajo, a contracorriente del gentío, chocaron con los que no se apartaban al percibir el rojo de sus vestimentas y la tinta azul que decoraba el pálido pelaje de sus cuerpos y sus colas; inequívocas señales de duelo en la cultura josnile. No era día de duelo, sino de fiesta, en el camino de la fábrica.
Pobres de los que creyesen que las cosas iban a cambiar solo porque ese Zélok hubiera tenido una idea, pensó Míndrel al ver todas esas expresiones de euforia. ¿Acaso cambió algo cuando el presidente global tuvo la genial idea de dar un terminal a las millones de familias necesitadas de todo Hogar? Ya decían, por aquel entonces, que el mundo sería diferente cuando cualquiera pudiese conectarse a la red de terminales. Mentira. Una mentira detrás de otra, que solo servían para alimentar la esperanza de la gente y así eternizar sus ingenuos sueños de prosperidad. No había peor condena que esa, la de una esperanza eterna.
Una vez dejaron atrás el paisaje árido de las afueras y llegaron a la ciudad, la multitud casi se había disipado. Míndrel vio que su esposa seguía llorando sin consuelo en los brazos de sus padres, y se sintió obligado a comparar esa tristeza con el ambiente festivo que emanaba de cada rincón de Josnen. El contraste era insultante. Una amargura tensó cada pelo de su cuerpo ornamentado y famélico.
Decenas de improvisadas banderas hondeaban, colgadas de los desvencijados balcones de las casas. Los comercios estaban cerrados, desafiando a la escasez y como símbolo del optimismo por un mejor devenir. Los niños, vestidos con harapos y ante la esperanzada mirada de padres y abuelos, jugaban con el agua depositada en las fuentes sin que a aquellos les importase que sus pelajes se ensuciasen. Los vecinos se abrazaban, por más que solo un día antes estuvieran peleándose por la última miga de pan de bestan, o por un mejor puesto en la cola de racionamiento. Los amantes se besaban, con pasión, estirando las orejas y entrelazando las colas sin pudor. Niños, padres, vecinos y amantes se creían poseedores de un nuevo futuro, uno en el que mereciera la pena estar.
Al final de la explanada que partía la ciudad en dos, Míndrel podía distinguir la gran pantalla de la fachada del ayuntamiento que, pese a las restricciones energéticas, reproducía una y otra vez la misma grabación que empezó a emitirse desde la medianoche del día anterior.
En ella aparecía una periodista, bien vestida, de algún cuadrante en el que los niños no morían de enfermedades curables, que radiante daba la noticia que había provocado que todos perdieran la cabeza. La noticia que estaba dando la vuelta a un mundo en el que Míndrel ya no quería estar y que, sin embargo, se llamaba Hogar:
"Ayer, el hijo de Tópasor Kutaroei, Prípasor Kutaroei, dejó al planeta entero fascinado en su tradicional discurso en la localidad de Ambera, en el que cada año se anuncia cuál ha sido la mejor idea que ha llegado a la fundación Kutaroei.
Hace un siglo fue el proyecto de la red de terminales de Griada Fukostas, que cambió el mundo por completo. Hace cincuenta años, las ideas políticas de Fánbderap Diekrelo pusieron la semilla del Gobierno Global. Y ahora, con la que ya ha sido bautizada como"la teoría milagrosa de Zélok", podríamos estar ante un nuevo hito en la historia.
Hoy todo es esperanza. Pero mañana, cuando rebaje la euforia, todas las miradas estarán puestas en el presidente global, Kéndrik Lódierbek, que es a quien le corresponde decidir si la teoría es válida y puede ser sometida a Votación, para que los ciudadanos podamos convertirla después en realidad. Algunos ya están dudando de la capacidad de Lódierbek para afrontar un reto económico de este calibre, dadassus limitaciones en este campo. La teoría milagrosa viene con la luminosa impronta de la fundación Kutaroei, pero muchos se temen que nuestro siempre prudente presidente global podría tener sus reservas al respecto. Desde aquí, desde Noticias Red Terminal, instamos a Lódierbek a dar un paso que seríasin duda histórico.
Por otra parte, seguimos a la espera de tener noticias del gran protagonista del momento, de Zélok, quien por ahora no se ha dado a conocer. Zélok no ha dado señales de vida pese a las incontables proclamas provenientes de todos los rincones de Hogar. Todo el mundo se pregunta quién es y dónde estará el belean que puede haber cambiado el destino de miles de millones de ciudadanos..."
Un mes y medio después.
1
El encargo de los encargos
—Cada vez que leo la teoría me sorprende su sencillez —dijo Limuna—. No puede ser tan simple.
Limuna se sabía de memoria la teoría de Zélok de tantas veces que la había leído desde que saliera a la luz. Se dirigía a Glaard, que estaba sentado al otro lado de la mesa con su terminal ya apagado. Era tarde, casi la hora de irse de la oficina, pero el monumental encargo que les acababa de caer en las manos les mantendría allí durante un buen rato.
—¿Por qué no? —preguntó Glaard.
—Porque ya se le habría ocurrido a alguien antes.
—Puede que sí se le haya ocurrido a alguien antes, eso no lo sé, pero no hay datos de que nadie haya publicado nada parecido —argumentó Glaard—. Sea como sea, la cuestión es que tenemos que encontrarle.
—Dime algo que no sepa —dijo Limuna guiñándole un ojo a su veterano compañero.
Glaard no era joven como Limuna, su pelaje amarillo había perdido el brillo, pero conservaba el entusiasmo por emprender una nueva aventura periodística, y más una tan relevante como esta. Y tan intrigante, puesto que Glaard no escondía el placer especial que sentía por lo que tuviera que ver con mitos y leyendas. Había hobbys peores, decía.
La joven Limuna vio que el viejo Glaard alzaba una mano, abría mucho sus ojos caídos y chasqueaba la única uña afilada que le quedaba.
—Tengo una teoría, Zélok no es su nombre real.
—Zélok es un nombre bastante común, no sería un mal alias para permanecer en el anonimato —le apoyó Limuna.
—Seguro que se trata de un belean joven —dijo Glaard—. Los mayores ideólogos de la historia siempre tuvieron sus mejores ideas a edades tempranas.
—Estoy de acuerdo, pero no podemos dar nada por sentado.
A Limuna le gustaba menos ir al dentista que dar cosas por sentado.
—¿Se te ocurre algún sitio por el que empezar a buscar?
—No tengo ni idea —dijo Limuna—, pero yo empezaría a buscar en las universidades, donde están los pensadores jóvenes, donde las ideas burbujean y los trabajos quedan registrados. —Limuna apartó su terminal a un lado, provocando que su tez perdiera el tono azulado que le profería la luz de la pantalla y recuperase su negrura—. Puede que alguien, algún profesor, algún alumno, le oyera decir algo al respecto antes de la publicación. Aunque sea una idea aparentemente sencilla, seguro que hay un rastro intelectual detrás. —Se quedó mirando un bolígrafo con el que jugueteaba, eso le ayudaba a pensar—. La universidad de Ruékditp podemos descartarla. En el mundillo de la economía es la más prestigiosa, así que todos habrán ido ya a buscar allí, y si no han encontrado nada, es que no hay nada.
—Han pasado cuarenta y cinco días desde la publicación, mucho más que suficiente como para que alguien levantara alguna información. —Glaard se recostó en su asiento—. Es improbable que el tal Zélok no comentara a nadie nada al respecto de su trabajo, de sus progresos anteriores o de lo que sea.
—Seguro, pero no somos los únicos que lo buscamos, ¿sabes? —Limuna se rozaba la sien con un par de uñas—. Puede que sea el belean más buscado de todo Hogar, y nadie sabe nada.
—¿Y si es un grupo de intelectuales que firmó la teoría con un solo nombre? —volvió Glaard a la carga.
—Me gusta —dijo Limuna—. Pero no hay tantos intelectuales de los que se sepa que hayan abundado en ese tema en concreto. —Ahora jugaba con una grapadora—. Puede que ese grupo se reuniese en secreto durante un tiempo sin dejar huella alguna sobre sus deliberaciones hasta llegar a un texto final. Aunque es poco probable, ¿no crees? —y arrugó el hocico—. ¿Por qué iban a reunirse en secreto para tratar un asunto tan trascendental y tan noble? No tiene sentido.
—El mismo sentido que tiene que un único pensador publique algo de una nobleza tan alta y no quiera ser reconocido —se defendió Glaard.
—Sus motivos tendrá —dijo Limuna—. Puede que sea alguien muy tímido, por ejemplo. Puede que lo publicara creyendo que nadie le haría ni caso y, una vez visto el revuelo que se ha generado en todas partes, se haya asustado. —Hizo una pausa para estirar un poco la cola y las extremidades, presa del cansancio—. Puede que sea un chico tímido de un barrio residencial que no quiera meter la cola en algo tan grande.
—Me cuesta creer que alguien que es capaz de desarrollar una idea así no quiera salir a rebatir a los que están en contra de ella. Por lo que yo sé, los intelectuales defienden sus ideas, ya sea por escrito o a gritos. Pero el caso es que no da señales de vida. —Glaard se interrumpió a sí mismo para chasquear la uña una vez más—. ¿Y si está muerto? Quizá era un depresivo al que nadie prestaba atención y quiso publicar su trabajo antes de suicidarse.
Típico de Glaard.
Limuna fijó la mirada en su compañero. Sus ojos verdes y amarillos por un momento relampaguearon, como hacían cada vez que tenía realmente algo que decir.
—No digas tonterías, amigo mío —le espetó con cariño—. Está vivo y coleando. ¿Sabes por qué?, porque esta es la mejor historia que nos ha caído nunca, por eso. Así que está vivo, aunque esté muerto. Y no hace falta que salga a defender su idea, ya han salido miles a defenderla por él. Qué digo miles, millones.
—¿Por qué creen los del Álbitor que vamos a conseguir algo que los suyos no han conseguido? —Glaard prefirió cambiar de tema.
El Álbitor era un periódico en línea de bastante repercusión en el supracuadrante norte-norte, lo que le convertía en uno de los cien más leídos del mundo. No estaba muy boyante, pero les habían adjudicado un presupuesto bastante decente.
—Querido, porque somos los mejores periodistas de investigación de este hemisferio del planeta, ¿acaso no lo sabías? —se sonrió Limuna—. Llegó el gran momento de la agencia K-142, amigo mío.
—Si supieran la suerte que hemos tenido casi siempre para conseguir nuestras informaciones, no habrían apostado por nosotros. —Glaard exhibió sus viejos colmillos de forma sarcástica.
—Tú lo llamas suerte, yo prefiero llamarlo estar en el lugar indicado en el momento preciso. —Limuna le devolvió una sonrisa que enseñaba aún más dientes.
—Esta vez es diferente, siempre hemos tenido por dónde empezar y en esta ocasión vamos a ciegas —dijo Glaard—. Solo tenemos un texto de dieciséis páginas que podría cambiar el mundo, escrito en la lengua común y enviado a la fundación Kutaroei desde un terminal limpio a las... —Miró en el terminal de Limuna para poder comprobar el dato—. A las 5:67 de la madrugada. Vamos, que solo sabemos que se hace llamar Zélok y que es un trasnochador.
Entonces, ella agitó su negra cola y tensó sus pequeñas orejas picudas. Había caído en algo.
—Y que sabe cómo acceder a un terminal limpio —dijo en una sonrisa—. Quizá deberíamos empezar por ahí. —Apoyó los codos en la mesa para acercarse a Glaard—. No es fácil acceder a un terminal limpio hoy en día, y menos a uno que esté impoluto. Normalmente por mucho que quieras esconder tu rastro siempre hay algún detalle en la transmisión que permite por lo menos saber de qué supracuadrante viene el mensaje. —Ahora Limuna jugaba con sus propios dedos—. Es cierto que es más o menos sencillo encontrar a alguien que pueda conseguirte un terminal limpio, como el cuñado informático de un compañero de la empresa que se sabe un par de trucos, pero esos terminales no son inmaculados como este. No hay muchos piratas informáticos capaces de algo así en el mundo, un par de cientos como mucho.
—Si tenemos que hablar con doscientos de los belean que mejor saben esconderse, vamos listos —suspiró Glaard.
—Podemos empezar por el que ya conocemos —dijo Limuna—. Aquel del cuadrante Bitra.
—¿Estás loca? —dijo Glaard con ternura—. Ese chico... Yoitiosudo, debe odiarnos a muerte.
LA agencia K-142 dejó al pirata informático Yoitiosudo, el azote de la banca intercuadrántica, al descubierto. Más de cincuenta horas. Pero qué reportaje hicieron, quizá su mejor trabajo.
—No sé si recuerdas que por nuestra culpa quedó al descubierto durante más de cincuenta horas. —Al viejo Glaard no le hacía mucha gracia la mezcla entre asuntos turbios y tecnología moderna—. Me considero afortunado de que se librase, la verdad. Esa gente es peligrosa, pueden dejarte sin blanca si se empeñan, o sin una identificación creíble para el gobierno y cosas así.
—Antes eras más valiente, amigo mío —dijo Limuna.
No quiso decir joven. Habría sido una obviedad.
—Bueno, ya sabes que ahora estoy pensando en criar a un niño —se sonrió Glaard—. Ya me va a costar mucho adoptar a mi edad sin que manipulen mi historial informático.
—¿Y si solo lo tanteamos?
—¿Cómo demonios se tantea a quien vive de tantear a los demás? —se preguntó Glaard.
Pero Limuna ya estaba a otra cosa. Eran su especialidad, las otras cosas. Como por ejemplo, cualquiera otra cosa que no tuviera que ver con la noche del accidente. Esas se le daban genial.
—Estoy pensando que, si sumas todo lo que tenemos, sale una mezcla un poco extraña —dijo Limuna.
—¿Qué quieres decir? —se extrañó Glaard.
—Hipotéticamente hablando. Tenemos un sujeto joven e inteligente especializado en economía y discreto como el que más. Seguramente un solitario. Consigue dar con una idea bestial, de esas que te dan la vuelta a la camisa. —Hizo un tonto gesto ilustrando la idea—. Entonces piensa en publicarla, porque es discreto y solitario, y joven, pero no es imbécil. Sabe que si no la publica no sirve para nada —y se encogió de hombros—. Y claro, sabe muy bien dónde publicarla, en la fundación Kutaroei. Sabía que allí le harían caso.
Glaard intentaba seguir el razonamiento.
—¿Estás pensando en que si la hubiese publicado en algún foro económico puede que nadie le hubiera hecho caso?
—No, estoy pensando en cómo él podría haber pensado —dijo Limuna—. ¿Puedo seguir?
—Sí, sí, perdona.
—Resulta muy extraño que se esforzara tanto en conseguir un terminal cien por cien limpio, uno tan difícil de encontrar. ¿Tú ves a un cerebrito tímido y discreto, un animalito de biblioteca, emprendiendo una aventura para encontrar a un pirata informático de primera categoría? —Limuna fruncía el ceño—. No encaja.
Glaard esperó hasta comprobar que ella había terminado.
—Y luego está lo de las 5:67
—Sí, luego está eso. Si emprendió esa aventura, puede que consiguiera encontrarlo a esa hora. —Limuna ya tenía algo nuevo para seguir teorizando—. Esos tipos, los piratas, viven encerrados en su habitación. Para ellos no se pone el kebe, o mejor dicho, para ellos no existe el kebe —y levantó una ceja—. Operan en todos los segmentos de horario del mundo a la vez, así que puede que lo de las 5:67 sea lo que mejor encaje.
—Quieres decir que no encajan sujeto e historia —dijo Glaard.
—Exacto. Lo normal habría sido que acudiera a alguien de su entorno para conseguir el terminal. A alguien accesible que le condujera a alguien un poco menos accesible. Pero no que se convirtiera en una especie de espía, al estilo de una peli de Trídek Bortulan.
—Odias las películas de Trídek Bortulan.
—Sí, ¿y sabes por qué? —se sonrió Limuna—. Porque no son creíbles, como esta historia.
—¿Y si son dos historias separadas? —propuso Glaard—. Quiero decir, ¿y si sujeto e historia no van de la mano?
—¿Pretendes decir que nuestro animalito de biblioteca escribe un texto así y después pasan cosas que no sabemos hasta que el informe llega a manos del pirata y este lo publica? —dedujo Limuna sin respirar.
—Algo así. —Glaard se las arregló para recostarse en su asiento por enésima vez.
—Interesante —dijo ella—. Pero, aun así, los piratas seguirían siendo nuestra mejor baza.
Prótolp, que hasta ese momento solo estaba escuchando la conversación mientras terminaba un trabajo pendiente, giró su silla para dejar ver su oronda cara cubierta de pelo gris ceniza. Vestía tan descuidado como de costumbre, como si estuviera en su casa en un día de colada.
En un largo, largo, día, de colada.
—Sois idiotas —les espetó.
—Ah Prot, ¿estabas aquí? —Limuna le dedicó una mirada de aburrimiento.
—Si supieran lo idiotas que sois, solo me habrían contratado a mí para esto. —Prótolp miró al techo de la blanca oficina.
—Claro, porque ya puestos a contratar idiotas, mejor contratar al capitán de los idiotas —dijo Limuna mostrando una bonita sonrisa.
—¿Qué sucede? —preguntó Glaard—, ¿no te ha parecido lógico nuestro razonamiento?
—Sólo algunas cosas, viejo, otras son absolutas idioteces —dijo Prótolp—. No me extraña que tu dios no te eligiera para ser fértil.
A Limuna no le extrañó que Glaard no contestase a eso. No se podía ganar una guerra de insultos contra Prótolp, y ambos sabían que no lo decía de mala fe, solo era que disfrutaba bromeando sobre las tendencias sexuales de Glaard. Muchos dirían que elegimos a nuestras amistades, pero seguro que Glaard ponía eso en duda cada vez que su mejor amigo le tiraba de la cola. Y no eran pocas, las veces.
—Ilumínanos, ¿quieres? —Limuna puso los ojos en blanco, se ajustó su camisa blanca y cruzó los brazos.
Prótolp aceptó el reto. Se puso de pie con la agilidad que su generosa fisonomía le permitía. Llevaba puesto un pantalón azul marino con adornos naranjas y una camiseta verde sin planchar, la cual le venía demasiado grande y hacía patente un eslogan de lo más picante. Adoptó su postura preferida, juntando ambas manos sobre su barbilla. Era la pose que anunciaba que iba a decir algo que no le gustaría oír a nadie salvo a él.
—Las 5:67 fue la hora a la que llegó el mensaje a la fundación —dijo Prótolp—, pero resulta que podía ser otra hora en el lugar desde el que se mandó el mensaje. —Compuso una expresión de suficiencia que rayaba la burla—. ¿Cómo no habéis caído en eso? —se preguntó—. Ah sí, porque sois idiotas.
Limuna y Glaard se miraron con cara de estupefacta aceptación. Era obvio, el mensaje pudo mandarse desde cualquier punto de Hogar, por muy subdesarrolladas que fueran muchas zonas del planeta. Gracias al Gobierno Global cualquiera podría poseer un terminal desde el que enviar un texto. Por lo general una familia muy pobre vendía el terminal que le asignaba el gobierno, pero eso no tachaba lugares de la lista de posibles fuentes.
—Dais por hecho que tenemos a alguien joven devorado por la timidez y la soledad —continuó Prótolp—. Idiotez. ¿Veis a alguien solitario y tímido preocupado por los problemas del mundo? Y una mierda de sérgot —y resopló en dirección a su inexistente flequillo—. No es que no encaje la historia con el sujeto, es que os equivocáis de sujeto. ¿Lo pilláis?
Lo pillaban.
—Vale, genio, ¿y lo demás? —preguntó Glaard, resignado.
—Me convence lo del terminal limpio, pero lo del alias no.
Prótolp ahora andaba alrededor de la mesa, seguía mirando más al techo que a otra cosa. Aunque era bastante joven, se movía como un belean de más edad.
—Vamos a ver, si te buscas un alias es para ponerte algo chulo y misterioso, no el nombre que le pondrías a tu mascota porque tu abuelo se llama igual. Me juego mil sólidos a que se llama Zélok, tal cual, y por eso no dice sus apellidos.
—¿No había un antiguo personaje de novelas de misterio que se llamaba Zélok? —Glaard bostezó a la nada, con un toque de nostalgia literaria.
—¿Alguna idea de por qué no quiere ser encontrado? —preguntó Limuna.
—Eso me tiene intrigado, lo reconozco, no me cabe en la cabeza —dijo Prótolp—. Vamos a ver, seguro que sabía la bomba que iba a ser esto, de otra forma no tendría sentido que se molestara tanto en ocultar sus huellas. Así que tenemos un tipo...
—O tipa —le corrigió Limuna arrugando el hocico.
—No me interrumpas, cielo. —Prótolp extendió raudo un brazo para enseñarle a Limuna el dedo meñique. Era un gesto grosero en la cultura Freyaal—. Tenemos un sujeto que sabe muy bien cómo funciona este maldito mundo, ¿vale? Sabe que la teoría puede tener repercusión suficiente como para fastidiarte la vida hasta el día de tu muerte, ya sea exitoso el resultado o no. Y también tiene que saber que puede sacar mucha piedra de todo esto, solo con dar conferencias le daría para comprarse una maldita nave espacial para él solo. ¿Y qué hace? —e hizo una pausa dramática de muy poco valor artístico—. Se lo curra para encontrar un terminal limpio. Impoluto. Algo arriesgado y que cuesta tiempo, esfuerzo y un montón de sólidos. Y que te lleva a meterte en el inframundo de los piratas, a mancharte las manos. —Por fin puso sus ojos en los de sus compañeros—. Yo creo que ese tipo tiene las pelotas como balones de westgorld y mucho dinero en los bolsillos. No creo que sea un niñato cualquiera.
—Puede que tuviera la idea de joven y no se decidiera a hacerla pública hasta que estuviera preparado —dijo Glaard, al que se le escapó otro pequeño bostezo.
—Eso tiene más sentido —dijo Prótolp—. Pero vamos contrarreloj, así que es una tontería andar preguntándose detalles sobre su forma de ser o sobre sus datos personales. Tenemos que centrarnos en el terminal —y cayó a plomo en la silla—. ¿Se puede saber qué hora es?
—Vamos, que estás de acuerdo en por dónde tenemos que empezar. —Limuna sabía cómo tratar el cinismo de su compañero.
—Sí, sí, no hay más cola de la que tirar por ahora. —Prótolp estaba cansado pero se mostraba irredento—. Vamos a ver, ha pasado más de un mes y lo están buscando todas las agencias de noticias, el Gobierno Global, y a saber quién más. Seguro que ya han pensado en lo del terminal, así que si vamos a seguir por ese camino tendremos que hacerlo de una forma diferente.
—¿Y cómo se hace eso?, si se puede saber —preguntó Glaard.
—Bitra —dijo Limuna—. No tenemos otra opción a nuestro alcance.
—Vale, Bitra —concedió Prótolp—. Pero mirando más allá —matizó—. Supongo, y espero que no sea demasiado suponer, que entre los piratas se conocen, o que por lo menos tendrán curiosidad unos por otros —y se encogió de hombros—. Está claro, tenemos que idear un plan para sondear al mayor número posible de ellos a partir de Bitra.
—Ya veremos el enfoque que le damos. Si parece poco probable que Yoitiosudo nos diga algo, imagínate cómo será conseguir que nos diga algo sobre lo que hacen los demás.
—¡Por todos los dioses, Limuna! —soltó Prótolp alzando de nuevo la vista—. Si vamos a ser famosos y cobrar diez veces más si le encontramos, será mejor intentar lo remotamente probable que intentar lo imposible.
—¿Sabes, Prot?, en eso tengo que darte toda la razón —dijo ella, satisfecha.
Habían llegado a un punto muerto, el monótono rumor de la calefacción recuperó el dominio de la habitación. Era invierno en el cuadrante Freyaal, los días eran bastante fríos y más cortos, hacía horas que la luz del kebe había dejado de entrar por las ventanas. Suerte que la oficina estaba bien provista para mantener una buena temperatura.
De hecho, casi la totalidad de los noventa millones de viviendas y puestos de trabajo del cuadrante Freyaal estaban preparados para las inclemencias del clima. Podía considerarse uno de los cuadrantes más desarrollados del planeta debido a sus infraestructuras y sus empresas de tecnología punta, uno de los cuadrantes privilegiados.
La oficina de la agencia estaba en la ciudad de Gaalyare, la segunda en importancia tras Maalare y una de las más frías por estar rayando con el límite del supracuadrante Norte-Norte. El atractivo de Gaalyare residía más en las mentes de los que la habitaban que en la ciudad misma, la cual no era más que una serie de altos edificios, blancos, bien construidos, y correctamente dispuestos para aprovechar el espacio. La excepción la ponían algunos templos vatóak y algún que otro colegio, o parque. Allí el tráfico era casi siempre fluido gracias a que las calles eran anchas al extremo.
Aunque, desde la oficina, se veían bastante más estrechas.
Quedaban pocas luces encendidas en los edificios del centro de la ciudad. Una de ellas era la de la oficina K, alojada en la planta 142 del edificio 23 de la corporación Bantencroi. Esta poderosa corporación, la número uno en lo que a medios de comunicación se refería, era propiedad de Limos Bantencroi, el abuelo de Limuna.
A ella no le hacía ninguna gracia que así fuera, pero era muy difícil conseguir un lugar de trabajo bien situado en una ciudad importante de Freyaal que no perteneciera de alguna manera a la corporación Bantencroi. Además, hacía casi diez años que Limuna no sabía nada de su abuelo Limos, así que el problema de la ubicación de la oficina ya estaba tachado de su lista.
—Tenemos que viajar hasta allí. —Limuna fue la que rompió el silencio.
—No me fastidies —dijo Prótolp—. ¿Viajar a Bitra?, ¿tú sabes el calor que hace allí? —Prótolp estaba casi tumbado en su silla y haciéndola girar sobre sí misma—. Ah, claro, como la señorita es del sur no se preocupa por la temperatura. Vé tú si quieres, cariño. Nosotros haremos las cosas como si viviéramos en el séptimo milenio, si no te importa.
—Creo que tiene razón, creo que para conseguir hablar con ese tipo hemos de ir allí en persona —Glaard apoyó a Limuna sin poder ocultar ya su agotamiento.
—¿Y si ya no vive allí? —preguntó Prótolp cuando el giro le puso frente a sus compañeros—. ¿Cuánto hace de aquello?, ¿tres años ya?
—Si ya no vive allí habremos perdido un par de días haciendo turismo —dijo Limuna—. Pero si sigue en la misma dirección, no pienso espantar a la presa. —Se había levantado y ya se dirigía al perchero a por los abrigos—. Es un genio de la informática, si le mandamos un mensaje le resultará fácil engañarnos o jugar con nosotros. Hemos de ir allí y tocar a su puerta. —Limuna arrugó el hocico cuando cogió el horrendo abrigo de Prótolp—. Yoitiosudo puede ignorarnos pero, en su cabecita psicótica, una situación de pelo y hueso le hará actuar de una manera muy distinta a como actuaría en su medio natural.
Entretanto, Glaard tecleaba en el terminal de Limuna.
—El siguiente vuelo a Bitra sale mañana, a las 20:44. Son unas nueve horas de vuelo.
—De fábula. —Prótolp dejó resbalar su cuerpo en el asiento para que el sarcasmo quedara bien claro.
Unos minutos después, ya estaban los tres en el ascensor. Glaard presionó el botón de la planta baja a la vez que tenía una ocurrente idea.
Una de las suyas.
—¿Os imagináis que Zélok fuera el presidente Lódierbek?
—Dioses, esa sí que sería buena —exclamó Prótolp—. Eso se te ha ocurrido por ser un loco de todas esas conspiraciones infernales, eh viejo. Pero aun así, te reconozco que esa ha sido buena.
Las puertas se cerraron. El ascensor comenzó a descender tras un primer impulso.
—¿No se supone que Lódierbek es el tipo más inteligente del planeta? —Glaard se sonreía y dejaba ver sus peludas arrugas—. Y además es adoptado, y huérfano, así que encajaría bastante bien en el perfil del genio solitario.
Limuna obvió el codazo que le dio Prótolp a Glaard. Y, en lugar de pensar en la palabra huérfano, dijo:
—Bueno, en realidad para llegar a presidente no hay que ser el más inteligente, solo hay que ser el más... apto para el cargo.
—Si esto fuera cosa de Kéndrik Lódierbek, te aseguro que lo último que habría hecho sería permanecer en el anonimato —dijo entonces Prótolp, mientras apoyaba la espalda en la pared del ascensor para sentir el ligero traqueteo—. A ese presumido le gusta más el reconocimiento que a una balanira un plato de leche.
—Me lo imagino todo el día andando de un lado al otro del despacho, preguntándose cómo demonios no se le ha ocurrido la teoría a él antes —dijo Limuna.
Acto seguido, soltó una buena carcajada. Todos la soltaron.
—Odio a don perfecto, ya lo sabéis, pero me gustó que su primera reacción no fuera oponerse de plano a la teoría —dijo Prótolp reponiéndose—. Cuando vi que Lódierbek tardó tantos días en hablar después del discurso de Ambera, me temí lo peor. Creí que iba a salir a decir que era una tontería y que era mejor centrarse en los problemas que acucian al mundo y bla bla bla —su rolliza mano daba vueltas—. Pero no, le echó pelotas, hay que reconocérselo.
—Habría sido todavía más valiente si la teoría ya hubiera sido votada por la gente —se sonrió Glaard—. Pero sí, no rechazarla ya es algo.
—No creo que pudiera vivir consigo mismo si negara la evidencia de que la idea tiene sentido, que puede funcionar —dijo Limuna—. Aun así estoy convencida de que su ego ha recibido un duro golpe. ¿Cuántos años lleva al mando del gobierno, siete ya? Demasiados como para que ahora venga Zélok a robarle protagonismo. —Limuna agarró el brazo de Glaard y apoyó la cabeza en su hombro, de puro cansancio—. Lo he dicho de broma, pero apostaría a que Lódierbek sí que se ha preguntado cómo no se le ha ocurrido algo así antes.
—No hemos hablado sobre la falta de título de la teoría —dijo Glaard a la vez que se notaba un ligero frenazo—. Nunca he leído una teoría que no tuviera título, y menos una así.
—Puede que eso sea porque las teorías que a ti te gustan son un poquito distintas. Las tuyas necesitan un buen título para que alguien se las crea —se sonrió Limuna, y Glaard le correspondió de la misma manera.
Habían llegado a la planta baja, las puertas se abrieron justo cuando Prótolp iba a opinar algo al respecto.
—Pues os digo una cosa, a esta era muy fácil ponerle uno —dijo, saliendo el primero del ascensor—. Vamos a ver, por ejemplo, a ver qué os parece este —entonces se giró hacia ellos y dibujó un eslogan en el aire con dos manos despeluchadas—: ‟Se acabó la maldita pobreza en el maldito mundo".
Buenas, qué tal? Hacía tiempo que no pasaba por acá. Quería consultarles... Estoy en Bs As un par de días y ando buscando libros de Dragonlance de primera o segunda mano, saben dónde puedo conseguir en algún lugar cerca del obelisco. Gracias!
Ha llegado el día. Parecía que nunca iba a llegar. Reúne a tus seres queridos, prepara un buen café o un chocolate caliente y disfruta de un momento de sano humor y reflexión con la lista de las cosas que la gente se mete en sus orificios corporales y luego no puede sacar sin ayuda médica.
Todos los datos han sido recopilados en una lista por la Comisión Estadounidense de Seguridad de Productos y proceden de descripciones hechas por médicos o por los propios pacientes durante visitas a las salas de urgencias. Como siempre, la lista está organizada por orificios corporales y comenzamos por arriba para ir bajando hacia el sur.
Oído
Un collar
Un lápiz de cera introducido ahí por una apuesta
“Me aburría y me metí parte de un lápiz”
Un tornillo de drenaje
Una cerilla
El extremo de un peine
“Siempre se introduce papel higiénico en los oídos para ducharse, pero ahora no lo puede sacar”
Arcilla de manualidades Floam
Una bola de tapioca
Un ratón de juguete
Maíz de palomitas en ambos oídos. “Les di de comer a mis oídos porque tenían hambre”
“Un fragmento de juguete gelatinoso que se expande con el agua”
Una perla
Varias perlas
Una llave de auto
Un insecto
“Aplicó lejía en un bastoncillo de algodón para limpiarse el oído. Quemaduras químicas”
“Se estaba limpiando el oído con un bastoncillo. Accidentalmente tropezó con una pared y se lo incrustó”
Nariz
Una goma elástica
Una mariposa
Pintura
Una pastilla de vitaminas rosa
Una bola de algodón
Un tipo de nuez sin identificar
“Estornudó y una tecla de teclado salió despedida. Estornudó otra vez y otra quedó a medio salir”
Chicle
Envoltorio de chicle
Chicle con su envoltorio
Juguete sexual
Flotador de piscina
Un pedazo de filete
Garganta
Un plátano
Un plátano de plástico
“Tenía el pendiente de su esposa en la boca y accidentalmente se lo tragó.”
Una rama de un árbol de Navidad
Un cuerno de juguete
Sal de una lámpara de sal
Corteza vegetal para jardinería
“Estaba bebiendo café de un recipiente para salsa de patatas fritas cuando notó que un fragmento del sello plástico se desprendió y acabó en su garganta”
Un caramelo para el dolor de garganta aún en el envoltorio del blister
Una pequeña radio
Un anillo con una piedra de las que cambian de color
Lana de acero
“Me tragué una moneda mientras comía cacahuetes”
Pene
Un limpiapipas
Una paja (vegetal)
Una pieza de dominó
Una pequeña varilla electrificada
“Una pequeña pieza de plástico duro que se rompió mientras trabajaba en manualidades”
La parte trasera de un mando a distancia
Un clip de metal para papel
Uñas
Papel higiénico
Un tapón de bolígrafo
De 6 a 7 bolas de Airsoft
“Puso jabón en un cable eléctrico. Insertó el cable eléctrico en el pene”
Un botecito de crack
Cuerda de manualidades
Un tenedor, un bolígrafo y envoltorio de silicona
Una cadena
Piezas de una percha de plástico
Un colgador adhesivo 3M Command
Vagina
Un juguete pequeño
Una porra de autodefensa
Un lápiz de colores
“Introdujo un lápiz de cera en la vagina y no se acuerda si salió”
Múltiples bolas de algodón
La tapa de un bote de desodorante
Una pieza de dominó
Pedazos de bolígrafo
Un peso para papel de cristal
“Un vibrador de tipo huevo se le rompió dentro dejando fragmentos y cinco pilas”
Una uña postiza
Un pincel de maquillaje
Un plátano de plástico
Un anillo para pene
“Resbaló en el suelo mojado y tenía un juguete sexual atascado en la vagina desde hace 8 meses”
Recto
Una bola del árbol de Navidad
Una bola de billar
Una lima de uñas
Un vaso de chupito
Crack y juguetes sexuales
Una tarjeta SD
“Saltó sobre la cama y se incrustó un cepillo de dientes que había sobre ella”
“Saltó sobre el sofá y accidentalmente se sentó sobre un bolígrafo que se incrustó en su recto”
Un estuche de lápices
Un rotulador para subrayar
Un lápiz de cera verde
Un stylus de iPad
Un tubo de lubricante completo con la tapa puesta
La pata de un telescopio
Un tubo de plástico para cigarros puros
“Usó un encendedor para meterse drogas en el recto. Pudo recuperar las drogas pero cree que el encendedor sigue ahí”
Un bote de pastillas de plástico
Un bote de enjuague bucal de tamaño viaje
Un bote pequeño de champú
Un bote de champú de tamaño normal
Un bote de aerosol
Una bola de golf
Dos bolas de golf en una bolsa
“Introdujo una botella de refresco mezclado con whiskey Fireball en el recto y apretó la botella”
Un bote de pastillas de plástico
Un botellín de cerveza de 7 onzas (20 Cl)
Una pastilla de jabón
Una vela en un condón
“Se introdujo una mezcla de agua y lejía en el recto para prevenir el SIDA”
Una bombilla
El palo de una escoba
Un móvil
Un llavero con linterna y su correspondiente pila
“Se introdujo un vibrador y no podía sacarlo así que trató de extraerlo con un destornillador. Laceraciones en el recto. Vibrador ahora atascado en el colon”
Lo dicho, hay libros que por muy diferentes motivos se hacen difíciles de conseguir, aunque el principal sigue siendo el precio.
La idea es poner sobre la mesa esos títulos, y así ver si es posible, ya sea por compra física o por cualquier tipo de soporte hacerse con ellos.
Pondré solo unos pocos, cuatro o cinco de los cientos que seguramente buscamos entre todos. Cualquier aportación será bien recibida, ciñiendonos siempre a la fantasía o fantaciencia o como queramos llamarle (terror, cifi y fantasía); vamos allá...
Trilogía Príncipe de Nada, de Scott Barker en la edición de Timun Mas, muy difíles los tres juntos en esta edición. Se pueden conseguir buscando los que editó Altaya en tapa dura, pero tampoco es fácil. https://tercerafundacion.net/biblioteca/...ccion/2971
Aquí os dejo un microrrelato que se me ocurrió escribir hace unas dos o tres noches en la cama xD
Críticas constructivas, venid a mi!
Todo y Nada
-Entonces dime, Todo, ¿quién es más perverso, el interesado en destruir o el ferviente en jugar a las alabanzas?
-El mal acecha cuando es tu sombra la que se alza sobre la vida, Nada.
-Sí, mas, ¿qué es la vida si no el alma de un niño pequeño necesitado de atención?
-Me cansé del vacío de nuestra eternidad, hermano mío. Sin embargo, la vida mortal no es un suplicio en absoluto.
-No, no lo es. Mas tus creaciones padecen. ¿Aman? Sí, pero sufren. Entonces dime, Todo, un acto como el tuyo, promovido por puro egoísmo y cuyas consecuencias son los lamentos de la humanidad, ¿es acaso alguna especie de benevolencia? «Yo soy quien os ha dado la consciencia y yo seré vuestro guía en una vida no eterna, y a cambio de vuestra efímera y desvalida existencia, me tomaréis por un dios».
Germán López es un docente de Historia cordobés que decidió incorporar en sus clases el lenguaje inclusivo. Para él, el uso de esta forma tiene que ver con algo de fondo: “Se trata de incorporar a la mayor cantidad de sujetos”.
Algunos de los alumnos celebran su decisión, mientras que a otros les cuesta un poco más entender los motivos por los cuales el lenguaje inclusivo existe y usarlo. Germán trabaja en el Instituto Provincial de Enseñanza Media 10 Roma,en Córdoba y en sus clases resuenan los sujetos históricos como “Les Romanes”, “les esclaves”.
Cuando sus alumnos lo cuestionan, Germánresponde con total serenidad: “Nadie los obliga a usarlo, pero es una forma de nombrar todos”. Y es que son muchos los detractores del lenguaje inclusivo. Algunos consideran que es una manera de “degradar” el idioma, pero otra porción de gente entiende que se trata de una forma de igualdad.
Para el docente la discusión también se tiene que dar en las aulas. No induce a sus alumnos a utilizarlo, pero les explica el contexto y los motivos para que se sientan informados a la hora de tomar postura al respecto. “Tiene todo un sentido esto detrás, que es tratar de incorporar a la mayor cantidad de sujetos. Porque es cierto, no había solamente Patricios, también había Patricias. No había solamente esclavos, también había esclavas”, explicó Germán
Un relato de fantasía que escribí hace algún tiempo para un reto con un amigo. Es un poco largo, pero espero que lo disfrutéis
La nueva mascota
El caballero avanzaba con la cabeza gacha para no golpeársela con el techo rocoso. Al cabo de varios minutos de avanzar por aquel pasillo que se volvía más estrecho a cada paso, distinguió una luz que brillaba a lo lejos. Bajo el sonido traqueteante de su armadura, escuchó la voz de una mujer. Estaba cantando. El caballero fue incapaz de disimular una sonrisa. Por fin había dado con ella.
Al final del túnel se abría una amplia cavidad. Del techo colgaban manojos de ajos anudados entre sí, como si la persona que allí habitaba temiera el ataque de algún vampiro. El caballero no se extrañó, pues él mismo había presenciado las atrocidades que podían llegar a cometer esas criaturas. En un extremo de la cueva, pegadas contra la pared, había una serie de estanterías maltrechas pegadas las unas a las otras. Algunas se combaban bajo el peso de los libros.
Sin embargo, lo que al caballero le interesaba era la mujer que se encontraba en el centro de la sala, tarareando una extraña tonadilla mientras revolvía con un cucharón el contenido de un caldero al fuego.
Con cuidado de no sobresaltarla, el caballero avanzó unos pasos hacia ella, tratando de hacer el menor ruido posible. Se detuvo a una distancia prudencial mientras la mujer seguía a lo suyo, sin dar ninguna señal de haber reparado en su presencia, y dijo:
─ Hace mucho tiempo que os llevo buscando ─su voz reverberó en las paredes de la cueva.
La mujer se dio la vuelta y lo miró con una expresión de extrañeza marcada en el rostro. Sus ojos se detuvieron primero en la cara del caballero, quien arrojó el yelmo a un lado para que pudiera vérsela mejor. Después pasaron al resto de su armadura y se mantuvieron fijos en el dibujo repujado en oro en el centro de su coraza. La mujer hizo una mueca. Era una espada envuelta en llamas, el símbolo de su orden, los Cazadores de Brujas. No era de extrañar que no le hiciera la más mínima gracia ver aquel símbolo, pues era una bruja. Y no una cualquiera, sino la mismísima Asyna. La bruja más poderosa de la que se tuviera noticia en aquella parte del mundo.
─ ¿Qué hace un caballero de la Orden de los Cazadores en mi humilde morada? ─dijo Asyna, volviéndose hacia el caballero con los brazos cruzados─ Creía que los de tu calaña ya habrían aprendido la lección.
El caballero fue incapaz de responder de inmediato a las palabras de la bruja. Se le había cortado la respiración al comprobar que las historias que se contaban de ella no exageraban. De hecho, se quedaban cortas, y ahora sabía por qué: no había palabras en ningún lenguaje humano para describir la belleza de aquella mujer. Esa belleza no podía ser natural, debía ser obra de pócimas o de encantamientos diabólicos, pero eso a él no le intimidaba. No había pasado meses buscándola para detenerla ni hacerle pagar por sus crímenes, como quería el resto de los miembros de su Orden.
Sus ojos se fijaron primero en el largo cabello negro que le caía en tirabuzones hasta llegar a sus caderas. Su rostro, que parecía esculpido en mármol, contaba con una nariz pequeña y algo respingona. Tan sólo iba vestida con un vestido sucio y deslucido, pero eso no le restaba nada de atractivo, más bien al contrario. La piel que dicho vestido dejaba al descubierto era más que suficiente para secuestrar la atención de cualquier hombre.
─ Pertenezco a la Orden ─ dijo el caballero, haciendo un esfuerzo inhumano para despegar los ojos del desfiladero que se abría en el escote de Asyna ─, o al menos pertenecía a ella hasta hace unos meses. Hace tiempo que abandoné a mis hermanos y partí en tu búsqueda. Mi nombre es Farum.
Aquello pilló por sorpresa a la bruja, que levantó una ceja en un gesto de curiosidad.
No parecía confiar del todo en la historia del caballero.
─ Eso no explica cómo has podido llegar hasta aquí, Farum ─ dijo la bruja ─. La entrada de mi guarida está protegida por numerosas barreras y trampas mágicas. Sólo un mago de gran nivel sería capaz de desbaratarlas para llegar hasta aquí. ¿Acaso la Orden a empezado a dejar de lado sus rancios principios para aceptar magos entre sus filas? ¿Magos que les ayuden a atrapar a otros magos?
Una risa sofocada borboteó en la garganta del caballero.
─ No, los rancios principios de la Orden siguen en pleno vigor ─ dijo, sintiéndose cada vez más cómodo ─, y probablemente lo sigan estando durante muchos siglos.
Dicho esto, el caballero se quitó un guantelete de un tirón, dejando su mano desnuda. Puso la palma boca arriba, cubierta de callos a causa de las largas sesiones de práctica con la espada, llenó sus pulmones de aire, se concentró con todas sus fuerzas y dejó que la energía fluyera por su interior.
Farum sintió el poder recorriendo su cuerpo, como lo había hecho desde hacía pocos meses, cuando había descubierto que el poder de la magia corría por sus venas. Se deleitó con el cosquilleó que lo recorrió de pies a cabeza, haciéndole estremecerse, hasta que en su mano se formó una llama de un palmo de altura. Lo más extraño de todo es que aquella llama no le hacía el menor daño: no le chamuscaba la piel ni le quemaba las uñas de los dedos. De hecho, había aprendido a utilizar ese fuego como arma. Era capaz de arrojarla a un enemigo y atravesarle el pecho con ella, dejando un hueco justo en el sitio donde debía estar su corazón, o envolverlo en un sudario de llamas del que no podría escapar hasta convertirse en una masa de carne carbonizada. Así es como había asesinado a su antiguo compañero de armas, que había intentado delatarlo tras descubrir que poseía poderes mágicos. Farum no se arrepentía de su muerte.
Farum hizo ondear la llama frente a sí, para que la bruja pudiera contemplarla. Parecía sinceramente admirada por su proeza.
─ Vaya, vaya ─ dijo ─. Esto sí que es inesperado. Un caballero de la Orden más anti-magos que existe sobre la faz de la tierra con poderes mágicos. Conozco a unas cuantas amigas que se partirían de risa si se lo contara.
Satisfecho por el efecto que había tenido su demostración, Farum hizo desaparecer el fuego con la misma facilidad con que lo había convocado. Cada vez se volvía mejor en el control de sus poderes.
─ Por eso sabes que no tengo intención de hacerte ningún daño ─ dijo ─. Ahora mismo, la Orden de los cazadores es tan enemiga tuya como mía. He venido aquí porque quiero que me enseñes a controlar mis poderes. Quiero aprender a ser un brujo temible como tú, alguien a quien los Cazadores teman y respeten.
─ ¿Quieres que yo te enseñe? ─ dijo Asyna, llevándose una mano al pecho, como si lo que el caballero acabara de decir fuese la mayor estupidez del mundo ─ Muchacho, ¿qué te hace pensar que tengo ganas de tener un aprendiz? Por si no te has fijado, vivo en una cueva en medio de cientos de montañas escarpadas a la que es casi imposible acceder, a menos que, como tú, se tengan poderes mágicos. ¿Crees que me he instalado aquí porque me apetece tener compañía?
Asyna dejó escapar una risa sibilante y se dio unas palmadas sobre el muslo.
─ De eso nada, señor caballero ─ a Farum no le pasó por alto la sorna con la que había pronunciado esas dos últimas palabras ─. El mejor consejo que te puedo dar es que te busques tu propio sitio. En estos tiempos la vida de la gente como nosotros es solitaria, y lo cierto es que yo lo prefiero así. De modo que lárgate por dónde has venido.
La bruja se dio la vuelta y volvió a ocuparse del mejunje que estaba preparando en el caldero, pero Farum no estaba dispuesto a rendirse con tanta facilidad.
─ Por favor ─ dijo, acercándose más a la hechicera ─. No tengo donde ir. Mis antiguos compañeros quieren verme muerto y no tengo ni idea de cómo sobrevivir sólo en la naturaleza.
Asyna levantó la vista del caldero y clavó unos ojos llenos de escepticismo en Farum. El caballero se dijo que aquello era buena señal, debía de estar empezando a convencerla.
─ Además ─ continuó diciendo ─, no es que quiera alardear, pero es obvio que poseo un gran talento para la magia. Siendo sincera, ¿cuántos magos que hayan manifestados sus poderes por primera vez dos meses atrás crees que serían capaces de dar contigo?
Asyna se mantuvo en silencio durante unos segundos, girando la cabeza hacia un lado, como si sopesara el argumento de Farum.
─ Tienes razón ─ dijo, y Farum sintió cómo le daba un vuelco el corazón ─. Tal vez me venga bien tener un aprendiz por aquí, pero sólo si prometes que harás todo lo que yo te diga, cuándo te lo diga, y exactamente como yo te lo diga. No quiero tener que salir a enterrar tu cadáver después de que te envenenes por confundirte con el ingrediente de una poción.
Farum estuvo a punto de dar un salto de alegría, pero se contuvo para no parecer un capullo infantil.
─ Gracias, muchísimas gracias ─ dijo, sin poder evitar que su voz se impregnara de buena parte de la emoción que lo embargaba en esos momentos ─. Te aseguro que no te decepcionaré.
Asyna levantó una mano en un ademán que indicaba paciencia.
─ No vayas tan deprisa, muchacho ─ dijo, mientras dejaba a un lado el caldero y se alejaba hacia el fondo de la caverna, haciéndole un gesto a Farum para que la siguiera ─. Antes de aceptarte tienes que demostrar que posees el talento suficiente.
Aquello le sentó mal a Farum, quien ya pensaba que iba a ser el aprendiz de la que muchos consideraban la bruja más sabia y temible de todos los tiempos. Mientras la seguía hasta una mesa dónde había una serie de frascos de cristal llenas de un líquido que no podía distinguir, Farum soltó un bufido y se cruzó de brazos.
─ ¿Es que acaso no he hecho ya suficiente para demostrar mi valía? ─ dijo.
─ ¿Piensas que una simple bola de fuego es suficiente para impresionarme? ─ contestó Asyna, con no poca guasa ─ No me hagas reír, por favor. Para ser mi aprendiz hace falta saber algo más que un pequeño truco como ese.
Farum frunció el ceño cuando la bruja llamó «un pequeño truco como ese» a su bola de fuego. A él no le parecía moco de pavo: lograr aquello le había costado semanas de práctica y entrenamiento. Sin embargo, se abstuvo de hacer más comentarios de protesta. No quería poner a prueba la paciencia de la bruja más poderosa de todos los tiempos. Lo más probable es que si la hacía enfadar lo transformara un sapo con la misma facilidad con que él bostezaba, así que decidió que su mejor opción consistía en mantener la boca cerrada y hacer lo que ella le decía.
Cuando llegaron junto a la mesa, Asyna le señaló los frascos con una mano.
─ Para ser mi aprendiz debes demostrar que tienes algo más que talento ─ dijo ella, dando unos golpecitos con una uña a uno de los frascos que había sobre la superficie de madera ─. Quiero asegurarme de que tienes las agallas suficientes para perseguir el noble camino de la magia, por muy difícil que resulte.
Farum tragó saliva, haciendo que su nuez subiera y bajara en su cuello como una especie de resorte.
─ ¿Y cómo puedo probarte mi valor? ─ dijo, suponiendo que la prueba que la bruja le tenía reservado tenía algo que ver con aquellos frascos.
─ Como ves, en esta mesa hay cuatro pociones ─ dijo la bruja, mientras se los señalaba uno a uno. Cada uno de ellos poseía un color distinto, a cada cual más extraño y menos apetecible. ─ Todos ellos contienen una poción de transformación. Quienquiera que las tome todas acabará convertido en una bestia, una que estará hechizada para cumplir todas mis órdenes y deseos.
Frarum frunció el ceño mientras un sudor frío comenzaba a humedecerle todo el cuerpo. Él había venido hasta allí para aprender, no para convertirse en esclavo de nadie. Y menos si esa esclavitud implicaba convertirse en un ser inhumano.
Estaba a punto de rechazar la prueba cuando Asyna extrajo de su abundante escote un nuevo frasco y lo colocó junto a los demás. El líquido de su interior tenía color dorado, y desprendía un brillo amarillento que hacía que Farum tuviera que entornar los ojos para mirarlo directamente.
─ Esta nueva pócima, en cambio ─ explicó la hechicera ─, contiene un preparado que desencadenará tus verdaderos poderes mágicos. Verás, todos los magos primerizos necesitan tomar una pócima de estas en algún momento, o nunca podrán descubrir su auténtico poder. Si te limitas a practicar esas bolitas de fuego, nunca descubrirás tu verdadero potencial.
Aquello le parecía más apetecible a Farum. La codicia y las ansias de poder hicieron que extendiera una mano hacia aquel brebaje de color dorado que prometía volverlo diez veces más poderoso.
─ No tan deprisa ─ dijo Asyna, al tiempo que le daba un capirotazo en la mano que había acercado a la poción. Luego chasqueó los dedos e hizo que todas las pociones se tornaran de un color gris apagado. Después dio una palmada y todas se mezclaron entre sí, cambiando de sitio tan rápido que Farum fue incapaz de seguir la trayectoria de la pócima de poder.
La bruja se dirigió a Farum con una sonrisa perversa en los labios, mientras él observaba la mesa con una mueca de preocupación.
─ Supongo que ya sabrás en qué consiste la prueba, ¿verdad? ─ dijo ella.
Farum asintió con gravedad.
─ Tengo que adivinar cuál de estas cinco pociones es la buena ─ dijo, con voz monocorde ─. La que me ayudará a desbloquear mi verdadero potencial.
─ Eso es, pero se te olvida un detalle muy importante ─ Asyna levantó cuatro dedos ─. Tienes cuatro oportunidades para dar con ella. Si en tu cuarto intento consigues la pócima buena, los efectos de las otras tres pociones de transformación quedarán anulados. Además, descubrirás poderes que ni siquiera sabías que tenías y te habrás ganado el derecho a convertirte en mi aprendiz. Si no… ─ la bruja se encogió de hombros ─ La transformación quedará completada. Perderás para siempre la conciencia de ti mismo y pasarás el resto de tus días sirviéndome.
Farum se estremeció al imaginarlo. Sin duda, sería un destino de lo más aciago, pero tenía cuatro oportunidades para lograrlo. Cuatro posibilidades de cinco. Aquél era un riesgo que estaba dispuesto a correr. El premio sin duda valía eso, y mucho más.
─ Acepto ─ dijo, tratando de conferir a su voz un aplomo que estaba lejos de sentir ─. No he recorrido todo el camino hasta aquí para echarme atrás ahora.
La bruja asintió con aprobación.
─ Esa es la actitud ─ dijo, e hizo un ademán, como invitando a Farum a comenzar con la prueba ─. Cuando quieras.
Farum avanzó hasta colocarse frente a la mesa y observó los pequeños frascos de cristal que tenía frente a sí. Trató por todos los medios de recordar la trayectoria que había seguido la pócima dorada cuando Asyna las había mezclado, pero fue inútil. No tenía ni la más remota idea de cuál sería la correcta, así que decidió coger una al azar. Se decantó por la pócima situada más a la derecha. Levantó el frasco hasta ponerlo delante de sus ojos, lo agitó para remover su contenido con la vana esperanza de que el sonido de la poción le diera algún indicio y, por último, descorchó el frasco con un sonido de succión y se tragó hasta la última gota del líquido grisáceo.
Lo primero que sintió fue una sensación de ligero mareo. Se tambaleó un poco, apoyó una mano sobre la superficie de la mesa para no resbalar y luego sintió como si alguien le desgarrara las tripas. Dejó escapar un grito de dolor y, mientras se llevaba las manos a la cabeza en un gesto de desesperación, vio cómo éstas se le llenaban de pelo hasta quedar por completo recubiertas de un espeso pelaje. Además, sus uñas se endurecieron y se alargaron hasta convertirse en garras negruzcas capaces de arrancarle la cabeza a un hombre de un zarpazo. Tras esto, las transformaciones se detuvieron, y el dolor fue remitiendo poco a poco.
─ Vaya, mala suerte ─ dijo la bruja, que lo observaba a cierta distancia con una sonrisa esquinada ─. Pero sólo es tu primer intento. Prueba otra.
Farum así lo hizo. Esta vez decidió coger la pócima del centro. Al principio tuvo algunos problemas para sostenerla con sus nuevas manos de bestia, pero se las apañó para sacar el tapón con una de sus afiladas garras.
Nada más tragarse el líquido, Faram supo que había vuelto a equivocarse. Una sensación de dolor aún más aguda que la anterior le recorrió todo el cuerpo, haciéndole caer al suelo entre espasmos de dolor. Cuando su sufrimiento amainó, descubrió que esta vez el pelo de su cabeza había crecido hasta convertirse en una melena que llegaba hasta el suelo. Al pasarse una garra por el rostro, descubrió también que la cara se le había cubierto de pelo, y que de sus labios ahora asomaban dos colmillos largos como meñiques.
─ Has fallado otra vez ─ dijo Asyna─. Pero tranquilo, aún te quedan dos oportunidades.
Farum empezaba a arrepentirse de haber accedido a aquello, pero era imposible echarse atrás ahora. Tenía que encontrar la pócima dorada o quedarse para siempre con ese aspecto, y no estaba dispuesto a parecer una abominación el resto de sus días.
De ese modo, Faram engulló la tercera poción. Esta vez se decantó por la que se encontraba más a la izquierda, rezando para sus adentros por acertar esta vez, pero sus esperanzas pronto quedaron desmentidas.
Sintió como sus pies aumentaban de tamaño a una velocidad vertiginosa, hasta el punto de que sus botas de acero fueron incapaces de contenerlas y reventaron a causa de la presión, enviando trozos de metal volando en todas las direcciones. Farum observó consternado las patas que habían quedado a la vista, tan peludas como sus manos, y con unas garras igual de intimidantes. Una poción errónea más y la transformación estaría completada.
Ya van tres ─ dijo la bruja. Farum creyó distinguir cierto retintín burlón en su voz ─. Sólo te queda una oportunidad, así que procura aprovecharla.
Farum respiraba de forma entrecortada, mientras paseaba la mirada entre las dos pócimas que quedaban sobre la mesa. Sentía que su corazón bombeaba cada vez más deprisa debido a su desesperación. Era en ese momento cuando tenía más posibilidades de dar con la pócima correcta. Una de dos, un cincuenta por ciento de probabilidades, o lo que es lo mismo, las mismas posibilidades de adquirir un poder inimaginable o de convertirse en una criatura abyecta. Farum se maldijo por haber aceptado la propuesta de Asyna. Debería haber seguido su consejo inicial y volver por dónde había venido, buscar su propio sitio y aprender magia por su cuenta. Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse.
Cogió una pócima en sus garras, la sopesó en sus manos, y como sus instintos no terminaban de decirle que aquella fuera la correcta, volvió a dejarla sobre la mesa y se llevó la otra a los labios.
Después de tragar el contenido de la pócima con un suspiro, Farum mantuvo los ojos cerrados, atento a cualquier señal que pudiera indicarle si había acertado.
Pasaron unos segundos que se le antojaron horas, y como no notaba nada fuera de lo normal pensó que por fin había dado en el clavo. Pero de pronto un terrible dolor le sacudió las entrañas.
Como le había ocurrido antes, Farum cayó al suelo y se retorció mientras sus alaridos de dolor llenaban la caverna. Entre el sonido de sus gritos de agonía, que cada vez se parecían más el rugido de una bestia, pudo distinguir la risa de Asyna.
─ Bueno, supongo que has tenido mala suerte ─ dijo ─. Es una pena que no hayas acertado, creo que habrías sido un buen aprendiz.
─ No ─ dijo Farum, o al menos eso intentó decir, porque lo único que salió de su garganta fue un gemido inarticulado ─. No puedo… acabar así… No puedo…
Su armadura salió despedida cuando su cuerpo aumentó tanto de tamaño que fue incapaz de contenerlo. No había ningún sitio en el que Farum pudiera contemplar su reflejo, pero debía de haberse transformado en una especie de oso, o de león, o quizás en una quimera aberrante. Una abominación de la naturaleza. Pero él no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida como un animal, y menos como una clase de esperpento a las órdenes de una bruja. Él estaba destinado a hacer grandes cosas. Desde que sus poderes se habían manifestado por primera vez había tomado la decisión de convertirse en el mayor mago de todos los tiempos. Y ninguna bruja, por muy astuta y muy poderosa que fuera, iba a impedírselo.
Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, sobreponiéndose al dolor que le laceraba todo el cuerpo, Farum se puso a cuatro patas y se abalanzó hacia la mesa. La única poción que quedaba tenía que ser la dorada, la que le iba a permitir realizar sus sueños. Tan sólo tenía que llegar hasta ella antes de que Asyna pudiera hacer algo para impedírselo. Una zancada, dos zancadas, tres zancadas…
─ ¡No, espera! ─ chilló la hechicera, al darse cuenta de lo que Farum pretendía hacer ─ Maldito bastardo tramposo. ¡Teníamos un trato!
Pero a Farum le importaban un bledo los tratos, sólo le importaba volverse más poderoso. Por eso había ido hasta la guarida de Asyna, por eso había accedido a participar en su pequeño jueguecito, y por eso ahora se abalanzaba sobre la mesa sin hacer caso de las palabras de la bruja.
Con su cuerpo recién adquirido, Farum aplastó la mesa bajo su peso y se metió el frasco que contenía la última pócima en la boca sin molestarse en descorcharla.
A su nueva mandíbula no le costó nada masticar el vidrio, y los pequeños trozos de cristal se deslizaron hasta el interior de su estómago junto al líquido de poder.
Farum sonrió, si es que a la mueca que se dibujó en su rostro de fiera se le podía llamar así. Lo había conseguido. Había sido más listo que la bruja más poderosa de todos los tiempos, y ahora iba a obtener el poder para superarla.
Se dio la vuelta entre los restos destrozados de la mesa y lanzó una mirada triunfal a la bruja.
«Te he derrotado, furcia.» ─ habría dicho, de no haber perdido la facultad de hablar ─ «Querías convertirme en tu esclavo y en lugar de eso me voy a volver mucho más poderoso que tú. Tan sólo espera y verás.»
Farum cerró los ojos, esperando sentir en cualquier momento cómo lo recorría una oleada de poder como nunca había sentido antes. En lugar de eso, no sucedió nada. No hubo un torrente repentino de magia, y su cuerpo tampoco había vuelto a la normalidad. ¿Qué estaba pasando?
Una sensación de terror le atenazó el estómago cuando escuchó la risa descontrolada de Asyna.
─ Qué predecibles sois los hombres ─ decía entre carcajadas, mientras se pasaba un dedo por el ojo para secarse una lágrima ─. Sólo os interesa el poder, ¡y mira adónde te ha llevado eso!
Farum miró nervioso a su alrededor, sin comprender. ¿Acaso la bruja lo había engañado de alguna forma?
─ No existe ninguna pócima de poder ─ explicó ella, mientras comenzaba a pasearse por la cueva. ─. La única forma que existe para aumentar el poder mágico es el entrenamiento y el estudio constantes. Día tras día, semana tras semana, año tras año. Ningún mago con dos dedos de frente se habría creído una historia semejante. Cada una de las pociones que tomaste era de transformación, incluso esa última. La pócima dorada del poder ─ dijo, sacudiendo la cabeza de un lado a otro con incredulidad ─. Menuda gilipollez.
Mientras la bruja se le acercaba, con paso tranquilo, Farum sintió como lo recorría una avalancha de dolor. Se retorcía en el suelo dejando escapar aullidos, alaridos, rugidos… Hasta que, de pronto, el dolor desapareció por completo, dejando tan sólo una sensación de agotamiento tan intensa que ni siquiera fue capaz de girar el cuello cuando la bruja se acuclilló junto a él y le susurró al oído:
─ ¿Sabes qué es lo más divertido de todo? ─ dijo ─ Si hubieras aceptado mi consejo de darte la vuelta y marcharte te habría acogido como aprendiz. Esa era la auténtica prueba. Pero en lugar de eso decidiste quedarte y demostrar tu sed de poder, de modo que has fracasado. No eres digno de tenerme como maestra. Y ahora, cierra los ojos. Todo acabará pronto.
La voz de la bruja resonaba en sus oídos como si se tratase de un eco lejano. ¿Qué era eso último que había dicho? Le había parecido que decía que todo acabaría pronto. Farum deseaba que así fuera. Se sentía muy, pero que muy cansado. Tan sólo tenía ganas de cerrar los ojos y olvidar. Olvidarlo todo…
La bestia tardó un buen rato en desperezarse, tiempo que Asyna aprovechó para continuar trabajando en su nueva poción. Mientras revolvía el caldero con meticulosidad, el bostezo de la bestia la sacó de su ensimismamiento, así que dejó lo que estaba haciendo para echar un vistazo a su nueva creación. La bestia medía más de dos metros de altura sentada sobre sus cuartos traseros, de manera que si se ponía en pie casi llegaría hasta lo alto de la cueva. Asyna asintió satisfecha después de contemplar a la bestia con atención. Sin duda, aquella era su mayor obra hasta el momento.
─ Hola, Farum ─ dijo, pasando una mano delante de los ojos de la bestia ─. ¿Quieres que te prepare una pocioncita de poder?
La bestia apenas se inmutó. Tal y como ella esperaba, no quedaba ni rastro del caballero-mago en el interior de aquella criatura. Asyna dejó escapar un profundo suspiro de cansancio.
─ Hombres… ─ dijo ─ ¿Por qué será que nunca aprenden?
Le apenaba realmente haber convertido a un joven tan prometedor en aquella bestia sin cerebro que tenía delante, pero no le había dejado otra opción. Había demostrado que no se detendría ante nada para obtener poder, por lo que representaba un peligro para ella, para sí mismo y para el mundo. Ahora, convertido en su bestia leal, sería incapaz de dañar a nadie, a menos que ese nadie fuera algún entrometido que viniera a su guarida con la intención de apresarla…
─ Bueno, qué le vamos a hacer ─ dijo ─. No habría estado mal tener un buen aprendiz, pero hace mucho tiempo que quiero una mascota. A veces esto puede resultar muy solitario…
Asyna se aproximó a su nuevo compañero y, poniéndose de puntillas, comenzó a rascarle detrás de la oreja. Farum, o la bestia que había sido Farum hasta hacía muy poco, sacó la lengua con satisfacción. Igual que el perro que disfruta de una caricia de su amo.
Al parecer, para algunos Apu representa un estereotipo aborrecible de los inmigrantes que debe ser eliminado de la television. Y lo han conseguido, Apu desaparecera de la pequeña pantalla por ser un personaje "controvertido". Que mas da que el resto de los personajes de los Simpson tambien representen estereotipos y que esa sea la esencia de la serie, reirse de los estereotipos. La risa ya no importa. El humor ahora es el enemigo. En el siglo XXI, bajo la dictadura del buenismo y lo politicamente correcto, ya no se puede hacer gracia a costa de cualquier cosa que moleste a alguien. Nos llenamos la boca con la palabra "libertad" mientras nos cargamos libertades basicas como la de expresion que con tanta sangre, sudor y lagrimas se consiguieron en el siglo XX.
Aqui el ultimo caido. Durante 30 años nos hemos reido con Apu, con su mujer y con sus adorables octillizos. Pero claro, ahora que la India esta a nada de sobrepasar a China en poblacion, ya no esta bien reirse de eso. Antes, los dictadores tenian que pagar a unas personas para que hicieran de censores. Ahora, en las democracias hay miles de idiotas que hacen ese trabajo gratis. Cada dia estoy mas convencido de que caminamos hacia la 'Idiocracia'... (pelicula hiperrecomendada para quien quiera ver el autentico futuro que le aguarda a la humanidad, que no os engañe el que este etiquetada como "comedia").